FRAY PEDRO CARRANZA (1621-1632)

Nació en Sevilla en 1567. A la edad de 15 años ingresó a la orden del Carmelo, donde profesó el 25 de noviembre de 1583. Ocupó varios cargos entre los carmelitas en España hasta desempeñarse como provincial.
Se lo consideraba entre sus hermanos de hábito con un muy alto concepto hasta el momento en que fue propuesto al rey Felipe III para su nombramiento de obispo en julio de 1619.
Fue nombrado por Paulo V el 6 de abril de 1620 como primer Obispo de la nueva diócesis del Río de la Plata, con sede en Buenos Aires. Llegó a esta ciudad el 9 de enero de 1621, tomando posesión unos días después.
Siguiendo la normativa canónica y el mandato real, el 7 de marzo de 1621 inició la visita pastoral de su inmenso obispado, comenzando por la Iglesia matriz que servía también de parroquia de la pequeña villa. En una carta enviada al rey por esos días, Carranza manifestaba sus primeras impresiones sobre el paupérrimo estado de la sede de su diócesis que apenas contaba con unas 100 casas. Informaba que había una sola iglesia de clérigos y que era "tan indecente que en España hay lugares en los campos de pastores y ganados más acomodados y limpios".
Como todavía no estaba consagrado, después de su visita por Buenos Aires, en el mes de mayo, el obispo viajó a Santiago del Estero para recibir la plenitud del sacerdocio, el 29 de junio del mismo año por Mons. Julián de Cortazar.
Emprendió la vuelta a Buenos Aires y llegó a Santa Fe donde se encontraba el nuevo obispo de Paraguay fray Tomás de Torres, quien le había pedido que lo consagrase obispo. Se detuvo por un mes en esta ciudad, en donde fundó una escuela para enseñar la doctrina a los niños. Puso en marcha la construcción de su iglesia mayor y impartió el sacramento de la confirmación a españoles, indios y negros. Después pasó a los curatos y pueblos de indios calchines, mocoretaes y chinaes catequizando y administrando los sacramentos.
Antes de la llegada a Buenos Aires visitó también la reducción de Santiago del Baradero donde, -según las crónicas-, enseñó, dijo misa, confirmó y dio abundantes limosnas.
De regreso a su sede, fue recibido con mucha fiesta y algarabía por los vecinos el 16 de septiembre de 1621.
Algunos temas urgentes se le imponían al primer obispo de Buenos Aires. Uno de ellos era la erección de la iglesia catedral y la conformación del cabildo eclesiástico. El documento de la fundación de la catedral fue proclamado solemnemente el 26 de junio de 1622. Estableció además las normas básicas para la vida del clero, el culto público y la administración económica de la iglesia que recibía exiguos fondos.
Ciertamente que la situación económica de la región, más que otra cosa, fue lo que originó un sin fin de protestas de los feligreses doloridos por las exigencias de los diezmos para el sustento de la iglesia diocesana.
A pesar de estos contratiempos, junto con las cuatro familias religiosas que se habían radicado en Buenos Aires, franciscanos, dominicos, mercedarios y jesuitas, pudo encarar la evangelización y organización misionera entre los indios.
Durante su episcopado se fundaron en la ciudad varias cofradías especialmente la de Nuestra Señora del Carmen, la de San Roque y la del patrono de la ciudad San Martín de Tours.
Según las normas orientadoras del Concilio de Trento, toda nueva diócesis y al obispo en particular, se le confiaba la erección del colegio seminario para la formación de candidatos a las órdenes en el clero secular. Por medio de un acuerdo con los padres jesuitas en adelante el obispo Carranza confió los estudios de latinidad, filosofía y teología a los padres de la Compañía de Jesús.
Los últimos años de su ministerio pastoral (1628-1631), Carranza, los pasó fuera de la diócesis debido a su viaje al Alto Perú para asistir al Concilio Provincial de Charcas (1629), convocado por el arzobispo local.
A su regreso por junio de 1631, ya enfermo y postrado pudo todavía escribir al Rey, para pedir más misioneros franciscanos y jesuitas para la evangelización de los naturales. Murió en Buenos Aires, el 29 de noviembre de 1632 a los 65 años .
El cuerpo del primer obispo de Buenos Aires fue solemnemente sepultado en la catedral, bajo la mesa del altar mayor.
Durante la sede vacante ocuparon provisionalmente el oficio de gobernar la diócesis, el Canónigo Deán, Francisco de Saldivar (1633-1635); y más tarde, por breve lapso el Canónigo Lucas de Sosa y Escobar (1635-1636).