TIEMPO DE CUARESMA – SEMANA IV – CICLO A

TIEMPO DE CUARESMA

DOMINGO IV – CICLO A

 

 

Lunes de la semana IV

 

Martes de la semana IV

 

Miércoles de la semana IV

 

Jueves de la semana IV

 

Viernes de la semana IV

 

Sábado de la semana IV

 

TIEMPO DE CUARESMA

DOMINGO IV – CICLO A

 

He venido a este mundo para que vean los que no ven

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del primer libro de Samuel    16, 1b. 5b-7. 10-13a

 

El Señor dijo a Samuel: « ¡Llena tu frasco de aceite y parte! Yo te envío a Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos al que quiero como rey.»

Cuando ellos se presentaron, Samuel vio a Eliab y pensó: «Seguro que el Señor tiene ante él a su ungido.»

Pero el Señor dijo a Samuel: «No te fijes en su aspecto ni en lo elevado de su estatura, porque yo lo he descartado. Dios no mira como mira el hombre; porque el hombre ve las apariencias, pero Dios ve el corazón.»

Así Jesé hizo pasar ante Samuel a siete de sus hijos, pero Samuel dijo a Jesé: «El Señor no ha elegido a ninguno de estos.»

Entonces Samuel preguntó a Jesé: « ¿Están aquí todos los muchachos?»

El respondió: «Queda todavía el más joven, que ahora está apacentando el rebaño.»

Samuel dijo a Jesé: «Manda a buscarlos, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que llegue aquí.»

Jesé lo hizo venir: era de tez clara, de hermosos ojos y buena presencia. Entonces el Señor dijo a Samuel: «Levántate y úngelo, porque es este.»

Samuel tomó el frasco de óleo y lo ungió en presencia de sus hermanos. Y desde aquel día, el espíritu del Señor descendió sobre David.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO     Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6 (R.: 1)

 

R.    El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.

 

El Señor es mi pastor,

nada me puede faltar.

El me hace descansar en verdes praderas,

me conduce a las aguas tranquilas

y repara mis fuerzas. R.

 

Me guía por el recto sendero,

por amor de su Nombre.

Aunque cruce por oscuras quebradas,

no temeré ningún mal,

porque tú estás conmigo:

tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.

 

Tú preparas ante mí una mesa,

frente a mis enemigos;

unges con óleo mi cabeza

y mi copa rebosa. R.

 

Tu bondad y tu gracia me acompañan

a lo largo de mi vida;

y habitaré en la Casa del Señor,

por muy largo tiempo. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Efeso     5, 8-14

 

Hermanos:

Antes, ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de la luz. Ahora bien, el fruto de la luz es la bondad, la justicia y la verdad. Sepan discernir lo que agrada al Señor, y no participen de las obras estériles de las tinieblas; al contrario, pónganlas en evidencia. Es verdad que resulta vergonzoso aun mencionar las cosas que esa gente hace ocultamente. Pero cuando se las pone de manifiesto, aparecen iluminadas por la luz, porque todo lo que se pone de manifiesto es luz.

Por eso se dice: Despiértate, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo te iluminará.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    9, 1-41

 

Jesús, al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?»

«Ni él ni sus padres han pecado, respondió Jesús; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios. Debemos trabajar en las obras de aquel que me envió, mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.»

Después que dijo esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé», que significa «Enviado.»

El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía. Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: « ¿No es este el que se sentaba a pedir limosna?»

Unos opinaban: «Es el mismo.» «No, respondían otros, es uno que se le parece.»

El decía: «Soy realmente yo.»

Ellos le dijeron: « ¿Cómo se te han abierto los ojos?»

El respondió: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo: “Ve a lavarte a Siloé”. Yo fui, me lavé y vi.»

Ellos le preguntaron: « ¿Dónde está?»

El respondió: «No lo sé.»

El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos. Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver.

El les respondió: «Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo.»

Algunos fariseos decían: «Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado.»

Otros replicaban: « ¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?» Y se produjo una división entre ellos. Entonces dijeron nuevamente al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?» El hombre respondió: «Es un profeta.»

Sin embargo, los judíos no querían creer que ese hombre había sido ciego y que había llegado a ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: « ¿Es este el hijo de ustedes, el que dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?»

Sus padres respondieron: «Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego, pero cómo es que ahora ve y quién le abrió los ojos, no lo sabemos. Pregúntenle a él: tiene edad para responder por su cuenta.»

Sus padres dijeron esto por temor a los judíos, que ya se habían puesto de acuerdo para excluir de la sinagoga al que reconociera a Jesús como Mesías. Por esta razón dijeron: «Tiene bastante edad, pregúntenle a él.»

Los judíos llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: «Glorifica a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.»

«Yo no sé si es un pecador, respondió; lo que sé es que antes yo era ciego y ahora veo.»

Ellos le preguntaron: « ¿Qué te ha hecho? ¿Cómo te abrió los ojos?»

El les respondió: «Ya se lo dije y ustedes no me han escuchado. ¿Por qué quieren oírlo de nuevo? ¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?»

Ellos lo injuriaron y le dijeron: « ¡Tú serás discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés! Sabemos que Dios habló a Moisés, pero no sabemos de donde es este.»

El hombre les respondió: «Esto es lo asombroso: que ustedes no sepan de dónde es, a pesar de que me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero sí al que lo honra y cumple su voluntad. Nunca se oyó decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. Si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada.»

Ellos le respondieron: «Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?» Y lo echaron.

Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: « ¿Crees en el Hijo del hombre?»

El respondió: « ¿Quién es, Señor, para que crea en él?»

Jesús le dijo: «Tú lo has visto: es el que te está hablando.»

Entonces él exclamó: «Creo, Señor», y se postró ante él.

Después Jesús agregó: «He venido a este mundo para un juicio: Para que vean los que no ven y queden ciegos los que ven.»

Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: « ¿Acaso también nosotros somos ciegos?»    

Jesús les respondió: «Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado, pero como dicen: “Vemos”, su pecado permanece.»

 

Palabra del Señor

 

    O bien más breve:

 

Lectura del santo Evangelio según san Juan    9, 1. 6-9. 13-17. 34-38

 

Jesús, al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento. Escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé», que significa «Enviado.»

El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía. Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: « ¿No es este el que se sentaba a pedir limosna?»

Unos opinaban: «Es el mismo.» «No, respondían otros, es uno que se le parece.»

El decía: «Soy realmente yo.»

El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos. Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver.

El les respondió: «Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo.»

Algunos fariseos decían: «Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado.»

Otros replicaban: « ¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?» Y se produjo una división entre ellos. Entonces dijeron nuevamente al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?» El hombre respondió: «Es un profeta.»

Ellos le respondieron: «Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?» Y lo echaron.

Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: « ¿Crees en el Hijo del hombre?»

El respondió: « ¿Quién es, Señor, para que crea en él?»

Jesús le dijo: «Tú lo has visto: es el que te está hablando.»

Entonces él exclamó: «Creo, Señor», y se postró ante él.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

  • La elección de David es como una confirmación de que el más pequeño, aquel en el que nadie ha pensado, se convierte inesperadamente en el elegido de Dios que supera a todos sus hermanos mayores. La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, porque el hombre mira las apariencias, pero el Señor mira al corazón.
  • La segunda lectura nos llama a comportarnos como «hijos de la luz». Todos nosotros en otro tiempo éramos tinieblas, y ahora somos luz en el Señor; es decir: hemos sido introducidos por Él, que es la luz del mundo, en su luz. La luz de Jesús no sólo ilumina, sino que transforma todo lo que ilumina, en luz que brilla y actúa junto con la suya.
  • En el evangelio de Juan, los milagros son siempre hechos luminosos que tienen un significado. Los milagros de Jesús son como palabras visibles. En este caso, Juan desarrolla dramáticamente, a lo largo de todo el capítulo noveno de su evangelio, lo que ya ha proclamado en su prólogo con precisión: que la luz vino al mundo y las tinieblas no la recibieron. Jesús aparece aquí como Luz del mundo, todos los que no quieren ver la luz del mundo son tinieblas. Entre la luz y las tinieblas no hay reconciliación posible.
  • El texto de Juan se mueve en una paradoja: un hombre ciego de nacimiento llega a ver la realidad tal cual es, y los que están seguros de tener buena vista en realidad están ciegos.
  • Según las concepciones de la época, una enfermedad o un mal crónico sólo podían ser resultado directo del pecado. No sólo del pecado de los orígenes sino también del pecado personal. El ciego era también mendigo; no podía vivir por sus propios medios; su dependencia de los demás era total.
  • Jesús pasa junto a un ciego de nacimiento y se detiene ante él, le unta los ojos con barro. La iniciativa de la salvación parte de Jesús. No es el ciego el que pide la luz. Es la luz la que se ofrece al ciego. La luz que se acerca a las tinieblas.
  • Jesús hace una promesa y lo envía a lavarse en la piscina de Siloé que significa Enviado”. Jesús, el Enviado del Padre, lo envía a sí mismo. Es Jesús el modelo de hombre que debe imitar y que irá descubriendo progresivamente. El ciego, a quien todos consideraban incapaz de hacer algo por sí mismo, siguió las instrucciones de Jesús “y volvió con vista”. Ha creído que era posible lo que parecía imposible. Ha logrado la capacidad de comenzar a ver verdaderamente.
  • Todo es nuevo para él; el encuentro de Jesús lo ha transformado en un hombre distinto, como si hubiera vuelto a nacer. Pero lo que sabe el ciego de Jesús es todavía muy poco. Cuando le pregunten los paisanos cómo es que ahora ve, responderá: “Ese hombre que se llama Jesús”. Después ante los fariseos dirá que Jesús es un “profeta”. Y al comparecer de nuevo ante el tribunal de los judíos: se convierte en confesor de la verdad, en testigo de la “luz”. En el encuentro cara a cara con Jesús afirmará: “Creo, Señor”. Su vista se fue clarificando en la lucha.

***

  • Jesús, Luz del mundo, es la salvación que Dios ofrece al hombre. Es como una nueva mirada, la posibilidad de tener sobre las cosas, la visión que tiene el mismo Dios que escruta la profundidad de todas las cosas, las conoce tal cual son, por eso puede descubrirnos el sentido que tienen. La visión fundamental que Dios nos ofrece, somos nosotros mismos desde su mirada. Por eso nos ayuda a entrar en lo más hondo de nuestro ser y a descubrir toda la riqueza y sentido de la vida.
  • La mirada de Dios ha aparecido en el mundo en Jesús de Nazaret, que es como una palabra que sorprendentemente describe al hombre, al mundo y a Dios mismo. Esa mirada es luz, que nos cura de la ceguera; nos libera de todas las visiones deformadas.
  • Es una luz que va directamente a nuestra retina para bañar con su resplandor purificador las intensas tinieblas que nos oscurecen.
  • El hombre que quiera liberarse de la ceguera interior tiene que dejarse inundar por el resplandor de la Luz que nos sale al encuentro gratuitamente. El hombre, para llegar a la curación, ha de aceptar que la visión que vamos a recuperar es más honda que la mera visión física; es un mirar interior capaz de iluminar todo nuestro ser.
  • Además de aceptar la prueba a esta contradicción de empezar a ver cegando, es necesario recorrer todo un camino de purificación, de ir despejando las tinieblas interiores, de “lavar” lo oscuro por el contacto con la Palabra de Jesús.
  • Como a aquel ciego de nacimiento a quien Jesús se le acercó y le cambió la vida, somos discípulos porque hemos encontrado a Jesús; y nuestro encuentro con Él nos ha abierto los ojos y experimentamos que Él, y su estilo de vida nos llenan y nos atraen.
  • No es un milagro aislado de Jesús, sino una lección que da a sus seguidores para enseñarles en qué consiste su actividad y la que habrán de continuar sus discípulos: «Mientras es de día, nosotros debemos trabajar realizando las obras del que nos mandó».

    Esa tarea consiste en ofrecer al hombre, la posibilidad de tomar conciencia de cuál es su auténtica condición y, por tanto, de saber cuáles son sus verdaderas posibilidades. Toda la narración es simbólica, y así hay que interpretar los gestos que en ella se describen.

  • Jesús nos invita a reencontrar la realidad con unos ojos limpios, con una mirada intensa. Ser cristiano es entrar en una iluminación progresiva, en una amistad cada vez más profunda con Jesús.
  • El ha venido al mundo para que contemplemos la vida y las personas en hondura, para que nos miremos a nosotros mismos en la intimidad, para que encontremos el rostro de Cristo con facilidad, y nos postremos ante Él, para que descubramos a Dios en todas las cosas. Si de verdad nos dejamos iluminar por la luz de Jesús, si caminamos en la luz, seremos luz. Esta es nuestra grandeza y nuestra responsabilidad. Estamos llamados -siguiendo el ejemplo de Jesús- a reflejar en el mundo su luz.
  • Esta luz tiene que manifestarse en el brillo de nuestra vida, de nuestras obras, de nuestras palabras. Y el resplandor más brillante y admirado es el del amor. Los que aman están en la luz.
  • Este tiempo de Cuaresma es para nosotros un tiempo para reafirmar nuestra adhesión a Jesucristo, nuestra unión con Él. Él nos ha abierto los ojos y nosotros nos hemos hecho seguidores suyos. Pero eso tenemos que vivirlo día a día, debemos reafirmarlo cada día. Tenemos que hacer que cada día la presencia de Jesús sea más fuerte en nuestra vida en el gesto sencillo y la palabra eficaz.

 

Para discernir

  • ¿Cuáles son mis cegueras?
  • ¿Qué realidades ponen mi vida en tinieblas?
  • ¿Dónde busco la luz?

 

Repitamos a lo largo de este día

“En ti está la fuente viva, y tu luz nos hace ver la luz

 

Para la lectura espiritualü Para la lectura

Ciegos y sordos, debemos comenzar por escuchar lo que se nos dice, por una escucha paciente; llegar a creer, a ver la luz del día, a esperar. Esperar todo de ti significa vivir de gracia. Estoy convencido de que la Biblia es un libro de esperanza. En cuestión de esperanza, cada mañana Tú eres nuestra esperanza. Aquí estamos juntos, nosotros, que esperamos conocerte un día, verte cara a cara. Y seremos iluminados con tu mirada: con-vivientes.

Tú eres nuestra esperanza: en nuestro corazón se abre un camino, una calzada de felicidad. En este tema, en cuanto puedo entenderlo, descubro una cosa: lo que entrevemos de ti entre todos, elegido, mirado, amado, soy yo. Sí, quiero [...]. Sí, esperar es como reconocer ante ti lo sorprendente que soy. Cuando decía: “Que las tinieblas me encubran” la noche se hizo luz en torno a mí (cf. Sal 138). La humanidad está llamada a convertirse en rostro: “Verán tu rostro… no habrá más noche… porque el Señor Dios Ios alumbrará, y reinarán” (Ap. 22). Cada uno oirá decir: “Álzate, revístete de luz, porque llega tu luz, y la gloria del Señor brilla sobre ti” (Is 60). Sí, nos espera un Futuro de luz, y ya nos es concedido vivirlo: ya somos hijos de la luz (cf. Col 1,23). Yo… y los otros? La esperanza es la puerta que se abre a la novedad y me da un mandamiento nuevo, el mandamiento de la novedad de la que quieres hacernos cómplices, enamorados. Esperar es corrosivo [...]. Sí, este siervo humilde despreciado, desfigurado, verá la luz y será colmado…

 

Fröre Ch. Lebreton, en Más fuerte que el odio. Los escritos del monje trapense de Algeria. Casale Monf. 1997, 137-143.

 

Para rezar

Aquí estamos, Señor Jesús,

luz de la gloria del Padre,

a tus pies, como ciegos

desorientados en su enfermedad.

Te pedimos que nos mires,

como miraste a tus discípulos,

en la luz del Tabor.

Señor Jesús; ilumínanos

y quedaremos radiantes.

Cúranos, Señor Jesús,

con la Palabra que abre los ojos

y corazones a la luz.

Envíanos, Señor Jesús,

a la piscina de la vida nueva.

Danos Señor Jesús, agua viva de la fuente

de tu corazón traspasado.

Guárdanos, en la prueba de la fe

por la que todos pasamos,

como la pasaste tú, Señor.

Manifiéstate, Señor Jesús,

poniendo sobre nuestros labios

el grito del ciego curado: “¡Creo, Señor!”.

 

Lunes de la semana IV

 

Tu hijo vive

 

Lectura del libro del profeta Isaías    65, 17-21

 

Así habla el Señor:

Sí, yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva.

No quedará el recuerdo del pasado ni se lo traerá a la memoria, sino que se regocijarán y se alegrarán para siempre por lo que yo voy a crear: porque voy a crear a Jerusalén para la alegría y a su pueblo para el gozo. Jerusalén será mi alegría, yo estaré gozoso a causa de mi pueblo, y nunca más se escucharán en ella ni llantos ni alaridos.

Ya no habrá allí niños que vivan pocos días ni ancianos que no completen sus años, porque el más joven morirá a los cien años y al que no llegue a esa edad se lo tendrá por maldito. Edificarán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán sus frutos.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 29, 2 y 4. 5-6. 11-12a y 13b (R.: 2a)

 

R.    Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste.

 

Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste

y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí.

Tú, Señor, me levantaste del Abismo

y me hiciste revivir,

cuando estaba entre los que bajan al sepulcro. R.

 

Canten al Señor, sus fieles;

den gracias a su santo Nombre,

porque su enojo dura un instante,

y su bondad, toda la vida:

si por la noche se derraman lágrimas,

por la mañana renace la alegría. R.

 

«Escucha, Señor, ten piedad de mí;

ven a ayudarme, Señor.»

Tú convertiste mi lamento en júbilo,

¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente! R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    4, 43-54

 

Jesús partió hacia Galilea. El mismo había declarado que un profeta no goza de prestigio en su propio pueblo. Pero cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la Pascua; ellos también, en efecto, habían ido a la fiesta.

Y fue otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía su hijo enfermo en Cafarnaún. Cuando supo que Jesús había llegado de Judea y se encontraba en Galilea, fue a verlo y le suplicó que bajara a curar a su hijo moribundo.

Jesús le dijo: «Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen.»

El funcionario le respondió: «Señor, baja antes que mi hijo se muera.»

«Vuelve a tu casa, tu hijo vive», le dijo Jesús.

El hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. Mientras descendía, le salieron al encuentro sus servidores y le anunciaron que su hijo vivía. El les preguntó a qué hora se había sentido mejor. «Ayer, a la una de la tarde, se le fue la fiebre», le respondieron.

El padre recordó que era la misma hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive.» Y entonces creyó él y toda su familia.

Este fue el segundo signo que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

  • El profeta anuncia como una vuelta al paraíso inicial: Dios está proyectando un cielo nuevo y una tierra nueva. La acción de Dios, a través del Mesías prometido, construirá una sociedad nueva, porque el Espíritu palpitará en todos los hombres y mujeres que escuchen la Palabra de Dios y vivan en armonía con su mensaje.
  • Dios quiere que el hombre y la sociedad vuelvan al estado primero de felicidad, equilibrio y armonía. Esta promesa de Dios sostuvo la esperanza del pueblo, que ha vivido con frecuencia la experiencia del sufrimiento y del dolor. Esto les hacía suspirar por “la tierra prometida”.

***

  • En el evangelio de hoy, Jesús cura a un niño que estaba a punto de morir. Signo mesiánico. Beneficio anunciado por Dios para «el final de los tiempos». Victoria de Dios sobre el mal.
  • Los galileos habían recibido noticia de la actividad de Jesús en Jerusalén y reciben bien a Jesús, porque habían visto personalmente lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta. Pero Jesús es consciente de que «un profeta no es bien recibido en su propia patria».
  • Jesús, había comenzado su vida pública y sus signos visibles en Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Ahora, en el mismo lugar, un oficial real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún, al oír que Jesús venía de Judea a Galilea, salió a su encuentro y le suplicó que fuera a curar a su hijo moribundo. Aunque el primer signo fue espectacular, éste es sin duda más valioso, porque no soluciona con el milagro algo material, sino que se trata de la vida de una persona.
  • La respuesta de Cristo es dura: ” Si no ven signos y prodigios son incapaces de creer”. Pero, ante la insistencia del hombre y a pesar de este reproche inicial por buscar signos y milagros, Jesús, sin bajar a la casa del funcionario le dice que su hijo vive; y él va confiado en su palabra. La enfermedad era el preludio de la muerte, la palabra de Jesús vence la muerte, por eso su hijo no se “salva” sino que “vive”. Más que una curación, este signo es un llamado a ver que Jesús es portador de la vida, una vida que es vida eterna.
  • Los “signos” son medios que alimentan la fe, cuando sabemos descubrir detrás de lo extraordinario, la presencia de Dios. La fe llega al funcionario cuando sabe descubrir en el milagro, un signo que le habla del Reino de Dios.
  • El funcionario pasó de fe menos “comprometida” a una fe más fuerte. Pasa de creer en Jesús a creerle a Jesús. Creerle a Jesús implica aceptar su palabra por ilógica que pudiera parecer. El padre de este muchacho le “creyó a Jesús” y se encontró con su hijo sano. Ante este hecho también creyó toda su casa.
  • La marcha de Jesús hacia la muerte y la resurrección está sembrada de hechos en que comunica a otros la salud, la vida, la alegría.
  • Ser cristiano implica creer en Jesús pero también creerle a Jesús y hacer lo que Él nos pide en el evangelio; tenerlo como verdadero Maestro y Señor de nuestras vidas.
  • Estamos llamados a demostrar con la vida signos de “vida”, que lleven a todos a la fe. Ser como Iglesia una comunidad signo, en el que, los que nos ven, descubran lo que los conduce a creer con toda su familia. Debemos ser signos de Jesús, para conducir a la fe, y para que todos “creyendo, tengan vida”.

 

Para discernir

  • ¿Le creo a Jesús?
  • ¿Experimento la vida nueva que me invita a vivir?
  • ¿Qué signos de vida aporto al mundo?

 

Repitamos a lo largo de este día

“Dios mío, ven en mi auxilio; Señor, date prisa en socorrerme.

 

Para la lectura espiritual

…Que vuestra fe sea sencilla, confiada, incansablemente perseverante, animada en la oscuridad y anclada en Jesús. En él, a quien debe llegar nuestra fe por el Evangelio, en la realidad de su presencia junto a vosotros. Practicad vuestra fe en las palabras de Cristo…

Releed el Evangelio proponiéndoos comprender lo que Jesús os dice. Ha hablado casi únicamente de esto, y si ha insistido tanto es porque sabía que no le escucharíamos; sabía que era lo esencial, que nos desanimaríamos, que nos faltaría perseverancia. Nada puede sustituir la fuerza de las palabras de Jesús: leedlas, releedlas y, sobre todo, vividlas: “¿Por qué me decís: Señor, Señor, y no hacéis lo que os digo?” (Lc 6,46). No os perdáis en fantasías, en búsquedas retorcidas. Jesús está a vuestro alcance, si tenéis fe. Nada hay más concreto y cierto que la fe, porque es una realidad presente; es sólida, fuerte e indestructible. Jesús está aquí, y vosotros también, a condición de que os hagáis presentes cuando pasa. Vuestros gozos y tristezas, vuestro cansancio del trabajo y de los hombres, vuestro sufrimiento, vuestras rebeliones y vuestros disgustos no son sino oleaje de superficie, y no impide que Jesús esté allí, que os ame y os quiera a través de estas cosas por las que sufrís, más cercano en ofrenda al Padre y en sacrificio por vuestros hermanos. Esta es la realidad, la pura realidad; lo demás, si lo comparamos, es sólo apariencia.

Lo sé: es más fácil decirlo que hacerlo. Pero el Espíritu de luz, el Espíritu de amor, actúa en vosotros. Es necesario, sin cansarse, abrirle el camino mediante la práctica de vuestra fe en Jesús…

 

R. Voillaume, Como ellos, Roma 1979, 212.

Para rezar

No pido milagros y visiones, Señor, pido la fuerza para la vida
diaria. Enséñame el arte de los pequeños pasos.

Hazme hábil e inventivo para notar a tiempo, en la multiplicidad y
variedad de lo cotidiano, los conocimientos y experiencias que me
atañen.

Hazme seguro en la correcta distribución del tiempo. Obséquiame el
tacto para distinguir lo primario de lo secundario.

Hazme comprender que los sueños poco ayudan al pasado y al futuro.
Ayúdame a hacer lo siguiente, lo mejor que me es posible, y a
reconocer que esta hora es la más importante.

Guárdame de la ingenua creencia de que en la vida todo debe salir
bien. Obséquiame el sensato reconocimiento de que las dificultades,
las derrotas, los fracasos, los contratiempos son una añadidura
natural a la vida, que nos empujan a crecer y madurar.

Recuérdame que el corazón muchas veces hace huelga contra la razón.
Envíame en el momento justo a alguien que tenga el valor de decirme
la verdad con amor.

Tú sabes cuán necesitados estamos de la amistad. Concédeme el estar
preparado a éste el más hermoso, más difícil, más arriesgado y más
delicado regalo que nos ofrece la vida.

Provéeme de la fantasía necesaria para entregar en el momento
preciso, en el lugar adecuado un paquetito de bondad, con o sin
palabras.

Haz de mí un ser humano cual nave con el calado necesario para poder
alcanzar también a los que están abajo.

Presérvame del temor del que podría perderme de vivir. No me des lo
que yo pido, sino lo que necesito.

Enséñame el arte de los pequeños pasos!

 

Antoine de Saint Exupery

 

Martes de la semana IV

 

Levántate, toma tu camilla y camina

 

Lectura de la profecía de Ezequiel    47, 1-9. 12

 

El hombre me hizo volver a la entrada de la Casa, y vi que salía agua por debajo del umbral de la Casa, en dirección al oriente, porque la fachada de la Casa miraba hacia el oriente. El agua descendía por debajo del costado derecho de la Casa, al sur del altar. Luego me sacó por el camino de la puerta septentrional, y me hizo dar la vuelta por un camino exterior, hasta la puerta exterior que miraba hacia el oriente. Allí vi que el agua fluía por el costado derecho.

Cuando el hombre salió hacia el este, tenía una cuerda en la mano. Midió quinientos metros y me hizo caminar a través del agua, que me llegó a los tobillos. Midió otros quinientos metros y me hizo caminar a través del agua, que me llegó a las rodillas. Midió otros quinientos metros y me hizo caminar a través del agua, que me llegó a la cintura. Luego midió otros quinientos metros, y ya era un torrente que no pude atravesar, porque el agua había crecido: era un agua donde había que nadar, un torrente intransitable.

El hombre me dijo: « ¿Has visto, hijo de hombre?», y me hizo volver a la orilla del torrente. Al volver, vi que a la orilla del torrente, de uno y otro lado, había una inmensa arboleda.

Entonces me dijo: «Estas aguas fluyen hacia el sector oriental, bajan hasta la estepa y van a desembocar en el Mar. Se las hace salir hasta el Mar, para que sus aguas sean saneadas. Hasta donde llegue el torrente, tendrán vida todos los seres vivientes que se mueven por el suelo y habrá peces en abundancia. Porque cuando esta agua llegue hasta el Mar, sus aguas quedarán saneadas, y habrá vida en todas partes adonde llegue el torrente.

Al borde del torrente, sobre sus dos orillas, crecerán árboles frutales de todas las especies. No se marchitarán sus hojas ni se agotarán sus frutos, y todos los meses producirán nuevos frutos, porque el agua sale del Santuario. Sus frutos servirán de alimento y sus hojas de remedio.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 45, 2-3. 5-6. 8-9 (R.: 8)

 

R.    El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro baluarte es el Dios de Jacob.

 

El Señor es nuestro refugio y fortaleza,

una ayuda siempre pronta en los peligros.

Por eso no tememos, aunque la tierra se conmueva

y las montañas se desplomen hasta el fondo del mar. R.

 

Los canales del Río alegran la Ciudad de Dios,

la más santa Morada del Altísimo.

El Señor está en medio de ella: nunca vacilará;

él la socorrerá al despuntar la aurora. R.

 

El Señor de los ejércitos está con nosotros,

nuestro baluarte es el Dios de Jacob.

Vengan a contemplar las obras del Señor,

él hace cosas admirables en la tierra. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    5, 1-3a. 5-18

 

Se celebraba una fiesta de los judíos y Jesús subió a Jerusalén.

Junto a la puerta de las Ovejas, en Jerusalén, hay una piscina llamada en hebreo Betsata, que tiene cinco pórticos. Bajo estos pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, paralíticos y lisiados, que esperaban la agitación del agua.

Había allí un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años. Al verlo tendido, y sabiendo que hacía tanto tiempo que estaba así, Jesús le preguntó: « ¿Quieres curarte?»

El respondió: «Señor, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua comienza a agitarse; mientras yo voy, otro desciende antes.»

Jesús le dijo: «Levántate, toma tu camilla y camina.»

En seguida el hombre se curó, tomó su camilla y empezó a caminar.

Era un sábado, y los judíos dijeron entonces al que acababa de ser curado: «Es sábado. No te está permitido llevar tu camilla.»

El les respondió: «El que me curó me dijo: “Toma tu camilla y camina.”» Ellos le preguntaron: « ¿Quién es ese hombre que te dijo: “Toma tu camilla y camina?”»

Pero el enfermo lo ignoraba, porque Jesús había desaparecido entre la multitud que estaba allí.

Después, Jesús lo encontró en el Templo y le dijo: «Has sido curado; no vuelvas a pecar, de lo contrario te ocurrirán peores cosas todavía.»

El hombre fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado. Ellos atacaban a Jesús, porque hacía esas cosas en sábado.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

  • El agua, como principio de vida, es una imagen que se encuentra con frecuencia en la Biblia. Los torrentes en el Antiguo Testamento son símbolo de la vida que Dios da, especialmente en los tiempos mesiánicos.
  • Ezequiel utiliza la imagen del torrente de agua milagrosa, que mana del lado derecho del templo, que es el lugar de la presencia de Dios. El agua que brota del templo, o sea, que viene de Dios va hacia el oriente que es la zona más árida, purifica y cura todo a su paso haciendo que los campos produzcan fértiles frutos y que el mar muerto se llene de vida.

    ***

  • En el evangelio de hoy, San Juan nos presenta a Jesús realizando un “signo”, un milagro, en sábado. Era una fiesta de los judíos, pero la multitud, tirada en los pórticos, está, por tanto, excluida de la fiesta, de la alegría de la vida, de la felicidad.
  • En Jerusalén, se encuentra la piscina de Betsata, que significa casa de la misericordia y que tiene cinco pórticos. Los pórticos del templo eran el lugar de la enseñanza oficial de la Ley de Moisés. Para muchos, los pórticos son un símbolo de los cinco libros de la Ley, que mal interpretados sólo sirven para provocar la opresión y la muerte del pueblo.
  • Se arrastraban hacia allí gran cantidad de lisiados y multitud de mendigos, que colocándose al borde de la piscina, esperaban poder algún día recobrar la salud. Imagen de una humanidad que vive esperando inútilmente la salvación de quien no puede darla. El agua de Betsata era estéril, no podía producir un nacimiento nuevo.
  • Jesús se acerca a ellos, concretamente a uno que lleva treinta y ocho años, toda una vida ahí, esperando por Dios, esperando que otros le den la posibilidad de Dios. Ahora Dios se acerca a él. Este hombre es signo de la muchedumbre agobiada por el peso de la ley. Por eso la curación que va a efectuar Jesús, es el signo de la liberación de aquello que los somete. Jesús no se preocupa de cumplir el precepto del descanso; para Él cuenta sólo el bien del hombre, sin importarle el momento. A los dirigentes judíos, no les alegrará que el hombre recobre la salud; por el contrario, los alarmará el atrevimiento de dispensar de las obligaciones religiosas, que ellos imponen. Por este motivo, inmediatamente, piensan en matarlo.
  • Jesús, al verlo y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: “¿Quieres quedar sano?” A este hombre y a todo ese pueblo que él representa, Jesús quiere darle la salud. Al hombre sin fuerzas, víctima de su enfermedad, incapaz de movimiento, de acción, de iniciativa, Jesús implícitamente le ofrece una esperanza de salvación.
  • El enfermo desea la curación, pero está fuera de su alcance porque no tiene a nadie que lo lleve a la piscina cuando el agua se agita. Jesús le dice: “levántate y anda”. El hombre que estaba paralítico desde hacía treinta y ocho años, encadenado a su pasado de desdicha, se pone de pie. Le da la salud y con ella la capacidad de actuar por sí mismo. Aquí hay un “agua viva” que tiene como un poder de resurrección: suscita seres vivos. Es un agua que da vida.
  • “Levántate, toma tu camilla y anda”. Comienzo de una vida nueva. Cuando Dios da el agua viva, el viejo mundo desaparece. El hombre ahora puede caminar a donde quiera. La camilla que cargaba con el hombre inválido; ahora, curado, es cargada por él.
  • Es la vida nueva de los bautizados. Dios quiere un “hombre de pie”, un hombre que avanza.  La salvación no viene de la “magia” del agua o del cumplimiento estricto de la ley, sino de la persona de Jesús, del Hijo de Dios, que es el único que tiene el agua de la vida y la generosidad para darla en abundancia.
  • Nuestra vida se renueva y reverdece cuando el Espíritu nos inunda. Bautizados en la muerte y resurrección de Jesús, pertenecemos a una tierra liberada. El Señor vino a sanarnos de nuestros males, vino a perdonarnos nuestros pecados, vino a darnos la capacidad de caminar. El que quiera ser su discípulo, debe ir tras las mismas huellas que Él nos ha dejado, huellas de amor y de servicio a los demás.
  • Renovados en el bautismo, somos curados de la parálisis de nuestros pecados; y podemos salir al encuentro de todos los hombres, para anunciar las maravillas que Dios hace siempre a favor de los humildes, los pequeños, los enfermos y los pobres.

     

Para discernir

  • ¿Cuáles son mis ataduras más viejas?

  • ¿Cuáles son las parálisis del corazón que no me dejan andar en libertad?

  • ¿Dejo que su gracia se instale en mi vida desde la constancia?

  • ¿Hago memoria de lo que Dios ha hecho en mí para que pueda seguir haciéndolo?

 

Repitamos a lo largo de este día

…Devuélveme la alegría de tu salvación…

 

Para la lectura espiritual

…Volviendo a un hombre totalmente sano, Jesús le confiere la vida en plenitud; se exhorta ciertamente al hombre a no pecar más, pero él no hace más que una cosa: “andar”. A diferencia del ciego de nacimiento, después de su curación, no se pone a proclamar que Jesús es un profeta, ni se pone a confesar su fe, sino que es simplemente un signo vivo de la vida transmitida por el Hijo, y en este sentido expresa al Padre. No hay ninguna consigna de que no “reniegue”, sino el deber de existir, de “caminar” simplemente. El creyente es un hombre que camina, si permanece en relación con el Hijo y, por Él, con el Padre [...].

¿Cómo transmite Jesús la verdad que habitaba en Él? Él sabe que la Palabra es creadora de vida y sabe también que la Palabra traducida en palabras corre el peligro de verse confundida con el parloteo del lenguaje humano. Por eso empieza dando la salud a un hombre que llevaba muchos años enfermo; y sólo a continuación ilumina su acción [...]. Al realizar esta acción en día de sábado, suscita una cuestión sobre la autoridad de su misma persona, y luego explica su sentido.

De esta manera, todo discípulo puede aprender también la forma de comunicar su experiencia de fe. Frente a los que no la comparten, me siento tentado a combatir con palabras que expresen la verdad. Pero de esta manera me olvidaría de que las palabras no son solamente un medio de comunicación, sino también un obstáculo para el encuentro con otro. Por el contrario, si pongo al otro en presencia de un acto que invite a reflexionar sobre ese ser extraño que soy yo (cf. Jn 3,8), entonces se entabla un diálogo, no con palabras que se cruzan, sino entre unos seres vivos, discípulos, para comunicarse a través de unos gestos que ofrecen sentido…

 

X. León-Dufour, Lectura del evangelio de Juan, Salamanca 1992, II, 67-68.

 

Para rezar

Señor, danos tu mano

y renová tu invitación.

Sumerginos en el agua viva de tu amor,

que no me paralice la vieja desconfianza,

que no me ate el pecado sin esperanza,

que no me hunda en el hombre viejo que no cambia.

Sé que me das tu gracia,

sé que ella me levanta,

sé que sin ella no camino.

Dame la constancia y la perseverancia

de recordar como tu pascua

han hecho nueva mi historia.

 

Miércoles de la semana IV

 

El hijo hace únicamente lo que ve hacer al Padre

 

Lectura del Profeta Isaías 49, 8-15

 

Así dice el Señor:

Así habla el Señor: En el tiempo favorable, yo te respondí, en el día de la salvación, te socorrí. Yo te formé y te destiné a ser la alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir las herencias devastadas, para decir a los cautivos: “¡Salgan!”, y a los que están en las tinieblas: “¡Manifiéstense!”.

Ellos se apacentarán a lo largo de los caminos, tendrán sus pastizales hasta en las cumbres desiertas. No tendrán hambre, ni sufrirán sed, el viento ardiente y el sol no los dañarán, porque el que se compadece de ellos los guiará y los llevará hasta las vertientes de agua. De todas mis montañas yo haré un camino y mis senderos serán nivelados. Sí, ahí vienen de lejos, unos del norte y del oeste, y otros, del país de Siním. ¡Griten de alegría, cielos, regocíjate, tierra! ¡Montañas, prorrumpan en gritos de alegría, porque el Señor consuela a su Pueblo y se compadece de sus pobres! Sión decía: “El Señor me abandonó, mi Señor se ha olvidado de mí”. ¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré!

 

Palabra de Dios.

 

SALMO     Sal 144, 8-9. 13c-14. 17-18

 

  1. El Señor es bondadoso y compasivo.

 

El Señor es bondadoso y compasivo,

lento para enojarse y de gran misericordia;

el Señor es bueno con todos

y tiene compasión de todas sus criaturas. R.

 

El Señor es fiel en todas sus palabras

y bondadoso en todas sus acciones.

El Señor sostiene a los que caen

Y endereza a los que están encorvados. R.

 

El Señor es justo en todos sus caminos

y bondadoso en todas sus acciones;

está cerca de aquellos que lo invocan,

de aquellos que lo invocan de verdad. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    5, 17-30

 

Dijo Jesús:

Mi Padre no cesa nunca de trabajar; por eso yo trabajo también en todo tiempo.

Esta afirmación provocó en los judíos un mayor deseo de matarlo, porque no sólo no respetaba el sábado, sino que además decía que Dios era su propio Padre, y se hacía igual a Dios.

Jesús prosiguió, diciendo:

Yo os aseguro que el Hijo no puede hacer nada por su cuenta; él hace únicamente lo que ve hacer al Padre: lo que hace el Padre, eso hace también el Hijo. Pues el Padre ama al Hijo y le manifiesta todas sus obras; y le manifestará todavía cosas mayores, de modo que vosotros mismos quedaréis maravillados. Porque así como el Padre resucita a los muertos dándoles la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere.

El Padre no juzga a nadie, sino que le ha dado al Hijo todo el poder de juzgar. Y quiere que todos den al Hijo el mismo honor que dan al Padre. El que no honra al Hijo, tampoco honra al Padre que lo ha enviado. Yo os aseguro que quien acepta lo que yo digo y cree en el que me ha enviado, tiene la vida eterna; no sufrirá un juicio de condenación, sino que ha pasado de la muerte a la vida.

Os aseguro que está llegando la hora, mejor aún, ha llegado ya, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y todos los que la oigan, vivirán. El Padre tiene el poder de dar la vida, y ha dado al Hijo ese mismo poder. Le ha dado también autoridad para juzgar, porque es el Hijo del hombre. “No os admiréis de lo que os estoy diciendo, porque llegará el momento en que todos los muertos oirán su voz y saldrán de los sepulcros. Los que hicieron el bien resucitarán para la vida eterna, pero los que hicieron el mal resucitarán para su condenación.

Yo no puedo hacer nada por mi cuenta. Juzgo según lo que Dios me dice, y mi juicio es justo, porque no pretendo actuar según mi voluntad, sino que cumplo la voluntad del que me ha enviado.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

  • En la primera lectura el profeta Isaías describe el retorno del Exilio, signo y prenda de la liberación mesiánica, con los temas y las imágenes renovados del antiguo éxodo de Egipto. Estamos ante uno de los cuatro cánticos del Siervo de Yahvé, que nos prepara para ver luego, en Cristo, al enviado de Dios.
  • Es un canto que resalta el amor de un Dios que quiere a su pueblo, a pesar de sus extravíos. Un Dios que es pastor y agricultor, médico y hasta madre. Que se prepara a salvar a los suyos del destierro, a restaurar a su pueblo. Dios no quiere que su pueblo sufra o padezca, por eso los conduce compasivo y los guía a manantiales de agua. Entonces, todo será alegría y vida.
  • El Dios de la alianza es el Dios de la creación que tiene amor eterno por su pueblo, parecido al amor de una madre por sus hijos que se expresa de una manera concreta en toda su gratuidad y fidelidad indefectible.

    ***

  • Jesús de Nazaret, es ese Siervo, a quien Dios ha enviado a curar y liberar, a devolver la alegría, la luz y la vida.
  • El pasaje de hoy, es continuación del milagro que leíamos ayer, que lo ha mostrado curando al paralítico que esperaba junto a la piscina; y que provocó una vez más, la ira de sus adversarios. Los judíos lo perseguían a causa de las curaciones que realizaba en sábado. Para fundamentar sus obras, Jesús revela su propia identidad de Hijo de Dios, poniéndose así por encima de la Ley.
  • Jesús «obra» en nombre de Dios, su Padre. Igual que Dios da vida. Como hijo, aprende en la escuela de su Padre. La total unidad entre la acción del Padre y la del Hijo es fruto de la completa obediencia del Hijo; que ama la voluntad del Padre y comparte su amor desmesurado por los pecadores.
  • Jesús había hecho referencia al Padre, pero siempre marcando una distinción: la Paternidad de Dios es diferente si se trata de Cristo o de los hombres. Y los judíos que lo escuchaban le entendían muy bien: no era Hijo de Dios como los otros, sino que la filiación que reclama para Él mismo es una filiación natural. Jesús afirma que su naturaleza y la del Padre son iguales, aún siendo personas distintas. Manifiesta de esta manera su divinidad. Por eso el Padre da al Hijo lo que a Él sólo pertenece: el poder sobre la vida y la autoridad del juicio. Un juicio que no se da más allá de la historia; el juicio se está celebrando ya, la sentencia se la da el hombre mismo.
  • La expresión dar sentencia indica la separación que la presencia de Jesús provoca entre los que están a favor o en contra del hombre. No existen otros principios o códigos de moralidad o de conducta, que puedan pretender autoridad divina; no se puede actuar contra Jesús en nombre de la Ley. Estar con Jesús es estar con Dios; estar contra Él es estar contra Dios. Jesús mismo, expresión plena y total del proyecto de Dios, es el criterio: su persona y actividad disciernen entre bien y mal. El proyecto de Jesús actualiza el proyecto de Dios, que sigue teniendo como fundamento a Dios Padre, el amor, la fe, la palabra y la vida.
  • Esta íntima relación entre Padre e Hijo puede extenderse también a los hombres por medio de la escucha obediente de la Palabra de Jesús.
  • Los que crean en Jesús y lo acepten como al enviado de Dios son los que tendrán vida. Los que no, son autoexcluidos. El regalo que Dios ha hecho a la humanidad en su Hijo es, a la vez, don y juicio.
  • A todos los que escuchan con fe su Palabra y la guardan en el corazón, les da el poder de llegar a ser hijos de Dios; desde ahora pasan de la muerte a la vida eterna, y, en el último día, no encontrarán al juez, sino al Padre, que los espera desde siempre, porque en ellos reconoce el rostro de su Hijo amado, el Unigénito, convertido por nosotros en hermano mediador y salvador.
  • La esperanza se abre y se nos regala una nueva luz para nuestra vida de todos los días. Vivir como hijos es la herencia eterna y, a la vez, el tesoro secreto que nos sostiene en nuestro fatigoso andar de cada día.

 

Repitamos a lo largo de este día

Acuérdate, Señor, de tu ternura.

 

Para la lectura espiritual

…Anunciar la resurrección no es anunciar otra vida, sino mostrar que la vida puede ganar en intensidad y que todas las situaciones de muerte que atravesamos pueden transformarse en resurrección. Un gran poeta francés, Paul Eluard, decía: “Hay otros mundos, pero están en este”. Así es como debemos pensar en la resurrección. Creo que debemos intentar participar un poco en esta realidad, esto es, intentar convertirnos en hombres de resurrección, testimoniando una moral de resurrección como una llamada a una vida más profunda, más intensa, que finalmente pueda deshacer el sentido mismo de la muerte. Pues estoy convencido de que el gran problema de Ios hombres de hoy es precisamente el problema de la muerte. Pienso que el lenguaje que debemos utilizar para dirigirnos a los hombres es ante todo el ejemplo que debemos dar, el lenguaje de la vida: con este lenguaje lograremos que comprendan lo que significa resurrección. Nos hacen falta profetas quizás un poco locos. Sí, porque la resurrección es una locura, y hay que anunciarla a lo loco: si se anuncia de un modo “educado”, no puede funcionar. Debemos decir: “Cristo ha resucitado”, y todos nosotros hemos resucitado en Él. Todos los hombres; no sólo los que pertenecen a la Iglesia, todos. Y entonces, si en lo más hondo de nosotros la angustia se transforma en confianza, podremos hacer lo que nadie se atreve a hacer hoy: bendecir la vida.

Hoy los cristianos son cada vez más minoritarios, casi en diáspora. ¿Qué relación tiene esta minoría con la humanidad entera? Esta minoría es un pueblo aparte para ser reyes, sacerdotes y profetas; para trabajar, servir, orar por la salvación universal y la transfiguración del universo, para convertirse en servidores pobres y pacíficos del Dios crucificado y resucitado…

 

O. Clément, cit. en el drama de la incredulidad con Teresa de Lisieux,

Verbo Divino, Estella 1998

 

Para rezar

Orar para cambiar la vida (fragmento)

 

…Señor,
escucha nuestra oración,
atiende nuestros llamados.

Necesitamos tu aliento,
nos hace falta tu empuje,
¡que nos anime tu Espíritu!

Queremos caminar
fieles a tu Palabra,
cada día,
un paso adelante,
para cambiar de vida,
y dar testimonio concreto
de tu presencia en medio nuestro.
Ayúdanos a cambiar,
Padre bueno,
para que seamos testigos,
mensajeros,
y constructores de tu Evangelio.

Marcelo A. Murúa

 

Jueves de la semana IV

 

Hay otro que da testimonio de mí

 

Lectura del libro del Éxodo     32, 7-14

 

El Señor dijo a Moisés: «Baja en seguida, porque tu pueblo, ese que hiciste salir de Egipto, se ha pervertido. Ellos se han apartado rápidamente del camino que yo les había señalado, y se han fabricado un ternero de metal fundido.

Después se postraron delante de él, le ofrecieron sacrificios y exclamaron: “Este es tu Dios, Israel, el que te hizo salir de Egipto.”»

Luego le siguió diciendo: «Ya veo que este es un pueblo obstinado. Por eso, déjame obrar: mi ira arderá contra ellos y los exterminaré. De ti, en cambio, suscitaré una gran nación.»

Pero Moisés trató de aplacar al Señor con estas palabras: « ¿Por qué, Señor, arderá tu ira contra tu pueblo, ese pueblo que tú mismo hiciste salir de Egipto con gran firmeza y mano poderosa? ¿Por qué tendrán que decir los egipcios: “El los sacó con la perversa intención de hacerlos morir en las montañas y exterminarlos de la superficie de la tierra?” Deja de lado tu indignación y arrepiéntete del mal que quieres infligir a tu pueblo.

Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Jacob, tus servidores, a quienes juraste por ti mismo diciendo: “Yo multiplicaré su descendencia como las estrellas del cielo, y les daré toda esta tierra de la que hablé, para que la tengan siempre como herencia.”»

Y el Señor se arrepintió del mal con que había amenazado a su pueblo.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 105, 19-20. 21-22. 23 (R.: 4a)

 

R.    Acuérdate de mí, Señor, por el amor que tienes a tu pueblo.

 

En Horeb se fabricaron un ternero,

adoraron una estatua de metal fundido:

así cambiaron su Gloria

por la imagen de un toro que come pasto. R.

 

Olvidaron a Dios, que los había salvado

y había hecho prodigios en Egipto,

maravillas en la tierra de Cam

y portentos junto al Mar Rojo. R.

 

El Señor amenazó con destruirlos,

pero Moisés, su elegido,

se mantuvo firme en la brecha

para aplacar su enojo destructor. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    5, 31-47

 

Jesús dijo a los judíos:

«Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no valdría. Pero hay otro que da testimonio de mí, y yo sé que ese testimonio es verdadero.

Ustedes mismos mandaron preguntar a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para la salvación de ustedes. Juan era la lámpara que arde y resplandece, y ustedes han querido gozar un instante de su luz. Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: son las obras que el Padre me encargó llevar a cabo. Estas obras que yo realizo atestiguan que mi Padre me ha enviado. Y el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Ustedes nunca han escuchado su voz ni han visto su rostro, y su palabra no permanece en ustedes, porque no creen al que él envió.

Ustedes examinan las Escrituras, porque en ellas piensan encontrar Vida eterna: ellas dan testimonio de mí, y sin embargo, ustedes no quieren venir a mí para tener Vida.

Mi gloria no viene de los hombres. Además, yo los conozco: el amor de Dios no está en ustedes. He venido en nombre de mi Padre y ustedes no me reciben, pero si otro viene en su propio nombre, a ese sí lo van a recibir. ¿Cómo es posible que crean, ustedes que se glorifican unos a otros y no se preocupan por la gloria que sólo viene de Dios?

No piensen que soy yo el que los acusaré ante el Padre; el que los acusará será Moisés, en el que ustedes han puesto su esperanza. Si creyeran en Moisés, también creerían en mí, porque él ha escrito acerca de mí. Pero si no creen lo que él ha escrito, ¿cómo creerán lo que yo les digo?»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

  • En el Evangelio de hoy, Jesús reprocha a sus contemporáneos no haber escuchado realmente a Moisés: «si creyerais en Moisés, creeríais también en mí».
  • La primera lectura nos da «precisamente» la actitud de Moisés. Al bajar de la Montaña del Sinaí, donde había estado hablando con Dios, Moisés encuentra al pueblo en adoración ante una estatua de un becerro metal.
  • La «ira» de Dios es una imagen para significar que Dios no puede pactar con el mal. Dios toma la defensa del hombre, contra sí mismo, si es preciso de forma violenta. El diálogo entre Yahvé y Moisés es entrañable. Después del pecado del pueblo, Moisés le da vuelta a Dios su acusación y toma la defensa de su pueblo, recordándole que es el pueblo, que Él sacó de Egipto. No es el pueblo de Moisés, sino el de Dios. Ése va a ser el primer argumento para aplacar a Yahvé. Moisés en una actitud admirable no se desolidariza de sus hermanos pecadores. Ruega por ellos. Ruega por ese pueblo idólatra.
  • El autor del Éxodo parece como si atribuyera a Moisés un corazón más bondadoso y perdonador que a Yahvé. Y concluye: «y el Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo».

    ***

  • Sigue el comentario de Jesús después del milagro de la piscina y de la reacción de sus enemigos. Jesús pretende que sus obras den testimonio de Él, y precisamente lo rechazan por ellas. Les echa en cara que no quieren ver lo evidente. Jesús no va a apoyarse en su propio testimonio. Tiene a su favor otros testigos y “el testigo irrebatible”, que demostrarán la veracidad de sus palabras. Son testimonios muy válidos a su favor: el Bautista, que le presentó como el que había de venir, las obras que hace el mismo Jesús y que no pueden tener otra explicación sino que es el enviado de Dios; y también las Escrituras, y en concreto Moisés, que había anunciado la venida de un Profeta de Dios.
  • Pero ya se ve en todo el episodio, que los judíos no están dispuestos a aceptar este testimonio. Jesús les reprocha que nunca han escuchado el mensaje de amor que Dios les proponía y se ponen de manifiesto dos concepciones de Dios: el que muestra Jesús, que el Padre ama al hombre y quiere darle vida y libertad, y el Dios de los dirigentes, que imponen y mantienen un orden jurídico, prescindiendo del bien real del hombre. Por eso Jesús afirma que no conocen en absoluto al Padre; y que, incluso el mensaje de la Alianza, expresado cuando Dios los hizo un pueblo al sacarlos de la esclavitud de Egipto, tampoco lo han conservado. Ellos han olvidado esta imagen dada por el mismo Dios, para fabricarse la suya.
  • Por eso les recrimina que estudian, pensando que van a encontrar en ellas lo que no contiene: la vida definitiva. Han dado un valor absoluto a la Escritura y la han convertido en un todo completo y cerrado, en lugar de ver en ellas, una promesa y una esperanza.
  • Sin embargo, el verdadero papel de la Escritura es como el de Juan Bautista: dar testimonio preparatorio a la llegada del Mesías.
  • Ellos no hacen caso de este testimonio, porque su clave de lectura es falsa. Considerarlas como fuente de vida en sí mismas, suprimiendo su relación esencial al futuro, impide comprender su verdadero sentido.
  • Les asegura que les falta ese “amor a Dios y amor de Dios”, que les impide la apertura fundamental a Dios, imprescindible en el amor. Por eso les falta también la capacidad de acercarse a Jesús y reconocerlo como enviado de Dios.
  • Su testimonio es mayor que el de Juan porque las obras que el Padre le ha concedido realizar “dan testimonio de que el Padre lo ha enviado”. Todo el que reconozca que Dios es Padre, tiene que reconocer que las obras de Jesús, como las del Padre, comunican vida al hombre, son de Dios. Jesús está apelando implícitamente a un rasgo claramente expresado en el Antiguo Testamento que descubre la preocupación de Dios por su pueblo, especialmente por los débiles.
  • Uno de los esfuerzos privilegiados de la Cuaresma es “hacer que la Palabra de Dios habite más en nosotros”: vivir con una familiaridad que nos lleve a amarla, para que se vaya apoderando de nuestro corazón. No existe un procedimiento automático para esto. Pero tampoco esto se hará solo.
  • La meditación asidua, es ciertamente, un medio de “hacer habitar la Palabra” en nosotros, pero sobre todo la oración, realizará esa encarnación de la palabra en nuestra vida y en la vida del mundo. Se trata de aceptar a Cristo, para tener parte con Él en la vida.
  • En el camino de esta Cuaresma, reavivamos esta fe y queremos profundizar en su seguimiento, imitándolo en su entrega total por el pueblo. Por eso debemos sentir todos, la urgencia de la evangelización de nuestros hermanos, de todo el mundo para que se cumpla lo que el evangelio de Juan, resume al final como su propósito: «estas señales han sido escritas para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida en su Nombre».

     

Para discernir

  • ¿Intercedo por los pecados de mi pueblo?
  • ¿Ruego por aquellos cuyas actitudes o pecados me causan sufrimiento?
  • ¿Trato de dejarme hablar por la escritura o la acomodo a mis necesidades?

 

Repitamos a lo largo de este día

…El que cree tiene la vida eterna…

 

Para la lectura espiritual

…La tradición cristiana sostiene que el libro que vale la pena leer es nuestro Señor Jesucristo. La palabra Biblia significa “libro”, todas las páginas de este libro hablan de Él y quieren llevar a Él (…) Es necesario que se dé un encuentro entre Cristo y la persona humana, entre ese Libro que es Cristo y el corazón humano, en el que está escrito Cristo no con tinta, sino con el Espíritu Santo.

¿Por qué leer? Porque Jesús mismo ha leído. Fue libro y lector, y continúa siendo ambas cosas en nosotros. ¿Cómo leer? Como leyó Jesús. Sabemos que Jesús leyó y explicó a Isaías en la sinagoga de Nazaret. Sabemos también cómo comprendió las Escrituras y cómo a través de ellas se comprendió a sí mismo y su misión. Como lector del libro y Él mismo como Libro, después de su glorificación concedió este carisma de lectura a sus discípulos, a la Iglesia y también a nosotros. Desde entonces, gracias al Espíritu, que actúa en la Iglesia, toda lectura del Libro sagrado es participación de este don de Cristo. Somos movidos a leer la Escritura porque Él mismo lo hizo y porque en ella le encontramos a Él. Leemos la Escritura en Él y con su gracia.

Y debemos concluir que la lectura cristiana de las Escrituras no es principalmente un ejercicio intelectual, sino que, esencialmente, es una experiencia de Cristo, en el Espíritu, en presencia del Padre, como el mismo Cristo está unido a Él, cara a cara, orientado a Él, penetrando en Él y penetrado por Él. La experiencia de Cristo fue esencialmente la conciencia de ser amado por el Padre y de responder a este amor con el suyo. Es un intercambio de amor. A través de nuestra experiencia personal, seremos capaces de leer a Cristo-Libro y, en Él, a Dios Padre…

 

J. Leclercq, Huesos humillados, Seregno 1993, 65-85

 

Para rezar

 

El Dios en quien yo creo 
es quien me da motivos para dar cada paso.
El Dios que me susurra, que aún no he terminado
que me falta un poema, una canción acaso,
que me falta quizás una sonrisa firme,
una mano dispuesta y una palabra amable. 

Que me falta aún perdonar una ofensa
recorrer otra milla y compartir mi manta.
Que aún me falta crear, inventar otros mundos,
más sencillos tal vez, más nobles y sinceros. 

El Dios en quien yo creo me crea y nos recrea
y también nos inventa de nuevo cada día
y siente y se estremece con el dolor del pueblo
y canta y gime y grita en mil voces hermanas,
acaso desterradas al borde del camino. 


Viernes de la semana IV

 

Sean misericordiosos como el Padre

 

Lectura del libro de la Sabiduría    2, 1a. 12-22

 

Los impíos se dicen entre sí, razonando equivocadamente:

«Tendamos trampas al justo, porque nos molesta y se opone a nuestra manera de obrar; nos echa en cara las transgresiones a la Ley y nos reprocha las faltas contra la enseñanza recibida. El se gloría de poseer el conocimiento de Dios y se llama a sí mismo hijo del Señor.

Es un vivo reproche contra nuestra manera de pensar y su sola presencia nos resulta insoportable, porque lleva una vida distinta de los demás y va por caminos muy diferentes. Nos considera como algo viciado y se aparta de nuestros caminos como de las inmundicias. El proclama dichosa la suerte final de los justos y se jacta de tener por padre a Dios.

Veamos si sus palabras son verdaderas y comprobemos lo que le pasará al final. Porque si el justo es hijo de Dios, él lo protegerá y lo librará de las manos de sus enemigos.

Pongámoslo a prueba con ultrajes y tormentos, para conocer su temple y probar su paciencia. Condenémoslo a una muerte infame, ya que él asegura que Dios lo visitará.»

Así razonan ellos, pero se equivocan, porque su malicia los ha enceguecido. No conocen los secretos de Dios, no esperan retribución por la santidad, ni valoran la recompensa de las almas puras.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 33, 17-18. 19-20. 21 y 23 (R.: 19a)

 

R.    El Señor está cerca del que sufre.

 

El Señor rechaza a los que hacen el mal

para borrar su recuerdo de la tierra.

Cuando ellos claman, el Señor los escucha

y los libra de todas sus angustias. R.

 

El Señor está cerca del que sufre

y salva a los que están abatidos.

El justo padece muchos males,

pero el Señor lo libra de ellos. R.

 

El cuida todos sus huesos,

no se quebrará ni uno solo.

Pero el Señor rescata a sus servidores,

y los que se refugian en él no serán castigados. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    7, 1-2. 10.14. 25-30

 

Jesús recorría la Galilea; no quería transitar por Judea porque los judíos intentaban matarlo.

Se acercaba la fiesta judía de las Chozas. Cuando sus hermanos subieron para la fiesta, también él subió, pero en secreto, sin hacerse ver.

Algunos de Jerusalén decían: « ¿No es este aquel a quien querían matar? ¡Y miren como habla abiertamente y nadie le dice nada! ¿Habrán reconocido las autoridades que es verdaderamente el Mesías? Pero nosotros sabemos de dónde es este; en cambio, cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde es.»

Entonces Jesús, que enseñaba en el Templo, exclamó:

« ¿Así que ustedes me conocen y saben de dónde soy? Sin embargo, yo no vine por mi propia cuenta; pero el que me envió dice la verdad, y ustedes no lo conocen. Yo sí lo conozco, porque vengo de él y es él el que me envió.»

Entonces quisieron detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él, porque todavía no había llegado su hora.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

  • En la primera lectura, el profeta nos presenta cómo las fuerzas del mal, encarnadas en los impíos, quieren ahogar la fuerza de Dios que se manifiesta en la vida de los justos. Es el conflicto de siempre, que pasa por el mismo corazón del hombre. Este fragmento se dirige directamente a los judíos fieles de Alejandría, que son perseguidos y despreciados por los judíos renegados y por los paganos. Pero es Dios el que vence y es su protección lo que cuenta.
  • Este pasaje del Antiguo Testamento parece un análisis, por adelantado, de lo que pasará durante la Pasión. La persecución del justo por parte de los impíos, anticipa la persecución de Jesús por parte de las “autoridades” de Israel. Los mismos que en los Evangelios de los días anteriores, manipulaban la Escritura y la religión de acuerdo a sus intereses, son los mismos que hoy desconfían de su origen y mañana intentarán prenderlo.

    ***

  • Siguen considerando a Jesús un peligro para su sociedad y se proponen matarlo, idea que había aparecido a raíz de la curación del inválido. La situación en torno a Jesús es de crisis, escepticismo y persecución. Jesús con sus palabras, se ha vuelto un problema para su seguridad e intereses. Una voz anunciando la Buena Nueva de la liberación para los oprimidos es incómoda porque les echa en cara su pecado.
  • Jesús subió a la fiesta de los Tabernáculos. La fiesta judía de mayor concurrencia, que celebraba el final de la cosecha y preparaba la próxima sementera. Las solemnidades en el templo, se prolongaban durante ocho días. Jesús no puede subir abiertamente a Jerusalén, sino que lo hace inicialmente de incógnito; y se presenta en la ciudad santa cuando ya la multitud de peregrinos, le sirve de escudo protector. Al identificarlo, la gente se pregunta si no será que al fin, han reconocido que Él es el Mesías, dado que lo ven hablar abiertamente sabiendo que las autoridades querían matarlo.
  • En la época, se había difundido la creencia de que el Mesías tenía que tener un origen desconocido, y que al manifestarse vendría de las nubes. Jesús reacciona enérgicamente gritando su identidad como aquel que no ha venido por propia decisión, sino ha sido realmente enviado, y conoce al que lo ha enviado. En su grito, Jesús llama la atención a los que creen conocerlo porque saben de su origen galileo, pero desconocen que su origen es también de Dios. Su mesianismo debe ser reconocido no por su lugar de nacimiento, sino por ser enviado del Padre.
  • Juan presenta a Jesús como la Sabiduría que enseña. El verdadero Mesías no ha de ser reconocido por su lugar de procedencia, como ellos piensan; su autenticidad depende solamente de que sea enviado por Dios, como lo ha demostrado Jesús con sus obras. Si ellos no lo reconocen es por haber subordinado el plan y la acción de Dios a sus propios prejuicios. Ellos no conocen a Dios, se lo impide la ideología religiosa; Jesús lo conoce, y ése es el fundamento de su misión y actividad.
  • Jesús, ha echado por tierra el modo tradicional de concebir al Mesías, y acusa a los que lo profesan de no conocer a Dios. Parte de sus oyentes no toleran ser puestos en tela de juicio, por eso intentaron prenderlo, pero nadie le puso la mano encima, porque todavía no había llegado su hora.
  • También en el mundo de hoy, junto a muchas personas que creen y aceptan a Cristo, hay otras muchas que han optado por ignorarlo, o incluso por perseguir toda idea suya. Sus seguidores corren igual suerte. Una sociedad que va perdiendo valores fundamentales, acusa el impacto del testimonio de los creyentes. Los verdaderos profetas son con frecuencia perseguidos. Los falsos, los que no se preocupan de transmitir lo que Dios dice, sino lo que gusta a la gente, ésos sí que prosperan.
  • Lo de perseguir al profeta nos puede pasar a cada uno de nosotros, si con nuestra vida damos un testimonio de valores diferentes, porque vivimos en sentido inverso de lo que es moda, o de lo que dicen las estadísticas sociológicas. O sea, si damos testimonio del evangelio de Jesús, que no coincide con el del mundo.
  • Tal vez no llegaremos a ser perseguidos y amenazados de muerte, pero sí desacreditados o ridiculizados, o simplemente ignorados. No deberíamos asustarnos demasiado. Todos estamos comprometidos en la batalla entre el bien y el mal. Jesús fue signo de contradicción, como les anunció el anciano Simeón a María y a José. Los cristianos, si somos luz y sal, podemos también resultar molestos en el ambiente en que nos movemos. Lo triste seria que no diéramos ninguna clase de testimonio, que fuéramos insípidos, incapaces de iluminar o interpelar a nadie.

 

Para discernir

  • ¿Me siento condicionado por lo que sé de los demás, lo que creo de ellos?
  • ¿Estoy abierto a la novedad de la vida y de los otros o ya la tengo y los tengo pre armados?
  • ¿Tengo prejuicios sobre mí mismo, me creo más de lo que puedo o me creo menos?
  • ¿Hasta dónde condiciono a Dios con lo que espero de Él?

 

Repitamos a lo largo de este día

…Aunque el justo sufra muchos males, de todos lo libra el Señor…

 

Para la lectura espiritual

…En la vida de Jesús, en su vivir mediante el Padre, se hace presente el sentido intrínseco del mundo, que se nos brinda como amor -de un amor que ama individualmente a cada uno de nosotros- y, por el don incomprensible de este amor, sin caducidad, sin ofuscamiento egoísta, hace la vida digna de vivirse. La fe es, pues, encontrar un tú que me sostiene y que en la imposibilidad de realizar un movimiento humano da la promesa de un amor indestructible que no sólo aspira a la eternidad, sino que la otorga. La fe cristiana obtiene su linfa vital del hecho de que no sólo existe objetivamente un sentido de la realidad, sino que este sentido está personalizado en Uno que me conoce y me ama, de suerte que puedo confiar en Él con la seguridad de un niño que ve resueltos todos sus problemas en el “tú” de su madre.

Todo esto no elimina la reflexión. El creyente vivirá siempre en esa oscuridad, rodeado de la contradicción de la incredulidad, encadenado como en una prisión de la que no es posible huir. Y la indiferencia del mundo, que continúa impertérrito como si nada hubiese sucedido, parece ser sólo una burla de sus esperanzas. ¿Lo eres realmente? A hacernos esta pregunta nos obligan la honradez del pensamiento y la responsabilidad de la razón, y también la ley interna del amor, que quisiera conocer más y más a quien ha dado su “sí”, para amarle más y más.

¿Lo eres realmente? Yo creo en ti, Jesús de Nazaret, como sentido del mundo y de mi vida…

 

J. Ratzinger, Introducción al cristianismo, Salamanca 1969, 57-58.

 

Para rezar

Señor, Jesús,

Pongo este día en tus manos,

es una nueva oportunidad que me das

para demostrar que mi vida vale

y que la esperanza

que pusiste en mí no va a ser defraudada.

Que pueda aprovechar todo

lo que la vida me vaya ofreciendo,

que pueda estar abierto

sin condicionar nada

sino admirándome de todo

y pueda crecer a medida que construyo

un mundo más humano. Amén

 

Sábado de la semana IV

 

Como un manso cordero era llevado al matadero

 

Lectura del libro del profeta Jeremías    11, 18-20

 

El Señor de los ejércitos me lo ha hecho saber y yo lo sé. Entonces tú me has hecho ver sus acciones.

Y yo era como un manso cordero, llevado al matadero, sin saber que ellos urdían contra mí sus maquinaciones: « ¡Destruyamos el árbol mientras tiene savia, arranquémoslo de la tierra de los vivientes, y que nadie se acuerde más de su nombre!»

Señor de los ejércitos, que juzgas con justicia, que sondeas las entrañas y los corazones, ¡que yo vea tu venganza contra ellos, porque a ti he confiado mi causa!

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 7, 2-3. 9bc-10. 11-12 (R.: 2a)

 

R.    Señor, Dios mío, en ti me refugio.

 

Señor, Dios mío, en ti me refugio:

sálvame de todos los que me persiguen;

líbrame, para que nadie pueda atraparme

como un león, que destroza sin remedio. R.

 

Júzgame, Señor, conforme a mi justicia

y de acuerdo con mi integridad.

¡Que se acabe la maldad de los impíos!

Tú que sondeas las mentes y los corazones,

tú que eres un Dios justo, apoya al inocente. R.

 

Mi escudo es el Dios Altísimo,

que salva a los rectos de corazón.

Dios es un Juez justo

y puede irritarse en cualquier momento. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    7, 40-53

 

Algunos de la multitud que lo habían oído, opinaban: «Este es verdaderamente el Profeta.» Otros decían: «Este es el Mesías.» Pero otros preguntaban: « ¿Acaso el Mesías vendrá de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David y de Belén, el pueblo de donde era David?» Y por causa de él, se produjo una división entre la gente. Algunos querían detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él.

Los guardias fueron a ver a los sumos sacerdotes y a los fariseos, y estos les preguntaron: « ¿Por qué no lo trajeron?»

Ellos respondieron: «Nadie habló jamás como este hombre.»

Los fariseos respondieron: « ¿También ustedes se dejaron engañar? ¿Acaso alguno de los jefes o de los fariseos ha creído en él? En cambio, esa gente que no conoce la Ley está maldita.»

Nicodemo, uno de ellos, que había ido antes a ver a Jesús, les dijo: « ¿Acaso nuestra Ley permite juzgar a un hombre sin escucharlo antes para saber lo que hizo?»

Le respondieron: « ¿Tú también eres galileo? Examina las Escrituras y verás que de Galilea no surge ningún profeta.»

Y cada uno regresó a su casa.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

  • En esta lectura primeramente, el profeta hace una confesión a causa de una persecución de sus compatriotas y familiares; en segundo lugar Jeremías plantea una cuestión sobre la felicidad de sus perseguidores y la aparente desventura de los buenos, finalmente, aparece una lamentación del mismo Yahvé porque lo han forzado a abandonar a su pueblo.
  • El profeta experimenta profundamente la persecución que, a causa de su predicación, están tramando contra él incluso sus familiares y sus amigos. Consciente de su propia debilidad, pide ayuda a Yahvé. Esta persecución, y tal vez la experiencia de otros casos de justos que sufren y de impíos que viven felices, lo mueve a preguntar a Yahvé por qué los malos viven llenos de bendiciones.
  • La respuesta de Yahvé lo desconcierta: verá cosas todavía peores y, a pesar de ello, tendrá que resistir firmemente y cumplir su deber entre inseguridades. El mismo Yahvé se debate entre su deseo de salvar y demostrar positivamente su amor, y su sentido de la justicia, que le obliga a castigar y corregir a su pueblo.
  • Está claro que leer esta confesión en momentos en que nos preparamos a revivir la Pascua del Señor obedece a la idea de que en Pascua se juega algo fundamental: el sincero sufrimiento de Dios a causa de sus hijos, y del Hijo a causa de sus hermanos. La salvación siempre pasará por el desconcierto, por la cruz, por la oscuridad de la fe. Pero el cristiano que se dispone a rememorar y revivir la Pascua, ve a través de la incertidumbre, la claridad y la luz de la nueva vida que el Señor instaura venciendo a la muerte.

***

  • En el evangelio vemos cómo la persona de Jesús, concretamente su origen, provoca discusiones y posturas diversas. Se ignora lo más profundo de su personalidad: su origen divino. La vida de los hombres se decide según la actitud vivencial que se tome con respecto a Jesús.
  • La escena evangélica de hoy se desarrolla en torno a las fiestas de las chozas o de los tabernáculos, una de las tres ocasiones que los israelitas visitaban Jerusalén. Era una fiesta cargada de mesianismo y de expectativas. Para muchos, esta fiesta se asociaba al triunfo definitivo de la experiencia del Reino de Dios y nadie quería perderse tal espectáculo; menos todo lo que iba a ocurrir en la ciudad santa de Jerusalén.
  • Este es el motivo por el que había allí tanta gente, y las preguntas que se hacen acerca de Jesús; asociando su misteriosa, popular, y profética personalidad. En ella, muchos habían depositado expectativas mesiánicas, en medio de la dominación romana, que mantenía en la ciudad una rigurosa guardia de soldados, para mantener el control público.
  • El tema que se discute es la posibilidad de que Jesús sea o no el Mesías, se barajan los criterios de lugar, clase social, autoridad en la enseñanza, continuidad con las instituciones, etc. Según los fariseos, la opinión oficial es normativa para todos; los individuos no tienen derecho a formarse un juicio; desprecian al pueblo porque no conoce la Ley y no puede practicarla; sólo quienes estudian pueden estar bien con Dios; la suya es una religión de privilegiados. Los fariseos confunden el conocimiento de la Ley con el conocimiento de Dios.
  • Jesús aparece nuevamente como signo de contradicción porque los guardias, encargados de prenderlo, quedan maravillados de cómo habla. En cambio los dirigentes del pueblo discuten entre ellos y no lo quieren reconocer, a pesar de que los motivos que presentan son débiles al lado de los grandes signos que hace Jesús.
  • Las palabras y actitudes de Jesús siguen creando desconcierto y confusión en muchas personas. Mientras el pueblo esperaba un gran profeta o a Elías mismo en persona; aparece Jesús cuestionador de la estructura, y el poder religioso del Templo. No es posible que un campesino, venido de Galilea, se atreva a criticar el poder central. El pueblo entra aún en mayor confusión, cuando los dirigentes judíos encuentran en Jesús más motivos de condenación que de aprobación.
  • No seguir a los maestros de la ley era un gran problema. Pero seguir a un carpintero pueblerino, que ofrece vida eterna como enviado del Padre, ponía en riesgo de ser acusados de blasfemia.
  • Por eso la autoridad establecida, empieza a cuestionar la procedencia de Jesús y plantea abiertamente la posibilidad de una condena. Nicodemo, fariseo, apoyándose en la Ley, exige un juicio justo; son las obras, no los prejuicios, las que han de decidir. Los fariseos han hecho de la Ley un instrumento de injusticia. Ellos no responden a lo que ha planteado Nicodemo, no atienden a razones; lo tachan de ignorante y lo atacan invitándolo a estudiar y ver que de Galilea no salen profetas. Están cegados por su aversión a Jesús. Ni consideran la posibilidad de que sea el Mesías.
  • Jesús sigue siendo signo de contradicción en el mundo: divide a los hombres y a sus opiniones con su sola presencia. Obliga a definirse, a tomar posición, así como lo hizo en su época palestinense, lo hace también ahora. El galileo perseguido, es Señor de su destino y del destino de todos. Los cristianos proclamamos que es Jesús de Nazaret. Es el Señor; Él nos lo ha dicho con palabras y obras y espera que le creamos:

“Yo soy el Enviado por el Padre, el Camino, la Verdad y la Vida”.

  • Necesitamos optar, porque Dios no se impone; se ofrece, se entrega. Y queda para nosotros la decisión a favor de Él o contra Él. Es una cuestión personal que cada uno con la ayuda del Espíritu Santo tiene que resolver. Los milagros sirven de poco, si no tenemos las disposiciones de humildad y de sencillez para reconocer en Jesús la presencia del Reino. Ante los mismos hechos, vemos a los judíos divididos, y a los hombres de hoy también. Y es que, en cuestiones de fe y amor no se puede dar una respuesta tibia, a medias: la vocación cristiana comporta una respuesta radical, tan radical como fue el testimonio de entrega y obediencia de Cristo en la Cruz.

 

Para discernir

  • ¿Mi fe es intelectual o dejo que se exprese a través de la realidad más profunda de mi necesidad?
  • ¿Someto a Dios a la prueba de mi inteligencia y de mi sabiduría?
  • ¿Valoro la fe del pueblo sencillo o la desprecio?
  • ¿Valoro su expresión sensible como manifestación de cariño o la desvalorizo creyendo que es magia o fetichismo?

 

Repitamos a lo largo de este día

…Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único…

 

Para la lectura espiritual

…La condición del cristiano, en la medida en que ser cristiano es resignarse a estar a merced de alguien, es algo singularmente inconfortable. Y usted lo sabe muy bien. En el fondo, lo que teme es, como dice muy bien, que una vez metido el dedo en el engranaje no se sabe dónde podrá ir a parar. Ciertamente, no se nos oculta que lo que impide tener fe a los que no la tienen es eso. Como es también lo que impide tener más fe a los que ya la tienen.

Siempre es grave introducir a otro en la propia vida, incluso desde el punto de vista humano; se sabe que ya no será posible disponer enteramente de uno. Dejar a Jesús entrar en la vida propia encierra un riesgo terrible. No se sabe hasta dónde nos llevará. Y la fe es precisamente eso. Jamás se me hará creer que es confortable.

Tomar en serio a Jesucristo es aceptar en la propia vida la irrupción de lo Absoluto del Amor, aceptar el ser arrastrado hacia no se sabe dónde. Y ese riesgo es al mismo tiempo la liberación, porque, en definitiva, después de todo, sabemos bien que sólo deseamos una cosa: ese Amor absoluto; y que, en última instancia, se nos despoja de nosotros mismos. Esto quiere decir, y me parece lo esencial, que la fe no aparece como una manera de acabar con las aventuras de la inteligencia, como una tranquilidad que uno se concedería cuando queda aún mucho por buscar. La fe no es una meta, sino un punto de partida. Introduce nuestra inteligencia en la más maravillosa de las aventuras, que es contemplar un día a la Trinidad…

 

J. Daniélou, Escándalo de la verdad, Madrid 1962, 136-137.

Para rezar

¡Feliz de ti!

 

Si tienes un corazón limpio,

libre de maldades y malicias,   

libre de dobleces y falsedades,

libre de orgullo y autosuficiencia,

libre de odios y rencores.

 

Feliz de ti

si tienes un corazón limpio,

libre de cegueras y caprichos,

de egoísmos y resentimientos,

abierto a la verdad y el amor,

para buscarlos apasionadamente

a lo largo del camino de la vida.

 

Feliz de ti

si tienes un corazón limpio,

que te permita ver a Dios

en el rostro de tus hermanos.

 

 

 

 

 

 

TIEMPO DE CUARESMA – SEMANA III – CICLO A

TIEMPO DE CUARESMA

DOMINGO III – CICLO A

 

20 de marzo

Solemnidad de San José

Esposo de Santa María Virgen

 

Martes de la semana III

 

Miércoles de la semana III

 

Jueves de la semana III

 

Viernes de la semana III

 

Sábado de la semana III

La Anunciación del Señor

(S)

 

TIEMPO DE CUARESMA

DOMINGO III – CICLO A

 

Dame agua viva para que no tenga más sed

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Éxodo     17, 1-7

 

El pueblo, torturado por la sed, protestó contra Moisés diciendo: « ¿Para qué nos hiciste salir de Egipto? ¿Sólo para hacernos morir de sed, junto con nuestros hijos y nuestro ganado?»

Moisés pidió auxilio al Señor, diciendo: « ¿Cómo tengo que comportarme con este pueblo, si falta poco para que me maten a pedradas?»

El Señor respondió a Moisés: «Pasa delante del pueblo, acompañado de algunos ancianos de Israel, y lleva en tu mano el bastón con que golpeaste las aguas del Nilo. Ve, porque yo estaré delante de ti, allá sobre la roca, en Horeb. Tú golpearás la roca, y de ella brotará agua para que beba el pueblo.»

Así lo hizo Moisés, a la vista de los ancianos de Israel.

Aquel lugar recibió el nombre de Masá -que significa «Provocación»- y de Meribá -que significa «Querella»- a causa de la acusación de los israelitas, y porque ellos provocaron al Señor, diciendo: « ¿El Señor está realmente entre nosotros, o no?»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 94, 1-2. 6-7d-9 (R.: 7d-8a)

 

R.    Ojalá hoy escuchen la voz del Señor:

«No endurezcan su corazón.»

 

¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor,

aclamemos a la Roca que nos salva!

¡Lleguemos hasta él dándole gracias,

aclamemos con música al Señor! R.

 

¡Entren, inclinémonos para adorarlo!

¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó!

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros, el pueblo que él apacienta,

las ovejas conducidas por su mano. R.

 

Ojalá hoy escuchen la voz del Señor:

«No endurezcan su corazón como en Meribá,

como en el día de Masá, en el desierto,

cuando sus padres me tentaron y provocaron,

aunque habían visto mis obras.» R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Roma    5, 1-2. 5-8

 

Hermanos:

Justificados, entonces, por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Por él hemos alcanzado, mediante la fe, la gracia en la que estamos afianzados, y por él nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.

Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado.

En efecto, cuando todavía éramos débiles, Cristo, en el tiempo señalado, murió por los pecadores.

Difícilmente se encuentra alguien que dé su vida por un hombre justo; tal vez alguno sea capaz de morir por un bienhechor.

Pero la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    4, 5-42

 

Jesús llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía.

Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber.»

Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos.

La samaritana le respondió: « ¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos.

Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva.»

«Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva? ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?»

Jesús le respondió: «El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna.»

«Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla.»

Jesús le respondió: «Ve, llama a tu marido y vuelve aquí.»

La mujer respondió: «No tengo marido.»

Jesús continuó: «Tienes razón al decir que no tienes marido, porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad.»

La mujer le dijo: «Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar.»

Jesús le respondió: «Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.»

La mujer le dijo: «Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo.»

Jesús le respondió: «Soy yo, el que habla contigo.»

En ese momento llegaron sus discípulos y quedaron sorprendidos al verlo hablar con una mujer. Sin embargo, ninguno le preguntó: « ¿Qué quieres de ella?» o « ¿Por qué hablas con ella?»

La mujer, dejando allí su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: «Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. ¿No será el Mesías?»

Salieron entonces de la ciudad y fueron a su encuentro.

Mientras tanto, los discípulos le insistían a Jesús, diciendo: «Come, Maestro.» Pero él les dijo: «Yo tengo para comer un alimento que ustedes no conocen.»

Los discípulos se preguntaban entre sí: « ¿Alguien le habrá traído de comer?»

Jesús les respondió:

«Mi comida es hacer la voluntad de aquel que me envió y llevar a cabo su obra. Ustedes dicen que aún faltan cuatro meses para la cosecha. Pero yo les digo: Levanten los ojos y miren los campos: ya están madurando para la siega. Ya el segador recibe su salario y recoge el grano para la Vida eterna; así el que siembra y el que cosecha comparten una misma alegría. Porque en esto se cumple el proverbio: “Uno siembra y otro cosecha.” Yo los envié a cosechar adonde ustedes no han trabajado; otros han trabajado, y ustedes recogen el fruto de sus esfuerzos.»

Muchos samaritanos de esa ciudad habían creído en él por la palabra de la mujer, que atestiguaba: «Me ha dicho todo lo que hice.»

Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y él permaneció allí dos días. Muchos más creyeron en él, a causa de su palabra. Y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo.»

 

Palabra del Señor.

 

    O bien más breve:

 

Lectura del santo Evangelio según san Juan 4, 5-15. 19b-26. 39a. 40-42

 

Jesús llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía.

Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber.»

Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos.

La samaritana le respondió: « ¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos.

Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva.»

«Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva? ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?»

Jesús le respondió: «El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna.»

«Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla.» «Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar.»

Jesús le respondió: «Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.»

La mujer le dijo: «Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo.»

Jesús le respondió: «Soy yo, el que habla contigo.»

Muchos samaritanos de esta ciudad habían creído en él. Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y él permaneció allí dos días. Muchos más creyeron en él, a causa de su palabra. Y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El pueblo que atraviesa el desierto se encuentra cansado y sediento. La promesa de una tierra que mana leche y miel sacó a los israelitas de la esclavitud de Egipto, pero de camino hacia la tierra prometida, apenas liberado de una servidumbre, en la libertad del desierto les faltó el agua y, con ella, la esperanza. Quedan lejos los proyectos optimistas y sólo ven peligros, dificultades y sequía. Comenzaron así a sospechar de la promesa y de quién la había hecho, comenzaron a murmurar y dudar de Moisés y de quién lo había enviado: « ¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?». Y el Señor, para cumplir lo que promete y demostrar que no habla en vano, hizo saltar el agua de la roca para que bebiera su pueblo y no le faltara ni el agua, ni la esperanza.

***

  • San Pablo, hoy, define nuestra condición de cristianos: salvados por haber creído en Cristo, reconciliados con Dios, llenos de sus dones. El mayor de los dones es el Espíritu Santo que nos ha sido dado, don inmerecido e inesperado, como el agua de las fuentes de agua que brotaron del Horeb para saciar la sed del pueblo. De esto es de lo que debe gloriarse el cristiano, de creer y experimentar la gracia que nos llega por medio del Espíritu de Dios.

***

  • El evangelio nos ofrece una de las escenas y diálogos mejor construidos de San Juan. Los samaritanos proceden de la unión de tribus asirias y de judíos del reino del Norte antes de su destrucción. Después se llegó a un verdadero cisma entre judíos y samaritanos. Los samaritanos se opusieron a la construcción del nuevo Templo de los judíos y construyeron otro santuario para ellos en el monte Garizim que fue destruido en el año 129 a C. Los samaritanos se consideran descendientes de los Patriarcas, y estaban orgullosos del pozo que decían les había dejado su padre Jacob por medio de José. Un judío religioso debía evitar todo contacto con los samaritanos que eran considerados no solamente impuros, sino herejes, por lo tanto, lo que menos se podía pensar era en pedirle a ellos de comer o beber.
  • El encuentro de Jesús con la samaritana se describe con abundancia de detalles. Todo es normal: mediodía, la hora de la sed; después de un largo viaje, Jesús está cansado, tiene sed y pide agua. La mujer iba a buscar agua, como cada día al pozo del padre Jacob, donde bebieron él y sus hijos y sus ganados.
  • Entre Jesús y aquella mujer samaritana había una tremenda barrera religiosa, y además la barrera que significaba que él era hombre y ella, mujer. Jesús prescinde de estos condicionamientos. Él es, y se presenta ante todo como un ser humano necesitado.
  • Pero Jesús, pidiendo un favor le ofrece a cambio otro favor, le ofrece otra agua, otro manantial. La mujer lo entiende desde la rivalidad religiosa existente: “¿De dónde sacas el agua?” Pero Jesús no plantea un pozo judío frente a otro samaritano. Habla del agua viva que hace que el que beba de ella no vuelva a tener sed. Jesús no quita valor al agua del pozo de Jacob, sino que se limita a poner de relieve su insuficiencia. Cristo no condena las aguas de la tierra, sino que ofrece el agua que salta hasta la vida eterna. Promete Jesús la satisfacción plena, habla de agua que da vida, porque es don.
  • La experiencia diaria de las idas y venidas al pozo, del cansancio asumido para apagar la sed, se convierten en el escalón que lleva finalmente hasta la petición. La samaritana, que sólo pensaba en el agua para el uso de todos los días le pide que le de esa agua; así no tendrá que venir al pozo a sacarla.
  • Jesús antes de dar el agua del evangelio exige sinceridad y conversión. La sed de la samaritana es búsqueda e insatisfacción. Esta mujer, tiene sed de felicidad. La está buscando y no está satisfecha: ya ha tenido cinco maridos y no es feliz. La presencia de este desconocido que ha leído en su corazón, la inquieta, y busca desviar la conversación hacia polémicas religiosas. La samaritana se olvida del agua, del pozo, del cántaro y ahora le preocupa el culto a Dios; piensa que “la relación con Dios es cultual” y recibe la corrección del Maestro: no se trata de elegir entre templos, en la nueva relación con Dios desaparece el culto localizado y ritual. El Agua Viva, el Espíritu, el don gratuito de Dios, desborda la de los aljibes de Jerusalén y Garizim.
  • El nuevo nombre de Dios es “Padre”, y el culto se realizará en el marco de la relación de hijos con su padre Dios y un vínculo nuevo con los demás hombres. El culto verdadero será la práctica del amor, expresión del Espíritu que se derrama en el corazón de los hombres.
  • El homenaje al Padre ya no puede consistir en un culto ritual. No hay dos esferas, la de Dios y la de la vida; la existencia misma, dedicada al bien de los demás, es el culto por el que se adora al Padre. El amor alumbra inmediatamente la nueva comunidad humana. Un Dios que ha derribado muros y altares de holocaustos ha invadido la vida.

***

  • Jesús con una respetuosa pedagogía va conduciendo la conversación desde el agua material hasta la espiritual.
  • La sed de la samaritana puede entenderse como la sed de la humanidad, que no encuentra satisfacción ni seguridad en sus ídolos y camina a ciegas de un dios a otro, de un templo a otro. Es la sed de la humanidad doliente que no encuentra al Dios que la salve verdaderamente, la libere y la llene de luz.
  • La sed de Jesús es espiritual. Pide de beber a la samaritana, para que ella le pida de beber. Tiene sed de ver al Espíritu derramado en el corazón de los hombres, para que puedan tener sed de Dios y amarlo con deseo ferviente. Pide de beber el que puede saciar a todos los sedientos. El amor tiene sed de amar. Tenía sed de la justicia que regala Dios. Jesús recogía la sed de todos los hombres, siendo Él quien únicamente puede saciar esa sed. Es Jesús quien ofrece a la samaritana y a todos los hombres el agua viva que sacia plenamente.
  • También nosotros tenemos sed. Sed de verdad, de seguridad, de amor, de sentido de la vida. Sin formularlo explícitamente, tenemos sed de salvación. Sentir sed, y saberlo, es una de las condiciones para recorrer con esperanza y sentido el camino hacia la vida plena, el camino hacia la Pascua. La vida verdadera, la que sacia el corazón humano, no está fuera del hombre: brota de sí mismo. Jesús no nos proporciona el agua viva desde el exterior: nos descubre a cada uno el misterio que se realiza cuando permitimos que el Espíritu obre en nosotros.
  • Igual que para la Samaritana, el primer paso para acceder al agua viva es la sinceridad con nosotros mismos. Superar la sutil y enorme barrera que nos impide ver más allá de lo que queremos ver, mintiéndonos a nosotros mismos.
  • El que beba de esta agua nunca más tendrá sed. Jesús promete la satisfacción plena: cumplir nuestros anhelos más hondos, calmar nuestros dolores más profundos, liberar nuestras pasiones más esclavizantes, satisfacer nuestras hambres, llenar nuestras ausencias y avivar nuestras esperanzas.
  • En medio de las múltiples respuestas que el mundo de hoy nos ofrece, ésta es la única creíble. Nuestra sed no quedará nunca satisfecha si acudimos a otras fuentes de agua. El «Yo soy» de Jesús sigue siendo la respuesta más entrañable a nuestra sed, a nuestra fatiga, a nuestra desesperanza sea cual sea nuestro estado personal humano y cristiano. Siguiendo su camino, buscando lo mismo que Él, nuestra vida será como un torrente de agua en medio del desierto, como una fuente viva que todo lo llena, que todo lo fecunda.
  • Jesús quiere conducir nuestra vida de fe hacia una nueva calidad de vida que se realiza en el amor, y por él hacernos pasar del agua de la ley al agua del Espíritu, del agua del temor al agua del amor, del agua de las obras al agua de la gracia, del agua de la esclavitud al agua de la filiación, del agua de la debilidad al agua de la fortaleza.
  • Y el origen de tanta dicha está en su Espíritu, derramando sobre nosotros un manantial de paz, de gozo, de luz, de fuerza, de amor. El Espíritu que hace que Dios tenga su casa y su altar en el corazón del hombre y los hace fuente de vida.
  • Desde esta novedad, el verdadero culto consiste en testimoniar que Dios es Padre con una vida de verdaderos hijos suyos y hermanos de todos los hombres.
  • Cuando nuestros gestos rituales manifiestan nuestra sed de Dios, de justicia y amor verdaderos, nace el culto celebrado “en verdad”. El culto nuevo surge cuando se entabla un servicio mutuo, cuando nos solidarizamos con las fatigas del otro y somos capaces de sacar agua de nuestro propio pozo y dar de beber; cuando somos capaces de llorar con el que llora y de entristecernos con el que sufre. Hay un culto nuevo, contradictorio con todos los ritualismos, que consiste en dejar la ofrenda en el altar para salir a reconciliarse con el hermano o a crear unas condiciones en las cuales sea posible llegar a ser hermanos.
  • Si nuestra vida de fe no se arraiga en un amor al estilo de Jesús, el agua viva, el culto que celebramos, por muy sagrado que sea, no vale para nada, aunque se celebre en Jerusalén, en Roma o en la más olvidada de las capillas.
  • Lo que Jesús realizó con la samaritana, continúa haciéndolo con nosotros. Quien ha recibido esa agua viva, se ha convertido él mismo en manantial de vida, ha encontrado la posibilidad de dar culto a Dios más allá de cualquier espacio. Su vida en espíritu y en verdad es el lugar de encuentro con Dios. El agua recibida como don de Jesús no sólo sacia la sed, sino que da vida.
  • El encuentro verdadero con Jesús nos marca. Prende fuego en nuestro interior y nos envía. La samaritana que fue a sacar agua del pozo, abandona el cántaro vacío y, transformada por este encuentro, realiza una experiencia misionera con los de su pueblo. Es el encuentro con el que nos regala el “agua viva” el que hace emerger nuestra sed más honda y nos dinamiza en un amor hecho torrente de vida. Se convierte en un nuevo comienzo y en una manera diferente de comprender las cosas. Cada día nos irá exigiendo más y más. Nos convierte en esos hijos “buscados por el Padre” y “buscadores del Padre” que lo adoran “en espíritu y en verdad” gastando la vida en el servicio del Reino de Dios al servicio a los hermanos.

 

Para discernir

 

  • ¿Cuál es la sed más profunda de mi vida?
  • ¿En qué pozos busco saciarme?
  • ¿Qué me ofrece Jesús?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Mi alma tiene sed de ti, Señor

 

Para la lectura espiritual

 

…La encarnación y la pasión son la locura de amor de Dios para que el pecador pueda acogerlo. Desde esta locura se comprende cómo el mayor pecado es no creer en el amor de Dios por nosotros. No podemos olvidarnos de Dios: Él no nos olvida; no podemos alejarnos de Dios, Él no se aleja.

Dios nos espera en todos los caminos de nuestro destierro, en cualquier brocal de no sé qué pozo al pie de cualquier higuera [...].

Nos espera no para reprocharnos, ni siquiera para decirnos: “Mira que te lo había dicho”, sino para cubrirnos con su amor, que nos salva incluso del mirar atrás con demasiada pena. Dostoievski pone en labios de la mujer culpable: “Dios te ama a causa de tus pecados”. No es exacto: Dios nos ama como somos para hacernos como Él quiere que seamos.

¡Gracias, Señor! Si me hubiese contentado con el deseo de ti, que me llevaba a buscarte sin saber dónde te podría encontrar, todavía estaría errando por los caminos, con la angustia de mi deseo insatisfecho o con la ilusión de haber encontrado algo. Te he encontrado de verdad porque has salido a mi encuentro en mis caminos de pecado: hombre entre Ios hombres, cuerpo bendito que yo mismo ayudé a despojar, a flagelar; rostro bendito besado por mis labios, como Judas; corazón que atravesé…

Ninguna sed creó jamás las fuentes, ni hizo brotar agua en las arenas. Tu sed, sin embargo, ha apagado mi sed porque si no hubieses seguido mis huellas, si no te hubieses dejado crucificar por mí quizás te hubiera buscado, pero nunca te habría encontrado. Señor, gracias por haberte dejado clavar en la cruz, por dejarte encontrar por el que te crucificó. Amén…

 

R Mazzolari, La más bella aventura, Brescia 1974, 218.223.

 

Para rezar

 

Espérame, Señor,

junto al pozo de mi vida,

a la hora que me toque.

Inicia Tú el diálogo,

mendigo rico del agua viva.

Aléjame de amores efímeros

que todavía me ocupan.

Disipa los prejuicios,

las dudas y los temores.

Ahonda en mí el vacío

para que se llene del verdadero deseo.

Ensancha mi corazón,

cólmalo de esperanza.

Muéstrame el nombre a esta sed

que me quema el corazón.

Haz que llegue, hasta el centro más profundo

y secreto de mí mismo donde sólo llegas Tú.

Llámame a tu fuente,

para que también yo,

junto con todos los que tienen sed de ti,

pueda beber el agua viva que mana de ti.

Que pueda llenarme en tu agua fresca

sin cansarme nunca de ti.

Dame Cristo Señor,

de tu agua para que se transforme

en mí en surtidor de agua viva para la vida eterna.

A través de la dureza del orgullo de mi corazón,

entre las piedras de mis falsedades,

por la arena de mis infidelidades,

abre Tú mismo un acceso a tu Espíritu.

 

20 de marzo

Solemnidad de San José

Esposo de Santa María Virgen

(solemnidad trasladada)

 

Misterio de amor

 

Lectura del segundo libro de Samuel    7, 4-5a. 12-14a. 16

 

Pero aquella misma noche, la palabra del Señor llegó a Natán en estos términos:

«Ve a decirle a mi servidor David: Así habla el Señor: Cuando hayas llegado al término de tus días y vayas a descansar con tus padres, yo elevaré después de ti a uno de tus descendientes, a uno que saldrá de tus entrañas, y afianzaré su realeza. El edificará una casa para mi Nombre, y yo afianzaré para siempre su trono real. Seré un padre para él, y él será para mí un hijo. Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí, y tu trono será estable para siempre.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 88, 2-3. 4-5. 27 y 29 (R.: 37)

 

R.     Su descendencia permanecerá para siempre.

 

Cantaré eternamente el amor del Señor,

proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones.

Porque tú has dicho: «Mi amor se mantendrá eternamente,

mi fidelidad está afianzada en el cielo. R.

 

Yo sellé una alianza con mi elegido,

hice este juramento a David, mi servidor:

“Estableceré tu descendencia para siempre,

mantendré tu trono por todas las generaciones.”» R.

 

El me dirá: «Tú eres mi padre,

mi Dios, mi Roca salvadora.»

Le aseguraré mi amor eternamente,

y mi alianza será estable para él. R.

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Roma     4, 13. 16-18. 22

 

Hermanos:

En efecto, la promesa de recibir el mundo en herencia, hecha a Abraham y a su posteridad, no le fue concedida en virtud de la Ley, sino por la justicia que procede de la fe.

Por eso, la herencia se obtiene por medio de la fe, a fin de que esa herencia sea gratuita y la promesa quede asegurada para todos los descendientes de Abraham, no sólo los que lo son por la Ley, sino también los que lo son por la fe. Porque él es nuestro padre común como dice la Escritura: Te he constituido padre de muchas naciones. Abraham es nuestro padre a los ojos de aquel en quien creyó: el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen.

Esperando contra toda esperanza, Abraham creyó y llegó a ser padre de muchas naciones, como se le había anunciado: Así será tu descendencia. Por eso, la fe le fue tenida en cuenta para su justificación.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    1, 16. 18-21. 24a

 

Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo.

Este fue el origen de Jesucristo:

María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.

Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados.»

Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado.

 

Palabra del Señor.

 

O bien:

 

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    2, 41-51a

 

Sus padres iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua.

Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre, y acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta. Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos. Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él.

Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Y todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas.

Al verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: «Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados.»

Jesús les respondió: « ¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?» Ellos no entendieron lo que les decía.

El regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Las lecturas de hoy quieren destacar que la realización del plan divino de salvación discurre por el cauce de la historia humana a través, a veces, de figuras señeras como Abraham, Moisés, David, Isaías, Pablo; o de hombres sencillos como el humilde carpintero de Nazaret. Lo que importa ante Dios es la fe y el amor con que cada cual teje el tapiz de su vida, en la urdimbre de sus ocupaciones normales y corrientes. Dios no nos preguntará si hicimos grandes obras, sino si hicimos bien y con amor la tarea que debíamos hacer. El evangelio apenas si nos dice nada de san José.
  • Poquísimo nos dice de su vida, y nada de su muerte, que debió de ocurrir en Nazaret poco antes de la vida pública de Jesús. Sólo Mateo escribe de José una lacónica frase que resume su santidad: era un hombre justo. Acostumbrados a tanto superlativo, esta palabra tan corta nos dice muy poco a nosotros, tan barrocos. Pero a un israelita decía mucho. La palabra “justo” ciñe como una aureola el nombre de José como los nombres de Abel (He 11,4), de Noé (Gn 6,9), de Tobías (Tb 7,6), de Zacarías e Isabel (Lc 1,6), de Juan Bautista (Mc 6,20), y del mismo Jesús (Lc 23,47). “Justo”, en lenguaje bíblico, designa al hombre bueno en quien Dios se complace. El Salmo 91,13 dice que “el justo florece como la palmera”. La esbelta y elegante palmera, tan común en Oriente, es una bella imagen de la misión de san José. Así como la palmera ofrece al beduino su sombra protectora y sus dátiles, así se alza san José en la santa casa de Nazaret, ofreciendo amparo y sustento a sus dos amores: Jesús y María.

***

  • Hay vidas que marcan la historia y la vida de los hombres por sus palabras, por sus acciones y esto se da tanto en el aspecto positivo como en el contrario.
  • Hay vidas que sin embrago marcan también la historia por sus silencios. Hay silencios perjudiciales de omisión, que son simplemente ausencia de palabras.
  • Pero están los otros, los silencios fecundos, aquellos que dan paso y permiten una palabra verdadera, silencios que son capacidad de ahuecar el corazón, de estar a la escucha, escucha de la voz de los hombres para descubrir sus necesidades y poner el gesto oportuno, silencios que dejan que resuene en lo profundo del corazón humano, ese latido interior, que cuando podemos escucharlo nos va llamando constantemente a la vida plena, auténtica, a la vida con sentido, a situarnos y realizar ese lugar único irrepetible e irremplazable.
  • Ese espacio, que por ser espacio hablado por Dios, es sagrado.
  • San José a quien hoy celebramos fue uno de esos hombres con capacidad de dejarse hablar, que es más que escuchar, capacidad de dejarse decir por Dios, dejarse nombrar.
  • Aunque ese incomprensible llamado, a los ojos de los hombres, sólo lleva desventajas, a los ojos de la fe, le revela a la Iglesia y al hombre, una cálida y cercana santidad que se va haciendo de pequeñas cosas, cotidianas, pero que tiene la marca de fuego de un hombre que cree; y porque cree, es capaz de la grandeza de dejar de lado su proyecto para hacer carne el proyecto de Dios, de abandonar la humana realización, para vivir la plenitud, la plenitud del encuentro con Dios.
  • Dios no lo llamó a algo extraordinario, sencillamente a ser “papá”, entrañable papá de su hijo en la vida pueblerina de Nazaret.
  • Pequeñez y grandeza que se va conjugando. Dios y hombre entremezclados.
  • Ese papá fue grabando en los ojos y el corazón de Jesús, las imágenes desde las cuales podrá hablarles a los hombres del abrazo fuerte y seguro del padre misericordioso. De la mano de José papá, Jesús aprendió a descubrir el milagro de la semilla que cae en la buena tierra, y de los jornaleros que esperan la paga, en ese papá, pudo ver el padre que se levanta a medianoche y que busca el pan para sus hijos.
  • En su “ser padre” cada día, José, vivió la promesa cumplida del encuentro con Dios.
  • Hoy en este día y en nuestra casa puesta bajo su protección, dejemos que San José nos inicie en el misterio del silencio, que se hace espacio sagrado de oración, donde el mismo Dios vaya pronunciando sus palabras. Que El nos revele la grandeza y la hermosura, de hacer con sencillez y amor las pequeñas cosas de cada día.
  • Qué El nos enseñe la fecundidad de la simpleza de lo cotidiano, con el corazón y la mirada puestas en Dios, que pasa por la historia y la hace historia de salvación.

 

 

Para discernir

 

  • ¿Valoro el trabajo cotidiano hecho con responsabilidad y amor?
  • ¿Estoy atento a la voz de Dios que me habla en la vida cotidiana?
  • ¿Soy capaz de sacrificios?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

…Las manos en el trabajo, y el corazón en Dios…

 

Para la lectura espiritual

 

Un gran misterio de amor

 

…Hoy contemplamos a José, esposo de la Virgen, protector del Verbo encarnado, hombre de trabajo diario, depositario del gran misterio de la salvación.

Precisamente este último aspecto ponen de relieve las lecturas bíblicas que acabamos de escuchar y que nos permiten comprender cómo fue introducido san José por Dios en el designio salvífico de la Encarnación. «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3, 16). Este es el don inconmensurable de la salvación; esta es la obra de la redención.

Como María, también José creyó en la palabra del Señor y fue partícipe de ella. Como María, creyó que este proyecto divino se realizaría gracias a su disponibilidad. Y así sucedió: el Hijo eterno de Dios se hizo hombre en el seno de la Virgen Madre.

Sobre Jesús recién nacido, luego niño, adolescente, joven y hombre maduro, el Padre eterno pronuncia las palabras del anuncio profético que hemos escuchado en la primera lectura: «Yo seré para él padre y él será para mí hijo» (2 S 7, 14). A los ojos de los habitantes de Belén, Nazaret y Jerusalén, el padre de Jesús es José. Y el carpintero de Nazaret sabe que, de algún modo, es exactamente así. Lo sabe, porque
cree en la paternidad de Dios y es consciente de haber sido llamado a compartirla en cierta medida (cf. Ef 3, 14-15). Y hoy la Iglesia, al venerar a san José, elogia su fe y su total docilidad a la voluntad divina…

 

De la Homilía de San Juan Pablo II en la solemnidad de San José – 19 de marzo de 1998

 

Para rezar

 

José, santo del silencio.

No del silencio de apocamiento, de complejo, de timidez

o del silencio despectivo o resentido.

Tu silencio José es el silencio respetuoso

que escucha a los demás,

que mide prudentemente sus palabras.

Es el silencio necesario para encauzar la vida hacia dentro,

para meditar y conocer la voluntad de Dios.

José, sos el santo que trabaja y ora.

Trabajás bajo la mirada de Dios que no estorba la tarea,

sino que ayuda a hacerla con mayor perfección.

Mientras manejabas la maza y la sierra, tu corazón estaba unido a Dios,

que tan cerca tenías en tu mismo taller.

Enseñanos la sabiduría de la entrega generosa y en silencio,

cuidá nuestra familias y suscitá en muchos

el deseo de seguir los pasos de tu Hijo

en la entrega total al servicio del Reino.

 

Martes de la semana III

 

Te digo hasta setenta veces siete

 

   

Lectura de la profecía de Daniel    3, 25- 26. 34-43

 

Azarías, de pie en medio del fuego, tomó la palabra y oró así:

No nos abandones para siempre a causa de tu Nombre, no anules tu Alianza, no apartes tu misericordia de nosotros, por amor a Abraham, tu amigo, a Isaac, tu servidor, y a Israel, tu santo, a quienes prometiste una descendencia numerosa como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar.

Señor, hemos llegado a ser más pequeños que todas las naciones, y hoy somos humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. Ya no hay más en este tiempo, ni jefe, ni profeta, ni príncipe, ni holocausto, ni sacrificio, ni oblación, ni incienso, ni lugar donde ofrecer las primicias, y así, alcanzar tu favor.

Pero que nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humillado nos hagan aceptables como los holocaustos de carneros y de toros, y los millares de corderos cebados; que así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, y que nosotros te sigamos plenamente, porque no quedan confundidos los que confían en ti.

Y ahora te seguimos de todo corazón, te tememos y buscamos tu rostro. No nos cubras de vergüenza, sino trátanos según tu benignidad y la abundancia de tu misericordia. Líbranos conforme a tus obras maravillosas, y da gloria a tu Nombre, Señor.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 24, 4-5a. 6-7bc. 8-9 (R.: 6a)

 

R.    Acuérdate, Señor, de tu compasión.

 

Muéstrame, Señor, tus caminos,

enséñame tus senderos.

Guíame por el camino de tu fidelidad;

enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador. R

 

Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor,

porque son eternos.

Por tu bondad, Señor,

acuérdate de mí según tu fidelidad. R.

 

El Señor es bondadoso y recto:

por eso muestra el camino a los extraviados;

él guía a los humildes para que obren rectamente

y enseña su camino a los pobres. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    18, 21-35

 

Se adelantó Pedro y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?»

Jesús le respondió: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos. Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.

El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: “Señor, dame un plazo y te pagaré todo.”

El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.

Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: “Págame lo que me debes.”

El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: “Dame un plazo y te pagaré la deuda.”

Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor. Este lo mandó llamar y le dijo: “¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda. ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?”

E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.

Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • La época de Daniel es un período de prueba, de mucha humillación. Los judíos han sido deportados a Babilonia. Y, en esa situación, la peor tentación es la impresión turbadora de “estar abandonado de Dios”.
  • Con el sentimiento de haber sido humillados en el mundo entero a causa de sus pecados, es cuando Daniel eleva a Dios su plegaria apoyada por entero en la «misericordia» de Dios. Para el pueblo de la alianza, la oración eficaz, es la que se pueda hacer en medio de sacrificios litúrgicos o por intermedio de un profeta. Pero en medio de la persecución no existe ninguna estructura ni institución: «ni jefe, ni profeta, ni príncipe, ni holocausto, ni sacrificio de ofrenda, ni incienso, ni siquiera un lugar para rezar. . .» En lugar de abatirse, el autor de la oración descubre el alcance de sacrificio que tiene la penitencia y la contrición. La oración del perseguido vale por todos los sacrificios de ovejas y corderos.
  • Dios ha ido educando progresivamente a su pueblo para que pase de los sacrificios de sangre del comienzo, que no comprometen verdaderamente a los que participan en él, sino a la víctima, a los sacrificios de oblación espiritual en los que el sentimiento personal constituye la esencia del sacrificio.
  • Son la obediencia, el arrepentimiento y la búsqueda de la justicia lo que constituye la materia del sacrificio.

***

  • Una vez más el evangelio da un paso adelante: si la primera lectura nos invitaba a pedir perdón a Dios, ahora Jesús nos presenta otra consigna, que sepamos perdonar nosotros a los demás.
  • La pregunta de Pedro es razonable, según nuestras medidas humanas. Le parece que ya es mucho perdonar siete veces. La cifra siete, que pone Pedro, era simbólica. Para un judío de entonces, era una cifra sagrada, que simboliza la perfección. A pesar de esto, recibe de Jesús una respuesta que no se esperaba: hay que perdonar setenta veces siete, o sea, siempre.
  • El método que Jesús usa para enseñar aquí, es el mismo de sus grandes enseñanzas: desde la parábola pone el acento en el estilo de Dios a la hora de otorgar el perdón. El rey después de llamar al orden a su deudor moroso y de haberle hecho ver la gravedad de la situación, se dejó enternecer repentinamente por su petición dolida y humilde. Dios perdona sin límites al arrepentido y convertido. El final negativo y triste de la parábola, muestra lo ilógico de quien no quiere perdonar habiendo sido perdonado de una deuda incontablemente mayor.
  • Ciertamente esto va más allá de lo “razonable”. Lo que es inverosímil para el hombre, resulta ser estrictamente verdadero, y desconcertante, en el caso de Dios. Para Jesús, la inmensidad del perdón de Dios, su amor sin medida, su misericordia sin tregua y sin límite es lo que debe suscitar nuestra misericordia respecto a nuestros hermanos.
  • El punto central de la enseñanza de la parábola es la misericordia, que aparece como la característica fundamental del actuar de Dios; que puede ser experimentada en la vida de cada hombre, y que para ser conservada exige que se convierta en actitud permanente que vitalice las relaciones fraternas. Sólo cuando somos capaces de compartir el perdón de Dios, perdonando a los hermanos, nuestro corazón está abierto a la fuente del perdón, al Padre del Cielo.
  • Jesús no se cansa de reiterarnos que la llegada del Reino tiene categorías distintas al proceder habitual humano. Perdonar y ser compasivos con los hermanos, es una necesidad y un deber en agradecimiento a Dios que nos ha perdonado y sigue siendo compasivo con nosotros.
  • El Reino se realiza allí donde existe el amor gratuito, el perdón; a pesar de que cuando se perdona se corren riesgos. Cuaresma, tiempo de perdón, de reconciliación en todas las direcciones, con Dios y con el prójimo; de realización sencillamente y visible de la misericordia. Perdonando el pasado doloroso se construye un futuro esperanzador.

 

Para discernir

 

  • ¿Me abro al perdón de Dios con confianza de hijo?
  • ¿Pongo límites al perdón de Dios? ¿Hasta dónde dejo que rehaga mi vida?
  • ¿Creo que es posible inventar una nueva historia?
  • ¿Pongo límites al perdón hacia los demás?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

…Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón…


 

Para la lectura espiritual

 

…Ser plenamente sinceros significa hacer todo preocupándose únicamente de lo que Dios piensa de nuestras acciones. Significa, por consiguiente, no adoptar actitudes diversas según el ambiente, no pensar de un modo cuando estamos solos y de otro cuando se está con alguien, sino hablar y actuar bajo la mirada de Dios, que lee los corazones. La sinceridad consiste en esforzarse para que nuestro porte externo coincida cada vez más con nuestro interior. Y, naturalmente, sin provocación, sino sencillamente siendo lo que somos, sin falsear la verdad por temor a desagradar a los demás. Esta sinceridad exige pureza de intención, es decir, preocuparnos en nuestro actuar del juicio de Dios, no de los juicios humanos; actuar preocupándonos más de lo que agrada o desagrada a Dios que de lo que agrada o desagrada a los hombres. Este es uno de los puntos esenciales de la vida espiritual.

Habitualmente -no nos hagamos ilusiones- nos domina la preocupación de agradar o desagradar a los hombres, interesándonos de mejorar la imagen que los otros pueden tener de nosotros. Y, sin embargo, nos preocupamos poco de lo que somos a los ojos de Dios; y por esta razón nos saltamos con frecuencia lo que sólo Dios ve: la oración oculta, las obras de caridad secretas. Y ponemos mayor empeño en lo que, aunque lo hagamos por Dios, lo ven también los hombres y va implicada nuestra reputación. Llegar a una total sinceridad -esto es, a obrar
bien lo mismo si no nos ven que si nos ven- significa llegar a una perfección altísima…

 

 

J. Daniélou, Saggio
sul mistero Bella storia,
Brescia 1963, 334s

 

Para rezar

 

Que inmenso es tu amor,

Padre bueno y lleno de ternura.

Nos sentimos tan mezquinos

ante la grandeza de tu amor y tu perdón.

Nos llamaste gratuitamente a la vida

y no dejas de manifestarte

generoso ante nuestras faltas y pecados.

Ayudanos a no olvidar tu amor

que no dudó en darnos lo que tenía

como más precioso: Jesús.

El es la Palabra que salva,

la mano que tendés a los pecadores,

el consuelo que nos trae la paz

la caricia que sana nuestra heridas.

Abrí nuestro corazón para que descubramos

la grandeza de tu misericordia

y que la gracia de tu perdón

se haga fecunda en nuestra vida

y en la vida de nuestros hermanos,

la misma gracia que nos das

cuando tu amor toca nuestra pobreza.

 

Miércoles de la semana III

 

He venido a dar cumplimiento a la ley

 

Lectura del libro del Deuteronomio    4, 1. 5-9

 

Moisés habló al pueblo, diciendo:

«Y ahora, Israel, escucha los preceptos y las leyes que yo les enseño para que las pongan en práctica. Así ustedes vivirán y entrarán a tomar posesión de la tierra que les da el Señor, el Dios de sus padres.

Tengan bien presente que ha sido el Señor, mi Dios, el que me ordenó enseñarles los preceptos y las leyes que ustedes deberán cumplir en la tierra de la que van a tomar posesión. Obsérvenlos y pónganlos en práctica, porque así serán sabios y prudentes a los ojos de los pueblos, que al oír todas estas leyes, dirán: “¡Realmente es un pueblo sabio y prudente esta gran nación!”

¿Existe acaso una nación tan grande que tenga sus dioses cerca de ella, como el Señor, nuestro Dios, está cerca de nosotros siempre que lo invocamos? ¿Y qué gran nación tiene preceptos y costumbres tan justas como esta Ley que hoy promulgo en presencia de ustedes?

Pero presta atención y ten cuidado, para no olvidar las cosas que has visto con tus propios ojos, ni dejar que se aparten de tu corazón un solo instante. Enséñalas a tus hijos y a tus nietos.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 147, 12-13. 15-16. 19-20 (R.: 12a)

 

R.    ¡Glorifica al Señor, Jerusalén!

 

¡Glorifica al Señor, Jerusalén,

alaba a tu Dios, Sión!

El reforzó los cerrojos de tus puertas

y bendijo a tus hijos dentro de ti. R.

 

Envía su mensaje a la tierra,

su palabra corre velozmente;

reparte la nieve como lana

y esparce la escarcha como ceniza. R.

 

Revela su palabra a Jacob,

sus preceptos y mandatos a Israel:

a ningún otro pueblo trató así

ni le dio a conocer sus mandamientos. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    5, 17-19

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.

El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Moisés exhorta a su pueblo, en vísperas de entrar en la tierra prometida, a que viva según la voluntad de Dios, que cumpla la parte que le toca en la Alianza que han firmado con Dios: tienen que vivir según sus mandamientos. La Alianza se concreta en normas de vida.
  • Dios se dirige a los hombres como a una persona amada, llamándolos por su nombre. Era, además, una fórmula ritual: «Escucha, Israel…». El cumplimiento de los mandamientos de Dios es señal de que el pueblo permanece fiel a la Alianza. El Deuteronomio, ya apunta el peligro de que el pueblo se olvide de los hechos salvíficos de Dios y caiga en el legalismo. Cumplir los mandamientos no otorga ningún derecho ante Dios.

***

  • En esta vuelta a la “escuela del seguimiento y la fe” que representa la Cuaresma, hoy Jesús nos asoma al sentido que tienen los mandamientos de Dios. El mismo libro del Deuteronomio los califica de sabios, prudentes y justos. No se trata de cargas pesadas para hacer la vida humana insufrible sino, más bien, de caminos que conducen a la vida: “Así vivirán, entrarán y tomarán posesión de la tierra que el Señor, Dios de sus padres, les va a dar”.
  • La aparición de Jesús en la vida y la historia del pueblo de Israel, no debe entenderse como una ruptura brusca y desconectada con todo el proceso de la salvación que Dios va conduciendo con su mano. Al contrario, lo que ocurre con Jesús es la plenificación de esa historia. La ley mosaica cumplió a su modo, la función de pedagogo que preparaba la fe en Jesús.
  • La Ley es un medio para llegar a Dios, que es el fin. No puede el medio convertirse en fin porque se trastocan todos los valores. Eso había ocurrido en el pueblo de Israel y Jesús lo replantea. Es parte de su misión profética, recuperar la verdadera imagen de Dios para los que la han desfigurado y proponerla para los que no la conocen.
  • Jesús, valora la ley como camino de vida, si bien es consciente de que los mandamientos se han interpretado mal, que se han pervertido, no quiere anularlos, quiere enseñar a cumplirlos. Confirma con su vida lo que anuncia solemnemente: ha venido al mundo a hacer realidad la Ley y lo anunciado por los profetas. No echa por tierra la historia y toda la vida del pueblo fiel, reconoce el trabajo de las generaciones anteriores y le da validez. El no parte de cero, como si nada valioso se hubiera hecho hasta el presente.
  • Todo lo contenido en la Escritura, se tendrá que realizar hasta en sus mínimos detalles porque no se trata de observar simplemente una ley, sino de realizar una promesa, de vivir el proyecto de Dios. Jesús es la Ley y el programa propuesto por Él, es el único eficaz para llevar a cabo el designio de Dios anunciado en el Antiguo Testamento.
  • La misión de Jesús es positiva, no negativa; viene precisamente a dar cumplimiento a las promesas del reinado de Dios contenidas en la antigua alianza. En la Ley hay elementos de Reino y en la medida en que se cumplan esos elementos, se participa en el Reino que Jesús propone.
  • La plenitud de todo mandamiento es el amor. Sin él, los preceptos pueden convertirse en barreras e incluso en armas que ponen en peligro la vida del hombre y de la comunidad. Desde el amor, son cauces que nos ayudan a realizar lo esencial de la vida humana: amar a Dios y al prójimo y hacer de este mundo expresión de vida y no de muerte, caminos de libertad y no de esclavitud.
  • La ley de Dios es plena, cuando no nos alcanza con un cumplimiento a medida; hasta acá sí, o hasta acá no; sino cuando rompemos las barreras y los límites que encapsulan, las grandes posibilidades que Dios puso en nuestro corazón, que está creado a su medida.

 

Para discernir

 

  • ¿Qué valor le doy al cumplimiento de la ley en mi vida?
  • ¿Descubro en ella un camino de verdad y plenitud?
  • ¿Descubro que la ley de Dios no es una regla sino el seguimiento de una persona, Jesucristo?
  • ¿Hago la ley a mi medida o me mido desde la ley?

   

Repitamos a lo largo de este día

 

…Inclino mi corazón a tu ley de amor…

 

Para la lectura espiritual

 

…Cuando aquellos a quienes amamos nos piden algo, les damos las gracias por pedírnoslo. Si tú deseases, Señor, pedirnos una única cosa en toda nuestra vida, nos dejarías asombrados, y el haber cumplido una sola vez tu voluntad sería el gran acontecimiento de nuestro destino. Pero como cada día, cada hora, cada minuto, pones en nuestras manos tal honor, lo encontramos tan natural que estamos hastiados, que estamos cansados…

Y, sin embargo, si entendiésemos qué inescrutable es tu misterio, nos quedaríamos estupefactos al poder conocer esas chispas de tu voluntad que son nuestros minúsculos deberes. Nos deslumbraría conocer, en esta inmensa tiniebla que nos cubre, las innumerables, precisas y personales luces de tus deseos. El día que lo entendiésemos, iríamos por la vida como una especie de profetas, como videntes de tus pequeñas providencias, como agentes de tus intervenciones. Nada sería mediocre, pues todo sería deseado por ti. Nada sería demasiado agobiante, pues todo tendría su raíz en ti. Nada sería triste, pues todo sería querido por ti. Nada sería tedioso, pues todo sería amor por ti.

Todos estamos predestinados al éxtasis, todos estamos llamados a salir de nuestras pobres maquinaciones para resurgir hora tras hora en tu plan. Nunca somos pobres rechazados, sino bienaventurados llamados; llamados a saber lo que te gusta hacer, llamados a saber lo que esperas en cada instante de nosotros: personas que necesitas un poco, personas cuyos gestos echarías de menos si nos negásemos a
hacerlos. El ovillo
de algodón para zurcir, la carta que hay que escribir, el niño que es preciso levantar, el marido que hay que alegrar, la puerta que hay que abrir, el teléfono que hay que descolgar, el dolor de cabeza que hay que soportar…: otros tantos trampolines para el éxtasis, otros tantos puentes para pasar desde nuestra pobre y mala voluntad a la serena rivera de tu deseo…

 

M. Delbrél, La alegría de creer, Santander 1997, 135s.

 

Para rezar

 

Señor tu palabra es la verdad,

y tu ley es camino de libertad.

Gracias por tu único mandamiento,

que todo lo plenifica porque es amor.

Sabemos que aunque

ardamos de amor hasta morir,

aún no habremos amado lo suficiente,

nunca amamos bastante,

y nuestro amor necesita ser purificado.

Danos un corazón puro y sencillo,

para que, con tu hijo Jesús

vivamos de tu palabra y alcancemos

el gozo de crear un mundo más feliz.

 

 

Jueves de la semana III

 

El que no siembra conmigo desparrama

   

Lectura del libro del profeta Jeremías    7, 23-28

 

Así habla el Señor:

Esta fue la orden que les di: Escuchen mi voz, así yo seré su Dios y ustedes serán mi Pueblo; sigan por el camino que yo les ordeno, a fin de que les vaya bien.

Pero ellos no escucharon ni inclinaron sus oídos, sino que obraron según sus designios, según los impulsos de su corazón obstinado y perverso; se volvieron hacia atrás, no hacia adelante.

Desde el día en que sus padres salieron de Egipto hasta el día de hoy, yo les envié a todos mis servidores los profetas, los envié incansablemente, día tras día. Pero ellos no me escucharon ni inclinaron sus oídos, sino que se obstinaron y obraron peor que sus padres.

Tú les dirás todas estas palabras y no te escucharán; los llamarás y no te responderán. Entonces les dirás: «Esta es la nación que no ha escuchado la voz del Señor, su Dios, ni ha recibido la lección. La verdad ha desaparecido, ha sido arrancada de su boca.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 94, 1-2. 6-7c. 7d-9 (R.: 7d-8a)

 

R.    Ojalá hoy escuchen la voz del Señor:

«No endurezcan su corazón.»

 

¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor,

aclamemos a la Roca que nos salva!

¡Lleguemos hasta él dándole gracias,

aclamemos con música al Señor! R.

 

¡Entren, inclinémonos para adorarlo!

¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó!

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros, el pueblo que él apacienta,

las ovejas conducidas por su mano. R.

 

Ojalá hoy escuchen la voz del Señor:

«No endurezcan su corazón como en Meribá,

como en el día de Masá, en el desierto,

cuando sus padres me tentaron y provocaron,

aunque habían visto mis obras.» R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    11, 14-23

 

Jesús estaba expulsando a un demonio que era mudo. Apenas salió el demonio, el mudo empezó a hablar. La muchedumbre quedó admirada, pero algunos de ellos decían: «Este expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios.» Otros, para ponerlo a prueba, exigían de él un signo que viniera del cielo.

Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: «Un reino donde hay luchas internas va a la ruina y sus casas caen una sobre otra. Si Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque -como ustedes dicen- yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul. Si yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces. Pero si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes.

Cuando un hombre fuerte y bien armado hace guardia en su palacio, todas sus posesiones están seguras, pero si viene otro más fuerte que él y lo domina, le quita el arma en la que confiaba y reparte sus bienes.

El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Dios le confiesa al  profeta su desánimo por un pueblo que rechaza su amistad. Escuchamos el amargo reproche del Dios de la Alianza, que ha obrado misericordia, justicia y derecho sobre la tierra, y que se ve abandonado por su pueblo, a pesar de todos sus esfuerzos por hacerse escuchar. Se trata de una acusación que clama al cielo: «aquí está la gente que no escuchó la voz del Señor su Dios». Por eso, Jeremías tuvo que proclamar de parte de Dios la ruina inminente de la nación.
  • Pero como Dios mantiene sus promesas, salvará a un resto del pueblo judío, a pesar de su dureza de corazón, como recuerda hoy el salmo responsorial.

    ***

  • La historia se repite. Cuando llegó Cristo a Israel encontró la misma obstinación. Israel fue sordo a la palabra de Jeremías y los contemporáneos de Jesús fueron ciegos a los signos del Maestro. Pareciera que “tanto bien les hace mal”. El evangelio de Lucas nos presenta el milagro de Jesús expulsando a un demonio. El poseso era mudo, en cuanto salió el demonio, el mudo habló. Jesús devuelve al hombre su dignidad. La creación ha sido restaurada. Jesús ha venido a combatir esas fuerzas malhechoras.
  • Este hecho da pie a una discusión acerca de la autoridad con la que Jesús realiza esos signos. La sordera-mudez es signo, en el lenguaje bíblico, de cerrazón a la palabra de Dios como en el caso de Zacarías. En contrapartida, entre las credenciales del Mesías con las que Jesús acreditó su obra mesiánica ante los enviados de Juan Bautista, que dudaba de su misión, encontramos la expresión «los sordos oyen»
  • Los fariseos y autoridades judías quisieron quitarte fuerza al mensaje de Jesús atribuyendo sus acciones a Belcebú. Herederos de la dureza de corazón de sus antepasados, la obcecación les nublaba la vista. No lo escuchan, ni le hacen caso, para no tener que prestar atención a lo que dice, que es incómodo; buscan excusas tan poco razonables como que lanza los demonios en complicidad con el mismo Satanás.
  • El sentido común llena la respuesta de Jesús y muestra lo absurdo del argumento: un reino no podrá subsistir si está dividido en su interior. Una guerra civil aniquila un país desde sus cimientos. El criterio de Jesús es claro e importante: si se expulsa los demonios y cualquier forma de mal es que el Reinado de Dios está llegando. Ahí donde se hace el bien, ahí se está ganando espacio para el Reino, ahí se lo está construyendo.
  • El que es conocido en el evangelio como el “fuerte”, que en este pasaje custodia sus bienes y su palacio, es el demonio que se ha “apoderado” de un hombre. Los adversarios de Jesús no quieren la evidencia de que entre ellos, está el que es “más fuerte” y que Jesús está entablando con él una lucha victoriosa, y que ya ha llegado el Reino prometido. El origen de la fuerza de Jesús es Dios mismo. Los signos a través de los cuales se manifiesta esta fuerza, nunca son signos demoníacos de esclavitud y enfermedad; sino signos que manifiestan lo que Dios es: salud, paz, libertad, alegría.
  • Si reconocen esto, tendrán que aceptar a Jesús como el Mesías de Dios, y hacer caso del testimonio que está dando. Los que no quieren escuchar a Dios en el Antiguo Testamento y a Jesús en el evangelio, son precisamente los del pueblo elegido, los que oficialmente se consideran los mejores. Pareciera que eso mismo, de alguna manera, los inmuniza contra lo que diga Jesús y no saben escuchar la voz de Dios.
  • Para la fe cristiana de hoy es una tentación, tanto negar la existencia del demonio, como usar a Satanás para excusarnos de responsabilidades personales y sociales. Aún hoy Jesús continúa su misión. Él ha venido para expulsar el demonio del egoísmo que divide y lucha contra la fuerza del Espíritu dentro de cada persona. Ha venido para expulsar el demonio del individualismo que pugna contra las corrientes solidarias en la sociedad. Ha venido para destruir los demonios con el poder de Dios e implantar su reino de justicia y paz. Estamos empeñados en la misma empresa.
  • Estar con Jesús implica dejar de temer al demonio, implica abrirse mucho al plan de Dios, a su accionar. El que no está con Él está contra Él. Esta advertencia es para nosotros una llamada a la unidad, a la fuerza que supone la unión. Precisamente, uno de los signos del mal es la división y el no entenderse entre unos y otros. Actualmente nos encontramos marcados por este tipo de espíritu del mal que impide la comprensión y el reconocimiento de los unos hacia los otros.
  • Como hijos del reino, discípulos de Jesús, también nosotros estamos llamados a expulsar todo lo que se oponga al reino de la justicia y la vida, la libertad y la paz de nuestro ambiente. Contamos a nuestro lado con el que es “más fuerte”, y ese reino ya está presente allí donde sabemos enfrentarnos contra la opresión y la violencia, buscando que reine la justicia y la paz, dejando que triunfe la vida.

 

Para discernir

 

  • ¿Me esfuerzo en mantener la gracia de la liberación del corazón que Cristo me regala?
  • ¿Qué medio pongo para crecer y no volver a caer en antiguas esclavitudes?
  • ¿Soy prudente evitando las ocasiones próximas de pecado?
  • ¿Valoro la vida nueva y la cuido celosamente o me despreocupo ingenuamente de ella?

     

Repitamos a lo largo de este día

 

“Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.

 

Para la lectura espiritual

 

…Callarse no significa estar mudo, como tampoco hablar equivale a locuacidad. El mutismo no crea soledad, como tampoco la locuacidad crea comunión. …”El silencio es el exceso, la embriaguez y el sacrificio de la palabra. El mutismo, en cambio, es malsano, como algo que sólo fue mutilado y no sacrificado”… (Ernest Hello). Del mismo modo que existen en la jornada del cristiano determinadas horas para la Palabra, especialmente las horas de meditación y de oración en común, deben existir también ciertos momentos de silencio a partir de la Palabra. Serán sobre todo los momentos que preceden y siguen a la escucha de la Palabra. Esta no se manifiesta a personas charlatanas, sino en el recogimiento y silencio.

Callamos antes de escuchar la Palabra, para que nuestros pensamientos se dirijan a la Palabra, igual que calla un niño cuando entra en la habitación de su Padre. Callamos después de haber oído la Palabra, porque todavía resuena, vive y quiere permanecer en nosotros. Callamos al comenzar el día, porque es Dios quien debe decir la primera palabra; callamos al caer la noche, porque a Dios corresponde la última palabra. Callamos sólo por amor a la Palabra.

Callar, en definitiva, no significa otra cosa que estar atentos a la Palabra de Dios para poder caminar con su bendición…

 

D. Bonhoeffer, Vida en Comunidad, Salamanca 1983, 61 s

 

Para rezar

 

Muchas veces se hace difícil

vivir la vida nueva.

Son tantas las invitaciones

que el mundo nos hace.

Saber discernir es un arte,

poder perseverar es una gracia.

Padre, danos fuerza para luchar,

danos claridad para ver y no dejarnos confundir,

danos amor para entregarnos

y serenidad para saber ofrecer con alegría.

Que la casa de mi corazón

esté poblada con obras que hablen de Vos,

que no quede lugar para lo que no nos hace crecer.

Que me apasione por tu reino

y encuentre en el trabajar por él

la razón y el sentido de mi vida.

 

Viernes de la semana III

 

El Señor nuestro Dios es el único Señor

 

Lectura de la profecía de Oseas    14, 2-10

 

Así habla el Señor:

Vuelve, Israel, al Señor tu Dios, porque tu falta te ha hecho caer. Preparen lo que van a decir y vuelvan al Señor. Díganle: «Borra todas las faltas, acepta lo que hay de bueno, y te ofreceremos el fruto de nuestros labios. Asiria no nos salvará, ya no montaremos a caballo, ni diremos más “¡Dios nuestro!” a la obra de nuestras manos, porque sólo en ti el huérfano encuentra compasión.»

Yo los curaré de su apostasía, los amaré generosamente, porque mi ira se ha apartado de ellos. Seré como rocío para Israel: él florecerá como el lirio, hundirá sus raíces como el bosque del Líbano; sus retoños se extenderán, su esplendor será como el del olivo y su fragancia como la del Líbano.

Volverán a sentarse a mi sombra, harán revivir el trigo, florecerán como la viña, y su renombre será como el del vino del Líbano. Efraín, ¿qué tengo aún que ver con los ídolos? Yo le respondo y velo por él. Soy como un ciprés siempre verde, y de mí procede tu fruto.

¡Que el sabio comprenda estas cosas! ¡Que el hombre inteligente las entienda! Los caminos del Señor son rectos: por ellos caminarán los justos, pero los rebeldes tropezarán en ellos.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 80, 6c-8a. 8bc-9. 10-11ab. 14 y 17 (R.: cf. 11 y 9a)

 

R.    Yo, el Señor, soy tu Dios; escucha mi voz.

 

Oigo una voz desconocida que dice:

Yo quité el peso de tus espaldas

y tus manos quedaron libres de la carga.

Clamaste en la aflicción, y te salvé. R.

 

Te respondí oculto entre los truenos,

aunque me provocaste junto a las aguas de Meribá.

Oye, pueblo mío, yo atestiguo contra ti,

¡ojalá me escucharas, Israel! R.

 

No tendrás ningún Dios extraño,

no adorarás a ningún dios extranjero:

yo, el Señor, soy tu Dios,

que te hice subir de la tierra de Egipto. R.

 

¡Ojalá mi pueblo me escuchara,

e Israel siguiera mis caminos!

Yo alimentaría a mi pueblo con lo mejor del trigo

y lo saciaría con miel silvestre». R.

 

EVANGELIO   

Lectura del santo Evangelio según san Marcos     12, 28b-34

 

Un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: « ¿Cuál es el primero de los mandamientos?».

Jesús respondió: «El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a tí mismo. No hay otro mandamiento más grande que éstos.»

El escriba le dijo: «Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios.»

Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: «Tú no estás lejos del Reino de Dios.»

Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El texto de hoy son las palabras finales del mensaje profético de Oseas que termina su libro con este canto a la conversión al Dios del amor. Es esta la expiación que Él quiere: la del corazón contrito y obediente que se deja conducir y moldear por Dios, y que reconoce que sólo en Él se encuentra la Vida y la felicidad.
  • Todos los profetas han hecho gestos, que eran signos a través de los cuales trataban luego de explicar al pueblo sencillo, el mensaje del Señor. Oseas se ofrece a sí mismo como símbolo y materia de enseñanza. El profeta se ha casado con una mujer a la que ama. Pero ésta le es infiel y lo engaña yéndose con otro. Oseas la sigue amando y, tras someterla a prueba, la vuelve a tomar como esposa.
  • Este episodio doloroso de la vida del profeta, se convierte en el símbolo del amor que Dios tiene a su pueblo. Israel, con quien Dios se ha desposado, se ha conducido como una mujer infiel, como una prostituta. Oseas expresa por primera vez las relaciones de Dios con Israel mediante la imagen y terminología del matrimonio.
  • El profeta arremete con furia mal contenida, contra todo cuanto en la historia de Israel ha sido desprecio para el Señor. Habla desde su propia rabia convertida ahora en símbolo: la Palabra de Dios adquiere ahora en su lengua todo el fuego pasional de un marido engañado.

***

  • La pregunta del letrado tiene sentido y, a la vez, lleva toda una carga de profundidad. De los 613 preceptos, de los cuales 248 eran prescripciones positivas y 365 prohibiciones que constituían la Torá, resultaba fundamental saber qué mandamiento era el principal.
  • La respuesta es clara y sintética: “amarás al Señor tu Dios… amarás a tu prójimo como a ti mismo: no hay mandamiento mayor que estos”. Jesús le resume todos los mandamientos en una antigua ley del Deuteronomio, que recalca el amor a Dios con todo nuestro ser antes que ninguna otra cosa. Y luego toma otro mandato antiguo, que aparece en el Levítico, y ratifica el amor que se debe dar al prójimo.
  • La gran originalidad de Jesús está en que une los dos mandamientos, indicando que uno no se puede cumplir sin el otro. Sólo se puede amar a Dios amando al prójimo. Los dos mandamientos no se pueden separar. Toda la ley se condensa en una actitud muy positiva: amar. Amar a Dios y amar a los demás. Esta vez la medida del amor al prójimo es muy cercana y difícil: “como a ti mismo”. Así como nosotros nos queremos y nos toleramos, así quiere Jesús que amemos a los demás.
  • A partir de la respuesta de Jesús, podemos descubrir que el amor a Dios no está puesto fuera de la esfera humana. Amar a Dios sólo es posible amando al prójimo; y el amor que se practique con Dios debe ser igual al practicado con los demás. Con esta forma de unir a Dios y al ser humano, Jesús sale de la práctica deshumanizada de la ley, para llegar a lo importante: el crecimiento y la plenitud de todo el hombre. Aquí está la gloria de Dios y su máximo mandamiento. Lo importante será el hombre.
  • El letrado va más allá al añadir que, cumplir estos dos mandamientos valen más que todos los holocaustos y sacrificios. Entiende que el verdadero culto se da en la vida de cada día y que, por tanto, los holocaustos y sacrificios del templo con los que los judíos expían los pecados, no tienen sentido alguno sin la práctica del amor.
  • Jesús reconoce en aquel fariseo que su pensamiento no está lejos del reino de Dios. Pero para entrar en el reino no basta con pensar así, hay que actuar de acuerdo con lo que se piensa. No se trata de conocer la teoría, sino de vivir en la práctica de cada día el amor a Dios amando al prójimo.
  • Jesús, con esto, desarma la pretensión de muchas piedades religiosas, entre ellas la farisea, que pretenden honrar a Dios, olvidándose del hombre. Este Evangelio, no es sólo una autorevelación de cómo Dios mismo en su Hijo, quiere ser amado; sino que Jesús lleva a término la plenitud de la Ley, crea la nueva Humanidad de los hijos de Dios, hermanos que se aman con el amor del Hijo.
  • Siempre existe la tentación de poner nuestra confianza en medios humanos, otros valores que absolutizamos, sin escarmentar por los fracasos que vamos teniendo, ni por las veces que quedamos defraudados por haber recurrido a ellos. Cada uno sabrá, en el examen más exigente de la Cuaresma, cuáles son los ídolos en los que está poniendo su vida y corazón.
  • La llamada de Jesús a la comunión y a la misión pide una participación en su misma naturaleza, es una intimidad en la que hay que introducirse. Esta unificación de conocimiento y de amor tejida por el Espíritu Santo, permite que Dios ame en nosotros y utilice todas nuestras capacidades, y a nosotros nos concede poder amar como Cristo, con su mismo amor filial y fraterno. Lo que Dios ha unido en el amor, el hombre no lo puede separar. Ésta es la grandeza de quien se somete al Reino de Dios: el amor a uno mismo ya no es obstáculo, sino camino para amar al único Dios y a una multitud de hermanos.

 

Para discernir

 

  • ¿Amo efectivamente? ¿A quién amo? ¿A quién dejo de amar?
  • ¿Cómo se traduce este amor? ¿Quién es mi prójimo?
  • ¿Cuáles son mis aspiraciones profundas?
  • ¿A qué cosas estoy más aferrado? ¿Qué es lo que más me falta?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

…Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios…

 

Para la lectura espiritual

 

…El flujo y reflujo de la caridad entre Dios y los hombres, este amor que el cristiano, solidario con toda la humanidad, recibe de Dios por todos y a todos remite a Dios, este amor y sólo esto es lo que constituye la victoria de Jesucristo, la misión y el esfuerzo de su Iglesia. Los dos polos de este amor son el amor filial a Dios y el amor fraterno con el prójimo.

El amor filial que ansía en cada momento lo que la esperanza espera; que cree tener todo el amor de Dios para amarlo. El amor filial que desea de Dios incesantemente lo que incesantemente recibe de Él, que lo desea tanto como el respirar.

El amor fraterno que ama a cada uno en particular. No a cualquiera de cualquier modo, sino a cada uno como el Señor lo ha creado y redimido, a cada uno como Cristo lo ama. El amor fraterno que ama a cada uno como prójimo dado por Dios, prescindiendo de nuestros vínculos de parentesco, de pueblo, raza o simple simpatía. Que reconoce a cada uno su derecho por encima de nosotros mismos.

Sabemos que hay que amar al Señor “con toda el alma” y “con todas las fuerzas”. Pero olvidamos fácilmente que debemos amar al Señor con todo el corazón. Al no recordarlo, nuestro corazón se queda vacío. Como consecuencia, amamos a los demás con un amor más bien tibio. La bondad tiende a ser para nosotros algo externo al corazón. Vemos lo que puede ser útil al prójimo, tratamos de actuar en consecuencia, pero no llega mucho al corazón…

 

M. Delbrél, Las comunidades según el Evangelio, Madrid 1998, 88s.

 

Para rezar

 

Señor enciérrame dentro de ti.

Abrázame en lo más profundo de tu corazón

y cuando esté allí, refíname, purifícame,

avívame, enciéndeme y elévame a lo alto,

hasta que me convierta del todo

en aquello que tú quisiste que fuera.

Por la muerte purificadora de mi yo,

en el nombre de Jesús, el Cristo de Dios. Amén

 

Teilhard de Chardin

 

Sábado de la semana III

La Anunciación del Señor

(S)

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías
7,10-14; 8,10

En aquellos días, el Señor habló a Acaz: «Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo». Respondió Acaz: «No la pido, no quiero tentar al Señor». Entonces dijo Dios: «Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa “Dios – con – nosotros”.

 

Palabra de Dios

 

SALMO Sal. 39, 7-11

 

R. “Aquí estoy para hacer tu voluntad”

 

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: «Aquí estoy».

 

«–Como está escrito en mi libro–
para hacer tu voluntad».
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas.

 

He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes.

 

No me he guardado en el pecho tu defensa,
he contado tu fidelidad y tu salvación,
no he negado tu misericordia y tu lealtad
ante la gran asamblea.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta a los Hebreos Hb 10, 4-10

 

Hermanos:

Es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados. Por eso, cuando Cristo entró en el mundo dijo: «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: “Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad”». Primero dice: «No quieres ni aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni víctimas expiatorias», que se ofrecen según la Ley. Después añade: «Aquí estoy yo para hacer tu voluntad». Niega lo primero, para afirmar lo segundo.

Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.

 

Palabra de Dios


EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas Lc 1,26-38

 

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.

El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».

Y María dijo al ángel: « ¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?». El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible». María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

Y el ángel se alejó.

 

Palabra del Señor

 

Para reflexionar

 

  • Esta fiesta es de origen oriental; luego, pasó a Roma en el siglo VII con el título de “Anunciación del Señor”. Desde un principio se puso esta solemnidad en el número de las fiestas del Señor: más que la Virgen María, el protagonista es el Hijo de Dios, cuya concepción anuncia el Ángel. Esta fecha está condicionada por la escogida para celebrar la Navidad.
  • Si Cristo es el protagonista principal de esta solemnidad, la Virgen María no puede quedarse en el olvido. Ella es la que está en la Anunciación, la que pregunta y la que da la respuesta generosa de aceptación. Es por eso que la Iglesia honra también a María, medita sobre el “Si” pronunciado por ella en la anunciación, y profundiza sobre el “Sí” del Hijo de Dios: “¡He aquí que vengo a hacer, oh Dios, tu voluntad!” (Hb 10, 7).

    ***

    • En la liturgia de este día, la profecía de Isaías al rey Acaz, mantuvo viva la ardiente esperanza en el nacimiento de un hijo de David por quien el Señor estaría finalmente y para siempre en medio de su pueblo. Ninguno de los herederos del trono, algunos de los cuales faltaron a su misión, era realmente «Dios con nosotros». Por eso la esperanza fue apuntando siempre a otro descendiente de David, que sería alguien fuera de lo común.
    • La Carta a los Hebreos deja en claro que la salvación únicamente nos viene por medio del Misterio Pascual de Cristo: su Muerte y su Resurrección. El Sacrificio de Cristo, ofrecido de una vez y para siempre, para borrar nuestros pecados y para darnos nueva vida, suprime todos los antiguos sacrificios, que no podían perdonar nuestros pecados. Quien acepta a Jesucristo, el Enviado del Padre, vive esa salvación, y debe manifestarlo con sus buenas obras. Si aceptamos la Redención, no podemos ya vivir para nosotros, sino para Aquel que por nosotros murió y resucitó.
    • Lucas nos relata como el Hijo de Dios se hace carne en el seno de María Virgen, por obra del Espíritu Santo. Dios viene, no sólo a visitar a su Pueblo; viene a redimirlo de su pecado y a elevarlo a la misma dignidad del Hijo de Dios. La obra de salvación en nosotros es la obra de Dios y no la obra del hombre.

    ***

    • En la Biblia se dan muchas anunciaciones y todas consisten fundamentalmente en la presencia gratuita de Dios en medio de su pueblo, desbaratando todas las objeciones que presenta el hombre para la realización de su proyecto de salvación. Toda anunciación, por consiguiente, debe ser colocada en un género literario lleno de simbolismos que hay que saber leer. La anunciación a María entra dentro de este “género literario”.
    • Como toda mujer de pueblo, María tiene sueños, anhelos, proyectos que se encuentran cara a cara con los sueños, anhelos y proyectos de Dios. Dios se hace presente de una manera gratuita y amorosa rompiendo con las imposibilidades humanas que impiden su encarnación. Por otro lado aparece lo grande de María, su fe en la Palabra que la llevó a no tener en cuenta sus limitaciones culturales como mujer campesina, de una región marginada del poder judío.
    • María tiene miedo pero, no desconfianza; y las dificultades que le presenta al ángel quedan resueltas. La encarnación de Dios en la historia es lo más divino que pudo suceder, porque la iniciativa la toma el mismo Dios, y es también lo más humano porque apeló a la libertad del hombre.
    • Dios se decide a intervenir en un pueblo infiel a través de una mujer de pueblo que se presenta como modelo de fidelidad. La vocación de María es para entregar al mundo a su Hijo, que es “Señor” y “Salvador”.
    • Este anuncio prepara la llegada del Señor. La virginidad de María es un signo de que el hoy anunciado, será “Hijo de Dios”, hijo que instaura un reino que no tendrá fin.
    • Las palabras de María en la Anunciación: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra», ponen de manifiesto una actitud característica de la religiosidad hebrea. La expresión «siervo» de Dios se aplica en el Antiguo Testamento a todos los que son llamados a ejercer una misión en favor del pueblo elegido. María, la «llena de gracia», al proclamarse «esclava del Señor», desea comprometerse a realizar personalmente de modo perfecto el servicio que Dios espera de todo su pueblo. Las palabras: «He aquí la esclava del Señor» anuncian a Aquel que dirá de sí mismo: «El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».
    • Por la anunciación de la encarnación de su hijo, Dios interviene para alumbrar la noche de la injusticia, para que los pobres dejen de ser los excluidos de la fiesta de la vida. Jesús es el centro de esta fiesta, y su madre, una mujer de pueblo, es el instrumento fiel que Dios elige para que nos enseñe el camino. El camino, para asumir los proyectos de Dios renunciando a cualquier tipo de ambición o poder personal, para que se “haga en nosotros su palabra”, para que reine así la justicia, la verdad y la paz tan esperadas.
    • A nosotros nos corresponde hoy continuar la obra del reino en la fidelidad a la voluntad del Padre, que es fidelidad a la Palabra de Dios. Para anunciar al mundo esa buena noticia necesitamos que esa Palabra tome cuerpo en nosotros.
    • Dios sigue derramando su gracia en su pueblo, para que siendo fieles al proyecto del reino, “no temamos” ante el desafío, porque el Espíritu de Dios nos acompaña.

 

Para discernir

 

  • ¿Trato de buscar la voluntad de Dios?
  • ¿Dónde la busco?
  • ¿Estoy abierto al proyecto de Dios?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

“Aquí estoy para hacer tu voluntad”

 

Para la lectura espiritual

 

…Las palabras de María -”He aquí la esclava del Señor”- son, entonces, nuestra respuesta de amor al amor de Dios. Estas nos mantienen siempre con la mirada puesta en Él, a la escucha, en obediencia, con el único deseo de realizar lo que Él quiere para ser como Él nos quiere.

A veces, sin embargo, lo que él nos pide puede parecernos absurdo. Nos parecería mejor hacer de otra manera, querríamos tomar nosotros en manos nuestra vida. Hasta tendríamos ganas de darle consejos a Dios, de decirle nosotros cómo hacer o no hacer. Pero si creo que Dios es amor y pongo mi confianza en Él, sé que todo lo que predispone en mi vida y en la vida de todos los que me rodean es por mi bien, por su bien. Entonces me entrego a Él, me abandono con plena confianza en su voluntad y la quiero con todo mi ser, hasta ser una misma cosa con ella, sabiendo que acoger a su voluntad es recibirlo a Él, abrazarlo a Él, alimentarse de Él.

Hay que creerlo, nada sucede por casualidad. Ningún acontecimiento gozoso, indiferente o doloroso, ningún encuentro, ninguna situación de familia, de trabajo, de escuela, ninguna condición de salud física o moral es sin sentido. En cambio todo -acontecimientos, situaciones, personas- trae un mensaje de parte de Dios, todo contribuye a la realización del plan de Dios, que descubriremos poco a poco, día a día, haciendo, como María, la voluntad de Dios.

“He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”.

Entonces, ¿cómo vivir esta Palabra? Nuestro sí a la Palabra de Dios significa concretamente hacer bien, por completo, en cada momento, la acción que la voluntad de Dios nos pide. Ponerse con todo en esa obra, eliminando cualquier otra cosa, dejando de lado pensamientos, deseos, recuerdos, acciones que no tengan que ver con ello.

Ante cada voluntad de Dios dolorosa, alegre, indiferente, podemos repetir: “hágase en mí según tu palabra”, o bien, como nos ha enseñado Jesús en el Padre Nuestro: “hágase tu voluntad”. Digámoslo antes de cada acción: “venga”, “hágase”. Entonces realizaremos momento a momento, piedrita a piedrita, el maravilloso, único e irrepetible mosaico de nuestra vida que el Señor ha pensado desde siempre para cada uno de nosotros…

 

Chiara Lubich

 

Para rezar

 

¡Dios te salve, María!
Te saludamos con el Ángel: Llena de gracia.
El Señor está contigo.
Te saludamos con Isabel: ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¡Feliz porque has creído a las promesas divinas!
Te saludamos con las palabras del Evangelio:
Feliz porque has escuchado la Palabra de Dios y la has cumplido.

¡Tú eres la llena de gracia!
Te alabamos, Hija predilecta del Padre.
Te bendecimos, Madre del Verbo divino.
Te veneramos, Sagrario del Espíritu Santo.
Te invocamos; Madre y Modelo de toda la Iglesia.
Te contemplamos, imagen realizada de las esperanzas de toda la humanidad.

¡El Señor está contigo!
Tú eres la Virgen de la Anunciación, el Sí de la humanidad entera al misterio de la salvación.
Tú eres la Hija de Sión y el Arca de la nueva Alianza en el misterio de la visitación.
Tú eres la Madre de Jesús, nacido en Belén, la que lo mostraste a los sencillos pastores y a los sabios de Oriente.
Tú eres la Madre que ofrece a su Hijo en el templo, lo acompaña hasta Egipto, lo conduce a Nazaret.
Virgen de los caminos de Jesús, de la vida oculta y del milagro de Caná.
Madre Dolorosa del Calvario y Virgen gozosa de la Resurrección.
Tú eres la Madre de los discípulos de Jesús en la espera y en el gozo de Pentecostés.

Bendita…
porque creíste en la Palabra del Señor,
porque esperaste en sus promesas,
porque fuiste perfecta en el amor.
Bendita por tu caridad premurosa con Isabel,
por tu bondad materna en Belén,
por tu fortaleza en la persecución,
por tu perseverancia en la búsqueda de Jesús en el templo,
por tu vida sencilla en Nazaret,
por tu intercesión en Cana,
por tu presencia maternal junto a la cruz,
por tu fidelidad en la espera de la resurrección,
por tu oración asidua en Pentecostés.
Bendita eres por la gloria de tu Asunción a los cielos,
por tu maternal protección sobre la Iglesia,
por tu constante intercesión por toda la humanidad.

San Juan Pablo II

TIEMPO DE CUARESMA – SEMANA II – CICLO A

TIEMPO DE CUARESMA

DOMINGO II – CICLO A

 

 

Lunes de la semana II

Sean misericordiosos como el Padre

 

Martes de la semana II

Que el más grande se haga servidor

 

Miércoles de la semana II

El que quiera ser el primero que se haga servidor

 

Jueves de la semana II

Bendito el que confía en el Señor

 

Viernes de la semana II

Arrendará la viña a quienes le entreguen fruto

 

Sábado de la semana II

Arrojarás en lo más profundo del mar nuestros pecados

 

TIEMPO DE CUARESMA

DOMINGO II – CICLO A

 

¡Escúchenlo!

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Génesis    12, 1- 4a

 

El Señor dijo a Abraham:

«Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que yo te mostraré. Yo haré de ti una gran nación y te bendeciré; engrandeceré tu nombre y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré al que te maldiga, y por ti se bendecirán todos los pueblos de la tierra.»

    Abraham partió, como el Señor se lo había ordenado.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 32, 4-5. 18-19. 20 y 22 (R.: 22)

 

R.    Señor, que tu amor descienda sobre nosotros,

conforme a la esperanza que tenemos en ti.

 

La palabra del Señor es recta

y él obra siempre con lealtad;

él ama la justicia y el derecho,

y la tierra está llena de su amor. R.

 

Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,

sobre los que esperan en su misericordia,

para librar sus vidas de la muerte

y sustentarlos en el tiempo de indigencia. R.

 

Nuestra alma espera en el Señor:

él es nuestra ayuda y nuestro escudo.

Señor, que tu amor descienda sobre nosotros,

conforme a la esperanza que tenemos en ti. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo

a Timoteo     1, 8b-10

 

Querido hermano:

Comparte conmigo los sufrimientos que es necesario padecer por el Evangelio, animado con la fortaleza de Dios. El nos salvó y nos eligió con su santo llamado, no por nuestras obras, sino por su propia iniciativa y por la gracia: esa gracia que nos concedió en Cristo Jesús, desde toda la eternidad, y que ahora se ha revelado en la Manifestación de nuestro Salvador Jesucristo.

Porque él destruyó la muerte e hizo brillar la vida incorruptible, mediante la Buena Noticia.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    17, 1-9

 

Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús.

Pedro dijo a Jesús: «Señor, ¡Qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»

Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo.»

Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: «Levántense, no tengan miedo.»

Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • En la primera lectura Dios llama a Abrahán a emprender un camino incierto que tendrá que ir descubriendo, pero un camino que será de “bendición”, es decir, de vida. Para Abrahán, hace 40 siglos, era una tierra nueva y un gran pueblo,.
  • San Pablo nos habla de que “una vida santa” es posible porque Dios, por Jesucristo, “destruyó la muerte y sacó a luz la vida inmortal”. La carta a Timoteo nos describe la meta humana como la adecuación de nuestra vida con el plan de Dios, el  cumplimiento de la vocación irrenunciable que Él ha señalado a todo hombre.
  • El domingo pasado se centraba nuestra atención en nuestra situación y condición de pecadores. Este domingo, en cambio, se nos presenta con fuerza la meta: la Resurrección.
  • La tentación viene a colocarse al comienzo del camino que conduce a la realización del proyecto del reino, y acecha a todo lo largo de él. La tentación pretende esencialmente acortar el camino, alcanzar una transfiguración prematura apoyándose en las propias fuerzas; quiere pasar por encima etapas, quiere rehuir de todo tipo de esfuerzo y sufrimiento.
  • San Mateo nos cuenta el acontecimiento de la Transfiguración como un anticipo de la gloria del Señor Jesús que es un anticipo de la condición a que está llamado el discípulo, que, hijo en el Hijo, alcanzará la novedad de la vida del mismo Dios. Un pasaje esperanzador que, paradójicamente, tiene lugar en el camino hacia Jerusalén, camino de Pasión que el Hijo del Hombre tenía que padecer.

***

  • También nosotros, como Pedro, quisiéramos “eternizar” los momentos de gozo y permanecer ausentes de la lucha que se libra cada día. Sin embargo, es necesario bajar al lugar de nuestro vivir cotidiano, al asfalto, con su  aburrimiento, fatiga y contradicción.
  • No se puede llegar a la Resurrección sin pasar por la muerte. No se puede llegar a la gloria sin pasar por la Cruz. No se puede disfrutar la gloria sin la experiencia del sepulcro. No se puede llegar a la conversión sin el esfuerzo y la lucha personal.
  • La muerte, y todo lo que ella significa sigue presente en nuestro camino, pero Dios este domingo nos asegura que la muerte ha sido destruida, que tiene y tendrá más fuerza la vida, el amor; todo lo que afirmaremos y celebraremos en la gran fiesta de Pascua.
  • Estamos destinados a ser transformados según la imagen de Cristo. Nuestra transformación plena no llegará hasta el momento de la resurrección. Mientras tanto queda un largo caminar, un gran esfuerzo que realizar.
  • Levantarse y bajar del monte fueron dos exigencias de Jesús que deben seguir sonando en nuestros oídos para vencer la tentación de apartarnos de un mundo despreciable y solamente limitarnos a quejarnos o rezar por él. Bajar de la montaña a la vida tiene riesgos que exigen valentía y decisión, que comportan dejar la comodidad de nuestra tienda, el buen ambiente en el que nos movemos, el status que hemos alcanzado, la seguridad con la que caminamos. Bajar de la montaña nos compromete a despertarnos y a no justificar con el Evangelio en la mano, lo no justificable y dejar “para la vida eterna” lo que estamos obligados a conseguir en el presente.
  • Cristo mismo bajó de la montaña, y no ignoró ningún problema de su tiempo, no pasó de largo por ninguna petición de los hombres, no demoró respuestas.
  • Para que el hombre pueda transfigurarse y resplandecer tiene que escuchar al Hijo amado de Dios. Toda la Cuaresma es una escucha intensa de la Palabra que salva. El discípulo tiene que reconocer en el “desfigurado al “transfigurado”, al Hijo de  Dios que pide que confiemos de Él, que no dudemos recorrer su camino, afrontando  también los “pasos” más dolorosos.
  • El discípulo no es el hombre de las visiones y de los éxtasis, sino de la escucha. Escuchar para encarnar el Evangelio, dejarse poner en discusión por sus palabras. Escuchar no para saber más o para satisfacer la curiosidad, sino para realizar el proyecto de Dios sobre  nosotros y sobre el mundo. Se escucha, no para ensanchar nuestros conocimientos teóricos sino para  ensanchar nuestro compromiso.
  • El discípulo es alguien que de alguna manera, ha estado en el monte Tabor y ha experimentado a Jesús como mensaje inagotable y viviente de Dios. Alguien que ha recibido la fe. Y creer es siempre hacer camino, lanzarse a la  aventura apoyándose en la Palabra y la Fuerza de Dios. La fe no santifica nuestro conformismo, nuestra pasividad.
  • La fe  nos mueve a buscar y a construir un mundo más justo, más fraterno, dejando atrás el mundo viejo lleno de injusticia, de sufrimientos, de desigualdades y de mentira.
  • Creer en Él supone hacer su mismo camino. La Iglesia es un pueblo de caminantes. La esperanza nos anima ante todos los fracasos y relativiza todos los éxitos; convierte en punto de arranque los logros y hace caminar la historia, no viviendo de triunfos pasados sino mirando hacia adelante.
  • La transfiguración nos da la seguridad de que en la entrega por, y con los demás, en el trabajo por el reino en favor de la humanidad se alcanza la plena realización humana. La transfiguración nos anuncia que la muerte de Cristo en la cruz no fue el final. Nos ayuda a unir la muerte y la resurrección de Jesús a nuestras muertes cotidianas esperadas e imprevistas que esperan ser resucitadas. Muerte y resurrección forman un único acontecimiento salvador.
  • En la experiencia de una vida evangelizada y evangelizadora descubrimos la promesa que se hace realidad y que apunta a una nueva promesa mucho más grande. Así caminamos hacia la Pascua, haciendo Pascua; transfigurando la vida.
  • Una Iglesia que se anima a desinstalarse y a dar el paso de dejarse conducir por los caminos nuevos del espíritu es la Iglesia que hace eco en su corazón la invitación del Padre a escuchar a su Hijo.

 

Para discernir

 

  • ¿Cómo buscamos a Cristo?
  • ¿Cuánto somos capaces de abrir los ojos para ver a Cristo?
  • ¿Hasta qué punto nos atrevemos a ir descubriéndolo en todo lo que nos pasa?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Envíame tu luz y tu verdad; y que ellas me guíen hasta tu morada

 

Para la lectura espiritual

 

…Por un instante, el día de la transfiguración [Pedro, Santiago y Juan] contemplan la maravilla de una carne divinizada, de un rostro que transparenta el esplendor de la vida eterna: el rostro de Cristo resplandece con toda la luz de Dios.

El cuerpo humano puede ser transfigurado y tiene también un mensaje de luz que comunicar [...]. Nuestro cuerpo tiene una vocación espiritual, una vocación divina. Nuestro cuerpo es el primer Evangelio porque el testimonio de la presencia divina en nosotros debe pasar a través de la expresión de nuestro rostro, a través de nuestra apertura, nuestra benevolencia, nuestra sonrisa. Aquel don interior que es la gloria de Jesucristo está en nosotros. Lo más sublime del hombre es que puede aún más; está llamado a revelar a Dios. Hay en nosotros una belleza secreta, maravillosa, inagotable. Cristo no ha venido sólo a salvar nuestras almas; Cristo ha venido a revelar a Dios al hombre, a revelar el hombre al hombre; ha venido para que el hombre se realice en toda su grandeza, su dignidad, su belleza. Estamos llamados a la grandeza, al gozo, a la juventud, a la dignidad, a la belleza, a irradiar a Dios, a la transfiguración de todo nuestro ser comunicado con la luz divina.

Llevamos en nosotros el tesoro de la vida eterna, la realidad de la presencia infinita que es el Dios viviente. Hoy y en todos los instantes de nuestra vida estamos llamados a manifestar a Dios. Olvidemos toda nuestra negatividad, nuestra pesadez, nuestras fatigas, nuestras limitaciones y las de los demás. ¿Qué importa todo eso desde el momento en que Dios está en nosotros, en que Dios vive, en que nos ha regalado su canto, su gracia y su belleza; desde el momento en que hoy debemos penetrar en la nube de la transfiguración para salir revestidos de Dios, llevando en nuestro rostro el gozo de su amor y la sonrisa de su eterna bondad?

 

M. Zundel, La palabra como una fuente, Sillery 1998, 228s.

 

Para rezar

 

El monte Tabor. La transfiguración. 
La nube envolvente de la dicha. 
La palabra de Dios afirmativa: 
Sí, hijo mío. 
La muerte y la pasión ya no importan. 
Si hay Tabor ¿qué importa todo? 
Un segundo de Tabor es suficiente 
para llenar la vida, 
para explicar la vida, 
para explicar la muerte. 
Una ráfaga de su blanca luz 
ilumina todas las noches, 
aun las más tristes. 
Un poco de Tabor es lo que pido, 
sólo un pequeño chispazo 
sobre la tristeza 
y el cansancio de mi corazón, 
un poco más de Tabor 
sobre la noche del mundo.

 

Lunes de la semana II

Sean misericordiosos como el Padre

Lectura de la profecía de Daniel    9, 4b-10

 

¡Ah, Señor, Dios, el Grande, el Temible, el que mantiene la alianza y la fidelidad con aquellos que lo aman y observan sus mandamientos!

Nosotros hemos pecado, hemos faltado, hemos hecho el mal, nos hemos rebelado y nos hemos apartado de tus mandamientos y tus preceptos. No hemos escuchado a tus servidores los profetas, que hablaron en tu Nombre a nuestros reyes, a nuestros jefes, a nuestros padres y a todo el pueblo del país.

¡A ti, Señor, la justicia! A nosotros, en cambio, la vergüenza reflejada en el rostro, como les sucede en este día a los hombres de Judá, a los habitantes de Jerusalén y a todo Israel, a los que están cerca y a los que están lejos, en todos los países adonde tú los expulsaste, a causa de la infidelidad que cometieron contra ti.

¡A nosotros, Señor, la vergüenza reflejada en el rostro, y también a nuestros reyes, a nuestros jefes y a nuestros padres, porque hemos pecado contra ti! ¡Al Señor, nuestro Dios, la misericordia y el perdón, porque nos hemos rebelado contra él! Nosotros no hemos escuchado la voz del Señor, nuestro Dios, para seguir sus leyes, que él puso delante de nosotros por medio de sus servidores los profetas.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 78, 8. 9. 11 y 13 (R.: 102, 10a)

 

  1. Señor, no nos trates según nuestros pecados.

 

No recuerdes para nuestro mal

las culpas de otros tiempos;

compadécete pronto de nosotros,

porque estamos totalmente abatidos. R.

 

Ayúdanos, Dios salvador nuestro,

por el honor de tu Nombre;

líbranos y perdona nuestros pecados,

a causa de tu Nombre. R.

 

Llegue hasta tu presencia el lamento de los cautivos,

preserva con tu brazo poderoso

a los que están condenados a muerte. R.

 

Y nosotros, que somos tu pueblo

y las ovejas de tu rebaño,

te daremos gracias para siempre,

y cantaremos tus alabanzas

por todas las generaciones. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    6, 36-38

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.

Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Empezamos esta semana de Cuaresma con una oración penitencial puesta en labios de Daniel. Él reconoce la culpa del pueblo elegido, tanto del Sur como del Norte, tanto del pueblo como de sus dirigentes. No han hecho ningún caso de los profetas que Dios les envía: «hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos sido malos, nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus normas, hemos pecado contra ti».
  • Sin embargo por parte de Dios todo ha sido fidelidad. Daniel hace una emocionada confesión de la bondad de Dios: «Dios grande, que guardas la alianza y el amor a los que te aman… Al Señor Dios nuestro la piedad y el perdón».
  • Todo lo malo pasará; en cambio la fe de los fieles perdurará para siempre. La plegaria de Daniel se apoya, por entero, sobre esa misericordia de Dios. Esto permite no «descorazonarnos» cuando pensamos en nuestros pecados.

***

  • En la misma línea, la invitación que Jesús hace hoy, rompe el esquema y el comportamiento tradicional vivido hasta ese momento. En primera instancia, Jesús invita a todos a un amor generoso y universal, a fin de llegar a asemejarse del todo al Padre del cielo. De no ser así, sí actuamos como lo hacen los paganos y descreídos.
  • Jesús excluye de su programa todo tipo de venganza proponiendo tener una actitud contraria, nueva, diferente: el amor a los enemigos. Jesús sabe que el amor verdadero, el amor que humaniza, no puede ni debe depender del amor que se recibe del otro. El amor: sólo debe querer el bien del otro, la humanización, la felicidad y realización del otro, independientemente de lo que haga por mí.
  • Esta propuesta surge de la experiencia que Él tiene de Dios como Padre, lleno de ternura y de amor sin límites. Un Dios que acoge a todas las personas y que ama a todos pero de una forma especial a los empobrecidos y marginados de la sociedad. Un Dios que derrama su amor sin esperar nada a cambio, eso es la misericordia, eso es la fidelidad de Dios y su compromiso con todos sus hijos; a eso nos llama: a dar sin esperar respuesta, e incluso dispuestos a recibir a cambio desprecio, incomprensión y violencia.
  • Para poder alcanzar esta vivencia de Jesús, se hace necesario un proceso de conversión profunda, donde cada uno, por la fuerza del Espíritu, sea capaz de renunciar libremente a los falsos valores con los que el mundo manipula las conciencias, para dejarse moldear por el programa de Jesús. Y esto no consiste más que en permitir que nos abrace el amor del Padre para que la mente y el corazón se transformen, volviéndose compasivos y generosos como el Dios de la creación. Compasión que lejos de ser lástima o pena, es capacidad de estar con el otro y experimentar sus mismas necesidades para dar la respuesta oportuna. De esta forma cada hombre construye la medida con la que será recompensado por Dios. Medida de Dios, que es vivir nuestra fe como un amor sin medida, recibiendo un amor que nos desborda, que no lo podemos sujetar ni controlar sino solamente recibir, agradecer y entregar.

 

Para discernir

 

  • ¿Tenemos un corazón compasivo?
  • ¿Aprovechamos las ocasiones que tenemos para mostrarnos tolerantes, para no juzgar, ni condenar?
  • ¿Sentimos el llamado a no guardar rencor; a ser generosos, como Dios lo ha sido con nosotros?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

“Respóndeme, Señor Dios mío”.

 

Para la lectura espiritual

 

…Cuando gustamos desde dentro la misericordia de Dios, cuando experimentamos interiormente la suavidad del amor de Dios, algo pasa dentro de nosotros. Se disuelven hasta las peñas. Nos convertimos en criaturas que penetran de tal modo los misterios del Señor, de una comunión fraterna tal que se puede comprobar cuan verdadera es la bienaventuranza del Señor, que nos dice: “Dichosos los misericordiosos”. Cuando la misericordia es solamente fruto del cansancio, no digo que no tenga valor, pero manifiesta que todavía no me identifico con la misericordia que practico. Se reduce a un instrumento operativo, a un método de comportamiento. Pero cuando la misericordia recobra esa dimensión con la que me identifico, entonces soy dichoso. Entonces vivo el gozo de practicar la misericordia.

Y ésta es la razón por la que Dios es dichoso en su misericordia: no cansa ser misericordioso, depende de la perfección de su amor, de la plenitud de su amor. Estoy llamado a configurarme con mi Señor de tal modo que mi vida sea
un testimonio de la misericordia divina en la vida de los hermanos. Quizás hemos encontrado en nuestra vida personas que son de verdad signo de la misericordia de Dios. Hay personas que defienden siempre a todos, a todos juzgan buenos. He conocido varias en mi vida, y las recuerdo con gran gozo. Por ejemplo, un hermano. Aunque le pincharas para hacerle decir algo carente de misericordia, perdías el tiempo. Cuando una persona se identifica con la misericordia del Señor, todo es posible, y se es capaz de verdadera comunión con los otros. A primera vista parece que tiene que ser uno al que todo le resbala: no acusa a nadie, ni agravia a nadie, se deja coger todas las cosas por cualquiera. Pero los demás no pueden negarle nada. Tiene tal fascinación, que uno se convierte en una presencia incisiva en su vida. La serenidad interior de estas criaturas es admirable. Y la confianza en la bondad del Señor es absoluta en su vida espiritual.

También nosotros estamos llamados a identificarnos con el misterio de la misericordia del Señor, a vivirla con total serenidad, a ser en el mundo su continuación y sacramento…

 

Ballestrero, La santidad, Leumann 1986, 132-134, passim.

 

Para rezar

 

Salmo de alegría y esperanza

 

Con un corazón agradecido y

sincero quiero darte gracias

Tu Palabra es sincera y llena el corazón de alegría;

Tu amor es grandioso

y está iluminado de verdad;

Tú amas, Dios nuestro, la justicia toda la tierra está rociada

con la lluvia de tu bondad.

 

Dios, nos sentimos pequeños,

como granitos de arena, ante ti;

Tú tienes palabras de vida que no pasan;

palabras que se hacen acción;

solamente Tú, Señor, tienes poder

para hacer lo que dices.

 

Tus ojos llenos de amor y ternura

cuidan de la obra de tus manos,

todos los que esperamos en el triunfo de tu amor,

tendremos respuesta; porque Tú, oh Dios,

has liberado nuestra alma de la muerte

entregando en la cruz al hijo amado, al Enviado:

Él nos ha dado vida nueva y en Él te decimos: Abba, Padre.

 

Emilio Mazariegos

Martes de la semana II

Que el más grande se haga servidor

 

Lectura del libro del profeta Isaías    1, 10. 16-20

 

¡Escuchen la palabra del Señor, jefes de Sodoma! ¡Presten atención a la instrucción de nuestro Dios, pueblo de Gomorra!

¡Lávense, purifíquense, aparten de mi vista la maldad de sus acciones! ¡Cesen de hacer el mal, aprendan a hacer el bien! ¡Busquen el derecho, socorran al oprimido, hagan justicia al huérfano, defiendan a la viuda!

Vengan, y discutamos -dice el Señor-. Aunque sus pecados sean como la escarlata, se volverán blancos como la nieve; aunque sean rojos como la púrpura, serán como la lana.

Si están dispuestos a escuchar, comerán los bienes del país; pero si rehúsan hacerlo y se rebelan, serán devorados por la espada, porque ha hablado la boca del Señor.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 49, 8-9. 16bc-17. 21 y 23 (R.: 23b)

 

R.    Al que va por el buen camino, le haré gustar la salvación de Dios.

 

No te acuso por tus sacrificios:

¡Tus holocaustos están siempre en mi presencia!

Pero yo no necesito los novillos de tu casa

ni los cabritos de tus corrales. R.

 

« ¿Cómo te atreves a pregonar mis mandamientos

y a mencionar mi alianza con tu boca,

tú, que aborreces toda enseñanza

y te despreocupas de mis palabras? R.

 

Haces esto, ¿y yo me voy a callar?

¿Piensas acaso que soy como tú?

Te acusaré y te argüiré cara a cara.

 

El que ofrece sacrificios de alabanza,

me honra de verdad;

y al que va por el buen camino,

le haré gustar la salvación de Dios.» R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    23, 1-12

 

Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos:

«Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen. Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo.

Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludados en las plazas y oírse llamar “mi maestro” por la gente.

En cuanto a ustedes, no se hagan llamar “maestro”, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen “padre”, porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco “doctores”, porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías.

Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros, porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Isaías nos hace conocer al Dios Santo que todo lo renueva; que puede hacer que del corazón reseco del pecador, nazca un amor entregado y liberador. Este oráculo se remonta a los primeros años del ministerio del profeta Isaías, en los que embiste la hipocresía religiosa del pueblo.
  • Se puede suponer que fue pronunciado en una celebración litúrgica en el momento en que se elevaba el humo de los sacrificios, mientras la multitud adoptaba la actitud de los orantes. El pueblo elegido piensa que proporciona un placer a Yahvé al pisar en gran número los patios de su templo y llevando ofrendas tan opulentas. Pero la impureza moral de quienes ofrecen esos sacrificios resulta tan repugnante que Yahvé no puede realmente tolerar esa religión sin fe.
  • Pero hay una posibilidad de que Dios acepte ese culto: que el pueblo se convierta dando acogida a los pobres y haciéndolos participar de la opulencia de los sacrificios de los que Yahvé prescindiría con gusto. Obrar el bien y buscar la justicia, haciendo propia la causa de los pobres, será lo que manifestará si el hombre desea verdaderamente volver al Señor, arrepentido de sus pecados.

***

  • En el evangelio, Jesús en persona ofrece las claves y las pautas de vida para sus discípulos: la sinceridad y la coherencia en el modo de vivir.
  • Jesús se dirige a la gente que lo escucha, a los sencillos del pueblo y no a los letrados y fariseos que conformaban la clase aristocrática. Jesús les descubre la falsedad y la manipulación que hacen de la ley y los combate con fuerza. Cuida a la gente sencilla para que no sea como aquellos que han cambiado el sentido de la Ley en Israel.
  • Jesús no quiere que los pobres de su pueblo repitan los modelos de injusticia en los cuales los letrados y fariseos vivían inmersos. Las clases dirigentes torcieron las leyes y el pueblo sencillo quedó sometido bajo su peso.
  • Después da a sus seguidores la lección del servicio que busca que todo hombre se sienta dignificado. El servicio que Jesús plantea es la atención especial a los más pobres, a los marginados, a los que no tenían ningún privilegio, de los que no se puede sacar ningún provecho.
  • Jesús quiere que entre los suyos el primero sea el servidor de todos. Como Él mismo, que no vino a ser servido sino a servir y dar la vida por los demás.
  • Vivir con integridad es una de las grandes ilusiones de los hombres, no hay nadie en el mundo que quiera vivir conscientemente con incongruencia o fractura interior. Sin embargo cuando empezamos a reconocer lo que sentimos por dentro, muchas veces nos desilusionados de nosotros mismos. Entonces, el camino de Cuaresma se convierte en un camino de recomposición, de integración de nuestra vida, de modo que todo lo que nosotros hagamos y vivamos esté en armonía con lo que Jesucristo nos va enseñando, aun cuando pueda parecernos contradictorio u opuesto a nuestros intereses personales.
  • La palabra de Dios nos va iluminando a lo largo de Cuaresma para que no nos quedemos en unos retoques superficiales, sino para que lleguemos hasta la raíz en nuestro camino de Pascua.

 

Para discernir

 

  • ¿Nos conformamos con la apariencia exterior?
  • ¿Somos exigentes con los demás y tolerantes con nosotros mismos?
  • ¿Buscamos la alabanza de los demás y los primeros puestos?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

…Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón…

 

Para la lectura espiritual

 

…Ser plenamente sinceros significa hacer todo preocupándose únicamente de lo que Dios piensa de nuestras acciones. Significa, por consiguiente, no adoptar actitudes diversas según el ambiente, no pensar de un modo cuando estamos solos y de otro cuando se está con alguien, sino hablar y actuar bajo la mirada de Dios, que lee los corazones. La sinceridad consiste en esforzarse para que nuestro porte externo coincida cada vez más con nuestro interior. Y, naturalmente, sin provocación, sino sencillamente siendo lo que somos, sin falsear la verdad por temor a desagradar a los demás. Esta sinceridad exige pureza de intención, es decir, preocuparnos en nuestro actuar del juicio de Dios, no de los juicios humanos; actuar preocupándonos más de lo que agrada o desagrada a Dios que de lo que agrada o desagrada a los hombres. Este es uno de los puntos esenciales de la vida espiritual.

Habitualmente -no nos hagamos ilusiones- nos domina la preocupación de agradar o desagradar a los hombres, interesándonos de mejorar la imagen que los otros pueden tener de nosotros. Y, sin embargo, nos preocupamos poco de lo que somos a los ojos de Dios; y por esta razón nos saltamos con frecuencia lo que sólo Dios ve: la oración oculta, las obras de caridad secretas. Y ponemos mayor empeño en lo que, aunque lo hagamos por Dios, lo ven también los hombres y va implicada nuestra reputación. Llegar a una total sinceridad -esto es, a obrar bien lo mismo si no nos ven que si nos ven- significa llegar a una perfección altísima…

 

J. Daniélou, Sabiduría del misterio, Brescia 1963, 334s.

 

Para rezar

 

Dios y Padre nuestro, nuestro único Señor,

Líbranos de creernos mejores que los demás,

porque todos somos hermanos

y necesitados de tu bondad y de tu amor.

Líbranos de mantener una imagen a costa de la verdad.

Líbranos de ahogar nuestros verdaderos dones

en el mar de la vanidad y de la apariencia.

Líbranos de no reconocer nuestras miserias

por miedo a no ser aceptados y queridos.

Líbranos de juzgar y disminuir a los demás

para mantener una falsa estatura.

Ayúdanos a sentir como tu ternura

no mira lo que aparentamos

sino lo que nos duele para poder sanarlo.

Ayúdanos a aceptarnos como somos,

para poder aceptar y amar a los demás

como Tú nos aceptas y amas a nosotros.

 

Miércoles de la semana II

El que quiera ser el primero que se haga servidor

 

Lectura del libro del profeta Jeremías    18, 18-20

 

Ellos dijeron: « ¡Vengan, tramemos un plan contra Jeremías, porque no le faltará la instrucción al sacerdote, ni el consejo al sabio, ni la palabra al profeta! Vengan, inventemos algún cargo contra él, y no prestemos atención a sus palabras.»

¡Préstame atención, Señor, y oye la voz de los que me acusan! ¿Acaso se devuelve mal por bien para que me hayan cavado una fosa? Recuerda que yo me presenté delante de ti para hablar en favor de ellos, para apartar de ellos tu furor.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 30, 5-6. 14. 15- 16 (R.: 17b)

 

R.    Sálvame, Señor, por tu misericordia.

 

Sácame de la red que me han tendido,

porque tú eres mi refugio.

Yo pongo mi vida en tus manos:

tú me rescatarás, Señor, Dios fiel. R.

 

Oigo los rumores de la gente

y amenazas por todas partes,

mientras se confabulan contra mí

y traman quitarme la vida. R.

 

Pero yo confío en ti, Señor,

y te digo: «Tú eres mi Dios,

mi destino está en tus manos.»

Líbrame del poder de mis enemigos

y de aquellos que me persiguen. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    20, 17-28

 

Cuando Jesús se dispuso a subir a Jerusalén, llevó consigo sólo a los Doce, y en el camino les dijo: «Ahora subimos a Jerusalén, donde el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas. Ellos lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos para que sea maltratado, azotado y crucificado, pero al tercer día resucitará.»

Entonces la madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús, junto con sus hijos, y se postró ante él para pedirle algo.

« ¿Qué quieres?», le preguntó Jesús.

Ella le dijo: «Manda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.»

«No saben lo que piden», respondió Jesús. « ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé?»

«Podemos», le respondieron.

«Está bien, les dijo Jesús, ustedes beberán mi cáliz. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes se los ha destinado mi Padre.»

Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: «Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo: como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Jeremías había denunciado los pecados del pueblo y, en especial, los pecados de los jefes del pueblo, de los representantes oficiales de la ley religiosa; era su deber como profeta, y lo hacía en nombre de Dios para suscitar la conversión.
  • La lectura nos describe el complot contra Jeremías, por parte de sus hermanos de raza y de fe, por los cuales ha intercedido el profeta. Lo acusan de “perturbador del orden” y lo espían para sorprenderlo en algo de qué acusarlo, y de ese modo acabar con él y desentenderse de su palabra porque no pueden dejar de reconocerlo como profeta. La súplica que dirige a Dios en esta circunstancia, es el clamor del justo que se ve perseguido a causa de la misión que Dios le ha confiado.
  • El profeta se lamenta ante Dios de que los mismos a quienes él sirve con la palabra y por quienes intercede, ahora lo persiguen.

***

  • Jesús y sus discípulos suben a Jerusalén que era el centro del poder judío. En este camino, Jesús les advierte a sus discípulos que le espera la muerte, al igual que todo aquel que asumiendo su causa con radicalidad anuncia el Reino de Dios. Este es el tercero de los anuncios que hace de su pasión a sus asustados seguidores, que no entienden o no quieren entender que el Hijo del Hombre ha venido a dar su vida por muchos.
  • Los discípulos de Jesús estaban convencidos de que el mesianismo de Jesús era la inauguración de un tiempo de fortalecimiento político y militar. Los criterios de aquellos apóstoles eran exactamente los criterios de este mundo: el poder, el prestigio, el éxito humano; y no habían entendido que el mesianismo de Jesús iba por el servicio y la entrega al hermano, dando incluso la vida si fuera necesario.
  • La madre de los Zebedeo, le pide a Jesús que otorgue puestos importantes a sus hijos en el “reino” que Jesús iba a iniciar. Ella estaba imaginando el Reino al estilo del reino de David.
  • Jesús se ve precisado a enseñar que es necesario, cambiar los esquemas que tienen hasta ahora, para dar paso a la novedad del Evangelio y a la fuerza del Espíritu, para que sea posible una nueva sociedad en la que todos sean hermanos entre sí, hijos de un Padre común. Esa nueva realidad será posible con un «nuevo espíritu» que haga que los hombres busquen ser los primeros en ser servir. Todo esto Jesús lo predica con su palabra, con su vida y sus hechos. La indignación de los otros diez es porque ellos esperaban lo mismo para sí. Ante el triunfalismo de sus seguidores, Jesús les promete que enfrentarán su misma prueba. Por otro lado, el “lugar” pedido, sólo depende del juicio del Padre, y se realizará sobre la base de la asimilación del proyecto del reino de Jesús, realizada por cada uno.
  • En nuestro camino de preparación de la Pascua se nos propone hoy el modelo de Cristo Jesús, que camina decididamente en el cumplimiento de su misión. Va camino de la cruz y de la muerte, el camino de la solidaridad y de la salvación de todos. «No ha venido a ser servido, sino a dar la vida por los demás». Se trata de otro tipo de preeminencia, la del servicio, que impulsa a la búsqueda del último lugar.
  • En este mundo, en el que se busca contemporizar y seguir las consignas de búsqueda del bienestar personal, independientemente de lo que vive el resto; el camino de la Pascua es camino de vida nueva, de renuncia al mal, de imitación de un Cristo que se entrega totalmente, que nos enseña no a buscar los primeros puestos, sino a ser los servidores de los demás. Estas son las leyes del nuevo Reino presentes y vivas en la conciencia y en la práctica de Jesús.
  • En este Evangelio encontramos una serie de características que tiene que tener nuestra vida de discípulos: estar dispuestos a servir a los demás, estar dispuestos a beber el cáliz del Señor, y estar dispuestos a ir con Cristo, como corredentores, por el bien de los todos los hombres, especialmente de los más pobres y de los excluidos de nuestra sociedad.
  • Nuestro camino hacia la Gloria tendrá que pasar, necesariamente, por la cruz de cada día. Aún los actos más pequeños y aparentemente insignificantes, deben contribuir para que el anuncio del Evangelio llegue a todos. Si queremos ser importantes, tal vez no ante los hombres pero sí ante Dios, convirtámonos en servidores fieles del Evangelio que se nos ha confiado.

 

Para discernir

 

  • ¿A qué lugares aspiro en la vida?
  • ¿Cómo busco conseguirlos?
  • ¿Qué espacio le doy al amor y al servicio?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

…En tus manos encomiendo mi espíritu…

 

Para la lectura espiritual   

 

…La ley de Cristo sólo puede vivirse por corazones mansos y humildes. Cualquiera que sean sus dones personales y su puesto en la sociedad, sus funciones o sus bienes, su clase o su raza, los cristianos permanecen como personas humildes: pequeños.

Pequeños ante Dios, porque son creados por Él y de Él dependen. Cualquiera que sea el camino de la vida o de sus bienes, Dios está en el origen y fin de toda cosa. Mansos como niños y débiles y amantes, cercanos al Padre fuerte y amante. Pequeños porque están ante Dios, porque saben pocas cosas, porque son limitados en conocimiento y amor, porque son capaces de muy poco. No discuten la voluntad de Dios en los acontecimientos que suceden ni lo que Cristo ha mandado hacer: en tales acontecimientos, sólo cumplen la voluntad de Dios.

Pequeños ante los hombres. Pequeños, no importantes, no superhombres: sin privilegios, sin derechos, sin posesiones, sin superioridad. Mansos, porque son tiernamente respetuosos con lo creado por Dios y está maltratado o lesionado por la violencia. Mansos, porque ellos mismos son víctimas del mal y están contaminados por el mal. Todos tienen la vocación de perdonados, no de inocentes. El cristiano es lanzado a la lucha. No tiene privilegios. No tiene derechos. Tiene el deber de luchar contra la desdicha, consecuencia del mal. Por esta razón, sólo dispone de un arma: su fe. Fe que debe proclamar, fe que transforma el mal en bien, si sabe acoger el sufrimiento como energía de salvación para el mundo; si morir para él es dar la vida; si hace suyo el dolor de los demás.

En el tiempo, por su palabra y sus acciones, a través de su sufrimiento y su muerte, trabaja como Cristo, con Cristo, por Cristo…

 

M. Delbrél, La alegría de creer, Santander 1997.

 

Para rezar

 

Hijo, habla así en cualquier cosa:

Señor, si te agrada, hágase esto así.

Señor, si es honra tuya, hágase esto en tu nombre.

Señor, si ves que lo que me conviene

y hallas que me es provechoso,

concédemelo, para que use de ello a honra tuya.

Más si conoces que puede hacerme daño

y nada provechoso a la salvación de mi alma,

desvía de mí tal deseo.

Porque no todo deseo procede del Espíritu Santo,

aunque parezca justo y bueno al hombre.

Dame lo que quieras, y cuanto quieras y cuando quieras.

Haz conmigo como lo que sabes, y como más desees,

y sea para mayor honra tuya.

 

Adap.de la Imitación de Cristo, III, 15,1-2.

 

Jueves de la semana II

Bendito el que confía en el Señor

 

Lectura del libro del profeta Jeremías    17, 5-10

 

Así habla el Señor: ¡Maldito el hombre que confía en el hombre y busca su apoyo en la carne, mientras su corazón se aparta del Señor! El es como un matorral en la estepa que no ve llegar la felicidad; habita en la aridez del desierto, en una tierra salobre e inhóspita.

¡Bendito el hombre que confía en el Señor y en él tiene puesta su confianza! El es como un árbol plantado al borde de las aguas, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme cuando llega el calor y su follaje se mantiene frondoso; no se inquieta en un año de sequía y nunca deja de dar fruto.

Nada más tortuoso que el corazón humano y no tiene arreglo: ¿quién puede penetrarlo? Yo, el Señor, sondeo el corazón y examino las entrañas, para dar a cada uno según su conducta, según el fruto de sus acciones.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6 (R.: 39, 5a)

 

R.    ¡Feliz el que pone en el Señor toda su confianza!

 

¡Feliz el hombre

que no sigue el consejo de los malvados,

ni se detiene en el camino de los pecadores,

ni se sienta en la reunión de los impíos,

sino que se complace en la ley del Señor

y la medita de día y de noche! R.

 

El es como un árbol

plantado al borde de las aguas,

que produce fruto a su debido tiempo,

y cuyas hojas nunca se marchitan:

todo lo que haga le saldrá bien. R.

 

No sucede así con los malvados:

ellos son como paja que se lleva el viento.

Porque el Señor cuida el camino de los justos,

pero el camino de los malvados termina mal. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    16, 19-31

 

Jesús dijo a los fariseos:

«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino finísimo y cada día hacía espléndidos banquetes. A su puerta, cubierto de llagas, yacía un pobre llamado Lázaro, que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamer sus llagas.

El pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. El rico también murió y fue sepultado.

En la morada de los muertos, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro junto a él. Entonces exclamó: “Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en el agua y refresque mi lengua, porque estas llamas me atormentan.”

“Hijo mío, respondió Abraham, recuerda que has recibido tus bienes en vida y Lázaro, en cambio, recibió males; ahora él encuentra aquí su consuelo, y tú, el tormento. Además, entre ustedes y nosotros se abre un gran abismo. De manera que los que quieren pasar de aquí hasta allí no pueden hacerlo, y tampoco se puede pasar de allí hasta aquí.”

El rico contestó: “Te ruego entonces, padre, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos: que él los prevenga, no sea que ellos también caigan en este lugar de tormento.”

Abraham respondió: “Tienen a Moisés y a los Profetas; que los escuchen.”

“No, padre Abraham, insistió el rico. Pero si alguno de los muertos va a verlos, se arrepentirán.”

Abraham respondió: “Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán.”»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El desierto es el símbolo de la desgracia, es el lugar maldito donde no es posible desarrollarse, la tierra árida que engendra muerte. El hombre sin Dios es como un desierto, vacío dice el profeta, desde esta meditación sapiencial.
  • Como contrapartida proclama bendito aquel que pone su esperanza en el Señor, pues no será defraudado. Es maldito quien pone su confianza en el hombre, en las propias fuerzas.
  • Dios quiere la vida, quiere la felicidad, quiere bendición para todos.
  • Las orillas del agua, echar sus raíces hacia la corriente, no temer el calor; el follaje verde, el fruto continuo son símbolos de alegría, de fecundidad, de solidez, de vida: El justo es comparado a un árbol frutal corpulento lleno de frutos sabrosos.

***

  • Esta historia en forma de parábola tiene sus raíces en la vida misma del pueblo. Ya en ese tiempo se daban muchas desigualdades, injusticias, gente demasiado rica y gente demasiado pobre. Jesús ha visto hombres ricos vestidos de púrpura y lino finísimo, teniendo cada día espléndidos banquetes. Este rico puso toda su confianza en lo humano. Lo apostó todo a la riqueza, al placer, a disfrutar a consumir y sacar provecho.
  • También Jesús ha visto estos mendigos tirados en las puertas de la ciudad cubiertos de llagas, deseando saciarse con las migajas que caían de la mesa de los ricos y a los perros lamiéndoles las llagas.
  • Murió el mendigo y se lo llevaron los ángeles; al pobre se le promete la felicidad. Murió también el rico y estaba en los tormentos. Esta suerte injusta no durará siempre: Jesús anuncia un día, un porvenir en el que los egoísmos y las injusticias ya no existirán.
  • La misma situación existe siempre. Hay siempre grandes fortunas, gente que gasta de un modo escandaloso… y a la vez pobres que no tienen lo necesario para vivir humanamente.
  • Jesús nos pide que no nos habituemos a esta situación. No dice que la riqueza sea un mal en sí, pero lleva en sí misma el riesgo de “cerrar el corazón a Dios”, que nos contentemos con la felicidad de esta vida y olvidemos lo que es esencial. La riqueza comporta el riesgo de “cerrar el corazón a los demás” y no ver al pobre tendido delante de nuestra puerta.
  • El egoísmo de muchos “ricos”, su seguridad, su cerrazón del corazón, acaban por hacerlos “incapaces de leer los signos de Dios”. La muerte no les dice nada; ni la resurrección de un muerto llegará a convencerlos. Han perdido el hábito de ver los “signos” que Dios les hace en su vida ordinaria. Reclamar “signos” es un pretexto para no escuchar y vivir la “palabra de Dios”, que no cesa de hablar desde la realidad.
  • Las palabras de Jesús pretenden enseñar a la comunidad cómo es necesario ir construyendo el Reino poniendo aquí sus señales. Porque el Reino empieza a acontecer cuando se rompe la barrera de las apariencias, conveniencias, legalismo, divisiones que no producen vida; y se logra vivir la misericordia y la solidaridad con todos. Las cosas hay que hacerlas en este mundo, después ya no tiene sentido.
  • Este relato evangélico, pretende formar la conciencia de la comunidad para una superación de las divisiones, y para que testimonie que es posible un mundo donde todos vivamos como hermanos, con la misma dignidad, y donde todos compartamos los mismos bienes de la creación.
  • No hemos sido creados para este mundo pasajero y limitado, sino para la vida eterna. No tenemos que esperar el juicio escatológico de Dios, para empezar a cimentar nuestra sociedad, con principios de igualdad y justicia que brotan de nuestro ser hijos de Dios.

 

Para discernir

 

  • ¿Dónde está centrada mi mirada?
  • ¿Puedo mirar más allá de mis aparentes necesidades?
  • ¿Puedo descubrir que hay una realidad más amplia que el mundo de mis gratificaciones?
  • ¿Descubro los Lázaros que me gritan en busca de una respuesta?
  • ¿Mi caridad con los otros es simplemente institucional, puntual o la siento como un compromiso del corazón?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

…”Dichosos los invitados a la mesa del Señor”…

 

Para la lectura espiritual

 

…Quien sabe olvidarse y perderse en la ofrenda de sí mismo, quien puede sacrificar “gratuitamente” su corazón, es un hombre perfecto. En el lenguaje bíblico, poderse dar, poder entregarse, poder llegar a ser “pobre”, significa estar cerca de Dios, encontrar la propia vida escondida en Dios; en una palabra, esto es el cielo. Girar sólo alrededor de uno mismo, atrincherarse y hacerse fuerte significa, por el contrario, condenación, infierno. El hombre puede encontrarse a sí mismo y llegar a ser verdaderamente hombre solamente atravesando el dintel de la pobreza de un corazón sacrificado. Este sacrificio no es un vago misticismo que hace perder consistencia al mundo y al hombre, sino, al contrario, es una toma de consideración del hombre y del mundo. Dios mismo se ha acercado a nosotros como hermano, como prójimo; en resumen, como otro hombre cualquiera [...].

El amor al prójimo no es algo distinto del amor a Dios, sino, por así decir, su dimensión que nos toca, su aspecto terreno: ambas realidades son esencialmente una sola. Así queda garantizado nuestro espíritu de pobreza, nuestra disposición a la donación y al sacrificio desinteresado, por el que actualizamos nuestro ser humanos, siempre y necesariamente en relación con el hermano, con el prójimo. Dichoso el hombre que se ha puesto al servicio del hermano, que hace suyas las necesidades de los demás. Y desdichado el hombre que con su rechazo egoísta del hermano se ha cavado un abismo tenebroso que lo separa de la luz, del amor y de la comunión; el hombre que solamente ha deseado ser “rico” y “fuerte”, de suerte que los demás sólo constituyan para él una tentación, el enemigo, condición y componente de su infierno. En el sacrificio que se olvida totalmente de sí, en la donación total al otro es donde se abre y se revela la profundidad del misterio infinito; en el otro, el hombre llega contemporáneamente y realmente a Dios…

 

J. B. Metz, Pobreza en el espíritu., Brescia 1968, 42-45.

 

Para rezar

 

¡Feliz de ti!

¡Feliz de ti si tienes hambre y sed de justicia!

Feliz de ti si creces y luchas

buscando los valores de la justicia,

en medio del mezclado torbellino,

de bien y de mal, que te rodea desde afuera

y que te perturba desde adentro.

 

Feliz de ti si no terminas siendo víctima y cómplice

de las injusticias que te cercan;

si no te dejas alienar en superficialidad

del confort y del consumo,

de la propaganda y de la moda…,

mientras otros luchan y sufren

por el pan de cada día.

 

Feliz de ti si creces sensible a las necesidades

de tus hermanos;

si creces solidario con los otros;

si sientes y aceptas el desafío

de sentirte responsable de los otros…

 

Feliz de ti si la justicia se constituye

en un ideal para tu vida

de manera que no sólo te rebeles

cuando te alcanza y te hiere a ti,

sino también cuando golpea a tus hermanos.

 

Viernes de la semana II

Arrendará la viña a quienes le entreguen fruto

 

Lectura del libro del Génesis    37, 3-4. 12-13a. 17b-28

 

Israel amaba a José más que a ningún otro de sus hijos, porque era el hijo de su vejez, y le mandó hacer una túnica de mangas largas. Pero sus hermanos, al ver que lo amaba más que a ellos, le tomaron tal odio que ni siquiera podían dirigirle el saludo.

Un día, sus hermanos habían ido hasta Siquém para apacentar el rebaño de su padre. Entonces Israel dijo a José: «Tus hermanos están con el rebaño en Siquém. Quiero que vayas a verlos.»

José fue entonces en busca de sus hermanos, y los encontró en Dotán.

Ellos lo divisaron desde lejos, y antes que se acercara, ya se habían confabulado para darle muerte. «Ahí viene ese soñador», se dijeron unos a otros. « ¿Por qué no lo matamos y lo arrojamos en una de esas cisternas? Después diremos que lo devoró una fiera. ¡Veremos entonces en qué terminan sus sueños!»

Pero Rubén, al oír esto, trató de salvarlo diciendo: «No atentemos contra su vida.» Y agregó: «No derramen sangre. Arrójenlo en esa cisterna que está allá afuera, en el desierto, pero no pongan sus manos sobre él.» En realidad, su intención era librarlo de sus manos y devolverlo a su padre sano y salvo.

Apenas José llegó al lugar donde estaban sus hermanos, estos lo despojaron de su túnica -la túnica de mangas largas que llevaba puesta- , lo tomaron y lo arrojaron a la cisterna, que estaba completamente vacía. Luego se sentaron a comer.

De pronto, alzaron la vista y divisaron una caravana de ismaelitas que venían de Galaad, transportando en sus camellos una carga de goma tragacanto, bálsamo y mirra, que llevaban a Egipto.

Entonces Judá dijo a sus hermanos: « ¿Qué ganamos asesinando a nuestro hermano y ocultando su sangre? En lugar de atentar contra su vida, vendámoslo a los ismaelitas, porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne.» Y sus hermanos estuvieron de acuerdo.

Pero mientras tanto, unos negociantes madianitas pasaron por allí y retiraron a José de la cisterna. Luego lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas de plata, y José fue llevado a Egipto.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 104, 16-17. 18-19. 20-21 (R.: 5a)

 

R.    Recuerden las maravillas que obró el Señor.

 

El provocó una gran sequía en el país

y agotó todas las provisiones.

Pero antes envió a un hombre,

a José, que fue vendido como esclavo. R.

 

Le ataron los pies con grillos

y el hierro oprimió su garganta,

hasta que se cumplió lo que él predijo,

y la palabra del Señor lo acreditó. R.

 

El rey ordenó que lo soltaran,

el soberano de pueblos lo puso en libertad;

lo nombró señor de su palacio

y administrador de todos sus bienes. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    21, 33-46

 

Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

«Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero.

Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos. Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon. El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera.

Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: “Respetarán a mi hijo.” Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: “Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia.” Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron.

Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?»

Le respondieron: «Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo.»

Jesús agregó: « ¿No han leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos?

Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos.»

Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos. Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar   

 

  • La narración del Génesis quiere explicar de modo simbólico la historia de la tribu de José y el lugar especial que ocupaban sobre las demás tribus. En los planes de Dios, José estaba destinado a ser la salvación de su pueblo, pero antes tiene que pasar por la prueba y la mortificación. La envidia y el odio de sus hermanos, traza el camino que Dios utilizará para salvar a toda su familia.
  • No es que Dios necesite ese odio para realizar esa salvación, pero una vez que el mal se instala, existe y actúa; en eso y a pesar de eso, Dios actúa y se sirve de acontecimientos aparentemente contrarios a su proyecto, para llevarlo adelante.
  • José, traicionado por sus hermanos, será quien los salvará, cuando venga el hambre, y vayan a Egipto donde encontrarán al hermano que vendieron convertido en el hombre fuerte del país.

***

  • La parábola que presenta el evangelio va en la misma dirección y con muchos puntos en común: los labradores homicidas se comportan como los hermanos de José.
  • Jesús habla de un «hijo» enviado para cosechar los frutos de una viña, y que los viñadores matan, para quitárselo de encima. Es el anuncio de su propia muerte.
  • Los viñadores son las autoridades del pueblo que no han dado los frutos oportunos, el amo arrendará la viña a “otros labradores”. Sin embargo la perseverancia de Dios va hasta el final. Sacrifica lo que es más precioso para Él: “De tal manera ha amado Dios al mundo que le ha enviado su propio hijo”. Todo el texto es una alegoría que subraya que la buena noticia de Jesús, dirigida en primer término al pueblo de Israel, será dada a todos los pueblos. En apariencia es un fracaso absoluto de Dios, pero de hecho, su victoria más grande.
  • En el camino de la Cuaresma, los dos relatos bíblicos nos “hablan” de Jesús. También Él, igual que José es un soñador. Amado por el Padre, sueña con hacer ver a todos los seres humanos su condición de hijos de Dios. Sueña con un mundo en el que el reinado de Dios acabe con la violencia, la injusticia, la inhumanidad. Pero no se limita a soñar. Entrega su vida, como gesto real y concreto que permita descubrir el Dios que de la muerte hace surgir la vida. En la parábola de la viña, Jesús concreta su propia historia de amor y marca la pauta para la historia de cuántos quieran seguir sus pasos.
  • Nuestro camino de Pascua supone también aceptar la cruz de Cristo. Convencidos de que, como Dios escribe derecho en renglones torcidos; también nuestro dolor o nuestra renuncia, como los de Cristo, conducen a la vida. Ser cristiano no es esencialmente la aceptación de una doctrina, sino de una Persona, Jesucristo en la totalidad de su mensaje y de su vida, con sus criterios y su modo de ser en lo cotidiano, que se hace portador de salvación.
  • Por experiencia sabemos que seguir a Jesús con radicalidad no es fácil. La ambigüedad de nuestro propio corazón, el miedo a la oposición y a la incomprensión; la tentación del cansancio y del desaliento están agazapadas para llevarnos a desistir del evangelio cuando no vemos resultados inmediatos de nuestro trabajo y nuestra entrega.
  • Sin embargo, el Señor nos confirma desde la vida de tantos hombres y mujeres que han trabajado y trabajan para que este mundo no sucumba a merced del pecado, la injusticia y el desamor, que “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular”.
  • La convicción de esta verdad, el triunfo del amor al estilo de Jesús, es lo que guía y anima a los discípulos de Jesús a ser constructores activos de un mundo que viva desde la novedad del reino. Ese es el “milagro patente” que Dios puede hacer con nosotros, si nos abandonamos a la fuerza de su Palabra y respondemos con generosidad a su invitación.
  • Lo “sumos sacerdotes y los fariseos” no aprovecharon esta oportunidad, y nosotros no estamos exentos de repetir la historia. El llamado es a construir una nueva historia, más humana, más fraterna, más evangélica. Los frutos nos irán diciendo si estamos sembrando un Evangelio parcial, a medida, de temor y acostumbramiento mediocre, o el Evangelio del Reino de la vida, del amor, “el derecho, la verdad, la solidaridad y la justicia”.
  • Este tiempo de cuaresma es un tiempo de gracia para mirar como administro los bienes y los dones que Dios me ha dado.

     

Para discernir

 

  • ¿Cuál es el fruto que Dios espera de mí?
  • ¿Cuál es el fruto que mi vida necesita para que sea fecunda?
  • ¿Acepto la poda o prefiero muchas veces destruir la viña?
  • ¿Qué sacrificio quiero que Dios por su gracia transfigure?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

…Me ha revestido con un traje de salvación…

 

Para la lectura espiritual

 

…”La única realidad inquebrantable en la historia de José, que no se ha perdido, aunque se haya olvidado, incomprendida, no asumida conscientemente, es el amor de Jacob. El amor de Jacob que vive en los hijos y no puede ser pisoteado, muerto, olvidado, porque resucitará en los mismos hijos como amor fraterno. Existe un valor, al que podemos llamar “el valor”, que está en el fondo de todos los deseos, de todos los esfuerzos, de toda la actividad humana, y es el amor del Padre, el amor con que crea a todo hombre. El hombre puede vivir desvinculado de este amor, incluso negando este amor, pero nunca podrá destruirlo, porque es un valor que resucita siempre; es la realidad que actúa en la pascua. A veces hablamos acaloradamente sobre los valores, pero la historia de José nos dice que cada
valor es valor si crece a
partir de este único valor fundante que es el amor del Padre vivido en los hijos, resucitado en los hermanos. Un valor es valor si ayuda a las personar a adherirse libremente al organismo de la fraternidad de todos los hombres.

Lo que no ayuda a la libre adhesión, a la fraternidad, a la comunicación cada vez más universal, a descubrir la unidad del amor que crea a todos y que se ejercita al reconocerse uno al otro, no es valor; es ilusión, engaño, una especie de idolatría cultural. Al final de la historia de José, en una carestía, en una tragedia fratricida a la que lleva una falsa cultura, emerge una cultura del amor o, mejor, una cultura entendida como un tejido en el que la actividad humana, su creatividad, respira y recibe vida del único valor indestructible, que es el amor del Padre y mueve el universo hacia una filiación y fraternidad consciente”…

 

M. I. Rupnik, “Busco a mis hermanos”. Lectio divina de José en Egipto, Roma 1998, 106s.

 

Para rezar

 

Oración de San Francisco

 

Señor; haz de mi un instrumento de tu paz.

Donde haya odio pueda yo amar,

donde haya ofensa ponga yo perdón,

donde haya discordia ponga yo unión,

donde haya duda ponga yo seguridad.

Donde haya desesperación, ponga yo esperanza.

Donde haya tinieblas ponga yo luz.

Donde haya tristeza ponga yo alegría.

Oh Maestro

que no busque tanto ser consolado como consolar

ser comprendido como comprender

ser amado como amar.

Porque es dando que se recibe

es olvidando que se encuentra

es perdonando que se perdona

es muriendo que se nace a la vida eterna.

Sábado de la semana II

Arrojarás en lo más profundo del mar nuestros pecados

 

Lectura de la profecía de Miqueas     7, 14-15. 18-20

 

Apacienta con tu cayado a tu pueblo, al rebaño de tu herencia, al que vive solitario en un bosque, en medio de un vergel. ¡Que sean apacentados en Basán y en Galaad, como en los tiempos antiguos! Como en los días en que salías de Egipto, muéstranos tus maravillas.

¿Qué dios es como tú, que perdonas la falta y pasas por alto la rebeldía del resto de tu herencia? El no mantiene su ira para siempre, porque ama la fidelidad.

El volverá a compadecerse de nosotros y pisoteará nuestras faltas. Tú arrojarás en lo más profundo del mar todos nuestros pecados. Manifestarás tu lealtad a Jacob y tu fidelidad a Abraham, como lo juraste a nuestros padres desde los tiempos remotos.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 102, 1-2. 3-4. 9-10. 11-12 (R.: 8a)

 

R.    El Señor es bondadoso y compasivo.

 

Bendice al Señor, alma mía,

que todo mi ser bendiga a su santo Nombre;

bendice al Señor, alma mía,

y nunca olvides sus beneficios. R.

 

El perdona todas tus culpas

y cura todas tus dolencias;

rescata tu vida del sepulcro,

te corona de amor y de ternura. R.

 

No acusa de manera inapelable

ni guarda rencor eternamente;

no nos trata según nuestros pecados

ni nos paga conforme a nuestras culpas. R.

 

Cuanto se alza el cielo sobre la tierra,

así de inmenso es su amor por los que lo temen;

cuanto dista el oriente del occidente,

así aparta de nosotros nuestros pecados. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas     15, 1-3. 11b-32

 

Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos.» Jesús les dijo entonces esta parábola:

«Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte de herencia que me corresponde.” Y el padre les repartió sus bienes.

Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa.

Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones. Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos. El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.

Entonces recapacitó y dijo: “¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!” Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: “Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros.”

Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.

El joven le dijo: “Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo.”

Pero el padre dijo a sus servidores: “Traigan enseguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos, porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado.” Y comenzó la fiesta.

El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza. Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó qué significaba eso.

El le respondió: “Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo.”

El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara, pero él le respondió: “Hace tantos años que te sirvo, sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos. ¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!”

Pero el padre le dijo: “Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado.”»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Con el texto de hoy termina el libro de Miqueas. El profeta habla para alentar al pueblo y estimularlo a mantener firme su fe en Yahvé. Suplica a Dios que no abandone a su pueblo, sino que realice en él las promesas, de manera que Israel, ahora triste y abatido, pueda rehacer su vida. En la segunda parte de la lectura, el profeta se llena de gozo pensando en el futuro perdón de Dios, como garantía de las promesas que se van obrando entre los altibajos de la historia humana.
  • Desde una imagen rural y poética de las ovejas perdidas en el monte bajo, que esperan que vaya el pastor a liberarlas y conducirlas a los verdes pastizales, nos va revelando el sentir de Dios.
  • El pasado es garante del presente. Lo que Dios hizo antaño es garantía de lo que continuará haciendo.

***

  • En el evangelio, con la narración de la parábola del «padre que recibe al hijo que vuelve» se marca una continuidad de los sentimientos de Dios que aparecen en el Antiguo Testamento.
  • La parábola presenta toda la riqueza del amor y de la misericordia de Dios: el Padre está siempre dispuesto a acoger sin reservas, a todos los hombres que quieran ponerse en sus manos. Creer por nuestra autosuficiencia que somos capaces de salvarnos nosotros solos, es la única barrera que impide la realización de este amor de Dios.
  • El Padre no desespera jamás de sus hijos; constituye el centro de la parábola, y es lo que Jesús nos invita a contemplar.
  • Un padre respetuoso de la libertad y de la autonomía de sus dos hijos, con dolor deja partir al menor que le ha pedido parte de su herencia; aún así, mantiene la esperanza de que algún día comprenderá su amor.
  • Un hijo quiere vivir su vida, se niega a estar sometido, cree que será más libre si está totalmente independizado. La rebelión típica de nuestro tiempo y de todos los tiempos: “el rechazo del padre” que lleva al rechazo de Dios. Característica del mundo moderno. El fenómeno global del ateísmo.
  • Al pasar hambre se arrepiente, se levanta y parte hacia su padre que estando aún lejos, lo vio y corrió a él para abrazarlo. Tanta es la alegría, que manda traer la túnica más bella, un anillo, unas sandalias… hace preparar una fiesta. Es así como el padre acoge al hijo “que vuelve”.
  • El otro hijo, el que había permanecido en casa fiel a la obediencia, no puede entender esa actitud de perdón y rabioso contra su hermano y resentido contra su mismo padre decide automarginarse.
  • Jesús le habla a los dirigentes judíos, que lo critican a raíz de que recibe en nombre del Padre, tanto a los pecadores, como a prostitutas, recaudadores de impuestos, etc. Jesús estaba ofreciendo perdón y dando acogida a los que estaban fuera de la ley. Con esto, todos los cumplidores de la Ley, creían que se les quitaba el derecho de precedencia a ellos y a todos los que guardaban celosamente todas las prescripciones legales.
  • Jesús no cesa de mostrar a los jefes judíos que impedían la participación en el Reino de los declarados pecadores e impuros, que el amor de Dios Padre no discrimina ni excluye a nadie.
  • Para Jesús la entrada al Reino no tiene límites; porque el Amor del Padre es gratuito y lo da a quien Él quiere y a quien está dispuesto a recibirlo. El perdón y la misericordia es lo que abre las puertas al Reino.
  • Cuaresma es un tiempo favorable para mirarnos en la actitud de Jesús y en el corazón del Padre. Ellos son el fundamento de nuestro retorno y de nuestra conversión. La enseñanza de Jesús contrasta con muchas de nuestras actitudes. En diversas oportunidades nos volvemos obstáculo para que el perdón y el amor de Dios se realice entre los hombres con los juicios implacables, las condiciones que ponemos para el perdón, despreciando todo lo que se aleja de esa medida.
  • Tiempo de Cuaresma, oportunidad para vivir la experiencia gozosa de la paternidad de Dios, porque nos sentimos perdonados por Aquel que “es compasivo y misericordioso”. Dios nos recibe siempre y desea que hagamos lo mismo con los demás. Dios nunca se pone contra nosotros, incluso cuando pecamos. Se pone más a nuestro lado, y en contra de todos lo que huele a pecado, a desamor, a injusticia.
  • El único agradecimiento que quiere es aceptar su amor siendo comprensivos, perdonadores y misericordiosos con nuestros hermanos. Así participaremos y compartiremos con Dios y con los demás la fiesta gozosa del perdón.

 

Para discernir

 

  • ¿Percibo a ese Dios Padre Abbá como el hijo menor antes de irse de casa?
  • ¿Lo percibo como el hijo mayor lo percibía, sin esperanza ni alegría?
  • ¿Somos intransigentes e intolerantes como él?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

…Cambiaste mi luto en danzas…

 

Para la lectura espiritual

 

El Dios cristiano es el Dios de la esperanza no sólo en el sentido de que es el Dios de la promesa y por ello fundamento y garantía de la esperanza humana, sino también en el sentido de un Dios que sabe festejar este retorno [...].

La humildad y la esperanza de Dios no dejan de esperar a sus hijos con un amor más fuerte que todo el no-amor con el que puede ser correspondido. Dios ama como sólo una madre sabe amar, con un amor que irradia ternura. El misterio de la maternidad divina es icono de la capacidad de un amor radiante y gratuito, más fiel que cualquier infidelidad humana. Dios espera siempre, humilde y ansioso, el consentimiento de su criatura como —según subraya san Bernardo— hizo con el “sí” de María.

La parábola nos pone ante un padre que no teme perder la propia dignidad, incluso parece ponerla en peligro. La autoridad de un padre no está en las distancias que más o menos mantiene, sino en el amor radiante que
manifiesta [...]. Este es el intrépido amor de Dios: la intrepidez de romper falsas seguridades aparentes, para vivir la única seguridad que es la del amor más fuerte que la del no-amor; la intrepidez de ir al encuentro del otro superando las distancias protectoras que nuestra incapacidad de amor con frecuencia pretende levantar en torno nuestro…

 

B. Forte, En memoria del Salvador, Cisinello B. 1992, 68s.

 

Para rezar

 

Te busco Señor

Mi corazón te busca a ti, Dios mío,

tiene sed y tiene hambre,

y tiene ganas de ti,

como el niño hambriento que busca el pan.

En mi camino muchas veces no te he buscado y me he perdido.

Mi pecado, mi desorden, mi egoísmo

y mi orgullo cegaron la búsqueda.

Mis limitaciones se convirtieron en lágrimas

que mojaron mi pan; y al comerlo

me preguntaba de nuevo: Dónde está Dios?

Manda tu gracia, rompe la dureza de mi corazón;

haz día de mi noche y noche de mi día;

abre mi corazón en plegaria silenciosa

y que llegue a tí con el amor.

Dios de mi vida: quiero tu vida,

necesito tu vida, llena mi vida.

Envíame tu luz y tu verdad, que ellas me guíen;

envíame tu Espíritu que me conduzca

a la verdad plena.

Quiero llegar hasta tu casa y cantarte,

Dios de mi alegría. Te encontraré, te miraré a los ojos,

te alabaré como un niño feliz,

y mi vida se sentirá segura y llena con tu presencia.

 

 

 

 

 

 

 


 

TIEMPO DE CUARESMA – SEMANA DE CENIZA

Miércoles de Ceniza

 

Tu Padre que ve en lo secreto te recompensará

 

 

Jueves de Ceniza

 

Pongo delante de ti la bendición y la maldición

 

 

Viernes de Ceniza

 

Este es el ayuno que yo amo

 

 

Sábado de Ceniza

 

Yo he venido a llamar a los pecadores

 

Miércoles de Ceniza

 

Tu Padre que ve en lo secreto te recompensará

 

PRIMERA LECTURA

Lectura de la profecía de Joel    2, 12-18

 

Ahora dice el Señor: Vuelvan a mí de todo corazón, con ayuno, llantos y lamentos. Desgarren su corazón y no sus vestiduras, y vuelvan al Señor, su Dios, porque él es bondadoso y compasivo, lento para la ira y rico en fidelidad, y se arrepiente de sus amenazas. ¡Quién sabe si él no se volverá atrás y se arrepentirá, y dejará detrás de sí una bendición: la ofrenda y la libación para el Señor, su Dios!

¡Toquen la trompeta en Sión, prescriban un ayuno, convoquen a una reunión solemne, reúnan al pueblo, convoquen a la asamblea, congreguen a los ancianos, reúnan a los pequeños y a los niños de pecho! ¡Que el recién casado salga de su alcoba y la recién casada de su lecho nupcial!

Entre el vestíbulo y el altar lloren los sacerdotes, los ministros del Señor, y digan: « ¡Perdona, Señor, a tu pueblo, no entregues tu herencia al oprobio, y que las naciones no se burlen de ella! ¿Por qué se ha de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios?»

El Señor se llenó de celos por su tierra y se compadeció de su pueblo.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 50, 3-4. 5-6a. 12-13. 14 y 17 (R.: cf. 3a)

 

R.    Ten piedad, Señor, porque hemos pecado.

 

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,

por tu gran compasión, borra mis faltas!

¡Lávame totalmente de mi culpa

y purifícame de mi pecado! R.

 

Porque yo reconozco mis faltas

y mi pecado está siempre ante mí.

Contra ti, contra ti solo pequé

e hice lo que es malo a tus ojos. R.

 

Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,

y renueva la firmeza de mi espíritu.

No me arrojes lejos de tu presencia

ni retires de mí tu santo espíritu. R.

 

Devuélveme la alegría de tu salvación,

que tu espíritu generoso me sostenga:

Abre mis labios, Señor,

y mi boca proclamará tu alabanza. R.

 

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto    5, 20-6, 2

 

Hermanos:

Nosotros somos, entonces, embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro. Por eso, les suplicamos en nombre de Cristo: Déjense reconciliar con Dios. A aquel que no conoció el pecado, Dios lo identificó con el pecado en favor nuestro, a fin de que nosotros seamos justificados por él.

Y porque somos sus colaboradores, los exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios. Porque él nos dice en la Escritura: En el momento favorable te escuché, y en el día de la salvación te socorrí. Este es el tiempo favorable, este es el día de la salvación.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 6, 1-6. 16-18

 

Jesús dijo a sus discípulos:

Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.

Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.

Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El profeta Joel llama al pueblo de Israel a una jornada de penitencia. Les urge a que se conviertan de su mal y se pongan con decisión en la línea del seguimiento de Dios. Esto sucedía unos cuatro siglos antes de Cristo. El ambiente se ve que estaba bastante apático y decadente. Además, estaban padeciendo en aquellos momentos los efectos de una catástrofe natural, una larga sequía y una plaga de langostas o saltamontes que había arrasado toda la cosecha. La conversión tiene que ser interior: volverse de corazón a Dios, buscar sinceramente su voluntad y cumplirla.
  • El Salmo 50, el «Miserere», da a este día inaugural de la Cuaresma un tono penitencial por excelencia. Es el salmo -atribuido a David- en el que un pecador muestra su arrepentimiento e implora humildemente de Dios que lo perdone y que lo ayude a renovar su vida: «borra mi culpa… crea en mí un corazón puro… devuélveme la alegría de tu salvación».
  • Pablo nos dice igual que hace dos mil años: «ahora es el tiempo de la gracia, ahora es el día de la salvación». Se muestra orgulloso de ser «embajador de Cristo», y la embajada que trae de parte de Él es ésta: «dejaos reconciliar con Dios». Reconciliación que ofrece Dios a todos por medio de la muerte salvadora de su Hijo Jesús.
  • En el evangelio Jesús describe tres aspectos de la vida de un creyente que se puede decir, abarcan las tres direcciones de cada persona: para con Dios a través de la oración, para con el prójimo desde la limosna y para consigo mismo con el ayuno. En las tres, el discípulo de Jesús tiene que profundizar, no quedarse en lo exterior, sino situarse delante de Dios Padre, que es el que nos conoce hasta lo más profundo del ser, sin buscar premios o aplausos aquí abajo.

***

  • Hoy, Dios nos invita a reconocer nuestra debilidad y la distancia que hay entre nosotros y el Evangelio, entre nosotros y la vida de fidelidad entregada totalmente de Jesús, al bien de los hermanos.
  • Hoy, Dios nos invita a ser sinceros; pero, al mismo tiempo a no quedarnos encerrados en nuestras fallas y en nuestra infidelidad al Evangelio, porque quedaríamos, con toda seguridad, destrozados.
  • Cuaresma es tiempo para que desde una mirada introspectiva reconozcamos nuestro pecado; y al mismo tiempo es invitación a fijar la mirada en Dios, nuestro Padre, y reafirmar nuestra confianza en su amor. La Cuaresma no es simplemente un ejercicio penitencial. Lo que le da sentido es el reconocimiento de que tenemos un Padre que nos atrae amorosamente hacia Él. “El Padre que está escondido… el Padre que ve en lo secreto, te recompensará”.
  • Jesús, nos asegura que el Padre está en lo secreto de nuestro corazón y conoce nuestras búsquedas, nuestras luchas y también nuestros esfuerzos. Si orientamos a Él nuestras pequeñas y grandes decisiones, buscando por encima de todo el cumplimiento de su voluntad, como hizo Jesús, no sólo tendremos la paz del corazón y nuestra vida tendrá sentido, sino que se nos darán todas las demás cosas por añadidura…
  • Lo que el Padre tiene preparado para nosotros supera inmensamente las pasajeras recompensas terrenas hechas a la medida de nuestro yo y de los intereses egoístas de un mundo interesadamente manipulado.
  • El camino del discípulo pasa por verificar constantemente con sinceridad la orientación de fondo del corazón y rectificar con mayor fuerza y profundidad la opción fundamental. Nuestro Señor y Maestro nos dará todo lo que necesitamos para ser felices, para ser verdaderamente hermanos e hijos del Reino.
  • Hoy, la imposición de la ceniza sobre nuestra cabeza será esta señal de reconocimiento. Será como decir: somos débiles, somos pecadores, no acabamos de salir de esta situación, de este estado.
  • Pero esto no agota la verdad de la celebración porque escucharemos una buena noticia: “Conviértete y cree en el Evangelio” que nos invita a vivir la  Cuaresma como un tiempo para hacer nuestros, los hechos y las palabras de Jesús. Hechos  y palabras de Jesús que siempre nos animan a ser más confiados, más esperanzados, más generosos, más felices; a darle sentido a nuestra vida.
  • La Cuaresma debe renovar la esperanza que nos hace  sentir con toda una historia por construir, la historia donde tenemos  que vivir nuestra fe y hacer presente a Dios que siempre nos acompaña. Es dentro de la historia  que vamos viviendo la invitación de Dios a que recibamos el reino de Jesús y que, al mismo  tiempo, movidos por su Espíritu, pongamos manos a la obra para construirlo en medio del  mundo.

 

Para discernir

 

  • ¿Somos dueños de nuestros deseos y nuestros intereses?
  • ¿Tratamos habitualmente de imponer nuestro criterio y nuestra voluntad?
  • ¿Ejercitamos nuestra capacidad de renuncia de dinero, de tiempo, de tranquilidad para el servicio a los demás?
  • ¿Nos esforzamos por comprender a los que no son o piensan como nosotros? ¿De qué manera tenemos presente a Dios en nuestras vidas?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Vengan, volvamos al Señor (Os 6,1a).


 

Para la lectura espiritual

 

Arrepentimiento no equivale a autocompasión o remordimiento, sino a conversión, a volver a centrar nuestra vida en la Trinidad. No significa mirar atrás disgustado, sino hacia adelante esperanzado. Ni es mirar hacia abajo a nuestros fallos, sino a lo alto, al amor de Dios. Significa mirar no aquello que no hemos logrado ser, sino a lo que con la gracia divina podemos llegar a ser…

El arrepentimiento, o cambio de mentalidad, lleva a la vigilancia, que significa, entre otras cosas, estar presentes donde estamos, en este punto específico del espacio, en este particular momento de tiempo. Creciendo en vigilancia y en conocimiento de uno mismo, el hombre comienza a adquirir capacidad de juicio y discernimiento: aprende a ver la diferencia entre el bien y el mal, entre lo superfluo y lo esencial; aprende, por tanto, a guardar el propio corazón, cerrando la puerta a las tentaciones o provocaciones del enemigo. Un aspecto esencial de la guarda del corazón es la lucha contra las pasiones: deben purificarse, no matarse; educarse, no erradicarse. A nivel del alma, las pasiones se purifican con la oración, la práctica regular de los sacramentos, la lectura cotidiana de la Escritura; alimentando la mente, pensando en lo que es bueno y con actos concretos de servicio amoroso a los demás. A nivel corporal, las pasiones se purifican sobre todo con el ayuno y la abstinencia.

La purificación de las pasiones lleva a su fin, por gracia de Dios, a la “ausencia de pasiones”, un estado positivo de libertad espiritual en el que no cedemos a las tentaciones, en el que se pasa de una inmadurez de miedo y sospecha a una madurez de inocencia y confianza. Ausencia de pasiones significa que no somos dominados por el egoísmo o los deseos incontrolados y que así llegamos a ser capaces de un verdadero amor

 

K. Ware, El camino del cristiano Magnano 1998, 182-185 passim

 

Para rezar

 

Dios, en tus manos me abandono


 

Yo me abandono ¡oh Dios! en tus manos.
Toma este barro y trabájalo
como arcilla entre las manos del alfarero
dale una forma y después, rómpela, si quieres
como es despedazada la vida de tantos hermanos.

Pide, ordena ¿Qué quieres que haga?
¿Qué quieres que no haga?
Ensalzado o humillado, perseguido,
incomprendido,
calumniado, alegre o triste,
o inútil para todo, sólo diré,
a ejemplo de tu Madre:
“Hágase en mí según tu palabra”.

Dame el amor por excelencia,
el amor de la cruz.
Pero no de las cruces heroicas
que podrían nutrir mi vanidad,
sino de las cruces vulgares que,
sin embargo, llevo con repugnancia.

De esas que se encuentran cada día
en la contradicción,
en el olvido, en los juicios falsos,
en la frialdad del alma,
en los desaires y desprecios de los demás;
en el malestar y defectos del cuerpo,
en la oscuridad de la mente
y en el silencio y aridez del corazón.

Entonces sólo Tú sabrás que te amo,
aunque ni yo lo sepa, con eso me basta.

Amén

 

Jueves de Ceniza

 

Pongo delante de ti la bendición y la maldición

 

Lectura del libro del Deuteronomio    30, 15-20

 

Moisés habló al pueblo diciendo:

Hoy pongo delante de ti la vida y la felicidad, la muerte y la desdicha. Si escuchas los mandamientos del Señor, tu Dios, que hoy te prescribo, si amas al Señor, tu Dios, y cumples sus mandamientos, sus leyes y sus preceptos, entonces vivirás, te multiplicarás, y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde ahora vas a entrar para tomar posesión de ella.

Pero si tu corazón se desvía y no escuchas, si te dejas arrastrar y vas a postrarte ante otros dioses para servirlos, yo les anuncio hoy que ustedes se perderán irremediablemente, y no vivirán mucho tiempo en la tierra que vas a poseer después de cruzar el Jordán.

Hoy tomo por testigos contra ustedes al cielo y a la tierra: yo he puesto delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, y vivirás, tú y tus descendientes, con tal que ames al Señor, tu Dios, escuches su voz y le seas fiel. Porque de ello depende tu vida y tu larga permanencia en la tierra que el Señor juró dar a tus padres, a Abraham, a Isaac y a Jacob.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6 (R.: 39, 5a)

 

R.    ¡Feliz el que pone en el Señor toda su confianza!

 

¡Feliz el hombre

que no sigue el consejo de los malvados,

ni se detiene en el camino de los pecadores,

ni se sienta en la reunión de los impíos,

sino que se complace en la ley del Señor

y la medita de día y de noche! R.

 

El es como un árbol

plantado al borde de las aguas,

que produce fruto a su debido tiempo,

y cuyas hojas nunca se marchitan:

todo lo que haga le saldrá bien. R.

 

No sucede así con los malvados:

ellos son como paja que se lleva el viento.

Porque el Señor cuida el camino de los justos,

pero el camino de los malvados termina mal. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    9, 22-25

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.»

Después dijo a todos: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde y arruina su vida?»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Moisés se dirige al pueblo antes de la entrada en la tierra prometida. Han soportado la travesía a través del desierto, han comenzado el proceso de convertirse en el pueblo de Yahvé.
  • Han entrado en la alianza con Dios y están íntimamente unidos por la ley y el poder de Dios que se manifestó en Moisés y Josué.
  • A partir de sus elecciones, de su fidelidad o infidelidad, continuarán viviendo o correrán hacia la muerte y la destrucción. Sin el apoyo y la cercanía de Dios estarán desamparados frente a todo lo que deberán afrontar. No entrarán sólo en un nuevo país, sino en nuevo nivel de intimidad y de conocimiento de Dios. Es un tiempo para que elijan con un solo corazón, una sola mente y un solo objetivo.

***

  • Lucas en el evangelio reafirma esta necesidad de elección a los que se inclinan a seguir al Hijo de Dios, que va trazando un camino de entrega no exento de dolor, de rechazo y de cruz. Si queremos seguirlo debemos, como Èl, negarnos a nosotros mismos, tomando nuestra cruz y siguiendo sus pasos. Los primeros cristianos vivieron esta elección renunciando a los bienes y servicios personales para compartirlos con los demás miembros de la comunidad.
  • El segundo día de Cuaresma se nos dice que ésta debe ser nuestra disciplina diaria y una elección de por vida: optar por el bien común, que cuida la vida de los otros, que confía en Dios ante las dificultades y pruebas y por esa misma confianza se convierte en vida abundante para todos.
  • Es tiempo de elegir la vida y la bendición, la justicia y santidad. Al principio puede parecer abrumador, pero seguimos las huellas de Aquel que garantiza nuestros pasos y son muchos los que nos han precedido en la fe.

 

Para discernir

 

  • ¿Qué elijo para mi vida?
  • ¿Qué es bendición para mi vida? ¿Qué maldición? ¿Cuándo elijo una y cuando la otra?
  • ¿Qué fuerza tienen las elecciones en mi vida?
  • ¿Qué elijo diariamente como paso de bendición para mi vida?
  • ¿A qué tengo que renunciar para vivir la bendición?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

 “Si morimos con él, viviremos con él” (2 Tim 2,11).

 

Para la lectura espiritual

 

Por encima de la finitud, del espacio y del tiempo, el amor infinitamente infinito de Dios viene y nos toma. Llega justo a su hora. Tenemos la posibilidad de aceptarlo o rechazarlo. Si permanecemos sordos, volverá una y otra vez como un mendigo, pero también como un mendigo llegará el día en que ya no vuelva. Si aceptamos, Dios depositará en nosotros una semillita y se irá. A partir de ese momento, Dios no tiene que hacer nada más, ni tampoco nosotros, sino esperar. Pero sin lamentarnos del consentimiento dado, del “sí” nupcial. Esto no es tan fácil como parece, pues el crecimiento de la semilla en nosotros es doloroso. Además, por el hecho mismo de aceptarlo, no podemos dejar de destruir lo que le molesta; tenemos que arrancar las malas hierbas, cortar la grama. Y, desgraciadamente, esta grama forma parte de nuestra propia carne, de modo que esos cuidados de jardinero son una operación cruenta. Sin embargo, en cualquier caso la semilla crece sola. Llega un día en que el alma pertenece a Dios, en que no solamente da su consentimiento al amor, sino en que, de forma verdadera y afectiva, ama. Debe entonces, a su vez, atravesar el universo para llegar hasta Dios. El alma no ama como una criatura, con amor creado. El amor que hay en ella es divino, increado, pues es el amor de Dios hacia Dios que pasa por ella. Sólo Dios es capaz de amar a Dios. Lo único que nosotros podemos hacer es renunciar a nuestros propios sentimientos para dejar paso a ese amor en nuestra alma. Esto significa negarse a sí mismo. Sólo para este consentimiento hemos sido creados.

 

S. Weil, A la espera de Dios, Madrid 1993, 84

Para rezar

 

Señor, acercarme a Vos

es prepararme para la prueba.

Dame la capacidad de orientar bien mi corazón

y mantenerme firme para no confundirme

en el tiempo del dolor.

Quiero pegarme a Vos Señor y no alejarme,

aceptando lo que venga con paciencia

en los dolores y los fracasos.

Así como en el fuego se prueba el oro,

en el horno de la humildad el camino cierto.

 

Viernes de Ceniza

 

Este es el ayuno que yo amo

 

Lectura del libro del profeta Isaías    58, 1-9a

 

Así habla el Señor Dios:

¡Grita a voz en cuello, no te contengas, alza tu voz como una trompeta: denúnciale a mi pueblo su rebeldía y sus pecados a la casa de Jacob! Ellos me consultan día tras día y quieren conocer mis caminos, como lo haría una nación que practica la justicia y no abandona el derecho de su Dios; reclaman de mí sentencias justas, les gusta estar cerca de Dios:

« ¿Por qué ayunamos y tú no lo ves, nos afligimos y tú no lo reconoces?»

Porque ustedes, el mismo día en que ayunan, se ocupan de negocios y maltratan a su servidumbre. Ayunan para entregarse a pleitos y querellas y para golpear perversamente con el puño. No ayunen como en esos días, si quieren hacer oír su voz en las alturas.

¿Es este acaso el ayuno que yo amo, el día en que el hombre se aflige a sí mismo? Doblar la cabeza como un junco, tenderse sobre el cilicio y la ceniza: ¿a eso lo llamas ayuno y día aceptable al Señor?

Este es el ayuno que yo amo -oráculo del Señor-: soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo, dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos; compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no despreocuparte de tu propia carne.

Entonces despuntará tu luz como la aurora y tu llaga no tardará en cicatrizar; delante de ti avanzará tu justicia y detrás de ti irá la gloria del Señor. Entonces llamarás, y el Señor responderá; pedirás auxilio, y él dirá: « ¡Aquí estoy!»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 50, 3-4. 5-6a. 18-19 (R.: 19b)

 

R.    Tú, Señor, no desprecias el corazón contrito y humillado.

 

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,

por tu gran compasión, borra mis faltas!

¡Lávame totalmente de mi culpa

y purifícame de mi pecado! R.

 

Porque yo reconozco mis faltas

y mi pecado está siempre ante mí.

Contra ti, contra ti solo pequé

e hice lo que es malo a tus ojos. R.

 

Los sacrificios no te satisfacen;

si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:

mi sacrificio es un espíritu contrito,

tú no desprecias el corazón contrito y humillado. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    9, 14-15

 

Se acercaron a Jesús los discípulos de Juan y le dijeron: «¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?»

Jesús les respondió: «¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • A ejemplo de la mayoría de las religiones de su tiempo, Israel considera el ayuno como un acto esencial de su religión, sobre todo con motivo de la fiesta de expiación o del recuerdo de los días angustiosos del asedio de Jerusalén. El pueblo de Dios ha vuelto del destierro y se ha instalado en Judea, las obras de reconstrucción del templo y de las murallas son lentas y desalentadoras.
  • A pesar de que la ley sólo prescribía un ayuno al año_el gran día de la expiación_los días de ayuno se han multiplicado con motivo de cualquier calamidad. La voz del profeta sustituye a la trompeta que hasta entonces convocaba al pueblo a las ceremonias del ayuno. Se trata, en efecto, de invitar al pueblo a un nuevo género de ayuno. Dios no quiere el ayuno ficticio de quien se viste de saco e inclina la cabeza, y todavía se extraña de que Dios no le escuche.
  • El ayuno, que originariamente debía servir para unir a los ricos y los pobres en la conciencia de que unos y otros proceden del mismo polvo, se convierte en una auténtica provocación: sólo pueden ayunar los ricos, que son los únicos que tienen el vientre lleno, los únicos que pueden privarse de algo, aunque sea de lo superfluo y de lo injustamente retenido.
  • El profeta denuncia la vaciedad del ayuno exterior, incapaz de transformar la conducta. Dios quiere que la penitencia lleve a la renovación del espíritu por la práctica de la justicia y del bien. El Señor sólo está al lado de aquellos que se esfuerzan en la práctica del amor.

    ***

    • Los discípulos de Juan Bautista están extrañados. Ellos, y los fariseos ayunaban, hacían sacrificios austeros, se privaban de varias cosas, por generosidad iban más allá de las observancias judías legales. La respuesta de Jesús pone de relieve que los discípulos de Juan Bautista no han descubierto aún en Jesús al “esposo” mesiánico. Porque, si lo hubieran descubierto, hubieran comprendido que de ahora en adelante el ayuno no tiene el mismo significado.
    • El ayuno está relacionado con el tiempo de la espera. Jesús mismo ha ayunado en el desierto, resumiendo la larga preparación de la humanidad en la instauración del Reino. Pero, cuando comienza el ministerio público, Jesús puede decir con toda razón que el Reino está ya allí; ha llegado el esposo, y no conviene que los “amigos del esposo” ayunen mientras el esposo está con ellos; el ayuno no tiene sentido en el tiempo del cumplimiento.
    • La imagen del esposo era bien conocida por los judíos. En la Biblia este símbolo es usado muchas veces. Dios ama a su pueblo. Dios es el esposo. Jesús se presenta como el esposo mesiánico. Para justificar la “alegría” y la ausencia de “ayuno” de sus discípulos, Jesús los presenta como “compañeros del esposo”.
    • La Iglesia es aquí abajo la que espera y posee ya lo que espera. Es la que avanza, día tras día, hacia el Reino, al mismo tiempo que es ya su manifestación. Dentro de este ritmo se sitúa el ayuno: está vinculado por la Iglesia a los días que dedica expresamente a la espera y a la preparación.
    • Tampoco nosotros tenemos que conformarnos con un ayuno o con unas prácticas cuaresmales, meramente externos. Sería muy superficial que quedáramos satisfechos por haber cumplido todo lo que está mandado en la Cuaresma y no profundizáramos en lo más importante, de lo que todos los ritos exteriores quieren ser: signo y recordatorio.
    • El ayuno debe conducir a una apertura mayor para con los demás. Ayunar para poder dar a los más pobres. Si la falta de caridad continúa, si la injusticia está presente en nuestro modo de actuar con los demás, poco puede agradar a Dios nuestro ayuno y nuestra Cuaresma.
    • El ayuno que Dios quiere, porque es misericordioso, es la liberación de los pobres y oprimidos. Es abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, partir el pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al desnudo y no cerrarse a la propia carne. Este es el ayuno que proclama y practica Jesús, y manda practicar a sus discípulos. Un ayuno cuaresmal de este estilo no es signo de tristeza. Un ayuno de preparación, de reorientación continuada de nuestra vida. Un ayuno que significa relativizar muchas cosas secundarias para no distraernos. Un ayuno serio, aunque no triste.
    • El ayuno nos hace más libres. Nos ofrece la ocasión de poder decir «no» a una sociedad que continuamente nos invita satisfacer necesidades que nos creamos nosotros mismos.
    • La presencia de Jesús es motivo de alegría. Donde está Jesús, sus amigos no pueden hacer otra cosa que alegrarse. Nadie puede sentirse deprimido o acongojado, cuando puede experimentar en su propia vida y en la vida del mundo, el ayuno de todo egoísmo, el amor generoso, el Reino que está, crece y promete cosecha abundante. Se ha decretado al mundo la alegría, contra todo escepticismo, contra toda situación negativa, contra toda desesperanza.

 

Para discernir

 

  • ¿La presencia de Jesús es motivo de alegría?
  • ¿De qué cosas necesito ayunar?
  • ¿Mi ayuno, es sólo un cumplimiento?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

“Señor, suelta mis cadenas de iniquidad” (Is 58,6).

 

Para la lectura espiritual

 

…Un ayuno proporcionado a tus fuerzas favorecerá tu vigilancia espiritual. No se pueden meditar las cosas de Dios con el estómago lleno, dicen los maestros del espíritu. Cristo nos dio el ejemplo con su prolongado ayuno; cuando triunfó sobre el demonio, había ayunado cuarenta días.

Cuando el estómago está vacío, el corazón es humilde. El que ayuna ora con un corazón sobrio, mientras que el espíritu del intemperante se disipa en imaginaciones y pensamientos impuros. El ayuno es un modo de expresar nuestro amor y generosidad; se sacrifican los placeres terrenos para lograr los del cielo. Cuando ayunamos sentimos crecer en nosotros el reconocimiento de Dios, que ha dado al hombre el poder de ayunar. Todos los detalles de tu vida, todo lo que te sucede y lo que pasa a tu alrededor, se ilumina con nueva luz. El tiempo que discurre se utiliza de modo nuevo, rico y fecundo. A lo largo de las vigilias, la modorra y la confusión de pensamiento ceden su espacio a una gran lucidez de espíritu; en vez de irritarnos contra lo que nos fastidia, lo aceptamos tranquila-mente, con humildad y acción de gracias…

La oración, el ayuno y las vigilias son el modo de llamar a la puerta que deseamos que se nos abra. Los santos padres reflexionaron sobre el ayuno considerándolo como una medida de capacidad. Si se ayuna mucho es porque se ama mucho, y si se ama mucho es porque se ha perdonado mucho. El que mucho ayuna, mucho recibirá. Sin embargo, los santos Padres recomiendan ayunar con medida: no se debe imponer al cuerpo un cansancio excesivo, so pena de que el alma sufra detrimento. Eliminar algunos alimentos sería perjudicial: todo alimento es don de Dios.

 

T. Colliander, El camino del asceta. Iniciación a la vida espiritual, Brescia 1987, 75s)

 

Para rezar

 

Cuando las alegrías de otros tiempos hayan desaparecido
y tesoros una vez míos, no pueda ya exigir,
que esta verdad alimente mi debilitado corazón:
¡Señor, TU PERMANECES AQUI! ¡TÚ eres todavía el mismo!

Cuando los arroyos de agradable frescura se hayan secado:
Amistades bendecidas ya no estén;
cuando los cielos bañados por el sol cedan a las nubes,
¡Señor, TU PERMANECES AQUI!
Todavía mi corazón te tiene a TI.

Cuando las fuerzas hayan fallado,
y los pies, cansados y rendidos,
ya no puedan realizar felices diligencias,
¿por qué he de suspirar, y hacer los días tristes?
¡Señor, TU PERMANECES AQUI! ¿Acaso necesito algo más?

Así por los días de la vida, lo que pudiera fallarme,
amigos, amistades, goces, en grado mayor o menor;
el canto puede ser mío, ninguna pena ha de asaltarme,
¡Señor, TU PERMANECES AQUI! Todavía estás en mi corazón.

María José Silva

 

Sábado de Ceniza

 

Yo he venido a llamar a los pecadores

 

Lectura del libro del profeta Isaías    58, 9b-14

 

Así habla el Señor:

Si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna; si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria, tu luz se alzará en las tinieblas y tu oscuridad será como el mediodía.

El Señor te guiará incesantemente, te saciará en los ardores del desierto y llenará tus huesos de vigor; tú serás como un jardín bien regado, como una vertiente de agua, cuyas aguas nunca se agotan.

Reconstruirás las ruinas antiguas, restaurarás los cimientos seculares, y te llamarán «Reparador de brechas», «Restaurador de moradas en ruinas.»

Si dejas de pisotear el sábado, de hacer tus negocios en mi día santo; si llamas al sábado «Delicioso» y al día santo del Señor «Honorable»; si lo honras absteniéndote de traficar, de entregarte a tus negocios y de hablar ociosamente, entonces te deleitarás en el Señor; yo te haré cabalgar sobre las alturas del país y te alimentaré con la herencia de tu padre Jacob, porque ha hablado la boca del Señor.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 85, 1-2. 3-4. 5-6 (R.: 11a)

 

R.    Indícame tu camino, Señor, para que viva según tu verdad.

 

Inclina tu oído, Señor, respóndeme,

porque soy pobre y miserable;

protégeme, porque soy uno de tus fieles,

salva a tu servidor que en ti confía. R.

 

Tú eres mi Dios: ten piedad de mí, Señor,

porque te invoco todo el día;

reconforta el ánimo de tu servidor,

porque a ti, Señor, elevo mi alma. R.

 

Tú, Señor, eres bueno e indulgente,

rico en misericordia con aquellos que te invocan:

¡atiende, Señor, a mi plegaria,

escucha la voz de mi súplica! R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    5, 27-32

 

Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, que estaba sentado junto a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: «Sígueme.» El, dejándolo todo, se levantó y lo siguió.

Leví ofreció a Jesús un gran banquete en su casa. Había numerosos publicanos y otras personas que estaban a la mesa con ellos. Los fariseos y los escribas murmuraban y decían a los discípulos de Jesús: «¿Por qué ustedes comen y beben con publicanos y pecadores?»

Pero Jesús tomó la palabra y les dijo: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Seguimos escuchando lecturas del profeta Isaías que nos enseñan cuáles son los caminos de Dios. Si ayer se relativizaba el ayuno, para que fuera acompañado de obras de caridad, hoy es la observancia del sábado, otro de los puntos fuertes de los judíos, y que aquí aparece alabado, pero en un marco más amplio de vida de fe.
  • Se alaba lo que se hacía en este día del sábado: abstenerse de viajes, consagrar el día a la gloria de Dios, no tratar los propios negocios. Pero esto lo sitúa el profeta en un contexto de otras actitudes que vuelven a incidir en la caridad fraterna y en la justicia social: desterrar la opresión y la maledicencia, partir el pan con el hambriento.
  • A Dios se llega por la justicia hacia los hermanos, el compromiso por hacerlos más libres, la aceptación de todos y la comunicación de bienes. Sólo de esta manera se transforma la persona y se realiza el proyecto del Señor.

    ***

    • Jesús, saliendo de una casa, en Cafarnaúm, vio a un publicano, llamado Leví, sentado en la mesa de recaudación de impuestos. Leví sería un hombre rico: sus bolsillos se llenaban a expensas del pueblo humilde, antes de llenar las arcas del Estado.
    • Jesús quiere establecer la comunidad de sus seguidores. En esta comunidad no están ausentes los zelotes, casi terroristas que luchaban contra la dictadura del poder extranjero. Y ahora se atreve a llamar nada menos que a un publicano, al recaudador de impuestos, colocado allí por la potencia dominadora. Con estos personajes, tan antagónicos, Jesús construye la nueva comunidad signo de la presencia viva del reino.
    • Leví responde incondicionalmente, radicalmente, inmediatamente. Abandonando todo, deja su vida de pecado que lo ha tenido sentado e inmóvil. Ha sido conquistado por Cristo; en la mirada y el llamado lleno de amor del Maestro ha descubierto la nueva posibilidad de su vida.
    • Sintiéndose amado, perdonado, elegido por Cristo, Leví se ha encontrado a sí mismo, ha encontrado la casa donde, sin temor, recibir al Señor y lo recibe feliz porque antes se ha sentido recibido y aceptado por Él. La comida de Jesús con los pecadores es la realización del banquete del Reino, es el encuentro de los hombres con Dios, la fiesta de la misericordia de Dios que ofrece gratuitamente su perdón y su intimidad.
    • Los fariseos que no pueden comprender la gratuidad de un Dios de misericordia que viene a nuestro encuentro cuestionan el comportamiento de Jesús y sus discípulos. La respuesta de Jesús no se hace esperar. En ella está el sentido de su presencia en medio de los hombres. No ha venido para los sanos, sino para los enfermos, no ha venido a llamar justos, sino pecadores, para que se arrepientan.
    • El proyecto que Jesús de Nazaret pone de manifiesto es el proyecto de Dios. La práctica de ritos externos, ya no es la única mediación para cumplir la voluntad de Dios; ahora la mediación necesaria y directa es la “misericordia”, que brota del amor y la justicia. Seguir a Jesús y aceptar su proyecto, es aceptar la invitación que el Padre nos hace a través de su Hijo amado en la que muestra su amor misericordioso por todos los hombres y mujeres de la tierra.
    • La Iglesia tiene que continuar siendo un espacio de misericordia, de amor y de paz donde los hombres puedan seguir esperando. Ella está llamada a ser el lugar donde todos, sin excepción, puedan experimentar la ternura y la misericordia amorosa del Padre. El mundo podrá transformarse sólo desde la práctica de la misericordia que lleva a contemplar el Rostro de Dios que sale a buscar a los que viven como ovejas sin pastor, para ayudarlos a descubrir el camino de la salvación. Si la Iglesia pierde su ser de misericordia pierde también su misión en la historia.
    • Nadie puede quedar excluido de la acción evangelizadora y pastoral de la Iglesia. La Iglesia de Cristo no puede querer conservar su santidad alejándose de los pecadores. Una Iglesia que desprecie a los pecadores y se aleje de ellos como si fueran un trapo sucio, no puede llamarse realmente Iglesia de Cristo, porque el mismo Señor se acercó al pecado y al pecador para darles nueva vida. La Iglesia vino a salvar todo lo que se había perdido.
    • No busquemos tener una Iglesia tan pura que caiga en la soberbia de condenar irremediablemente al que ha errado el camino. Nosotros creemos en la santidad de la Iglesia, porque Cristo, su Cabeza, es Santo, aún cuando nosotros, sus miembros, somos pecadores en un continuo proceso de conversión.

 

Para discernir

 

  • ¿Cómo experimento mi relación con “los pecadores”?
  • ¿Siento que mi fe me pone en un lugar superior a los demás?
  • ¿Acepto los límites y pecados en la Iglesia?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

“Sus llagas nos han curado” (Is 53,5c).

 

Para la lectura espiritual

 

La ascesis de los padres del desierto imponía un tiempo de ayuno agotador y privaciones rigurosas: hoy la lucha ataca otro frente. El hombre no necesita un suplemento dolorosísimo; cilicios, cadenas y flagelaciones correrían el riesgo de destrozarlo inútilmente. La ascesis consistiría más bien en imponerse un reposo, la disciplina de la calma y el silencio, en la que el hombre encuentre su capacidad de concentrarse en la oración y contemplación, aún en medio de la barahúnda del mundo; y sobre todo, recobrar la capacidad de percibir la presencia de los demás, de saber acoger a los amigos siempre. La ascesis se convierte así en atención a la invitación del Evangelio, a las bienaventuranzas: búsqueda de la humildad y la pureza de corazón, para liberar al prójimo y devolverlo a Dios.

En un mundo cansado, asfixiado por las preocupaciones y ritmos de vida cada vez más agobiantes, el esfuerzo se dirigirá a encontrar y vivir “la infancia espiritual”, la frescura y la espiritualidad evangélica del “caminito” que nos lleva a sentarnos a la mesa con los pecadores y a compartir el pan juntos. La ascesis no tiene nada que ver con el moralismo. Estamos llamados a ser activos, viriles, heroicos, pero estas “virtudes” son dones de los que el Espíritu puede privarnos en cualquier momento; nada es nuestro.

En las alturas de la santidad está la humildad, que consiste en vivir en una actitud constante del alma en presencia de Dios. La humildad nos impide sentirnos “salvados”, pero suscita una alegría permanente y desinteresada, sencillamente porque Dios existe. El alma reconoce a Dios confesando su impotencia radical; renunciando a pertenecerse. La ofrenda, el don de sí, es la humildad en acción. El hombre desnudo sigue a Cristo desnudo; permanece vigilante en su espíritu y espera la venida del Señor. Pero su alma lleva el mundo de todos los hombres; al atardecer de su vida, el hombre será juzgado de su amor.

 

P. Evdokimov, La novedad del Espíritu, Milán 1980, 64-65.78s, passim.

 

Para rezar

 

Padre misericordioso,

Tú cuidas de todos los pequeños de la tierra

y quieres que cada uno sea signo e instrumento

de tu bondad con los demás.

Tú brindas tu amor a todo hijo herido por el pecado

y quieres unirnos a unos con otros con vínculos de fraternidad.

Perdóname, Señor, si he cerrado las manos

y el corazón al indigente que vive a mi lado,

pobre de bienes o privado del Bien.

Todavía no he comprendido que tu Hijo

ha venido a sentarse a la mesa de los pecadores;

me he creído mejor que los demás.

Por esta razón soy yo el pecador.

Haz que resuene tu voz en mi corazón,

llámame ahora y siempre, oh Dios.

Abandonando las falsas seguridades,

quiero levantarme para seguir a Cristo en una vida nueva.

Y será fiesta.

 

 

 


 

TIEMPO DTE EL AÑO – SEMANA VIII – CICLO A

Domingo VIII – Ciclo A

 

 

Lunes VIII

 

Martes VIII

 

Domingo VIII – Ciclo A

 

No se inquieten por el día de mañana

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del profeta Isaías    49, 14-15

 

Sión decía: «El Señor me abandonó, mi Señor se ha olvidado de mí.»

¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré!

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 61, 2-3. 6-7. 8-9b (R.: 2a)

 

R.    Sólo en Dios descansa mi alma.

 

Sólo en Dios descansa mi alma,

de él me viene la salvación.

Sólo él es mi Roca salvadora;

él es mi baluarte: nunca vacilaré.

 

Sólo en Dios descansa mi alma,

de él me viene la esperanza.

Sólo él es mi Roca salvadora;

él es mi baluarte: nunca vacilaré.

 

Mi salvación y mi gloria

están en Dios:

él es mi Roca firme,

en Dios está mi refugio.

Confíen en Dios constantemente,

ustedes, que son su pueblo,

desahoguen en él su corazón.

 

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto    4, 1-5

 

Hermanos:

Los hombres deben considerarnos simplemente como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora bien, lo que se pide a un administrador es que sea fiel.

En cuanto a mí, poco me importa que me juzguen ustedes o un tribunal humano; ni siquiera yo mismo me juzgo. Es verdad que mi conciencia nada me reprocha, pero no por eso estoy justificado: mi juez es el Señor. Por eso, no hagan juicios prematuros. Dejen que venga el Señor: él sacará a la luz lo que está oculto en las tinieblas y manifestará las intenciones secretas de los corazones. Entonces, cada uno recibirá de Dios la alabanza que le corresponda.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    6, 24-34

 

«Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero.

Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido?

Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos? ¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida?

¿Y por qué se inquietan por el vestido? Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer. Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos. Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe!

No se inquieten entonces, diciendo: “¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?” Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan.

Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura. No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Los desterrados viven en la desesperación porque parece que la catástrofe no podrá ser evitada y el rechazo por parte de Yahvé será definitivo. El profeta habla de una Jerusalén desolada, postrada entre ruinas, semejante a una viuda sin hijos, a pesar de todo invita a los exiliados a la confianza; les asegura que Yahvé todavía los ama.

***

  • El apóstol, «administrador de los misterios de Dios», debe asumir la responsabilidad de su ministerio y aceptar ser juzgado por su actuación. Pero, para Pablo, ese juicio, sea positivo o negativo, no corresponde a la comunidad sino sólo al Señor que puede juzgar la fidelidad de sus servidores.

***

  • La enseñanza del evangelio de este domingo es doble: por un lado, subraya la imposibilidad de servir a dos señores y por el otro hace hincapié en la actitud cristiana frente a las inquietudes y preocupaciones de la vida.
  • Seguir a Jesús y la opción por el reino no permiten divisiones sino una libertad interior, soberana e independiente de cara a todo lo demás. Es una invitación a romper el culto al dinero, que es una forma de idolatría. En el texto original de la lectura de hoy, se personifica el dinero con el nombre de “Mammón”, para que quede claro que se trata de un ídolo que exige la misma lealtad que Dios. Vivir la acumulación de dinero o riqueza como lo más “importante” es absolutamente incompatible con servir a Dios, porque esta acumulación exige la dedicación del corazón del hombre, ocupa todo el hombre. Por mucho que lo intente, servir al mismo tiempo a Dios, tener una mirada generosa sobre la realidad y los hermanos, y servir desmedidamente a los propios intereses resulta imposible.
  • Jesús, en primer lugar, quiere invitar a todo hombre a ser persona, a ser él mismo, señor de sí mismo y de su vida cada día y en cada asunto que valga la pena. No rechaza ni niega ninguna de las búsquedas humanas; sencillamente propone una inversión en el orden de los valores, un ordenamiento distinto, una justicia distinta: Busquen “primero” el reino de Dios.
  • La base para este nuevo orden se halla en la confianza del hombre en la fidelidad de Dios, en la verdad de sus palabras, en la firmeza de sus promesas a pesar de la infidelidad del hombre. Sus palabras no pasan, sus promesas se mantienen.
  • Podemos vivir en la confianza porque Dios vela por el mundo, dándole el sol y la lluvia a buenos y malos. El rostro de Dios que Jesús nos revela es el de un Padre que cuida de sus criaturas y sus necesidades. Esta providencia de Dios se manifiesta principalmente en la historia, no como un destino rígido que anula nuestra libertad y que sustituye la iniciativa interviniendo mágicamente, sino como un plan de salvación en el que unidos, Dios y el hombre, trabajan desde una relación de padre e hijo.
  • Servir a Dios no significa sometimiento, sino todo lo contrario. Servir a Dios es liberarse de ataduras y esclavitudes. Servir a Dios no es otra cosa que cumplir su voluntad, y su voluntad fundamental es que el Amor nos lleve al encuentro veraz de cada uno consigo mismo y al encuentro del hermano. Servir a Dios nos lleva a la plenitud de nuestra humanidad, a la realización de una comunión de vida en la que es posible la justicia verdadera y, con ella, todo lo demás. Servir a Dios desde la libertad es un acto de fe que derivará en una relación fraterna de ayuda.
  • Servir a Dios por la fe nos es un desentendimiento de la propia vida y de la vida de los otros hombres, es el único modo de entenderla y de tomarla a cargo responsablemente.
  • Reconocer y creer en Dios como Padre providente no nos ahorra trabajo sino la angustia y el aniquilamiento personal. El descubrimiento del Padre que nos sostiene en la palma de su mano nos hace adultos responsables y comprometidos con la historia y con los pies bien en la tierra. Peregrinos del cielo pero sin ser fugitivos de la tierra.
  • La fe en Dios del discípulo es plena y sin reservas, pero no pasiva y alienante. Desde esta confianza viene la actividad de los cristianos porque saben que su trabajo es una continuación de la obra creadora de Dios. Es un colaborador de Dios cómo «trabajador para la eternidad que lo realiza como si todo dependiera de su trabajo, pero también sabiendo que todo depende de Dios. Por la fe, el hombre se descubre colaborador de Dios, el arquitecto de su propio destino en la tierra, porque todo ha sido puesto a su disposición”.

     

Para discernir

 

  • ¿Cuál mi relación con los bienes materiales?
  • ¿Dónde están colocadas mis prioridades?
  • ¿Están mis bienes al servicio del Reino?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Que te sirva Señor con todo lo que tengo y lo que soy

 

Para la lectura espiritual

 

Buscar primero el Reino de Dios

 

«Buscad el Reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura»… Se dice, pues, que hay que buscar el reino de Dios. «Buscad», no es más que una palabra, pero me parece que dice muchas cosas. Quiere decir… trabajar incesantemente para el reino de Dios y no permanecer en un estado flojo y parado, poner atención al interior para que esté bien regulado, pero no al exterior para divertirse… Buscar a Dios en vosotros, porque san Agustín confiesa que mientras le buscó fuera de él, no le encontró. Buscadle en vuestra alma que le es su agradable morada; es en ese fondo donde quedan establecidas todas las virtudes que sus siervos intentan practicar. La vida interior es necesaria, es preciso tender a ella; si la descuidamos, faltamos a todo…

Busquemos ser personas de interioridad… Busquemos la gloria de Dios, busquemos el reino de Jesucristo…

«Pero [me diréis], hay tantas cosas que hacer, tantos trabajos en casa, tantos lugares de trabajo en la ciudad, en el campo… hay trabajo en todas partes; ¿es preciso pues dejarlo todo tal cual está para no pensar sino en Dios?» No, sino que es necesario santificar esas ocupaciones buscando a Dios en ellas, y hacerlas más para encontrarle a él que para verlas hechas. Nuestro Señor quiere que, ante todo,  busquemos su gloria, su reino, su justicia, y para ello quiere que construyamos nuestro capital, con la vida interior, con la fe, con la confianza, con el amor, con ejercicios religiosos…, con trabajos y sufrimientos, a la vista de Dios, nuestro soberano Señor… Una vez establecidos en esa búsqueda de la gloria de Dios, podemos estar seguros de que el resto vendrá por sí solo.

 

San Vicente de Paul

Para rezar

 

Ayúdame Señor

 

A ocuparme, razonablemente

en aquello que sea para tu gloria

para el beneficio de los míos y de mí mismo

A disfrutar el presente, sin estar tan pendiente

de lo que pueda ocurrir mañana.

A, mirar hacia el futuro,

aportando las semillas que siembro hoy en el camino.

 

AYÚDAME, SEÑOR

A sentir tu mirada en aquello que veo

A palpar tus manos en mis pequeñas obras de cada día

A escuchar tu Palabra en las mías,

pobres, torpes y atropelladas

 

AYÚDAME, SEÑOR

A vivir comprometido pero sin ansiedad

A caminar ligero, pero sin prisas

A trabajar con empeño, pero sin nervios

A soñar con un futuro mejor

sin olvidar que puedo superar el presente

 

AYÚDAME, SEÑOR

A confiar en tu mano providente

A no tener miedo al mañana que me aguarda

Contigo, Señor, me basta.

Amén

 

Javier Leoz

 

Lunes VIII

 

Vende lo que tienes y sígueme

 

Lectura del libro del Eclesiástico 17, 24-26. 29

 

A los que se arrepienten, les permite volver

y reconforta a los que perdieron la constancia.

Vuelve al Señor y deja de pecar,

suplica ante su rostro y deja de ofenderlo.

Vuelve al Altísimo, apártate de la injusticia

y odia profundamente toda abominación.

¡Qué grande es la generosidad del Señor

y su perdón para los que vuelven a él!

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 31,1-2. 5. 6. 7 (R.: 11a)

 

R. ¡Qué los justos se alegren en el Señor!

 

¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado

y liberado de su falta!

¡Feliz el hombre a quien el Señor

no le tiene en cuenta las culpas,

y en cuyo espíritu no hay doblez! R.

 

Pero yo reconocí mi pecado,

no te escondí mi culpa,

pensando: «Confesaré mis faltas al Señor.»

¡Y Tú perdonaste mi culpa y mi pecado! R.

 

Por eso, que todos tus fieles te supliquen

en el momento de la angustia;

y cuando irrumpan las aguas caudalosas

no llegarán hasta ellos. R.

 

Tú eres mi refugio,

tú me libras de los peligros

y me colmas

con la alegría de la salvación. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    10, 17-27

 

Cuando Jesús se puso en camino, un hombre corrió hacia él y, arrodillándose, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?»

Jesús le dijo: « ¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre.»

El hombre le respondió: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud.»

Jesús lo miró con amor y le dijo: «Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme.» El, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes.

Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: « ¡qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!» Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: «Hijos míos, ¡Qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios.»

Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros:

«Entonces, ¿quién podrá salvarse?»

Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El sabio, en esta página, llena de ternura, nos invita a convertirnos a Dios, mientras sea tiempo: después de la muerte ya no podremos alabar a Dios ni darle gracias, ni convertirnos.
  • El motivo fundamental con el que quiere animar es la bondad de Dios: «A los que se arrepienten Dios los deja volver… qué grande es la misericordia del Señor y su perdón para los que vuelven a él».
  • Dios nos espera. Para el Eclesiástico, los peores pecados son dos, uno referido a Dios: la idolatría, y otro al prójimo: la injusticia. Nuestra actitud más sabia es la de convertirnos: «volver», «retornar a Dios», «abandonar el pecado», «alejarnos de la injusticia y de la idolatría».

***

  • Jesús se encuentra con un hombre que quiere “heredar la vida eterna”. Parece sincero y con buena intención, pero quizás demasiado seguro de su bondad. El hombre es un buen israelita, cumplidor de los mandamientos, observante de la ley, íntegro, conforme a los principios y valores de la tradición judía. Todo lo que estaba mandado lo ha cumplido desde pequeño.
  • La mirada de afecto de Jesús impresionó a sus discípulos. El Señor no anda con vueltas y le propone al joven algo radical. Para Jesús la observancia de la ley resulta insuficiente, porque Él viene a ofrecer algo superior a toda ley, una vida que desborda todos los valores imaginables. Jesús mira con amor al hombre que ha buscado en sus palabras un sentido más pleno para la vida y lo invita a realizar juntos el camino del Reino. Pero para hacerlo tiene que vender todo lo que tiene y darlo a los pobres.
  • El hombre que tenía muchos bienes no se atreve a dar el paso y se retira. El camino del Reino exige la pobreza. Cuando estamos llenos de cosas somos lentos para avanzar y lo que poseemos se transforma en un obstáculo que nos traba.
  • Jesús nos pide la entrega absoluta para que podamos recibirlo todo. Jesús respeta con delicadeza la libertad de cada persona, pero no acumular riquezas se convierte en una exigencia para los que acepten el mensaje del Reino y quieran seguirlo.
  • Algunos, lo siguen sin dudar, dejándolo todo como los apóstoles, pero muchos se echan atrás como este hombre; que es como un símbolo del pueblo elegido de Dios que, llegado el momento, no quiso aceptar el mensaje del Mesías.
  • La lección que saca Jesús es muy dura: los ricos, los que están demasiado apegados a sus bienes, se hacen incapaces de recibir el Reino: «Más fácil es que un camello pase por el ojo de una aguja…».
  • Ante la afirmación de Jesús, el evangelista destaca la “sorpresa” de los discípulos. Era idea corriente entre los judíos que la riqueza era signo de la bendición de Dios: aquí, en cambio, Jesús da un giro radical a esta concepción. Lo absoluto de la exigencia del seguimiento, y la crítica a las riquezas desconcierta a los discípulos a tal punto que con angustia le preguntan: “¿Quién puede salvarse?”. Jesús responde con una cita del Génesis donde recuerda a Abraham la omnipotencia de Dios para cumplir sus promesas. Ahora también Dios sigue siendo omnipotente para transformar a los hombres y hacerlos capaces de renunciar a sus bienes para compartirlos, siguiendo a Jesús y su Evangelio.
  • A todos nos cuesta renunciar a lo que nos da seguridad: las riquezas, las ideas, los afectos, la familia o los proyectos. Nuestro tesoro está, donde está nuestro corazón. El desprendimiento es signo de la entrega de la propia vida y para compartir con los desposeídos de la tierra la vida y los bienes. Porque la felicidad no consiste en dejarlo todo, sino en hacerse libre de todo para entregarse a Cristo y al trabajo por el reino.
  • Con Dios es posible el amor, la solidaridad, la generosidad, el desinterés y la confianza en la providencia. Aceptar el Evangelio del Reino de Dios, es vivir un tipo de vida en el que los bienes no son el valor absoluto. Y esto sólo es posible en la medida en que Dios es valor radical que nos lleva al encuentro y descubrimiento del hermano por quien vale la pena renunciar al acumular, para vivir el compartir.

 

Para discernir

 

  • ¿Nuestro corazón está en el Dios del Reino y en la búsqueda del Reino de Dios?
  • ¿Estamos dispuestos a renunciar a estas falsas seguridades?
  • ¿Esperamos que Dios nos cambie el corazón, puesto que para Él nada hay imposible?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

…Para Dios todo es posible…

 

Para la lectura espiritual

 

…«Entonces ¿quién puede salvarse?»

 

Jesús, contestando a la pregunta que le había hecho un hombre rico, reveló como se puede llegar a la vida eterna. Pero es la idea de tener que abandonar sus riquezas lo que hizo que este hombre se quedara triste y se marchara. Entonces Jesús dijo: «Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios». A su vez, Pedro, que se había despojado de todo renunciando a su oficio y a su barca, que no poseía ni tan solo un anzuelo, se acerca a Jesús y le pregunta: «Entonces ¿quién puede salvarse?»

Fíjate al mismo tiempo en la reserva y en el celo de este discípulo. No ha dicho: «Mandas lo imposible, este mandamiento es demasiado difícil, esta ley es demasiado exigente». Tampoco se queda callado. Sino que, sin faltar al respeto y mostrando cuán atento estaba hacia los demás, dijo: «Entonces ¿quién puede salvarse?» Es porque incluso antes ya de ser pastor tenía alma de éste; ya antes de estar investido de autoridad…, se preocupaba del mundo entero.  Un hombre rico, probablemente habría preguntado lo mismo pero por interés, preocupado
por su situación personal y sin pensar en los otros. Pero Pedro, que era pobre, no puede ser sospechoso de haber hecho esta pregunta por semejantes motivos. Ello es señal de que se preocupaba por la salvación de los demás, y que deseaba aprender de su Maestro tal como se debe.

De aquí la respuesta alentadora de Cristo: «Es imposible para los hombres, no para Dios».

Lo cual quiere decir: «No penséis que yo os abandono. Yo mismo os asistiré en las cuestiones importantes, y haré que sea fácil y sencillo lo que es difícil»…

 

San Juan Crisóstomo (hacia 345-407),

Homilía sobre el deudor de diez mil talentos, 3; PG 51, 21

 

Para rezar

 

Jesús:

La certeza de tu identidad te ha liberado

para servir a Dios de maneras que no puedo imaginar.

Me siento muy limitado por mis temores y mis ansiedades,

y sin embargo me atrae la libertad que veo en Ti,

la libertad para servir a Dios.

Jesús, ayúdame a descubrir

dónde es que Dios quiere que yo sirva.

Veo muchas cosas negativas e injustas

en el mundo, en mi país, en mi ciudad,

y hasta en mi familia. Pero tengo miedo.

¿Cómo puedo cambiar ciertas cosas?

¿Cómo puedo aprender a confrontar?

Y más importante aún, ¿qué es lo que Dios quiere que yo haga?

Mi querido amigo Jesús, cuando Te veo,

quedo enamorado de Tu fuerza y de

la libertad con que sirves a Dios.

Eso me atrae fuertemente.

Quiero aprender a servir a Dios sin la carga de mis temores.

Pareces estar muy consciente de Tu identidad

y de cómo Dios Te ha llamado a servir.

Quiero tener el valor suficiente para confrontar

las estructuras y las autoridades que veo actuando mal.

Pero, Jesús, tengo miedo.

La confrontación me trae recuerdos de viejos temores

que necesitan ser sanados, y necesito sentir Tu amor

y Tu libertad para servir con todo el corazón.

Nunca he sido una persona luchadora, sino alguien que rehuye a los conflictos.

Pero cuando estoy contigo esta semana,

veo que las constantes confrontaciones

con las autoridades parecen darte una paz más profunda

y mayor firmeza.

Siento que estás cada vez más consciente

de Quien eres y de la misión que Dios Te ha encomendado.

Jesús, eso es lo que quiero. Quiero poder levantar la cabeza

y, como Tú, poder mirar la gente a los ojos cuando las desafío.

Quiero tener el valor de hablar por quienes necesitan ayuda.

Quiero tener el valor de estar contigo a todo momento,

trabajar como Tú, por la justicia y para llevar la buena nueva a los pobres.

Gracias por compartir Tu vida conmigo.

Siento que se van estrechando los lazos que me unen a Ti

a medida que Te voy conociendo cada día más.

Gracias por invitarme a acompañarte en esta travesía.

Dame el valor que necesito para caminar como Tú.

 

Martes VIII

 

Muchos de los últimos serán los primeros

 

Lectura del libro del Eclesiástico 35, 1-12

 

Observar la Ley es como presentar muchas ofrendas

y ser fiel a los mandamientos

es ofrecer un sacrificio de comunión;

devolver un favor es hacer una oblación de harina

y hacer limosna es ofrecer un sacrifico de alabanza.

La manera de agradar al Señor es apartarse del mal,

y apartarse de la injusticia es un sacrificio de expiación.

No te presentes ante el Señor con las manos vacías,

porque todo esto lo prescriben los mandamientos.

Cuando la ofrenda del justo engrasa el altar,

su fragancia llega a la presencia del Altísimo.

El sacrificio del justo es aceptado

y su memorial no caerá en el olvido.

Glorifica al Señor con generosidad

y no mezquines las primicias de tus manos.

Da siempre con el rostro radiante y consagra el diezmo con alegría.

Da al Altísimo según lo que él te dio,

y con generosidad, conforme a tus recursos,

porque el Señor sabe retribuir

y te dará siete veces más.

No pretendas sobornarlo con un don, porque no lo aceptaría,

y no te apoyes en un sacrificio injusto.

Porque el Señor es juez

y no hace distinción de personas.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 49, 5-8. 14. 23

 

R. ¡El Señor es el único Juez!

 

Al que va por el buen camino,

Le haré gustar la salvación de Dios.

El Dios de los dioses, el Señor,

habla para convocar la Tierra

desde la salida del sol hasta el ocaso. R

 

«Reúnanme a mis amigos,

a los que sellaron mi alianza con un sacrificio.»

¡Que el cielo proclame su justicia,

porque el Señor es el único Juez! R.

 

«Escucha, pueblo mío, yo te hablo;

Israel, voy a alegar contra ti: yo soy el Señor, tu Dios.

No te acuso por tus sacrificios:

¡tus holocaustos están siempre en mi presencia!» R.

 

«Ofrece al Señor un sacrificio de alabanza

y cumple tus votos al Altísimo.

El que ofrece sacrificios de alabanza, me honra de verdad;

y al que va por el buen camino,

le haré gustar la salvación de Dios.» R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    10, 28-31

 

Pedro le dijo a Jesús: «Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»

Jesús respondió: «Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna.

Muchos de los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Hoy Pedro sigue hablando de la herencia y la esperanza que nos concede Dios en su misericordia y siguiendo la costumbre de los primeros apóstoles, afirma la continuidad absoluta del Antiguo y del Nuevo Testamento.
  • El mismo Espíritu es el inspirador de los «profetas» antiguos que predecían la gracia que nos estaba destinada y el de los «predicadores actuales del evangelio, que anuncian la buena noticia, de que en la muerte y resurrección de Cristo Jesús se cumple todo lo anunciado antes. Cuando miramos el futuro lo hacemos con esperanza porque caminamos hacia la “revelación de Jesucristo”.
  • Por este motivo el autor de la carta quiere que los cristianos no se amolden a los deseos de antes, sino que vivan en santidad. Pedro repite lo que había oído decir a Jesús: sean perfectos como el Padre celestial es perfecto. Los discípulos somos hombres de memoria y profecía, vivimos entre el ayer y el mañana, esto nos lleva a vivir el presente alertas y siempre atentos al Espíritu, disponibles, despiertos y vigilantes.

***

  • Jesús ha pedido al rico que quería heredar el reino que lo venda todo y lo siga. Sin animarse a dar ese paso se aleja triste. Pedro aprovecha la ocasión para recodar que ellos lo han dejado todo y lo han seguido. Pedro y los discípulos todavía tienen una idea política del mesianismo de Jesús. No han descubierto todavía lo que les ofrece Jesús y buscan puestos de honor, recompensas humanas, soluciones cuasi mágicas.
  • Jesús y su Espíritu los irán ayudando a madurar en su fe, hasta que después de la Pascua puedan entregarse gratuita y generosamente al servicio de Cristo Jesús y de la comunidad, hasta la entrega de sus propias vidas.
  • La respuesta de Jesús es misteriosa y alentadora: «Recibirá en este tiempo cien veces más y en el futuro, la vida eterna».
  • No se trata de matemática. La respuesta habla de una situación de absoluta novedad. Jesús armará en torno a sí una nueva comunidad unida por lazos más fuertes que los de la sangre. Dejamos un hermano para buscar cien.
  • Al céntuplo que se recibirá de todo Jesús agrega: “con persecuciones”. En ningún momento Jesús asegura el éxito, felicidad humana y aplausos de los hombres. La promesa de la vida eterna viene después. A la Pascua salvadora se llega por el vía crucis del Viernes Santo. El amor muchas veces supone sacrificio. Requiere esfuerzo y lucha; pero vale la pena. Habrá felicidad, pero será la de aquel que descubre que hay “más alegría en dar que en recibir”. La felicidad será del que se sacrifica por los demás.
  • La pobreza por el Evangelio no se queda en una simple renuncia a los bienes materiales, ni mucho menos en un asistencialismo consistente en darle a los bienes, un fin social. El modo viejo de vivir marcado por el egoísmo y la seguridad que da la acumulación de bienes, tiene que dar paso a la donación, que lleva compartir los bienes de la tierra en solidaridad y comunión.
  • Jesús termina remarcando que no se puede pertenecer a la nueva comunidad del Reino con criterios de protagonismo o superioridad basados en el poder y el prestigio que dan las riquezas.
  • En el reino todos tendrán que adoptar la actitud de Jesús, la de hacerse “último de todos y servidor de todos”. En el Reino no valen las posiciones que crean diferencias. Lo que caracteriza al reino es la gratuidad en la cual no hay precio, pero sí hay valor. ¿Acaso, pregunta una madre cuánto le van a pagar por su trabajo? ¿Pone un amigo precio a la sinceridad? ¿Pasó factura Jesús por su entrega en la cruz? Lo que verdaderamente tiene valor es lo que se gesta desde el amor hecho de justicia, compasión misericordia y servicio.

 

Para discernir

 

  • ¿Qué sentido doy a mis renuncias?
  • ¿Tengo yo una actitud meramente negativa?
  • ¿Hago opciones o elecciones que sobrepasan todo precio humano?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

…Recibiremos cien veces más…

 

Para la lectura espiritual

 

…«Ya en este tiempo, cien veces más»

 

«Sembrad en justicia, dice el Señor, y recogeréis la esperanza de la vida». No habla del último día cuando todo se nos dará realmente y ya no en esperanza; habla del presente. Cierto, nuestro gozo será grande, nuestra alegría infinita, cuando comenzará la verdadera vida. Pero ya la esperanza de un gozo tan grande no se puede dar sin gran gozo. «Que la esperanza os tenga alegres» dice el apóstol Pablo (Rm 12,12). Y David no dice que estará gozoso, sino que ya lo ha estado el día en que ha esperado poder entrar en la casa del Señor (Sl 121,1).
Todavía no poseía la vida, pero ya había cosechado la esperanza de la vida. Y al mismo tiempo experimentaba  la verdad de la Escritura que dice que no sólo la recompensa sino «la esperanza de los justos está llena de gozo» (Pr 10,28). Este gozo se produce en el alma de aquel que ha sembrado para la justicia, por la convicción que tiene de que sus pecados le son perdonados…

…Cualquiera de entre vosotros, después de los principios amargos de la conversión, tiene la felicidad de verse aliviado por la esperanza de los bienes que espera… ya desde ahora ha recogido el fruto de sus lágrimas. Ha visto a Dios y ha escuchado de él: «Dadle el fruto de sus obras» (Pr 31,31). ¿Cómo es posible que el que ha «gustado y visto cuán bueno es el Señor» (Sl 33,9) no haya visto a Dios? El Señor Jesús aparece dulce a aquel que recibe de él no sólo la remisión de sus faltas, sino también el don de la santidad y, más aún, la promesa de la vida eterna. Dichoso el que ha hecho ya tan buena cosecha… El profeta dice en verdad: «Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares» (Sl 125,5)… Ningún provecho ni honor terrestre no nos parecerá estar por encima de nuestra esperanza y de este gozo de esperar, desde ahora enraizado profundamente en nuestros corazones: «La esperanza no engaña, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Rm 5,5)…

 

San Bernardo. Sermón 37 sobre el Cántico de los Cánticos

 

Para rezar

 

Quiero seguirte


 

Quiero seguirte, Señor, en medio de este mundo;

quiero seguirte en medio de tantas dificultades,

en medio de una sociedad que pasa cada vez más de ti;

en medio de tanta gente que, sin saberlo,

está hambrienta y necesitada

de algo que la llene de verdad.

Quiero seguirte, Señor,

porque sé que me necesitas para crear un mundo

en donde reine cada vez más la justicia, el amor y la paz;

un mundo donde todos

se puedan llamar algún día hermanos de verdad;

un mundo donde todos te reconozcan y se acerquen de nuevo a ti;

un mundo donde la única ley sea amarnos como tú nos amaste.

Hoy, Señor, quiero renovar mi opción por ti.

Quiero decirte que sigues siendo importante en mi vida,

que te necesito.

Quiero decirte que sin ti estaría perdido y desorientado

porque tú eres luz para mis ojos y calor para mi alma.

Sé, Señor, que tenerte en el centro de mi vida no es fácil,

que las dificultades afloraran sin yo buscarlas.

Algunas veces serán los que me rodean

que me invitarán a dejarte;

otras será mi pereza, mi comodidad, mi orgullo, mi «yo».

A pesar de todo, quiero lanzarme en el vacío,

quiero apostar por ti.

Porque sé que sólo quien apuesta en esta vida

es capaz de ganar algo;

porque sé que seguirte es hacer un ejercicio de confianza total

y yo estoy dispuesto a realizarlo,

porque tú no me vas a defraudar.


 

TIEMPO DTE EL AÑO – SEMANA VII – CICLO A

Domingo VII – Ciclo A

 

 

Lunes VII

 

Martes VII

 

Miércoles VII

22 de febrero – Cátedra de San Pedro (F)

 

Jueves VII

 

Viernes VII

 

Sábado VII

 

Domingo VII – Ciclo A

 

Amen a sus enemigos

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Levítico 19, 1-2. 17-18

 

El Señor dijo a Moisés:

Habla en estos términos a toda la comunidad de Israel:

Ustedes serán santos, porque Yo, el Señor su Dios, soy santo.

No odiarás a tu hermano en tu corazón; deberás reprenderlo convenientemente, para no cargar con un pecado a causa de él.

No serás vengativo con tus compatriotas ni les guardarás rencor.

Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Yo soy el Señor.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 102, 1-2. 3-4. 8 y 10. 12-13 (R.: 8a)

 

R. El Señor es bondadoso y compasivo.

 

Bendice al Señor, alma mía,

que todo mi ser bendiga a su santo Nombre;

bendice al Señor, alma mía,

y nunca olvides sus beneficios. R.

 

Él perdona todas tus culpas

y cura todas tus dolencias;

rescata tu vida del sepulcro,

te corona de amor y de ternura. R.

 

El Señor es bondadoso y compasivo,

lento para enojarse y de gran misericordia;

no nos trata según nuestros pecados

ni nos paga conforme a nuestras culpas. R.

 

Cuanto dista el oriente del occidente,

así aparta de nosotros nuestros pecados.

Como un padre cariñoso con sus hijos,

así es cariñoso el Señor con sus fieles. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto 3, 16-23

 

Hermanos:

¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él. Porque el templo de Dios es sagrado, y ustedes son ese templo.

¡Que nadie se engañe! Si alguno de ustedes se tiene por sabio en este mundo, que se haga insensato para ser realmente sabio. Porque la sabiduría de este mundo es locura delante de Dios. En efecto, dice la Escritura: «Él sorprende a los sabios en su propia astucia», y además: «El Señor conoce los razonamientos de los sabios y sabe que son vanos».

En consecuencia, que nadie se gloríe en los hombres, porque todo les pertenece a ustedes: Pablo, Apolo o Cefas, el mundo, la vida, la muerte, el presente o el futuro. Todo es de ustedes, pero ustedes son de Cristo y Cristo es de Dios.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 5, 38-48

 

Jesús, dijo a sus discípulos:

Ustedes han oído que se dijo: «Ojo por ojo y diente por diente». Pero Yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra. Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto; y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él.

Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado.

Ustedes han oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo» y odiarás a tu enemigo. Pero Yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque Él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.

Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos?

Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • La “ley de santidad” del Levítico trata de modelar el orden de la vida de los hombres a partir de la santidad de Dios. De ahí que sea una exigencia radical del mundo mismo para ser verdaderamente lo que es o está llamado a ser. La ley se dirige al pueblo de Dios en el mundo, para enseñarle el camino de acceso a la santidad de Dios o a la plena realización de sí mismo.

    ***

    • Llegando al final de la carta. Pablo presenta una de las grandes novedades del cristianismo: El verdadero templo de Dios es la propia comunidad cristiana construido por cada cristiano habitado por el Espíritu. El cristiano trabaja y vive ya en este Templo que es eterno, y debe dejar atrás lo que es secundario: el cristiano es de Cristo, y Cristo es de Dios. Esto exige que nuestra fe se sitúe por encima de toda sabiduría según el mundo, para vivir nuestra vida nueva en Cristo.

    ***

    • Seguimos escuchando la enseñanza de Jesús en su Sermón de la Montaña. El Maestro de Nazaret sigue profundizando en la ley promulgada en el Antiguo testamento, proponiéndonos las características del obrar cristiano.
    • La ley del talión no era una ley “bárbara”, sino una norma que ponía límite al afán desmesurado de venganza innato en el hombre. La reparación debe ser proporcional a la ofensa y no puede llevarse más allá: ojo por ojo, diente por diente.
    • En cambio, el discípulo de Jesús no puede contentarse con este rasero: “Yo, en cambio, les digo: No hagan frente al que los agravia; a quien te pide, dale…”. El discípulo de Jesús debe arrancar de su corazón el sentimiento de venganza y debe estar dispuesto a hacer más de lo que está estrictamente obligado en razón del mandamiento del amor que Jesús pondrá como síntesis de toda la ley y palabras de los profetas.
    • El mandamiento del amor al prójimo no era desconocido en el Antiguo Testamento. De hecho no era posible pensar que se podía amar a Dios sin interesarse por el prójimo (primera lectura). En el libro de los Proverbios se encuentra una afirmación que Jesús parece que repetir casi las mismas palabras: “Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer pan, y si tiene sed, dale agua para beber … y el Señor te recompensará “(Pr 25,21-22)
    • El mandamiento de Jesús es paradojal en su formulación, en su contenido y en su fuerte exigencia. El mandamiento de Jesús es nuevo y revolucionario por su universalismo, su extensión en sentido horizontal: no conoce restricciones de ningún tipo, de tal modo que no tiene en cuenta las excepciones de fronteras, de raza, de religión, pero se dirige al hombre en la unidad y la igualdad de su naturaleza.
    • Es nuevo por la magnitud, por la intensidad por su extensión vertical. La medida viene dada por el modelo que se nos presenta: “les doy un mandamiento nuevo: Ámense los unos a los otros como yo os he amado, así os améis unos a otros ” (Jn 13,34). La medida de nuestro amor al prójimo es el amor que Cristo tiene por nosotros, y de hecho el amor mismo que el Padre tiene por Cristo, porque “Como el Padre me ha amado, así os he amado” (Jn 15,9). Dios es amor (1 Jn 4:16) y esto se manifiesta en su amor: él nos amó primero y envió a su Hijo para expiar nuestros pecados (1 Jn 4:10)
    • Es nuevo el motivo que Jesús nos da: amar desde el amor de Dios, con amor puro y desinteresado, sin sombra de recompensa. Amarse los unos a los otros como hermanos, con un amor que busca el bien de la persona amada, no nuestro propio bien. Amar como Dios, que si no se ve el bien en la persona que ama lo crea en ella amándola.
    • Es nuevo porque Cristo lo eleva al nivel del mismo amor de Dios. Si la concepción judía que aparece en el levítico lleva a creer que el amor se pone en pie de igualdad con otros mandamientos la visión cristiana le da un lugar central, único. En el Nuevo Testamento, el amor al prójimo está indisociablemente vinculado con el precepto del amor de Dios.
    • El discípulo debe llegar, incluso, a amar a los enemigos. Jesús lleva la Ley a su perfección: el “prójimo” que debemos amar son todos los hombres, sin excepción. Jesús nos da ejemplo de lo que nos invita a vivir rezando por sus ejecutores.
    • Los enemigos no son sólo aquellos que nos odian y nos duele, aquellos con los que tenemos conflictos irreconciliables, sino también aquellos que son diferentes de mí, que no tienen mis gustos, mis ideas, no comparten mis puntos de vista, mis esquemas. Aquellos con quienes se da incompatibilidad de carácter, de mentalidad, de temperamento, a quienes nos podemos “aguantar”. Los que están siempre en contra mía, con hostilidad, que critican de forma inexorable todas mis iniciativas, mis ideas, que no me dejan pasar una. Son las personas que tienen el poder sacar lo peor de mi, que me hacen perder el tiempo con pavadas, que me cuentan minuciosamente cosas que sólo a ellos le importan, que no respetan mi tiempo, mis obligaciones, mi cansancio. Enemigos son los desleales, de doble cara por vocación, que se me muestran confiables y amigables, y después dan una puñalada por la espalda, que dicen una cosa, piensan otra y hacen otra diferente a las anteriores. Los que gozan poniéndome en ridículo.
    • El discípulo por un amor que trata de reproducir el de Dios es que se crea para los “enemigos” la ocasión del encuentro y la apertura rompiendo el círculo y reinventando la hospitalidad, desafiando la indiferencia y la intolerancia. Son perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo. Jesús llama a sus seguidores a reproducir la manera de ser y existir propia de Dios, su manera de pensar y sentir, sobre todo, su amor. La perfección evangélica poco tiene que ver con aquella perfección humana a la que estamos acostumbrados. La perfección cristiana solamente puede entenderse bien desde el punto de vista del amor, que es la manera de ser de Dios. De lo contrario, resulta un ideal de virtud, que puede ser griego, estoico, budista, filantrópico pero no el de Jesús.
    • Sean perfectos quiere decir, sean misericordiosos como lo es el Padre de todos que está en el cielo. En labios de Jesús la palabra misericordia significa amor gratuito, desbordante, generoso. La perfección evangélica es plenitud en el amor.
    • Jesús apunta al amor a los enemigos, como el horizonte del amor cristiano, a semejanza del amor de Dios, que nos quiere siendo pecadores. El horizonte del amor de Dios a los pecadores, que es horizonte de salvación, debe ser el horizonte del amor cristiano, un amor que rescata, que salva. Por eso el amor al enemigo no puede entenderse como complicidad con él ni como aceptación del mal. Amar al enemigo es querer y buscar su bien, que deje de ser enemigo, y que vuelva al amor de los hermanos
    • Vivir el Reino implica cambiar el modo de convivencia y valorizar el encuentro. La amistad, el amor no sólo es dar, sino recibir con el mismo compromiso. No basta con amar a nuestro prójimo desde Dios, debe dejarnos amar si no queremos renunciar al la respuesta de Dios
    • Como Iglesia debemos dar testimonio eficaz y cálido de este amor. Cuantas veces en nombre de la religión y de Cristo, los cristianos vivimos divididos. El orgullo, la terquedad, el desprecio y la falta de caridad han caracterizado a las disputas teológicas, pastorales y litúrgicas. Los presuntos enemigos de Dios y de la Iglesia se han combatido con armas y odio. Si bien hoy la Iglesia comienza a superar muchas de estas limitaciones, es preciso seguir trabajándolas desde adentro. No se trata de mirar no tanto lo que divide, sino ante todo, lo que nos une. No podemos condenar a priori a todo aquel que no cree lo mismo que nosotros sin asomarnos a descubrir aquellos valores humanos y religiosos auténticos que nos permitan entrar en diálogo.
    • El verdadero testimonio de vida de fe se da en un amor que es capaz de superar cualquier división.

 

Para discernir

 

  • ¿A qué me invitan los textos de estas lecturas?
  • ¿Qué conversión me pide hoy Jesús?
  • ¿Qué compromisos asumiremos en comunidad?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

…Abba, Padre…

 

Para la lectura espiritual

 

…”Si alguien nos dice: «No matar», la cosa no nos inquieta demasiado. ¿Cuántas veces tenemos ocasión de matar? Estamos acostumbrados a interpretar la falta de oportunidades (y nuestra falta de valor) como virtudes, e incluso nos hacemos ilusiones al respecto. Decimos, en efecto: «No he matado. Al menos en este punto nadie puede reprocharme».

Ahora bien, Jesús, casi radiografiando nuestros mecanismos de justificación y de defensa, prosigue: «Pero yo os digo que todo el que se enfade con su hermano será llevado a juicio y condenado a muerte». Ahora el asunto se pone peligroso. Y es que aquí estamos todos implicados. ¿Quién podría decir que no alimenta ningún rencor? Y de una manera lenta, pero inevitable, empieza a faltarnos el terreno bajo los pies. Si hasta ahora habíamos creído que podríamos colocarnos en la parte de los justos frente a Dios, puesto que no habíamos cometido ningún homicidio, ahora, en cambio, hemos sido desenmascarados como asesinos, porque Jesús no parece establecer ninguna diferencia entre un asesino y el que se enfada con su propio hermano. En todo caso, ambos merecen la condena a muerte [...].

Heme aquí cogido en una desnudez total. Ya no puedo esconderme detrás de ningún mandamiento. Estoy indefenso del todo, completamente impotente, y como tal me entrego a Dios, que es el único que puede salvarme de la muerte. Mi confianza no se basa ya en la observancia de los mandamientos. El único que puede salvarme es Dios; él es quien puede liberarme de la muerte. Una cosa es cierta: la antítesis de Jesús inserta a la persona en un movimiento que no es posible esperar de ley alguna…”

 

H. J. Venetz, EI discurso de la montaña.

 

Para rezar

 

¡Enséñanos a orar al Padre! (fragmento)

 

Señor de la Vida,

enséñanos a orar al Padre.

 

Enséñanos a llamarlo Papá,

como tú lo hacías.

Haznos sentir su cariño cercano,

muéstranos

su rostro misericordioso

y ayúdanos a escuchar su voz

que nos invita a vivir para dar vida

y construir el Reino en la tierra.


Que aprendamos a pedir perdón

por nuestras faltas,

y que aprendamos a aceptarlo

de los que pudieran ofendernos.

Arranca de raíz

nuestros prejuicios,

y la dureza del corazón

poco dispuesto a perdonar.

Empápanos de la humildad

del que se sabe en camino

y con posibilidad de equivocarse.

 

Que nuestra oración

no pierda la esperanza, Señor.

Que sea motor de nuestra utopía

y el lazo que nos una

a tus anhelos de Justicia,

Libertad, Paz y Vida.

 

Enséñamos a aprender

de la oración de los demás.

En especial

de los más pequeños y humildes.

Contagia el exceso de palabras

del silencio confiado del pobre,

tan lleno de tu sabiduría.

 

Muéstranos el rostro del Padre,

Jesús amigo, compañero,

amplifica su voz en nosotros,

y ayúdanos a hacer silencio

para escucharle.

 

Marcelo A. Murúa

 

Lunes VII

 

Creo, Señor, pero aumenta mi fe

 

Lectura del Libro del Eclesiástico 1, 1-10

 

Toda sabiduría viene del Señor y está con él eternamente. La arena de las playas, las gotas de la lluvia, los días de los siglos, ¿quién los contará? La altura del cielo, la anchura de la tierra, la hondura del abismo, ¿quién los rastreará? Antes que todo fue creada la sabiduría; la inteligencia y la prudencia, antes de los siglos. La raíz de la sabiduría, ¿a quién se reveló?; la destreza de sus obras, ¿quién la conoció? Uno solo es sabio, temible en extremo; está sentado en su trono. El Señor en persona la creó, la conoció y la midió, la derramó sobre todas sus obras; la repartió entre los vivientes, según su generosidad se la regaló a los que lo temen.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO
Sal. 92, 1-2.5

 

R: El Señor reina, vestido de majestad.

 

El Señor reina, vestido de majestad,

el Señor vestido y ceñido de poder. R.

 

Así está firme el orbe y no vacila.

Tu trono está firme desde siempre,

y tú eres eterno. R.

 

Tus mandatos son fieles y seguros;

la santidad es el adorno de tu casa,

Señor, por días sin término. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    9, 14-29

 

Cuando volvieron a donde estaban los otros discípulos, los encontraron en medio de una gran multitud, discutiendo con algunos escribas. En cuanto la multitud distinguió a Jesús, quedó asombrada y corrieron a saludarlo. El les preguntó: « ¿Sobre qué estaban discutiendo?»

Uno de ellos le dijo: «Maestro, te he traído a mi hijo, que está poseído de un espíritu mudo. Cuando se apodera de él, lo tira al suelo y le hace echar espuma por la boca; entonces le crujen sus dientes y se queda rígido. Le pedí a tus discípulos que lo expulsaran pero no pudieron.»

«Generación incrédula, respondió Jesús, ¿hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo.» Y ellos se lo trajeron. En cuanto vio a Jesús, el espíritu sacudió violentamente al niño, que cayó al suelo y se revolcaba, echando espuma por la boca.

Jesús le preguntó al padre: « ¿Cuánto tiempo hace que está así?» «Desde la infancia, le respondió, y a menudo lo hace caer en el fuego o en el agua para matarlo. Si puedes hacer algo, ten piedad de nosotros y ayúdanos.»

« ¡Si puedes…!», respondió Jesús. «Todo es posible para el que cree.» Inmediatamente el padre del niño exclamó: «Creo, ayúdame porque tengo poca fe.»

Al ver que llegaba más gente, Jesús increpó al espíritu impuro, diciéndole: «Espíritu mudo y sordo, yo te lo ordeno, sal de él y no vuelvas más.» El demonio gritó, sacudió violentamente al niño y salió de él, dejándolo como muerto, tanto que muchos decían: «Está muerto.» Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó, y el niño se puso de pie.

Cuando entró a la casa y quedaron solos, los discípulos le preguntaron: « ¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?»

El les respondió: «Esta clase de demonios se expulsa sólo con la oración.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Empieza la lectura del libro del Eclesiástico y hoy escuchamos los primeros versículos, que son como un himno a la sabiduría. El Eclesiástico fue escrito en hebreo hacia el año 190 antes de Jesucristo en Jerusalén, por Ben-Sirac,  un judío culto y experimentado. Ben Sirac posee un sólido humanismo que llama «sabiduría», que a la vez es inseparable  de su fe. Según él, el éxito del hombre, el arte del bien vivir, procede de una  correspondencia con el pensamiento divino de Dios. “Toda sabiduría viene de Dios y está con Él eternamente”: es la primera frase del libro y la clave de todo lo restante.
  • La sabiduría es trascendente, misteriosa, insondable. El Señor la creó, la midió y la derramó sobre todas sus obras, en todos los  vivientes, conforme a su bondad y la regaló a los que lo temen. El «temor de Dios» no quiere decir miedo, sino  respeto, admiración y reconocimiento de la grandeza de Dios: o sea, una actitud de fe y  obediencia. Sólo los creyentes pueden tener verdadera sabiduría como participación de la de Dios.
  • La verdadera sabiduría no consiste en conocer muchas cosas, ni siquiera sobre sí  mismo. Porque la sabiduría de verdad, lleva en sí misma una especie de impulso  transformador del hombre al hacerle ver cómo tiene que someterse al yugo de las buenas  obras. El sabio se manifiesta sobre todo  en su buen comportamiento, fruto precisamente de la docilidad a la sabiduría.

***

  • Luego de bajar del monte con sus tres acompañantes, Jesús es saludado por la gente.  Quiere saber sobre que discutían un grupo de sus discípulos y la gente.
  • Esta vez la escena es un caso de aparente epilepsia, que es atribuido por la mentalidad de aquella época a la acción del demonio.
  • Atribuían a los “espíritus impuros” todo lo que atacaba al hombre de un modo más  espectacular. Por otra parte, la continuación del relato nos mostrará que este muchacho  padecía un doble mal: una epilepsia y una presencia demoníaca. Jesús llevará a cabo esta  curación en dos tiempos: hay primero un exorcismo que le libra del “espíritu impuro” y deja  al muchacho como muerto; luego la curación definitiva, hecha más sencillamente a la  manera de otras curaciones: Jesús lo tomó de la mano y lo levantó.
  • Para el seguimiento de Jesús no basta con dejar de ser malo. Es necesario, por la misericordia de Dios, llenarse de la fuerza del amor y ponerse de pie, en capacidad de seguir a Jesús. Pero, sobre todo, es necesario tener fe.
  • La falta de la verdadera fe es la que impide experimentar la salvación que Jesús ofrece. Por eso el Señor se dirige primero a todos, y los llama “generación incrédula”; después con el padre del muchacho, a quien invita a creer. Y finalmente con sus discípulos, a quien les explica su impotencia para curar: por falta de oración.
  • El padre del muchacho intuye las puertas que abre la fe, y, a la invitación de Jesús, hace una admirable  “profesión de fe”… llena de humildad. “¡Sí, creo! Pero, Señor, ven a robustecer mi pobre fe, pues siento ¡que no creo todavía suficiente!
  • Jesús aparece de nuevo como más fuerte que el mal. Tiene la fuerza de Dios. Igual que  en la montaña los tres discípulos han sido testigos de su gloria divina, ahora todos  presencian asombrados otra manifestación mesiánica: ha venido a librar al mundo de sus  males, incluso de los demoníacos, de la enfermedad y de la muerte.
  • En la guerra continua entre el bien y el mal, Cristo se nos muestra como vencedor y nos  invita a que, apoyados en Él -con la oración y el ayuno, no con nuestras fuerzas-  colaboremos a que esa victoria se extienda a todos, también en nuestro tiempo.
  • En nuestra lucha contra el mal que hay dentro de nosotros y el de los demás, sólo  puede ser eficaz si se basa en la fuerza de Dios. Sólo puede suceder desde la fe y la  oración, en unión con Cristo, el que libera al mundo de todo mal. No se trata de hacer  gestos mágicos o de pronunciar palabras que tienen eficacia por sí solas. El que salva y el  que libera es Dios. Y nosotros, sólo si nos mantenemos unidos a Él por la oración. Esta es la lección que nos da hoy Jesús.
  • Nuestro camino de fe se realiza trabajando a favor del Reino de Dios, hasta que éste llegue a su plenitud, en el Reino eterno. Nuestro trabajo no puede realizarse sólo con nuestros medios, por muy importantes que estos parezcan de acuerdo a los criterios de los hombres. Por eso necesitamos encontrarnos personalmente con el Señor, orar y no tener miedo incluso a ayunar, no como masoquista, sino como la mejor disposición que tenemos de abrirnos; para encontrarnos amorosamente con el Señor, libres de todo aquello que nos impide tenerlo sólo a Él como centro de nuestra vida. De ese modo podremos pedirle su sabiduría y su fortaleza para poder, así, descubrir sus caminos y seguirlos con un gran amor hecho gesto y palabra servicial y salvadora.

 

Para discernir

 

  • ¿Sé pedir con sencillez y humildad?
  • ¿Me apoyo en mis fuerzas o soy capaz de abandonarme en el poder de Dios?
  • ¿De qué manera la fe ha renovado mi vida?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

…Todo es posible para el que cree…

 

Para la lectura espiritual

 

… «Ven y ayuda mi poca fe»

. ..”Aleja la duda de tu alma, y nunca temas dirigir a Dios tu plegaria, diciéndote: « ¿Cómo podría yo orar, cómo podría yo ser escuchado, después de haber ofendido tanto a Dios?» No razones de esta manera; sino vuélvete al Señor con todo tu corazón, y órale con plena confianza. Conocerás entonces toda la extensión de su misericordia; verás que, lejos de abandonarte, colmará los deseos de tu corazón. Porque Dios no es como los hombres que se acuerdan del mal; en él no hay ningún resentimiento, sino una tierna compasión hacia sus criaturas. Purifica, pues, tu corazón de todas las vanidades del mundo, del mal y del pecado…, y ora al Señor. Lo alcanzarás todo…, si haces tu oración con total confianza.

Pero si la duda se desliza en tu corazón, ninguna de tus peticiones verás atendida. Los que dudan de Dios son almas dobles; no consiguen nada de lo que piden… Cualquiera que dude, a no ser que se convierta, difícilmente será escuchado y salvado. Purifica, pues, tu alma de la duda, revístete de la fe, porque es poderosa, y cree firmemente que Dios escuchará tus peticiones. Y si ocurre que se retrasa un poco en escuchar tu petición, no caigas en la duda por el mero hecho de no haberlo obtenido todo inmediatamente; este retraso es para hacerte crecer más en la fe. No dejes, pues, de pedir lo que deseas… Aleja de ti la duda; es perniciosa e insensata, quita a muchos la raíz de la fe, incluso a los que estaban muy firmes en ella… La fe es fuerte y poderosa; lo promete todo y tiene éxito en todo; la duda, falta de confianza, fracasa en todo…

 

Pastor de Hermas (siglo II)

 

Para rezar

 

Creemos en Dios Padre, de infinita sabiduría

poder y amor, que expresa su misericordia

en todas sus obras y que quiere siempre el bien de sus hijos.

Creemos en Jesucristo, Hijo de Dios, nacido de mujer,

don de la inagotable gracia del Padre,

fundamento de nuestra esperanza y promesa

de nuestra liberación del pecado y de la muerte.


Creemos en el Espíritu Santo, la presencia divina

en nuestras vidas, por el cual conocemos la verdad de Cristo

y hallamos fortaleza y auxilio en tiempo de necesidad.

Creemos que esta fe debe manifestarse en servicio,

movida por el amor, siguiendo el ejemplo

de nuestro bendito Señor, de manera que el Reino de

Dios se haga realidad en la tierra.

 

 

Martes VII

 

Para ser el primero, hacerse el último

 

Lectura del Libro del Eclesiástico 2, 1-11

 

Hijo mío, cuando te acerques al temor de Dios, prepárate para las pruebas; mantén el corazón firme, sé valiente, no te asustes en el momento de la prueba; pégate a él, no lo abandones, y al final serás enaltecido. Acepta cuanto te suceda, aguanta enfermedad y pobreza, porque el oro se acrisola en el fuego, y el hombre que Dios ama, en el horno de la pobreza. Confía en Dios, que él te ayudará; espera en él, y te allanará el camino. Los que temen al Señor, esperen en su misericordia, y no se aparten, para no caer; los que temen al Señor, confíen en él, que no retendrá su salario hasta mañana; los que temen al Señor, esperen bienes, gozo perpetuo y salvación; los que temen al Señor, ámenlo, y él iluminará sus corazones. Fíjense en las generaciones pretéritas: ¿quién confió en el Señor y quedó defraudado?; ¿quién esperó en él y quedó abandonado?; ¿quién gritó a él y no fue escuchado? Porque el Señor es clemente y misericordioso, perdona el pecado y salva del peligro.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 36, 3-4.18-19.27.39-40

 

R.    Encomienda tu camino al Señor, y él actuará.

 

Confía en el Señor y haz el bien,

habita tu tierra y practica la lealtad;

sea el Señor tu delicia,

y él te dará lo que pide tu corazón. R.

 

El Señor vela por los días de los buenos,

y su herencia durará siempre;

no se agostarán en tiempo de sequía,

en tiempo de hambre se saciarán. R.

 

Apártate del mal y haz el bien,

y siempre tendrás una casa;

porque el Señor ama la justicia

y no abandona a sus fieles.

Los inicuos son exterminados,

la estirpe de los malvados se extinguirá. R.

 

El Señor es quien salva a los justos,

él es su alcázar en el peligro;

el Señor los protege y los libra,

los libra de los malvados y los salva

porque se acogen a él. R

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    9,30-37

 

Al salir de allí atravesaron la Galilea; Jesús no quería que nadie lo supiera, porque enseñaba y les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará.» Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas.

Llegaron a Cafarnaún y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: « ¿De qué hablaban en el camino?» Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande.

Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: «El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos.»

Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo: «El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El optimismo, apoyado en la convicción de la sabiduría de Dios, no impide a Ben Sirac ser realista: desde el segundo capítulo, cuida de advertir a su discípulo que no será exceptuado de la prueba.
  • Las maravillas de la naturaleza no le impiden ver también los desórdenes: hombres que mueren de hambre, cataclismos, sufrimientos individuales, enfermedad, muerte. Ben Sirac, hombre práctico, da consejos concretos sobre las actitudes a tomar cuando viene la prueba: tener paciencia, aceptar, esperar el final, ser fiel, ver la prueba como algo temporal que un día terminará.
  • El drama enorme es, precisamente, que el sufrimiento pueda hacernos dudar de Dios. Pero, aquí también, la experiencia corriente nos muestra que el hombre de fe puede hallar en la “presencia” de Dios un consuelo, pero no es algo automático. Ese “compañerismo” que Dios ofrece a los que sufren, ha supuesto para El, vivir personalmente la cruz del hombre, en Jesucristo.

    ***

    • Jesús para ir educando a los suyos en el camino del discipulado, les anuncia por segunda vez su pasión y su muerte. Pero todavía no están dispuestos a entender lo que les está queriendo decir. Lo que les preocupa, y de eso discuten en el camino, es «quién será el más importante». Ya se ven en el Reino del Maestro, ocupando los puestos de honor.
    • Aún se ve lo difícil que es para los discípulos comprender la pasión, muerte y resurrección de Jesús. A pesar de haber escuchado, directamente de sus labios, los requerimientos para la construcción del Reino siguen preocupados más por el poder, que por entregar incondicionalmente la vida por el hermano como les propone el Maestro.
    • Jesús, en la serenidad de casa, con extrema delicadeza les da una lección para que vayan corrigiendo sus expectativas. Les aclara que no se puede ser el primero en su Reino si no se abandona toda tentativa de poder, asumiendo comprometidamente el servicio y la entrega por los demás.
    • Después, pone a un niño en medio de ellos y dice que el que recibe a un niño lo recibe a Él. Precisamente a un niño, que en el ambiente social de entonces era más bien marginado de la sociedad y tenido en muy poco.
    • Jesús puede hablarles del poder y valor de la servicialidad porque es el primero que la vive con toda radicalidad. Toda su vida está en esa actitud de entrega por los demás porque no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida para la salvación de todos. Actitud que manifiesta en su cercanía a los más necesitados, que pondrá de manifiesto con ellos cuando arrodillado les lave los pies; pero sobre todo cuando en la cruz entregue su vida.
    • La dificultad para entender la lección que Jesús dio a los apóstoles también la padecemos hoy. Tendemos a ocupar los primeros lugares, a buscar nuestros propios intereses, a despreciar a aquellos de los que no podemos esperar mucho. Eso pasa en el mundo de la política, en nuestro mundo familiar o comunitario, en nuestra vida eclesial. Nuestra naturaleza se rebela cuando podemos «ser el último de todos».
    • La salvación del mundo vino a través de la cruz de Cristo. Seguimos a un Salvador humilde, aparentemente fracasado, el Siervo de todos, hasta la Cruz. El discípulo no puede ser más que el maestro. Colaborar con Él en la construcción del reino significará muchas veces sufrimiento, otras veces renuncia y esfuerzo, y siempre entrega gratuita.
    • Aquel que quiera ser discípulo de Jesús debe ser un servidor integral, especialmente de los que más lo necesitan, de los abandonados, de los postergados, de los que nadie atiende, aquellos de los que nadie se acuerda. Amar es servir. Un cristiano que no sirve, no sirve como cristiano. “Una Iglesia que no sirve, no sirve para nada”.
    • Como Iglesia también debemos asumir la radicalidad de la propuesta de servicio que Jesús asumió con todas las consecuencias que implique. Vivir en pobreza y al servicio de los hombres y de todo hombre, es la única obligación del cristiano.

 

Para discernir

 

  • ¿Acepto las consecuencias de renuncia y cruz en el seguimiento del Señor?
  • ¿Busco una salvación a mi medida?
  • ¿Reconozco en el servicio una fuente de Gracia?

     

Repitamos a lo largo de este día

 

…Seamos primeros sirviendo a todos…

 

Para la lectura espiritual

 

«Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos»

 

¡Jesús!… ¡Qué humildad la tuya, Rey de la gloria, al someterte a todos los sacerdotes, sin hacer distinción alguna entre los que te aman y los que, por desgracia, son tibios o fríos en tu servicio…! A su llamada, tú bajas del cielo; pueden adelantar o retrasar la hora del santo sacrificio, que tú estás siempre pronto a su voz… ¡Qué manso y humilde de corazón me pareces, Amor mío, bajo el velo de la blanca hostia! (Mt 11,29). Ya no puedes abajarte más para enseñarme la humildad; por eso, para responder a tu amor, yo también quiero desear que mis hermanas me pongan siempre en el último lugar y convencerme de que ése es precisamente mi sitio.

Yo sé bien, Dios mío, que al alma orgullosa tú la humillas y que a la que se humilla le concedes una eternidad gloriosa; por eso quiero ponerme en el último lugar y compartir tus humillaciones, para «tener parte contigo» (Jn 13,8) en el reino de los cielos.

Pero tú, Señor, conoces mi debilidad; cada mañana hago el propósito de practicar la humildad, y por la noche reconozco que he vuelto a cometer muchas faltas de orgullo. Al ver esto, me tienta el desaliento, pero sé que el desaliento es también una forma de orgullo. Por eso quiero, Dios mío, fundar mi esperanza sólo en ti; ya que tú lo puedes todo, haz nacer en mi alma la virtud que deseo. Para alcanzar esta gracia de tu infinita misericordia, te repetiré muchas veces: « ¡Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo»…

 

 Santa Teresa del Niño Jesús (1873-1897), carmelita descalza, Doctora de la Iglesia -Oración 20

 

Para rezar

 

Gracias, Señor, por haberme llamado

a servir gratuitamente,
a dar mi tiempo, mis energías

y mi amor a quienes sufren.
Aquí estoy, Señor, envíame.
Dispón mi mente y mi corazón

a escuchar sin prejuicios,
a servir hasta las últimas consecuencias.

Envíame, Señor, a pesar de que yo también soy débil
así comprenderé que eres tú nuestra fuerza,
y mis hermanos descubrirán tu rostro

en mi presencia discreta.
Envíame, Señor, y así comprenderé

que la mayor felicidad está en servirte.

Amén.

 

 

Miércoles VII

22 de febrero – Cátedra de San Pedro (F)

 

Esto te lo ha revelado mi Padre que está en el cielo

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro    5, 1-4

 

Queridos hermanos:

Exhorto a los presbíteros que están entre ustedes, siendo yo presbítero como ellos y testigo de los sufrimientos de Cristo y copartícipe de la gloria que va a ser revelada. Apacienten el Rebaño de Dios, que les ha sido confiado; velen por él, no forzada, sino espontáneamente, como lo quiere Dios; no por un interés mezquino, sino con abnegación; no pretendiendo dominar a los que les han sido encomendados, sino siendo de corazón ejemplo para el Rebaño. Y cuando llegue el Jefe de los pastores, recibirán la corona imperecedera de gloria.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 22,1-6

 

R.    El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.

 

El Señor es mi pastor,

nada me puede faltar.

El me hace descansar en verdes praderas,

me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas:

me guía por el recto sendero, por amor de su nombre. R.

 

Aunque cruce por oscuras quebradas,

no temeré ningún mal,

porque Tú estás conmigo:

tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.

 

Tú preparas ante mí una mesa,

frente a mis enemigos;

unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa. R.

 

Tu bondad y tu gracia me acompañan

a lo largo de mi vida;

y habitaré en la casa del Señor,

por muy largo tiempo. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    16, 13-19

 

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: « ¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?»

Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas.»

«Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?»

Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»

Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • La celebración de la Cátedra de San Pedro en este día, da a la liturgia la ocasión para colocarnos, en pleno camino cuaresmal, ante la Persona de Jesús y su Misterio. Hasta este momento en el Evangelio, han sido los otros quienes continuamente se han puesto interrogantes y proclamado lo que pensaban sobre la Persona de Jesús al ver sus signos y prodigios.
  • El paso a la parte pagana del lago tenía por objeto salir del territorio judío. Cesarea de Filipo era la capital del territorio gobernado por este tetrarca, hermano de Herodes Antipas. Para proponer a sus discípulos la cuestión de su identidad, Jesús los saca del territorio donde reina la concepción del Mesías davídico.
  • Ahora, Jesús mismo interroga los discípulos para hacer brotar la respuesta de la fe. Después de contestar lo que la gente piensa, Pedro toma la palabra en nombre de todos. Pedro pertenece a la categoría de los sencillos, no a la de los sabios y entendidos, y ha recibido esa revelación que le permite reconocer al Nazareno como el Cristo, el Hijo de Dios, el Hijo amado del Padre, enviado al mundo para salvarnos. Pedro es admitido a participar en el secreto de Dios.
  • La revelación del Padre está ofrecida a todos, no es un privilegio de Pedro, pero sólo los “sencillos” están en disposición de recibirla. Los que reciben del Padre la revelación sobre Jesús son los que ven en Jesús la imagen del Padre, y los que reciben de Jesús la experiencia de Dios como Padre y pueden invocarlo como tal.
  • Simón Pedro, es el primero que profesa la fe en Jesús con una fórmula que describe perfectamente su ser y su misión por eso se constituye como el prototipo de todos los creyentes. Con éstos, Jesús construye la nueva sociedad humana, que tiene por fundamento inamovible esa fe. Apoyada en ese cimiento, la comunidad de Jesús podrá resistir todos los embates de las fuerzas enemigas, representadas por los perseguidores. Posibilita además el ofrecimiento de salvación, dando a los seres humanos la oportunidad que esperan y pueden, también, excluir a los que rechazan esa salvación.
  • En la fe de Pedro podemos entender las posibilidades que abre la fe a toda existencia creyente. Pedro a pesar de reconocer a Jesús como el Mesías esperado, no pudo sostener esta afirmación en todo momento de su vida, fue débil; sin embargo, a pesar de sus pecados, volvió al Señor y hoy podemos celebrar su Cátedra: su autoridad, concedida por Jesucristo y asentada en Roma como Pastor universal de la Iglesia.
  • En esta segunda semana de Cuaresma, esta pregunta se dirige a nosotros para que podamos verificar hondamente la calidad de nuestra relación con Jesús, nuestra experiencia de su Misterio y nuestra respuesta. El Señor nos lleva a la región extranjera de nuestro corazón, a la de la pregunta y nos interroga amistosamente para hacer brotar de nuestro corazón una respuesta de fe más profunda y más comprometida.

 

Para discernir

 

  • ¿Vivo mi fe enraizada en la fe de los apóstoles?
  • ¿Descubro la necesidad de compartir la fe que profeso?
  • ¿Experimento a la Iglesia como maestra en el camino de mi fe?

 

Para la lectura espiritual

 

…”El Señor Jesús repite la pregunta que se lee en el Evangelio de Mateo: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy?”.

“Una pregunta clara, ante la cual no es posible escapar o permanecer neutrales, ni postergar la respuesta o delegarla a otro. Pero en ella no hay nada de inquisitorio, es más, ¡Está llena de amor! El amor de nuestro único Maestro, que hoy nos llama a renovar la fe en Él, reconociéndolo como Hijo de Dios y Señor de nuestra vida. Y el primero llamado a renovar su profesión de fe es el Sucesor de Pedro, que lleva consigo la responsabilidad de confirmar a los hermanos” (Cfr. Lc 22, 32).

… “Estamos llamados a ser los colaboradores de Dios en una empresa tan fundamental y única como la de testimoniar con nuestra existencia la fuerza de la gracia que transforma y el poder del Espíritu que renueva”. Y añadió antes de concluir: “Dejemos que el Señor nos libere de toda tentación que aleja de lo esencial de nuestra misión y redescubramos la belleza de profesar la fe en el Señor Jesús”.

 

Párrafos de la homilía del Papa Francisco el 22/02/2016

Para rezar

 

Creemos en Jesucristo, el hombre de Nazaret,

nuestro Señor crucificado y resucitado.
El vino a nosotros, compartió nuestra vida,

conquistó el pecado y la muerte y reconcilió
el mundo consigo mismo.

Derramó sobre nosotros su Santo Espíritu,

creando y renovando la Iglesia de Jesucristo,

uniendo en su alianza a los creyentes de todas las lenguas y razas.
Nos llamó a ser su Iglesia a aceptar

el costo y la alegría del discipulado,

a ser siervos en el servicio a los demás,

a proclamar el evangelio a todo el mundo

y resistir el poder del diablo,
a recibir el bautismo de Cristo y comer en su mesa,

a participar en su pasión y victoria.
El prometió a todos los que confían en él

el perdón de los pecados y la gracia plena,

coraje en la lucha por la justicia y la paz,

su presencia en la prueba y el gozo, y eterna vida en el
Reino que no tiene fin.

Bendición y honor, gloria y poder sean a Él. Amén

Aportado por: Equipo De Selah

 

 

Jueves VII

 

Si tu mano es ocasión de pecado, córtala

 

Lectura del libro del Eclesiástico 5, 1-8

 

No te fíes de tus riquezas

ni digas: «Con esto me basta.»

No dejes que tu deseo y tu fuerza

te lleven a obrar según tus caprichos.

No digas: «¿Quién podrá dominarme?»,

porque el Señor da a cada uno su merecido.

No digas: «Pequé, ¿y qué me sucedió?»,

porque el Señor es paciente.

No estés tan seguro del perdón,

mientras cometes un pecado tras otro.

No digas: «Su compasión es grande;

Él perdonará la multitud de mis pecados»,

porque en él está la misericordia, pero también la ira,

y su indignación recae sobre los pecadores.

No tardes en volver al Señor,

dejando pasar un día tras otro,

porque la ira del Señor irrumpirá súbitamente

y perecerás en el momento del castigo.

No te fíes de las riquezas adquiridas injustamente:

de nada te servirán en el día de la desgracia.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6 (R.: 39, 5a)

 

R. ¡Feliz el que pone su confianza en el Señor!

 

¡Feliz el hombre

que no sigue el consejo de los malvados,

ni se detiene en el camino de los pecadores,

ni se sienta en la reunión de los impíos,

sino que se complace en la ley del Señor

y la medita de día y de noche! R.

 

El es como un árbol

plantado al borde de las aguas,

que produce fruto a su debido tiempo,

y cuyas hojas nunca se marchitan:

todo lo que haga le saldrá bien. R.

 

No sucede así con los malvados:

ellos son como paja que se lleva el viento,

porque el Señor cuida el camino de los justos,

pero el camino de los malvados termina mal. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    9, 41-50

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé de beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo.

Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar.

Si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtala, porque más te vale entrar en la Vida manco, que ir con tus dos manos a la Gehena, al fuego inextinguible. Y si tu pie es para ti ocasión de pecado, córtalo, porque más te vale entrar lisiado en la Vida, que ser arrojado con tus dos pies a la Gehena. Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo, porque más te vale entrar con un solo ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos a la Gehena, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.

Porque cada uno será salado por el fuego.

La sal es una cosa excelente, pero si se vuelve insípida, ¿con qué la volverán a salar?

Que haya sal en ustedes mismos y vivan en paz unos con otros.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El sabio nos da hoy un serio aviso: «No confíes en tus riquezas… no confíes en tus fuerzas, porque el Señor te exigirá cuentas».
  • Algunos se sienten seguros porque se fían de sus riquezas; otros se sienten «poderosos» porque se escudan en la bondad y la paciencia de Dios: «He pecado y nada malo me ha sucedido, porque él es un Dios paciente». Esto no debe ser excusa para hacer nuestro capricho; Dios tiene mucha paciencia, pero también es justo.
  • La consigna del sabio: «No tardes en volverte a él y no des largas de un día para otro», nos invita a que no nos fiemos de nuestras fuerzas, ni estemos demasiado satisfechos de cómo vaya nuestra vida, sino más bien que pensemos si estamos dando los frutos que Dios espera de nosotros y nos preocupemos de hacer el bien.

 ***

  • El evangelio de hoy nos recuerda una serie de rasgos que deberían presentar los que quieren seguir al Maestro de Nazaret. Jesús invita a una actitud resuelta, incluso radical, expresada con imágenes casi agresivas: “Si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela”. Jesús se mantiene duro en las exigencias. Hay situaciones o realidades en las que la pedagogía del Señor carecerá de espera compasiva. Llama la atención la firmeza de sus palabras y su juicio determinante. ¿Es que acaso pide verdaderamente una mutilación cuando una parte del cuerpo es causa de escándalo? Como en otros casos, las palabras son fuertes y despiadadas, a fin de indicar la gravedad de la situación.
  • Estamos ante expresiones que han de ser comprendidas en su significado y no aceptadas en su sentido literal, porque llevarían a constatar una incoherencia con el resto del mensaje de Jesús.
  • Las imágenes que usa Jesús son fuertes: hay que extirpar todo lo que en uno mismo se oponga a vivir el mensaje de salvación y cause daño a los que quieren ser fieles a él. Sólo una decisión fuerte lleva a la vida, la opción contraria lleva a la muerte. La imagen de la vida, está en paralelo con la del reino de Dios. La propuesta invita a asegurar la plenitud de vida tanto en el mundo presente como en el futuro. Hay que hacer opciones, por dolorosas que sean, pues son opciones entre el éxito y el fracaso de la existencia: toda tarea, comportamiento o anhelo que esté viciado por el egoísmo o la ambición de poder hay que suprimirla, porque pone en peligro la fidelidad al mensaje e impide nuestro crecimiento.
  • La petición de Jesús trae de la mano la actitud de conversión y ésta “compromete” toda la vida. La mano, o el pie, o el ojo que pecan están dirigidos por un cerebro y por una voluntad muchas veces enferma.
  • De nada serviría privarse de un miembro sin entrar en las causas. La conversión tiene que ver con todo el hombre y no con una de sus partes. La maldad viene del interior del hombre y no del exterior (cf. 7, 20-23).
  • Las palabras fuertes en los pasajes de hoy, nos hablan de mensajes fuertes y arriesgados, sin apelación, destinados a concientizar a las personas y enfrentarlas sin posiciones lavadas ante la presencia trágica del mal.
  • Nosotros también, sin darnos cuenta, muchas veces nos encontramos rodando en una complaciente connivencia con el mal, cubierta de un lustre de espiritualismo, necesidades sociales o jurídicas: “¿qué tiene de malo?”, “lo hacen todos”. Esta nefasta actitud tiene el poder de licuar la conciencia moral, de modo que los valores quedan empobrecidos y degradados, y el indiferentismo reine como soberano. No es cuestión de irnos cortando de a partes (lo que por cierto no haremos), sino de convertir el corazón y desde la vida de la gracia darle a nuestro cuerpo y nuestra alma la unidad que necesitan.

 

Para discernir

 

  • ¿Qué parte de mí arrancaría con fuerza?
  • ¿Con qué lugar de mi corazón está conectado lo que arrancaría?
  • ¿Cuáles son los caminos positivos para revertir la situación, sin bisturí, ni navaja, ni hacha?
  • ¿Qué situaciones avalo con el refugio de “todos los hacen”?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

…”No escandalicemos a los pequeños que tienen fe”…

 

Para la lectura espiritual

 

Los caminos para entrar en la vida eterna



…” ¿Queréis que os indique los caminos de la conversión? Son numerosos, variados y diferentes, pero todos conducen al cielo. El primer camino de la conversión es aborrecer nuestros pecados. “Empieza tú a confesar tus pecados para ser justo.” (Is 43,26) Esto porque dice el profeta: “Me dije: -confesaré al Señor mis culpas.- Y tú perdonaste mi falta y mi pecado.” (Sal 31,5) Condena tú mismo las faltas que has cometido y esto bastará para que el Maestro te escuche. El que condena sus pecados irá con más cuidado para no recaer en ellos…

Hay un segundo camino que no es inferior al primero y es: no guardar rencor a nuestros enemigos, dominar nuestra cólera para perdonar las ofensas que nos infligen nuestros compañeros de servicio, porque así obtendremos el perdón de las ofensas contra el Maestro. Es la segunda manera de obtener la purificación de nuestras faltas. “Si perdonáis a vuestros deudores, dice el Señor, mi Padre que está en el cielo perdonará también vuestras faltas.” (Mt 6,14)

¿Quieres conocer el tercer camino de la conversión? ES la oración ferviente y atenta desde el fondo del corazón… El cuarto camino es la limosna. Tiene un poder considerable e indecible… Luego, la modestia y la humildad no son medios menores para destruir el pecado desde la raíz. Tenemos como testimonio de ello el publicano que no podía proclamar sus buenas acciones sino que en su lugar ofreció su humildad y depositó ante el Señor el pesado fardo de sus faltas.

(Lc 18,9ss)

Acabamos de indicar cinco caminos hacia la conversión… ¡No te quedes inactivo sino que cada día avanza por estos caminos! Son fáciles, y a pesar de tus miserias puedes ir por ellos”…

 

Juan Crisóstomo obispo de Antioquia y Constantinopla, doctor de la Iglesia
Sermón sobre el demonio tentador; PG 49, 263-264

 

Para rezar

 

La alegría de los limpios de corazón

 

Felices los que tienen

un corazón puro,

porque verán a Dios.

 

¡Feliz de ti!

Si tienes un corazón limpio,

libre de maldades y malicias,

libre de dobleces y falsedades,

libre de orgullo y autosuficiencia,

libre de odios y rencores.

 

Feliz de ti

si tienes un corazón limpio,

libre de cegueras y caprichos,

de egoísmos y resentimientos,

abierto a la verdad y el amor,

para buscarlos apasionadamente.

 

Viernes VII

 

Que el hombre no separe lo que Dios ha unido

 

Lectura del libro del Eclesiástico 6, 5-17

 

Las palabras dulces multiplican los amigos

y un lenguaje amable favorece las buenas relaciones.

Que sean muchos los que te saludan,

pero el que te aconseja, sea uno entre mil.

Si ganas un amigo, gánalo en la prueba,

y no le des confianza demasiado pronto.

Porque hay amigos ocasionales,

que dejan de serlo en el día de tu aflicción.

Hay amigos que se vuelven enemigos,

y para avergonzarte, revelan el motivo de la disputa.

Hay amigos que comparten tu mesa

y dejan de serlo en el día de la aflicción.

Mientras te vaya bien, serán como tú mismo

y hablarán abiertamente con tus servidores;

pero si te va mal, se pondrán contra ti

y se esconderán de tu vista.

Sepárate de tus enemigos

y sé precavido con tus amigos.

Un amigo fiel es un refugio seguro:

el que lo encuentra ha encontrado un tesoro.

Un amigo fiel no tiene precio,

no hay manera de estimar su valor.

Un amigo fiel es un bálsamo de vida,

que encuentran los que temen al Señor.

El que teme al Señor encamina bien su amistad,

porque como es él, así también será su amigo.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 118, 12 y 16. 18 y 27. 34-35 (R.: 35a)

 

R. ¡Condúceme por la senda de tus mandamientos, Señor!.

 

Tú eres bendito, Señor:

enséñame tus preceptos.

Mi alegría está en tus preceptos:

no me olvidaré de tu palabra. R.

 

Abre mis ojos,

para que contemple las maravillas de tu ley.

Instrúyeme en el camino de tus leyes,

y yo meditaré tus maravillas. R.

 

Instrúyeme, para que observe tu ley

y la cumpla de todo corazón.

Condúceme por la senda de tus mandamientos,

porque en ella tengo puesta mi alegría. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    10, 1-12

 

Jesús fue a la región de Judea y al otro lado el Jordán. Se reunió nuevamente la multitud alrededor de él y, como de costumbre, les estuvo enseñando una vez más.

Se acercaron algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: «¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?.»

El les respondió: «¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?.»

Ellos dijeron: «Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y

separarse de ella.»

Entonces Jesús les respondió: «Si Moisés les dio esta prescripción fue

debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer. Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre, y los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido.»

Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto. El les dijo: «El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella; y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Hoy leemos un pequeño tratado sobre la amistad: cómo se consiguen amigos, quién es el verdadero amigo, cómo hay que tratarlos. Es un canto hecho de sentido común y experiencia.
  • La amistad es una de las mejores riquezas humanas. Un amigo fiel y sincero es un verdadero tesoro. Es una medicina para nuestros males. El camino se nos hace mucho más fácil cuando lo podemos compartir.

 ***

  • Marcos ha agrupado, entre el segundo y el tercer anuncio de la Pasión una serie de enseñanzas de Jesús sobre los problemas candentes de la vida cristiana.
  • Los fariseos buscan desacreditar a Jesús y le tienden una trampa encerrándolo en la alternativa de “lo permitido y lo prohibido”… “¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?”. De acuerdo a su respuesta será acusado de traidor a las exigencias de la Ley, o lo pondrán en contradicción con su predicación. Jesús no entra en discusión sino que los lleva hasta los orígenes: “Al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer… Lo que Dios ha unido, que el hombre no lo separe”. No es bueno aferrarse a la ley olvidando el impulso de la vida. Se trata de acercarse al plan original de Dios: el amor es más delicado y exigente que cualquier ley.
  • El matrimonio es una “voluntad” de Dios, inscrita en la naturaleza profunda del hombre y de la mujer, desde el origen. La intensidad del instinto que empuja un sexo hacia el otro para unirse y “ser uno” “dejando a su padre y a su madre” para fundar una nueva familia, ponen la indisolubilidad como el deseo más profundo del amor.
  • En el contexto de la sociedad judía de su tiempo, en el que el divorcio era legal, y se ponía en juego la dignidad de la mujer, que podía ser rechazada, pero que no podía a su vez divorciarse del hombre, la respuesta de Jesús establece una distinción considerablemente importante: la Ley del Deuteronomio no es un “mandamiento” sino un “permiso” concedido por Moisés, “por la dureza de corazón del pueblo”. Pero no es para Jesús una abolición de la ley fundamental del matrimonio, la cual subsiste. Además, es una afirmación de la igualdad de derechos del varón y la mujer en la vida matrimonial.
  • La licitud pone una medida, pero el Evangelio presenta la desmesura de ley del amor. Porque Dios siempre está más allá de toda especulación posible.
  • El hombre de hoy desconfía de la posibilidad de vivir una fidelidad duradera. Influidos por una sociedad de consumo que incita constantemente a satisfacer las necesidades que ella misma va creando, y usa, gasta y tira según su conveniencia, fuimos perdiendo la capacidad de pensar y apostar por un amor que sea total, una entrega que sea gratuita y estable, una opción que nos comprometa de por vida.

 

Para discernir

 

  • ¿Cómo vivo la relación hombre-mujer?
  • ¿Qué lugar ocupa la fidelidad en mi escala de valores?
  • ¿Creo en la posibilidad de compromisos de por vida?

     

Repitamos a lo largo de este día

 

…Maridos, amen a sus mujeres como Cristo amó a su Iglesia…

 

Para la lectura espiritual

 

…”El marido y la mujer, que por el pacto conyugal «ya no son dos, sino una sola carne», con la unión íntima de sus personas y actividades se ayudan y se sostienen mutuamente, adquieren conciencia de su unidad y lo logran cada vez más plenamente. Esta íntima unión, como mutua entrega de dos personas, lo mismo que el bien de los hijos, exige plena fidelidad conyugal y urge su indisoluble unidad.

Cristo nuestro Señor bendijo abundantemente este amor multiforme, nacido de la fuente divina de la caridad y que está formado a semejanza de su unión con la Iglesia (Ef. 5,32). Porque así como Dios antiguamente se adelantó a unirse a su pueblo por una alianza de amor y de fidelidad, así ahora el Salvador de los hombres y Esposo de la Iglesia sale al encuentro de los esposos cristianos por medio del sacramento del matrimonio. Además, permanece con ellos para que los esposos, con su mutua entrega, se amen con perpetua fidelidad, como Él mismo amó a la Iglesia y se entregó por ella (Ef. 5,25).

El genuino amor conyugal es asumido en el amor divino y se rige y enriquece por la virtud redentora de Cristo y la acción salvífica de la Iglesia para conducir eficazmente a los cónyuges a Dios y ayudarlos y fortalecerlos en la sublime misión de la paternidad y la maternidad. Por ello los esposos cristianos, para cumplir dignamente sus deberes de estado, están fortificados y como consagrados por un sacramento especial, con cuya virtud, al cumplir su misión conyugal y familiar, imbuidos del espíritu de Cristo, que satura toda su vida de fe, esperanza y caridad, llegan cada vez más a su propia perfección y a su mutua santificación, y, por tanto, conjuntamente, a la glorificación de Dios”…

 

Concilio Vaticano II – «Gaudium et spes», 48

 

Para rezar

 

Oración de los esposos


 

Señor:

Haz de nuestro hogar

un sitio de tu amor.

Que no haya injuria

porque Tú nos das comprensión.

Que no haya amargura

porque Tú nos bendices.

Que no haya egoísmo

porque Tú nos alientas.

Que no haya rencor

porque Tú nos das el perdón.

Que no haya abandono

porque Tú estás con nosotros.

Que sepamos marchar hacia Ti

en nuestro diario vivir.

Que cada mañana amanezca

un día más de entrega y sacrificio.

Que cada noche nos encuentre

con más amor de esposos.

Haz, Señor, de nuestras vidas

que quisiste unir

una página llena de Tí.

Haz, Señor, de nuestros hijos

lo que Tú anhelas:

ayúdanos a educarles

y orientarles por el camino.

Que nos esforcemos

en el consuelo mutuo.

Que hagamos del amor

un motivo para amarte más.

Que demos lo mejor de nosotros

para ser felices en el hogar.

Que cuando amanezca

el gran día de ir a tu encuentro

nos concedas el hallarnos unidos

para siempre en íi.


 

Amén.

 

Sábado VII

 

El que recibe el Reino como un niño entrará en él

 

Lectura del libro del Eclesiástico 17, 1-15

 

El Señor creó al hombre de la tierra

y lo hace volver de nuevo a ella.

Le señaló un número de días y un tiempo determinado,

y puso bajo su dominio las cosas de la tierra.

Lo revistió de una fuerza semejante a la suya

y lo hizo según su propia imagen.

Hizo que todos los vivientes lo temieran,

para que él dominara las fieras y los pájaros.

Le dio una lengua, ojos y oídos,

el poder de discernir y un corazón para pensar.

Él colmó a los hombres de saber y entendimiento,

y les mostró el bien y el mal.

Les infundió su propia luz,

para manifestarles la grandeza de sus obras,

y les permitió gloriarse eternamente de sus maravillas:

así alabarán su Nombre santo,

proclamando la grandeza de sus obras.

Les concedió además la ciencia

y les dio como herencia una Ley de vida;

estableció con ellos una alianza eterna

y les hizo conocer sus decretos.

Ellos vieron con sus ojos la grandeza de su gloria

y oyeron con sus oídos la gloria de su voz.

Él les dijo: «Cuídense de toda injusticia»,

y dio a cada uno preceptos acerca del prójimo.

Los caminos de los hombres están siempre ante él

y no pueden ocultarse a sus ojos.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 102, 13-14. 15-16. 17-18a

 

R. ¡El amor del Señor permanece para siempre!.

 

Como un padre cariñoso con sus hijos,

así es cariñoso el Señor con sus fieles;

él conoce de qué estamos hechos,

sabe muy bien que no somos más que polvo. R.

 

Los días del hombre son como la hierba:

él florece como las flores del campo;

las roza el viento, y ya no existen más,

ni el sitio donde estaban las verá otra vez. R.

 

Pero el amor del Señor permanece para siempre,

y su justicia llega hasta los hijos y los nietos

de los que lo temen

y observan su Alianza. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    10, 13-16

 

Le trajeron entonces a unos niños para que los tocara, pero los

discípulos los reprendieron. Al ver esto, Jesús se enojó y les dijo: «Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él.»

Después los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • La página de hoy es como un eco al libro del Génesis, una meditación de sus primeros capítulos, la creación del hombre. Es un himno de alabanza a Dios por haber creado la raza humana.
  • El hombre es obra de Dios, está hecho a imagen de Dios. Ha recibido la facultad de dominar la tierra y todo ser viviente; boca, lengua, ojos, oídos, inteligencia: para que sepa alabar a Dios y reconocer su presencia. Y ha recibido de Dios la alianza y una «ley que da vida».
  • Es una visión de la grandeza del hombre en la creación, y su dependencia de Dios. Somos invitados a admirar y amar a Dios que nos ha pensado y creado; nos conoce, nos ha amado desde siempre y al que estamos presentes en todo momento.

 ***

  • Marcos, Mateo y Lucas cuentan esta escena. Pero solamente Marcos dice que los abrazaba.
  • Los niños en la antigüedad eran el símbolo del más absoluto desamparo. Eran los que sufrían las primeras consecuencias de la guerra, el hambre o la enfermedad. Cuando se insultaba a alguien diciéndole “niño”, le querían decir que era vulnerable, débil o indefenso.
  • Cuando una persona importante llegaba a una aldea, las madres buscaban acercarle los niños para que recibieran influencias benéficas, que los protegieran de la enfermedad y de la muerte. Los niños no tenían libre acceso a estos personajes porque eran seres que no contaban.
  • Los discípulos querían evitar que los niños tocaran a Jesús porque eso no estaba bien para una persona reconocida como el maestro de Nazaret. Pero Jesús, se enoja con los discípulos, no les permite que se conviertan en barrera, aquellos que están llamados a ser puente. No sólo que permite que se acerquen, pide con vehemencia que los dejen acercarse, los abraza, bendice e impone las manos.
  • Estos gestos, nos descubren a un Jesús humano, que reacciona ante el atropello, pero que a la vez puede ser mostrar una infinita ternura.
  • Esta actitud de Jesús es de avanzada. Hasta hace sólo poco más de cien años, los niños no eran sido considerados jurídicamente como personas, sino como propiedad de los padres, y eran puestos a trabajar tan pronto como eran capaces. Después de la primera guerra mundial se comenzó a considerar al niño como sujeto con derechos.
  • Jesús aprovecha para anunciar a los discípulos que el reino de Dios es de los que son como niños, de los que no cuentan, de los que son maltratados, de los que tienen dificultades para acercarse a Él, de los que tienen que ser presentados por otros, de los que, en medio de su fragilidad e impotencia, desean ser acariciados.
  • Jesús invita a los discípulos a cambiar su manera de ver las cosas de manera que comprendan que en la nueva comunidad el puesto principal es de quienes se hacen como niños: servidores y últimos.
  • No se nos invita a un infantilismo espiritual ni a una nostalgia de la inocencia pasada, pero sí, a no sentirnos llenos de riquezas y confiados en nuestras fuerzas sino a la sana inseguridad de nosotros que nos lleva a estar convencidos de la necesidad que tenemos de Dios.
  • Es una invitación a ponernos en un vínculo con Dios, nuestro Padre, de total “dependencia” de El. El niño cuando es amado se da todo él, por completo, sin calcular ni especular, en una total disponibilidad.
  • Como el niño que no puede vivir si no es amado, seremos del reino si nuestras vidas dependen vitalmente del amor que Dios nos ofrece.
  • En esos niños que Jesús abraza y bendice están significados no sólo todos los niños del mundo, sino también todos los hombres, a quienes el Señor muestra cómo deben «recibir» el Reino de Dios.

 

Para discernir

 

  • ¿Tengo la sencillez de un niño para mirar la vida?
  • ¿Me enredo tratando de racionalizar todo sin llegar a nada?
  • ¿Descubro mi necesidad vital de Dios?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

…Jesús, dame un corazón de niño…

 

Para la lectura espiritual

 

…”A Jesús le complace mostrarme el único camino que conduce a la hoguera divina, a saber: el abandono del niño que se adormece sin miedo entre los brazos de su Padre. «El que sea pequeño que venga acá» (Prov 9,4), ha dicho el Espíritu
Santo por boca de Salomón, y este mismo Espíritu de amor ha dicho aún que «es a los pequeños a quienes se concede la misericordia» (Sab 6,7).

¡Ah!, si todas las almas endebles e imperfectas sintieran lo que siente la más pequeña entre ellas, el alma de su Teresa, ninguna desesperaría de llegar a la cumbre de la montaña de amor, puesto que Jesús no pide grandes acciones, sino sólo el abandono y el reconocimiento. ¡Ah!, lo siento más que nunca, Jesús está sediento, no encuentra sino ingratos e indiferentes entre los discípulos del mundo, e incluso entre sus mismos discípulos encuentra pocos corazones que se abandonen a él sin reservas y comprendan la ternura de su amor infinito”…

 

Teresa del Niño Jesús. Obras completas

 

Para rezar

 

Al niño Jesús

 

Tú, Jesús, me conoces,

Tú mi nombre conoces, y me llamas

con la dulce mirada de tus ojos…

Ellos me comunican tu palabra:

«Simple abandono, conducir yo quiero,

mi amada, tu barquilla».

Y con tu voz de niño, ¡oh maravilla!,

sólo con tu voz débil,

calmas el mar rugiente,

pones paz en el viento.

Si mientras brama la tormenta, ¡oh Niño!,

Tú te quieres dormir,

posa tu linda cabecita blonda

sobre mi corazón.

¡Qué encantador sonríes cuando duermes!

Con mi canto más dulce

yo meceré tu cuna tiernamente,

¡Oh hermoso Niño mío!

Santa Teresita del Niño Jesús

 

 

 

 

TIEMPO DTE EL AÑO – SEMANA VI – CICLO A

Miércoles VI – Ciclo A

 

Jueves VI

 

Viernes VI

 

Sábado VI

 

Miércoles VI – Ciclo A

 

El ciego quedó curado y veía todo con claridad

 

Lectura del libro del Génesis    7, 6-7; 8, 6-13. 20-22

 

Al cabo de cuarenta días, Noé abrió la ventana que había hecho en el arca, y soltó un cuervo, el cual revoloteó, yendo y viniendo hasta que la tierra estuvo seca.

Después soltó una paloma, para ver si las aguas ya habían bajado. Pero la paloma no pudo encontrar un lugar donde apoyarse, y regresó al arca porque el agua aún cubría toda la tierra. Noé extendió su mano, la tomó y la introdujo con él en el arca. Luego esperó siete días más, y volvió a soltar la paloma fuera del arca. Esta regresó al atardecer, trayendo en su pico una rama verde de olivo. Así supo Noé que las aguas habían terminado de bajar. Esperó otros siete días y la soltó nuevamente. Pero esta vez la paloma no volvió.

La tierra comenzó a secarse en el año seiscientos uno de la vida de Noé, el primer día del mes. Noé retiró el techo del arca, y vio que la tierra se estaba secando.

Luego Noé levantó un altar al Señor, y tomando animales puros y pájaros puros de todas clases, ofreció holocaustos sobre el altar. Cuando el Señor aspiró el aroma agradable, se dijo a sí mismo: «Nunca más volveré a maldecir el suelo por causa del hombre, porque los designios del corazón humano son malos desde su juventud; ni tampoco volveré a castigar a todos los seres vivientes, como acabo de hacerlo. De ahora en adelante, mientras dure la tierra, no cesarán la siembra y la cosecha, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO     Sal 115, 12-13. 14-15. 18-19 (R.: 17a)

 

R.    Te ofreceré, Señor, un sacrificio de alabanza.

 

¿Con qué pagaré al Señor

todo el bien que me hizo?

Alzaré la copa de la salvación

e invocaré el nombre del Señor. R.

 

Cumpliré mis votos al Señor,

en presencia de todo su pueblo.

¡Qué penosa es para el Señor

la muerte de sus amigos! R.

 

Cumpliré mis votos al Señor,

en presencia de todo su pueblo,

en los atrios de la Casa del Señor,

en medio de ti, Jerusalén. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos     8, 22-26

 

Cuando llegaron a Betsaida, le trajeron a un ciego y le rogaban que lo tocara. El tomó al ciego de la mano y lo condujo a las afueras del pueblo. Después de ponerle saliva en los ojos e imponerle las manos, Jesús le preguntó: «¿Ves algo?» El ciego, que comenzaba a ver, le respondió: «Veo hombres, como si fueran árboles que caminan.»

Jesús le puso nuevamente las manos sobre los ojos, y el hombre recuperó la vista. Así quedó curado y veía todo con claridad. Jesús lo mandó a su casa, diciéndole: «Ni siquiera entres en el pueblo.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Después del pecado de Adán y Eva, Dios promete la salvación. Después del asesinato de Abel, Dios da otro hijo a Eva y deja la puerta abierta a la esperanza. Después del diluvio, sella un pacto de bendición para los hombres. Así es de magnánimo el corazón de Dios que sigue creyendo en el hombre.
  • Noé junto con su familia y todos los que estaban en el arca, flotando sobre las aguas, sobreviven al juicio de Dios y supera la catástrofe. El arca oculta la bendición de Dios y garantiza la pervivencia de la humanidad. El arca de Noé es un símbolo de la misericordia de Dios, que en justicia condena el pecado y purifica a la humanidad, pero siempre aparece dispuesto a empezar de nuevo, dando confianza a sus creaturas. El aspecto de Dios como juez, no anula el de salvador y fuente de vida.
  • La humanidad que sale del arca es una humanidad nueva; la salvación realizada equivale a una nueva creación, a una resurrección. La vida comienza de nuevo. Para los salvados la vida comienza de nuevo, como recién estrenada, como recién salida de la mano de Dios. Todo vuelve a ser bueno. El arca se ha convertido en el paraíso donde reinaba la paz, la armonía, la amistad con Dios.
  • Al sacrificio de acción de gracias que ofrece la familia de Noé sobre un altar le sigue la promesa de Dios, llena de comprensión hacia la debilidad del hombre: «No volveré a maldecir a la tierra a causa del hombre, porque el corazón humano piensa mal desde la juventud».

***

  • Jesús y sus discípulos llegaron a Betsaida. Le llevaron un ciego y Jesús tomándolo de la mano, lo sacó fuera de la aldea. Lo conduce de la mano: gesto humano, muy sencillo. Lo lleva “fuera de la aldea”, no para esconder su milagro, sino para no crear falsas expectativas. Este es el “secreto mesiánico”. Cristo no será realmente comprendido sino después de la cruz, y la resurrección.
  • Poniéndole saliva sobre los ojos, luego le impuso las manos. Como en el caso del sordomudo de la Decápolis, Jesús usa gestos que a primera vista parecen mágicos. Pero en realidad, Jesús usa el lenguaje de los sentidos, que únicamente podría comprender el pobre ciego.
  • La curación se realiza en dos tiempos: en un primer momento, el ciego ve un poco confusamente y confunde los hombres con los árboles; en un segundo momento la curación es ya completa. El milagro se acomoda al curso normal de la recuperación natural. Esta curación «por etapas» es una expresión simbólica del proceso de los discípulos. El ciego no logra ver con total claridad desde el instante en que ocurre el milagro.
  • Así como llegar a ver físicamente, es para el ciego una gracia que Jesús le concede voluntaria y misericordiosamente; así también el llegar a conocer a Jesús como “el Hijo del Hombre Crucificado y Resucitado”, es gracia que viene del Padre. Los discípulos de Jesús, sólo lentamente, y con su ayuda, irán madurando y viendo con ojos nuevos el sentido de su Reino.
  • La conversión no es algo que sucede de manera instantánea y para siempre. La conversión es un proceso que se inicia cuando uno se encuentra con Jesús, y que va progresando en la medida que permanecemos en Él.
  • Esta curación de Jesús nos muestra muy bien este proceso. Cuando estamos lejos de Jesús, somos como el ciego: no somos capaces de ver la realidad tal cual es, sino como nos la cuentan los demás y por eso con mucha frecuencia nos tropezamos. En el primer encuentro con Jesús empezamos a ver, pero no con claridad y esto hace que las cosas se vean no como son realmente. Ya vemos, pero no con claridad. Finalmente llega el momento en que se ve todo con claridad y el mundo se nos presenta con toda la belleza con la que Dios lo creó, descubrimos sus huellas y llamadas en la vida cotidiana. Podemos encaminarnos en un proyecto de vida desde lo que somos y desde lo que Jesús nos invita a vivir.
  • Esta nueva luz también nos hace capaces de reconocer la maldad del pecado que destruye nuestra vida y entorpece la realización del Reino. Nuestro camino en la fe y el de los demás, es gradual. A Jesús se llega paso a paso, lograrlo también requiere de nuestra colaboración. Nuestro crecimiento en la fe no se da por cálculos humanos sino por nuestra capacidad de abrimos a la acción de Dios. No podemos pretender resultados instantáneos. No tenemos que perder la paciencia ni con nosotros mismos, ni con aquellos a los que estamos intentando ayudar en su maduración humana o en su camino de fe. Cristo tuvo paciencia con todos. Al ciego le impuso las manos dos veces antes de que viera bien.
  • Las intervenciones de Dios en nuestra vida siguen su pedagogía: pacientes, perseverantes, escalonadas, colmadas con una sabiduría que nosotros no conocemos ni siempre comprendemos. Debemos permanecer firmes en nuestro seguimiento de Cristo, hasta poder contemplar a los demás como Dios los contempla, y hasta saberlos amar como Dios los ama.

 

Para discernir

 

  • ¿Cómo fue nuestro proceso de fe?
  • ¿Reconocemos las intervenciones de la gracia de Dios?
  • ¿Tenemos paciencia nosotros con aquellos a los que queremos ayudar a ver?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

…Gracias Señor por dejarme contemplar tu bondad…

 

Para la lectura espiritual

 

…”Con frecuencia, tenemos miedo de subrayar en exceso la bondad y la misericordia de Dios. Nos apresuramos de inmediato a recordar también su justicia, su severidad, como si tuviéramos miedo de que, si ponemos demasiado el acento en el amor de Dios, no sintiera el hombre la premura de una vida diferente, nueva, más recta, más decididamente moral. El Evangelio nos enseña, sin embargo, que el hombre cambia su vida, su mentalidad, se convierte al bien, no porque se le grite, se le reprenda, se le castigue, sino porque se descubre amado a pesar de ser un pecador. Se produce un momento de intenso amor cuando la persona ve en un instante todo su pecado, cuando el hombre se percibe a sí mismo como pecador, pero dentro del abrazo de alguien que le ama y le colma de entusiasmo [...].

Dios, a través del sacrificio de su Hijo, recapitula en sí a la humanidad, amando al hombre herido. Es el amor loco de Dios el que se consuma ante los ojos del hombre; más aún, en las manos del hombre pecador, en la intimidad de su corazón, allí donde le hace hombre nuevo, le restituye realmente la posibilidad de vivir la novedad (cf. Col 3,10). La persona, tocada de una manera tan viva e inmediata por el amor, consigue dejar la mentalidad del hombre viejo, consigue pensar como hombre nuevo, entrar en la creatividad de una inteligencia amorosa, libre. Es encontrarse en el abrazo que quema en el pecador la testarudez y su anclarse detrás de sus propias fijaciones (cf. Ef 4,22-24)”…

 

M. I. Rupnik, edición española: Le abrazó y le besó, PPC, Madrid 1999.

 

Para rezar

 

Señor, sácanos de nuestro mundillo,
llevándonos de tu mano.
Úngenos con tu saliva de paciencia,
de esperanza,
de consuelo.
Imponnos las manos.
Nos fiamos de ti.
Empezaremos a distinguir
con una vista borrosa.
Ten paciencia con nosotros
y no apartes tu mano,
hasta que veamos con claridad.


Luis Ángel de las Heras, c.m.f.

   

Jueves VI

 

El hijo del hombre debe sufrir mucho

 

Lectura del libro del Génesis    9, 1-13

 

Entonces Dios bendijo a Noé y a sus hijos, diciéndoles:

«Sean fecundos, multiplíquense y llenen la tierra. Ante ustedes sentirán temor todos los animales de la tierra y todos los pájaros del cielo, todo lo que se mueve por el suelo, y todos los peces del mar: ellos han sido puestos en manos de ustedes. Todo lo que se mueve y tiene vida les servirá de alimento; yo les doy todo eso como antes les di los vegetales.

Sólo se abstendrán de comer la carne con su vida, es decir, con su sangre. Y yo pediré cuenta de la sangre de cada uno de ustedes: pediré cuenta de ella a todos los animales, y también pediré cuenta al hombre de la vida de su prójimo. Otro hombre derramará la sangre de aquel que derrame sangre humana, porque el hombre ha sido creado a imagen de Dios.

Ustedes, por su parte, sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y domínenla.»

Y Dios siguió diciendo a Noé y a sus hijos:

«Además, yo establezco mi alianza con ustedes, con sus descendientes, y con todos los seres vivientes que están con ustedes: con los pájaros, el ganado y las fieras salvajes; con todos los animales que salieron del arca, en una palabra, con todos los seres vivientes que hay en la tierra. Yo estableceré mi alianza con ustedes: los mortales ya no volverán a ser exterminados por las aguas del Diluvio, ni habrá otro Diluvio para devastar la tierra.»

Dios añadió: «Este será el signo de la alianza que establezco con ustedes, y con todos los seres vivientes que los acompañan, para todos los tiempos futuros: yo pongo mi arco en las nubes, como un signo de mi alianza con la tierra.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO     Sal 101, 16-18. 19-21. 29 y 22-23 (R.: 20b)

 

R.    El Señor miró a la tierra desde el cielo.

 

Las naciones temerán tu Nombre, Señor,

y los reyes de la tierra se rendirán ante tu gloria:

cuando el Señor reedifique a Sión

y aparezca glorioso en medio de ella;

cuando acepte la oración del desvalido

y no desprecie su plegaria. R.

 

Quede esto escrito para el tiempo futuro

y un pueblo renovado alabe al Señor:

porque él se inclinó desde su alto Santuario

y miró a la tierra desde el cielo,

para escuchar el lamento de los cautivos

y librar a los condenados a muerte. R.

 

Los hijos de tus servidores tendrán una morada

y su descendencia estará segura ante ti,

para proclamar en Sión el nombre del Señor

y su alabanza en Jerusalén,

cuando se reúnan los pueblos y los reinos,

y sirvan todos juntos al Señor. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 8, 27-33

 

Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: « ¿Quién dice la gente que soy yo?».

Ellos le respondieron: «Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas.»

«Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?»

Pedro respondió: «Tú eres el Mesías.» Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de él.

Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días; y les hablaba de esto con toda claridad.

Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo.    

Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo reprendió, diciendo: « ¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Termina la historia del diluvio con la alianza que Dios sella con Noé y su familia, y con el reinicio de una nueva humanidad. El juicio de Dios ha sido justo, pero salvador y misericordioso.
  • Dios bendice a Noé y a su descendencia es pues una bendición «universal», destinada a todos los hombres, sin excepción alguna: la vida es el primer don de Dios. Esta nueva bendición sucede al pecado de la humanidad: por lo tanto, más allá del pecado, Dios conserva su amor por sus criaturas.
  • Entre las cláusulas de la alianza hay detalles que se refieren a la comida, pero sobre todo, Dios exige una cosa importante: el respeto a los hermanos, porque cada uno de ellos es imagen de Dios. Después del asesinato de Abel, que representaba toda la maldad del corazón humano, Dios, para su nueva humanidad, quiere un corazón nuevo, que respete no sólo la vida sino también el honor y el bienestar del hermano. Faltar al hermano va a ser desde ahora faltarle al mismo Dios.
  • Para los semitas, los fenómenos meteorológicos eran signos de Dios: todo lo que pasaba «en el cielo», pertenecía precisamente a ese dominio divino sobre el cual el hombre no tiene poder alguno. Dios propone aquí, como señal de este pacto con Noé, el arco iris.
  • Dios empieza de nuevo, ilusionadamente, ahora con la familia de Noé, después de la purificación general del diluvio. No tenemos a Dios en contra. Siempre a favor. A pesar de todo el mal que hemos hecho, nos sigue amando y concediendo un voto de confianza.

***

  • Iba Jesús con sus discípulos a las aldeas de Cesarea de Filipo. Marchan hacia países paganos, lejos de las muchedumbres de Galilea. Aparece aquí un Jesús muy cercano a los suyos que sabe lo que quiere hacer: someter a prueba la fe de sus discípulos.
  • En su conversación se interesa en saber lo que piensa la gente de Él. Las respuestas que le dan no lo dejan satisfecho, porque lo consideran simplemente un gran hombre, un portavoz de Dios de la talla de Juan Bautista, Elías, un profeta. Todavía el pueblo no tiene perspectiva para entender quién es Él verdaderamente.
  • Cuando la pregunta se dirige directamente a ellos, Pedro, después de largas vacilaciones en nombre de los Doce, “reconoce” a Jesús por lo que El es. El título que Pedro otorga a Jesús se trata pues del reconocimiento de la identidad profunda de Jesús: Jesús no es solamente “uno de los profetas”, por los cuales Dios conducía la historia a su término; Él es el término, el fin mismo, “es aquel que los profetas anunciaban”, el Mesías, el Ungido, el “Cristo”. Así, el grupo de los Doce va mucho más allá de las respuestas corrientes de la gente.
  • Pero Jesús, siente que debe aclararles que ser Mesías, no significa tener una condición especial que deba mantenerlo al margen de la humanidad con todo lo que ello representa. Jesús anuncia un Mesías que va a morir. Sus discípulos le quieren evitar todos los sufrimientos, porque lo quieren convertir en un Mesías triunfante, y alejado de todos los riesgos que trae la encarnación
  • La reacción de Pedro lo coloca en oposición al proyecto de Jesús. Cegado por una mentalidad triunfalista y de éxito no puede asumir la propuesta de Jesús. Sí el Mesías que los discípulos esperan es un Mesías humano, un Mesías político, un liberador de aquí abajo; Jesús les muestra que esto es una tentación satánica.
  • El discípulo no sólo acepta al maestro sino que opta por su modo de vivir. Ser discípulo de Jesús es proyectar la existencia en términos de entrega, no de posesión: “El que quiera asegurar su vida la perderá; en cambio, el que pierda su vida por mí y por el Evangelio se salvará”. Jesús afirma que la vida entera, material y espiritual, se posee únicamente en la entrega de sí mismo. Jesús no nos pide que renunciemos a esta vida, para que tengamos otra, sino que exige que cambiemos el proyecto de esta vida por un proyecto de la misma en la línea del amor.
  • Para que esto sea posible, Cristo tiene que ser el Señor de nuestra vida en lo que nosotros llamamos nuestra vida. En lo cotidiano, trabajo, escuela, en el hogar. El que lo acepta como Cristo, acepta también la Cruz que Él aceptó y los sufrimientos de los que nos habla. Nuestra Cruz es la de la vida diaria, la de vivir nuestros deberes y opciones con amor evangélico aceptando el sufrimiento y dándonos sin esperar recibir algo a cambio.
  • Si en verdad queremos reinar junto con Cristo, hagamos también nosotros nuestro, su camino; entonces realmente Jesús significará no sólo mucho, sino todo en nuestra vida.

 

Para discernir

 

  • ¿Qué imagen tengo de Jesús?
  • ¿Me siento llamado a ser su discípulo?
  • ¿Acepto su camino como el mío?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

…Que te reconozca Señor, verdadero Dios y verdadero hombre….

 

Para la lectura espiritual

 

…”En mi vida resultó determinante un concepto que hace años se clarificó en mí incitado por Romano Guardini: el cristianismo no es, en primer lugar, una doctrina, sino una Persona, Jesús, el Cristo. En él está comprendido y de él brota todo lo que es cristiano; en efecto, a Dios, al Padre, le complació «hacer habitar en él toda plenitud» (Col 1,19), y sólo «de su plenitud hemos recibido todos nosotros gracia por gracia» (Jn 1,16).

El nombre «Jesús» indica su humanidad, el título «Cristo», entendido al pie de la letra, indica, en cambio, su unción, en concreto su sacerdocio, su realeza y su divinidad. En él se cumplen las máximas expectativas de todos los tiempos y de todos los pueblos representados por los judíos y los paganos. El hombre de Nazaret nos plantea una pregunta: ¿por qué motivo es él capaz de ser el más humano de todos los hombres? ¿Qué clase de hombre es éste…? (Mt 8,27). En Cesarea de Filipo reconoce y profundiza Pedro en la identidad del Maestro: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo». El Señor, confirmando lo que Pedro había dicho, declara dichoso a su apóstol por su particular don de gracia (Mt 16,16ss).

Llegando a Jesús como Mesías, como el prometido liberador de los hombres, como Hijo de Dios hecho hombre, llegamos a su más profundo misterio, del que depende todo el cristianismo. Sólo quien choca con esta realidad encuentra verdaderamente a Cristo y puede ser llamado cristiano en el verdadero sentido de la palabra; sin embargo, esto sólo se vuelve posible por la gracia de Dios”…

 

J. B. Lotz, Conquistándole. Encuentro con Cristo, Roma 1983, pp. 7ss y 39-41.

 

Para rezar

 

Quiero seguirte, Señor

A pesar de las incomprensiones de los demás.
A pesar de mis momentos débiles.
A pesar de las horas de cansancio.
Quiero ser dichoso con los que te siguen
con corazón sencillo.

Con los pobres que sienten necesidad de Ti.
Con los que sufren en su caminar por la vida.
Con los que trabajan por implantar la justicia.
Con los de corazón puro.
Con los que llevan consigo la paz y la transmiten

Quiero seguirte Señor…

 

Viernes VI

 

El que pierda su vida por el Evangelio, la salvará

 

Lectura del libro del Génesis    11, 1-9

 

Todo el mundo hablaba una misma lengua y empleaba las mismas palabras. Y cuando los hombres emigraron desde Oriente, encontraron una llanura en la región de Senaar y se establecieron allí. Entonces se dijeron unos a otros: « ¡Vamos! Fabriquemos ladrillos y pongámoslos a cocer al fuego.» Y usaron ladrillos en lugar de piedra, y el asfalto les sirvió de mezcla.

Después dijeron: «Edifiquemos una ciudad, y también una torre cuya cúspide llegue hasta el cielo, para perpetuar nuestro nombre y no dispersarnos por toda la tierra.»

Pero el Señor bajó a ver la ciudad y la torre que los hombres estaban construyendo, y dijo: «Si esta es la primera obra que realizan, nada de lo que se propongan hacer les resultará imposible, mientras formen un solo pueblo y todos hablen la misma lengua. Bajemos entonces, y una vez allí, confundamos su lengua, para que ya no se entiendan unos a otros.»

Así el Señor los dispersó de aquel lugar, diseminándolos por toda la tierra, y ellos dejaron de construir la ciudad. Por eso se llamó Babel: allí, en efecto, el Señor confundió la lengua de los hombres y los dispersó por toda la tierra.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 32, 10-11. 12-13. 14-15 (R.: cf. 12)

 

R.    ¡Feliz el pueblo cuyo Dios es el Señor!

 

El Señor frustra el designio de las naciones

y deshace los planes de los pueblos,

pero el designio del Señor permanece para siempre,

y sus planes, a lo largo de las generaciones. R.

 

¡Feliz la nación cuyo Dios es el Señor,

el pueblo que él se eligió como herencia!

El Señor observa desde el cielo

y contempla a todos los hombres. R.

 

El mira desde su trono

a todos los habitantes de la tierra;

modela el corazón de cada uno

y conoce a fondo todas sus acciones. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos     8, 34-9, 1

 

Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará.

¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde su vida?

¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?

Porque si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con sus santos ángeles.»

Y les decía: «Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de haber visto que el Reino de Dios ha llegado con poder.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Siempre ha despertado curiosidad el fenómeno de que en el mundo se hablen lenguas tan numerosas. Hoy se explica de una manera científica, describiendo un proceso de diferenciación que tiene sus causas conocidas y que ha durado siglos. Pero las tradiciones populares que recoge el Génesis, expresan el origen de esa diversidad desde una perspectiva religiosa, con un fuerte contenido dramático que además de resultar simpático, presenta una intención muy realista.
  • Siempre es el pecado el que, según la Biblia, trastorna los equilibrios y las armonías: Adán y Eva, Caín y Abel, corrupción y diluvio. «Hablar otra lengua» significa simbólicamente no entenderse, quedar bloqueado en la relación con los demás. El pecado más común, entonces y ahora, es el orgullo y el egoísmo. Es este pecado el que hace imposible la comunicación y nos aísla a unos de otros, a un pueblo de otro pueblo. El orgulloso se separa él mismo de los demás.
  • Aquí se quiere sacar una lección: Dios, que «bajó a ver la ciudad» que construían los hombres, decidió confundirles y lo consiguió haciendo que hubiera diversidad de idiomas. «Babel» significa «confusión».

***

  • Seguir a Cristo comporta consecuencias. Ser discípulos de Jesús es una opción radical. Seguir a Jesús es profundamente gozoso y es el ideal más noble que podemos abrazar. Pero es exigente, implica seguirlo como Mesías que va a la cruz para salvar a la humanidad.
  • Después de la reprensión que Jesús tuvo que dirigir a Pedro, porque no entendía el programa mesiánico de la solidaridad total, hasta el dolor y la muerte, hoy anuncia Jesús con claridad, para que nadie se sienta engañado, que el que quiera seguirlo tiene que negarse a sí mismo y tomar la cruz. Debe estar dispuesto a “perder su vida” y no tiene que avergonzarse de Él ante este mundo.
  • Creer en Él es algo más que saber cosas o responder a las preguntas del catecismo o de la teología. Es seguir a Jesús existencialmente realizando el Reino sin la promesa de éxitos o seguridades. Su Reino exigirá un estilo de vida con renuncias, con cruz.
  • Seguirlo conlleva no buscar el prestigio social o las riquezas, o el propio gusto, sino la solidaridad con la humanidad para salvarla. Esto, que lleva a Jesús a la cruz, es lo que tendrán que programar para su vida los que lo sigan de verdad.
  • “Negarse a uno mismo… cargar con su cruz… perder la vida”. No es el dolor por el dolor o la renuncia por masoquismo: sino por amor, por coherencia, por solidaridad con Él y entrega a los hombres que queremos ayudar a salvar.
  • Cargar la cruz no es buscar lo más difícil, o la realización de las tareas cotidianas que estamos obligados a cumplir. La cruz que Jesús nos propone, es la cruz del que quiere vivir el Reino de verdad, de amor, de justicia, el reino de la auténtica libertad en medio de las contradicciones del mundo y del propio corazón. Es la cruz de la impotencia ante el dolor de lo que no podemos cambiar, la cruz de compartir la suerte con los desheredados de esta historia humana, sin perder la esperanza.
  • Tomar la cruz indica no tanto la imitación, como el asumir el proyecto de Jesús, en medio del mundo, en la realidad que vive cada uno. El verdadero discípulo de Jesús no es aquel que se conforma con escuchar sus palabras y contemplar sus milagros, sino el que va tras sus huellas.
  • Seguirlo es encaminarnos no hacia el calvario, sino hacia la Gloria, que tiene como paso obligatorio el calvario, que significa nuestro amor fiel a la voluntad del Padre, y nuestra entrega fiel y amorosa en favor de los demás. Dios sólo reconocerá como suyo, el amor que se entrega y que no se oculta ante los miedos y cobardías, o que se oscurece por el egoísmo.
  • Para esto debemos dejar que Dios nos abra los ojos, para que podamos caminar a la luz de Aquel, que nos devolvió la vista, para encaminar nuestros pasos hacia la salvación eterna mediante la cruz diaria, llevada amorosamente.

 

Para discernir

 

  • ¿Hemos tomado partido por Jesús ante el acoso del mundo o las tentaciones de nuestro ambiente?
  • ¿Nos avergonzamos de Jesús y dejamos de dar testimonio de su evangelio?
  • ¿Le ponemos condiciones a nuestro seguimiento?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

…Quiero ganar la Vida…

 

Para la lectura espiritual

 

…”La presuntuosa autosuficiencia que constituye la clave del episodio de la torre de Babel es desde siempre la tentación más insidiosa, pero en la cultura contemporánea se ha vuelto todavía más densa y temible. La consecuencia de todo esto es el carácter fragmentario: el hombre, en su cultura actual, se ha fragmentado, roto, atomizado y dividido de una manera tremenda, porque no resiste a la fatiga y a la responsabilidad de ser el centro de todo.

[Nos hace falta] el coraje de no dejarse hipnotizar por el barullo cultural que, en virtud de la actual configuración de la sociedad, de los medios de comunicación social, de las modas, de los poderes, de las mediaciones del poder, no puede ser detenido tan fácilmente. Se trata del coraje de rehacernos, también en medio de esta confusión, unos puntos fundamentales de referencia, no para recortarnos una cultura cerrada, sino para tener y proyectar unos puntos de referencia fundamentales que ayuden a los otros a asumirlos. Se trata de una clara operación de orientación cultural, religiosa, espiritual, que no sea sólo intelectualista, sino que forme parte de la vida misma y que nos permita a nosotros tener unos puntos de referencia, ayudar a los otros a tenerlos y enlazar poco a poco, cada vez más, a todos aquellos que los reconocen para la constitución de una unidad viviente, cuyo signo fundamental es la eucaristía”…

 

C. M. Martini, Pueblo mío esclavo en Egipto, Milán pp. 32ss y 35ss.

 

Para rezar

 

Oración para arriesgar la vida

Señor, quisiera ser de los que arriesgan la vida,
de los que dan su vida.
¿Para qué sirve la vida si no es para darla?

Pero yo soy un burgués,
un producto de la época del confort.
Yo busco una cosa: la seguridad.

Señor, tú naciste pobre
y has muerto como un malhechor,
arráncame de mi egoísmo y de mi comodidad.

Que, marcado con tu cruz,
no tenga miedo a la vida dura,
a los trabajos en los que se arriesga la vida.

Haz que esté dispuesto
para la gran aventura a la que me llamas.
Tengo que comprometerme.
Tengo que jugarme la vida, Señor, por tu amor.

Los demás bien pueden ser prudentes.
Tú dijiste que hay que ser loco.

Los demás creen en el orden.
Tú me has dicho que crea en el amor.

Los demás piensan que hay que conservar.
Tú me has dicho que hay que dar.

Los demás se instalan.
Tú me has dicho que hay que caminar
y estar preparado a la alegría y al sufrimiento,
al fracaso y al éxito.

A no poner la confianza en mí, sino en Ti.
A ser cristiano sin preocuparme de las consecuencias.
Y, finalmente, a arriesgar mi vida contando con tu amor.

 

Sábado VI

 

Es mi Hijo amado, escúchenlo

 

Lectura de la carta a los Hebreos    11, 1-7

 

Hermanos:

Ahora bien, la fe es la garantía de los bienes que se esperan, la plena certeza de las realidades que no se ven. Por ella nuestros antepasados fueron considerados dignos de aprobación.

Por la fe, comprendemos que la Palabra de Dios formó el mundo, de manera que lo visible proviene de lo invisible.

Por la fe, Abel ofreció a Dios un sacrificio superior al de Caín, y por eso fue reconocido como justo, y así lo atestiguó el mismo Dios al aceptar sus dones. Y por esa misma fe, él continúa hablando, aún después de su muerte.

Por la fe, Henoc fue llevado al cielo sin pasar por la muerte. Nadie pudo encontrarlo porque Dios se lo llevó, y de él atestigua la Escritura que antes de ser llevado fue agradable a Dios. Ahora bien, sin la fe es imposible agradar a Dios, porque aquel que se acerca a Dios debe creer que él existe y es el justo remunerador de los que lo buscan.

Por la fe, Noé, al ser advertido por Dios acerca de lo que aún no se veía, animado de santo temor, construyó un arca para salvar a su familia. Así, por esa misma fe, condenó al mundo y heredó la justicia que viene de la fe.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 144, 2-3. 4. 6. 10-11 (R.: 1b)

 

R.    Bendeciré tu nombre eternamente, Señor.

 

Día tras día te bendeciré,

y alabaré tu Nombre sin cesar.

¡Grande es el Señor y muy digno de alabanza:

su grandeza es insondable! R.

 

Cada generación celebra tus acciones

y le anuncia a las otras tus portentos:

Ellas publican sus tremendos prodigios

y narran tus grandes proezas. R.

 

Que todas tus obras te den gracias, Señor,

y tus fieles te bendigan;

que anuncien la gloria de tu reino

y proclamen tu poder. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 9, 2-13

 

Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan, y los llevó a ellos solos a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos. Sus vestiduras se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo podría blanquearlas. Y se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.

Pedro dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» Pedro no sabía qué decir, porque estaban llenos de temor.

Entonces una nube los cubrió con su sombra, y salió de ella una voz: «Este es mi Hijo muy querido, escúchenlo.» De pronto miraron a su alrededor y no vieron a nadie, sino a Jesús solo con ellos.

Mientras bajaban del monte, Jesús les prohibió contar lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos cumplieron esta orden, pero se preguntaban qué significaría «resucitar de entre los muertos.»

Y le hicieron esta pregunta: «¿Por qué dicen los escribas que antes debe venir Elías?»

Jesús les respondió: «Sí, Elías debe venir antes para restablecer el orden en todo. Pero, ¿no dice la Escritura que el Hijo del hombre debe sufrir mucho y ser despreciado? Les aseguro que Elías ya ha venido e hicieron con él lo que quisieron, como estaba escrito.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Terminamos nuestra lectura de los primeros once capítulos del Génesis, con una página de la carta a los hebreos que es un elogio de nuestros antepasados remotos y que comienza con una definición de lo que es tener fe: «La fe es seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve».
  • El autor presenta los hombres ejemplares del Antiguo Testamento que desfilan en este capítulo, como los grandes modelos de la fe; para que los cristianos sigan sus huellas y permanezcan perseverantes en el ejercicio de su vida de creyentes. Estos hombres, como todos los demás que vivieron en el antes de Cristo, no llegaron a ver claro, ni a experimentar la venida del Salvador prometido por Dios. Pero desde esa oscuridad supieron creer en Dios y creer a Dios.
  • A la luz de la vida y la muerte de Jesucristo, Hebreos penetra en el interior de aquellas vidas generosas y encuentra los elementos constitutivos de su fe, y la presenta como una viva y personal experiencia del Dios vivo. Es como «ver al Invisible», es tener una mirada nueva que penetra el misterio de Dios que ama.
  • Fe es el conocimiento vivo, personal, de realidades invisibles, del Dios vivo que Jesucristo revela, comunión capaz de transformar una vida. Al mismo tiempo comporta la constante tendencia a la comunión definitiva con Dios, saliendo de toda seguridad humana.

***

  • En el Evangelio, Jesús toma consigo a Pedro, a Santiago y a Juan y los conduce solos a un monte alto y apartado. Los tres son los que habían asistido a la “resurrección” de la hija de Jairo y serán también los tres que asistirán a la agonía de Jesús.
  • Allí se transfiguró ante ellos. Sus vestidos se volvieron resplandecientes, y se les aparecieron Elías y Moisés, hablando con Jesús. Los discípulos no logran asimilar el mensaje de derrota y de muerte que su Maestro les anunció; por eso reciben el mensaje: que detrás de la derrota y de la muerte, está su triunfo. El Padre asegura que la vida y la obra de Jesús, no terminan con la muerte, que la transfiguración, es decir la Resurrección, será lo definitivo para Él, que los ha animado a ellos en la vocación del Reino.
  • Era necesario hacer ver a los discípulos la luz que se esconde detrás de la muerte, cuando ésta es abrazada con amor. Había que subir a la montaña para que el Gólgota entrara en la historia de los hombres acompañado por el Tabor.
  • La presencia de Moisés y de Elías, representantes de la Ley y de los profetas, pone de manifiesto que, para Marcos, en Jesús se da cumplimiento total a la ley y a la profecía. Así como Moisés, fue el que liberó al pueblo de la esclavitud del poder del Faraón, y como Elías, fue liberador del pueblo del poder despótico de Babilonia, Jesús es el definitivo liberador de todo hombre y mujer que hacen suya la causa del reino, se deja conducir por Él para vivir la plena libertad de los hijos de Dios.
  • Pedro quiere hacer durar esa dicha, proponiéndole a Jesús que construyan tres carpas. Cree que ya está, que es definitivo. Pero no lo es, será necesario descender de nuevo a la llanura y a las dificultades de la vida: será necesario reemprender el camino hacia la cruz, en la noche, siguiendo a Jesús.
  • Para confirmar esto, el relato se interrumpe por la aparición de una nube con una voz que interpreta la transfiguración de Jesús y da respuesta a la reacción de Pedro. La nube es signo de la presencia de Dios, como aparece en el libro del Éxodo. La nube cubrirá ahora con su sombra a Jesús y sus compañeros. Dios habla desde la nube a los discípulos, proclamando a Jesús como su Hijo amado e invitando a escucharlo.
  • En Cristo tiene lugar la plenitud de la Revelación. En su palabra y en su vida se contiene todo lo que Dios ha querido decir a la humanidad y a cada hombre. En Jesús encontramos todo lo que debemos saber acerca de nuestra propia existencia, en Él entendemos el sentido de nuestro vivir diario.
  • Dios, por medio de su Hijo hecho uno de nosotros, nos ha llamado para que colaboremos en la construcción de su Reino en el mundo, que llegará a su plenitud, al final de los tiempos, cuando Cristo entregue el Reino a su Padre. Entonces disfrutaremos de ese Reino, en cuya construcción tuvimos la gracia de colaborar mediante el seguimiento de Cristo.
  • En nuestra vida de discípulos, la Transfiguración se puede vivir en el día a día, en la medida que rechazamos la búsqueda de intereses propios por encima de los de los demás, y aprendemos a servir empolvándonos las sandalias, para llegar hasta aquellos que necesitan que el amor de Dios los salve y que nuestra caridad los ayude a vivir con la dignidad de los hijos de Dios. Escuchar a Jesús, seguir el camino de la cruz, optar por vivir una fe más encarnada y solidaria; produce una nueva forma de vivir la realidad, renueva nuestra esperanza y nos abre a una manera distinta de pensar, de sentir; y el obrar de Dios por dentro: nos transfigura.
  • “Auténtico discípulo es el que sabe escuchar al maestro, aun cuando sus palabras suenen a cruz y sufrimiento”.

 

Para discernir

 

  • ¿Escuchamos de veras a Jesús como a la Palabra viviente de Dios?
  • ¿Le prestamos nuestra atención y nuestra obediencia?
  • ¿Comulgamos con Cristo Palabra antes de acudir a comulgar con Cristo Pan?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

…Te sigo Señor en la fe…

 

Para la lectura espiritual

 

..”Todos los evangelios son una exhortación a creer. La gran pregunta que hace Jesús a través de los evangelios es ésta: « ¿Creéis? ¿Crees?». El Credo con el que la Iglesia responde a esta pregunta es una realidad epocal, extraordinaria. Es la única respuesta adecuada [...] Es él, el unigénito del Padre, quien está ahora frente a los hombres y dice: «Rendíos, reconoced que yo soy Dios» (Sal 46,11). No les ruega, no mendiga ni la fe ni reconocimientos, como tantos pseudo profetas y fundadores de religiones vacías. La suya es una palabra plena de divina autoridad. No dice: «Creedme, os lo ruego, escuchadme», sino que dice: «Sabed que yo soy Dios». Lo queráis o no, lo creáis o no, yo soy Dios [...].

Abramos el escriño de nuestro corazón y ofrezcamos a Jesús nuestra fe como don. «Corde creditur»: con el corazón se cree, el corazón está hecho para creer. Si nos parece que está vacío, pidamos al Padre que lo llene de fe. «Nadie puede venir a mí -dice Jesús– si no le atrae el Padre» (Jn 6,44). «¿No te sientes atraído aún? Ora para ser atraído» (san Agustín) L…]. La mejor fe es la que se obtiene de la oración, más que del estudio”…

 

R. Cantalamessa, edición española: Jesucristo, el Santo de Dios, Ediciones San Pablo, Madrid 1991.

 

Para rezar

 

En verdad es justo y necesario

es nuestro deber y salvación,
darte gracias siempre y en todo lugar,

Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
Porque Cristo, nuestro Señor,
reveló su gloria ante los testigos que él escogió;
y revistió con máximo esplendor su cuerpo,
en todo semejante al nuestro,
para quitar del corazón de sus discípulos

el escándalo de la cruz y anunciar que toda la Iglesia,

su cuerpo, habría de participar de la gloria

que tan admirablemente resplandecía en Cristo,

su cabeza.
Por eso, con los ángeles que te cantan en el cielo,
nosotros te alabamos en la tierra diciendo sin cesar:
Santo, Santo, Santo…

 

Liturgia

TIEMPO DTE EL AÑO – SEMANA VI – CICLO A

Domingo VI – Ciclo A

 

 

Lunes VI

 

 

Martes VI

 

 

Domingo VI – Ciclo A

 

A nadie le ordenó ser impío

 

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Eclesiástico    15, 15-20

 

Si quieres, puedes observar los mandamientos y cumplir fielmente lo que le agrada.

El puso ante ti el fuego y el agua: hacia lo que quieras, extenderás tu mano.

Ante los hombres están la vida y la muerte: a cada uno se le dará lo que prefiera.

Porque grande es la sabiduría del Señor, él es fuerte y poderoso, y ve todas las cosas.

Sus ojos están fijos en aquellos que lo temen y él conoce todas las obras del hombre.

A nadie le ordenó ser impío ni dio a nadie autorización para pecar.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 118, 1-2. 4-5. 17-18. 33-34 (R.: 1b)

 

R.    Felices los que siguen la ley del Señor.

 

Felices los que van por un camino intachable,

los que siguen la ley del Señor.

Felices los que cumplen sus prescripciones

y lo buscan de todo corazón. R.

 

Tú promulgaste tus mandamientos

para que se cumplieran íntegramente.

¡Ojalá yo me mantenga firme

en la observancia de tus preceptos! R.

 

Sé bueno con tu servidor,

para que yo viva y pueda cumplir tu palabra.

Abre mis ojos,

para que contemple las maravillas de tu ley. R.

 

Muéstrame, Señor, el camino de tus preceptos,

y yo los cumpliré a la perfección.

Instrúyeme, para que observe tu ley

y la cumpla de todo corazón. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol San Pablo

a los cristianos de Corinto    2, 6-10

   

Hermanos:

Es verdad que anunciamos una sabiduría entre aquellos que son personas espiritualmente maduras, pero no la sabiduría de este mundo ni la que ostentan los dominadores de este mundo, condenados a la destrucción.

Lo que anunciamos es una sabiduría de Dios, misteriosa y secreta, que él preparó para nuestra gloria antes que existiera el mundo; aquella que ninguno de los dominadores de este mundo alcanzó a conocer, porque si la hubieran conocido no habrían crucificado al Señor de la gloria.

Nosotros anunciamos, como dice la Escritura, lo que nadie vio ni oyó y ni siquiera pudo pensar, aquello que Dios preparó para los que lo aman.

Dios nos reveló todo esto por medio del Espíritu, porque el Espíritu lo penetra todo, hasta lo más íntimo de Dios.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Mateo     5, 17-37

 

Jesús dijo a sus discípulos:

No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.

Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.

El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.

Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.

Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal. Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego.

Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda.    

Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pero yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.

Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena. Y si tu mano derecha es para ti una ocasión de pecado, córtala y arrójala lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.

También se dijo: El que se divorcia de su mujer, debe darle una declaración de divorcio. Pero yo les digo: El que se divorcia de su mujer, excepto en caso de unión ilegal, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una mujer abandonada por su marido, comete adulterio.

Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor. Pero yo les digo que no juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la Ciudad del gran Rey. No jures tampoco por tu cabeza, porque no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos.

Cuando ustedes digan «sí», que sea sí, y cuando digan «no», que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno.

 

Palabra del Señor.

 

O bien más breve:

 

Lectura del santo Evangelio según San Mateo

    5, 20-22a. 27-28. 33-34a. 37

 

Jesús dijo a sus discípulos:

Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.

Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal. Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal.

Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pero yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.

Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor. Pero yo les digo que no juren de ningún modo.

Cuando ustedes digan «sí», que sea sí, y cuando digan «no», que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • En la disyuntiva entre fuego y agua, entre muerte y vida la primera lectura nos presenta con  claridad el criterio respecto a la moral: guardar los mandatos de Dios, cumplir su voluntad. Somos libres  y es esa libertad lo que da también valor a nuestra aceptación de la voluntad de  Dios. Creemos que el éxito en la vida es haber sabido elegir el camino que Dios nos muestra. Él nos conoce y es más íntimo a nosotros que nosotros mismos.

    ***

  • Para san Pablo la actitud de los cristianos debe ser fruto de una “sabiduría”, “que no  es de este mundo ni de los príncipes de este mundo”. El mundo en el sentido bíblico, contrario al reino de Dios, no puede comprender el alcance de las  normas contenidas en el sermón de la montaña, porque todas esas normas suponen la  aceptación del designio de amor de Dios sobre los hombres, designio manifestado a través del mensaje y la vida de Jesús.

    ***

  • El fragmento del sermón de la montaña que acabamos de escuchar nos ha manifestado  las exigencias propias de la manera de ser cristiana, es decir, del modo de actuar de los  discípulos de Cristo, que tiene que ser superior y distinto al proceder legalista de “los letrados y  fariseos”.
  • Esta nueva manera de cumplir la Ley en su plenitud no se trata de una hermenéutica más perfecta de la letra de la Ley, sino de la interiorización de su espíritu.
  • Jesús no ha venido a abolir la ley, pero a llevarla a cabo, a darle ese “plus” que la hace superar como ley y mueve a la aceptación como elección interior.
  • La justicia de los escribas y fariseos se limitaba al cumplimiento de los artículos de la ley. La justicia que propone Jesús no depende de eso exclusivamente, sino del hecho de que la plenitud de los tiempos, la realización más plena del hombre se realizan en Cristo. Él es el intérprete definitivo de la ley nueva, al poner de relieve las exigencias profundas de la voluntad de Dios, que él ha venido a cumplir y dar plenitud “hasta la última letra o tilde”. Sin quedarse en las minucias, nos enseña que para pertenecer al “reino” hay que vivir en fidelidad y coherencia total con la voluntad de Dios. Cristo establece un nuevo criterio de evaluación moral: la intención personal.
  • A través contraposiciones Jesús expone claramente la diferencia que se da entre la Ley promulgada en el Antiguo Testamento y la  nueva Ley que Él ha venido a proclamar en nombre de Dios. La nueva Ley no supone  la abolición o supresión de la antigua, sino una superación en la línea de la profundidad.  Si la antigua Ley prohibía y castigaba sólo la acción externa, la Ley de Cristo  condena la actitud interior. Principio del formulario
  • El “plus” de la nueva ley pasa por el corazón que, movido por la fuerza del Espíritu, decide la actitud más verdadera y más radical. Esta es una exigencia superior a la de la ley, el “plus” con el que Cristo la completa y la lleva a la perfección. El verdadero cumplimiento de la Ley de Dios se da cuando está en juego la  responsabilidad y la libertad del hombre.
  • No basta no matar, es preciso no odiar. No basta no cometer adulterio, es preciso no desear la mujer de otros. No basta lavarse las manos antes de comer, hay que “purificar” el interior del hombre.
  • No basta levantar monumentos a los profetas, es necesario no hacerlos matar. No basta rezar sin cesar, se hace imprescindible tener fe en la bondad de Dios. No bastan los sacrificios, no sirve a nadie los actos de culto y la estricta observancia de los preceptos más insignificantes si no se pone en el primer lugar de la propia vida moral la justicia, la misericordia y la fe.
  • La ley viene impuesta al hombre desde el exterior. Jesús no se limitó a una espiritualización de la ley,  Él apunta a la voluntad, al corazón. Lo  “nuevo” que aporta Cristo es un más que no depende solo del cumplimiento sino de la motivación del corazón del que brotan nuestras acciones. El “plus” está en Cristo que no sólo dice: “pero yo les digo” sino que lleva la delantera con su ejemplo amando a los enemigos, soportando el sufrimiento y la persecución, sirviendo como expresión concreta del amor. Se adelanta y se convierte en modelo de la fuerza de la ley, que posee la ley  suprema e interior del amor que nos viene como don del  Espíritu Santo.
  • Las palabras de Jesús invitan al cristiano a algo “más”, un “más” en convivencia entre los hombres. No basta no matar el hermano, es imprescindible respetarlo, tomarlo en serio, no sentirse superior a él. Se puede matar con las palabras, con un juicio duro, con una actitud despectiva. Se puede matar el hermano relegándolo al aislamiento y a la marginación, apagando su entusiasmo y sus proyectos de bien, no permitiéndole expresarse libremente. Los marginados, los ancianos, los débiles mentales, “los excluidos” son asesinados por nuestro cruel desinterés, por nuestro aislamiento, por nuestro dedo levantado… No se puede cumplir con Dios si el hermano es deshonrado, porque Dios vive cada hermano que nos encontramos, especialmente en los más pobres, en los pequeños, en los humildes, en los despreciados.
  • Un “plus” en el amor y en la sinceridad. El amor del hombre y la mujer no son simplemente el deseo y búsqueda egoísta de su satisfacción. El amor es querer el bien de amado, es encuentro libre y liberador. Un amor verdadero se arraiga en la totalidad de la persona, se inscribe en la única corriente de amor que es Dios, un amor que dona al hijo: un regalo total, porque Cristo ha dado su vida por nosotros; un amor que “ha prometido estar presente en aquellos que lo aman y en los corazones rectos y sinceros que conservan su palabra”.
  • Cristo da un “plus” a la ley judía que prohíbe la mentira dándole fuerza a la palabra y haciendo inútil el juramento. Las palabras están hechas para que nos permitan dar a conocer a los demás nuestros pensamientos, sentimientos, valores… nuestra interioridad. Engañar a los demás es no entender el signo de la palabra, convirtiéndola en un medio de la división y la confusión en vez de la claridad y la comunión.
  • Jesús nos pide una fe encarnada, una fe que se refleje en las actitudes individuales y colectivas, en las relaciones sociales, una fe que se refleje en el trabajo, en el sentido de la justicia, en el compromiso con los débiles, en el respeto al hombre, en la capacidad de diálogo y de comprensión, en la expulsión de la intolerancia, del insulto, de la agresividad, en la apertura a un amor centrado en Dios, capaz de resistir el desgaste del tiempo y de la desilusión.
  • Esta manera de creer es la sabiduría más alta, la sabiduría que no es de este mundo, como nos dice san Pablo. Como cristianos, estamos llamados a compartir y anunciar esta sabiduría del evangelio, en la que todos los hombres somos una sola familia en un solo mundo. Lo demás son pretextos, excusas, formalismos legales, pero inmorales. Una fe arraigada en la vida que sea capaz de iluminar al mundo dándole sentido y llevándolo a experimentar que es posible que el hombre deje de ser enemigo del hombre para convertirse en hermano.

     

Para discernir

 

  • ¿Qué conversión me pide la palabra de este día?
  • ¿Escucho alguna invitación a crecer en libertad y verdad interior?
  • ¿Qué oración brota de mi corazón frente a la palabra recibida?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

…Que venga tu Reino Señor…

 

Para la lectura espiritual

 

La Ley enraizada en nuestros corazones

 

En la Ley hay preceptos naturales que nos dan ya la santidad; incluso antes de dar Dios la Ley a Moisés, había hombres que observaban estos preceptos y quedaron justificados por su fe y fueron agradables a Dios. El Señor no abolió estos preceptos sino que los extendió y les dio plenitud. Eso es de lo que nos dan prueba sus palabras: «Se dijo a los antiguos: no cometerás adulterio. Pues yo os digo: el que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior.» Y también: «se dijo: no matarás. Pero yo os digo: todo el que esté peleado con su hermano sin motivo tendrá que comparecer ante el tribunal» (Mt 5,21s)… Y así todo lo que sigue. Todos estos preceptos no implican ni la contradicción ni la abolición de los precedentes, sino su cumplimiento y extensión. Tal como el mismo Señor dice: «Si no sois mejores que los letrados y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos (Mt, 5,20).

¿En qué consiste este ir más allá? Primeramente en creer no sólo en el Padre, sino también en el Hijo manifestado en lo sucesivo, porque él es quien conduce al hombre a la comunión y unión con Dios. Después, en no tan sólo decir, sino en hacer –porque «dicen pero no hacen» (Mt 23,3)- y guardarse, no sólo de cometer actos malos, sino también de desearlos. Con estas enseñanzas, él no contradecía a la Ley, sino que la llevaba a su cumplimiento, a su plenitud y ponía en nosotros la raíz de las prescripciones de la Ley… Prescribir, no sólo de abstenerse de los actos prohibidos por la Ley, sino incluso de su deseo, no es de alguien que contradice y adolece la Ley, sino el hecho de quien la cumple y extiende.

 

San Ireneo de Lión (hacia 130-hacia 208), obispo, teólogo y mártir – Contra las herejías IV, 13,3

 

Para rezar

 

Padre Nuestro Misionero

 

Padre nuestro que estás en el cielo

Creemos ¡oh Dios! que eres nuestro Padre porque nos lo ha revelado Jesús.

Pero hay una multitud de hombres que todavía ignoran el amor de tu corazón paternal y no saben rezarte la oración que tu mismo Hijo nos enseñó.

 

Santificado sea tu nombre

Padre, en tu nombre está encerrado el mensaje de tu amor y la historia de nuestra salvación. Anunciando a los pueblos tu paternidad, la Iglesia misionera te hace conocer a Ti y a tu enviado Jesucristo.

 

Venga a nosotros tu Reino

Porque sólo en tu Reino, llegamos a ser hijos tuyos y hermanos entre nosotros.

Tu Reino de paz, de fe y caridad implantan los misioneros en el corazón de la humanidad.

 

Hágase tu voluntad

Conocerte a Ti, reconocerte en Cristo y amarte en el Espíritu Santo es tu voluntad.

Sálvanos, Padre, para que podamos salvar a nuestros hermanos y se cumpla así el deseo de tu hijo: “que haya un sólo rebaño y un sólo pastor”.

 

Danos hoy nuestro pan de cada día

“No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” y este pan de tu palabra el mundo lo reclama. Envía predicadores de tu Evangelio para saciar a la multitud hambrienta y sedienta de justicia y amor.

 

Perdona nuestras ofensas

Porque hemos pensado poco en nuestro deber de llevar a los que no te conocen la fe que recibimos gratuitamente. Perdónanos, Señor, porque no comprendemos todavía, la grandeza de la misericordia hacia los más necesitados.

 

No nos dejes caer en la tentación

En la tentación de escandalizarnos, ni de desconfiar de tu providencia amorosa ante aquellos que o creen, después de dos mil años de la muerte en la cruz de tu Hijo por nosotros.

 

Líbranos del mal

Del mal de ser insensibles a las necesidades de los que aún no te conocen. De este mal de la indiferencia, líbranos, Señor.

 

Amén.

 

Lunes VI

 

¿Por qué esta generación pide un signo?

 

Lectura del libro del Génesis    3,23a; 4, 1-15. 25

 

El hombre se unió a Eva, su mujer, y ella concibió y dio a luz a Caín. Entonces dijo: «He procreado un varón, con la ayuda del Señor.» Más tarde dio a luz a Abel, el hermano de Caín. Abel fue pastor de ovejas y Caín agricultor.

Al cabo de un tiempo, Caín presentó como ofrenda al Señor algunos frutos del suelo, mientras que Abel le ofreció las primicias y lo mejor de su rebaño. El Señor miró con agrado a Abel y su ofrenda, pero no miró a Caín ni su ofrenda. Caín se mostró muy resentido y agachó la cabeza.

El Señor le dijo: « ¿Por qué estás resentido y tienes la cabeza baja? Si obras bien podrás mantenerla erguida; si obras mal, el pecado está agazapado a la puerta y te acecha, pero tú debes dominarlo.»

Caín dijo a su hermano Abel: «Vamos afuera.» Y cuando estuvieron en el campo, se abalanzó sobre su hermano y lo mató. Entonces el Señor preguntó a Caín: « ¿Dónde está tu hermano Abel?»

«No lo sé», respondió Caín. « ¿Acaso yo soy el guardián de mi hermano?»

Pero el Señor le replicó: « ¿Qué has hecho? ¡Escucha! La sangre de tu hermano grita hacia mí desde el suelo. Por eso maldito seas lejos del suelo que abrió sus fauces para recibir la sangre de tu hermano derramada por ti. Cuando lo cultives, no te dará más su fruto, y andarás por la tierra errante y vagabundo.»   

Caín respondió al Señor: «Mi castigo es demasiado grande para poder sobrellevarlo. Hoy me arrojas lejos del suelo fértil; yo tendré que ocultarme de tu presencia y andar por la tierra errante y vagabundo, y el primero que me salga al paso me matará.»

«Si es así, le dijo el Señor, el que mate a Caín deberá pagarlo siete veces.» Y el Señor puso una marca a Caín, para que al encontrarse con él, nadie se atreviera a matarlo.

Adán se unió a su mujer, y ella tuvo un hijo, al que puso el nombre de Set, diciendo: «Dios me dio otro descendiente en lugar de Abel, porque Caín lo mató.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 49, 1y 8. 16b-17. 20-21 (R.:14a)

 

R.    Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.

 

El Dios de los dioses, el Señor,

habla para convocar a la tierra

desde la salida del sol hasta el ocaso.

No te acuso por tus sacrificios:

¡tus holocaustos están siempre en mi presencia!» R.

 

« ¿Cómo te atreves a pregonar mis mandamientos

y a mencionar mi alianza con tu boca,

tú, que aborreces toda enseñanza

y te despreocupas de mis palabras? R.

 

Te sientas a conversar contra tu hermano,

deshonras al hijo de tu propia madre.

Haces esto, ¿y yo me voy a callar?

¿Piensas acaso que soy como tú?

Te acusaré y te argüiré cara a cara.» R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Marcos     8, 11-13

 

En aquel tiempo:

Llegaron los fariseos, que comenzaron a discutir con él; y, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Jesús, suspirando profundamente, dijo: «¿Por qué esta generación pide un signo? Les aseguro que no se le dará ningún signo.»

Y dejándolos, volvió a embarcarse hacia la otra orilla.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Partiendo de un relato primitivo que hablaba del origen de los quenitas, el autor del Génesis nos habla de la violenta conducta humana en los comienzos de la historia. Las consecuencias del pecado de Adán y Eva no se hizo esperar: se rompe la armonía de relaciones con Dios y entre los mismos seres humanos. El deterioro de la humanidad se pone de manifiesto.
  • La vida agrícola y pastoril representada por Caín y Abel, simbolizan dos tipos diversos de vida humana. Unidos como hermanos pero diferentes en su profesión, en sus manifestaciones cúlticas, en sus actitudes. Caín no acepta que las ofrendas de su hermano al Señor sean más gratas que las suyas y se enfurece contra él.
  • El pecado acecha agazapado y se puede apoderar del hombre en cualquier momento. Caín puede dominarlo, pero, al no aceptar al hermano, será el pecado el que se apodere de él; así se comete el primer fratricidio de la historia. El odio, nacido de la envidia, ha ocasionado la ruptura de la hermandad humana. El intento de querer ser como dioses hace que no podamos soportar al que está al lado, aunque éste sea nuestro hermano de sangre.
  • Dios pide cuentas, le interesa la justicia entre los hombres. La sangre inocente grita y el Señor no puede dejar de escuchar. Por eso Caín es maldecido y se le impone el destierro; la misma tierra, el suelo que él cultivó, también sufre las consecuencias de la sangre derramada: se lo maldice, se le niega su fuerza maternal. El mundo se convierte así en el espacio de su infructífero y vano vagar. Y, a pesar del fratricidio, Caín sigue con vida; Dios nunca destruye al hombre sino que siempre cuida de él a tal punto que prohíbe terminantemente la venganza.

***

  • Los milagros de Jesús no son realizados para asombrar a la pobre gente, sino para mostrarles que la gran noticia es realmente su liberación total. Por eso los milagros se refieren siempre a la liberación del hombre: de la enfermedad, de la muerte, de la opresión.
  • Por el contrario, los fariseos insisten mucho sobre los aspectos triunfalistas del futuro Mesías. Desde aquí se comprende la pretensión de los fariseos al reclamar un signo del cielo. Exigen que Dios dé directamente una prueba de la mesianidad de Jesús. Como representantes de la religión, deben pronunciarse, y quieren apoyar su opinión en hechos irrefutables.
  • Jesús se encuentra entre la indignación y el estupor. No habrá más signo que su propia vida. Este es el gesto que manifiesta que Dios actúa: la vida del Nazareno. No se dará otro signo que la obediencia del Hijo, una vida vivida absolutamente bajo la inspiración del Espíritu. Su vida habla por sí misma y es la más válida demostración. Estos son los signos de los tiempos: un hombre que ama hasta el extremo, que habla de perdón y lo realiza en gestos hasta el punto de dar su vida; un hombre que de cara al creador en su oración lo llama “Abba- papito”.
  • El signo de salvación que Dios da es la vida entregada de su Hijo Predilecto, que llega hasta las últimas consecuencias del amor. Signo para nosotros debe ser la comunidad reunida, la palabra proclamada, el pan y el vino de la Eucaristía, la gracia del perdón, la entrega de muchos por los más pobres y necesitados. Signo para el pueblo será hoy nuestra vida de hombres serenos y esperanzados ante las dificultades, nuestra constancia en buscar el bien a costa muchas veces de renuncias, nuestra fidelidad a la llamada recibida desde la vida vivida en clave misionera, nuestra apertura y capacidad de comprensión ante los errores y pecados de los otros.
  • Siempre ha existido y existirá la tentación “farisaica” de buscar y ofrecer señales asombrosas, que hagan callar a los adversarios. Esta tentación llega casi siempre en momentos críticos de decadencia de la fe: no teniendo que ofrecer a los otros testimonios vivos y reales, se intenta seguir presentes a través de fenómenos sobrenaturales, muy lejos del espíritu de los milagros de Jesús, y muy cerca de los resultados que buscan los medios de comunicación y la propaganda.
  • Jesús, el Hijo de Dios, se manifiesta de manera discreta en medio de nuestra vida y ha elegido precisamente lo débil para confundir a los poderosos. La fe en Jesús, en Dios, no se compra, no se condiciona, no se somete a juicios humanos de convalidación. Es don, y los dones se piden y reciben sencillamente como gracia.

 

Para discernir

 

  • ¿Ando buscando signos para hacer crecer mi fe?
  • ¿Qué signos pido?
  • ¿Qué signos doy?

     

Repitamos a lo largo de este día

 

…Quiero descubrirte y manifestarte Señor…

 

Para la lectura espiritual

 

¿Por qué esta generación reclama un signo?

 

… “Padre Santo, Dios todopoderoso…, cuando yo elevo la débil luz de mis ojos, ¿puedo dudar de que eso es tu cielo? Cuando contemplo el curso de las estrellas, su retorno en el ciclo anual, cuando veo las Pléyades, la Osa menor y la Estrella de la mañana y considero que cada una brilla en el lugar que tú le has asignado, comprendo, oh Dios, que tú estás allí, en estos astros que yo no comprendo. Cuando veo «las soberbias olas del mar» (sl 92,4), no comprendo el origen de esta agua, ni tampoco comprendo quien es que pone en movimiento su flujo y reflujo regular y, sin embargo, creo que hay una causa –ciertamente para mí impenetrable- en estas realidades que yo ignoro, y también allí percibo tu presencia.

Si vuelvo mi espíritu hacia la tierra que, por el dinamismo de unas fuerzas escondidas, descompone todas las semillas que antes ha acogido en su seno, las hace germinar lentamente y las multiplica, después las hace crecer, no encuentro allí nada que pueda comprender con mi inteligencia; pero esta misma ignorancia me ayuda a discernirte, a ti, puesto que, si soy incapaz de comprender la naturaleza que ha sido puesta a mi servicio, sin embargo te encuentro a través de este mismo hecho de que ella está allí, para mi uso.

Si me vuelvo hacia ti, la experiencia me dice que yo no me conozco a mi mismo, y te admiro tanto más por el hecho de ser yo un desconocido para mí mismo. En efecto, aunque yo no los puedo comprender, sí tengo experiencia de los movimientos de mi espíritu que juzga sus operaciones, su vida, y esta experiencia te la debo sólo a ti, a ti que me has hecho participar de esta naturaleza sensible que me da un gran gozo, aunque su origen se encuentra más allá de lo que alcanza mi inteligencia. No me conozco a mi mismo, pero te encuentro en mí y, encontrándote, te adoro”…

 

San Hilario (hacia 315-367), obispo de Poitiers y doctor de la Iglesia – La Trinidad, libro 12, 52-53

 

Para rezar

 

Tu eres el Hijo de Dios que te hiciste hermano y amigo nuestro.
Gracias, Jesús porque me quieres.
Tu viniste a enseñarnos el camino del cielo
Tu viniste a salvarnos del pecado y de la muerte.
Tú viniste a decirnos que Dios es un Padre que nos ama.
Tú viniste a enseñarnos a construir un mundo mas digno del hombre.
Tu viniste a animarnos y hadarnos fuerza para ser mejores.’
Tú viniste a consolarnos en nuestras tristezas y a traer alegría a
nuestra vida.
Tú viniste a enseñarnos como amarnos y perdonarnos unos a otros.
Padre Dios, Tu nos amaste tanto que nos enviaste a Jesús, tu propio
Hijo, para salvarnos; ayúdanos a escuchar y cumplir siempre lo que El
nos dice.
Te lo pedimos por el mismo Cristo Jesús.

Amén.

Martes VI

 

Cuídense de la mala levadura

 

Lectura del libro del Génesis    6, 5-8; 7, 1-5. 10

 

Cuando el Señor vio qué grande era la maldad del hombre en la tierra y cómo todos los designios que forjaba su mente tendían constantemente al mal, se arrepintió de haber hecho al hombre sobre la tierra, y sintió pesar en su corazón. Por eso el Señor dijo: «Voy a eliminar de la superficie del suelo a los hombres que he creado -y junto con ellos a las bestias, los reptiles y los pájaros del cielo- porque me arrepiento de haberlos hecho.» Pero Noé fue agradable a los ojos del Señor.

Entonces el Señor dijo a Noé: «Entra en el arca, junto con toda tu familia, porque he visto que eres el único verdaderamente justo en medio de esta generación. Lleva siete parejas de todas las especies de animales puros y una pareja de los impuros, los machos con sus hembras -también siete parejas de todas las clases de pájaros- para perpetuar sus especies sobre la tierra. Porque dentro de siete días haré llover durante cuarenta días y cuarenta noches, y eliminaré de la superficie de la tierra a todos los seres que hice.» Y Noé cumplió la orden que Dios le dio.

A los siete días, las aguas del Diluvio cayeron sobre la tierra.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO     Sal 28, 1a y 2. 3ac-4. 3b y 9c-10 (R.:11b)

 

R.    El Señor bendice a su pueblo con la paz.

 

¡Aclamen al Señor, hijos de Dios!

¡Aclamen la gloria del nombre del Señor,

adórenlo al manifestarse su santidad! R.

 

¡La voz del Señor sobre las aguas!

El Señor está sobre las aguas torrenciales.

¡La voz del Señor es potente,

la voz del Señor es majestuosa! R.

 

El Dios de la gloria hace oír su trueno.

En su Templo, todos dicen: «¡Gloria!»

El Señor tiene su trono sobre las aguas celestiales,

el Señor se sienta en su trono de Rey eterno. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos     8, 13-21

 

Los discípulos se habían olvidado de llevar pan y no tenían más que un pan en la barca. Jesús les hacía esta recomendación: «Estén atentos, cuídense de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes.» Ellos discutían entre sí, porque no habían traído pan.

Jesús se dio cuenta y les dijo: «¿A qué viene esa discusión porque no tienen pan? ¿Todavía no comprenden ni entienden? Ustedes tienen la mente enceguecida. Tienen ojos y no ven, oídos y no oyen. ¿No recuerdan cuántas canastas llenas de sobras recogieron, cuando repartí cinco panes entre cinco mil personas?»

Ellos le respondieron: «Doce.»

«Y cuando repartí siete panes entre cuatro mil personas, ¿cuántas canastas llenas de trozos recogieron?»

Ellos le respondieron: «Siete.»

Entonces Jesús les dijo: «¿Todavía no comprenden?»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • En todos los pueblos de la tierra, desde las culturas más primitivas a las más altas, se conocen relatos del diluvio. El relato del Génesis pertenece a una leyenda popular muy extendida en el Oriente Medio, originada tal vez por alguna gran inundación en Mesopotamia, entre los ríos Tigris y Éufrates.
  • El escritor bíblico dibuja con trazos claros y decididos la situación de la humanidad: “… la maldad del hombre crecía sobre la tierra, y que todo su modo de pensar era siempre perverso…”. La realidad del pecado se va haciendo cada vez más ancha y funesta; la negativa con que los hombres se enfrentaban a Dios era cada vez más profunda e insistente. Este pecado que primeramente se había manifestado sólo en la persona de Caín, devora ya a toda la humanidad.
  • La figura de Dios aparece con rasgos humanos inauditos. Dios no es el que lo sabe todo, y se ha visto sorprendido por el modo de obrar de los hombres, hasta el punto de sentir la desilusión y el desaliento ante su creación. Este arrepentimiento de Dios quiere dar a entender su gran interés por los hombres.
  • El diluvio pone de relieve la contingencia de todo lo creado y la fuerza devastadora de los pecados de los hombres. El diluvio, es un juicio contra el pecado y la maldad, que progresivamente había llevado a la humanidad a un deterioro extremo. Dios se reserva la familia de Noé, para empezar de nuevo la aventura de la historia. Una vez más aparece la gratuidad sorprendente de Dios que va eligiendo a los que Él quiere. Dios purifica y castiga, pero también anuncia la salvación.

***

  • Jesús va sacando enseñanzas de las cosas de la vida, aunque sus oyentes esta vez, como tantas otras, no acaban de entenderle. Al subir en la barca, los discípulos se habían olvidado de llevarse pan; por casualidad les quedaba un pequeño pedazo. Jesús los invita a “cuidarse de la levadura de los fariseos y de Herodes”. Los discípulos no entienden; a lo sumo creen que se trata de un reto por no haber llevado el alimento necesario. Sin embargo, el significado de aquellas palabras era más profundo.
  • La palabra “levadura” posee un significado particular. La fiesta de la pascua implicaba, entre otras cosas, el rito de comer panes no fermentados. La levadura era considerada como signo y causa de corrupción. La pascua era la fiesta de la novedad, de la renuncia a lo viejo, de la búsqueda de un Dios que se revela en lo nuevo. Pero en la literatura de ese momento, la metáfora de la levadura, se aplicaba frecuentemente no a cualquier “corrupción” moral, sino muy concretamente al orgullo, a la soberbia, a la hipocresía.
  • Jesús quiere poner a los discípulos en guardia contra el orgullo y la soberbia de los fariseos, que pensaban en un Mesías triunfal, en un jefe, que con prodigios grandiosos someta al mundo. Para Jesús no se trata de alcanzar el poder, sino de servir a la humanidad necesitada.
  • Jesús, evoca el recuerdo de los dos relatos de multiplicación de los panes, para que los discípulos puedan entender que lo opuesto a la levadura de los fariseos y los herodianos, es el repartir o compartir el pan con los necesitados. Este es el único milagro que se debe realizar en este mundo, mientras se va proclamando la gran noticia del reino de Dios. El hecho de compartir el pan no empobrece, sino que, todo lo contrario, enriquece; sólo así se recoge la riqueza del Reino de Dios.
  • Tenemos que pedir la gracia de poder discernir entre las levaduras que encontramos en nuestro mundo. Si la levadura no es buena, el pan resultante ya no será fuente de vida, sino fuente de enfermedad y muerte.
  • Existen muchas cosas buenas en nuestro mundo, pero también hay muchas cosas que, fruto del pecado del hombre, son causa de injusticia, de opresión, de odios, de muerte. En nosotros, con la ayuda del Espíritu, está el elegir todo aquello que nos ayude a crecer, a vivir, a ser solidarios, a amar y a rechazar todo aquello que, aún con hermosas y prometedoras apariencias es portador de muerte, de injusticia e infelicidad.

 

Para discernir

 

  • ¿Cuáles son nuestras expectativas frente al Reino de Dios?
  • ¿Qué levaduras hacen crecer nuestra vida?
  • ¿Experimento la riqueza del compartir?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

…Quiero ser buena levadura Señor…

 

Para la lectura espiritual

 

..”«El buen Dios, que nos ama tanto, ya tiene bastante pena con estar obligado a dejarnos cumplir nuestro tiempo de prueba en la tierra, sin que vengamos constantemente a decirle que estamos mal en ella; no tenemos que adoptar el aspecto de que nos damos cuenta de ello» (CSG, 58).

Este pasaje de santa Teresa, cuando lo comparamos con la idea generalmente difundida, tiene un carácter singular. Se ha empleado tanto el vocabulario del sufrimiento en la teología occidental que parece que Dios, sin complacerse propiamente en el sufrimiento del hombre, lo desea en sí mismo. Recordemos, por ejemplo, a Pascal diciendo que la enfermedad es el estado natural del cristiano, que debe asombrarse de estar sano: ¡qué horrible proposición!

Ahora bien, el pasaje de santa Teresa que acabamos de citar implica una sensibilidad nueva en relación con el sufrimiento. No se trata de que santa Teresa quiera una vida sembrada de facilidades: es sabido que siempre tomó en la religión su dimensión de austeridad y de esfuerzo, que siempre tuvo una devoción particular al rostro crucificado del Señor, hasta el punto de llevar su nombre. En efecto, se llama Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz. Se puede decir que su corta vida fue una sucesión de pruebas, la más dolorosa de las cuales fue la parálisis de su padre, antes de que llegara su consunción. Pero no atribuye a este sufrimiento un valor de salvación en cuanto es sufrimiento, como a menudo hacen los cristianos, y, sobre todo, como los adversarios del cristianismo les reprochan.

El sufrimiento, para Teresa, es un medio en vistas a un fin. Eso supone unirse a la idea profunda de la epístola a los Filipenses y de la epístola a los Hebreos: el sufrimiento de Cristo es una consecuencia de su obediencia al Padre. No le fue impuesto a causa de ningún valor del sufrimiento en sí mismo. Ahora bien, tras la caída, el sufrimiento (por el que podemos brindar a Dios una adhesión desinteresada y redimir el mal uso de la libertad), el sufrimiento, decía, es un medio corto de acercarnos a nuestro fin. Dios, que lo ve y lo quiere, lo ve y lo quiere a la manera de un remedio o de una operación de cirugía. Y este medio violento es tan pasajero, y sobre todo es tan ínfimo, cuando lo comparamos con lo que obtiene, que es de otro orden: eterno, dichoso, inmutable. Por eso, se comprende que la hermana de Teresa haya condensado su pensamiento sobre el mal en esta imagen atrevida y virgiliana: Dios sufre por nuestro sufrimiento, El nos lo envía volviendo la cabeza.

Desde esta perspectiva, el Dios de los cristianos no es un Dios «vengador», sino un Amor eterno, educador, prudente y sabio, que, lejos de multiplicar las penas, se las ingenia para abreviarlas, suspenderlas y reducirlas, en la medida en que ello es divinamente posible, para satisfacer su justicia, que, por lo demás, es idéntica a la gloria que desea para las almas.

Estamos lejos de la idea del valle de lágrimas. Tampoco se trata de la lluvia de rosas que el lector superficial de santa Teresa se imagina que la santa quería que cayera continuamente sobre sus amigos. Estamos más allá de ambas imágenes, comprendemos el sufrimiento en su finalidad profunda: lo trasladamos a su medida divina.

Volvemos a encontrar aquí, bajo una forma muy sencilla, la enseñanza de san Pedro y san Pablo cuando decían, sin haberse puesto de acuerdo y partiendo de puntos de vista bastante diferentes, que los sufrimientos de este tiempo no tienen ninguna comparación con el peso eterno de la gloria, o que estamos tristes durante un breve lapso de tiempo por diversas pruebas, puesto que es necesario.

Y podríamos decir que ése es también, en san Lucas, el pensamiento de Jesús resucitado, cuando conversa con los discípulos por el camino de Emaús: Jesús no hace alusión a la rapidez de la cruz, pero los tres compañeros sabían que la cosa había sido rápida, puesto que el jueves precedente ya no se hablaba de ella. Y Jesús recuerda la ley de toda carne y de todo espíritu: « ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?» (Lc 24,26).

Cuando se piensa en la objeción del racionalismo, del humanismo y del comunismo contra la doctrina cristiana como enemiga de la felicidad, se puede calibrar qué oportuna es esta dirección de la mística teresiana.

El sufrimiento no es obra de Dios, del Dios bueno, del Padre de quien viene todo bien; es obra del pecado, fruto de la desgracia original: pero la adorable misericordia divina transforma ese fruto amargo en un remedio «ennoblecedor». Goza ya de nosotros. « ¡Oh, cuánto bien hace este pensamiento a mi alma -escribe Teresa-, comprendo entonces por qué El nos deja sufrir!»”…

 

J. Guitton, El genio de Teresa de Lisieux, Edicep, Valencia 1996, pp. 33-35.

 

Para rezar

 

Oración de Abandono

 

Cuán difícil es alabarte en medio de la prueba Señor,
pero hoy lo quiero hacer.
Cuán difícil es abandonarme a tu Santa Voluntad,
pero hoy lo quiero hacer.
Cuán difícil es confiar me medio las malas noticias,
pero hoy lo quiero hacer.

Por eso en medio de toda la prueba,
gracias Señor por las cosas que permites.
Hoy me abandono por completo en tus manos
al enfrentarme a cosas tan grandes para mí,
pero tan pequeñas para tí.
Y hoy, hoy confío en que tengo un Padre Celestial
para quien las malas noticias que yo recibo
son la forma de mostrar su poder y su amor.

Por eso aunque no pueda entender, te alabo.
Aunque me sea difícil, me abandono.
Y aunque las malas noticias caigan de todas partes,
hoy confío en ti, Señor.

De esta forma seré testigo de tu poder,
tu amor, tu grandeza y de cómo enseñas estas cosas
a los mansos y humildes,
para confundir a los poderosos y fuertes de este mundo.

 

Amén.

 

Piera Ferrari

TIEMPO DTE EL AÑO – SEMANA V – CICLO A

Domingo V – Ciclo A

 

Lunes V

 

Martes V

 

Miércoles V

 

Jueves V

 

Viernes V

 

Sábado V

 

 

Domingo V – Ciclo A

 

Despuntará tu luz como la aurora

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del profeta Isaías    58, 7-10

 

Así habla el Señor:

Compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no despreocuparte de tu propia carne.

Entonces despuntará tu luz como la aurora y tu llaga no tardará en cicatrizar; delante de ti avanzará tu justicia y detrás de ti irá la gloria del Señor.

Entonces llamarás, y el Señor responderá; pedirás auxilio, y él dirá: «¡Aquí estoy!»

Si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna; si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria, tu luz se alzará en las tinieblas y tu oscuridad será como el mediodía.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 111, 4. 5. 6-7. 8a-9 (R.: 4a)

 

R.    Para los buenos brilla una luz en las tinieblas.

 

 

Para los buenos brilla una luz en las tinieblas:

es el Bondadoso, el Compasivo y el Justo.

Dichoso el que se compadece y da prestado,

y administra sus negocios con rectitud. R.

 

El justo no vacilará jamás,

su recuerdo permanecerá para siempre.

No tendrá que temer malas noticias:

su corazón está firme, confiado en el Señor. R.

 

Su ánimo está seguro, y no temerá.

El da abundantemente a los pobres:

su generosidad permanecerá para siempre,

y alzará su frente con dignidad. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto    2, 1-5

 

Hermanos, cuando los visité para anunciarles el misterio de Dios, no llegué con el prestigio de la elocuencia o de la sabiduría. Al contrario, no quise saber nada, fuera de Jesucristo, y Jesucristo crucificado.

Por eso, me presenté ante ustedes débil, temeroso y vacilante.

Mi palabra y mi predicación no tenían nada de la argumentación persuasiva de la sabiduría humana, sino que era demostración del poder del Espíritu, para que ustedes no basaran su fe en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    5, 13-16

 

Jesús dijo a sus discípulos:

« Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.

Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.»

 

Palabra del Señor.

   

Para reflexionar

 

  • Isaías enseña a su comunidad que la religión no está tanto en las prácticas religiosas cuanto en la obra de justicia con el pobre y desamparado. Dios está en el oprimido y el que necesita ayuda para realizarse como persona. Allí se lo encuentra. El que promueve al hombre es luz de Dios en el mundo.

***

  • Pablo opone al prestigio de una palabra y de una sabiduría humanas la palabra y la sabiduría, que vienen de Dios. Su predicación es más bien una demostración del poder del espíritu que viene de Dios y requiere en consecuencia una adhesión de otro orden: la del espíritu.

***

  • El pasaje de este domingo se encuentra en el contexto de las bienaventuranzas. Jesús habla a la muchedumbre desde una montaña. Acaba de proclamar un estilo de vida tan nuevo como embarazoso. Y lo hace con autoridad, es el mesías, el salvador, por él se realiza la nueva y definitiva alianza con Dios.
  • La enseñanza del Reino, planteada como alternativa distinta a la existente, está caracterizada por la paternidad de Dios, la fraternidad de sus hijos, y por el lugar preeminente que tienen los más débiles y pequeños.
  • Jesús ha proclamado quienes son los felices, los bienaventurados, pero también les dice que no lo son sólo para ellos mismos, sino también respecto del mundo. El discípulo, portador del don de Dios, no puede limitarse a gozarlo y vivirlo sólo él. Debe alumbrar y dar sabor al mundo.
  • La opción por el reino no aleja al creyente de este mundo y de esta historia. Los creyentes no están en un mundo aparte del de los hombres normales ni están llamados a distanciarse del hombre de la calle, de las luchas y esfuerzos cotidianos y de los acontecimientos ordinarios de esta historia.
  • Jesús, con dos imágenes sencillas y comprensibles por todos, nos indica que la opción cristiana es existencial, no geográfica ni sociológica. Los cristianos no somos seres aparte, el mundo de los cristianos no es otro mundo, la historia de la salvación no es otra historia. Muy por el contrario la fe hace que por los creyentes este mundo y esta historia queden sazonados e iluminados por el amor gratuito de Dios y la respuesta de la fe.
  • La sal no sirve para nada si no se disuelve en los alimentos. La luz es inútil si se la tapa o esconde.
  • Jesús completa la imagen llamando a las buenas obras, y la primera lectura lo subraya. El pueblo judío preocupado por la práctica exterior e irreprochable de culto, empieza a reconstruir el templo destruido, pero Dios le recuerda que, más del esplendor del culto, lo que más le agrada es que den hospedaje a los sin techo, que sean capaces de compartir el pan con el hambriento, así: “tu luz surgirá como la aurora”. No basta rogar y ayunar. La oración y el ayuno deben estar unidos a la acción «para hacer brillar entre las tinieblas la luz». La abstinencia de los alimentos importa poco, si no es para alimentar hambriento.
  • El discípulo será en concreto “sal en la tierra y luz del mundo”, cuando los hombres “vean sus buenas obras y glorifiquen a su padre que está en los cielos”. No son las palabras las que demuestran la venida del Reino de Dios, sino el compromiso en la realidad del mundo para que pueda realizarse según el proyecto de Dios.
  • El discípulo debe ser sal, se debe disolver, penetrar profundamente en el mundo conducido por Cristo para darle el sabor nuevo, el fermento de salvación. El discípulo debe ser luz que ilumine desde el resucitado el sentido de la vida.
  • En el Bautismo el sacerdote entrega al padre del bautizado un cirio encendido del cirio pascual que ardió por primera vez en semana santa. Cristo resucitado es la “luz”. El bautizado es el «iluminado» que se inserta en la muerte de Cristo para vivir su resurrección. Vivir en la luz es un compromiso que le espera: el espíritu lo “mueve”, lo “arrastra”. Las “acciones luminosas del bautizado” son acciones del espíritu; y en él no hay lugar para el orgullo y soberbia personal.
  • El Evangelio también habla de sal insulsa que no sirve para otra cosa sino para ser tirada y pisoteado por los hombres. Se habla de luz oculta. Es una invitación a probar la calidad de nuestra vida de cristianos de este tiempo, y a ver nuestra transparencia para que pase la luz del Evangelio. La concreción de Isaías no nos permite jugar con la palabra de Dios.
  • La comunidad cristiana corre el riesgo de esconder bajo oscuras pantallas la luz de Cristo. La no conciencia de la solidaridad hecha testimonio, el desinterés como una expresión visible y comunitaria de nuestra fe, la política de lavarse las manos en los hechos en que no se juegan nuestros intereses, la culpable ingenuidad en defensa del “siempre se hizo así” impiden a nuestras comunidades no ser luz.
  • Pero la reflexión debe convertirse acción, con sabiduría y eficacia, para no destruir nada válido, para hacer entre las semillas de bien que están presentes y que esperan un buen terreno, un cultivo ágil y seguro con la ayuda decisiva de Dios.
  • Una de las tareas más urgentes de la Iglesia es conseguir que la fe llegue a los hombres como «buena noticia». La Iglesia nos llama a vivir nuestra fe discipular en misión.
  • Durante mucho tiempo hemos entendido la evangelización, la catequesis, el anuncio cristiano como una tarea casi exclusivamente doctrinal. Evangelizar era llevar la doctrina de Jesucristo a aquellos que la conocen insuficientemente o todavía no la conocen. Caímos, llevados por la costumbre, en la excesiva preocupación de una enseñanza religiosa y la propagación del cristianismo en contra a otras ideologías y corrientes de opinión. Buscamos hombres y mujeres bien formados, que conozcan perfectamente el mensaje cristiano y lo puedan trasmitir de manera apropiada. Pusimos muchos esfuerzos en tratar de mejorar nuestras técnicas y estructuras de pastoral. Si bien, todo esto es necesario y muy importante, porque la evangelización implica anunciar el mensaje de Jesucristo, no es esto lo único ni lo más decisivo.
  • Por la vida buena, por las buenas obras los demás descubren nuestra vida de fe y desde ese descubrimiento pueden llegar a conocer la existencia de un Dios Padre. Por medio de creyentes llenos del Espíritu que viven la realidad de un modo nuevo los demás descubren la importancia y valor de la fe.
  • Gracias a creyentes comprometidos con la justicia, la verdad, el amor; compasivos y solidarios, los hombres llegarán a descubrir que existe Dios y que Dios es Padre.

 

Para discernir

 

  • ¿De qué modo influye nuestra vida de fe en la vida de los que nos rodean?
  • ¿Somos conscientes de nuestra responsabilidad con el mundo y los hombres que en él habitan?
  • ¿Vivimos con alegría el llamado a ser sal y luz del mundo?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

…Camino confiando en Ti Señor…

 

Para la lectura espiritual

 

« Alumbre así vuestra luz a los hombres »

 

Los cristianos son, para los demás, para los hombres todos del mundo entero, como la luz. Si somos cristianos debemos asemejarnos a Cristo. Si aprendéis el arte de la deferencia, cada día os asemejaréis más y más a Cristo cuyo corazón era humilde y estaba siempre atento a las necesidades de los hombres. Una santidad grande empieza por esa atención a los demás; nuestra vocación, si queremos que sea bella, debe estar del todo llena de esa atención. Allí por donde ha pasado Jesús, ha hecho el bien. Y la Virgen María, en Caná sólo ha pensado en las necesidades de los demás y en comunicarlas a Jesús.

Un cristiano es un tabernáculo del Dios vivo. Él me ha creado, me ha escogido, ha venido a habitarme, porque tenía necesidad de mí. Ahora que habéis aprendido cuánto os ama Dios ¿hay algo que sea más natural para vosotras que pasar el resto de la vida en irradiar este amor? Ser verdaderamente cristiano es acoger plenamente a Cristo y llegar a ser otro Cristo. Es amar como somos amados, como Cristo nos ha amado en la cruz.

 

Madre Teresa de Calcuta (1910-1997), fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad – El gozo del don

 

Para rezar

 

Señor Jesucristo,

conserva a estos jóvenes en tu amor.

 

Haz que oigan tu voz

y crean en lo que dices,

porque sólo tú tienes

palabras de vida eterna.

 

Enséñales cómo profesar su fe,

cómo dar su amor,

cómo comunicar su esperanza

a los demás.

 

Hazlos testigos convincentes

de tu Evangelio,

en un mundo que tanto necesita

de tu gracia que salva.

 

Haz de ellos el nuevo pueblo

de las Bienaventuranzas,

para que sean la sal de la tierra

y la luz del mundo

al inicio del tercer milenio cristiano.

 

María, Madre de la Iglesia,

protege y guía

a estos muchachos y muchachas

del siglo XXI.

 

Abrázalos a todos

en tu corazón materno.

 

Amén.

 

Homilía de San Juan Pablo II – Toronto, Parque Downsview, dgo 28 de julio de 2002

 

Lunes V

 

Los que lo tocaban quedaban curados

 

Lectura del libro del Génesis    1, 1-19

 

Al principio Dios creó el cielo y la tierra.

La tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían el abismo, y el soplo de Dios se cernía sobre las aguas.

Entonces Dios dijo: «Que exista la luz.» Y la luz existió. Dios vio que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas; y llamó Día a la luz y Noche a las tinieblas. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el primer día.

Dios dijo: «Que haya un firmamento en medio de las aguas, para que establezca una separación entre ellas.» Y así sucedió. Dios hizo el firmamento, y este separó las aguas que están debajo de él, de las que están encima de él; y Dios llamó Cielo al firmamento. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el segundo día.

Dios dijo: «Que se reúnan en un solo lugar las aguas que están bajo el cielo, y que aparezca el suelo firme.» Y así sucedió. Dios llamó Tierra al suelo firme y Mar al conjunto de las aguas. Y Dios vio que esto era bueno. Entonces dijo: «Que la tierra produzca vegetales, hierbas que den semilla y árboles frutales, que den sobre la tierra frutos de su misma especie con su semilla adentro.» Y así sucedió. La tierra hizo brotar vegetales, hierba que da semilla según su especie y árboles que dan fruto de su misma especie con su semilla adentro. Y Dios vio que esto era bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el tercer día.

Dios dijo: «Que haya astros en el firmamento del cielo para distinguir el día de la noche; que ellos señalen las fiestas, los días y los años, y que estén como lámparas en el firmamento del cielo para iluminar la tierra.» Y así sucedió. Dios hizo los dos grandes astros -el astro mayor para presidir el día y el menor para presidir la noche- y también hizo las estrellas. Y los puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra, para presidir el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y Dios vio que esto era bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el cuarto día.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 103, 1-2a. 5-7. 10 y 12. 24 y 35c (R.: 31b)

 

R.    ¡Alégrese el Señor por sus obras!

 

Bendice al Señor, alma mía:

¡Señor, Dios mío, qué grande eres!

Estás vestido de esplendor y majestad

y te envuelves con un manto de luz. R.

 

Afirmaste la tierra sobre sus cimientos:

¡no se moverá jamás!

El océano la cubría como un manto,

las aguas tapaban las montañas;

pero tú las amenazaste y huyeron,

escaparon ante el fragor de tu trueno. R.

 

Haces brotar fuentes en los valles,

y corren sus aguas por las quebradas.

Las aves del cielo habitan junto a ellas

y hacen oír su canto entre las ramas. R.

 

¡Qué variadas son tus obras, Señor!

¡Todo lo hiciste con sabiduría,

la tierra está llena de tus criaturas!

¡Bendice al Señor, alma mía! R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    6, 53-56

 

Después de atravesar el lago, llegaron a Genesaret y atracaron allí.

Apenas desembarcaron, la gente reconoció en seguida a Jesús, y comenzaron a recorrer toda la región para llevar en camilla a los enfermos, hasta el lugar donde sabían que él estaba. En todas partes donde entraba, pueblos, ciudades y poblados, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y los que lo tocaban quedaban curados.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El relato con que se abre el libro del Génesis, es mucho más que un buen testimonio de los conocimientos científicos de la época en que fue escrito: hace una reflexión teológica sobre el origen del mundo y la existencia del hombre. Define con términos vigorosos que el universo no es de naturaleza divina; es mero producto de la voluntad personal de Dios.
  • El mundo creado, totalmente rodeado por lo informe, que puede absorberlo en cualquier momento, subraya su extrema precariedad. Lo que en realidad se sugiere es que el mundo está sometido al poder de la Palabra, que lo mantiene en la existencia. El orden paulatino de la creación, quiere poner de relieve que: todos los seres creados son buenos y salen de sus manos hechos una maravilla, porque Dios lo hace todo bien.
  • También queda afirmado que los seres creados están al servicio del hombre. Ninguno debe esclavizar al hombre. Ninguno debe ser adorado por el hombre. Todos los seres, fuera de Dios, han sido creados. Todos son distintos de El. Todos son radicalmente dependientes.

***

  • Jesús y sus discípulos atravesaron el lago; llegaron a la playa en Genesaret y atracaron. En cuanto salieron de la barca, la gente los reconoció y corrieron de toda aquella región; y comenzaron a traer en camillas a los enfermos, enterados de que Él estaba allí.
  • El milagro de la multiplicación de los panes, suscitó el entusiasmo popular y por más que se alejen, la muchedumbre los encuentra. Jesús y sus discípulos no pueden escapar de la gente. Es necesario ocuparse de ellos: el descanso será para más tarde.
  • Los antiguos, en todas las civilizaciones del mundo, dieron a la enfermedad y a la curación, una significación religiosa. Se recurría a Dios para ser curado. La enfermedad y los sufrimientos que la acompañan, colocan al hombre en una terrible inseguridad: simbolizan la fragilidad de la condición humana, sometida a lo inesperado. La enfermedad contradice el deseo de solidez y plenitud.
  • Una de las actividades que más tiempo ocupaba a Jesús, era la atención a los enfermos. Cada curación realizada por Él producía un doble efecto en las personas: una sanación interior, relacionada más con el cambio de vida que se experimentaba, y otra sanación exterior que tenía que ver con el hecho material de ver restablecida la salud de sus cuerpos.
  • Jesús atendía a todos y nunca dejaba sin su ayuda a los que veía sufrir de enfermedades corporales, psíquicas o espirituales. Curaba y perdonaba, liberando al hombre. Por eso no es extraño que lo busquen y lo sigan por todas partes, aunque pretenda despistarlos atravesando el lago con rumbo desconocido.
  • Muchos no descubrían en el milagro su sentido liberador, y se quedaban sólo con el milagro exterior, y con el Jesús milagrero. No eran capaces de “leer” otros aspectos en aquellos “signos”, y los asociaban más con la magia, con las curaciones “parciales”, fáciles y milagreras, haciendo difícil la transformación integral de la persona y de la sociedad, es decir, la llegada del Reino.
  • Jesús no hace milagros para exhibirse, o para poner parches a nuestras deficiencias de salud. Sus milagros son a la vez, “signos” de la gran transformación, de la venida del Reino.
  • La comunidad eclesial recibió el encargo de Jesús de anunciar la Buena Noticia de la Salvación y curar a los enfermos. Así lo hicieron los discípulos ya desde los tiempos de Jesús: predicaban y curaban. La Iglesia, hace dos mil años que evangeliza este mundo predicando la Buena Nueva del Reino y, tal como lo hacia Jesús, también lo manifiesta de un modo concreto cuidando de los enfermos y los marginados. Esta servicialidad concreta es la que hace creíble su evangelización, que es su misión fundamental.
  • Mirar la escena, nos lleva a descubrir la sencillez de aquella gente que había intuido, cómo el contacto directo con una persona, nos permite conocerla o sentirnos afectados por ella. Por eso se acercaban a Jesús para tocarlo. Nosotros, en nuestro camino de discipulado, tenemos que aprender, a no perder nunca el contacto directo con Jesús, a sentir siempre el deseo “tocar” al maestro, porque Él es la fuente de lo que somos y, de lo que da sentido a nuestra vida.
  • Lo mismo que tocando la orla de su manto muchos quedaban curados, sólo tocando hoy a Jesús encontraremos la fuerza para seguirlo por los caminos de nuestra vida. No es imposible tocarlo hoy aunque no es una persona con un cuerpo como el nuestro. Podemos encontrarnos con Él y tocarlo a través de la Eucaristía y de la lectura y escucha de la Palabra de Dios. Otra manera es desde el acercamiento a nuestros hermanos; especialmente a los más pobres y desamparados, a los que sufren. Ellos son hoy, sacramentos vivos de la presencia de Jesús en medio de nosotros.
  • Acerquémonos con confianza al Dios de la misericordia, para tocarlo, y siendo sanados, podamos ser sanadores de nuestros hermanos. Nadie que se haya acercado a él, regresó con las manos vacías. El amor de Dios es para todos, porque Dios quiere que todos sean para el amor.

 

Para discernir

 

  • ¿Vivo la fe como un encuentro?
  • ¿Descubro la necesidad de ser sanado?
  • ¿Soy capaz de encontrarme con Jesús en los acontecimientos de mi vida cotidiana?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

…No me olvido Señor de tus beneficios…

 

Para la lectura espiritual

 

…”En esta puesta de sol invernal, mientras se encienden las primeras luces claras, en una jornada de sol y de viento que ha limpiado la atmósfera, tengo una hoja en la mano. La he cogido de un sempervirente, que conserva cuanto los troncos secos, los matorrales y las matas áridas ya no tienen. Tengo una hoja en la mano, viva y verde, mientras camino en el frío de la calle excavada, sin nadie. Tengo una hoja en la mano donde se encuentra la historia de la creación, el cuento de las gotas de escarcha, la aventura de las mariposas, la memoria de las espléndidas telas de araña. Si la tierra que me rodea enciende sus luces breves, esclarecedoras y centralizadoras de mil cosas diferentes (el bien y el mal, el tormento y la alegría, la desesperación y la esperanza, lo vano y lo no transitorio), mi hoja narra, intacta, la luz de los orígenes y la unidad de las cosas que Dios fue creando: «Y eran muy bellas», como dice la Biblia.

Y con el agua que todavía mantiene me hace pensar en los océanos y en los ríos; con su composición química me conecta con las estrellas, con las montañas, con la arena del mar. Tengo una hoja en la mano y veo las cosas grandes del cosmos. La miro, bajo la luz que todavía queda, en sus nervaduras múltiples y perfectas, en sus canales portadores de la savia vital y leo la pequeña y preciosa historia de las cosas humildes y de la humilde existencia de mis semejantes, que enriquecen la vida de la tierra. Tengo una hoja en la mano y me parece que tengo un libro sin fin y un cetro de felicidad, porque sobre su terciopelo se manifiesta la «gloria» de Dios.

Y en esta puesta de sol lúcida y fría no sigo la explosión del firmamento, que, de nuevo, se prepara para revelarse, ni del ancho horizonte, que recoge en el silencio montes, colinas y llanuras. Cultivo, en cambio, la implosión de mi ver contemplativo en la breve forma que tengo en mi mano, donde es posible intuir el universo y lo pequeño en el contorno familiar de su terciopelo verde. Tengo una hoja en la mano y, en el exterior de cada hoja, conozco la aguda certeza de un salmo omnicomprensivo de alabanza, mientras cae la noche, sobre la calle excavada y desierta, abrumada el alma con todas las presencias. Con la única e irrepetible presencia de Dios”…

 

G. Agresti, Fresas sobre el asfalto, Milán 1987, pp. 51 ss.

 

Para rezar

 

El vino para esto

 

Si queremos luz
Él vino para iluminarnos.
Si queremos fuerza para resistir
Él vino para fortalecernos.
Si queremos el perdón,
Él vino precisamente para perdonarnos.
Si queremos el don del amor,
para esto se hizo niño
y quiso presentarse a nosotros
pobre y humilde,
para apartar de nosotros
todo temor.

 

San Alfonso María de Ligorio

Martes V

 

No dejen de lado el mandamiento de Dios

 

 

Lectura del libro del Génesis    1, 20-2, 4a

 

Dios dijo: «Que las aguas se llenen de una multitud de seres vivientes y que vuelen pájaros sobre la tierra, por el firmamento del cielo.» Dios creó los grandes monstruos marinos, las diversas clases de seres vivientes que llenan las aguas deslizándose en ellas y todas las especies de animales con alas. Y Dios vio que esto era bueno. Entonces los bendijo, diciendo: «Sean fecundos y multiplíquense; llenen las aguas de los mares y que las aves se multipliquen sobre la tierra.» Así hubo una tarde y una mañana: este fue el quinto día.

Dios dijo: «Que la tierra produzca toda clase de seres vivientes: ganado, reptiles y animales salvajes de toda especie.» Y así sucedió. Dios hizo las diversas clases de animales del campo, las diversas clases de ganado y todos los reptiles de la tierra, cualquiera sea su especie. Y Dios vio que esto era bueno.

Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo.» Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer.

Y los bendijo, diciéndoles: «Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra.»

Y continuó diciendo: «Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento. Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto verde.» Y así sucedió. Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el sexto día.

Así fueron terminados el cielo y la tierra, y todos los seres que hay en ellos. El séptimo día, Dios concluyó la obra que había hecho, y cesó de hacer la obra que había emprendido. Dios bendijo el séptimo día y lo consagró, porque en él cesó de hacer la obra que había creado.

Este fue el origen del cielo y de la tierra cuando fueron creados.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO     Sal 8, 4-5. 6-7. 8-9 (R.: 2a)

 

R.    ¡Señor, nuestro Dios, qué admirable es tu Nombre en toda la tierra!

 

Al ver el cielo, obra de tus manos,

la luna y la estrellas que has creado:

¿qué es el hombre para que pienses en él,

el ser humano para que lo cuides? R.

 

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,

lo coronaste de gloria y esplendor;

le diste dominio sobre la obra de tus manos,

todo lo pusiste bajo sus pies. R.

 

Todos los rebaños y ganados,

y hasta los animales salvajes;

las aves del cielo, los peces del mar

y cuanto surca los senderos de las aguas. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    7, 1-13

 

Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús, y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar. Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus antepasados; y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones. Además, hay muchas otras prácticas, a las que están aferrados por tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras y de la vajilla de bronce.

Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: «¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?»

Él les respondió: «¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos. Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres.»

Y les decía: «Por mantenerse fieles a su tradición, ustedes descartan tranquilamente el mandamiento de Dios. Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y además: El que maldice a su padre y a su madre será condenado a muerte. En cambio, ustedes afirman: “Si alguien dice a su padre o a su madre: Declaro corbán -es decir, ofrenda sagrada- todo aquello con lo que podría ayudarte…” En ese caso, le permiten no hacer más nada por su padre o por su madre. Así anulan la palabra de Dios por la tradición que ustedes mismos se han transmitido. ¡Y como estas, hacen muchas otras cosas!»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Si en los primeros cuatro días Dios había creado la luz, las aguas, el día y la noche, ahora el relato del Génesis nos dice, con su lenguaje particular, cómo nació la vida en la tierra.
  • Primero, la vida en las aguas marinas. Luego, en la tierra, con toda clase de animales y finalmente la pareja humana. En este último día, el comentario que se pone en labios de Dios, es que todo lo que había hecho era muy bueno. El hombre y la mujer aparecen como la cumbre de la creación.
  • El día séptimo «descansó Dios de todo el trabajo que había hecho». Frase en la que se motiva el «sabbat»: descanso del día séptimo de la semana judía. Este esquema narrativo no quiere ser científico o histórico, sino que presenta una intención religiosa muy interesante: nos está diciendo que todo procede de Dios y que todo lo ha pensado para bien de la raza humana.
  • El vértice del texto de hoy está claramente en la creación del ser humano a nuestra imagen y semejanza. El mensaje central es que no somos frutos del mero azar, de la fuerza ciega de la evolución. Somos fruto de un amor infinito, fuente de nuestra más radical dignidad, de nuestra más enriquecedora diversidad, de la más apasionante misión que consiste en cuidar y desarrollar la obra de Dios.

***

  • En el Evangelio de hoy, la primera afirmación importante que hace Jesús, es que el mandamiento de Dios y las tradiciones de los hombres tienen que ser considerados como dos cosas distintas. No están en el mismo plano, sino que el primero es perenne y las segundas son provisionales. Además, las tradiciones, aunque hayan nacido como un esfuerzo de interpretación del mandamiento e incluso como un intento de veneración del mismo, no tienen que esconder a dicho mandamiento, hasta el punto de distraernos de lo que es esencial.
  • En la segunda afirmación Jesús rechaza la distinción judía entre lo puro y lo impuro, entre una esfera religiosa, separada, en la que Dios está presente, y otra esfera ordinaria, cotidiana, en la que Dios está ausente. La impureza radica en el pecado que llevamos dentro de nosotros.
  • La tercera afirmación apunta a la absurda tradición del “corbán”, que permitía a los hijos, desentenderse del deber de mantener a los padres ancianos e inválidos, gracias a una pequeña ofrenda hecha al Templo.
  • Lo esencial del texto está constituido por la pequeña parábola de Jesús, en la que pone de manifiesto que no son las cosas las que contaminan, sino que es el mismo ser humano, quien a partir de sus opciones, de sus decisiones, le dice sí o no a Dios mismo, haciéndose así puro o impuro frente al proyecto de Dios en la historia.
  • Jesús afirma la moral del corazón, no sólo la de las acciones. Cuando la conducta es ciega, es porque el corazón está en desorden. Es necesario entonces, un esfuerzo continuo de purificación. No se trata tampoco de hacer las cosas de corazón, fuera de toda ley, sino de hacer cosas que procedan de un corazón recto. Es el corazón el que tiene que estar purificado, porque tiene que estar abierto de modo que pueda captar la voluntad de Dios. La voluntad de Dios no es simplemente letra escrita, ni repetición de costumbres.
  • El corazón purificado del que habla Jesús, está hecho de fe y disponibilidad. Se trata de crear una situación interior capaz de conocer al verdadero Dios, capaz de descubrir su voluntad en lo cambiante de la vida cotidiana. El corazón es el lugar donde Dios se revela, no simplemente el lugar donde se percibe la obligatoriedad de una ley y donde se encuentra la fuerza para repetirla.
  • Jesús desde la referencia al mandamiento del amor a los padres, restablece la verdad de la naturaleza de las cosas.
  • El evangelio nos llama a que no nos limitemos a honrar al Señor sólo con los labios, mientras nuestro corazón permanece lejos de Él por falta de un amor auténtico, que nos ponga al servicio de nuestros hermanos.
  • Nuestra fe es una invitación a entrar en relación con una persona, Jesús, y dejar que su amor y su presencia llegue hasta el centro de nuestro corazón. Estar cerca de Jesús, significa que Él habita en nosotros y transforma nuestra existencia; para que permaneciendo en nosotros y desde nosotros, se manifieste con las obras concretas de nuestra vida, que Él sigue amando y salvando a todos mediante su Iglesia.

 

Para discernir

 

  • ¿Qué idea tengo acerca de la pureza evangélica?
  • ¿Qué significa que nuestra vida esté cerca de la del Señor?
  • ¿Cómo puedo vivir una moral desde la fe?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

…Alabo tu Nombre Señor…

 

Para la lectura espiritual

 

…”Al principio se confió a ambos (al hombre y a la mujer) la tarea de conservar su propia semejanza con Dios, dominar sobre la tierra y propagar el género humano. Ser todos de Dios, entregarse a él, a su servicio, por amor, ésa es la vocación no sólo de algunos elegidos, sino de todo cristiano; consagrado o no consagrado, hombre o mujer [...].

Cada uno está llamado a seguir a Cristo. Y cuanto más avance cada uno por esta vía, más semejante se hará a Cristo, puesto que Cristo personifica el ideal de la perfección humana libre de todo defecto y carácter unilateral, rica en rasgos característicos tanto masculinos como femeninos, libre de toda limitación terrena; sus seguidores fieles se ven cada vez más elevados por encima de los confines de la naturaleza. Por eso vemos en algunos hombres santos una bondad y una ternura femenina, un cuidado verdaderamente materno por las almas a ellos confiadas; y en algunas mujeres santas una audacia, una prontitud y una decisión verdaderamente masculinas. Así, el seguimiento de Cristo lleva a desarrollar en plenitud la originaria vocación humana: ser verdadera imagen de Dios; imagen del Señor de lo creado, conservando, protegiendo e incrementando a toda criatura que se encuentra en su propio ámbito, imagen del Padre, engendrando y educando -a través de una paternidad y una maternidad espirituales- hijos para el Reino de Dios.

La elevación por encima de los límites de la naturaleza, que es la obra más excelsa de la gracia, no puede ser alcanzada, ciertamente, por medio de una lucha individual contra la naturaleza o mediante la negación de nuestros propios límites, sino sólo mediante la humilde sujeción al nuevo orden entregado por Dios”…

 

E. Stein, edición española: La mujer, Ediciones Palabra, Madrid 1998.

 

Para rezar

 

Tú y yo nos vamos haciendo

En ti estoy, de ti vengo, a ti voy.
Estás fuera de mí, puedo encerrarme.
Estás dentro de mí, puedo encerrarte.
No puedo dejar de estar en ti.
Mi carne extiende raíces que llegan hasta ti.

Puedo olvidarlo.
Mi espíritu es una chispa
que brota de tu incendio.
Puedo ignorarlo.
No puedo dejar de venir de ti.
Mis ojos buscan su horizonte.
Mi corazón, su hogar universal.

Puedo extraviarme en una encrucijada.
Puedo paralizarme en algún hogar.
No puedo dejar de ir hacia ti.
No vi tu rostro cuando salí de ti.
No fue una despedida.

Allí empezó un encuentro sin orillas.
Cada tarde añado en mi lienzo
un nuevo rasgo tuyo.
Cada tarde añades en tu lienzo
un nuevo rasgo mío.

En medio del camino al adivinar una frente,
al estrechar una mano, al mirar unos ojos,
al nacer el futuro, al morir el presente,
yo te descubro, yo me descubro.

Dentro de mí, los dos a la par,
uno hacia el otro, nos vamos haciendo…
Ahora te veo, Señor marginado,
maestro sirviendo, madre exprimida,
padre sin nada, infinito pidiendo, libre clavado.

Ahora te veo, pueblo en camino.
Y en este misterio se pierden mis días,
mis razones y mis sueños.
Tú y yo nos vamos haciendo tu pueblo.

B. González Buelta s.j.

 

 

Miércoles V

 

Lo que sale del hombre es lo que lo hace impuro

 

Lectura del libro del Génesis    2, 4b-9. 15-17

 

Cuando el Señor Dios hizo la tierra y el cielo, aún no había ningún arbusto del campo sobre la tierra ni había brotado ninguna hierba, porque el Señor Dios no había hecho llover sobre la tierra. Tampoco había ningún hombre para cultivar el suelo, pero un manantial surgía de la tierra y regaba toda la superficie del suelo.

Entonces el Señor Dios modeló al hombre con arcilla del suelo y sopló en su nariz un aliento de vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente.

El Señor Dios plantó un jardín en Edén, al oriente, y puso allí al hombre que había formado. Y el Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles, que eran atrayentes para la vista y apetitosos para comer; hizo brotar el árbol de la vida en medio del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y del mal.

El Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el jardín de Edén, para que lo cultivara y lo cuidara. Y le dio esta orden: «Puedes comer de todos los árboles que hay en el jardín, exceptuando únicamente el árbol del conocimiento del bien y del mal. De él no deberás comer, porque el día que lo hagas quedarás sujeto a la muerte.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 103, 1-2a. 27-28. 29bc-30 (R.: 1a)

 

R.    ¡Bendice al Señor, alma mía!

 

Bendice al Señor, alma mía:

¡Señor, Dios mío, qué grande eres!

Estás vestido de esplendor y majestad

y te envuelves con un manto de luz. R.

 

Todos esperan de ti

que les des la comida a su tiempo:

se la das, y ellos la recogen;

abres tu mano, y quedan saciados. R.

 

Si les quitas el aliento,

expiran y vuelven al polvo.

Si envías tu aliento, son creados,

y renuevas la superficie de la tierra. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    7, 14-23

 

Jesús, llamando otra vez a la gente, les dijo: «Escúchenme todos y entiéndanlo bien. Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre. ¡Si alguien tiene oídos para oír, que oiga!»

Cuando se apartó de la multitud y entró en la casa, sus discípulos le preguntaron por el sentido de esa parábola. El les dijo: « ¿Ni siquiera ustedes son capaces de comprender? ¿No saben que nada de lo que entra de afuera en el hombre puede mancharlo, porque eso no va al corazón sino al vientre, y después se elimina en lugares retirados?» Así Jesús declaraba que eran puros todos los alimentos.

Luego agregó: «Lo que sale del hombre es lo que lo hace impuro. Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino. Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El relato que se lee hoy explica que Dios hizo al hombre del barro de la tierra. Posee una intención distinta de la del otro relato. Con esta imagen viene a explicar cuál es el sentido de la vida del hombre en medio de los males que experimenta, sobre todo en su interior.
  • Precisamente porque somos imagen de Dios y porque Dios es amor y donación de amor, nosotros también hemos de ser amor y donación de amor. Y porque el amor implica libertad, Dios nos ha hecho “creadores libres”, personas capaces de vivir en una relación de hijos para con Dios y de hermanos con los otros.
  • Dios crea al hombre pero dejando que el hombre tenga su responsabilidad. Nos deja verdadera libertad, aunque esta libertad está de una manera inevitable, condicionada por la realidad de nuestro ser en el mundo. No tenemos la libertad soberana e infinita de Dios, pero sí una libertad y una responsabilidad a la medida de nuestro ser, fruto del amor de Dios.

***

  • Hoy Jesús continúa refiriéndose al tema de lo que se puede comer y lo que no, lo que se considera puro o no en cuestión de comidas. La carne de cerdo, por ejemplo, es considerada impura por los judíos y por otras culturas: inicialmente por motivos de higiene y prevención de enfermedades, pero luego también por norma religiosa.
  • Los fariseos eran piadosos, cumplidores de la ley, pero habían caído en un legalismo exagerado e intolerante y, llevados de su devoción y de su deseo de agradar a Dios en todo, daban prioridad a lo externo, al cumplimiento escrupuloso de mil detalles, descuidando a veces lo más importante.
  • Las palabras de Jesús no sólo declaran lícitos todos los alimentos, sino que previene del tipo de alimentos que verdaderamente pueden dañar al hombre y son aquellos con los que alimentamos nuestro corazón. La enseñanza de Jesús apunta a señalar que lo verdaderamente importante no es lo que entra en la boca, sino lo que sale de ella. Lo que hace buenas o malas las cosas, es lo que brota del corazón del hombre, la buena intención o la malicia interior.
  • El defecto de los fariseos, puede ser precisamente el defecto de muchas personas piadosas, que deseosas de perfección, pierden de vista la importancia de las actitudes interiores, que son las que dan sentido a los actos exteriores.
  • Jesús presenta una lista las trece cosas que pueden brotar de un mal corazón: malos propósitos, fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias. Injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas ellas tienen mucha más trascendencia que lo que comemos o dejamos de comer.
  • La fuente principal del Reino es el interior del ser humano, su corazón, su conciencia, su voluntad, su opción fundamental. Nada externo puede pervertirlo. Si su juicio es recto, si sus valores son los del Reino de Dios verá el mundo desde esa perspectiva y así actuará. No está exento del cansancio, del temor y del error, pero su corazón le seguirá marcando la verdad evangélica que ya ha hecho suya.
  • Jesús tiene un corazón comprometido con el Reino de Dios, por eso puede por todos los lugares, dialogar con todas las personas, sin que se dañe su interior. Las circunstancias que vive, le sirven para crecer en el compromiso que ha adquirido. Todo lo externo pasa a través del filtro de su “corazón”, y se transforma en sabiduría y en camino de encuentro con Dios.

 

Para discernir

 

  • ¿Qué cosas considero que obstaculizan la transparencia de mi vida?
  • ¿Qué cosas descubro que hacen impura mi vida?
  • ¿Tengo mi corazón comprometido con el Reino?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

…Dame Señor un corazón bueno…

 

Para la lectura espiritual

 

«Oh Dios, crea en mí un corazón puro» (Sl 50, 12)

 

“…«Grábame como un sello en tu corazón… porque es fuerte el amor como la muerte (Ct 8,6). «Es fuerte el amor como la muerte» porque el amor de Cristo da muerte a la misma muerte… También el amor con que nosotros amamos a Cristo es fuerte como la muerte ya que viene a ser él mismo como una muerte, en cuanto que es el aniquilamiento de la vida anterior, la abolición de las malas costumbres y sepelio de las obras muertas. Este nuestro amor por Cristo es como un intercambio de dos cosas semejantes, aunque su amor hacia nosotros supera al nuestro. Porque «él nos amó primero» (1Jn 4,19) y, con el ejemplo de amor que nos dio, se ha hecho para nosotros como un sello, mediante el cual nos hacemos conformes a su imagen…

Por esto dice: «Grábame como un sello en tu corazón». Es como si dijera: «Ámame como yo te amo. Tenme en tu pensamiento, en tu recuerdo, en tu deseo, en tus suspiros, en tus gemidos y sollozos. Acuérdate, hombre qué tal te he hecho, cuán por encima te he puesto de las demás criaturas, con qué dignidad te he ennoblecido, cómo te he coronado de gloria y honor, cómo te he hecho un poco inferior a los ángeles, cómo he puesto bajo tus pies todas las cosas (Sl 8,6-7). Acuérdate no sólo de cuán grandes cosas he hecho para ti, sino también de cuán duras y humillantes cosas he sufrido por ti; y dime si no obras perversamente cuando dejas de amarme. ¿Quién te ama como yo? ¿Quién te ha creado sino yo? ¿Quién te ha redimido sino yo?»…

Quita de mí, Señor, este corazón de piedra, quita de mí este corazón endurecido, incircunciso. Y dame un corazón nuevo, un corazón de carne, un corazón puro (Ez 36,26). Tú que purificas los corazones y amas los corazones puros, toma posesión de mi corazón y habita en él; llénalo con tu presencia, tú que eres superior a lo más grande que hay en mí y que estás más dentro de mí que mi propia intimidad. Tú que eres el modelo de la perfecta belleza y el sello de la santidad, sella mi corazón con la impronta de tu imagen; sella mi corazón, por tu misericordia, tú, «Dios por quien se consume mi corazón, mi lote perpetuo» (Sl 72,26)”…

 

Balduino de Ford (?-hacia 1190), abad cisterciense – Homilía 10, sobre el Cantar 8,6; PL 204, 513s

 

Para rezar

 

Señor, aquí estoy, frente a ti,

porque necesito que me cures.
Perdóname por los momentos en los que pensé

de manera egoísta en mi salud.
Es verdad, quiero liberarme de esta enfermedad

y quiero poder disfrutar de mi vida sin restricciones

ni preocupaciones.

Pero sé que tienes un plan para mí que implica

mucho más que hacer algo por ti.

Implica ser algo contigo.
Y, en el fondo de mi corazón,

sé que muchas veces deseé tener una relación

más profunda contigo, mi Padre,

comprender tu amor por mí,

tu hijo y que ese amor me permitiera servirte

en una nueva forma, la forma de los amados.
Amo servirte.
Vivo para servirte.
Ansío escucharte.
Sentir ti presencia.
Experimentar tu ayuda.
Por eso me atrevo a pedirte:
Alíviame.
Redímeme.
Sáname.
Pero hazlo, mi Señor

de manera que pueda experimentar

la profundidad de estar a tu servicio

y alcanzar la cima de la comunión contigo,

porque es allí donde está mi corazón.
Sáname y hazme uno.
Sáname y hazme uno.
Sáname y hazme uno, oh amante de mi alma.

Tomado del libro Oraciones para la sanidad.

 

Jueves V

 

Los cachorros comen de las migajas

 

Lectura del libro del Génesis    2, 18-25

 

Dijo el Señor Dios: «No conviene que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada.»

Entonces el Señor Dios modeló con arcilla del suelo a todos los animales del campo y a todos los pájaros del cielo, y los presentó al hombre para ver qué nombre les pondría. Porque cada ser viviente debía tener el nombre que le pusiera el hombre. El hombre puso un nombre a todos los animales domésticos, a todas las aves del cielo y a todos los animales del campo; pero entre ellos no encontró la ayuda adecuada.

Entonces el Señor Dios hizo caer sobre el hombre un profundo sueño, y cuando este se durmió, tomó una de sus costillas y cerró con carne el lugar vacío. Luego, con la costilla que había sacado del hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre. El hombre exclamó:

«¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará Mujer, porque ha sido sacada del hombre.»

Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne.

Los dos, el hombre y la mujer, estaban desnudos, pero no sentían vergüenza.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 127, 1-2. 3. 4-5 (R.: cf. 1a)

 

R.    ¡Felices los que temen al Señor!

 

¡Feliz el que teme al Señor

y sigue sus caminos!

Comerás del fruto de tu trabajo,

serás feliz y todo te irá bien. R.

 

Tu esposa será como una vid fecunda

en el seno de tu hogar;

tus hijos, como retoños de olivo

alrededor de tu mesa. R.

 

¡Así será bendecido

el hombre que teme al Señor!

¡Que el Señor te bendiga desde Sión

todos los días de tu vida:

que contemples la paz de Jerusalén. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    7, 24-30

 

Jesús partió de allí y fue a la región de Tiro. Entró en una casa y no quiso que nadie lo supiera, pero no pudo permanecer oculto.

En seguida una mujer cuya hija estaba poseída por un espíritu impuro, oyó hablar de él y fue a postrarse a sus pies. Esta mujer, que era pagana y de origen siro fenicio, le pidió que expulsara de su hija al demonio.

El le respondió: «Deja que antes se sacien los hijos; no está bien tomar el pan de los hijos para tirárselo a los cachorros.»

Pero ella le respondió: «Es verdad, Señor, pero los cachorros, debajo de la mesa, comen las migajas que dejan caer los hijos.»

Entonces él le dijo: «A causa de lo que has dicho, puedes irte: el demonio ha salido de tu hija.» Ella regresó a su casa y encontró a la niña acostada en la cama y liberada del demonio.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • La página de hoy, a través de imágenes ingeniosas, nos sugerirá toda una “sabiduría” sobre la pareja y la sexualidad. El Señor Dios hizo caer al hombre en un sueño profundo, le sacó una de sus costillas, formó de ella una mujer y la llevó ante el hombre. Este dijo entonces: Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Será llamada “mujer”.
  • Ahí hay un “juego de palabras” porque el nombre que le pone, en hebreo es sencillamente la forma femenina del término hombre. Todo ello pone de relieve la similitud de los dos seres complementarios. La mujer es más delicada, es como un sutil refinamiento de la carne del varón. La atracción de los seres, tan vehemente, tan misteriosa, es presentada por el sabio, como el deseo de reunir lo que procede del mismo origen.
  • Es el deseo de todo amor: no formar más que uno. Aunque parece difícil no resulta imposible, porque uno procede del otro y porque han sido creados para no «formar más que uno».
  • La vida sexual, lejos de ser una prohibición, algo vergonzoso, es presentada aquí como una creación de Dios. La inclinación del varón por la mujer y de ésta por el varón, son queridos por Dios. La vida conyugal es una realidad tan fuerte y tan natural que llega a romper el primer vínculo, el de hijo con sus padres, para crear otro, más importante que los del parentesco: “el hombre dejará a su padre y a su madre”.

***

  • En el evangelio nos encontramos con un episodio que sucede en el extranjero, en territorio de Tiro y Sidón, en Fenicia. La mujer que protagoniza esta escena no es judía, lo que le da un sentido muy particular al gesto de Jesús.
  • El relato nos cuenta cómo esta mujer extranjera pide a Jesús un milagro para su hija. Jesús pone a prueba su fe usando una frase que se utilizaba para despreciar a los extranjeros: “no está bien tomar el pan de los hijos para tirárselo a los cachorros”. Esta actitud hacia ellos era avalada por los jefes y jerarcas del pueblo judío.
  • Pero esta mujer, tan lejos de las leyes, entendía que ella y su hija, pertenecientes a un sexo menospreciado, relegadas por ser extranjeras y por ser personas sencillas y humildes, tenían cabida en el Reino de Dios. A pesar de las palabras un tanto duras de Jesús, responde reconociendo para los despreciados, al menos un mínimo derecho humano, el derecho a la supervivencia, a la vida.
  • Ante las palabras de la mujer y con el corazón admirado, Jesús sana a su hija. Un ejemplo más de la opción de Dios por los oprimidos, los relegados, los que están fuera toda protección humana y de las leyes. Una mujer, extranjera, ilegal, pero con la claridad necesaria para acercarse a Jesús que trasparentaba la bondad de Dios a través de sus palabras.
  • Jesús tiene claro que ella pertenece a los escogidos del Reino porque en búsqueda, ella descubre un Dios que no discrimina al ser humano por su sexo ni su origen. Queda claro en este encuentro, que a Dios se lo conquista con la fe, no con el orgullo. De Dios se obtiene todo no con especulaciones racionales, sino con la confianza. En Dios siempre se encuentra respuesta cuando uno se acerca con humildad y no con autosuficiencia.
  • Lo que Jesús dice, de que primero son los hijos de la casa es razonable: la promesa mesiánica es ante todo para el pueblo de Israel.
  • Pero su actitud posterior muestra claramente a los allí presentes, que la salvación mesiánica no es exclusiva del pueblo judío, sino que también los extranjeros pueden ser admitidos a ella, si tienen fe. No es la raza lo que cuenta, sino la disposición de cada persona ante la salvación que Dios ofrece.
  • Nadie tiene el monopolio de Dios, ni de la gracia, ni de la salvación. Esta escena es también para nosotros una lección de universalismo. Por mucho que algunos nos parezcan alejados o marginados, pueden tener fe y recibir el don de Dios. Esto nos pone en sobre aviso: tenemos que saber recibir a los que no conocemos, a los que no piensan como nosotros, a los distintos, a los que no pertenecen a nuestro círculo.
  • Necesitamos, mirar con otros ojos las distintas realidades que se nos presentan, no estableciendo líneas divisorias. Respetar el legado cultural y ancestral que otros pueblos tienen, para hacer de este mundo una casa donde todos quepamos.
  • Igual que la primera comunidad apostólica tuvieron sus dudas sobre la apertura a los paganos, a pesar de haber visto la actitud de Jesús, también podemos tener la mente o el corazón sin amplitud, encerrándonos en nuestros puntos de vista, en nuestros privilegios y tradiciones, negando a otros la posibilidad del encuentro con el Salvador.
  • Cristo nos invita a dar, no sólo las migajas de nuestro amor, de nuestra ayuda; sino dar incluso nuestra propia vida, para que los demás recobren su dignidad y vivan como hijos de Dios y hermanos nuestros.

 

Para discernir

 

  • ¿Busco manifestaciones espectaculares de Dios, de la Iglesia?
  • ¿Me presento con humildad ante Dios?
  • ¿Acepto a los distintos, a los que creen con otros parámetros o no creen?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Purifica y aumenta mi fe Señor…

 

Para la lectura espiritual

 

…”Me parece que es necesaria una nueva cultura en la que la dimensión litúrgica ocupe el puesto central y, tal vez, determine el principio ético. Si tuviera que dar un título general a este esfuerzo, una noción clave para lo que quiero expresar, ésta podría ser: «El hombre, sacerdote de lo creado».

Siento que nuestra cultura necesita revivificar el reconocimiento formal de que la superioridad de los seres humanos respecto al resto de las criaturas no consiste en la razón que poseen, sino en su capacidad de ponerse en relación de tal modo que creen acontecimientos de comunión, a partir de los cuales los seres individuales sean liberados de su estar centrados sobre sí mismos y, por consiguiente, de sus límites, y se vean referidos a algo más general que ellos mismos, a «otro». A Dios, si se quiere hacer uso de esta terminología tradicional. Un hombre así puede obrar no como agente pensante, sino como persona.

La noción de «sacerdocio» debe ser liberada de sus connotaciones peyorativas y debe ser pensada como portadora en sí de la característica del ofrecer, en el sentido de abrir seres particulares a una relación trascendente con el otro -una idea que corresponde más o menos a la de amor en su sentido más radical”…

 

I. Zizioulas, Lo creado como eucaristía, Magnano 1994, p. 9.

 

Para rezar

 

Muchas ideas y pensamientos se mueven en mi mente,
pero…ante todo hoy Dios de la vida quiero expresarte:
que toda yo quiero darme a tu servicio,
toda yo pongo mi vida en tus manos,
esas manos de amor, justicia y paz…
Toda yo, todo mi ser…
con mis cargas,
con mis alegrías,
con mis tristezas,
con mis triunfos,
con mis fracasos,
con mis reflexiones,
con mis dudas y temores…
Y…sabes porque?
Porque estoy plenamente segura
de que tal como soy, me aceptas, me amas y me incorporas
al quehacer diario buscando igualdad, luchando por la justicia!.
Ayúdame Señor a ser ejemplo para que otros también se den por entero
a ti, y unidos dar esfuerzos, dones y tiempo…
Hay tanto por hacer, por realizar, por expresar…
para poder enfrentarnos al nuevo milenio
con nuevas esperanzas, con nuevos sueños, con nuevas fuerzas de
vivir unidos en paz, amor e igualdad. AMEN

Elisa de Bulmes

 

Viernes V

 

Hace oír a los sordos y hablar a los mudos

 

Lectura del libro del Génesis    3, 1-8

 

La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que el Señor Dios había hecho, y dijo a la mujer: « ¿Así que Dios les ordenó que no comieran de ningún árbol del jardín?»

La mujer le respondió: «Podemos comer los frutos de todos los árboles del jardín. Pero respecto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: “No coman de él ni lo toquen, porque de lo contrario quedarán sujetos a la muerte”.»

La serpiente dijo a la mujer: «No, no morirán. Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal.»

Cuando la mujer vio que el árbol era apetitoso para comer, agradable a la vista y deseable para adquirir discernimiento, tomó de su fruto y comió; luego se lo dio a su marido, que estaba con ella, y él también comió. Entonces se abrieron los ojos de los dos y descubrieron que estaban desnudos. Por eso se hicieron unos taparrabos, entretejiendo hojas de higuera.

Al oír la voz del Señor Dios que se paseaba por el jardín, a la hora en que sopla la brisa, se ocultaron de él, entre los árboles del jardín.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 31, 1-2. 5. 6. 7 (R.: 1a)

 

R.    ¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado!

 

¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado

y liberado de su falta!

¡Feliz el hombre a quien el Señor

no le tiene en cuenta las culpas,

y en cuyo espíritu no hay doblez! R.

 

Yo reconocí mi pecado,

no te escondí mi culpa,

pensando: «Confesaré mis faltas al Señor.»

¡Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado! R.

 

Por eso, que todos tus fieles te supliquen

en el momento de la angustia;

y cuando irrumpan las aguas caudalosas

no llegarán hasta ellos. R.

 

Tú eres mi refugio,

tú me libras de los peligros

y me colmas con la alegría de la salvación. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    7, 31-37

 

Cuando Jesús volvía de la región de Tiro, pasó por Sidón y fue hacia el mar de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis.

Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos. Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua. Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: «Efatá», que significa: «Ábrete.» Y enseguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente.

Jesús les mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie, pero cuanto más insistía, ellos más lo proclamaban y, en el colmo de la admiración, decían: «Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Si bien al principio todo fue bueno, y la situación de Adán y Eva en el Edén era idílica, llegó el pecado y todo cambió. En un relato también lleno de imaginación popular, pero con un contenido teológico innegable, se nos cuenta la tentación de la serpiente, la caída primero de Eva y luego de Adán, y el cambio inmediato: se sintieron desnudos, empezaron a tener miedo de Dios y se escondieron en su presencia.
  • Es la primera página negra de la historia de la humanidad, que ha tenido consecuencias universales. En ella está representado y condensado todo el mal que ha habido y sigue habiendo en nuestra existencia: la ambición desmedida, el orgullo, la autosuficiencia, la mentira, la cobardía. El pecado original lo tenemos todos dentro.
  • El pecado, el de Adán y Eva y el nuestro a lo largo de la historia, es el que trastorna la armonía que Dios había previsto. Se ha perdido el equilibrio entre los hombres y Dios, y entre ellos mismos. Siempre quedará el recuerdo y la añoranza de la realidad del Edén. Cuando los profetas anuncien el final del destierro de Babilonia, lo harán con frecuencia sirviéndose de las imágenes de una vuelta a la paz y la felicidad del paraíso perdido.

***

  • Jesús dejando de nuevo los confines de Tiro, se fue por Sidón hacia el lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Todos estos desplazamientos son significativos. Jesús se encuentra en territorio extranjero. Este milagro, una vez más será hecho a favor de un pagano, en pleno país de misión.
  • El milagro relatado en estos versículos pertenece al grupo de capítulos del evangelio de Marcos, escritos con la intención de que el pueblo, llegue a descubrir en Jesús su humanidad y su divinidad. Relata cómo mientras estaba Jesús en la región del mar de Galilea, le traen un hombre sordo y tartamudo, pidiéndole que haga algo por él. Jesús lo aparta de la gente, y después de tocarlo con sus dedos y su saliva, expresión de su humanidad; antes de curarlo definitivamente, Jesús mira al cielo mostrando que la omnipotencia divina es la que hará el milagro.
  • Gestos humanos, corporales, sensibles que revalorizan la dignidad del cuerpo llevándolo a la calidad de instrumento de comunicación, expresión de la salvación. La gracia más divina, más espiritual, pasa por humildes y modestos “signos”. Para el sordomudo, gestos pobres y naturales fueron extremadamente reveladores de la ternura salvadora de Jesús. La curación del sordomudo provoca reacciones muy buenas hacia Jesús por parte de los habitantes de Sidón que llegan a decir que todo lo ha hecho bien.
  • Somos una unidad, una totalidad: quien actúe sobre el cuerpo, aunque no se lo proponga está actuando sobre el espíritu, y viceversa. En Jesús se manifiesta la humanidad divinizada y la divinidad humanizada. Su cuerpo es instrumento de salvación. Sus sentidos están abiertos al dolor del otro. Ese cuerpo que se cansa, que siente hambre y dolor, que se conmueve es un regalo de Dios a los hombres; es la forma visible de la bondad de Dios.
  • El cuerpo es creación de Dios, y es el instrumento indispensable por el que nos hacemos presentes en el mundo, que nos permite acercarnos a nuestros hermanos, comunicarnos con ellos. El espíritu que lo invade es lo que puede impulsar al hombre a ser instrumento de salvación para él mismo y para los otros.
  • Hoy Jesús Resucitado sigue curando a la humanidad a través de su Iglesia. Con los gestos sacramentales: imposición de manos, bendición, unción con óleo y crisma Jesús sigue actuando. Gestos tomados de la cultura humana; de ellos se sirve Dios para transmitir su salvación. Gestos que siguen cargados de simbología. El evangelio de hoy, es un signo claro para el cristiano que debe tener abiertos los oídos para escuchar y los labios para hablar. Para escuchar a Dios y a los hombres, sin hacerse el sordo: ni a la Palabra salvadora, ni a la necesidad del hermano.

 

Para discernir

 

  • ¿A qué realidades cerré mis oídos?
  • ¿Qué verdades callé por miedo o conveniencia?
  • ¿Experimento la necesidad de ser sanado?

 

 

Repitamos a lo largo de este día

 

…Quiero escucharte Señor…

 

Para la lectura espiritual

 

…”« ¿Dónde estás?». Cada vez que Dios plantea una pregunta de este tipo no es para que el hombre le haga saber algo que él ignora: lo que quiere es provocar en el hombre una reacción que sólo es posible suscitar precisamente a través de esa pregunta, a condición de que ésta impacte en el corazón del hombre y de que éste se deje impactar por ella en el corazón.

Adán se esconde para no tener que dar cuentas, para huir de la responsabilidad de su propia vida. Así se esconde todo hombre, porque todo hombre es Adán y se encuentra en la situación de Adán. Para escapar de la responsabilidad de la vida que hemos vivido, hemos de transformar la existencia en un mecanismo para escondernos. Precisamente escondiéndose así y persistiendo siempre en esta tarea «ante el rostro de Dios», se desliza siempre el hombre, y cada vez de un modo más profundo, hacia la falsedad. De este modo se crea una nueva situación que, de día en día y de esconderse en esconderse, se vuelve más y más problemática. Es una situación que podemos caracterizar con una extrema precisión: el hombre no puede escapar del ojo de Dios, sino que, intentando esconderse de El, se esconde de sí mismo. Dentro de sí conserva también algo que le busca, pero a este algo se le hace más difícil cada vez encontrarle. Y precisamente en esta situación le coge la pregunta de Dios: quiere turbar al hombre, destruir su mecanismo para esconderse, hacerle ver adónde le ha llevado un camino equivocado, hacer nacer en él un ardiente deseo de salir fuera.

En este punto todo depende del hecho de que el hombre se plantee o no la pregunta. Indudablemente, si la pregunta llegara al oído, a cualquiera «le temblará el corazón». Ahora bien, el mecanismo le permite asimismo seguir siendo dueño de esta emoción del corazón. En efecto, la voz no llega en medio de una tempestad que pone en peligro la vida del hombre; «es la voz de un silencio semejante a un soplo» (1 Re 19,12), y es fácil sofocarla. Hasta que no ocurra esto, la vida del hombre no se podrá convertir en camino. Por muy grande que sea el éxito y el goce de un hombre, por muy grande que sea su poder y colosal su obra, su vida seguirá sin tener un camino mientras no haga frente a esta voz. Adán le hizo frente, reconoció que había caído en una trampa y confesó: «Me he escondido». Aquí empieza el camino del hombre”…

 

M. Buber, El camino del hombre, Magnano 1990, pp. 21-23, passim.

 

Para rezar

 

Padre alabamos y glorificamos tu nombre,
porque tú eres el Señor.
Gracias por la salud, las fuerzas y energía
para cumplir con las funciones y responsabilidades de cada día.
Gracias por inspirar las ideas creativas
necesarias en nuestro diario vivir.
Gracias por la provisión de los alimentos y
posibilidades para satisfacer nuestras
necesidades básicas.
Dios, estamos agradecidos por todas las bendiciones que nos prodigas, pero reconocemos que necesitamos más alimento espiritual y el valor para enfrentar y vencer las tentaciones y pruebas
cotidianas que se presentan sin ser invitadas a nuestro paso por la vida.
Amado Señor, quédate con nosotros.
Abrázanos y déjate sentir.
En el nombre de Jesús.
Amén.

Virma Pomale

 

Sábado V

 

Comieron hasta saciarse

 

Lectura del libro del Génesis    3, 9-24

 

El Señor Dios llamó al hombre y le dijo: « ¿Dónde estás?»

«Oí tus pasos por el jardín, respondió él, y tuve miedo porque estaba desnudo. Por eso me escondí.»

El replicó: « ¿Y quién te dijo que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol que yo te prohibí?»

El hombre respondió: «La mujer que pusiste a mi lado me dio el fruto y yo comí de él.»

El Señor Dios dijo a la mujer: « ¿Cómo hiciste semejante cosa?»

La mujer respondió: «La serpiente me sedujo y comí.»

Y el Señor Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho esto, maldita seas entre todos los animales domésticos y entre todos los animales del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre, y comerás polvo todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo. Él te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón.»

Y el Señor dijo a la mujer: «Multiplicaré los sufrimientos de tus embarazos; darás a luz a tus hijos con dolor. Sentirás atracción por tu marido, y él te dominará.»

Y dijo al hombre: «Porque hiciste caso a tu mujer y comiste del árbol que yo te prohibí, maldito sea el suelo por tu culpa. Con fatiga sacarás de él tu alimento todos los días de tu vida. Él te producirá cardos y espinas y comerás la hierba del campo. Ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, de donde fuiste sacado. ¡Porque eres polvo y al polvo volverás!»

El hombre dio a su mujer el nombre de Eva, por ser ella la madre de todos los vivientes.

El Señor Dios hizo al hombre y a su mujer unas túnicas de pieles y los vistió.

Después el Señor Dios dijo: «El hombre ha llegado a ser como uno de nosotros en el conocimiento del bien y del mal. No vaya a ser que ahora extienda su mano, tome también del árbol de la vida, coma y viva para siempre.»

Entonces expulsó al hombre del jardín de Edén, para que trabajara la tierra de la que había sido sacado. Y después de expulsar al hombre, puso al oriente del jardín de Edén a los querubines y la llama de la espada zigzagueante, para custodiar el acceso al árbol de la vida.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 89, 2. 3-4. 5-6. 12-13 (R.: 1)

 

R.    Señor, tú has sido nuestro refugio a lo largo de las generaciones.

 

Antes que fueran engendradas las montañas,

antes que nacieran la tierra y el mundo,

desde siempre y para siempre, tú eres Dios. R.

 

Tú haces que los hombres vuelvan al polvo,

con sólo decirles: «Vuelvan, seres humanos.»

Porque mil años son ante tus ojos

como el día de ayer, que ya pasó,

como una vigilia de la noche. R.

 

Tú los arrebatas, y son como un sueño,

como la hierba que brota de mañana:

por la mañana brota y florece,

y por la tarde se seca y se marchita. R.

 

Enséñanos a calcular nuestros años,

para que nuestro corazón alcance la sabiduría.

¡Vuélvete, Señor! ¿Hasta cuándo…?

Ten compasión de tus servidores. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    8, 1-10

 

En esos días, volvió a reunirse una gran multitud, y como no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Me da pena esta multitud, porque hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer. Si los mando en ayunas a sus casas, van a desfallecer en el camino, y algunos han venido de lejos.»

Los discípulos le preguntaron: « ¿Cómo se podría conseguir pan en este lugar desierto para darles de comer?»

Él les dijo: « ¿Cuántos panes tienen ustedes?»

Ellos respondieron: «Siete.»

Entonces él ordenó a la multitud que se sentara en el suelo, después tomó los siete panes, dio gracias, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que los distribuyeran. Ellos los repartieron entre la multitud. Tenían, además, unos cuantos pescados pequeños, y después de pronunciar la bendición sobre ellos, mandó que también los repartieran.

Comieron hasta saciarse y todavía se recogieron siete canastas con lo que había sobrado.

Eran unas cuatro mil personas. Luego Jesús los despidió. En seguida subió a la barca con sus discípulos y fue a la región de Dalmanuta.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • La página de hoy, bajo una apariencia ingenua, nos pone crudamente delante de la condición humana. El hombre, hecho para la «relación con Dios», destruye esta armonía por su pecado. El hombre, hecho para la “relación con su semejante”, destruye todo esto por su pecado. El hombre, hecho para la “armonía de su ser”, se siente dividido en su mismo interior. El hombre, hecho para la “relación con la naturaleza”, queda duramente sometido a ella.
  • Detrás de este episodio se entreven las luchas, las iras, los golpes, las guerras, las violencias de toda clase. Y si los padres, Adán y Eva están desunidos, sus hijos, los Caín y Abel de todos los tiempos, irán más lejos, hasta el derramamiento de sangre.
  • El hombre, queda marcado por su trabajo esencial, su oficio; y el sudor es el signo del esfuerzo a hacer, para “ganar su vida”. La mujer queda marcada por su trabajo esencial, dar a luz a sus hijos: “tus embarazos serán penosos y darás a luz a tus hijos con dolor”.
  • Y como fin: la inexplicable muerte. El hombre muere porque “no es Dios”, porque es “criatura” por lo tanto, es “fragilidad”. Esta es una primera razón natural, pero el autor, añade una segunda razón: el hombre es pecador, y la muerte adquiere así un carácter adicional de pena.
  • Sin embargo toda esa destrucción que el pecado opera en la armonía creada por Dios, no tendrá la última palabra: desde el principio se anuncia una victoria, una salvación, una redención.

***

  • En el evangelio, un gran número de gente de todas partes, ha venido a pie siguiendo y escuchando a Jesús durante días y días. Jesús no quiere fomentar las esperanzas del mesianismo que espera la gente, sino que se aleja de ellas, encontrando en la oración, la claridad de su camino mesiánico hacia la cruz, y el ánimo para recorrerlo.
  • El hecho que vengan “desde lejos” ratifica el contexto pagano del relato, pues era común entre las primeras comunidades cristianas considerar a los paganos como los lejanos, en cuanto lejanía de Dios y de la salvación.
  • Marcos tiene interés en anticipar la evangelización de los paganos, en el ministerio de Jesús. Es necesario que los apóstoles amplíen su horizonte, por eso la mesa que Jesús ofrece está abierta a todos.
  • En ese contexto Jesús, compadecido de la muchedumbre que lo sigue sin acordarse ni de comer, realiza un milagro para que coman todos. Con siete panes y unos peces da de comer a cuatro mil personas, y sobra. Las siete canastas que se llenan con los sobrantes, indica que el alimento distribuido es inagotable y es el símbolo de un “acto que tendrá que repetirse constantemente”, un alimento que debe ponerse sin cesar a disposición de los demás.
  • Jesús tiene clara la importancia de la solidaridad para la existencia del Reino que Él propone, y es por eso por lo que insiste, en este mensaje para sus discípulos y la comunidad. No se puede estar tranquilo si se sabe que un hermano está en desventaja. No puede disfrutar con sus discípulos de un alimento que les falta a otros. La única posibilidad de estar verdaderamente satisfechos era compartiendo con todos.
  • Este milagro no debemos entenderlo como una acción mágica de Jesús, sino como un acto de solidaridad desde las carencias que cada uno pueda tener. Los que asumen la causa de Jesús, deben ser capaces de aportar desde lo poco, aun con sacrificios, para tratar de solucionar los problemas, con la absoluta convicción de que Dios podrá hacer el resto de la obra.
    Lo que pretende el milagro es que, el grupo de los discípulos, supere las imposibilidades humanas que impiden la fraternidad y la solidaridad.
  • Como Iglesia, también tenemos que hacer posible el milagro de la solidaridad en medio de nuestros pueblos regidos por el egoísmo, por las políticas de mercado, por los intereses particulares. Es nuestra tarea hacer de esta sociedad en esta historia humana, un espacio donde se pueda vivir de forma diferente.
  • La ambición divide, el amor congrega. No sabremos hacer milagros, pero hay multiplicaciones de panes, de paz, de esperanza, de cultura y de bienestar que no necesitan un poder milagroso, sino un corazón bueno, semejante al de Cristo, para no ceder en el trabajo por el bien de todos los hombres.

 

Para discernir

 

  • ¿Qué puedo hacer en este mundo con tantos hambrientos?
  • ¿Puedo multiplicar algo por el bien de mis hermanos?
  • ¿Qué papel ocupa la solidaridad en mi camino de fe?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

…Danos siempre de este pan…

 

Para la lectura espiritual

 

…”La comprensión de nuestro cuerpo como enfermo, pobre, débil, necesitado de ser inhabitado por el poder recreador del Espíritu, nos pone en la condición de la muchedumbre que seguía a Jesús por el desierto en torno a Betsaida. Y en el desierto de este mundo [...] prepara Jesús un banquete, adereza una mesa, nos sacia en ella. Aquel que en la última cena se entregará como alimento por las multitudes, acoge y reúne en el episodio de la multiplicación de los panes a una muchedumbre que no sabe adónde ir, y la transforma en la comunidad de los pobres saciados del verdadero pan de vida.

La eucaristía es el pan del desierto, es el viático de los peregrinos, es la ofrenda, la entrega de un cuerpo [...]. El camino por el desierto es un viaje largo, impracticable, extenuativo a veces: a las fatigas del recorrido se añaden las heridas dejadas por quienes se han perdido en este camino. Pero también es verdad que el Señor no nos deja sin la eucaristía, el único pan que nos permite caminar hasta la visión del Señor, hasta el cara a cara con Dios. Debemos estar seguros de que si también nosotros llegamos a tocar el abismo de la desesperación como Elías, también veremos a un ángel que nos traerá el pan del desierto y nos dirá: «Come, y sigue caminando» (cf.1 Re 19,1-8)”…

 

E. Bianchi, El manto de Elías, Magnano 1985, 119.

 

Para rezar

 

Hay un mundo que vive en la esperanza de un mañana más justo, más fraterno.

Hay un mundo que sufre los dolores de un nuevo amanecer.

Hay semillas de vida traspasando la tierra de la muerte.

Tú me enseñas a verlo, a descubrirlo, Jesús, me das la fe.

Hay un hombre que vive la miseria, sin poder, sin saber, sólo muriendo.

Hay un hombre que, pese a todo, espera justicia y libertad.

Hay dos mundos, tres mundos, divididos por el poder e indiferencia.

Tú me llamas, Jesús, al compromiso, a la solidaridad.

Yo sé que no puedo encontrarte a ti, Jesús, sin tu Reino.

Yo sé que no llega el Reino, si en el centro no estás tú.

Bendito el que marcha en tu nombre, bendito el que en el hermano

ve tu rostro, se detiene y comparte hoy su cruz.

E. Fernández

 

11 de FEBRERO – NTRA. SEÑORA EN LOURDES


El 11 de febrero de 1858, tres niñas, Bernadette Soubirous, de 14 años, su hermana Marie Toinete, de 11 y su amiga Jeanne Abadie, de 12 salieron de su casa en Lourdes para recoger leña. Camino al río Gave, pasó por una gruta natural donde Bernadette escuchó un murmullo y divisó la figura de una joven vestida de túnica blanca, muy hermosa, ceñida por una banda azul y con un rosario colgado del brazo. Se acercó y comenzaron a rezar juntas, para luego desaparecer.

Por un período de cinco meses, la Virgen se le apareció a la niña, en medio de multitudes que se acercaban para rezar y poder observar a la hermosa señora, pero la Virgen sólo se le aparecía a la niña. En reiteradas ocasiones, Bernadette fue víctima de desprecios y burlas por parte de las autoridades eclesiales y civiles de pueblo, pero la niña se mantuvo firme en su fe mariana sobre todo en el especial pedido que la Virgen le había encargado: la construcción de una capilla sobre la gruta y la realización de una procesión.

Luego de la última aparición ocurrida en 16 de julio, fiesta de Nuestra Señora del Carmen, Bernadette ingresó a la orden religiosa de las hermanas enfermeras, a la edad de 22 años, y permaneció allí hasta su muerte a los 34 años de edad.

 

OREMOS

 

Ven en ayuda de nuestra debilidad, Dios de misericordia, y haz que, al recordar hoy a la inmaculada Madre de tu Hijo, por su intercesión nos veamos libres de nuestras culpas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

TIEMPO DTE EL AÑO – SEMANA IV – CICLO A

Domingo IV dte el año – Ciclo A

 

 

Lunes IV

 

 

Martes IV

 

 

Miércoles IV

 

Jueves IV

2 de febrero – La Presentación del Señor (F)

 

 

Viernes IV

 

 

Sábado IV

 

 

Domingo IV dte el año – Ciclo A

 

Bienaventurados los pobres

 

PRIMERA LECTURA

Lectura de la profecía de Sofonías    2, 3; 3, 12-13

 

Busquen al Señor, ustedes, todos los humildes de la tierra, los que ponen en práctica sus decretos. Busquen la justicia, busquen la humildad, tal vez así estarán protegidos en el Día de la ira del Señor.

Yo dejaré en medio de ti a un pueblo pobre y humilde, que se refugiará en el nombre del Señor. El resto de Israel no cometerá injusticias ni hablará falsamente; y no se encontrarán en su boca palabras engañosas. Ellos pacerán y descansarán sin que nadie los perturbe.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 145, 6c-7. 8abc y 9a. 9b y 8d-10 (R.: Mt 5, 3)

 

Felices los que tienen alma de pobres,

porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.

 

El Señor mantiene su fidelidad para siempre,

hace justicia a los oprimidos

y da pan a los hambrientos.

El Señor libera a los cautivos. R.

 

El Señor abre los ojos de los ciegos

y endereza a los que están encorvados.

El Señor ama a los justos.

El Señor protege a los extranjeros. R.

 

Sustenta al huérfano y a la viuda;

y entorpece el camino de los malvados.

El Señor reina eternamente,

reina tu Dios, Sión,

a lo largo de las generaciones. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto        1, 26-31

 

Hermanos, tengan en cuenta quiénes son los que han sido llamados: no hay entre ustedes muchos sabios, hablando humanamente, ni son muchos los poderosos ni los nobles.

Al contrario, Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los sabios; lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes; lo que es vil y despreciable y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale. Así, nadie podrá gloriarse delante de Dios.

Por él, ustedes están unidos a Cristo Jesús, que por disposición de Dios, se convirtió para nosotros en sabiduría y justicia, en santificación y redención, a fin de que, como está escrito: El que se gloría, que se gloríe en el Señor.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Mateo    5, 1-12a

 

Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él.

Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:

«Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el

Reino de los Cielos.

Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.

Felices los afligidos, porque serán consolados.

Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.

Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.

Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.

Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.

Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.

Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.

Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

 

  • Sofonías preveía la destrucción de Jerusalén y la deportación de los importantes del pueblo. Sólo un pueblo humilde y pobre permanecerá en la tierra prometida y podrá buscar refugio en el nombre del Señor y no en las potencias extranjeras del Norte o el Sur, ni en su fuerza o riqueza. El “resto de Israel” lo formarán los humildes, los que ponen su confianza en Dios. El profeta Sofonías invita al pueblo de Israel a la moderación, la pobreza, la humildad, la honradez, la búsqueda de la paz y la verdad. Dios no aprecia a los ricos y pagados de sí mismos, a los que confían en sus propias fuerzas.

***

  • Las comunidad cristiana de Corinto fundada por Pablo por el año 51, y muy amada por él se sentía agitada por divisiones internas. Algunos estaban demasiado engreídos como si fueran alguien ante el Señor. Pablo les recuerda que somos muy poca cosa delante el Señor y que la sabiduría cristiana no es la sabiduría del mundo sino la de Dios, la de la Caridad, la de la Cruz que escandaliza a unos y otros. Es la sabiduría del humilde, del sencillo, del que vive abierto al Espíritu. A ése es al que llama el Señor a su Reino.

***

  • Jesús inaugura la llegada del reino e invita a seguirlo. Lo hace con la proclamación solemne de las bienaventuranzas. La enseñanza de Jesús en el evangelio se dirige expresamente a sus discípulos, es decir: a aquellos que están dispuestos no sólo a oírlo sino también a seguirlo.
  • La garantía de la felicidad que propone radica en que, lo que ha proclamado en las bienaventuranzas lo ha vivido. Se ha hecho pobre, ha pasado hambre y sed, ha llorado y sufrido como nadie, ha sido perseguido y ha sido asesinado en una cruz por amor a la justicia, revela y realiza sobre la tierra la misericordia del Padre. En todas estas situaciones Jesús es el bienaventurado porque encarna perfectamente la salvación querida por Dios para el mundo y la hace posible.
  • Las bienaventuranzas no son las pautas de vida del cristiano, ni el camino para seguir a Cristo; ni él mismo las presenta como tales. A Jesús no se lo sigue simplemente llorando; ni basta con ser pobres o perseguidos para ser su discípulo. No podemos entenderlas como el código de moral cristiana, o como los mandamientos de la nueva ley. Cristo dio un sólo mandato, el del amor. Tampoco son un seguro para la felicidad o la para la salvación, ni indican el camino a seguir para alcanzar la felicidad, ni son una bendición que cause la felicidad. Mucho menos son un consuelo o una anestesia contra los males del mundo. Cristo hace simplemente una relación de quiénes son dichosos.
  • El sermón de la montaña es la proclamación de las consecuencias exigentes y liberadoras al mismo tiempo de la fe cristiana cuando se vive de verdad.
  • Lo que se declara bienaventurado son las personas y no las situaciones. La pobreza no es necesariamente buena ni fuente de valores y gracias especiales; tampoco los pobres son buenos por ser pobres, ni necesariamente mejores que los demás; ni por vivir en la pobreza van a ser felices. La pobreza que da la felicidad tiene que tener una razón que la explique y le dé sentido.
  • Jesús no nos está invitando a aceptar la pobreza económica, cultural o humana con una actitud de resignación pasiva. Jesús mismo pasó su vida ayudando, curando, consolando, perdonando, enseñando, liberando de todo mal.
  • Cristo, al afirmar que «son dichosos los pobres, los pacíficos, los perseguidos, los que sufren», no está brindando un camino de evasión para conformarnos con las injusticias; ni un calmante para «aguantar porque la vida es así»; o un consuelo que nos lleva a soñar en la recompensa en el «más allá» de lo que no hemos conseguido en el «más acá».
  • Las bienaventuranzas se mueven en el ámbito de la fe y del discipulado. Son algo «a posteriori» de un encuentro personal con Cristo. No son otra cosa que la nueva realidad de los que han optado por Cristo. Las bienaventuranzas son algo que sucede después de haberse decidido y por el reino de Dios, que lleva al discípulo a adoptar posturas concretas. Estas posturas que lo colocan unas veces en situaciones penosas y otras en actividades gloriosas.
  • Ser discípulo de Jesús, seguir el Evangelio, trae, necesariamente, una serie de consecuencias. Si estas no aparecen en la vida del cristiano, su compromiso puede llegar a ser dudoso. Quien se ha encontrado con Cristo y se ha definido a favor de Él no tiene más remedio que optar por un cierto estilo de vida que se construye sobre el Evangelio y que es realmente diferente de cualquier otro estilo de vida. Por eso es dichoso el pobre porque su pobreza es fruto de una opción por Jesús o el perseguido porque está viviendo con coherencia.
  • Las bienaventuranzas son una promesa de felicidad que Dios quiere que experimentemos en esta vida cuando, aceptando ser pobres, sintamos la profunda libertad que nos da no construir otro reino que el de Dios, y cuando reconozcamos que, gracias a nuestro esfuerzo y a la ayuda del Padre, en el mundo reina la justicia de Dios. Hacerse pobre para poder trabajar para que reine la justicia de Dios; hacerse pobre para que no haya pobres: ese es el pobre bienaventurado. El camino de las bienaventuranzas, el camino de la felicidad es el camino del seguimiento de Jesús por el que hay que ir avanzando cada día con esfuerzo y con voluntad sostenidos por la gracia. Nuestra fe es una llamada a la felicidad y una llamada a avanzar constantemente en esa manera de ser hombre o mujer que Jesús nos propone.
  • Las bienaventuranzas son una llamada a la conversión, al cambio personal. Aquí se nos da la clave que cada uno de nosotros, ricos o pobres debemos tener para ser bienaventurados: humildad y pobreza ante Dios y ante los demás. Lo demás: búsqueda de paz, pureza de corazón, misericordia, sencillez de apetencias y ambiciones, es consecuencia.
  • La pobreza de espíritu, quizá sea la bienaventuranza más importante y la que engloba a todas las demás. Más que a la carencia de bienes materiales es una manera de vivir desprendidos de lo que no tiene valor absoluto. Jesús relativiza el tener o no tener, colocando el acento en el hombre mismo, ya que él en cuanto persona es su mayor valor. Sólo un hombre que se siente vacío puede ser llenado por algo. El hombre que se cree perfecto, es un pobre hombre, un ciego. La experiencia más fascinante que existe es la de sentirse siempre un poco niño, un poco necesitado, un poco aprendiz, un poco en camino.
  • Todo, incluso el dolor y la persecución, puede ser motivo de felicidad para el hombre que da sentido a su existencia mirando más allá de su propia vida. Son bienaventurados los que ansían un mundo radicalmente nuevo, anhelan el Reino. Los que ansían ese mundo son pobres, lloran, padecen, pero gracias a la experiencia de encuentro con Jesús tienen esperanza. Una esperanza distinta, nueva, que contradice las esperanzas horizontales y egoístas que propone el mundo, pero que mantiene viva la llama de Aquél que vino para darnos vida en abundancia.

 

Para discernir

 

  • ¿Dónde busco la felicidad?
  • ¿A quiénes considero felices en este mundo?
  • ¿Dónde concentro todos mis esfuerzos y luchas?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Señor, ayúdame a buscar la verdadera felicidad

 

Para la lectura espiritual

 

«Dichosos los que lloran porque ellos serán consolados»

 

«Al ver Jesús al gentío subió a la montaña… y se puso a hablar enseñándoles». La montaña a la cual Jesús subió, era su propia felicidad y su esencia que consiste en que él es uno con el Padre. Y le siguió una gran multitud: ésa es la gran multitud de los santos cuya fiesta celebramos hoy; todos le han seguido, cada uno según la vocación a la que Dios le llamó. Es en esto que debemos imitarles, prestando cada uno mucha atención a la propia vocación para asegurase de cual es a la que Dios le llama, y poderla seguir…

Llegado a lo alto de la montaña, Jesús abrió la boca para proclamar las ocho bienaventuranzas… «Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos». Se trata, en primer lugar, de esa virtud que es la pobreza espiritual porque ella es el principio y la base de toda perfección. Si hacemos la pregunta fijándonos en cada una de sus facetas, siempre se verá cuán necesario es que el hombre, en su ser profundo, sea despojado, desprendido, libre, pobre y alejado de toda propiedad si realmente Dios tiene que llevar a cabo su obra en él. Debe estar desembarazado de toda atadura propia; solamente entonces Dios podrá estar en él como en su propia casa… 

«Bienaventurados los sufridos, porque ellos heredarán la tierra» por toda la eternidad. Aquí se da un paso hacia delante porque, si por la verdadera pobreza nos liberamos de lo que nos estorba, con la paciencia vamos penetrando más profundamente, expulsando del interior toda amargura, irritabilidad y cualquiera imprudencia… Para el pacífico nada es amargo. Que para los que son buenos, todo sea también bueno, viene de su fondo bueno y puro… El que es pacífico posee la tierra y se mantiene en esa paz venga lo que viniere. Pero si tú no actúas así, perderás esa virtud y, al mismo tiempo, tu paz, y se podrá decir de ti que eres un gruñón y compararte a un perro furioso.

«Dichosos los que lloran…» ¿Quiénes son esos que lloran? En un sentido son los que sufren; en otro sentido, son los que lloran sus pecados. Pero los nobles amigos de Dios, que bajo ese aspecto son los más dichosos de todos, han dejado de llorar sus pecados…; y sin embargo, no dejan de llorar: lloran los pecados y las faltas de su prójimo… Así es que, los verdaderos amigos de Dios lloran por la ceguedad y miseria de los pecados del mundo.

 

 

Juan Taulero Sermón 71

Para rezar

 

Las bienaventuranzas

 

Las bienaventuranzas 
Son todas estas y muchas más. 
Vuelve al mundo del revés y las tendrás. 
Las bienaventuranzas  son el camino de la verdad. 

Dichoso el que no pone su empeño en el dinero, 
y vive la aventura de odiar toda ambición. 
Pero pobres de aquellos que sueñan con ser ricos 
y venden su conciencia por una posición. 

Dichoso el que no sabe jugar a oportunismos 
y dice en cada instante las cosas como son. 
Pero pobres de aquellos que el sol que más calienta
eligen como norma y adoran como un dios. 

Dichoso el que denuncia engaños y opresiones 
y el ruido del dinero no puede con su voz. 
Pero pobres de aquellos que saben y se callan 
haciendo juego al río que riega la ambición. 

Dichoso el perseguido por ir contra las leyes 
de alguna insoportable e injusta situación. 
Pero pobres de aquellos que olvidan la justicia 
y dicen que la calma es siempre lo mejor. 

Dichoso el que algo busca y acaso nada encuentra, 
mas sabe que buscando se llega siempre a Dios. 
Pero pobres de aquellos seguros de sí mismos, 
pues vive en su certeza la entera confusión. 

Dichoso el que no vive de historia y experiencias 
y gana cada día el pan con su sudor. 
Pero pobres de aquellos que viven de su fama 
durmiendo en los laureles de alguna situación. 

Dichoso aquel que a veces también escandaliza 
y sabe que al hacerlo consigue un bien mayor. 
Pero pobres de aquellos que rompen inocencias 
y quiebran ilusiones y siembran sinsabor. 

Dichoso el que edifica la paz, y no propaga 
el precio que supuso traerla a su mansión. 
Pero pobres de aquellos que atados por el odio 
desatan sangre y guerra y engendran el dolor.

 

Lunes IV

 

¡Sal de este hombre, espíritu impuro!

 

Lectura de la carta a los Hebreos    11, 32-40

 

Hermanos:

¿Y qué más puedo decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, de Samuel y de los Profetas.

Ellos, gracias a la fe, conquistaron reinos, administraron justicia, alcanzaron el cumplimiento de las promesas, cerraron las fauces de los leones, extinguieron la violencia del fuego, escaparon del filo de la espada. Su debilidad se convirtió en vigor: fueron fuertes en la lucha y rechazaron los ataques de los extranjeros.

Hubo mujeres que recobraron con vida a sus muertos. Unos se dejaron torturar, renunciando a ser liberados, para obtener una mejor resurrección.

Otros sufrieron injurias y golpes, cadenas y cárceles. Fueron apedreados, destrozados, muertos por la espada. Anduvieron errantes, cubiertos con pieles de ovejas y de cabras, desprovistos de todo, oprimidos y maltratados. Ya que el mundo no era digno de ellos, tuvieron que vagar por desiertos y montañas, refugiándose en cuevas y cavernas.

Pero, aunque su fe los hizo merecedores de un testimonio tan valioso, ninguno de ellos entró en posesión de la promesa. Porque Dios nos tenía reservado algo mejor, y no quiso que ellos llegaran a la perfección sin nosotros.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 30, 20. 21. 22. 23. 24 (R.: 25)

 

R.    Sean fuertes y valerosos, todos los que esperan en el Señor.

 

¡Qué grande es tu bondad, Señor!

Tú la reservas para tus fieles;

y la brindas a los que se refugian en ti.,

en la presencia de todos. R.

 

Tú los ocultas al amparo de tu rostro

de las intrigas de los hombres;

y los escondes en tu Tienda de campaña,

lejos de las lenguas pendencieras. R.

 

¡Bendito sea el Señor!

El me mostró las maravillas de su amor

en el momento del peligro. R.

 

En mi turbación llegué a decir:

«He sido arrojado de tu presencia.»

Pero tú escuchaste la voz de mi súplica,

cuando yo te invocaba. R.

 

Amen al Señor, todos sus fieles,

porque él protege a los que son leales

y castiga con severidad a los soberbios. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Marcos     5, 1-20

 

Jesús y sus discípulos llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos. Apenas Jesús desembarcó, le salió al encuentro desde el cementerio un hombre poseído por un espíritu impuro. El habitaba en los sepulcros, y nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas. Muchas veces lo habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarlo. Día y noche, vagaba entre los sepulcros y por la montaña, dando alaridos e hiriéndose con piedras.
Al ver de lejos a Jesús, vino corriendo a postrarse ante él, gritando con fuerza: «¿Qué quieres de mí, Jesús, Hijo de Dios, el Altísimo? ¡Te conjuro por Dios, no me atormentes!» Porque Jesús le había dicho: «¡Sal de este hombre, espíritu impuro!» Después le preguntó: «¿Cuál es tu nombre?» El respondió: «Mi nombre es Legión, porque somos muchos.» Y le rogaba con insistencia que no lo expulsara de aquella región.

Había allí una gran piara de cerdos que estaba paciendo en la montaña. Los espíritus impuros suplicaron a Jesús: «Envíanos a los cerdos, para que entremos en ellos.» El se lo permitió. Entonces los espíritus impuros salieron de aquel hombre, entraron en los cerdos, y desde lo alto del acantilado, toda la piara -unos dos mil animales- se precipitó al mar y se ahogó.

Los cuidadores huyeron y difundieron la noticia en la ciudad y en los poblados. La gente fue a ver qué había sucedido. Cuando llegaron adonde estaba Jesús, vieron sentado, vestido y en su sano juicio, al que había estado poseído por aquella Legión, y se llenaron de temor. Los testigos del hecho les contaron lo que había sucedido con el endemoniado y con los cerdos. Entonces empezaron a pedir a Jesús que se alejara de su territorio.

En el momento de embarcarse, el hombre que había estado endemoniado le pidió que lo dejara quedarse con él. Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: «Vete a tu casa con tu familia, y anúnciales todo lo que el Señor hizo contigo al compadecerse de ti.» El hombre se fue y comenzó a proclamar por la región de la Decápolis lo que Jesús había hecho por él, y todos quedaban admirados.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El autor les trae a la memoria el ejemplo de los antiguos judíos, que realizaron cosas difíciles por la fe y permanecieron fieles en la prueba, sin volver su vista atrás, sino, muy al contrario, dispuestos a la aventura de la fe. Los antepasados sometieron reinos y ejercieron justicia; cerraron la boca de los leones, o dominaron la violencia del fuego; resucitaron hijos y otros que, se han dejado torturar sin ceder, o exiliar.
  • El autor recalca de las personas que vivieron en esa etapa el mérito de haber vivido en un tiempo de promesas: no en los tiempos mesiánicos. La fe, que es algo sobrenatural, se vive dentro de la experiencia humana y se caracteriza por el don que uno hace de sí mismo para el futuro, el riesgo que uno corre de abandonar su seguridad y darse de lleno a la novedad. El contenido del sacrificio de Cristo no es otro que su fe total en el Padre, capaz de hacer surgir lo inesperado más allá incluso de la muerte.

***

  • Jesús llega a la región de los gerasenos, o sea, a un territorio pagano, por lo tanto, impuro. Lejos del poblado, entre los sepulcros, vive un hombre poseído por el espíritu maligno. La sociedad lo ha marginado: la forma más rápida de resolver el problema es encerrar al enfermo para que no moleste.
    • Jesús se acerca a los que la sociedad ha apartado. Es un pobre hombre desquiciado, privado de sus facultades mentales, que no es dueño de sí mismo y se ha convertido en su propio enemigo. Cristo ha venido a combatir el mal que divide al hombre en lo más profundo de sí mismo y lo empuja contra sí mismo.
    • El encuentro con Jesús, la llegada del Reino, no es únicamente una curación, sino una verdadera liberación, un encontrarse a sí mismo, una reconquista de la propia vida. De un ser dividido e insociable, Jesús ha hecho un hombre dueño de sí mismo, lo ha convertido en un hermano.
    • Los gerasenos a pesar de admirarse de la curación cuando se enteran de que los cerdos se han precipitado en el lago invitan a Jesús alejarse de su territorio. Es demasiado el precio que han tenido que pagar por la liberación de un hombre. La vida de este hombre vale menos que una piara de puercos. Para Jesús, conducir a un hombre a su liberación, tiene un valor mucho más alto que cualquier otra cosa.
    • Luego, el hombre que había tenido el espíritu malo le pidió que lo dejara ir con Él, pero Jesús no se lo permitió. En cambio, lo enviará a su casa con la misión de manifestar a sus compatriotas la misericordia divina que él acaba de experimentar. Era la primera vez que se anunciaba la Buena Noticia en tierra de gentiles.
    • Las fuerzas del mal atacan al hombre, lo desvían de su ruta normal, le impiden realizar su camino humano y cristiano: realizarse como hombre y como hijo de Dios. El pecado siempre es antihumano aun cuando tome la apariencia de ser su placer o su bien.
    • Desde la muerte y resurrección de Jesús el demonio ya no tiene poder sobre el hombre. Solamente el poder que el hombre mismo le concede. Aquí está la buena nueva: las miles de pasiones que lo deformaban, la legión de demonios que lo habitaban, han sido vencidos. Jesús es más fuerte que las fuerzas maléficas del hombre.
    • Todos necesitamos ser liberados de la legión de malas tendencias que experimentamos: orgullo, sensualidad, ambición, envidia, egoísmo, violencia, intolerancia, avaricia, miedo. Una vez liberados, el Señor nos enseña que seguirlo. También es saber quedarse allí donde estamos, dando testimonio de las maravillas que puede obrar el Señor si le damos paso en nuestra vida.
    • El endemoniado geraseno, es como un prototipo de tantos hermanos nuestros, excluidos de la vida social, comunitaria, por algún estigma llamado: enfermedad, pobreza, ignorancia, absoluta miseria, otra raza, otra lengua, por ejercer algún oficio que consideramos sucio, por tener que ganarse la vida indignamente, en la mendicidad, o revolviendo la basura de nuestras calles. Pero Jesús los ama y quiere liberarlos. Todas las imágenes que nos presenta este texto nos dejan adivinar la importancia del gesto misionero que hace Jesús: liberar al hombre cualquiera sea su degradación.
    • La Iglesia ha recibido la misión de continuar este poder liberador, la lucha y la victoria contra todo mal. El hombre no evangelizado es un hombre “encadenado”, no libre. Para liberar la Iglesia tiene que anunciar la Buena Nueva y comunicar la vida de Cristo. El evangelio nos muestra el modo: salir a la periferia, acercarnos a toda realidad, no anteponer ningún valor material al valor de la vida, escuchar el clamor del sufriente y desde un vínculo basado en el amor, auténticamente evangélico, ayudarlo a recuperar la unidad perdida y la dignidad.

 

Para discernir

 

  • ¿Hay en mí algunos sectores que hay que liberar?
  • ¿De veras queremos ser salvados?
  • ¿Vamos hacia todos aquellos que esperan aún su liberación aunque no estén en el medio cristiano?

 

Para rezar

 

…Llevo tu Buena Nueva Señor…

 

Para la lectura espiritual

 

«Espíritu inmundo, sal de este hombre»

 

El hecho del poder del mal en el corazón humano y en la humanidad es innegable. La pregunta permanece: ¿cómo explicar este mal? La fe nos dice que existen dos misterios de luz y un misterio de noche, el cual, sin embargo, se encuentra envuelto por los misterios de luz. El primer misterio de luz es éste: la fe nos dice que no hay dos principios, uno bueno y el otro malo, sino un único principio: Dios creador, y este principio es bueno, es sólo bueno, sin sombra alguna de mal. Por eso el ser no puede ser una mezcla de bien y de mal: el ser, como tal, es bueno, y por ello pues, es bueno ser, es bueno vivir. Este es el gozoso anuncio de la fe: no hay más que una sola fuente, buena, el Creador…

Viene después un misterio de oscuridad, de noche. El mal no proviene de la fuente misma del ser, no es igualmente original. El mal proviene de una libertad creada, de una libertad mal utilizada. ¿Cómo ha sido posible esto? ¿Cómo se produjo? Las cosas permanecen oscuras. El mal no es lógico. Tan sólo Dios y el bien son lógicos, son luz. El mal permanece siendo misterioso… Lo podemos atisbar, pero no explicar; no se puede narrar como un hecho al que le sigue otro hecho porque se trata de una realidad más profunda. Sigue siendo un misterio de oscuridad, de noche.

Pero inmediatamente se le añade un misterio de luz. El mal viene de una fuente subordinada. Dios, con su luz, es más fuerte. Por eso el mal puede ser sobrepasado. Es decir, que la criatura, el hombre, puede curar… De tal manera que, al fin, en última instancia vemos que no sólo puede ser curado, sino que, efectivamente, es curado. Es Dios quien ha introducido la curación. Él mismo en persona entró en la historia. A la fuente permanente de mal opuso la fuente del bien puro. Cristo crucificado y resucitado, nuevo Adán, opone al río contaminado del mal un río de luz. Y este río sigue estando presente en la historia: miremos a los santos, los grandes santos pero también los santos más sencillos, los simples fieles y vemos que el río de luz que viene de Cristo es poderoso y está presente en ellos.

 

Comentario del Evangelio por Papa Benedicto XVI – Audiencia general del 03/12/08

 

Para rezar

 

Oración de sanación interior

 

Señor Jesús, Tú has venido a curar
los corazones heridos y atribulados,
te ruego que cures los traumas que provocan
turbaciones en mi corazón;
te ruego, en especial que cures
aquellos que son causa de pecado.

Te pido que entres en mi vida,
que me cures de los traumas psíquicos
que me han afectado en tierna edad
y de aquellas heridas que me los han provocado
a lo largo de toda la vida.

Señor Jesús, Tú conoces mis problemas,
los pongo todos en Tu corazón de Buen Pastor.
Te ruego, en virtud de aquella gran llaga
abierta en Tu Corazón,
que cures las pequeñas heridas que hay en el mío.

Cura las heridas de mis recuerdos,
a fin de que nada de cuanto me ha acaecido
me haga permanecer en el dolor, en la angustia,
en la preocupación.

Cura, Señor,
Todas esas heridas que, en mi vida,
han sido causa de raíces de pecado.
Quiero perdonar
a todas las personas que me han ofendido,
mira esas heridas interiores
que me hacen incapaz de perdonar.
Tú que has venido a curar los corazones afligidos,
cura mi corazón.

Cura, Señor Jesús, mis heridas íntimas
que son causa de enfermedades físicas.
Yo te ofrezco mi corazón,
acéptalo, Señor, purifícalo y dame
los sentimientos de Tu Corazón Divino.
Ayúdame a ser humilde y benigno.
Concédeme, Señor,
la curación del dolor que me oprime
por la muerte de las personas queridas.
Haz que pueda recuperar la paz y la alegría
por la certeza de que Tú eres la Resurrección y la Vida.

Hazme testigo autentico
de Tu Resurrección,
de Tu Victoria sobre el pecado y la muerte,
de Tu Presencia de Viviente entre nosotros.
Amén.

 

 

Martes IV

 

Tu fe te ha salvado

 

Lectura de la Carta a los Hebreos 12, 1-4

 

Por lo tanto, ya que estamos rodeados de una verdadera nube de testigos, despojémonos de todo lo que nos estorba, en especial del pecado, que siempre nos asedia, y corramos resueltamente al combate que se nos presenta.

Fijemos la mirada en el iniciador y consumador de nuestra fe, en Jesús, el cual, en lugar del gozo que se le ofrecía, soportó la cruz sin tener en cuenta la infamia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.

Piensen en aquel que sufrió semejante hostilidad por parte de los pecadores, y así no se dejarán abatir por el desaliento.

Después de todo, en la lucha contra el pecado, ustedes no han resistido todavía hasta derramar su sangre.

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO    Sal 21, 26b-28.30abcd.31b-32

 

R: Te alabarán, Señor, los que te buscan.

 

Cumpliré mis votos delante de sus fieles.

Los desvalidos comerán hasta saciarse,

alabarán al Señor los que lo buscan:

viva su corazón por siempre. R.

 

Lo recordarán y volverán al Señor

hasta de los confines del orbe;

en su presencia se postrarán

las familias de los pueblos.

Ante él se postrarán las cenizas de la tumba,

ante él se inclinarán los que bajan al polvo. R.

 

Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá,

hablarán del Señor a la generación futura,

contarán su justicia al pueblo que ha de nacer:

todo lo que hizo el Señor. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Marcos     5, 21-43

 

Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar. Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva.» Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.

Se encontraba allí una mujer que desde hacia doce años padecía de hemorragias. Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, porque pensaba: «Con sólo tocar su manto quedaré curada.» Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal.

Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: « ¿Quién tocó mi manto?»

Sus discípulos le dijeron: « ¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?» Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido.

Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad.

Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad.»

Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: «Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?» Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: «No temas, basta que creas.» Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, fue a casa del jefe de la sinagoga.

Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. Al entrar, les dijo: « ¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme.» Y se burlaban de él.

Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: «Talitá kum», que significa: « ¡Niña, yo te lo ordeno, levántate.» En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El autor de la carta anima a sus lectores a que permanezcan firmes en su seguimiento de Cristo mediante la expresiva comparación del estadio y los atletas que compiten: El atleta se despoja de todo lo que estorba para poder correr ágilmente y el cristiano se despoja del pecado que lo traba en su camino hacia Cristo.
  • La multitud de espectadores que ocupan el estadio y animan a llegar a la meta, son la multitud de testigos del Antiguo Testamento y los contemporáneos, que han dado ejemplo con sus vidas a lo largo de la historia y estimulan a los cristianos actuales a ser fuertes y alcanzar la meta.
  • Cristo Jesús va delante en la carrera de la fe. El supo aceptar las dificultades y la contradicción; renunciar a todo entregándose a la muerte y ahora está triunfante junto a Dios. La carta es una invitación a todos a tener la mirada puesta en Él.

***

  • Después del milagro de la “tempestad calmada” y del “endemoniado liberado” nos encontramos hoy otros dos milagros estrechamente ligados uno a otro. Estos gestos van realizando una progresión en la fe de los discípulos. San Marcos nos va llevando paulatinamente a creer en el poder de la resurrección de Jesús.
  • Los dos milagros están muy ligados: son dos mujeres las destinatarias de la acción salvadora de Jesús. La edad de la niña, es igual a la cantidad de años de enfermedad de la mujer. Ambas, por ser mujeres y por sus enfermedades son consideradas impuras y están excluidas de la sociedad.
  • El relato comienza con la llegada de Jairo, un jefe de sinagoga que viene al encuentro de Jesús a pedirle que salve a su hija. Este gesto pone de manifiesto que la sinagoga se declara impotente para dar vida; sus líderes no pueden luchar contra la muerte. La ley por encima del ser humano los ha encerrado en un círculo de muerte.
  • Una vez que Jesús accede a este pedido, entre la multitud que acompaña a Jesús hacia la casa de Jairo, surge una mujer, que durante muchos años ha cargado con una enfermedad triplemente grave, por el sufrimiento físico, el empobrecimiento económico, y su exclusión religiosa. La mujer enferma no se atreve a pedir: se acerca disimuladamente y lo toca. Al instante sintió la curación, y Jesús, también al instante, sintió que una fuerza salía de Él. La mujer ha tocado la fuente de la vida.
  • De Jesús no brota otra cosa que la vida en plenitud. Jesús busca quien lo ha tocado. La mujer se acerca con temor porque sabe que con su actitud ha hecho impuro al Maestro. El Señor mismo provoca la confesión. Deliberadamente quiere que esta mujer que se escondía, saliera del anonimato. La obliga a darse a conocer para que entre en relación personal con Él. La hace pasar de la creencia mágica, a una fe verdadera. La fe es una relación personal con Jesús. Ahora si, Jesús “vuelve a darle”, la curación que había “robado”.
  • La fe es condición fundamental para que se obren los milagros. No es el contacto con su ropa lo que la salvó, sino el encuentro personal con Jesús a través de la fe.
  • Llegan entonces unos mensajeros para avisar que la niña ha muerto.
  • Jesús habla con el padre de la niña para pedirle que siga teniendo fe. Para Jairo es la prueba mayor. Cuando llegan, a pesar de que la liturgia de la muerte ya había comenzado, la fuerza del Reino de la vida ocupa su lugar. Jesús, toma a la niña de la mano y le ordena que se levante.
  • “Tu fe te ha salvado” y “No temas, solamente ten fe” son la clave de esta Buena Noticia. Jesús no nos pide otra cosa: tener fe. Y esto a veces sucede en situaciones de muerte y desesperantes. En esos momentos necesitamos escuchar que Él nos grita con fuerza: levántate, no te quedes ahí, no te dejes vencer por la muerte, Yo soy tu salvador, te estoy llamando, me estoy ocupando de tu vida, quiero que vivas, que andes en pie, que seas fuente de alegría y esperanza para todos.
  • Ante la enfermedad, como experiencia de debilidad y la muerte, como el gran interrogante, la Iglesia debe anunciar la respuesta positiva de Cristo. Ambas tienen en Cristo, no una solución del enigma, pero sí un sentido profundo. Dios nos tiene destinados a la salud y a la vida. Eso se nos ha revelado en Cristo Jesús y su promesa sigue en pie: “El que cree en mi, aunque muera, vivirá; el que me come tiene vida eterna”.
  • Alrededor de Jesús surge la vida, la muerte es vencida y los desesperanzados renacen. Por la fe, celebramos la vida nueva que surge de la muerte de Jesús, esperamos contra toda esperanza, que la vida es más fuerte que la muerte aunque esta aparezca siempre como más poderosa con el rostro de la violencia, el caos, el dolor. El misterio de la vida está siempre cercano a la muerte; y la vida está ligada esencialmente al amor, y el amar consiste en dar la vida, dando vida libremente hasta la muerte.
  • El odio, el egoísmo, la insolidaridad, la injusticia, la pasividad engendran muerte. Quién lucha contra las formas de muerte, crea y comunica vida. Quién arriesga su vida y corre la carrera que le toca, sin retirarse, cansarse, desanimarse; quien da su vida por amor, hace posible la esperanza y la vida de los otros. Sólo el amor crea vida y la devuelve a quien la ha perdido.

 

Para discernir

 

  • ¿Me acerco a Jesús buscando el encuentro o sólo interesadamente?

  • ¿Creo en su poder salvador?
  • ¿Acepto sus caminos y sus tiempos?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

…Fijamos nuestros ojos en Ti, Jesús…

 

Para la lectura espiritual

 

…”Vivir como cristianos significa creer que Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre y crucificado por nuestros pecados. Aunque conoció la muerte, no fue retenido por sus lazos, sino que se levantó de entre los muertos y resucitó, y vive ahora para siempre de la vida del Dios vivo. Al ofrecer su vida al Padre por nosotros, recibió el poder de recuperarla. La cruz de Jesús se ha convertido así, por la omnipotencia del amor divino, en la cruz gloriosa, victoriosa y vivificante. Ella es ahora para nosotros la fuente de todo bien, de toda alegría y de toda curación. Es el camino de la libertad, así como el único secreto de la verdadera esperanza. Es para nosotros la fuente de la vida.

Sólo si dirigimos una mirada apaciguada y renovada a Jesús en la cruz empezaremos a aprender el amor de nuestro Dios. Sí, la cruz de Jesús nos revela la misericordia infinita de Dios: Jesús, dando su vida por nosotros, nos muestra que Dios es amor (cf. 1 Jn 4,8b).

Mantener fija la mirada sobre Jesús en la cruz, con la sencillez de una oración contemplativa, significa estar en relación viva con el Hombre-Dios entregado por nosotros, por amor a nosotros. No se trata de un problema para debatir: es el fuego del amor divino que quiere purificar, iluminar, incendiar nuestro corazón de creyentes. A este respecto, nada nos prueba la realidad de este amor ofrecido como la sangre derramada de Jesús. Al derramar toda su sangre por nosotros, nos muestra Jesús que su muerte es verdaderamente la muerte de un hombre, una muerte que tuvo lugar al término de los sufrimientos que le infligió la violencia de los hombres y que fueron aceptados por él. Meditar sobre la sangre de Jesús significa descifrar la prueba de su amor, de su amor que se entregó libremente y sin resistencia alguna en manos de los pecadores”…

 

J.-P. van Schoote – J.-C. Sagne, Miseria y misericordia, Magnano 1992, pp. 46-48, passim.

 

Para rezar

 

Oración del enfermo para aceptar la enfermedad

 

Señor, me coloco delante de Ti en actitud de oración.

Sé que Tú me oyes, penetras y ves.

Sé que estoy en Ti y que tu fuerza está en mí.

Mira este cuerpo mío marcado por la enfermedad.

Tú sabes, Señor, cuánto me cuesta sufrir.

Sé que Tú no te alegras con el sufrimiento de tus hijos.

Dame, Señor, fuerza y coraje para vencer

los momentos de desesperación y de cansancio.

Conviérteme en paciente y comprensivo, simple y modesto.

En este momento, Te ofrezco todas mis preocupaciones,

angustias y sufrimientos, para que yo sea más digno de Ti.

Acepta Señor que yo una mis sufrimientos a los de tu Hijo Jesús que,

por amor a los hombres, dio la vida en lo alto de la cruz.

Y ahora yo te pido, Señor: ayuda a los médicos

y enfermeras a tener la misma dedicación

y amor a los enfermos. Amén.

 

Miércoles IV

 

Jesús se asombraba de su falta de fe

 

 

Lectura de la Carta a los Hebreos 12, 4-7.11-15

 

Después de todo, en la lucha contra el pecado, ustedes no han resistido todavía hasta derramar su sangre.

Ustedes se han olvidado de la exhortación que Dios les dirige como a hijos suyos: Hijo mío, no desprecies la corrección del Señor, y cuando te reprenda, no te desalientes.

Porque el Señor corrige al que ama y castiga a todo aquel que recibe por hijo.

Si ustedes tienen que sufrir es para su corrección; porque Dios los trata como a hijos, y ¿hay algún hijo que no sea corregido por su padre?

Es verdad que toda corrección, en el momento de recibirla, es motivo de tristeza y no de alegría; pero más tarde, produce frutos de paz y de justicia en los que han sido adiestrados por ella.

Por eso, que recobren su vigor las manos que desfallecen y las rodillas que flaquean.

Y ustedes, avancen por un camino llano, para que el rengo no caiga, sino que se cure.

Busquen la paz con todos y la santificación, porque sin ella nadie verá al Señor.

Estén atentos para que nadie sea privado de la gracia de Dios, y para que no brote ninguna raíz venenosa capaz de perturbar y contaminar a la comunidad.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 103 (102), 1-2.13-14.17-18

 

R: El amor del Señor a los que le temen, permanece para siempre.

 

Bendice, alma mía, al Señor,

y todo mi ser a su santo nombre.

Bendice, alma mía, al Señor,

y no olvides sus beneficios. R.

 

Como un padre siente ternura por sus hijos,

siente el Señor ternura por sus fieles;

porque él conoce nuestra masa,

se acuerda de que somos barro. R.

 

Pero la misericordia del Señor dura siempre,

su justicia pasa de hijos a nietos:

para los que guardan la alianza. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 6,1-6

 

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: “¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?” Y esto les resultaba escandaloso.

Jesús les decía: “No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.” No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar