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TIEMPO DE CUARESMA – SEMANA II – CICLO C

TIEMPO DE CUARESMA – CICLO C

DOMINGO II

 

Lunes de la semana II

 

Martes de la semana II

19 de marzo

Solemnidad de San José

Esposo de Santa María Virgen

 

Miércoles de la semana II

 

Jueves de la semana II

 

Viernes de la semana II

 

Sábado de la semana II

 

TIEMPO DE CUARESMA – CICLO C

DOMINGO II

 

Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Génesis     15, 5-12. 17-18


 

Dios llevó a Abraham afuera y continuó diciéndole: «Mira hacia el cielo y si puedes, cuenta las estrellas.» Y añadió: «Así será tu descendencia.»

Abraham creyó en el Señor, y el Señor se lo tuvo en cuenta para su justificación.

Entonces el Señor le dijo: «Yo soy el Señor que te hice salir de Ur de los caldeos para darte en posesión esta tierra.»

«Señor, respondió Abraham, ¿cómo sabré que la voy a poseer?»

El Señor le respondió: «Tráeme una ternera, una cabra y un carnero, todos ellos de tres años, y también una tórtola y un pichón de paloma.»

El trajo todos estos animales, los cortó por la mitad y puso cada mitad una frente a otra, pero no dividió los pájaros. Las aves de rapiña se abalanzaron sobre los animales muertos, pero Abraham las espantó.

Al ponerse el sol, Abraham cayó en un profundo sueño, y lo invadió un gran temor, una densa oscuridad. Cuando se puso el sol y estuvo completamente oscuro, un horno humeante y una antorcha encendida pasaron en medio de los animales descuartizados. Aquel día, el Señor hizo una alianza con Abraham diciendo: «Yo he dado esta tierra a tu descendencia, desde el Torrente de Egipto hasta el Gran Río, el río Eufrates.»


 

Palabra de Dios.


SALMO     Sal 26, 1. 7-8b. 8c-9. 13-14 (R.: 1a)


R. El Señor es mi luz y mi salvación.

 

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es el baluarte de mi vida,
¿ante quién temblaré?

¡Escucha, Señor, yo te invoco en alta voz,
apiádate de mí y respóndeme!
Mi corazón sabe que dijiste:
«Busquen mi rostro.»

Yo busco tu rostro, Señor,
no lo apartes de mí.
No alejes con ira a tu servidor,
tú, que eres mi ayuda;
no me dejes ni me abandones,
mi Dios y mi salvador.


 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Filipos   3, 17-4, 1


 

Sigan mi ejemplo, hermanos, y observen atentamente a los que siguen el ejemplo que yo les he dado. Porque ya les advertí frecuentemente y ahora les repito llorando: hay muchos que se portan como enemigos de la cruz de Cristo. Su fin es la perdición, su dios es el vientre, su gloria está en aquello que los cubre de vergüenza, y no aprecian sino las cosas de la tierra. En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, y esperamos ardientemente que venga de allí como Salvador el Señor Jesucristo. El transformará nuestro pobre cuerpo mortal, haciéndolo semejante a su cuerpo glorioso, con el poder que tiene para poner todas las cosas bajo su dominio.

Por eso, hermanos míos muy queridos, a quienes tanto deseo ver, ustedes que son mi alegría y mi corona, amados míos, perseveren firmemente en el Señor.


Palabra de Dios.


EVANGELIO

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas    9, 28b-36

 

Jesús tomó a Pedro, Juan y Santiago, y subió a la montaña para orar. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se volvieron de una blancura deslumbrante. Y dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecían revestidos de gloria y hablaban de la partida de Jesús, que iba a cumplirse en Jerusalén.

Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, pero permanecieron despiertos, y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él.

Mientras estos se alejaban, Pedro dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»

El no sabía lo que decía. Mientras hablaba, una nube los cubrió con su sombra y al entrar en ella, los discípulos se llenaron de temor. Desde la nube se oyó entonces una voz que decía:

«Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo.» Y cuando se oyó la voz, Jesús estaba solo.

Los discípulos callaron y durante todo ese tiempo no dijeron a nadie lo que habían visto.


Palabra del Señor.


 

Para reflexionar


 

  • Hoy el Génesis nos descubre a Abrahán como el primer creyente y el padre de todos los creyentes. Su  vivencia de fe tuvo que construirla desde la esperanza. La alianza que  Dios hace con él mira al futuro: así será tu descendencia, A tus descendientes les  daré esta tierra.

***

  • Para afianzar nuestra fe, san Pablo describe lo que es vivir  sin esperanza o vivir apoyado en ella. No viven en la esperanza quienes andan como enemigos de la cruz de Cristo o sólo  aspiran a cosas terrenas. Por el contrario, si apoyamos nuestra vida cristiana en la esperanza, somos ciudadanos del cielo.

***

  • La escena de la Transfiguración que nos trae el Evangelio  también hay que leerla en clave de esperanza. Si  los discípulos fueron testigos de la gloria de Cristo en el Tabor fue  para que no perdieran la fe durante la noche oscura de la Pasión.
  • El ministerio de Jesús, que se inicia en Galilea y llega a  Jerusalén para dar cumplimiento a su misión, está encuadrado entre el monte de la Transfiguración y el Calvario. El primero es el lugar de la manifestación de Dios en Jesús, que lleva a la plenitud la ley y los profetas. El  segundo es el lugar del ocultamiento, de la  entrega y de la muerte que sella la alianza definitiva. Los dos lugares  se complementan y señalan el sentido de la existencia cristiana. Hay  que subir al Tabor desde lo cotidiano de la vida para ver lejos, para no perder la perspectiva, para sostener la esperanza a lo largo del camino que inexorablemente pasa por la  cruz. Sin embargo, no tenemos que perder vista el Calvario sin  el cual el resplandor de la Transfiguración se convierte en fuegos artificiales y la esperanza en una pálida y transitoria ilusión.
  • Jesús descendió del Tabor para subir al  Calvario. Jesús descendió hasta el lugar mas bajo, a fin de poder ser hermano, prójimo y mediador de todos. No rechazó el camino de la cruz y no quiso vivir para sí y  para sus tres discípulos una gloria que quería alcanzar para todos los  hombres.
  • Hay que subir al Tabor para mirar la esperanza a la que fuimos llamados por el Dios fiel y alimentarla escuchando la Palabra del Hijo, palabra que viene de lo alto. Somos ciudadanos del cielo que tienen que bajar para emprender el camino de la vida  con esta palabra en el corazón, en los labios y en las manos.  Ser ciudadano del cielo, vivir en esperanza no significa vivir angélicamente, desarraigados del momento, sin preocuparnos por las cosas y las  personas;  muy por el contrario, es ser un hombre real y concreto que proyecta su vida desde valores que le permiten vivir el presente con intensidad  dando a cada acontecimiento el sentido verdadero.
  • La eternidad ha comenzado ya y esa vida futura que esperamos está  siendo modelada y condicionada por nuestra fe en el hoy de nuestra vida. Las ilusiones deben  dejar paso a las actitudes esperanzadas y transfigurantes. Sólo así el porvenir será ya realidad en el  presente.
  • El compromiso que brota de la esperanza en la vida definitiva que nos adelanta la transfiguración, el amor que viene de la fe y todo lo renueva: son formas reales de construir el reino transformando la historia. Lo que no se transfigura se desfigura y se corrompe.
  • Como discípulos de Jesús no podemos construirnos un mundo al margen de la sociedad. No podemos retirarnos a la conciencia individual o a la sacristía, no podemos refugiarnos en un grupo de almas selectas o en una comunidad de hermanos para sentirnos bien. Porque no existe el Tabor fuera del camino que va a Jerusalén, porque el mundo no es bueno si no es bueno para todos.
  • La cuaresma es como la vida. Es una pasión y está llena de sacrificios, de peligros, de obstáculos, de problemas. Pero no es una pasión inútil. No se vive sin esfuerzo. Pero para esforzarnos necesitamos tener alguna esperanza. Porque la esperanza, lejos de ser un estado de pasividad, es tensión y coraje, paso firme y aliento para el camino.


 

Para discernir


 

  • ¿Vivimos de ilusiones o de esperanzas?
  • ¿Sabemos saborear estas transfiguraciones de nuestra vida?
  • ¿Sabemos vivirlas con el corazón y darle gracias a Dios y a los demás?


 

Repitamos a lo largo de este día


 

Queremos escucharte nuevamente


 

Para la lectura espiritual


 

«Moisés y Elías, que aparecieron con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén»

 

Hoy, en lo alto del monte Tabor, aparece misteriosamente la condición de la vida futura y el Reino del gozo. Hoy, de manera sorprendente, los antiguos mensajeros de la Antigua y de la Nueva Alianza , portadores de un misterio lleno de paradoja, se reúnen en el monte junto a Dios. Hoy, en lo alto del Tabor, se esboza el misterio de la cruz que, a través de la muerte, da la vida: así como Cristo fue crucificado entre dos hombres en el monte Calvario, asimismo se levanta lleno de su majestad divina entre Moisés y Elías. La fiesta de hoy nos muestra este otro Sinaí, montaña tanto más preciosa que el Sinaí por sus maravillas y sus acontecimientos: por su teofanía sobrepasa las visiones divinas figuradas y oscuras…

¡Alégrate, oh Creador de todas las cosas, Cristo Rey, Hijo de Dios, resplandeciente de luz, que has transfigurado a tu imagen toda la creación y la has recreado de manera maravillosa…! ¡Y alégrate tú, oh imagen del Reino celestial, santísimo monte Tabor, que sobrepasas en belleza todos los montes! ¡Monte Gólgota y Monte de los Olivos, cantad juntos un himno y alegraos; cantad a Cristo con una sola voz en el monte Tabor y celebradlo todos juntos!

 

Anastasio del Sinaí

Homilía sobre la Transfiguración  

 
 

Para rezar


 

Estamos ante ti, Padre, como pueblo desfigurado

por los pecados de injusticia
cometidos contra las personas débiles y excluidas,

y en contra de la creación que nos has encomendado.
Ansiamos una transformación

que sea un don para gente plenamente viva.

Abre nuestros oídos al mensaje del Evangelio
de transformación de una sociedad

quebrada por divisiones de clase,

raza, género, cultura, origen y religión

a fin que podamos vivir transformados por una esperanza
que juntas y juntos podamos ir venciendo estas divisiones.

Ayúdanos a llegar a toda persona excluida,
a quien busca asilo, a quien necesita refugio…
a las personas desfiguradas

por el pecado social y estructural,
con el propósito de transformar su angustia y desesperación

en esperanza y paz.

Amén.


Frank Regan (Inglaterra-Perú)


Lunes de la semana II

 

Sean misericordiosos como el Padre

 

Lectura de la profecía de Daniel    9, 4b-10

 

¡Ah, Señor, Dios, el Grande, el Temible, el que mantiene la alianza y la fidelidad con aquellos que lo aman y observan sus mandamientos!

Nosotros hemos pecado, hemos faltado, hemos hecho el mal, nos hemos rebelado y nos hemos apartado de tus mandamientos y tus preceptos. No hemos escuchado a tus servidores los profetas, que hablaron en tu Nombre a nuestros reyes, a nuestros jefes, a nuestros padres y a todo el pueblo del país.

¡A ti, Señor, la justicia! A nosotros, en cambio, la vergüenza reflejada en el rostro, como les sucede en este día a los hombres de Judá, a los habitantes de Jerusalén y a todo Israel, a los que están cerca y a los que están lejos, en todos los países adonde tú los expulsaste, a causa de la infidelidad que cometieron contra ti.

¡A nosotros, Señor, la vergüenza reflejada en el rostro, y también a nuestros reyes, a nuestros jefes y a nuestros padres, porque hemos pecado contra ti! ¡Al Señor, nuestro Dios, la misericordia y el perdón, porque nos hemos rebelado contra él! Nosotros no hemos escuchado la voz del Señor, nuestro Dios, para seguir sus leyes, que él puso delante de nosotros por medio de sus servidores los profetas.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 78, 8. 9. 11 y 13 (R.: 102, 10a)

 

  1. Señor, no nos trates según nuestros pecados.

 

No recuerdes para nuestro mal

las culpas de otros tiempos;

compadécete pronto de nosotros,

porque estamos totalmente abatidos. R.

 

Ayúdanos, Dios salvador nuestro,

por el honor de tu Nombre;

líbranos y perdona nuestros pecados,

a causa de tu Nombre. R.

 

Llegue hasta tu presencia el lamento de los cautivos,

preserva con tu brazo poderoso

a los que están condenados a muerte. R.

 

Y nosotros, que somos tu pueblo

y las ovejas de tu rebaño,

te daremos gracias para siempre,

y cantaremos tus alabanzas

por todas las generaciones. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    6, 36-38

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.

Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Empezamos esta semana de Cuaresma con una oración penitencial puesta en labios de Daniel. Él reconoce la culpa del pueblo elegido, tanto del Sur como del Norte, tanto del pueblo como de sus dirigentes. No han hecho ningún caso de los profetas que Dios les envía: «hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos sido malos, nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus normas, hemos pecado contra ti».
  • Sin embargo por parte de Dios todo ha sido fidelidad. Daniel hace una emocionada confesión de la bondad de Dios: «Dios grande, que guardas la alianza y el amor a los que te aman… Al Señor Dios nuestro la piedad y el perdón».
  • Todo lo malo pasará; en cambio la fe de los fieles perdurará para siempre. La plegaria de Daniel se apoya, por entero, sobre esa misericordia de Dios. Esto permite no «descorazonarnos» cuando pensamos en nuestros pecados.

***

  • En la misma línea, la invitación que Jesús hace hoy, rompe el esquema y el comportamiento tradicional vivido hasta ese momento. En primera instancia, Jesús invita a todos a un amor generoso y universal, a fin de llegar a asemejarse del todo al Padre del cielo. De no ser así, sí actuamos como lo hacen los paganos y descreídos.
  • Jesús excluye de su programa todo tipo de venganza proponiendo tener una actitud contraria, nueva, diferente: el amor a los enemigos. Jesús sabe que el amor verdadero, el amor que humaniza, no puede ni debe depender del amor que se recibe del otro. El amor: sólo debe querer el bien del otro, la humanización, la felicidad y realización del otro, independientemente de lo que haga por mí.
  • Esta propuesta surge de la experiencia que Él tiene de Dios como Padre, lleno de ternura y de amor sin límites. Un Dios que acoge a todas las personas y que ama a todos pero de una forma especial a los empobrecidos y marginados de la sociedad. Un Dios que derrama su amor sin esperar nada a cambio, eso es la misericordia, eso es la fidelidad de Dios y su compromiso con todos sus hijos; a eso nos llama: a dar sin esperar respuesta, e incluso dispuestos a recibir a cambio desprecio, incomprensión y violencia.
  • Para poder alcanzar esta vivencia de Jesús, se hace necesario un proceso de conversión profunda, donde cada uno, por la fuerza del Espíritu, sea capaz de renunciar libremente a los falsos valores con los que el mundo manipula las conciencias, para dejarse moldear por el programa de Jesús. Y esto no consiste más que en permitir que nos abrace el amor del Padre para que la mente y el corazón se transformen, volviéndose compasivos y generosos como el Dios de la creación. Compasión que lejos de ser lástima o pena, es capacidad de estar con el otro y experimentar sus mismas necesidades para dar la respuesta oportuna. De esta forma cada hombre construye la medida con la que será recompensado por Dios. Medida de Dios, que es vivir nuestra fe como un amor sin medida, recibiendo un amor que nos desborda, que no lo podemos sujetar ni controlar sino solamente recibir, agradecer y entregar.

 

Para discernir

 

  • ¿Tenemos un corazón compasivo?
  • ¿Aprovechamos las ocasiones que tenemos para mostrarnos tolerantes, para no juzgar, ni condenar?
  • ¿Sentimos el llamado a no guardar rencor; a ser generosos, como Dios lo ha sido con nosotros?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Respóndeme, Señor Dios mío

 

Para la lectura espiritual

 

…Cuando gustamos desde dentro la misericordia de Dios, cuando experimentamos interiormente la suavidad del amor de Dios, algo pasa dentro de nosotros. Se disuelven hasta las peñas. Nos convertimos en criaturas que penetran de tal modo los misterios del Señor, de una comunión fraterna tal que se puede comprobar cuan verdadera es la bienaventuranza del Señor, que nos dice: “Dichosos los misericordiosos”. Cuando la misericordia es solamente fruto del cansancio, no digo que no tenga valor, pero manifiesta que todavía no me identifico con la misericordia que practico. Se reduce a un instrumento operativo, a un método de comportamiento. Pero cuando la misericordia recobra esa dimensión con la que me identifico, entonces soy dichoso. Entonces vivo el gozo de practicar la misericordia.

Y ésta es la razón por la que Dios es dichoso en su misericordia: no cansa ser misericordioso, depende de la perfección de su amor, de la plenitud de su amor. Estoy llamado a configurarme con mi Señor de tal modo que mi vida sea
un testimonio de la misericordia divina en la vida de los hermanos. Quizás hemos encontrado en nuestra vida personas que son de verdad signo de la misericordia de Dios. Hay personas que defienden siempre a todos, a todos juzgan buenos. He conocido varias en mi vida, y las recuerdo con gran gozo. Por ejemplo, un hermano. Aunque le pincharas para hacerle decir algo carente de misericordia, perdías el tiempo. Cuando una persona se identifica con la misericordia del Señor, todo es posible, y se es capaz de verdadera comunión con los otros. A primera vista parece que tiene que ser uno al que todo le resbala: no acusa a nadie, ni agravia a nadie, se deja coger todas las cosas por cualquiera. Pero los demás no pueden negarle nada. Tiene tal fascinación, que uno se convierte en una presencia incisiva en su vida. La serenidad interior de estas criaturas es admirable. Y la confianza en la bondad del Señor es absoluta en su vida espiritual.

También nosotros estamos llamados a identificarnos con el misterio de la misericordia del Señor, a vivirla con total serenidad, a ser en el mundo su continuación y sacramento…

 

A. Ballestrero, La santidad, Leumann 1986, 132-134, passim.

 

Para rezar

 

Salmo de alegría y esperanza

 

Con un corazón agradecido y

sincero quiero darte gracias

Tu Palabra es sincera y llena el corazón de alegría;

Tu amor es grandioso

y está iluminado de verdad;

Tú amas, Dios nuestro, la justicia toda la tierra está rociada

con la lluvia de tu bondad.

 

Dios, nos sentimos pequeños,

como granitos de arena, ante ti;

Tú tienes palabras de vida que no pasan;

palabras que se hacen acción;

solamente Tú, Señor, tienes poder

para hacer lo que dices.

 

Tus ojos llenos de amor y ternura

cuidan de la obra de tus manos,

todos los que esperamos en el triunfo de tu amor,

tendremos respuesta; porque Tú, oh Dios,

has liberado nuestra alma de la muerte

entregando en la cruz al hijo amado, al Enviado:

Él nos ha dado vida nueva y en Él te decimos: Abba, Padre.

 

Emilio Mazariegos

 

Martes de la semana II

19 de marzo

Solemnidad de San José

Esposo de Santa María Virgen

 

Misterio de amor

 

Lectura del segundo libro de Samuel    7, 4-5a. 12-14a. 16

 

Pero aquella misma noche, la palabra del Señor llegó a Natán en estos términos:

«Ve a decirle a mi servidor David: Así habla el Señor: Cuando hayas llegado al término de tus días y vayas a descansar con tus padres, yo elevaré después de ti a uno de tus descendientes, a uno que saldrá de tus entrañas, y afianzaré su realeza. El edificará una casa para mi Nombre, y yo afianzaré para siempre su trono real. Seré un padre para él, y él será para mí un hijo. Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí, y tu trono será estable para siempre.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 88, 2-3. 4-5. 27 y 29 (R.: 37)

 

R.     Su descendencia permanecerá para siempre.

 

Cantaré eternamente el amor del Señor,

proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones.

Porque tú has dicho: «Mi amor se mantendrá eternamente,

mi fidelidad está afianzada en el cielo. R.

 

Yo sellé una alianza con mi elegido,

hice este juramento a David, mi servidor:

“Estableceré tu descendencia para siempre,

mantendré tu trono por todas las generaciones.”» R.

 

El me dirá: «Tú eres mi padre,

mi Dios, mi Roca salvadora.»

Le aseguraré mi amor eternamente,

y mi alianza será estable para él. R.

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Roma    4, 13. 16-18. 22

 

Hermanos:

En efecto, la promesa de recibir el mundo en herencia, hecha a Abraham y a su posteridad, no le fue concedida en virtud de la Ley, sino por la justicia que procede de la fe.

Por eso, la herencia se obtiene por medio de la fe, a fin de que esa herencia sea gratuita y la promesa quede asegurada para todos los descendientes de Abraham, no sólo los que lo son por la Ley, sino también los que lo son por la fe. Porque él es nuestro padre común como dice la Escritura: Te he constituido padre de muchas naciones. Abraham es nuestro padre a los ojos de aquel en quien creyó: el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen.

Esperando contra toda esperanza, Abraham creyó y llegó a ser padre de muchas naciones, como se le había anunciado: Así será tu descendencia. Por eso, la fe le fue tenida en cuenta para su justificación.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    1, 16. 18-21. 24a

 

Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo.

Este fue el origen de Jesucristo:

María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.

Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados.»

Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado.

 

Palabra del Señor.

 

O bien:

 

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    2, 41-51a

 

Sus padres iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua.

Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre, y acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta. Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos. Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él.

Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Y todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas.

Al verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: «Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados.»

Jesús les respondió: « ¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?» Ellos no entendieron lo que les decía.

El regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • San José a quien hoy celebramos fue uno de esos hombres con capacidad de dejarse hablar, que es más que escuchar, capacidad de dejarse decir por Dios, dejarse nombrar.
  • Aunque ese incomprensible llamado, a los ojos de los hombres, sólo lleva desventajas, a los ojos de la fe, le revela a la Iglesia y al hombre, una cálida y cercana santidad que se va haciendo de pequeñas cosas, cotidianas, pero que tiene la marca de fuego de un hombre que cree; y porque cree, es capaz de la grandeza de dejar de lado su proyecto para hacer carne el proyecto de Dios, de abandonar la humana realización, para vivir la plenitud, la plenitud del encuentro con Dios.
  • Dios no lo llamó a algo extraordinario, sencillamente a ser “papá”, entrañable papá de su hijo en la vida pueblerina de Nazaret.
  • Pequeñez y grandeza que se va conjugando. Dios y hombre entremezclados.
  • Ese papá fue grabando en los ojos y el corazón de Jesús, las imágenes desde las cuales podrá hablarles a los hombres del abrazo fuerte y seguro del padre misericordioso. De la mano de José papá, Jesús aprendió a descubrir el milagro de la semilla que cae en la buena tierra, y de los jornaleros que esperan la paga, en ese papá, pudo ver el padre que se levanta a medianoche y que busca el pan para sus hijos.
  • En su “ser padre” cada día, José, vivió la promesa cumplida del encuentro con Dios.
  • Hoy en este día y en nuestra casa puesta bajo su protección, dejemos que San José nos inicie en el misterio del silencio, que se hace espacio sagrado de oración, donde el mismo Dios vaya pronunciando sus palabras. Que El nos revele la grandeza y la hermosura, de hacer con sencillez y amor las pequeñas cosas de cada día.
  • Qué El nos enseñe la fecundidad de la simpleza de lo cotidiano, con el corazón y la mirada puestas en Dios, que pasa por la historia y la hace historia de salvación.

 

Para discernir

 

  • ¿Valoro el trabajo cotidiano hecho con responsabilidad y amor?
  • ¿Estoy atento a la voz de Dios que me habla en la vida cotidiana?
  • ¿Soy capaz de sacrificios?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Las manos en el trabajo, y el corazón en Dios

 

Para la lectura espiritual

 

Un gran misterio de amor

 

…Hoy contemplamos a José, esposo de la Virgen, protector del Verbo encarnado, hombre de trabajo diario, depositario del gran misterio de la salvación.

Precisamente este último aspecto ponen de relieve las lecturas bíblicas que acabamos de escuchar y que nos permiten comprender cómo fue introducido san José por Dios en el designio salvífico de la Encarnación. «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3, 16). Este es el don inconmensurable de la salvación; esta es la obra de la redención.

Como María, también José creyó en la palabra del Señor y fue partícipe de ella. Como María, creyó que este proyecto divino se realizaría gracias a su disponibilidad. Y así sucedió: el Hijo eterno de Dios se hizo hombre en el seno de la Virgen Madre.

Sobre Jesús recién nacido, luego niño, adolescente, joven y hombre maduro, el Padre eterno pronuncia las palabras del anuncio profético que hemos escuchado en la primera lectura: «Yo seré para él padre y él será para mí hijo» (2 S 7, 14). A los ojos de los habitantes de Belén, Nazaret y Jerusalén, el padre de Jesús es José. Y el carpintero de Nazaret sabe que, de algún modo, es exactamente así. Lo sabe, porque
cree en la paternidad de Dios y es consciente de haber sido llamado a compartirla en cierta medida (cf. Ef 3, 14-15). Y hoy la Iglesia, al venerar a san José, elogia su fe y su total docilidad a la voluntad divina…

 

De la Homilía de San Juan Pablo II en la solemnidad de San José – 19 de marzo de 1998

 

Para rezar

 

José, santo del silencio.

No del silencio de apocamiento, de complejo, de timidez

o del silencio despectivo o resentido.

Tu silencio José es el silencio respetuoso

que escucha a los demás,

que mide prudentemente sus palabras.

Es el silencio necesario para encauzar la vida hacia dentro,

para meditar y conocer la voluntad de Dios.

José, sos el santo que trabaja y ora.

Trabajás bajo la mirada de Dios que no estorba la tarea,

sino que ayuda a hacerla con mayor perfección.

Mientras manejabas la maza y la sierra, tu corazón estaba unido a Dios,

que tan cerca tenías en tu mismo taller.

Enseñanos la sabiduría de la entrega generosa y en silencio,

cuidá nuestra familias y suscitá en muchos

el deseo de seguir los pasos de tu Hijo

en la entrega total al servicio del Reino.

 

Miércoles de la semana II

 

El que quiera ser primeo que se haga servidor

 

Lectura del libro del profeta Jeremías    18, 18-20

   

Ellos dijeron: « ¡Vengan, tramemos un plan contra Jeremías, porque no le faltará la instrucción al sacerdote, ni el consejo al sabio, ni la palabra al profeta! Vengan, inventemos algún cargo contra él, y no prestemos atención a sus palabras.»

¡Préstame atención, Señor, y oye la voz de los que me acusan! ¿Acaso se devuelve mal por bien para que me hayan cavado una fosa? Recuerda que yo me presenté delante de ti para hablar en favor de ellos, para apartar de ellos tu furor.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 30, 5-6. 14. 15- 16 (R.: 17b)

 

R.    Sálvame, Señor, por tu misericordia.

 

Sácame de la red que me han tendido,

porque tú eres mi refugio.

Yo pongo mi vida en tus manos:

tú me rescatarás, Señor, Dios fiel. R.

 

Oigo los rumores de la gente

y amenazas por todas partes,

mientras se confabulan contra mí

y traman quitarme la vida. R.

 

Pero yo confío en ti, Señor,

y te digo: «Tú eres mi Dios,

mi destino está en tus manos.»

Líbrame del poder de mis enemigos

y de aquellos que me persiguen. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    20, 17-28

 

Cuando Jesús se dispuso a subir a Jerusalén, llevó consigo sólo a los Doce, y en el camino les dijo: «Ahora subimos a Jerusalén, donde el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas. Ellos lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos para que sea maltratado, azotado y crucificado, pero al tercer día resucitará.»

Entonces la madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús, junto con sus hijos, y se postró ante él para pedirle algo.

« ¿Qué quieres?», le preguntó Jesús.

Ella le dijo: «Manda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.»

«No saben lo que piden», respondió Jesús. « ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé?»

«Podemos», le respondieron.

«Está bien, les dijo Jesús, ustedes beberán mi cáliz. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes se los ha destinado mi Padre.»

Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: «Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo: como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Jeremías había denunciado los pecados del pueblo y, en especial, los pecados de los jefes del pueblo, de los representantes oficiales de la ley religiosa; era su deber como profeta, y lo hacía en nombre de Dios para suscitar la conversión.
  • La lectura nos describe el complot contra Jeremías, por parte de sus hermanos de raza y de fe, por los cuales ha intercedido el profeta. Lo acusan de “perturbador del orden” y lo espían para sorprenderlo en algo de qué acusarlo, y de ese modo acabar con él y desentenderse de su palabra porque no pueden dejar de reconocerlo como profeta. La súplica que dirige a Dios en esta circunstancia, es el clamor del justo que se ve perseguido a causa de la misión que Dios le ha confiado.
  • El profeta se lamenta ante Dios de que los mismos a quienes él sirve con la palabra y por quienes intercede, ahora lo persiguen.

***

  • Jesús y sus discípulos suben a Jerusalén que era el centro del poder judío. En este camino, Jesús les advierte a sus discípulos que le espera la muerte, al igual que todo aquel que asumiendo su causa con radicalidad anuncia el Reino de Dios. Este es el tercero de los anuncios que hace de su pasión a sus asustados seguidores, que no entienden o no quieren entender que el Hijo del Hombre ha venido a dar su vida por muchos.
  • Los discípulos de Jesús estaban convencidos de que el mesianismo de Jesús era la inauguración de un tiempo de fortalecimiento político y militar. Los criterios de aquellos apóstoles eran exactamente los criterios de este mundo: el poder, el prestigio, el éxito humano; y no habían entendido que el mesianismo de Jesús iba por el servicio y la entrega al hermano, dando incluso la vida si fuera necesario.
  • La madre de los Zebedeo, le pide a Jesús que otorgue puestos importantes a sus hijos en el “reino” que Jesús iba a iniciar. Ella estaba imaginando el Reino al estilo del reino de David.
  • Jesús se ve precisado a enseñar que es necesario, cambiar los esquemas que tienen hasta ahora, para dar paso a la novedad del Evangelio y a la fuerza del Espíritu, para que sea posible una nueva sociedad en la que todos sean hermanos entre sí, hijos de un Padre común. Esa nueva realidad será posible con un «nuevo espíritu» que haga que los hombres busquen ser los primeros en ser servir. Todo esto Jesús lo predica con su palabra, con su vida y sus hechos. La indignación de los otros diez es porque ellos esperaban lo mismo para sí. Ante el triunfalismo de sus seguidores, Jesús les promete que enfrentarán su misma prueba. Por otro lado, el “lugar” pedido, sólo depende del juicio del Padre, y se realizará sobre la base de la asimilación del proyecto del reino de Jesús, realizada por cada uno.
  • En nuestro camino de preparación de la Pascua se nos propone hoy el modelo de Cristo Jesús, que camina decididamente en el cumplimiento de su misión. Va camino de la cruz y de la muerte, el camino de la solidaridad y de la salvación de todos. «No ha venido a ser servido, sino a dar la vida por los demás». Se trata de otro tipo de preeminencia, la del servicio, que impulsa a la búsqueda del último lugar.
  • En este mundo, en el que se busca contemporizar y seguir las consignas de búsqueda del bienestar personal, independientemente de lo que vive el resto; el camino de la Pascua es camino de vida nueva, de renuncia al mal, de imitación de un Cristo que se entrega totalmente, que nos enseña no a buscar los primeros puestos, sino a ser los servidores de los demás. Estas son las leyes del nuevo Reino presentes y vivas en la conciencia y en la práctica de Jesús.
  • En este Evangelio encontramos una serie de características que tiene que tener nuestra vida de discípulos: estar dispuestos a servir a los demás, estar dispuestos a beber el cáliz del Señor, y estar dispuestos a ir con Cristo, como corredentores, por el bien de los todos los hombres.
  • Nuestro camino hacia la Gloria tendrá que pasar, necesariamente, por la cruz de cada día. Aún los actos más pequeños y aparentemente insignificantes, deben contribuir para que el anuncio del Evangelio llegue a todos. Si queremos ser importantes, tal vez no ante los hombres pero sí ante Dios, convirtámonos en servidores fieles del Evangelio que se nos ha confiado.

 

Para discernir

    
 

  • ¿A qué lugares aspiro en la vida?
  • ¿Cómo busco conseguirlos?
  • ¿Qué espacio le doy al amor y al servicio?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

En tus manos encomiendo mi espíritu

 

Para la lectura espiritual

 

…La ley de Cristo sólo puede vivirse por corazones mansos y humildes. Cualquiera que sean sus dones personales y su puesto en la sociedad, sus funciones o sus bienes, su clase o su raza, los cristianos permanecen como personas humildes: pequeños.

Pequeños ante Dios, porque son creados por Él y de Él dependen. Cualquiera que sea el camino de la vida o de sus bienes, Dios está en el origen y fin de toda cosa. Mansos como niños y débiles y amantes, cercanos al Padre fuerte y amante. Pequeños porque están ante Dios, porque saben pocas cosas, porque son limitados en conocimiento y amor, porque son capaces de muy poco. No discuten la voluntad de Dios en los acontecimientos que suceden ni lo que Cristo ha mandado hacer: en tales acontecimientos, sólo cumplen la voluntad de Dios.

Pequeños ante los hombres. Pequeños, no importantes, no superhombres: sin privilegios, sin derechos, sin posesiones, sin superioridad. Mansos, porque son tiernamente respetuosos con lo creado por Dios y está maltratado o lesionado por la violencia. Mansos, porque ellos mismos son víctimas del mal y están contaminados por el mal. Todos tienen la vocación de perdonados, no de inocentes. El cristiano es lanzado a la lucha. No tiene privilegios. No tiene derechos. Tiene el deber de luchar contra la desdicha, consecuencia del mal. Por esta razón, sólo dispone de un arma: su fe. Fe que debe proclamar, fe que transforma el mal en bien, si sabe acoger el sufrimiento como energía de salvación para el mundo; si morir para él es dar la vida; si hace suyo el dolor de los demás.

En el tiempo, por su palabra y sus acciones, a través de su sufrimiento y su muerte, trabaja como Cristo, con Cristo, por Cristo…

 

M. Delbrél, La alegría de creer, Santander 1997.

 

Para rezar

 

Hijo, habla así en cualquier cosa:

Señor, si te agrada, hágase esto así.

Señor, si es honra tuya, hágase esto en tu nombre.

Señor, si ves que lo que me conviene

y hallas que me es provechoso,

concédemelo, para que use de ello a honra tuya.

Más si conoces que puede hacerme daño

y nada provechoso a la salvación de mi alma,

desvía de mí tal deseo.

Porque no todo deseo procede del Espíritu Santo,

aunque parezca justo y bueno al hombre.

Dame lo que quieras, y cuanto quieras y cuando quieras.

Haz conmigo como lo que sabes, y como más desees,

y sea para mayor honra tuya.

 

Adap.de la Imitación de Cristo, III, 15,1-2.

 

Jueves de la semana II

 

Bendito el que confía en el Señor

 

Lectura del libro del profeta Jeremías    17, 5-10

 

Así habla el Señor: ¡Maldito el hombre que confía en el hombre y busca su apoyo en la carne, mientras su corazón se aparta del Señor! El es como un matorral en la estepa que no ve llegar la felicidad; habita en la aridez del desierto, en una tierra salobre e inhóspita.

¡Bendito el hombre que confía en el Señor y en él tiene puesta su confianza! El es como un árbol plantado al borde de las aguas, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme cuando llega el calor y su follaje se mantiene frondoso; no se inquieta en un año de sequía y nunca deja de dar fruto.

Nada más tortuoso que el corazón humano y no tiene arreglo: ¿quién puede penetrarlo? Yo, el Señor, sondeo el corazón y examino las entrañas, para dar a cada uno según su conducta, según el fruto de sus acciones.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6 (R.: 39, 5a)

 

R.    ¡Feliz el que pone en el Señor toda su confianza!

 

¡Feliz el hombre

que no sigue el consejo de los malvados,

ni se detiene en el camino de los pecadores,

ni se sienta en la reunión de los impíos,

sino que se complace en la ley del Señor

y la medita de día y de noche! R.

 

El es como un árbol

plantado al borde de las aguas,

que produce fruto a su debido tiempo,

y cuyas hojas nunca se marchitan:

todo lo que haga le saldrá bien. R.

 

No sucede así con los malvados:

ellos son como paja que se lleva el viento.

Porque el Señor cuida el camino de los justos,

pero el camino de los malvados termina mal. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    16, 19-31

 

Jesús dijo a los fariseos:

«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino finísimo y cada día hacía espléndidos banquetes. A su puerta, cubierto de llagas, yacía un pobre llamado Lázaro, que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamer sus llagas.

El pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. El rico también murió y fue sepultado.

En la morada de los muertos, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro junto a él. Entonces exclamó: “Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en el agua y refresque mi lengua, porque estas llamas me atormentan.”

“Hijo mío, respondió Abraham, recuerda que has recibido tus bienes en vida y Lázaro, en cambio, recibió males; ahora él encuentra aquí su consuelo, y tú, el tormento. Además, entre ustedes y nosotros se abre un gran abismo. De manera que los que quieren pasar de aquí hasta allí no pueden hacerlo, y tampoco se puede pasar de allí hasta aquí.”

El rico contestó: “Te ruego entonces, padre, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos: que él los prevenga, no sea que ellos también caigan en este lugar de tormento.”

Abraham respondió: “Tienen a Moisés y a los Profetas; que los escuchen.”

“No, padre Abraham, insistió el rico. Pero si alguno de los muertos va a verlos, se arrepentirán.”

Abraham respondió: “Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán.”»

 

Palabra del Señor.


 

Para reflexionar

 

  • El desierto es el símbolo de la desgracia, es el lugar maldito donde no es posible desarrollarse, la tierra árida que engendra muerte. El hombre sin Dios es como un desierto, vacío dice el profeta, desde esta meditación sapiencial.
  • Como contrapartida proclama bendito aquel que pone su esperanza en el Señor, pues no será defraudado. Es maldito quien pone su confianza en el hombre, en las propias fuerzas.
  • Dios quiere la vida, quiere la felicidad, quiere bendición para todos.
  • Las orillas del agua, echar sus raíces hacia la corriente, no temer el calor; el follaje verde, el fruto continuo son símbolos de alegría, de fecundidad, de solidez, de vida: El justo es comparado a un árbol frutal corpulento lleno de frutos sabrosos.

***

  • Esta historia en forma de parábola tiene sus raíces en la vida misma del pueblo. Ya en ese tiempo se daban muchas desigualdades, injusticias, gente demasiado rica y gente demasiado pobre. Jesús ha visto hombres ricos vestidos de púrpura y lino finísimo, teniendo cada día espléndidos banquetes. Este rico puso toda su confianza en lo humano. Lo apostó todo a la riqueza, al placer, a disfrutar a consumir y sacar provecho.
  • También Jesús ha visto estos mendigos tirados en las puertas de la ciudad cubiertos de llagas, deseando saciarse con las migajas que caían de la mesa de los ricos y a los perros lamiéndoles las llagas.
  • Murió el mendigo y se lo llevaron los ángeles; al pobre se le promete la felicidad. Murió también el rico y estaba en los tormentos. Esta suerte injusta no durará siempre: Jesús anuncia un día, un porvenir en el que los egoísmos y las injusticias ya no existirán.
  • La misma situación existe siempre. Hay siempre grandes fortunas, gente que gasta de un modo escandaloso… y a la vez pobres que no tienen lo necesario para vivir humanamente.
  • Jesús nos pide que no nos habituemos a esta situación. No dice que la riqueza sea un mal en sí, pero lleva en sí misma el riesgo de “cerrar el corazón a Dios”, que nos contentemos con la felicidad de esta vida y olvidemos lo que es esencial. La riqueza comporta el riesgo de “cerrar el corazón a los demás” y no ver al pobre tendido delante de nuestra puerta.
  • El egoísmo de muchos “ricos”, su seguridad, su cerrazón del corazón, acaban por hacerlos “incapaces de leer los signos de Dios”. La muerte no les dice nada; ni la resurrección de un muerto llegará a convencerlos. Han perdido el hábito de ver los “signos” que Dios les hace en su vida ordinaria. Reclamar “signos” es un pretexto para no escuchar y vivir la “palabra de Dios”, que no cesa de hablar desde la realidad.
  • Las palabras de Jesús pretenden enseñar a la comunidad cómo es necesario ir construyendo el Reino poniendo aquí sus señales. Porque el Reino empieza a acontecer cuando se rompe la barrera de las apariencias, conveniencias, legalismo, divisiones que no producen vida; y se logra vivir la misericordia y la solidaridad con todos. Las cosas hay que hacerlas en este mundo, después ya no tiene sentido.
  • Este relato evangélico, pretende formar la conciencia de la comunidad para una superación de las divisiones, y para que testimonie que es posible un mundo donde todos vivamos como hermanos, con la misma dignidad, y donde todos compartamos los mismos bienes de la creación.
  • No hemos sido creados para este mundo pasajero y limitado, sino para la vida eterna. No tenemos que esperar el juicio escatológico de Dios, para empezar a cimentar nuestra sociedad, con principios de igualdad y justicia que brotan de nuestro ser hijos de Dios.

 

Para discernir

 

  • ¿Dónde está centrada mi mirada? ¿Puedo mirar más allá de mis aparentes necesidades?
  • ¿Puedo descubrir que hay una realidad más amplia que el mundo de mis gratificaciones? ¿Descubro los Lázaros que me gritan en busca de una respuesta?
  • ¿Mi caridad con los otros es simplemente institucional, puntual o la siento como un compromiso del corazón?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Dichosos los invitados a la mesa del Señor

 

Para la lectura espiritual

 

…Quien sabe olvidarse y perderse en la ofrenda de sí mismo, quien puede sacrificar “gratuitamente” su corazón, es un hombre perfecto. En el lenguaje bíblico, poderse dar, poder entregarse, poder llegar a ser “pobre”, significa estar cerca de Dios, encontrar la propia vida escondida en Dios; en una palabra, esto es el cielo. Girar sólo alrededor de uno mismo, atrincherarse y hacerse fuerte significa, por el contrario, condenación, infierno. El hombre puede encontrarse a sí mismo y llegar a ser verdaderamente hombre solamente atravesando el dintel de la pobreza de un corazón sacrificado. Este sacrificio no es un vago misticismo que hace perder consistencia al mundo y al hombre, sino, al contrario, es una toma de consideración del hombre y del mundo. Dios mismo se ha acercado a nosotros como hermano, como prójimo; en resumen, como otro hombre cualquiera [...].

El amor al prójimo no es algo distinto del amor a Dios, sino, por así decir, su dimensión que nos toca, su aspecto terreno: ambas realidades son esencialmente una sola. Así queda garantizado nuestro espíritu de pobreza, nuestra disposición a la donación y al sacrificio desinteresado, por el que actualizamos nuestro ser humanos, siempre y necesariamente en relación con el hermano, con el prójimo. Dichoso el hombre que se ha puesto al servicio del hermano, que hace suyas las necesidades de los demás. Y desdichado el hombre que con su rechazo egoísta del hermano se ha cavado un abismo tenebroso que lo separa de la luz, del amor y de la comunión; el hombre que solamente ha deseado ser “rico” y “fuerte”, de suerte que los demás sólo constituyan para él una tentación, el enemigo, condición y componente de su infierno. En el sacrificio que se olvida totalmente de sí, en la donación total al otro es donde se abre y se revela la profundidad del misterio infinito; en el otro, el hombre llega contemporáneamente y realmente a Dios…

 

J. B. Metz, Pobreza en el espíritu., Brescia 1968, 42-45.

 

Para rezar

 

¡Feliz de ti!

¡Feliz de ti si tienes hambre y sed de justicia!

Feliz de ti si creces y luchas

buscando los valores de la justicia,

en medio del mezclado torbellino,

de bien y de mal, que te rodea desde afuera

y que te perturba desde adentro.

 

Feliz de ti si no terminas siendo víctima y cómplice

de las injusticias que te cercan;

si no te dejas alienar en superficialidad

del confort y del consumo,

de la propaganda y de la moda…,

mientras otros luchan y sufren

por el pan de cada día.

 

Feliz de ti si creces sensible a las necesidades

de tus hermanos;

si creces solidario con los otros;

si sientes y aceptas el desafío

de sentirte responsable de los otros…

 

Feliz de ti si la justicia se constituye

en un ideal para tu vida

de manera que no sólo te rebeles

cuando te alcanza y te hiere a ti,

sino también cuando golpea a tus hermanos.

 

Viernes de la semana II

 

Arrendará la viña a quienes le entreguen fruto

 

Lectura del libro del Génesis    37, 3-4. 12-13a. 17b-28

 

Israel amaba a José más que a ningún otro de sus hijos, porque era el hijo de su vejez, y le mandó hacer una túnica de mangas largas. Pero sus hermanos, al ver que lo amaba más que a ellos, le tomaron tal odio que ni siquiera podían dirigirle el saludo.

Un día, sus hermanos habían ido hasta Siquém para apacentar el rebaño de su padre. Entonces Israel dijo a José: «Tus hermanos están con el rebaño en Siquém. Quiero que vayas a verlos.»

José fue entonces en busca de sus hermanos, y los encontró en Dotán.

Ellos lo divisaron desde lejos, y antes que se acercara, ya se habían confabulado para darle muerte. «Ahí viene ese soñador», se dijeron unos a otros. « ¿Por qué no lo matamos y lo arrojamos en una de esas cisternas? Después diremos que lo devoró una fiera. ¡Veremos entonces en qué terminan sus sueños!»

Pero Rubén, al oír esto, trató de salvarlo diciendo: «No atentemos contra su vida.» Y agregó: «No derramen sangre. Arrójenlo en esa cisterna que está allá afuera, en el desierto, pero no pongan sus manos sobre él.» En realidad, su intención era librarlo de sus manos y devolverlo a su padre sano y salvo.

Apenas José llegó al lugar donde estaban sus hermanos, estos lo despojaron de su túnica -la túnica de mangas largas que llevaba puesta- , lo tomaron y lo arrojaron a la cisterna, que estaba completamente vacía. Luego se sentaron a comer.

De pronto, alzaron la vista y divisaron una caravana de ismaelitas que venían de Galaad, transportando en sus camellos una carga de goma tragacanto, bálsamo y mirra, que llevaban a Egipto.

Entonces Judá dijo a sus hermanos: « ¿Qué ganamos asesinando a nuestro hermano y ocultando su sangre? En lugar de atentar contra su vida, vendámoslo a los ismaelitas, porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne.» Y sus hermanos estuvieron de acuerdo.

Pero mientras tanto, unos negociantes madianitas pasaron por allí y retiraron a José de la cisterna. Luego lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas de plata, y José fue llevado a Egipto.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 104, 16-17. 18-19. 20-21 (R.: 5a)

 

R.    Recuerden las maravillas que obró el Señor.

 

El provocó una gran sequía en el país

y agotó todas las provisiones.

Pero antes envió a un hombre,

a José, que fue vendido como esclavo. R.

 

Le ataron los pies con grillos

y el hierro oprimió su garganta,

hasta que se cumplió lo que él predijo,

y la palabra del Señor lo acreditó. R.

 

El rey ordenó que lo soltaran,

el soberano de pueblos lo puso en libertad;

lo nombró señor de su palacio

y administrador de todos sus bienes. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    21, 33-46

 

Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

«Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero.

Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos. Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon. El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera.

Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: “Respetarán a mi hijo.” Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: “Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia.” Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron.

Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?»

Le respondieron: «Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo.»

Jesús agregó: « ¿No han leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos?

Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos.»

Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos. Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • La narración del Génesis quiere explicar de modo simbólico la historia de la tribu de José y el lugar especial que ocupaban sobre las demás tribus. En los planes de Dios, José estaba destinado a ser la salvación de su pueblo, pero antes tiene que pasar por la prueba y la mortificación. La envidia y el odio de sus hermanos, traza el camino que Dios utilizará para salvar a toda su familia.
  • No es que Dios necesite ese odio para realizar esa salvación, pero una vez que el mal se instala, existe y actúa; en eso y a pesar de eso, Dios actúa y se sirve de acontecimientos aparentemente contrarios a su proyecto, para llevarlo adelante.
  • José, traicionado por sus hermanos, será quien los salvará, cuando venga el hambre, y vayan a Egipto donde encontrarán al hermano que vendieron convertido en el hombre fuerte del país.

***

  • La parábola que presenta el evangelio va en la misma dirección y con muchos puntos en común: los labradores homicidas se comportan como los hermanos de José.
  • Jesús habla de un «hijo» enviado para cosechar los frutos de una viña, y que los viñadores matan, para quitárselo de encima. Es el anuncio de su propia muerte.
  • Los viñadores son las autoridades del pueblo que no han dado los frutos oportunos, el amo arrendará la viña a “otros labradores”. Sin embargo la perseverancia de Dios va hasta el final. Sacrifica lo que es más precioso para Él: “De tal manera ha amado Dios al mundo que le ha enviado su propio hijo”. Todo el texto es una alegoría que subraya que la buena noticia de Jesús, dirigida en primer término al pueblo de Israel, será dada a todos los pueblos. En apariencia es un fracaso absoluto de Dios, pero de hecho, su victoria más grande.
  • En el camino de la Cuaresma, los dos relatos bíblicos nos “hablan” de Jesús. También Él, igual que José es un soñador. Amado por el Padre, sueña con hacer ver a todos los seres humanos su condición de hijos de Dios. Sueña con un mundo en el que el reinado de Dios acabe con la violencia, la injusticia, la inhumanidad. Pero no se limita a soñar. Entrega su vida, como gesto real y concreto que permita descubrir el Dios que de la muerte hace surgir la vida. En la parábola de la viña, Jesús concreta su propia historia de amor y marca la pauta para la historia de cuántos quieran seguir sus pasos.
  • Nuestro camino de Pascua supone también aceptar la cruz de Cristo. Convencidos de que, como Dios escribe derecho en renglones torcidos; también nuestro dolor o nuestra renuncia, como los de Cristo, conducen a la vida. Ser cristiano no es esencialmente la aceptación de una doctrina, sino de una Persona, Jesucristo en la totalidad de su mensaje y de su vida, con sus criterios y su modo de ser en lo cotidiano, que se hace portador de salvación.
  • Por experiencia sabemos que seguir a Jesús con radicalidad no es fácil. La ambigüedad de nuestro propio corazón, el miedo a la oposición y a la incomprensión; la tentación del cansancio y del desaliento están agazapadas para llevarnos a desistir del evangelio cuando no vemos resultados inmediatos de nuestro trabajo y nuestra entrega.
  • Sin embargo, el Señor nos confirma desde la vida de tantos hombres y mujeres que han trabajado y trabajan para que este mundo no sucumba a merced del pecado, la injusticia y el desamor, que “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular”.
  • La convicción de esta verdad, el triunfo del amor al estilo de Jesús, es lo que guía y anima a los discípulos de Jesús a ser constructores activos de un mundo que viva desde la novedad del reino. Ese es el “milagro patente” que Dios puede hacer con nosotros, si nos abandonamos a la fuerza de su Palabra y respondemos con generosidad a su invitación.
  • Lo “sumos sacerdotes y los fariseos” no aprovecharon esta oportunidad, y nosotros no estamos exentos de repetir la historia. El llamado es a construir una nueva historia, más humana, más fraterna, más evangélica. Los frutos nos irán diciendo si estamos sembrando un Evangelio parcial, a medida, de temor y acostumbramiento mediocre, o el Evangelio del Reino de la vida, del amor, “el derecho, la verdad, la solidaridad y la justicia”.
  • Este tiempo de cuaresma es un tiempo de gracia para mirar como administro los bienes y los dones que Dios me ha dado.

 

Para discernir

 

  • ¿Cuál es el fruto que Dios espera de mí?
  • ¿Cuál es el fruto que mi vida necesita para que sea fecunda?
  • ¿Acepto la poda o prefiero muchas veces destruir la viña?
  • ¿Qué sacrificio quiero que Dios por su gracia transfigure?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Me ha revestido con un traje de salvación

 

Para la lectura espiritual

 

…”La única realidad inquebrantable en la historia de José, que no se ha perdido, aunque se haya olvidado, incomprendida, no asumida conscientemente, es el amor de Jacob. El amor de Jacob que vive en los hijos y no puede ser pisoteado, muerto, olvidado, porque resucitará en los mismos hijos como amor fraterno. Existe un valor, al que podemos llamar “el valor”, que está en el fondo de todos los deseos, de todos los esfuerzos, de toda la actividad humana, y es el amor del Padre, el amor con que crea a todo hombre. El hombre puede vivir desvinculado de este amor, incluso negando este amor, pero nunca podrá destruirlo, porque es un valor que resucita siempre; es la realidad que actúa en la pascua. A veces hablamos acaloradamente sobre los valores, pero la historia de José nos dice que cada
valor es valor si crece a
partir de este único valor fundante que es el amor del Padre vivido en los hijos, resucitado en los hermanos. Un valor es valor si ayuda a las personar a adherirse libremente al organismo de la fraternidad de todos los hombres.

Lo que no ayuda a la libre adhesión, a la fraternidad, a la comunicación cada vez más universal, a descubrir la unidad del amor que crea a todos y que se ejercita al reconocerse uno al otro, no es valor; es ilusión, engaño, una especie de idolatría cultural. Al final de la historia de José, en una carestía, en una tragedia fratricida a la que lleva una falsa cultura, emerge una cultura del amor o, mejor, una cultura entendida como un tejido en el que la actividad humana, su creatividad, respira y recibe vida del único valor indestructible, que es el amor del Padre y mueve el universo hacia una filiación y fraternidad consciente”…

 

M. I. Rupnik, “Busco a mis hermanos”. Lectio divina de José en Egipto, Roma 1998, 106s.

 

Para rezar

 

Oración de San Francisco

 

Señor; haz de mi un instrumento de tu paz.

Donde haya odio pueda yo amar,

donde haya ofensa ponga yo perdón,

donde haya discordia ponga yo unión,

donde haya duda ponga yo seguridad.

Donde haya desesperación, ponga yo esperanza.

Donde haya tinieblas ponga yo luz.

Donde haya tristeza ponga yo alegría.

Oh Maestro

que no busque tanto ser consolado como consolar

ser comprendido como comprender

ser amado como amar.

Porque es dando que se recibe

es olvidando que se encuentra

es perdonando que se perdona

es muriendo que se nace a la vida eterna.

 

Sábado de la semana II

 

Arrojarás en lo más profundo del mar nuestros pecados

 

Lectura de la profecía de Miqueas    7, 14-15. 18-20

 

Apacienta con tu cayado a tu pueblo, al rebaño de tu herencia, al que vive solitario en un bosque, en medio de un vergel. ¡Que sean apacentados en Basán y en Galaad, como en los tiempos antiguos! Como en los días en que salías de Egipto, muéstranos tus maravillas.

¿Qué dios es como tú, que perdonas la falta y pasas por alto la rebeldía del resto de tu herencia? El no mantiene su ira para siempre, porque ama la fidelidad.

El volverá a compadecerse de nosotros y pisoteará nuestras faltas. Tú arrojarás en lo más profundo del mar todos nuestros pecados. Manifestarás tu lealtad a Jacob y tu fidelidad a Abraham, como lo juraste a nuestros padres desde los tiempos remotos.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 102, 1-2. 3-4. 9-10. 11-12 (R.: 8a)

 

R.    El Señor es bondadoso y compasivo.

 

Bendice al Señor, alma mía,

que todo mi ser bendiga a su santo Nombre;

bendice al Señor, alma mía,

y nunca olvides sus beneficios. R.

 

El perdona todas tus culpas

y cura todas tus dolencias;

rescata tu vida del sepulcro,

te corona de amor y de ternura. R.

 

No acusa de manera inapelable

ni guarda rencor eternamente;

no nos trata según nuestros pecados

ni nos paga conforme a nuestras culpas. R.

 

Cuanto se alza el cielo sobre la tierra,

así de inmenso es su amor por los que lo temen;

cuanto dista el oriente del occidente,

así aparta de nosotros nuestros pecados. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    15, 1-3. 11b-32

 

Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos.» Jesús les dijo entonces esta parábola:

«Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte de herencia que me corresponde.” Y el padre les repartió sus bienes.

Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa.

Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones. Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos. El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.

Entonces recapacitó y dijo: “¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!” Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: “Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros.”

Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.

El joven le dijo: “Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo.”

Pero el padre dijo a sus servidores: “Traigan enseguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos, porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado.” Y comenzó la fiesta.

El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza. Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó qué significaba eso.

El le respondió: “Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo.”

El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara, pero él le respondió: “Hace tantos años que te sirvo, sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos. ¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!”

Pero el padre le dijo: “Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado.”»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Con el texto de hoy termina el libro de Miqueas. El profeta habla para alentar al pueblo y estimularlo a mantener firme su fe en Yahvé. Suplica a Dios que no abandone a su pueblo, sino que realice en él las promesas, de manera que Israel, ahora triste y abatido, pueda rehacer su vida. En la segunda parte de la lectura, el profeta se llena de gozo pensando en el futuro perdón de Dios, como garantía de las promesas que se van obrando entre los altibajos de la historia humana.
  • Desde una imagen rural y poética de las ovejas perdidas en el monte bajo, que esperan que vaya el pastor a liberarlas y conducirlas a los verdes pastizales, nos va revelando el sentir de Dios.
  • El pasado es garante del presente. Lo que Dios hizo antaño es garantía de lo que continuará haciendo.

***

  • En el evangelio, con la narración de la parábola del «padre que recibe al hijo que vuelve» se marca una continuidad de los sentimientos de Dios que aparecen en el Antiguo Testamento.
  • La parábola presenta toda la riqueza del amor y de la misericordia de Dios: el Padre está siempre dispuesto a acoger sin reservas, a todos los hombres que quieran ponerse en sus manos. Creer por nuestra autosuficiencia que somos capaces de salvarnos nosotros solos, es la única barrera que impide la realización de este amor de Dios.
  • El Padre no desespera jamás de sus hijos; constituye el centro de la parábola, y es lo que Jesús nos invita a contemplar.
  • Un padre respetuoso de la libertad y de la autonomía de sus dos hijos, con dolor deja partir al menor que le ha pedido parte de su herencia; aún así, mantiene la esperanza de que algún día comprenderá su amor.
  • Un hijo quiere vivir su vida, se niega a estar sometido, cree que será más libre si está totalmente independizado. La rebelión típica de nuestro tiempo y de todos los tiempos: “el rechazo del padre” que lleva al rechazo de Dios. Característica del mundo moderno. El fenómeno global del ateísmo.
  • Al pasar hambre se arrepiente, se levanta y parte hacia su padre que estando aún lejos, lo vio y corrió a él para abrazarlo. Tanta es la alegría, que manda traer la túnica más bella, un anillo, unas sandalias… hace preparar una fiesta. Es así como el padre acoge al hijo “que vuelve”.
  • El otro hijo, el que había permanecido en casa fiel a la obediencia, no puede entender esa actitud de perdón y rabioso contra su hermano y resentido contra su mismo padre decide automarginarse.
  • Jesús le habla a los dirigentes judíos, que lo critican a raíz de que recibe en nombre del Padre, tanto a los pecadores, como a prostitutas, recaudadores de impuestos, etc. Jesús estaba ofreciendo perdón y dando acogida a los que estaban fuera de la ley. Con esto, todos los cumplidores de la Ley, creían que se les quitaba el derecho de precedencia a ellos y a todos los que guardaban celosamente todas las prescripciones legales.
  • Jesús no cesa de mostrar a los jefes judíos que impedían la participación en el Reino de los declarados pecadores e impuros, que el amor de Dios Padre no discrimina ni excluye a nadie.
  • Para Jesús la entrada al Reino no tiene límites; porque el Amor del Padre es gratuito y lo da a quien Él quiere y a quien está dispuesto a recibirlo. El perdón y la misericordia es lo que abre las puertas al Reino.
  • Cuaresma es un tiempo favorable para mirarnos en la actitud de Jesús y en el corazón del Padre. Ellos son el fundamento de nuestro retorno y de nuestra conversión. La enseñanza de Jesús contrasta con muchas de nuestras actitudes. En diversas oportunidades nos volvemos obstáculo para que el perdón y el amor de Dios se realice entre los hombres con los juicios implacables, las condiciones que ponemos para el perdón, despreciando todo lo que se aleja de esa medida.
  • Tiempo de Cuaresma, oportunidad para vivir la experiencia gozosa de la paternidad de Dios, porque nos sentimos perdonados por Aquel que “es compasivo y misericordioso”. Dios nos recibe siempre y desea que hagamos lo mismo con los demás. Dios nunca se pone contra nosotros, incluso cuando pecamos. Se pone más a nuestro lado, y en contra de todos lo que huele a pecado, a desamor, a injusticia.
  • El único agradecimiento que quiere es aceptar su amor siendo comprensivos, perdonadores y misericordiosos con nuestros hermanos. Así participaremos y compartiremos con Dios y con los demás la fiesta gozosa del perdón.

 

Para discernir

 

  • ¿Percibo a ese Dios Padre Abbá como el hijo menor antes de irse de casa?
  • ¿Lo percibo como el hijo mayor lo percibía, sin esperanza ni alegría?
  • ¿Somos intransigentes e intolerantes como él?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Cambiaste mi luto en danzas

 

Para la lectura espiritual

 

El Dios cristiano es el Dios de la esperanza no sólo en el sentido de que es el Dios de la promesa y por ello fundamento y garantía de la esperanza humana, sino también en el sentido de un Dios que sabe festejar este retorno [...].

La humildad y la esperanza de Dios no dejan de esperar a sus hijos con un amor más fuerte que todo el no-amor con el que puede ser correspondido. Dios ama como sólo una madre sabe amar, con un amor que irradia ternura. El misterio de la maternidad divina es icono de la capacidad de un amor radiante y gratuito, más fiel que cualquier infidelidad humana. Dios espera siempre, humilde y ansioso, el consentimiento de su criatura como —según subraya san Bernardo— hizo con el “sí” de María.

La parábola nos pone ante un padre que no teme perder la propia dignidad, incluso parece ponerla en peligro. La autoridad de un padre no está en las distancias que más o menos mantiene, sino en el amor radiante que
manifiesta [...]. Este es el intrépido amor de Dios: la intrepidez de romper falsas seguridades aparentes, para vivir la única seguridad que es la del amor más fuerte que la del no-amor; la intrepidez de ir al encuentro del otro superando las distancias protectoras que nuestra incapacidad de amor con frecuencia pretende levantar en torno nuestro…

 

B. Forte, En memoria del Salvador, Cisinello B. 1992, 68s.

 

Para rezar

 

Te busco Señor

Mi corazón te busca a ti, Dios mío,

tiene sed y tiene hambre,

y tiene ganas de ti,

como el niño hambriento que busca el pan.

En mi camino muchas veces no te he buscado y me he perdido.

Mi pecado, mi desorden, mi egoísmo

y mi orgullo cegaron la búsqueda.

Mis limitaciones se convirtieron en lágrimas

que mojaron mi pan; y al comerlo

me preguntaba de nuevo: Dónde está Dios?

Manda tu gracia, rompe la dureza de mi corazón;

haz día de mi noche y noche de mi día;

abre mi corazón en plegaria silenciosa

y que llegue a tí con el amor.

Dios de mi vida: quiero tu vida,

necesito tu vida, llena mi vida.

Envíame tu luz y tu verdad, que ellas me guíen;

envíame tu Espíritu que me conduzca

a la verdad plena.

Quiero llegar hasta tu casa y cantarte,

Dios de mi alegría. Te encontraré, te miraré a los ojos,

te alabaré como un niño feliz,

y mi vida se sentirá segura y llena con tu presencia.

TIEMPO DE CUARESMA – SEMANA I – CICLO C

TIEMPO DE CUARESMA – CICLO C

DOMINGO I

 

Lunes de la semana I

 

Martes de la semana I

 

Miércoles de la semana I

 

Jueves de la semana I

 

Viernes de la semana I

 

Sábado de la semana I

 

 

TIEMPO DE CUARESMA – CICLO C

DOMINGO I

 

Jesús lleno del Espíritu Santo

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Deuteronomio    26, 1 – 2. 4-10


Moisés habló al pueblo diciendo:

«El sacerdote tomará la canasta que tú le entregues, la depositará ante el altar, y tú pronunciarás estas palabras en presencia del Señor, tu Dios:

“Mi padre era un arameo errante que bajó a Egipto y se refugió allí con unos pocos hombres, pero luego se convirtió en una nación grande, fuerte y numerosa.

Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron una dura servidumbre. Entonces pedimos auxilio al Señor, el Dios de nuestros padres, y él escuchó nuestra voz. El vio nuestra miseria, nuestro cansancio y nuestra opresión, y nos hizo salir de Egipto con el poder de su mano y la fuerza de su brazo, en medio de un gran terror, de signos y prodigios.

El nos trajo a este lugar y nos dio esta tierra que mana leche y miel. Por eso ofrezco ahora las primicias de los frutos del suelo, que tú, Señor, me diste.”

Tu depositarás las primicias ante el Señor, tu Dios, y te postrarás delante de él.»


 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 90, 1-2. 10-11. 12-13. 14-15 (R.: cf. 15b)


R. Estás conmigo, Señor, en el peligro.


Tú que vives al amparo del Altísimo
y resides a la sombra del Todopoderoso,
di al Señor: «Mi refugio y mi baluarte,
mi Dios, en quien confío.»

No te alcanzará ningún mal,
ninguna plaga se acercará a tu carpa,
porque él te encomendó a sus ángeles
para que te cuiden en todos tus caminos.

Ellos te llevarán en sus manos
para que no tropieces contra ninguna piedra;
caminarás sobre leones y víboras,
pisotearás cachorros de león y serpientes.

«El se entregó a mí, por eso, yo lo libraré;
lo protegeré, porque conoce mi Nombre;
me invocará, y yo le responderé.
Estaré con él en el peligro,
lo defenderé y lo glorificaré.»


 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Roma    10, 5 -13


 

Hermanos:

¿Qué es lo que dice la justicia?: La palabra está cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, es decir, la palabra de la fe que nosotros predicamos. Porque si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvado. Con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con la boca se confiesa para obtener la salvación. Así lo afirma la Escritura: El que cree en él, no quedará confundido.

Porque no hay distinción entre judíos y los que no lo son: todos tienen el mismo Señor, que colma de bienes a quienes lo invocan. Ya que todo el que invoque el nombre del Señor se salvará.


Palabra de Dios


 

EVANGELIO

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas    4, 1-13

 

Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó de las orillas del Jordán y fue conducido por el Espíritu al desierto, donde fue tentado por el demonio durante cuarenta días. No comió nada durante esos días, y al cabo de ellos tuvo hambre. El demonio le dijo entonces: «Si tú eres Hijo de Dios, manda a esta piedra que se convierta en pan.» Pero Jesús le respondió: «Dice la Escritura: El hombre no vive solamente de pan.»

Luego el demonio lo llevó a un lugar más alto, le mostró en un instante todos los reinos de la tierra y le dijo: «Te daré todo este poder y el esplendor de estos reinos, porque me han sido entregados, y yo los doy a quien quiero. Si tú te postras delante de mí, todo eso te pertenecerá.» Pero Jesús le respondió: «Está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto.»

Después el demonio lo condujo a Jerusalén, lo puso en la parte más alta del Templo y le dijo: «Si tú eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito:

El dará órdenes a sus ángeles para que ellos te cuiden.

Y también: Ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra.»

Pero Jesús le respondió: «Está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios.»

Una vez agotadas todas las formas de tentación, el demonio se alejó de él, hasta el momento oportuno.


Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • En el libro del Deuteronomio nos encontramos con la profesión de fe del pueblo escogido. Con la ofrenda anual de las primicias, Israel evocaba el acontecimiento más evidente de toda la historia de la salvación: Dios es quien toma la iniciativa para librarnos de toda esclavitud. En la ofrenda de las primicias el israelita hace memoria agradecida de las intervenciones de Dios en favor de sus padres y de todo el pueblo, que culminan con la entrega de la Tierra Prometida.

***

  • En la carta a los romanos Pablo presenta la profesión de fe del que cree en Jesucristo. Por la fe en Cristo nos es posible a todos los hombres la regeneración y la reconciliación con Dios entre nosotros mismos.

***

  • En el Evangelio de Lucas, vemos a Jesús en el desierto orando y ayunando durante cuarenta días. Y luego nos encontramos con el drama de la tentación. En el momento de comenzar su ministerio público Jesús es invitado a reiterar la elección decisiva de su vida de hombre, la que anima y domina todos sus actos.
  • A pesar de las diferentes interpretaciones a las tentaciones de Jesús, hay un núcleo  indiscutible en las tres: su mesianismo, su misión. El diablo presenta las  expectativas de los contemporáneos de Jesús: un Mesías poderoso, prepotente, que  libere a Israel del dominio romano y le devuelva su pasado esplendor.
  • Para el hombre de este tiempo, la gran tentación es la de la independencia respecto a Dios. El mercado, la competencia, la eficacia, se han transformado en nuevos dioses, en nuevos ídolos. La globalización también nos promete todo este poder sobre el mundo si la adoramos. Nos promete dominación y explotación para nuestro beneficio. A este proyecto de globalización Jesús propone el camino del servicio en solidaridad, trayendo lo que fue colocado en los márgenes de la historia al centro. El proyecto de Dios sustituye las ideas de dominio y poder con el de justicia y cooperación. Ese es el reinado del Señor de Señores mientras que el poder y la gloria del mundo pertenecen al adversario de Dios.
  • En el camino de la fe Jesús vence la tentación más radical que pueda presentarse que es la de recurrir a los recursos humanos para lograr la realización del proyecto de Dios, la de ligar la construcción del reino a una realización meramente humana.
  • Las tentaciones de Jesús son también las tentaciones de todo cristiano y de la Iglesia: usar a Dios para defender los propios intereses; creer que el Reino de Dios se construye mucho mejor recurriendo al poder, la riqueza y el prestigio social; en definitiva, creer más en las posibilidades de este mundo que en la levadura del Evangelio.
  • Así como Jesús se niega a aceptar y alentar los prestigios fáciles de la propaganda y de su ascendencia sobre el pueblo, del mismo modo el discípulo debe reconocer que su misión es liberar, no seducir o conquistar. Debe dejar de lado la búsqueda de éxito y de triunfo según el estilo del mundo.


 

Para discernir

 

  • ¿Dónde experimento la tentación cotidiana?
  • ¿Me ayuda el encuentro con la palabra a vencerla?
  • ¿Cuáles son los demonios que me acechan más frecuentemente? ¿Cuáles son las debilidades de las que se aprovechan?


 

Repitamos a lo largo de este día

 

Quiero vivir de tu palabra


 

Para la lectura espiritual

 

La mentira del diablo es, pues, una mentira peligrosa,  porque recoge y absolutiza una parte de la verdad. El hombre vive también de pan, pero no de solo pan. La respuesta del Señor aclara lo que el diablo sugiere, es decir, que basta sólo el pan. El hambre del mundo es verdaderamente un mal terrible, pero suprimiendo  únicamente este mal no se alcanzan las raíces de la enfermedad del hombre. En su tiempo,  Jesús multiplica los panes, pero los multiplica por medio de la caridad, que distribuye a  través de su palabra, palabra en virtud de la cual el hombre se abre a la verdad, y de este  modo se salva realmente. En otros términos: sólo Dios basta; si alguien otorga al hombre  todos los bienes del mundo, pero le esconde a Dios, no le salva; no sería esto salvación,  sino fraude y mentira. Repitámoslo una vez más: la mentira del diablo es peligrosa, porque  se parece increíblemente a la verdad; absolutiza el aspecto más llamativo de la verdad.  Llegamos ahora al punto en que debe dar comienzo nuestro examen de conciencia, en una  doble dirección.

¿No nos hallamos también nosotros expuestos al peligro de pensar que Dios no es de  primera necesidad para el hombre, y que el desarrollo técnico y económico es más urgente  que el espiritual? ¿No pensamos también que las realidades espirituales son menos  eficaces que las materiales? ¿No se abre paso también entre nosotros una cierta tendencia  a diferir el anuncio de la verdad de Dios porque juzgamos que hay que hacer primero cosas  «más necesarias»? Y, sin embargo, comprobamos de hecho que, cuando el desarrollo  económico no va acompañado del desarrollo espiritual, destruye al hombre y al mundo. Pero ¿cómo es posible que nosotros lleguemos a pensar que Dios, el Dios Trinitario, el  Hijo encarnado, el Espíritu Santo y la verdad concreta de la Revelación, que se conserva y  vive en la Iglesia, sean menos importantes o menos urgentes que el desarrollo económico?  Este pensamiento sería de todo punto imposible si nuestra vida se nutriera día a día de la  palabra de Dios. La mentira del diablo sólo puede introducirse en nuestras almas cuando,  en nuestra existencia personal, preferimos el bienestar material a la grandeza y a la  dolorosa carga de la verdad. El diablo puede invadirnos únicamente cuando Dios se  convierte en algo secundario en la vida personal. En la barahúnda de nuestras ocupaciones  diarias acontece fácilmente que Dios pasa a un segundo plano. Dios es paciente y  silencioso; las cosas, en cambio, urgen imperiosamente nuestra atención; es mucho más  fácil diferir la escucha de la palabra de Dios que muchas otras cosas. Examinemos en estos  días nuestra conciencia y volvamos al orden verdadero, a la primacía de Dios.

 

Joseph Ratzinger. El camino pascual

 

Para rezar


 

Ayúdanos Señor, a poder enfrentar nuestros demonios, nuestros poderes…tal como enfrentaste los tuyos.
Eras un hombre de poder
 podías convertir las piedras en pan,
podías conquistar todos los reinos,
podías arrojarte del Templo sin dañarte.
Pasaste cuarenta días buscando encontrar la manera de usar tus poderes para establecer el Reino de Paz, Justicia y Santidad del
Padre…

Ayúdanos a usar los poderes de nuestro bautismo de la misma manera.
Ayúdanos a usar nuestro enojo ante la injusticia para poder lograr cambios, para que las cosas se hagan y que demos testimonio en palabra y acción del Reino que tan ardientemente deseabas.
Ayúdanos a usar nuestros deseos no en abusar o explotar, sino en descubrir nuestra hambre y nuestra sed interiores, para que
de esta manera florezcan la justicia y la paz en el desierto.
Ayúdanos a sobreponernos a nuestra pereza, de modo tal que de la indiferencia podamos volvernos profundamente hacia el
compromiso con los que sufren y mueren, porque no hay quien convierta sus piedras en panes ayúdanos a construir una sociedad
edificada sobre la justicia y la solidaridad, y practicar la verdadera religión que defienda a la viuda y al huérfano y dé refugio a los extranjeros.

Amén


Lunes de la semana I

 

Lo que hacen con el más pequeño conmigo lo hacen

 

Lectura del libro del Levítico    19, 1-2. 11-18

 

El Señor dijo a Moisés:

Habla en estos términos a toda la comunidad de Israel:

Ustedes serán santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo. Ustedes no robarán, no mentirán ni se engañarán unos a otros. No jurarán en falso por mi Nombre, porque profanarían el nombre de su Dios. Yo soy el Señor.

No oprimirás a tu prójimo ni lo despojarás; y no retendrás hasta la mañana siguiente el salario del jornalero. No insultarás a un sordo ni pondrás un obstáculo delante de un ciego, sino que temerás a tu Dios. Yo soy el Señor.

No cometerás ninguna injusticia en los juicios. No favorecerás arbitrariamente al pobre ni te mostrarás complaciente con el rico: juzgarás a tu prójimo con justicia. No difamarás a tus compatriotas, ni pondrás en peligro la vida de tu prójimo. Yo soy el Señor.

No odiarás a tu hermano en tu corazón: deberás reprenderlo convenientemente, para no cargar con un pecado a causa de él.

No serás vengativo con tus compatriotas ni les guardarás rencor. Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Yo soy el Señor.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 18, 8. 9. 10. 15 (R.: cf. Jn 6, 63c)

 

R.    Tus palabras, Señor, son Espíritu y Vida.

 

La ley del Señor es perfecta,

reconforta el alma;

el testimonio del Señor es verdadero,

da sabiduría al simple. R.

 

Los preceptos del Señor son rectos,

alegran el corazón;

los mandamientos del Señor son claros,

iluminan los ojos. R.

 

La palabra del Señor es pura,

permanece para siempre;

los juicios del Señor son la verdad,

enteramente justos. R.

 

¡Ojalá sean de tu agrado

las palabras de mi boca,

y lleguen hasta ti mis pensamientos,

Señor, mi Roca y mi redentor! R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    25, 31-46

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda.

Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: “Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver.”

Los justos le responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?”

Y el Rey les responderá: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo.”

Luego dirá a los de su izquierda: “Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron.”

Estos, a su vez, le preguntarán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?”

Y él les responderá: “Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo.”

Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El Señor Santo de la Alianza exige la santificación del pueblo que ha elegido. La fórmula «Yo, el Señor vuestro Dios, soy Santo», se repite constantemente en el contexto de los capítulos 17 al 26 del Levítico que constituyen la llamada “Ley de santidad”.
  • Esto no se obtiene con la construcción de un santuario y con la sola práctica del culto, sino con el cumplimiento de los preceptos que hacen a la relación entre los hombres. La santidad implica separación, pero no de un lugar o de un espacio sino por la calidad de nuestras obras.
  • El camino a la santidad pasa por el hombre, el hermano, el prójimo. En este pequeño código, eco del decálogo mosaico, el prójimo es el pariente, conciudadano, hermano. Es el hombre de la comunidad humana, en la que todos tienen derechos y deberes. El cumplimiento de los deberes hace que el prójimo obtenga sus derechos.
  • Una de las cosas más importantes de este código de preceptos fundamentales de relación humana es su exigencia no sólo de obras, sino hasta de actitudes y sentimientos hacia el otro; de ellos son hijas las obras que llegan a su máxima expresión en la consigna final: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». El hombre no está nunca tan cerca de la santidad de Dios como cuando ama a su prójimo.

***

  • Jesús reafirma este programa, este criterio de vida, y lo propone a todos. La santidad a la que nos invita Jesucristo es fruto del amor a Dios, que se traduce y manifiesta en el amor sincero al prójimo. Es en esta respuesta de amor, en donde hacemos verdad y santidad lo que hemos conocido y aceptado por la fe.
  • Si la lectura del Levítico nos ponía la medida de amar a los demás como nos amamos a nosotros mismos, el Evangelio nos lleva a dar un paso más grande: lo que hacemos o dejamos de hacer con los que nos rodean es lo que hacemos o dejamos de hacer con el mismo Jesús que se identifica con las personas que encontramos en nuestro camino.
  • Si la primera lectura urgía a no cometer injusticias o a no hacer mal al prójimo, el Evangelio va más allá: no se trata de no dañar, sino de hacer el bien. El examen no será sólo sobre si hemos robado, sino sobre si hemos visitado y atendido al enfermo. Se trata de un nivel de exigencia mayor. Si antes se nos decía: no odies, ahora se nos dice: ayuda al que pasa hambre. Una vez más,
  • La parábola plantea no tanto la vida del «más allá», sino el camino que en el «más acá» debemos seguir para llevar a plenitud nuestra vida. La presencia del Reino mismo es la que juzga: la paz juzgará a la guerra, la justicia a la injusticia, la verdad a la mentira, la vida a la muerte. Nuestra actitud frente a los pobres, es nuestra misma actitud frente a Dios por la que seremos juzgados.
  • El camino para acceder a la santidad pasa necesariamente por la participación en el proyecto de humanización que Dios nos propone y que consiste en la entrega de la propia vida en favor de los hermanos, especialmente de los que más lo necesitan. El camino se inicia en el hoy entrando en comunión con Cristo en el empobrecido, hambriento, sediento, enfermo, encarcelado, inmigrante atendiéndolo cada vez que sea necesario y evitando toda injusticia.
  • La Cuaresma que simplemente se nos puede presentar como camino de penitencia, como un camino de dolor, como un camino negativo, realmente es todo lo contrario. Es un camino positivo de crecimiento. Un camino que no se limita a una actitud que sólo trata de evitar el mal, sino muy por contrario una actitud que se compromete desde el amor en la construcción de una historia vida desde el amor que se ha derramado en nuestro corazones y nos une en comunión de vida y misión con el único Santo.
  • Nuevamente, la Iglesia nos invita a mirar hacia el final, pero no para olvidar el presente. Mirar el futuro, pero con los pies en la tierra, y con el corazón en los hermanos.

 

Para discernir

 

  • ¿Cómo buscamos a Cristo?
  • ¿Cuánto somos capaces de abrir los ojos para ver a Cristo?
  • ¿Hasta qué punto nos atrevemos a ir descubriéndolo en todo lo que nos pasa?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

“Si no amamos a los hermanos que vemos, no podemos amar a Dios a quien no vemos”


Para la lectura espiritual

 

…Los que se acercan al pobre lo hacen movidos por un deseo de generosidad, para ayudarle y socorrerle; se consideran salvadores con frecuencia se ponen sobre un pedestal. Pero tocando al pobre, llegándose a él, estableciendo una relación de amor y confianza con él, es como se revela el misterio. Ellos descubren el sacramento del pobre y logran llegar al misterio de la compasión. El pobre parece romper la barrera del poder, de la riqueza, de la capacidad y del orgullo; quitan la cáscara con que se rodea el corazón humano para protegerse. El pobre revela a Jesucristo. Hace que el que ha venido para “ayudarle” descubra su propia pobreza y vulnerabilidad; le hace descubrir también su capacidad de amar, la potencia de amor de su corazón. El pobre tiene un poder misterioso; en su debilidad, es capaz de tocar los corazones endurecidos y de sacar a la luz las fuentes de agua viva ocultas en su interior. Es la manita del niño de la que no se tiene miedo pero que se desliza entre los barrotes de nuestra prisión de egoísmo. Y logra abrir la cerradura. El pobre libera. Y Dios se oculta en el niño. Los pobres evangelizan. Por eso son los tesoros de la Iglesia.

 

J. Vanier, Comunidad, lugar de perdón y de fiesta, Madrid 31981, 1 15s.

 

Para rezar

 

Los que sufren

 

La noche es siempre

más opaca para los que sufren.

Todos los hombres son hermanos nuestros,

y no podemos olvidarlos tanto que

hasta ni siquiera padezcamos por ellos.

 

Te pedimos, Señor, por los hombres frustrados,

que viven en cárceles y asilos.

 

Danos comprensión hacia ellos;

su estado no indica que sean peores que nosotros.

También ellos poseen este regalo

de ser personas y poder amar.

 

También te pedimos por los pobres,

a los que tú llamaste felices.

Dales la verdadera fortaleza y esperanza

a los que, como Tú, no tienen casa, no tienen pan.

Que trabajemos para cambiar este mundo injusto,

que no refleja tu bondad.

 

Te pedimos por los que han equivocado el camino,

y buscan la felicidad en el placer

y en el absurdo;

llámalos con la voz del desengaño,

pero líbralos de la desesperación.

 

También te pedimos por los náufragos

de la vida.

Por las muchachas que han hecho

de la venta de su cuerpo una profesión.

Recupera, Señor, estas tus imágenes dolientes,

y redímelas con un amor verdadero.

 

Y a nosotros, Señor, haznos agradecidos por lo que nos has dado, para que lo convirtamos en amor.

 

Martes de la semana I

 

Pedir para ser escuchados

 

Lectura del libro del profeta Isaías    55, 10-11

 

Así habla el Señor:

Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come, así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 33, 4-5. 6-7. 16-17. 18-19 (R.: 18b)

 

R.    El Señor libra a los justos de todas sus angustias.

 

Glorifiquen conmigo al Señor,

alabemos su Nombre todos juntos.

Busqué al Señor: él me respondió

y me libró de todos mis temores. R.

 

Miren hacia él y quedarán resplandecientes,

y sus rostros no se avergonzarán.

Este pobre hombre invocó al Señor:

él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R.

 

Los ojos del Señor miran al justo

y sus oídos escuchan su clamor;

pero el Señor rechaza a los que hacen el mal

para borrar su recuerdo de la tierra. R.

 

Cuando ellos claman, el Señor los escucha

y los libra de todas sus angustias.

El Señor está cerca del que sufre

y salva a los que están abatidos. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    6, 7-15

 

Jesús dijo a sus discípulos:

Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados. No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.

Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido. No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal.

Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Isaías, profeta del consuelo tiene la profunda  seguridad de que el Señor está presente en los sufrimientos de su pueblo y que un día les ha de devolver su alegría y su patria. Esta convicción arranca de la palabra del Señor, dada y mantenida de generación en generación.
  • El profeta conoce bien la eficacia callada y profunda del agua y de la nieve: empapar, fecundar, hacer germinar, dar semilla y pan. La palabra de Dios, del mismo modo que la lluvia y la nieve hace su obra “empapándonos”, es decir: colmándonos interiormente, penetrándonos, llegando hasta lo más profundo de nuestro ser, llenando nuestros vacíos e iluminando nuestras oscuridades.
  • Cuando abrimos nuestro corazón a la Palabra que Dios ha pronunciado sobre nosotros, ella nos fecunda y hace dar fruto.

***

  • Jesús nos recuerda hoy una dimensión esencial de toda vida que quiere vivir en profundidad: la oración.
  • El Evangelio nos habla de nuestra plegaria, de su verdadero contenido, de cómo debemos comportarnos y de la interioridad auténtica. Se trata de la actitud que el hombre ha de adoptar en sus relaciones con Dios.
  • En el Evangelio nos muestra que el hombre puede convertirse en terreno fértil para la palabra de Dios cuando sumerge su vida en la oración y desde ella en el misterio de Dios.
  • Jesús, además de recomendarnos la oración nos enseña una manera de realizarla: el «Padrenuestro». La oración es ponerse ante Dios en relación de hijos. Nos enseña a usar la palabra “Abba” que es la palabra más familiar de la lengua hebrea. Esta palabra es la que los niños usan al echarse en brazos de su padre: algo así como “¡papito querido!”
  • El Padrenuestro se contrapone a las largas plegarias de los paganos, que basaban su eficacia en las palabras que pronunciaba el hombre. La oración cristiana, en cambio, recibe su eficacia del Padre, ya que es una respuesta amorosa que acepta la voluntad salvadora de Dios sobre uno mismo y sobre la historia.
  • El Padrenuestro nos educa a una visión auténtica de nuestra vida porque se fija ante todo en Dios y su reino: Padre… santificado sea tu nombre… hágase tu voluntad… venga tu Reino. Luego pide para nosotros: el pan de cada día… el perdón de las ofensas… que no caigamos en la tentación… que nos libre de mal.
  • La verdadera oración es modelar el corazón para la realización de la voluntad de Dios, y trabajar con todas nuestras fuerzas para que esa voluntad se realice en los hermanos. Y esa voluntad consiste en que Él sea Padre y que nosotros vivamos entre como verdaderos hermanos.

 

Para discernir

 

  • ¿A dónde apunta mi oración?
  • ¿Quiero descubrir en mi oración la voluntad de Dios o quiero que Dios haga mi voluntad?
  • ¿Mi corazón clama a Dios en todo tiempo o sólo en el momento de la necesidad?
  • ¿Mi oración busca el encuentro o es solamente interesada?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

“¡Abba, Padre! Que se haga como quieres Tú”.

 

Para la lectura espiritual

 

…”Líbranos del mal…” El mundo yace en el mal, y mal no es sólo el caos, ausencia de ser: manifiesta una inteligencia perversa que, a fuerza de honores sistemáticamente absurdos, quiere hacernos dudar de Dios y su bondad. En realidad, se trata no de la simple “privación del bien”, sino del Maligno, del Malvado; no la materia, ni el cuerpo, sino la más sublime inteligencia encerrada en su propia luz… Es necesario afirmar que Dios no ha creado el mal, y menos aún lo permite. “El rostro de Dios gotea sangre en la sombra”, decía León Bloy. Dios siente el mal en su propio rostro, como Jesús recibió las bofetadas teniendo los ojos vendados. El grito de Job no deja de clamar, y Raquel sigue llorando sus hijos. Pero la respuesta a Job está ahí: es la cruz. Es Dios crucificado sobre todo el mal del mundo, pero capaz de hacer estallar en las tinieblas una inmensa fuerza de resurrección. Pascua es la transfiguración en el abismo.

Y “líbranos del mal” a nosotros, que nos avergonzamos de ser cristianos o, por el contrario, hacemos del cristianismo, de nuestra confesión, un estandarte de superioridad y de desprecio. Y “líbranos del mal” a nosotros, que hablamos de la deificación y con frecuencia somos poco humanos. Y “líbranos del mal” a nosotros, que nos apresuramos a hablar de amor y ni siquiera sabemos respetarnos mutuamente. Y “líbrame del mal” a mí, hombre de angustia y tormento, tan a menudo dividido, tan poco seguro de existir, hombre que se atreve a hablar –junto a la Iglesia: es mi única excusa del Reino y de su gozo.

 

O. Clément, El Padre Nuestro, Rezar el Padre Nuestro, Magnano 1988, 116-119, passim.

 

Para rezar

 

Padre

 

Padre, me pongo en tus manos

haz de mí lo que quieras,

sea lo que sea, te doy las gracias.

estoy dispuesto a todo

lo acepto todo

con tal que tu voluntad

se cumpla en mí

y en todas tus criaturas.

no deseo nada más

te confío mi alma

te la doy con todo el amor

de que soy capaz.

Porque te amo y necesito darme

ponerme en tus manos con una infinita confianza

porque eres mi Padre.

 

Miércoles de la semana I

 

Volvamos al Señor de todo corazón

 

Lectura de la profecía de Jonás     3, 1-10

 

La palabra del Señor fue dirigida por segunda vez a Jonás, en estos términos: «Parte ahora mismo para Nínive, la gran ciudad, y anúnciale el mensaje que yo te indicaré.»

Jonás partió para Nínive, conforme a la palabra del Señor. Nínive era una ciudad enormemente grande: se necesitaban tres días para recorrerla. Jonás comenzó a internarse en la ciudad y caminó durante todo un día, proclamando: «Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida.»

Los ninivitas creyeron en Dios, decretaron un ayuno y se vistieron con ropa de penitencia, desde el más grande hasta el más pequeño. Cuando la noticia llegó al rey de Nínive, este se levantó de su trono, se quitó su vestidura real, se vistió con ropa de penitencia y se sentó sobre ceniza. Además, mandó proclamar en Nínive el siguiente anuncio:

«Por decreto del rey y de sus funcionarios, ningún hombre ni animal, ni el ganado mayor ni el menor, deberán probar bocado: no pasten ni beban agua;

vístanse con ropa de penitencia hombres y animales; clamen a Dios con todas sus fuerzas y conviértase cada uno de su mala conducta y de la violencia que hay en sus manos. Tal vez Dios se vuelva atrás y se arrepienta, y aplaque el ardor de su ira, de manera que no perezcamos.»

Al ver todo lo que los ninivitas hacían para convertirse de su mala conducta, Dios se arrepintió de las amenazas que les había hecho y no las cumplió.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 50, 3-4. 12-13. 18-19 (R.: 19b)

 

R.    Tú, Señor, no desprecias el corazón contrito y humillado.

 

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,

por tu gran compasión, borra mis faltas!

¡Lávame totalmente de mi culpa

y purifícame de mi pecado! R.

 

Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,

y renueva la firmeza de mi espíritu.

No me arrojes lejos de tu presencia

ni retires de mí tu santo espíritu. R.

 

Los sacrificios no te satisfacen;

si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:

mi sacrificio es un espíritu contrito,

tú no desprecias el corazón contrito y humillado. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    11, 29-32

 

Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: «Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás. Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación.

El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay alguien que es más que Salomón.

El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay alguien que es más que Jonás.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Nínive era una ciudad pagana considerada corrupta, impía y pecadora. Jonás teme el fracaso en su misión. Dios elige a Jonás como mediador para invitar a la conversión a los ninivitas. Jonás no es precisamente un modelo de creyente ni de profeta. Va a predicar a Nínive porque se ve obligado, porque había querido escaparse de su misión.
  • Dios le envía una tempestad pavorosa que hace peligrar su vida y la de todos los tripulantes de la barca en la que viaja. El capitán y los marineros paganos creen ver un castigo de Dios en la tormenta. Para calmar a Dios lo arrojan al mar. Recogido en el vientre de un mítico pez, Jonás ora y misteriosamente es arrojado en tierra. Allí vuelve a recibir la misión de ir a Nínive a predicar y convertirlos; y ahora obedece.
  • En Nínive, con su palabra, logra el arrepentimiento de toda la población y Dios perdona al pueblo pecador.

***

  • El pueblo de Israel del tiempo de Jesús, mantenía la idea de que el Dios de la Alianza haría una intervención espectacular y contundente en su historia y que esta manifestación les traería la libertad soñada. Por eso necesitan milagros para tener fe y convertirse. Cristo penetra en el corazón del problema cuando proclama que la fe se apoya sobre la confianza puesta en la persona del enviado.
  • Jesús, el Mesías verdadero, el enviado del Padre, es la única señal que debe comprender todo hombre que desee descubrir el misterio del Amor del Padre.
  • La vida sencilla de Jesús que obra en medio de los sufrientes, y su muerte a mano de los poderosos, son la señal que debe ser asimilada por los cristianos. En la persona de Jesús se hace presente el Dios que fracasa para el mundo. Jesús invierte los valores mesiánicos de ese momento.
  • Jesús que comparte la suerte de los empobrecidos de la historia y vive la impotencia que viven los sencillos, es el que se hace signo de un Dios que se compadece y siente misericordia por su pueblo.
  • Desde su palabra eficaz, desde sus gestos sencillos y cercanos, hasta en los milagros del reino se hace patente en Jesús, el corazón misericordioso del Padre que quiere que todos los hombres se salven. Esta es la señal y no otra. Nada que deslumbre, enceguezca y obligue.
  • Jesús quiere enseñarle al pueblo a tener una mirada de fe y descubrir el gran milagro de la misericordia de Dios. Por eso la única señal que recibirá será la de Jonás. Así como este profeta fue un signo para los ninivitas de la misericordia que Dios tiene a todos sin distinción; el mensaje y la misma vida de Jesús, son la única señal que Dios Padre brinda a la humanidad. En Jesús, la misericordia de Dios se ha volcado hacia los hombres y busca ser abrazada por todos.
  • La salvación no se realizará a través de una intervención portentosa de Dios, sino en lo ordinario en la vida. Dios no salva violentando la historia, sino asumiendo la historia y las realidades humanas, por más bajas y limitadas que sean.
  • El Señor nuevamente en esta Cuaresma dirige su Palabra, invitándonos a una sincera conversión que nos permita experimentar su salvación. El Señor, rico en misericordia para con nosotros, quiere que seamos signo de su misericordia con todos los hombres.
  • Como Iglesia discípula de su Señor, podremos ser un signo de la presencia del Reino, en la medida que aceptemos vivir con la sabiduría misericordiosa de Dios, que sale a nuestro encuentro para darnos vida, y vida en abundancia.

 

Para discernir

 

  • ¿Qué vida me quiere dar Jesús?
  • ¿Cuál es la penitencia que reclama mi corazón?
  • ¿Qué ayuno necesita mi vida para que crezca en libertad?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

“El Reino de Dios está cerca. Convirtámonos y vivamos el Evangelio”.

 

Para la lectura espiritual

 

…Creer en Jesús es escuchar su Palabra, que nos revela su amor infinito por nosotros pecadores. Ser creyentes significa estar seguros de que el amor existe y que tiene el rostro de la misericordia. Creer en Jesús quiere decir adherirse a su amor absolutamente gratuito con los pobres como nosotros. Seguir a Jesús es entregarse totalmente a su misericordia y confiar únicamente en su misericordia. Amar a Jesús es sencillo. Para lograrlo debemos ante todo creer que Él nos ama de verdad, tal como somos, hoy. En este acto de fe es posible que rebose la alabanza de nuestro corazón y descansar en este amor infinito. La alabanza, la acción de gracias y la adoración abren nuestro corazón al don que Dios nos concede de su amor misericordioso.

El amor divino no se queda inactivo si encuentra en nosotros su espacio y su libertad. Pero para acoger la misericordia de Dios debemos tener misericordia con nuestros hermanos. Por la dulzura de su corazón compasivo, Jesús nos da un corazón misericordioso. Nada más concreto, nada más práctico que el verdadero amor. Vivir del amor de Jesús es ponernos al servicio de nuestros hermanos más cercanos y nos hace mansos y humildes. Nada hay tan exigente como seguir a Jesús por este camino del amor, pues es el camino de la cruz. Pero no se trata de una carga demasiado pesada; basta con que no nos empeñemos en llevarla solos y con dejar que Jesús la lleve con nosotros. Para descubrir por lo menos un poco la misericordia infinita, único secreto del corazón de Jesús, hay un lugar preferido donde morar: delante de la cruz de Jesús, a sus pies.

 

J.-P. van Schoote, El sacramento de la penitencia, en J.-P. van Schoote y J.-C. Sagne, Miseria e misericordia, Magnano 1992, 46s.

 

Para rezar

 

Es hermoso ayunar para ti, Dios, vida nuestra

y dejar que el hambre profundice en nosotros

el deseo de un mayor amor.

Queremos seguir a Jesús en el desierto

y de nuestro despojo de cada día

renacerá un hombre nuevo,

fruto de la gracia y de la pobreza.

Bendito seas por la mesa del pan partido,

por el pan de los reconciliados

que se entregan sin miedo,

confiados en tus manos.

Bendito este día en que nos llamas

a descubrir la ternura de tu amor

a pesar de los senderos de cruz

por los que vamos caminando.

 

Jueves de la semana I

 

Pidan y se les dará

 

Lectura del libro de Ester    3,6; 4,11 – 12. 14-16. 23-25

 

La reina Ester, presa de una angustia mortal, también buscó refugio en el Señor. Luego oró al Señor, Dios de Israel, diciendo:

¡Señor mío, nuestro Rey, tú eres el Único! Ven a socorrerme, porque estoy sola, no tengo otra ayuda fuera de ti y estoy expuesta al peligro. Yo aprendí desde mi infancia, en mi familia paterna, que tú, Señor, elegiste a Israel entre todos los pueblos, y a nuestros padres entre todos sus antepasados, para que fueran tu herencia eternamente. ¡Y tú has hecho por ellos lo que habías prometido!

¡Acuérdate, Señor, y manifiéstate en el momento de nuestra aflicción! Y a mí, dame valor, Rey de los dioses y Señor de todos los que tienen autoridad. Coloca en mis labios palabras armoniosas cuando me encuentre delante del león, y cámbiale el corazón para que deteste al que nos combate y acabe con él y con sus partidarios.

¡Líbranos de ellos con tu mano y ven a socorrerme, porque estoy sola, y no tengo a nadie fuera de ti, Señor! Tú, que lo conoces todo.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 137, 1-2a. 2bc-3. 7c-8 (R.: 3a)

 

R.    Me respondiste cada vez que te invoqué, Señor.

 

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,

te cantaré en presencia de los ángeles.

Me postraré ante tu santo Templo. R.

 

Daré gracias a tu Nombre

por tu amor y tu fidelidad,

porque tu promesa ha superado tu renombre.

Me respondiste cada vez que te invoqué

y aumentaste la fuerza de mi alma. R.

 

Tu derecha me salva.

El Señor lo hará todo por mí.

Tu amor es eterno, Señor,

¡no abandones la obra de tus manos! R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    7, 7-12

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá.

¿Quién de ustedes, cuando su hijo le pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide un pez, le da una serpiente? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará cosas buenas a aquellos que se las pidan!

Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • La primera lectura nos presenta la dramática situación que vive el pueblo judío. Están dispersos, son una minoría en medio de pueblos paganos que los despreciaban y perseguían. En esa situación Ester va a hacer su plegaria. Su oración parte de su vida. Antes de presentarse ante el rey asirio para interceder por su pueblo, entra en su corazón y muy sencillamente expone su caso a Dios.
  • Comienza confesando la soberanía absoluta y única del Dios de Israel. Para Ester, Dios es el único que los puede salvar. Todo lo que ella consiga o decida el rey, está subordinado a la voluntad del Señor.
  • Recurre al Señor recordándole su misericordia: Él fue quien eligió a Israel como heredad. La fidelidad del Señor a su palabra queda bien demostrada en el pasado.
  • Ester, termina pidiendo que la libre del pecado que la amenaza, y ponga en sus labios las palabras precisas para cambiar la decisión del rey y librar a su pueblo de la muerte. La plegaria pronunciada por Ester es una preciosa oración de confianza y humildad nacida en una circunstancia conflictiva. Y su oración fue escuchada.

***

  • El evangelio de hoy sigue repitiendo que Dios es profundamente bueno, que desea “dar” cosas buenas a sus hijos. La plegaria del hombre a su Padre del cielo se apoya en la bondad y la voluntad amorosa de Dios. Podemos estar seguros de ser escuchados, siempre que aquello que pidamos esté en la línea del plan salvador de Dios.
  • La oración es una necesidad para el hombre creyente. Jesús dice: pidan, busquen, llamen. Para ser escuchada la oración debe hacerse desde la situación de honda necesidad. Quien pide y no siente necesidad de lo que pide, no puede ser escuchado. Quien busca, y no siente la urgencia de encontrar aquello que busca, nunca encontrará nada. Es preciso que la oración brote de un corazón sinceramente necesitado.
  • Para creer que Dios es Padre y nos ama como a hijos, que Jesucristo murió por nosotros para salvarnos por pura generosidad; y para empezar a vivir de acuerdo con esto, se necesita la oración.
  • Cuando uno ora por esto, esta plegaria está ya atendida. Jesús nos asegura que si le pedimos al Padre un corazón nuevo, nos lo dará. No hay que temer pedirle al Padre que nos dé el don de la misericordia, o la capacidad de perdonar y amar a quien en algún momento parezca ser nuestro enemigo. Pedirle esto a Dios Padre es pedirle la capacidad de hacer posible la justicia que su Hijo vino a anunciarnos.
  • Frente a la imposibilidad de llegar a amar sin esperar compensación, o entregar la vida sin pedir nada a cambio, o perdonar setenta veces siete, tenemos un Padre que se define por la misericordia y que la da al hijo que se la pida.
  • Orar es pedir, buscar, llamar a la puerta sin cansarse nunca y hasta tal punto que la oración se convierte en un estado y no sólo en una práctica ocasional. Orar es un modo de ser delante de Dios.

 

Para discernir

 

  • ¿Mi oración es la del interesado o la del enamorado?
  • ¿Tengo plena confianza que Dios quiere mi bien a pesar que no pueda ver sus caminos con claridad?
  • ¿Soy constante o me desanimo con facilidad?
  • ¿Mi oración es un modo de ser ante Dios o solamente un requerimiento a su poder?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Si afligidos invocamos al Señor, Él nos escucha

 

Para la lectura espiritual

 

…Antes de saber cómo hay que orar, importa mucho más saber cómo “no cansarse nunca”, no desanimarse nunca, ni deponer las armas ante el silencio aparente de Dios: “Les decía una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer” (Lc 18,1).

Que la intrepidez se adueñe de ti como de la viuda ante el juez. Vete a encontrar a Dios en plena noche, llama a la puerta, grita, suplica e intercede. Y si la puerta parece cerrada, vuelve a la carga, pide, pide hasta romperle los oídos. Será sensible a tu llamada desmesurada, pues ésta grita tu confianza total en Él.

Déjate llevar por la fuerza de tu angustia y el asalto de tu impetuosidad. En algunos momentos, el Espíritu Santo formulará Él mismo las peticiones en lo más
íntimo de tu corazón con gemidos inefables. ¿Has oído gemir a un enfermo presa de un intenso sufrimiento? Nadie puede permanecer insensible a esta queja, a menos que tenga un corazón de piedra. En la oración, Dios espera que pongas esta nota de violencia, de vehemencia y de súplica para volcarse sobre ti, y escuchará tu petición. En el fondo, no haces más que dar alcance al amor infinito comprimido en su corazón, que espera tu oración para desencadenarse en respuesta de ternura y misericordia. Si supieses lo atento que está Dios al menor de tus clamores, no dejarías de suplicarle por tus hermanos y por ti. El se levantaría entonces y colmaría tu espera mucho más allá de tu oración. Se puede esperar todo de una persona que ora sin cansarse y que ama a sus hermanos con la ternura misma de Dios…

 

J. Lafrance, Ora a tu Padre, Madrid 1981, 173-174.

 

Para rezar

 

La alegría de esperar

 

¡Feliz de ti

si tienes un corazón paciente!

 

¡Feliz de ti si sabes campear el temporal

de este tiempo difícil,

con la esperanza puesta en el futuro,

cuyos cimientos construyes cada día.

 

Feliz de ti si no te desalientas,

impaciente como un niño,

queriéndolo todo ya y sin esfuerzo.

 

Feliz de ti si sabes caminar esperanzado

este tramo del camino de tu juventud

que te lleva por el camino de una vida madura.

 

Feliz de ti

sino te dejas engañar por el deslumbre

de las falsas promesas de éxitos fáciles,

y si caminas paciente en el esfuerzo

para conquistar las metas que te propones,

 

Feliz de ti si no te desalientas ante tus inconstancias

y asumes la difícil tarea de educar tu voluntad,

para hacerte dueño de tí mismo

y responsable de tu propia historia.

 

Feliz de ti si, leyendo el Evangelio,

alcanzas la alegría de vivir de acuerdo a su mensaje,

descubriendo en Jesús que la VERDAD

no es una frase o una moda,

sino la respuesta seria y profunda sobre el sentido de la vida.

 

Viernes de la semana I

 

Dios quiere que el pecador se convierta y viva

 

Lectura de la profecía de Ezequiel    18, 21-28

 

Así habla el Señor Dios:

Si el malvado se convierte de todos los pecados que ha cometido, observa todos mis preceptos y practica el derecho y la justicia, seguramente vivirá, y no morirá. Ninguna de las ofensas que haya cometido le será recordada: a causa de la justicia que ha practicado, vivirá. ¿Acaso deseo yo la muerte del pecador -oráculo del Señor- y no que se convierta de su mala conducta y viva?

Pero si el justo se aparta de su justicia y comete el mal, imitando todas las abominaciones que comete el malvado, ¿acaso vivirá? Ninguna de las obras justas que haya hecho será recordada: a causa de la infidelidad y del pecado que ha cometido, morirá.

Ustedes dirán: «El proceder del Señor no es correcto.» Escucha, casa de Israel: ¿Acaso no es el proceder de ustedes, y no el mío, el que no es correcto?

Cuando el justo se aparta de su justicia, comete el mal y muere, muere por el mal que ha cometido. Y cuando el malvado se aparta del mal que ha cometido, para practicar el derecho y la justicia, él mismo preserva su vida. El ha abierto los ojos y se ha convertido de todas las ofensas que había cometido: por eso, seguramente vivirá, y no morirá.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 129, 1-2. 3-4. 5-6ab. 6c-8 (R.: 3)

 

R.    Si tienes en cuenta las culpas, Señor, ¿quién podrá subsistir?

 

Desde lo más profundo te invoco, Señor.

Señor, oye mi voz!

Estén tus oídos atentos

al clamor de mi plegaria. R.

 

Si tienes en cuenta las culpas, Señor,

¿quién podrá subsistir?

Pero en ti se encuentra el perdón,

para que seas temido. R.

 

Mi alma espera en el Señor,

y yo confío en su palabra.

Mi alma espera al Señor,

más que el centinela la aurora. R.

 

Como el centinela espera la aurora,

espere Israel al Señor,

porque en él se encuentra la misericordia

y la redención en abundancia:

él redimirá a Israel

de todos sus pecados. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    5, 20-26

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.

Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal. Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego.

Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • En los años del destierro que siguieron a la caída de Jerusalén, la Alianza se había roto, el templo estaba destruido, la ciudad santa fue arrasada, no había culto que les permitiera celebrar la reconciliación. Víctimas del pasado y sin esperanzas de futuro, el amargo presente era la consecuencia forzosa de muchos siglos de historia de infidelidades y pecados.
  • Aparece la tentación de vivir como vivían los de su alrededor. Así, poco a poco, iba desapareciendo la fe en el Dios Salvador, ahogado por el materialismo de una nación poderosa y rica en comodidades, cultos y festejos.
  • Entonces surge el profeta Ezequiel que exhorta con claridad y contundencia a que cada uno se sitúe responsablemente ante Dios. Ni las generaciones anteriores, ni el pasado personal cuenta en la relación del hombre con Dios. El profeta quiere también arrancar la convicción de que por pertenecer a un pueblo oficialmente “elegido” ya están salvados. Lo que importa es la conducta personal y actual, junto con la conversión incesante.

***

  • Jesús, no ha venido a modificar la antigua ley, sino a darle un sentido más profundo, más pleno. Los escribas y fariseos, como todo el judaísmo de su época, acentuaban mucho el imperativo “sean santos como Dios es santo”. Ellos concebían la santidad como “separación” de un modo casi literal.
  • Cuanto más separados de todo pecado y pecador, más santo se era. Para los fariseos el cumplimiento escrupulosísimo de los detalles ínfimos de la Ley bastaba para alcanzar esa santidad. Mateo pone el acento en la “perfección” que habla de una “justicia mayor”. La perfección de la nueva alianza consiste en ir más allá del cumplimiento y superarlo.
  • Jesús quiere que las antiguas leyes de los israelitas tales como no matar, no robar, no mentir, entre otras sean suplidas por otras más exigentes que las incluyan y superen en su contenido. Las leyes promulgadas por Moisés eran principios mínimos de convivencia que había que seguir perfeccionando. Jesús quiere llegar hasta el amor perfecto, que trata de vivir el principio de la paternidad universal de Dios, por el que todos somos hermanos sin distinción ningún tipo. Jesús lleva la Ley al interior del hombre. No es ya una ley de lo observable, y por tanto de las apariencias, sino de la sinceridad, de la intención, de la verdad del corazón.
  • Para Jesús el mandamiento de “no matar” sólo queda superado en el momento en que se piensa en un amor tal, que lleve a amar y a perdonar sin medida. Lo que está mandado no es «no matar», sino «amar». No haciendo nada malo se puede cumplir con el mandamiento de no matar, pero no se cumple con el de amar. Pecado no es sólo lo malo que hacemos sino lo mucho de bueno que dejamos de hacer. Hay pecados que se cometen precisamente «no haciendo». Jesús entiende la fidelidad de modo intensivo y extensivo, en calidad y totalidad.
  • Hay que recomponer la unidad rota por alguna ofensa, y eso tiene prioridad sobre todo acto de culto. Es inútil acercarse a Dios si existe división. Todos, aun los adversarios o enemigos, deben ver en la vida de la comunidad de los discípulos un testimonio de pueblo que busca vivir la voluntad de Dios en plenitud, hasta en sus mínimos detalles y máximas consecuencias.

 

Para discernir

 

  • En este tiempo de cuaresma ¿Cómo veo mis relaciones cotidianas?
  • ¿Me dejo llevar por mi temperamento?
  • ¿Soy despreciativo? ¿Soy duro en mis palabras?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

“Vayamos a reconciliarnos con nuestros hermanos”

Para la lectura espiritual

 

…El perdón no debe ser ocasional, algo excepcional, sino que debe integrarse sólidamente en la existencia y ser la expresión habitual de las disposiciones de unos hacia otros. Deberás empezar por dominar la reacción de tu corazón ante la ofensa recibida -tu rencor, tu obstinación en tener razón- y deberás sentirte verdaderamente libre. Pero el perdón da el paso decisivo al renunciar al castigo del otro. Con ello abandona el principio de equivalencia, en el cual se contrapone el dolor al dolor, el perjuicio al perjuicio, la expiación a la falta, para entrar en el de la libertad interior. Aquí también se restablece un orden, no con pasos y medidas rígidas, sino con una victoria creadora. El corazón se ensancha [...].

Jesucristo relaciona el perdón de los hombres con el de Dios. Este es el primero en perdonar, y el hombre no es más que su creador. Por tanto, el perdón humano surge del perdón divino del Padre. El que perdona se asemeja al Padre. Actuando así, persuades al otro para que comprenda su error; creando con él la armonía del perdón, “habrás ganado a tu hermano”. Entonces vuelve a florecer la fraternidad. El que así piensa aprecia al prójimo. Le duele saber que su hermano está en falta, como a Dios le duele el pecado, porque aleja de Él al hombre. Y de la misma manera que Dios desea redimir al hombre caído, así el hombre instruido por Jesucristo sólo anhela que la persona que le ha ofendido reconozca su falta y vuelva así a la comunidad de la vida santa.

Jesucristo es el modelo de esta actitud. Él es el perdón viviente. El no sólo ha perdonado la culpa, sino que ha restaurado la verdadera “justicia”. Ha destruido cuanto de lo más terrible se había acumulado, cargado sobre sus espaldas la deuda que había de pesar sobre el pecador [...]. Vivimos de la obra redentora de Jesucristo, pero no podemos disfrutar de la redención sin contribuir a ella…

 

R. Guardini, El Señor 1, Madrid 31958, 531-540, passim.

 

Para rezar

 

La alegría de un corazón puro

 

¡Feliz de ti!

Si tienes un corazón limpio,

libre de maldades y malicias,

libre de dobleces y falsedades,

libre de orgullo y autosuficiencia,

libre de odios y rencores.

 

Feliz de ti

si tienes un corazón limpio,

libre de cegueras y caprichos,

de egoísmos y resentimientos,

abierto a la verdad y el amor,

para buscarlos apasionadamente

a lo largo del camino de la vida.

 

Feliz de ti

si tienes un corazón limpio,

que te permita ver a Dios

en el rostro de tus hermanos.

 

Sábado de la semana I

 

Sean perfectos como el Padre que está en el cielo

 

Lectura del libro del Deuteronomio    26, 16-19

 

Moisés habló al pueblo diciendo:

«Hoy el Señor, tu Dios, te ordena practicar estos preceptos y estas leyes. Obsérvalas y practícalas con todo tu corazón y con toda tu alma.

Hoy tú le has hecho declarar al Señor que él será tu Dios, y que tú, por tu parte, seguirás sus caminos, observarás sus preceptos, sus mandamientos y sus leyes, y escucharás su voz.

Y el Señor hoy te ha hecho declarar que tu serás el pueblo de su propiedad exclusiva, como él te lo ha prometido, y que tú observarás todos sus mandamientos; que te hará superior -en estima, en renombre y en gloria- a todas las naciones que hizo; y que serás un pueblo consagrado al Señor, como él te lo ha prometido.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 118, 1-2. 4-5. 7-8 (R.: cf. 1)

 

R.    Felices los que siguen la ley del Señor.

 

Felices los que van, por un camino intachable,

los que siguen la ley del Señor.

Felices los que cumplen sus prescripciones

y lo buscan de todo corazón. R.

 

Tú promulgaste tus mandamientos

para que se cumplieran íntegramente.

¡Ojalá yo me mantenga firme

en la observancia de tus preceptos! R.

 

Te alabaré con un corazón recto,

cuando aprenda tus justas decisiones.

Quiero cumplir fielmente tus preceptos:

no me abandones del todo. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    5, 43-48

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.

Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos?

Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El Deuteronomio, en este pasaje recuerda el contenido de la alianza y subraya su carácter espiritual. La alianza es una realidad siempre actual. El Deuteronomio ha insistido fuertemente sobre este valor. El pasado no sirve más que para definir mejor el presente y las maravillas pasadas no cesan de renovarse en la actualidad.
  • A cada uno le corresponde, por tanto, optar entre el amor que viene de Dios y la tentación del olvido. La vida feliz y la gloria son la recompensa prometida por Dios a quienes lo obedecen y sirven.
  • Lo que vincula a Israel con Dios no es una decisión unilateral de Dios, sino una alianza, como un contrato bilateral. La ley no es el enunciado de preceptos impuestos al hombre, sino que pone de manifiesto más bien una actitud religiosa: “Yo seré tu Dios y tú serás mi pueblo”.
  • La gracia y la misericordia de Dios se realizan en la humanidad de forma histórica y concreta. Dios quiere manifestar su amor por los hombres, amando y siendo fiel a un pueblo.

***

  • Jesús en el Evangelio, continúa analizando la ley antigua y todos los mandamientos que hasta entonces han sido norma de vida para el pueblo evaluándolos desde el solo principio del amor fraterno y universal.
  • Jesús apunta al amor hacia nuestros enemigos. Es natural amar a las personas que nos aman, que se parecen a nosotros, con las que ya se está espontáneamente de acuerdo. Jesús pide un paso más; pide que ensanchemos nuestro corazón más allá del círculo de nuestros amigos, de nuestros parientes.
  • Un amor universal, sin fronteras como el amor mismo del Padre. El modelo a seguir es Dios mismo. Dios ama a todos los hombres porque es padre de todos. Ama a los que no lo aman. Derrama sus dones sobre todos. «Ser hijo de Dios» significa parecerse a Él en el modo de obrar.
  • Ser discípulo significa comprometerse con todo el ser con el proyecto de Dios, con los designios de Dios, con sus maneras de ver y de actuar.
  • Lo que define al discípulo de Jesús es el perdón y el amor a los enemigos. La caridad fraterna adquiere su verdadera fisonomía desde la misericordia, que consiste en la imitación de su amor misericordioso.
  • Ser perfectos no es lo mismo que ser perfeccionistas o impecables. Ser perfectos en el sentido que propone Jesús es ser capaces de llevar hasta el final, hasta las últimas consecuencias el amor que Dios ha depositado en nuestro corazón amando sin ninguna medida, sin ningún límite.
  • Somos amados y perdonados por Dios gratuitamente. Él nos envía para que hagamos nosotros lo mismo con los demás. Esta nueva actitud de vida, esta conversión del corazón no es obra del hombre, sino que es la obra de Dios, por eso Jesús invita a la oración de unos por otros para que se complete y perfeccione la obra salvadora en nosotros.

 

Para discernir

 

  • Mi visión del mundo, ¿es también la visión de Dios?
  • Mi compromiso en el mundo ¿se corresponde con los designios de Dios?
  • ¿Soy de corazón ancho? ¿amo a todos, o hago selección según mi gusto o interés?
  • ¿Podemos decir que somos hijos de ese Padre que está en el cielo y que ama a todos?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Seamos misericordiosos, como nuestro Padre es misericordioso” (Lc 6,36).


Para la lectura espiritual

 

…Seas bendito, oh eterno Dios. Que cesen toda venganza, la incitación al castigo o a la recompensa. Los delitos han superado toda medida, todo entendimiento. Ya hay demasiados mártires. No peses sus sufrimientos en la balanza de tu justicia, Señor, y no dejes que estos carniceros se ceben con nosotros. Que se venguen de otro modo. Da a los verdugos, a los delatores, a los traidores y a todos los hombres malvados el valor, la fuerza espiritual de los otros, su humildad, su dignidad, su continua lucha interior y su esperanza invencible, la sonrisa capaz de borrar las lágrimas, su amor, sus corazones destrozados pero firmes y confiados ante la muerte, sí, hasta el momento de la más extrema debilidad [...].

Que todo esto se deposite ante ti, Señor, para el perdón de los pecados como rescate para que triunfe la justicia; que se lleve cuenta del bien y no del mal. Que permanezcamos en el recuerdo de nuestros enemigos no como sus víctimas, ni como una pesadilla, ni como espectros que siguen sus pasos, sino como apoyo en su lucha por destruir el furor de sus pasiones criminales. No les pediremos nada más. Y cuando todo esto acabe, concédenos vivir como hombres entre los hombres y que la paz reine sobre nuestra pobre tierra. Paz para los hombres de buena voluntad y para todos los demás.

 

Oración anónima, escrita en yiddish, encontrada en Auschwitz-Birkenau, cit. en B. Ducruet, Con la paz en el corazón, Milán 1998, 42s.

 

Para rezar

 

Señor:

Sólo Tú puedes soportar ofensas, indiferencia,
ingratitud, abandono y permanecer inalterable.

Dame Señor un corazón como el tuyo disponible para todos
por igual, sin egoísmos para que pueda servir a los demás
y no fallarles, para que mi amor sea siempre sincero,
constante, grande y perfecto como el Tuyo.

Bendice a los que me aman y a los que Tú sabes que no.

Reconozco que soy quien levanto barreras de prevención
y miedo, indiferencias y rechazos, disgustos y reclamos.

Permíteme dar un testimonio vivo de amor que no sea sólo apariencia.
Te pido que pongas en mi corazón sentimientos más puros y sinceros.
Necesito generosidad, renuncia, comprensión y confianza.

Tú me amas Señor, no por lo que soy sino a pesar de lo que soy.

¡¡¡ ENSÉÑAME A AMAR!!!

 

 


 

TIEMPO DE CUARESMA – SEMANA DE CENIZA – CICLO C

TIEMPO DE CUARESMA – CICLO C

Miércoles de Ceniza

 

 

Jueves después de Ceniza

 

 

Viernes después de Ceniza

 

 

Sábado después de Ceniza

 

 

TIEMPO DE CUARESMA – CICLO C

Miércoles de Ceniza

 

Tu Padre que ve en lo secreto te recompensará

 

PRIMERA LECTURA

Lectura de la profecía de Joel    2, 12-18

 

Ahora dice el Señor: Vuelvan a mí de todo corazón, con ayuno, llantos y lamentos. Desgarren su corazón y no sus vestiduras, y vuelvan al Señor, su Dios, porque él es bondadoso y compasivo, lento para la ira y rico en fidelidad, y se arrepiente de sus amenazas. ¡Quién sabe si él no se volverá atrás y se arrepentirá, y dejará detrás de sí una bendición: la ofrenda y la libación para el Señor, su Dios!

¡Toquen la trompeta en Sión, prescriban un ayuno, convoquen a una reunión solemne, reúnan al pueblo, convoquen a la asamblea, congreguen a los ancianos, reúnan a los pequeños y a los niños de pecho! ¡Que el recién casado salga de su alcoba y la recién casada de su lecho nupcial!

Entre el vestíbulo y el altar lloren los sacerdotes, los ministros del Señor, y digan: « ¡Perdona, Señor, a tu pueblo, no entregues tu herencia al oprobio, y que las naciones no se burlen de ella! ¿Por qué se ha de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios?»

El Señor se llenó de celos por su tierra y se compadeció de su pueblo.

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO    Sal 50, 3-4. 5-6a. 12-13. 14 y 17 (R.: cf. 3a)

 

R.    Ten piedad, Señor, porque hemos pecado.

 

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,

por tu gran compasión, borra mis faltas!

¡Lávame totalmente de mi culpa

y purifícame de mi pecado! R.

 

Porque yo reconozco mis faltas

y mi pecado está siempre ante mí.

Contra ti, contra ti solo pequé

e hice lo que es malo a tus ojos. R.

 

Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,

y renueva la firmeza de mi espíritu.

No me arrojes lejos de tu presencia

ni retires de mí tu santo espíritu. R.

 

Devuélveme la alegría de tu salvación,

que tu espíritu generoso me sostenga:

Abre mis labios, Señor,

y mi boca proclamará tu alabanza. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto    5, 20-6, 2

 

Hermanos:

Nosotros somos, entonces, embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro. Por eso, les suplicamos en nombre de Cristo: Déjense reconciliar con Dios. A aquel que no conoció el pecado, Dios lo identificó con el pecado en favor nuestro, a fin de que nosotros seamos justificados por él.

Y porque somos sus colaboradores, los exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios. Porque él nos dice en la Escritura: En el momento favorable te escuché, y en el día de la salvación te socorrí. Este es el tiempo favorable, este es el día de la salvación.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 6, 1-6. 16-18

 

Jesús dijo a sus discípulos:

Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.

Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.

Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El profeta Joel llama al pueblo de Israel a una jornada de penitencia. Les urge a que se conviertan de su mal y se pongan con decisión en la línea del seguimiento de Dios. Esto sucedía unos cuatro siglos antes de Cristo. El ambiente se ve que estaba bastante apático y decadente. Además, estaban padeciendo en aquellos momentos los efectos de una catástrofe natural, una larga sequía y una plaga de langostas o saltamontes que había arrasado toda la cosecha. La conversión tiene que ser interior: volverse de corazón a Dios, buscar sinceramente su voluntad y cumplirla.
  • El Salmo 50, el «Miserere», da a este día inaugural de la Cuaresma un tono penitencial por excelencia. Es el salmo -atribuido a David- en el que un pecador muestra su arrepentimiento e implora humildemente de Dios que lo perdone y que lo ayude a renovar su vida: «borra mi culpa… crea en mí un corazón puro… devuélveme la alegría de tu salvación».
  • Pablo nos dice igual que hace dos mil años: «ahora es el tiempo de la gracia, ahora es el día de la salvación». Se muestra orgulloso de ser «embajador de Cristo», y la embajada que trae de parte de Él es ésta: «dejaos reconciliar con Dios». Reconciliación que ofrece Dios a todos por medio de la muerte salvadora de su Hijo Jesús.
  • En el evangelio Jesús describe tres aspectos de la vida de un creyente que se puede decir, abarcan las tres direcciones de cada persona: para con Dios a través de la oración, para con el prójimo desde la limosna y para consigo mismo con el ayuno. En las tres, el discípulo de Jesús tiene que profundizar, no quedarse en lo exterior, sino situarse delante de Dios Padre, que es el que nos conoce hasta lo más profundo del ser, sin buscar premios o aplausos aquí abajo.

***

  • Hoy, Dios nos invita a reconocer nuestra debilidad y la distancia que hay entre nosotros y el Evangelio, entre nosotros y la vida de fidelidad, entregada totalmente, de Jesús y al bien de los hermanos.
  • Hoy, Dios nos invita a ser sinceros; pero, al mismo tiempo a no quedarnos encerrados en nuestras fallas y en nuestra infidelidad al Evangelio, porque quedaríamos, con toda seguridad, destrozados.
  • Cuaresma es tiempo para que desde una mirada introspectiva reconozcamos nuestro pecado; y al mismo tiempo es invitación a fijar la mirada en Dios, nuestro Padre, y reafirmar nuestra confianza en su amor. La Cuaresma no es simplemente un ejercicio penitencial. Lo que le da sentido es el reconocimiento de que tenemos un Padre que nos atrae amorosamente hacia Él. “El Padre que está escondido… el Padre que ve en lo secreto, te recompensará”.
  • Jesús, nos asegura que el Padre está en lo secreto de nuestro corazón y conoce nuestras búsquedas, nuestras luchas y también nuestros esfuerzos. Si orientamos a Él nuestras pequeñas y grandes decisiones, buscando por encima de todo el cumplimiento de su voluntad, como hizo Jesús, no sólo tendremos la paz del corazón y nuestra vida tendrá sentido, sino que se nos darán todas las demás cosas por añadidura…
  • Lo que el Padre tiene preparado para nosotros supera inmensamente las pasajeras recompensas terrenas hechas a la medida de nuestro yo y de los intereses egoístas de un mundo interesadamente manipulado.
  • El camino del discípulo pasa por verificar constantemente con sinceridad la orientación de fondo del corazón y rectificar con mayor fuerza y profundidad la opción fundamental. Nuestro Señor y Maestro nos dará todo lo que necesitamos para ser felices, para ser verdaderamente hermanos e hijos del Reino.
  • Hoy, la imposición de la ceniza sobre nuestra cabeza será esta señal de reconocimiento. Será como decir: somos débiles, somos pecadores, no acabamos de salir de esta situación, de este estado.
  • Pero esto no agota la verdad de la celebración porque escucharemos una buena noticia: “Conviértete y cree en el Evangelio” que nos invita a vivir la  Cuaresma como un tiempo para hacer nuestros, los hechos y las palabras de Jesús. Hechos  y palabras de Jesús que siempre nos animan a ser más confiados, más esperanzados, más generosos, más felices; a darle sentido a nuestra vida.
  • La Cuaresma debe renovar la esperanza que nos hace  sentir con toda una historia por construir, la historia donde tenemos  que vivir nuestra fe y hacer presente a Dios que siempre nos acompaña. Es dentro de la historia  que vamos viviendo la invitación de Dios a que recibamos el reino de Jesús y que, al mismo  tiempo, movidos por su Espíritu, pongamos manos a la obra para construirlo en medio del  mundo.

 

Para discernir

 

  • ¿Somos dueños de nuestros deseos y nuestros intereses?
  • ¿Tratamos habitualmente de imponer nuestro criterio y nuestra voluntad?
  • ¿Ejercitamos nuestra capacidad de renuncia de dinero, de tiempo, de tranquilidad para el servicio a los demás?
  • ¿Nos esforzamos por comprender a los que no son o piensan como nosotros? ¿De qué manera tenemos presente a Dios en nuestras vidas?

 

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Venid, volvamos al Señor (Os 6,1a).


 

Para la lectura espiritual

 

Arrepentimiento no equivale a autocompasión o remordimiento, sino a conversión, a volver a centrar nuestra vida en la Trinidad. No significa mirar atrás disgustado, sino hacia adelante esperanzado. Ni es mirar hacia abajo a nuestros fallos, sino a lo alto, al amor de Dios. Significa mirar no aquello que no hemos logrado ser, sino a lo que con la gracia divina podemos llegar a ser…

El arrepentimiento, o cambio de mentalidad, lleva a la vigilancia, que significa, entre otras cosas, estar presentes donde estamos, en este punto específico del espacio, en este particular momento de tiempo. Creciendo en vigilancia y en conocimiento de uno mismo, el hombre comienza a adquirir capacidad de juicio y discernimiento: aprende a ver la diferencia entre el bien y el mal, entre lo superfluo y lo esencial; aprende, por tanto, a guardar el propio corazón, cerrando la puerta a las tentaciones o provocaciones del enemigo. Un aspecto esencial de la guarda del corazón es la lucha contra las pasiones: deben purificarse, no matarse; educarse, no erradicarse. A nivel del alma, las pasiones se purifican con la oración, la práctica regular de los sacramentos, la lectura cotidiana de la Escritura; alimentando la mente, pensando en lo que es bueno y con actos concretos de servicio amoroso a los demás. A nivel corporal, las pasiones se purifican sobre todo con el ayuno y la abstinencia.

La purificación de las pasiones lleva a su fin, por gracia de Dios, a la “ausencia de pasiones”, un estado positivo de libertad espiritual en el que no cedemos a las tentaciones, en el que se pasa de una inmadurez de miedo y sospecha a una madurez de inocencia y confianza. Ausencia de pasiones significa que no somos dominados por el egoísmo o los deseos incontrolados y que así llegamos a ser capaces de un verdadero amor

 

K. Ware, El camino del cristiano Magnano 1998, 182-185 passim

 

Para rezar

 

Dios, en tus manos me abandono


 

Yo me abandono ¡oh Dios! en tus manos.
Toma este barro y trabájalo
como arcilla entre las manos del alfarero
dale una forma y después, rómpela, si quieres
como es despedazada la vida de tantos hermanos.

Pide, ordena ¿Qué quieres que haga?
¿Qué quieres que no haga?
Ensalzado o humillado, perseguido,
incomprendido,
calumniado, alegre o triste,
o inútil para todo, sólo diré,
a ejemplo de tu Madre:
“Hágase en mí según tu palabra”.

Dame el amor por excelencia,
el amor de la cruz.
Pero no de las cruces heroicas
que podrían nutrir mi vanidad,
sino de las cruces vulgares que,
sin embargo, llevo con repugnancia.

De esas que se encuentran cada día
en la contradicción,
en el olvido, en los juicios falsos,
en la frialdad del alma,
en los desaires y desprecios de los demás;
en el malestar y defectos del cuerpo,
en la oscuridad de la mente
y en el silencio y aridez del corazón.

Entonces sólo Tú sabrás que te amo,
aunque ni yo lo sepa, con eso me basta.

Amén

 

Jueves después de Ceniza

 

Pongo delante tuyo la bendición y la maldición

 

Lectura del libro del Deuteronomio    30, 15-20

 

Moisés habló al pueblo diciendo:

Hoy pongo delante de ti la vida y la felicidad, la muerte y la desdicha. Si escuchas los mandamientos del Señor, tu Dios, que hoy te prescribo, si amas al Señor, tu Dios, y cumples sus mandamientos, sus leyes y sus preceptos, entonces vivirás, te multiplicarás, y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde ahora vas a entrar para tomar posesión de ella.

Pero si tu corazón se desvía y no escuchas, si te dejas arrastrar y vas a postrarte ante otros dioses para servirlos, yo les anuncio hoy que ustedes se perderán irremediablemente, y no vivirán mucho tiempo en la tierra que vas a poseer después de cruzar el Jordán.

Hoy tomo por testigos contra ustedes al cielo y a la tierra: yo he puesto delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, y vivirás, tú y tus descendientes, con tal que ames al Señor, tu Dios, escuches su voz y le seas fiel. Porque de ello depende tu vida y tu larga permanencia en la tierra que el Señor juró dar a tus padres, a Abraham, a Isaac y a Jacob.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6 (R.: 39, 5a)

 

R.    ¡Feliz el que pone en el Señor toda su confianza!

 

¡Feliz el hombre

que no sigue el consejo de los malvados,

ni se detiene en el camino de los pecadores,

ni se sienta en la reunión de los impíos,

sino que se complace en la ley del Señor

y la medita de día y de noche! R.

 

El es como un árbol

plantado al borde de las aguas,

que produce fruto a su debido tiempo,

y cuyas hojas nunca se marchitan:

todo lo que haga le saldrá bien. R.

 

No sucede así con los malvados:

ellos son como paja que se lleva el viento.

Porque el Señor cuida el camino de los justos,

pero el camino de los malvados termina mal. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    9, 22-25

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.»

Después dijo a todos: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde y arruina su vida?»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Moisés se dirige al pueblo antes de la entrada en la tierra prometida. Han soportado la travesía a través del desierto, han comenzado el proceso de convertirse en el pueblo de Yahvé. Es el pueblo que pertenece a Dios, en el que pertenecerse unos a otros, y que pertenecen a la tierra prometida.
  • Han entrado en la alianza con Dios y están íntimamente unidos por la ley y el poder de Dios que se manifestó en Moisés y Josué.
  • A partir de sus elecciones, de su fidelidad o infidelidad, continuarán viviendo o correrán hacia la muerte y la destrucción. Sin el apoyo y la cercanía de Dios estarán desamparados frente a todo lo que deberán afrontar. No entrarán sólo en un nuevo país, sino en nuevo nivel de intimidad y de conocimiento de Dios. Es un tiempo para que elijan con un solo corazón, una sola mente y un solo objetivo.

***

  • Lucas en el evangelio reafirma esta necesidad de elección a los que se inclinan a seguir al Hijo de Dios, que va trazando un camino de entrega no exento de dolor, de rechazo y de cruz. Si queremos seguirlo debemos, como Èl, negarnos a nosotros mismos, tomando nuestra cruz y siguiendo sus pasos. Los primeros cristianos vivieron esta elección renunciando a los bienes y servicios personales para compartirlos con los demás miembros de la comunidad.
  • El segundo día de Cuaresma se nos dice que ésta debe ser nuestra disciplina diaria y una elección de por vida: optar por el bien común, que cuida la vida de los otros, que confía en Dios ante las dificultades y pruebas y por esa misma confianza se convierte en vida abundante para todos.
  • Es tiempo de elegir la vida y la bendición, la justicia y santidad. Al principio puede parecer abrumador, pero seguimos las huellas de Aquel que garantiza nuestros pasos y son muchos los que nos han precedido en la fe.

 

Para discernir

 

  • ¿Qué elijo para mi vida?
  • ¿Qué es bendición para mi vida? ¿Qué maldición?
  • ¿Cuándo elijo una y cuando la otra?
  • ¿Qué fuerza tienen las elecciones en mi vida?
  • ¿Qué elijo diariamente como paso de bendición para mi vida?
  • ¿A qué tengo que renunciar para vivir la bendición?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

 “Si morimos con él, viviremos con él” (2 Tim 2,11).

 

Para la lectura espiritual

 

Por encima de la finitud, del espacio y del tiempo, el amor infinitamente infinito de Dios viene y nos toma. Llega justo a su hora. Tenemos la posibilidad de aceptarlo o rechazarlo. Si permanecemos sordos, volverá una y otra vez como un mendigo, pero también como un mendigo llegará el día en que ya no vuelva. Si aceptamos, Dios depositará en nosotros una semillita y se irá. A partir de ese momento, Dios no tiene que hacer nada más, ni tampoco nosotros, sino esperar. Pero sin lamentarnos del consentimiento dado, del “sí” nupcial. Esto no es tan fácil como parece, pues el crecimiento de la semilla en nosotros es doloroso. Además, por el hecho mismo de aceptarlo, no podemos dejar de destruir lo que le molesta; tenemos que arrancar las malas hierbas, cortar la grama. Y, desgraciadamente, esta grama forma parte de nuestra propia carne, de modo que esos cuidados de jardinero son una operación cruenta. Sin embargo, en cualquier caso la semilla crece sola. Llega un día en que el alma pertenece a Dios, en que no solamente da su consentimiento al amor, sino en que, de forma verdadera y afectiva, ama. Debe entonces, a su vez, atravesar el universo para llegar hasta Dios. El alma no ama como una criatura, con amor creado. El amor que hay en ella es divino, increado, pues es el amor de Dios hacia Dios que pasa por ella. Sólo Dios es capaz de amar a Dios. Lo único que nosotros podemos hacer es renunciar a nuestros propios sentimientos para dejar paso a ese amor en nuestra alma. Esto significa negarse a sí mismo. Sólo para este consentimiento hemos sido creados.

 

S. Weil, A la espera de Dios, Madrid 1993, 84

 

Para rezar

 

Señor, acercarme a Vos

es prepararme para la prueba.

Dame la capacidad de orientar bien mi corazón

y mantenerme firme para no confundirme

en el tiempo del dolor.

Quiero pegarme a Vos Señor y no alejarme,

aceptando lo que venga con paciencia

en los dolores y los fracasos.

Así como en el fuego se prueba el oro,

en el horno de la humildad el camino cierto.

 

 

Viernes después de Ceniza

 

Este es el ayuno que yo amo

 

Lectura del libro del profeta Isaías    58, 1-9a

 

Así habla el Señor Dios:

¡Grita a voz en cuello, no te contengas, alza tu voz como una trompeta: denúnciale a mi pueblo su rebeldía y sus pecados a la casa de Jacob! Ellos me consultan día tras día y quieren conocer mis caminos, como lo haría una nación que practica la justicia y no abandona el derecho de su Dios; reclaman de mí sentencias justas, les gusta estar cerca de Dios:

« ¿Por qué ayunamos y tú no lo ves, nos afligimos y tú no lo reconoces?»

Porque ustedes, el mismo día en que ayunan, se ocupan de negocios y maltratan a su servidumbre. Ayunan para entregarse a pleitos y querellas y para golpear perversamente con el puño. No ayunen como en esos días, si quieren hacer oír su voz en las alturas.

¿Es este acaso el ayuno que yo amo, el día en que el hombre se aflige a sí mismo? Doblar la cabeza como un junco, tenderse sobre el cilicio y la ceniza: ¿a eso lo llamas ayuno y día aceptable al Señor?

Este es el ayuno que yo amo -oráculo del Señor-: soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo, dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos; compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no despreocuparte de tu propia carne.

Entonces despuntará tu luz como la aurora y tu llaga no tardará en cicatrizar; delante de ti avanzará tu justicia y detrás de ti irá la gloria del Señor. Entonces llamarás, y el Señor responderá; pedirás auxilio, y él dirá: « ¡Aquí estoy!»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 50, 3-4. 5-6a. 18-19 (R.: 19b)

 

R.    Tú, Señor, no desprecias el corazón contrito y humillado.

 

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,

por tu gran compasión, borra mis faltas!

¡Lávame totalmente de mi culpa

y purifícame de mi pecado! R.

 

Porque yo reconozco mis faltas

y mi pecado está siempre ante mí.

Contra ti, contra ti solo pequé

e hice lo que es malo a tus ojos. R.

 

Los sacrificios no te satisfacen;

si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:

mi sacrificio es un espíritu contrito,

tú no desprecias el corazón contrito y humillado. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    9, 14-15

 

Se acercaron a Jesús los discípulos de Juan y le dijeron: «¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?»

Jesús les respondió: «¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • A ejemplo de la mayoría de las religiones de su tiempo, Israel considera el ayuno como un acto esencial de su religión, sobre todo con motivo de la fiesta de expiación o del recuerdo de los días angustiosos del asedio de Jerusalén. El pueblo de Dios ha vuelto del destierro y se ha instalado en Judea, las obras de reconstrucción del templo y de las murallas son lentas y desalentadoras.
  • A pesar de que la ley sólo prescribía un ayuno al año, el gran día de la expiación, los días de ayuno se habían multiplicado con motivo de cualquier calamidad. La voz del profeta sustituye a la trompeta que hasta entonces convocaba al pueblo a las ceremonias del ayuno. Se trata, en efecto, de invitar al pueblo a un nuevo género de ayuno. Dios no quiere el ayuno ficticio de quien se viste de saco e inclina la cabeza, y todavía se extraña de que Dios no le escuche.
  • El ayuno, que originariamente debía servir para unir a los ricos y los pobres en la conciencia de que unos y otros proceden del mismo polvo, se convierte en una auténtica provocación: sólo pueden ayunar los ricos, que son los únicos que tienen el vientre lleno, los únicos que pueden privarse de algo, aunque sea de lo superfluo y de lo injustamente retenido.
  • El profeta denuncia la vaciedad del ayuno exterior, incapaz de transformar la conducta. Dios quiere que la penitencia lleve a la renovación del espíritu por la práctica de la justicia y del bien. El Señor sólo está al lado de aquellos que se esfuerzan en la práctica del amor.

    ***

    • Los discípulos de Juan Bautista están extrañados. Ellos, y los fariseos ayunaban, hacían sacrificios austeros, se privaban de varias cosas, por generosidad iban más allá de las observancias judías legales. La respuesta de Jesús pone de relieve que los discípulos de Juan Bautista no han descubierto aún en Jesús al “esposo” mesiánico. Porque, si lo hubieran descubierto, hubieran comprendido que de ahora en adelante el ayuno no tiene el mismo significado.
    • El ayuno está relacionado con el tiempo de la espera. Jesús mismo ha ayunado en el desierto, resumiendo la larga preparación de la humanidad en la instauración del Reino. Pero, cuando comienza el ministerio público, Jesús puede decir con toda razón que el Reino está ya allí; ha llegado el esposo, y no conviene que los “amigos del esposo” ayunen mientras el esposo está con ellos; el ayuno no tiene sentido en el tiempo del cumplimiento.
    • La imagen del esposo era bien conocida por los judíos. En la Biblia este símbolo es usado muchas veces. Dios ama a su pueblo. Dios es el esposo. Jesús se presenta como el esposo mesiánico. Para justificar la “alegría” y la ausencia de “ayuno” de sus discípulos, Jesús los presenta como “compañeros del esposo”.
    • La Iglesia es aquí abajo la que espera y posee ya lo que espera. Es la que avanza, día tras día, hacia el Reino, al mismo tiempo que es ya su manifestación. Dentro de este ritmo se sitúa el ayuno: está vinculado por la Iglesia a los días que dedica expresamente a la espera y a la preparación.
    • Tampoco nosotros tenemos que conformarnos con un ayuno o con unas prácticas cuaresmales, meramente externos. Sería muy superficial que quedáramos satisfechos por haber cumplido todo lo que está mandado en la Cuaresma y no profundizáramos en lo más importante, de lo que todos los ritos exteriores quieren ser: signo y recordatorio.
    • El ayuno debe conducir a una apertura mayor para con los demás. Ayunar para poder dar a los más pobres. Si la falta de caridad continúa, si la injusticia está presente en nuestro modo de actuar con los demás, poco puede agradar a Dios nuestro ayuno y nuestra Cuaresma.
    • El ayuno que Dios quiere, porque es misericordioso, es la liberación de los pobres y oprimidos. Es abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, partir el pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al desnudo y no cerrarse a la propia carne. Este es el ayuno que proclama y practica Jesús, y manda practicar a sus discípulos. Un ayuno cuaresmal de este estilo no es signo de tristeza. Un ayuno de preparación, de reorientación continuada de nuestra vida. Un ayuno que significa relativizar muchas cosas secundarias para no distraernos. Un ayuno serio, aunque no triste.
    • El ayuno nos hace más libres. Nos ofrece la ocasión de poder decir «no» a una sociedad que continuamente nos invita satisfacer necesidades que nos creamos nosotros mismos.
    • La presencia de Jesús es motivo de alegría. Donde está Jesús, sus amigos no pueden hacer otra cosa que alegrarse. Nadie puede sentirse deprimido o acongojado, cuando puede experimentar en su propia vida y en la vida del mundo, el ayuno de todo egoísmo, el amor generoso, el Reino que está, crece y promete cosecha abundante. Se ha decretado al mundo la alegría, contra todo escepticismo, contra toda situación negativa, contra toda desesperanza.

 

Para discernir

 

  • ¿La presencia de Jesús es motivo de alegría?
  • ¿De qué cosas necesito ayunar?
  • ¿Mi ayuno, es sólo un cumplimiento?

 

 

Repitamos a lo largo de este día

 

“Señor, suelta mis cadenas de iniquidad” (Is 58,6).

 

Para la lectura espiritual

 

…Un ayuno proporcionado a tus fuerzas favorecerá tu vigilancia espiritual. No se pueden meditar las cosas de Dios con el estómago lleno, dicen los maestros del espíritu. Cristo nos dio el ejemplo con su prolongado ayuno; cuando triunfó sobre el demonio, había ayunado cuarenta días.

Cuando el estómago está vacío, el corazón es humilde. El que ayuna ora con un corazón sobrio, mientras que el espíritu del intemperante se disipa en imaginaciones y pensamientos impuros. El ayuno es un modo de expresar nuestro amor y generosidad; se sacrifican los placeres terrenos para lograr los del cielo. Cuando ayunamos sentimos crecer en nosotros el reconocimiento de Dios, que ha dado al hombre el poder de ayunar. Todos los detalles de tu vida, todo lo que te sucede y lo que pasa a tu alrededor, se ilumina con nueva luz. El tiempo que discurre se utiliza de modo nuevo, rico y fecundo. A lo largo de las vigilias, la modorra y la confusión de pensamiento ceden su espacio a una gran lucidez de espíritu; en vez de irritarnos contra lo que nos fastidia, lo aceptamos tranquila-mente, con humildad y acción de gracias…

La oración, el ayuno y las vigilias son el modo de llamar a la puerta que deseamos que se nos abra. Los santos padres reflexionaron sobre el ayuno considerándolo como una medida de capacidad. Si se ayuna mucho es porque se ama mucho, y si se ama mucho es porque se ha perdonado mucho. El que mucho ayuna, mucho recibirá. Sin embargo, los santos Padres recomiendan ayunar con medida: no se debe imponer al cuerpo un cansancio excesivo, so pena de que el alma sufra detrimento. Eliminar algunos alimentos sería perjudicial: todo alimento es don de Dios.

 

T. Colliander, El camino del asceta. Iniciación a la vida espiritual, Brescia 1987, 75s)

 

Para rezar

 

Cuando las alegrías de otros tiempos hayan desaparecido
y tesoros una vez míos, no pueda ya exigir,
que esta verdad alimente mi debilitado corazón:
¡Señor, TU PERMANECES AQUI! ¡TÚ eres todavía el mismo!

Cuando los arroyos de agradable frescura se hayan secado:
Amistades bendecidas ya no estén;
cuando los cielos bañados por el sol cedan a las nubes,
¡Señor, TU PERMANECES AQUI!
Todavía mi corazón te tiene a TI.

Cuando las fuerzas hayan fallado,
y los pies, cansados y rendidos,
ya no puedan realizar felices diligencias,
¿por qué he de suspirar, y hacer los días tristes?
¡Señor, TU PERMANECES AQUI! ¿Acaso necesito algo más?

Así por los días de la vida, lo que pudiera fallarme,
amigos, amistades, goces, en grado mayor o menor;
el canto puede ser mío, ninguna pena ha de asaltarme,
¡Señor, TU PERMANECES AQUI! Todavía estás en mi corazón.

María José Silva

 

Sábado después de Ceniza

 

Yo he venido a llamar a los pecadores

 

Lectura del libro del profeta Isaías    58, 9b-14

 

Así habla el Señor:

Si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna; si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria, tu luz se alzará en las tinieblas y tu oscuridad será como el mediodía.

El Señor te guiará incesantemente, te saciará en los ardores del desierto y llenará tus huesos de vigor; tú serás como un jardín bien regado, como una vertiente de agua, cuyas aguas nunca se agotan.

Reconstruirás las ruinas antiguas, restaurarás los cimientos seculares, y te llamarán «Reparador de brechas», «Restaurador de moradas en ruinas.»

Si dejas de pisotear el sábado, de hacer tus negocios en mi día santo; si llamas al sábado «Delicioso» y al día santo del Señor «Honorable»; si lo honras absteniéndote de traficar, de entregarte a tus negocios y de hablar ociosamente, entonces te deleitarás en el Señor; yo te haré cabalgar sobre las alturas del país y te alimentaré con la herencia de tu padre Jacob, porque ha hablado la boca del Señor.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 85, 1-2. 3-4. 5-6 (R.: 11a)

 

R.    Indícame tu camino, Señor, para que viva según tu verdad.

 

Inclina tu oído, Señor, respóndeme,

porque soy pobre y miserable;

protégeme, porque soy uno de tus fieles,

salva a tu servidor que en ti confía. R.

 

Tú eres mi Dios: ten piedad de mí, Señor,

porque te invoco todo el día;

reconforta el ánimo de tu servidor,

porque a ti, Señor, elevo mi alma. R.

 

Tú, Señor, eres bueno e indulgente,

rico en misericordia con aquellos que te invocan:

¡atiende, Señor, a mi plegaria,

escucha la voz de mi súplica! R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    5, 27-32

 

Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, que estaba sentado junto a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: «Sígueme.» El, dejándolo todo, se levantó y lo siguió.

Leví ofreció a Jesús un gran banquete en su casa. Había numerosos publicanos y otras personas que estaban a la mesa con ellos. Los fariseos y los escribas murmuraban y decían a los discípulos de Jesús: «¿Por qué ustedes comen y beben con publicanos y pecadores?»

Pero Jesús tomó la palabra y les dijo: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan.»

 

Palabra del Señor.

 

 

Para reflexionar

 

  • Seguimos escuchando lecturas del profeta Isaías que nos enseñan cuáles son los caminos de Dios. Si ayer se relativizaba el ayuno, para que fuera acompañado de obras de caridad, hoy es la observancia del sábado, otro de los puntos fuertes de los judíos, y que aquí aparece alabado, pero en un marco más amplio de vida de fe.
  • Se alaba lo que se hacía en este día del sábado: abstenerse de viajes, consagrar el día a la gloria de Dios, no tratar los propios negocios. Pero esto lo sitúa el profeta en un contexto de otras actitudes que vuelven a incidir en la caridad fraterna y en la justicia social: desterrar la opresión y la maledicencia, partir el pan con el hambriento.
  • A Dios se llega por la justicia hacia los hermanos, el compromiso por hacerlos más libres, la aceptación de todos y la comunicación de bienes. Sólo de esta manera se transforma la persona y se realiza el proyecto del Señor.

    ***

    • Jesús, saliendo de una casa, en Cafarnaúm, vio a un publicano, llamado Leví, sentado en la mesa de recaudación de impuestos. Leví sería un hombre rico: sus bolsillos se llenaban a expensas del pueblo humilde, antes de llenar las arcas del Estado.
    • Jesús quiere establecer la comunidad de sus seguidores. En esta comunidad no están ausentes los zelotes, casi terroristas que luchaban contra la dictadura del poder extranjero. Y ahora se atreve a llamar nada menos que a un publicano, al recaudador de impuestos, colocado allí por la potencia dominadora. Con estos personajes, tan antagónicos, Jesús construye la nueva comunidad signo de la presencia viva del reino.
    • Leví responde incondicionalmente, radicalmente, inmediatamente. Abandonando todo, deja su vida de pecado que lo ha tenido sentado e inmóvil. Ha sido conquistado por Cristo; en la mirada y el llamado lleno de amor del Maestro ha descubierto la nueva posibilidad de su vida.
    • Sintiéndose amado, perdonado, elegido por Cristo, Leví se ha encontrado a sí mismo, ha encontrado la casa donde, sin temor, recibir al Señor y lo recibe feliz porque antes se ha sentido recibido y aceptado por Él. La comida de Jesús con los pecadores es la realización del banquete del Reino, es el encuentro de los hombres con Dios, la fiesta de la misericordia de Dios que ofrece gratuitamente su perdón y su intimidad.
    • Los fariseos que no pueden comprender la gratuidad de un Dios de misericordia que viene a nuestro encuentro cuestionan el comportamiento de Jesús y sus discípulos. La respuesta de Jesús no se hace esperar. En ella está el sentido de su presencia en medio de los hombres. No ha venido para los sanos, sino para los enfermos, no ha venido a llamar justos, sino pecadores, para que se arrepientan.
    • El proyecto que Jesús de Nazaret pone de manifiesto es el proyecto de Dios. La práctica de ritos externos, ya no es la única mediación para cumplir la voluntad de Dios; ahora la mediación necesaria y directa es la “misericordia”, que brota del amor y la justicia. Seguir a Jesús y aceptar su proyecto, es aceptar la invitación que el Padre nos hace a través de su Hijo amado en la que muestra su amor misericordioso por todos los hombres y mujeres de la tierra.
    • La Iglesia tiene que continuar siendo un espacio de misericordia, de amor y de paz donde los hombres puedan seguir esperando. Ella está llamada a ser el lugar donde todos, sin excepción, puedan experimentar la ternura y la misericordia amorosa del Padre. El mundo podrá transformarse sólo desde la práctica de la misericordia que lleva a contemplar el Rostro de Dios que sale a buscar a los que viven como ovejas sin pastor, para ayudarlos a descubrir el camino de la salvación. Si la Iglesia pierde su ser de misericordia pierde también su misión en la historia.
    • Nadie puede quedar excluido de la acción evangelizadora y pastoral de la Iglesia. La Iglesia de Cristo no puede querer conservar su santidad alejándose de los pecadores. Una Iglesia que desprecie a los pecadores y se aleje de ellos como si fueran un trapo sucio, no puede llamarse realmente Iglesia de Cristo, porque el mismo Señor se acercó al pecado y al pecador para darles nueva vida. La Iglesia vino a salvar todo lo que se había perdido.
    • No busquemos tener una Iglesia tan pura que caiga en la soberbia de condenar irremediablemente al que ha errado el camino. Nosotros creemos en la santidad de la Iglesia, porque Cristo, su Cabeza, es Santo, aún cuando nosotros, sus miembros, somos pecadores en un continuo proceso de conversión.

 

Para discernir

 

  • ¿Cómo experimento mi relación con “los pecadores”?
  • ¿Siento que mi fe me pone en un lugar superior a los demás?
  • ¿Acepto los límites y pecados en la Iglesia?

 

 

Repitamos a lo largo de este día

 

“Sus llagas nos han curado” (Is 53,5c).

 

Para la lectura espiritual

 

La ascesis de los padres del desierto imponía un tiempo de ayuno agotador y privaciones rigurosas: hoy la lucha ataca otro frente. El hombre no necesita un suplemento dolorosísimo; cilicios, cadenas y flagelaciones correrían el riesgo de destrozarlo inútilmente. La ascesis consistiría más bien en imponerse un reposo, la disciplina de la calma y el silencio, en la que el hombre encuentre su capacidad de concentrarse en la oración y contemplación, aún en medio de la barahúnda del mundo; y sobre todo, recobrar la capacidad de percibir la presencia de los demás, de saber acoger a los amigos siempre. La ascesis se convierte así en atención a la invitación del Evangelio, a las bienaventuranzas: búsqueda de la humildad y la pureza de corazón, para liberar al prójimo y devolverlo a Dios.

En un mundo cansado, asfixiado por las preocupaciones y ritmos de vida cada vez más agobiantes, el esfuerzo se dirigirá a encontrar y vivir “la infancia espiritual”, la frescura y la espiritualidad evangélica del “caminito” que nos lleva a sentarnos a la mesa con los pecadores y a compartir el pan juntos. La ascesis no tiene nada que ver con el moralismo. Estamos llamados a ser activos, viriles, heroicos, pero estas “virtudes” son dones de los que el Espíritu puede privarnos en cualquier momento; nada es nuestro.

En las alturas de la santidad está la humildad, que consiste en vivir en una actitud constante del alma en presencia de Dios. La humildad nos impide sentirnos “salvados”, pero suscita una alegría permanente y desinteresada, sencillamente porque Dios existe. El alma reconoce a Dios confesando su impotencia radical; renunciando a pertenecerse. La ofrenda, el don de sí, es la humildad en acción. El hombre desnudo sigue a Cristo desnudo; permanece vigilante en su espíritu y espera la venida del Señor. Pero su alma lleva el mundo de todos los hombres; al atardecer de su vida, el hombre será juzgado de su amor.

 

P. Evdokimov, La novedad del Espíritu, Milán 1980, 64-65.78s, passim.

 

Para rezar

 

Padre misericordioso,

Tú cuidas de todos los pequeños de la tierra

y quieres que cada uno sea signo e instrumento

de tu bondad con los demás.

Tú brindas tu amor a todo hijo herido por el pecado

y quieres unirnos a unos con otros con vínculos de fraternidad.

Perdóname, Señor, si he cerrado las manos

y el corazón al indigente que vive a mi lado,

pobre de bienes o privado del Bien.

Todavía no he comprendido que tu Hijo

ha venido a sentarse a la mesa de los pecadores;

me he creído mejor que los demás.

Por esta razón soy yo el pecador.

Haz que resuene tu voz en mi corazón,

llámame ahora y siempre, oh Dios.

Abandonando las falsas seguridades,

quiero levantarme para seguir a Cristo en una vida nueva.

Y será fiesta.

 

 


 

TIEMPO DTE EL AÑO – SEMANA VIII – CICLO C

TIEMPO DTE EL AÑO – CICLO C

DOMINGO VIII

 

 

Lunes VIII

 

 

Martes VIII

 

TIEMPO DTE EL AÑO – CICLO C
DOMINGO VIII

 

De la abundancia del corazón habla la boca.

 

Lectura del libro del Eclesiástico     27, 4-7

 
Cuando se zarandea la criba, quedan los residuos: así los desechos de un hombre aparecen en sus palabras.

El horno pone a prueba los vasos del alfarero, y la prueba del hombre está en su conversación.

El árbol bien cultivado se manifiesta en sus frutos; así la palabra expresa la índole de cada uno.

No elogies a nadie antes de oírlo razonar, porque allí es donde se prueban los hombres.

 
Palabra de Dios.


SALMO     Sal 91, 2-3. 13-16

 

R. Es bueno darte gracias, Señor.

Es bueno dar gracias al Señor,
y cantar, Dios Altísimo, a tu Nombre;
proclamar tu amor de madrugada,
y tu fidelidad en las vigilias de la noche. R.
 
El justo florecerá como la palmera,
crecerá como los cedros del Líbano:
trasplantado en la Casa del Señor,
florecerá en los atrios de nuestro Dios. R.
 
En la vejez seguirá dando frutos,
se mantendrá fresco y frondoso,
para proclamar qué justo es el Señor,
mi Roca, en quien no existe la maldad. R.

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto     15, 51. 54-58

 
Hermanos:
Les voy a revelar un misterio:

No todos vamos a morir, pero todos seremos transformados.

Cuando lo que es corruptible se revista de la incorruptibilidad y lo que es mortal se revista de la inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra de la Escritura: «La muerte ha sido vencida». ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está tu aguijón? Porque lo que provoca la muerte es el pecado y lo que da fuerza al pecado es la ley.

¡Demos gracias a Dios, que nos ha dado la victoria por nuestro Señor Jesucristo!

Por eso, queridos hermanos, permanezcan firmes e inconmovibles, progresando constantemente en la obra del Señor, con la certidumbre de que los esfuerzos que realizan por Él no serán vanos.

 
Palabra de Dios.

  
EVANGELIO

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas     6, 39-45

 
Jesús les hizo también esta comparación: «¿Puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un pozo?

El discípulo no es superior al maestro; cuando el discípulo llegue a ser perfecto, será como su maestro.

¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: «Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo», tú, que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano.

No hay árbol bueno que dé frutos malos, ni árbol malo que dé frutos buenos: cada árbol se reconoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos ni se cosechan uvas de las zarzas.
El hombre bueno saca el bien del tesoro de bondad que tiene en su corazón. El malo saca el mal de su maldad, porque de la abundancia del corazón habla la boca.

 
Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • La primera lectura de hoy está tomada del libro del Eclesiástico y es el típico texto de la literatura sapiencial con sabor poético. A partir de varias imágenes (la criba, el horno, el fruto del árbol) se nos dice que la bondad del hombre se manifiesta auténticamente después de haber sido probada, después de haber sido examinada. Tan sólo entonces se constata si es algo sólo superficial o si es algo que mana de lo hondo del corazón.

***

  • El evangelio de hoy usa este estilo, con una serie de máximas e imágenes del mismo tipo de las que hemos visto en la primera lectura, algunas incluso calcadas: el ciego y el pozo, el discípulo y su maestro, la paja y la viga en el ojo, el árbol y sus frutos, el corazón y la boca.
  • El núcleo de este mensaje de hoy consiste en valorar lo interior. Jesús invita a la profundidad y a la sinceridad de corazón; a no quedarse con la imagen exterior, que sólo es al fin y al cabo un reflejo de la interioridad de la persona.
  • El evangelio tiene dos partes: la primera consiste en una llamada a la humildad, a la sencillez, a la hora de valorarnos a nosotros y a los demás. A partir de las imágenes del ciego que no puede ser guía de otro ciego, y del discípulo que no está tan instruido como su maestro, Jesús hace una llamada a ser conscientes de la propia limitación, a la capacidad de autocrítica. Este pensamiento culmina con el ejemplo de la viga en el propio ojo y la paja en el del vecino: “¿Por qué te fijas en la paja que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?”
  • Jesús invita, en la segunda parte del texto de hoy, a descubrir al hombre en su propia realidad. Una realidad que halla su aspecto más auténtico en lo que hay en el fondo del corazón. Lo que vale en cada persona no es lo que dice, ni lo que hace, sino lo que hay en su corazón. Y lo que hay en el fondo del corazón se expresará después en sus palabras y en sus obras.

 

Para discernir

 

  • ¿A qué me invita esta palabra de Dios?
  • ¿Estoy dispuesto a crecer en humildad?
  • ¿Qué frutos brotan de mi corazón?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Quiero proclamar tu amor y tu fidelidad Señor

 

Para la lectura espiritual

 

«El árbol se reconoce por sus frutos»

 

En la creación, manda Dios a las plantas que lleven sus frutos, cada una según su especie (Gn 1,11); de la misma manera que a los cristianos, plantas vivas de la Iglesia, les manda que produzcan frutos de devoción, cada uno según su condición y estado. De diferente manera han de practicar la devoción el noble y el artesano, el criado y el príncipe, la viuda, la soltera y la casada; y no solamente esto, sino que es menester acomodar la práctica de la devoción a las fuerzas, a los quehaceres y a las obligaciones de cada persona en particular… ¿sería cosa puesta en razón que el obispo quisiera vivir en la soledad, como los cartujos? Y si los casados nada quisieran allegar, como los capuchinos, y el artesano estuviese todo el día en la iglesia, como los religiosos, y el religioso tratase continuamente con toda clase de personas por el bien del prójimo, como lo hace el obispo, ¿no sería esta devoción ridícula, desordenada e insufrible? Sin embargo, este desorden es demasiado frecuente,

No,…, la devoción nada echa a perder, cuando es verdadera; al contrario, todo lo perfecciona, y, cuando es contraria a la vocación de alguno, es, sin la menor duda, falsa. La abeja, dice Aristóteles, saca su miel de las flores sin dañarlas y las deja frescas y enteras, según las encontró; más la verdadera devoción todavía hace más, porque no sólo no causa perjuicio a vocación ni negocio alguno, sino, antes bien, los adorna y embellece. Las piedras preciosas, introducidas en la miel, se vuelven más relucientes, cada una según su propio color; así también cada uno de nosotros se hace más agradable a Dios en su vocación, cuando la acomoda a la devoción: el gobierno de la familia se hace más amoroso; el amor del marido y de la mujer, más sincero; el servicio del príncipe, más fiel; y todas las ocupaciones, más suaves y amables.

Es un error, y aun una herejía, querer desterrar la vida devota de las compañías de los soldados, del taller de los obreros, de la corte de los príncipes y del hogar de los casados. Es cierto… que la devoción puramente contemplativa, monástica y propia de los religiosos, no puede ser ejercitada en aquellas vocaciones; pero también lo es que, además de estas tres clases de devoción, existen muchas otras, muy a propósito para perfeccionar a los que viven en el siglo.

 

San Francisco de Sales (1567-1622) – obispo de Ginebra y doctor de la Iglesia

Introducción a la vida devota, I, cp. 3

Para rezar

 

Ayúdame Señor

 

A ocuparme, razonablemente

en aquello que sea para tu gloria

para el beneficio de los míos y de mí mismo

A disfrutar el presente, sin estar tan pendiente

de lo que pueda ocurrir mañana.

A, mirar hacia el futuro,

aportando las semillas que siembro hoy en el camino.

 

AYÚDAME, SEÑOR

A sentir tu mirada en aquello que veo

A palpar tus manos en mis pequeñas obras de cada día

A escuchar tu Palabra en las mías,

pobres, torpes y atropelladas

 

AYÚDAME, SEÑOR

A vivir comprometido pero sin ansiedad

A caminar ligero, pero sin prisas

A trabajar con empeño, pero sin nervios

A soñar con un futuro mejor

sin olvidar que puedo superar el presente

 

AYÚDAME, SEÑOR

A confiar en tu mano providente

A no tener miedo al mañana que me aguarda

Contigo, Señor, me basta.

Amén

 

Javier Leoz

 

Lunes VIII

 

Vende lo que tienes y sígueme

 

Lectura del libro del Eclesiástico 17, 24-26. 29

 

A los que se arrepienten, les permite volver

y reconforta a los que perdieron la constancia.

Vuelve al Señor y deja de pecar,

suplica ante su rostro y deja de ofenderlo.

Vuelve al Altísimo, apártate de la injusticia

y odia profundamente toda abominación.

¡Qué grande es la generosidad del Señor

y su perdón para los que vuelven a él!

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 31,1-2. 5. 6. 7 (R.: 11a)

 

R. ¡Qué los justos se alegren en el Señor!

 

¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado

y liberado de su falta!

¡Feliz el hombre a quien el Señor

no le tiene en cuenta las culpas,

y en cuyo espíritu no hay doblez! R.

 

Pero yo reconocí mi pecado,

no te escondí mi culpa,

pensando: «Confesaré mis faltas al Señor.»

¡Y Tú perdonaste mi culpa y mi pecado! R.

 

Por eso, que todos tus fieles te supliquen

en el momento de la angustia;

y cuando irrumpan las aguas caudalosas

no llegarán hasta ellos. R.

 

Tú eres mi refugio,

tú me libras de los peligros

y me colmas

con la alegría de la salvación. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    10, 17-27

 

Cuando Jesús se puso en camino, un hombre corrió hacia él y, arrodillándose, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?»

Jesús le dijo: « ¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre.»

El hombre le respondió: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud.»

Jesús lo miró con amor y le dijo: «Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme.» El, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes.

Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: « ¡qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!» Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: «Hijos míos, ¡Qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios.»

Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros:

«Entonces, ¿quién podrá salvarse?»

Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El sabio, en esta página, llena de ternura, nos invita a convertirnos a Dios, mientras sea tiempo: después de la muerte ya no podremos alabar a Dios ni darle gracias, ni convertirnos.
  • El motivo fundamental con el que quiere animar es la bondad de Dios: «A los que se arrepienten Dios los deja volver… qué grande es la misericordia del Señor y su perdón para los que vuelven a él».
  • Dios nos espera. Para el Eclesiástico, los peores pecados son dos, uno referido a Dios: la idolatría, y otro al prójimo: la injusticia. Nuestra actitud más sabia es la de convertirnos: «volver», «retornar a Dios», «abandonar el pecado», «alejarnos de la injusticia y de la idolatría».

***

  • Jesús se encuentra con un hombre que quiere “heredar la vida eterna”. Parece sincero y con buena intención, pero quizás demasiado seguro de su bondad. El hombre es un buen israelita, cumplidor de los mandamientos, observante de la ley, íntegro, conforme a los principios y valores de la tradición judía. Todo lo que estaba mandado lo ha cumplido desde pequeño.
  • La mirada de afecto de Jesús impresionó a sus discípulos. El Señor no anda con vueltas y le propone al joven algo radical. Para Jesús la observancia de la ley resulta insuficiente, porque Él viene a ofrecer algo superior a toda ley, una vida que desborda todos los valores imaginables. Jesús mira con amor al hombre que ha buscado en sus palabras un sentido más pleno para la vida y lo invita a realizar juntos el camino del Reino. Pero para hacerlo tiene que vender todo lo que tiene y darlo a los pobres.
  • El hombre que tenía muchos bienes no se atreve a dar el paso y se retira. El camino del Reino exige la pobreza. Cuando estamos llenos de cosas somos lentos para avanzar y lo que poseemos se transforma en un obstáculo que nos traba.
  • Jesús nos pide la entrega absoluta para que podamos recibirlo todo. Jesús respeta con delicadeza la libertad de cada persona, pero no acumular riquezas se convierte en una exigencia para los que acepten el mensaje del Reino y quieran seguirlo.
  • Algunos, lo siguen sin dudar, dejándolo todo como los apóstoles, pero muchos se echan atrás como este hombre; que es como un símbolo del pueblo elegido de Dios que, llegado el momento, no quiso aceptar el mensaje del Mesías.
  • La lección que saca Jesús es muy dura: los ricos, los que están demasiado apegados a sus bienes, se hacen incapaces de recibir el Reino: «Más fácil es que un camello pase por el ojo de una aguja…».
  • Ante la afirmación de Jesús, el evangelista destaca la “sorpresa” de los discípulos. Era idea corriente entre los judíos que la riqueza era signo de la bendición de Dios: aquí, en cambio, Jesús da un giro radical a esta concepción. Lo absoluto de la exigencia del seguimiento, y la crítica a las riquezas desconcierta a los discípulos a tal punto que con angustia le preguntan: “¿Quién puede salvarse?”. Jesús responde con una cita del Génesis donde recuerda a Abraham la omnipotencia de Dios para cumplir sus promesas. Ahora también Dios sigue siendo omnipotente para transformar a los hombres y hacerlos capaces de renunciar a sus bienes para compartirlos, siguiendo a Jesús y su Evangelio.
  • A todos nos cuesta renunciar a lo que nos da seguridad: las riquezas, las ideas, los afectos, la familia o los proyectos. Nuestro tesoro está, donde está nuestro corazón. El desprendimiento es signo de la entrega de la propia vida y para compartir con los desposeídos de la tierra la vida y los bienes. Porque la felicidad no consiste en dejarlo todo, sino en hacerse libre de todo para entregarse a Cristo y al trabajo por el reino.
  • Con Dios es posible el amor, la solidaridad, la generosidad, el desinterés y la confianza en la providencia. Aceptar el Evangelio del Reino de Dios, es vivir un tipo de vida en el que los bienes no son el valor absoluto. Y esto sólo es posible en la medida en que Dios es valor radical que nos lleva al encuentro y descubrimiento del hermano por quien vale la pena renunciar al acumular, para vivir el compartir.

 

Para discernir

 

  • ¿Nuestro corazón está en el Dios del Reino y en la búsqueda del Reino de Dios?
  • ¿Estamos dispuestos a renunciar a estas falsas seguridades?
  • ¿Esperamos que Dios nos cambie el corazón, puesto que para Él nada hay imposible?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Para Dios todo es posible

 

Para la lectura espiritual

 

…«Entonces ¿quién puede salvarse?»

 

Jesús, contestando a la pregunta que le había hecho un hombre rico, reveló como se puede llegar a la vida eterna. Pero es la idea de tener que abandonar sus riquezas lo que hizo que este hombre se quedara triste y se marchara. Entonces Jesús dijo: «Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios». A su vez, Pedro, que se había despojado de todo renunciando a su oficio y a su barca, que no poseía ni tan solo un anzuelo, se acerca a Jesús y le pregunta: «Entonces ¿quién puede salvarse?»

Fíjate al mismo tiempo en la reserva y en el celo de este discípulo. No ha dicho: «Mandas lo imposible, este mandamiento es demasiado difícil, esta ley es demasiado exigente». Tampoco se queda callado. Sino que, sin faltar al respeto y mostrando cuán atento estaba hacia los demás, dijo: «Entonces ¿quién puede salvarse?» Es porque incluso antes ya de ser pastor tenía alma de éste; ya antes de estar investido de autoridad…, se preocupaba del mundo entero.  Un hombre rico, probablemente habría preguntado lo mismo pero por interés, preocupado
por su situación personal y sin pensar en los otros. Pero Pedro, que era pobre, no puede ser sospechoso de haber hecho esta pregunta por semejantes motivos. Ello es señal de que se preocupaba por la salvación de los demás, y que deseaba aprender de su Maestro tal como se debe.

De aquí la respuesta alentadora de Cristo: «Es imposible para los hombres, no para Dios».

Lo cual quiere decir: «No penséis que yo os abandono. Yo mismo os asistiré en las cuestiones importantes, y haré que sea fácil y sencillo lo que es difícil»…

 

San Juan Crisóstomo (hacia 345-407),

Homilía sobre el deudor de diez mil talentos, 3; PG 51, 21

 

Para rezar

 

Jesús:

La certeza de tu identidad te ha liberado

para servir a Dios de maneras que no puedo imaginar.

Me siento muy limitado por mis temores y mis ansiedades,

y sin embargo me atrae la libertad que veo en Ti,

la libertad para servir a Dios.

Jesús, ayúdame a descubrir

dónde es que Dios quiere que yo sirva.

Veo muchas cosas negativas e injustas

en el mundo, en mi país, en mi ciudad,

y hasta en mi familia. Pero tengo miedo.

¿Cómo puedo cambiar ciertas cosas?

¿Cómo puedo aprender a confrontar?

Y más importante aún, ¿qué es lo que Dios quiere que yo haga?

Mi querido amigo Jesús, cuando Te veo,

quedo enamorado de Tu fuerza y de

la libertad con que sirves a Dios.

Eso me atrae fuertemente.

Quiero aprender a servir a Dios sin la carga de mis temores.

Pareces estar muy consciente de Tu identidad

y de cómo Dios Te ha llamado a servir.

Quiero tener el valor suficiente para confrontar

las estructuras y las autoridades que veo actuando mal.

Pero, Jesús, tengo miedo.

La confrontación me trae recuerdos de viejos temores

que necesitan ser sanados, y necesito sentir Tu amor

y Tu libertad para servir con todo el corazón.

Nunca he sido una persona luchadora, sino alguien que rehuye a los conflictos.

Pero cuando estoy contigo esta semana,

veo que las constantes confrontaciones

con las autoridades parecen darte una paz más profunda

y mayor firmeza.

Siento que estás cada vez más consciente

de Quien eres y de la misión que Dios Te ha encomendado.

Jesús, eso es lo que quiero. Quiero poder levantar la cabeza

y, como Tú, poder mirar la gente a los ojos cuando las desafío.

Quiero tener el valor de hablar por quienes necesitan ayuda.

Quiero tener el valor de estar contigo a todo momento,

trabajar como Tú, por la justicia y para llevar la buena nueva a los pobres.

Gracias por compartir Tu vida conmigo.

Siento que se van estrechando los lazos que me unen a Ti

a medida que Te voy conociendo cada día más.

Gracias por invitarme a acompañarte en esta travesía.

Dame el valor que necesito para caminar como Tú.

 

Martes VIII

 

Muchos de los últimos serán los primeros

 

Lectura del libro del Eclesiástico 35, 1-12

 

Observar la Ley es como presentar muchas ofrendas

y ser fiel a los mandamientos

es ofrecer un sacrificio de comunión;

devolver un favor es hacer una oblación de harina

y hacer limosna es ofrecer un sacrifico de alabanza.

La manera de agradar al Señor es apartarse del mal,

y apartarse de la injusticia es un sacrificio de expiación.

No te presentes ante el Señor con las manos vacías,

porque todo esto lo prescriben los mandamientos.

Cuando la ofrenda del justo engrasa el altar,

su fragancia llega a la presencia del Altísimo.

El sacrificio del justo es aceptado

y su memorial no caerá en el olvido.

Glorifica al Señor con generosidad

y no mezquines las primicias de tus manos.

Da siempre con el rostro radiante y consagra el diezmo con alegría.

Da al Altísimo según lo que él te dio,

y con generosidad, conforme a tus recursos,

porque el Señor sabe retribuir

y te dará siete veces más.

No pretendas sobornarlo con un don, porque no lo aceptaría,

y no te apoyes en un sacrificio injusto.

Porque el Señor es juez

y no hace distinción de personas.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 49, 5-8. 14. 23

 

R. ¡El Señor es el único Juez!

 

Al que va por el buen camino,

Le haré gustar la salvación de Dios.

El Dios de los dioses, el Señor,

habla para convocar la Tierra

desde la salida del sol hasta el ocaso. R

 

«Reúnanme a mis amigos,

a los que sellaron mi alianza con un sacrificio.»

¡Que el cielo proclame su justicia,

porque el Señor es el único Juez! R.

 

«Escucha, pueblo mío, yo te hablo;

Israel, voy a alegar contra ti: yo soy el Señor, tu Dios.

No te acuso por tus sacrificios:

¡tus holocaustos están siempre en mi presencia!» R.

 

«Ofrece al Señor un sacrificio de alabanza

y cumple tus votos al Altísimo.

El que ofrece sacrificios de alabanza, me honra de verdad;

y al que va por el buen camino,

le haré gustar la salvación de Dios.» R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    10, 28-31

 

Pedro le dijo a Jesús: «Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»

Jesús respondió: «Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna.

Muchos de los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Hoy Pedro sigue hablando de la herencia y la esperanza que nos concede Dios en su misericordia y siguiendo la costumbre de los primeros apóstoles, afirma la continuidad absoluta del Antiguo y del Nuevo Testamento.
  • El mismo Espíritu es el inspirador de los «profetas» antiguos que predecían la gracia que nos estaba destinada y el de los «predicadores actuales del evangelio, que anuncian la buena noticia, de que en la muerte y resurrección de Cristo Jesús se cumple todo lo anunciado antes. Cuando miramos el futuro lo hacemos con esperanza porque caminamos hacia la “revelación de Jesucristo”.
  • Por este motivo el autor de la carta quiere que los cristianos no se amolden a los deseos de antes, sino que vivan en santidad. Pedro repite lo que había oído decir a Jesús: sean perfectos como el Padre celestial es perfecto. Los discípulos somos hombres de memoria y profecía, vivimos entre el ayer y el mañana, esto nos lleva a vivir el presente alertas y siempre atentos al Espíritu, disponibles, despiertos y vigilantes.

***

  • Jesús ha pedido al rico que quería heredar el reino que lo venda todo y lo siga. Sin animarse a dar ese paso se aleja triste. Pedro aprovecha la ocasión para recodar que ellos lo han dejado todo y lo han seguido. Pedro y los discípulos todavía tienen una idea política del mesianismo de Jesús. No han descubierto todavía lo que les ofrece Jesús y buscan puestos de honor, recompensas humanas, soluciones cuasi mágicas.
  • Jesús y su Espíritu los irán ayudando a madurar en su fe, hasta que después de la Pascua puedan entregarse gratuita y generosamente al servicio de Cristo Jesús y de la comunidad, hasta la entrega de sus propias vidas.
  • La respuesta de Jesús es misteriosa y alentadora: «Recibirá en este tiempo cien veces más y en el futuro, la vida eterna».
  • No se trata de matemática. La respuesta habla de una situación de absoluta novedad. Jesús armará en torno a sí una nueva comunidad unida por lazos más fuertes que los de la sangre. Dejamos un hermano para buscar cien.
  • Al céntuplo que se recibirá de todo Jesús agrega: “con persecuciones”. En ningún momento Jesús asegura el éxito, felicidad humana y aplausos de los hombres. La promesa de la vida eterna viene después. A la Pascua salvadora se llega por el vía crucis del Viernes Santo. El amor muchas veces supone sacrificio. Requiere esfuerzo y lucha; pero vale la pena. Habrá felicidad, pero será la de aquel que descubre que hay “más alegría en dar que en recibir”. La felicidad será del que se sacrifica por los demás.
  • La pobreza por el Evangelio no se queda en una simple renuncia a los bienes materiales, ni mucho menos en un asistencialismo consistente en darle a los bienes, un fin social. El modo viejo de vivir marcado por el egoísmo y la seguridad que da la acumulación de bienes, tiene que dar paso a la donación, que lleva compartir los bienes de la tierra en solidaridad y comunión.
  • Jesús termina remarcando que no se puede pertenecer a la nueva comunidad del Reino con criterios de protagonismo o superioridad basados en el poder y el prestigio que dan las riquezas.
  • En el reino todos tendrán que adoptar la actitud de Jesús, la de hacerse “último de todos y servidor de todos”. En el Reino no valen las posiciones que crean diferencias. Lo que caracteriza al reino es la gratuidad en la cual no hay precio, pero sí hay valor. ¿Acaso, pregunta una madre cuánto le van a pagar por su trabajo? ¿Pone un amigo precio a la sinceridad? ¿Pasó factura Jesús por su entrega en la cruz? Lo que verdaderamente tiene valor es lo que se gesta desde el amor hecho de justicia, compasión misericordia y servicio.

 

Para discernir

 

  • ¿Qué sentido doy a mis renuncias?
  • ¿Tengo yo una actitud meramente negativa?
  • ¿Hago opciones o elecciones que sobrepasan todo precio humano?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Recibiremos cien veces más

 

Para la lectura espiritual

 

…«Ya en este tiempo, cien veces más»

 

«Sembrad en justicia, dice el Señor, y recogeréis la esperanza de la vida». No habla del último día cuando todo se nos dará realmente y ya no en esperanza; habla del presente. Cierto, nuestro gozo será grande, nuestra alegría infinita, cuando comenzará la verdadera vida. Pero ya la esperanza de un gozo tan grande no se puede dar sin gran gozo. «Que la esperanza os tenga alegres» dice el apóstol Pablo (Rm 12,12). Y David no dice que estará gozoso, sino que ya lo ha estado el día en que ha esperado poder entrar en la casa del Señor (Sl 121,1).
Todavía no poseía la vida, pero ya había cosechado la esperanza de la vida. Y al mismo tiempo experimentaba  la verdad de la Escritura que dice que no sólo la recompensa sino «la esperanza de los justos está llena de gozo» (Pr 10,28). Este gozo se produce en el alma de aquel que ha sembrado para la justicia, por la convicción que tiene de que sus pecados le son perdonados…

…Cualquiera de entre vosotros, después de los principios amargos de la conversión, tiene la felicidad de verse aliviado por la esperanza de los bienes que espera… ya desde ahora ha recogido el fruto de sus lágrimas. Ha visto a Dios y ha escuchado de él: «Dadle el fruto de sus obras» (Pr 31,31). ¿Cómo es posible que el que ha «gustado y visto cuán bueno es el Señor» (Sl 33,9) no haya visto a Dios? El Señor Jesús aparece dulce a aquel que recibe de él no sólo la remisión de sus faltas, sino también el don de la santidad y, más aún, la promesa de la vida eterna. Dichoso el que ha hecho ya tan buena cosecha… El profeta dice en verdad: «Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares» (Sl 125,5)… Ningún provecho ni honor terrestre no nos parecerá estar por encima de nuestra esperanza y de este gozo de esperar, desde ahora enraizado profundamente en nuestros corazones: «La esperanza no engaña, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Rm 5,5)…

 

San Bernardo. Sermón 37 sobre el Cántico de los Cánticos

 

Para rezar

 

Quiero seguirte


 

Quiero seguirte, Señor, en medio de este mundo;

quiero seguirte en medio de tantas dificultades,

en medio de una sociedad que pasa cada vez más de ti;

en medio de tanta gente que, sin saberlo,

está hambrienta y necesitada

de algo que la llene de verdad.

Quiero seguirte, Señor,

porque sé que me necesitas para crear un mundo

en donde reine cada vez más la justicia, el amor y la paz;

un mundo donde todos

se puedan llamar algún día hermanos de verdad;

un mundo donde todos te reconozcan y se acerquen de nuevo a ti;

un mundo donde la única ley sea amarnos como tú nos amaste.

Hoy, Señor, quiero renovar mi opción por ti.

Quiero decirte que sigues siendo importante en mi vida,

que te necesito.

Quiero decirte que sin ti estaría perdido y desorientado

porque tú eres luz para mis ojos y calor para mi alma.

Sé, Señor, que tenerte en el centro de mi vida no es fácil,

que las dificultades afloraran sin yo buscarlas.

Algunas veces serán los que me rodean

que me invitarán a dejarte;

otras será mi pereza, mi comodidad, mi orgullo, mi «yo».

A pesar de todo, quiero lanzarme en el vacío,

quiero apostar por ti.

Porque sé que sólo quien apuesta en esta vida

es capaz de ganar algo;

porque sé que seguirte es hacer un ejercicio de confianza total

y yo estoy dispuesto a realizarlo,

porque tú no me vas a defraudar.

 


 

TIEMPO DTE EL AÑO – SEMANA VII – CICLO C

TIEMPO DTE EL AÑO

Domingo VII

 

Lunes VII

 

Martes VII

 

Miércoles VII

 

Jueves VII

 

Viernes VII

 

Sábado VII

 

TIEMPO DTE EL AÑO

Domingo VII

 

Sean misericordiosos como el Padre es misericordioso

 

Lectura del primer libro de Samuel    26, 2. 7-9. 12-14. 22-23

 

Saúl bajó al desierto de Zif con tres mil hombres, lo más selecto de Israel, para buscar a David en el desierto.

David y Abisai llegaron de noche, mientras Saúl estaba acostado, durmiendo en el centro del campamento. Su lanza estaba clavada en tierra, a su cabecera, y Abner y la tropa estaban acostados alrededor de él.

Abisai dijo a David: «Dios ha puesto a tu enemigo en tus manos. Déjame clavarlo en tierra con la lanza, de una sola vez; no tendré que repetir el golpe.» Pero David replicó a Abisai: «¡No, no lo mates! ¿Quién podría atentar impunemente contra el ungido del Señor?.»

David tomó la lanza y el jarro de agua que estaban a la cabecera de Saúl, y se fueron. Nadie vio ni se dio cuenta de nada, ni se despertó nadie, porque estaban todos dormidos: un profundo sueño, enviado por el Señor, había caído sobre ellos.

Luego David cruzó al otro lado y se puso en la cima del monte, a lo lejos, de manera que había un gran espacie entre ellos.

David respondió, diciendo: «¡Aquí está la lanza del rey! Que cruce uno de los muchachos y la recoja. El Señor le pagará a cada uno según su justicia y su lealtad. Porque hoy el Señor te entregó en mis manos, pero yo no quise atentar contra el ungido del Señor.

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO    Sal 102, 1-2. 3-4. 8 y 10. 12-13 (R.: 8a)

 

R.    El Señor es bondadoso y compasivo.

 

De David. Bendice al Señor, alma mía,

que todo mi ser bendiga a su santo Nombre,

bendice al Señor, alma mía,

y nunca olvides sus beneficios. R

 

El perdona todas tus culpas

y cura todas tus dolencias;

rescata tu vida del sepulcro,

te corona de amor y de ternura. R

 

El Señor es bondadoso y compasivo,

lento para enojarse y de gran misericordia;

no nos trata según nuestros pecados

ni nos paga conforme a nuestras culpas. R

 

Cuanto dista el oriente del occidente,

así aparta de nosotros nuestros pecados.

Como un padre cariñoso con sus hijos,

así es cariñoso el Señor con sus fieles. R

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto    15, 45-49

 

Hermanos:

El primer hombre, Adán, fue creado como un ser viviente; el último Adán, en cambio, es un ser espiritual que da la Vida. Pero no existió primero lo espiritual sino lo puramente natural; lo espiritual viene después.

El primer hombre procede de la tierra y es terrenal; pero el segundo hombre procede del cielo. Los hombres terrenales serán como el hombre terrenal, y los celestiales como el celestial.

De la misma manera que hemos sido revestidos de la imagen del hombre terrenal, también lo seremos de la imagen del hombre celestial.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    6, 27-38

 

Jesús dijo a sus discípulos:

Pero yo les digo a ustedes que me escuchan: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian. Bendigan a los que los maldicen, rueguen por lo que los difaman. Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra; al que te quite el manto, no le niegues la túnica. Dale a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames.

Hagan por lo demás lo que quieren que los hombres hagan por ustedes. Si aman a aquellos que los aman, ¿qué mérito tienen? Porque hasta los pecadores aman a aquellos que los aman. Si hacen el bien a aquellos que se lo hacen a ustedes, ¿qué mérito tienen? Eso lo hacen también los pecadores. Y si prestan a aquellos de quienes esperan recibir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan a los pecadores, para recibir de ellos lo mismo.

Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada en cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande y serán hijos del Altísimo, porque él es bueno con los desagradecidos y los malos.

Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • La primera lectura nos presenta el ejemplo del rey David. Es un punto de partida simple y claro: siendo perseguido se halla frente a la ocasión para quedarse con el poder matando a Saúl, pero no da paso a la natural venganza.
  • David es imagen del hombre que se domina, que domestica su comportamiento espontáneo, que, a pesar de la tribulación, reflexiona y sabe hacer el bien lúcidamente.

***

  • Pablo sigue empeñado en su reflexión sobre la resurrección de los muertos y recurre al libro del Génesis para sacar unas consecuencias que contraponen el hombre natural, biológico, genético, y el hombre espiritual, el de la resurrección. Bajo la imagen de los dos Adanes: el de la tierra y el del cielo afirma que no hemos nacido para quedarnos en la tierra, sino para ser seres espirituales, donde la muerte no nos lleve a la nada. El primer Adán ha sido superado por el segundo Adán, el del cielo. Este, que viene del Dios infinito, no conoce los límites y las normas de la finitud: puede darse a sí mismo y repartir el amor divino de una manera ilimitada, y legar a su “descendencia, los cristianos, que están hechos a su imagen, el mismo don.

***

  • En el evangelio de hoy se hace presente la gratuidad del amor, como lo más elevado del amor humano, lo que lo hace realmente humano. Cuando se ama a los que nos aman…”, o a aquellos de quienes esperamos recibir recompensa, o a los que “pagan” el amor que se les otorga; ese amor no es verdadero amor, sino que es un egoísmo disfrazado de amor.
  • El amor de Jesús es el ideal del amor maduro, amor “oblativo”, que se da y se ofrece sin pedir nada a cambio, sin esperar el “pago”. Un amor capaz de amar a los que no pueden pagar, a los “no agradables, incluso a los desagradables, y también a los que “no se lo merecen”, y hasta a los enemigos. Ese amor maduro y gratuito es la eclosión de la capacidad humana de superar las propias limitaciones y tendencias naturales.
  • Atrás queda la ley del “talión” que evitaba que la gente se extralimitase con la venganza; la medida de la venganza debía ser la medida de la ofensa. Atrás queda la fórmula de «amarás al prójimo como a ti mismo», para dar paso a la novedad del amor evangélico. Pero la propuesta de Jesús va más allá: «Al que te pegue en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite la capa, déjale también la túnica. A todo el que te pide, dale; al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames…»
  • Jesús va mucho más lejos e invita a los discípulos a superar el egoísmo y a construir una nueva experiencia, donde la generosidad va más allá del compartir: consiste en dar y darse hasta quedarse sin nada. Compartir es de estricta justicia; dar hasta quedarse sin nada es propio de quien ha sustituido la justicia, como patrón del comportamiento humano, por el amor como único mandamiento: «Ámense como yo los he amado», esto es, hasta perder lo que más queremos, la vida, para darla “a” y “por” los demás.
  • Fruto de un amar así es el perdón. El amor a los enemigos y la renuncia a la violencia para hacer justicia es lo que Dios hace día y noche con nosotros. Por eso Dios no tiene enemigos, porque es misericordioso y ama sin medida. Lucas no propone “ser perfectos”, como lo hace Mateo desde una mentalidad acostumbrada a los preceptos y las normas, sino “ser misericordiosos”. Esta actitud es la forma y la medida para amar incluso a los enemigos y renunciar al odio, a la venganza y a la violencia.
  • Con mucha frecuencia no somos conscientes de la importancia que puede tener el perdón para el avance de un vínculo, de una familia; de la historia de un pueblo. Sin embargo, el perdón aniquila los obstáculos que nos llegan del pasado y que pretenden detenernos ahí; mientras la vida sigue avanzando. Paradojalmente el perdón da nuevas energías para seguir luchando. Reconstruye y humaniza a todo aquel que lo da y lo recibe porque ennoblece a quien perdona y a quien es perdonado.
  • La capacidad de perdón generoso es, para un pueblo, más importante y más liberadora que la capacidad de recordar esclavizadamente con espíritu vengativo las injusticias del pasado. Ser discípulo de Jesús exige de nosotros no precisamente una heroicidad ideal como muchas veces se ha planteado; exige de nosotros, algo radical y posible con su gracia, ser misericordiosos.

 

Para discernir

 

  • ¿Está mi vida instalada en un amor como el que me presenta Jesús en este texto?
  • ¿Soy capaz de amar a quienes no me gusta, a quienes me disgustan, a mis enemigos.
  • ¿Cómo puedo hacer para amar a quien está en una posición de enemigo social?

 

Para rezar

 

No se puede permanecer prisioneros del pasado:

es necesaria, para cada uno y para los pueblos,

una especie de ‘purificación de la memoria’,

a fin de que los males del pasado

no vuelvan a producirse más.

No se trata de olvidar todo lo que ha sucedido,

sino de releerlo con sentimientos nuevos,

aprendiendo, precisamente de las experiencias sufridas,

que sólo el amor construye,

mientras el odio produce destrucción y ruina.

La novedad liberadora del perdón debe sustituir

a la insistencia inquietante de la venganza.

Pedir y ofrecer perdón

es una vía profundamente digna del hombre

y, a veces, la única para salir de situaciones marcadas

por odios antiguos y violentos”.

 

San Juan Pablo II – 1 de enero de 1997

 

Lunes VII

 

Creo, Señor, ayúdame porque tengo poca fe

 

Lectura del libro del Eclesiástico 1, 1-10

 

Toda sabiduría viene del Señor,

y está con Él para siempre.

¿Quién puede contar la arena de los mares,

las gotas de la lluvia y los días de la eternidad?

¿Quién puede medir la altura del cielo,

la extensión de la tierra, el abismo y la sabiduría?

Antes que todas las cosas fue creada la sabiduría

y la inteligencia previsora, desde la eternidad.

El manantial de la sabiduría es la palabra de Dios en las alturas,

y sus canales son los mandamientos eternos.

¿A quién fue revelada la raíz de la sabiduría

y quién conoció sus secretos designios?

¿A quién se le manifestó la ciencia de la sabiduría

y quién comprendió la diversidad de sus caminos?

Sólo uno es sabio, temible en extremo:

el Señor, que está sentado en su trono.

El mismo la creó, la vio y la midió,

y la derramó sobre todas sus obras:

a dio a todos los hombres, según su generosidad,

y la infundió abundantemente en aquellos que lo aman.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 92, 1-2. 5 (R.: 1a)

 

R. ¡Reina el Señor, revestido de majestad!

 

¡Reina el Señor, revestido de majestad!

El Señor se ha revestido, se ha ceñido de poder.

El mundo está firmemente establecido:

¡no se moverá jamás! R.

 

Tu trono está firme desde siempre,

tú existes desde la eternidad.

Tus testimonios, Señor, son dignos de fe,

la santidad embellece tu Casa

a lo largo de los tiempos. R.

 

EVANGELIO

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 9, 14-29

 

Después de la Transfiguración, Jesús, Pedro, Santiago y Juan, bajaron del monte. Llegaron donde estaban los otros discípulos y los encontraron en medio de una gran multitud, discutiendo con algunos escribas. En cuanto la multitud distinguió a Jesús, quedó asombrada y corrieron a saludarlo. El les preguntó: «¿Sobre qué estaban discutiendo?.»

Uno de ellos le dijo: «Maestro, te he traído a mi hijo, que está poseído de un espíritu mudo. Cuando se apodera de él, lo tira al suelo y le hace echar espuma por la boca; entonces le crujen sus dientes y se queda rígido. Le pedí a tus discípulos que lo expulsaran pero no pudieron.»

«Generación incrédula, respondió Jesús, ¿hasta cuando estaré con ustedes? ¿Hasta cuando tendré que soportarlos? Tráiganmelo.» Y ellos se lo trajeron. En cuanto vio a Jesús, el espíritu sacudió violentamente al niño, que cayó al suelo y se revolcaba, echando espuma por la boca.

Jesús le preguntó al padre: «¿Cuánto tiempo hace que está así?.»

«Desde la infancia, le respondió, y a menudo lo hace caer en el fuego o en el agua para matarlo. Si puedes hacer algo, ten piedad de nosotros y ayúdanos.»

«¡Si puedes…!», respondió Jesús. «Todo es posible para el que cree.»

Inmediatamente el padre del niño exclamó: «Creo, ayúdame porque tengo poca fe.»

Al ver que llegaba más gente, Jesús increpó al espíritu impuro, diciéndole: «Espíritu mudo y sordo, yo te lo ordeno, sal de él y no vuelvas más.» El demonio gritó, sacudió violentamente al niño y salió de él, dejándolo como muerto, tanto que muchos decían: «Está muerto.» Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó, y el niño se puso de pie.

Cuando entró a la casa y quedaron solos, los discípulos le preguntaron: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?.»

Él les respondió: «Esta clase de demonios se expulsa sólo con la oración.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Luego de bajar del monte con sus tres acompañantes, Jesús es saludado por la gente.  Quiere saber sobre que discutían un grupo de sus discípulos y la gente.
  • Esta vez la escena es un caso de aparente epilepsia, que es atribuido por la mentalidad de aquella época a la acción del demonio.
  • Atribuían a los “espíritus impuros” todo lo que atacaba al hombre de un modo más  espectacular. Por otra parte, la continuación del relato nos mostrará que este muchacho  padecía un doble mal: una epilepsia y una presencia demoníaca. Jesús llevará a cabo esta  curación en dos tiempos: hay primero un exorcismo que le libra del “espíritu impuro” y deja  al muchacho como muerto; luego la curación definitiva, hecha más sencillamente a la  manera de otras curaciones: Jesús lo tomó de la mano y lo levantó.
  • Para el seguimiento de Jesús no basta con dejar de ser malo. Es necesario, por la misericordia de Dios, llenarse de la fuerza del amor y ponerse de pie, en capacidad de seguir a Jesús. Pero, sobre todo, es necesario tener fe.
  • La falta de la verdadera fe es la que impide experimentar la salvación que Jesús ofrece. Por eso el Señor se dirige primero a todos, y los llama “generación incrédula”; después con el padre del muchacho, a quien invita a creer. Y finalmente con sus discípulos, a quien les explica su impotencia para curar: por falta de oración.
  • El padre del muchacho intuye las puertas que abre la fe, y, a la invitación de Jesús, hace una admirable  “profesión de fe”… llena de humildad. “¡Sí, creo! Pero, Señor, ven a robustecer mi pobre fe, pues siento ¡que no creo todavía suficiente!
  • Jesús aparece de nuevo como más fuerte que el mal. Tiene la fuerza de Dios. Igual que  en la montaña los tres discípulos han sido testigos de su gloria divina, ahora todos  presencian asombrados otra manifestación mesiánica: ha venido a librar al mundo de sus  males, incluso de los demoníacos, de la enfermedad y de la muerte.
  • En la guerra continua entre el bien y el mal, Cristo se nos muestra como vencedor y nos  invita a que, apoyados en Él -con la oración y el ayuno, no con nuestras fuerzas-  colaboremos a que esa victoria se extienda a todos, también en nuestro tiempo.
  • En nuestra lucha contra el mal que hay dentro de nosotros y el de los demás, sólo  puede ser eficaz si se basa en la fuerza de Dios. Sólo puede suceder desde la fe y la  oración, en unión con Cristo, el que libera al mundo de todo mal. No se trata de hacer  gestos mágicos o de pronunciar palabras que tienen eficacia por sí solas. El que salva y el  que libera es Dios. Y nosotros, sólo si nos mantenemos unidos a Él por la oración. Esta es la lección que nos da hoy Jesús.
  • Nuestro camino de fe se realiza trabajando a favor del Reino de Dios, hasta que éste llegue a su plenitud, en el Reino eterno. Nuestro trabajo no puede realizarse sólo con nuestros medios, por muy importantes que estos parezcan de acuerdo a los criterios de los hombres. Por eso necesitamos encontrarnos personalmente con el Señor, orar y no tener miedo incluso a ayunar, no como masoquista, sino como la mejor disposición que tenemos de abrirnos; para encontrarnos amorosamente con el Señor, libres de todo aquello que nos impide tenerlo sólo a Él como centro de nuestra vida. De ese modo podremos pedirle su sabiduría y su fortaleza para poder, así, descubrir sus caminos y seguirlos con un gran amor hecho gesto y palabra servicial y salvadora.

 

Para discernir

 

  • ¿Sé pedir con sencillez y humildad?
  • ¿Me apoyo en mis fuerzas o soy capaz de abandonarme en el poder de Dios?
  • ¿De qué manera la fe ha renovado mi vida?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Todo es posible para el que cree

 

Para la lectura espiritual

 

Ven y ayuda mi poca fe

 

Aleja la duda de tu alma, y nunca temas dirigir a Dios tu plegaria, diciéndote: «¿Cómo podría yo orar, cómo podría yo ser escuchado, después de haber ofendido tanto a Dios?» No razones de esta manera; sino vuélvete al Señor con todo tu corazón, y órale con plena confianza. Conocerás entonces toda la extensión de su misericordia; verás que, lejos de abandonarte, colmará los deseos de tu corazón. Porque Dios no es como los hombres que se acuerdan del mal; en él no hay ningún resentimiento, sino una tierna compasión hacia sus criaturas. Purifica, pues, tu corazón de todas las vanidades del mundo, del mal y del pecado…, y ora al Señor. Lo alcanzarás todo…, si haces tu oración con total confianza.

Pero si la duda se desliza en tu corazón, ninguna de tus peticiones verás atendida. Los que dudan de Dios son almas dobles; no consiguen nada de lo que piden… Cualquiera que dude, a no ser que se convierta, difícilmente será escuchado y salvado. Purifica, pues, tu alma de la duda, revístete de la fe, porque es poderosa, y cree firmemente que Dios escuchará tus peticiones. Y si ocurre que se retrasa un poco en escuchar tu petición, no caigas en la duda por el mero hecho de no haberlo obtenido todo inmediatamente; este retraso es para hacerte crecer más en la fe. No dejes, pues, de pedir lo que deseas… Aleja de ti la duda; es perniciosa e insensata, quita a muchos la raíz de la fe, incluso a los que estaban muy firmes en ella… La fe es fuerte y poderosa; lo promete todo y tiene éxito en todo; la duda, falta de confianza, fracasa en todo…

 

Pastor de Hermas (siglo II)

Para rezar

 

Creemos en Dios Padre, de infinita sabiduría

poder y amor, que expresa su misericordia

en todas sus obras y que quiere siempre el bien de sus hijos.

Creemos en Jesucristo, Hijo de Dios, nacido de mujer,

don de la inagotable gracia del Padre,

fundamento de nuestra esperanza y promesa

de nuestra liberación del pecado y de la muerte.


Creemos en el Espíritu Santo, la presencia divina

en nuestras vidas, por el cual conocemos la verdad de Cristo

y hallamos fortaleza y auxilio en tiempo de necesidad.

Creemos que esta fe debe manifestarse en servicio,

movida por el amor, siguiendo el ejemplo

de nuestro bendito Señor, de manera que el Reino de

Dios se haga realidad en la tierra.

 

Martes VII

 

Para ser el primero hacerse el último

 

Lectura del libro del Eclesiástico     2, 1-11
 
Hijo, si te decides a servir al Señor,
prepara tu alma para la prueba.
Endereza tu corazón, sé firme,
y no te inquietes en el momento de la desgracia.
Únete al Señor y no se separes,
para que al final de tus días seas enaltecido.
Acepta de buen grado todo lo que te suceda,
y sé paciente en las vicisitudes de tu humillación.
Porque el oro se purifica en el fuego,
y los que agradan a Dios, en el crisol de la humillación.
Confía en él, y él vendrá en tu ayuda,
endereza tus caminos y espera en Él.

Los que temen al Señor, esperen su misericordia,
y no se desvíen, para no caer.
Los que temen al Señor, tengan confianza en Él,
y no les faltará su recompensa.
Los que temen al Señor, esperen sus beneficios,
el gozo duradero y la misericordia.
Fíjense en las generaciones pasadas y vean:
¿Quién confió en el Señor y quedó confundido?
¿Quién perseveró en su temor y fue abandonado?
¿Quién lo invocó y no fue tenido en cuenta?
Porque el Señor es misericordioso y compasivo,
perdona los pecados
y salva en el momento de la aflicción.
 
Palabra de Dios.
 
SALMO     Sal 36, 3-4. 18-19. 27-28. 39-40 (R.: cf. 5)


R. ¡Confía tu suerte al Señor!


Confía en el Señor y practica el bien;
habita en la tierra y vive tranquilo:
que el Señor sea tu único deleite,
y él colmará los deseos de tu corazón. R.
 
El Señor se preocupa de los buenos,
su herencia permanecerá para siempre;
no desfallecerán en los momentos de penuria,
y en tiempos de hambre quedarán saciados. R.
 
Aléjate del mal, practica el bien,
y siempre tendrás una morada,
porque el Señor ama la justicia
y nunca abandona a sus fieles. R.
 
La salvación de los justos viene del Señor,
él es su refugio en el momento del peligro;
el Señor los ayuda y los libera,
los salva porque confiaron en Él. R.
   
EVANGELIO

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos     9,30-37


Al salir de allí atravesaron la Galilea; Jesús no quería que nadie lo supiera, porque enseñaba y les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará.» Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas.

Llegaron a Cafarnaún y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: «¿De qué hablaban en el camino?.» Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande.

Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: «El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos.»

Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo: «El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado.»

 
Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • La segunda página de este libro de sabiduría, el Eclesiástico, es un aviso muy realista: «Prepárate para las pruebas». La sabiduría, aunque es don de Dios y participación en su sabiduría eterna e insondable, es también aprendizaje y tarea por nuestra parte. Requiere valentía, fidelidad, perseverancia, aplicación. Si vienen pruebas, también exige el saberlas aguantar y sacar provecho de ellas.
  • El autor recurre a la historia, que está llena de personas que nos dan ejemplo de constancia y fidelidad a Dios, porque en las dificultades confiaron en Él: «¿Quién confió en el Señor y quedó defraudado?».
  • Las pruebas nos hacen madurar, nos hacen pensar, nos invitan a relativizar tantas cosas y a dar importancia a las que valen la pena.
  • Con la fuerza de Dios no hay dificultad insuperable. Con su luz vamos adquiriendo la verdadera sabiduría que nos trae también la felicidad. Confiemos en Dios. Eso iluminará de sabiduría nuestra jornada.

 ***

  • Jesús para ir educando a los suyos en el camino del discipulado, les anuncia por segunda vez su pasión y su muerte. Pero todavía no están dispuestos a entender lo que les está queriendo decir. Lo que les preocupa, y de eso discuten en el camino, es «quién será el más importante». Ya se ven en el Reino del Maestro, ocupando los puestos de honor.
  • Aún se ve lo difícil que es para los discípulos comprender la pasión, muerte y resurrección de Jesús. A pesar de haber escuchado, directamente de sus labios, los requerimientos para la construcción del Reino siguen preocupados más por el poder, que por entregar incondicionalmente la vida por el hermano como les propone el Maestro.
  • Jesús, en la serenidad de casa, con extrema delicadeza les da una lección para que vayan corrigiendo sus expectativas. Les aclara que no se puede ser el primero en su Reino si no se abandona toda tentativa de poder, asumiendo comprometidamente el servicio y la entrega por los demás.
  • Después, pone a un niño en medio de ellos y dice que el que recibe a un niño lo recibe a Él. Precisamente a un niño, que en el ambiente social de entonces era más bien marginado de la sociedad y tenido en muy poco.
  • Jesús puede hablarles del poder y valor de la servicialidad porque es el primero que la vive con toda radicalidad. Toda su vida está en esa actitud de entrega por los demás porque no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida para la salvación de todos. Actitud que manifiesta en su cercanía a los más necesitados, que pondrá de manifiesto con ellos cuando arrodillado les lave los pies; pero sobre todo cuando en la cruz entregue su vida.
  • La dificultad para entender la lección que Jesús dio a los apóstoles también la padecemos hoy. Tendemos a ocupar los primeros lugares, a buscar nuestros propios intereses, a despreciar a aquellos de los que no podemos esperar mucho. Eso pasa en el mundo de la política, en nuestro mundo familiar o comunitario, en nuestra vida eclesial. Nuestra naturaleza se rebela cuando podemos «ser el último de todos».
  • La salvación del mundo vino a través de la cruz de Cristo. Seguimos a un Salvador humilde, aparentemente fracasado, el Siervo de todos, hasta la Cruz. El discípulo no puede ser más que el maestro. Colaborar con Él en la construcción del reino significará muchas veces sufrimiento, otras veces renuncia y esfuerzo, y siempre entrega gratuita.
  • Aquel que quiera ser discípulo de Jesús debe ser un servidor integral, especialmente de los que más lo necesitan, de los abandonados, de los postergados, de los que nadie atiende, aquellos de los que nadie se acuerda. Amar es servir. Un cristiano que no sirve, no sirve como cristiano. “Una Iglesia que no sirve, no sirve para nada”.
  • Como Iglesia también debemos asumir la radicalidad de la propuesta de servicio que Jesús asumió con todas las consecuencias que implique. Vivir en pobreza y al servicio de los hombres y de todo hombre, es la única obligación del cristiano.

 

Para discernir

 

  • ¿Acepto las consecuencias de renuncia y cruz en el seguimiento del Señor?
  • ¿Busco una salvación a mi medida?
  • ¿Reconozco en el servicio una fuente de Gracia?

     

Repitamos a lo largo de este día

 

Seamos primeros sirviendo a todos

 

Para la lectura espiritual

 

«Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos»

 

¡Jesús!… ¡Qué humildad la tuya, Rey de la gloria, al someterte a todos los sacerdotes, sin hacer distinción alguna entre los que te aman y los que, por desgracia, son tibios o fríos en tu servicio…! A su llamada, tú bajas del cielo; pueden adelantar o retrasar la hora del santo sacrificio, que tú estás siempre pronto a su voz… ¡Qué manso y humilde de corazón me pareces, Amor mío, bajo el velo de la blanca hostia! (Mt 11,29). Ya no puedes abajarte más para enseñarme la humildad; por eso, para responder a tu amor, yo también quiero desear que mis hermanas me pongan siempre en el último lugar y convencerme de que ése es precisamente mi sitio.

Yo sé bien, Dios mío, que al alma orgullosa tú la humillas y que a la que se humilla le concedes una eternidad gloriosa; por eso quiero ponerme en el último lugar y compartir tus humillaciones, para «tener parte contigo»(Jn 13,8) en el reino de los cielos.

Pero tú, Señor, conoces mi debilidad; cada mañana hago el propósito de practicar la humildad, y por la noche reconozco que he vuelto a cometer muchas faltas de orgullo. Al ver esto, me tienta el desaliento, pero sé que el desaliento es también una forma de orgullo. Por eso quiero, Dios mío, fundar mi esperanza sólo en ti; ya que tú lo puedes todo, haz nacer en mi alma la virtud que deseo. Para alcanzar esta gracia de tu infinita misericordia, te repetiré muchas veces: «¡Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo»…

 

Santa Teresa del Niño Jesús (1873-1897), carmelita descalza, Doctora de la Iglesia -Oración 20

Para rezar

 

Gracias, Señor, por haberme llamado

a servir gratuitamente,
a dar mi tiempo, mis energías

y mi amor a quienes sufren.
Aquí estoy, Señor, envíame.
Dispón mi mente y mi corazón

a escuchar sin prejuicios,
a servir hasta las últimas consecuencias.

Envíame, Señor, a pesar de que yo también soy débil
así comprenderé que eres tú nuestra fuerza,
y mis hermanos descubrirán tu rostro

en mi presencia discreta.
Envíame, Señor, y así comprenderé

que la mayor felicidad está en servirte.

Amén.

 

Miércoles VII

 

El que no está contra nosotros está con nosotros

 

Lectura del libro del Eclesiástico     4, 11-19
 
La sabiduría encumbra a sus hijos
y cuida de aquellos que la buscan.
El que la ama, ama la vida,
y los que la buscan ardientemente serán colmados de gozo.
El que la posee heredará la gloria,
y dondequiera que vaya, el Señor lo bendecirá.
Los que la sirven rinden culto al Santo
y los que la aman son amados por el Señor.
El que la escucha juzgará a las naciones
y el que le presta atención habitará seguro.
El que confía en ella la recibirá en herencia
y sus descendientes también la poseerán.
Al comienzo, ella lo conducirá por un camino sinuoso,
le infundirá temor y estremecimiento
y lo hará sufrir con su disciplina,
hasta que tenga confianza en él
y lo haya probado con sus exigencias.
Después, volverá a él por el camino recto,
lo alegrará y le revelará sus secretos.
Si él se desvía, ella lo abandonará
y lo dejará librado a su propia caída.
 
Palabra de Dios.
 
SALMO
     Sal 118, 165 y 168. 171-172. 174-175  

R. ¡Tu ley es mi alegría, Señor!

Los que aman tu ley gozan de una gran paz,
nada los hace tropezar.
Yo observo tus mandamientos y tus prescripciones,
porque tú conoces todos mis caminos. R. 
 
Que mis labios expresen tu alabanza,
porque me has enseñado tus preceptos.
Que mi lengua se haga eco de tu promesa,
porque todos tus mandamientos son justos. R. 
 
Yo ansío tu salvación, Señor,
y tu ley es toda mi alegría.
Que yo viva y pueda alabarte,
y que tu justicia venga en mi ayuda. R.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    9, 38-40

 

Juan le dijo a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre, y tratamos de impedírselo porque no es de los nuestros.»

Pero Jesús les dijo: «No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí. Y el que no está contra nosotros, está con nosotros.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • La sabiduría aparece personificada: es como una madre que instruye a sus hijos, una maestra que busca el bien de sus discípulos. Actúa como mediadora entre Dios y los creyentes.
  • El autor del libro enumera las ventajas que vienen a los que aman la sabiduría y la consiguen: tendrán vida, gozarán del favor y de la gloria y la bendición de Dios, aprenderán a juzgar rectamente.
  • Para nosotros, cristianos, la sabiduría de Dios está bien cercana y continuamente presente en Cristo Jesús; Maestro, Palabra viviente de Dios. El nos invita a seguirlo, nos acompaña en nuestro camino, nos ayuda a discernir y a ver las cosas y los acontecimientos desde los mismos ojos de Dios.
  • El que edifica sobre la sabiduría de Dios, tendrá ocasión de decir con el salmo: mucha paz tienen, Señor, los que aman tus leyes, porque edifican sobre roca.

 ***

  • En el episodio de hoy, uno de los discípulos, Juan, corre donde Jesús para pedir autorización y detener a uno que expulsaba demonios en nombre de Jesús sin ser del grupo.
  • Los apóstoles se dejaban llevar muchas veces por la impaciencia y los celos. Querían arrancar la cizaña del campo, deseaban que lloviera fuego del cielo porque en un pueblo no los habían querido recibir. Jesús tenía siempre mucha más paciencia y un corazón mucho más generoso. Es muchas veces la tentación de los que se piensan buenos o “parte de”; pretender acaparar o monopolizar los dones de Dios y sentir celos de que otros hagan cosas buenas. Querer tener todo controlado.
  • La respuesta de Jesús está en consonancia con toda la novedad del Evangelio. Abre la posibilidad para que todo el que quiera obrar el bien en su nombre lo haga. No obliga a todos a meterse bajo el mismo paraguas. La preocupación de Jesús es verdaderamente universal porque le preocupa el bien de la humanidad y no los intereses de su pequeño grupo. Hacer el bien a los demás es más importante que los protagonismos.
  • Frente a los criterios pequeños de los discípulos, el Señor abre la posibilidad a un horizonte más amplio. el que no está contra nosotros, está con nosotros. Junto al espíritu estrecho y sectario de Juan, el trueno, tenemos aquí la apertura total de Jesús que invita a sus discípulos a confiar en el Espíritu Santo.
  • La verdad y el bien no son patrimonio de algunos, sino de aquellos que se abren a Dios y dejan que su gracia bondadosa los toque. Mientras que los criterios humanos tienden a estandarizar a todo con sus medidas, Jesús. abre de par en par, y para todos, el mensaje de salvación. En Jesús, sabiduría y amor, entran los diferentes, los que no son aparentemente seguidores directos, los que no tienen el carnet de inscripción en la institución divina, pero que, sin embargo, demuestran que están en sintonía con la sabiduría de su corazón que siempre suma, nunca resta. Dios actúa en todas partes y el Espíritu no es propiedad de ningún grupo, ni de ninguna estructura. El Espíritu sopla donde quiere.
  • El “Capillismo”, esa tendencia a pensar que solo nuestro grupo, nuestro movimiento, tal o cual sacerdote o tal o cual líder religioso es el que tiene la exclusiva para la construcción del Reino, es una de las cosas que evitan que se dé la unidad en nuestra Iglesia.
  • En la Iglesia, para la construcción del Reino, hay diferentes carismas y diferentes maneras de proponer el mensaje evangélico. Desde la teología que propone un evangelio más encarnado e inculturado desde los más pobres, hasta la Renovación en el Espíritu Santo que busca una renovación del individuo, lo que se busca es la edificación del reino de Dios, así los distintos carismas cooperan de diferente manera a la única misión de la Iglesia que es evangelizar.

 

Para discernir

 

  • ¿Experimento mi vida de fe como un derecho o privilegio frente a los demás?
  • ¿Divido fácilmente entre los míos y los de otro lado?
  • ¿Integro a los distintos?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Es de los nuestros el que obra el bien..

 

Para la lectura espiritual

 

Se lo hemos querido impedir, porque no es de los nuestros

 

…”Imitemos la inmensidad del amor del mismo Jesús, modelo supremo de amor hacia la Iglesia. Indudablemente que la Esposa de Cristo, la Iglesia, es única; y sin embargo el amor del Esposo divino se extiende tan ampliamente que, sin excluir a nadie, abarca en su Esposa a todo el género humano. Si nuestro Salvador ha derramado su sangre, es con el fin de reconciliar con Dios, en la cruz, a todos los hombres, incluso aunque estén separados por la nación o la sangre y reunirlos en un solo Cuerpo. El verdadero amor de la Iglesia exige, pues, no solamente que unos sean miembros de los otros en el mismo Cuerpo, llenos de mutua solicitud (Rm 12,15), miembros que deben alegrarse cuando otro miembro es honorado y sufrir con él cuando él sufre (1C 12,26); sino que exige también que en los demás hombres todavía no unidos a nosotros en el Cuerpo de la Iglesia, sepamos reconocer en ellos a hermanos de Cristo según la carne, llamados igual que nosotros a la misma salvación eterna.

Sin duda que no falta gente, sobre todo hoy, ¡desgraciadamente!, que orgullosamente alaban la lucha, el odio y la envidia como medio para sublevar y exaltar la dignidad y la fuerza del hombre. Pero nosotros, que discernimos con dolor los lamentables frutos de esta doctrina, seguimos a nuestro Rey pacífico, que nos ha enseñado no sólo amar a los que no pertenecen a la misma nación o tienen el mismo origen (Lc 10,33s), sino incluso amar a nuestros enemigos (Lc 6,27s), Celebremos con san Pablo, el apóstol de las naciones lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo del amor de Cristo (Ef. 3,18); amor que la diversidad de pueblos o de costumbres no puede romper, que la inmensidad que se extiende en el océano no puede disminuir, que, en fin, las guerras, hechas por una causa justa o injusta, no pueden disgregar”…

 

Pío XII, papa de 1939 a 1958 Encíclica Mystici Corporis Christi

 

Para rezar

 

Este es tu reino entre nosotros, Señor,

vivir en tu amor ser tus hijos

y contemplar tu rostro,

tal como lo manifestó tu hijo amado, Jesús.

 

Ahora sabemos que la auténtica sabiduría

está amasada de vida diaria, de trabajo,

de alegrías y penas, de oración y evangelio;

de un caminar constante hacia un mundo nuevo

que renace a su liberación y a la paz definitiva.

 

Porque esta sabiduría no nos aleja del mundo

sino que nos hace vivir en plenitud

dando sentido a nuestra vida

para volcarnos a un gran proyecto:

una nueva humanidad.

 

Jueves VII

 

Si tu mano es ocasión de pecado, córtala

 

Lectura del libro del Eclesiástico 5, 1-8

 

No te fíes de tus riquezas

ni digas: «Con esto me basta.»

No dejes que tu deseo y tu fuerza

te lleven a obrar según tus caprichos.

No digas: «¿Quién podrá dominarme?»,

porque el Señor da a cada uno su merecido.

No digas: «Pequé, ¿y qué me sucedió?»,

porque el Señor es paciente.

No estés tan seguro del perdón,

mientras cometes un pecado tras otro.

No digas: «Su compasión es grande;

Él perdonará la multitud de mis pecados»,

porque en él está la misericordia, pero también la ira,

y su indignación recae sobre los pecadores.

No tardes en volver al Señor,

dejando pasar un día tras otro,

porque la ira del Señor irrumpirá súbitamente

y perecerás en el momento del castigo.

No te fíes de las riquezas adquiridas injustamente:

de nada te servirán en el día de la desgracia.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6 (R.: 39, 5a)

 

R. ¡Feliz el que pone su confianza en el Señor!

 

¡Feliz el hombre

que no sigue el consejo de los malvados,

ni se detiene en el camino de los pecadores,

ni se sienta en la reunión de los impíos,

sino que se complace en la ley del Señor

y la medita de día y de noche! R.

 

El es como un árbol

plantado al borde de las aguas,

que produce fruto a su debido tiempo,

y cuyas hojas nunca se marchitan:

todo lo que haga le saldrá bien. R.

 

No sucede así con los malvados:

ellos son como paja que se lleva el viento,

porque el Señor cuida el camino de los justos,

pero el camino de los malvados termina mal. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    9, 41-50

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé de beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo.

Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar.

Si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtala, porque más te vale entrar en la Vida manco, que ir con tus dos manos a la Gehena, al fuego inextinguible. Y si tu pie es para ti ocasión de pecado, córtalo, porque más te vale entrar lisiado en la Vida, que ser arrojado con tus dos pies a la Gehena. Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo, porque más te vale entrar con un solo ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos a la Gehena, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.

Porque cada uno será salado por el fuego.

La sal es una cosa excelente, pero si se vuelve insípida, ¿con qué la volverán a salar?

Que haya sal en ustedes mismos y vivan en paz unos con otros.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El sabio nos da hoy un serio aviso: «No confíes en tus riquezas… no confíes en tus fuerzas, porque el Señor te exigirá cuentas».
  • Algunos se sienten seguros porque se fían de sus riquezas; otros se sienten «poderosos» porque se escudan en la bondad y la paciencia de Dios: «He pecado y nada malo me ha sucedido, porque él es un Dios paciente». Esto no debe ser excusa para hacer nuestro capricho; Dios tiene mucha paciencia, pero también es justo.
  • La consigna del sabio: «No tardes en volverte a él y no des largas de un día para otro», nos invita a que no nos fiemos de nuestras fuerzas, ni estemos demasiado satisfechos de cómo vaya nuestra vida, sino más bien que pensemos si estamos dando los frutos que Dios espera de nosotros y nos preocupemos de hacer el bien.

 ***

  • El evangelio de hoy nos recuerda una serie de rasgos que deberían presentar los que quieren seguir al Maestro de Nazaret. Jesús invita a una actitud resuelta, incluso radical, expresada con imágenes casi agresivas: “Si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela”. Jesús se mantiene duro en las exigencias. Hay situaciones o realidades en las que la pedagogía del Señor carecerá de espera compasiva. Llama la atención la firmeza de sus palabras y su juicio determinante. ¿Es que acaso pide verdaderamente una mutilación cuando una parte del cuerpo es causa de escándalo? Como en otros casos, las palabras son fuertes y despiadadas, a fin de indicar la gravedad de la situación.
  • Estamos ante expresiones que han de ser comprendidas en su significado y no aceptadas en su sentido literal, porque llevarían a constatar una incoherencia con el resto del mensaje de Jesús.
  • Las imágenes que usa Jesús son fuertes: hay que extirpar todo lo que en uno mismo se oponga a vivir el mensaje de salvación y cause daño a los que quieren ser fieles a él. Sólo una decisión fuerte lleva a la vida, la opción contraria lleva a la muerte. La imagen de la vida, está en paralelo con la del reino de Dios. La propuesta invita a asegurar la plenitud de vida tanto en el mundo presente como en el futuro. Hay que hacer opciones, por dolorosas que sean, pues son opciones entre el éxito y el fracaso de la existencia: toda tarea, comportamiento o anhelo que esté viciado por el egoísmo o la ambición de poder hay que suprimirla, porque pone en peligro la fidelidad al mensaje e impide nuestro crecimiento.
  • La petición de Jesús trae de la mano la actitud de conversión y ésta “compromete” toda la vida. La mano, o el pie, o el ojo que pecan están dirigidos por un cerebro y por una voluntad muchas veces enferma.
  • De nada serviría privarse de un miembro sin entrar en las causas. La conversión tiene que ver con todo el hombre y no con una de sus partes. La maldad viene del interior del hombre y no del exterior (cf. 7, 20-23).
  • Las palabras fuertes en los pasajes de hoy, nos hablan de mensajes fuertes y arriesgados, sin apelación, destinados a concientizar a las personas y enfrentarlas sin posiciones lavadas ante la presencia trágica del mal.
  • Nosotros también, sin darnos cuenta, muchas veces nos encontramos rodando en una complaciente connivencia con el mal, cubierta de un lustre de espiritualismo, necesidades sociales o jurídicas: “¿qué tiene de malo?”, “lo hacen todos”. Esta nefasta actitud tiene el poder de licuar la conciencia moral, de modo que los valores quedan empobrecidos y degradados, y el indiferentismo reine como soberano. No es cuestión de irnos cortando de a partes (lo que por cierto no haremos), sino de convertir el corazón y desde la vida de la gracia darle a nuestro cuerpo y nuestra alma la unidad que necesitan.

 

Para discernir

 

  • ¿Qué parte de mí arrancaría con fuerza?
  • ¿Con qué lugar de mi corazón está conectado lo que arrancaría?
  • ¿Cuáles son los caminos positivos para revertir la situación, sin bisturí, ni navaja, ni hacha?
  • ¿Qué situaciones avalo con el refugio de “todos los hacen”?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

No escandalicemos a los pequeños que tienen fe

 

Para la lectura espiritual

 

Los caminos para entrar en la vida eterna



…” ¿Queréis que os indique los caminos de la conversión? Son numerosos, variados y diferentes, pero todos conducen al cielo. El primer camino de la conversión es aborrecer nuestros pecados. “Empieza tú a confesar tus pecados para ser justo.” (Is 43,26) Esto porque dice el profeta: “Me dije: -confesaré al Señor mis culpas.- Y tú perdonaste mi falta y mi pecado.” (Sal 31,5) Condena tú mismo las faltas que has cometido y esto bastará para que el Maestro te escuche. El que condena sus pecados irá con más cuidado para no recaer en ellos…

Hay un segundo camino que no es inferior al primero y es: no guardar rencor a nuestros enemigos, dominar nuestra cólera para perdonar las ofensas que nos infligen nuestros compañeros de servicio, porque así obtendremos el perdón de las ofensas contra el Maestro. Es la segunda manera de obtener la purificación de nuestras faltas. “Si perdonáis a vuestros deudores, dice el Señor, mi Padre que está en el cielo perdonará también vuestras faltas.” (Mt 6,14)

¿Quieres conocer el tercer camino de la conversión? ES la oración ferviente y atenta desde el fondo del corazón… El cuarto camino es la limosna. Tiene un poder considerable e indecible… Luego, la modestia y la humildad no son medios menores para destruir el pecado desde la raíz. Tenemos como testimonio de ello el publicano que no podía proclamar sus buenas acciones sino que en su lugar ofreció su humildad y depositó ante el Señor el pesado fardo de sus faltas.

(Lc 18,9ss)

Acabamos de indicar cinco caminos hacia la conversión… ¡No te quedes inactivo sino que cada día avanza por estos caminos! Son fáciles, y a pesar de tus miserias puedes ir por ellos”…

 

Juan Crisóstomo obispo de Antioquia y Constantinopla, doctor de la Iglesia
Sermón sobre el demonio tentador; PG 49, 263-264

 

Para rezar

 

La alegría de los limpios de corazón

 

Felices los que tienen

un corazón puro,

porque verán a Dios.

 

¡Feliz de ti!

Si tienes un corazón limpio,

libre de maldades y malicias,

libre de dobleces y falsedades,

libre de orgullo y autosuficiencia,

libre de odios y rencores.

 

Feliz de ti

si tienes un corazón limpio,

libre de cegueras y caprichos,

de egoísmos y resentimientos,

abierto a la verdad y el amor,

para buscarlos apasionadamente.

 

Viernes VII

 

Que el hombre no separe lo que Dios ha unido

 

Lectura del libro del Eclesiástico 6, 5-17

 

Las palabras dulces multiplican los amigos

y un lenguaje amable favorece las buenas relaciones.

Que sean muchos los que te saludan,

pero el que te aconseja, sea uno entre mil.

Si ganas un amigo, gánalo en la prueba,

y no le des confianza demasiado pronto.

Porque hay amigos ocasionales,

que dejan de serlo en el día de tu aflicción.

Hay amigos que se vuelven enemigos,

y para avergonzarte, revelan el motivo de la disputa.

Hay amigos que comparten tu mesa

y dejan de serlo en el día de la aflicción.

Mientras te vaya bien, serán como tú mismo

y hablarán abiertamente con tus servidores;

pero si te va mal, se pondrán contra ti

y se esconderán de tu vista.

Sepárate de tus enemigos

y sé precavido con tus amigos.

Un amigo fiel es un refugio seguro:

el que lo encuentra ha encontrado un tesoro.

Un amigo fiel no tiene precio,

no hay manera de estimar su valor.

Un amigo fiel es un bálsamo de vida,

que encuentran los que temen al Señor.

El que teme al Señor encamina bien su amistad,

porque como es él, así también será su amigo.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 118, 12 y 16. 18 y 27. 34-35 (R.: 35a)

 

R. ¡Condúceme por la senda de tus mandamientos, Señor!.

 

Tú eres bendito, Señor:

enséñame tus preceptos.

Mi alegría está en tus preceptos:

no me olvidaré de tu palabra. R.

 

Abre mis ojos,

para que contemple las maravillas de tu ley.

Instrúyeme en el camino de tus leyes,

y yo meditaré tus maravillas. R.

 

Instrúyeme, para que observe tu ley

y la cumpla de todo corazón.

Condúceme por la senda de tus mandamientos,

porque en ella tengo puesta mi alegría. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    10, 1-12

 

Jesús fue a la región de Judea y al otro lado el Jordán. Se reunió nuevamente la multitud alrededor de él y, como de costumbre, les estuvo enseñando una vez más.

Se acercaron algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: «¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?.»

El les respondió: «¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?.»

Ellos dijeron: «Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y

separarse de ella.»

Entonces Jesús les respondió: «Si Moisés les dio esta prescripción fue

debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer. Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre, y los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido.»

Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto. El les dijo: «El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella; y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Hoy leemos un pequeño tratado sobre la amistad: cómo se consiguen amigos, quién es el verdadero amigo, cómo hay que tratarlos. Es un canto hecho de sentido común y experiencia.
  • La amistad es una de las mejores riquezas humanas. Un amigo fiel y sincero es un verdadero tesoro. Es una medicina para nuestros males. El camino se nos hace mucho más fácil cuando lo podemos compartir.

 ***

  • Marcos ha agrupado, entre el segundo y el tercer anuncio de la Pasión una serie de enseñanzas de Jesús sobre los problemas candentes de la vida cristiana.
  • Los fariseos buscan desacreditar a Jesús y le tienden una trampa encerrándolo en la alternativa de “lo permitido y lo prohibido”… “¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer?”. De acuerdo a su respuesta será acusado de traidor a las exigencias de la Ley, o lo pondrán en contradicción con su predicación. Jesús no entra en discusión sino que los lleva hasta los orígenes: “Al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer… Lo que Dios ha unido, que el hombre no lo separe”. No es bueno aferrarse a la ley olvidando el impulso de la vida. Se trata de acercarse al plan original de Dios: el amor es más delicado y exigente que cualquier ley.
  • El matrimonio es una “voluntad” de Dios, inscrita en la naturaleza profunda del hombre y de la mujer, desde el origen. La intensidad del instinto que empuja un sexo hacia el otro para unirse y “ser uno” “dejando a su padre y a su madre” para fundar una nueva familia, ponen la indisolubilidad como el deseo más profundo del amor.
  • En el contexto de la sociedad judía de su tiempo, en el que el divorcio era legal, y se ponía en juego la dignidad de la mujer, que podía ser rechazada, pero que no podía a su vez divorciarse del hombre, la respuesta de Jesús establece una distinción considerablemente importante: la Ley del Deuteronomio no es un “mandamiento” sino un “permiso” concedido por Moisés, “por la dureza de corazón del pueblo”. Pero no es para Jesús una abolición de la ley fundamental del matrimonio, la cual subsiste. Además, es una afirmación de la igualdad de derechos del varón y la mujer en la vida matrimonial.
  • La licitud pone una medida, pero el Evangelio presenta la desmesura de ley del amor. Porque Dios siempre está más allá de toda especulación posible.
  • El hombre de hoy desconfía de la posibilidad de vivir una fidelidad duradera. Influidos por una sociedad de consumo que incita constantemente a satisfacer las necesidades que ella misma va creando, y usa, gasta y tira según su conveniencia, fuimos perdiendo la capacidad de pensar y apostar por un amor que sea total, una entrega que sea gratuita y estable, una opción que nos comprometa de por vida.

 

Para discernir

 

  • ¿Cómo vivo la relación hombre-mujer?
  • ¿Qué lugar ocupa la fidelidad en mi escala de valores?
  • ¿Creo en la posibilidad de compromisos de por vida?

     

Repitamos a lo largo de este día

 

Maridos, amen a sus mujeres como Cristo amó a su Iglesia

 

Para la lectura espiritual

 

…”El marido y la mujer, que por el pacto conyugal «ya no son dos, sino una sola carne», con la unión íntima de sus personas y actividades se ayudan y se sostienen mutuamente, adquieren conciencia de su unidad y lo logran cada vez más plenamente. Esta íntima unión, como mutua entrega de dos personas, lo mismo que el bien de los hijos, exige plena fidelidad conyugal y urge su indisoluble unidad.

Cristo nuestro Señor bendijo abundantemente este amor multiforme, nacido de la fuente divina de la caridad y que está formado a semejanza de su unión con la Iglesia (Ef. 5,32). Porque así como Dios antiguamente se adelantó a unirse a su pueblo por una alianza de amor y de fidelidad, así ahora el Salvador de los hombres y Esposo de la Iglesia sale al encuentro de los esposos cristianos por medio del sacramento del matrimonio. Además, permanece con ellos para que los esposos, con su mutua entrega, se amen con perpetua fidelidad, como Él mismo amó a la Iglesia y se entregó por ella (Ef. 5,25).

El genuino amor conyugal es asumido en el amor divino y se rige y enriquece por la virtud redentora de Cristo y la acción salvífica de la Iglesia para conducir eficazmente a los cónyuges a Dios y ayudarlos y fortalecerlos en la sublime misión de la paternidad y la maternidad. Por ello los esposos cristianos, para cumplir dignamente sus deberes de estado, están fortificados y como consagrados por un sacramento especial, con cuya virtud, al cumplir su misión conyugal y familiar, imbuidos del espíritu de Cristo, que satura toda su vida de fe, esperanza y caridad, llegan cada vez más a su propia perfección y a su mutua santificación, y, por tanto, conjuntamente, a la glorificación de Dios”…

 

Concilio Vaticano II – «Gaudium et spes», 48

 

Para rezar

 

Oración de los esposos


 

Señor:

Haz de nuestro hogar

un sitio de tu amor.

Que no haya injuria

porque Tú nos das comprensión.

Que no haya amargura

porque Tú nos bendices.

Que no haya egoísmo

porque Tú nos alientas.

Que no haya rencor

porque Tú nos das el perdón.

Que no haya abandono

porque Tú estás con nosotros.

Que sepamos marchar hacia Ti

en nuestro diario vivir.

Que cada mañana amanezca

un día más de entrega y sacrificio.

Que cada noche nos encuentre

con más amor de esposos.

Haz, Señor, de nuestras vidas

que quisiste unir

una página llena de Ti.

Haz, Señor, de nuestros hijos

lo que Tú anhelas:

ayúdanos a educarles

y orientarles por el camino.

Que nos esforcemos

en el consuelo mutuo.

Que hagamos del amor

un motivo para amarte más.

Que demos lo mejor de nosotros

para ser felices en el hogar.

Que cuando amanezca

el gran día de ir a tu encuentro

nos concedas el hallarnos unidos

para siempre en ti.


 

Amén.

 

Sábado VII

 

El que recibe el Reino como un niño entrará en él

 

Lectura del libro del Eclesiástico 17, 1-15

 

El Señor creó al hombre de la tierra

y lo hace volver de nuevo a ella.

Le señaló un número de días y un tiempo determinado,

y puso bajo su dominio las cosas de la tierra.

Lo revistió de una fuerza semejante a la suya

y lo hizo según su propia imagen.

Hizo que todos los vivientes lo temieran,

para que él dominara las fieras y los pájaros.

Le dio una lengua, ojos y oídos,

el poder de discernir y un corazón para pensar.

Él colmó a los hombres de saber y entendimiento,

y les mostró el bien y el mal.

Les infundió su propia luz,

para manifestarles la grandeza de sus obras,

y les permitió gloriarse eternamente de sus maravillas:

así alabarán su Nombre santo,

proclamando la grandeza de sus obras.

Les concedió además la ciencia

y les dio como herencia una Ley de vida;

estableció con ellos una alianza eterna

y les hizo conocer sus decretos.

Ellos vieron con sus ojos la grandeza de su gloria

y oyeron con sus oídos la gloria de su voz.

Él les dijo: «Cuídense de toda injusticia»,

y dio a cada uno preceptos acerca del prójimo.

Los caminos de los hombres están siempre ante él

y no pueden ocultarse a sus ojos.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 102, 13-14. 15-16. 17-18a

 

R. ¡El amor del Señor permanece para siempre!.

 

Como un padre cariñoso con sus hijos,

así es cariñoso el Señor con sus fieles;

él conoce de qué estamos hechos,

sabe muy bien que no somos más que polvo. R.

 

Los días del hombre son como la hierba:

él florece como las flores del campo;

las roza el viento, y ya no existen más,

ni el sitio donde estaban las verá otra vez. R.

 

Pero el amor del Señor permanece para siempre,

y su justicia llega hasta los hijos y los nietos

de los que lo temen

y observan su Alianza. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    10, 13-16

 

Le trajeron entonces a unos niños para que los tocara, pero los

discípulos los reprendieron. Al ver esto, Jesús se enojó y les dijo: «Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él.»

Después los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • La página de hoy es como un eco al libro del Génesis, una meditación de sus primeros capítulos, la creación del hombre. Es un himno de alabanza a Dios por haber creado la raza humana.
  • El hombre es obra de Dios, está hecho a imagen de Dios. Ha recibido la facultad de dominar la tierra y todo ser viviente; boca, lengua, ojos, oídos, inteligencia: para que sepa alabar a Dios y reconocer su presencia. Y ha recibido de Dios la alianza y una «ley que da vida».
  • Es una visión de la grandeza del hombre en la creación, y su dependencia de Dios. Somos invitados a admirar y amar a Dios que nos ha pensado y creado; nos conoce, nos ha amado desde siempre y al que estamos presentes en todo momento.

 ***

  • Marcos, Mateo y Lucas cuentan esta escena. Pero solamente Marcos dice que los abrazaba.
  • Los niños en la antigüedad eran el símbolo del más absoluto desamparo. Eran los que sufrían las primeras consecuencias de la guerra, el hambre o la enfermedad. Cuando se insultaba a alguien diciéndole “niño”, le querían decir que era vulnerable, débil o indefenso.
  • Cuando una persona importante llegaba a una aldea, las madres buscaban acercarle los niños para que recibieran influencias benéficas, que los protegieran de la enfermedad y de la muerte. Los niños no tenían libre acceso a estos personajes porque eran seres que no contaban.
  • Los discípulos querían evitar que los niños tocaran a Jesús porque eso no estaba bien para una persona reconocida como el maestro de Nazaret. Pero Jesús, se enoja con los discípulos, no les permite que se conviertan en barrera, aquellos que están llamados a ser puente. No sólo que permite que se acerquen, pide con vehemencia que los dejen acercarse, los abraza, bendice e impone las manos.
  • Estos gestos, nos descubren a un Jesús humano, que reacciona ante el atropello, pero que a la vez puede ser mostrar una infinita ternura.
  • Esta actitud de Jesús es de avanzada. Hasta hace sólo poco más de cien años, los niños no eran sido considerados jurídicamente como personas, sino como propiedad de los padres, y eran puestos a trabajar tan pronto como eran capaces. Después de la primera guerra mundial se comenzó a considerar al niño como sujeto con derechos.
  • Jesús aprovecha para anunciar a los discípulos que el reino de Dios es de los que son como niños, de los que no cuentan, de los que son maltratados, de los que tienen dificultades para acercarse a Él, de los que tienen que ser presentados por otros, de los que, en medio de su fragilidad e impotencia, desean ser acariciados.
  • Jesús invita a los discípulos a cambiar su manera de ver las cosas de manera que comprendan que en la nueva comunidad el puesto principal es de quienes se hacen como niños: servidores y últimos.
  • No se nos invita a un infantilismo espiritual ni a una nostalgia de la inocencia pasada, pero sí, a no sentirnos llenos de riquezas y confiados en nuestras fuerzas sino a la sana inseguridad de nosotros que nos lleva a estar convencidos de la necesidad que tenemos de Dios.
  • Es una invitación a ponernos en un vínculo con Dios, nuestro Padre, de total “dependencia” de El. El niño cuando es amado se da todo él, por completo, sin calcular ni especular, en una total disponibilidad.
  • Como el niño que no puede vivir si no es amado, seremos del reino si nuestras vidas dependen vitalmente del amor que Dios nos ofrece.
  • En esos niños que Jesús abraza y bendice están significados no sólo todos los niños del mundo, sino también todos los hombres, a quienes el Señor muestra cómo deben «recibir» el Reino de Dios.

 

Para discernir

 

  • ¿Tengo la sencillez de un niño para mirar la vida?
  • ¿Me enredo tratando de racionalizar todo sin llegar a nada?
  • ¿Descubro mi necesidad vital de Dios?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Jesús, dame un corazón de niño

 

Para la lectura espiritual

 

…”A Jesús le complace mostrarme el único camino que conduce a la hoguera divina, a saber: el abandono del niño que se adormece sin miedo entre los brazos de su Padre. «El que sea pequeño que venga acá» (Prov 9,4), ha dicho el Espíritu
Santo por boca de Salomón, y este mismo Espíritu de amor ha dicho aún que «es a los pequeños a quienes se concede la misericordia» (Sab 6,7).

¡Ah!, si todas las almas endebles e imperfectas sintieran lo que siente la más pequeña entre ellas, el alma de su Teresa, ninguna desesperaría de llegar a la cumbre de la montaña de amor, puesto que Jesús no pide grandes acciones, sino sólo el abandono y el reconocimiento. ¡Ah!, lo siento más que nunca, Jesús está sediento, no encuentra sino ingratos e indiferentes entre los discípulos del mundo, e incluso entre sus mismos discípulos encuentra pocos corazones que se abandonen a él sin reservas y comprendan la ternura de su amor infinito”…

 

Teresa del Niño Jesús. Obras completas

 

Para rezar

 

Al Niño Jesús

 

Tú, Jesús, me conoces,

Tú mi nombre conoces, y me llamas

con la dulce mirada de tus ojos…

Ellos me comunican tu palabra:

«Simple abandono, conducir yo quiero,

mi amada, tu barquilla».

Y con tu voz de niño, ¡oh maravilla!,

sólo con tu voz débil,

calmas el mar rugiente,

pones paz en el viento.

Si mientras brama la tormenta, ¡oh Niño!,

Tú te quieres dormir,

posa tu linda cabecita blonda

sobre mi corazón.

¡Qué encantador sonríes cuando duermes!

Con mi canto más dulce

yo meceré tu cuna tiernamente,

¡Oh hermoso Niño mío!

Santa Teresita del Niño Jesús

 

 

 


 

TIEMPO DTE EL AÑO – SEMANA VI – CICLO C

DOMINGO VI DTE EL AÑO – CICLO C

 

Lunes VI

 

Martes VI

 

Miércoles VI

 

Jueves VI

 

Viernes VI

22 de Febrero

La Cátedra de San Pedro Apóstol (F)

 

Sábado VI

 

 

DOMINGO VI DTE EL AÑO – CICLO C

 

La recompensa de ustedes será grande en el cielo

 

Lectura del libro del profeta Jeremías    17, 5-8

 

Así habla el Señor:

¡Maldito el hombre que confía en el hombre y busca su apoyo en la carne, mientras su corazón se aparta del Señor! El es como un matorral en la estepa que no ve llegar la felicidad; habita en la aridez del desierto, en una tierra salobre e inhóspita.

¡Bendito el hombre que confía en el Señor y en él tiene puesta su confianza! El es como un árbol plantado al borde de las aguas, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme cuando llega el calor y su follaje se mantiene frondoso; no se inquieta en un año de sequía y nunca deja de dar fruto.

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO    Sal 1, 1-3. 4 y 6 (R.: 39, 5a)

 

R.    ¡Feliz el que pone en el Señor toda su confianza!

 

¡Feliz el hombre

que no sigue el consejo de los malvados,

ni se detiene en el camino de los pecadores,

ni se sienta en la reunión de los impíos,

sino que se complace en la ley del Señor

y la medita de día y de noche! R.

 

El es como un árbol

plantado al borde de las aguas,

que produce fruto a su debido tiempo,

y cuyas hojas nunca se marchitan:

todo lo que haga le saldrá bien. R.

 

No sucede así con los malvados:

ellos son como paja que se lleva el viento.

Porque el Señor cuida el camino de los justos,

pero el camino de los malvados termina mal. R.

 

Lectura de la primera carta del apóstol San Pablo

a los cristianos de Corinto    15, 12. 16-20

 

Hermanos:

Si se anuncia que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo algunos de ustedes afirman que los muertos no resucitan?

Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, la fe de ustedes es inútil y sus pecados no han sido perdonados.

En consecuencia, los que murieron con la fe en Cristo han perecido para siempre. Si nosotros hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solamente para esta vida, seríamos los hombres más dignos de lástima.

Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Lucas    6, 12 – 13.17. 20-26

 

En aquel tiempo, al bajar con ellos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de Tiro y Sidón. Entonces Jesús, fijando la mirada en sus discípulos, dijo:

«¡Felices ustedes, los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece!

¡Felices ustedes, los que ahora tienen hambre, porque serán saciados!     ¡Felices ustedes, los que ahora lloran, porque reirán!

¡Felices ustedes, cuando los hombres los odien, los excluyan, los insulten y los proscriban, considerándolos infames a causa del Hijo del hombre!

¡Alégrense y llénense de gozo en ese día, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo. De la misma manera los padres de ellos trataban a los profetas!

Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya tienen su consuelo!

¡Ay de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque tendrán hambre!

¡Ay de ustedes, los que ahora ríen, porque conocerán la aflicción y las lágrimas!

¡Ay de ustedes cuando todos los elogien! ¡De la misma manera los padres de ellos trataban a los falsos profetas!»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Jeremías proclama la conversión, como el camino adecuado y seguro para que hombres y mujeres vuelvan al camino de Dios y purifiquen su corazón corrompido y dañado. El ministerio profético de Jeremías se centró en la llamada a la misericordia, al amor y a la experiencia de Dios que constantemente sigue invitando a sus hijos a que vuelvan al camino perdido, camino que Dios siempre ha ido mostrando pero que el hombre por su ambigüedad ha ido perdiendo de vista, entregándose a todo aquello que margina del amor de aquél que nos amó primero.

***

  • En la carta de Pablo a los Corintios continúa después el “credo” de la resurrección con sus consecuencias para todos los hombres. Si no hay resurrección de Jesucristo no hay perdón de los pecados y no habrá vida eterna. Algunos niegan la resurrección de los muertos, no la ven necesaria. Por lo tanto tampoco Cristo habría resucitado. Porque si Cristo no ha resucitado la fe de los cristianos no tiene sentido. Y si ponemos en Cristo nuestra esperanza únicamente para esta vida, somos los más tontos de todos los hombres.

***

  • Tal como aparece en la primera lectura, Jesús recoge la vieja temática del hombre bíblico y prácticamente inaugura su predicación con un discurso cuyo eje central es la felicidad humana o para ser más exacto la felicidad del hombre que  deposita su confianza en Dios. Desde entonces él  mismo se presenta como fuente de felicidad para quien escuche su palabra, para quien  crea en él, lo siga y espere su día.
  • El mensaje de Jesús rompe decididamente con los esquemas de felicidad  del «mundo»: la felicidad no se cifra en el poder, ni en la riqueza o el dinero, sino en una  conducta cuya esencia es el servicio a la comunidad.
  • Jesucristo determina un punto de vista nuevo y original que no  solamente consigue que el hombre pueda tener momentos de felicidad, sino que pueda dar  sentido a su vida. Y sin dar sentido a la vida, no puede hablarse de felicidad.
  • Jesús habló de modo directo al pueblo: Jesús piensa y vive desde el mundo de los que se acercan a escucharlo; piensa y vive desde ese mundo para liberarlos y habla desde ese lugar. Jesús no tiene un libreto sino que se hace eco de lo que ve y se anima a dar una respuesta de gracia. Y la mayoría de los que lo seguían eran pobres.
  • El pobre es quien no tiene alimento, casa y libertad y en el Antiguo Testamento es el que apela a Dios como único defensor. Así debemos entender el mensaje de hoy. La pobreza, en todas sus formas, es una realidad social, pero a la vez es una realidad teológica. Es en el mundo de los pobres, de los que lloran, de los perseguidos por la justicia en donde Dios se revela. Dios no puede revelarse en el mundo de los satisfechos, de los poderosos, de los injustos; y no es porque no quiera sino porque no creen necesitarlo. A pesar de esto, lo que Jesús anuncia es escandaloso. No dice que tenemos que ser pobres y debemos vivir la miseria eternamente.
  • Jesús no pronuncia en las bienaventuranzas palabras de resignación para que los pobres sigan siendo  pobres, para que los que lloran sigan llorando sin esperanza, o para que los que sufren  gocen masoquístamente con su sufrimiento. La pobreza, la injusticia, la enfermedad siguen siendo un mal contra el que hay que luchar sin tregua. Jesús no proclama la pobreza, ni el dolor como el sentido último de la vida, sino el reino de Dios y la tierra que ha sido prometido. El mensaje de Cristo no se concentra en el amor a la pobreza sino en el amor a los  pobres, a los que sufren, a los excluidos.
  • El ideal no es el sufrimiento en cualquiera de sus manifestaciones sino el amor que se expresa con el gesto de compartir, con el de transformar los bienes y el bien de la propia vida en sacramento de fraternidad. Si buscamos la felicidad, no podemos hacerlo a costa de la felicidad de los otros.  La felicidad radica en un constante crecimiento, en el desarrollo de la libertad, de la  justicia, del amor, pero en un proceso de muerte al egoísmo, de cambio  interior, de revisión constante de uno mismo.
  • No estamos solos ni podemos vivir de espaldas al resto de la humanidad. Buscar nuestro desarrollo  integral y el desarrollo integral de todos los hombres y pueblos en la clave del Reino de Dios es el mensaje que quiere dar Jesucristo. El Reino de Dios comienza allí donde el corazón del hombre  se hace vulnerable para vaciarse de sí mismo y para llenarse del amor sincero del Señor. Cuando esto sucede no puede dejar de traducirse en un estilo de vida personal y social que constituya un acontecimiento de esperanza y de paz  para todos los hombres, comenzando por los que nos rodean.

 

Para discernir

 

  • ¿Dónde busco la felicidad?
  • ¿Dónde la encuentro?
  • ¿Qué hago por la felicidad de los otros?

 

Para rezar

 

Plegaria de las bienaventuranzas

Temo, Señor, una pobreza sin subterfugios,
porque no comprendo la riqueza de la donación…
Miro con recelo toda aflicción,
pero es que no experimento la serenidad del consuelo…
Soy violento, hombre de espada y de golpe bajo,
y así pienso alcanzar un lugar digno en la tierra…
Hambre y sed de justicia me dan pánico;
por eso no me siento saciado, sino vacío…
Soy duro, inmisericorde, intransigente,
y, sin embargo, exijo toda la misericordia para mí…
Por eso te pido pobreza enriquecida.
Te pido aflicción consolada.
Sed y hambre de justicia te pido, para ser saciado.
Te pido ser misericordioso para alcanzar misericordia.
Déjame ser sincero de corazón porque deseo verte.
Te pido valentía para que me persigan por mi fidelidad.
Señor Jesús, Cristo magistral del cerro bienaventurado,
imprime estos “criterios de dicha” en mí.

Norberto Alcover sj.

Lunes VI

 

¿Por qué esta generación pide un signo?

 

 

Lectura del libro del Génesis    3, 23a; 4, 1-15. 25

 

El hombre se unió a Eva, su mujer, y ella concibió y dio a luz a Caín. Entonces dijo: «He procreado un varón, con la ayuda del Señor.» Más tarde dio a luz a Abel, el hermano de Caín. Abel fue pastor de ovejas y Caín agricultor.

Al cabo de un tiempo, Caín presentó como ofrenda al Señor algunos frutos del suelo, mientras que Abel le ofreció las primicias y lo mejor de su rebaño. El Señor miró con agrado a Abel y su ofrenda, pero no miró a Caín ni su ofrenda. Caín se mostró muy resentido y agachó la cabeza.

El Señor le dijo: « ¿Por qué estás resentido y tienes la cabeza baja? Si obras bien podrás mantenerla erguida; si obras mal, el pecado está agazapado a la puerta y te acecha, pero tú debes dominarlo.»

Caín dijo a su hermano Abel: «Vamos afuera.» Y cuando estuvieron en el campo, se abalanzó sobre su hermano y lo mató. Entonces el Señor preguntó a Caín: « ¿Dónde está tu hermano Abel?»

«No lo sé», respondió Caín. « ¿Acaso yo soy el guardián de mi hermano?»

Pero el Señor le replicó: « ¿Qué has hecho? ¡Escucha! La sangre de tu hermano grita hacia mí desde el suelo. Por eso maldito seas lejos del suelo que abrió sus fauces para recibir la sangre de tu hermano derramada por ti. Cuando lo cultives, no te dará más su fruto, y andarás por la tierra errante y vagabundo.»   

Caín respondió al Señor: «Mi castigo es demasiado grande para poder sobrellevarlo. Hoy me arrojas lejos del suelo fértil; yo tendré que ocultarme de tu presencia y andar por la tierra errante y vagabundo, y el primero que me salga al paso me matará.»

«Si es así, le dijo el Señor, el que mate a Caín deberá pagarlo siete veces.» Y el Señor puso una marca a Caín, para que al encontrarse con él, nadie se atreviera a matarlo.

Adán se unió a su mujer, y ella tuvo un hijo, al que puso el nombre de Set, diciendo: «Dios me dio otro descendiente en lugar de Abel, porque Caín lo mató.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 49, 1y 8. 16b-17. 20-21 (R.:14a)

 

R.    Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.

 

El Dios de los dioses, el Señor,

habla para convocar a la tierra

desde la salida del sol hasta el ocaso.

No te acuso por tus sacrificios:

¡tus holocaustos están siempre en mi presencia!» R.

 

« ¿Cómo te atreves a pregonar mis mandamientos

y a mencionar mi alianza con tu boca,

tú, que aborreces toda enseñanza

y te despreocupas de mis palabras? R.

 

Te sientas a conversar contra tu hermano,

deshonras al hijo de tu propia madre.

Haces esto, ¿y yo me voy a callar?

¿Piensas acaso que soy como tú?

Te acusaré y te argüiré cara a cara.» R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Marcos     8, 11-13

 

En aquel tiempo:

Llegaron los fariseos, que comenzaron a discutir con él; y, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Jesús, suspirando profundamente, dijo: «¿Por qué esta generación pide un signo? Les aseguro que no se le dará ningún signo.»

Y dejándolos, volvió a embarcarse hacia la otra orilla.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Partiendo de un relato primitivo que hablaba del origen de los quenitas, el autor del Génesis nos habla de la violenta conducta humana en los comienzos de la historia. Las consecuencias del pecado de Adán y Eva no se hizo esperar: se rompe la armonía de relaciones con Dios y entre los mismos seres humanos. El deterioro de la humanidad se pone de manifiesto.
  • La vida agrícola y pastoril representada por Caín y Abel, simbolizan dos tipos diversos de vida humana. Unidos como hermanos pero diferentes en su profesión, en sus manifestaciones cúlticas, en sus actitudes. Caín no acepta que las ofrendas de su hermano al Señor sean más gratas que las suyas y se enfurece contra él.
  • El pecado acecha agazapado y se puede apoderar del hombre en cualquier momento. Caín puede dominarlo, pero, al no aceptar al hermano, será el pecado el que se apodere de él; así se comete el primer fratricidio de la historia. El odio, nacido de la envidia, ha ocasionado la ruptura de la hermandad humana. El intento de querer ser como dioses hace que no podamos soportar al que está al lado, aunque éste sea nuestro hermano de sangre.
  • Dios pide cuentas, le interesa la justicia entre los hombres. La sangre inocente grita y el Señor no puede dejar de escuchar. Por eso Caín es maldecido y se le impone el destierro; la misma tierra, el suelo que él cultivó, también sufre las consecuencias de la sangre derramada: se lo maldice, se le niega su fuerza maternal. El mundo se convierte así en el espacio de su infructífero y vano vagar. Y, a pesar del fratricidio, Caín sigue con vida; Dios nunca destruye al hombre sino que siempre cuida de él a tal punto que prohíbe terminantemente la venganza.

***

  • Los milagros de Jesús no son realizados para asombrar a la pobre gente, sino para mostrarles que la gran noticia es realmente su liberación total. Por eso los milagros se refieren siempre a la liberación del hombre: de la enfermedad, de la muerte, de la opresión.
  • Por el contrario, los fariseos insisten mucho sobre los aspectos triunfalistas del futuro Mesías. Desde aquí se comprende la pretensión de los fariseos al reclamar un signo del cielo. Exigen que Dios dé directamente una prueba de la mesianidad de Jesús. Como representantes de la religión, deben pronunciarse, y quieren apoyar su opinión en hechos irrefutables.
  • Jesús se encuentra entre la indignación y el estupor. No habrá más signo que su propia vida. Este es el gesto que manifiesta que Dios actúa: la vida del Nazareno. No se dará otro signo que la obediencia del Hijo, una vida vivida absolutamente bajo la inspiración del Espíritu. Su vida habla por sí misma y es la más válida demostración. Estos son los signos de los tiempos: un hombre que ama hasta el extremo, que habla de perdón y lo realiza en gestos hasta el punto de dar su vida; un hombre que de cara al creador en su oración lo llama “Abba- papito”.
  • El signo de salvación que Dios da es la vida entregada de su Hijo Predilecto, que llega hasta las últimas consecuencias del amor. Signo para nosotros debe ser la comunidad reunida, la palabra proclamada, el pan y el vino de la Eucaristía, la gracia del perdón, la entrega de muchos por los más pobres y necesitados. Signo para el pueblo será hoy nuestra vida de hombres serenos y esperanzados ante las dificultades, nuestra constancia en buscar el bien a costa muchas veces de renuncias, nuestra fidelidad a la llamada recibida desde la vida vivida en clave misionera, nuestra apertura y capacidad de comprensión ante los errores y pecados de los otros.
  • Siempre ha existido y existirá la tentación “farisaica” de buscar y ofrecer señales asombrosas, que hagan callar a los adversarios. Esta tentación llega casi siempre en momentos críticos de decadencia de la fe: no teniendo que ofrecer a los otros testimonios vivos y reales, se intenta seguir presentes a través de fenómenos sobrenaturales, muy lejos del espíritu de los milagros de Jesús, y muy cerca de los resultados que buscan los medios de comunicación y la propaganda.
  • Jesús, el Hijo de Dios, se manifiesta de manera discreta en medio de nuestra vida y ha elegido precisamente lo débil para confundir a los poderosos. La fe en Jesús, en Dios, no se compra, no se condiciona, no se somete a juicios humanos de convalidación. Es don, y los dones se piden y reciben sencillamente como gracia.

 

Para discernir

 

  • ¿Ando buscando signos para hacer crecer mi fe?
  • ¿Qué signos pido?
  • ¿Qué signos doy?

     

Repitamos a lo largo de este día

 

Quiero descubrirte y manifestarte Señor

 

Para la lectura espiritual

 

¿Por qué esta generación reclama un signo?

 

… “Padre Santo, Dios todopoderoso…, cuando yo elevo la débil luz de mis ojos, ¿puedo dudar de que eso es tu cielo? Cuando contemplo el curso de las estrellas, su retorno en el ciclo anual, cuando veo las Pléyades, la Osa menor y la Estrella de la mañana y considero que cada una brilla en el lugar que tú le has asignado, comprendo, oh Dios, que tú estás allí, en estos astros que yo no comprendo. Cuando veo «las soberbias olas del mar» (sl 92,4), no comprendo el origen de esta agua, ni tampoco comprendo quien es que pone en movimiento su flujo y reflujo regular y, sin embargo, creo que hay una causa –ciertamente para mí impenetrable- en estas realidades que yo ignoro, y también allí percibo tu presencia.

Si vuelvo mi espíritu hacia la tierra que, por el dinamismo de unas fuerzas escondidas, descompone todas las semillas que antes ha acogido en su seno, las hace germinar lentamente y las multiplica, después las hace crecer, no encuentro allí nada que pueda comprender con mi inteligencia; pero esta misma ignorancia me ayuda a discernirte, a ti, puesto que, si soy incapaz de comprender la naturaleza que ha sido puesta a mi servicio, sin embargo te encuentro a través de este mismo hecho de que ella está allí, para mi uso.

Si me vuelvo hacia ti, la experiencia me dice que yo no me conozco a mi mismo, y te admiro tanto más por el hecho de ser yo un desconocido para mí mismo. En efecto, aunque yo no los puedo comprender, sí tengo experiencia de los movimientos de mi espíritu que juzga sus operaciones, su vida, y esta experiencia te la debo sólo a ti, a ti que me has hecho participar de esta naturaleza sensible que me da un gran gozo, aunque su origen se encuentra más allá de lo que alcanza mi inteligencia. No me conozco a mi mismo, pero te encuentro en mí y, encontrándote, te adoro”…

 

San Hilario (hacia 315-367), obispo de Poitiers y doctor de la Iglesia – La Trinidad, libro 12, 52-53

 

Para rezar

 

Tu eres el Hijo de Dios que te hiciste hermano y amigo nuestro.
Gracias, Jesús porque me quieres.
Tu viniste a enseñarnos el camino del cielo
Tu viniste a salvarnos del pecado y de la muerte.
Tú viniste a decirnos que Dios es un Padre que nos ama.
Tú viniste a enseñarnos a construir un mundo mas digno del hombre.
Tu viniste a animarnos y hadarnos fuerza para ser mejores.’
Tú viniste a consolarnos en nuestras tristezas y a traer alegría a
nuestra vida.
Tú viniste a enseñarnos como amarnos y perdonarnos unos a otros.
Padre Dios, Tu nos amaste tanto que nos enviaste a Jesús, tu propio
Hijo, para salvarnos; ayúdanos a escuchar y cumplir siempre lo que El
nos dice.
Te lo pedimos por el mismo Cristo Jesús.

Amén.

 

Martes VI

 

Cuídense de la mala levadura

 

Lectura del libro del Génesis    6, 5-8; 7, 1-5. 10

 

Cuando el Señor vio qué grande era la maldad del hombre en la tierra y cómo todos los designios que forjaba su mente tendían constantemente al mal, se arrepintió de haber hecho al hombre sobre la tierra, y sintió pesar en su corazón. Por eso el Señor dijo: «Voy a eliminar de la superficie del suelo a los hombres que he creado -y junto con ellos a las bestias, los reptiles y los pájaros del cielo- porque me arrepiento de haberlos hecho.» Pero Noé fue agradable a los ojos del Señor.

Entonces el Señor dijo a Noé: «Entra en el arca, junto con toda tu familia, porque he visto que eres el único verdaderamente justo en medio de esta generación. Lleva siete parejas de todas las especies de animales puros y una pareja de los impuros, los machos con sus hembras -también siete parejas de todas las clases de pájaros- para perpetuar sus especies sobre la tierra. Porque dentro de siete días haré llover durante cuarenta días y cuarenta noches, y eliminaré de la superficie de la tierra a todos los seres que hice.» Y Noé cumplió la orden que Dios le dio.

A los siete días, las aguas del Diluvio cayeron sobre la tierra.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO     Sal 28, 1a y 2. 3ac-4. 3b y 9c-10 (R.:11b)

 

R.    El Señor bendice a su pueblo con la paz.

 

¡Aclamen al Señor, hijos de Dios!

¡Aclamen la gloria del nombre del Señor,

adórenlo al manifestarse su santidad! R.

 

¡La voz del Señor sobre las aguas!

El Señor está sobre las aguas torrenciales.

¡La voz del Señor es potente,

la voz del Señor es majestuosa! R.

 

El Dios de la gloria hace oír su trueno.

En su Templo, todos dicen: «¡Gloria!»

El Señor tiene su trono sobre las aguas celestiales,

el Señor se sienta en su trono de Rey eterno. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    8, 13-21

 

Los discípulos se habían olvidado de llevar pan y no tenían más que un pan en la barca. Jesús les hacía esta recomendación: «Estén atentos, cuídense de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes.» Ellos discutían entre sí, porque no habían traído pan.

Jesús se dio cuenta y les dijo: «¿A qué viene esa discusión porque no tienen pan? ¿Todavía no comprenden ni entienden? Ustedes tienen la mente enceguecida. Tienen ojos y no ven, oídos y no oyen. ¿No recuerdan cuántas canastas llenas de sobras recogieron, cuando repartí cinco panes entre cinco mil personas?»

Ellos le respondieron: «Doce.»

«Y cuando repartí siete panes entre cuatro mil personas, ¿cuántas canastas llenas de trozos recogieron?»

Ellos le respondieron: «Siete.»

Entonces Jesús les dijo: «¿Todavía no comprenden?»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • En todos los pueblos de la tierra, desde las culturas más primitivas a las más altas, se conocen relatos del diluvio. El relato del Génesis pertenece a una leyenda popular muy extendida en el Oriente Medio, originada tal vez por alguna gran inundación en Mesopotamia, entre los ríos Tigris y Éufrates.
  • El escritor bíblico dibuja con trazos claros y decididos la situación de la humanidad: “… la maldad del hombre crecía sobre la tierra, y que todo su modo de pensar era siempre perverso…”. La realidad del pecado se va haciendo cada vez más ancha y funesta; la negativa con que los hombres se enfrentaban a Dios era cada vez más profunda e insistente. Este pecado que primeramente se había manifestado sólo en la persona de Caín, devora ya a toda la humanidad.
  • La figura de Dios aparece con rasgos humanos inauditos. Dios no es el que lo sabe todo, y se ha visto sorprendido por el modo de obrar de los hombres, hasta el punto de sentir la desilusión y el desaliento ante su creación. Este arrepentimiento de Dios quiere dar a entender su gran interés por los hombres.
  • El diluvio pone de relieve la contingencia de todo lo creado y la fuerza devastadora de los pecados de los hombres. El diluvio, es un juicio contra el pecado y la maldad, que progresivamente había llevado a la humanidad a un deterioro extremo. Dios se reserva la familia de Noé, para empezar de nuevo la aventura de la historia. Una vez más aparece la gratuidad sorprendente de Dios que va eligiendo a los que Él quiere. Dios purifica y castiga, pero también anuncia la salvación.

***

  • Jesús va sacando enseñanzas de las cosas de la vida, aunque sus oyentes esta vez, como tantas otras, no acaban de entenderle. Al subir en la barca, los discípulos se habían olvidado de llevarse pan; por casualidad les quedaba un pequeño pedazo. Jesús los invita a “cuidarse de la levadura de los fariseos y de Herodes”. Los discípulos no entienden; a lo sumo creen que se trata de un reto por no haber llevado el alimento necesario. Sin embargo, el significado de aquellas palabras era más profundo.
  • La palabra “levadura” posee un significado particular. La fiesta de la pascua implicaba, entre otras cosas, el rito de comer panes no fermentados. La levadura era considerada como signo y causa de corrupción. La pascua era la fiesta de la novedad, de la renuncia a lo viejo, de la búsqueda de un Dios que se revela en lo nuevo. Pero en la literatura de ese momento, la metáfora de la levadura, se aplicaba frecuentemente no a cualquier “corrupción” moral, sino muy concretamente al orgullo, a la soberbia, a la hipocresía.
  • Jesús quiere poner a los discípulos en guardia contra el orgullo y la soberbia de los fariseos, que pensaban en un Mesías triunfal, en un jefe, que con prodigios grandiosos someta al mundo. Para Jesús no se trata de alcanzar el poder, sino de servir a la humanidad necesitada.
  • Jesús, evoca el recuerdo de los dos relatos de multiplicación de los panes, para que los discípulos puedan entender que lo opuesto a la levadura de los fariseos y los herodianos, es el repartir o compartir el pan con los necesitados. Este es el único milagro que se debe realizar en este mundo, mientras se va proclamando la gran noticia del reino de Dios. El hecho de compartir el pan no empobrece, sino que, todo lo contrario, enriquece; sólo así se recoge la riqueza del Reino de Dios.
  • Tenemos que pedir la gracia de poder discernir entre las levaduras que encontramos en nuestro mundo. Si la levadura no es buena, el pan resultante ya no será fuente de vida, sino fuente de enfermedad y muerte.
  • Existen muchas cosas buenas en nuestro mundo, pero también hay muchas cosas que, fruto del pecado del hombre, son causa de injusticia, de opresión, de odios, de muerte. En nosotros, con la ayuda del Espíritu, está el elegir todo aquello que nos ayude a crecer, a vivir, a ser solidarios, a amar y a rechazar todo aquello que, aún con hermosas y prometedoras apariencias es portador de muerte, de injusticia e infelicidad.

 

Para discernir

 

  • ¿Cuáles son nuestras expectativas frente al Reino de Dios?
  • ¿Qué levaduras hacen crecer nuestra vida?
  • ¿Experimento la riqueza del compartir?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Quiero ser buena levadura Señor

 

Para la lectura espiritual

 

..”«El buen Dios, que nos ama tanto, ya tiene bastante pena con estar obligado a dejarnos cumplir nuestro tiempo de prueba en la tierra, sin que vengamos constantemente a decirle que estamos mal en ella; no tenemos que adoptar el aspecto de que nos damos cuenta de ello» (CSG, 58).

Este pasaje de santa Teresa, cuando lo comparamos con la idea generalmente difundida, tiene un carácter singular. Se ha empleado tanto el vocabulario del sufrimiento en la teología occidental que parece que Dios, sin complacerse propiamente en el sufrimiento del hombre, lo desea en sí mismo. Recordemos, por ejemplo, a Pascal diciendo que la enfermedad es el estado natural del cristiano, que debe asombrarse de estar sano: ¡qué horrible proposición!

Ahora bien, el pasaje de santa Teresa que acabamos de citar implica una sensibilidad nueva en relación con el sufrimiento. No se trata de que santa Teresa quiera una vida sembrada de facilidades: es sabido que siempre tomó en la religión su dimensión de austeridad y de esfuerzo, que siempre tuvo una devoción particular al rostro crucificado del Señor, hasta el punto de llevar su nombre. En efecto, se llama Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz. Se puede decir que su corta vida fue una sucesión de pruebas, la más dolorosa de las cuales fue la parálisis de su padre, antes de que llegara su consunción. Pero no atribuye a este sufrimiento un valor de salvación en cuanto es sufrimiento, como a menudo hacen los cristianos, y, sobre todo, como los adversarios del cristianismo les reprochan.

El sufrimiento, para Teresa, es un medio en vistas a un fin. Eso supone unirse a la idea profunda de la epístola a los Filipenses y de la epístola a los Hebreos: el sufrimiento de Cristo es una consecuencia de su obediencia al Padre. No le fue impuesto a causa de ningún valor del sufrimiento en sí mismo. Ahora bien, tras la caída, el sufrimiento (por el que podemos brindar a Dios una adhesión desinteresada y redimir el mal uso de la libertad), el sufrimiento, decía, es un medio corto de acercarnos a nuestro fin. Dios, que lo ve y lo quiere, lo ve y lo quiere a la manera de un remedio o de una operación de cirugía. Y este medio violento es tan pasajero, y sobre todo es tan ínfimo, cuando lo comparamos con lo que obtiene, que es de otro orden: eterno, dichoso, inmutable. Por eso, se comprende que la hermana de Teresa haya condensado su pensamiento sobre el mal en esta imagen atrevida y virgiliana: Dios sufre por nuestro sufrimiento, El nos lo envía volviendo la cabeza.

Desde esta perspectiva, el Dios de los cristianos no es un Dios «vengador», sino un Amor eterno, educador, prudente y sabio, que, lejos de multiplicar las penas, se las ingenia para abreviarlas, suspenderlas y reducirlas, en la medida en que ello es divinamente posible, para satisfacer su justicia, que, por lo demás, es idéntica a la gloria que desea para las almas.

Estamos lejos de la idea del valle de lágrimas. Tampoco se trata de la lluvia de rosas que el lector superficial de santa Teresa se imagina que la santa quería que cayera continuamente sobre sus amigos. Estamos más allá de ambas imágenes, comprendemos el sufrimiento en su finalidad profunda: lo trasladamos a su medida divina.

Volvemos a encontrar aquí, bajo una forma muy sencilla, la enseñanza de san Pedro y san Pablo cuando decían, sin haberse puesto de acuerdo y partiendo de puntos de vista bastante diferentes, que los sufrimientos de este tiempo no tienen ninguna comparación con el peso eterno de la gloria, o que estamos tristes durante un breve lapso de tiempo por diversas pruebas, puesto que es necesario.

Y podríamos decir que ése es también, en san Lucas, el pensamiento de Jesús resucitado, cuando conversa con los discípulos por el camino de Emaús: Jesús no hace alusión a la rapidez de la cruz, pero los tres compañeros sabían que la cosa había sido rápida, puesto que el jueves precedente ya no se hablaba de ella. Y Jesús recuerda la ley de toda carne y de todo espíritu: « ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?» (Lc 24,26).

Cuando se piensa en la objeción del racionalismo, del humanismo y del comunismo contra la doctrina cristiana como enemiga de la felicidad, se puede calibrar qué oportuna es esta dirección de la mística teresiana.

El sufrimiento no es obra de Dios, del Dios bueno, del Padre de quien viene todo bien; es obra del pecado, fruto de la desgracia original: pero la adorable misericordia divina transforma ese fruto amargo en un remedio «ennoblecedor». Goza ya de nosotros. « ¡Oh, cuánto bien hace este pensamiento a mi alma -escribe Teresa-, comprendo entonces por qué El nos deja sufrir!»”…

 

J. Guitton, El genio de Teresa de Lisieux, Edicep, Valencia 1996, pp. 33-35.

 

Para rezar

 

Oración de Abandono

 

Cuán difícil es alabarte en medio de la prueba Señor,
pero hoy lo quiero hacer.
Cuán difícil es abandonarme a tu Santa Voluntad,
pero hoy lo quiero hacer.
Cuán difícil es confiar me medio las malas noticias,
pero hoy lo quiero hacer.

Por eso en medio de toda la prueba,
gracias Señor por las cosas que permites.
Hoy me abandono por completo en tus manos
al enfrentarme a cosas tan grandes para mí,
pero tan pequeñas para tí.
Y hoy, hoy confío en que tengo un Padre Celestial
para quien las malas noticias que yo recibo
son la forma de mostrar su poder y su amor.

Por eso aunque no pueda entender, te alabo.
Aunque me sea difícil, me abandono.
Y aunque las malas noticias caigan de todas partes,
hoy confío en ti, Señor.

De esta forma seré testigo de tu poder,
tu amor, tu grandeza y de cómo enseñas estas cosas
a los mansos y humildes,
para confundir a los poderosos y fuertes de este mundo.

 

Amén.

 

 

Piera Ferrari

 

Miércoles VI

 

El ciego quedó curado y veía todo con claridad

 

Lectura del libro del Génesis 7, 6-7; 8, 6-13. 20-22

 

Al cabo de cuarenta días, Noé abrió la ventana que había hecho en el arca, y soltó un cuervo, el cual revoloteó, yendo y viniendo hasta que la tierra estuvo seca.

Después soltó una paloma, para ver si las aguas ya habían bajado. Pero la paloma no pudo encontrar un lugar donde apoyarse, y regresó al arca porque el agua aún cubría toda la tierra. Noé extendió su mano, la tomó y la introdujo con él en el arca. Luego esperó siete días más, y volvió a soltar la paloma fuera del arca. Esta regresó al atardecer, trayendo en su pico una rama verde de olivo. Así supo Noé que las aguas habían terminado de bajar. Esperó otros siete días y la soltó nuevamente. Pero esta vez la paloma no volvió.

La tierra comenzó a secarse en el año seiscientos uno de la vida de Noé, el primer día del mes. Noé retiró el techo del arca, y vio que la tierra se estaba secando.

Luego Noé levantó un altar al Señor, y tomando animales puros y pájaros puros de todas clases, ofreció holocaustos sobre el altar. Cuando el Señor aspiró el aroma agradable, se dijo a sí mismo: «Nunca más volveré a maldecir el suelo por causa del hombre, porque los designios del corazón humano son malos desde su juventud; ni tampoco volveré a castigar a todos los seres vivientes, como acabo de hacerlo. De ahora en adelante, mientras dure la tierra, no cesarán la siembra y la cosecha, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO     Sal 115, 12-13. 14-15. 18-19 (R.: 17a)

 

R.    Te ofreceré, Señor, un sacrificio de alabanza.

 

¿Con qué pagaré al Señor

todo el bien que me hizo?

Alzaré la copa de la salvación

e invocaré el nombre del Señor. R.

 

Cumpliré mis votos al Señor,

en presencia de todo su pueblo.

¡Qué penosa es para el Señor

la muerte de sus amigos! R.

 

Cumpliré mis votos al Señor,

en presencia de todo su pueblo,

en los atrios de la Casa del Señor,

en medio de ti, Jerusalén. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    8, 22-26

 

Cuando llegaron a Betsaida, le trajeron a un ciego y le rogaban que lo tocara. El tomó al ciego de la mano y lo condujo a las afueras del pueblo. Después de ponerle saliva en los ojos e imponerle las manos, Jesús le preguntó: «¿Ves algo?» El ciego, que comenzaba a ver, le respondió: «Veo hombres, como si fueran árboles que caminan.»

Jesús le puso nuevamente las manos sobre los ojos, y el hombre recuperó la vista. Así quedó curado y veía todo con claridad. Jesús lo mandó a su casa, diciéndole: «Ni siquiera entres en el pueblo.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Después del pecado de Adán y Eva, Dios promete la salvación. Después del asesinato de Abel, Dios da otro hijo a Eva y deja la puerta abierta a la esperanza. Después del diluvio, sella un pacto de bendición para los hombres. Así es de magnánimo el corazón de Dios que sigue creyendo en el hombre.
  • Noé junto con su familia y todos los que estaban en el arca, flotando sobre las aguas, sobreviven al juicio de Dios y supera la catástrofe. El arca oculta la bendición de Dios y garantiza la pervivencia de la humanidad. El arca de Noé es un símbolo de la misericordia de Dios, que en justicia condena el pecado y purifica a la humanidad, pero siempre aparece dispuesto a empezar de nuevo, dando confianza a sus creaturas. El aspecto de Dios como juez, no anula el de salvador y fuente de vida.
  • La humanidad que sale del arca es una humanidad nueva; la salvación realizada equivale a una nueva creación, a una resurrección. La vida comienza de nuevo. Para los salvados la vida comienza de nuevo, como recién estrenada, como recién salida de la mano de Dios. Todo vuelve a ser bueno. El arca se ha convertido en el paraíso donde reinaba la paz, la armonía, la amistad con Dios.
  • Al sacrificio de acción de gracias que ofrece la familia de Noé sobre un altar le sigue la promesa de Dios, llena de comprensión hacia la debilidad del hombre: «No volveré a maldecir a la tierra a causa del hombre, porque el corazón humano piensa mal desde la juventud».

***

  • Jesús y sus discípulos llegaron a Betsaida. Le llevaron un ciego y Jesús tomándolo de la mano, lo sacó fuera de la aldea. Lo conduce de la mano: gesto humano, muy sencillo. Lo lleva “fuera de la aldea”, no para esconder su milagro, sino para no crear falsas expectativas. Este es el “secreto mesiánico”. Cristo no será realmente comprendido sino después de la cruz, y la resurrección.
  • Poniéndole saliva sobre los ojos, luego le impuso las manos. Como en el caso del sordomudo de la Decápolis, Jesús usa gestos que a primera vista parecen mágicos. Pero en realidad, Jesús usa el lenguaje de los sentidos, que únicamente podría comprender el pobre ciego.
  • La curación se realiza en dos tiempos: en un primer momento, el ciego ve un poco confusamente y confunde los hombres con los árboles; en un segundo momento la curación es ya completa. El milagro se acomoda al curso normal de la recuperación natural. Esta curación «por etapas» es una expresión simbólica del proceso de los discípulos. El ciego no logra ver con total claridad desde el instante en que ocurre el milagro.
  • Así como llegar a ver físicamente, es para el ciego una gracia que Jesús le concede voluntaria y misericordiosamente; así también el llegar a conocer a Jesús como “el Hijo del Hombre Crucificado y Resucitado”, es gracia que viene del Padre. Los discípulos de Jesús, sólo lentamente, y con su ayuda, irán madurando y viendo con ojos nuevos el sentido de su Reino.
  • La conversión no es algo que sucede de manera instantánea y para siempre. La conversión es un proceso que se inicia cuando uno se encuentra con Jesús, y que va progresando en la medida que permanecemos en Él.
  • Esta curación de Jesús nos muestra muy bien este proceso. Cuando estamos lejos de Jesús, somos como el ciego: no somos capaces de ver la realidad tal cual es, sino como nos la cuentan los demás y por eso con mucha frecuencia nos tropezamos. En el primer encuentro con Jesús empezamos a ver, pero no con claridad y esto hace que las cosas se vean no como son realmente. Ya vemos, pero no con claridad. Finalmente llega el momento en que se ve todo con claridad y el mundo se nos presenta con toda la belleza con la que Dios lo creó, descubrimos sus huellas y llamadas en la vida cotidiana. Podemos encaminarnos en un proyecto de vida desde lo que somos y desde lo que Jesús nos invita a vivir.
  • Esta nueva luz también nos hace capaces de reconocer la maldad del pecado que destruye nuestra vida y entorpece la realización del Reino. Nuestro camino en la fe y el de los demás, es gradual. A Jesús se llega paso a paso, lograrlo también requiere de nuestra colaboración. Nuestro crecimiento en la fe no se da por cálculos humanos sino por nuestra capacidad de abrimos a la acción de Dios. No podemos pretender resultados instantáneos. No tenemos que perder la paciencia ni con nosotros mismos, ni con aquellos a los que estamos intentando ayudar en su maduración humana o en su camino de fe. Cristo tuvo paciencia con todos. Al ciego le impuso las manos dos veces antes de que viera bien.
  • Las intervenciones de Dios en nuestra vida siguen su pedagogía: pacientes, perseverantes, escalonadas, colmadas con una sabiduría que nosotros no conocemos ni siempre comprendemos. Debemos permanecer firmes en nuestro seguimiento de Cristo, hasta poder contemplar a los demás como Dios los contempla, y hasta saberlos amar como Dios los ama.

 

Para discernir

 

  • ¿Cómo fue nuestro proceso de fe?
  • ¿Reconocemos las intervenciones de la gracia de Dios?
  • ¿Tenemos paciencia nosotros con aquellos a los que queremos ayudar a ver?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Gracias Señor por dejarme contemplar tu bondad

 

Para la lectura espiritual

 

…”Con frecuencia, tenemos miedo de subrayar en exceso la bondad y la misericordia de Dios. Nos apresuramos de inmediato a recordar también su justicia, su severidad, como si tuviéramos miedo de que, si ponemos demasiado el acento en el amor de Dios, no sintiera el hombre la premura de una vida diferente, nueva, más recta, más decididamente moral. El Evangelio nos enseña, sin embargo, que el hombre cambia su vida, su mentalidad, se convierte al bien, no porque se le grite, se le reprenda, se le castigue, sino porque se descubre amado a pesar de ser un pecador. Se produce un momento de intenso amor cuando la persona ve en un instante todo su pecado, cuando el hombre se percibe a sí mismo como pecador, pero dentro del abrazo de alguien que le ama y le colma de entusiasmo [...].

Dios, a través del sacrificio de su Hijo, recapitula en sí a la humanidad, amando al hombre herido. Es el amor loco de Dios el que se consuma ante los ojos del hombre; más aún, en las manos del hombre pecador, en la intimidad de su corazón, allí donde le hace hombre nuevo, le restituye realmente la posibilidad de vivir la novedad (cf. Col 3,10). La persona, tocada de una manera tan viva e inmediata por el amor, consigue dejar la mentalidad del hombre viejo, consigue pensar como hombre nuevo, entrar en la creatividad de una inteligencia amorosa, libre. Es encontrarse en el abrazo que quema en el pecador la testarudez y su anclarse detrás de sus propias fijaciones (cf. Ef 4,22-24)”…

 

M. I. Rupnik, edición española: Le abrazó y le besó, PPC, Madrid 1999.

 

Para rezar

 

Señor, sácanos de nuestro mundillo,
llevándonos de tu mano.
Úngenos con tu saliva de paciencia,
de esperanza,
de consuelo.
Imponnos las manos.
Nos fiamos de ti.
Empezaremos a distinguir
con una vista borrosa.
Ten paciencia con nosotros
y no apartes tu mano,
hasta que veamos con claridad.


Luis Ángel de las Heras, c.m.f.

 

Jueves VI

 

El hijo del hombre debe sufrir mucho

 

Lectura del libro del Génesis    9, 1-13

 

Entonces Dios bendijo a Noé y a sus hijos, diciéndoles:

«Sean fecundos, multiplíquense y llenen la tierra. Ante ustedes sentirán temor todos los animales de la tierra y todos los pájaros del cielo, todo lo que se mueve por el suelo, y todos los peces del mar: ellos han sido puestos en manos de ustedes. Todo lo que se mueve y tiene vida les servirá de alimento; yo les doy todo eso como antes les di los vegetales.

Sólo se abstendrán de comer la carne con su vida, es decir, con su sangre. Y yo pediré cuenta de la sangre de cada uno de ustedes: pediré cuenta de ella a todos los animales, y también pediré cuenta al hombre de la vida de su prójimo. Otro hombre derramará la sangre de aquel que derrame sangre humana, porque el hombre ha sido creado a imagen de Dios.

Ustedes, por su parte, sean fecundos y multiplíquense, llenen la tierra y domínenla.»

Y Dios siguió diciendo a Noé y a sus hijos:

«Además, yo establezco mi alianza con ustedes, con sus descendientes, y con todos los seres vivientes que están con ustedes: con los pájaros, el ganado y las fieras salvajes; con todos los animales que salieron del arca, en una palabra, con todos los seres vivientes que hay en la tierra. Yo estableceré mi alianza con ustedes: los mortales ya no volverán a ser exterminados por las aguas del Diluvio, ni habrá otro Diluvio para devastar la tierra.»

Dios añadió: «Este será el signo de la alianza que establezco con ustedes, y con todos los seres vivientes que los acompañan, para todos los tiempos futuros: yo pongo mi arco en las nubes, como un signo de mi alianza con la tierra.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO     Sal 101, 16-18. 19-21. 29 y 22-23 (R.: 20b)

 

R.    El Señor miró a la tierra desde el cielo.

 

Las naciones temerán tu Nombre, Señor,

y los reyes de la tierra se rendirán ante tu gloria:

cuando el Señor reedifique a Sión

y aparezca glorioso en medio de ella;

cuando acepte la oración del desvalido

y no desprecie su plegaria. R.

 

Quede esto escrito para el tiempo futuro

y un pueblo renovado alabe al Señor:

porque él se inclinó desde su alto Santuario

y miró a la tierra desde el cielo,

para escuchar el lamento de los cautivos

y librar a los condenados a muerte. R.

 

Los hijos de tus servidores tendrán una morada

y su descendencia estará segura ante ti,

para proclamar en Sión el nombre del Señor

y su alabanza en Jerusalén,

cuando se reúnan los pueblos y los reinos,

y sirvan todos juntos al Señor. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    8, 27-33

 

Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: « ¿Quién dice la gente que soy yo?».

Ellos le respondieron: «Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas.»

«Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?»

Pedro respondió: «Tú eres el Mesías.» Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de él.

Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días; y les hablaba de esto con toda claridad.

Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo.    

Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo reprendió, diciendo: « ¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Termina la historia del diluvio con la alianza que Dios sella con Noé y su familia, y con el reinicio de una nueva humanidad. El juicio de Dios ha sido justo, pero salvador y misericordioso.
  • Dios bendice a Noé y a su descendencia es pues una bendición «universal», destinada a todos los hombres, sin excepción alguna: la vida es el primer don de Dios. Esta nueva bendición sucede al pecado de la humanidad: por lo tanto, más allá del pecado, Dios conserva su amor por sus criaturas.
  • Entre las cláusulas de la alianza hay detalles que se refieren a la comida, pero sobre todo, Dios exige una cosa importante: el respeto a los hermanos, porque cada uno de ellos es imagen de Dios. Después del asesinato de Abel, que representaba toda la maldad del corazón humano, Dios, para su nueva humanidad, quiere un corazón nuevo, que respete no sólo la vida sino también el honor y el bienestar del hermano. Faltar al hermano va a ser desde ahora faltarle al mismo Dios.
  • Para los semitas, los fenómenos metereológicos eran signos de Dios: todo lo que pasaba «en el cielo», pertenecía precisamente a ese dominio divino sobre el cual el hombre no tiene poder alguno. Dios propone aquí, como señal de este pacto con Noé, el arco iris.
  • Dios empieza de nuevo, ilusionadamente, ahora con la familia de Noé, después de la purificación general del diluvio. No tenemos a Dios en contra. Siempre a favor. A pesar de todo el mal que hemos hecho, nos sigue amando y concediendo un voto de confianza.

***

  • Iba Jesús con sus discípulos a las aldeas de Cesarea de Filipo. Marchan hacia países paganos, lejos de las muchedumbres de Galilea. Aparece aquí un Jesús muy cercano a los suyos que sabe lo que quiere hacer: someter a prueba la fe de sus discípulos.
  • En su conversación se interesa en saber lo que piensa la gente de Él. Las respuestas que le dan no lo dejan satisfecho, porque lo consideran simplemente un gran hombre, un portavoz de Dios de la talla de Juan Bautista, Elías, un profeta. Todavía el pueblo no tiene perspectiva para entender quién es Él verdaderamente.
  • Cuando la pregunta se dirige directamente a ellos, Pedro, después de largas vacilaciones en nombre de los Doce, “reconoce” a Jesús por lo que El es. El título que Pedro otorga a Jesús se trata pues del reconocimiento de la identidad profunda de Jesús: Jesús no es solamente “uno de los profetas”, por los cuales Dios conducía la historia a su término; Él es el término, el fin mismo, “es aquel que los profetas anunciaban”, el Mesías, el Ungido, el “Cristo”. Así, el grupo de los Doce va mucho más allá de las respuestas corrientes de la gente.
  • Pero Jesús, siente que debe aclararles que ser Mesías, no significa tener una condición especial que deba mantenerlo al margen de la humanidad con todo lo que ello representa. Jesús anuncia un Mesías que va a morir. Sus discípulos le quieren evitar todos los sufrimientos, porque lo quieren convertir en un Mesías triunfante, y alejado de todos los riesgos que trae la encarnación
  • La reacción de Pedro lo coloca en oposición al proyecto de Jesús. Cegado por una mentalidad triunfalista y de éxito no puede asumir la propuesta de Jesús. Sí el Mesías que los discípulos esperan es un Mesías humano, un Mesías político, un liberador de aquí abajo; Jesús les muestra que esto es una tentación satánica.
  • El discípulo no sólo acepta al maestro sino que opta por su modo de vivir. Ser discípulo de Jesús es proyectar la existencia en términos de entrega, no de posesión: “El que quiera asegurar su vida la perderá; en cambio, el que pierda su vida por mí y por el Evangelio se salvará”. Jesús afirma que la vida entera, material y espiritual, se posee únicamente en la entrega de sí mismo. Jesús no nos pide que renunciemos a esta vida, para que tengamos otra, sino que exige que cambiemos el proyecto de esta vida por un proyecto de la misma en la línea del amor.
  • Para que esto sea posible, Cristo tiene que ser el Señor de nuestra vida en lo que nosotros llamamos nuestra vida. En lo cotidiano, trabajo, escuela, en el hogar. El que lo acepta como Cristo, acepta también la Cruz que Él aceptó y los sufrimientos de los que nos habla. Nuestra Cruz es la de la vida diaria, la de vivir nuestros deberes y opciones con amor evangélico aceptando el sufrimiento y dándonos sin esperar recibir algo a cambio.
  • Si en verdad queremos reinar junto con Cristo, hagamos también nosotros nuestro, su camino; entonces realmente Jesús significará no sólo mucho, sino todo en nuestra vida.

 

Para discernir

 

  • ¿Qué imagen tengo de Jesús?
  • ¿Me siento llamado a ser su discípulo?
  • ¿Acepto su camino como el mío?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Que te reconozca Señor, verdadero Dios y verdadero hombre.

 

Para la lectura espiritual

 

…”En mi vida resultó determinante un concepto que hace años se clarificó en mí incitado por Romano Guardini: el cristianismo no es, en primer lugar, una doctrina, sino una Persona, Jesús, el Cristo. En él está comprendido y de él brota todo lo que es cristiano; en efecto, a Dios, al Padre, le complació «hacer habitar en él toda plenitud» (Col 1,19), y sólo «de su plenitud hemos recibido todos nosotros gracia por gracia» (Jn 1,16).

El nombre «Jesús» indica su humanidad, el título «Cristo», entendido al pie de la letra, indica, en cambio, su unción, en concreto su sacerdocio, su realeza y su divinidad. En él se cumplen las máximas expectativas de todos los tiempos y de todos los pueblos representados por los judíos y los paganos. El hombre de Nazaret nos plantea una pregunta: ¿por qué motivo es él capaz de ser el más humano de todos los hombres? ¿Qué clase de hombre es éste…? (Mt 8,27). En Cesarea de Filipo reconoce y profundiza Pedro en la identidad del Maestro: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo». El Señor, confirmando lo que Pedro había dicho, declara dichoso a su apóstol por su particular don de gracia (Mt 16,16ss).

Llegando a Jesús como Mesías, como el prometido liberador de los hombres, como Hijo de Dios hecho hombre, llegamos a su más profundo misterio, del que depende todo el cristianismo. Sólo quien choca con esta realidad encuentra verdaderamente a Cristo y puede ser llamado cristiano en el verdadero sentido de la palabra; sin embargo, esto sólo se vuelve posible por la gracia de Dios”…

 

J. B. Lotz, Conquistándole. Encuentro con Cristo, Roma 1983, pp. 7ss y 39-41.

 

Para rezar

 

Quiero seguirte, Señor

A pesar de las incomprensiones de los demás.
A pesar de mis momentos débiles.
A pesar de las horas de cansancio.
Quiero ser dichoso con los que te siguen
con corazón sencillo.

Con los pobres que sienten necesidad de Ti.
Con los que sufren en su caminar por la vida.
Con los que trabajan por implantar la justicia.
Con los de corazón puro.
Con los que llevan consigo la paz y la transmiten

Quiero seguirte Señor…

 

Viernes VI

22 de Febrero

La Cátedra de San Pedro Apóstol (F)

 

Esto te lo ha revelado mi Padre que está en el cielo

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro    5, 1-4

 

Queridos hermanos:

Exhorto a los presbíteros que están entre ustedes, siendo yo presbítero como ellos y testigo de los sufrimientos de Cristo y copartícipe de la gloria que va a ser revelada. Apacienten el Rebaño de Dios, que les ha sido confiado; velen por él, no forzada, sino espontáneamente, como lo quiere Dios; no por un interés mezquino, sino con abnegación; no pretendiendo dominar a los que les han sido encomendados, sino siendo de corazón ejemplo para el Rebaño. Y cuando llegue el Jefe de los pastores, recibirán la corona imperecedera de gloria.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 22,1-6

 

R.    El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.

 

El Señor es mi pastor,

nada me puede faltar.

El me hace descansar en verdes praderas,

me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas:

me guía por el recto sendero, por amor de su nombre. R.

 

Aunque cruce por oscuras quebradas,

no temeré ningún mal,

porque Tú estás conmigo:

tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.

 

Tú preparas ante mí una mesa,

frente a mis enemigos;

unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa. R.

 

Tu bondad y tu gracia me acompañan

a lo largo de mi vida;

y habitaré en la casa del Señor,

por muy largo tiempo. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    16, 13-19

 

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: « ¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?»

Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas.»

«Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?»

Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»

Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • La celebración de la Cátedra de San Pedro en este día, da a la liturgia la ocasión para colocarnos, en pleno camino cuaresmal, ante la Persona de Jesús y su Misterio. Hasta este momento, en el Evangelio han sido los otros quienes continuamente se han puesto interrogantes y proclamado lo que pensaban sobre la Persona de Jesús al ver sus signos y prodigios.
  • El paso a la parte pagana del lago tenía por objeto salir del territorio judío. Cesarea de Filipo era la capital del territorio gobernado por este tetrarca, hermano de Herodes Antipas. Para proponer a sus discípulos la cuestión de su identidad, Jesús los saca del territorio donde reina la concepción del Mesías davídico.
  • Ahora, Jesús mismo interroga a los discípulos para hacer brotar la respuesta de la fe. Después de contestar lo que la gente piensa, Pedro toma la palabra en nombre de todos. Pedro pertenece a la categoría de los sencillos, no a la de los sabios y entendidos, y ha recibido esa revelación que le permite reconocer al Nazareno como el Cristo, el Hijo de Dios, el Hijo amado del Padre, enviado al mundo para salvarnos. Pedro es admitido a participar en el secreto de Dios.
  • La revelación del Padre está ofrecida a todos, no es un privilegio de Pedro, pero sólo los “sencillos” están en disposición de recibirla. Los que reciben del Padre la revelación sobre Jesús son los que ven en Jesús la imagen del Padre, y los que reciben de Jesús la experiencia de Dios como Padre y pueden invocarlo como tal.
  • Simón Pedro, es el primero que profesa la fe en Jesús con una fórmula que describe perfectamente su ser y su misión por eso se constituye como el prototipo de todos los creyentes. Con éstos, Jesús construye la nueva sociedad humana, que tiene por fundamento inamovible esa fe. Apoyada en ese cimiento, la comunidad de Jesús podrá resistir todos los embates de las fuerzas enemigas, representadas por los perseguidores. Posibilita además el ofrecimiento de salvación, dando a los seres humanos la oportunidad que esperan y pueden, también, excluir a los que rechazan esa salvación.
  • En la fe de Pedro podemos entender las posibilidades que abre la fe a toda existencia creyente. Pedro a pesar de reconocer a Jesús como el Mesías esperado, no pudo sostener esta afirmación en todo momento de su vida, fue débil; sin embargo, a pesar de sus pecados, volvió al Señor y hoy podemos celebrar su Cátedra: su autoridad, concedida por Jesucristo y asentada en Roma como Pastor universal de la Iglesia.
  • En esta primera semana de Cuaresma, esta pregunta se dirige a nosotros para que podamos verificar hondamente la calidad de nuestra relación con Jesús, nuestra experiencia de su Misterio y nuestra respuesta. El Señor nos lleva a la región extranjera de nuestro corazón, a la de la pregunta y nos interroga amistosamente para hacer brotar de nuestro corazón una respuesta de fe más profunda y más comprometida.

 

Para discernir

 

  • ¿Vivo mi fe enraizada en la fe de los apóstoles?
  • ¿Descubro la necesidad de compartir la fe que profeso?
  • ¿Experimento a la Iglesia como maestra en el camino de mi fe?

 

Repitamos a lo largo del día

 

El Señor es mi pastor

 

Para la lectura espiritual

 

La Cátedra de San Pedro don de Cristo a su Iglesia

 

Queridos hermanos y hermanas:


La liturgia latina celebra hoy la fiesta de la Cátedra de San Pedro. Se trata de una tradición muy antigua, atestiguada en Roma desde el siglo IV, con la que se da gracias a Dios por la misión encomendada al apóstol san Pedro y a sus sucesores. La “cátedra”, literalmente, es la sede fija del obispo, puesta en la iglesia madre de una diócesis, que por eso se llama “catedral”, y es el símbolo de la autoridad del obispo, y en particular de su “magisterio”, es decir, de la enseñanza evangélica que, en cuanto sucesor de los Apóstoles, está llamado a conservar y transmitir a la comunidad cristiana. Cuando el obispo toma posesión de la Iglesia particular que le ha sido encomendada, llevando la mitra y el báculo pastoral, se sienta en la cátedra. Desde esa sede guiará, como maestro y pastor, el camino de los fieles en la fe, en la esperanza y en la caridad.

¿Cuál fue, por tanto, la “cátedra” de san Pedro? Elegido por Cristo como “roca” sobre la cual edificar la Iglesia (cf. Mt 16, 18), comenzó su ministerio en Jerusalén, después de la Ascensión del Señor y de Pentecostés. La primera “sede” de la Iglesia fue el Cenáculo, y es probable que en esa sala, donde también María, la Madre de Jesús, oró juntamente con los discípulos, a Simón Pedro le tuvieran reservado un puesto especial.

Sucesivamente, la sede de Pedro fue Antioquía, ciudad situada a orillas del río Oronte, en Siria (hoy en Turquía), en aquellos tiempos tercera metrópoli del imperio romano, después de Roma y Alejandría en Egipto. De esa ciudad, evangelizada por san Bernabé y san Pablo, donde “por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de cristianos” (Hch 11, 26), por tanto, donde nació el nombre de cristianos para nosotros, san Pedro fue el primer obispo, hasta el punto de que el Martirologio romano, antes de la reforma del calendario, preveía también una celebración específica de la Cátedra de San Pedro en Antioquía.

Desde allí la Providencia llevó a Pedro a Roma. Por tanto, tenemos el camino desde Jerusalén, Iglesia naciente, hasta Antioquía, primer centro de la Iglesia procedente de los paganos, y todavía unida con la Iglesia proveniente de los judíos. Luego Pedro se dirigió a Roma, centro del Imperio, símbolo del “Orbis” —la “Urbs” que expresa el “Orbis”, la tierra—, donde concluyó con el martirio su vida al servicio del Evangelio. Por eso, la sede de Roma, que había recibido el mayor honor, recogió también el oficio encomendado por Cristo a Pedro de estar al servicio de todas las Iglesias particulares para la edificación y la unidad de todo el pueblo de Dios.

Así, la sede de Roma, después de estas emigraciones de san Pedro, fue reconocida como la del sucesor de Pedro, y la “cátedra” de su obispo representó la del Apóstol encargado por Cristo de apacentar a todo su rebaño. Lo atestiguan los más antiguos Padres de la Iglesia, como por ejemplo san Ireneo, obispo de Lyon, pero que venía de Asia menor, el cual, en su tratado Contra las herejías, describe la Iglesia de Roma como “la más grande, más antigua y más conocida por todos, que la fundaron y establecieron los más gloriosos apóstoles Pedro y Pablo”; y añade:  “Con esta Iglesia, a causa de su origen más excelente, debe necesariamente estar de acuerdo toda la Iglesia, es decir, los fieles de todas partes” (III, 3, 2-3). A su vez, un poco más tarde, Tertuliano afirma: “¡Cuán feliz es esta Iglesia de Roma! Fueron los Apóstoles mismos quienes derramaron en ella, juntamente con su sangre, toda la doctrina” (La prescripción de los herejes, 36). Por tanto, la cátedra del Obispo de Roma representa no sólo su servicio a la comunidad romana, sino también su misión de guía de todo el pueblo de Dios.

Celebrar la “Cátedra” de san Pedro, como hacemos nosotros, significa, por consiguiente, atribuirle un fuerte significado espiritual y reconocer que es un signo privilegiado del amor de Dios, Pastor bueno y eterno, que quiere congregar a toda su Iglesia y guiarla por el camino de la salvación.

Entre los numerosos testimonios de los santos Padres, me complace recordar el de san Jerónimo, tomado de una de sus cartas, escrita al Obispo de Roma, particularmente interesante porque hace referencia explícita precisamente a la “cátedra” de Pedro, presentándola como fuente segura de verdad y de paz. Escribe así san Jerónimo: “He decidido consultar la cátedra de Pedro, donde se encuentra la fe que la boca de un Apóstol exaltó; vengo ahora a pedir un alimento para mi alma donde un tiempo fui revestido de Cristo. Yo no sigo un primado diferente del de Cristo; por eso, me pongo en comunión con tu beatitud, es decir, con la cátedra de Pedro. Sé que sobre esta piedra está

edificada la iglesia” (Cartas I, 15,1-2.)

Queridos hermanos y hermanas, en el ábside de la basílica de San Pedro, como sabéis, se encuentra el monumento a la Cátedra del Apóstol, obra madura de Bernini, realizada en forma de gran trono de bronce, sostenido por las estatuas de cuatro doctores de la Iglesia, dos de Occidente, san Agustín y san Ambrosio, y dos de Oriente, san Juan Crisóstomo y san Atanasio. Os invito a deteneros ante esta obra tan sugestiva, que hoy se puede admirar decorada con muchas velas, para orar en particular por el ministerio que Dios me ha encomendado.

Elevando la mirada hacia la vidriera de alabastro que se encuentra exactamente sobre la Cátedra, invocad al Espíritu Santo para que sostenga siempre con su luz y su fuerza mi servicio diario a toda la Iglesia. Por esto, como por vuestra devota atención, os doy las gracias de corazón.

 

Benedicto XVI – AUDIENCIA GENERAL – Miércoles 22 de febrero de 2006

 

Para rezar


 

Creemos en Jesucristo, el hombre de Nazaret,

nuestro Señor crucificado y resucitado.
El vino a nosotros, compartió nuestra vida,

conquistó el pecado y la muerte y reconcilió
el mundo consigo mismo.

Derramó sobre nosotros su Santo Espíritu,

creando y renovando la Iglesia de Jesucristo,

uniendo en su alianza a los creyentes de todas las lenguas y razas.
Nos llamó a ser su Iglesia a aceptar

el costo y la alegría del discipulado,

a ser siervos en el servicio a los demás,

a proclamar el evangelio a todo el mundo

y resistir el poder del diablo,
a recibir el bautismo de Cristo y comer en su mesa,

a participar en su pasión y victoria.
El prometió a todos los que confían en él

el perdón de los pecados y la gracia plena,

coraje en la lucha por la justicia y la paz,

su presencia en la prueba y el gozo, y eterna vida en el
Reino que no tiene fin.

Bendición y honor, gloria y poder sean a Él.

Amén

Aportado por Equipo De Selah

 

Sábado VI

 

Es mi Hijo amado, escúchenlo

 

Lectura de la carta a los Hebreos    11, 1-7

 

Hermanos

Ahora bien, la fe es la garantía de los bienes que se esperan, la plena certeza de las realidades que no se ven. Por ella nuestros antepasados fueron considerados dignos de aprobación.

Por la fe, comprendemos que la Palabra de Dios formó el mundo, de manera que lo visible proviene de lo invisible.

Por la fe, Abel ofreció a Dios un sacrificio superior al de Caín, y por eso fue reconocido como justo, y así lo atestiguó el mismo Dios al aceptar sus dones. Y por esa misma fe, él continúa hablando, aún después de su muerte.

Por la fe, Henoc fue llevado al cielo sin pasar por la muerte. Nadie pudo encontrarlo porque Dios se lo llevó, y de él atestigua la Escritura que antes de ser llevado fue agradable a Dios. Ahora bien, sin la fe es imposible agradar a Dios, porque aquel que se acerca a Dios debe creer que él existe y es el justo remunerador de los que lo buscan.

Por la fe, Noé, al ser advertido por Dios acerca de lo que aún no se veía, animado de santo temor, construyó un arca para salvar a su familia. Así, por esa misma fe, condenó al mundo y heredó la justicia que viene de la fe.

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO    Sal 144, 2-3. 4. 6. 10-11 (R.: 1b)

 

R.    Bendeciré tu nombre eternamente, Señor.

 

Día tras día te bendeciré,

y alabaré tu Nombre sin cesar.

¡Grande es el Señor y muy digno de alabanza:

su grandeza es insondable! R.

 

Cada generación celebra tus acciones

y le anuncia a las otras tus portentos:

Ellas publican sus tremendos prodigios

y narran tus grandes proezas. R.

 

Que todas tus obras te den gracias, Señor,

y tus fieles te bendigan;

que anuncien la gloria de tu reino

y proclamen tu poder. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    9, 2-13

 

Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan, y los llevó a ellos solos a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos. Sus vestiduras se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo podría blanquearlas. Y se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.

Pedro dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» Pedro no sabía qué decir, porque estaban llenos de temor.

Entonces una nube los cubrió con su sombra, y salió de ella una voz: «Este es mi Hijo muy querido, escúchenlo.» De pronto miraron a su alrededor y no vieron a nadie, sino a Jesús solo con ellos.

Mientras bajaban del monte, Jesús les prohibió contar lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos cumplieron esta orden, pero se preguntaban qué significaría «resucitar de entre los muertos.»

Y le hicieron esta pregunta: «¿Por qué dicen los escribas que antes debe venir Elías?»

Jesús les respondió: «Sí, Elías debe venir antes para restablecer el orden en todo. Pero, ¿no dice la Escritura que el Hijo del hombre debe sufrir mucho y ser despreciado? Les aseguro que Elías ya ha venido e hicieron con él lo que quisieron, como estaba escrito.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Terminamos nuestra lectura de los primeros once capítulos del Génesis con una página de la carta a los Hebreos que es un elogio de nuestros antepasados remotos y comienza con una definición de lo que es tener fe: «La fe es seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve».
  • El autor presenta los hombres ejemplares del Antiguo Testamento que desfilan en este capítulo como los grandes modelos de la fe para que los cristianos sigan sus huellas y permanezcan perseverante en el ejercicio de su vida de creyentes. Estos hombres, como todos los demás que vivieron en el antes de Cristo, no llegaron a ver claro, ni a experimentar la venida del Salvador prometido por Dios. Pero desde esa oscuridad supieron creer en Dios y creer a Dios.
  • A la luz de la vida y la muerte de Jesucristo, Hebreos penetra en el interior de aquellas vidas generosas y encuentra los elementos constitutivos de su fe, y la presenta como una viva y personal experiencia del Dios vivo. Es como «ver al Invisible», es tener una mirada nueva que penetra el misterio de Dios que ama.
  • Fe es el conocimiento vivo, personal, de realidades invisibles, del Dios vivo que Jesucristo revela, comunión capaz de transformar una vida. Al mismo tiempo comporta la constante tendencia a la comunión definitiva con Dios, saliendo de toda seguridad humana.

***

  • En el Evangelio Jesús toma consigo a Pedro, a Santiago y a Juan y los conduce solos a un monte alto y apartado. Los tres son los que habían asistido a la “resurrección” de la hija de Jairo y serán también los tres que asistirán a la agonía de Jesús.
  • Allí se transfiguró ante ellos. Sus vestidos se volvieron resplandecientes… y se les aparecieron Elías y Moisés, hablando con Jesús. Los discípulos no logran asimilar el mensaje de derrota y de muerte que su Maestro les anunció; por eso reciben el mensaje: que detrás de la derrota y de la muerte, está su triunfo. El Padre asegura que la vida y la obra de Jesús no terminan con la muerte, que la transfiguración, es decir la Resurrección, será lo definitivo para él, que los ha animado a ellos en la vocación del Reino.
  • Era necesario hacer ver a los discípulos la luz que se esconde detrás de la muerte cuando ésta es abrazada con amor. Había que subir a la montaña para que el Gólgota entrara en la historia de los hombres acompañado por el Tabor.
  • La presencia de Moisés y de Elías, representantes de la Ley y de los profetas, pone de manifiesto que, para Marcos, en Jesús se da cumplimiento total a la ley y a la profecía. Así como Moisés fue el que liberó al pueblo de la esclavitud del poder del Faraón y como Elías fue liberador del pueblo del poder despótico de Babilonia, Jesús es el definitivo liberador de todo hombre y mujer que hacen suya la causa del reino, se deja conducir por él para vivir la plena libertad de los Hijos de Dios.
  • Pedro quiere hacer durar esa dicha proponiéndole a Jesús que construyan tres carpas. Cree que ya está, que es definitivo. Pero no lo es, será necesario descender de nuevo a la llanura y a las dificultades de la vida: será necesario reemprender el camino hacia la cruz, en la noche, siguiendo a Jesús.
  • Para confirmar esto, el relato se interrumpe por la aparición de una nube con una voz que interpreta la transfiguración de Jesús y da respuesta a la reacción de Pedro. La nube es signo de la presencia de Dios, como aparece en el libro del Éxodo. La nube cubrirá ahora con su sombra a Jesús y sus compañeros. Dios habla desde la nube a los discípulos, proclamando a Jesús como su Hijo amado e invitando a escucharlo.
  • En Cristo tiene lugar la plenitud de la Revelación. En su palabra y en su vida se contiene todo lo que Dios ha querido decir a la humanidad y a cada hombre. En Jesús encontramos todo lo que debemos saber acerca de nuestra propia existencia, en Él entendemos el sentido de nuestro vivir diario.
  • Dios, por medio de su Hijo hecho uno de nosotros, nos ha llamado para que colaboremos en la construcción de su Reino en el mundo que llegará a su plenitud al final de los tiempos, cuando Cristo entregue el Reino a su Padre. Entonces disfrutaremos de ese Reino en cuya construcción tuvimos la gracia de colaborar mediante el seguimiento de Cristo.
  • En nuestra vida de discípulos la Transfiguración se puede vivir en el día a día, en la medida que rechazamos la búsqueda de intereses propios por encima de los de los demás y aprendemos a servir empolvándonos las sandalias, para llegar hasta aquellos que necesitan que el amor de Dios los salve y que nuestra caridad les ayude a vivir con la dignidad de los hijos de Dios. Escuchar a Jesús, seguir el camino de la cruz, optar por vivir una fe más encarnada y solidaria; produce una nueva forma de vivir la realidad, renueva nuestra esperanza y nos abre a una manera distinta de pensar, de sentir y el obrar a Dios por dentro: nos transfigura.
  • “Auténtico discípulo es el que sabe escuchar al maestro, aun cuando sus palabras suenen a cruz y sufrimiento”.

 

Para discernir

 

  • ¿Escuchamos de veras a Jesús como a la Palabra viviente de Dios?
  • ¿Le prestamos nuestra atención y nuestra obediencia?
  • ¿Comulgamos con Cristo Palabra antes de acudir a comulgar con Cristo Pan?

 

Para rezar

 

En verdad es justo y necesario

es nuestro deber y salvación,
darte gracias siempre y en todo lugar,

Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
Porque Cristo, nuestro Señor,
reveló su gloria ante los testigos que él escogió;
y revistió con máximo esplendor su cuerpo,
en todo semejante al nuestro,
para quitar del corazón de sus discípulos

el escándalo de la cruz y anunciar que toda la Iglesia,

su cuerpo, habría de participar de la gloria

que tan admirablemente resplandecía en Cristo,

su cabeza.
Por eso, con los ángeles que te cantan en el cielo,
nosotros te alabamos en la tierra diciendo sin cesar:
Santo, Santo, Santo…

 

Liturgia

 


 

TIEMPO DTE EL AÑO – SEMANA V – CICLO C

TIEMPO DTE EL AÑO – CICLO C

Dgo V

 

Lunes V

 

Martes V

 

Miércoles V

 

Jueves V

 

Viernes V

 

Sábado V

 

 

TIEMPO DTE EL AÑO – CICLO C

Dgo V

 

¡Aquí estoy: envíame!

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del profeta Isaías    6, 1-2a. 3-8

 

El año de la muerte del rey Ozías, yo vi al Señor sentado en un trono elevado y excelso, y las orlas de su manto llenaban el Templo. Unos serafines estaban de pie por encima de él. Cada uno tenía seis alas: Y uno gritaba hacia el otro: « ¡Santo, santo, santo es el Señor de los ejércitos! Toda la tierra está llena de su gloria.»

Los fundamentos de los umbrales temblaron al clamor de su voz, y la Casa se llenó de humo.

Yo dije: « ¡Ay de mí, estoy perdido! Porque soy un hombre de labios impuros, y habito en medio de un pueblo de labios impuros; ¡y mis ojos han visto al Rey, el Señor de los ejércitos!»

Uno de los serafines voló hacia mí, llevando en su mano una brasa que había tomado con unas tenazas de encima del altar. El le hizo tocar mi boca, y dijo: «Mira: esto ha tocado tus labios; tu culpa ha sido borrada y tu pecado ha sido expiado.»

Yo oí la voz del Señor que decía: « ¿A quién enviaré y quién irá por nosotros?» Yo respondí: « ¡Aquí estoy: envíame!»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 137, 1-2a. 2bc-3. 4-5. 7c-8 (R.: 1c)

 

R.    Te cantaré en presencia de los ángeles, Señor.

 

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,

te cantaré en presencia de los ángeles

y me postraré ante tu santo Templo. R.

 

Daré gracias a tu Nombre

por tu amor y tu fidelidad.

Me respondiste cada vez que te invoqué

y aumentaste la fuerza de mi alma. R.

 

Que los reyes de la tierra te bendigan

al oír las palabras de tu boca,

y canten los designios del Señor,

porque la gloria del Señor es grande. R.

 

Tu derecha me salva.

El Señor lo hará todo por mí.

Tu amor es eterno, Señor,

¡no abandones la obra de tus manos! R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto    15, 1-11

 

Hermanos, les recuerdo la Buena Noticia que yo les he predicado, que ustedes han recibido y a la cual permanecen fieles. Por ella son salvados, si la conservan tal como yo se la anuncié; de lo contrario, habrán creído en vano.

Les he trasmitido en primer lugar, lo que yo mismo recibí: Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura. Se apareció a Pedro y después a los Doce. Luego se apareció a más de quinientos hermanos al mismo tiempo, la mayor parte de los cuales vive aún, y algunos han muerto. Además, se apareció a Santiago y de nuevo a todos los Apóstoles. Por último, se me apareció también a mí, que soy como el fruto de un aborto.

Porque yo soy el último de los Apóstoles, y ni siquiera merezco ser llamado Apóstol, ya que he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no fue estéril en mí, sino que yo he trabajado más que todos ellos, aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios que está conmigo. En resumen, tanto ellos como yo, predicamos lo mismo, y esto es lo que ustedes han creído.

 

Palabra de Dios.

 

    O bien más breve:

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto    15, 3-8. 11

 

Hermanos:

Les he trasmitido en primer lugar, lo que yo mismo recibí: Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura. Se apareció a Pedro y después a los Doce. Luego se apareció a más de quinientos hermanos al mismo tiempo, la mayor parte de los cuales vive aún, y algunos han muerto. Además, se apareció a Santiago y de nuevo a todos los Apóstoles. Por último, se me apareció también a mí, que soy como el fruto de un aborto. En resumen, tanto ellos como yo, predicamos lo mismo, y esto es lo que ustedes han creído.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    5, 1-11

 

En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: «Navega mar adentro, y echen las redes.»

Simón le respondió: «Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes.» Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.

Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: «Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador.» El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón.

Pero Jesús dijo a Simón: «No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres.»

Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 
 

  • En la primera lectura, la manifestación de Dios sobrepasa al profeta, que siente en especial la impureza de sus labios para tomar la Palabra revelada y pronunciarla en el mundo. La Palabra de Dios es santa; el profeta no es más que un hombre. Sus labios son purificados con el fuego.

***

  • La segunda lectura nos presenta una verdadera imagen del misionero cristiano, del apóstol, del pescador de hombres, Pablo. Llamado por Jesús Resucitado, pecador, sólo por la gracia de Dios es lo que es; en él la gracia no resultó infructuosa y difundió por todas partes la Buena Nueva de la salvación, de la liberación: Cristo, muerto por nuestros pecados, que resucitó, es el Evangelio que trae gozo y liberación a todos los que en El creemos.

***

  • En el evangelio, con la llamada a Simón Pedro y sus compañeros, Jesús anuncia que cuenta con ellos para el proyecto de Dios, para poder realizar la voluntad de su Padre. Los galileos han estado pescando toda la noche, pero con resultado absolutamente negativo. Sin embargo, deciden hacerlo durante el día en nombre de Jesús y confiados en su palabra. El resultado fue una pesca tan abundante que por poco se hunden las barcas. Ante ese hecho, su fe se acrecienta y un temor misterioso los invade: no son dignos de estar con Jesús, un personaje de poderes tan grandes. Sin embargo, la respuesta de Jesús es inversa: ahora los invita a permanecer siempre con Él para continuar su actividad de pescadores al servicio del Reino de Dios.
  • Ser “pescador de hombres” significa, ante todo, vivir en medio del mar; del mar como símbolo de la existencia dura y difícil, siempre fluctuante como las olas, las mareas, las corrientes de fondo o de superficie; pero existencia estimulante, creadora. Del mar como símbolo de la humanidad entera, con toda su pluralidad de grupos, tendencias, opiniones. “Pescar hombres” significa dar testimonio de la verdad, de Jesús, del amor, de la vida del Padre, del Reino, de la transformación total de la sociedad. No se trata de una conquista, sino de un contagio.
  • Sacar a alguien del mar es sacarlo del mal. “Pescadores de hombres” expresa la función del discípulo, que debe salvar de los poderes del desamor, de la mentira y de la injusticia al hermano, para que descubra al Dios que ama a fondo perdido.
  • Somos un pueblo de labios impuros, tenemos necesidad de una purificación constante, pero hemos recibido y hemos aceptado la misión de continuar la tarea que Jesús encomendó a los apóstoles: ser pescadores de hombres. La Iglesia debe ser en nuestro mundo signo de liberación: para sacar del mal a los que viven inmersos en él. Se trata, por tanto, de una liberación integral, espiritual ciertamente: la liberación del pecado y de los muchos condicionamientos terrenos que degradan al hombre, lo oprimen. Contra todo esto, debe luchar proféticamente la Iglesia si quiere continuar la misión de los apóstoles: ser pescadores de hombres.
  • La misión apostólica, como la profética, es la consecuencia insoslayable de la revelación de Dios y del encuentro del hombre con Dios. La verdad de Dios, revelada a los hombres, es un mensaje que convierte en mensajero a todo el que lo escucha. La misma fe que nos une con Dios en Jesucristo, es la que nos lleva a predicar el evangelio en el mundo, y a reunirnos con todos los hombres que lo escuchan. Si somos fieles, somos por ello mismo también apóstoles y enviados.
  • La Palabra, Jesucristo, su Evangelio, se impone en nuestra vida, pero no nos violenta: nos moviliza, nos envuelve, nos renueva, cambia los horizontes de nuestra existencia y nos lleva a colaborar en la misión profética del evangelio.
  • Hace falta prestarle nuestra voz, nuestro trabajo y todo será distinto, a pesar de no ser santos, ni perfectos. Podremos realizarlo cuando aprendamos a fiarnos de Jesús y de su evangelio, cuando queramos salir de nuestros límites; la Palabra de Dios será más eficaz que nuestras propias razones, para echar las redes en la vida, en la familia, entre los amigos, en el trabajo… y seremos discípulos, y seremos pescadores.


 

Para discernir

 

  • ¿Experimento el llamado gratuito de Dios?
  • ¿A qué me compromete?
  • ¿Me excuso en mis límites para no responder a su llamado?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Ayúdame a ser pescador de hombres

 

Para la lectura espiritual

 

Tú serás pescador de hombres

 

¿A quiénes elige Dios para anunciadores? ¿Ángeles celestiales…? No entenderían al hombre de carne. ¿Intelectuales y sabios de doctrinas exquisitas…? “No el mucho saber harta y satisface el alma” ¿Hombres cumplidores, nacidos para perfectos y coherentes…? No entenderían la común pobreza del alma pecadora, y serían más exigentes y moralizadores que anunciadores de Evangelio.

Hombres corrientes: con sus miedos, ignorancias, torpezas y pecados. El los elige y los va preparando deliciosamente a través de la historia: “Estoy perdido, yo, hombre de labios impuros”, dice Isaías.

“Indigno de ser llamado apóstol”, se proclama Pablo. Y Pedro, testigo de su limitación y de la grandeza de Jesús: “Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador”. Algo básico une a los tres: han conocido su debilidad. Isaías perdonado, es un hombre dispuesto al Anuncio. Sabedor Pablo de que todo su perfeccionismo le ha llevado a la violencia y la persecución, será testigo de cómo Dios le abre los ojos a la nueva Luz de Jesús. Y Pedro, que seguirá carrera de pecador hasta el doctorado del Viernes Santo -”Yo no conozco a ese hombre”- será testigo del perdón, de la paz y de la fidelidad que permanece: “Apacienta mis ovejas”.

Bregar toda la noche sin una triste anchoa que llevarse a la boca, es un claro fracaso profesional; pero es la ocasión de reconocer que Jesús es el Señor. Negar al Maestro ante la criada del Pontífice, es indicio de pobreza en una voluntad que se sobrevaloraba; pero la presencia de Jesús tornó esto en acontecimiento salvador; lágrimas primero y humildad después: “Tú sabes que te amo”. Ser fariseo observante acercó la vida de Pablo al asesinato; pero el encuentro con Jesús lo derriba, creando un testigo de la gratuidad de Dios y de la justificación por la Fe.

Proclamar la propia debilidad y la grandeza de Dios (Francisco de Asís, Teresa de Jesús) es propio de los elegidos: “Por la gracia de Dios soy lo que soy”. Son hombres que Dios se va preparando para anunciar al mundo la originalidad divina: el amor gratuito; la conversión con el perdón de los pecados. Nuestro mundo, frío y violento, necesita de ellos para impregnar las relaciones humanas del Espíritu de Jesús: “Misericordia quiero, que no sacrificios; Yo no he venido a llamar a justos, sino a pecadores”. ¿Quién se excluye de la llamada? La Cuaresma, tiempo fuerte de convertirse a Él, está a las puertas.

 

Miguel Flamarique Valerdi

Para rezar

 

Llamado

 

Jesús, tu elección llega por caminos insospechados.
Nos llamas a través de otros hombres.
Nos llamas sobre todo por medio de los pobres,
los ciegos, los inválidos;
los que no tienen pan, los que no tienen luz,
los que no pueden levantarse y andar.

 

Te doy gracias porque me has llamado y me has elegido
para ser acompañante de otros hombres en su caminar hacia Ti.
¿Sabré corresponder a tu confianza?
Envía tu lluvia y tu sol sobre el desierto de mi tierra
para que produzca flores y frutos de vida.

 

Agarra mi mano con tu mano
para que juntos agarremos muchas manos
y alcemos muchas vidas hacia las alturas.
Gracias porque me has llamado y me has elegido.

Patxi Loidi

Lunes V

 

Los que lo tocaban quedaban curados

 


Lectura del libro del Génesis    1, 1-19

 

Al principio Dios creó el cielo y la tierra.

La tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían el abismo, y el soplo de Dios se cernía sobre las aguas.

Entonces Dios dijo: «Que exista la luz.» Y la luz existió. Dios vio que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas; y llamó Día a la luz y Noche a las tinieblas. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el primer día.

Dios dijo: «Que haya un firmamento en medio de las aguas, para que establezca una separación entre ellas.» Y así sucedió. Dios hizo el firmamento, y este separó las aguas que están debajo de él, de las que están encima de él; y Dios llamó Cielo al firmamento. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el segundo día.

Dios dijo: «Que se reúnan en un solo lugar las aguas que están bajo el cielo, y que aparezca el suelo firme.» Y así sucedió. Dios llamó Tierra al suelo firme y Mar al conjunto de las aguas. Y Dios vio que esto era bueno. Entonces dijo: «Que la tierra produzca vegetales, hierbas que den semilla y árboles frutales, que den sobre la tierra frutos de su misma especie con su semilla adentro.» Y así sucedió. La tierra hizo brotar vegetales, hierba que da semilla según su especie y árboles que dan fruto de su misma especie con su semilla adentro. Y Dios vio que esto era bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el tercer día.

Dios dijo: «Que haya astros en el firmamento del cielo para distinguir el día de la noche; que ellos señalen las fiestas, los días y los años, y que estén como lámparas en el firmamento del cielo para iluminar la tierra.» Y así sucedió. Dios hizo los dos grandes astros -el astro mayor para presidir el día y el menor para presidir la noche- y también hizo las estrellas. Y los puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra, para presidir el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y Dios vio que esto era bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el cuarto día.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 103, 1-2a. 5-7. 10 y 12. 24 y 35c (R.: 31b)

 

R.    ¡Alégrese el Señor por sus obras!

 

Bendice al Señor, alma mía:

¡Señor, Dios mío, qué grande eres!

Estás vestido de esplendor y majestad

y te envuelves con un manto de luz. R.

 

Afirmaste la tierra sobre sus cimientos:

¡no se moverá jamás!

El océano la cubría como un manto,

las aguas tapaban las montañas;

pero tú las amenazaste y huyeron,

escaparon ante el fragor de tu trueno. R.

 

Haces brotar fuentes en los valles,

y corren sus aguas por las quebradas.

Las aves del cielo habitan junto a ellas

y hacen oír su canto entre las ramas. R.

 

¡Qué variadas son tus obras, Señor!

¡Todo lo hiciste con sabiduría,

la tierra está llena de tus criaturas!

¡Bendice al Señor, alma mía! R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    6, 53-56

 

Después de atravesar el lago, llegaron a Genesaret y atracaron allí.

Apenas desembarcaron, la gente reconoció en seguida a Jesús, y comenzaron a recorrer toda la región para llevar en camilla a los enfermos, hasta el lugar donde sabían que él estaba. En todas partes donde entraba, pueblos, ciudades y poblados, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que los dejara tocar tan sólo los flecos de su manto, y los que lo tocaban quedaban curados.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El relato con que se abre el libro del Génesis, es mucho más que un buen testimonio de los conocimientos científicos de la época en que fue escrito: hace una reflexión teológica sobre el origen del mundo y la existencia del hombre. Define con términos vigorosos que el universo no es de naturaleza divina; es mero producto de la voluntad personal de Dios.
  • El mundo creado, totalmente rodeado por lo informe, que puede absorberlo en cualquier momento, subraya su extrema precariedad. Lo que en realidad se sugiere es que el mundo está sometido al poder de la Palabra, que lo mantiene en la existencia. El orden paulatino de la creación, quiere poner de relieve que: todos los seres creados son buenos y salen de sus manos hechos una maravilla, porque Dios lo hace todo bien.
  • También queda afirmado que los seres creados están al servicio del hombre. Ninguno debe esclavizar al hombre. Ninguno debe ser adorado por el hombre. Todos los seres, fuera de Dios, han sido creados. Todos son distintos de Él. Todos son radicalmente dependientes.

***

  • Jesús y sus discípulos atravesaron el lago; llegaron a la playa en Genesaret y atracaron. En cuanto salieron de la barca, la gente los reconoció y corrieron de toda aquella región; y comenzaron a traer en camillas a los enfermos, enterados de que Él estaba allí.
  • El milagro de la multiplicación de los panes, suscitó el entusiasmo popular y por más que se alejen, la muchedumbre los encuentra. Jesús y sus discípulos no pueden escapar de la gente. Es necesario ocuparse de ellos: el descanso será para más tarde.
  • Los antiguos, en todas las civilizaciones del mundo, dieron a la enfermedad y a la curación, una significación religiosa. Se recurría a Dios para ser curado. La enfermedad y los sufrimientos que la acompañan, colocan al hombre en una terrible inseguridad: simbolizan la fragilidad de la condición humana, sometida a lo inesperado. La enfermedad contradice el deseo de solidez y plenitud.
  • Una de las actividades que más tiempo ocupaba a Jesús, era la atención a los enfermos. Cada curación realizada por Él producía un doble efecto en las personas: una sanación interior, relacionada más con el cambio de vida que se experimentaba, y otra sanación exterior que tenía que ver con el hecho material de ver restablecida la salud de sus cuerpos.
  • Jesús atendía a todos y nunca dejaba sin su ayuda a los que veía sufrir de enfermedades corporales, psíquicas o espirituales. Curaba y perdonaba, liberando al hombre. Por eso no es extraño que lo busquen y lo sigan por todas partes, aunque pretenda despistarlos atravesando el lago con rumbo desconocido.
  • Muchos no descubrían en el milagro su sentido liberador, y se quedaban sólo con el milagro exterior, y con el Jesús milagrero. No eran capaces de “leer” otros aspectos en aquellos “signos”, y los asociaban más con la magia, con las curaciones “parciales”, fáciles y milagreras, haciendo difícil la transformación integral de la persona y de la sociedad, es decir, la llegada del Reino.
  • Jesús no hace milagros para exhibirse, o para poner parches a nuestras deficiencias de salud. Sus milagros son a la vez, “signos” de la gran transformación, de la venida del Reino.
  • La comunidad eclesial recibió el encargo de Jesús de anunciar la Buena Noticia de la Salvación y curar a los enfermos. Así lo hicieron los discípulos ya desde los tiempos de Jesús: predicaban y curaban. La Iglesia, hace dos mil años que evangeliza este mundo predicando la Buena Nueva del Reino y, tal como lo hacía Jesús, también lo manifiesta de un modo concreto cuidando de los enfermos y los marginados. Esta servicialidad concreta es la que hace creíble su evangelización, que es su misión fundamental.
  • Mirar la escena, nos lleva a descubrir la sencillez de aquella gente que había intuido, cómo el contacto directo con una persona, nos permite conocerla o sentirnos afectados por ella. Por eso se acercaban a Jesús para tocarlo. Nosotros, en nuestro camino de discipulado, tenemos que aprender, a no perder nunca el contacto directo con Jesús, a sentir siempre el deseo “tocar” al maestro, porque Él es la fuente de lo que somos y, de lo que da sentido a nuestra vida.
  • Lo mismo que tocando la orla de su manto muchos quedaban curados, sólo tocando hoy a Jesús encontraremos la fuerza para seguirlo por los caminos de nuestra vida. No es imposible tocarlo hoy aunque no es una persona con un cuerpo como el nuestro. Podemos encontrarnos con Él y tocarlo a través de la Eucaristía y de la lectura y escucha de la Palabra de Dios. Otra manera es desde el acercamiento a nuestros hermanos; especialmente a los más pobres y desamparados, a los que sufren. Ellos son hoy, sacramentos vivos de la presencia de Jesús en medio de nosotros.
  • Acerquémonos con confianza al Dios de la misericordia, para tocarlo, y siendo sanados, podamos ser sanadores de nuestros hermanos. Nadie que se haya acercado a él, regresó con las manos vacías. El amor de Dios es para todos, porque Dios quiere que todos sean para el amor.

 

Para discernir

 

  • ¿Vivo la fe como un encuentro?
  • ¿Descubro la necesidad de ser sanado?
  • ¿Soy capaz de encontrarme con Jesús en los acontecimientos de mi vida cotidiana?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

No me olvido Señor de tus beneficios

 

Para la lectura espiritual

 

…”En esta puesta de sol invernal, mientras se encienden las primeras luces claras, en una jornada de sol y de viento que ha limpiado la atmósfera, tengo una hoja en la mano. La he cogido de un sempervirente, que conserva cuanto los troncos secos, los matorrales y las matas áridas ya no tienen. Tengo una hoja en la mano, viva y verde, mientras camino en el frío de la calle excavada, sin nadie. Tengo una hoja en la mano donde se encuentra la historia de la creación, el cuento de las gotas de escarcha, la aventura de las mariposas, la memoria de las espléndidas telas de araña. Si la tierra que me rodea enciende sus luces breves, esclarecedoras y centralizadoras de mil cosas diferentes (el bien y el mal, el tormento y la alegría, la desesperación y la esperanza, lo vano y lo no transitorio), mi hoja narra, intacta, la luz de los orígenes y la unidad de las cosas que Dios fue creando: «Y eran muy bellas», como dice la Biblia.

Y con el agua que todavía mantiene me hace pensar en los océanos y en los ríos; con su composición química me conecta con las estrellas, con las montañas, con la arena del mar. Tengo una hoja en la mano y veo las cosas grandes del cosmos. La miro, bajo la luz que todavía queda, en sus nervaduras múltiples y perfectas, en sus canales portadores de la savia vital y leo la pequeña y preciosa historia de las cosas humildes y de la humilde existencia de mis semejantes, que enriquecen la vida de la tierra. Tengo una hoja en la mano y me parece que tengo un libro sin fin y un cetro de felicidad, porque sobre su terciopelo se manifiesta la «gloria» de Dios.

Y en esta puesta de sol lúcida y fría, no sigo la explosión del firmamento, que, de nuevo, se prepara para revelarse, ni del ancho horizonte, que recoge en el silencio montes, colinas y llanuras. Cultivo, en cambio, la implosión de mi ver contemplativo en la breve forma que tengo en mi mano, donde es posible intuir el universo y lo pequeño en el contorno familiar de su terciopelo verde. Tengo una hoja en la mano y, en el exterior de cada hoja, conozco la aguda certeza de un salmo omnicomprensivo de alabanza, mientras cae la noche, sobre la calle excavada y desierta, abrumada el alma con todas las presencias. Con la única e irrepetible presencia de Dios”…

 

G. Agresti, Fresas sobre el asfalto, Milán 1987, pp. 51 ss.

 

Para rezar

 

El vino para esto

 

Si queremos luz
Él vino para iluminarnos.
Si queremos fuerza para resistir
Él vino para fortalecernos.
Si queremos el perdón,
Él vino precisamente para perdonarnos.
Si queremos el don del amor,
para esto se hizo niño
y quiso presentarse a nosotros
pobre y humilde,
para apartar de nosotros
todo temor.

 

San Alfonso María de Ligorio

 

Martes V

 

No dejen de lado el mandamiento de Dios

 

Lectura del libro del Génesis    1, 20-2, 4a

 

Dios dijo: «Que las aguas se llenen de una multitud de seres vivientes y que vuelen pájaros sobre la tierra, por el firmamento del cielo.» Dios creó los grandes monstruos marinos, las diversas clases de seres vivientes que llenan las aguas deslizándose en ellas y todas las especies de animales con alas. Y Dios vio que esto era bueno. Entonces los bendijo, diciendo: «Sean fecundos y multiplíquense; llenen las aguas de los mares y que las aves se multipliquen sobre la tierra.» Así hubo una tarde y una mañana: este fue el quinto día.

Dios dijo: «Que la tierra produzca toda clase de seres vivientes: ganado, reptiles y animales salvajes de toda especie.» Y así sucedió. Dios hizo las diversas clases de animales del campo, las diversas clases de ganado y todos los reptiles de la tierra, cualquiera sea su especie. Y Dios vio que esto era bueno.

Dios dijo: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo.» Y Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer.

Y los bendijo, diciéndoles: «Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra.»

Y continuó diciendo: «Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento. Y a todas la fieras de la tierra, a todos los pájaros del cielo y a todos los vivientes que se arrastran por el suelo, les doy como alimento el pasto verde.» Y así sucedió. Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el sexto día.

Así fueron terminados el cielo y la tierra, y todos los seres que hay en ellos. El séptimo día, Dios concluyó la obra que había hecho, y cesó de hacer la obra que había emprendido. Dios bendijo el séptimo día y lo consagró, porque en él cesó de hacer la obra que había creado.

Este fue el origen del cielo y de la tierra cuando fueron creados.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO     Sal 8, 4-5. 6-7. 8-9 (R.: 2a)

 

R.    ¡Señor, nuestro Dios, qué admirable es tu Nombre en toda la tierra!

 

Al ver el cielo, obra de tus manos,

la luna y la estrellas que has creado:

¿qué es el hombre para que pienses en él,

el ser humano para que lo cuides? R.

 

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,

lo coronaste de gloria y esplendor;

le diste dominio sobre la obra de tus manos,

todo lo pusiste bajo sus pies. R.

 

Todos los rebaños y ganados,

y hasta los animales salvajes;

las aves del cielo, los peces del mar

y cuanto surca los senderos de las aguas. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    7, 1-13

 

Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús, y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar. Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus antepasados; y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones. Además, hay muchas otras prácticas, a las que están aferrados por tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras y de la vajilla de bronce.

Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: «¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?»

El les respondió: «¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos. Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres.»

Y les decía: «Por mantenerse fieles a su tradición, ustedes descartan tranquilamente el mandamiento de Dios. Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y además: El que maldice a su padre y a su madre será condenado a muerte. En cambio, ustedes afirman: “Si alguien dice a su padre o a su madre: Declaro corbán -es decir, ofrenda sagrada- todo aquello con lo que podría ayudarte…” En ese caso, le permiten no hacer más nada por su padre o por su madre. Así anulan la palabra de Dios por la tradición que ustedes mismos se han transmitido. ¡Y como estas, hacen muchas otras cosas!»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Si en los primeros cuatro días Dios había creado la luz, las aguas, el día y la noche, ahora el relato del Génesis nos dice, con su lenguaje particular, cómo nació la vida en la tierra.
  • Primero, la vida en las aguas marinas. Luego, en la tierra, con toda clase de animales y finalmente la pareja humana. En este último día, el comentario que se pone en labios de Dios, es que todo lo que había hecho era muy bueno. El hombre y la mujer aparecen como la cumbre de la creación.
  • El día séptimo «descansó Dios de todo el trabajo que había hecho». Frase en la que se motiva el «sabbat»: descanso del día séptimo de la semana judía. Este esquema narrativo no quiere ser científico o histórico, sino que presenta una intención religiosa muy interesante: nos está diciendo que todo procede de Dios y que todo lo ha pensado para bien de la raza humana.
  • El vértice del texto de hoy está claramente en la creación del ser humano a nuestra imagen y semejanza. El mensaje central es que no somos frutos del mero azar, de la fuerza ciega de la evolución. Somos fruto de un amor infinito, fuente de nuestra más radical dignidad, de nuestra más enriquecedora diversidad, de la más apasionante misión que consiste en cuidar y desarrollar la obra de Dios.

***

  • En el Evangelio de hoy, la primera afirmación importante que hace Jesús, es que el mandamiento de Dios y las tradiciones de los hombres tienen que ser considerados como dos cosas distintas. No están en el mismo plano, sino que el primero es perenne y las segundas son provisionales. Además, las tradiciones, aunque hayan nacido como un esfuerzo de interpretación del mandamiento e incluso como un intento de veneración del mismo, no tienen que esconder a dicho mandamiento, hasta el punto de distraernos de lo que es esencial.
  • En la segunda afirmación Jesús rechaza la distinción judía entre lo puro y lo impuro, entre una esfera religiosa, separada, en la que Dios está presente, y otra esfera ordinaria, cotidiana, en la que Dios está ausente. La impureza radica en el pecado que llevamos dentro de nosotros.
  • La tercera afirmación apunta a la absurda tradición del “corbán”, que permitía a los hijos, desentenderse del deber de mantener a los padres ancianos e inválidos, gracias a una pequeña ofrenda hecha al Templo.
  • Lo esencial del texto está constituido por la pequeña parábola de Jesús, en la que pone de manifiesto que no son las cosas las que contaminan, sino que es el mismo ser humano, quien a partir de sus opciones, de sus decisiones, le dice sí o no a Dios mismo, haciéndose así puro o impuro frente al proyecto de Dios en la historia.
  • Jesús afirma la moral del corazón, no sólo la de las acciones. Cuando la conducta es ciega, es porque el corazón está en desorden. Es necesario entonces, un esfuerzo continuo de purificación. No se trata tampoco de hacer las cosas de corazón, fuera de toda ley, sino de hacer cosas que procedan de un corazón recto. Es el corazón el que tiene que estar purificado, porque tiene que estar abierto de modo que pueda captar la voluntad de Dios. La voluntad de Dios no es simplemente letra escrita, ni repetición de costumbres.
  • El corazón purificado del que habla Jesús, está hecho de fe y disponibilidad. Se trata de crear una situación interior capaz de conocer al verdadero Dios, capaz de descubrir su voluntad en lo cambiante de la vida cotidiana. El corazón es el lugar donde Dios se revela, no simplemente el lugar donde se percibe la obligatoriedad de una ley y donde se encuentra la fuerza para repetirla.
  • Jesús desde la referencia al mandamiento del amor a los padres, restablece la verdad de la naturaleza de las cosas.
  • El evangelio nos llama a que no nos limitemos a honrar al Señor sólo con los labios, mientras nuestro corazón permanece lejos de Él por falta de un amor auténtico, que nos ponga al servicio de nuestros hermanos.
  • Nuestra fe es una invitación a entrar en relación con una persona, Jesús, y dejar que su amor y su presencia llegue hasta el centro de nuestro corazón. Estar cerca de Jesús, significa que Él habita en nosotros y transforma nuestra existencia; para que permaneciendo en nosotros y desde nosotros, se manifieste con las obras concretas de nuestra vida, que Él sigue amando y salvando a todos mediante su Iglesia.

 

Para discernir

 

  • ¿Qué idea tengo acerca de la pureza evangélica?
  • ¿Qué significa que nuestra vida esté cerca de la del Señor?
  • ¿Cómo puedo vivir una moral desde la fe?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Alabo tu Nombre Señor

 

Para la lectura espiritual

 

..”Al principio se confió a ambos (al hombre y a la mujer) la tarea de conservar su propia semejanza con Dios, dominar sobre la tierra y propagar el género humano. Ser todos de Dios, entregarse a él, a su servicio, por amor, ésa es la vocación no sólo de algunos elegidos, sino de todo cristiano; consagrado o no consagrado, hombre o mujer [...].

Cada uno está llamado a seguir a Cristo. Y cuanto más avance cada uno por esta vía, más semejante se hará a Cristo, puesto que Cristo personifica el ideal de la perfección humana libre de todo defecto y carácter unilateral, rica en rasgos característicos tanto masculinos como femeninos, libre de toda limitación terrena; sus seguidores fieles se ven cada vez más elevados por encima de los confines de la naturaleza. Por eso vemos en algunos hombres santos una bondad y una ternura femenina, un cuidado verdaderamente materno por las almas a ellos confiadas; y en algunas mujeres santas una audacia, una prontitud y una decisión verdaderamente masculinas. Así, el seguimiento de Cristo lleva a desarrollar en plenitud la originaria vocación humana: ser verdadera imagen de Dios; imagen del Señor de lo creado, conservando, protegiendo e incrementando a toda criatura que se encuentra en su propio ámbito, imagen del Padre, engendrando y educando -a través de una paternidad y una maternidad espirituales- hijos para el Reino de Dios.

La elevación por encima de los límites de la naturaleza, que es la obra más excelsa de la gracia, no puede ser alcanzada, ciertamente, por medio de una lucha individual contra la naturaleza o mediante la negación de nuestros propios límites, sino sólo mediante la humilde sujeción al nuevo orden entregado por Dios”…

 

E. Stein, edición española: La mujer, Ediciones Palabra, Madrid 1998.

 

Para rezar

 

Tú y yo nos vamos haciendo

 

En ti estoy, de ti vengo, a ti voy.
Estás fuera de mí, puedo encerrarme.
Estás dentro de mí, puedo encerrarte.
No puedo dejar de estar en ti.
Mi carne extiende raíces que llegan hasta ti.

Puedo olvidarlo.
Mi espíritu es una chispa
que brota de tu incendio.
Puedo ignorarlo.
No puedo dejar de venir de ti.
Mis ojos buscan su horizonte.
Mi corazón, su hogar universal.

Puedo extraviarme en una encrucijada.
Puedo paralizarme en algún hogar.
No puedo dejar de ir hacia ti.
No vi tu rostro cuando salí de ti.
No fue una despedida.

Allí empezó un encuentro sin orillas.
Cada tarde añado en mi lienzo
un nuevo rasgo tuyo.
Cada tarde añades en tu lienzo
un nuevo rasgo mío.

En medio del camino al adivinar una frente,
al estrechar una mano, al mirar unos ojos,
al nacer el futuro, al morir el presente,
yo te descubro, yo me descubro.

Dentro de mí, los dos a la par,
uno hacia el otro, nos vamos haciendo…
Ahora te veo, Señor marginado,
maestro sirviendo, madre exprimida,
padre sin nada, infinito pidiendo, libre clavado.

Ahora te veo, pueblo en camino.
Y en este misterio se pierden mis días,
mis razones y mis sueños.
Tú y yo nos vamos haciendo tu pueblo.

B. González Buelta s.j.

 

Miércoles V

 

Lo que sale del hombre es lo que lo hace impuro

 

Lectura del libro del Génesis    2, 4b-9. 15-17

 

Cuando el Señor Dios hizo la tierra y el cielo, aún no había ningún arbusto del campo sobre la tierra ni había brotado ninguna hierba, porque el Señor Dios no había hecho llover sobre la tierra. Tampoco había ningún hombre para cultivar el suelo, pero un manantial surgía de la tierra y regaba toda la superficie del suelo.

Entonces el Señor Dios modeló al hombre con arcilla del suelo y sopló en su nariz un aliento de vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente.

El Señor Dios plantó un jardín en Edén, al oriente, y puso allí al hombre que había formado. Y el Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles, que eran atrayentes para la vista y apetitosos para comer; hizo brotar el árbol de la vida en medio del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y del mal.

El Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el jardín de Edén, para que lo cultivara y lo cuidara. Y le dio esta orden: «Puedes comer de todos los árboles que hay en el jardín, exceptuando únicamente el árbol del conocimiento del bien y del mal. De él no deberás comer, porque el día que lo hagas quedarás sujeto a la muerte.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 103, 1-2a. 27-28. 29bc-30 (R.: 1a)

 

R.    ¡Bendice al Señor, alma mía!

 

Bendice al Señor, alma mía:

¡Señor, Dios mío, qué grande eres!

Estás vestido de esplendor y majestad

y te envuelves con un manto de luz. R.

 

Todos esperan de ti

que les des la comida a su tiempo:

se la das, y ellos la recogen;

abres tu mano, y quedan saciados. R.

 

Si les quitas el aliento,

expiran y vuelven al polvo.

Si envías tu aliento, son creados,

y renuevas la superficie de la tierra. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    7, 14-23

 

Jesús, llamando otra vez a la gente, les dijo: «Escúchenme todos y entiéndanlo bien. Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre. ¡Si alguien tiene oídos para oír, que oiga!»

Cuando se apartó de la multitud y entró en la casa, sus discípulos le preguntaron por el sentido de esa parábola. El les dijo: « ¿Ni siquiera ustedes son capaces de comprender? ¿No saben que nada de lo que entra de afuera en el hombre puede mancharlo, porque eso no va al corazón sino al vientre, y después se elimina en lugares retirados?» Así Jesús declaraba que eran puros todos los alimentos.

Luego agregó: «Lo que sale del hombre es lo que lo hace impuro. Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino. Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El relato que se lee hoy explica que Dios hizo al hombre del barro de la tierra. Posee una intención distinta de la del otro relato. Con esta imagen viene a explicar cuál es el sentido de la vida del hombre en medio de los males que experimenta, sobre todo en su interior.
  • Precisamente porque somos imagen de Dios y porque Dios es amor y donación de amor, nosotros también hemos de ser amor y donación de amor. Y porque el amor implica libertad, Dios nos ha hecho “creadores libres”, personas capaces de vivir en una relación de hijos para con Dios y de hermanos con los otros.
  • Dios crea al hombre pero dejando que el hombre tenga su responsabilidad. Nos deja verdadera libertad, aunque esta libertad está de una manera inevitable, condicionada por la realidad de nuestro ser en el mundo. No tenemos la libertad soberana e infinita de Dios, pero sí una libertad y una responsabilidad a la medida de nuestro ser, fruto del amor de Dios.

***

  • Hoy Jesús continúa refiriéndose al tema de lo que se puede comer y lo que no, lo que se considera puro o no en cuestión de comidas. La carne de cerdo, por ejemplo, es considerada impura por los judíos y por otras culturas: inicialmente por motivos de higiene y prevención de enfermedades, pero luego también por norma religiosa.
  • Los fariseos eran piadosos, cumplidores de la ley, pero habían caído en un legalismo exagerado e intolerante y, llevados de su devoción y de su deseo de agradar a Dios en todo, daban prioridad a lo externo, al cumplimiento escrupuloso de mil detalles, descuidando a veces lo más importante.
  • Las palabras de Jesús no sólo declaran lícitos todos los alimentos, sino que previene del tipo de alimentos que verdaderamente pueden dañar al hombre y son aquellos con los que alimentamos nuestro corazón. La enseñanza de Jesús apunta a señalar que lo verdaderamente importante no es lo que entra en la boca, sino lo que sale de ella. Lo que hace buenas o malas las cosas, es lo que brota del corazón del hombre, la buena intención o la malicia interior.
  • El defecto de los fariseos, puede ser precisamente el defecto de muchas personas piadosas, que deseosas de perfección, pierden de vista la importancia de las actitudes interiores, que son las que dan sentido a los actos exteriores.
  • Jesús presenta una lista las trece cosas que pueden brotar de un mal corazón: malos propósitos, fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias. Injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas ellas tienen mucha más trascendencia que lo que comemos o dejamos de comer.
  • La fuente principal del Reino es el interior del ser humano, su corazón, su conciencia, su voluntad, su opción fundamental. Nada externo puede pervertirlo. Si su juicio es recto, si sus valores son los del Reino de Dios verá el mundo desde esa perspectiva y así actuará. No está exento del cansancio, del temor y del error, pero su corazón le seguirá marcando la verdad evangélica que ya ha hecho suya.
  • Jesús tiene un corazón comprometido con el Reino de Dios, por eso puede por todos los lugares, dialogar con todas las personas, sin que se dañe su interior. Las circunstancias que vive, le sirven para crecer en el compromiso que ha adquirido. Todo lo externo pasa a través del filtro de su “corazón”, y se transforma en sabiduría y en camino de encuentro con Dios.

 

Para discernir

 

  • ¿Qué cosas considero que obstaculizan la transparencia de mi vida?
  • ¿Qué cosas descubro que hacen impura mi vida?
  • ¿Tengo mi corazón comprometido con el Reino?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Dame Señor un corazón bueno

 

Para la lectura espiritual

 

«Oh Dios, crea en mí un corazón puro» (Sl 50, 12)

 

“…«Grábame como un sello en tu corazón… porque es fuerte el amor como la muerte (Ct 8,6). «Es fuerte el amor como la muerte» porque el amor de Cristo da muerte a la misma muerte… También el amor con que nosotros amamos a Cristo es fuerte como la muerte ya que viene a ser él mismo como una muerte, en cuanto que es el aniquilamiento de la vida anterior, la abolición de las malas costumbres y sepelio de las obras muertas. Este nuestro amor por Cristo es como un intercambio de dos cosas semejantes, aunque su amor hacia nosotros supera al nuestro. Porque «él nos amó primero» (1Jn 4,19) y, con el ejemplo de amor que nos dio, se ha hecho para nosotros como un sello, mediante el cual nos hacemos conformes a su imagen…

Por esto dice: «Grábame como un sello en tu corazón». Es como si dijera: «Ámame como yo te amo. Tenme en tu pensamiento, en tu recuerdo, en tu deseo, en tus suspiros, en tus gemidos y sollozos. Acuérdate, hombre qué tal te he hecho, cuán por encima te he puesto de las demás criaturas, con qué dignidad te he ennoblecido, cómo te he coronado de gloria y honor, cómo te he hecho un poco inferior a los ángeles, cómo he puesto bajo tus pies todas las cosas (Sl 8,6-7). Acuérdate no sólo de cuán grandes cosas he hecho para ti, sino también de cuán duras y humillantes cosas he sufrido por ti; y dime si no obras perversamente cuando dejas de amarme. ¿Quién te ama como yo? ¿Quién te ha creado sino yo? ¿Quién te ha redimido sino yo?»…

Quita de mí, Señor, este corazón de piedra, quita de mí este corazón endurecido, incircunciso. Y dame un corazón nuevo, un corazón de carne, un corazón puro (Ez 36,26). Tú que purificas los corazones y amas los corazones puros, toma posesión de mi corazón y habita en él; llénalo con tu presencia, tú que eres superior a lo más grande que hay en mí y que estás más dentro de mí que mi propia intimidad. Tú que eres el modelo de la perfecta belleza y el sello de la santidad, sella mi corazón con la impronta de tu imagen; sella mi corazón, por tu misericordia, tú, «Dios por quien se consume mi corazón, mi lote perpetuo» (Sl 72,26)”…

 

Balduino de Ford (?-hacia 1190), abad cisterciense – Homilía 10, sobre el Cantar 8,6; PL 204, 513s

 

Para rezar

 

Señor, aquí estoy, frente a ti,

porque necesito que me cures.
Perdóname por los momentos en los que pensé

de manera egoísta en mi salud.
Es verdad, quiero liberarme de esta enfermedad

y quiero poder disfrutar de mi vida sin restricciones

ni preocupaciones.

Pero sé que tienes un plan para mí que implica

mucho más que hacer algo por ti.

Implica ser algo contigo.
Y, en el fondo de mi corazón,

sé que muchas veces deseé tener una relación

más profunda contigo, mi Padre,

comprender tu amor por mí,

tu hijo y que ese amor me permitiera servirte

en una nueva forma, la forma de los amados.
Amo servirte.
Vivo para servirte.
Ansío escucharte.
Sentir ti presencia.
Experimentar tu ayuda.
Por eso me atrevo a pedirte:
Alíviame.
Redímeme.
Sáname.
Pero hazlo, mi Señor

de manera que pueda experimentar

la profundidad de estar a tu servicio

y alcanzar la cima de la comunión contigo,

porque es allí donde está mi corazón.
Sáname y hazme uno.
Sáname y hazme uno.
Sáname y hazme uno, oh amante de mi alma.

Tomado del libro Oraciones para la sanidad.

 

Jueves V

 

Los cachorros comen de las migajas

 

Lectura del libro del Génesis    2, 18-25

 

Dijo el Señor Dios: «No conviene que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada.»

Entonces el Señor Dios modeló con arcilla del suelo a todos los animales del campo y a todos los pájaros del cielo, y los presentó al hombre para ver qué nombre les pondría. Porque cada ser viviente debía tener el nombre que le pusiera el hombre. El hombre puso un nombre a todos los animales domésticos, a todas las aves del cielo y a todos los animales del campo; pero entre ellos no encontró la ayuda adecuada.

Entonces el Señor Dios hizo caer sobre el hombre un profundo sueño, y cuando este se durmió, tomó una de sus costillas y cerró con carne el lugar vacío. Luego, con la costilla que había sacado del hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre. El hombre exclamó:

«¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará Mujer, porque ha sido sacada del hombre.»

Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos llegan a ser una sola carne.

Los dos, el hombre y la mujer, estaban desnudos, pero no sentían vergüenza.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 127, 1-2. 3. 4-5 (R.: cf. 1a)

 

R.    ¡Felices los que temen al Señor!

 

¡Feliz el que teme al Señor

y sigue sus caminos!

Comerás del fruto de tu trabajo,

serás feliz y todo te irá bien. R.

 

Tu esposa será como una vid fecunda

en el seno de tu hogar;

tus hijos, como retoños de olivo

alrededor de tu mesa. R.

 

¡Así será bendecido

el hombre que teme al Señor!

¡Que el Señor te bendiga desde Sión

todos los días de tu vida:

que contemples la paz de Jerusalén. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    7, 24-30

 

Jesús partió de allí y fue a la región de Tiro. Entró en una casa y no quiso que nadie lo supiera, pero no pudo permanecer oculto.

En seguida una mujer cuya hija estaba poseída por un espíritu impuro, oyó hablar de él y fue a postrarse a sus pies. Esta mujer, que era pagana y de origen siro fenicio, le pidió que expulsara de su hija al demonio.

El le respondió: «Deja que antes se sacien los hijos; no está bien tomar el pan de los hijos para tirárselo a los cachorros.»

Pero ella le respondió: «Es verdad, Señor, pero los cachorros, debajo de la mesa, comen las migajas que dejan caer los hijos.»

Entonces él le dijo: «A causa de lo que has dicho, puedes irte: el demonio ha salido de tu hija.» Ella regresó a su casa y encontró a la niña acostada en la cama y liberada del demonio.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • La página de hoy, a través de imágenes ingeniosas, nos sugerirá toda una “sabiduría” sobre la pareja y la sexualidad. El Señor Dios hizo caer al hombre en un sueño profundo, le sacó una de sus costillas, formó de ella una mujer y la llevó ante el hombre. Este dijo entonces: Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Será llamada “mujer”.
  • Ahí hay un “juego de palabras” porque el nombre que le pone, en hebreo es sencillamente la forma femenina del término hombre. Todo ello pone de relieve la similitud de los dos seres complementarios. La mujer es más delicada, es como un sutil refinamiento de la carne del varón. La atracción de los seres, tan vehemente, tan misteriosa, es presentada por el sabio, como el deseo de reunir lo que procede del mismo origen.
  • Es el deseo de todo amor: no formar más que uno. Aunque parece difícil no resulta imposible, porque uno procede del otro y porque han sido creados para no «formar más que uno».
  • La vida sexual, lejos de ser una prohibición, algo vergonzoso, es presentada aquí como una creación de Dios. La inclinación del varón por la mujer y de ésta por el varón, son queridos por Dios. La vida conyugal es una realidad tan fuerte y tan natural que llega a romper el primer vínculo, el de hijo con sus padres, para crear otro, más importante que los del parentesco: “el hombre dejará a su padre y a su madre”.

***

  • En el evangelio nos encontramos con un episodio que sucede en el extranjero, en territorio de Tiro y Sidón, en Fenicia. La mujer que protagoniza esta escena no es judía, lo que le da un sentido muy particular al gesto de Jesús.
  • El relato nos cuenta cómo esta mujer extranjera pide a Jesús un milagro para su hija. Jesús pone a prueba su fe usando una frase que se utilizaba para despreciar a los extranjeros: “no está bien tomar el pan de los hijos para tirárselo a los cachorros”. Esta actitud hacia ellos era avalada por los jefes y jerarcas del pueblo judío.
  • Pero esta mujer, tan lejos de las leyes, entendía que ella y su hija, pertenecientes a un sexo menospreciado, relegadas por ser extranjeras y por ser personas sencillas y humildes, tenían cabida en el Reino de Dios. A pesar de las palabras un tanto duras de Jesús, responde reconociendo para los despreciados, al menos un mínimo derecho humano, el derecho a la supervivencia, a la vida.
  • Ante las palabras de la mujer y con el corazón admirado, Jesús sana a su hija. Un ejemplo más de la opción de Dios por los oprimidos, los relegados, los que están fuera toda protección humana y de las leyes. Una mujer, extranjera, ilegal, pero con la claridad necesaria para acercarse a Jesús que trasparentaba la bondad de Dios a través de sus palabras.
  • Jesús tiene claro que ella pertenece a los escogidos del Reino porque en búsqueda, ella descubre un Dios que no discrimina al ser humano por su sexo ni su origen. Queda claro en este encuentro, que a Dios se lo conquista con la fe, no con el orgullo. De Dios se obtiene todo no con especulaciones racionales, sino con la confianza. En Dios siempre se encuentra respuesta cuando uno se acerca con humildad y no con autosuficiencia.
  • Lo que Jesús dice, de que primero son los hijos de la casa es razonable: la promesa mesiánica es ante todo para el pueblo de Israel.
  • Pero su actitud posterior muestra claramente a los allí presentes, que la salvación mesiánica no es exclusiva del pueblo judío, sino que también los extranjeros pueden ser admitidos a ella, si tienen fe. No es la raza lo que cuenta, sino la disposición de cada persona ante la salvación que Dios ofrece.
  • Nadie tiene el monopolio de Dios, ni de la gracia, ni de la salvación. Esta escena es también para nosotros una lección de universalismo. Por mucho que algunos nos parezcan alejados o marginados, pueden tener fe y recibir el don de Dios. Esto nos pone en sobre aviso: tenemos que saber recibir a los que no conocemos, a los que no piensan como nosotros, a los distintos, a los que no pertenecen a nuestro círculo.
  • Necesitamos, mirar con otros ojos las distintas realidades que se nos presentan, no estableciendo líneas divisorias. Respetar el legado cultural y ancestral que otros pueblos tienen, para hacer de este mundo una casa donde todos quepamos.
  • Igual que la primera comunidad apostólica tuvieron sus dudas sobre la apertura a los paganos, a pesar de haber visto la actitud de Jesús, también podemos tener la mente o el corazón sin amplitud, encerrándonos en nuestros puntos de vista, en nuestros privilegios y tradiciones, negando a otros la posibilidad del encuentro con el Salvador.
  • Cristo nos invita a dar, no sólo las migajas de nuestro amor, de nuestra ayuda; sino dar incluso nuestra propia vida, para que los demás recobren su dignidad y vivan como hijos de Dios y hermanos nuestros.

 

Para discernir

 

  • ¿Busco manifestaciones espectaculares de Dios, de la Iglesia?
  • ¿Me presento con humildad ante Dios?
  • ¿Acepto a los distintos, a los que creen con otros parámetros o no creen?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Purifica y aumenta mi fe Señor

 

Para la lectura espiritual

 

…”Me parece que es necesaria una nueva cultura en la que la dimensión litúrgica ocupe el puesto central y, tal vez, determine el principio ético. Si tuviera que dar un título general a este esfuerzo, una noción clave para lo que quiero expresar, ésta podría ser: «El hombre, sacerdote de lo creado».

Siento que nuestra cultura necesita revivificar el reconocimiento formal de que la superioridad de los seres humanos respecto al resto de las criaturas no consiste en la razón que poseen, sino en su capacidad de ponerse en relación de tal modo que creen acontecimientos de comunión, a partir de los cuales los seres individuales sean liberados de su estar centrados sobre sí mismos y, por consiguiente, de sus límites, y se vean referidos a algo más general que ellos mismos, a «otro». A Dios, si se quiere hacer uso de esta terminología tradicional. Un hombre así puede obrar no como agente pensante, sino como persona.

La noción de «sacerdocio» debe ser liberada de sus connotaciones peyorativas y debe ser pensada como portadora en sí de la característica del ofrecer, en el sentido de abrir seres particulares a una relación trascendente con el otro -una idea que corresponde más o menos a la de amor en su sentido más radical”…

 

I. Zizioulas, Lo creado como Eucaristía, Magnano 1994, p. 9.

 

Para rezar

 

Muchas ideas y pensamientos se mueven en mi mente,
pero…ante todo hoy Dios de la vida quiero expresarte:
que toda yo quiero darme a tu servicio,
toda yo pongo mi vida en tus manos,
esas manos de amor, justicia y paz…
Toda yo, todo mi ser…
con mis cargas,
con mis alegrías,
con mis tristezas,
con mis triunfos,
con mis fracasos,
con mis reflexiones,
con mis dudas y temores…
Y…sabes por qué?
Por qué estoy plenamente segura
de que tal como soy, me aceptas, me amas y me incorporas
al quehacer diario buscando igualdad, luchando por la justicia!.
Ayúdame Señor a ser ejemplo para que otros también se den por entero
a ti, y unidos dar esfuerzos, dones y tiempo…
Hay tanto por hacer, por realizar, por expresar…
para poder enfrentarnos al nuevo milenio
con nuevas esperanzas, con nuevos sueños, con nuevas fuerzas de
vivir unidos en paz, amor e igualdad.

Amén

 

Elisa de Bulmes

 

Viernes V

 

Hace oír a los sordos y hablar a los mudos

 

Lectura del libro del Génesis    3, 1-8

 

La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que el Señor Dios había hecho, y dijo a la mujer: « ¿Así que Dios les ordenó que no comieran de ningún árbol del jardín?»

La mujer le respondió: «Podemos comer los frutos de todos los árboles del jardín. Pero respecto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: “No coman de él ni lo toquen, porque de lo contrario quedarán sujetos a la muerte”.»

La serpiente dijo a la mujer: «No, no morirán. Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal.»

Cuando la mujer vio que el árbol era apetitoso para comer, agradable a la vista y deseable para adquirir discernimiento, tomó de su fruto y comió; luego se lo dio a su marido, que estaba con ella, y él también comió. Entonces se abrieron los ojos de los dos y descubrieron que estaban desnudos. Por eso se hicieron unos taparrabos, entretejiendo hojas de higuera.

Al oír la voz del Señor Dios que se paseaba por el jardín, a la hora en que sopla la brisa, se ocultaron de él, entre los árboles del jardín.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 31, 1-2. 5. 6. 7 (R.: 1a)

 

R.    ¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado!

 

¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado

y liberado de su falta!

¡Feliz el hombre a quien el Señor

no le tiene en cuenta las culpas,

y en cuyo espíritu no hay doblez! R.

 

Yo reconocí mi pecado,

no te escondí mi culpa,

pensando: «Confesaré mis faltas al Señor.»

¡Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado! R.

 

Por eso, que todos tus fieles te supliquen

en el momento de la angustia;

y cuando irrumpan las aguas caudalosas

no llegarán hasta ellos. R.

 

Tú eres mi refugio,

tú me libras de los peligros

y me colmas con la alegría de la salvación. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    7, 31-37

 

Cuando Jesús volvía de la región de Tiro, pasó por Sidón y fue hacia el mar de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis.

Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos. Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua. Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: «Efatá», que significa: «Ábrete.» Y enseguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente.

Jesús les mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie, pero cuanto más insistía, ellos más lo proclamaban y, en el colmo de la admiración, decían: «Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Si bien al principio todo fue bueno, y la situación de Adán y Eva en el Edén era idílica, llegó el pecado y todo cambió. En un relato también lleno de imaginación popular, pero con un contenido teológico innegable, se nos cuenta la tentación de la serpiente, la caída primero de Eva y luego de Adán, y el cambio inmediato: se sintieron desnudos, empezaron a tener miedo de Dios y se escondieron en su presencia.
  • Es la primera página negra de la historia de la humanidad, que ha tenido consecuencias universales. En ella está representado y condensado todo el mal que ha habido y sigue habiendo en nuestra existencia: la ambición desmedida, el orgullo, la autosuficiencia, la mentira, la cobardía. El pecado original lo tenemos todos dentro.
  • El pecado, el de Adán y Eva y el nuestro a lo largo de la historia, es el que trastorna la armonía que Dios había previsto. Se ha perdido el equilibrio entre los hombres y Dios, y entre ellos mismos. Siempre quedará el recuerdo y la añoranza de la realidad del Edén. Cuando los profetas anuncien el final del destierro de Babilonia, lo harán con frecuencia sirviéndose de las imágenes de una vuelta a la paz y la felicidad del paraíso perdido.

***

  • Jesús dejando de nuevo los confines de Tiro, se fue por Sidón hacia el lago de Galilea, atravesando la Decápolis. Todos estos desplazamientos son significativos. Jesús se encuentra en territorio extranjero. Este milagro, una vez más será hecho a favor de un pagano, en pleno país de misión.
  • El milagro relatado en estos versículos pertenece al grupo de capítulos del evangelio de Marcos, escritos con la intención de que el pueblo, llegue a descubrir en Jesús su humanidad y su divinidad. Relata cómo mientras estaba Jesús en la región del mar de Galilea, le traen un hombre sordo y tartamudo, pidiéndole que haga algo por él. Jesús lo aparta de la gente, y después de tocarlo con sus dedos y su saliva, expresión de su humanidad; antes de curarlo definitivamente, Jesús mira al cielo mostrando que la omnipotencia divina es la que hará el milagro.
  • Gestos humanos, corporales, sensibles que revalorizan la dignidad del cuerpo llevándolo a la calidad de instrumento de comunicación, expresión de la salvación. La gracia más divina, más espiritual, pasa por humildes y modestos “signos”. Para el sordomudo, gestos pobres y naturales fueron extremadamente reveladores de la ternura salvadora de Jesús. La curación del sordomudo provoca reacciones muy buenas hacia Jesús por parte de los habitantes de Sidón que llegan a decir que todo lo ha hecho bien.
  • Somos una unidad, una totalidad: quien actúe sobre el cuerpo, aunque no se lo proponga está actuando sobre el espíritu, y viceversa. En Jesús se manifiesta la humanidad divinizada y la divinidad humanizada. Su cuerpo es instrumento de salvación. Sus sentidos están abiertos al dolor del otro. Ese cuerpo que se cansa, que siente hambre y dolor, que se conmueve es un regalo de Dios a los hombres; es la forma visible de la bondad de Dios.
  • El cuerpo es creación de Dios, y es el instrumento indispensable por el que nos hacemos presentes en el mundo, que nos permite acercarnos a nuestros hermanos, comunicarnos con ellos. El espíritu que lo invade es lo que puede impulsar al hombre a ser instrumento de salvación para él mismo y para los otros.
  • Hoy Jesús Resucitado sigue curando a la humanidad a través de su Iglesia. Con los gestos sacramentales: imposición de manos, bendición, unción con óleo y crisma Jesús sigue actuando. Gestos tomados de la cultura humana; de ellos se sirve Dios para transmitir su salvación. Gestos que siguen cargados de simbología. El evangelio de hoy, es un signo claro para el cristiano que debe tener abiertos los oídos para escuchar y los labios para hablar. Para escuchar a Dios y a los hombres, sin hacerse el sordo: ni a la Palabra salvadora, ni a la necesidad del hermano.

 

Para discernir

 

  • ¿A qué realidades cerré mis oídos?
  • ¿Qué verdades callé por miedo o conveniencia?
  • ¿Experimento la necesidad de ser sanado?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Quiero escucharte Señor

 

Para la lectura espiritual

 

…”« ¿Dónde estás?». Cada vez que Dios plantea una pregunta de este tipo no es para que el hombre le haga saber algo que él ignora: lo que quiere es provocar en el hombre una reacción que sólo es posible suscitar precisamente a través de esa pregunta, a condición de que ésta impacte en el corazón del hombre y de que éste se deje impactar por ella en el corazón.

Adán se esconde para no tener que dar cuentas, para huir de la responsabilidad de su propia vida. Así se esconde todo hombre, porque todo hombre es Adán y se encuentra en la situación de Adán. Para escapar de la responsabilidad de la vida que hemos vivido, hemos de transformar la existencia en un mecanismo para escondernos. Precisamente escondiéndose así y persistiendo siempre en esta tarea «ante el rostro de Dios», se desliza siempre el hombre, y cada vez de un modo más profundo, hacia la falsedad. De este modo se crea una nueva situación que, de día en día y de esconderse en esconderse, se vuelve más y más problemática. Es una situación que podemos caracterizar con una extrema precisión: el hombre no puede escapar del ojo de Dios, sino que, intentando esconderse de él, se esconde de sí mismo. Dentro de sí conserva también algo que le busca, pero a este algo se le hace más difícil cada vez encontrarle. Y precisamente en esta situación le coge la pregunta de Dios: quiere turbar al hombre, destruir su mecanismo para esconderse, hacerle ver adónde le ha llevado un camino equivocado, hacer nacer en él un ardiente deseo de salir fuera.

En este punto todo depende del hecho de que el hombre se plantee o no la pregunta. Indudablemente, si la pregunta llegara al oído, a cualquiera «le temblará el corazón». Ahora bien, el mecanismo le permite asimismo seguir siendo dueño de esta emoción del corazón. En efecto, la voz no llega en medio de una tempestad que pone en peligro la vida del hombre; «es la voz de un silencio semejante a un soplo» (1 Re 19,12), y es fácil sofocarla. Hasta que no ocurra esto, la vida del hombre no se podrá convertir en camino. Por muy grande que sea el éxito y el goce de un hombre, por muy grande que sea su poder y colosal su obra, su vida seguirá sin tener un camino mientras no haga frente a esta voz. Adán le hizo frente, reconoció que había caído en una trampa y confesó: «Me he escondido». Aquí empieza el camino del hombre”…

 

M. Buber, El camino del hombre, Magnano 1990, pp. 21-23, passim.

 

 

Para rezar

 

Padre alabamos y glorificamos tu nombre,
porque tú eres el Señor.
Gracias por la salud, las fuerzas y energía
para cumplir con las funciones y responsabilidades de cada día.
Gracias por inspirar las ideas creativas
necesarias en nuestro diario vivir.
Gracias por la provisión de los alimentos y
posibilidades para satisfacer nuestras
necesidades básicas.
Dios, estamos agradecidos por todas las bendiciones que nos prodigas, pero reconocemos que necesitamos más alimento espiritual y el valor para enfrentar y vencer las tentaciones y pruebas
cotidianas que se presentan sin ser invitadas a nuestro paso por la vida.
Amado Señor, quédate con nosotros.
Abrázanos y déjate sentir.
En el nombre de Jesús.
Amén.

Virma Pomale

 

Sábado V

 

Comieron hasta saciarse

 

Lectura del libro del Génesis    3, 9-24

 

El Señor Dios llamó al hombre y le dijo: « ¿Dónde estás?»

«Oí tus pasos por el jardín, respondió él, y tuve miedo porque estaba desnudo. Por eso me escondí.»

El replicó: « ¿Y quién te dijo que estabas desnudo? ¿Acaso has comido del árbol que yo te prohibí?»

El hombre respondió: «La mujer que pusiste a mi lado me dio el fruto y yo comí de él.»

El Señor Dios dijo a la mujer: « ¿Cómo hiciste semejante cosa?»

La mujer respondió: «La serpiente me sedujo y comí.»

Y el Señor Dios dijo a la serpiente: «Por haber hecho esto, maldita seas entre todos los animales domésticos y entre todos los animales del campo. Te arrastrarás sobre tu vientre, y comerás polvo todos los días de tu vida. Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo. Él te aplastará la cabeza y tú le acecharás el talón.»

Y el Señor dijo a la mujer: «Multiplicaré los sufrimientos de tus embarazos; darás a luz a tus hijos con dolor. Sentirás atracción por tu marido, y él te dominará.»

Y dijo al hombre: «Porque hiciste caso a tu mujer y comiste del árbol que yo te prohibí, maldito sea el suelo por tu culpa. Con fatiga sacarás de él tu alimento todos los días de tu vida. El te producirá cardos y espinas y comerás la hierba del campo. Ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, de donde fuiste sacado. ¡Porque eres polvo y al polvo volverás!»

El hombre dio a su mujer el nombre de Eva, por ser ella la madre de todos los vivientes.

El Señor Dios hizo al hombre y a su mujer unas túnicas de pieles y los vistió.

Después el Señor Dios dijo: «El hombre ha llegado a ser como uno de nosotros en el conocimiento del bien y del mal. No vaya a ser que ahora extienda su mano, tome también del árbol de la vida, coma y viva para siempre.»

Entonces expulsó al hombre del jardín de Edén, para que trabajara la tierra de la que había sido sacado. Y después de expulsar al hombre, puso al oriente del jardín de Edén a los querubines y la llama de la espada zigzagueante, para custodiar el acceso al árbol de la vida.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 89, 2. 3-4. 5-6. 12-13 (R.: 1)

 

R.    Señor, tú has sido nuestro refugio a lo largo de las generaciones.

 

Antes que fueran engendradas las montañas,

antes que nacieran la tierra y el mundo,

desde siempre y para siempre, tú eres Dios. R.

 

Tú haces que los hombres vuelvan al polvo,

con sólo decirles: «Vuelvan, seres humanos.»

Porque mil años son ante tus ojos

como el día de ayer, que ya pasó,

como una vigilia de la noche. R.

 

Tú los arrebatas, y son como un sueño,

como la hierba que brota de mañana:

por la mañana brota y florece,

y por la tarde se seca y se marchita. R.

 

Enséñanos a calcular nuestros años,

para que nuestro corazón alcance la sabiduría.

¡Vuélvete, Señor! ¿Hasta cuándo…?

Ten compasión de tus servidores. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    8, 1-10

 

En esos días, volvió a reunirse una gran multitud, y como no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Me da pena esta multitud, porque hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer. Si los mando en ayunas a sus casas, van a desfallecer en el camino, y algunos han venido de lejos.»

Los discípulos le preguntaron: « ¿Cómo se podría conseguir pan en este lugar desierto para darles de comer?»

El les dijo: « ¿Cuántos panes tienen ustedes?»

Ellos respondieron: «Siete.»

Entonces él ordenó a la multitud que se sentara en el suelo, después tomó los siete panes, dio gracias, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que los distribuyeran. Ellos los repartieron entre la multitud. Tenían, además, unos cuantos pescados pequeños, y después de pronunciar la bendición sobre ellos, mandó que también los repartieran.

Comieron hasta saciarse y todavía se recogieron siete canastas con lo que había sobrado.

Eran unas cuatro mil personas. Luego Jesús los despidió. En seguida subió a la barca con sus discípulos y fue a la región de Dalmanuta.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • La página de hoy, bajo una apariencia ingenua, nos pone crudamente delante de la condición humana. El hombre, hecho para la «relación con Dios», destruye esta armonía por su pecado. El hombre, hecho para la “relación con su semejante”, destruye todo esto por su pecado. El hombre, hecho para la “armonía de su ser”, se siente dividido en su mismo interior. El hombre, hecho para la “relación con la naturaleza”, queda duramente sometido a ella.
  • Detrás de este episodio se entreven las luchas, las iras, los golpes, las guerras, las violencias de toda clase. Y si los padres, Adán y Eva están desunidos, sus hijos, los Caín y Abel de todos los tiempos, irán más lejos, hasta el derramamiento de sangre.
  • El hombre, queda marcado por su trabajo esencial, su oficio; y el sudor es el signo del esfuerzo a hacer, para “ganar su vida”. La mujer queda marcada por su trabajo esencial, dar a luz a sus hijos: “tus embarazos serán penosos y darás a luz a tus hijos con dolor”.
  • Y como fin: la inexplicable muerte. El hombre muere porque “no es Dios”, porque es “criatura” por lo tanto, es “fragilidad”. Esta es una primera razón natural, pero el autor, añade una segunda razón: el hombre es pecador, y la muerte adquiere así un carácter adicional de pena.
  • Sin embargo toda esa destrucción que el pecado opera en la armonía creada por Dios, no tendrá la última palabra: desde el principio se anuncia una victoria, una salvación, una redención.

***

  • En el evangelio, un gran número de gente de todas partes, ha venido a pie siguiendo y escuchando a Jesús durante días y días. Jesús no quiere fomentar las esperanzas del mesianismo que espera la gente, sino que se aleja de ellas, encontrando en la oración, la claridad de su camino mesiánico hacia la cruz, y el ánimo para recorrerlo.
  • El hecho que vengan “desde lejos” ratifica el contexto pagano del relato, pues era común entre las primeras comunidades cristianas considerar a los paganos como los lejanos, en cuanto lejanía de Dios y de la salvación.
  • Marcos tiene interés en anticipar la evangelización de los paganos, en el ministerio de Jesús. Es necesario que los apóstoles amplíen su horizonte, por eso la mesa que Jesús ofrece está abierta a todos.
  • En ese contexto Jesús, compadecido de la muchedumbre que lo sigue sin acordarse ni de comer, realiza un milagro para que coman todos. Con siete panes y unos peces da de comer a cuatro mil personas, y sobra. Las siete canastas que se llenan con los sobrantes, indica que el alimento distribuido es inagotable y es el símbolo de un “acto que tendrá que repetirse constantemente”, un alimento que debe ponerse sin cesar a disposición de los demás.
  • Jesús tiene clara la importancia de la solidaridad para la existencia del Reino que Él propone, y es por eso por lo que insiste, en este mensaje para sus discípulos y la comunidad. No se puede estar tranquilo si se sabe que un hermano está en desventaja. No puede disfrutar con sus discípulos de un alimento que les falta a otros. La única posibilidad de estar verdaderamente satisfechos era compartiendo con todos.
  • Este milagro no debemos entenderlo como una acción mágica de Jesús, sino como un acto de solidaridad desde las carencias que cada uno pueda tener. Los que asumen la causa de Jesús, deben ser capaces de aportar desde lo poco, aun con sacrificios, para tratar de solucionar los problemas, con la absoluta convicción de que Dios podrá hacer el resto de la obra.
  • Lo que pretende el milagro es que, el grupo de los discípulos, supere las imposibilidades humanas que impiden la fraternidad y la solidaridad.
  • Como Iglesia, también tenemos que hacer posible el milagro de la solidaridad en medio de nuestros pueblos regidos por el egoísmo, por las políticas de mercado, por los intereses particulares. Es nuestra tarea hacer de esta sociedad en esta historia humana, un espacio donde se pueda vivir de forma diferente.
  • La ambición divide, el amor congrega. No sabremos hacer milagros, pero hay multiplicaciones de panes, de paz, de esperanza, de cultura y de bienestar que no necesitan un poder milagroso, sino un corazón bueno, semejante al de Cristo, para no ceder en el trabajo por el bien de todos los hombres.

 

Para discernir

 

  • ¿Qué puedo hacer en este mundo con tantos hambrientos?
  • ¿Puedo multiplicar algo por el bien de mis hermanos?
  • ¿Qué papel ocupa la solidaridad en mi camino de fe?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Danos siempre de este pan

 

Para la lectura espiritual

 

…”La comprensión de nuestro cuerpo como enfermo, pobre, débil, necesitado de ser inhabitado por el poder recreador del Espíritu, nos pone en la condición de la muchedumbre que seguía a Jesús por el desierto en torno a Betsaida. Y en el desierto de este mundo [...] prepara Jesús un banquete, adereza una mesa, nos sacia en ella. Aquel que en la última cena se entregará como alimento por las multitudes, acoge y reúne en el episodio de la multiplicación de los panes a una muchedumbre que no sabe adónde ir, y la transforma en la comunidad de los pobres saciados del verdadero pan de vida.

La eucaristía es el pan del desierto, es el viático de los peregrinos, es la ofrenda, la entrega de un cuerpo [...]. El camino por el desierto es un viaje largo, impracticable, extenuativo a veces: a las fatigas del recorrido se añaden las heridas dejadas por quienes se han perdido en este camino. Pero también es verdad que el Señor no nos deja sin la eucaristía, el único pan que nos permite caminar hasta la visión del Señor, hasta el cara a cara con Dios. Debemos estar seguros de que si también nosotros llegamos a tocar el abismo de la desesperación como Elías, también veremos a un ángel que nos traerá el pan del desierto y nos dirá: «Come, y sigue caminando» (cf.1 Re 19,1-8)”…

 

E. Bianchi, El manto de Elías, Magnano 1985, 119.

 

Para rezar

 

Hay un mundo que vive en la esperanza de un mañana más justo, más fraterno.

Hay un mundo que sufre los dolores de un nuevo amanecer.

Hay semillas de vida traspasando la tierra de la muerte.

Tú me enseñas a verlo, a descubrirlo, Jesús, me das la fe.

Hay un hombre que vive la miseria, sin poder, sin saber, sólo muriendo.

Hay un hombre que, pese a todo, espera justicia y libertad.

Hay dos mundos, tres mundos, divididos por el poder e indiferencia.

Tú me llamas, Jesús, al compromiso, a la solidaridad.

Yo sé que no puedo encontrarte a ti, Jesús, sin tu Reino.

Yo sé que no llega el Reino, si en el centro no estás tú.

Bendito el que marcha en tu nombre, bendito el que en el hermano

ve tu rostro, se detiene y comparte hoy su cruz.

 

E. Fernández


 

TIEMPO DTE EL AÑO – SEMANA IV – CICLO C

TIEMPO DTE EL AÑO – CICLO C

Domingo de la cuarta semana

 

Lunes IV

 

Martes IV

 

Miércoles IV

 

Jueves IV

 

Viernes IV

 

Sábado IV

 

TIEMPO DTE EL AÑO – CICLO C

Domingo de la cuarta semana

 

Nadie es profeta en su tierra

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Profeta Jeremías 1,4-5. 17-19.

 

En los días de Josías, recibí esta palabra del Señor:

Antes de formarte en el vientre, te escogí,
antes de que salieras del seno materno, te consagré:
Te nombré profeta de los gentiles.
Tú cíñete los lomos,
ponte en pie y diles lo que yo te mando.

No les tengas miedo,
que si no, yo te meteré miedo de ellos.

Mira: yo te convierto hoy en plaza fuerte,
en columna de hierro, en muralla de bronce,
frente a todo el país:

Frente a los reyes y príncipes de Judá,
frente a los sacerdotes y la gente del campo;
lucharán contra ti, pero no te podrán,
porque yo estoy contigo para librarte,
-oráculo del Señor-

 

Palabra de Dios

 

SALMO Sal 70,1-2. 3-4a. 5-6ab. 15ab y 17


 

R: Mi boca anunciará tu salvación.

 

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo derrotado para siempre;
tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,
inclina a mí tu oído, y sálvame. R:

 

Sé tú mi roca de refugio,
el alcázar donde me salve,
porque mi peña y mi alcázar eres tú,
Dios mío, líbrame de la mano perversa. R:

 

Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza
y mi confianza, Señor, desde mi juventud.
En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
en el seno, tú me sostenías. R:

 

Mi boca contará tu auxilio,
y todo el día tu salvación.
Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
y hasta hoy relato tus maravillas. R:

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta

del Apóstol San Pablo a los Corintios 12,31-13,13.

 

Hermanos:

 

Busquen los carismas mejores. Y aún les voy a mostrar un camino mejor. Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que suena. Ya podría tener el don de predicción y conocer todos los secretos y todo el saber; podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada.

Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve.

El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites.

El amor no pasa nunca.

¿El don de predicar? -se acabará. ¿El don de lenguas? -enmudecerá. ¿El saber? -se acabará. Porque inmaduro es nuestro saber e inmaduro nuestro predicar; pero cuando venga la madurez, lo inmaduro se acabará.

Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre, acabé con las cosas de niño.

Ahora vemos como en un espejo de adivinar; entonces veremos cara a cara.

Mi conocer es por ahora inmaduro, entonces podré conocer como Dios me conoce.

En una palabra: quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres. La más grande es el amor.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    4, 21 – 30

 

En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga:

-Hoy se cumple esta Escritura que acaban de oír. Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.

Y decían:

-¿No es éste el hijo de José?

Y Jesús les dijo:

-Sin duda me recitarán aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»: haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaun.

Y añadió:

-Les aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Les garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado más que Naamán, el sirio.

Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo.

Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

 

Palabra del Señor

 

Para reflexionar

 

 

  • Jeremías aparece como un profeta auténtico. En tiempos difíciles se le encarga que haga oír la voz de Dios en medio del pueblo y ante las autoridades. Mal aceptado por muchos se lo puede considerar como el prototipo de un profeta fiel a su vocación y a su identidad, aunque fracasara en su misión y no le hicieran mucho caso. Junto a la misión, Dios le asegura su ayuda. Le da su fuerza, su Espíritu, para que no desfallezca en su empeño. Porque la voz de un profeta es muchas veces, voz contra corriente.

***

  • Hoy, en la segunda lectura, escuchamos de qué amor nos habla Dios. Si existe algo que llena de sentido nuestras vidas, lo que somos, los dones que el Espíritu nos ha dado, esto es el amor. Sin embargo, no es un amor abstracto, sino un amor que se hace carne en la vida.

***

  • El evangelio de este domingo continúa el relato de la presentación de Jesús en su propio pueblo. El carpintero de Nazaret animado por el espíritu profético, se atreve a referir a sí mismo un texto mesiánico de Isaías. La reacción de escándalo de sus paisanos era de esperar: “¿No es éste el hijo de José?”. La respuesta de Jesús los pone contra la pared. “Nadie es profeta en su tierra”. Jesús expresa su desencanto respecto a los hombres de su pueblo. Toma cuerpo la dura reflexión de Juan en el evangelio, al afirmar que Jesús vino a los suyos y los suyos no le recibieron.
  • Aunque sea doloroso, este es un relato programático. Jesús, como Jeremías, ha sido llamado para arrancar de la religión de Israel, y de toda religión, la idea de la venganza de Dios. No es un profeta defensor de intereses particulares, mantenedor de odios, y de espíritu de revancha. Corrige posiciones falsas, y no habla ni anuncia el día de la venganza contra los paganos.
  • Su profetismo es nuevo, tiene dimensiones universales. Rompe las fronteras de la raza, de la cultura. Ya no hay pueblos privilegiados.
  • La revelación de salvación se extenderá a Sarepta, a una viuda o a Naamán, el sirio.
  • Un profeta así resulta incómodo. Molesta “este mensaje de gracia”. que anuncia un régimen de misericordia, de perdón, de amor; a los que esperan una justicia anclada en su propia perfección y que se apoya en privilegios. La actitud de Jesús hacia los pobres, los enfermos, los pecadores, desagrada a los que se han situado en un lugar de superioridad frente a los demás.
  • Jesús interpreta en la sinagoga que ha llegado el tiempo en el cual las palabras proféticas no pueden quedarse sólo en la “escritura sagrada”. Dios “ya” está salvando por la Palabra de gracia.
  • Lo que se manifestó en el Bautismo y en la escena de Caná, se sigue clarificando: Jesús de Nazaret es el auténtico Profeta y Maestro de la humanidad. El único cuya Palabra es verdaderamente salvadora. En la sinagoga de Nazaret y hoy y aquí para nosotros. Él es el Ungido, el lleno de la fuerza del Espíritu de Dios, para cumplir la misión más difícil: la de un Mesías que hace oír la voz de Dios y que salva a la humanidad entregando con fidelidad radical su propia vida.
  • La misión profética de Jesús se comunica a la Iglesia, a todos los bautizados. La Palabra llegó a nuestra historia para que se cumpla. Tiene vocación de ser fecunda y eficaz. Jesús se nos ha manifestado como el amor de Dios a los hombres, el testigo de la verdad. Nosotros, como testigos de Jesús somos testigos de Dios en el mundo. Nuestra misión evangelizadora y profética no consiste sólo en repetir el evangelio, sino en hacer a Dios presente al mundo, proclamando la igualdad de todos los hombres como hijos de Dios; y el destino común de salvación en el que todos debemos empeñar nuestros esfuerzos.
  • Hacer que se cumpla hoy la escritura que anuncia la buena noticia a los pobres, es “aspirar a los dones más perfectos, amándonos los unos a los otros, como Él nos ha amado” dignificando la vida de todos. Amor efectivo, que Pablo nos describe como amor gratuito, generoso y eficaz; y que por eso es buena noticia para un mundo que se ahoga en el desamor, la insolidaridad y la indiferencia.
  • Por eso es profética una Iglesia que no se acomoda a los valores del mundo, que se abre y preocupa por los que creen y también por los que no creen, que molesta a algunos y sirve a todos, que no halaga pero busca los signos de presencia de Dios para alabar y bendecir; que es sal, fuego, y luz. Una Iglesia instalada en el mundo o en sí misma no es la Iglesia de Jesús. El discípulo, que necesariamente tiene que ser profeta, se arriesga y lucha por el Evangelio a sabiendas de que va contracorriente.
  • El profeta cristiano no es un amargado y resentido anunciador de calamidades: el profeta cristiano sabe que “el amor es lo más grande”, y eso es lo que anuncia y se transforma en espada de doble filo. No adivina el futuro, sino que ve con hondura el presente y puede proyectarse al mañana desde el proyecto de Dios. Siempre el Evangelio será incómodo porque es una palabra de amor que nos exige, nos juzga, nos pide y nos compromete.
  • La profecía de Isaías que Jesús lee en la sinagoga de Nazaret muestra el amor de Dios por todos los hombres, especialmente por los pobres y necesitados de su amor encarnado.
  • Hoy somos nosotros, la Iglesia, a quien Dios confía esta tarea de profetizar desde un amor vital, que destruye las barreras de injusticia, de egoísmos, de odios, de esta sociedad que mata muchos sueños de futuro, que adormece y entibia la esperanza con recetas manipuladas y de corto alcance.
  • El amor de Dios vivido en plenitud y como proyecto de vida en el hoy y aquí de nuestra historia, es verdad y profecía del reino.

 

Para discernir

 

  • ¿Nosotros, denunciamos algo?
  • ¿Qué denuncio yo?
  • ¿Lo que dice y manda el evangelio, o lo que se opone a mis intereses y mis ideas?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Quiero ser profeta

 

Para la lectura espiritual

 

El miedo a ser diferentes

 

Ningún profeta es bien mirado en su tierra.

Pronto pudo ver Jesús lo que podía esperar de su propio pueblo. Los evangelistas no nos han ocultado la resistencia, el escándalo y la contradicción que encontró Jesús muy pronto, incluso en los ambientes más allegados.

Su actuación libre y liberadora resultaba demasiado molesta y acusadora. Su comportamiento ponía en peligro demasiados intereses.

Jesús lo comprende así con toda lucidez. Es difícil que un hombre que se pone a actuar escuchando fielmente a Dios sea bien aceptado en un pueblo que vive de espaldas a El. «Ningún profeta es bien mirado en su tierra».

Los creyentes no lo debiéramos olvidar. No se puede pretender seguir fielmente a Jesús y no provocar, de alguna manera, la reacción, la extrañeza, la crítica y hasta el rechazo de quienes, por diversos motivos, no pueden estar de acuerdo con un planteamiento cristiano de la vida.

¿No somos los creyentes demasiado «normales» y demasiado bien aceptados en una sociedad que no es tan normal ni tan aceptable cuando se miran las cosas desde la fe? ¿No nos sentimos demasiado a gusto y bien adaptados?

Nos da miedo ser diferentes. Hace mucho tiempo que está de moda «estar a la moda». Y no sólo cuando se trata de adquirir el traje de invierno o escoger los colores de verano. El «dictado de la moda» nos impone los gestos, las maneras, el lenguaje, las ideas, las actitudes y las posiciones que debemos defender.

Se necesita una gran dosis de coraje y de valor para ser fiel a las propias convicciones, cuando todo el mundo se acomoda y adapta «a lo que se lleva».

Es más fácil vivir sin un proyecto de vida personal, dejándose llevar por los acontecimientos y los convencionalismos sociales. Es más fácil instalarse cómodamente en la vida y vivir superficialmente según lo que nos dicten desde fuera.

Al comienzo, quizás, uno escucha todavía una voz interior que le dice que no es ése el camino acertado para crecer como hombre ni como creyente. Pero, pronto nos tranquilizamos. No queremos pasar por «un anormal», «un extraño» o «un loco». Se está más seguro sin distanciarse del rebaño.

Y así seguimos caminando. En rebaño. Mientras desde el evangelio se nos sigue invitando a ser fieles a nuestras convicciones creyentes, incluso cuando puedan acarrearnos la crítica y el rechazo dentro de nuestra misma clase social, nuestro propio partido, el círculo profesional y social en el que nos movemos y hasta en el entorno más cercano de nuestros amigos y familiares.

 

José Antonio Pagola

 

Para rezar

 

El profeta

 

Antes que te formaras

dentro del vientre de tu madre,

antes que tú nacieras,

te conocía y te consagré,

para ser mi profeta

de las naciones, yo te escogí,

irás donde te envíe,

lo que te mande proclamarás.


 

Tengo que gritar, tengo que arriesgar,

ay de mí si no lo hago,

cómo escapar de Ti, cómo no hablar,

si tu voz me quema dentro.


 

Tengo que andar, tengo que luchar,

ay de mí si no lo hago,

cómo escapar de Ti, cómo no hablar,

si tu voz me quema dentro.


 

No temas arriesgarte

porque contigo Yo estaré.

No temas anunciarme

porque en tu boca yo hablaré.

Te encargo hoy mi pueblo

para arrancar y derribar,

para edificar,

construirás y plantarás.


 

Deja a tus hermanos,

deja a tu padre y a tu madre,

abandona tu casa

porque la tierra gritando está.

Nada traigas contigo

porque a tu lado yo estaré,

es hora de luchar,

porque mi pueblo sufriendo está.

 

Lunes IV

 

¡Sal de este hombre, espíritu impuro!

 

Lectura de la carta a los Hebreos    11,32-40

 

Hermanos:

¿Y qué más puedo decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, de Samuel y de los Profetas.

Ellos, gracias a la fe, conquistaron reinos, administraron justicia, alcanzaron el cumplimiento de las promesas, cerraron las fauces de los leones, extinguieron la violencia del fuego, escaparon del filo de la espada. Su debilidad se convirtió en vigor: fueron fuertes en la lucha y rechazaron los ataques de los extranjeros.

Hubo mujeres que recobraron con vida a sus muertos. Unos se dejaron torturar, renunciando a ser liberados, para obtener una mejor resurrección.

Otros sufrieron injurias y golpes, cadenas y cárceles. Fueron apedreados, destrozados, muertos por la espada. Anduvieron errantes, cubiertos con pieles de ovejas y de cabras, desprovistos de todo, oprimidos y maltratados. Ya que el mundo no era digno de ellos, tuvieron que vagar por desiertos y montañas, refugiándose en cuevas y cavernas.

Pero, aunque su fe los hizo merecedores de un testimonio tan valioso, ninguno de ellos entró en posesión de la promesa. Porque Dios nos tenía reservado algo mejor, y no quiso que ellos llegaran a la perfección sin nosotros.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 30, 20. 21. 22. 23. 24 (R.: 25)

 

R.    Sean fuertes y valerosos, todos los que esperan en el Señor.

 

¡Qué grande es tu bondad, Señor!

Tú la reservas para tus fieles;

y la brindas a los que se refugian en ti.,

en la presencia de todos. R.

 

Tú los ocultas al amparo de tu rostro

de las intrigas de los hombres;

y los escondes en tu Tienda de campaña,

lejos de las lenguas pendencieras. R.

 

¡Bendito sea el Señor!

El me mostró las maravillas de su amor

en el momento del peligro. R.

 

En mi turbación llegué a decir:

«He sido arrojado de tu presencia.»

Pero tú escuchaste la voz de mi súplica,

cuando yo te invocaba. R.

 

Amen al Señor, todos sus fieles,

porque él protege a los que son leales

y castiga con severidad a los soberbios. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Marcos    5, 1-20

 

Jesús y sus discípulos llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos. Apenas Jesús desembarcó, le salió al encuentro desde el cementerio un hombre poseído por un espíritu impuro. El habitaba en los sepulcros, y nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas. Muchas veces lo habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarlo. Día y noche, vagaba entre los sepulcros y por la montaña, dando alaridos e hiriéndose con piedras.
Al ver de lejos a Jesús, vino corriendo a postrarse ante él, gritando con fuerza: «¿Qué quieres de mí, Jesús, Hijo de Dios, el Altísimo? ¡Te conjuro por Dios, no me atormentes!» Porque Jesús le había dicho: «¡Sal de este hombre, espíritu impuro!» Después le preguntó: «¿Cuál es tu nombre?» El respondió: «Mi nombre es Legión, porque somos muchos.» Y le rogaba con insistencia que no lo expulsara de aquella región.

Había allí una gran piara de cerdos que estaba paciendo en la montaña. Los espíritus impuros suplicaron a Jesús: «Envíanos a los cerdos, para que entremos en ellos.» El se lo permitió. Entonces los espíritus impuros salieron de aquel hombre, entraron en los cerdos, y desde lo alto del acantilado, toda la piara -unos dos mil animales- se precipitó al mar y se ahogó.

Los cuidadores huyeron y difundieron la noticia en la ciudad y en los poblados. La gente fue a ver qué había sucedido. Cuando llegaron a donde estaba Jesús, vieron sentado, vestido y en su sano juicio, al que había estado poseído por aquella Legión, y se llenaron de temor. Los testigos del hecho les contaron lo que había sucedido con el endemoniado y con los cerdos. Entonces empezaron a pedir a Jesús que se alejara de su territorio.

En el momento de embarcarse, el hombre que había estado endemoniado le pidió que lo dejara quedarse con él. Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: «Vete a tu casa con tu familia, y anúnciales todo lo que el Señor hizo contigo al compadecerse de ti.» El hombre se fue y comenzó a proclamar por la región de la Decápolis lo que Jesús había hecho por él, y todos quedaban admirados.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El autor les trae a la memoria el ejemplo de los antiguos judíos, que realizaron cosas difíciles por la fe y permanecieron fieles en la prueba, sin volver su vista atrás, sino, muy al contrario, dispuestos a la aventura de la fe. Los antepasados sometieron reinos y ejercieron justicia; cerraron la boca de los leones, o dominaron la violencia del fuego; resucitaron hijos y otros que, se han dejado torturar sin ceder, o exiliar.
  • El autor recalca de las personas que vivieron en esa etapa el mérito de haber vivido en un tiempo de promesas: no en los tiempos mesiánicos. La fe, que es algo sobrenatural, se vive dentro de la experiencia humana y se caracteriza por el don que uno hace de sí mismo para el futuro, el riesgo que uno corre de abandonar su seguridad y darse de lleno a la novedad. El contenido del sacrificio de Cristo no es otro que su fe total en el Padre, capaz de hacer surgir lo inesperado más allá incluso de la muerte.

***

  • Jesús llega a la región de los gerasenos, o sea, a un territorio pagano, por lo tanto, impuro. Lejos del poblado, entre los sepulcros, vive un hombre poseído por el espíritu maligno. La sociedad lo ha marginado: la forma más rápida de resolver el problema es encerrar al enfermo para que no moleste.
  • Jesús se acerca a los que la sociedad ha apartado. Es un pobre hombre desquiciado, privado de sus facultades mentales, que no es dueño de sí mismo y se ha convertido en su propio enemigo. Cristo ha venido a combatir el mal que divide al hombre en lo más profundo de sí mismo y lo empuja contra sí mismo.
  • El encuentro con Jesús, la llegada del Reino, no es únicamente una curación, sino una verdadera liberación, un encontrarse a sí mismo, una reconquista de la propia vida. De un ser dividido e insociable, Jesús ha hecho un hombre dueño de sí mismo, lo ha convertido en un hermano.
  • Los gerasenos a pesar de admirarse de la curación cuando se enteran de que los cerdos se han precipitado en el lago invitan a Jesús alejarse de su territorio. Es demasiado el precio que han tenido que pagar por la liberación de un hombre. La vida de este hombre vale menos que una piara de puercos. Para Jesús, conducir a un hombre a su liberación, tiene un valor mucho más alto que cualquier otra cosa.
  • Luego, el hombre que había tenido el espíritu malo le pidió que lo dejara ir con Él, pero Jesús no se lo permitió. En cambio, lo enviará a su casa con la misión de manifestar a sus compatriotas la misericordia divina que él acaba de experimentar. Era la primera vez que se anunciaba la Buena Noticia en tierra de gentiles.
  • Las fuerzas del mal atacan al hombre, lo desvían de su ruta normal, le impiden realizar su camino humano y cristiano: realizarse como hombre y como hijo de Dios. El pecado siempre es antihumano aun cuando tome la apariencia de ser su placer o su bien.
  • Desde la muerte y resurrección de Jesús el demonio ya no tiene poder sobre el hombre. Solamente el poder que el hombre mismo le concede. Aquí está la buena nueva: las miles de pasiones que lo deformaban, la legión de demonios que lo habitaban, han sido vencidos. Jesús es más fuerte que las fuerzas maléficas del hombre.
  • Todos necesitamos ser liberados de la legión de malas tendencias que experimentamos: orgullo, sensualidad, ambición, envidia, egoísmo, violencia, intolerancia, avaricia, miedo. Una vez liberados, el Señor nos enseña que seguirlo. También es saber quedarse allí donde estamos, dando testimonio de las maravillas que puede obrar el Señor si le damos paso en nuestra vida.
  • El endemoniado geraseno, es como un prototipo de tantos hermanos nuestros, excluidos de la vida social, comunitaria, por algún estigma llamado: enfermedad, pobreza, ignorancia, absoluta miseria, otra raza, otra lengua, por ejercer algún oficio que consideramos sucio, por tener que ganarse la vida indignamente, en la mendicidad, o revolviendo la basura de nuestras calles. Pero Jesús los ama y quiere liberarlos. Todas las imágenes que nos presenta este texto nos dejan adivinar la importancia del gesto misionero que hace Jesús: liberar al hombre cualquiera sea su degradación.
  • La Iglesia ha recibido la misión de continuar este poder liberador, la lucha y la victoria contra todo mal. El hombre no evangelizado es un hombre “encadenado”, no libre. Para liberar la Iglesia tiene que anunciar la Buena Nueva y comunicar la vida de Cristo. El evangelio nos muestra el modo: salir a la periferia, acercarnos a toda realidad, no anteponer ningún valor material al valor de la vida, escuchar el clamor del sufriente y desde un vínculo basado en el amor, auténticamente evangélico, ayudarlo a recuperar la unidad perdida y la dignidad.

 

Para discernir

 

  • ¿Hay en mí algunos sectores que hay que liberar?
  • ¿De veras queremos ser salvados?
  • ¿Vamos hacia todos aquellos que esperan aún su liberación aunque no estén en el medio cristiano?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Llevo tu Buena Nueva Señor

 

Para la lectura espiritual

 

«Espíritu inmundo, sal de este hombre»

 

El hecho del poder del mal en el corazón humano y en la humanidad es innegable. La pregunta permanece: ¿cómo explicar este mal? La fe nos dice que existen dos misterios de luz y un misterio de noche, el cual, sin embargo, se encuentra envuelto por los misterios de luz. El primer misterio de luz es éste: la fe nos dice que no hay dos principios, uno bueno y el otro malo, sino un único principio: Dios creador, y este principio es bueno, es sólo bueno, sin sombra alguna de mal. Por eso el ser no puede ser una mezcla de bien y de mal: el ser, como tal, es bueno, y por ello pues, es bueno ser, es bueno vivir. Este es el gozoso anuncio de la fe: no hay más que una sola fuente, buena, el Creador…

Viene después un misterio de oscuridad, de noche. El mal no proviene de la fuente misma del ser, no es igualmente original. El mal proviene de una libertad creada, de una libertad mal utilizada. ¿Cómo ha sido posible esto? ¿Cómo se produjo? Las cosas permanecen oscuras. El mal no es lógico. Tan sólo Dios y el bien son lógicos, son luz. El mal permanece siendo misterioso… Lo podemos atisbar, pero no explicar; no se puede narrar como un hecho al que le sigue otro hecho porque se trata de una realidad más profunda. Sigue siendo un misterio de oscuridad, de noche.

Pero inmediatamente se le añade un misterio de luz. El mal viene de una fuente subordinada. Dios, con su luz, es más fuerte. Por eso el mal puede ser sobrepasado. Es decir, que la criatura, el hombre, puede curar… De tal manera que, al fin, en última instancia vemos que no sólo puede ser curado, sino que, efectivamente, es curado. Es Dios quien ha introducido la curación. Él mismo en persona entró en la historia. A la fuente permanente de mal opuso la fuente del bien puro. Cristo crucificado y resucitado, nuevo Adán, opone al río contaminado del mal un río de luz. Y este río sigue estando presente en la historia: miremos a los santos, los grandes santos pero también los santos más sencillos, los simples fieles y vemos que el río de luz que viene de Cristo es poderoso y está presente en ellos.

 

Comentario del Evangelio por Papa Benedicto XVI – Audiencia general del 03/12/08

 

Para rezar

 

Oración de sanación interior

 

Señor Jesús, Tú has venido a curar
los corazones heridos y atribulados,
te ruego que cures los traumas que provocan
turbaciones en mi corazón;
te ruego, en especial que cures
aquellos que son causa de pecado.

Te pido que entres en mi vida,
que me cures de los traumas psíquicos
que me han afectado en tierna edad
y de aquellas heridas que me los han provocado
a lo largo de toda la vida.

Señor Jesús, Tú conoces mis problemas,
los pongo todos en Tu corazón de Buen Pastor.
Te ruego, en virtud de aquella gran llaga
abierta en Tu Corazón,
que cures las pequeñas heridas que hay en el mío.

Cura las heridas de mis recuerdos,
a fin de que nada de cuanto me ha acaecido
me haga permanecer en el dolor, en la angustia,
en la preocupación.

Cura, Señor,
Todas esas heridas que, en mi vida,
han sido causa de raíces de pecado.
Quiero perdonar
a todas las personas que me han ofendido,
mira esas heridas interiores
que me hacen incapaz de perdonar.
Tú que has venido a curar los corazones afligidos,
cura mi corazón.

Cura, Señor Jesús, mis heridas íntimas
que son causa de enfermedades físicas.
Yo te ofrezco mi corazón,
acéptalo, Señor, purifícalo y dame
los sentimientos de Tu Corazón Divino.
Ayúdame a ser humilde y benigno.
Concédeme, Señor,
la curación del dolor que me oprime
por la muerte de las personas queridas.
Haz que pueda recuperar la paz y la alegría
por la certeza de que Tú eres la Resurrección y la Vida.

Hazme testigo autentico
de Tu Resurrección,
de Tu Victoria sobre el pecado y la muerte,
de Tu Presencia de Viviente entre nosotros.
Amén.

 

Martes IV

 

Tu fe te ha salvado

 

Lectura de la Carta a los Hebreos 12, 1-4

 

Por lo tanto, ya que estamos rodeados de una verdadera nube de testigos, despojémonos de todo lo que nos estorba, en especial del pecado, que siempre nos asedia, y corramos resueltamente al combate que se nos presenta.

Fijemos la mirada en el iniciador y consumador de nuestra fe, en Jesús, el cual, en lugar del gozo que se le ofrecía, soportó la cruz sin tener en cuenta la infamia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.

Piensen en aquel que sufrió semejante hostilidad por parte de los pecadores, y así no se dejarán abatir por el desaliento.

Después de todo, en la lucha contra el pecado, ustedes no han resistido todavía hasta derramar su sangre.

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO    Sal 21, 26b-28.30abcd.31b-32

 

R: Te alabarán, Señor, los que te buscan.

 

Cumpliré mis votos delante de sus fieles.

Los desvalidos comerán hasta saciarse,

alabarán al Señor los que lo buscan:

viva su corazón por siempre. R.

 

Lo recordarán y volverán al Señor

hasta de los confines del orbe;

en su presencia se postrarán

las familias de los pueblos.

Ante él se postrarán las cenizas de la tumba,

ante él se inclinarán los que bajan al polvo. R.

 

Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá,

hablarán del Señor a la generación futura,

contarán su justicia al pueblo que ha de nacer:

todo lo que hizo el Señor. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Marcos    5, 21-43

 

Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar. Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva.» Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.

Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias. Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, porque pensaba: «Con sólo tocar su manto quedaré curada.» Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal.

Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: « ¿Quién tocó mi manto?»

Sus discípulos le dijeron: « ¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?» Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido.

Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad.

Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad.»

Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: «Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?» Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: «No temas, basta que creas.» Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, fue a casa del jefe de la sinagoga.

Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. Al entrar, les dijo: « ¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme.» Y se burlaban de él.

Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: «Talitá kum», que significa: « ¡Niña, yo te lo ordeno, levántate.» En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El autor de la carta anima a sus lectores a que permanezcan firmes en su seguimiento de Cristo mediante la expresiva comparación del estadio y los atletas que compiten: El atleta se despoja de todo lo que estorba para poder correr ágilmente y el cristiano se despoja del pecado que lo traba en su camino hacia Cristo.
  • La multitud de espectadores que ocupan el estadio y animan a llegar a la meta, son la multitud de testigos del Antiguo Testamento y los contemporáneos, que han dado ejemplo con sus vidas a lo largo de la historia y estimulan a los cristianos actuales a ser fuertes y alcanzar la meta.
  • Cristo Jesús va delante en la carrera de la fe. El supo aceptar las dificultades y la contradicción; renunciar a todo entregándose a la muerte y ahora está triunfante junto a Dios. La carta es una invitación a todos a tener la mirada puesta en Él.

***

  • Después del milagro de la “tempestad calmada” y del “endemoniado liberado” nos encontramos hoy otros dos milagros estrechamente ligados uno a otro. Estos gestos van realizando una progresión en la fe de los discípulos. San Marcos nos va llevando paulatinamente a creer en el poder de la resurrección de Jesús.
  • Los dos milagros están muy ligados: son dos mujeres las destinatarias de la acción salvadora de Jesús. La edad de la niña, es igual a la cantidad de años de enfermedad de la mujer. Ambas, por ser mujeres y por sus enfermedades son consideradas impuras y están excluidas de la sociedad.
  • El relato comienza con la llegada de Jairo, un jefe de sinagoga que viene al encuentro de Jesús a pedirle que salve a su hija. Este gesto pone de manifiesto que la sinagoga se declara impotente para dar vida; sus líderes no pueden luchar contra la muerte. La ley por encima del ser humano los ha encerrado en un círculo de muerte.
  • Una vez que Jesús accede a este pedido, entre la multitud que acompaña a Jesús hacia la casa de Jairo, surge una mujer, que durante muchos años ha cargado con una enfermedad triplemente grave, por el sufrimiento físico, el empobrecimiento económico, y su exclusión religiosa. La mujer enferma no se atreve a pedir: se acerca disimuladamente y lo toca. Al instante sintió la curación, y Jesús, también al instante, sintió que una fuerza salía de Él. La mujer ha tocado la fuente de la vida.
  • De Jesús no brota otra cosa que la vida en plenitud. Jesús busca quien lo ha tocado. La mujer se acerca con temor porque sabe que con su actitud ha hecho impuro al Maestro. El Señor mismo provoca la confesión. Deliberadamente quiere que esta mujer que se escondía, saliera del anonimato. La obliga a darse a conocer para que entre en relación personal con Él. La hace pasar de la creencia mágica, a una fe verdadera. La fe es una relación personal con Jesús. Ahora si, Jesús “vuelve a darle”, la curación que había “robado”.
  • La fe es condición fundamental para que se obren los milagros. No es el contacto con su ropa lo que la salvó, sino el encuentro personal con Jesús a través de la fe.
  • Llegan entonces unos mensajeros para avisar que la niña ha muerto.
  • Jesús habla con el padre de la niña para pedirle que siga teniendo fe. Para Jairo es la prueba mayor. Cuando llegan, a pesar de que la liturgia de la muerte ya había comenzado, la fuerza del Reino de la vida ocupa su lugar. Jesús, toma a la niña de la mano y le ordena que se levante.
  • “Tu fe te ha salvado” y “No temas, solamente ten fe” son la clave de esta Buena Noticia. Jesús no nos pide otra cosa: tener fe. Y esto a veces sucede en situaciones de muerte y desesperantes. En esos momentos necesitamos escuchar que Él nos grita con fuerza: levántate, no te quedes ahí, no te dejes vencer por la muerte, Yo soy tu salvador, te estoy llamando, me estoy ocupando de tu vida, quiero que vivas, que andes en pie, que seas fuente de alegría y esperanza para todos.
  • Ante la enfermedad, como experiencia de debilidad y la muerte, como el gran interrogante, la Iglesia debe anunciar la respuesta positiva de Cristo. Ambas tienen en Cristo, no una solución del enigma, pero sí un sentido profundo. Dios nos tiene destinados a la salud y a la vida. Eso se nos ha revelado en Cristo Jesús y su promesa sigue en pie: “El que cree en mi, aunque muera, vivirá; el que me come tiene vida eterna”.
  • Alrededor de Jesús surge la vida, la muerte es vencida y los desesperanzados renacen. Por la fe, celebramos la vida nueva que surge de la muerte de Jesús, esperamos contra toda esperanza, que la vida es más fuerte que la muerte aunque esta aparezca siempre como más poderosa con el rostro de la violencia, el caos, el dolor. El misterio de la vida está siempre cercano a la muerte; y la vida está ligada esencialmente al amor, y el amar consiste en dar la vida, dando vida libremente hasta la muerte.
  • El odio, el egoísmo, la insolidaridad, la injusticia, la pasividad engendran muerte. Quién lucha contra las formas de muerte, crea y comunica vida. Quién arriesga su vida y corre la carrera que le toca, sin retirarse, cansarse, desanimarse; quien da su vida por amor, hace posible la esperanza y la vida de los otros. Sólo el amor crea vida y la devuelve a quien la ha perdido.

 

Para discernir

 

  • ¿Me acerco a Jesús buscando el encuentro o sólo interesadamente?

  • ¿Creo en su poder salvador?
  • ¿Acepto sus caminos y sus tiempos?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Fijamos nuestros ojos en ti, Jesús

 

Para la lectura espiritual

 

…”Vivir como cristianos significa creer que Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre y crucificado por nuestros pecados. Aunque conoció la muerte, no fue retenido por sus lazos, sino que se levantó de entre los muertos y resucitó, y vive ahora para siempre de la vida del Dios vivo. Al ofrecer su vida al Padre por nosotros, recibió el poder de recuperarla. La cruz de Jesús se ha convertido así, por la omnipotencia del amor divino, en la cruz gloriosa, victoriosa y vivificante. Ella es ahora para nosotros la fuente de todo bien, de toda alegría y de toda curación. Es el camino de la libertad, así como el único secreto de la verdadera esperanza. Es para nosotros la fuente de la vida.

Sólo si dirigimos una mirada apaciguada y renovada a Jesús en la cruz empezaremos a aprender el amor de nuestro Dios. Sí, la cruz de Jesús nos revela la misericordia infinita de Dios: Jesús, dando su vida por nosotros, nos muestra que Dios es amor (cf. 1 Jn 4,8b).

Mantener fija la mirada sobre Jesús en la cruz, con la sencillez de una oración contemplativa, significa estar en relación viva con el Hombre-Dios entregado por nosotros, por amor a nosotros. No se trata de un problema para debatir: es el fuego del amor divino que quiere purificar, iluminar, incendiar nuestro corazón de creyentes. A este respecto, nada nos prueba la realidad de este amor ofrecido como la sangre derramada de Jesús. Al derramar toda su sangre por nosotros, nos muestra Jesús que su muerte es verdaderamente la muerte de un hombre, una muerte que tuvo lugar al término de los sufrimientos que le infligió la violencia de los hombres y que fueron aceptados por él. Meditar sobre la sangre de Jesús significa descifrar la prueba de su amor, de su amor que se entregó libremente y sin resistencia alguna en manos de los pecadores”…

 

J.-P. van Schoote – J.-C. Sagne, Miseria y misericordia, Magnano 1992, pp. 46-48, passim.

 

 

Para rezar

 

Oración del enfermo para aceptar la enfermedad

 

Señor, me coloco delante de Ti en actitud de oración.

Sé que Tú me oyes, penetras y ves.

Sé que estoy en Ti y que tu fuerza está en mí.

Mira este cuerpo mío marcado por la enfermedad.

Tú sabes, Señor, cuánto me cuesta sufrir.

Sé que Tú no te alegras con el sufrimiento de tus hijos.

Dame, Señor, fuerza y coraje para vencer

los momentos de desesperación y de cansancio.

Conviérteme en paciente y comprensivo, simple y modesto.

En este momento, Te ofrezco todas mis preocupaciones,

angustias y sufrimientos, para que yo sea más digno de Ti.

Acepta Señor que yo una mis sufrimientos a los de tu Hijo Jesús que,

por amor a los hombres, dio la vida en lo alto de la cruz.

Y ahora yo te pido, Señor: ayuda a los médicos

y enfermeras a tener la misma dedicación

y amor a los enfermos. Amén.

 

Miércoles IV

 

Jesús se asombraba de su falta de fe

 

Lectura de la Carta a los Hebreos 12, 4-7.11-15

 

Después de todo, en la lucha contra el pecado, ustedes no han resistido todavía hasta derramar su sangre.

Ustedes se han olvidado de la exhortación que Dios les dirige como a hijos suyos: Hijo mío, no desprecies la corrección del Señor, y cuando te reprenda, no te desalientes.

Porque el Señor corrige al que ama y castiga a todo aquel que recibe por hijo.

Si ustedes tienen que sufrir es para su corrección; porque Dios los trata como a hijos, y ¿hay algún hijo que no sea corregido por su padre?

Es verdad que toda corrección, en el momento de recibirla, es motivo de tristeza y no de alegría; pero más tarde, produce frutos de paz y de justicia en los que han sido adiestrados por ella.

Por eso, que recobren su vigor las manos que desfallecen y las rodillas que flaquean.

Y ustedes, avancen por un camino llano, para que el rengo no caiga, sino que se cure.

Busquen la paz con todos y la santificación, porque sin ella nadie verá al Señor.

Estén atentos para que nadie sea privado de la gracia de Dios, y para que no brote ninguna raíz venenosa capaz de perturbar y contaminar a la comunidad.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 103 (102), 1-2.13-14.17-18

 

R: El amor del Señor a los que le temen, permanece para siempre.

 

Bendice, alma mía, al Señor,

y todo mi ser a su santo nombre.

Bendice, alma mía, al Señor,

y no olvides sus beneficios. R.

 

Como un padre siente ternura por sus hijos,

siente el Señor ternura por sus fieles;

porque él conoce nuestra masa,

se acuerda de que somos barro. R.

 

Pero la misericordia del Señor dura siempre,

su justicia pasa de hijos a nietos:

para los que guardan la alianza. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Marcos    6,1-6

 

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: “¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?” Y esto les resultaba escandaloso.

Jesús les decía: “No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.” No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El autor de la carta a los Hebreos continúa intentando convencer a sus destinatarios a que soporten la prueba de su destierro lejos de Jerusalén. El brinda un nuevo argumento. Apelando a la experiencia común, presenta la idea de la corrección paterna, bastante original en el Nuevo Testamento.
  • Todos hemos tenido un padre que algunas veces nos ha castigado duramente, y aunque en ese momento, la corrección parecía injusta y difícil de soportar; más tarde la descubrimos beneficiosa y justa. Algo así ocurre con los acontecimientos desagradables de la vida, a los que el autor considera como otras tantas correcciones y castigos paternales.
  • La pedagogía de la corrección y del dolor nunca es cómoda ni placentera. El hecho de que venga de Dios, no mitiga el sufrimiento que toda corrección implica. El sufrimiento nos sacude y muchas veces purifica. Dios corrige a sus “hijos” como un Padre, para hacernos partícipes de la santidad” adquirida por Cristo.
  • Si castiga no es por sadismo, sino en nombre del amor. Dios quiere que lo aprovechemos todo para nuestro crecimiento. Cuando nos encontramos bajo el peso de la prueba, tratemos de ver en ella una señal misteriosa del amor del Padre, y estemos seguros de que El, nos acompaña porque nos ama.

***

  • En el Evangelio Jesús está de nuevo en Nazaret; volvió a “su patria”, y lo siguieron los discípulos. Llegó el sábado y se puso a enseñar en la sinagoga. La costumbre era invitar a un hombre a leer y comentar la Escritura. El jefe de la sinagoga confía este papel a Jesús, el antiguo carpintero del pueblo. Los oyentes se maravillaron porque el hijo de María y el hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón hablaba con sabiduría y realizaba milagros.
  • Jesús vuelve a encontrarse pues, en su medio ambiente y en su familia, y es mal visto por ellos. Por eso en su patria, no pudo hacer ningún milagro, salvo imponer las manos a algunos enfermos y curarlos. Se cumple una vez más lo de que «vino a los suyos y los suyos no lo recibieron», o como lo expresa Jesús: «nadie es profeta en su tierra». El anciano Simeón lo había dicho a sus padres; Jesús iba a ser piedra de escándalo y señal de contradicción.
  • El pueblo en general esperaba el reinado de David y su descendiente como dominador político y restaurador del Imperio de su padre, Jesús no era descendiente de sabios ni de sacerdotes y les proponía un Reino de Dios que no se afianza en estructuras políticas ni en el poder de dominio, sino en la misericordia y en la construcción de la igualdad social, de la solidaridad y de la fraternidad. El Señor no responde a estas expectativas, y eso se transforma en un obstáculo que les impide acercarse a la fe.
  • Por otro lado, si lo reconocen como el enviado de Dios, tendrán que aceptar también que el Reino está lleno de novedad y compromiso. La imposibilidad de hacer milagros se relaciona con esta falta de fe. El milagro supone la fe. Pero no se trata de una condición, como si la confianza del enfermo condicionara el éxito de su curación. La fe es necesaria para comprenderlo, para recibirlo. La fe no se adquiere por consanguinidad o por herencia.
  • La familiaridad excesiva y la rutina, son muchas veces enemigas de la valoración y del amor. Nos impiden reconocer la voz de Dios en los mil pequeños signos cotidianos de su presencia: en los acontecimientos, en las personas que viven con nosotros, a veces muy sencillas e insignificantes según el mundo, pero con una gran riqueza para nuestra vida.
  • No hay razones para quien se cierra a la evidencia. Éste pecado hace casi imposible la acción liberadora de Jesús. Con Jesús y con su Evangelio nos puede pasar exactamente lo mismo que a los compatriotas de Jesús. Escuchamos la Palabra, la damos por conocida y por eso deja de ser importante. Le ponemos la etiqueta de nuestra interpretación, la encasillamos y así perdemos la capacidad de asombro y la Palabra ya no puede hacer milagros.
  • Este Evangelio es una advertencia para que estemos siempre atentos a reconocer a Jesús, la novedad de su palabra, en sus sacramentos, en la vida de los hermanos que trabajan por servir a los demás, realizando nuevamente los milagros de la misericordia y de la acogida que realizaba Jesús.
  • Cristo sale a nuestro encuentro de una y mil formas. Quiere encontrarnos, hablarnos, tocar nuestra vida. Necesitamos, deshacernos de prejuicios para abrirnos a la gracia y poder reconocerlo y recibirlo, dejarlo entrar hasta el fondo. Vino a los suyos, – los suyos somos nosotros – y los suyos necesitamos reconocerlo para que el mundo lo conozca.

 

Para discernir

 

  • ¿Acepto la verdad de los demás sin prejuicios?
  • ¿Pongo en mi conocimiento de los demás por encima de sus posibilidades?
  • ¿Soy permeable a lo que Dios me puede mostrar en lo cotidiano?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Quiero descubrir tu presencia cada día y darte a conocer

 

Para la lectura espiritual

 

…”Oh, si comprendiéramos de una vez lo que dice la Escritura; a saber, que «contra su deseo humilla y aflige a los hijos del hombre» (Lam 3,33), que, frente a la desventura de su pueblo, su corazón se conmueve por dentro y, en su interior, se estremece de compasión (cf. Os 11,8), entonces sería muy diferente nuestra reacción y exclamaríamos más bien: «Perdónanos, Padre, si con nuestro pecado te hemos obligado a tratar tan duramente a tu Hijo amado. Perdónanos si ahora te obligamos a afligirnos también a nosotros para poder salvarnos, mientras que tú sólo querías dar «cosas buenas» a tus hijos.

Cuando yo era un muchacho, desobedecí una vez a mi padre yendo, descalzo, a un lugar donde él me había recomendado no ir. Un grueso trozo de vidrio me hirió la planta del pie. Era durante la guerra y mi pobre padre tuvo que hacer frente a no pocos riesgos para llevarme al médico militar aliado más próximo. Mientras éste me extraía el vidrio y me curaba la herida, veía a mi padre retorcerse las manos y volver la cara hacia la pared para no ver. ¿Qué hijo hubiera sido yo si, al volver a casa, le hubiera echado en cara haberme dejado sufrir de aquel modo, sin hacer nada? Sin embargo, eso es lo que hacemos nosotros, la mayoría de las veces, con Dios.

La verdad es, por consiguiente, otra. Somos nosotros quienes hacemos sufrir a Dios, no él quien nos hace sufrir. Pero nosotros le hemos dado la vuelta a esta verdad, hasta el punto de preguntarnos, después de cada nueva calamidad: «¿Dónde está Dios? ¿Cómo puede permitir todo esto?». Es verdad, Dios podría salvarnos también sin la cruz, pero sería una cosa completamente diferente y él sabe que algún día nos avergonzaríamos de haber sido salvados de este modo, pasivamente, sin haber podido colaborar en nada a nuestra felicidad”…

 

R. Cantalamessa, La fuerza de la cruz, pp. 33ss edición española, Monte Carmelo, Burgos 20011

 

 

Para rezar

 

Creo en Dios, fuente inagotable de vida;
comunidad que vive y nos llama a vivir en comunión infinita de amor.
Creo en Dios que, con amor de Padre y Madre, engendra y da a luz a este
mundo, lo amamanta, lo protege, lo educa y lo renueva constantemente.
Creo en Jesús de Nazaret, el primero de los últimos,
el último de los primeros; expresión plena de la humanidad de Dios.
Creo en el Espíritu Santo, matriz ecuménica; presente donde quiera que la
vida está fluyendo.
Creo en el ser humano como proyecto inacabado de Dios,
pero predestinado a convertirse en su verdadera imagen y semejanza.
Creo que la historia es el registro de la relación dialógica entre Dios y los
seres humanos; un diálogo plenamente libre y totalmente abierto al futuro.
Creo en el reino de Dios como realidad plenificante aunque todavía no plena y
como utopía que alimenta nuestra esperanza y moviliza y orienta nuestra
práctica de fe.
Creo en la iglesia como pregón de ese reino. Creo en ella como avanzada del
Pueblo de Dios; llamada, como “sal de la tierra” y “luz del mundo”, a darle
sabor y sentido a la existencia de éste.
Creo en la vida después de la muerte como el reencuentro gozoso de todas las
criaturas con el Creador en la fiesta final y eterna del Universo.
En eso creo. Amén.

 

Ary Fernández Albán

 

Jueves IV

 

Los envió

 

Lectura de la carta a los Hebreos    12, 18-19. 21-24

 

Hermanos:

Ustedes, en efecto, no se han acercado a algo tangible: fuego ardiente, oscuridad, tinieblas, tempestad, sonido de trompeta, y un estruendo tal de palabras, que aquellos que lo escuchaban no quisieron que se les siguiera hablando. Este espectáculo era tan terrible, que Moisés exclamó: Estoy aterrado y tiemblo.

Ustedes, en cambio, se han acercado a la montaña de Sión, a la Ciudad del Dios viviente, a la Jerusalén celestial, a una multitud de ángeles, a una fiesta solemne, a la asamblea de los primogénitos cuyos nombres están escritos en el cielo. Se han acercado a Dios, que es el Juez del universo, y a los espíritus de los justos que ya han llegado a la perfección, a Jesús, el mediador de la Nueva Alianza, y a la sangre purificadora que habla más elocuentemente que la de Abel.

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO    Sal 47, 2-3a. 3b-4. 9. 10-11 (R.: cf. 10)

 

R.    Hemos recibido tu misericordia en medio de tu templo, Señor.

 

El Señor es grande y digno de alabanza,

en la Ciudad de nuestro Dios.

Su santa Montaña, la altura más hermosa,

es la alegría de toda la tierra. R.

 

La Montaña de Sión, la Morada de Dios,

es la Ciudad del gran Rey:

el Señor se manifestó como un baluarte

en medio de sus palacios. R.

 

Hemos visto lo que habíamos oído

en la Ciudad de nuestro Dios,

en la Ciudad del Señor de los ejércitos,

que él afianzó para siempre. R.

 

Nosotros evocamos tu misericordia

en medio de tu Templo, Señor.

Tu alabanza, lo mismo que tu renombre,

llega hasta los confines de la tierra.

Tu derecha está llena de justicia. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Marcos    6, 7-13

 

Jesús llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros.

Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero; que fueran calzados con sandalias y que no tuvieran dos túnicas.

Les dijo: «Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir. Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos.»

Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • La carta a los Hebreos sigue comparando las instituciones del Antiguo Testamento con las del Nuevo Testamento, que en Cristo Jesús han encontrado plenitud de sentido y superan en mucho a las antiguas.
  • En este párrafo se refiere al acontecimiento de la primera Alianza que se presentó de modo espectacular: con fuego, estrépito de trompetas y nubarrones en monte Sinaí. Pero una Alianza dictada bajo el signo del miedo.
  • La nueva y definitiva Alianza en Cristo Jesús se describe en el monte Sión, más amable, con ángeles y multitud de creyentes que gozan en el cielo. Dios es juez justo y Jesús el Mediador que nos ha purificado con su Sangre. Por todo esto; esta alianza está bajo el signo de la confianza.
  • La Nueva Alianza es motivos de alegría porque pertenecemos a una comunidad que es congregada por el Espíritu de Dios en torno a Cristo. Ahora el lugar de la Alianza no es un monte: es la persona misma del Señor Resucitado, Jesús.

***

  • Marcos nos ha presentado durante los cinco primeros capítulos a “Jesús con sus discípulos”, frente a la muchedumbre, a los adversarios”. En el momento del llamado había dicho: “Jesús estableció a doce para estar con Él y para enviarlos…” Hoy, Jesús los “envía” y será la primera vez que realizarán algo sin Jesús.
  • Los envía a que prediquen la Buena Nueva, con autoridad para expulsar demonios y con la advertencia de que puede ser que en algunos lugares los reciban y en otros no. Los hace partícipes de su misión mesiánica. El envío es a realizar y a vivir exactamente lo mismo que hemos visto hacer y vivir a Jesús en estos cinco capítulos. Busca quien colabore en la tarea de la evangelización.
  • Pero ser enviado tiene una serie de exigencias necesarias para la credibilidad de la acción evangelizadora. Jesús les ha enseñado que la predicación no debe ser sólo de palabra sino que debe ser ratificada con la vida. Por eso irán en comunidad, de dos en dos, apoyados los unos en los otros. No pretenderán imponer el mensaje por la fuerza, ni con las armas que dan el dinero o el poder. Han de realizar los mismos gestos de Jesús: sanar a los enfermos, llamar y acoger a los pecadores, consolar a los afligidos, denunciar las injusticias, bendecir a los niños, liberar a los oprimidos.
  • El bastón y las sandalias eran imprescindibles para los viajes largos; por eso deben llevarlos. Por el contrario, llevar puestas dos túnicas era señal de riqueza, por eso llevarán sólo una. El vestido refleja la clase social a la que se pertenece; ellos deben estar al nivel de la gente modesta o pobre. No llevarán alforja porque no aceptarán nada para ser guardado. Al depender de la buena voluntad de los demás desaparece toda pretensión de superioridad. Igualdad, solidaridad humana, confianza mutua, dignidad, carencia total de ambición, sencillez, apertura a la salvación es el mensaje que han de transmitir con sus propias vidas.
  • Ser llamado a ser discípulo de Jesús desencadena una dinámica de transformación de la vida entera. Esta transformación, puesta de manifiesto en un estilo de vida y valores distintos a los que vive el mundo, serán su carta de presentación en sociedad.
  • A todos los cristianos Jesús nos hace la invitación a ser discípulos y misioneros del Reino, que también es invitación a no apegarnos a nada que se interponga en la vivencia del proyecto del Reino de Dios en nuestras vidas y en la vida de la comunidad. Siempre existe el riesgo de que el proyecto de Jesús y de la primitiva comunidad, pase a un segundo plano por cuidar nuestros intereses y los de nuestras instituciones.
  • La Iglesia no puede estar al servicio de ella misma ni de sus estructuras. La Iglesia tiene la función, en esta historia humana, de estar siempre al servicio del Reino de Dios.
  • Desde la experiencia radicalidad Evangélica enseñada por Jesús, podremos ser una Iglesia con capacidad de sanar a los individuos y a la sociedad del egoísmo que mata y podrá expulsar los demonios que generan la corrupción, el empobrecimiento y la muerte, en definitiva, el pecado.
  • Pobres, sin falsas seguridades, libres, hermanados y solidarios, confiados y esperanzados, abiertos y acogedores… Así quiere Jesús a sus discípulos y misioneros en medio del mundo también hoy.

 

Para discernir

 

  • ¿Reconozco el llamado del Señor a ser discípulo y misionero del reino?
  • ¿Dónde coloco mis seguridades?
  • ¿Considero que la radicalidad del evangelio es una exigencia para algunos pocos?

 

Para rezar

 

Bienaventuranzas del Misionero II

 

Bienaventurado el MISIONERO que vive enamorado de Cristo, que se fía de Él como de lo más necesario y absoluto, porque no quedará desilusionado.

Bienaventurado el MISIONERO que mantiene su ideal y su ilusión por el Reino y no pierde el tiempo en cosas accidentales, porque Dios acompaña a los que siguen su ritmo.

Bienaventurado el MISIONERO que no tiene nada, y lo que es y posee lo gasta en servicio de sus hermanos, porque Cristo será toda su riqueza.

Bienaventurado el MISIONERO que se sabe necesario donde la Iglesia lo reclame, pero que en ningún lado se siente indispensable, porque experimentará el gozo del deber cumplido.

Bienaventurado el MISIONERO que sabe poner su oído en el corazón de Dios para escuchar sus deseos, porque el Espíritu lo ayudará a discernir los acontecimientos.

Bienaventurado el MISIONERO que no se enorgullece de sus éxitos y reconoce que el Espíritu hace todo en todos, porque se verá libre de ataduras.

Bienaventurado el MISIONERO que siempre tiene un tiempo para contemplar a Dios, a los hombres y al mundo, porque habrá entendido el valor de ser hijo, hermano y señor.

 

Viernes IV

 

Jesucristo es el mismo ayer y hoy, y siempre

 

Lectura de la carta a los Hebreos    13, 1-9a

 

Hermanos:

Perseveren en el amor fraternal. No se olviden de practicar la hospitalidad, ya que gracias a ella, algunos, sin saberlo, hospedaron a los ángeles. Acuérdense de los que están presos, como si ustedes lo estuvieran con ellos, y de los que son maltratados, como si ustedes estuvieran en su mismo cuerpo.

Respeten el matrimonio y no deshonren el lecho conyugal, porque Dios condenará a los lujuriosos y a los adúlteros.

No se dejen llevar de la avaricia, y conténtense con lo que tienen, porque el mismo Dios ha dicho: No te dejaré ni te abandonaré. De manera que podemos decir con plena confianza: El Señor es mi protector: no temeré. ¿Qué podrán hacerme los hombres?

Acuérdense de quienes los dirigían, porque ellos les anunciaron la Palabra de Dios: consideren cómo terminó su vida e imiten su fe.

Jesucristo es el mismo ayer y hoy, y lo será para siempre.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 26, 1. 3. 5. 8b-9abc (R.: 1a)

 

R.    El Señor es mi luz y mi salvación.

 

El Señor es mi luz y mi salvación,

¿a quién temeré?

El Señor es el baluarte de mi vida,

¿ante quién temblaré? R.

 

Aunque acampe contra mí un ejército,

mi corazón no temerá;

aunque estalle una guerra contra mí,

no perderé la confianza. R.

 

Sí, él me cobijará en su Tienda de campaña

en el momento del peligro;

me ocultará al amparo de su Carpa

y me afirmará sobre una roca. R.

 

Yo busco tu rostro, Señor,

no lo apartes de mí.

No alejes con ira a tu servidor,

tú, que eres mi ayuda. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Marcos    6, 14-29

 

El rey Herodes oyó hablar de Jesús, porque su fama se había extendido por todas partes. Algunos decían: «Juan el Bautista ha resucitado, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos» Otros afirmaban: «Es Elías.» Y otros: «Es un profeta como los antiguos.» Pero Herodes, al oír todo esto, decía: «Este hombre es Juan, a quien yo mandé decapitar y que ha resucitado.»

Herodes, en efecto, había hecho arrestar y encarcelar a Juan a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con la que se había casado. Porque Juan decía a Herodes: «No te es lícito tener a la mujer de tu hermano.» Herodías odiaba a Juan e intentaba matarlo, pero no podía, porque Herodes lo respetaba, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía. Cuando lo oía, quedaba perplejo, pero lo escuchaba con gusto.

Un día se presentó la ocasión favorable. Herodes festejaba su cumpleaños, ofreciendo un banquete a sus dignatarios, a sus oficiales y a los notables de Galilea. La hija de Herodías salió a bailar, y agradó tanto a Herodes y a sus convidados, que el rey dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras y te lo daré.» Y le aseguró bajo juramento: «Te daré cualquier cosa que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.» Ella fue a preguntar a su madre: « ¿Qué debo pedirle?» «La cabeza de Juan el Bautista», respondió esta.

La joven volvió rápidamente a dónde estaba el rey y le hizo este pedido: «Quiero que me traigas ahora mismo, sobre una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista.»

El rey se entristeció mucho, pero a causa de su juramento, y por los convidados, no quiso contrariarla. En seguida mandó a un guardia que trajera la cabeza de Juan. El guardia fue a la cárcel y le cortó la cabeza. Después la trajo sobre una bandeja, la entregó a la joven y esta se la dio a su madre.

Cuando los discípulos de Juan lo supieron, fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El final de la Epístola a los Hebreos recomienda algunas actitudes muy prácticas. La fe no es solamente intelectual: se traduce en conductas y compromisos concretos.
  • En primer lugar aparece la hospitalidad. Si bien el huésped era considerado sagrado, en tiempos de persecuciones, la hospitalidad equivalía a la protección del indefenso, del perseguido, del buscado por su fe y a quien había que proteger recibiéndolo y ocultándolo, aún con todo el riesgo que ello suponía. Junto a esto aparece la atención a aquellos que están en prisión recordando la regla de oro que proporciona el evangelio: “hagan con los otros lo que quieren que hagan con ustedes”.
  • La castidad del matrimonio es otra realidad enunciada. Santificados por Cristo y participantes ya del cielo, el cristiano no puede comportarse, en la sexualidad, como el que no tiene esperanza.
  • En relación con el dinero se condena la avaricia. Al fundamentar nuestra vida en las cosas materiales excluimos a Dios y su providencia del horizonte de toda vida humana.
  • Por último, se invita a recordar a los pastores y dirigentes. Su muerte es presentada como ejemplo de fe cimentada en Cristo, que es inmutable, el mismo ayer, hoy y por los siglos.

***

  • La actividad misionera de Jesús, prolongada ahora en los discípulos, extiende la fama pero también los interrogantes sobre su persona. Entre el envío de los discípulos y el regreso de su misión, Marcos introduce dos relatos, en el primero la gente opina sobre Jesús y en el segundo se presenta el martirio de Juan el Bautista.
  • El evangelista, de forma sutil pero clara, está anunciando la suerte que correrá Jesús con su predicación tan impetuosa y transformadora, y la posible suerte que correrían el grupo de sus discípulos, si se comprometen con seriedad y dedicación al anuncio de la llegada inminente del Reino, y de la necesidad de un cambio de vida para asumir esta causa.
  • Juan el Bautista es admirado por su ejemplo de entereza en la defensa de la verdad y su valentía en la denuncia del mal. Por eso Herodes lo aprecia y respeta, a pesar de que, esa denuncia lo perjudicaba. Pero la debilidad de este rey, que le había quitado injustamente la mujer a su hermano Felipe, y las intrigas de la mujer y de su hija, acabaron con su vida. El profeta no podía permanecer imparcial ante esta injusticia.
  • Herodías, aprovechó la fiesta de cumpleaños de Herodes y utilizando a su hija como señuelo, la hizo danzar. Esto agradó tanto a Herodes que prometió a la joven darle lo que pidiese, incluso si fuera necesario la mitad de su reino. A Herodías, le bastó la cabeza del profeta. Herodes por no quedar mal ante la corte se ve obligado a cumplir su promesa.
  • Juan el Bautista es fiel, hasta sus últimas consecuencias, a Aquel que lo envió. Al entregar su vida, da paso para que la Buena Nueva del amor de Dios, a los hombres, se centre sólo en Aquel que Dios nos envía.
  • Si bien el Señor no pide a todos los cristianos que derramen su sangre en testimonio de su fe, reclama de todos una firmeza heroica, para proclamar la verdad con la vida y la palabra en medio del mundo, en las circunstancias en las que nos ha colocado la vida. Habrá ocasiones en las que no podremos permanecer en silencio, sino que tendremos que denunciar el mal allí donde se manifiesta. No podemos pasar de largo ante la pobreza, el hambre provocada por sistemas injustos. No podemos cerrar la boca ante los desvalidos que son injustamente tratados. No podemos poner la mirada en otra parte cuando vemos el deterioro que la droga, la falta de oportunidades y una cultura vacía de valores, provocan en las generaciones más jóvenes.
  • Pero no sólo podemos limitarnos a denunciar el pecado; Cristo tiene que llegar a todos como verdad, vida y camino de salvación. Por eso, abiertos al Evangelio y a las inspiraciones del Espíritu Santo, tenemos que ser creativos, al proponer caminos que, desde el Evangelio, ayuden al hombre a verse libre de sus esclavitudes.
  • Derramar hoy nuestra sangre por fidelidad al Evangelio, es no tener miedo a derramar nuestro tiempo, nuestras capacidades en la lucha por el bien de nuestros hermanos, con la certeza que sólo el Señor es nuestra herencia. Vivamos en plenitud nuestro compromiso con el Señor y, con la misión que Él nos ha confiado, con palabras valientes, pero sobre todo con una vida coherente que sea como un signo profético en medio de un mundo que levanta altares a dioses falsos.

 

Para discernir

 

  • ¿Vivimos la verdad del Evangelio a medias?
  • ¿Nos animamos a dar un paso más aunque nos cueste tiempo y renuncias?
  • ¿Estamos dispuestos nosotros, a seguir el camino de la entrega incondicional?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Mi corazón no temerá

 

Para la lectura espiritual

 

…Ésta fue la tarea de Jesús como sumo sacerdote de la nueva alianza, mediador entre el Padre y la humanidad pecadora: en primer lugar, abrió el acceso al santo de los santos y lo recorrió él mismo. Allí es donde Jesús ora ahora, en este «ahora» sin límites de la eternidad que nuestro tiempo creado no puede fijar ni hacernos alcanzar, a no ser a través de la oración. Jesús es así, para siempre, el hombre de la oración, nuestro sumo sacerdote que intercede. Tal es y tal permanece así «ayer, hoy y siempre» (Heb 13,8). Allí arriba, en Jesús resucitado, se encuentra también la fuente perenne de nuestra oración de aquí abajo. Gracias a la oración estamos cerca de él, rotos y sobrepasados los límites del tiempo, y respiramos en la eternidad, manteniéndonos en presencia del Padre, unidos a Jesús.

Para llegar allí es necesario recorrer aquí abajo el mismo camino que el Salvador, no hay ningún otro: el de la cruz y el de la muerte. La misma carta a los Hebreos observa que Jesús padeció la muerte fuera de las puertas de la ciudad. En consecuencia, los cristianos también deben salir «a su encuentro fuera del campamento y carguemos también nosotros con su oprobio (Heb 13,13), es decir, la vergüenza de la cruz. Todo bautizado lleva en él el deseo de este éxodo hacia Cristo. «No tenemos aquí ciudad permanente, sino que aspiramos a la ciudad futura (Heb 13,14), allí donde está presente Jesús ahora. También nosotros estamos ya allí, en la medida en que, mediante la oración, habitamos junto a él. «Así pues, ofrezcamos a Dios sin cesar por medio de él un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que bendicen su nombre» (Heb 13,15). En efecto, el cristiano, que camina tras las huellas de Jesús, ofrece como él un sacrificio de oración. Confiesa e invoca constantemente su nombre. Y después, en el amor, comparte todo con sus hermanos”…

 

Louf, El espíritu ora en nosotros, Narcea, Madrid 1985.

 

Para rezar

 

Oración de un Misionero Mártir

 

Que mis manos sean las tuyas.
Que mis ojos sean los tuyos.
Que mi lengua sea la tuya.
Que mis sentidos y mi cuerpo
no sirvan sino para glorificarte.

Pero sobre todo: transfórmame:
¡Que mi memoria, mi inteligencia,
mi corazón, sean tu memoria,
tu inteligencia y tu corazón!

¡Que mis acciones y mis sentimientos,
sean semejantes a tus acciones y
a tus sentimientos!

Amén

Juan Gabriel Perboyre – (Patrono de Oceanía)

 

Sábado IV

 

Eran como ovejas sin pastor

 

Lectura de la carta a los Hebreos    13, 15-17. 20-21

 

Hermanos:

Por medio de Jesús, ofrezcamos sin cesar a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que confiesan su Nombre. Hagan siempre el bien y compartan lo que poseen, porque esos son sacrificios agradables a Dios.

Obedezcan con docilidad a quienes los dirigen, porque ellos se desvelan por ustedes, como quien tiene que dar cuenta. Así ellos podrán cumplir su deber con alegría y no penosamente, lo cual no les reportaría a ustedes ningún provecho.

Que el Dios de la paz -el mismo que resucitó de entre los muertos a nuestro Señor Jesús, el gran Pastor de las ovejas, por la sangre de una Alianza eterna- los capacite para cumplir su voluntad, practicando toda clase de bien. Que él haga en nosotros lo que es agradable a sus ojos, por Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO     Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6 (R.: 1)

 

R.    El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.

 

El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.

El me hace descansar en verdes praderas,

me conduce a las aguas tranquilas

y repara mis fuerzas. R.

 

Me guía por el recto sendero,

por amor de su Nombre.

Aunque cruce por oscuras quebradas,

no temeré ningún mal,

porque tú estás conmigo:

tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.

 

Tú preparas ante mí una mesa,

frente a mis enemigos;

unges con óleo mi cabeza

y mi copa rebosa. R.

 

Tu bondad y tu gracia me acompañan

a lo largo de mi vida;

y habitaré en la Casa del Señor,

por muy largo tiempo. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Marcos    6, 30-34

 

Los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. El les dijo: «Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco.» Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer.

Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto. Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos.

Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Toda la Epístola de los Hebreos nos ha mostrado que hay un solo sacerdote, Jesucristo. Jesús instituyó a unos ministros que han de conformarse al modelo único. No obstante la epístola, acaba hablando del sacerdocio común a todos los bautizados. Todos los cristianos son invitados a «ofrecer sin cesar un sacrificio de alabanza».
  • No se trata pues del servicio cultual hecho en el santuario, sino del culto espiritual, que consiste en ofrecer toda la vida, en todos los ámbitos en que nos encontramos.
  • La primera manifestación de nuestro sacerdocio, el primer sacrificio que ofrecemos es nuestra «fe», sacrificio de nuestra autonomía, de nuestro modo de pensar, para adoptar el punto de vista de Dios.
  • La segunda manifestación de nuestro sacerdocio, el segundo sacrificio que ofrecemos es nuestra «caridad»: amar, compartir, renunciarse a sí mismo, para adoptar el punto de vista de los demás. La verdadera “comunión” de Iglesia supone vaciarse de sí mismo o de las propias ventajas. La kénosis y obediencia de Cristo al Padre fue así.
  • La ofrenda de Cristo, su “si”, encuentra eco en todo corazón que se hace transparente ante la mirada de Dios. Dios sólo espera de nosotros que tengamos un corazón abierto y que sepamos hacer nuestro, el “sí” de Jesucristo al Padre. Nuestra verdadera riqueza consiste en esta capacidad de pronunciar continuamente el “sí” de Jesús al Padre, en medio de todas las circunstancias de nuestra vida.
  • Así, toda nuestra vida será una ofrenda.

***

  • Una vez relatado el martirio de Juan Bautista que escuchamos ayer Marcos relata que volvieron los apóstoles a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Jesús se da cuenta de que lo que más necesitan en ese momento es un poco de descanso junto a Él, para reponer fuerzas y revisar su actuación. Ese es el plan que les propone. Solo que las necesidades de los pobres, son más urgentes que el descanso de los misioneros.
  • La fuerza del anuncio del Reino, aunque se aleje por el lago, sigue presente en la tierra porque ya ha sido sembrado. Al llegar al lugar del descanso, Jesús se da cuenta de que lo ha seguido una gran cantidad de personas; y el evangelista, con términos muy tiernos, presenta a Jesús “compadecido de la multitud que anda como ovejas sin pastor”.
  • Jesús, por medio de su ministerio de misericordia y de liberación, fue ganando espacio en medio de los pobres del pueblo. El pueblo tenía hambre y sed de justicia, de solidaridad, de igualdad, de consuelo, de Palabra de Dios y en Jesús encontraban aquello que no le brindaban sus pastores. Su palabra era comprendida por el pueblo como el mensaje de Dios les dirigía. Su actuar era visto y asimilado como el tiempo de gracia que Dios instauraba en medio del pueblo.
  • Dios siente compasión de su pueblo cansado de la marginación y el abuso. Por eso en Jesús, el Padre manifiesta su amor y su compasión a aquella multitud que lo seguía para recibir la vida, que provenía de su palabra y de su forma de vivir. El pueblo experimentó en la persona de Jesús la misericordia de Dios hecha carne, hecha humanidad. Por eso no importaba la distancia, no importaban los horarios, no importaba lo establecido por la ley. Lo importante era experimentar a Dios mismo y la ternura de su amor.
  • Jesús asume el compromiso de pastor de su pueblo, y le enseña, lo orienta, lo guía y lo instruye.
  • También nuestro pueblo hoy, ante este modelo social y cultural que se ha impuesto, sigue teniendo hambre de valores de humanidad. Nuestro pueblo, también vive situaciones de muerte y de desolación y muchas veces no tiene quién lo mire y le enseñe con misericordia.
  • Como Iglesia, fiel a su maestro, tenemos abrir nuestras entrañas de misericordia para responder a ese pueblo al que pertenecemos; al que hemos sido enviados y al que tenemos la obligación de anunciarle la Buena Nueva de Jesús.
  • Pero esto no puede hacerse desde afuera. Para que no sea mera ideología o asistencialismo, debe hacerse al modo de Jesús: desde la compasión. Compadecer significa “padecer con”, es decir, estar al lado, compartir el sufrimiento del otro. El término tiene que ver con las entrañas, es decir, compartir desde las entrañas, desde lo más profundo, el dolor de los demás. Y esto implica involucrarnos, romper esquemas, romper horarios y estar siempre dispuestos a amar y a dar testimonio y razón de nuestra fe y esperanza; sin pasar de largo ante el dolor, ante la angustia de las personas porque ni éstas, ni Dios se toman vacaciones.
  • Compasivos para ser creativos, con la creatividad que viene del Espíritu Santo, para que el Señor sea encontrado, conocido, amado y se transforme en fuente de vida y vida en abundancia.

 

Para discernir

 

  • ¿Ante el dolor de nuestro pueblo experimentamos lástima o compasión?
  • ¿Creo en el poder de la Buena Noticia?
  • ¿Asumo el proyecto social de Jesús?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Crea en mí Señor un corazón compasivo

 

Para la lectura espiritual

 

…”«La pasión del Señor», escribió León Magno, «se prolonga hasta el fin del mundo». ¿Dónde «está agonizando» hoy Jesús? En muchísimos lugares y situaciones. Pero fijemos nuestra atención en una sola de ellas: la pobreza. Cristo está clavado en la cruz en los pobres. La primera cosa que hemos de hacer, por tanto, es echar fuera nuestras defensas y dejarnos invadir por una sana inquietud. Hacer que entren los pobres en nuestra carne. Darnos cuenta de ellos indica una imprevista apertura de los ojos, un sobresalto de la conciencia [...].

Con la venida de Jesucristo el problema de los pobres ha tomado una dimensión nueva. Aquel que pronunció sobre el pan las palabras: «Esto es mi cuerpo», las dijo también de los pobres cuando declaró solemnemente: «Conmigo lo hicisteis». Hay un nexo bastante estrecho entre la eucaristía y los pobres. Lo que debemos hacer concretamente por los pobres podemos resumirlo en tres palabras: evangelizarlos, amarlos, socorrerlos.

Evangelizarlos: hoy también tienen derecho a oír la Buena Noticia:

«Bienaventurados los pobres». Porque ante vosotros se abre una posibilidad inmensa, cerrada, o bastante difícil, a los ricos: el Reino.

Amar a los pobres: significa antes que nada respetarlos y reconocer su dignidad. En ellos brilla -precisamente por la falta de otros títulos y distinciones- con una luz más viva la dignidad radical del ser humano. Los pobres no merecen sólo nuestra compasión; merecen también nuestra admiración.

Por último, socorrer a los pobres: aunque hoy ya no basta con la simple limosna; haría falta una movilización coral de toda la cristiandad para liberar a los millones de persones que mueren de hambre, de enfermedades y de miseria. Esta sería una cruzada digna de tal nombre, es decir, de la cruz de Cristo”…

 

R. Cantalamessa – edición española: La fuerza de la cruz – Monte Carmelo, Burgos 2001

 

Para rezar

 

Oración del enviado

 

“Vayan por todo el mundo…”
Estas palabras están dichas para mí.
Soy continuador de tu obra.
Soy tu compañero en la misión.

La mies es mucha y los operarios pocos.
Quiero ser uno de ellos.
Muchas personas están caídas y pasamos de largo.
Quiero ser buen samaritano.

Conviérteme primero a mí,
para que yo pueda anunciar a otros
la Buena Noticia.

Dame audacia.
En este mundo escéptico y autosuficiente,
tengo miedo.

Dame esperanza.
En esta sociedad recelosa y cerrada,
yo también tengo poca confianza en las personas.

Dame amor.
En esta tierra no solidaria y fría
yo también siento poco amor.

Dame constancia.
En este ambiente cómodo y superficial,
yo también me canso fácilmente.

Conviérteme primero a mí,
para que yo pueda anunciar a otros
la Buena Noticia.

 

 

 


 

TIEMPO DTE EL AÑO – SEMANA III – CICLO C

TIEMPO DTE EL AÑO – CICLO C

Domingo de la 3ra.semana

 

Lunes III

 

Martes III

 

Miércoles III

 

Jueves III

 

Viernes III

 

Sábado III

2 de febrero

La Presentación del Señor (F)

 

TIEMPO DTE EL AÑO – CICLO C

Domingo de la 3ra.semana

 

Esto se ha cumplido hoy

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Nehemías    8, 2-4a. 5-6. 8-10

 

El sacerdote Esdras trajo la Ley ante la Asamblea, compuesta por los hombres, las mujeres y por todos los que podían entender lo que se leía. Era el primer día del séptimo mes.

Luego, desde el alba hasta promediar el día, leyó el libro en la plaza que está ante la puerta del Agua, en presencia de los hombres, de las mujeres y de todos los que podían entender. Y todo el pueblo seguía con atención la lectura del libro de la Ley.

Esdras, el escriba, estaba de pie sobre una tarima de madera que habían hecho para esa ocasión. Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo -porque estaba más alto que todos- y cuando lo abrió, todo el pueblo se puso de pie.

Esdras bendijo al Señor, el Dios grande, y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: « ¡Amén! ¡Amén!» Luego se inclinaron y se postraron delante del Señor con el rostro en tierra.

Ellos leían el libro de la Ley de Dios, con claridad, e interpretando el sentido, de manera que se comprendió la lectura.

Entonces Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote escriba, y los levitas que instruían al pueblo, dijeron a todo el pueblo: «Este es un día consagrado al Señor, su Dios: no estén tristes ni lloren.» Porque todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la Ley.

Después añadió: «Ya pueden retirarse; coman bien, beban un buen vino y manden una porción al que no tiene nada preparado, porque este es un día consagrado a nuestro Señor. No estén tristes, porque la alegría en el Señor es la fortaleza de ustedes.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 18, 8. 9. 10. 15 (R.: cf. Jn 6, 63c)

 

R.    Tus palabras, Señor, son Espíritu y Vida.

 

La ley del Señor es perfecta,

reconforta el alma;

el testimonio del Señor es verdadero,

da sabiduría al simple. R.

 

Los preceptos del Señor son rectos,

alegran el corazón;

los mandamientos del Señor son claros,

iluminan los ojos. R.

 

La palabra del Señor es pura,

permanece para siempre;

los juicios del Señor son la verdad,

enteramente justos. R.

 

¡Ojalá sean de tu agrado

las palabras de mi boca,

y lleguen hasta ti mis pensamientos,

Señor, mi Roca y mi redentor! R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto    12, 12-30

 

Hermanos:

Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo. Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo -judíos y griegos, esclavos y hombres libres- y todos hemos bebido de un mismo Espíritu.

El cuerpo no se compone de un solo miembro sino de muchos. Si el pie dijera: «Como no soy mano, no formo parte del cuerpo», ¿acaso por eso no seguiría siendo parte de él? Y si el oído dijera: «Ya que no soy ojo, no formo parte del cuerpo», ¿acaso dejaría de ser parte de él? Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿dónde estaría el oído? Y si todo fuera oído, ¿dónde estaría el olfato?

Pero Dios ha dispuesto a cada uno de los miembros en el cuerpo, según un plan establecido. Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?

De hecho, hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo. El ojo no puede decir a la mano: «No te necesito», ni la cabeza, a los pies: «No tengo necesidad de ustedes.» Más aún, los miembros del cuerpo que consideramos más débiles también son necesarios, y los que consideramos menos decorosos son los que tratamos más decorosamente. Así nuestros miembros menos dignos son tratados con mayor respeto, ya que los otros no necesitan ser tratados de esa manera.

Pero Dios dispuso el cuerpo, dando mayor honor a los miembros que más lo necesitan, a fin de que no haya divisiones en el cuerpo, sino que todos los miembros sean mutuamente solidarios. ¿Un miembro sufre? Todos los demás sufren con él. ¿Un miembro es enaltecido? Todos los demás participan de su alegría.

Ustedes son el Cuerpo de Cristo, y cada uno en particular, miembros de ese Cuerpo.

En la Iglesia, hay algunos que han sido establecidos por Dios, en primer lugar, como apóstoles; en segundo lugar, como profetas; en tercer lugar, como doctores. Después vienen los que han recibido el don de hacer milagros, el don de curar, el don de socorrer a los necesitados, el don de gobernar y el don de lenguas. ¿Acaso todos son apóstoles? ¿Todos profetas? ¿Todos doctores? ¿Todos hacen milagros? ¿Todos tienen el don de curar? ¿Todos tienen el don de lenguas o el don de interpretarlas?

 

Palabra de Dios.

 

O bien más breve:

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto    12, 12-14. 27

 

Hermanos:

Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo. Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo -judíos y griegos, esclavos y hombres libres- y todos hemos bebido de un mismo Espíritu.

El cuerpo no se compone de un solo miembro sino de muchos.

Ustedes son el Cuerpo de Cristo, y cada uno en particular, miembros de ese Cuerpo.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    1, 1-4; 4, 14-21

 

Muchos han tratado de relatar ordenadamente los acontecimientos que se cumplieron entre nosotros, tal como nos fueron transmitidos por aquellos que han sido desde el comienzo testigos oculares y servidores de la Palabra. Por eso, después de informarme cuidadosamente de todo desde los orígenes, yo también he decidido escribir para ti, excelentísimo Teófilo, un relato ordenado, a fin de que conozcas bien la solidez de las enseñanzas que has recibido.

Jesús volvió a Galilea con el poder del Espíritu y su fama se extendió en toda la región. Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan.

Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura. Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor.

Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. Entonces comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • En la lectura de Nehemías, Esdras hace la lectura pública de la ley que sirve de anticipo a la renovación de la Alianza. La Ley es recuerdo del encuentro salvífico de Dios con su pueblo; su lectura les hace ver que el Señor ha sido, es y será siempre su protector, especialmente en los momentos difíciles. Esto provoca el llanto de un pueblo sin fe que se reconoce infiel a Dios pero que se compromete a dejarse proteger por el Señor; por eso es un día de gozo y no de llanto. En este banquete también debe participar el pobre. Esdras entiende que, en adelante, la comunidad se desarrollará en torno a la lectura, la meditación y la interpretación del libro sagrado: la Biblia será libro de todos y la norma de su fe. Este mensaje constituye una “buena noticia” proclamada por aquel que Dios ha escogido comunicándole su Espíritu e incluso otorgándole la unción regia.

***

  • San Pablo nos muestra cómo la nueva comunidad seguidora del resucitado también organiza su accionar en torno a los hermanos más débiles, en torno a los sencillos. La comunidad cristiana relaciona su ser pueblo con la realidad del cuerpo humano (I Cor 12, 12), y así elabora toda una reflexión en torno a la importancia de cada uno de los miembros en la vida y misión del mismo cuerpo. Nos enseña que todos los miembros se preocupan y cuidan al más débil de todos.

***

  • Jesús vuelve a Nazaret, al pueblo donde ha crecido, acompañado por una fama de maestro autorizado que se ha ganado a través de sus milagros en toda la Galilea. Entra en la sinagoga y participa en la liturgia del sábado y hace esta especie de declaración programática. Elige el pasaje de Isaías en que se afirma que el Espíritu del Señor le ha empujado a dar una Buena Noticia a los pobres, una palabra de esperanza a todos los hombres. Para demostrar que Él era el Mesías no quiso, en ese momento deslumbrar a los de su pueblo con el brillo de sus milagros, sino que se basó en la evangelización a los pobres, el anuncio de la libertad a los cautivos y a los ciegos la vista; y el anuncio de un año de gracia del Señor.
  • Jesús usa la palabra liberación; que no tiene que asustarnos y no puede estar ausente en la evangelización. La liberación cristiana es una liberación integral, de toda opresión injusta, tanto personal como estructural. La justicia de que hablan los profetas en el Antiguo Testamento es una justicia social. Y Jesús aquí habla de cautivos, de ciegos, de pobres y de oprimidos. No cabe duda que la liberación que trae Jesús es una liberación que partiendo, en primer lugar, del corazón del hombre donde anidan el mal y el pecado, llega hasta las estructuras injustas.
  • El Reino de Dios que predica Jesús es un Reino de santidad y de amor, pero también de libertad y de justicia. Esta liberación camina en la línea del ser antes que del hacer. Esta liberación nunca será total si se limita a una liberación espiritualista o a resolver el problema del pan y la justicia, sin dar al hombre amor y razones para su esperanza. Abarca al hombre en todas sus dimensiones.
  • San Lucas dice que esta salvación se realiza “hoy”. Está ya realizada en el “hoy” de Jesús, en el momento de su ida a Nazaret. Y sigue realizándose “hoy”, cada vez que hombres y mujeres se acercan a Jesús y su palabra es recibida con la misma profunda disponibilidad de que dieron prueba los contemporáneos de Esdras: personas muy alejadas de nosotros pero con un corazón que puede estar muy próximo. Esa palabra puede y debe cobrar actualidad.
  • Cada vez que un hombre trabaja para que los hombres descubran el Evangelio y se reconozcan hijos de Dios y hermanos de los otros, que se puede mirar más allá de la propia mirada; que es posible vivir con criterios diferentes a los corrientes se “está cumpliendo esta escritura”.
  • Cada vez que un hombre se esfuerza liberar a los cautivos, de todo tipo, por intentar un orden social más justo en el que el hombre no sea cosa ni objeto, un orden en el que se valoren las ideas por encima de cualquier interés particular, un orden en el que se dé cabida a la pluralidad, “se está cumpliendo esta escritura”.
  • Cada vez que se trata de vivir por encima de la miopía del dinero, del poder, de la comodidad, del placer, “se está cumpliendo esta escritura”.
  • Cada vez se puede anunciar “un año de gracia del Señor”, en el que acabemos de ver en el otro un enemigo; cada vez que un hombre se compromete por la paz y no al servicio de ideologías que justifican el dolor, la miseria; cada vez que un hombre proclama que es preciso olvidar odios, rencores y posturas irreconciliables; que es preciso compartir la mesa y el bolsillo, “se está cumpliendo esta escritura”.
  • La obra de Cristo, y por lo tanto la pastoral de la Iglesia, tienen como objetivo el cumplimiento del proyecto de Dios. El objetivo es vivir de una manera nueva, conforme a un evangelio o buena noticia que hoy debe ser para cada uno un acontecimiento liberador. También nosotros, a nuestra medida, debemos hacer nuestras las palabras que hoy hemos oído a Jesús: El Espíritu del Señor está sobre mí, y me envía.

 

Para discernir

 

  • ¿Se cumplen en mí las palabras del Señor?
  • ¿Me siento enviado a dar la buena noticia a los pobres?
  • ¿Es mi vida una buena noticia para los pobres?

Repitamos a lo largo de este día

 

Aquí estoy Señor envíame

 

Para la lectura espiritual

 

Hoy, en esta reunión, habla el Señor

 

Cuando lees: Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan, cuida de no juzgarlos dichosos únicamente a ellos, creyéndote privado de doctrina. Porque si es verdad lo que está escrito, el Señor no hablaba sólo entonces en las sinagogas de los judíos, sino que hoy, en esta reunión, habla el Señor. Y no sólo en ésta, sino también en cualquiera otra asamblea y en toda la tierra enseña Jesús, buscando los instrumentos adecuados para transmitir su enseñanza. ¡Orad para que también a mí me encuentre dispuesto y apto para ensalzarlo!

Después fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido». No fue mera casualidad, sino providencia de Dios, el que, desenrollando el libro, diera con el capítulo de Isaías que hablaba proféticamente de él. Pues si, como está escrito, ni un solo gorrión cae en el lazo sin que lo disponga vuestro Padre y si los cabellos de la cabeza de los apóstoles están todos contados, posiblemente tampoco el hecho de que diera precisamente con el libro del profeta Isaías y concretamente no con otro pasaje, sino con éste, que subraya el misterio de Cristo: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido —no olvidemos que es el mismo Cristo quien proclama este texto—, hay que pensar que no sucedió porque sí o fue producto del juego de la casualidad, sino que ocurrió de acuerdo con la economía y la providencia divina.

Terminada la lectura, Jesús, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. También ahora, en esta sinagoga, en esta asamblea, podéis —si así lo deseáis— fijar los ojos en el Salvador. Desde el momento mismo en que tú dirijas la más profunda mirada de tu corazón a la Sabiduría, a la Verdad y al Unigénito de Dios, para sumergirte en su contemplación, tus ojos están fijos en Jesús. ¡Dichosa la
asamblea, de la que la Escritura atestigua que los ojos de todos estaban fijos en él! ¡Qué no daría yo porque esta asamblea mereciera semejante testimonio, de modo que los ojos de todos: catecúmenos y fieles, hombres, mujeres y niños, tuvieran en Jesús fijos los ojos! Y no los ojos del cuerpo, sino los del alma. En efecto, cuando vuestros ojos estuvieren fijos en él, su luz y su mirada harán más luminosos vuestros rostros, y podréis decir: «La luz de tu rostro nos ha marcado, Señor». A él corresponde la gloria y el poder por los siglos de los siglos Amén.

 

Orígenes, Homilía 32 sobre el evangelio de san Lucas (2-6: SC 87, 386-392)

 

Para rezar

 

Oración por el cambio

 

Me atrevo a orar: Señor, haz que el mundo cambie,
pues anhelo ver el fin de la pobreza;
me atrevo a orar: Señor, haz que cambien las reglas,
pues anhelo ver un mundo que aporte justicia a los pobres;
me atrevo a orar: Señor, haz que mi vida cambie,
pues anhelo aportar esperanza allí donde se necesitan buenas nuevas.
Con el poder de tu Espíritu
e inspirado por tu compasión,
prometo obrar por el cambio,
y espero confiadamente el día
en que Tú todo lo renueves.
Amén.

Lunes III

 

Ha llegado el fin de Satanás

 

Lectura de la carta a los Hebreos      9,15.24-28

 

Hermanos:

Cristo es mediador de una Nueva Alianza entre Dios y los hombres, a fin de que, habiendo muerto para redención de los pecados cometidos en la primera Alianza, los que son llamados reciban la herencia eterna que ha sido prometida.

Cristo, en efecto, no entró en un Santuario erigido por manos humanas -simple figura del auténtico Santuario- sino en el cielo, para presentarse delante de Dios en favor nuestro. Y no entró para ofrecerse a sí mismo muchas veces, como lo hace el Sumo Sacerdote que penetra cada año en el Santuario con una sangre que no es la suya. Porque en ese caso, hubiera tenido que padecer muchas veces desde la creación del mundo. En cambio, ahora él se ha manifestado una sola vez, en la consumación de los tiempos, para abolir el pecado por medio de su Sacrificio.

Y así como el destino de los hombres es morir una sola vez, después de lo cual viene el Juicio, así también Cristo, después de haberse ofrecido una sola vez para quitar los pecados de la multitud, aparecerá por segunda vez, ya no en relación con el pecado, sino para salvar a los que lo esperan.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 97, 1. 2-3ab. 3cd-4. 5-6 (R.: 1a)

 

R. ¡Canten al Señor un canto nuevo!

 

Canten al Señor un canto nuevo,

porque él hizo maravillas;

su mano derecha y su santo brazo

le obtuvieron la victoria. R.

 

El Señor manifestó su victoria,

reveló su justicia a los ojos de las naciones:

se acordó de su amor y su fidelidad

en favor del pueblo de Israel. R.

 

Los confines de la tierra han contemplado

el triunfo de nuestro Dios.

Aclame al Señor toda la tierra,

prorrumpan en cantos jubilosos. R.

 

Canten al Señor con el arpa

y al son de instrumentos musicales;

con clarines y sonidos de trompeta

aclamen al Señor, que es Rey. R.

 

EVANGELIO

Lectura del Evangelio según san Marcos 3, 22-30

 

Los escribas que habían venido de Jerusalén decían: «Está poseído por Belzebul y expulsa a los demonios por el poder del Príncipe de los demonios.»

Jesús los llamó y por medio de comparaciones les explicó: «¿Cómo Satanás va a expulsar a Satanás? Un reino donde hay luchas internas no puede subsistir. Y una familia dividida tampoco puede subsistir. Por lo tanto, si Satanás se dividió, levantándose contra sí mismo, ya no puede subsistir, sino que ha llegado a su fin. Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa.

Les aseguro que todo será perdonado a los hombres: todos los pecados y cualquier blasfemia que profieran. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón jamás: es culpable de pecado para siempre.»

Jesús dijo esto porque ellos decían: «Está poseído por un espíritu impuro».

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • La carta argumenta ahora la entrada que el sumo sacerdote hacía una vez al año, en la fiesta de la Expiación, en el «santísimo» el espacio más sagrado del Templo de Jerusalén, para ofrecer sacrificios por sí y por el pueblo. No ofrecía más que sangre de animales, su ministerio no era eficaz de una vez por todas y lo tenía que repetir cada año.
  • Cristo Jesús entró en el santuario del cielo, no en un templo humano, y lo hizo de una vez por todas, porque se entregó a sí mismo.
  • Cristo, por absoluta solidaridad con nuestra condición humana, se sometió a la muerte «para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo».
  • Tenemos un Sacerdote en el cielo que ha entrado en la presencia de Dios para siempre. Tenemos un Mediador siempre dispuesto a interceder por nosotros.

 ***

  • Escuchamos hoy la acusación de los letrados que vienen desde Jerusalén: «tiene dentro a Belcebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios».
  • Jesús pone en ridículo este absurdo en un momento: ¿Cómo puede nadie luchar contra sí mismo? ¿cómo puede ser uno endemoniado y a la vez exorcista?
  • La victoria de Jesús, arrojando al demonio, debe ser interpretada como la señal de que ya ha llegado el que va a triunfar sobre el mal, el Mesías, el que es más fuerte que el malo.
  • Sus enemigos no están dispuestos a reconocerlo, y merecen el durísimo ataque de Jesús: lo que hacen es una blasfemia contra el Espíritu. Pecar contra el Espíritu significa negar lo que es evidente, negar la luz, taparse los ojos para no ver. No hay peor ciego que el que no quiere ver.
  • Mientras les dure esta actitud obstinada y esta ceguera voluntaria, ellos mismos se excluyen del perdón y del Reino.
  • Somos invitados a luchar contra el mal. A nosotros, sus seguidores, se nos invita a no quedarnos indiferentes y perezosos, sino a resistir y trabajar contra todo mal que hay en nosotros y en el mundo. Hay que ser dóciles al Espíritu Santo para reconocer el poder que actúa en Cristo.

 

Para discernir

 

  • ¿A qué me invita la Palabra que el Señor me anuncia en este día?
  • ¿Experimento en mi corazón actitudes parecidas a las de los de los letrados? ¿Cuándo? ¿Cuáles?
  • ¿Qué “bien” tengo que poner, construir, en mi familia, en mi comunidad, en mi tarea, para combatir el mal?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

El Señor se acordó de su misericordia y su fidelidad

 

Para la lectura espiritual

 

«Expulsa a los demonios»

 

Reconoce: «en ti ha surgido un nuevo rey, un rey de Egipto». Es él quien te requisa para sus trabajos, te obliga a fabricar ladrillos y mortero. Es él quien te impone capataces y vigilantes, el que te empuja a través del látigo y de la vara a trabajos de tierra, te fuerza a construirle ciudades. Es él el quien te incita a recorrer el mundo, a remover tierras y mares para satisfacer tus codicias…

Este rey de Egipto sabe que la guerra es inminente. Presiente la venida de «aquel que puede despojar sus principados y potestades, triunfar sobre ellas con audacia y clavarlas en el madero de la cruz»…; siente ya próxima la hora de la destrucción de su pueblo. Por eso declara: «¡El pueblo de Israel es más fuerte que nosotros!» ¡Que pueda decir lo mismo refiriéndose a nosotros y nos sintamos más poderosos que él! ¿Cómo lo sentirá? Si no acojo los malos pensamientos y los deseos perversos que él me inspira; si rechazo «sus flechas incendiarias con la armadura de la fe»; si cada vez que hace alguna insinuación a mi alma, acordándome de Cristo mi Señor, le digo: «Vete, Satanás, porque está escrito: ‘Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo servirás’»…

Porque el Señor Jesús viene…, para someter a los «principados, dominaciones y potestades», para sustraer a los hijos de Israel a las violencias de sus enemigos…, para enseñarnos de nuevo a ver a Dios en espíritu, a abandonar los trabajos del Faraón, a salir de la tierra de Egipto, a renunciar a las bárbaras costumbres de los egipcios, «a abandonar al hombre viejo corrompido por deseo de placer y a revestirnos del hombre nuevo creado según Dios», «a renovar nuestro interior día a día» según la imagen del que nos ha creado, Jesucristo nuestro Señor, a quien sean dadas la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén

 

(Referencias bíblicas: Ex 1,8; Col 2,14-15; Ex 1,9; Ef 6,7; Mt 4,10; Dt 6,13; Col 1,16; Ef 4,22-24; Col 3,9-10; 2C 4,16)

 

Orígenes (hacia 185-253), presbítero y teólogo Homilías sobre el Éxodo, nº 1, 5

 

Para rezar

 

Lucero del alba,

aurora estremecida,

luz de mi alma,

Santa María.

 

Hija del Padre,

doncella en gracia concebida,

virgen y madre,

Santa María.

 

Flor del Espíritu,

ave, blancura, caricia,

madre del Hijo,

Santa María.

 

Llena de ternura,

bendita entre las benditas,

madre de todos los hombres,

Santa María. Amén.

Himno de Laudes

 

Martes III

 

Hermanos para hacer tu voluntad

 

Lectura de la carta a los Hebreos      10, 1-10

 

Hermanos:

La Ley, en efecto -al no tener más que la sombra de los bienes futuros y no la misma realidad de las cosas- con los sacrificios repetidos año tras año en forma ininterrumpida, es incapaz de perfeccionar a aquellos que se acercan a Dios. De lo contrario, no se hubieran ofrecido más esos sacrificios, porque los que participan de ellos, al quedar purificados una vez para siempre, ya no tendrían conciencia de ningún pecado. En cambio, estos sacrificios renuevan cada año el recuerdo del pecado, porque es imposible que la sangre de toros y chivos quite los pecados.

Por eso, Cristo, al entrar en el mundo, dijo: Tú no has querido sacrificio ni oblación; en cambio, me has dado un cuerpo. No has mirado con agrado los holocaustos ni los sacrificios expiatorios. Entonces dije: Aquí estoy, yo vengo -como está escrito de mí en el libro de la Ley- para hacer, Dios, tu voluntad.

El comienza diciendo: Tú no has querido ni has mirado con agrado los sacrificios, los holocaustos, ni los sacrificios expiatorios, a pesar de que están prescritos por la Ley. Y luego añade: Aquí estoy, yo vengo para hacer tu voluntad. Así declara abolido el primer régimen para establecer el segundo.

Y en virtud de esta voluntad quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha de una vez para siempre.


 

Palabra de Dios.


 


 

SALMO         Sal 39, 2 y 4ab. 7-8. 9-10. 11 (R.: cf. 8 y 9c)

 

R.      Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.


 

Esperé confiadamente en el Señor:

él se inclinó hacia mí

y escuchó mi clamor.

Puso en mi boca un canto nuevo,

un himno a nuestro Dios.  R.


 

Tú no quisiste víctima ni oblación;

pero me diste un oído atento;

no pediste holocaustos ni sacrificios,

entonces dije: «Aquí estoy.»  R.


 

«En el libro de la Ley está escrito

lo que tengo que hacer:

yo amo, Dios mío, tu voluntad,

y tu ley está en mi corazón.»  R.


 

Proclamé gozosamente tu justicia

en la gran asamblea;

no, no mantuve cerrados mis labios,

tú lo sabes, Señor.  R.


 

 No escondí tu justicia dentro de mí,

 proclamé tu fidelidad y tu salvación,

y no oculté a la gran asamblea

tu amor y tu fidelidad.  R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos        3, 31-35


 

Llegaron su madre y sus hermanos y, quedándose afuera, lo mandaron llamar. La multitud estaba sentada alrededor de Jesús, y le dijeron: «Tu madre y tus hermanos te buscan ahí afuera.»

El les respondió: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y dirigiendo su mirada sobre los que estaban sentados alrededor de él, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Porque el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.»


 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar


 

  • Todas las religiones antiguas han practicado, y algunas lo hacen todavía hoy, sacrificios de animales: el hombre quiere expresar por medio de un símbolo su sumisión a Dios… La sangre es portadora de “vida”… se ofrece sangre y ello significa la ofrenda de la propia vida.
  • En el pasaje de hoy la carta a los Hebreos afirma que las instituciones del Antiguo Testamento eran una sombra y una promesa, que en Cristo Jesús tienen su cumplimiento y su verdad total. Los profetas de Israel habían denunciado a menudo la inutilidad e ineficacia de los sacrificios de animales, cuando falta sinceridad interior. A Dios no le interesan los sacrificios por sí mismos, sino la actitud profunda del hombre que, en su vida acepta el camino de la verdad y la justicia. Los sacrificios de antes no eran eficaces, porque “es imposible que la sangre de los animales quite los pecados”. Por eso tenían que irse repitiendo año tras año y día tras día. Esto pasaba en Israel y también en todas las religiones. El sacrificio ritual es más fácil. Aunque cueste, es puntual;  mientras que el personal nos compromete en profundidad y en todos los instantes de nuestra vida.
  • Cristo Jesús, en cambio,  se ofreció en sacrificio a sí mismo. La entrega de Cristo, de una vez para siempre, hizo que “todos quedemos santificados». No es que Dios quisiera la muerte de su Hijo. Pero sí entraba en sus planes salvarnos por el camino de la solidaridad radical de su Hijo con la humanidad, y esta solidaridad lo condujo hasta la muerte.

***

  • El pasaje de hoy está en estrecha relación con los versículos  en los que se insinúa que Jesús se había enloquecido. Frente a las acusaciones de que actuaba por el poder del príncipe de los demonios, la madre y sus hermanos se sienten con la obligación de ir a buscarlo para llevarlo de nuevo a la casa. Los “hermanos” en el lenguaje hebreo son también los primos y tíos y demás familiares.
  • A los que le avisan de la presencia de sus familiares, Jesús les responde con palabras desconcertantes mirando a los que están a su alrededor escuchándolo: “Estos son mi madre y mis hermanos”.
  • Las palabras de Jesús suenan duras pero no desautorizan a su madre ni a sus parientes. Lo que hace es aprovechar la ocasión para decir cuál es su visión de la nueva comunidad que se está reuniendo en torno a él. La nueva familia no va a tener como valores determinantes ni los lazos de sangre ni los de la raza.
  • Para Jesús los lazos de la sangre, los lazos familiares, los lazos sociales, si bien, son indispensables y reales, no son lo primero y no es lícito encerrarse en ellos.  En el Reino, la fraternidad cristiana se funda en un espíritu común: hacer la voluntad del Padre. Llevarán el nombre de Jesús los que vivan en su corazón lo que fue para Jesús la razón de ser de su vida: “el amor de los unos a los otros hasta el extremo. No sólo se trata de ser partidarios de un hombre admirable, ni de hacer nuestra una norma de vida de gran elevación: se trata de ser de “los de Jesús”.
  • Esta familia es amplia y grande. Por esta razón  María es doblemente su madre.  La verdadera grandeza de su madre, no es haberle dado su sangre, sino el hecho de ser “la humilde esclava de Dios”. Incluso antes que su maternidad física, tuvo María de Nazaret este otro parentesco que aquí anuncia Cristo: el de la fe.
  • La familiaridad del Reino es unirse, como hermanos y compañeros, unidos por la gracia en una opción consciente por la Causa del reino de Jesús como sentido de la propia vida. Cuando el reino toma nuestro corazón, ilumina la vida y se hace trabajo diario y esperanzado podemos sentir ahora a todos los que caminan en la misma senda como “mi madre y mis hermanos”.
  • Esta novedad rompe muchos esquemas y nos abre a una mirada de la vida mucho más amplia y comprometida. En este camino María fue la mejor discípula y nos señala el camino de la vida cristiana: escuchar la Palabra, meditarla en el corazón y llevarla a la práctica aunque sea por caminos insospechados.

     

Para discernir

 

  • ¿Sobre qué se funda mi pertenencia a la Iglesia?
  • ¿Busco la experiencia de fraternidad universal?
  • ¿Me siento unido a los que hacen opciones válidas por el bien de los hombres?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Ayúdame a ser de tu familia

 

Para la lectura espiritual

 

La obediencia a Dios -objetará alguno- es fácil: a Dios no le vemos, no le oímos; podemos hacerle decir lo que queramos. Es verdad. Sin embargo, la Escritura nos ofrece el criterio para discernir entre la verdadera y la falsa obediencia a Dios. Hablando de Jesús, dice que «aprendió a obedecer a través del sufrimiento» (Heb 5,8). La medida y el criterio de la obediencia a Dios es el sufrimiento. Cuando dentro de ti todo grita: «Dios no puede querer esto de mí» y, sin embargo, te das cuenta de que quiere precisamente esto… y te encuentras ante su voluntad como ante una cruz en la que debes extenderte, entonces descubres lo seria, concreta y cotidiana que es esta obediencia. Para obedecer a Dios, haciendo nuestros sus pensamientos y sus voluntades, es preciso morir un poco cada vez. En efecto, nuestros pensamientos empiezan siendo diferentes a los de Dios no algunas veces, como por casualidad, sino siempre, por definición. La obediencia a Dios requiere, en cada ocasión, una auténtica conversión. Pongamos un pequeño ejemplo que vale tanto para la vida de comunidad como para la de familia. Alguien ha tomado para sí o ha cambiado o violado un objeto que te pertenecía: una pieza del vestuario o alguna otra cosa que pertenecía a tu uso particular. Estás firmemente decidido a señalar el asunto y a reclamar lo tuyo. Ningún superior interviene para prohibírtelo. Pero he aquí que, sin haberla buscado, te sale al encuentro con fuerza la Palabra de Jesús, o te la encuentras sin más delante, por casualidad, al abrir la Biblia: «Da a quien te pida, y a quien te quita lo tuyo no se lo reclames» (Lc 6,30). Comprendes con claridad que esa afirmación no valdrá siempre y para todos, pero que vale ciertamente para ti en esa precisa circunstancia; te encuentras frente a una obediencia bella y buena que realizar; si no lo haces, sientes que has dejado perder una ocasión de obedecer a Dios. La obediencia a Dios es una obediencia que siempre podemos realizar. Cuanto más obedecemos, más se multiplican las órdenes de Dios, porque él sabe que éste es el don más bello que puede hacernos, el que hizo a su amado Hijo Jesucristo.

 

R. Catalamessa, La obediencia.


 

 Para rezar

 

Comunidad de hermanos

 

Sin conocernos, nuestros corazones latían
por un mismo anhelo.
Un día nos encontramos
y ahora marchamos juntos.
Por eso te damos gracias, Señor,
en esta asamblea de hermanos.

Cuando tú sembraste en nuestras vidas
la semilla del Hombre Nuevo
nos sentimos como enfermos;
las preguntas sin respuesta
nos requemaban por dentro;
los caminos habituales
se nos volvieron ajenos;
nos sentíamos varados,
devorados por el deseo de liberarnos
y sin saber cómo hacerlo.
Nos gritaban: desadaptado, resentido, inútil.
Y nos planteamos: me olvidaré de todo,
quiero ser uno más.

Pero no supimos fingir.
No tuvo cura esta herida
de amor a tu pueblo.
Y seguimos nuestra marcha,
levantándonos, cayendo
solitarios, solidarios,
entre esperanzas y miedos.

Un día nos encontramos.
Sentimos mucho contento,
de repente comprendimos
que no somos excepciones,
que está naciendo algo nuevo;
una corriente escondida
nos reúne a los viajeros.
Es tu espíritu, Señor
que nos lanza al Mundo Nuevo.

Por eso en esta comunidad de hermanos
te cantamos. Padre Nuestro.
En nuestra debilidad
sentimos bullir tu fuerza:
en la noche de nuestras incertidumbres
se abre camino tu luz
y en medio de nuestros complejos,
que hacen difícil el entendimiento
y a nosotros dan dolor,
construye tu amor un puente
y una morada de paz.

Mira, Señor: los enemigos del pueblo
buscan nuestra división
y nosotros mismo crecimos
en un mundo de recelos.
Por eso, danos, Señor,
esa paciencia sin límites,
la misericordia y la comprensión:
que como tú nos amaste,
seamos nosotros capaces de amar.
Que esta pequeña comunidad de hermanos
sea el embrión de un pueblo fraternal.


 

 Miércoles III

 

¡El que tenga oídos, que oiga!

 

Lectura de la carta a los Hebreos      10, 11-18


 

Cada sacerdote se presenta diariamente para cumplir su ministerio y ofrecer muchas veces los mismos sacrificios, que son totalmente ineficaces para quitar el pecado. Cristo, en cambio, después de haber ofrecido por los pecados un único Sacrificio, se sentó para siempre a la derecha de Dios, donde espera que sus enemigos sean puestos debajo de sus pies. Y así, mediante una sola oblación, él ha perfeccionado para siempre a los que santifica.

El Espíritu Santo atestigua todo esto, porque después de haber anunciado: Esta es la Alianza que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Yo pondré mis leyes en su corazón y las grabaré en su conciencia, y no me acordaré más de sus pecados ni de sus iniquidades.

Y si los pecados están perdonados, ya no hay necesidad de ofrecer por ellos ninguna oblación.


 

Palabra de Dios.


 


 

SALMO         Sal 109, 1. 2. 3. 4 (R.: 4bc)


 

R.      Tú eres sacerdote para siempre, a la manera de Melquisedec.


 

Dijo el Señor a mi Señor:

«Siéntate a mi derecha,

mientras yo pongo a tus enemigos

como estrado de tus pies.»  R.


 

El Señor extenderá el poder de tu cetro:

«¡Domina desde Sión,

en medio de tus enemigos!»  R.


 

«Tú eres príncipe desde tu nacimiento,

con esplendor de santidad;

yo mismo te engendré como rocío,

desde el seno de la aurora.»  R.


 

El Señor lo ha jurado

y no se retractará:

«Tú eres sacerdote para siempre,

a la manera de Melquisedec.»  R.


 


 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos        4, 1-20


 

Jesús comenzó a enseñar de nuevo a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca dentro del mar, y sentarse en ella. Mientras tanto, la multitud estaba en la orilla. El les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas, y esto era lo que les enseñaba:

«¡Escuchen! El sembrador salió a sembrar. Mientras sembraba, parte de la semilla cayó al borde del camino, y vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno rocoso, donde no tenía mucha tierra, y brotó en seguida porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemó y, por falta de raíz, se secó. Otra cayó entre las espinas; estas crecieron, la sofocaron, y no dio fruto. Otros granos cayeron en buena tierra y dieron fruto: fueron creciendo y desarrollándose, y rindieron ya el treinta, ya el sesenta, ya el ciento por uno.»

Y decía: «¡El que tenga oídos para oír, que oiga!»

Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor de él junto con los Doce, le preguntaban por el sentido de las parábolas. Y Jesús les decía: «A ustedes se les ha confiado el misterio del Reino de Dios; en cambio, para los de afuera, todo es parábola, a fin de que miren y no vean, oigan y no entiendan, no sea que se conviertan y alcancen el perdón.»

Jesús les dijo: « ¿No entienden esta parábola? ¿Cómo comprenderán entonces todas las demás?

El sembrador siembra la Palabra. Los que están al borde del camino, son aquellos en quienes se siembra la Palabra; pero, apenas la escuchan, viene Satanás y se lleva la semilla sembrada en ellos.

Igualmente, los que reciben la semilla en terreno rocoso son los que, al escuchar la Palabra, la acogen en seguida con alegría; pero no tienen raíces, sino que son inconstantes y, en cuanto sobreviene la tribulación o la persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumben.

Hay otros que reciben la semilla entre espinas: son los que han escuchado la Palabra, pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y los demás deseos penetran en ellos y ahogan la Palabra, y esta resulta infructuosa.

Y los que reciben la semilla en tierra buena, son los que escuchan la Palabra, la aceptan y dan fruto al treinta, al sesenta y al ciento por uno.»


 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • En la antigua alianza los sacerdotes estaban “de pie” en el Templo… Jesucristo empero se “sentó″ para siempre a la diestra del Padre. Para mostrarnos toda la diferencia entre el antiguo sacerdocio judío y el sacerdocio de Jesús, el autor nos presenta al sumo sacerdote de pie muy atareado, en cambio a Jesús lo presenta tranquilo sentado junto al Padre, seguro de que su sacrificio es perfecto.
  • Los sacerdotes de pie día tras día celebraban la liturgia y ofrecían reiteradamente los mismos sacrificios que nunca podían borrar los pecados. Jesucristo, habiendo ofrecido por los pecados un solo sacrificio, se sentó a la diestra de Dios para siempre. La nueva Alianza que Jesús ha adquirido y ha dado, actúa en lo más íntimo de nuestro ser para transformarnos. Desde entonces espera que sus “enemigos sean puestos por escabel de sus pies”. Por su único sacrificio, Cristo condujo siempre a su perfección a aquellos que de Él reciben la santidad.

***

  • Jesús “Comenzó a enseñar en la orilla del lago”.  Obra como rabí, como maestro, porque se propone comunicar algo. Las parábolas forman parte de su magisterio vivo, de su pedagogía. La parábola nace de su preocupación de Maestro que busca el modo en que los hombres puedan realizar un itinerario de salvación.
  • Hoy aparece el tema de la siembra, el sembrador y la semilla. Sembrar significa confiar una vida a su camino vital, iniciar un proceso vital con confianza.
  • La parábola del sembrador, debe ser entendida en el contexto en que Marcos viene presentando el ministerio de Jesús. Un itinerario cargado de problemas y de dificultades: la prisión de Juan, la acusación de blasfemia, el complot de los herodianos para matarlo, la acusación de obrar en nombre del demonio y finalmente, la incomprensión de su familia. Jesús se encontraba amenazado por todos lados.
  • El Reino que Jesús anuncia exigía conversión: cambio interior de las personas y cambio exterior de las estructuras. A menudo la exigencia de cambio trae resistencia, crítica y persecución. Su propuesta del Reino cae en gente superficial, o interesada, o aferrada a las viejas estructuras, o atemorizada. Jesús experimenta que su propuesta de transformación es cuestionada y atacada y sobre su misma persona ya respiran las amenazas de muerte.
  • Jesús pretende afirmar que el Reino está ya presente, aunque a nivel de semilla y aunque aparentemente aplastado: el Reino está aquí, en medio de las oposiciones, en medio de los fracasos y no simplemente en aquellos que algún día se transformarán en éxitos. La parábola además de ser una afirmación de la presencia del Reino se convierte en un estímulo para quienes lo anuncian.
  • El trabajo del sembrador es un trabajo sin medida, sin miedo al derroche, aparentemente inútil, infructuoso; sin embargo lo cierto es que algún lugar da fruto abundante. En el Reino de Dios no hay trabajo inútil, no se desperdicia nada. La parábola invita a tomar conciencia de que: haya o no haya éxito, haya o no haya desperdicio, el trabajo de la siembra no debe ser calculado, medido, sobre todo no hay que elegir terrenos ni echar la semilla sólo en algunos.
  • Jesús asemeja su trabajo al del sembrador que derrocha semillas y energía sin distinciones y sin mezquinar. Así es como actúa Cristo en su amor a los hombres.  Siembra aquí y allá, con la esperanza de que la semilla arraigue, crezca y produzca fruto.
  • Así debe vivir su misión la Iglesia en el mundo. Nunca sabemos a la hora de sembrar cuáles serán los terrenos que darán fruto y cuáles se negarán. No podemos adelantarnos al juicio de Dios. Necesitamos comprender como Iglesia evangelizadora y misionera que no tenemos que desanimarnos en el trabajo del anuncio ni tienen que dejarnos llevar por cálculos humanos.
  • Jesús nos asegura que la semilla dará fruto. A pesar de que este mundo nos parece terreno estéril: la sociedad tan superficial e interesada, la falta de vocaciones, los jóvenes muchas veces ausentes de la realidad, los defectos que vive la misma Iglesia; Dios ha dado fuerza a su Palabra y germinará, contra toda apariencia  de inutilidad. Jesús nos invita a no perder la esperanza y la confianza en Dios. Es él quien, en definitiva, hace crecer el Reino. Nosotros somos invitados a colaborar con él. Pero el que da el da crecimiento y el único que salva.

 

Para discernir

 

  • ¿Busco la eficacia antes que  la fecundidad?
  • ¿Valoro el amor de Jesús que se da a todos por igual?
  • ¿Se aceptar los tiempos de Dios?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Quiero ser buena tierra

 

Para la lectura espiritual

 

Hermanos, nosotros queremos salvarnos durmiendo y por eso nos desanimamos, pero basta con poco trabajo: y entonces nos cansamos, a fin de recibir misericordia. Si uno tiene una facultad y la deja sin cultivar, cuanto más la descuide, tanto más se le llenará de espinas y de abrojos, ¿no es verdad? Y cuando vaya a limpiarla, cuanto más llena esté, más sangre deberán verter sus manos. Por eso, quien desea limpiar su propia facultad debe arrancar bien de raíz, en primer lugar, todos los hierbajos: si no arranca bien las raíces, sino que se limita a cortarlas por encima, aquéllas volverán a crecer; después deberá romper los terrones, arar; entonces podrá sembrar buena semilla. Si, efectivamente, vuelve a dejarla de nuevo en reposo, volverán los hierbajos, pues encuentran la tierra blanda y hermosa, echan raíces profundas y se multiplican en el campo todavía más.

Así ocurre también con el alma. Antes que nada, es preciso acabar con las malas costumbres no sólo luchando contra ellas, sino también contra sus causas, que son las raíces. A continuación, es preciso ejercitar bien nuestras propias costumbres; sólo entonces empezaremos a sembrar la buena semilla, que son las obras buenas. Quien quiera salvarse debe no sólo abstenerse de hacer el mal, sino también hacer el bien. Ahora bien, el que siembra, además de echar la semilla, debe sepultarla también en la tierra, para que no vengan las aves a llevársela y así se pierda; y después de haberla escondido espera la misericordia de Dios, hasta que mande la lluvia y crezca la semilla. Así sucede también con nosotros: si alguna vez hacemos algo bueno, debemos esconderlo con la humildad y confiar a Dios nuestra debilidad, pidiéndole que apruebe nuestro trabajo, pues de otro modo será vano. En ocasiones, después de que hayan germinado y crecido, y haya aparecido la espiga, llegan la langosta o el granizo y otras desgracias semejantes y destruyen la cosecha. Así sucede también con el alma, de modo que quien de verdad quiera salvarse no debe quedarse tranquilo hasta el último respiro. Es preciso, pues, esforzarnos, estar muy atentos y pedirle siempre a Dios que nos proteja y nos salve con su bondad, para gloria de su santo nombre. Amén

 

Doroteo de Gaza, Enseñanza espiritual.

 

Para rezar

 

Quiero creer

 

No creo
en el derecho del más fuerte
en el lenguaje de las armas
en el poder de los potentados.

Quiero creer
en el derecho del hombre,
en la mano abierta
en el poder de los no violentos.

No creo
en la raza o la riqueza,
en los privilegios
o en el orden establecido.

Quiero creer
que todos los hombres son hombres,
que el orden de la fuerza
y de la injusticia es un desorden.

No creo
que pueda quedar indiferente
a lo que pasa lejos de aquí.

Quiero creer
que el mundo entero es mi casa
y el campo donde siembro,
y que todos cosechan
lo que todos han sembrado.

No creo
que pueda combatir
la opresión de los demás,
si tolero la injusticia aquí.

Quiero creer
que hay un solo derecho,
tanto aquí como allá
y que yo no soy libre
mientras haya un solo hombre esclavo.

No creo
que la guerra y el hambre
sean inevitables
y la paz inalcanzable.

Quiero creer
en la acción sencilla,
en el amor de las manos limpias,
en la paz sobre la tierra.

No creo
que todo el sufrimiento sea en vano
no creo que el sueño del hombre quede sueño
que la muerte será el fin.

Quiero creer, al contrario,
siempre y a pesar de todo
en el hombre nuevo,
un cielo nuevo,
una tierra nueva
donde habitará la justicia.

 

Dorotea Sölle


 

Jueves III

 

Al que tiene se le dará

 

Lectura de la carta a los Hebreos 10, 19-25

 

Hermanos:

Tenemos plena seguridad de que podemos entrar en el Santuario por la sangre de Jesús, siguiendo el camino nuevo y viviente que él nos abrió a través del velo del Templo, que es su carne. También tenemos un Sumo Sacerdote insigne al frente de la casa de Dios. Acerquémonos, entonces, con un corazón sincero y llenos de fe, purificados interiormente de toda mala conciencia y con el cuerpo lavado por el agua pura.

Mantengamos firmemente la confesión de nuestra esperanza, porque aquel que ha hecho la promesa es fiel. Velemos los unos por los otros, para estimularnos en el amor y en las buenas obras. No desertemos de nuestras asambleas, como suelen hacerlo algunos; al contrario, animémonos mutuamente, tanto más cuanto que vemos acercarse el día.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 23, 1-2. 3-4ab. 5-6 (R.: cf. 6)

 

R. ¡Felices los que buscan al Señor!.

 

Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella,

el mundo y todos sus habitantes,

porque él la fundó sobre los mares,

él la afirmó sobre las corrientes del océano. R.

 

¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor

y permanecer en su recinto sagrado?

El que tiene las manos limpias

y puro el corazón;

el que no rinde culto a los ídolos. R.

 

El recibirá la bendición del Señor,

la recompensa de Dios, su salvador.

Así son los que buscan al Señor,

los que buscan tu rostro, Dios de Jacob. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    4, 21-25

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a la muchedumbre:

“¿Se trae el candil para meterlo debajo del celemín o debajo de la cama, o para ponerlo en el candelero? Si se esconde algo, es para que se descubra; si algo se hace a ocultas, es para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga.” Les dijo también: “Atención a lo que están oyendo: la medida que usen la usarán con ustedes, y con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.”

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El autor de la carta vuelve a urgir a sus lectores a la perseverancia, que se ve que era lo que más peligraba en ellos: “mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos”, “no desertéis de las asambleas, como algunos tienen por costumbre”.
  • Jesús, Mediador ha entrado en el santuario del cielo, no a través del «velo» o cortina como hacía el sumo sacerdote del Templo de Jerusalén, sino a través del velo de su carne, o sea, a través de la muerte, que ha abierto su humanidad a la nueva existencia.
  • Eso nos debe dar confianza. El que dijo «yo soy el camino» ha ido delante de nosotros a la presencia de Dios. El que dijo «yo soy la puerta» nos ha abierto la entrada en el Reino.
  • La Palabra nos anima hoy a ir creciendo en las tres virtudes principales: «con corazón sincero y llenos de fe», «firmes en la esperanza que profesamos», «para estimularnos a la caridad».

***

  • Otras dos parábolas o comparaciones de Jesús nos ayudan a entender cómo es el Reino que Él quiere instaurar. Cada realidad material evoca para Él lo invisible. Jesús habla hoy de ocultar y descubrir, de esconder y encontrar. Utiliza la imagen de una lámpara que no se mete debajo de la cama sino que se pone en un lugar donde pueda esparcir su luz.
  • Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre es la luz que el Padre Dios encendió para que iluminara nuestras tinieblas. Y esa Luz ha brillado entre nosotros mediante su Palabra y su persona convertida en Evangelio, que debe extenderse por todo el mundo. La Buena Noticia no está hecha para ser guardada “para sí”; no se la recibe verdaderamente si no se está decidido a comunicarla. Se trata de un gran secreto, pero de un secreto para ser desvelado a plena luz.
  • Jesús, seguramente también ha observado a los comerciantes de su tiempo cuando están midiendo el trigo, o la sal: se tasa más o menos, se llena hasta el borde o se procura dejar un pequeño margen a fin de cuidar la economía. Jesús aplica este símbolo al hecho de aceptar la Buena Noticia. Jesús desea que sus oyentes se llenen de la Palabra que se trasmite sin perder nada de ella.
  • Creer en Cristo es aceptar en nosotros su luz y a la vez comunicar esa misma luz a una humanidad que anda siempre a oscuras. Al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará aun lo que tiene.
  • Hay distintas formas de tener: si tenemos esperanza y solidaridad, capacidad de compartir, anhelo de justicia y de paz, capacidad de perdón y misericordia; a todo eso Dios lo hará crecer. Sin embargo al que está lleno de egoísmo y de codicia, de orgullo y de indiferencia cosechará en su vida de lo que ha acumulado y de sus consecuencias.
  • Dios nos quiere como luz; como luz brillante y fuerte que no se apague ante el viento en contra.
  • Dios nos llama para que vivamos fieles a la vocación que hemos recibido, trabajando para que se disipe todo lo que ha oscurecido el camino de los hombres en su camino hacia la vida plena. Si lo damos todo con tal de hacer llegar la vida, el amor, la paz y la misericordia de Dios a los demás, con esa misma medida, Dios irá colmando nuestra vida en este mundo; hasta que nos llame para que estemos con Él eternamente donde se nos dará Él mismo por completo y para siempre.
  • Como discípulos de Cristo, tenemos que ser un signo claro de su amor para todos los hombres. Desde nuestras palabras, desde nuestra propia vida, los hombres alcanzarán a leer que Dios camina entre nosotros con todo su amor salvador.

 

Para discernir

 

  • ¿Somos luz? ¿Qué iluminamos?
  • ¿Dejamos que la Buena Noticia nos llene la Vida?
  • ¿Qué abunda más en nosotros?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Quiero ser luz Señor…guíame

 

Para la lectura espiritual

 

«La medida que uséis la usarán con vosotros»

 

A Cristo, estando invisible, no le podemos mostrar nuestro amor; pero nuestros vecinos son siempre visibles y podemos hacer por ellos todo lo que, si Cristo estuviera visible, nos gustaría hacer por él.

Hoy, es el mismo Cristo el que está presente en aquellos que nadie necesita, en los que nadie emplea, que nadie cuida, que tienen hambre, que van desnudos, que no tienen hogar. Parece que son inútiles al Estado y a la sociedad; nadie tiene tiempo para emplear en ellos. Nos toca a nosotros, los cristianos, a vosotros y a mí, dignos del amor de Cristo si nuestro amor es verdadero, nos toca a nosotros ir a su encuentro, ayudarlos; están ahí para que les encontremos.

Trabajar por trabajar; este es el peligro que siempre nos amenaza. Es ahí que intervienen el respeto, el amor y la devoción a fin de que dirijamos nuestro trabajo a Dios, a Cristo. Y por eso intentamos hacerlo de la manera más bella posible.

 

Teresa de Calcuta (1910-1997), fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad – El gozo del don

 

Para rezar

 

Yo te sigo

 

He querido poner la mano en el arado

y emprender el camino que tú seguiste.

Haz de mí un hombre recto.

Haz de mí un hombre decidido

a no dejar rincones de mi vida

sin abrirlos al juicio de tu Palabra.

 

He decidido no volver la mirada atrás.

Porque es la tentación de quien cree

que ya hizo bastante.

Porque es el pecado del que puedo hacer y no hizo.

Ayúdame, Señor, a ser fiel a mi opción por Ti.

 

José Santana

 

Viernes III

 

¡No pierdan la confianza!

 

Lectura de los Hebreos    10, 32-39

 

Hermanos:

Recuerden los primeros tiempos: apenas habían sido iluminados y ya tuvieron que soportar un rudo y doloroso combate, unas veces expuestos públicamente a injurias y atropellos, y otras, solidarizándose con los que eran tratados de esa manera. Ustedes compartieron entonces los sufrimientos de los que estaban en la cárcel y aceptaron con alegría que los despojaran de sus bienes, sabiendo que tenían una riqueza mejor y permanente.

No pierdan entonces la confianza, a la que está reservada una gran recompensa. Ustedes necesitan constancia para cumplir la voluntad de Dios y entrar en posesión de la promesa. Porque todavía falta un poco, muy poco tiempo, y el que debe venir vendrá sin tardar. El justo vivirá por la fe, pero si se vuelve atrás, dejaré de amarlo.

Nosotros no somos de los que se vuelven atrás para su perdición, sino que vivimos en la fe para preservar nuestra alma.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 36, 3-4. 5-6. 23 y 24. 39-40 (R.: 39a)

 

R.    La salvación de los justos viene del Señor.

 

Confía en el Señor y practica el bien;

habita en la tierra y vive tranquilo:

que el Señor sea tu único deleite,

y él colmará los deseos de tu corazón. R.

 

Encomienda tu suerte al Señor,

confía en él, y él hará su obra;

hará brillar tu justicia como el sol

y tu derecho, como la luz del mediodía. R.

 

El Señor asegura los pasos del hombre

en cuyo camino se complace:

aunque caiga no quedará postrado,

porque el Señor lo lleva de la mano. R.

 

La salvación de los justos viene del Señor,

él es su refugio en el momento del peligro;

el Señor los ayuda y los libera,

los salva porque confiaron en él. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    4, 26-34

 

Jesús decía a la multitud:

«El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra: sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga. Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha.»

También decía: « ¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo? Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra.»

Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender. No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El autor de la carta a los Hebreos invita a los fieles, en peligro de flaquear ante las excesivas adversidades y afectados por la prueba del tiempo y de las contradicciones, a volver al punto inicial de su fe. Empezaron su vida cristiana con mucho fervor dando muestras de firmeza y de solidaridad fraterna, pero ahora les faltaba constancia.
  • Pedir el bautismo era entonces arriesgarse a la persecución, a la cárcel, a las burlas, verse expropiados de los propios bienes, perder dinero y lugar en la sociedad. La persecución los acobarda. La exhortación es a no perder el fervor de los primeros días. Si siguen con valentía verán la salvación. Si se acobardan, lo perderán todo.

***

  • Hoy escuchamos dos parábolas, de las cuatro que trae el evangelio de Marcos. Son dos parábolas acerca del Reino de Dios, con imágenes muy simples. La primera nos habla de una semilla que después de ser sembrada, crece sola, sin que el sembrador esté encima ni sepa cómo. El Reino de Dios, como la semilla, tiene dentro una fuerza misteriosa, que a pesar de los obstáculos que pueda encontrar, logra germinar y dar fruto.
  • Dios conduce nuestra historia, por ese motivo, Jesús subraya la fuerza intrínseca de la gracia y de su intervención. El protagonista de la parábola no es el labrador, ni el terreno bueno o malo, sino la semilla.
  • La otra parábola presenta la desproporción entre la pequeñez de la semilla y la grandeza del árbol maduro que brota de ella. Las grandes empresas tienen, con frecuencia, humildes orígenes. La lógica del Reino de Dios, choca con la mentalidad de este mundo que funciona de modo muy diferente: la santidad de vida, las grandes obras de misericordia y evangelizadoras, las iniciativas providenciales, no dependen de las grandes inversiones. El desarrollo del Reino de Dios comienza en la pequeñez, en lo aparentemente inútil, en lo humanamente estéril y, pobre para alcanzar luego una expansión increíble.
  • Las dos parábolas de hoy tienen en común el “símbolo” de la germinación, de la potencia de la “vida naciente”. Jesús ve así su obra; el Reino de Dios es como una semilla viva, sembrada en un corazón, sembrada en una vida, sembrada en el mundo, crece de un modo lento, imperceptible, pero continuo.
  • El Reino, fuerza de Dios que opera en la vida de los hombres y en la historia, está más allá de las capacidades del evangelizador como de la debilidad de los evangelizados. Es el mismo Dios quien se hace presente, superando la acción humana y la insignificancia de la semilla. El Reino, aunque se apoye en el hombre, no recibe su fuerza de él.
  • No podemos creer que el mundo se va a salvar por nuestras técnicas y esfuerzos. Dios muchas veces nos muestra que, de los medios más pequeños, brotan los frutos menos esperados; ni proporcionados a nuestra organización o a nuestros métodos, instrumentos o ciencia.
  • El Reino de Dios ya está aquí, en medio de nosotros y no viene con el estrépito de la propaganda, ni con derroche de medios y de fuerza. No es como las grandes empresas del mercado o los medios de comunicación que, planean para producir grandes ganancias, para unos pocos.
  • No debemos angustiarnos por miedo al fracaso buscando tener una respuesta inmediata o exigiendo frutos a corto plazo. Esto sería absolutizar nuestros méritos y sin verdadera fe en el Dueño de la mies.
  • A nosotros se nos pide recibir el Reino; como buena tierra colaborando con nuestra libertad y trabajo sin impaciencias: porque el protagonista es Dios. El Reino crece desde dentro, por la energía del Espíritu que, poco a poco, da abundantes cosechas de solidaridad y de servicio entre los pobres y que echa ramas en las que pueden cobijarse todos los desamparados de este mundo.

     

Para discernir

 

  • ¿Confío en la acción de Dios o trato de buscar otras seguridades?

  • ¿Reconozco la presencia del Reino en sus pequeñas manifestaciones?

  • ¿Me impaciento ante la falta de resultados visibles?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Que venga tu reino Señor

 

Para la lectura espiritual

 

Por lo general, pensamos que la paciencia es una especie de resignación fatalista frente a lo que se nos opone y, por consiguiente, una confesión de derrota. Sin embargo, de hecho, la paciencia cristiana no es resignación, sumisión. Para comprender la actitud espiritual que llamamos paciencia es preciso mirar a Jesús paciente. Basta con leer el evangelio para ver que el Señor Jesús experimentó la incomodidad física, el cansancio, la monotonía del trabajo, la opresión de la muchedumbre.

Le alcanzaron las contestaciones, el odio, la incredulidad. Experimentó el dolor físico más agudo y el sufrimiento del espíritu, la agonía, el abandono de los discípulos y hasta del Padre. Pero no fue un aplastado: se ofreció porque lo quiso. Llevó sobre sí todo con una paciencia que no es ni inercia ni pasividad, sino ofrenda de sí mismo a todo lo que quiere el Padre.

El amor al Padre y a los hombres le impulsa a entregarse hasta el extremo. «Si el grano de trigo no muere, no da fruto», dice en el evangelio. Así, con su sacrificio glorificó al Padre y llevó a cabo nuestra salvación. Esta es la victoria del amor, de la paciencia.

A partir del ejemplo vivo del Señor Jesús, comprendemos que la paciencia es la perfección de la caridad. Observa san Juan de la Cruz: «El amor ni cansa ni se cansa». Es la paciencia silenciosa, perseverante, que se vuelve don, como Cristo, pan partido por los hermanos. Ahora bien, esta disponibilidad de amor no puede ser sostenida más que por una fe viva y por una intensa esperanza. Muchas de nuestras impaciencias y muchos abatimientos proceden precisamente de una fe y de una esperanza, demasiado débiles, que no nos orientan plenamente al amor.

 

A. Ballestrero, Hablar de cosas verdaderas.

 

Para rezar

 

Hay un mundo que vive en la esperanza de un mañana más justo, más fraterno.

Hay un mundo que sufre los dolores de un nuevo amanecer.

Hay semillas de vida traspasando la tierra de la muerte.

Tú me enseñas a verlo, a descubrirlo, Jesús, me das la fe.

Hay un hombre que vive la miseria, sin poder, sin saber, sólo muriendo.

Hay un hombre que, pese a todo, espera justicia y libertad.

Hay dos mundos, tres mundos, divididos por el poder e indiferencia.

Tú me llamas, Jesús, al compromiso, a la solidaridad.

Yo sé que no puedo encontrarte a ti, Jesús, sin tu Reino.

Yo sé que no llega el Reino, si en el centro no estás tú.

Bendito el que marcha en tu nombre, bendito el que en el hermano

ve tu rostro, se detiene y comparte hoy su cruz.

 

E. Fernández

Sábado III

2 de febrero

La Presentación del Señor (F)

 

Mis ojos han visto a tu Salvador

 

 

Lectura del Libro de Malaquías 3, 1-4

 

Así dice el Señor: “Mirad, yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí. De pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis. Miradlo entrar -dice el Señor de los ejércitos-. ¿Quién podrá resistir el día de su venida?, ¿quién quedará en pie cuando aparezca? Será un fuego de fundidor, una lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata, como a plata y a oro refinará a los hijos de Leví, y presentarán al Señor la ofrenda como es debido. Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos.”

 

Palabra de Dios

 

SALMO Sal 23, 7-10

 

R: El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria.

 

¡Portones!, alzad los dinteles,

que se alcen las antiguas compuertas:

va a entrar el Rey de la gloria. R.

 

¿Quién es ese Rey de la gloria?

El Señor, héroe valeroso;

el Señor, héroe de la guerra. R.

 

¡Portones!, alzad los dinteles,

que se alcen las antiguas compuertas:

va a entrar el Rey de la gloria. R.

 

¿Quién es ese Rey de la gloria?

El Señor, Dios de los ejércitos.

Él es el Rey de la gloria. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 22-40

 

 

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: “Todo primogénito varón será consagrado al Señor”, y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: “un par de tórtolas o dos pichones.”

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: “Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.” Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: “Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.”

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

 

Palabra del Señor

 

O bien más breve:

 

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    2, 22-32

 

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:

«Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Jesús se hace solidario de nuestras debilidades, dolores y angustias; Él es de nuestra “carne y sangre”, hermano nuestro, y por eso su muerte y sus dolores nos salvan y liberan.
  • El proyecto salvador de Dios se encarna en una historia concreta. María, como hacían todas las mujeres israelitas, va a cumplir los ritos de la purificación, obligatorios para las que acababan de dar a luz. Toda madre, al tener un hijo, quedaba legalmente “impura”, y tenía que ser declarada “pura” en el templo por un sacerdote.
  • Además, todo primogénito pertenecía a Dios. Los primeros nacidos de los animales eran sacrificados; el primer hijo de cada familia era rescatado por medio de una ofrenda. La ofrenda que presentan los padres de Jesús para rescatarlo es la de los pobres: “un par de tórtolas o dos pichones”. Los ricos presentaban animales más grandes y más caros.
  • Para María, la presentación y ofrenda de su hijo fue un acto de ofrecimiento verdadero y consciente. Significaba que ella ofrecía a su hijo para la obra de la redención con la que él estaba comprometido desde un principio. Ella renunciaba a sus derechos maternales y a toda pretensión sobre él; y lo ofrecía a la voluntad del Padre.
  • También, al poner María a su hijo en los brazos de Simeón queda simbolizado que ella no lo ofrece exclusivamente al Padre, sino también al mundo, representado por aquel anciano.
  • Simeón es un profeta; el Espíritu Santo actúa y abre los ojos de este anciano, que descubre en el hijo de María, “el consuelo de Israel”. Iluminado por el mismo Espíritu intuye, a través de los signos de pobreza, la gran realidad presente en Jesús: la salvación y liberación de Israel. También está allí la anciana Ana: mujer llena de verdadera religiosidad que esperaba que todo cambiara un día. Ella alaba a Dios y habla a todos de aquel Niño, que es la liberación de Israel y de todas las naciones.
  • El cántico que se coloca en boca de Simeón habla de Jesús como el “Salvador” para “todos los pueblos”, “luz” de “las naciones” y “gloria de Israel”. El pequeño hijo de María llegará a ser el salvador del mundo, el mensajero de la buena noticia para todos, el hacedor de la paz mesiánica que procede de Dios. Solamente que el camino no será fácil; las palabras de Simeón dirigidas a María anticipan el rechazo que sufrirá Jesús por parte de las autoridades de su pueblo, la contradicción de su mensaje con los poderes de la ambición, el orgullo y la guerra. La espada que atravesará el alma de María simboliza su participación en el destino de su Hijo. Destino de salvación para los pueblos, pasando por el dolor y la muerte a la gloria de la resurrección.
  • El amor de Dios es, sobre todo, liberador: hace personas libres, por eso Jesús es la “luz” que no sólo ayuda a caminar, sino la luz que salva, que guía por un camino que conduce a la vida. Por eso se llama “Salvador”.
  • Es “gloria”. En lenguaje bíblico significa la manifestación del mismo Dios. Jesús es la “gloria de Israel”, porque es la máxima manifestación del amor de Dios por su pueblo. El Niño provocará la caída de unos y la elevación de otros; unos avanzarán con El hacia la plena liberación, otros se hundirán en egoísmos y conformismos estériles. La vida de Jesús dará fe de ello. Y la historia, hasta hoy, también.
  • Dios ha dicho su última palabra en Jesús; y el Hijo de Dios dará su respuesta en la cruz. La victoria del Mesías nacerá de su derrota. La vida llega por la muerte, y en ese camino quedan al descubierto los pensamientos y los intereses de muchos corazones. La decisión que se tome ante la señal que es Jesús, descubre las profundidades ocultas de los sentimientos humanos, lo que hay dentro de cada corazón.
  • Ser creyente es ser peregrino, caminar en la incertidumbre y en la inseguridad, caminar de sorpresa en sorpresa. El amor de Dios es exigente, siempre está empujando para que los hombres crezcamos y maduremos. Pero también es luz, se hace claridad en el andar.
  • Los cristianos, que celebramos la fiesta de la presentación de Jesús en el Templo, tenemos una llamada a asumir nuestro compromiso de fe: recibir a Jesús en nuestras vidas con la alegría y la esperanza con que lo recibieron Simeón y Ana, aunque esto signifique dejar de lado el orgullo, vencer el egoísmo para poder abrirnos al amor y a la misericordia que Jesús nos trae. Y habiendo sido iluminados por Jesús presentarlo a los demás, como María y José, sabiendo que Él es salvación, luz y paz para todos.

 

Para discernir

 

  • ¿Anhelo el encuentro con Jesús y su salvación?
  • ¿Busco momentos para salir a su encuentro?
  • ¿Soy luz delante de mis hermanos?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Celebro el encuentro con Vos en mis hermanos

 

Para la lectura espiritual

 

«Mis ojos han visto a tu Salvador»

 

…”Ahí tenéis, hermanos míos, entre las manos de Simeón, un cirio encendido. También vosotros, encended en esta lámpara vuestros cirios, quiero decir estas lámparas que el Señor os ordena tener en vuestras manos (Lc 12,35). «Acercaos a él y quedaréis iluminados» (Sl 33,6) de manera que vosotros mismos seáis más que portadores de unas lámparas: unas luces que alumbren vuestro interior y también al exterior de vosotros mismos y a vuestros prójimos.

¡Qué tengáis una lámpara en vuestro corazón, en vuestra mano, en vuestra boca! Que la lámpara que tenéis en vuestro corazón brille para vosotros mismos, que la lámpara que tenéis en vuestra mano y en vuestra boca brille para vuestro prójimo. La lámpara de vuestro corazón es la devoción que inspira la fe; la lámpara de vuestra mano, el ejemplo de las buenas obras; la lámpara de vuestra boca, la palabra que edifica. Porque no debemos contentarnos con ser unas luces a los ojos de los hombres gracias a nuestros actos y a nuestras palabras, sino que nos es necesario brillar incluso delante de los ángeles por nuestra oración, y delante de Dios por nuestra intención. Nuestra lámpara delante de los ángeles es la pureza de nuestra devoción que nos impulsa a cantar recogidamente o a orar con fervor en su presencia. Nuestra lámpara delante de Dios, es la sincera resolución de dar gusto únicamente a aquel ante el cual hemos encontrado gracia…

A fin de que brillen todas estas lámparas, dejaos iluminar, hermanos míos, acercándoos al que es la fuente de la luz, quiero decir a Jesús que brilla en las manos de Simeón. Él quiere, ciertamente, iluminar vuestra fe, hacer que resplandezcan vuestras obras, inspiraros la palabra justa para decir a los hombres, llenar de fervor vuestra oración y purificar vuestra intención… Y cuando la lámpara de esta vida se apagará…, veréis la luz de la vida que no se apagará jamás elevarse y subir por la tarde como si fuera en pleno esplendor de mediodía”…

 

 

Beato Guerrico de Igny (hacia 1080-1157), abad cisterciense – 1er sermón para la Purificación de la Virgen María, 2.3.5; PL 185, 64-65

 

Para rezar

 

Oración a Nuestra Señora de la Candelaria

 

Nuestra Señora de la Candelaria,

Madre de la Luz, un día en el Templo

nos mostraste a Jesús, nuestro Salvador.

Hoy venimos a Vos,

nosotros que muchas veces caminamos en tinieblas

porque sabemos que seguís mostrándolo

a todo hombre que abre su corazón.

Danos la luz de la Fe que nos ayude

a seguir los pasos de tu Hijo.

Danos la luz de la Esperanza para vivir

el Evangelio a pesar de las dificultades.

Danos la luz del Amor para reconocer y servir

a Cristo que vive en los hermanos.

Danos la luz de la Verdad para descubrir

el mal que nos esclaviza y rechazarlo.

Danos la luz de la Alegría para ser testigos

de la Vida Nueva que Dios nos ofrece.

Madre buena de la Luz, tomanos de la mano,

iluminá nuestro camino, mostranos a Jesús. Así sea.

TIEMPO DTE EL AÑO – SEMANA II – CICLO C

TIEMPO DTE EL AÑO – CICLO C

Domingo de la 2da semana

 

Lunes II

 

Martes II

 

Miércoles II

 

Jueves II

 

Viernes II

Conversión de San Pablo, Apóstol (F)


Sábado II

Santos Timoteo y Tito (M.O)

 

 

TIEMPO DTE EL AÑO – CICLO C

Domingo de la 2da semana

 

Así manifestó su Gloria

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del profeta Isaías    62, 1-5

 

Por amor a Sión no me callaré, por amor a Jerusalén no descansaré, hasta que irrumpa su justicia como una luz radiante y su salvación, como una antorcha encendida. Las naciones contemplarán tu justicia y todos los reyes verán tu gloria; y tú serás llamada con un nombre nuevo, puesto por la boca del Señor.

Serás una espléndida corona en la mano del Señor, una diadema real en las palmas de tu Dios. No te dirán más «¡Abandonada!», ni dirán más a tu tierra «¡Devastada!» sino que te llamarán «Mi deleite», y a tu tierra «Desposada.»

Porque el Señor pone en ti su deleite y tu tierra tendrá un esposo. Como un joven se casa con una virgen, así te desposará el que te reconstruye; y como la esposa es la alegría de su esposo, así serás tú la alegría de tu Dios.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 95, 1-2a. 2b-3. 7-8a. 8b-9. 10a y c (R.: 3)

 

R.    Anuncien las maravillas del Señor entre los pueblos.

 

Canten al Señor un canto nuevo,

cante al Señor toda la tierra;

canten al Señor, bendigan su Nombre. R.

 

Día tras día, proclamen su victoria.

Anuncien su gloria entre las naciones,

y sus maravillas entre los pueblos. R.

 

Aclamen al Señor, familias de los pueblos,

aclamen la gloria y el poder del Señor;

aclamen la gloria del nombre del Señor. R.

 

Entren en sus atrios trayendo una ofrenda,

adoren al Señor al manifestarse su santidad:

¡que toda la tierra tiemble ante él! R.

 

Digan entre las naciones: «¡el Señor reina!

El Señor juzgará a los pueblos con rectitud.» R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto    12, 4-11

 

Hermanos:

Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos.

En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común. El Espíritu da a uno la sabiduría para hablar; a otro, la ciencia para enseñar, según el mismo Espíritu; a otro, la fe, también en el mismo Espíritu. A este se le da el don de curar, siempre en ese único Espíritu; a aquel, el don de hacer milagros; a uno, el don de profecía; a otro, el don de juzgar sobre el valor de los dones del Espíritu; a este, el don de lenguas; a aquel, el don de interpretarlas.

Pero en todo esto, es el mismo y único Espíritu el que actúa, distribuyendo sus dones a cada uno en particular como él quiere.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    2, 1-11

 

Se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue invitado con sus discípulos. Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino.» Jesús le respondió: «Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía.» Pero su madre dijo a los sirvientes: «Hagan todo lo que él les diga.»

Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una. Jesús dijo a los sirvientes: «Llenen de agua estas tinajas.» Y las llenaron hasta el borde. «Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al encargado del banquete.» Así lo hicieron.

El encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba su o rigen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo y le dijo: «Siempre se sirve primero el buen vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento.»

Este fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Este domingo es un eco de la Navidad, en  línea con la Epifanía y el Bautismo: el segundo domingo del tiempo ordinario se refiere aún  a la manifestación del Señor celebrada en la solemnidad de la Epifanía.
  • La historia de la salvación es una historia de amor. La Biblia no reconoce otra  esposa del Señor que no sea el pueblo elegido. A este pueblo, Israel, dirige su palabra y  envía sus mensajeros. Porque ese es el “amor” de Dios. Con ese pueblo contrae su “alianza”. Y la revelación puede  contemplarse como la “declaración de amor” de Dios a su pueblo.
  • La boda de Caná es signo de las bodas de sangre de Cristo, el verdadero Esposo. Es decir, Jesucristo, que posee la plenitud del espíritu amoroso de Dios, es el Esposo de todo amor.

***

  • Israel había vivido momentos desastrosos en su historia, pero el exilio, ahondó su crisis y los desesperó hasta tal punto de creer que Dios los había abandonado definitivamente. El acontecimiento de la reconstrucción tras el exilio, les hace replantear las relaciones con Dios y revisar en qué se ha fallado y por qué se han alejado de Él. El profeta Isaías hace alusión a Dios y a Israel como el esposo y la esposa respectivamente. Esto exige que el pueblo se renueve, para ser capaz de comprometerse con Dios y asumir una relación de tipo nupcial.
  • La comunidad cristiana es ahora la nueva novia que ha recibido en plenitud los dones que el Espíritu ha regalado a su pueblo para embellecerlo, para que esté a la altura del esposo y para que, poniéndolos al servicio de la misma comunidad, pueda d