Monthly Archiv: enero, 2019

TIEMPO DTE EL AÑO – SEMANA IV – CICLO C

TIEMPO DTE EL AÑO – CICLO C

Domingo de la cuarta semana

 

Lunes IV

 

Martes IV

 

Miércoles IV

 

Jueves IV

 

Viernes IV

 

Sábado IV

 

TIEMPO DTE EL AÑO – CICLO C

Domingo de la cuarta semana

 

Nadie es profeta en su tierra

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Profeta Jeremías 1,4-5. 17-19.

 

En los días de Josías, recibí esta palabra del Señor:

Antes de formarte en el vientre, te escogí,
antes de que salieras del seno materno, te consagré:
Te nombré profeta de los gentiles.
Tú cíñete los lomos,
ponte en pie y diles lo que yo te mando.

No les tengas miedo,
que si no, yo te meteré miedo de ellos.

Mira: yo te convierto hoy en plaza fuerte,
en columna de hierro, en muralla de bronce,
frente a todo el país:

Frente a los reyes y príncipes de Judá,
frente a los sacerdotes y la gente del campo;
lucharán contra ti, pero no te podrán,
porque yo estoy contigo para librarte,
-oráculo del Señor-

 

Palabra de Dios

 

SALMO Sal 70,1-2. 3-4a. 5-6ab. 15ab y 17


 

R: Mi boca anunciará tu salvación.

 

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo derrotado para siempre;
tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo,
inclina a mí tu oído, y sálvame. R:

 

Sé tú mi roca de refugio,
el alcázar donde me salve,
porque mi peña y mi alcázar eres tú,
Dios mío, líbrame de la mano perversa. R:

 

Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza
y mi confianza, Señor, desde mi juventud.
En el vientre materno ya me apoyaba en ti,
en el seno, tú me sostenías. R:

 

Mi boca contará tu auxilio,
y todo el día tu salvación.
Dios mío, me instruiste desde mi juventud,
y hasta hoy relato tus maravillas. R:

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta

del Apóstol San Pablo a los Corintios 12,31-13,13.

 

Hermanos:

 

Busquen los carismas mejores. Y aún les voy a mostrar un camino mejor. Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o un platillo que suena. Ya podría tener el don de predicción y conocer todos los secretos y todo el saber; podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada.

Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve.

El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites.

El amor no pasa nunca.

¿El don de predicar? -se acabará. ¿El don de lenguas? -enmudecerá. ¿El saber? -se acabará. Porque inmaduro es nuestro saber e inmaduro nuestro predicar; pero cuando venga la madurez, lo inmaduro se acabará.

Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre, acabé con las cosas de niño.

Ahora vemos como en un espejo de adivinar; entonces veremos cara a cara.

Mi conocer es por ahora inmaduro, entonces podré conocer como Dios me conoce.

En una palabra: quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres. La más grande es el amor.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    4, 21 – 30

 

En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga:

-Hoy se cumple esta Escritura que acaban de oír. Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.

Y decían:

-¿No es éste el hijo de José?

Y Jesús les dijo:

-Sin duda me recitarán aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»: haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaun.

Y añadió:

-Les aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Les garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado más que Naamán, el sirio.

Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo.

Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

 

Palabra del Señor

 

Para reflexionar

 

 

  • Jeremías aparece como un profeta auténtico. En tiempos difíciles se le encarga que haga oír la voz de Dios en medio del pueblo y ante las autoridades. Mal aceptado por muchos se lo puede considerar como el prototipo de un profeta fiel a su vocación y a su identidad, aunque fracasara en su misión y no le hicieran mucho caso. Junto a la misión, Dios le asegura su ayuda. Le da su fuerza, su Espíritu, para que no desfallezca en su empeño. Porque la voz de un profeta es muchas veces, voz contra corriente.

***

  • Hoy, en la segunda lectura, escuchamos de qué amor nos habla Dios. Si existe algo que llena de sentido nuestras vidas, lo que somos, los dones que el Espíritu nos ha dado, esto es el amor. Sin embargo, no es un amor abstracto, sino un amor que se hace carne en la vida.

***

  • El evangelio de este domingo continúa el relato de la presentación de Jesús en su propio pueblo. El carpintero de Nazaret animado por el espíritu profético, se atreve a referir a sí mismo un texto mesiánico de Isaías. La reacción de escándalo de sus paisanos era de esperar: “¿No es éste el hijo de José?”. La respuesta de Jesús los pone contra la pared. “Nadie es profeta en su tierra”. Jesús expresa su desencanto respecto a los hombres de su pueblo. Toma cuerpo la dura reflexión de Juan en el evangelio, al afirmar que Jesús vino a los suyos y los suyos no le recibieron.
  • Aunque sea doloroso, este es un relato programático. Jesús, como Jeremías, ha sido llamado para arrancar de la religión de Israel, y de toda religión, la idea de la venganza de Dios. No es un profeta defensor de intereses particulares, mantenedor de odios, y de espíritu de revancha. Corrige posiciones falsas, y no habla ni anuncia el día de la venganza contra los paganos.
  • Su profetismo es nuevo, tiene dimensiones universales. Rompe las fronteras de la raza, de la cultura. Ya no hay pueblos privilegiados.
  • La revelación de salvación se extenderá a Sarepta, a una viuda o a Naamán, el sirio.
  • Un profeta así resulta incómodo. Molesta “este mensaje de gracia”. que anuncia un régimen de misericordia, de perdón, de amor; a los que esperan una justicia anclada en su propia perfección y que se apoya en privilegios. La actitud de Jesús hacia los pobres, los enfermos, los pecadores, desagrada a los que se han situado en un lugar de superioridad frente a los demás.
  • Jesús interpreta en la sinagoga que ha llegado el tiempo en el cual las palabras proféticas no pueden quedarse sólo en la “escritura sagrada”. Dios “ya” está salvando por la Palabra de gracia.
  • Lo que se manifestó en el Bautismo y en la escena de Caná, se sigue clarificando: Jesús de Nazaret es el auténtico Profeta y Maestro de la humanidad. El único cuya Palabra es verdaderamente salvadora. En la sinagoga de Nazaret y hoy y aquí para nosotros. Él es el Ungido, el lleno de la fuerza del Espíritu de Dios, para cumplir la misión más difícil: la de un Mesías que hace oír la voz de Dios y que salva a la humanidad entregando con fidelidad radical su propia vida.
  • La misión profética de Jesús se comunica a la Iglesia, a todos los bautizados. La Palabra llegó a nuestra historia para que se cumpla. Tiene vocación de ser fecunda y eficaz. Jesús se nos ha manifestado como el amor de Dios a los hombres, el testigo de la verdad. Nosotros, como testigos de Jesús somos testigos de Dios en el mundo. Nuestra misión evangelizadora y profética no consiste sólo en repetir el evangelio, sino en hacer a Dios presente al mundo, proclamando la igualdad de todos los hombres como hijos de Dios; y el destino común de salvación en el que todos debemos empeñar nuestros esfuerzos.
  • Hacer que se cumpla hoy la escritura que anuncia la buena noticia a los pobres, es “aspirar a los dones más perfectos, amándonos los unos a los otros, como Él nos ha amado” dignificando la vida de todos. Amor efectivo, que Pablo nos describe como amor gratuito, generoso y eficaz; y que por eso es buena noticia para un mundo que se ahoga en el desamor, la insolidaridad y la indiferencia.
  • Por eso es profética una Iglesia que no se acomoda a los valores del mundo, que se abre y preocupa por los que creen y también por los que no creen, que molesta a algunos y sirve a todos, que no halaga pero busca los signos de presencia de Dios para alabar y bendecir; que es sal, fuego, y luz. Una Iglesia instalada en el mundo o en sí misma no es la Iglesia de Jesús. El discípulo, que necesariamente tiene que ser profeta, se arriesga y lucha por el Evangelio a sabiendas de que va contracorriente.
  • El profeta cristiano no es un amargado y resentido anunciador de calamidades: el profeta cristiano sabe que “el amor es lo más grande”, y eso es lo que anuncia y se transforma en espada de doble filo. No adivina el futuro, sino que ve con hondura el presente y puede proyectarse al mañana desde el proyecto de Dios. Siempre el Evangelio será incómodo porque es una palabra de amor que nos exige, nos juzga, nos pide y nos compromete.
  • La profecía de Isaías que Jesús lee en la sinagoga de Nazaret muestra el amor de Dios por todos los hombres, especialmente por los pobres y necesitados de su amor encarnado.
  • Hoy somos nosotros, la Iglesia, a quien Dios confía esta tarea de profetizar desde un amor vital, que destruye las barreras de injusticia, de egoísmos, de odios, de esta sociedad que mata muchos sueños de futuro, que adormece y entibia la esperanza con recetas manipuladas y de corto alcance.
  • El amor de Dios vivido en plenitud y como proyecto de vida en el hoy y aquí de nuestra historia, es verdad y profecía del reino.

 

Para discernir

 

  • ¿Nosotros, denunciamos algo?
  • ¿Qué denuncio yo?
  • ¿Lo que dice y manda el evangelio, o lo que se opone a mis intereses y mis ideas?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Quiero ser profeta

 

Para la lectura espiritual

 

El miedo a ser diferentes

 

Ningún profeta es bien mirado en su tierra.

Pronto pudo ver Jesús lo que podía esperar de su propio pueblo. Los evangelistas no nos han ocultado la resistencia, el escándalo y la contradicción que encontró Jesús muy pronto, incluso en los ambientes más allegados.

Su actuación libre y liberadora resultaba demasiado molesta y acusadora. Su comportamiento ponía en peligro demasiados intereses.

Jesús lo comprende así con toda lucidez. Es difícil que un hombre que se pone a actuar escuchando fielmente a Dios sea bien aceptado en un pueblo que vive de espaldas a El. «Ningún profeta es bien mirado en su tierra».

Los creyentes no lo debiéramos olvidar. No se puede pretender seguir fielmente a Jesús y no provocar, de alguna manera, la reacción, la extrañeza, la crítica y hasta el rechazo de quienes, por diversos motivos, no pueden estar de acuerdo con un planteamiento cristiano de la vida.

¿No somos los creyentes demasiado «normales» y demasiado bien aceptados en una sociedad que no es tan normal ni tan aceptable cuando se miran las cosas desde la fe? ¿No nos sentimos demasiado a gusto y bien adaptados?

Nos da miedo ser diferentes. Hace mucho tiempo que está de moda «estar a la moda». Y no sólo cuando se trata de adquirir el traje de invierno o escoger los colores de verano. El «dictado de la moda» nos impone los gestos, las maneras, el lenguaje, las ideas, las actitudes y las posiciones que debemos defender.

Se necesita una gran dosis de coraje y de valor para ser fiel a las propias convicciones, cuando todo el mundo se acomoda y adapta «a lo que se lleva».

Es más fácil vivir sin un proyecto de vida personal, dejándose llevar por los acontecimientos y los convencionalismos sociales. Es más fácil instalarse cómodamente en la vida y vivir superficialmente según lo que nos dicten desde fuera.

Al comienzo, quizás, uno escucha todavía una voz interior que le dice que no es ése el camino acertado para crecer como hombre ni como creyente. Pero, pronto nos tranquilizamos. No queremos pasar por «un anormal», «un extraño» o «un loco». Se está más seguro sin distanciarse del rebaño.

Y así seguimos caminando. En rebaño. Mientras desde el evangelio se nos sigue invitando a ser fieles a nuestras convicciones creyentes, incluso cuando puedan acarrearnos la crítica y el rechazo dentro de nuestra misma clase social, nuestro propio partido, el círculo profesional y social en el que nos movemos y hasta en el entorno más cercano de nuestros amigos y familiares.

 

José Antonio Pagola

 

Para rezar

 

El profeta

 

Antes que te formaras

dentro del vientre de tu madre,

antes que tú nacieras,

te conocía y te consagré,

para ser mi profeta

de las naciones, yo te escogí,

irás donde te envíe,

lo que te mande proclamarás.


 

Tengo que gritar, tengo que arriesgar,

ay de mí si no lo hago,

cómo escapar de Ti, cómo no hablar,

si tu voz me quema dentro.


 

Tengo que andar, tengo que luchar,

ay de mí si no lo hago,

cómo escapar de Ti, cómo no hablar,

si tu voz me quema dentro.


 

No temas arriesgarte

porque contigo Yo estaré.

No temas anunciarme

porque en tu boca yo hablaré.

Te encargo hoy mi pueblo

para arrancar y derribar,

para edificar,

construirás y plantarás.


 

Deja a tus hermanos,

deja a tu padre y a tu madre,

abandona tu casa

porque la tierra gritando está.

Nada traigas contigo

porque a tu lado yo estaré,

es hora de luchar,

porque mi pueblo sufriendo está.

 

Lunes IV

 

¡Sal de este hombre, espíritu impuro!

 

Lectura de la carta a los Hebreos    11,32-40

 

Hermanos:

¿Y qué más puedo decir? Me faltaría tiempo para hablar de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, de Samuel y de los Profetas.

Ellos, gracias a la fe, conquistaron reinos, administraron justicia, alcanzaron el cumplimiento de las promesas, cerraron las fauces de los leones, extinguieron la violencia del fuego, escaparon del filo de la espada. Su debilidad se convirtió en vigor: fueron fuertes en la lucha y rechazaron los ataques de los extranjeros.

Hubo mujeres que recobraron con vida a sus muertos. Unos se dejaron torturar, renunciando a ser liberados, para obtener una mejor resurrección.

Otros sufrieron injurias y golpes, cadenas y cárceles. Fueron apedreados, destrozados, muertos por la espada. Anduvieron errantes, cubiertos con pieles de ovejas y de cabras, desprovistos de todo, oprimidos y maltratados. Ya que el mundo no era digno de ellos, tuvieron que vagar por desiertos y montañas, refugiándose en cuevas y cavernas.

Pero, aunque su fe los hizo merecedores de un testimonio tan valioso, ninguno de ellos entró en posesión de la promesa. Porque Dios nos tenía reservado algo mejor, y no quiso que ellos llegaran a la perfección sin nosotros.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 30, 20. 21. 22. 23. 24 (R.: 25)

 

R.    Sean fuertes y valerosos, todos los que esperan en el Señor.

 

¡Qué grande es tu bondad, Señor!

Tú la reservas para tus fieles;

y la brindas a los que se refugian en ti.,

en la presencia de todos. R.

 

Tú los ocultas al amparo de tu rostro

de las intrigas de los hombres;

y los escondes en tu Tienda de campaña,

lejos de las lenguas pendencieras. R.

 

¡Bendito sea el Señor!

El me mostró las maravillas de su amor

en el momento del peligro. R.

 

En mi turbación llegué a decir:

«He sido arrojado de tu presencia.»

Pero tú escuchaste la voz de mi súplica,

cuando yo te invocaba. R.

 

Amen al Señor, todos sus fieles,

porque él protege a los que son leales

y castiga con severidad a los soberbios. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Marcos    5, 1-20

 

Jesús y sus discípulos llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos. Apenas Jesús desembarcó, le salió al encuentro desde el cementerio un hombre poseído por un espíritu impuro. El habitaba en los sepulcros, y nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas. Muchas veces lo habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarlo. Día y noche, vagaba entre los sepulcros y por la montaña, dando alaridos e hiriéndose con piedras.
Al ver de lejos a Jesús, vino corriendo a postrarse ante él, gritando con fuerza: «¿Qué quieres de mí, Jesús, Hijo de Dios, el Altísimo? ¡Te conjuro por Dios, no me atormentes!» Porque Jesús le había dicho: «¡Sal de este hombre, espíritu impuro!» Después le preguntó: «¿Cuál es tu nombre?» El respondió: «Mi nombre es Legión, porque somos muchos.» Y le rogaba con insistencia que no lo expulsara de aquella región.

Había allí una gran piara de cerdos que estaba paciendo en la montaña. Los espíritus impuros suplicaron a Jesús: «Envíanos a los cerdos, para que entremos en ellos.» El se lo permitió. Entonces los espíritus impuros salieron de aquel hombre, entraron en los cerdos, y desde lo alto del acantilado, toda la piara -unos dos mil animales- se precipitó al mar y se ahogó.

Los cuidadores huyeron y difundieron la noticia en la ciudad y en los poblados. La gente fue a ver qué había sucedido. Cuando llegaron a donde estaba Jesús, vieron sentado, vestido y en su sano juicio, al que había estado poseído por aquella Legión, y se llenaron de temor. Los testigos del hecho les contaron lo que había sucedido con el endemoniado y con los cerdos. Entonces empezaron a pedir a Jesús que se alejara de su territorio.

En el momento de embarcarse, el hombre que había estado endemoniado le pidió que lo dejara quedarse con él. Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: «Vete a tu casa con tu familia, y anúnciales todo lo que el Señor hizo contigo al compadecerse de ti.» El hombre se fue y comenzó a proclamar por la región de la Decápolis lo que Jesús había hecho por él, y todos quedaban admirados.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El autor les trae a la memoria el ejemplo de los antiguos judíos, que realizaron cosas difíciles por la fe y permanecieron fieles en la prueba, sin volver su vista atrás, sino, muy al contrario, dispuestos a la aventura de la fe. Los antepasados sometieron reinos y ejercieron justicia; cerraron la boca de los leones, o dominaron la violencia del fuego; resucitaron hijos y otros que, se han dejado torturar sin ceder, o exiliar.
  • El autor recalca de las personas que vivieron en esa etapa el mérito de haber vivido en un tiempo de promesas: no en los tiempos mesiánicos. La fe, que es algo sobrenatural, se vive dentro de la experiencia humana y se caracteriza por el don que uno hace de sí mismo para el futuro, el riesgo que uno corre de abandonar su seguridad y darse de lleno a la novedad. El contenido del sacrificio de Cristo no es otro que su fe total en el Padre, capaz de hacer surgir lo inesperado más allá incluso de la muerte.

***

  • Jesús llega a la región de los gerasenos, o sea, a un territorio pagano, por lo tanto, impuro. Lejos del poblado, entre los sepulcros, vive un hombre poseído por el espíritu maligno. La sociedad lo ha marginado: la forma más rápida de resolver el problema es encerrar al enfermo para que no moleste.
  • Jesús se acerca a los que la sociedad ha apartado. Es un pobre hombre desquiciado, privado de sus facultades mentales, que no es dueño de sí mismo y se ha convertido en su propio enemigo. Cristo ha venido a combatir el mal que divide al hombre en lo más profundo de sí mismo y lo empuja contra sí mismo.
  • El encuentro con Jesús, la llegada del Reino, no es únicamente una curación, sino una verdadera liberación, un encontrarse a sí mismo, una reconquista de la propia vida. De un ser dividido e insociable, Jesús ha hecho un hombre dueño de sí mismo, lo ha convertido en un hermano.
  • Los gerasenos a pesar de admirarse de la curación cuando se enteran de que los cerdos se han precipitado en el lago invitan a Jesús alejarse de su territorio. Es demasiado el precio que han tenido que pagar por la liberación de un hombre. La vida de este hombre vale menos que una piara de puercos. Para Jesús, conducir a un hombre a su liberación, tiene un valor mucho más alto que cualquier otra cosa.
  • Luego, el hombre que había tenido el espíritu malo le pidió que lo dejara ir con Él, pero Jesús no se lo permitió. En cambio, lo enviará a su casa con la misión de manifestar a sus compatriotas la misericordia divina que él acaba de experimentar. Era la primera vez que se anunciaba la Buena Noticia en tierra de gentiles.
  • Las fuerzas del mal atacan al hombre, lo desvían de su ruta normal, le impiden realizar su camino humano y cristiano: realizarse como hombre y como hijo de Dios. El pecado siempre es antihumano aun cuando tome la apariencia de ser su placer o su bien.
  • Desde la muerte y resurrección de Jesús el demonio ya no tiene poder sobre el hombre. Solamente el poder que el hombre mismo le concede. Aquí está la buena nueva: las miles de pasiones que lo deformaban, la legión de demonios que lo habitaban, han sido vencidos. Jesús es más fuerte que las fuerzas maléficas del hombre.
  • Todos necesitamos ser liberados de la legión de malas tendencias que experimentamos: orgullo, sensualidad, ambición, envidia, egoísmo, violencia, intolerancia, avaricia, miedo. Una vez liberados, el Señor nos enseña que seguirlo. También es saber quedarse allí donde estamos, dando testimonio de las maravillas que puede obrar el Señor si le damos paso en nuestra vida.
  • El endemoniado geraseno, es como un prototipo de tantos hermanos nuestros, excluidos de la vida social, comunitaria, por algún estigma llamado: enfermedad, pobreza, ignorancia, absoluta miseria, otra raza, otra lengua, por ejercer algún oficio que consideramos sucio, por tener que ganarse la vida indignamente, en la mendicidad, o revolviendo la basura de nuestras calles. Pero Jesús los ama y quiere liberarlos. Todas las imágenes que nos presenta este texto nos dejan adivinar la importancia del gesto misionero que hace Jesús: liberar al hombre cualquiera sea su degradación.
  • La Iglesia ha recibido la misión de continuar este poder liberador, la lucha y la victoria contra todo mal. El hombre no evangelizado es un hombre “encadenado”, no libre. Para liberar la Iglesia tiene que anunciar la Buena Nueva y comunicar la vida de Cristo. El evangelio nos muestra el modo: salir a la periferia, acercarnos a toda realidad, no anteponer ningún valor material al valor de la vida, escuchar el clamor del sufriente y desde un vínculo basado en el amor, auténticamente evangélico, ayudarlo a recuperar la unidad perdida y la dignidad.

 

Para discernir

 

  • ¿Hay en mí algunos sectores que hay que liberar?
  • ¿De veras queremos ser salvados?
  • ¿Vamos hacia todos aquellos que esperan aún su liberación aunque no estén en el medio cristiano?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Llevo tu Buena Nueva Señor

 

Para la lectura espiritual

 

«Espíritu inmundo, sal de este hombre»

 

El hecho del poder del mal en el corazón humano y en la humanidad es innegable. La pregunta permanece: ¿cómo explicar este mal? La fe nos dice que existen dos misterios de luz y un misterio de noche, el cual, sin embargo, se encuentra envuelto por los misterios de luz. El primer misterio de luz es éste: la fe nos dice que no hay dos principios, uno bueno y el otro malo, sino un único principio: Dios creador, y este principio es bueno, es sólo bueno, sin sombra alguna de mal. Por eso el ser no puede ser una mezcla de bien y de mal: el ser, como tal, es bueno, y por ello pues, es bueno ser, es bueno vivir. Este es el gozoso anuncio de la fe: no hay más que una sola fuente, buena, el Creador…

Viene después un misterio de oscuridad, de noche. El mal no proviene de la fuente misma del ser, no es igualmente original. El mal proviene de una libertad creada, de una libertad mal utilizada. ¿Cómo ha sido posible esto? ¿Cómo se produjo? Las cosas permanecen oscuras. El mal no es lógico. Tan sólo Dios y el bien son lógicos, son luz. El mal permanece siendo misterioso… Lo podemos atisbar, pero no explicar; no se puede narrar como un hecho al que le sigue otro hecho porque se trata de una realidad más profunda. Sigue siendo un misterio de oscuridad, de noche.

Pero inmediatamente se le añade un misterio de luz. El mal viene de una fuente subordinada. Dios, con su luz, es más fuerte. Por eso el mal puede ser sobrepasado. Es decir, que la criatura, el hombre, puede curar… De tal manera que, al fin, en última instancia vemos que no sólo puede ser curado, sino que, efectivamente, es curado. Es Dios quien ha introducido la curación. Él mismo en persona entró en la historia. A la fuente permanente de mal opuso la fuente del bien puro. Cristo crucificado y resucitado, nuevo Adán, opone al río contaminado del mal un río de luz. Y este río sigue estando presente en la historia: miremos a los santos, los grandes santos pero también los santos más sencillos, los simples fieles y vemos que el río de luz que viene de Cristo es poderoso y está presente en ellos.

 

Comentario del Evangelio por Papa Benedicto XVI – Audiencia general del 03/12/08

 

Para rezar

 

Oración de sanación interior

 

Señor Jesús, Tú has venido a curar
los corazones heridos y atribulados,
te ruego que cures los traumas que provocan
turbaciones en mi corazón;
te ruego, en especial que cures
aquellos que son causa de pecado.

Te pido que entres en mi vida,
que me cures de los traumas psíquicos
que me han afectado en tierna edad
y de aquellas heridas que me los han provocado
a lo largo de toda la vida.

Señor Jesús, Tú conoces mis problemas,
los pongo todos en Tu corazón de Buen Pastor.
Te ruego, en virtud de aquella gran llaga
abierta en Tu Corazón,
que cures las pequeñas heridas que hay en el mío.

Cura las heridas de mis recuerdos,
a fin de que nada de cuanto me ha acaecido
me haga permanecer en el dolor, en la angustia,
en la preocupación.

Cura, Señor,
Todas esas heridas que, en mi vida,
han sido causa de raíces de pecado.
Quiero perdonar
a todas las personas que me han ofendido,
mira esas heridas interiores
que me hacen incapaz de perdonar.
Tú que has venido a curar los corazones afligidos,
cura mi corazón.

Cura, Señor Jesús, mis heridas íntimas
que son causa de enfermedades físicas.
Yo te ofrezco mi corazón,
acéptalo, Señor, purifícalo y dame
los sentimientos de Tu Corazón Divino.
Ayúdame a ser humilde y benigno.
Concédeme, Señor,
la curación del dolor que me oprime
por la muerte de las personas queridas.
Haz que pueda recuperar la paz y la alegría
por la certeza de que Tú eres la Resurrección y la Vida.

Hazme testigo autentico
de Tu Resurrección,
de Tu Victoria sobre el pecado y la muerte,
de Tu Presencia de Viviente entre nosotros.
Amén.

 

Martes IV

 

Tu fe te ha salvado

 

Lectura de la Carta a los Hebreos 12, 1-4

 

Por lo tanto, ya que estamos rodeados de una verdadera nube de testigos, despojémonos de todo lo que nos estorba, en especial del pecado, que siempre nos asedia, y corramos resueltamente al combate que se nos presenta.

Fijemos la mirada en el iniciador y consumador de nuestra fe, en Jesús, el cual, en lugar del gozo que se le ofrecía, soportó la cruz sin tener en cuenta la infamia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.

Piensen en aquel que sufrió semejante hostilidad por parte de los pecadores, y así no se dejarán abatir por el desaliento.

Después de todo, en la lucha contra el pecado, ustedes no han resistido todavía hasta derramar su sangre.

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO    Sal 21, 26b-28.30abcd.31b-32

 

R: Te alabarán, Señor, los que te buscan.

 

Cumpliré mis votos delante de sus fieles.

Los desvalidos comerán hasta saciarse,

alabarán al Señor los que lo buscan:

viva su corazón por siempre. R.

 

Lo recordarán y volverán al Señor

hasta de los confines del orbe;

en su presencia se postrarán

las familias de los pueblos.

Ante él se postrarán las cenizas de la tumba,

ante él se inclinarán los que bajan al polvo. R.

 

Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá,

hablarán del Señor a la generación futura,

contarán su justicia al pueblo que ha de nacer:

todo lo que hizo el Señor. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Marcos    5, 21-43

 

Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar. Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva.» Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.

Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias. Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, porque pensaba: «Con sólo tocar su manto quedaré curada.» Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal.

Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: « ¿Quién tocó mi manto?»

Sus discípulos le dijeron: « ¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?» Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido.

Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad.

Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad.»

Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: «Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?» Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: «No temas, basta que creas.» Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, fue a casa del jefe de la sinagoga.

Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. Al entrar, les dijo: « ¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme.» Y se burlaban de él.

Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: «Talitá kum», que significa: « ¡Niña, yo te lo ordeno, levántate.» En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El autor de la carta anima a sus lectores a que permanezcan firmes en su seguimiento de Cristo mediante la expresiva comparación del estadio y los atletas que compiten: El atleta se despoja de todo lo que estorba para poder correr ágilmente y el cristiano se despoja del pecado que lo traba en su camino hacia Cristo.
  • La multitud de espectadores que ocupan el estadio y animan a llegar a la meta, son la multitud de testigos del Antiguo Testamento y los contemporáneos, que han dado ejemplo con sus vidas a lo largo de la historia y estimulan a los cristianos actuales a ser fuertes y alcanzar la meta.
  • Cristo Jesús va delante en la carrera de la fe. El supo aceptar las dificultades y la contradicción; renunciar a todo entregándose a la muerte y ahora está triunfante junto a Dios. La carta es una invitación a todos a tener la mirada puesta en Él.

***

  • Después del milagro de la “tempestad calmada” y del “endemoniado liberado” nos encontramos hoy otros dos milagros estrechamente ligados uno a otro. Estos gestos van realizando una progresión en la fe de los discípulos. San Marcos nos va llevando paulatinamente a creer en el poder de la resurrección de Jesús.
  • Los dos milagros están muy ligados: son dos mujeres las destinatarias de la acción salvadora de Jesús. La edad de la niña, es igual a la cantidad de años de enfermedad de la mujer. Ambas, por ser mujeres y por sus enfermedades son consideradas impuras y están excluidas de la sociedad.
  • El relato comienza con la llegada de Jairo, un jefe de sinagoga que viene al encuentro de Jesús a pedirle que salve a su hija. Este gesto pone de manifiesto que la sinagoga se declara impotente para dar vida; sus líderes no pueden luchar contra la muerte. La ley por encima del ser humano los ha encerrado en un círculo de muerte.
  • Una vez que Jesús accede a este pedido, entre la multitud que acompaña a Jesús hacia la casa de Jairo, surge una mujer, que durante muchos años ha cargado con una enfermedad triplemente grave, por el sufrimiento físico, el empobrecimiento económico, y su exclusión religiosa. La mujer enferma no se atreve a pedir: se acerca disimuladamente y lo toca. Al instante sintió la curación, y Jesús, también al instante, sintió que una fuerza salía de Él. La mujer ha tocado la fuente de la vida.
  • De Jesús no brota otra cosa que la vida en plenitud. Jesús busca quien lo ha tocado. La mujer se acerca con temor porque sabe que con su actitud ha hecho impuro al Maestro. El Señor mismo provoca la confesión. Deliberadamente quiere que esta mujer que se escondía, saliera del anonimato. La obliga a darse a conocer para que entre en relación personal con Él. La hace pasar de la creencia mágica, a una fe verdadera. La fe es una relación personal con Jesús. Ahora si, Jesús “vuelve a darle”, la curación que había “robado”.
  • La fe es condición fundamental para que se obren los milagros. No es el contacto con su ropa lo que la salvó, sino el encuentro personal con Jesús a través de la fe.
  • Llegan entonces unos mensajeros para avisar que la niña ha muerto.
  • Jesús habla con el padre de la niña para pedirle que siga teniendo fe. Para Jairo es la prueba mayor. Cuando llegan, a pesar de que la liturgia de la muerte ya había comenzado, la fuerza del Reino de la vida ocupa su lugar. Jesús, toma a la niña de la mano y le ordena que se levante.
  • “Tu fe te ha salvado” y “No temas, solamente ten fe” son la clave de esta Buena Noticia. Jesús no nos pide otra cosa: tener fe. Y esto a veces sucede en situaciones de muerte y desesperantes. En esos momentos necesitamos escuchar que Él nos grita con fuerza: levántate, no te quedes ahí, no te dejes vencer por la muerte, Yo soy tu salvador, te estoy llamando, me estoy ocupando de tu vida, quiero que vivas, que andes en pie, que seas fuente de alegría y esperanza para todos.
  • Ante la enfermedad, como experiencia de debilidad y la muerte, como el gran interrogante, la Iglesia debe anunciar la respuesta positiva de Cristo. Ambas tienen en Cristo, no una solución del enigma, pero sí un sentido profundo. Dios nos tiene destinados a la salud y a la vida. Eso se nos ha revelado en Cristo Jesús y su promesa sigue en pie: “El que cree en mi, aunque muera, vivirá; el que me come tiene vida eterna”.
  • Alrededor de Jesús surge la vida, la muerte es vencida y los desesperanzados renacen. Por la fe, celebramos la vida nueva que surge de la muerte de Jesús, esperamos contra toda esperanza, que la vida es más fuerte que la muerte aunque esta aparezca siempre como más poderosa con el rostro de la violencia, el caos, el dolor. El misterio de la vida está siempre cercano a la muerte; y la vida está ligada esencialmente al amor, y el amar consiste en dar la vida, dando vida libremente hasta la muerte.
  • El odio, el egoísmo, la insolidaridad, la injusticia, la pasividad engendran muerte. Quién lucha contra las formas de muerte, crea y comunica vida. Quién arriesga su vida y corre la carrera que le toca, sin retirarse, cansarse, desanimarse; quien da su vida por amor, hace posible la esperanza y la vida de los otros. Sólo el amor crea vida y la devuelve a quien la ha perdido.

 

Para discernir

 

  • ¿Me acerco a Jesús buscando el encuentro o sólo interesadamente?

  • ¿Creo en su poder salvador?
  • ¿Acepto sus caminos y sus tiempos?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Fijamos nuestros ojos en ti, Jesús

 

Para la lectura espiritual

 

…”Vivir como cristianos significa creer que Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre y crucificado por nuestros pecados. Aunque conoció la muerte, no fue retenido por sus lazos, sino que se levantó de entre los muertos y resucitó, y vive ahora para siempre de la vida del Dios vivo. Al ofrecer su vida al Padre por nosotros, recibió el poder de recuperarla. La cruz de Jesús se ha convertido así, por la omnipotencia del amor divino, en la cruz gloriosa, victoriosa y vivificante. Ella es ahora para nosotros la fuente de todo bien, de toda alegría y de toda curación. Es el camino de la libertad, así como el único secreto de la verdadera esperanza. Es para nosotros la fuente de la vida.

Sólo si dirigimos una mirada apaciguada y renovada a Jesús en la cruz empezaremos a aprender el amor de nuestro Dios. Sí, la cruz de Jesús nos revela la misericordia infinita de Dios: Jesús, dando su vida por nosotros, nos muestra que Dios es amor (cf. 1 Jn 4,8b).

Mantener fija la mirada sobre Jesús en la cruz, con la sencillez de una oración contemplativa, significa estar en relación viva con el Hombre-Dios entregado por nosotros, por amor a nosotros. No se trata de un problema para debatir: es el fuego del amor divino que quiere purificar, iluminar, incendiar nuestro corazón de creyentes. A este respecto, nada nos prueba la realidad de este amor ofrecido como la sangre derramada de Jesús. Al derramar toda su sangre por nosotros, nos muestra Jesús que su muerte es verdaderamente la muerte de un hombre, una muerte que tuvo lugar al término de los sufrimientos que le infligió la violencia de los hombres y que fueron aceptados por él. Meditar sobre la sangre de Jesús significa descifrar la prueba de su amor, de su amor que se entregó libremente y sin resistencia alguna en manos de los pecadores”…

 

J.-P. van Schoote – J.-C. Sagne, Miseria y misericordia, Magnano 1992, pp. 46-48, passim.

 

 

Para rezar

 

Oración del enfermo para aceptar la enfermedad

 

Señor, me coloco delante de Ti en actitud de oración.

Sé que Tú me oyes, penetras y ves.

Sé que estoy en Ti y que tu fuerza está en mí.

Mira este cuerpo mío marcado por la enfermedad.

Tú sabes, Señor, cuánto me cuesta sufrir.

Sé que Tú no te alegras con el sufrimiento de tus hijos.

Dame, Señor, fuerza y coraje para vencer

los momentos de desesperación y de cansancio.

Conviérteme en paciente y comprensivo, simple y modesto.

En este momento, Te ofrezco todas mis preocupaciones,

angustias y sufrimientos, para que yo sea más digno de Ti.

Acepta Señor que yo una mis sufrimientos a los de tu Hijo Jesús que,

por amor a los hombres, dio la vida en lo alto de la cruz.

Y ahora yo te pido, Señor: ayuda a los médicos

y enfermeras a tener la misma dedicación

y amor a los enfermos. Amén.

 

Miércoles IV

 

Jesús se asombraba de su falta de fe

 

Lectura de la Carta a los Hebreos 12, 4-7.11-15

 

Después de todo, en la lucha contra el pecado, ustedes no han resistido todavía hasta derramar su sangre.

Ustedes se han olvidado de la exhortación que Dios les dirige como a hijos suyos: Hijo mío, no desprecies la corrección del Señor, y cuando te reprenda, no te desalientes.

Porque el Señor corrige al que ama y castiga a todo aquel que recibe por hijo.

Si ustedes tienen que sufrir es para su corrección; porque Dios los trata como a hijos, y ¿hay algún hijo que no sea corregido por su padre?

Es verdad que toda corrección, en el momento de recibirla, es motivo de tristeza y no de alegría; pero más tarde, produce frutos de paz y de justicia en los que han sido adiestrados por ella.

Por eso, que recobren su vigor las manos que desfallecen y las rodillas que flaquean.

Y ustedes, avancen por un camino llano, para que el rengo no caiga, sino que se cure.

Busquen la paz con todos y la santificación, porque sin ella nadie verá al Señor.

Estén atentos para que nadie sea privado de la gracia de Dios, y para que no brote ninguna raíz venenosa capaz de perturbar y contaminar a la comunidad.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 103 (102), 1-2.13-14.17-18

 

R: El amor del Señor a los que le temen, permanece para siempre.

 

Bendice, alma mía, al Señor,

y todo mi ser a su santo nombre.

Bendice, alma mía, al Señor,

y no olvides sus beneficios. R.

 

Como un padre siente ternura por sus hijos,

siente el Señor ternura por sus fieles;

porque él conoce nuestra masa,

se acuerda de que somos barro. R.

 

Pero la misericordia del Señor dura siempre,

su justicia pasa de hijos a nietos:

para los que guardan la alianza. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Marcos    6,1-6

 

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: “¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?” Y esto les resultaba escandaloso.

Jesús les decía: “No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.” No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El autor de la carta a los Hebreos continúa intentando convencer a sus destinatarios a que soporten la prueba de su destierro lejos de Jerusalén. El brinda un nuevo argumento. Apelando a la experiencia común, presenta la idea de la corrección paterna, bastante original en el Nuevo Testamento.
  • Todos hemos tenido un padre que algunas veces nos ha castigado duramente, y aunque en ese momento, la corrección parecía injusta y difícil de soportar; más tarde la descubrimos beneficiosa y justa. Algo así ocurre con los acontecimientos desagradables de la vida, a los que el autor considera como otras tantas correcciones y castigos paternales.
  • La pedagogía de la corrección y del dolor nunca es cómoda ni placentera. El hecho de que venga de Dios, no mitiga el sufrimiento que toda corrección implica. El sufrimiento nos sacude y muchas veces purifica. Dios corrige a sus “hijos” como un Padre, para hacernos partícipes de la santidad” adquirida por Cristo.
  • Si castiga no es por sadismo, sino en nombre del amor. Dios quiere que lo aprovechemos todo para nuestro crecimiento. Cuando nos encontramos bajo el peso de la prueba, tratemos de ver en ella una señal misteriosa del amor del Padre, y estemos seguros de que El, nos acompaña porque nos ama.

***

  • En el Evangelio Jesús está de nuevo en Nazaret; volvió a “su patria”, y lo siguieron los discípulos. Llegó el sábado y se puso a enseñar en la sinagoga. La costumbre era invitar a un hombre a leer y comentar la Escritura. El jefe de la sinagoga confía este papel a Jesús, el antiguo carpintero del pueblo. Los oyentes se maravillaron porque el hijo de María y el hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón hablaba con sabiduría y realizaba milagros.
  • Jesús vuelve a encontrarse pues, en su medio ambiente y en su familia, y es mal visto por ellos. Por eso en su patria, no pudo hacer ningún milagro, salvo imponer las manos a algunos enfermos y curarlos. Se cumple una vez más lo de que «vino a los suyos y los suyos no lo recibieron», o como lo expresa Jesús: «nadie es profeta en su tierra». El anciano Simeón lo había dicho a sus padres; Jesús iba a ser piedra de escándalo y señal de contradicción.
  • El pueblo en general esperaba el reinado de David y su descendiente como dominador político y restaurador del Imperio de su padre, Jesús no era descendiente de sabios ni de sacerdotes y les proponía un Reino de Dios que no se afianza en estructuras políticas ni en el poder de dominio, sino en la misericordia y en la construcción de la igualdad social, de la solidaridad y de la fraternidad. El Señor no responde a estas expectativas, y eso se transforma en un obstáculo que les impide acercarse a la fe.
  • Por otro lado, si lo reconocen como el enviado de Dios, tendrán que aceptar también que el Reino está lleno de novedad y compromiso. La imposibilidad de hacer milagros se relaciona con esta falta de fe. El milagro supone la fe. Pero no se trata de una condición, como si la confianza del enfermo condicionara el éxito de su curación. La fe es necesaria para comprenderlo, para recibirlo. La fe no se adquiere por consanguinidad o por herencia.
  • La familiaridad excesiva y la rutina, son muchas veces enemigas de la valoración y del amor. Nos impiden reconocer la voz de Dios en los mil pequeños signos cotidianos de su presencia: en los acontecimientos, en las personas que viven con nosotros, a veces muy sencillas e insignificantes según el mundo, pero con una gran riqueza para nuestra vida.
  • No hay razones para quien se cierra a la evidencia. Éste pecado hace casi imposible la acción liberadora de Jesús. Con Jesús y con su Evangelio nos puede pasar exactamente lo mismo que a los compatriotas de Jesús. Escuchamos la Palabra, la damos por conocida y por eso deja de ser importante. Le ponemos la etiqueta de nuestra interpretación, la encasillamos y así perdemos la capacidad de asombro y la Palabra ya no puede hacer milagros.
  • Este Evangelio es una advertencia para que estemos siempre atentos a reconocer a Jesús, la novedad de su palabra, en sus sacramentos, en la vida de los hermanos que trabajan por servir a los demás, realizando nuevamente los milagros de la misericordia y de la acogida que realizaba Jesús.
  • Cristo sale a nuestro encuentro de una y mil formas. Quiere encontrarnos, hablarnos, tocar nuestra vida. Necesitamos, deshacernos de prejuicios para abrirnos a la gracia y poder reconocerlo y recibirlo, dejarlo entrar hasta el fondo. Vino a los suyos, – los suyos somos nosotros – y los suyos necesitamos reconocerlo para que el mundo lo conozca.

 

Para discernir

 

  • ¿Acepto la verdad de los demás sin prejuicios?
  • ¿Pongo en mi conocimiento de los demás por encima de sus posibilidades?
  • ¿Soy permeable a lo que Dios me puede mostrar en lo cotidiano?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Quiero descubrir tu presencia cada día y darte a conocer

 

Para la lectura espiritual

 

…”Oh, si comprendiéramos de una vez lo que dice la Escritura; a saber, que «contra su deseo humilla y aflige a los hijos del hombre» (Lam 3,33), que, frente a la desventura de su pueblo, su corazón se conmueve por dentro y, en su interior, se estremece de compasión (cf. Os 11,8), entonces sería muy diferente nuestra reacción y exclamaríamos más bien: «Perdónanos, Padre, si con nuestro pecado te hemos obligado a tratar tan duramente a tu Hijo amado. Perdónanos si ahora te obligamos a afligirnos también a nosotros para poder salvarnos, mientras que tú sólo querías dar «cosas buenas» a tus hijos.

Cuando yo era un muchacho, desobedecí una vez a mi padre yendo, descalzo, a un lugar donde él me había recomendado no ir. Un grueso trozo de vidrio me hirió la planta del pie. Era durante la guerra y mi pobre padre tuvo que hacer frente a no pocos riesgos para llevarme al médico militar aliado más próximo. Mientras éste me extraía el vidrio y me curaba la herida, veía a mi padre retorcerse las manos y volver la cara hacia la pared para no ver. ¿Qué hijo hubiera sido yo si, al volver a casa, le hubiera echado en cara haberme dejado sufrir de aquel modo, sin hacer nada? Sin embargo, eso es lo que hacemos nosotros, la mayoría de las veces, con Dios.

La verdad es, por consiguiente, otra. Somos nosotros quienes hacemos sufrir a Dios, no él quien nos hace sufrir. Pero nosotros le hemos dado la vuelta a esta verdad, hasta el punto de preguntarnos, después de cada nueva calamidad: «¿Dónde está Dios? ¿Cómo puede permitir todo esto?». Es verdad, Dios podría salvarnos también sin la cruz, pero sería una cosa completamente diferente y él sabe que algún día nos avergonzaríamos de haber sido salvados de este modo, pasivamente, sin haber podido colaborar en nada a nuestra felicidad”…

 

R. Cantalamessa, La fuerza de la cruz, pp. 33ss edición española, Monte Carmelo, Burgos 20011

 

 

Para rezar

 

Creo en Dios, fuente inagotable de vida;
comunidad que vive y nos llama a vivir en comunión infinita de amor.
Creo en Dios que, con amor de Padre y Madre, engendra y da a luz a este
mundo, lo amamanta, lo protege, lo educa y lo renueva constantemente.
Creo en Jesús de Nazaret, el primero de los últimos,
el último de los primeros; expresión plena de la humanidad de Dios.
Creo en el Espíritu Santo, matriz ecuménica; presente donde quiera que la
vida está fluyendo.
Creo en el ser humano como proyecto inacabado de Dios,
pero predestinado a convertirse en su verdadera imagen y semejanza.
Creo que la historia es el registro de la relación dialógica entre Dios y los
seres humanos; un diálogo plenamente libre y totalmente abierto al futuro.
Creo en el reino de Dios como realidad plenificante aunque todavía no plena y
como utopía que alimenta nuestra esperanza y moviliza y orienta nuestra
práctica de fe.
Creo en la iglesia como pregón de ese reino. Creo en ella como avanzada del
Pueblo de Dios; llamada, como “sal de la tierra” y “luz del mundo”, a darle
sabor y sentido a la existencia de éste.
Creo en la vida después de la muerte como el reencuentro gozoso de todas las
criaturas con el Creador en la fiesta final y eterna del Universo.
En eso creo. Amén.

 

Ary Fernández Albán

 

Jueves IV

 

Los envió

 

Lectura de la carta a los Hebreos    12, 18-19. 21-24

 

Hermanos:

Ustedes, en efecto, no se han acercado a algo tangible: fuego ardiente, oscuridad, tinieblas, tempestad, sonido de trompeta, y un estruendo tal de palabras, que aquellos que lo escuchaban no quisieron que se les siguiera hablando. Este espectáculo era tan terrible, que Moisés exclamó: Estoy aterrado y tiemblo.

Ustedes, en cambio, se han acercado a la montaña de Sión, a la Ciudad del Dios viviente, a la Jerusalén celestial, a una multitud de ángeles, a una fiesta solemne, a la asamblea de los primogénitos cuyos nombres están escritos en el cielo. Se han acercado a Dios, que es el Juez del universo, y a los espíritus de los justos que ya han llegado a la perfección, a Jesús, el mediador de la Nueva Alianza, y a la sangre purificadora que habla más elocuentemente que la de Abel.

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO    Sal 47, 2-3a. 3b-4. 9. 10-11 (R.: cf. 10)

 

R.    Hemos recibido tu misericordia en medio de tu templo, Señor.

 

El Señor es grande y digno de alabanza,

en la Ciudad de nuestro Dios.

Su santa Montaña, la altura más hermosa,

es la alegría de toda la tierra. R.

 

La Montaña de Sión, la Morada de Dios,

es la Ciudad del gran Rey:

el Señor se manifestó como un baluarte

en medio de sus palacios. R.

 

Hemos visto lo que habíamos oído

en la Ciudad de nuestro Dios,

en la Ciudad del Señor de los ejércitos,

que él afianzó para siempre. R.

 

Nosotros evocamos tu misericordia

en medio de tu Templo, Señor.

Tu alabanza, lo mismo que tu renombre,

llega hasta los confines de la tierra.

Tu derecha está llena de justicia. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Marcos    6, 7-13

 

Jesús llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros.

Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero; que fueran calzados con sandalias y que no tuvieran dos túnicas.

Les dijo: «Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir. Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos.»

Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • La carta a los Hebreos sigue comparando las instituciones del Antiguo Testamento con las del Nuevo Testamento, que en Cristo Jesús han encontrado plenitud de sentido y superan en mucho a las antiguas.
  • En este párrafo se refiere al acontecimiento de la primera Alianza que se presentó de modo espectacular: con fuego, estrépito de trompetas y nubarrones en monte Sinaí. Pero una Alianza dictada bajo el signo del miedo.
  • La nueva y definitiva Alianza en Cristo Jesús se describe en el monte Sión, más amable, con ángeles y multitud de creyentes que gozan en el cielo. Dios es juez justo y Jesús el Mediador que nos ha purificado con su Sangre. Por todo esto; esta alianza está bajo el signo de la confianza.
  • La Nueva Alianza es motivos de alegría porque pertenecemos a una comunidad que es congregada por el Espíritu de Dios en torno a Cristo. Ahora el lugar de la Alianza no es un monte: es la persona misma del Señor Resucitado, Jesús.

***

  • Marcos nos ha presentado durante los cinco primeros capítulos a “Jesús con sus discípulos”, frente a la muchedumbre, a los adversarios”. En el momento del llamado había dicho: “Jesús estableció a doce para estar con Él y para enviarlos…” Hoy, Jesús los “envía” y será la primera vez que realizarán algo sin Jesús.
  • Los envía a que prediquen la Buena Nueva, con autoridad para expulsar demonios y con la advertencia de que puede ser que en algunos lugares los reciban y en otros no. Los hace partícipes de su misión mesiánica. El envío es a realizar y a vivir exactamente lo mismo que hemos visto hacer y vivir a Jesús en estos cinco capítulos. Busca quien colabore en la tarea de la evangelización.
  • Pero ser enviado tiene una serie de exigencias necesarias para la credibilidad de la acción evangelizadora. Jesús les ha enseñado que la predicación no debe ser sólo de palabra sino que debe ser ratificada con la vida. Por eso irán en comunidad, de dos en dos, apoyados los unos en los otros. No pretenderán imponer el mensaje por la fuerza, ni con las armas que dan el dinero o el poder. Han de realizar los mismos gestos de Jesús: sanar a los enfermos, llamar y acoger a los pecadores, consolar a los afligidos, denunciar las injusticias, bendecir a los niños, liberar a los oprimidos.
  • El bastón y las sandalias eran imprescindibles para los viajes largos; por eso deben llevarlos. Por el contrario, llevar puestas dos túnicas era señal de riqueza, por eso llevarán sólo una. El vestido refleja la clase social a la que se pertenece; ellos deben estar al nivel de la gente modesta o pobre. No llevarán alforja porque no aceptarán nada para ser guardado. Al depender de la buena voluntad de los demás desaparece toda pretensión de superioridad. Igualdad, solidaridad humana, confianza mutua, dignidad, carencia total de ambición, sencillez, apertura a la salvación es el mensaje que han de transmitir con sus propias vidas.
  • Ser llamado a ser discípulo de Jesús desencadena una dinámica de transformación de la vida entera. Esta transformación, puesta de manifiesto en un estilo de vida y valores distintos a los que vive el mundo, serán su carta de presentación en sociedad.
  • A todos los cristianos Jesús nos hace la invitación a ser discípulos y misioneros del Reino, que también es invitación a no apegarnos a nada que se interponga en la vivencia del proyecto del Reino de Dios en nuestras vidas y en la vida de la comunidad. Siempre existe el riesgo de que el proyecto de Jesús y de la primitiva comunidad, pase a un segundo plano por cuidar nuestros intereses y los de nuestras instituciones.
  • La Iglesia no puede estar al servicio de ella misma ni de sus estructuras. La Iglesia tiene la función, en esta historia humana, de estar siempre al servicio del Reino de Dios.
  • Desde la experiencia radicalidad Evangélica enseñada por Jesús, podremos ser una Iglesia con capacidad de sanar a los individuos y a la sociedad del egoísmo que mata y podrá expulsar los demonios que generan la corrupción, el empobrecimiento y la muerte, en definitiva, el pecado.
  • Pobres, sin falsas seguridades, libres, hermanados y solidarios, confiados y esperanzados, abiertos y acogedores… Así quiere Jesús a sus discípulos y misioneros en medio del mundo también hoy.

 

Para discernir

 

  • ¿Reconozco el llamado del Señor a ser discípulo y misionero del reino?
  • ¿Dónde coloco mis seguridades?
  • ¿Considero que la radicalidad del evangelio es una exigencia para algunos pocos?

 

Para rezar

 

Bienaventuranzas del Misionero II

 

Bienaventurado el MISIONERO que vive enamorado de Cristo, que se fía de Él como de lo más necesario y absoluto, porque no quedará desilusionado.

Bienaventurado el MISIONERO que mantiene su ideal y su ilusión por el Reino y no pierde el tiempo en cosas accidentales, porque Dios acompaña a los que siguen su ritmo.

Bienaventurado el MISIONERO que no tiene nada, y lo que es y posee lo gasta en servicio de sus hermanos, porque Cristo será toda su riqueza.

Bienaventurado el MISIONERO que se sabe necesario donde la Iglesia lo reclame, pero que en ningún lado se siente indispensable, porque experimentará el gozo del deber cumplido.

Bienaventurado el MISIONERO que sabe poner su oído en el corazón de Dios para escuchar sus deseos, porque el Espíritu lo ayudará a discernir los acontecimientos.

Bienaventurado el MISIONERO que no se enorgullece de sus éxitos y reconoce que el Espíritu hace todo en todos, porque se verá libre de ataduras.

Bienaventurado el MISIONERO que siempre tiene un tiempo para contemplar a Dios, a los hombres y al mundo, porque habrá entendido el valor de ser hijo, hermano y señor.

 

Viernes IV

 

Jesucristo es el mismo ayer y hoy, y siempre

 

Lectura de la carta a los Hebreos    13, 1-9a

 

Hermanos:

Perseveren en el amor fraternal. No se olviden de practicar la hospitalidad, ya que gracias a ella, algunos, sin saberlo, hospedaron a los ángeles. Acuérdense de los que están presos, como si ustedes lo estuvieran con ellos, y de los que son maltratados, como si ustedes estuvieran en su mismo cuerpo.

Respeten el matrimonio y no deshonren el lecho conyugal, porque Dios condenará a los lujuriosos y a los adúlteros.

No se dejen llevar de la avaricia, y conténtense con lo que tienen, porque el mismo Dios ha dicho: No te dejaré ni te abandonaré. De manera que podemos decir con plena confianza: El Señor es mi protector: no temeré. ¿Qué podrán hacerme los hombres?

Acuérdense de quienes los dirigían, porque ellos les anunciaron la Palabra de Dios: consideren cómo terminó su vida e imiten su fe.

Jesucristo es el mismo ayer y hoy, y lo será para siempre.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 26, 1. 3. 5. 8b-9abc (R.: 1a)

 

R.    El Señor es mi luz y mi salvación.

 

El Señor es mi luz y mi salvación,

¿a quién temeré?

El Señor es el baluarte de mi vida,

¿ante quién temblaré? R.

 

Aunque acampe contra mí un ejército,

mi corazón no temerá;

aunque estalle una guerra contra mí,

no perderé la confianza. R.

 

Sí, él me cobijará en su Tienda de campaña

en el momento del peligro;

me ocultará al amparo de su Carpa

y me afirmará sobre una roca. R.

 

Yo busco tu rostro, Señor,

no lo apartes de mí.

No alejes con ira a tu servidor,

tú, que eres mi ayuda. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Marcos    6, 14-29

 

El rey Herodes oyó hablar de Jesús, porque su fama se había extendido por todas partes. Algunos decían: «Juan el Bautista ha resucitado, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos» Otros afirmaban: «Es Elías.» Y otros: «Es un profeta como los antiguos.» Pero Herodes, al oír todo esto, decía: «Este hombre es Juan, a quien yo mandé decapitar y que ha resucitado.»

Herodes, en efecto, había hecho arrestar y encarcelar a Juan a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con la que se había casado. Porque Juan decía a Herodes: «No te es lícito tener a la mujer de tu hermano.» Herodías odiaba a Juan e intentaba matarlo, pero no podía, porque Herodes lo respetaba, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía. Cuando lo oía, quedaba perplejo, pero lo escuchaba con gusto.

Un día se presentó la ocasión favorable. Herodes festejaba su cumpleaños, ofreciendo un banquete a sus dignatarios, a sus oficiales y a los notables de Galilea. La hija de Herodías salió a bailar, y agradó tanto a Herodes y a sus convidados, que el rey dijo a la joven: «Pídeme lo que quieras y te lo daré.» Y le aseguró bajo juramento: «Te daré cualquier cosa que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino.» Ella fue a preguntar a su madre: « ¿Qué debo pedirle?» «La cabeza de Juan el Bautista», respondió esta.

La joven volvió rápidamente a dónde estaba el rey y le hizo este pedido: «Quiero que me traigas ahora mismo, sobre una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista.»

El rey se entristeció mucho, pero a causa de su juramento, y por los convidados, no quiso contrariarla. En seguida mandó a un guardia que trajera la cabeza de Juan. El guardia fue a la cárcel y le cortó la cabeza. Después la trajo sobre una bandeja, la entregó a la joven y esta se la dio a su madre.

Cuando los discípulos de Juan lo supieron, fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El final de la Epístola a los Hebreos recomienda algunas actitudes muy prácticas. La fe no es solamente intelectual: se traduce en conductas y compromisos concretos.
  • En primer lugar aparece la hospitalidad. Si bien el huésped era considerado sagrado, en tiempos de persecuciones, la hospitalidad equivalía a la protección del indefenso, del perseguido, del buscado por su fe y a quien había que proteger recibiéndolo y ocultándolo, aún con todo el riesgo que ello suponía. Junto a esto aparece la atención a aquellos que están en prisión recordando la regla de oro que proporciona el evangelio: “hagan con los otros lo que quieren que hagan con ustedes”.
  • La castidad del matrimonio es otra realidad enunciada. Santificados por Cristo y participantes ya del cielo, el cristiano no puede comportarse, en la sexualidad, como el que no tiene esperanza.
  • En relación con el dinero se condena la avaricia. Al fundamentar nuestra vida en las cosas materiales excluimos a Dios y su providencia del horizonte de toda vida humana.
  • Por último, se invita a recordar a los pastores y dirigentes. Su muerte es presentada como ejemplo de fe cimentada en Cristo, que es inmutable, el mismo ayer, hoy y por los siglos.

***

  • La actividad misionera de Jesús, prolongada ahora en los discípulos, extiende la fama pero también los interrogantes sobre su persona. Entre el envío de los discípulos y el regreso de su misión, Marcos introduce dos relatos, en el primero la gente opina sobre Jesús y en el segundo se presenta el martirio de Juan el Bautista.
  • El evangelista, de forma sutil pero clara, está anunciando la suerte que correrá Jesús con su predicación tan impetuosa y transformadora, y la posible suerte que correrían el grupo de sus discípulos, si se comprometen con seriedad y dedicación al anuncio de la llegada inminente del Reino, y de la necesidad de un cambio de vida para asumir esta causa.
  • Juan el Bautista es admirado por su ejemplo de entereza en la defensa de la verdad y su valentía en la denuncia del mal. Por eso Herodes lo aprecia y respeta, a pesar de que, esa denuncia lo perjudicaba. Pero la debilidad de este rey, que le había quitado injustamente la mujer a su hermano Felipe, y las intrigas de la mujer y de su hija, acabaron con su vida. El profeta no podía permanecer imparcial ante esta injusticia.
  • Herodías, aprovechó la fiesta de cumpleaños de Herodes y utilizando a su hija como señuelo, la hizo danzar. Esto agradó tanto a Herodes que prometió a la joven darle lo que pidiese, incluso si fuera necesario la mitad de su reino. A Herodías, le bastó la cabeza del profeta. Herodes por no quedar mal ante la corte se ve obligado a cumplir su promesa.
  • Juan el Bautista es fiel, hasta sus últimas consecuencias, a Aquel que lo envió. Al entregar su vida, da paso para que la Buena Nueva del amor de Dios, a los hombres, se centre sólo en Aquel que Dios nos envía.
  • Si bien el Señor no pide a todos los cristianos que derramen su sangre en testimonio de su fe, reclama de todos una firmeza heroica, para proclamar la verdad con la vida y la palabra en medio del mundo, en las circunstancias en las que nos ha colocado la vida. Habrá ocasiones en las que no podremos permanecer en silencio, sino que tendremos que denunciar el mal allí donde se manifiesta. No podemos pasar de largo ante la pobreza, el hambre provocada por sistemas injustos. No podemos cerrar la boca ante los desvalidos que son injustamente tratados. No podemos poner la mirada en otra parte cuando vemos el deterioro que la droga, la falta de oportunidades y una cultura vacía de valores, provocan en las generaciones más jóvenes.
  • Pero no sólo podemos limitarnos a denunciar el pecado; Cristo tiene que llegar a todos como verdad, vida y camino de salvación. Por eso, abiertos al Evangelio y a las inspiraciones del Espíritu Santo, tenemos que ser creativos, al proponer caminos que, desde el Evangelio, ayuden al hombre a verse libre de sus esclavitudes.
  • Derramar hoy nuestra sangre por fidelidad al Evangelio, es no tener miedo a derramar nuestro tiempo, nuestras capacidades en la lucha por el bien de nuestros hermanos, con la certeza que sólo el Señor es nuestra herencia. Vivamos en plenitud nuestro compromiso con el Señor y, con la misión que Él nos ha confiado, con palabras valientes, pero sobre todo con una vida coherente que sea como un signo profético en medio de un mundo que levanta altares a dioses falsos.

 

Para discernir

 

  • ¿Vivimos la verdad del Evangelio a medias?
  • ¿Nos animamos a dar un paso más aunque nos cueste tiempo y renuncias?
  • ¿Estamos dispuestos nosotros, a seguir el camino de la entrega incondicional?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Mi corazón no temerá

 

Para la lectura espiritual

 

…Ésta fue la tarea de Jesús como sumo sacerdote de la nueva alianza, mediador entre el Padre y la humanidad pecadora: en primer lugar, abrió el acceso al santo de los santos y lo recorrió él mismo. Allí es donde Jesús ora ahora, en este «ahora» sin límites de la eternidad que nuestro tiempo creado no puede fijar ni hacernos alcanzar, a no ser a través de la oración. Jesús es así, para siempre, el hombre de la oración, nuestro sumo sacerdote que intercede. Tal es y tal permanece así «ayer, hoy y siempre» (Heb 13,8). Allí arriba, en Jesús resucitado, se encuentra también la fuente perenne de nuestra oración de aquí abajo. Gracias a la oración estamos cerca de él, rotos y sobrepasados los límites del tiempo, y respiramos en la eternidad, manteniéndonos en presencia del Padre, unidos a Jesús.

Para llegar allí es necesario recorrer aquí abajo el mismo camino que el Salvador, no hay ningún otro: el de la cruz y el de la muerte. La misma carta a los Hebreos observa que Jesús padeció la muerte fuera de las puertas de la ciudad. En consecuencia, los cristianos también deben salir «a su encuentro fuera del campamento y carguemos también nosotros con su oprobio (Heb 13,13), es decir, la vergüenza de la cruz. Todo bautizado lleva en él el deseo de este éxodo hacia Cristo. «No tenemos aquí ciudad permanente, sino que aspiramos a la ciudad futura (Heb 13,14), allí donde está presente Jesús ahora. También nosotros estamos ya allí, en la medida en que, mediante la oración, habitamos junto a él. «Así pues, ofrezcamos a Dios sin cesar por medio de él un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que bendicen su nombre» (Heb 13,15). En efecto, el cristiano, que camina tras las huellas de Jesús, ofrece como él un sacrificio de oración. Confiesa e invoca constantemente su nombre. Y después, en el amor, comparte todo con sus hermanos”…

 

Louf, El espíritu ora en nosotros, Narcea, Madrid 1985.

 

Para rezar

 

Oración de un Misionero Mártir

 

Que mis manos sean las tuyas.
Que mis ojos sean los tuyos.
Que mi lengua sea la tuya.
Que mis sentidos y mi cuerpo
no sirvan sino para glorificarte.

Pero sobre todo: transfórmame:
¡Que mi memoria, mi inteligencia,
mi corazón, sean tu memoria,
tu inteligencia y tu corazón!

¡Que mis acciones y mis sentimientos,
sean semejantes a tus acciones y
a tus sentimientos!

Amén

Juan Gabriel Perboyre – (Patrono de Oceanía)

 

Sábado IV

 

Eran como ovejas sin pastor

 

Lectura de la carta a los Hebreos    13, 15-17. 20-21

 

Hermanos:

Por medio de Jesús, ofrezcamos sin cesar a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, el fruto de los labios que confiesan su Nombre. Hagan siempre el bien y compartan lo que poseen, porque esos son sacrificios agradables a Dios.

Obedezcan con docilidad a quienes los dirigen, porque ellos se desvelan por ustedes, como quien tiene que dar cuenta. Así ellos podrán cumplir su deber con alegría y no penosamente, lo cual no les reportaría a ustedes ningún provecho.

Que el Dios de la paz -el mismo que resucitó de entre los muertos a nuestro Señor Jesús, el gran Pastor de las ovejas, por la sangre de una Alianza eterna- los capacite para cumplir su voluntad, practicando toda clase de bien. Que él haga en nosotros lo que es agradable a sus ojos, por Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO     Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6 (R.: 1)

 

R.    El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.

 

El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.

El me hace descansar en verdes praderas,

me conduce a las aguas tranquilas

y repara mis fuerzas. R.

 

Me guía por el recto sendero,

por amor de su Nombre.

Aunque cruce por oscuras quebradas,

no temeré ningún mal,

porque tú estás conmigo:

tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.

 

Tú preparas ante mí una mesa,

frente a mis enemigos;

unges con óleo mi cabeza

y mi copa rebosa. R.

 

Tu bondad y tu gracia me acompañan

a lo largo de mi vida;

y habitaré en la Casa del Señor,

por muy largo tiempo. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Marcos    6, 30-34

 

Los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. El les dijo: «Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco.» Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer.

Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto. Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos.

Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Toda la Epístola de los Hebreos nos ha mostrado que hay un solo sacerdote, Jesucristo. Jesús instituyó a unos ministros que han de conformarse al modelo único. No obstante la epístola, acaba hablando del sacerdocio común a todos los bautizados. Todos los cristianos son invitados a «ofrecer sin cesar un sacrificio de alabanza».
  • No se trata pues del servicio cultual hecho en el santuario, sino del culto espiritual, que consiste en ofrecer toda la vida, en todos los ámbitos en que nos encontramos.
  • La primera manifestación de nuestro sacerdocio, el primer sacrificio que ofrecemos es nuestra «fe», sacrificio de nuestra autonomía, de nuestro modo de pensar, para adoptar el punto de vista de Dios.
  • La segunda manifestación de nuestro sacerdocio, el segundo sacrificio que ofrecemos es nuestra «caridad»: amar, compartir, renunciarse a sí mismo, para adoptar el punto de vista de los demás. La verdadera “comunión” de Iglesia supone vaciarse de sí mismo o de las propias ventajas. La kénosis y obediencia de Cristo al Padre fue así.
  • La ofrenda de Cristo, su “si”, encuentra eco en todo corazón que se hace transparente ante la mirada de Dios. Dios sólo espera de nosotros que tengamos un corazón abierto y que sepamos hacer nuestro, el “sí” de Jesucristo al Padre. Nuestra verdadera riqueza consiste en esta capacidad de pronunciar continuamente el “sí” de Jesús al Padre, en medio de todas las circunstancias de nuestra vida.
  • Así, toda nuestra vida será una ofrenda.

***

  • Una vez relatado el martirio de Juan Bautista que escuchamos ayer Marcos relata que volvieron los apóstoles a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Jesús se da cuenta de que lo que más necesitan en ese momento es un poco de descanso junto a Él, para reponer fuerzas y revisar su actuación. Ese es el plan que les propone. Solo que las necesidades de los pobres, son más urgentes que el descanso de los misioneros.
  • La fuerza del anuncio del Reino, aunque se aleje por el lago, sigue presente en la tierra porque ya ha sido sembrado. Al llegar al lugar del descanso, Jesús se da cuenta de que lo ha seguido una gran cantidad de personas; y el evangelista, con términos muy tiernos, presenta a Jesús “compadecido de la multitud que anda como ovejas sin pastor”.
  • Jesús, por medio de su ministerio de misericordia y de liberación, fue ganando espacio en medio de los pobres del pueblo. El pueblo tenía hambre y sed de justicia, de solidaridad, de igualdad, de consuelo, de Palabra de Dios y en Jesús encontraban aquello que no le brindaban sus pastores. Su palabra era comprendida por el pueblo como el mensaje de Dios les dirigía. Su actuar era visto y asimilado como el tiempo de gracia que Dios instauraba en medio del pueblo.
  • Dios siente compasión de su pueblo cansado de la marginación y el abuso. Por eso en Jesús, el Padre manifiesta su amor y su compasión a aquella multitud que lo seguía para recibir la vida, que provenía de su palabra y de su forma de vivir. El pueblo experimentó en la persona de Jesús la misericordia de Dios hecha carne, hecha humanidad. Por eso no importaba la distancia, no importaban los horarios, no importaba lo establecido por la ley. Lo importante era experimentar a Dios mismo y la ternura de su amor.
  • Jesús asume el compromiso de pastor de su pueblo, y le enseña, lo orienta, lo guía y lo instruye.
  • También nuestro pueblo hoy, ante este modelo social y cultural que se ha impuesto, sigue teniendo hambre de valores de humanidad. Nuestro pueblo, también vive situaciones de muerte y de desolación y muchas veces no tiene quién lo mire y le enseñe con misericordia.
  • Como Iglesia, fiel a su maestro, tenemos abrir nuestras entrañas de misericordia para responder a ese pueblo al que pertenecemos; al que hemos sido enviados y al que tenemos la obligación de anunciarle la Buena Nueva de Jesús.
  • Pero esto no puede hacerse desde afuera. Para que no sea mera ideología o asistencialismo, debe hacerse al modo de Jesús: desde la compasión. Compadecer significa “padecer con”, es decir, estar al lado, compartir el sufrimiento del otro. El término tiene que ver con las entrañas, es decir, compartir desde las entrañas, desde lo más profundo, el dolor de los demás. Y esto implica involucrarnos, romper esquemas, romper horarios y estar siempre dispuestos a amar y a dar testimonio y razón de nuestra fe y esperanza; sin pasar de largo ante el dolor, ante la angustia de las personas porque ni éstas, ni Dios se toman vacaciones.
  • Compasivos para ser creativos, con la creatividad que viene del Espíritu Santo, para que el Señor sea encontrado, conocido, amado y se transforme en fuente de vida y vida en abundancia.

 

Para discernir

 

  • ¿Ante el dolor de nuestro pueblo experimentamos lástima o compasión?
  • ¿Creo en el poder de la Buena Noticia?
  • ¿Asumo el proyecto social de Jesús?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Crea en mí Señor un corazón compasivo

 

Para la lectura espiritual

 

…”«La pasión del Señor», escribió León Magno, «se prolonga hasta el fin del mundo». ¿Dónde «está agonizando» hoy Jesús? En muchísimos lugares y situaciones. Pero fijemos nuestra atención en una sola de ellas: la pobreza. Cristo está clavado en la cruz en los pobres. La primera cosa que hemos de hacer, por tanto, es echar fuera nuestras defensas y dejarnos invadir por una sana inquietud. Hacer que entren los pobres en nuestra carne. Darnos cuenta de ellos indica una imprevista apertura de los ojos, un sobresalto de la conciencia [...].

Con la venida de Jesucristo el problema de los pobres ha tomado una dimensión nueva. Aquel que pronunció sobre el pan las palabras: «Esto es mi cuerpo», las dijo también de los pobres cuando declaró solemnemente: «Conmigo lo hicisteis». Hay un nexo bastante estrecho entre la eucaristía y los pobres. Lo que debemos hacer concretamente por los pobres podemos resumirlo en tres palabras: evangelizarlos, amarlos, socorrerlos.

Evangelizarlos: hoy también tienen derecho a oír la Buena Noticia:

«Bienaventurados los pobres». Porque ante vosotros se abre una posibilidad inmensa, cerrada, o bastante difícil, a los ricos: el Reino.

Amar a los pobres: significa antes que nada respetarlos y reconocer su dignidad. En ellos brilla -precisamente por la falta de otros títulos y distinciones- con una luz más viva la dignidad radical del ser humano. Los pobres no merecen sólo nuestra compasión; merecen también nuestra admiración.

Por último, socorrer a los pobres: aunque hoy ya no basta con la simple limosna; haría falta una movilización coral de toda la cristiandad para liberar a los millones de persones que mueren de hambre, de enfermedades y de miseria. Esta sería una cruzada digna de tal nombre, es decir, de la cruz de Cristo”…

 

R. Cantalamessa – edición española: La fuerza de la cruz – Monte Carmelo, Burgos 2001

 

Para rezar

 

Oración del enviado

 

“Vayan por todo el mundo…”
Estas palabras están dichas para mí.
Soy continuador de tu obra.
Soy tu compañero en la misión.

La mies es mucha y los operarios pocos.
Quiero ser uno de ellos.
Muchas personas están caídas y pasamos de largo.
Quiero ser buen samaritano.

Conviérteme primero a mí,
para que yo pueda anunciar a otros
la Buena Noticia.

Dame audacia.
En este mundo escéptico y autosuficiente,
tengo miedo.

Dame esperanza.
En esta sociedad recelosa y cerrada,
yo también tengo poca confianza en las personas.

Dame amor.
En esta tierra no solidaria y fría
yo también siento poco amor.

Dame constancia.
En este ambiente cómodo y superficial,
yo también me canso fácilmente.

Conviérteme primero a mí,
para que yo pueda anunciar a otros
la Buena Noticia.

 

 

 


 

TIEMPO DTE EL AÑO – SEMANA III – CICLO C

TIEMPO DTE EL AÑO – CICLO C

Domingo de la 3ra.semana

 

Lunes III

 

Martes III

 

Miércoles III

 

Jueves III

 

Viernes III

 

Sábado III

2 de febrero

La Presentación del Señor (F)

 

TIEMPO DTE EL AÑO – CICLO C

Domingo de la 3ra.semana

 

Esto se ha cumplido hoy

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Nehemías    8, 2-4a. 5-6. 8-10

 

El sacerdote Esdras trajo la Ley ante la Asamblea, compuesta por los hombres, las mujeres y por todos los que podían entender lo que se leía. Era el primer día del séptimo mes.

Luego, desde el alba hasta promediar el día, leyó el libro en la plaza que está ante la puerta del Agua, en presencia de los hombres, de las mujeres y de todos los que podían entender. Y todo el pueblo seguía con atención la lectura del libro de la Ley.

Esdras, el escriba, estaba de pie sobre una tarima de madera que habían hecho para esa ocasión. Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo -porque estaba más alto que todos- y cuando lo abrió, todo el pueblo se puso de pie.

Esdras bendijo al Señor, el Dios grande, y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: « ¡Amén! ¡Amén!» Luego se inclinaron y se postraron delante del Señor con el rostro en tierra.

Ellos leían el libro de la Ley de Dios, con claridad, e interpretando el sentido, de manera que se comprendió la lectura.

Entonces Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote escriba, y los levitas que instruían al pueblo, dijeron a todo el pueblo: «Este es un día consagrado al Señor, su Dios: no estén tristes ni lloren.» Porque todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la Ley.

Después añadió: «Ya pueden retirarse; coman bien, beban un buen vino y manden una porción al que no tiene nada preparado, porque este es un día consagrado a nuestro Señor. No estén tristes, porque la alegría en el Señor es la fortaleza de ustedes.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 18, 8. 9. 10. 15 (R.: cf. Jn 6, 63c)

 

R.    Tus palabras, Señor, son Espíritu y Vida.

 

La ley del Señor es perfecta,

reconforta el alma;

el testimonio del Señor es verdadero,

da sabiduría al simple. R.

 

Los preceptos del Señor son rectos,

alegran el corazón;

los mandamientos del Señor son claros,

iluminan los ojos. R.

 

La palabra del Señor es pura,

permanece para siempre;

los juicios del Señor son la verdad,

enteramente justos. R.

 

¡Ojalá sean de tu agrado

las palabras de mi boca,

y lleguen hasta ti mis pensamientos,

Señor, mi Roca y mi redentor! R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto    12, 12-30

 

Hermanos:

Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo. Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo -judíos y griegos, esclavos y hombres libres- y todos hemos bebido de un mismo Espíritu.

El cuerpo no se compone de un solo miembro sino de muchos. Si el pie dijera: «Como no soy mano, no formo parte del cuerpo», ¿acaso por eso no seguiría siendo parte de él? Y si el oído dijera: «Ya que no soy ojo, no formo parte del cuerpo», ¿acaso dejaría de ser parte de él? Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿dónde estaría el oído? Y si todo fuera oído, ¿dónde estaría el olfato?

Pero Dios ha dispuesto a cada uno de los miembros en el cuerpo, según un plan establecido. Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?

De hecho, hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo. El ojo no puede decir a la mano: «No te necesito», ni la cabeza, a los pies: «No tengo necesidad de ustedes.» Más aún, los miembros del cuerpo que consideramos más débiles también son necesarios, y los que consideramos menos decorosos son los que tratamos más decorosamente. Así nuestros miembros menos dignos son tratados con mayor respeto, ya que los otros no necesitan ser tratados de esa manera.

Pero Dios dispuso el cuerpo, dando mayor honor a los miembros que más lo necesitan, a fin de que no haya divisiones en el cuerpo, sino que todos los miembros sean mutuamente solidarios. ¿Un miembro sufre? Todos los demás sufren con él. ¿Un miembro es enaltecido? Todos los demás participan de su alegría.

Ustedes son el Cuerpo de Cristo, y cada uno en particular, miembros de ese Cuerpo.

En la Iglesia, hay algunos que han sido establecidos por Dios, en primer lugar, como apóstoles; en segundo lugar, como profetas; en tercer lugar, como doctores. Después vienen los que han recibido el don de hacer milagros, el don de curar, el don de socorrer a los necesitados, el don de gobernar y el don de lenguas. ¿Acaso todos son apóstoles? ¿Todos profetas? ¿Todos doctores? ¿Todos hacen milagros? ¿Todos tienen el don de curar? ¿Todos tienen el don de lenguas o el don de interpretarlas?

 

Palabra de Dios.

 

O bien más breve:

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto    12, 12-14. 27

 

Hermanos:

Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo. Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo -judíos y griegos, esclavos y hombres libres- y todos hemos bebido de un mismo Espíritu.

El cuerpo no se compone de un solo miembro sino de muchos.

Ustedes son el Cuerpo de Cristo, y cada uno en particular, miembros de ese Cuerpo.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    1, 1-4; 4, 14-21

 

Muchos han tratado de relatar ordenadamente los acontecimientos que se cumplieron entre nosotros, tal como nos fueron transmitidos por aquellos que han sido desde el comienzo testigos oculares y servidores de la Palabra. Por eso, después de informarme cuidadosamente de todo desde los orígenes, yo también he decidido escribir para ti, excelentísimo Teófilo, un relato ordenado, a fin de que conozcas bien la solidez de las enseñanzas que has recibido.

Jesús volvió a Galilea con el poder del Espíritu y su fama se extendió en toda la región. Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan.

Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura. Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor.

Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. Entonces comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • En la lectura de Nehemías, Esdras hace la lectura pública de la ley que sirve de anticipo a la renovación de la Alianza. La Ley es recuerdo del encuentro salvífico de Dios con su pueblo; su lectura les hace ver que el Señor ha sido, es y será siempre su protector, especialmente en los momentos difíciles. Esto provoca el llanto de un pueblo sin fe que se reconoce infiel a Dios pero que se compromete a dejarse proteger por el Señor; por eso es un día de gozo y no de llanto. En este banquete también debe participar el pobre. Esdras entiende que, en adelante, la comunidad se desarrollará en torno a la lectura, la meditación y la interpretación del libro sagrado: la Biblia será libro de todos y la norma de su fe. Este mensaje constituye una “buena noticia” proclamada por aquel que Dios ha escogido comunicándole su Espíritu e incluso otorgándole la unción regia.

***

  • San Pablo nos muestra cómo la nueva comunidad seguidora del resucitado también organiza su accionar en torno a los hermanos más débiles, en torno a los sencillos. La comunidad cristiana relaciona su ser pueblo con la realidad del cuerpo humano (I Cor 12, 12), y así elabora toda una reflexión en torno a la importancia de cada uno de los miembros en la vida y misión del mismo cuerpo. Nos enseña que todos los miembros se preocupan y cuidan al más débil de todos.

***

  • Jesús vuelve a Nazaret, al pueblo donde ha crecido, acompañado por una fama de maestro autorizado que se ha ganado a través de sus milagros en toda la Galilea. Entra en la sinagoga y participa en la liturgia del sábado y hace esta especie de declaración programática. Elige el pasaje de Isaías en que se afirma que el Espíritu del Señor le ha empujado a dar una Buena Noticia a los pobres, una palabra de esperanza a todos los hombres. Para demostrar que Él era el Mesías no quiso, en ese momento deslumbrar a los de su pueblo con el brillo de sus milagros, sino que se basó en la evangelización a los pobres, el anuncio de la libertad a los cautivos y a los ciegos la vista; y el anuncio de un año de gracia del Señor.
  • Jesús usa la palabra liberación; que no tiene que asustarnos y no puede estar ausente en la evangelización. La liberación cristiana es una liberación integral, de toda opresión injusta, tanto personal como estructural. La justicia de que hablan los profetas en el Antiguo Testamento es una justicia social. Y Jesús aquí habla de cautivos, de ciegos, de pobres y de oprimidos. No cabe duda que la liberación que trae Jesús es una liberación que partiendo, en primer lugar, del corazón del hombre donde anidan el mal y el pecado, llega hasta las estructuras injustas.
  • El Reino de Dios que predica Jesús es un Reino de santidad y de amor, pero también de libertad y de justicia. Esta liberación camina en la línea del ser antes que del hacer. Esta liberación nunca será total si se limita a una liberación espiritualista o a resolver el problema del pan y la justicia, sin dar al hombre amor y razones para su esperanza. Abarca al hombre en todas sus dimensiones.
  • San Lucas dice que esta salvación se realiza “hoy”. Está ya realizada en el “hoy” de Jesús, en el momento de su ida a Nazaret. Y sigue realizándose “hoy”, cada vez que hombres y mujeres se acercan a Jesús y su palabra es recibida con la misma profunda disponibilidad de que dieron prueba los contemporáneos de Esdras: personas muy alejadas de nosotros pero con un corazón que puede estar muy próximo. Esa palabra puede y debe cobrar actualidad.
  • Cada vez que un hombre trabaja para que los hombres descubran el Evangelio y se reconozcan hijos de Dios y hermanos de los otros, que se puede mirar más allá de la propia mirada; que es posible vivir con criterios diferentes a los corrientes se “está cumpliendo esta escritura”.
  • Cada vez que un hombre se esfuerza liberar a los cautivos, de todo tipo, por intentar un orden social más justo en el que el hombre no sea cosa ni objeto, un orden en el que se valoren las ideas por encima de cualquier interés particular, un orden en el que se dé cabida a la pluralidad, “se está cumpliendo esta escritura”.
  • Cada vez que se trata de vivir por encima de la miopía del dinero, del poder, de la comodidad, del placer, “se está cumpliendo esta escritura”.
  • Cada vez se puede anunciar “un año de gracia del Señor”, en el que acabemos de ver en el otro un enemigo; cada vez que un hombre se compromete por la paz y no al servicio de ideologías que justifican el dolor, la miseria; cada vez que un hombre proclama que es preciso olvidar odios, rencores y posturas irreconciliables; que es preciso compartir la mesa y el bolsillo, “se está cumpliendo esta escritura”.
  • La obra de Cristo, y por lo tanto la pastoral de la Iglesia, tienen como objetivo el cumplimiento del proyecto de Dios. El objetivo es vivir de una manera nueva, conforme a un evangelio o buena noticia que hoy debe ser para cada uno un acontecimiento liberador. También nosotros, a nuestra medida, debemos hacer nuestras las palabras que hoy hemos oído a Jesús: El Espíritu del Señor está sobre mí, y me envía.

 

Para discernir

 

  • ¿Se cumplen en mí las palabras del Señor?
  • ¿Me siento enviado a dar la buena noticia a los pobres?
  • ¿Es mi vida una buena noticia para los pobres?

Repitamos a lo largo de este día

 

Aquí estoy Señor envíame

 

Para la lectura espiritual

 

Hoy, en esta reunión, habla el Señor

 

Cuando lees: Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan, cuida de no juzgarlos dichosos únicamente a ellos, creyéndote privado de doctrina. Porque si es verdad lo que está escrito, el Señor no hablaba sólo entonces en las sinagogas de los judíos, sino que hoy, en esta reunión, habla el Señor. Y no sólo en ésta, sino también en cualquiera otra asamblea y en toda la tierra enseña Jesús, buscando los instrumentos adecuados para transmitir su enseñanza. ¡Orad para que también a mí me encuentre dispuesto y apto para ensalzarlo!

Después fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido». No fue mera casualidad, sino providencia de Dios, el que, desenrollando el libro, diera con el capítulo de Isaías que hablaba proféticamente de él. Pues si, como está escrito, ni un solo gorrión cae en el lazo sin que lo disponga vuestro Padre y si los cabellos de la cabeza de los apóstoles están todos contados, posiblemente tampoco el hecho de que diera precisamente con el libro del profeta Isaías y concretamente no con otro pasaje, sino con éste, que subraya el misterio de Cristo: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido —no olvidemos que es el mismo Cristo quien proclama este texto—, hay que pensar que no sucedió porque sí o fue producto del juego de la casualidad, sino que ocurrió de acuerdo con la economía y la providencia divina.

Terminada la lectura, Jesús, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. También ahora, en esta sinagoga, en esta asamblea, podéis —si así lo deseáis— fijar los ojos en el Salvador. Desde el momento mismo en que tú dirijas la más profunda mirada de tu corazón a la Sabiduría, a la Verdad y al Unigénito de Dios, para sumergirte en su contemplación, tus ojos están fijos en Jesús. ¡Dichosa la
asamblea, de la que la Escritura atestigua que los ojos de todos estaban fijos en él! ¡Qué no daría yo porque esta asamblea mereciera semejante testimonio, de modo que los ojos de todos: catecúmenos y fieles, hombres, mujeres y niños, tuvieran en Jesús fijos los ojos! Y no los ojos del cuerpo, sino los del alma. En efecto, cuando vuestros ojos estuvieren fijos en él, su luz y su mirada harán más luminosos vuestros rostros, y podréis decir: «La luz de tu rostro nos ha marcado, Señor». A él corresponde la gloria y el poder por los siglos de los siglos Amén.

 

Orígenes, Homilía 32 sobre el evangelio de san Lucas (2-6: SC 87, 386-392)

 

Para rezar

 

Oración por el cambio

 

Me atrevo a orar: Señor, haz que el mundo cambie,
pues anhelo ver el fin de la pobreza;
me atrevo a orar: Señor, haz que cambien las reglas,
pues anhelo ver un mundo que aporte justicia a los pobres;
me atrevo a orar: Señor, haz que mi vida cambie,
pues anhelo aportar esperanza allí donde se necesitan buenas nuevas.
Con el poder de tu Espíritu
e inspirado por tu compasión,
prometo obrar por el cambio,
y espero confiadamente el día
en que Tú todo lo renueves.
Amén.

Lunes III

 

Ha llegado el fin de Satanás

 

Lectura de la carta a los Hebreos      9,15.24-28

 

Hermanos:

Cristo es mediador de una Nueva Alianza entre Dios y los hombres, a fin de que, habiendo muerto para redención de los pecados cometidos en la primera Alianza, los que son llamados reciban la herencia eterna que ha sido prometida.

Cristo, en efecto, no entró en un Santuario erigido por manos humanas -simple figura del auténtico Santuario- sino en el cielo, para presentarse delante de Dios en favor nuestro. Y no entró para ofrecerse a sí mismo muchas veces, como lo hace el Sumo Sacerdote que penetra cada año en el Santuario con una sangre que no es la suya. Porque en ese caso, hubiera tenido que padecer muchas veces desde la creación del mundo. En cambio, ahora él se ha manifestado una sola vez, en la consumación de los tiempos, para abolir el pecado por medio de su Sacrificio.

Y así como el destino de los hombres es morir una sola vez, después de lo cual viene el Juicio, así también Cristo, después de haberse ofrecido una sola vez para quitar los pecados de la multitud, aparecerá por segunda vez, ya no en relación con el pecado, sino para salvar a los que lo esperan.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 97, 1. 2-3ab. 3cd-4. 5-6 (R.: 1a)

 

R. ¡Canten al Señor un canto nuevo!

 

Canten al Señor un canto nuevo,

porque él hizo maravillas;

su mano derecha y su santo brazo

le obtuvieron la victoria. R.

 

El Señor manifestó su victoria,

reveló su justicia a los ojos de las naciones:

se acordó de su amor y su fidelidad

en favor del pueblo de Israel. R.

 

Los confines de la tierra han contemplado

el triunfo de nuestro Dios.

Aclame al Señor toda la tierra,

prorrumpan en cantos jubilosos. R.

 

Canten al Señor con el arpa

y al son de instrumentos musicales;

con clarines y sonidos de trompeta

aclamen al Señor, que es Rey. R.

 

EVANGELIO

Lectura del Evangelio según san Marcos 3, 22-30

 

Los escribas que habían venido de Jerusalén decían: «Está poseído por Belzebul y expulsa a los demonios por el poder del Príncipe de los demonios.»

Jesús los llamó y por medio de comparaciones les explicó: «¿Cómo Satanás va a expulsar a Satanás? Un reino donde hay luchas internas no puede subsistir. Y una familia dividida tampoco puede subsistir. Por lo tanto, si Satanás se dividió, levantándose contra sí mismo, ya no puede subsistir, sino que ha llegado a su fin. Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa.

Les aseguro que todo será perdonado a los hombres: todos los pecados y cualquier blasfemia que profieran. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón jamás: es culpable de pecado para siempre.»

Jesús dijo esto porque ellos decían: «Está poseído por un espíritu impuro».

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • La carta argumenta ahora la entrada que el sumo sacerdote hacía una vez al año, en la fiesta de la Expiación, en el «santísimo» el espacio más sagrado del Templo de Jerusalén, para ofrecer sacrificios por sí y por el pueblo. No ofrecía más que sangre de animales, su ministerio no era eficaz de una vez por todas y lo tenía que repetir cada año.
  • Cristo Jesús entró en el santuario del cielo, no en un templo humano, y lo hizo de una vez por todas, porque se entregó a sí mismo.
  • Cristo, por absoluta solidaridad con nuestra condición humana, se sometió a la muerte «para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo».
  • Tenemos un Sacerdote en el cielo que ha entrado en la presencia de Dios para siempre. Tenemos un Mediador siempre dispuesto a interceder por nosotros.

 ***

  • Escuchamos hoy la acusación de los letrados que vienen desde Jerusalén: «tiene dentro a Belcebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios».
  • Jesús pone en ridículo este absurdo en un momento: ¿Cómo puede nadie luchar contra sí mismo? ¿cómo puede ser uno endemoniado y a la vez exorcista?
  • La victoria de Jesús, arrojando al demonio, debe ser interpretada como la señal de que ya ha llegado el que va a triunfar sobre el mal, el Mesías, el que es más fuerte que el malo.
  • Sus enemigos no están dispuestos a reconocerlo, y merecen el durísimo ataque de Jesús: lo que hacen es una blasfemia contra el Espíritu. Pecar contra el Espíritu significa negar lo que es evidente, negar la luz, taparse los ojos para no ver. No hay peor ciego que el que no quiere ver.
  • Mientras les dure esta actitud obstinada y esta ceguera voluntaria, ellos mismos se excluyen del perdón y del Reino.
  • Somos invitados a luchar contra el mal. A nosotros, sus seguidores, se nos invita a no quedarnos indiferentes y perezosos, sino a resistir y trabajar contra todo mal que hay en nosotros y en el mundo. Hay que ser dóciles al Espíritu Santo para reconocer el poder que actúa en Cristo.

 

Para discernir

 

  • ¿A qué me invita la Palabra que el Señor me anuncia en este día?
  • ¿Experimento en mi corazón actitudes parecidas a las de los de los letrados? ¿Cuándo? ¿Cuáles?
  • ¿Qué “bien” tengo que poner, construir, en mi familia, en mi comunidad, en mi tarea, para combatir el mal?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

El Señor se acordó de su misericordia y su fidelidad

 

Para la lectura espiritual

 

«Expulsa a los demonios»

 

Reconoce: «en ti ha surgido un nuevo rey, un rey de Egipto». Es él quien te requisa para sus trabajos, te obliga a fabricar ladrillos y mortero. Es él quien te impone capataces y vigilantes, el que te empuja a través del látigo y de la vara a trabajos de tierra, te fuerza a construirle ciudades. Es él el quien te incita a recorrer el mundo, a remover tierras y mares para satisfacer tus codicias…

Este rey de Egipto sabe que la guerra es inminente. Presiente la venida de «aquel que puede despojar sus principados y potestades, triunfar sobre ellas con audacia y clavarlas en el madero de la cruz»…; siente ya próxima la hora de la destrucción de su pueblo. Por eso declara: «¡El pueblo de Israel es más fuerte que nosotros!» ¡Que pueda decir lo mismo refiriéndose a nosotros y nos sintamos más poderosos que él! ¿Cómo lo sentirá? Si no acojo los malos pensamientos y los deseos perversos que él me inspira; si rechazo «sus flechas incendiarias con la armadura de la fe»; si cada vez que hace alguna insinuación a mi alma, acordándome de Cristo mi Señor, le digo: «Vete, Satanás, porque está escrito: ‘Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo servirás’»…

Porque el Señor Jesús viene…, para someter a los «principados, dominaciones y potestades», para sustraer a los hijos de Israel a las violencias de sus enemigos…, para enseñarnos de nuevo a ver a Dios en espíritu, a abandonar los trabajos del Faraón, a salir de la tierra de Egipto, a renunciar a las bárbaras costumbres de los egipcios, «a abandonar al hombre viejo corrompido por deseo de placer y a revestirnos del hombre nuevo creado según Dios», «a renovar nuestro interior día a día» según la imagen del que nos ha creado, Jesucristo nuestro Señor, a quien sean dadas la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén

 

(Referencias bíblicas: Ex 1,8; Col 2,14-15; Ex 1,9; Ef 6,7; Mt 4,10; Dt 6,13; Col 1,16; Ef 4,22-24; Col 3,9-10; 2C 4,16)

 

Orígenes (hacia 185-253), presbítero y teólogo Homilías sobre el Éxodo, nº 1, 5

 

Para rezar

 

Lucero del alba,

aurora estremecida,

luz de mi alma,

Santa María.

 

Hija del Padre,

doncella en gracia concebida,

virgen y madre,

Santa María.

 

Flor del Espíritu,

ave, blancura, caricia,

madre del Hijo,

Santa María.

 

Llena de ternura,

bendita entre las benditas,

madre de todos los hombres,

Santa María. Amén.

Himno de Laudes

 

Martes III

 

Hermanos para hacer tu voluntad

 

Lectura de la carta a los Hebreos      10, 1-10

 

Hermanos:

La Ley, en efecto -al no tener más que la sombra de los bienes futuros y no la misma realidad de las cosas- con los sacrificios repetidos año tras año en forma ininterrumpida, es incapaz de perfeccionar a aquellos que se acercan a Dios. De lo contrario, no se hubieran ofrecido más esos sacrificios, porque los que participan de ellos, al quedar purificados una vez para siempre, ya no tendrían conciencia de ningún pecado. En cambio, estos sacrificios renuevan cada año el recuerdo del pecado, porque es imposible que la sangre de toros y chivos quite los pecados.

Por eso, Cristo, al entrar en el mundo, dijo: Tú no has querido sacrificio ni oblación; en cambio, me has dado un cuerpo. No has mirado con agrado los holocaustos ni los sacrificios expiatorios. Entonces dije: Aquí estoy, yo vengo -como está escrito de mí en el libro de la Ley- para hacer, Dios, tu voluntad.

El comienza diciendo: Tú no has querido ni has mirado con agrado los sacrificios, los holocaustos, ni los sacrificios expiatorios, a pesar de que están prescritos por la Ley. Y luego añade: Aquí estoy, yo vengo para hacer tu voluntad. Así declara abolido el primer régimen para establecer el segundo.

Y en virtud de esta voluntad quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha de una vez para siempre.


 

Palabra de Dios.


 


 

SALMO         Sal 39, 2 y 4ab. 7-8. 9-10. 11 (R.: cf. 8 y 9c)

 

R.      Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.


 

Esperé confiadamente en el Señor:

él se inclinó hacia mí

y escuchó mi clamor.

Puso en mi boca un canto nuevo,

un himno a nuestro Dios.  R.


 

Tú no quisiste víctima ni oblación;

pero me diste un oído atento;

no pediste holocaustos ni sacrificios,

entonces dije: «Aquí estoy.»  R.


 

«En el libro de la Ley está escrito

lo que tengo que hacer:

yo amo, Dios mío, tu voluntad,

y tu ley está en mi corazón.»  R.


 

Proclamé gozosamente tu justicia

en la gran asamblea;

no, no mantuve cerrados mis labios,

tú lo sabes, Señor.  R.


 

 No escondí tu justicia dentro de mí,

 proclamé tu fidelidad y tu salvación,

y no oculté a la gran asamblea

tu amor y tu fidelidad.  R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos        3, 31-35


 

Llegaron su madre y sus hermanos y, quedándose afuera, lo mandaron llamar. La multitud estaba sentada alrededor de Jesús, y le dijeron: «Tu madre y tus hermanos te buscan ahí afuera.»

El les respondió: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y dirigiendo su mirada sobre los que estaban sentados alrededor de él, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Porque el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.»


 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar


 

  • Todas las religiones antiguas han practicado, y algunas lo hacen todavía hoy, sacrificios de animales: el hombre quiere expresar por medio de un símbolo su sumisión a Dios… La sangre es portadora de “vida”… se ofrece sangre y ello significa la ofrenda de la propia vida.
  • En el pasaje de hoy la carta a los Hebreos afirma que las instituciones del Antiguo Testamento eran una sombra y una promesa, que en Cristo Jesús tienen su cumplimiento y su verdad total. Los profetas de Israel habían denunciado a menudo la inutilidad e ineficacia de los sacrificios de animales, cuando falta sinceridad interior. A Dios no le interesan los sacrificios por sí mismos, sino la actitud profunda del hombre que, en su vida acepta el camino de la verdad y la justicia. Los sacrificios de antes no eran eficaces, porque “es imposible que la sangre de los animales quite los pecados”. Por eso tenían que irse repitiendo año tras año y día tras día. Esto pasaba en Israel y también en todas las religiones. El sacrificio ritual es más fácil. Aunque cueste, es puntual;  mientras que el personal nos compromete en profundidad y en todos los instantes de nuestra vida.
  • Cristo Jesús, en cambio,  se ofreció en sacrificio a sí mismo. La entrega de Cristo, de una vez para siempre, hizo que “todos quedemos santificados». No es que Dios quisiera la muerte de su Hijo. Pero sí entraba en sus planes salvarnos por el camino de la solidaridad radical de su Hijo con la humanidad, y esta solidaridad lo condujo hasta la muerte.

***

  • El pasaje de hoy está en estrecha relación con los versículos  en los que se insinúa que Jesús se había enloquecido. Frente a las acusaciones de que actuaba por el poder del príncipe de los demonios, la madre y sus hermanos se sienten con la obligación de ir a buscarlo para llevarlo de nuevo a la casa. Los “hermanos” en el lenguaje hebreo son también los primos y tíos y demás familiares.
  • A los que le avisan de la presencia de sus familiares, Jesús les responde con palabras desconcertantes mirando a los que están a su alrededor escuchándolo: “Estos son mi madre y mis hermanos”.
  • Las palabras de Jesús suenan duras pero no desautorizan a su madre ni a sus parientes. Lo que hace es aprovechar la ocasión para decir cuál es su visión de la nueva comunidad que se está reuniendo en torno a él. La nueva familia no va a tener como valores determinantes ni los lazos de sangre ni los de la raza.
  • Para Jesús los lazos de la sangre, los lazos familiares, los lazos sociales, si bien, son indispensables y reales, no son lo primero y no es lícito encerrarse en ellos.  En el Reino, la fraternidad cristiana se funda en un espíritu común: hacer la voluntad del Padre. Llevarán el nombre de Jesús los que vivan en su corazón lo que fue para Jesús la razón de ser de su vida: “el amor de los unos a los otros hasta el extremo. No sólo se trata de ser partidarios de un hombre admirable, ni de hacer nuestra una norma de vida de gran elevación: se trata de ser de “los de Jesús”.
  • Esta familia es amplia y grande. Por esta razón  María es doblemente su madre.  La verdadera grandeza de su madre, no es haberle dado su sangre, sino el hecho de ser “la humilde esclava de Dios”. Incluso antes que su maternidad física, tuvo María de Nazaret este otro parentesco que aquí anuncia Cristo: el de la fe.
  • La familiaridad del Reino es unirse, como hermanos y compañeros, unidos por la gracia en una opción consciente por la Causa del reino de Jesús como sentido de la propia vida. Cuando el reino toma nuestro corazón, ilumina la vida y se hace trabajo diario y esperanzado podemos sentir ahora a todos los que caminan en la misma senda como “mi madre y mis hermanos”.
  • Esta novedad rompe muchos esquemas y nos abre a una mirada de la vida mucho más amplia y comprometida. En este camino María fue la mejor discípula y nos señala el camino de la vida cristiana: escuchar la Palabra, meditarla en el corazón y llevarla a la práctica aunque sea por caminos insospechados.

     

Para discernir

 

  • ¿Sobre qué se funda mi pertenencia a la Iglesia?
  • ¿Busco la experiencia de fraternidad universal?
  • ¿Me siento unido a los que hacen opciones válidas por el bien de los hombres?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Ayúdame a ser de tu familia

 

Para la lectura espiritual

 

La obediencia a Dios -objetará alguno- es fácil: a Dios no le vemos, no le oímos; podemos hacerle decir lo que queramos. Es verdad. Sin embargo, la Escritura nos ofrece el criterio para discernir entre la verdadera y la falsa obediencia a Dios. Hablando de Jesús, dice que «aprendió a obedecer a través del sufrimiento» (Heb 5,8). La medida y el criterio de la obediencia a Dios es el sufrimiento. Cuando dentro de ti todo grita: «Dios no puede querer esto de mí» y, sin embargo, te das cuenta de que quiere precisamente esto… y te encuentras ante su voluntad como ante una cruz en la que debes extenderte, entonces descubres lo seria, concreta y cotidiana que es esta obediencia. Para obedecer a Dios, haciendo nuestros sus pensamientos y sus voluntades, es preciso morir un poco cada vez. En efecto, nuestros pensamientos empiezan siendo diferentes a los de Dios no algunas veces, como por casualidad, sino siempre, por definición. La obediencia a Dios requiere, en cada ocasión, una auténtica conversión. Pongamos un pequeño ejemplo que vale tanto para la vida de comunidad como para la de familia. Alguien ha tomado para sí o ha cambiado o violado un objeto que te pertenecía: una pieza del vestuario o alguna otra cosa que pertenecía a tu uso particular. Estás firmemente decidido a señalar el asunto y a reclamar lo tuyo. Ningún superior interviene para prohibírtelo. Pero he aquí que, sin haberla buscado, te sale al encuentro con fuerza la Palabra de Jesús, o te la encuentras sin más delante, por casualidad, al abrir la Biblia: «Da a quien te pida, y a quien te quita lo tuyo no se lo reclames» (Lc 6,30). Comprendes con claridad que esa afirmación no valdrá siempre y para todos, pero que vale ciertamente para ti en esa precisa circunstancia; te encuentras frente a una obediencia bella y buena que realizar; si no lo haces, sientes que has dejado perder una ocasión de obedecer a Dios. La obediencia a Dios es una obediencia que siempre podemos realizar. Cuanto más obedecemos, más se multiplican las órdenes de Dios, porque él sabe que éste es el don más bello que puede hacernos, el que hizo a su amado Hijo Jesucristo.

 

R. Catalamessa, La obediencia.


 

 Para rezar

 

Comunidad de hermanos

 

Sin conocernos, nuestros corazones latían
por un mismo anhelo.
Un día nos encontramos
y ahora marchamos juntos.
Por eso te damos gracias, Señor,
en esta asamblea de hermanos.

Cuando tú sembraste en nuestras vidas
la semilla del Hombre Nuevo
nos sentimos como enfermos;
las preguntas sin respuesta
nos requemaban por dentro;
los caminos habituales
se nos volvieron ajenos;
nos sentíamos varados,
devorados por el deseo de liberarnos
y sin saber cómo hacerlo.
Nos gritaban: desadaptado, resentido, inútil.
Y nos planteamos: me olvidaré de todo,
quiero ser uno más.

Pero no supimos fingir.
No tuvo cura esta herida
de amor a tu pueblo.
Y seguimos nuestra marcha,
levantándonos, cayendo
solitarios, solidarios,
entre esperanzas y miedos.

Un día nos encontramos.
Sentimos mucho contento,
de repente comprendimos
que no somos excepciones,
que está naciendo algo nuevo;
una corriente escondida
nos reúne a los viajeros.
Es tu espíritu, Señor
que nos lanza al Mundo Nuevo.

Por eso en esta comunidad de hermanos
te cantamos. Padre Nuestro.
En nuestra debilidad
sentimos bullir tu fuerza:
en la noche de nuestras incertidumbres
se abre camino tu luz
y en medio de nuestros complejos,
que hacen difícil el entendimiento
y a nosotros dan dolor,
construye tu amor un puente
y una morada de paz.

Mira, Señor: los enemigos del pueblo
buscan nuestra división
y nosotros mismo crecimos
en un mundo de recelos.
Por eso, danos, Señor,
esa paciencia sin límites,
la misericordia y la comprensión:
que como tú nos amaste,
seamos nosotros capaces de amar.
Que esta pequeña comunidad de hermanos
sea el embrión de un pueblo fraternal.


 

 Miércoles III

 

¡El que tenga oídos, que oiga!

 

Lectura de la carta a los Hebreos      10, 11-18


 

Cada sacerdote se presenta diariamente para cumplir su ministerio y ofrecer muchas veces los mismos sacrificios, que son totalmente ineficaces para quitar el pecado. Cristo, en cambio, después de haber ofrecido por los pecados un único Sacrificio, se sentó para siempre a la derecha de Dios, donde espera que sus enemigos sean puestos debajo de sus pies. Y así, mediante una sola oblación, él ha perfeccionado para siempre a los que santifica.

El Espíritu Santo atestigua todo esto, porque después de haber anunciado: Esta es la Alianza que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Yo pondré mis leyes en su corazón y las grabaré en su conciencia, y no me acordaré más de sus pecados ni de sus iniquidades.

Y si los pecados están perdonados, ya no hay necesidad de ofrecer por ellos ninguna oblación.


 

Palabra de Dios.


 


 

SALMO         Sal 109, 1. 2. 3. 4 (R.: 4bc)


 

R.      Tú eres sacerdote para siempre, a la manera de Melquisedec.


 

Dijo el Señor a mi Señor:

«Siéntate a mi derecha,

mientras yo pongo a tus enemigos

como estrado de tus pies.»  R.


 

El Señor extenderá el poder de tu cetro:

«¡Domina desde Sión,

en medio de tus enemigos!»  R.


 

«Tú eres príncipe desde tu nacimiento,

con esplendor de santidad;

yo mismo te engendré como rocío,

desde el seno de la aurora.»  R.


 

El Señor lo ha jurado

y no se retractará:

«Tú eres sacerdote para siempre,

a la manera de Melquisedec.»  R.


 


 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos        4, 1-20


 

Jesús comenzó a enseñar de nuevo a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca dentro del mar, y sentarse en ella. Mientras tanto, la multitud estaba en la orilla. El les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas, y esto era lo que les enseñaba:

«¡Escuchen! El sembrador salió a sembrar. Mientras sembraba, parte de la semilla cayó al borde del camino, y vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno rocoso, donde no tenía mucha tierra, y brotó en seguida porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemó y, por falta de raíz, se secó. Otra cayó entre las espinas; estas crecieron, la sofocaron, y no dio fruto. Otros granos cayeron en buena tierra y dieron fruto: fueron creciendo y desarrollándose, y rindieron ya el treinta, ya el sesenta, ya el ciento por uno.»

Y decía: «¡El que tenga oídos para oír, que oiga!»

Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor de él junto con los Doce, le preguntaban por el sentido de las parábolas. Y Jesús les decía: «A ustedes se les ha confiado el misterio del Reino de Dios; en cambio, para los de afuera, todo es parábola, a fin de que miren y no vean, oigan y no entiendan, no sea que se conviertan y alcancen el perdón.»

Jesús les dijo: « ¿No entienden esta parábola? ¿Cómo comprenderán entonces todas las demás?

El sembrador siembra la Palabra. Los que están al borde del camino, son aquellos en quienes se siembra la Palabra; pero, apenas la escuchan, viene Satanás y se lleva la semilla sembrada en ellos.

Igualmente, los que reciben la semilla en terreno rocoso son los que, al escuchar la Palabra, la acogen en seguida con alegría; pero no tienen raíces, sino que son inconstantes y, en cuanto sobreviene la tribulación o la persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumben.

Hay otros que reciben la semilla entre espinas: son los que han escuchado la Palabra, pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y los demás deseos penetran en ellos y ahogan la Palabra, y esta resulta infructuosa.

Y los que reciben la semilla en tierra buena, son los que escuchan la Palabra, la aceptan y dan fruto al treinta, al sesenta y al ciento por uno.»


 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • En la antigua alianza los sacerdotes estaban “de pie” en el Templo… Jesucristo empero se “sentó″ para siempre a la diestra del Padre. Para mostrarnos toda la diferencia entre el antiguo sacerdocio judío y el sacerdocio de Jesús, el autor nos presenta al sumo sacerdote de pie muy atareado, en cambio a Jesús lo presenta tranquilo sentado junto al Padre, seguro de que su sacrificio es perfecto.
  • Los sacerdotes de pie día tras día celebraban la liturgia y ofrecían reiteradamente los mismos sacrificios que nunca podían borrar los pecados. Jesucristo, habiendo ofrecido por los pecados un solo sacrificio, se sentó a la diestra de Dios para siempre. La nueva Alianza que Jesús ha adquirido y ha dado, actúa en lo más íntimo de nuestro ser para transformarnos. Desde entonces espera que sus “enemigos sean puestos por escabel de sus pies”. Por su único sacrificio, Cristo condujo siempre a su perfección a aquellos que de Él reciben la santidad.

***

  • Jesús “Comenzó a enseñar en la orilla del lago”.  Obra como rabí, como maestro, porque se propone comunicar algo. Las parábolas forman parte de su magisterio vivo, de su pedagogía. La parábola nace de su preocupación de Maestro que busca el modo en que los hombres puedan realizar un itinerario de salvación.
  • Hoy aparece el tema de la siembra, el sembrador y la semilla. Sembrar significa confiar una vida a su camino vital, iniciar un proceso vital con confianza.
  • La parábola del sembrador, debe ser entendida en el contexto en que Marcos viene presentando el ministerio de Jesús. Un itinerario cargado de problemas y de dificultades: la prisión de Juan, la acusación de blasfemia, el complot de los herodianos para matarlo, la acusación de obrar en nombre del demonio y finalmente, la incomprensión de su familia. Jesús se encontraba amenazado por todos lados.
  • El Reino que Jesús anuncia exigía conversión: cambio interior de las personas y cambio exterior de las estructuras. A menudo la exigencia de cambio trae resistencia, crítica y persecución. Su propuesta del Reino cae en gente superficial, o interesada, o aferrada a las viejas estructuras, o atemorizada. Jesús experimenta que su propuesta de transformación es cuestionada y atacada y sobre su misma persona ya respiran las amenazas de muerte.
  • Jesús pretende afirmar que el Reino está ya presente, aunque a nivel de semilla y aunque aparentemente aplastado: el Reino está aquí, en medio de las oposiciones, en medio de los fracasos y no simplemente en aquellos que algún día se transformarán en éxitos. La parábola además de ser una afirmación de la presencia del Reino se convierte en un estímulo para quienes lo anuncian.
  • El trabajo del sembrador es un trabajo sin medida, sin miedo al derroche, aparentemente inútil, infructuoso; sin embargo lo cierto es que algún lugar da fruto abundante. En el Reino de Dios no hay trabajo inútil, no se desperdicia nada. La parábola invita a tomar conciencia de que: haya o no haya éxito, haya o no haya desperdicio, el trabajo de la siembra no debe ser calculado, medido, sobre todo no hay que elegir terrenos ni echar la semilla sólo en algunos.
  • Jesús asemeja su trabajo al del sembrador que derrocha semillas y energía sin distinciones y sin mezquinar. Así es como actúa Cristo en su amor a los hombres.  Siembra aquí y allá, con la esperanza de que la semilla arraigue, crezca y produzca fruto.
  • Así debe vivir su misión la Iglesia en el mundo. Nunca sabemos a la hora de sembrar cuáles serán los terrenos que darán fruto y cuáles se negarán. No podemos adelantarnos al juicio de Dios. Necesitamos comprender como Iglesia evangelizadora y misionera que no tenemos que desanimarnos en el trabajo del anuncio ni tienen que dejarnos llevar por cálculos humanos.
  • Jesús nos asegura que la semilla dará fruto. A pesar de que este mundo nos parece terreno estéril: la sociedad tan superficial e interesada, la falta de vocaciones, los jóvenes muchas veces ausentes de la realidad, los defectos que vive la misma Iglesia; Dios ha dado fuerza a su Palabra y germinará, contra toda apariencia  de inutilidad. Jesús nos invita a no perder la esperanza y la confianza en Dios. Es él quien, en definitiva, hace crecer el Reino. Nosotros somos invitados a colaborar con él. Pero el que da el da crecimiento y el único que salva.

 

Para discernir

 

  • ¿Busco la eficacia antes que  la fecundidad?
  • ¿Valoro el amor de Jesús que se da a todos por igual?
  • ¿Se aceptar los tiempos de Dios?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Quiero ser buena tierra

 

Para la lectura espiritual

 

Hermanos, nosotros queremos salvarnos durmiendo y por eso nos desanimamos, pero basta con poco trabajo: y entonces nos cansamos, a fin de recibir misericordia. Si uno tiene una facultad y la deja sin cultivar, cuanto más la descuide, tanto más se le llenará de espinas y de abrojos, ¿no es verdad? Y cuando vaya a limpiarla, cuanto más llena esté, más sangre deberán verter sus manos. Por eso, quien desea limpiar su propia facultad debe arrancar bien de raíz, en primer lugar, todos los hierbajos: si no arranca bien las raíces, sino que se limita a cortarlas por encima, aquéllas volverán a crecer; después deberá romper los terrones, arar; entonces podrá sembrar buena semilla. Si, efectivamente, vuelve a dejarla de nuevo en reposo, volverán los hierbajos, pues encuentran la tierra blanda y hermosa, echan raíces profundas y se multiplican en el campo todavía más.

Así ocurre también con el alma. Antes que nada, es preciso acabar con las malas costumbres no sólo luchando contra ellas, sino también contra sus causas, que son las raíces. A continuación, es preciso ejercitar bien nuestras propias costumbres; sólo entonces empezaremos a sembrar la buena semilla, que son las obras buenas. Quien quiera salvarse debe no sólo abstenerse de hacer el mal, sino también hacer el bien. Ahora bien, el que siembra, además de echar la semilla, debe sepultarla también en la tierra, para que no vengan las aves a llevársela y así se pierda; y después de haberla escondido espera la misericordia de Dios, hasta que mande la lluvia y crezca la semilla. Así sucede también con nosotros: si alguna vez hacemos algo bueno, debemos esconderlo con la humildad y confiar a Dios nuestra debilidad, pidiéndole que apruebe nuestro trabajo, pues de otro modo será vano. En ocasiones, después de que hayan germinado y crecido, y haya aparecido la espiga, llegan la langosta o el granizo y otras desgracias semejantes y destruyen la cosecha. Así sucede también con el alma, de modo que quien de verdad quiera salvarse no debe quedarse tranquilo hasta el último respiro. Es preciso, pues, esforzarnos, estar muy atentos y pedirle siempre a Dios que nos proteja y nos salve con su bondad, para gloria de su santo nombre. Amén

 

Doroteo de Gaza, Enseñanza espiritual.

 

Para rezar

 

Quiero creer

 

No creo
en el derecho del más fuerte
en el lenguaje de las armas
en el poder de los potentados.

Quiero creer
en el derecho del hombre,
en la mano abierta
en el poder de los no violentos.

No creo
en la raza o la riqueza,
en los privilegios
o en el orden establecido.

Quiero creer
que todos los hombres son hombres,
que el orden de la fuerza
y de la injusticia es un desorden.

No creo
que pueda quedar indiferente
a lo que pasa lejos de aquí.

Quiero creer
que el mundo entero es mi casa
y el campo donde siembro,
y que todos cosechan
lo que todos han sembrado.

No creo
que pueda combatir
la opresión de los demás,
si tolero la injusticia aquí.

Quiero creer
que hay un solo derecho,
tanto aquí como allá
y que yo no soy libre
mientras haya un solo hombre esclavo.

No creo
que la guerra y el hambre
sean inevitables
y la paz inalcanzable.

Quiero creer
en la acción sencilla,
en el amor de las manos limpias,
en la paz sobre la tierra.

No creo
que todo el sufrimiento sea en vano
no creo que el sueño del hombre quede sueño
que la muerte será el fin.

Quiero creer, al contrario,
siempre y a pesar de todo
en el hombre nuevo,
un cielo nuevo,
una tierra nueva
donde habitará la justicia.

 

Dorotea Sölle


 

Jueves III

 

Al que tiene se le dará

 

Lectura de la carta a los Hebreos 10, 19-25

 

Hermanos:

Tenemos plena seguridad de que podemos entrar en el Santuario por la sangre de Jesús, siguiendo el camino nuevo y viviente que él nos abrió a través del velo del Templo, que es su carne. También tenemos un Sumo Sacerdote insigne al frente de la casa de Dios. Acerquémonos, entonces, con un corazón sincero y llenos de fe, purificados interiormente de toda mala conciencia y con el cuerpo lavado por el agua pura.

Mantengamos firmemente la confesión de nuestra esperanza, porque aquel que ha hecho la promesa es fiel. Velemos los unos por los otros, para estimularnos en el amor y en las buenas obras. No desertemos de nuestras asambleas, como suelen hacerlo algunos; al contrario, animémonos mutuamente, tanto más cuanto que vemos acercarse el día.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 23, 1-2. 3-4ab. 5-6 (R.: cf. 6)

 

R. ¡Felices los que buscan al Señor!.

 

Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella,

el mundo y todos sus habitantes,

porque él la fundó sobre los mares,

él la afirmó sobre las corrientes del océano. R.

 

¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor

y permanecer en su recinto sagrado?

El que tiene las manos limpias

y puro el corazón;

el que no rinde culto a los ídolos. R.

 

El recibirá la bendición del Señor,

la recompensa de Dios, su salvador.

Así son los que buscan al Señor,

los que buscan tu rostro, Dios de Jacob. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    4, 21-25

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a la muchedumbre:

“¿Se trae el candil para meterlo debajo del celemín o debajo de la cama, o para ponerlo en el candelero? Si se esconde algo, es para que se descubra; si algo se hace a ocultas, es para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga.” Les dijo también: “Atención a lo que están oyendo: la medida que usen la usarán con ustedes, y con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.”

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El autor de la carta vuelve a urgir a sus lectores a la perseverancia, que se ve que era lo que más peligraba en ellos: “mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos”, “no desertéis de las asambleas, como algunos tienen por costumbre”.
  • Jesús, Mediador ha entrado en el santuario del cielo, no a través del «velo» o cortina como hacía el sumo sacerdote del Templo de Jerusalén, sino a través del velo de su carne, o sea, a través de la muerte, que ha abierto su humanidad a la nueva existencia.
  • Eso nos debe dar confianza. El que dijo «yo soy el camino» ha ido delante de nosotros a la presencia de Dios. El que dijo «yo soy la puerta» nos ha abierto la entrada en el Reino.
  • La Palabra nos anima hoy a ir creciendo en las tres virtudes principales: «con corazón sincero y llenos de fe», «firmes en la esperanza que profesamos», «para estimularnos a la caridad».

***

  • Otras dos parábolas o comparaciones de Jesús nos ayudan a entender cómo es el Reino que Él quiere instaurar. Cada realidad material evoca para Él lo invisible. Jesús habla hoy de ocultar y descubrir, de esconder y encontrar. Utiliza la imagen de una lámpara que no se mete debajo de la cama sino que se pone en un lugar donde pueda esparcir su luz.
  • Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre es la luz que el Padre Dios encendió para que iluminara nuestras tinieblas. Y esa Luz ha brillado entre nosotros mediante su Palabra y su persona convertida en Evangelio, que debe extenderse por todo el mundo. La Buena Noticia no está hecha para ser guardada “para sí”; no se la recibe verdaderamente si no se está decidido a comunicarla. Se trata de un gran secreto, pero de un secreto para ser desvelado a plena luz.
  • Jesús, seguramente también ha observado a los comerciantes de su tiempo cuando están midiendo el trigo, o la sal: se tasa más o menos, se llena hasta el borde o se procura dejar un pequeño margen a fin de cuidar la economía. Jesús aplica este símbolo al hecho de aceptar la Buena Noticia. Jesús desea que sus oyentes se llenen de la Palabra que se trasmite sin perder nada de ella.
  • Creer en Cristo es aceptar en nosotros su luz y a la vez comunicar esa misma luz a una humanidad que anda siempre a oscuras. Al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará aun lo que tiene.
  • Hay distintas formas de tener: si tenemos esperanza y solidaridad, capacidad de compartir, anhelo de justicia y de paz, capacidad de perdón y misericordia; a todo eso Dios lo hará crecer. Sin embargo al que está lleno de egoísmo y de codicia, de orgullo y de indiferencia cosechará en su vida de lo que ha acumulado y de sus consecuencias.
  • Dios nos quiere como luz; como luz brillante y fuerte que no se apague ante el viento en contra.
  • Dios nos llama para que vivamos fieles a la vocación que hemos recibido, trabajando para que se disipe todo lo que ha oscurecido el camino de los hombres en su camino hacia la vida plena. Si lo damos todo con tal de hacer llegar la vida, el amor, la paz y la misericordia de Dios a los demás, con esa misma medida, Dios irá colmando nuestra vida en este mundo; hasta que nos llame para que estemos con Él eternamente donde se nos dará Él mismo por completo y para siempre.
  • Como discípulos de Cristo, tenemos que ser un signo claro de su amor para todos los hombres. Desde nuestras palabras, desde nuestra propia vida, los hombres alcanzarán a leer que Dios camina entre nosotros con todo su amor salvador.

 

Para discernir

 

  • ¿Somos luz? ¿Qué iluminamos?
  • ¿Dejamos que la Buena Noticia nos llene la Vida?
  • ¿Qué abunda más en nosotros?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Quiero ser luz Señor…guíame

 

Para la lectura espiritual

 

«La medida que uséis la usarán con vosotros»

 

A Cristo, estando invisible, no le podemos mostrar nuestro amor; pero nuestros vecinos son siempre visibles y podemos hacer por ellos todo lo que, si Cristo estuviera visible, nos gustaría hacer por él.

Hoy, es el mismo Cristo el que está presente en aquellos que nadie necesita, en los que nadie emplea, que nadie cuida, que tienen hambre, que van desnudos, que no tienen hogar. Parece que son inútiles al Estado y a la sociedad; nadie tiene tiempo para emplear en ellos. Nos toca a nosotros, los cristianos, a vosotros y a mí, dignos del amor de Cristo si nuestro amor es verdadero, nos toca a nosotros ir a su encuentro, ayudarlos; están ahí para que les encontremos.

Trabajar por trabajar; este es el peligro que siempre nos amenaza. Es ahí que intervienen el respeto, el amor y la devoción a fin de que dirijamos nuestro trabajo a Dios, a Cristo. Y por eso intentamos hacerlo de la manera más bella posible.

 

Teresa de Calcuta (1910-1997), fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad – El gozo del don

 

Para rezar

 

Yo te sigo

 

He querido poner la mano en el arado

y emprender el camino que tú seguiste.

Haz de mí un hombre recto.

Haz de mí un hombre decidido

a no dejar rincones de mi vida

sin abrirlos al juicio de tu Palabra.

 

He decidido no volver la mirada atrás.

Porque es la tentación de quien cree

que ya hizo bastante.

Porque es el pecado del que puedo hacer y no hizo.

Ayúdame, Señor, a ser fiel a mi opción por Ti.

 

José Santana

 

Viernes III

 

¡No pierdan la confianza!

 

Lectura de los Hebreos    10, 32-39

 

Hermanos:

Recuerden los primeros tiempos: apenas habían sido iluminados y ya tuvieron que soportar un rudo y doloroso combate, unas veces expuestos públicamente a injurias y atropellos, y otras, solidarizándose con los que eran tratados de esa manera. Ustedes compartieron entonces los sufrimientos de los que estaban en la cárcel y aceptaron con alegría que los despojaran de sus bienes, sabiendo que tenían una riqueza mejor y permanente.

No pierdan entonces la confianza, a la que está reservada una gran recompensa. Ustedes necesitan constancia para cumplir la voluntad de Dios y entrar en posesión de la promesa. Porque todavía falta un poco, muy poco tiempo, y el que debe venir vendrá sin tardar. El justo vivirá por la fe, pero si se vuelve atrás, dejaré de amarlo.

Nosotros no somos de los que se vuelven atrás para su perdición, sino que vivimos en la fe para preservar nuestra alma.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 36, 3-4. 5-6. 23 y 24. 39-40 (R.: 39a)

 

R.    La salvación de los justos viene del Señor.

 

Confía en el Señor y practica el bien;

habita en la tierra y vive tranquilo:

que el Señor sea tu único deleite,

y él colmará los deseos de tu corazón. R.

 

Encomienda tu suerte al Señor,

confía en él, y él hará su obra;

hará brillar tu justicia como el sol

y tu derecho, como la luz del mediodía. R.

 

El Señor asegura los pasos del hombre

en cuyo camino se complace:

aunque caiga no quedará postrado,

porque el Señor lo lleva de la mano. R.

 

La salvación de los justos viene del Señor,

él es su refugio en el momento del peligro;

el Señor los ayuda y los libera,

los salva porque confiaron en él. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    4, 26-34

 

Jesús decía a la multitud:

«El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra: sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga. Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha.»

También decía: « ¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo? Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra.»

Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender. No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El autor de la carta a los Hebreos invita a los fieles, en peligro de flaquear ante las excesivas adversidades y afectados por la prueba del tiempo y de las contradicciones, a volver al punto inicial de su fe. Empezaron su vida cristiana con mucho fervor dando muestras de firmeza y de solidaridad fraterna, pero ahora les faltaba constancia.
  • Pedir el bautismo era entonces arriesgarse a la persecución, a la cárcel, a las burlas, verse expropiados de los propios bienes, perder dinero y lugar en la sociedad. La persecución los acobarda. La exhortación es a no perder el fervor de los primeros días. Si siguen con valentía verán la salvación. Si se acobardan, lo perderán todo.

***

  • Hoy escuchamos dos parábolas, de las cuatro que trae el evangelio de Marcos. Son dos parábolas acerca del Reino de Dios, con imágenes muy simples. La primera nos habla de una semilla que después de ser sembrada, crece sola, sin que el sembrador esté encima ni sepa cómo. El Reino de Dios, como la semilla, tiene dentro una fuerza misteriosa, que a pesar de los obstáculos que pueda encontrar, logra germinar y dar fruto.
  • Dios conduce nuestra historia, por ese motivo, Jesús subraya la fuerza intrínseca de la gracia y de su intervención. El protagonista de la parábola no es el labrador, ni el terreno bueno o malo, sino la semilla.
  • La otra parábola presenta la desproporción entre la pequeñez de la semilla y la grandeza del árbol maduro que brota de ella. Las grandes empresas tienen, con frecuencia, humildes orígenes. La lógica del Reino de Dios, choca con la mentalidad de este mundo que funciona de modo muy diferente: la santidad de vida, las grandes obras de misericordia y evangelizadoras, las iniciativas providenciales, no dependen de las grandes inversiones. El desarrollo del Reino de Dios comienza en la pequeñez, en lo aparentemente inútil, en lo humanamente estéril y, pobre para alcanzar luego una expansión increíble.
  • Las dos parábolas de hoy tienen en común el “símbolo” de la germinación, de la potencia de la “vida naciente”. Jesús ve así su obra; el Reino de Dios es como una semilla viva, sembrada en un corazón, sembrada en una vida, sembrada en el mundo, crece de un modo lento, imperceptible, pero continuo.
  • El Reino, fuerza de Dios que opera en la vida de los hombres y en la historia, está más allá de las capacidades del evangelizador como de la debilidad de los evangelizados. Es el mismo Dios quien se hace presente, superando la acción humana y la insignificancia de la semilla. El Reino, aunque se apoye en el hombre, no recibe su fuerza de él.
  • No podemos creer que el mundo se va a salvar por nuestras técnicas y esfuerzos. Dios muchas veces nos muestra que, de los medios más pequeños, brotan los frutos menos esperados; ni proporcionados a nuestra organización o a nuestros métodos, instrumentos o ciencia.
  • El Reino de Dios ya está aquí, en medio de nosotros y no viene con el estrépito de la propaganda, ni con derroche de medios y de fuerza. No es como las grandes empresas del mercado o los medios de comunicación que, planean para producir grandes ganancias, para unos pocos.
  • No debemos angustiarnos por miedo al fracaso buscando tener una respuesta inmediata o exigiendo frutos a corto plazo. Esto sería absolutizar nuestros méritos y sin verdadera fe en el Dueño de la mies.
  • A nosotros se nos pide recibir el Reino; como buena tierra colaborando con nuestra libertad y trabajo sin impaciencias: porque el protagonista es Dios. El Reino crece desde dentro, por la energía del Espíritu que, poco a poco, da abundantes cosechas de solidaridad y de servicio entre los pobres y que echa ramas en las que pueden cobijarse todos los desamparados de este mundo.

     

Para discernir

 

  • ¿Confío en la acción de Dios o trato de buscar otras seguridades?

  • ¿Reconozco la presencia del Reino en sus pequeñas manifestaciones?

  • ¿Me impaciento ante la falta de resultados visibles?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Que venga tu reino Señor

 

Para la lectura espiritual

 

Por lo general, pensamos que la paciencia es una especie de resignación fatalista frente a lo que se nos opone y, por consiguiente, una confesión de derrota. Sin embargo, de hecho, la paciencia cristiana no es resignación, sumisión. Para comprender la actitud espiritual que llamamos paciencia es preciso mirar a Jesús paciente. Basta con leer el evangelio para ver que el Señor Jesús experimentó la incomodidad física, el cansancio, la monotonía del trabajo, la opresión de la muchedumbre.

Le alcanzaron las contestaciones, el odio, la incredulidad. Experimentó el dolor físico más agudo y el sufrimiento del espíritu, la agonía, el abandono de los discípulos y hasta del Padre. Pero no fue un aplastado: se ofreció porque lo quiso. Llevó sobre sí todo con una paciencia que no es ni inercia ni pasividad, sino ofrenda de sí mismo a todo lo que quiere el Padre.

El amor al Padre y a los hombres le impulsa a entregarse hasta el extremo. «Si el grano de trigo no muere, no da fruto», dice en el evangelio. Así, con su sacrificio glorificó al Padre y llevó a cabo nuestra salvación. Esta es la victoria del amor, de la paciencia.

A partir del ejemplo vivo del Señor Jesús, comprendemos que la paciencia es la perfección de la caridad. Observa san Juan de la Cruz: «El amor ni cansa ni se cansa». Es la paciencia silenciosa, perseverante, que se vuelve don, como Cristo, pan partido por los hermanos. Ahora bien, esta disponibilidad de amor no puede ser sostenida más que por una fe viva y por una intensa esperanza. Muchas de nuestras impaciencias y muchos abatimientos proceden precisamente de una fe y de una esperanza, demasiado débiles, que no nos orientan plenamente al amor.

 

A. Ballestrero, Hablar de cosas verdaderas.

 

Para rezar

 

Hay un mundo que vive en la esperanza de un mañana más justo, más fraterno.

Hay un mundo que sufre los dolores de un nuevo amanecer.

Hay semillas de vida traspasando la tierra de la muerte.

Tú me enseñas a verlo, a descubrirlo, Jesús, me das la fe.

Hay un hombre que vive la miseria, sin poder, sin saber, sólo muriendo.

Hay un hombre que, pese a todo, espera justicia y libertad.

Hay dos mundos, tres mundos, divididos por el poder e indiferencia.

Tú me llamas, Jesús, al compromiso, a la solidaridad.

Yo sé que no puedo encontrarte a ti, Jesús, sin tu Reino.

Yo sé que no llega el Reino, si en el centro no estás tú.

Bendito el que marcha en tu nombre, bendito el que en el hermano

ve tu rostro, se detiene y comparte hoy su cruz.

 

E. Fernández

Sábado III

2 de febrero

La Presentación del Señor (F)

 

Mis ojos han visto a tu Salvador

 

 

Lectura del Libro de Malaquías 3, 1-4

 

Así dice el Señor: “Mirad, yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí. De pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis. Miradlo entrar -dice el Señor de los ejércitos-. ¿Quién podrá resistir el día de su venida?, ¿quién quedará en pie cuando aparezca? Será un fuego de fundidor, una lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata, como a plata y a oro refinará a los hijos de Leví, y presentarán al Señor la ofrenda como es debido. Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos.”

 

Palabra de Dios

 

SALMO Sal 23, 7-10

 

R: El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria.

 

¡Portones!, alzad los dinteles,

que se alcen las antiguas compuertas:

va a entrar el Rey de la gloria. R.

 

¿Quién es ese Rey de la gloria?

El Señor, héroe valeroso;

el Señor, héroe de la guerra. R.

 

¡Portones!, alzad los dinteles,

que se alcen las antiguas compuertas:

va a entrar el Rey de la gloria. R.

 

¿Quién es ese Rey de la gloria?

El Señor, Dios de los ejércitos.

Él es el Rey de la gloria. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 22-40

 

 

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: “Todo primogénito varón será consagrado al Señor”, y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: “un par de tórtolas o dos pichones.”

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: “Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.” Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: “Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.”

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

 

Palabra del Señor

 

O bien más breve:

 

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    2, 22-32

 

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:

«Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Jesús se hace solidario de nuestras debilidades, dolores y angustias; Él es de nuestra “carne y sangre”, hermano nuestro, y por eso su muerte y sus dolores nos salvan y liberan.
  • El proyecto salvador de Dios se encarna en una historia concreta. María, como hacían todas las mujeres israelitas, va a cumplir los ritos de la purificación, obligatorios para las que acababan de dar a luz. Toda madre, al tener un hijo, quedaba legalmente “impura”, y tenía que ser declarada “pura” en el templo por un sacerdote.
  • Además, todo primogénito pertenecía a Dios. Los primeros nacidos de los animales eran sacrificados; el primer hijo de cada familia era rescatado por medio de una ofrenda. La ofrenda que presentan los padres de Jesús para rescatarlo es la de los pobres: “un par de tórtolas o dos pichones”. Los ricos presentaban animales más grandes y más caros.
  • Para María, la presentación y ofrenda de su hijo fue un acto de ofrecimiento verdadero y consciente. Significaba que ella ofrecía a su hijo para la obra de la redención con la que él estaba comprometido desde un principio. Ella renunciaba a sus derechos maternales y a toda pretensión sobre él; y lo ofrecía a la voluntad del Padre.
  • También, al poner María a su hijo en los brazos de Simeón queda simbolizado que ella no lo ofrece exclusivamente al Padre, sino también al mundo, representado por aquel anciano.
  • Simeón es un profeta; el Espíritu Santo actúa y abre los ojos de este anciano, que descubre en el hijo de María, “el consuelo de Israel”. Iluminado por el mismo Espíritu intuye, a través de los signos de pobreza, la gran realidad presente en Jesús: la salvación y liberación de Israel. También está allí la anciana Ana: mujer llena de verdadera religiosidad que esperaba que todo cambiara un día. Ella alaba a Dios y habla a todos de aquel Niño, que es la liberación de Israel y de todas las naciones.
  • El cántico que se coloca en boca de Simeón habla de Jesús como el “Salvador” para “todos los pueblos”, “luz” de “las naciones” y “gloria de Israel”. El pequeño hijo de María llegará a ser el salvador del mundo, el mensajero de la buena noticia para todos, el hacedor de la paz mesiánica que procede de Dios. Solamente que el camino no será fácil; las palabras de Simeón dirigidas a María anticipan el rechazo que sufrirá Jesús por parte de las autoridades de su pueblo, la contradicción de su mensaje con los poderes de la ambición, el orgullo y la guerra. La espada que atravesará el alma de María simboliza su participación en el destino de su Hijo. Destino de salvación para los pueblos, pasando por el dolor y la muerte a la gloria de la resurrección.
  • El amor de Dios es, sobre todo, liberador: hace personas libres, por eso Jesús es la “luz” que no sólo ayuda a caminar, sino la luz que salva, que guía por un camino que conduce a la vida. Por eso se llama “Salvador”.
  • Es “gloria”. En lenguaje bíblico significa la manifestación del mismo Dios. Jesús es la “gloria de Israel”, porque es la máxima manifestación del amor de Dios por su pueblo. El Niño provocará la caída de unos y la elevación de otros; unos avanzarán con El hacia la plena liberación, otros se hundirán en egoísmos y conformismos estériles. La vida de Jesús dará fe de ello. Y la historia, hasta hoy, también.
  • Dios ha dicho su última palabra en Jesús; y el Hijo de Dios dará su respuesta en la cruz. La victoria del Mesías nacerá de su derrota. La vida llega por la muerte, y en ese camino quedan al descubierto los pensamientos y los intereses de muchos corazones. La decisión que se tome ante la señal que es Jesús, descubre las profundidades ocultas de los sentimientos humanos, lo que hay dentro de cada corazón.
  • Ser creyente es ser peregrino, caminar en la incertidumbre y en la inseguridad, caminar de sorpresa en sorpresa. El amor de Dios es exigente, siempre está empujando para que los hombres crezcamos y maduremos. Pero también es luz, se hace claridad en el andar.
  • Los cristianos, que celebramos la fiesta de la presentación de Jesús en el Templo, tenemos una llamada a asumir nuestro compromiso de fe: recibir a Jesús en nuestras vidas con la alegría y la esperanza con que lo recibieron Simeón y Ana, aunque esto signifique dejar de lado el orgullo, vencer el egoísmo para poder abrirnos al amor y a la misericordia que Jesús nos trae. Y habiendo sido iluminados por Jesús presentarlo a los demás, como María y José, sabiendo que Él es salvación, luz y paz para todos.

 

Para discernir

 

  • ¿Anhelo el encuentro con Jesús y su salvación?
  • ¿Busco momentos para salir a su encuentro?
  • ¿Soy luz delante de mis hermanos?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Celebro el encuentro con Vos en mis hermanos

 

Para la lectura espiritual

 

«Mis ojos han visto a tu Salvador»

 

…”Ahí tenéis, hermanos míos, entre las manos de Simeón, un cirio encendido. También vosotros, encended en esta lámpara vuestros cirios, quiero decir estas lámparas que el Señor os ordena tener en vuestras manos (Lc 12,35). «Acercaos a él y quedaréis iluminados» (Sl 33,6) de manera que vosotros mismos seáis más que portadores de unas lámparas: unas luces que alumbren vuestro interior y también al exterior de vosotros mismos y a vuestros prójimos.

¡Qué tengáis una lámpara en vuestro corazón, en vuestra mano, en vuestra boca! Que la lámpara que tenéis en vuestro corazón brille para vosotros mismos, que la lámpara que tenéis en vuestra mano y en vuestra boca brille para vuestro prójimo. La lámpara de vuestro corazón es la devoción que inspira la fe; la lámpara de vuestra mano, el ejemplo de las buenas obras; la lámpara de vuestra boca, la palabra que edifica. Porque no debemos contentarnos con ser unas luces a los ojos de los hombres gracias a nuestros actos y a nuestras palabras, sino que nos es necesario brillar incluso delante de los ángeles por nuestra oración, y delante de Dios por nuestra intención. Nuestra lámpara delante de los ángeles es la pureza de nuestra devoción que nos impulsa a cantar recogidamente o a orar con fervor en su presencia. Nuestra lámpara delante de Dios, es la sincera resolución de dar gusto únicamente a aquel ante el cual hemos encontrado gracia…

A fin de que brillen todas estas lámparas, dejaos iluminar, hermanos míos, acercándoos al que es la fuente de la luz, quiero decir a Jesús que brilla en las manos de Simeón. Él quiere, ciertamente, iluminar vuestra fe, hacer que resplandezcan vuestras obras, inspiraros la palabra justa para decir a los hombres, llenar de fervor vuestra oración y purificar vuestra intención… Y cuando la lámpara de esta vida se apagará…, veréis la luz de la vida que no se apagará jamás elevarse y subir por la tarde como si fuera en pleno esplendor de mediodía”…

 

 

Beato Guerrico de Igny (hacia 1080-1157), abad cisterciense – 1er sermón para la Purificación de la Virgen María, 2.3.5; PL 185, 64-65

 

Para rezar

 

Oración a Nuestra Señora de la Candelaria

 

Nuestra Señora de la Candelaria,

Madre de la Luz, un día en el Templo

nos mostraste a Jesús, nuestro Salvador.

Hoy venimos a Vos,

nosotros que muchas veces caminamos en tinieblas

porque sabemos que seguís mostrándolo

a todo hombre que abre su corazón.

Danos la luz de la Fe que nos ayude

a seguir los pasos de tu Hijo.

Danos la luz de la Esperanza para vivir

el Evangelio a pesar de las dificultades.

Danos la luz del Amor para reconocer y servir

a Cristo que vive en los hermanos.

Danos la luz de la Verdad para descubrir

el mal que nos esclaviza y rechazarlo.

Danos la luz de la Alegría para ser testigos

de la Vida Nueva que Dios nos ofrece.

Madre buena de la Luz, tomanos de la mano,

iluminá nuestro camino, mostranos a Jesús. Así sea.

TIEMPO DTE EL AÑO – SEMANA II – CICLO C

TIEMPO DTE EL AÑO – CICLO C

Domingo de la 2da semana

 

Lunes II

 

Martes II

 

Miércoles II

 

Jueves II

 

Viernes II

Conversión de San Pablo, Apóstol (F)


Sábado II

Santos Timoteo y Tito (M.O)

 

 

TIEMPO DTE EL AÑO – CICLO C

Domingo de la 2da semana

 

Así manifestó su Gloria

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del profeta Isaías    62, 1-5

 

Por amor a Sión no me callaré, por amor a Jerusalén no descansaré, hasta que irrumpa su justicia como una luz radiante y su salvación, como una antorcha encendida. Las naciones contemplarán tu justicia y todos los reyes verán tu gloria; y tú serás llamada con un nombre nuevo, puesto por la boca del Señor.

Serás una espléndida corona en la mano del Señor, una diadema real en las palmas de tu Dios. No te dirán más «¡Abandonada!», ni dirán más a tu tierra «¡Devastada!» sino que te llamarán «Mi deleite», y a tu tierra «Desposada.»

Porque el Señor pone en ti su deleite y tu tierra tendrá un esposo. Como un joven se casa con una virgen, así te desposará el que te reconstruye; y como la esposa es la alegría de su esposo, así serás tú la alegría de tu Dios.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 95, 1-2a. 2b-3. 7-8a. 8b-9. 10a y c (R.: 3)

 

R.    Anuncien las maravillas del Señor entre los pueblos.

 

Canten al Señor un canto nuevo,

cante al Señor toda la tierra;

canten al Señor, bendigan su Nombre. R.

 

Día tras día, proclamen su victoria.

Anuncien su gloria entre las naciones,

y sus maravillas entre los pueblos. R.

 

Aclamen al Señor, familias de los pueblos,

aclamen la gloria y el poder del Señor;

aclamen la gloria del nombre del Señor. R.

 

Entren en sus atrios trayendo una ofrenda,

adoren al Señor al manifestarse su santidad:

¡que toda la tierra tiemble ante él! R.

 

Digan entre las naciones: «¡el Señor reina!

El Señor juzgará a los pueblos con rectitud.» R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto    12, 4-11

 

Hermanos:

Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos.

En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común. El Espíritu da a uno la sabiduría para hablar; a otro, la ciencia para enseñar, según el mismo Espíritu; a otro, la fe, también en el mismo Espíritu. A este se le da el don de curar, siempre en ese único Espíritu; a aquel, el don de hacer milagros; a uno, el don de profecía; a otro, el don de juzgar sobre el valor de los dones del Espíritu; a este, el don de lenguas; a aquel, el don de interpretarlas.

Pero en todo esto, es el mismo y único Espíritu el que actúa, distribuyendo sus dones a cada uno en particular como él quiere.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    2, 1-11

 

Se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue invitado con sus discípulos. Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino.» Jesús le respondió: «Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía.» Pero su madre dijo a los sirvientes: «Hagan todo lo que él les diga.»

Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una. Jesús dijo a los sirvientes: «Llenen de agua estas tinajas.» Y las llenaron hasta el borde. «Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al encargado del banquete.» Así lo hicieron.

El encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba su o rigen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo y le dijo: «Siempre se sirve primero el buen vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento.»

Este fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Este domingo es un eco de la Navidad, en  línea con la Epifanía y el Bautismo: el segundo domingo del tiempo ordinario se refiere aún  a la manifestación del Señor celebrada en la solemnidad de la Epifanía.
  • La historia de la salvación es una historia de amor. La Biblia no reconoce otra  esposa del Señor que no sea el pueblo elegido. A este pueblo, Israel, dirige su palabra y  envía sus mensajeros. Porque ese es el “amor” de Dios. Con ese pueblo contrae su “alianza”. Y la revelación puede  contemplarse como la “declaración de amor” de Dios a su pueblo.
  • La boda de Caná es signo de las bodas de sangre de Cristo, el verdadero Esposo. Es decir, Jesucristo, que posee la plenitud del espíritu amoroso de Dios, es el Esposo de todo amor.

***

  • Israel había vivido momentos desastrosos en su historia, pero el exilio, ahondó su crisis y los desesperó hasta tal punto de creer que Dios los había abandonado definitivamente. El acontecimiento de la reconstrucción tras el exilio, les hace replantear las relaciones con Dios y revisar en qué se ha fallado y por qué se han alejado de Él. El profeta Isaías hace alusión a Dios y a Israel como el esposo y la esposa respectivamente. Esto exige que el pueblo se renueve, para ser capaz de comprometerse con Dios y asumir una relación de tipo nupcial.
  • La comunidad cristiana es ahora la nueva novia que ha recibido en plenitud los dones que el Espíritu ha regalado a su pueblo para embellecerlo, para que esté a la altura del esposo y para que, poniéndolos al servicio de la misma comunidad, pueda dar frutos en abundancia para el bien de toda la humanidad.
  • El evangelio de Juan nos narra el milagro que realizó Jesús en una fiesta de bodas en Caná de Galilea convirtiendo el agua en vino. Los milagros de Cristo no son nunca una  simple demostración del poder de Dios, sino que tienen un significado y muestran  visiblemente el sentido de lo que Jesús anuncia con su palabra.

***

  • El evangelista Juan elige el popular episodio humano de una boda para describir el primer signo de Jesús. Precisamente, la mejor imagen del reino de Dios es la del banquete de bodas, donde la comida es exquisita, abundante y gratuita.
  • Las bodas en Israel duraban una semana. Jesús no asiste para realizar una función ritual, ni para presidir el compromiso mutuo entre los esposos. Jesús asiste a la boda para participar, como uno más, en todos los actos que la forman.
  • Jesús era un maestro de los símbolos. Todo lo que tocaba lo convertía en realidad simbólica. Esta boda le iba a servir como escenario privilegiado para revelar el sentido de su misión y de su vida. La boda, la alianza entre un hombre y su mujer, es el gran Símbolo de esa Alianza de Amor que Dios establece con la humanidad. En esa pareja que se casa, podemos contemplar a Dios realizando su desposorio con la humanidad.
  • En este contexto, la conversión de seiscientos litros de agua en vino tiene un significado particular. La Alianza de Dios con su Pueblo es todavía la del Antiguo Testamento. Y la Madre de Jesús lo percibe: ¡falta el vino! Sólo queda el agua de las purificaciones.
  • El agua almacenada en las tinajas es para el rito de purificación de las manos, que los fariseos exigían cumplir con absoluta  fidelidad. Son el agua de la Ley, el agua del culto  superficial y exterior, el agua de una religión que ahoga al hombre con sus leyes y  prescripciones, pero que se olvida de ayudarlo a vivir en la alegría y en la libertad.
  • Por otro lado la presencia del vino era garantía de la alegría. Jesús da la alegría de  vivir abundantemente. Y es que Jesús vino a este mundo, como él dijo, “para que  tengamos vida y la tengamos abundante”, para que nuestra vida rebose con el  gozo de vivir. En aquella boda, había demasiada agua para lavarse las manos, y poco vino para alegrar el corazón.
  • Jesús, por mediación de su madre, asiente en cambiar el agua en vino; en transformar a los hombres de  la ley en hombres del amor, a los cumplidores en enamorados.
  • Jesús ha convertido la ley en fiesta; el agua en vino, la esclavitud en libertad, la hipocresía en sinceridad, el miedo en espontaneidad. Ya puede dejar de ser un pueblo sometido a leyes y ritualismos externos. Ahora puede ser un pueblo capaz asumir el Reino con sinceridad y con responsabilidad, sabiendo que Dios por pura misericordia lo ha amado y lo ha llamado a ser parte de la comunidad de los que pueden ver la Gloria que Dios refleja en Jesús.
  • Simbólicamente, Dios, en Jesús, vuelve a desposarse con el pueblo que trae la esperanza. Surge así el Nuevo Israel, la amada que Jesús purifica y cambia.
  • Sigue siendo realidad en la vida de cada cristiano, en la Iglesia, en el mundo, la acción transformadora de Jesús: cuando se hace “lo que Él dice”, todo se convierte en algo “de mejor calidad”. El  don de su Espíritu en el corazón de su pueblo, lo impulsa a ponerse al servicio de los demás, y esto es mejor que el  encierro del egoísmo o la suficiencia.
  • El testimonio de la vida cristiana es una  proclamación de los prodigios que Dios ha hecho en cada uno, por eso nosotros mismos nos convertimos en “signos” de  Cristo, para que el mundo crea. Como Iglesia somos la esposa que vive el amor y la fidelidad porque todo lo ha recibido de Jesucristo.
  • La experiencia del amor Dios nos hace vivir nuestra existencia como una fiesta, desbordante de gozo y amistad, en la que Dios se regocija con la alegría de sus hijos, que con la fuerza que le da el vino nuevo del Espíritu de Jesús podrán llegar mucho más lejos que lo que una ley puede exigir: a gastar y, si es necesario, dar la vida por la felicidad de todos y cada uno de los miembros de la humanidad.
  • A nosotros nos toca decidir si  queremos ser muy buenos, muy cumplidores, seguir en todo la ley y no poder jamás nada,  como el agua; o ser enamorados de Dios y de los hombres, vino nuevo capaz de hacer  posible lo imposible.

 

Para discernir

 

  • ¿Es así mi vida señal para los demás?
  • ¿Cuáles pueden ser las “señales” de Dios para nosotros hoy?
  • ¿En qué lugares «se convierte el agua en vino» hoy?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Un solo Señor

 

Para la lectura espiritual

 

«Tú has guardado el vino bueno hasta ahora»

 

Cuando Cristo asistía a las bodas de Caná y la multitud de invitados se regalaba, les faltó vino y su gozo se convirtió en tristeza… Viendo esta situación, la purísima María fue inmediatamente a decir a su hijo: «Se les ha acabado el vino; así es que te ruego, hijo mío, que demuestres que todo lo puedes, tú que lo has creado todo con sabiduría».

Por favor, Virgen venerable, ¿a partir de qué milagros has sabido tú que tu hijo, sin nunca haber vendimiado, podía darles vino siendo así que nunca antes había hecho milagro alguno? Enséñanos… cómo es que has dicho a tu hijo: «Dales vino tú que lo has creado todo con sabiduría».

«Yo misma he visto a Elizabeth llamarme Madre de Dios antes de que yo diera a luz; después del nacimiento de mi hijo, Simeón me ha cantado, Ana me ha exaltado; los magos vinieron corriendo desde Persia hasta el pesebre, porque una estrella les anunció por adelantado este nacimiento; los pastores junto con los ángeles se convirtieron en heraldos del gozo, y la creación entera se gozaba con ellos. ¿Podía yo ir a buscar mayores grandezas que estos milagros para creer, según su fe, que mi hijo es aquel que todo lo ha creado con sabiduría?»…

Cuando Cristo manifiestamente cambió, por su poder, el agua en vino la multitud se alegró mucho, encontrando admirable el sabor de este vino. Hoy es en el banquete de la Iglesia que todos nos sentamos, y en el que el vino es convertido en sangre de Cristo, y todos bebemos de él con alegría santa, glorificando al gran Esposo. Porque el Esposo verdadero es el hijo de María, el que es el Verbo desde toda la eternidad, que ha tomado la forma de esclavo y que todo lo ha creado con sabiduría.

Altísimo, santo, salvador de todos, conserva sin alteración alguna el vino que está en nosotros puesto que tú lo presides todo. Aleja de nosotros toda adversidad, todos los malos pensamientos que diluyen tu vino santísimo… Por las plegarias de la santa Virgen Madre de Dios, líbranos de las angustias del pecado que nos oprimen, Dios misericordioso, tú que todo lo has creado con sabiduría.

 

San Romano el Melódico (?- hacia 560), compositor de himnos – Himno nº 18, Las Bodas de Caná

 

Para rezar

 

“No tienen vino”

La verdad es que no tenemos vino.
Nos sobran las tinajas,
y la fiesta se enturbia para todos,
porque el sino es común y la sola sala es ésta.

Nos falta la alegría compartida.
Rotas las alas, sueltos los chacales,
hemos cegado el curso de la vida
entre los varios pueblos comensales.

¡Sangre nuestra y de Dios, vino completo,
embriáganos de Ti para ese reto
de ser iguales en la alteridad.

Uva pisada en nuestra dura historia,
vino final bebido a plena gloria
en la bodega de la Trinidad!

Pedro Casaldáliga

 

 

Lunes II

 

¡A vino nuevo, odres nuevos!

 

Lectura de la carta a los Hebreos     5, 1-10

 

Todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y puesto para intervenir en favor de los hombres en todo aquello que se refiere al servicio de Dios, a fin de ofrecer dones y sacrificios por los pecados.

El puede mostrarse indulgente con los que pecan por ignorancia y con los descarriados, porque él mismo está sujeto a la debilidad humana.

Por eso debe ofrecer sacrificios, no solamente por los pecados del pueblo, sino también por los propios pecados.

Y nadie se arroga esta dignidad, si no es llamado por Dios como lo fue Aarón.

Por eso, Cristo no se atribuyó a sí mismo la gloria de ser Sumo Sacerdote, sino que la recibió de aquel que le dijo: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy.

Como también dice en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.

El dirigió durante su vida terrena súplicas y plegarias, con fuertes gritos y lágrimas, a aquel que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su humilde sumisión.

Y, aunque era Hijo de Dios, aprendió por medio de sus propios sufrimientos qué significa obedecer.

De este modo, él alcanzó la perfección y llegó a ser causa de salvación eterna para todos los que le obedecen, porque Dios lo proclamó Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO     Sal 109, 1-4

 

R.    Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.

 

Oráculo del Señor a mi Señor:

“Siéntate a mi derecha,

y haré de tus enemigos

estrado de tus pies.” R.

 

Desde Sión extenderá el Señor

el poder de tu cetro:

somete en la batalla a tus enemigos. R.

 

“Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,

entre esplendores sagrados;

yo mismo te engendré, como rocío,

antes de la aurora.” R.

 

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:

Tú eres sacerdote eterno,

según el rito de Melquisedec.” R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    2, 18-22

 

Un día en que los discípulos de Juan y los fariseos ayunaban, fueron a decirle a Jesús: «¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacen los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos?»

Jesús les respondió: «¿Acaso los amigos del esposo pueden ayunar cuando el esposo está con ellos? Es natural que no ayunen, mientras tienen consigo al esposo. Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.

Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido viejo y la rotura se hace más grande. Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres, y ya no servirán más ni el vino ni los odres. ¡A vino nuevo, odres nuevos!»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • La carta a los Hebreos nos habla hoy del sacerdocio de Jesucristo. Él es el único sacerdote, mediador entre Dios y nosotros. Aparece el término “Pontífice” que significa «constructor de puentes», el sacerdote es el que establece una comunicación entre esas dos orillas tan aparentemente alejadas como la tierra y el cielo.
  • Jesús como “pontífice”-”mediador”, nos obtiene la salvación definitiva, el perdón de nuestros pecados, la amistad con Dios, el que podamos estar delante de Dios como hijos delante de su padre, el que impulsa la fraternidad entre nosotros. Y esto lo puede realizar porque, vivió hasta el fondo las limitaciones de la vida humana, exceptuando el pecado; fue tentado por la incomprensión, la soledad, el desaliento, el sufrimiento y el miedo; vivió la radical experiencia humana del dolor, la muerte y la limitación, exactamente como nosotros. Esto lo coloca ya para siempre a nuestro lado. Su resurrección no lo alejó de su propia humanidad, sino que la asumió eternamente glorificada en Dios. Esto engendra en nosotros una absoluta confianza.
  • También nosotros vivimos la limitación y el fracaso, en la búsqueda de una vida plena para nosotros y para el mundo. El ha vivido y conoce la raíz de nuestros fracasos. Porque ha sufrido, es capaz de compadecerse y ofrecer en cada momento y a cada persona el don necesario para convertir en realidad la salvación de Dios.

***

  • En la sociedad de los tiempos de Jesús, la fe se encontraba determinada por un estilo legal y no era bien visto que pudiera haber algo superior a la Ley. Los judíos ayunaban los lunes y jueves dando a esta práctica un tono de espera mesiánica. También el ayuno del Bautista y sus discípulos apuntaba a la preparación de la venida del Mesías. Los discípulos de Juan y los fariseos cuestionan a Jesús y le preguntan el motivo por el cual sus discípulos no ayunan tal como lo hacen los discípulos de Juan y los fariseos.
  • Jesús no acepta ciegamente la ley, la critica, la somete a la medida de una ley superior del amor y la misericordia de Dios. Ante el cuestionamiento sobre el ayuno, revela sus profundas motivaciones: ha llegado un tiempo completamente nuevo, el de las bodas mesiánicas entre Dios y su pueblo, son tiempos de fiesta, de alegría, de vino nuevo y de pan en abundancia. Él es el Novio y por tanto, mientras esté el Novio, los discípulos están de fiesta. Esta actitud de Jesús implica la novedad del tiempo que Él inaugura.
  • El ejemplo del remiendo y el vino nuevo quieren mostrar la novedad del Reino, la capacidad de riesgo y creatividad que este Reino exige. La novedad de Jesús y su buena noticia ponen de manifiesto que la vieja estructura debe ser cambiada de raíz, que el Reino no es una reforma de la ley, que no vino a poner algo nuevo sobre lo viejo. Entre los que escuchaban al Señor, la mayoría serían pobres y sabrían de remiendos en vestidos; habría vendimiadores que sabrían lo que ocurre cuando el vino nuevo se echa en odres viejos.
  • El vino nuevo es el evangelio de Jesús. Los odres viejos, las instituciones judías y sobre todo la mentalidad de algunos. Los odres nuevos son la mentalidad nueva, el corazón nuevo.
  • Para la vida de los discípulos de Cristo el ayuno sigue teniendo sentido. Tanto humana como cristianamente, nos ayuda a crecer y madurar el saber renunciar a algo y darlo a los demás, saber controlar nuestras deseos y tener libertad interior frente a las urgencias del mundo y consumo. Pero el ayuno no es un absoluto en nuestra fe, lo más importante. Lo primario es la fiesta, la alegría por la gracia de sabernos amados y salvados. Lo definitivo e importante es la Pascua, aunque también tengan sentido el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo como preparación. También el amor supone muchas veces renuncia. Pero esta renuncia, que es un modo de ayuno, no debe disminuir la alegría.
  • Son los tiempos mesiánicos, el novio está con nosotros y nos enseña a ayunar de lo caduco, de lo viejo, de lo destinado a la muerte y la nada; es decir: ayunar de la soberbia, la codicia, el egoísmo, el odio y la venganza. La formación del discípulo de Jesús no se hace en el marco de la antigua alianza, regulada por leyes y ritos, sino sobre la adhesión a Jesús y a su mensaje de amor y liberación.
  • Jesús nos invita a vivir siempre de fiesta porque siempre somos amados por Dios y siempre estamos invitados a amarnos entre nosotros. El discípulo de Cristo, no se distingue por sus prácticas religiosas, sino por un estilo de vida centrado en el Maestro y dirigido por la fuerza del Espíritu Santo.
  • Cristo ha venido a renovar totalmente nuestra vida para que, viviendo en comunión de vida con Él, tengamos la alegría de vivir el amor fraterno, trabajar por la paz, preocuparnos para que haya más justicia. Mientras no vivamos totalmente comprometidos con nuestra fe en la vida diaria, todo lo que hagamos, en cuanto a prácticas religiosas, no será en nosotros sino sólo un remiendo.

 

Para discernir

 

  • ¿Qué provoca en nosotros las acciones de Jesús?
  • ¿Hay algo en su vida y en sus enseñanzas que nos resulte molesto?
  • ¿Qué nos falta para ser odres nuevos?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Quiero obedecer Señor

 

Para la lectura espiritual

 

«El Esposo está con ellos»

 

…”Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios» (Is 61,10)… El advenimiento, la presencia del Señor, de la que habla el profeta en este versículo, es el beso que desea la esposa del Cántico de los cánticos, cuando dice: ‘Que me bese con beso de su boca’» (Ct 1,1). Y esta esposa fiel es la Iglesia: ella nació en los patriarcas, se desposó en Moisés y en los profetas; con ardiente deseo de su corazón suspiraba por la venida del Amado… Llena del gozo ahora por el beso que ha recibido, exclama gozosa: « ¡Desbordo de gozo con el Señor!»

Participando de este gozo, Juan Bautista, el ilustre «amigo del Esposo», el confidente de los secretos del Esposo y de la esposa, el testigo de su amor mutuo, declara: «El que lleva a la esposa es el esposo; en cambio, el amigo del esposo, que asiste y lo oye, se alegra con la voz del esposo. Pues esta alegría mía está colmada» (Jn 3,29). Sin duda alguna, el que fue precursor del Esposo en su nacimiento, también el precursor de su Pasión, cuando el Esposo descendió a los infiernos anunció la Buena Nueva a la Iglesia que se encontraba allí, esperando…

Este versículo, pues, se refiere totalmente a la Iglesia exultante, cuando, en los infiernos, se apresura a ir al encuentro del Esposo: «Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios. ¿Cuál es la causa de mi gozo? ¿Cuál es el motivo de mi exultación? Es porque me ha revestido con traje de gala y me envuelto en un manto de triunfo» (v 11). En Adán fui desnudada, me fue necesario juntar hojas de higuera para esconder mi desnudez; miserablemente cubierta con túnicas de piel, fui echada del paraíso (Gn 3, 7-21). Pero hoy, mi Señor y mi Dios ha sustituido las hojas por el traje de gala. A causa de su Pasión en nuestra carne, me ha puesto un primer vestido, el del bautismo y la remisión de los pecados; y en lugar de la túnica de piel de la mortalidad, me ha envuelto en un segundo vestido, el de la resurrección y de la inmortalidad”…

 

Ruperto de Deutz (hacia 1075-1130), monje benedictino – La Trinidad y sus obras, libro 42, sobre Isaías, 2,26

 

Para rezar

 

La alegría

 

El que tiene a Dios en su corazón,

desborda de alegría.

La tristeza, el abatimiento,

conducen a la pereza, al desgano.

Nuestra alegría es el mejor modo

de predicar el cristianismo.

Al ver la felicidad en nuestros ojos,

tomarán conciencia de su condición de hijos de Dios.

Pero para eso debemos estar convencidos de eso.

Superemos siempre el desaliento…

nada de esto tiene sentido si hemos comprendido

la ternura del amor de Dios.

La alegría del Señor es nuestra fuerza.

Todos nosotros, si tenemos a Jesús dentro nuestro,

debemos llevar la alegría como novedad al mundo.

La alegría es oración, la señal de nuestra generosidad,

de nuestro desprendimiento y de nuestra unión interior con Dios.

 

Beata Teresa de Calcuta

 

Martes II

 

El sábado ha sido hecho para el hombre

 

 

Lectura de la carta a los Hebreos     6, 10-20

 

Hermanos:

Dios no es injusto para olvidarse de lo que ustedes han hecho y del amor que tienen por su Nombre, ese amor demostrado en el servicio que han prestado y siguen prestando a los santos.

Solamente deseamos que cada uno muestre siempre el mismo celo para asegurar el cumplimento de su esperanza.

Así, en lugar de dejarse estar perezosamente, imitarán el ejemplo de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.

Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, como no podía jurar por alguien mayor que Él, juró por sí mismo, diciendo: Sí, yo te colmaré de bendiciones y te daré una descendencia numerosa.

Y por su paciencia, Abraham vio la realización de esta promesa.

Los hombres acostumbran a jurar por algo más grande que ellos, y lo que se confirma con un juramento queda fuera de toda discusión.

Por eso Dios, queriendo dar a los herederos de la promesa una prueba más clara de que su decisión era irrevocable, la garantizó con un juramento.

De esa manera, hay dos realidades irrevocables -la promesa y el juramento- en las que Dios no puede engañarnos. Y gracias a ellas, nosotros, los que acudimos a él, nos sentimos poderosamente estimulados a aferrarnos a la esperanza que se nos ofrece.

Esta esperanza que nosotros tenemos, es como un ancla del alma, sólida y firme, que penetra más allá del velo, allí mismo donde Jesús entró por nosotros, como precursor, convertido en Sumo Sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 110, 1-2. 4-5. 9.10 c

 

R: El Señor recuerda siempre su alianza.

 

Doy gracias al Señor de todo corazón,

en compañía de los rectos, en la asamblea.

Grandes son las obras del Señor,

dignas de estudio para los que las aman. R.

 

Ha hecho maravillas memorables,

el Señor es piadoso y clemente.

Él da alimento a sus fieles,

recordando siempre su alianza. R.

 

Envió la redención a su pueblo,

ratificó para siempre su alianza,

su nombre es sagrado y temible.

La alabanza del Señor dura por siempre. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    2, 23-28

 

Un sábado en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos comenzaron a arrancar espigas al pasar. Entonces los fariseos le dijeron: « ¡Mira! ¿Por qué hacen en sábado lo que no está permitido?»

El les respondió: «¿Ustedes no han leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus compañeros se vieron obligados por el hambre, cómo entró en la Casa de Dios, en el tiempo del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió y dio a sus compañeros los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes?»

Y agregó: «El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. De manera que el Hijo del hombre es dueño también del sábado.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El pasaje de la carta a los Hebreos de hoy, es una exhortación. El pastor, ha denunciado el pecado de sus cristianos y ha señalado su raíz en la incredulidad, que los puede llevar a la apostasía y la perdición. En su escrito descubre la meta que se propone conseguir: “que todos muestren el mismo empeño hasta que esta esperanza sea finalmente realidad”.
  • El tema es la esperanza, y el autor la presenta con la imagen del ancla que mantiene firme al barco en medio del oleaje. Así tiene que ser el cristiano: firme en la fe, perseverante en el buen obrar, confiado en las promesas de Dios, como Abraham, que se aferró a la promesa de Dios y no vaciló a pesar de tener tantos motivos humanos para hacerlo.
  • No se trata de realizar unos determinados actos, ni de cumplir ciertas normas. El único camino de transformación de la mediocridad e indolencia en la que viven, es la vivificación de la fe y la esperanza por una renovada contemplación del misterio de Cristo, en quien el hombre encuentra la grandeza del Dios vivo, y la realización de las más íntimas y legítimas aspiraciones humanas. La intensificación y la perseverancia, dan el sello de madurez y eficacia a la fe, después de haber pasado el entusiasmo y la generosidad del primer momento.
  • Jesús, nuestro Hermano, habiendo entrado ya en el cielo, nos enseña el camino y nos da la seguridad de poder seguirlo hasta el final, por mucho que nos zarandeen las olas de esta vida.

***

  • La ley vuelve a ser cuestionada por el comportamiento de Jesús y sus discípulos, quienes se mueven y actúan en un plano que para la mentalidad judía tradicional no es correcto. Jesús y sus discípulos perdonan los pecados, no ayunan y además tienen un espíritu muy amplio respecto al día del sábado.
  • El recoger espigas era una de las treinta y nueve formas de violar el sábado, según las interpretaciones exageradas que algunas escuelas de los fariseos hacían de la ley. En el día del sábado, Jesús camina con sus discípulos a través de los sembrados y; éstos comenzaron a arrancar espigas. La necesidad de arrancar unas espigas para alimentarse, como haría cualquier persona con hambre, es tomada como conducta incorrecta por quienes consideran que la Ley de guardar el sábado, por el hecho de ser Ley, es más importante que cualquier necesidad humana, por más grande que sea.
  • Los doctores de la ley se han apegado a la ley de manera perniciosa. Interpretándola de un modo que ha perdido su función humanizadota, la han colocado por encima de todo, absolutizándola y esclavizando al hombre. Han puesto a un lado lo que es fundamental y han absolutizado lo secundario.
  • Jesús responde aplicando un principio fundamental para todas las leyes: “El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado”. El hombre está siempre en el centro de la doctrina de Jesús. La ley del sábado había sido dada precisamente a favor de la libertad y de la alegría del hombre. Además, Jesús aprovecha para dejar en claro su identidad: “El Hijo del Hombre es Señor también del sábado”. Jesús no ha venido a abolir la ley, pero sí a darle pleno sentido. Si todo hombre es superior al sábado, mucho más el Hijo del Hombre, el Mesías. Jesús les recuerda que ya en tiempo del rey David, se les permitió comer de los panes presentados sobre la mesa de oro, delante de Yahvé a él y a sus soldados hambrientos.
  • La ley no puede ser la depositaria única del plan que Dios tiene para el hombre. Jesús implícitamente decía que las leyes son buenas y necesarias, pero son mediaciones de una ley más importante, que es la ley del amor. Lo sustantivo y lo esencial es el amor, lo demás son supersticiones legalistas.
  • El sábado está pensado para el bien del hombre. Es un día para el encuentro con Dios, con la comunidad, con la naturaleza y con nosotros mismos. El descanso es un gesto profético, que hace bien a todo hombre que necesita salir de la esclavitud de la cotidianeidad, que lo puede llevar a perder el sentido de las cosas.
  • El día del Señor también es día del hombre. Todo lo que para los judíos significa el sábado, los cristianos lo hemos transferido al día domingo, en el que celebramos y participamos la resurrección de Jesús.
  • También nosotros podemos caer en unas interpretaciones tan meticulosas de la ley, que lleguemos a olvidar el amor. La letra puede matar al espíritu y el cumplimiento se puede transformar en un tranquilizador de la conciencia, que termina anestesiando nuestra sensibilidad y nuestra creatividad para vivir el amor del Reino. Debemos ver en el domingo sus “valores” más que el «precepto», aunque también éste exista y siga vigente. Las cosas no son importantes porque están mandadas. Están mandadas, porque representan valores importantes para la persona y la comunidad.
  • La ley debe ser el instrumento que facilita la convivencia de los hombres y no otra forma de opresión. El espíritu de la ley debe estar siempre al servicio de Dios para glorificarlo, y al servicio del humano para dignificarlo. La denuncia de la esclavitud al sábado, nos invita a librarnos de la religión de la observancia formal y a seguirlo por los caminos del amor liberador y constructivo.

 

Para discernir

 

  • ¿Qué lugar le doy al cumplimiento?
  • ¿Utilizo lo mandado como excusa para no comprometerme?
  • ¿Me limito a cumplir lo establecido o doy un paso más?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Jesús eres dueño del sábado

 

Para la lectura espiritual

 

El señor del sábado»

 

“…Cuando el hombre, alejándose del alboroto exterior, habiendo cerrado su puerta de la ruidosa multitud de las vanidades, examinado sus tesoros, se recoge en el secreto de su corazón cuando en él ya no existe agitación ni desorden, nada que le estire, nada que le atenace, sino que ya en él todo es dulzura, armonía, paz, tranquilidad, y que todo el pequeño mundo de sus pensamientos, palabras y acciones sonríen al alma como un padre en una familia muy unida y pacífica, de repente nace entonces en su corazón una maravillosa seguridad. De esta seguridad proviene un gozo extraordinario, y de este gozo brota un canto de alegría que estalla en alabanzas a Dios, tanto más fervorosas cuanto tiene más conciencia de que todo el bien que encuentra en sí es un puro don de Dios.

Es la gozosa celebración del sábado que debe ser precedida de otros seis días, es decir, de haber terminado completamente las obras. Primero nos hace falta transpirar haciendo obras buenas, para, seguidamente, descansar con la conciencia en paz… En este sábado, el alma saborea cuán suave es Jesús”…

 

Elredo de Rielvaux (1110-1167) monje cisterciense Espejo de la caridad, III, 3,4,6

 

Para rezar

 

No somos felices porque no somos misericordiosos,

y no somos misericordiosos

porque nos sentimos superiores a alguien.
La misericordia es fruto del más alto grado de amor,

porque es el amor el que nos hace iguales,

y un amor más fuerte nos hace inferiores.
Se podrían establecer tres ecuaciones:
El que no ama se siente superior a todos.
El que ama se siente igual a todos.
El que ama mucho se siente inferior a todos.
Cada uno de nosotros se halla

en una de estas tres posiciones,

que son los tres grados de vida espiritual sobre la tierra:
En la muerte, quien no ama.
En la vida, quien ama.
En la santidad, quien ama mucho.

Carlo Carretto.”MÁS ALLÁ DE LAS COSAS”

 

Miércoles II

 

¿Está permitido en sábado hacer el bien o el mal?

 

Lectura de la carta a los Hebreos     7,1-3.15-17

 

Este Melquisedec, que era rey de Salém, sacerdote de Dios, el Altísimo, salió al encuentro de Abraham cuando este volvía de derrotar a los reyes y lo bendijo; y Abraham le entregó la décima parte de todo el botín. el nombre de Melquisedec significa, en primer término, “rey de justicia” y él era, además, rey de Salém, es decir, “rey de paz”.

De él no se menciona ni padre ni madre ni antecesores, ni comienzo ni fin de su vida: así, a semejanza del Hijo de Dios, él es sacerdote para siempre.

Y esto se hace más evidente aún, si se tiene en cuenta que este nuevo sacerdote, a semejanza de Melquisedec, se constituye, no según la disposición de una ley meramente humana, sino según el poder de una vida indestructible.

De él se ha atestiguado: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO     Sal 109,1.2.3.4.

 

R. Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec.

 

Oráculo del Señor a mi Señor:

“Siéntate a mi derecha,

y haré de tus enemigos estrado de tus pies.” R.

 

Desde Sión extenderá el Señor

el poder de tu cetro:

somete en la batalla a tus enemigos. R.

 

“Eres príncipe desde el día de tu nacimiento,

entre esplendores sagrados;

yo mismo te engendré, como rocío, / antes de la aurora.” R.

 

El Señor lo ha jurado y no se arrepiente:

“Tú eres sacerdote eterno,

según el rito de Melquisedec.” R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    3, 1-6

 

Jesús entró nuevamente en una sinagoga, y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si lo curaba en sábado, con el fin de acusarlo.

Jesús dijo al hombre de la mano paralizada: «Ven y colócate aquí delante.» Y les dijo: « ¿Está permitido en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?» Pero ellos callaron. Entonces, dirigiendo sobre ellos una mirada llena de indignación y apenado por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: «Extiende tu mano.» El la extendió y su mano quedó curada.

Los fariseos salieron y se confabularon con los herodianos para buscar la forma de acabar con él.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • La carta a los Hebreos nos ayuda a centrar nuestra atención en este Sumo Sacerdote, el que era, el que es, el que será. El autor de la carta demuestra la superioridad total del sacerdocio de Jesús.
  • Lo presenta como «sacerdote según el rito de Melquisedec». Misterioso personaje, presenta varias características que hacen su sacerdocio muy distinto del que luego sería el sacerdocio hereditario de la tribu de Leví: no tiene genealogía, apunta a un sacerdocio duradero, es rey de Salem, que significa «paz», el nombre de Melquisedec significa «justicia», es sacerdote antes de la constitución del sacerdocio de la tribu de Leví.
  • Todo esto se aplica a Cristo. Jesús no es como los sacerdotes de la tribu de Leví. Es laico, no sacerdote según las categorías de los judíos. Tiene genealogía humana, pero es Hijo de Dios. No tiene principio y fin, porque es eterno. El nos trae la verdadera paz y justicia.
  • Melquisedec aparece así como figura y profecía de Cristo, el verdadero sacerdote que Dios nos ha enviado en la plenitud de los tiempos.

***

  • En esta escena se vuelve a cuestionar a los que consideraban la ley como “centro” de fe judía. Si ayer decía Jesús que el sábado es para el hombre, hoy aplica el principio en un caso concreto.
  • Siendo sábado, con libertad absoluta cura a un hombre que tiene la mano paralizada en la mismísima sinagoga; delante de todos, especialmente de aquellos que más tarde lo acusarán.
  • Pero antes de hacerlo confronta a los presentes preguntándoles si se puede curar a un hombre en sábado. Jesús se indigna ante el silencio de todos, porque estas personas, encerradas en su interpretación estricta de la ley, se refugian en la excusa del descanso sabático para no hacer nada, ni siquiera por el que lo necesita. La reacción de Jesús es doble; si bien siente ira por el daño que hacen al pueblo, al mismo tiempo siente pena por el que se hacen a sí mismos, con su ceguera voluntaria; son dos expresiones de su amor al hombre.
  • En el camino del anuncio del Reino, Jesús constata que el primer enemigo de este Reino, es la ley tenida como valor supremo, incuestionable, absoluto. La ley es un valor y una necesidad. Pero detrás de cada ley, hay una intención que debe respirar respeto, amor y cuidado al hombre concreto. Una ley que no es vivida de esta manera, oprime tanto al hombre que termina por destruirlo.
  • Para aquel “que pasó haciendo el bien” “dejar de hacer el bien” en sábado, negando una curación a un pobre enfermo que la necesita, es pecar.
  • En la vida del Reino, si no construimos y damos vida, estamos colaborando con la destrucción y la muerte. El discípulo del Reino, no puede limitarse a “no hacer el mal” y cumplir con determinadas normas, creyendo que es suficiente. El Reino exige trabajo para que la vida nueva llegue y se realice concreta y visiblemente, tanto en el plano individual como social.
  • Los problemas que descubrió Jesús en su sociedad no se acabaron, también hoy están entre nosotros. En nuestra sociedad, hay también principios o “valores” que se constituyen en ley, y se los considera también como algo supremo, absoluto, aunque se sacrifique el bien de las personas, tanto de individuos como de grandes mayorías. Son como una nueva “ley” que se va infiltrando y termina siendo aceptada como un fundamento incuestionable de vida, ocultando muchas veces lo intereses particulares o de grupo a los que sirve.
  • Criterios, filosofías o modas por el uso común quedan muchas veces “legalizadas o estatizadas”, y no son más que perversiones de la realidad o de las personas. Lamentablemente, muchísimas veces, al acatarlas el hombre termina actuando en contra del hombre, sobre todo contra el más débil, y en contra de sí mismo.
  • A la luz de esta Palabra es bueno preguntamos: ¿Qué quedará, al final de todos nuestros esfuerzos, cumplimientos y trabajos en nuestra vida de hijos de Dios? ¿Qué permanecerá de consistente, de hermoso, y dichoso, de todo lo que hayamos dicho y hecho?
  • En el mensaje de Jesús, la respuesta es clara. De todo lo que tenemos, sólo quedará lo que hayamos sabido realizar por y desde el amor. De todo lo que hayamos vivido, sólo permanecerá lo que hayamos vivido para los demás, para el amor, para la solidaridad, para el bien y la felicidad de la humanidad.
  • El mundo dice que, hacer el bien y ayudar al hermano es algo que va contra nuestro propio ser y que nos limita. Pero la vida, pasión y resurrección de Jesús nos muestra que crear vida, regalar esperanza, ofrecer ayuda y consuelo, estar cerca de quien sufre, dar lo que otros puedan necesitar de nosotros, es precisamente lo que nos conduce a la plenitud.
    • En Jesucristo, el sábado se abre ya al don del domingo de vida nueva.

 

Para discernir

 

 

  • ¿Qué partido tomamos entre el cumplir y el amar?
  • ¿Qué lugar ocupa la vida del hombre y sus necesidades?
  • ¿Cómo construyo mi fidelidad cristiana?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Quiero yo también pasar haciendo el bien

 

Para la lectura espiritual

 

«Afligido por el endurecimiento de su corazón»

 

…” Él es el cordero sin voz, el cordero degollado, nacido de María, la graciosa cordera. Él es el que ha sido sacado del rebaño y conducido a la muerte, muerto por la tarde, enterrado por la noche… para resucitar de entre los muertos y resucitar al hombre desde el fondo de su sepulcro.

Ha sido, pues, llevado a la muerte, ¿Dónde? En el corazón de Jerusalén. ¿Por qué? Porque había curado a sus cojos, purificado a sus leprosos, devuelto la luz a sus ciegos, y resucitado a sus muertos (Lc 7, 22). Es por todo ello que ha sufrido. Está escrito en la Ley y en los profetas: «Me pagan males por bienes; no me abandones, Señor. No sabía los planes homicidas que contra mí planeaban: ‘arranquémosle de la tierra vital, porque su nombre nos es odioso’» (Sl 37, 21; cf Jr 11,9).

¿Por qué has cometido este crimen sin nombre? Has deshonrado al que te había honrado, humillado al que te había enaltecido, renegado del que te había reconocido, rechazado al que te había llamado, dado muerte al que te había vivificado… Era preciso que sufriera, pero no por ti. Era preciso que fuera humillado, pero no por ti. Era preciso que fuera juzgado, pero no por ti. Era preciso que fuera crucificado, pero no por tu mano. Estas son las palabras que hubieras tenido que gritar a Dios: «Oh Señor, si es necesario que tu Hijo sufra, si esta es tu voluntad, que sufra, pero que no sea yo quien lo haga»”…

 

Melitón de Sardes (?- hacia 195), obispo – Homilía pascual, 71-73

 

Para rezar

 

Oración

 

Dios de las personas que luchan por abrirse camino,
santificado sea tu nombre,
haz que se cumpla la promesa de una vida abundante
y nuestro anhelo por la justicia y la paz.

Perdona nuestra cómoda vida
si nos volvemos insensibles a los gritos de los demás.
Perdona nuestras oraciones diarias
si nuestros ojos y nuestros corazones ignoran las necesidades de la mayoría.
Perdona nuestro acto de caridad
si nos ha impedido trabajar por la justicia.
Perdona nuestro silencio y nuestra soledad
si nos han alejado de servir a los oprimidos con entusiasmo.

Míranos:
el comercio injusto está legalizado,
las instituciones y los que mandan
establecen las reglas.
Los poderosos y los ricos
siguen explotando las riquezas de la tierra
pero la inmensa mayoría vive en la miseria y la pobreza.

Oye nuestros gritos:
la corrupción y la violencia nos gobiernan,
unos pocos ricos explotan a los muchos pobres,
los trabajadores no reciben salarios justos,
a los campesinos y los pueblos indígenas se les aleja de la tierra,
los fuertes impuestos y los altos precios aumentan la carga de la inmensa mayoría,
la salud, la educación, los servicios sociales no son accesibles;
aquellos que claman justicia y derechos humanos son silenciados,
aquellos que trabajan por una paz verdadera son asesinados.

Sigue desafiando nuestra fe y nuestro amor;
nutre la esperanza en nuestro interior;
fortalece nuestra pasión por servir y viajar con los demás;
acompáñanos en nuestro camino;
danos la fuerza del águila, la humildad de la paloma, la sabiduría de la serpiente
al unirnos a los demás en la búsqueda de la paz duradera basada en la Justicia.
Amén.

Norma P. Dollaga

Jueves II

 

Cristo es el mediador de una Alianza

 

Lectura de la Carta a los Hebreos    7, 25–8, 6

 

De ahí que él puede salvar en forma definitiva a los que se acercan a Dios por su intermedio, ya que vive eternamente para interceder por ellos.

El es el Sumo Sacerdote que necesitábamos: santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores y elevado por encima del cielo.

El no tiene necesidad, como los otros sumos sacerdotes, de ofrecer sacrificios cada día, primero por sus pecados, y después por los del pueblo. Esto lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo.

La Ley, en efecto, establece como sumos sacerdotes a hombres débiles; en cambio, la palabra del juramento -que es posterior a la Ley- establece a un Hijo que llegó a ser perfecto para siempre.

Este es el punto capital de lo que estamos diciendo: tenemos un Sumo Sacerdote tan grande que se sentó a la derecha del trono de la Majestad en el cielo.

El es el ministro del Santuario y de la verdadera Morada, erigida no por un hombre, sino por el Señor.

Ahora bien, todo Sumo Sacerdote es constituido para presentar ofrendas y sacrificios; de ahí la necesidad de que tenga algo que ofrecer.

Si Jesús estuviera en la tierra, no podría ser sacerdote, porque ya hay aquí otros sacerdotes que presentan las ofrendas de acuerdo con la Ley.

Pero el culto que ellos celebran es una imagen y una sombra de las realidades celestiales, como Dios advirtió a Moisés cuando este iba a construir la Morada, diciéndole: Tienes que hacerlo todo conforme al modelo que te fue mostrado en la montaña.

Pero ahora, Cristo ha recibido un ministerio muy superior, porque es el mediador de una Alianza más excelente, fundada sobre promesas mejores.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO      Sal 40 (39), 7-8.8-9.10.17.

 

R: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

 

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,

y, en cambio, me abriste el oído;

no pides sacrificio expiatorio,

entonces yo digo: “Aquí estoy.” R.

 

“Como está escrito en mi libro

para hacer tu voluntad.”

Dios mío, lo quiero,

y llevo tu ley en las entrañas. R.

 

He proclamado tu salvación

ante la gran asamblea;

no he cerrado los labios:

Señor, tú lo sabes. R.

 

Alégrense y gocen contigo

todos los que te buscan;

digan siempre: “Grande es el Señor”

los que desean tu salvación. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    3, 7-12

 

Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, y lo siguió mucha gente de Galilea. Al enterarse de lo que hacía, también fue a su encuentro una gran multitud de Judea, de Jerusalén, de Idumea, de la Transjordania y de la región de Tiro y Sidón. Entonces mandó a sus discípulos que le prepararan una barca, para que la muchedumbre no lo apretujara.

Porque, como curaba a muchos, todos los que padecían algún mal se arrojaban sobre él para tocarlo. Y los espíritus impuros, apenas lo veían, se tiraban a sus pies, gritando: « ¡Tú eres el Hijo de Dios!» Pero Jesús les ordenaba terminantemente que no lo pusieran de manifiesto.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El autor de la carta, ante la añoranza que algunos cristianos sentían de los valores que habían abandonado al convertirse a Cristo: el Templo, los sacrificios, el culto, el sacerdocio; insiste en mostrar cómo Jesús es superior a todo el AT.
  • Los sacerdotes del Templo estaban llenos de debilidades, ofrecían sacrificios por sus propios pecados y lo hacían diariamente, con víctimas que no eran capaces de salvar.
  • Mientras que Cristo Jesús, santo, inocente y sin mancha, no necesita ofrecer sacrificios cada día, porque lo hizo una vez por todas, no tiene que ofrecerlos por sus propios pecados, y no ofrece sacrificios de animales, porque se ha ofrecido a sí mismo.
  • Nos debe llenar de confianza saber que tenemos un Sacerdote santo, glorificado junto a Dios, Cristo Jesús.

***

  • Después de las cinco escenas conflictivas con los fariseos a propósito del sábado y del ayuno, el pasaje de hoy es un resumen de lo que hasta aquí ha realizado Jesús en Galilea. Ahora va con sus discípulos a la orilla del lago y lo sigue mucha gente. Tanta era la atracción de Cristo que en la playa no había lugar para Él. Al conocer la actividad de Jesús, en favor de los enfermos y oprimidos expulsando a los demonios y sanando toda dolencia y aflicción, por encima de toda ley religiosa, acude una muchedumbre tanto judía como pagana, que ve en Él un liberador.
  • La gente que lo sigue, llega incluso a arrojarse sobre Jesús para tocarlo, de manera que tiene que subirse a una barca para poder enseñarles a todos, las cosas del Reino.
  • Jesús siente el sufrimiento de los hombres. La compasión mueve su corazón. Deja que la miseria se acerque a Él, pero Él es más fuerte que ella. El Señor no es un idealista, convencido de que podría desaparecer el dolor en este mundo. Jesús, sencillamente lucha contra el mal en esta tierra. A algunos los cura, a otros simplemente los ayuda a llevar los males, siempre se ofrece a limpiar el corazón de la gente, para que en Él se refleje nítidamente el rostro de Dios, en todo momento da esperanza de que el mal, se va a acabar un día en la patria definitiva.
  • Es el Hijo de Dios y es el hombre entregado a los demás, sin sombra de egoísmo. Sus milagros, su santidad, su profetismo no crean ninguna separación con la multitud, al contrario, es aclamado, es querido, la multitud piensa que Jesús está a su disposición. Esta muchedumbre está lejos de admitir un Mesías paciente, humilde, siervo. La gente lo busca más por el deseo de una curación, que de una sincera conversión, más por su poder taumaturgo, que por su propio mensaje. Jesús quiere que los beneficiados por sus curaciones no lo divulguen, para evitar malas interpretaciones de su identidad mesiánica. Su actuación ha estado llena de éxitos, pero a la vez se ve rodeado de peleas y controversias por parte de sus enemigos, los fariseos y los letrados.
  • Todo en Jesús estuvo siempre orientado a la práctica, a la construcción del Reino de Dios, ya fuera con su palabra, con su testimonio personal o con sus acciones concretas de liberación. Es sacerdote y mediador compadecido y conocedor de nuestras pobrezas y debilidades.
  • También los espíritus inmundos, quieren ver en Jesús ese Mesías davídico que liberaría al pueblo mediante el poder y la fuerza. Pero Jesús, no se identifica con ese tipo de Mesías, que se impone por la fuerza, y manda callar. La verdadera liberación no se conseguirá mediante la fuerza, la dominación o la opresión de los demás, sino mediante la práctica individual y comunitaria de un amor capaz de dar la vida para dar vida. La liberación se basa en el desarrollo del ser humano en libertad, autonomía y amor solidario.
  • Hoy Jesús ya no nos sana milagrosamente de nuestras enfermedades como en Palestina, pero nos libera del egoísmo, hace que nos ayudemos los unos a los otros, que ayudemos especialmente a los enfermos, que carguemos con sus dolores y problemas como Él cargó con los de sus contemporáneos que lo buscaban.
  • El programa de Jesús incluye la misión universal con judíos y paganos sin distinción. Ya no hay un pueblo elegido y naciones extranjeras, sino una humanidad doliente y necesitada, a la que hay que ofrecer la salvación que brota del amor. El evangelio está destinado a todos los hombres, incluso a los endemoniados, es decir, a los que no son dueños de sí mismos porque padecen enfermedades degradantes, físicas y morales.
  • Es nuestra misión como Iglesia, preocuparnos del bien de aquellos a quienes hemos sido enviados, para proclamarles el Evangelio no sólo con los labios, sino con actitudes que sean un signo de la cercanía, amor, bondad y misericordia de Cristo. Así como Iglesia nos convertiremos en portadores de Cristo y de su acción salvadora para todos los hombres.

 

Para discernir

 

  • ¿Para qué me acerco a Jesús?

  • ¿Qué reconozco en Él?

  • ¿A qué me llama su Vida?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Tú eres el Hijo de Dios

 

Para la lectura espiritual

 

La misma Vida se ha manifestado en la carne

 

“…Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos, es el Verbo, la Palabra de la vida» (1Jn 1,1), ¿Quién es el que puede tocar con sus manos a la Palabra, si no es porque «la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros»? (Jn 1,14). Esta Palabra, que se hizo carne para que pudiera ser tocada con las manos, comenzó siendo carne cuando se encarnó en el seno de la Virgen María. Pero no en ese momento comenzó a existir la Palabra, porque el mismo Juan dice que «existía desde el principio»…

Quizá alguno entienda la expresión «la Palabra de la vida» como referida a la persona de Cristo y no al mismo cuerpo de Cristo, que fue tocado con las manos. Fijaos en lo que sigue: «Pues la vida se hizo visible» (1Jn 1,2). Así, pues, Cristo es la Palabra de la vida. ¿Y cómo se hizo visible? «Existía desde el principio» pero no se había manifestado a los hombres, pero sí a los ángeles, que la contemplaban y se alimentaban de ella, como de su pan, Pero ¿qué dice la Escritura? «El hombre comió pan de ángeles» (sl 77,25).

Así, pues, la Vida misma se ha manifestado en la carne, para que, en esta manifestación, aquello que sólo podía ser visto con el corazón fuera también visto con los ojos, y de esta forma sanase los corazones. Pues la Palabra se ve sólo con el corazón, pero la carne se ve también con los ojos corporales. Éramos capaces de ver la carne, pero no lo éramos de ver la Palabra. «La Palabra se hizo
carne», a la cual podemos ver, para sanar en nosotros aquello que nos hace capaces de ver la Palabra.

 

San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte) y doctor de la Iglesia – Sermones sobre la 1ª carta de san Juan, 1,3

 

 

Para rezar

 

Sed de justicia y hambre de vida fraterna

 

Venimos, Señor,
a derramar nuestro corazón ante tu presencia.
No somos muchos ni de gran poder,
pero toda nuestra carne anhela
que venga tu reino.

Tenemos sed de justicia, Señor,
y hambre de una vida fraternal.
Soñamos con aquel día
en que los hombres y las mujeres del pueblo
podamos mirarnos afectuosamente,
cara a cara, sin ira.
¿Será, Señor, nuestra esperanza
un idealismo falaz?

En las paredes leemos
unos mensajes enormes,
los altavoces transmiten
las proclamas de los líderes:
¡Abundancia y Paz!
y nos prometen empleos muy ventajosos,
prestigio y seguridad.

Pero nuestro corazón está apegado a tu pueblo
y no se deja engañar.
Más estimo un almuercito entre hermanos
que todas las recepciones en fiestas pomposas.
Prefiero una reunión al caer de la tarde
para avanzar algún paso en la organización popular,
a una invitación exclusiva
para trepar en los rangos sociales.

Y mis delicias son, Señor, contemplar
cómo el pueblo se desencanta de sus opresores
y se pone a caminar.
Cuando no cree en promesas,
cuando aprende a trabajar,
cuando sabe distinguir
su verdadero provecho,
cuando muchos proyectan juntos
y trabajan para beneficio de todos
y se amparan en la dificultad,
siento, Señor, soplar a tu Espíritu.

Míranos, Señor, a veces tenemos miedo,
nuestros ojos están fijos
en las estrategias de los opresores,
vivimos temiendo su golpe mortal.
Haznos sentir la fuerza invencible
de esa semilla de amor
que sembraste en nuestras vidas.

Y tú, que eres fiel, un Dios constante
haznos firmes en los desalientos,
danos aguantar los trabajos y los días
y que no nos falta nunca el hambre
de ver tu rostro
y la sed de una vida fraternal.

Amén.

 

Viernes II

Conversión de San Pablo, Apóstol (F)

 

¡Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Nueva a toda la creación!

 

Lectura de los hechos de los apóstoles:    22, 3-16    

 

Pablo dijo a su pueblo:

«Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero me he criado en esta ciudad y he sido iniciado a los pies de Gamaliel en la estricta observancia de la Ley de nuestros padres. Estaba lleno de celo por Dios, como ustedes lo están ahora. Perseguí a muerte a los que seguían este Camino, llevando encadenados a la prisión a hombres y mujeres; el Sumo Sacerdote y el Consejo de los ancianos son testigos de esto. Ellos mismos me dieron cartas para los hermanos de Damasco, y yo me dirigí allá con el propósito de traer encadenados a Jerusalén a los que encontrara en esa ciudad, para que fueran castigados.

En el camino y al acercarme a Damasco, hacia el mediodía, una intensa luz que venía del cielo brilló de pronto a mi alrededor. Caí en tierra y oí una voz que me decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”

Le respondí: “¿Quién eres, Señor?”

Y la voz me dijo: “Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues”.

Los que me acompañaban vieron la luz, pero no oyeron la voz del que me hablaba.

Yo le pregunté: “¿Qué debo hacer, Señor?”

El Señor me dijo: “Levántate y ve a Damasco donde se te dirá lo que debes hacer”.

Pero como yo no podía ver, a causa del resplandor de esa luz, los que me acompañaban me llevaron de la mano hasta Damasco.

Un hombre llamado Ananías, fiel cumplidor de la Ley, que gozaba de gran prestigio entre los judíos del lugar, vino a verme y, acercándose a mí, me dijo: “Hermano Saulo, recobra la vista”. Y en ese mismo instante, pude verlo.

El siguió diciendo: “El Dios de nuestros padres te ha destinado para conocer su voluntad, para ver al Justo y escuchar su Palabra, porque tú darás testimonio ante todos los hombres de lo que has visto y oído. Y ahora, ¿qué esperas? Levántate, recibe el bautismo y purifícate de tus pecados, invocando su Nombre”».

 

Palabra de Dios.

 

O bien:

 

Lectura de los Hechos de los apóstoles    9, 1-22

 

Saulo, que todavía respiraba amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de traer encadenados a Jerusalén a los seguidores del Camino del Señor que encontrara, hombres o mujeres.

Y mientras iba caminando, al acercarse a Damasco, una luz que venía del cielo lo envolvió de improviso con su resplandor. Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?»

El preguntó: «¿Quién eres tú, Señor?»

«Yo soy Jesús, a quien tú persigues, le respondió la voz. Ahora levántate, y entra en la ciudad: allí te dirán qué debes hacer».

Los que lo acompañaban quedaron sin palabra, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Lo tomaron de la mano y lo llevaron a Damasco. Allí estuvo tres días sin ver, y sin comer ni beber.

Vivía entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en una visión: «¡Ananías!»

El respondió: «Aquí estoy, Señor».

El Señor le dijo: «Ve a la calle llamada Recta, y busca en casa de Judas a un tal Saulo de Tarso. El está orando y ha visto en una visión a un hombre llamado Ananías, que entraba y le imponía las manos para devolverle la vista».

Ananías respondió: «Señor, oí decir a muchos que este hombre hizo un gran daño a tus santos en Jerusalén. Y ahora está aquí con plenos poderes de los jefes de los sacerdotes para llevar presos a todos los que invocan tu Nombre».

El Señor le respondió: «Ve a buscarlo, porque es un instrumento elegido por mí para llevar mi Nombre a todas las naciones, a los reyes y al pueblo de Israel. Yo le haré ver cuánto tendrá que padecer por mi Nombre».

Ananías fue a la casa, le impuso las manos y le dijo: «Saulo, hermano mío, el Señor Jesús -el mismo que se te apareció en el camino- me envió a ti para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo.»

En ese momento, cayeron de sus ojos una especie de escamas y recobró la vista. Se levantó y fue bautizado. Después comió algo y recobró sus fuerzas.

Saulo permaneció algunos días con los discípulos que vivían en Damasco, y luego comenzó a predicar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios.

Todos los que oían quedaban sorprendidos y decían: « ¿No es este aquel mismo que perseguía en Jerusalén a los que invocan este Nombre, y que vino aquí para llevarlos presos ante los jefes de los sacerdotes?» Pero Saulo, cada vez con más vigor, confundía a los judíos que vivían en Damasco, demostrándoles que Jesús es realmente el Mesías.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO     Sal 116, 1. 2 (R.: cf. Mc 16, 15)

 

R.    Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia.

 

¡Alaben al Señor, todas las naciones,

glorifíquenlo, todos los pueblos! R.

 

Porque es inquebrantable su amor por nosotros,

y su fidelidad permanece para siempre. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    16, 15-18

 

Jesús se apareció a los Once y les dijo:

«Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará.

Y estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas; podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán».

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • La expresión de Pablo: “yo soy judío” resume bien la búsqueda y el horizonte de la vida del apóstol de los paganos. Pablo quería a su religión judía, como lo más precioso de su vida. Formado “en la escuela de Gamaliel”, seguramente candidato a rabino y, por lo tanto, conocedor profundo de la Ley y los profetas. “Hebreo, fariseo y fanático” .
  • Ante la idea de que esta fe, podía quedar destruida por el cristianismo naciente, trató de purificar de ese supuesto mal que acechaba a su pueblo. Cree servir a Dios de acuerdo a sus principios, aprobando el asesinato de Esteban, y luego recibe apoyo para perseguir ampliamente a los cristianos.
  • Camino a Damasco, es derribado al suelo junto con sus rígidos esquemas religiosos y sociales, y cegado por una intensa luz que cae del cielo. Dios le descubrió que Jesucristo no era la gran traición, sino la gran respuesta a las antiguas promesas. Por su personalidad recta debió quedar impactado por la decisión de aquéllos que entregaban la vida por Jesús. Con la ayuda de Ananías recobra la vista, recibe el bautismo.
  • Pablo, ardiente como era en sembrar el terror, ahora propaga el Evangelio y siembra el amor de Dios manifestado en la cruz de Jesús. Desde ese momento orientó toda su energía a mostrar que la fe judía alcanza su plenitud en Jesús, así los mismos judíos le hicieran sufrir lo indecible tanto en su cuerpo como en su alma.
  • “Olvidando lo que queda atrás y extendiéndose a lo que está delante, prosigue hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Flp 3,13-14).
  • Es enviado a comunicar lo que ha experimentado acerca de Jesús. Vigoroso, se dedica sin descanso a extender el Evangelio a todos los pueblos paganos.

***

  • El cristianismo no es una ideología, sino el encuentro con una persona: Jesús. La vida cristiana como encuentro con Cristo es siempre novedad, que nunca se agota, infinita novedad, que viene de la eterna belleza del Señor. El encuentro con Cristo es siempre un acontecimiento revelador. Es gracia que nos introduce en los caminos de la Verdad; la verdad de Dios, de nosotros mismos, de los otros y el mundo. Es gracia iluminadora que obra progresivamente o abruptamente, introduciéndonos en el camino de la conversión.
  • Todos estamos invitados a salir al encuentro de Jesús, salir al camino que conduce hacia la meta, que es Dios. El encuentro con Cristo marca nuestra vida, por su presencia y acción, hay un antes y un después.
  • El cristianismo no es un simple libro de cultura, tampoco es un mero sistema de valores o de principios, por más elevados que sean, ni consignas de moral social o simples estrategias humanizadoras. El cristianismo es una persona, una presencia, un rostro: Jesús, que da sentido y plenitud a la vida del hombre.
  • Antes de subir al cielo, después de resucitar de entre los muertos, el Señor envió a los suyos a predicar el Evangelio por todo el mundo, a toda creatura. Nada ni nadie puede quedar fuera de la obra salvadora que el Señor, ha realizado, en favor de todos los hombres. La Iglesia debe acoger en su seno a todo hombre de buena voluntad que se decida a creer en Cristo Jesús.
  • Por eso, los que ya hemos hecho experiencia del amor de Dios, por el encuentro con Cristo, estamos llamados a estar con Él y a ser testigos suyos hasta el último confín del mundo.
  • Cristo siempre sale a nuestro encuentro; Dios, también llega hoy imprevistamente a nuestras vidas. Nos visita en una enfermedad, en un momento de frustración, en un viaje, en ocasiones de conflictos en nuestras relaciones familiares. Cuando menos lo esperamos, y por el lugar más insospechado. También nos visita en tiempos de paz, de consuelo, a través de una amistad, o en el encuentro con alguien que se hace significativo. Sus caminos son múltiples, porque expresan un amor ingenioso que no da nunca nada por perdido.
  • El encuentro con el Señor es revelador, ilumina toda la vida, y lo hace no sólo para salvarnos, sino para convertirnos en testigos suyos. Nuestra fe en Él no puede ser guardada en nuestro interior.
  • El anuncio gozoso de la Vida Nueva surgida de la Pascua es la finalidad de la existencia del discípulo de Jesús. No existe ningún límite espacial para este anuncio al que está ligado la suerte de la humanidad y de toda la creación.

 

Para discernir

 

  • ¿Experimento mi vida de fe como encuentro con Jesús vivo?

  • ¿Descubro la llamada que me hace?
  • ¿Cuáles son los obstáculos que percibo?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Aquí estoy Señor, envíame

 

Para la lectura espiritual

 

El perseguidor transformado en predicador

 

Desde lo alto del cielo la voz de Cristo derribó a Saulo: recibió la orden de no proseguir sus persecuciones, y cayó rostro en tierra. Era necesario que primeramente fuera abatido, y seguidamente levantado; primero golpeado, después curado. Porque jamás Cristo hubiera podido vivir en él si Saulo no hubiera muerto a su antigua vida de pecado. Una vez derribado en tierra ¿qué es lo que oye? «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Te es duro dar coces contra el aguijón.” (Hch 26,14). Y él respondió: «¿Quién eres, Señor?». Y la voz de lo alto prosiguió: «Yo soy Jesús de Nazaret a quien tú persigues». Los miembros están todavía en la tierra, es la cabeza que grita desde lo alto del cielo; no dice: «¿Por qué persigues a mis siervos?» sino «¿por qué me persigues?»

Y Pablo, que ponía todo su furor en perseguir, se dispone a obedecer: «¿Qué quieres que haga?» El perseguidor es transformado en predicador, el lobo se cambia en cordero, el enemigo en defensor. Pablo aprende qué es lo que debe hacer: si se quedó ciego, si le fue quitada la luz del mundo por un tiempo, fue para hacer brillar en su corazón la luz interior. Al perseguidor se le quitó la luz para devolvérsela al predicador; en el mismo momento en que no veía nada de este mundo, vio a Jesús. Es un símbolo para los creyentes: los que creen en Cristo deben fijar sobre él la mirada de su alma sin entretenerse en las cosas exteriores…

Saulo fue conducido a Ananías; el lobo devastador es llevado hasta la oveja. Pero el Pastor que desde lo alto del cielo lo conduce todo le asegura: «No temas. Yo le voy a descubrir todo lo que tendrá que sufrir a causa de mi nombre» (Hch 9,16). ¡Qué maravilla! El lobo cautivo es conducido hasta la oveja… El Cordero, que muere por las ovejas le enseña a no temer.

 

Comentario del Evangelio por San Agustín (354-430) obispo de Hipona (África del Norte) y doctor de la Iglesia – Sermón 279

 

Para rezar

 

Oración a San Pablo

 

Glorioso apóstol San Pablo,

escogido del Señor para llevar su santo nombre

por toda la tierra;

por tu celo apostólico y por la ardiente caridad

con que sentías los trabajos de tus hermanos

como si fueran tuyos propios;

por la inalterable paciencia con que sufriste persecuciones,

cárceles, azotes, cadenas, tentaciones, naufragios

y hasta la misma muerte;

por aquel coraje evangelizador que te estimulaba

a trabajar día y noche en beneficio de las almas

y, sobre todo, por aquella prontitud

con que a la primera voz de Cristo en el camino de Damasco

te rendiste enteramente a la gracia,

te ruego, por todos los apóstoles de hoy,

y que me consigas del Señor que imite

tus ejemplos oyendo prontamente la voz de sus inspiraciones

y peleando contra mis pasiones

sin apego ninguno a las cosas temporales

y con aprecio de las eternas,

para gloria de Dios Padre, que con el Hijo

y el Espíritu Santo vive y reina por todos los siglos de los siglos.

Amén.

 

Sábado II

Santos Timoteo y Tito (M.O)

 

La mies es abundante y los obreros pocos

 

Lectura de la segunda carta

del Apóstol San Pablo a Timoteo 1,1-8

 

Pablo, Apóstol de Jesucristo, por la voluntad de Dios, para anunciar la promesa de Vida que está en Cristo Jesús, saluda a Timoteo, su hijo muy querido. Te deseo la gracia, la misericordia y la paz que proceden de Dios Padre y de nuestro Señor Jesucristo.

Doy gracias a Dios, a quien sirvo con una conciencia pura al igual que mis antepasados, recordándote constantemente, de día y de noche, en mis oraciones.

Al acordarme de tus lágrimas, siento un gran deseo de verte, para que mi felicidad sea completa.

Porque tengo presente la sinceridad de tu fe, esa fe que tuvieron tu abuela Loide y tu madre Eunice, y estoy convencido de que tú también tienes.

Por eso te recomiendo que reavives el don de Dios que has recibido por la imposición de mis manos.

Porque el Espíritu que Dios nos ha dado no es un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de sobriedad.

No te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni tampoco de mí, que soy su prisionero. Al contrario, comparte conmigo los sufrimientos que es necesario padecer por el Evangelio, animado con la fortaleza de Dios.

 

Palabra de Dios

 

SALMO Sal 96 (95), 1-3.7-8.10.

 

R: Contad las maravillas del Señor a todas las naciones.

 

Cantad al Señor un cántico nuevo,

cantad al Señor, toda la tierra;

cantad al Señor, bendecid su nombre. R.

 

Proclamad día tras día su victoria.

contad a los pueblos su gloria,

sus maravillas a todas las naciones. R.

 

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,

aclamad la gloria y el poder del Señor,

aclamad la gloria del nombre del Señor. R.

 

Decid a los pueblos: “El Señor es rey,

él afianzó el orbe, y no se moverá;

él gobierna a los pueblos rectamente.” R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 10,1-9

 

Después de esto, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir.

Y les dijo: “La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.

¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos.

No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.

Al entrar en una casa, digan primero: ‘¡Que descienda la paz sobre esta casa!’.

Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes.

Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa.

En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; curen a sus enfermos y digan a la gente: ‘El Reino de Dios está cerca de ustedes’.

 

Palabra del Señor.

 

O bien de la feria:

 

Marcos 3, 20 – 21

 

Para reflexionar

 

  • Jesús se hace ayudar en su tarea misionera. Envía a setenta y dos discípulos para que vayan de dos en dos a prepararle el camino.
  • Ante todo quiere que recen a Dios pidiéndole que envíe obreros a la mies. El campo está preparado para la siega, pero faltan obreros que quieran trabajar en la proclamación del Evangelio; y que tengan el estilo que El enseña: fieles, disponibles; llenos de la misión a la que los envía: anunciar que el Reino de Dios está cerca.
  • Hoy celebramos la memoria de dos valientes colaboradores de Pablo: Timoteo y Tito. Es bueno que se nos recuerde y recemos este mandato misionero.
  • Los cristianos hemos recibido el encargo de ser apóstoles en el mundo, testigos de la verdad. Nuestro ideal debería ser que todos conozcan a Cristo, y crean en El.
  • Nos viene bien escuchar las palabras de ánimo a Timoteo: “No tengas miedo de dar la cara por nuestro Señor, toma parte en los duros trabajos del Evangelio”…
  • Jesús también nos da ánimos, asegurándonos que las fuerzas para esta misión nos vienen de su presencia de Resucitado en medio nuestro.

     

Para discernir

 

  • ¿Qué me resuena en el corazón al leer este evangelio?
  • ¿De quiénes he recibido el anuncio de vida nueva con su vida, testimonio, palabras?
  • ¿Cómo vivo hoy mi ser discípulo misionero?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Digo que sí Señor a tu llamado

 

Para la lectura espiritual

 

Santos Timoteo y Tito, sucesores de los apóstoles

 

La comunidad, nacida del anuncio evangélico, reconoce que es convocada por la palabra de aquellos quienes fueron los primeros en vivir la experiencia del Señor y fueron enviados por él. Sabe que se puede apoyar sobre la conducta de los Doce, así como de los que, poco a poco, se asocian a ellos y son sus sucesores en el ministerio de la Palabra y el servicio de la comunión. En consecuencia, pues, la comunidad se siente comprometida a transmitir a los demás la «gozosa nueva» de la presencia actual del Señor y de su misterio pascual, que se opera en el Espíritu.

Esto se evidencia claramente en las carta paulinas: «Os he transmitido lo que yo mismo he recibido» (1C 15,3). Y esto es importante. San Pablo sabe que al principio fue llamado por Cristo, y por tanto es un verdadero apóstol y, sin embargo, lo que cuenta fundamentalmente, también para él, es la fidelidad a lo que ha recibido. No quería él «inventar» un nuevo cristianismo, que podríamos llamar «paulino». Sino que él mismo insiste: «Os he transmitido lo que yo mismo he recibido». Transmitió el don inicial que viene del Señor y que es la verdad que salva. Más adelante, hacia el final de su vida, escribe a Timoteo: «Eres el depositario de esta buena nueva. Guarda este tesoro en toda su pureza con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros» (2Tm 1,14).

Es lo mismo que, nos muestra con eficacia este antiguo testimonio de la fe cristiana, escrito por Tertuliano hacia el año 200: (Los apóstoles) afirmaron la fe en Jesucristo y establecieron Iglesias por toda la Judea y muy pronto, esparcidos por el mundo anunciaron la misma doctrina y una misma fe a todas las naciones, y en ellas fundaron la Iglesia casi en todas las ciudades. A partir de éstas, las demás Iglesias intercambiaban, comunicaban y propagaban su fe y las semillas de la doctrina, y para ser verdaderas Iglesias prosiguen este intercambio y comunicación. Es de esta manera que también ellas reciben el nombre de apostólicas en tanto que descendientes de la Iglesias de los apóstoles».

 

Papa Benedicto XVI – Audiencia general del 03/05/2006

 

Para rezar

 

Oración por las misiones

 

Padre de bondad,
Tú que eres rico en amor y misericordia,
que nos enviaste a tu Hijo Jesús
para nuestra salvación,
escucha a tu iglesia misionera.

Que todos los bautizados
sepamos responder al llamado de Jesús:
“Vayan y hagan que todos los pueblos
sean mis discípulos”.

Fortalece con el fuego de tu Espíritu
a todos los misioneros,
que en tu nombre anuncian
la Buena Nueva del Reino.

María, Madre de la Iglesia
y estrella de la evangelización,
acompáñanos y concédenos
el don de la perseverancia
en nuestro compromiso misionero.

 

Amén.

TIEMPO DTE EL AÑO – CICLO C

Tiempo dte el año – Semana I

 

Lunes I

 

Martes I

 

Miércoles I

 

Jueves I

 

Viernes I

 

Sábado I

 

Tiempo dte el año – Semana I

 

Lunes I

 

Dejaron las redes y lo siguieron

 

Comienzo de la carta a los Hebreos 1, 1-6

 

En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas.

Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo.

Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de su majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado.

Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: «Hijo mío eres tú, hoy te he engendrado», o: «Yo seré para él un padre, y él será para mí un hijo»?

Y en otro pasaje, al introducir en el mundo al primogénito, dice: «Adórenlo todos los ángeles de Dios.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 96, 1 y 2b. 6 y 7c. 9

R. Adoren a Dios, todos sus ángeles.

 

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Justicia y derecho sostienen su trono. R.

 

Los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria.
Ante él se postran todos los dioses. R.

 

Porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 14-20

 

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía:

«Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: conviértanse y crean en el Evangelio.»

Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando las redes en el mar.

Jesús les dijo:

«Vengan conmigo y los haré pescadores de hombres.»

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. Los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con Él.


Palabra de Dios.

 

Para reflexionar

 

  • Comenzamos a escuchar la llamada “carta a los Hebreos” cuyo tema central es el sacerdocio de Jesucristo, que intercede por nosotros ante el Padre. Ante el peligro de desanimarse a causa de las persecuciones, o de la nostalgia por el esplendor de la liturgia que se celebraba en el templo de Jerusalén, el autor exhorta a los fieles a la perseverancia en el seguimiento de Cristo, en la vida de la comunidad eclesial, en el servicio y el amor a los demás.
  • Presenta la persona de Jesús como el verdadero, el único, el sumo sacerdote definitivo. Así se convierte en un manifiesto mediador: por Él, por su sacrificio en la cruz, nos son perdonados los pecados. Él, superior a cualquier otro mediador, superior a los ángeles y a los más grandes profetas, superior a Moisés. Él presenta nuestras oraciones ante Dios y por medio de Él nos son dadas todas las gracias y los dones de Dios.

 ***

  • En las próximas semanas del tiempo ordinario escucharemos el Evangelio de Marcos que se considera como el evangelio más antiguo, del que dependen en buena parte los otros dos sinópticos. Marcos se podría decir que es el iniciador del género literario llamado «evangelio»: que no es una historia, ni una novela, sino una «buena noticia».
  • De manera sencilla, concreta y popular, irán pasando ante nuestros ojos, los hechos y palabras de Jesús poniendo más relieve en sus acciones. Le interesa presentar la persona de Jesús, con su historia atractiva, sus reacciones, sus miradas, sus sentimientos de afecto o de ira. Marcos quiere presentarnos desde el principio «el evangelio de Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios».
  • Hoy nos presenta a Jesús comenzando su ministerio y predicando por toda Galilea la “Buena Noticia”, el “Evangelio”: el tiempo había llegado a su madurez, las promesas del A.T. se empiezan a cumplir, el “reino de Dios” está cerca, es inminente. Su predicación llamaba urgentemente a la conversión y a la fe en la Buena Noticia que tiene que cambiar nuestra actitud ante la vida.
  • Ya desde el principio, Jesús llama a algunos discípulos a seguirlo: serán los testigos de su palabra y de sus milagros y serán los enviados a proclamar su mensaje, que gracias a su fidelidad ha llegado hasta nosotros. Comienza llamando dos parejas de hermanos. Yendo de paso junto al mar de Galilea, vio a cierto Simón y a Andrés, el hermano de Simón, que echaban redes de mano en el mar, porque eran pescadores.
  • El mar de Galilea es frontera y, al mismo tiempo, conexión con el mundo pagano. Ante la perspectiva del reinado de Dios, Jesús invita a colaborar con Él en primer lugar, a gente de los círculos cercanos del pueblo de Israel, que tienen como ideal, la restauración y la unidad de Israel.
  • Los llamados por Jesús están representados por dos parejas de hermanos. Todos están llamados por igual al reinado de Dios que se anuncia. No hay privilegios.
  • Los primeros discípulos de Jesús no pertenecían a la clase sacerdotal que controlaba el templo, ni al grupo de los fariseos o letrados, ni a los saduceos, que conformaban la aristocracia terrateniente. Provenían de Galilea, una región mal vista por la ortodoxia judía, llena de gente descreída y propensa a revoluciones en contra del «orden establecido».
  • La invitación a seguirlo recuerda la llamada de Elías a Eliseo y alude aquí a la comunicación del Espíritu de Jesús a sus seguidores. La expresión “pescadores de hombres” insinúa una misión universal, no limitada al pueblo judío. Ante la invitación de Jesús, Simón y Andrés abandonan su forma de vida anterior: la esperanza de un cambio suscita en ellos una respuesta positiva.
  • Lo importante de este texto es que Jesús es el que llama y los que son llamados lo siguen inmediatamente, iniciando en torno suyo el grupo de discípulos. No es un maestro que enseña sentado en su cátedra. Es un maestro que camina por delante. Sus discípulos no son tanto los que aprenden cosas de Él, sino los que lo siguen, los que caminan con Él.
  • A lo largo de todo el año, somos invitados a escuchar a Jesús, nuestro Maestro y Mediador, que nos anuncia que el reino de Dios está en medio de nosotros, hace falta descubrirlo y abrazarlo, convirtiéndonos a Él, creyéndole y proclamándolo.
  • También nosotros somos llamados por Jesús a ser discípulos y a seguirlo en su camino, entrando en la escuela del Evangelizador verdadero.
  • Somos invitados a «convertirnos», o sea, a ir aceptando en nuestras vidas la mentalidad de Jesús. Convertirse significa cambiar, abandonar un camino y seguir el de Jesús.
  • “Dios nos ha hablado por su Hijo”; nuestra respuesta se realiza siguiéndolo y anunciando la Buena Noticia que recibimos: siendo discípulos y misioneros.

 

Para discernir

 

  • ¿Cambió nuestro estilo de vida por el encuentro con Jesús?
  • ¿No se tendría que notar que hemos encontrado al Maestro auténtico?
  • ¿Nos sentimos discípulos y misioneros?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Conviértanse y crean en el Evangelio

 

Para la lectura espiritual

 

«Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios»

 

…”El hombre contemporáneo camina hoy hacia el desarrollo pleno de su personalidad y hacia el descubrimiento y afirmación crecientes de sus derechos. Como a la Iglesia se ha confiado la manifestación del misterio de Dios, que es el fin último del hombre, la Iglesia descubre con ello al hombre el sentido de la propia existencia, es decir, la verdad más profunda acerca del ser humano.

Bien sabe la Iglesia que sólo Dios, al que ella sirve, responde a las aspiraciones más profundas del corazón humano, el cual nunca se sacia plenamente con solos los alimentos terrenos. Sabe también que el hombre, atraído sin cesar por el Espíritu de Dios, nunca jamás será del todo indiferente ante el problema religioso, como los prueban no sólo la experiencia de los siglos pasados, sino también múltiples testimonios de nuestra época.

Siempre deseará el hombre saber, al menos confusamente, el sentido de su vida, de su acción y de su muerte. La presencia misma de la Iglesia le recuerda al hombre tales problemas; pero es sólo Dios, quien creó al hombre a su imagen y lo redimió del pecado, el que puede dar respuesta cabal a estas preguntas, y ello por medio de la Revelación en su Hijo, que se hizo hombre. El que sigue a Cristo, Hombre perfecto, se perfecciona cada vez más en su propia dignidad de hombre.

El Verbo de Dios, por quien todo fue hecho, se encarnó para que, Hombre perfecto, salvara a todos y recapitulara todas las cosas. El Señor es el fin de la historia humana, punto de convergencia hacia el cual tienden los deseos de la historia y de la civilización, centro de la humanidad, gozo del corazón humano y plenitud total de sus aspiraciones”…

 

Concilio Vaticano II – Constitución dogmática sobre la Iglesia en el mundo de hoy «Gaudium et spes», § 41, 45

 

Para rezar

 

Dispuestos a ser enviados


 

Señor Jesucristo, que enviaste a los tuyos

a anunciar por el mundo el inmenso amor

que Dios nos tiene,

danos a nosotros fuerzas y capacidad

para seguir los caminos de tantos cristianos

que te han anunciado en todo el mundo,

y han hecho de este espacio de vida

un lugar más humano y más fraterno.

Que anunciemos y practiquemos la fraternidad,

la justicia, la libertad y la solidaridad.


 

Y, si quieres enviarnos

a anunciar tu mensaje en el mundo

de una forma especial,

con un compromiso de por vida,

danos con tu llamada

los talentos necesarios para seguirla

con fidelidad y juventud,

con alegría y entusiasmo,

seguro de que Tú vas con nosotros.


 

Gracias, Jesús, por hacernos de los tuyos

y darnos un corazón capaz de ser más grande

que nuestras fronteras de raza y sociedad. Amén.

 

Martes I

 

Habla con autoridad

 

 

Lectura de la carta a los Hebreos 2,5-12

 

Hermanos:

Dios no ha sometido a los ángeles el nuevo orden de la salvación, del cual estamos hablando. Un salmo lo atestigua solemnemente diciendo: ¿Qué es el hombre, para que de él te acuerdes, ese pobre ser humano, para que de él te preocupes? Sin embargo, lo hiciste un poquito inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad. Todo lo sometiste bajo sus pies.

Al decir aquí la Escritura que Dios le sometió todo, no se hace ninguna excepción. Es verdad que ahora todavía no vemos el universo entero sometido al hombre; pero sí vemos ya al que por un momento Dios hizo inferior a los ángeles, a Jesús, que por haber sufrido la muerte, está coronado de gloria y honor. Así, por la gracia de Dios, la muerte que él sufrió redunda en bien de todos.

En efecto, el creador y Señor de todas las cosas, quiere que todos sus hijos tengan parte en su gloria. Por eso convenía que Dios consumara en la perfección, mediante el sufrimiento, a Jesucristo, autor y guía de nuestra salvación.

El santificador y los santificados tienen la misma condición humana. Por eso no se avergüenza de llamar hermanos a los hombres, cuando dice: Hablaré de ti a mis hermanos; en medio de la asamblea te alabaré.


Palabra de Dios.

SALMO Sal 8, 2ab. 5-9

R. Diste a tu Hijo el mando sobre las obras de tus manos.

¡Qué admirable es, Señor y Dios nuestro,

tu poder en toda la tierra!

¿Qué es el hombre, para que de él te acuerdes;

ese pobre ser humano, para que de él te preocupes?


Sin embargo, lo hiciste un poquito inferior a los ángeles,

lo coronaste de gloria y dignidad;

le diste el mando sobre las obras de tus manos

y todo lo sometiste bajo sus pies.


Pusiste a su servicio los rebaños y las manadas,

todos los animales salvajes, las aves del cielo

y los peces del mar, que recorren los caminos de las aguas.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 21-28


En aquel tiempo, se hallaba Jesús en Cafarnaúm y el sábado fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.

Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: “¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios”.

Jesús le ordenó: “¡Cállate y sal de él!” El espíritu inmundo, sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él. Todos quedaron estupefactos y se preguntaban: “¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen”. Y muy pronto se extendió su fama por toda Galilea.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • La idea en torno a la misión de los ángeles, había adquirido una gran importancia en el mundo judío después del exilio. El autor se aprovecha de esa relevancia de los ángeles como mediadores, para presentar la superioridad de Cristo y mediación exclusiva. Esta realidad es posible porque es Hijo, y está en íntima comunión con el Padre.
  • Jesús es la «perfección del proyecto de Dios», su «cumplimiento»: en El se lleva a término la transformación radical del hombre elevándolo hasta Dios. En Jesús contemplamos al hombre cabal, al hombre tal como Dios le soñó el primer día.
  • Jesús es el santificador y los santificados somos de la misma raza. Por eso no se avergüenza de llamarnos hermanos. Se ha querido hacer hermano nuestro. “Es el primogénito de una multitud de hermanos” que compartió toda la aventura humana, él es “la salvación de todos”. El hombre que recorrió el camino del hombre, y abrió para todos la vía que da acceso a la vida en plenitud.
  • «Consagrado por los sufrimientos», habiendo experimentado lo que es sufrir, incluida la muerte, nos ha salvado desde dentro, haciéndose totalmente solidario de nuestra vida.

 ***

  • De este hombre, en el evangelio de hoy, todos se asombran de lo que decía y hacía. Reúne a sus primeros discípulos y comienza a predicar. Lo hace a partir de la plataforma religiosa de Israel: las celebraciones de los sábados en las sinagogas. Su fama crece en Galilea. Es que no sólo predica, sino que actúa. Enseña y cura. Libera a los posesos de los espíritus malignos y enseña como ninguno ha enseñado, con autoridad. Hasta los espíritus del mal tienen que reconocer que es el Santo de Dios, el Mesías.
  • Jesús apoya su enseñanza en los hechos, da una nueva dimensión a la Ley y a la tradición, valora a las personas frente al templo, la sinagoga y la ley que eran las instituciones dominantes de su tiempo. Por eso, su mensaje sencillo pero vital, cala hondo en el pueblo sencillo y choca tanto en las estructuras y en sus dirigentes.
  • Su autoridad estaba al servicio del ser humano, para que pueda reconocer su propia dignidad, su lugar en la vida y en la historia. Este episodio del hombre poseído por un espíritu impuro, además de demostrar la autoridad de Jesús sobre las fuerzas espirituales del mal, muestra cómo Jesús vuelve a integrar al que era excluido y rechazado en el seno de la comunidad.
  • También ahora su existencia de Resucitado, sale al paso de los que seguimos siendo débiles, pecadores y esclavos, en la novedad de su palabra y en la potencia de su gracia; al igual que cuando iba por los caminos de Galilea atendiendo a los enfermos y a los posesos. Nos quiere liberar para que en la solidaridad compasiva y eficaz con nuestros hermanos también débiles, los pecadores y excluidos experimenten la obra de Cristo en ellos.
  • En este camino, su palabra poderosa y eficaz, no sólo nos instruye sino que nos sana y nos libera. Modela nuestro corazón al modo del alfarero a imagen de su propio corazón.

 

Para discernir

 

  • ¿Qué relación hay entre nuestras palabras y nuestros hechos?
  • ¿Nos contentamos sólo con anunciar la Buena Noticia, o en verdad nuestras palabras van acompañadas por los hechos?
  • ¿De qué clase de demonios contribuimos a que se liberen los que conviven con nosotros?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Tú eres el Santo de Dios

 

Para la lectura espiritual

 

¡Silencio! ¡Sal de este hombre!»

 

…”Jesús increpó al demonio diciendo: ‘¡Cállate y sal de este hombre!’»La Verdad no tiene ninguna necesidad del testimonio del Mentiroso… «No tengo ninguna necesidad del reconocimiento de aquel que consagro al desgarramiento. ¡Cállate! Que mi gloria estalle en tu silencio. No quiero que sea tu voz la que me elogie, sino tus tormentos; porque tu desgarramiento es mi triunfo… ¡Cállate y sal de este hombre!». Es como si dijera: «Sal de mi casa, ¿qué haces tu bajo mi techo? Soy yo quien quiere entrar: entonces, cállate y sal de este hombre, del hombre, este ser dotado de razón. Deja esta morada preparada a mi intención. El Señor desea su casa: sal de este hombre»…

Ved hasta qué punto es preciosa el alma del hombre. Esto va dirigido a los que piensan que nuestra alma y la de los animales son idénticas y que estamos dotados de un mismo espíritu. En otro pasaje, el demonio es expulsado de un solo hombre y es enviado a dos mil cerdos (Mt 8,32); el espíritu precioso se opone al espíritu vil, uno es salvado, el otro se pierde. «Sal de este hombre, vete a los cerdos, vete donde quieras, vete a los abismos. Sal de este hombre, es decir de lo que es mío en propiedad; no dejaré que poseas al hombre porque sería injurioso para mí si te instalarás en él en lugar de hacerlo yo. He asumido un cuerpo humano, habito en el hombre: esta carne que tú posees es parte de mi carne. Sal de este hombre.”…

 

San Jerónimo (347-420), presbítero, traductor de la Biblia, doctor de la Iglesia – Comentario sobre el evangelio de Marcos, 2; PLS 2, 125s

 

Para rezar

 

Oración por el cambio y la transformación

 

Señor, tú amas la justicia y estableces la paz en la tierra.
Traemos ante ti la desunión del mundo de hoy;
la violencia absurda, el militarismo, la explotación, y
la opresión que amenazan la vida en el planeta.
La codicia humana y la injusticia,
que alimentan el odio y las contiendas.
Por el cambio en nuestro mundo, oremos
Señor, en tu gracia, transforma el mundo.
Señor, envía tu espíritu y renueva la faz de la tierra;
enséñanos a ser compasivos con toda la familia humana;
conduce a todas las naciones hacia el camino de la paz.
Por la paz que solo tú puedes darnos, oremos
Señor, en tu gracia, transforma el mundo.
Enséñanos cómo comerciar con justicia y amor.
Recuérdanos que evitemos la codicia y
permítenos a todos ensalzar a quienes viven en la pobreza.
Recuérdanos que todos nosotros y toda la creación
te pertenecemos y que solo somos administradores.
Perdónanos por no obrar conforme a tu voluntad en tu Reino sobre la tierra.
Danos la fuerza y el coraje de trabajar por la justicia y la paz.

 

Consejo Mundial de Iglesias

 

 

Miércoles I

 

Semejante en todo a sus hermanos

 

Lectura de la carta a los Hebreos    2, 14-18

 

Ya que los hijos tienen una misma sangre y una misma carne, él también debía participar de esa condición, para reducir a la impotencia, mediante su muerte, a aquel que tenía el dominio de la muerte, es decir, al demonio, y liberar de este modo a todos los que vivían completamente esclavizados por el temor de la muerte.

Porque él no vino para socorrer a los ángeles, sino a los descendientes de Abraham. En consecuencia, debió hacerse semejante en todo a sus hermanos, para llegar a ser un Sumo Sacerdote misericordioso y fiel en el servicio de Dios, a fin de expiar los pecados del pueblo.

Y por haber experimentado personalmente la prueba y el sufrimiento, él puede ayudar a aquellos que están sometidos a la prueba.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO     Sal 104, 1-2. 3-4. 6-7. 8-9 (R.: 8a)

 

R.    El Señor se acuerda eternamente de su alianza.

 

¡Den gracias al Señor, invoquen su Nombre,

hagan conocer entre los pueblos sus proezas;

canten al Señor con instrumentos musicales,

pregonen todas sus maravillas! R.

 

¡Gloríense en su santo Nombre,

alégrense los que buscan al Señor!

¡Recurran al Señor y a su poder,

busquen constantemente su rostro! R.

 

Descendientes de Abraham, su servidor,

hijos de Jacob, su elegido:

el Señor es nuestro Dios,

en toda la tierra rigen sus decretos. R.

 

El se acuerda eternamente de su alianza,

de la palabra que dio por mil generaciones,

del pacto que selló con Abraham,

del juramento que hizo a Isaac. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    1, 29-39

 

Jesús salió de la sinagoga, y fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato. El se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos.

Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados, y la ciudad entera se reunió delante de la puerta. Jesús curó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a éstos no los dejaba hablar, porque sabían quién era Él.

Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando. Simón salió a buscarlo con sus compañeros, y cuando lo encontraron, le dijeron: «Todos te andan buscando.»

El les respondió: «Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido.» Y fue predicando en las sinagogas de toda la Galilea y expulsando demonios.

 

Palabra del Señor.

 

 

Para reflexionar

 

  • Para los judíos y sobre todo los paganos, la salvación era un golpe de varita mágica, procedente de Dios que toca a los hombres desde fuera; y el ministerio sacerdotal, destinado a ser puente entre Dios y los hombres, hacía del sacerdote un ser aparte, separado del común de los mortales.
  • La humanidad estaba sometida al poder de la muerte. Para liberarla y para salvarnos de esa situación vino el Hijo de Dios haciéndose uno de nosotros. “De la misma carne y sangre” que nosotros, participa de la condición de aquellos que quiere salvar.
  • Cristo no ha querido salvar al hombre sin el hombre, desde fuera, sino desde dentro, asumiendo El mismo nuestra carne y nuestra sangre.
  • Por eso el autor de la carta a los Hebreos se anima a decir que “tenía que parecerse en todo a sus hermanos para ser compasivo y pontífice fiel”. Tenía que experimentar desde la raíz misma de nuestra existencia, lo que es ser hombre, lo que es vivir, lo que es padecer y morir. Así podrá ser “compasivo” porque padece con los que sufren. No aprendió lo que es ser hombre en la teoría, sino en la experiencia de la misma vida. Así puede ser “pontífice”: hacer de puente entre Dios y la humanidad.

 ***

  • Jesús como conocedor de los sufrimientos humanos aparece hoy en el Evangelio de Marcos tocando el sufrimiento. Y así lo descubrimos en esta escena que nos presenta, el programa de una jornada entera de Jesús.
  • Al salir de la sinagoga va a casa de Pedro y cura a su suegra: la toma de la mano y la levanta. Cristo va comunicando su victoria contra el mal y la muerte, curando enfermos y liberando a los poseídos por el demonio.
  • Los milagros no son sólo una preocupación de Jesús para lograr una curación física en las personas. Son un gesto destinado a mostrar el querer de Dios sobre sus hijos y a crear conciencia de la responsabilidad frente al hermano que sufre. Jesús, con su actitud, quiere generar la nueva actitud que se debe asumir frente al sufrimiento, el dolor, la exclusión, la opresión y la muerte.
  • Jesús, busca que los hombres se reconozcan con su dignidad de hijos de Dios, quiere que se reconozcan como personas y descubran que no es el cumplimiento ciego de la ley lo que libera al ser humano, si este cumplimiento no se realiza en libertad, amor y responsabilidad, que permitan una vida más digna y más humana.
  • El episodio de la curación de la suegra de Pedro al salir de la sinagoga, es elocuente en este sentido: Jesús la cura y ella se pone a servir; se trata de una curación y liberación para el servicio, de una curación para el amor.
  • Luego atiende y cura a otros muchos enfermos y endemoniados; pero tiene tiempo también para estar a solas y ponerse a rezar, para estar en comunión con su Padre, antes de continuar predicando por otros pueblos. No se queda con el éxito fácil porque ha venido a evangelizar a todos.
  • Su triunfo sobre el mal que ve a su alrededor, no puede encerrarse en los límites estrechos de una ciudad, sino que debe manifestarse también a “los pueblos vecinos”. La salida de Jesús de Cafarnaún puede ser una clave para entender su misión y la nuestra; y la agenda de Jesús debe ser una agenda para la Iglesia, para nuestra comunidad, para cada uno de nosotros.
  • La comunidad de los discípulos de Jesús está invitada también, a ser capaz de realizar una salida que, como la de Jesús, se coloque en la lucha contra el mal, y vaya allí donde hay necesidad de su presencia.
  • La realidad de los males que nos cercan, y a los que debemos dar una respuesta no pueden hacernos olvidar la característica universal de nuestra misión.
  • Estar al servicio del Evangelio, nos lleva a estar al servicio de nuestro prójimo. No podemos conformarnos con servir a los “nuestros”. Cuando creemos tener éxito por las obras que realizamos, o el bien que hacemos, no podemos quedar satisfechos y buscar la aprobación y el aplauso de los demás.
  • Antes de enviarnos, el Señor nos llama para que estemos con Él. La fuerza salvadora de nuestra acción no proviene de nuestro conocimiento o sagacidad, sino de Dios mismo, que continúa hablando y salvando a la humanidad por medio de su Iglesia.
  • Es necesario entrar en intimidad con el Señor en el desierto de nuestro propio corazón, para que encontrándonos cara a cara con nuestro Dios y Padre, descubramos el modo de realizar su voluntad de amor. Nuestra experiencia personal de Dios, nos permitirá ser realmente testigos del Evangelio de salvación que nos ha confiado.
  • No podemos conformarnos con la confesión de nuestra misma fe sólo en el interior de los templos, de la comunidad, o en la intimidad de la vida privada. Dios ha enviado a su Iglesia como puente para continuar realizando su obra de salvación a favor de toda la humanidad.
  • La Iglesia ha nacido para manifestar el amor de Dios a todos los hombres sin excepción. No nos conformemos, ni nos ilusionemos falsamente trabajando con quienes ya vienen; pensado que con eso basta, creyendo que así está todo cumplido. Dios quiere que su salvación alcance a todos los hombres y llegue hasta el último rincón de la tierra.

 

Para discernir

 

  • ¿Nos acercamos a los que sufren compartiendo sus sentimientos?
  • ¿Nuestro testimonio de fe se limita a los más cercanos?
  • ¿Me siento comprometido en la salvación de todos los hombres?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Aquí estoy Señor, envíame

 

Para la lectura espiritual

 

«Jesús se levantó de madrugada, y se marchó al descampado»

 

…” Nada ayuda tanto a que el alma se vuelva tan pura y gozosa, ni nada la ilumina y la aleja tanto de los malos pensamientos como estar en vela. Por esta razón todos nuestros padres han perseverado en este trabajo de las vigilias y han adoptado como regla, a lo largo de su vida ascética, permanecer vigilantes por la noche. Especialmente lo han hecho porque habían oído de nuestro Salvador una invitación constante y en distintos lugares por su Palabra viviente: «Estad siempre despiertos y pedid en toda ocasión» (Lc 21,36); «Velad y orad para no caer en tentación» (Mt 26,41); y también: «Orad sin cesar» (1Tes 5,17).

Y no se contentó con decírnoslo con sólo sus palabras. Nos dio también ejemplo con su persona poniendo la práctica de la oración por encima de toda otra cosa. Es por esto que constantemente se iba a un lugar solitario para orar, y eso no de manera arbitraria, sino escogiendo el tiempo de la noche y en lugar desierto, a fin de que también nosotros, evitando las multitudes y el tumulto, seamos capaces de orar en soledad.

Por esta razón nuestros padres han recibido, en lo que se refiere a la oración, esta alta enseñanza como si viniera del mismo Cristo. Escogieron velar en oración según la orden del apóstol Pablo a fin de poder, ante todo, permanecer sin ninguna interrupción junto a Dios a través de la oración continua… Ninguna cosa que venga desde fuera no les afecta ni altera la pureza de su intelecto, lo cual impediría que estas vigilias les llenaran de gozo y fueran la luz del alma”…

 

San Isaac, el Sirio (siglo VII) monje en Nínive, cerca de Mosul en el actual Irak

Sermones ascéticos.

 

Para rezar

 

Hoy, Señor, me presento ante ti
con todo lo que soy y lo que tengo.
Acudo a ti como persona sedienta, necesitada…
porque sé que en ti encontraré respuesta.
Siento que no puedo vivir con la duda todo el tiempo
y que se acerca el momento de tomar una decisión.

Deseo ponerme ante tí con un corazón abierto como el de María,
con los ojos fijos en tí esperando que me dirijas tu Palabra.
Deseo ponerme ante ti como Abraham,
con el corazón lleno de tu esperanza,
poniendo mi vida en tus manos.
Deseo ponerme ante tí como Samuel,
con los oídos y el corazón dispuestos a escuchar tu voluntad.

Aquí me tienes, Señor,
con un deseo profundo de conocer tus designios.
Quisiera tener la seguridad
de saber lo que me pides en este momento;
quisiera que me hablases claramente, como a Samuel.
Muchas veces vivo en la eterna duda.
Vivo entre dos fuerzas opuestas que me provocan indecisión
y en medio de todo no acabo de ver claro.

Sácame, Señor, de esta confusión en que vivo.
Quiero saber con certeza el camino que tengo que seguir.
Quiero entrar dentro de mí mismo
y encontrar la fuerza suficiente
para darte una respuesta sin excusas, sin pretextos.
Quiero perder tantos miedos
que me impiden ver claro
el proyecto de vida que puedas tener sobre mí.

¿Qué quieres de mí, Señor? ¡Respóndeme!
¿Quieres que sea un discípulo tuyo
para anunciarte en medio de este mundo?
Señor, ¿qué esperas de mí? ¿Por qué yo y no otro?
¿Cómo tener la seguridad de que es este mi camino y no otro?

En medio de este enjambre de dudas
quiero que sepas, Señor, que haré lo que me pidas.
Si me quieres para anunciar tu Reino, cuenta conmigo, Señor.
Si necesitas mi colaboración
para llevar a todas las personas con las que me encuentre hacia ti,
cuenta conmigo, Señor.

Si me llamas a ser testigo tuyo de una forma más radical
como consagrado en medio de los hombres,
cuenta conmigo, Señor.
Y si estás con deseos de dirigir tu Palabra a mis oídos y a mi corazón,
habla, Señor, que tu siervo escucha.

 

Jueves I

 

Si quieres puedes purificarme

 

Lectura de la carta a los Hebreos    3, 7-14

 

Hermanos:

Como dice el Espíritu Santo: Si hoy escuchan su voz, no endurezcan su corazón como en el tiempo de la Rebelión, el día de la Tentación en el desierto, cuando sus padres me tentaron poniéndome a prueba, aunque habían visto mis obras durante cuarenta años. Por eso me irrité contra aquella generación, y dije: Su corazón está siempre extraviado y no han conocido mis caminos. Entonces juré en mi indignación: Jamás entrarán en mi Reposo.

Tengan cuidado, hermanos, no sea que alguno de ustedes tenga un corazón tan malo que se aparte del Dios viviente por su incredulidad. Antes bien, anímense mutuamente cada día mientras dure este hoy, a fin de que nadie se endurezca, seducido por el pecado.

Porque hemos llegado a ser partícipes de Cristo, con tal que mantengamos firmemente hasta el fin nuestra actitud inicial.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO     Sal 94, 6-7abc. 7d-9. 10-11 (R.: 8)

 

R.    Ojalá hoy escuchen la voz del Señor: «No endurezcan su corazón.»

 

¡Entren, inclinémonos para adorarlo!

¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó!

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros, el pueblo que él apacienta,

las ovejas conducidas por su mano. R.

 

Ojalá hoy escuchen la voz del Señor:

«No endurezcan su corazón como en Meribá,

como en el día de Masá, en el desierto,

cuando sus padres me tentaron y provocaron,

aunque habían visto mis obras.» R.

 

«Cuarenta años me disgustó esa generación,

hasta que dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no conoce mis caminos.

Por eso juré en mi indignación:

Jamás entrarán en mi Reposo.» R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    1, 40-45

 

Se acercó a Jesús un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: «Si quieres, puedes purificarme.» Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda purificado.» En seguida la lepra desapareció y quedó purificado.

Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente: «No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio.»

Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares desiertos. Y acudían a él de todas partes.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Hoy el autor de la carta a los Hebreos presenta la fidelidad de Cristo a Dios en la misión de “construir la casa como Hijo”, es decir, de salvar a los hombres por la entrega total de sí mismo hasta la muerte. Y partiendo de la fidelidad de Jesús, el autor, exhorta a los cristianos que no han conocido a Jesús con los ojos de la carne, a la fidelidad y la constancia. Los destinatarios de la carta a los Hebreos eran manifiestamente, judíos convertidos al cristianismo, que parecen añorar las hermosas liturgias anteriores, del templo de Jerusalén.
  • Toda la Epístola va destinada a ayudarlos a no volverse atrás: «mantened firme vuestra segura confianza del principio». La situación concreta de estos cristianos hebreos, era la de la tentación a la murmuración, dado que vivían en una situación cercana a las condiciones del pueblo hebreo, en el desierto. Huían de Jerusalén a raíz de la persecución de Esteban, se encontraban dispersos entre las naciones. Su cultura y su piedad estaban demasiado impregnadas de judaísmo como para resignarse fácilmente a una situación de peregrinos en una época en que Jerusalén a convertiría, según su creencia, en la ciudad escatológica de la reunión y del “reposo”.
  • Murmurar era un equivalente a no aceptar su estado de dispersión, lo mismo que los hebreos no aceptan su estado de nómadas en el desierto. Murmurar equivalía a volver al pasado (Jerusalén para los unos, Egipto para los demás), como si el pasado pudiera dar satisfacción al deseo y a la búsqueda de Dios. Murmurar era negarse a descubrir la presencia de Dios en la situación actual, fuese la que fuese, para refugiarse en un sueño en el que Dios sería simplemente una añadidura.
  • Por el contrario, se trataba de mantener la fe que permite anticipar la visión de las realidades de la promesa. Será la fe la que permita a los cristianos hebreos comprender que ya no es necesario retornar a Jerusalén ni ofrecer sacrificios puesto que Jesús murió fuera de la ciudad, y ha ofrecido un sacrificio único de una vez para siempre. Este sacrificio no consiste en la inmolación, sino en la obediencia y el amor.

 ***

  • En el evangelio de Marcos se van sucediendo, en este primer capítulo los diversos episodios de curaciones y milagros de Jesús. La lepra era la peor enfermedad de su tiempo y nadie podía tocar ni acercarse a los leprosos. Al leproso se le consideraba impuro y se le aislaba de la comunidad. Lo que el enfermo pide a Jesús no es solamente una curación física, sino ser aceptado entre los suyos, ser nuevamente parte de la comunidad. Jesús «sintiendo compasión, extendió la mano» y lo curó.
  • Después le hace la recomendación de no divulgar lo sucedido. Jesús no tiene una actitud de falsa modestia, ni pretende pasar de incógnito. No quiere que la gente lo reconozca como el Mesías a partir de acontecimientos maravillosos como los milagros, a riesgo de no descubrir lo profundo del nuevo mensaje y las exigencias que lleva descubrirse hermanos e hijos de un mismo Padre. No quiere que su mesianismo se quede atrapado en las redes del espectáculo.
  • Al tocar Jesús al leproso también se convirtió en “impuro”, según la ley. Sin embargo, no es la impureza la que de ahora en adelante dominará, sino la pureza. Jesús no queda impuro al tocar al leproso, sino que es éste, el que queda puro.
  • El leproso no puede contener su alegría y proclama quién lo ha curado, a pesar de la expresa prohibición de Jesús. Los signos de curación que Jesús hace van extendiendo su fama.
  • El leproso del evangelio de hoy nos presenta una realidad muy cercana a nosotros: la pobreza de nuestra condición humana. La experimentamos y nos la topamos a diario: no sólo en las enfermedades, sino también en nuestro carácter que dificulta nuestra relación con los demás; la inconstancia cotidiana, la debilidad de nuestra voluntad, el egoísmo, la sensualidad, la soberbia … Sin embargo, el caso del leproso nos muestra otra realidad que sobrepasa la frontera de nuestras limitaciones humanas: Cristo. El, hoy, para cada uno de nosotros sigue siendo el liberador total. El nos quiere comunicar su salud pascual, la plenitud de su vida; vida en abundancia. Sólo necesita que igual que el leproso, nos reconozcamos necesitados, nos acerquemos a Él, le pidamos, confiando en su compasión, bondad y poder.
  • También Marcos nos recuerda que están los «leprosos» de nuestra sociedad a los que por distintas razones marginamos, segregamos, no queremos ni verlos, está prohibido tocarlos, hablarles, los dejamos solos con su enfermedad. El ejemplo de Jesús es claro: «Él manifestó su amor para con los pobres y los enfermos, para con los pequeños y los pecadores. El nunca permaneció indiferente ante el sufrimiento humano». Signo de que su salvación nos ha tocado y ha sanado es: «que nos preocupamos de compartir en la caridad las angustias y las tristezas, las alegrías y las esperanzas de los hombres, y así les mostramos el camino de la salvación».

 

Para discernir

 

  • ¿Me reconozco necesitado de purificación?

  • ¿Me acerco a pedirla con humildad?

  • ¿Margino y segrego a los que no son como yo?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Purifícame Señor y quedaré limpio

 

Para la lectura espiritual

 

San Francisco cura de sus miedos a un leproso

 

…”Un día, cuando el joven Francisco montaba a caballo cerca de Asís, se le acercó un leproso. Normalmente Francisco sentía horror hacia los leprosos, y por eso tuvo que hacerse violencia; bajó del caballo y le dio una moneda de plata besándole al mismo tiempo la mano. Después de recibir del leproso un beso de paz, volvió a montar al caballo y siguió su camino. A partir de este momento fue superándose cada vez más hasta llegar a una completa victoria sobre sí mismo por la gracia de Dios.

Unos días más tarde, habiéndose provisto de muchas monedas, se dirigió al hospicio de los leprosos y, habiéndolos reunido a todos, dio a cada una limosna besándole la mano al mismo tiempo. Al regresar, fue exactamente así: lo que antes se le hacía amargo –es decir, ver y tocar a los leprosos- se le había convertido en dulzura. Ver a los leprosos, tal como él mismo lo había dicho, le era hasta tal punto penoso que no tan sólo rechazaba verlos sino que ni tan sólo podía acercarse a su habitación; si alguna vez los veía o pasaba cerca de la leprosería… giraba su rostro y se tapaba la nariz. Pero la gracia de Dios hizo que los leprosos le fueran hasta tal punto familiares que, como dice él mismo en su Testamento, vivía entre ellos y les servía humildemente. La visita a los leprosos le había transformado”…

 

Narración de tres compañeros de san Francisco de Asís (hacia 1244) § 11

 

Para rezar

 

Tu mano apretada

 

No pida yo nunca estar libre de peligros,
sino denuedo para afrontarlos.
No quiera yo que se apaguen mis dolores,
sino que sepa dominarlos mi corazón.
No busque yo amigos
por el campo de batalla de la vida
sino más fuerza en mí.
No anhele yo,
con afán temeroso, ser salvado
sino esperanza de conquistar,
paciente, mi libertad.
¡No sea yo tan cobarde, Señor,
que quiera tu misericordia en mi triunfo,
sino tu mano apretada en mi fracaso!

 

 Tagore

 

Viernes I

 

Él tiene el poder de perdonar los pecados

 

 

Lectura de la carta a los Hebreos    4, 1-5. 11

 

Hermanos, temamos, entonces, mientras permanece en vigor la promesa de entrar en el Reposo de Dios, no sea que alguno de ustedes se vea excluido. Porque también nosotros, como ellos, hemos recibido una buena noticia; pero la Palabra que ellos oyeron no les sirvió de nada, porque no se unieron por la fe a aquellos que la aceptaron. Nosotros, en cambio, los que hemos creído, vamos hacia aquel Reposo del cual se dijo: Entonces juré en mi indignación: Jamás entrarán en mi Reposo.

En realidad, las obras de Dios estaban concluidas desde la creación del mundo, ya que en cierto pasaje se dice acerca del séptimo día de la creación: Y Dios descansó de todas sus obras en el séptimo día; y en este, a su vez, se dice: Jamás entrarán en mi Reposo.

Esforcémonos, entonces, por entrar en ese Reposo, a fin de que nadie caiga imitando aquel ejemplo de desobediencia.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO     Sal 77, 3 y 4bc. 6c-7. 8 (R.: cf. 7b)

 

R.    No olvidemos las proezas de Dios.

 

Lo que hemos oído y aprendido,

lo que nos contaron nuestros padres,

lo narraremos a la próxima generación:

son las glorias del Señor y su poder. R.

 

Así podrán contarlas a sus propios hijos,

para que pongan su confianza en Dios,

para que no se olviden de sus proezas

y observen sus mandamientos. R.

 

Así no serán como sus padres,

una raza obstinada y rebelde,

una raza de corazón inconstante

y de espíritu infiel a Dios. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    2, 1-12

 

Unos días después, Jesús volvió a Cafarnaún y se difundió la noticia de que estaba en la casa. Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siguiera delante de la puerta, y él les anunciaba la Palabra.

Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres. Y como no podían acercarlo a él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados.»

Unos escribas que estaban sentados allí pensaban en su interior: « ¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?»

Jesús, advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: « ¿Qué están pensando? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: “Tus pecados te son perdonados”, o “Levántate, toma tu camilla y camina”? Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.»

El se levantó en seguida, tomó su camilla y salió a la vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo: «Nunca hemos visto nada igual.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • En este pasaje de la carta a los Hebreos, el autor, trata de convencer a los nuevos cristianos procedentes del judaísmo y dispersos entre las naciones, que no piensen en volver a Jerusalén, como si esta ciudad fuese aún para ellos el ideal escatológico del reposo.
  • La imposibilidad de entrar al reposo de los antiguos, fue a raíz de su desobediencia. El autor de la carta, quiere que los cristianos aprendan la lección y no caigan en la misma trampa que los israelitas en el desierto. Los cristianos están llamados a un reposo muy superior, que no es ya el de la Tierra Prometida y de Jerusalén, sino el de la vida con Dios.
  • La mentalidad judía entendía el reposo en sentido amplio como sinónimo de la paz mesiánica, de la concordia y de la alegría. El reposo de Dios, del que habla esta página a los hebreos, es todo lo contrario de la inacción, del aburrimiento, de la pasividad, de la pereza: es la felicidad estable y altamente consciente de saberse en la vida. Entrar en el reposo de Dios, es entablar una relación íntima con el Dios que nos ama de una manera infinita, y nos permite experimentar la vida de un modo único.

 ***

  • Marcos va a contarnos a partir de hoy, cinco escenas de controversia de Jesús con los fariseos, agrupadas con una intención catequética. La fama de Jesús se ha extendido por toda la región alrededor del lago de Galilea; al regresar a Cafarnaún, mucha gente va a verlo y Él habla a la multitud.
  • Después de un leproso, viene un paralítico en busca de Jesús dependiendo completamente de las personas que lo cargan en su camilla. Jesús está rodeado de tanta gente, hasta el punto de no poder verlo ni acercársele; por eso se las ingenian para abrir un boquete en el techo y descolgar al impedido en su camilla. Jesús no lo sana de la parálisis de entrada, sino que le perdona al paralítico sus pecados, causando escándalo entre los doctores de la ley y los escribas presentes. Para ellos, solamente Dios puede perdonar, y sólo lo hace a través de sus intermediarios: los sacerdotes y la estructura organizada para purificar al pecador. Según ellos Jesús no sólo blasfema, sino que usurpa atribuciones.
  • Según la manera de pensar del momento, la enfermedad era considerada consecuencia del pecado. Jesús cura a aquella persona integralmente: lo cura de su pecado y de su enfermedad. Y ambas curaciones son parte de su ministerio.
  • Jesús propone una renovación del hombre desde su interior, que todos puedan reconocerse como hijos de Dios, miembros de una comunidad de hermanos. Por eso, aunque lo prioritario para el paralítico y para quienes lo llevaron era la curación física, Jesús primero lo perdona de sus pecados.
  • Esta curación, sirvió de prueba para mostrar que Jesús tenía poder para perdonar pecados y para la curación física, relativizándola, y dando prioridad al cambio.
  • Para Jesús, no va por un lado la liberación material y por otra la espiritual: lo que hay que liberar es la persona en su totalidad. La liberación del mal físico tal como la enfermedad, el hambre, el sufrimiento y toda forma de muerte, es liberación del ser humano, es presencia del Reino, es salvación. Hay una unidad entre la liberación y la salvación. Cuando sanamos el cuerpo, cuando saciamos el hambre, cuando eliminamos la ignorancia, cuando liberamos, salvamos.
  • Nosotros, en muchas ocasiones, solemos separar lo corporal de lo espiritual; a Dios, de nuestra vida de todos los días. La sanación que brota del encuentro con Dios es algo total, algo que implica todas las realidades de nuestra vida. Sólo así podemos entender que Jesús curara y perdonara pecados, que en sus labios y en su vida fueran una misma cosa.
  • También a nosotros Cristo nos quiere curar de todos nuestros males, sobre todo del pecado, que está en la raíz de todo mal. La palabra de Jesús quiere llegar más hondo que nuestro pecado. No sólo en el momento final de la vida, sino en el instante en que, por la fuerza de esa palabra nos animamos a levantarnos, tomamos nuestra camilla y comenzamos a andar ante la mirada de todos. El tomar la camilla es un signo que nos permite descubrir que “la salud que Cristo nos da” es un don, que tenemos que cuidar constantemente, porque la posibilidad de volver a enfermarnos está al acecho.
  • A través de la acción evangelizadora, la Iglesia se hace continuadora de la acción de Cristo en la historia, llevando a todos la salvación. Aún con los medios más creativos e inverosímiles busca no sólo la curación o la ayuda en las necesidades materiales, sino la experiencia de la vida nueva que nos viene de Él. Sólo basta dejarse conducir por el Espíritu Santo, el cual nos ayudará a descubrir los caminos necesarios para construir y realizar el reino.
  • La gente no sólo queda admirada, sino que, al percibir la nueva vida que Jesús comunica, acepta este mensaje y se dirige adonde está Jesús para seguir escuchando su enseñanza.
  • Por eso, hagamos de la Evangelización una Evangelización integral, que busque el bien y la salvación del hombre completo, para que todos puedan disfrutar de una vida digna, pero para que también sean capaces de llegar a glorificar a Dios no sólo con sus palabras, sino con su vida misma.

 

Para discernir

 

  • ¿Hasta dónde llega nuestra fe?
  • ¿Nos conformamos con ilustrar la mente de los demás?
  • ¿Nos limitamos a trabajar por una liberación humana?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Ánimo, levántate y camina

 

Para la lectura espiritual

 

«Hijo, tus pecados quedan perdonados»

 

«Creo en el perdón de los pecados»: el Símbolo de los apóstoles vincula la fe en el perdón de los pecados a la fe en el Espíritu Santo, pero también a la fe en la Iglesia y en la comunión de los santos. Al dar el Espíritu Santo a los apóstoles, Cristo resucitado les confirió su propio poder divino de perdonar los pecados: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos» (Jn 20,22-23).

«Un solo bautismo para el perdón de los pecados»: Nuestro Señor vinculó el perdón de los pecados a la fe y al bautismo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará» (Mc 16,15-16). El bautismo es el primero y principal sacramento del perdón de los pecados porque nos une a Cristo muerto por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación, a fin de que «vivamos también una vida nueva» (Rm 4,25; 6,4). «En el momento en que hacemos nuestra primera profesión de fe, al recibir el santo bautismo que nos purifica, es tan pleno y tan completo el perdón que recibimos, que no nos queda absolutamente nada para borrar, sea de la falta original, sea de las faltas cometidas por nuestra propia voluntad, ni ninguna pena que sufrir para expiarlas… Sin embargo, la gracia del bautismo no libra a la persona de todas las debilidades de la naturaleza. Al contrario, todavía nosotros tenemos que combatir los movimientos de la concupiscencia que no cesan de llevarnos al mal.»

«En este combate contra la inclinación al mal ¿quién será lo suficientemente valiente y vigilante para evitar toda herida del pecado?… Era necesario, pues, que la Iglesia fuese capaz de perdonar los pecados a todos los penitentes, incluso si hubieran pecado hasta en el último momento de su vida.» Por medio del sacramento de la penitencia, el bautizado puede reconciliarse con Dios y con la Iglesia…

No hay ninguna falta por grave que sea que la Iglesia no pueda perdonar. «No hay nadie, tan perverso y tan culpable, que no deba esperar con confianza su perdón siempre que su arrepentimiento sea sincero.» Cristo, que ha muerto por todos los hombres, quiere que en su Iglesia, estén siempre abiertas las puertas del perdón a cualquiera que vuelva del pecado.

 

Catecismo de la Iglesia católica – 976-982

 

Para rezar

 

Y sólo ahí,

una vez que has tocado un poquito de suelo,

entonces te das cuenta de que es en ese lugar,

en ese espacio de la fragilidad,

del dolor y de la duda; en ese rincón

en el que te sientes desprotegido y vulnerable,

donde habita tu Dios de la cruz,

del camino, de la pobreza.

Y sólo ahí descubres que Dios siempre está sobre aviso,

que a veces te quita el dolor y te pone la cena,

aunque en ocasiones tengas que dar la vida, una y mil veces.

Sólo ahí descubres que al caer estás siendo abrazado,

y que en todo lo que ves se asoma

la imagen de una creación buena;

y que por debajo de todos los ruidos

hay una canción de amor de Dios por el mundo;

y que en muchos roces hay una caricia que despierta la esperanza…

 

Sábado I

 

He venido a llamar a los pecadores

 

Lectura de la carta a los Hebreos    4, 12-16

 

Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de doble filo: ella penetra hasta la raíz del alma y del espíritu, de las articulaciones y de la médula, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

Ninguna cosa creada escapa a su vista, sino que todo está desnudo y descubierto a los ojos de Aquel a quien debemos rendir cuentas.

Y ya que tenemos en Jesús, el Hijo de Dios, un Sumo Sacerdote insigne que penetró en el cielo, permanezcamos firmes en la confesión de nuestra fe.

Porque no tenemos un Sumo Sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades; al contrario él fue sometido a las mismas pruebas que nosotros, a excepción del pecado.

Vayamos, entonces, confiadamente al trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y alcanzar la gracia de un auxilio oportuno.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 19,8.9.10.15.

 

R.    Tus palabras Señor son Espíritu y Vida.

 

La ley del Señor es perfecta,

reconforta el alma;

el testimonio del Señor es verdadero,

da sabiduría al simple. R:

 

Los preceptos del Señor son rectos,

alegran el corazón;

los mandamientos del Señor son claros,

iluminan los ojos. R:

 

La palabra del Señor es pura,

permanece para siempre;

los juicios del Señor son la verdad,

enteramente justos. R:

 

¡Ojalá sean de tu agrado las palabras de mi boca,

y lleguen hasta ti mis pensamientos,

Señor, mi Roca y mi redentor! R:

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 2,13-17.

 

Jesús salió nuevamente a la orilla del mar; toda la gente acudía allí, y él les enseñaba.

Al pasar vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: “Sígueme”. El se levantó y lo siguió.

Mientras Jesús estaba comiendo en su casa, muchos publicanos y pecadores se sentaron a comer con él y sus discípulos; porque eran muchos los que lo seguían.

Los escribas del grupo de los fariseos, al ver que comía con pecadores y publicanos, decían a los discípulos: “¿Por qué come con publicanos y pecadores?”.

Jesús, que había oído, les dijo: “No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Los primeros cristianos procedentes del judaísmo profesaban la fe en Cristo, al mismo tiempo que seguían siendo celosos observadores de la Ley. Para ellos, la fe, no era distinta de la religión judía hasta el punto de obligarlos a abandonar sus hábitos. Por eso seguían frecuentando el templo, muchos sacerdotes se hacían discípulos de Cristo sin dejar sus funciones. Pero la persecución de los cristianos por los judíos, obliga a los primeros a alejarse de Jerusalén y de su templo. Estar privados del sacerdocio de la ley y de la posibilidad de sacrificar a Dios, se convierte para ellos en una prueba difícil.
  • El cristiano no tiene ya necesidad del sacerdocio del templo, porque Jesucristo es su único mediador. Cristo es “heredero de todas las cosas” y está unido al Padre. Cristo es sacerdote y mediador. Cristo representa a la humanidad, porque se ha hecho hombre y la ha asumido en su integridad: ha conocido sus fracasos, ha sufrido sus limitaciones, ha experimentado sus tentaciones. Por otra parte, como Hijo de Dios sentado a la diestra del Padre, es igualmente representativo del mundo divino. Por eso es el perfecto mediador.
  • El sacrificio, que era el signo de la comunión entre Dios y el hombre, sólo se puede realizar de modo perfecto si la víctima forma parte de ambos mundos, ofreciéndose a sí mismo en toda su humanidad y bajo la influencia del Espíritu de Dios. Esto es lo que hace del sacerdocio y del sacrificio de Cristo un acto único y decisivo.
  • En Jesús, tenemos al sumo sacerdote por excelencia. Puede compadecerse de nosotros porque se ha acercado hasta las raíces mismas de nuestro ser. Por eso es un buen Pontífice y Mediador, y nos puede ayudar en nuestra tentación y en los momentos de debilidad y fracaso.

 ***

  • Roma había organizado sistemáticamente la recaudación de impuestos y tarifas. Un procedimiento ordinario era poner a un recaudador con un grupo de soldados, a la entrada de las ciudades, para cobrar las tarifas de las mercancías que entraban o salían de la ciudad.
  • Jesús salió de nuevo a orillas del mar y les enseñaba. Esta vez, al pasar, Jesús vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado en la oficina de la Aduana y le dijo: “Sígueme”. El quinto discípulo a quien Jesús llama es un “cobrador de impuestos, un aduanero, un encargado de recaudación pública de Cafarnaúm.
  • Este hombre se levantó y lo siguió. Con estos dos verbos queda expresada la ruptura de Leví a su habitual estilo de vida, con su pasado de injusticia para seguir a Jesús. Al atardecer Jesús se sienta a la mesa en casa de Mateo y muchos publicanos y pecadores estaban recostados con “El y sus discípulos”. El hecho de que en la comunidad estén juntos los discípulos judíos, gente sin religión, recaudadores, descreídos, pecadores considerados impuros y que están religiosamente discriminados, provoca la protesta de los maestros de la Ley, que pretenden mostrar a los discípulos lo impropio de la conducta de su Maestro.
  • Los escribas del partido de los fariseos se escandalizan porque Jesús no sólo se atrevía a perdonar pecados; sino que ahora llama a publicanos y además come con ellos. El “grupo de los fariseos” dedicados al conocimiento de la ley y de la tradición, para promover su estricto cumplimiento, insistían en la gravedad de frecuentar a ciertas personas para no comprometer su pureza legal.
  • Jesús no se deja llevar por las clasificaciones corrientes que en su época originaban la marginación de tantos hombres; y ante la reacción de los fariseos, encerrados en su autosuficiencia y convencidos de ser los perfectos, su palabra es clara y firme: “No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos porque no he venido a llamar a los “justos”, sino a los “pecadores”.
  • La casa de Mateo se convierte en figura de la nueva comunidad del Reino, compuesta de dos grupos: el de los discípulos, al que pertenecen los primeros llamados, que procedían del judaísmo, y el grupo de los otros seguidores, muy numerosos, que no proceden de Israel. El centro de la nueva comunidad es Jesús; su espíritu es la unión, amistad y alegría propias de un banquete.
  • Para el discípulo, en esta lección, queda retratado el amor misericordioso de Dios, manifestado en Cristo Jesús. Llamando a “pecadores”, a los débiles y los enfermos, Jesús revela al Dios gratuito de aquellos que no lo pueden comprar.
  • Cristo nos ha venido a salvar a nosotros y no nos acepta porque somos perfectos, sino que nos recibe y nos llama a pesar de nuestras debilidades y de la fama que podamos tener. Siempre está latente la tentación de tener los ojos muy abiertos a los defectos de los demás y cerrados a los nuestros. Ubicarnos como jueces y criticar. Vivir la Buena Nueva del reino significa, como Jesús, saber comprender, tolerar, dar un voto de confianza, aceptar a las personas como son y no como quisiéramos que fueran, para ayudarlos a dar pasos adelante, transformando sus vidas. Nos llama: no por nuestros méritos sino por su gran misericordia; y esto no tiene precio porque es de infinito valor.

 

Para discernir

 

  • ¿Miramos a los demás con nuevos ojos, después de ver y escuchar a Jesús sentado a la mesa con los pecadores y los publicanos?
  • ¿Estamos dispuestos a estrechar la mano de los más extraños, los más lejanos, los despreciados y segregados de nuestra sociedad?
  • ¿Cuál es mi actitud frente a los pecadores? ¿Me repito a mí mismo la palabra de Jesús?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Me llamas Señor y te sigo

 

Para la lectura espiritual

 

«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos»

 

…”Dice el apóstol Pablo: «Despojaos del hombre viejo con sus obras, y revestíos del hombre nuevo» (Col 3, 9-10)… Ésta ha sido la obra que Cristo llevó a cabo llamando a Leví; le ha devuelto su verdadero rostro y ha hecho de él un hombre nuevo. Es también por este título de hombre nuevo que el antiguo publicano ofrece a Cristo un banquete, porque Cristo se complace en él y merece tener su parte de felicidad estando con Cristo… Desde aquel momento le siguió feliz, alegre, desbordante de gozo.

«Ya no me comporto como un publicano, decía; ya no soy el viejo Leví; me he despojado de Leví revistiéndome de Cristo. Huyó de mi vida primera; sólo quiero seguirte a ti, Señor Jesús, que curas mis heridas. ¿Quién me separará del amor de Dios que hay en ti? ¿la tribulación? ¿la angustia? ¿el hambre? (Rm 8,35). Estoy unido a ti por la fe como si fuera con clavos, me has sujetado con las buenas trabas del amor. Todos tus mandatos serán como un cauterio que llevaré aplicado sobre mi herida; el remedio muerde, pero quita la infección de la úlcera. Corta, Señor, con tu espada poderosa la podredumbre de mis pecados; ven pronto a cortar las pasiones escondidas, secretas, variadas. Purifica cualquier infección con el baño nuevo.

«Escuchadme, hombres pegados a la tierra, los que tenéis el pensamiento embotado por vuestros pecados. También yo, Leví, estaba herido por pasiones semejantes. Pero he encontrado a un médico que habita en el cielo y que derrama sus remedios sobre la tierra. Sólo él puede curar mis heridas porque él no tiene esas heridas; sólo él puede quitar al corazón su dolor y al alma su languidez, porque conoce todo lo que está escondido”…

 

San Ambrosio (hacia 340-397), obispo de Milán y doctor de la Iglesia – Comentario a Lucas, 5, 23.27

 

Para rezar

 

Señor, el día empieza.
Como siempre, postrados a tus pies,
la luz del día queremos esperar.
Eres la fuerza
que tenemos los débiles, nosotros.

Padre nuestro
que en los cielos estás,
haz a los hombres iguales;
que ninguno se avergüence de los demás;
que todos al que gime den consuelo;
que todos al que sufre del hambre la tortura,
le regalen en rica mesa de manteles blancos
con blanco pan y generoso vino;
que no luchen jamás;
que nunca emerjan
entre las áureas mieses de la historia,
sangrientas amapolas, las batallas.

Luz, Señor,
que ilumine las campiñas y las ciudades;
que a los hombres todos,
en sus destellos mágicos,
envuelva luz inmortal;
Señor, luz de los cielos,
fuente del amor y causa de la vida.

Liturgia de las Horas

 

 

 

 


 

EL BAUTISMO DEL SEÑOR – CICLO C

 

EL BAUTISMO DEL SEÑOR

Ciclo C

EL BAUTISMO DEL SEÑOR

Ciclo C

 

¡Tú eres mi Hijo muy querido!

 

PRIMERA LECTURA 

Lectura del libro del profeta Isaías     40,1-5.9-11.

 

¡Consuelen, consuelen a mi Pueblo, dice su Dios!

Hablen al corazón de Jerusalén y anúncienle que su tiempo de servicio se ha cumplido, que su culpa está paga, que ha recibido de la mano del Señor doble castigo por todos sus pecados.

Una voz proclama: ¡Preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios!

¡Que se rellenen todos los valles y se aplanen todas las montañas y colinas; que las quebradas se conviertan en llanuras y los terrenos escarpados, en planicies!

Entonces se revelará la gloria del Señor y todos los hombres la verán juntamente, porque ha hablado la boca del Señor.

Súbete a una montaña elevada, tú que llevas la buena noticia a Sión; levanta con fuerza tu voz, tú que llevas la buena noticia a Jerusalén. Levántala sin temor, di a las ciudades de Judá: “¡Aquí está su Dios!”.

Ya llega el Señor con poder y su brazo le asegura el dominio: el premio de su victoria lo acompaña y su recompensa lo precede.

Como un pastor, él apacienta su rebaño, lo reúne con su brazo; lleva sobre su pecho a los corderos y guía con cuidado a las que han dado a luz.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO 

Sal 104 (103), 1b – 2.3-4.24-25.27-28.29-30.

 

R.      Bendice al Señor, alma mía: ¡Señor, Dios mío, qué grande eres!

 

Estás vestido de esplendor y majestad

y te envuelves con un manto de luz.

Tú extendiste el cielo como un toldo

y construiste tu mansión sobre las aguas. R

 

Las nubes te sirven de carruaje

y avanzas en alas del viento.

Usas como mensajeros a los vientos,

y a los relámpagos, como ministros. R

 

¡Qué variadas son tus obras, Señor!

¡Todo lo hiciste con sabiduría,

la tierra está llena de tus criaturas!

Allí está el mar, grande y dilatado, donde se agitan, en número incontable, animales grandes y pequeños. R

 

Todos esperan de ti que les des la comida a su tiempo:

se la das, y ellos la recogen; abres tu mano, y quedan saciados.

Si escondes tu rostro, se espantan;

si les quitas el aliento, expiran y vuelven al polvo.

Si envías tu aliento, son creados,

y renuevas la superficie de la tierra. R

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta de San Pablo a Tito 2,11-14.3,4-7.

 

Porque la gracia de Dios, que es fuente de salvación para todos los hombres, se ha manifestado.

Ella nos enseña a rechazar la impiedad y los deseos mundanos, para vivir en la vida presente con sobriedad, justicia y piedad, mientras aguardamos la feliz esperanza y la Manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador, Cristo Jesús.

El se entregó por nosotros, a fin de librarnos de toda iniquidad, purificarnos y crear para sí un Pueblo elegido y lleno de celo en la práctica del bien.

Pero cuando se manifestó la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor a los hombres, no por las obras de justicia que habíamos realizado, sino solamente por su misericordia, él nos salvó, haciéndonos renacer por el bautismo y renovándonos por el Espíritu Santo.

Y derramó abundantemente ese Espíritu sobre nosotros por medio de Jesucristo, nuestro Salvador, a fin de que, justificados por su gracia, seamos en esperanza herederos de la Vida eterna.

 

Palabra de Dios

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Lucas     3,15-16. 21-22.


 

En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías. Él tomó la palabra y dijo a todos:

-Yo los bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él los bautizará con Espíritu Santo y fuego.

En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo:

-Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto.

 

Palabra del Señor


 

Para reflexionar

 

  • El Bautismo de Jesús se enmarca en el movimiento de Juan el Bautista que llama a su pueblo al Jordán para comenzar, por la penitencia y el perdón de los pecados, a prepararse para los tiempos de salvación que se acercan. Jesús se presenta como uno más de  los que se acercan a recibir el bautismo que Juan está administrando a la orilla del río: se hace “uno más, uno de tantos”, con los débiles del pueblo en esta  inauguración de los tiempos mesiánicos, donde todos sin excepción somos declarados  hijos de Dios.

 ***

  • Jesús se hace solidario de las esperanzas y necesidades de quienes aguardan una novedad y se pone en las filas de quienes buscan un cambio. Como un penitente más, Él que es la novedad de Dios asume la condición humana en la apariencia del pecador y se hace silenciosamente solidario de la necesidad de  cambio de una humanidad distorsionada por el pecado. En la cola de los pecadores nos enseña la auténtica manera de conjugar el verbo del amor solidario.
  • Hay que revertir la historia, para construir desde una esperanza compartida. “Solidaridad es acercarse a los problemas, angustias y alegrías de los demás, dar ánimo, orientación, esperanza y una palabra de conversión. Es comprometerse en la defensa de los pobres. Es construir un Reino de Dios que sea sólido, íntimo, santo, en el seno de una comunidad” (Monseñor Romero).
  • La solidaridad es una concreción de la obligación cristiana del servicio mutuo, empeñada en recoger la herencia de Jesús hacia la creación de condiciones de igualdad, de libertad y justicia entre los hombres de este mundo. No es beneficencia o simplemente ayuda, sino es un mutuo dar y recibir.
  • La solidaridad no es sólo una virtud, sino que expresa la misma identidad de Dios. Si Dios es amor, si Dios nos amó primero, si Dios nos ama, “debemos amarnos unos a otros como Él nos amó″. Por eso, la fidelidad de Dios al hombre y a su clamor, la intervención misma de Dios, garantiza el triunfo final de la esperanza: “El no olvidará jamás al pobre, ni la esperanza del humilde fracasará”. (Sal 9,19)
  • La solidaridad cristiana abarca desde la fe en el Dios de Jesucristo hasta el compartir los bienes materiales, es una exigencia del seguimiento de Jesús, es un don que enriquece al destinatario pero también a quien lo practica. Es compasión, en la medida que  esta sea capacidad de  padecer con el otro. La solidaridad es como una verificación práctica del principio del amor, como opción por los pobres del Reino y tiene una dimensión social en cuanto desemboca en el compromiso por la justicia. “La solidaridad es el fruto maduro del amor” (Juan Pablo II).
  • Solidaridad hoy es justicia social y bondad de corazón que implica un intercambio interior. Solidaridad es dar, pero sobre todo darse. La solidaridad cristiana se inspira en la generosidad de Jesús, en la comunión con su corazón. El Señor, siendo rico, se hizo pobre por nosotros para enriquecernos.
  • Estamos llamados a crear la cultura de la solidaridad. La propuesta a nuestra sociedad es reconstruirla sobre bases un poco más humanas, verdaderas y justas escuchando siempre lo que dice el Hijo predilecto del Padre. “Toda la actividad de la Iglesia es una expresión de un amor que busca el bien integral del ser humano (…) y busca su promoción en los diversos ámbitos de la actividad humana.” (Deus Caritas Est, 19)

Para discernir

 

  • ¿Vivo mi fe desde la experiencia de solidaridad?
  • ¿Cuáles son las obras de mi fe?
  • ¿Me siento solidario con los dolores y luchas de los hombres?

 


 

Repitamos a lo largo de este día

 

se hizo unos de tantos y amó como nadie

 

Para la lectura espiritual

 

Jesús aparece en solidaridad plena con los hombres. Leonardo Boff afirma que desde la  navidad «ya no somos solitarios, sino solidarios». El bautismo de Jesús es un gran símbolo  de esta solidaridad. J. A. Pagola dice que «uno de los datos mejor atestiguado sobre Jesús  es su cercanía y su acogida a hombres y mujeres considerados como “pecadores” en la  sociedad judía. Es sorprendente la fuerza con que Jesús condena el mal y la injusticia y, al  mismo tiempo, la acogida que ofrece a los pecadores… Llegan a llamarle amigo de  pecadores. Y están en lo cierto. Jesús se acerca a los pecadores como amigo. No como  moralista que busca el grado exacto de culpabilidad. Ni como juez que dicta sentencia  condenatoria. Sino como hermano que ayuda a aquellos hombres a escuchar el perdón de  Dios, a encontrarse con lo mejor de sí mismos y rehacer su vida. La denuncia firme del mal  no está reñida con la cercanía del hombre caído». Este acto de Jesús en un bautizo del  pueblo en masa es un espléndido símbolo de su cercanía y solidaridad con el pecado de  los hombres.

Del bautismo arranca -y lo van a expresar los tres sinópticos- la experiencia de Jesús en  el desierto: una experiencia en la que va a sentirse empujado por el Espíritu, en que las  tentaciones van a versar precisamente sobre el significado de la misión que ha recibido del  Padre. Y de ahí arranca, como dice san Pedro en esa encantadora e ingenua expresión, «la  cosa que empezó en Galilea».

De ahí surge ese hombre, cuya vida es descrita de forma tan espléndida por el mismo  Pedro: «Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y  curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él».

De ahí arranca la vida de un hombre -al que los santos padres llamarán «el buen  Samaritano»- que no se preguntará qué es lo que va a sucederle si acepta la misión  recibida del Padre. Su pregunta iba a ser otra: qué le va a suceder al hombre, herido y  caído en los caminos de la vida, si yo no asumo la misión que el Padre me ha confiado. Y,  ungido por la fuerza del Espíritu, sintiendo que Dios le llamaba su Hijo amado y predilecto,  ya no buscó su bien, sino hacer el bien; ya no buscó su propia realización, sino la liberación  de los otros… Había surgido el buen Samaritano, el hombre para los demás, el que ya no se  preguntaba por las consecuencias de su misión sobre sí mismo, sino por las consecuencias  de su misión sobre los otros.

….Jesús fue solidario con los hombres, estuvo muy cerca del pecado de los hombres, cargó  con él: por eso estamos llamados a sentir en nuestro pecado la cercanía y la solidaridad del  que se acercó al pecado de los hombres no con una palabra dura y rígida, sino con una  palabra de amor y de solidaridad. Jesús no se preguntó por las consecuencias que le iban  a sobrevenir por asumir la misión del Padre. La asumió porque era la voluntad del Padre, la  salvación de los hombres. No nos preguntemos tantas veces en la vida por las  consecuencias que nos van a venir, porque lo realmente importante es lo que les va a  sobrevenir a los otros. Esto es lo que significa ser bautizados, ungidos, ser hoy otros  Cristos.

 

Javier Gafo

Para rezar

 

La Solidaridad es tan antigua como la humanidad.

Es de Dios y nos viene de Dios.

Es la Caridad de Dios reflejada en sus criaturas libres.
La Solidaridad se vino con el Hijo hasta nuestra condición de pecadores.

Con Él, camina más lejos de los cercados de la propia tribu.
Siendo divina, la realiza, sin embargo, nuestro corazón humano,

la construyen nuestras manchadas manos de hombre,

la comparten todos los hombres de buena voluntad,

creyentes y no creyentes.
Es infinitamente de Dios e infinitamente nuestra.
La Solidaridad es el Mundo al revés.

El Mundo dice “mío”, “propiedad privada”;

la Solidaridad dice “tuyo”, “de todos”.
El Mundo dice “compite”; la Solidaridad dice “comparte”.
El Mundo esconde su avaricia y hace ostentación de su poderío y generosidad; la solidaridad obedece la norma de Cristo: “que no sepa tu mano izquierda lo que da tu derecha”.
De tanto encomiar la economía liberal y el libre mercado,

el Mundo se ha quedado sin esperanza;

la Solidaridad, al identificarse con los hambrientos,

sedientos, enfermos, perseguidos, marginados,

se encuentra con el Señor de la Esperanza.
El Mundo es pretérito, huele a sepulcro;

la Solidaridad apuesta al futuro, tiene rostro de niño,

nace cada día, camina, se mueve, llora con el que llora,

se alegra con el que ríe.
El Mundo está apestado de viejo, congelado de frío

en las bóvedas de los Bancos;

la Solidaridad es doncella, corazón nuevo,

para una tierra nueva.
La Solidaridad, cuando nace de la caridad cristiana

es esperanza, le otorga el realismo

del amor de Cristo en la Cruz,

y la potencia de vida de la Resurrección.
La Solidaridad cristiana es indiscriminada en su misericordia.

Como su Maestro y Señor, escucha a todos,

comprende a los incomprendidos,

respeta a los que el Mundo margina,

defiende los derechos de los hombres.


 

Conferencia Episcopal Chile


 

 

 


 

TIEMPO DE NAVIDAD – EPIFANÍA – CICLO C

TIEMPO DE NAVIDAD – CICLO C

Epifanía del Señor (S)

 

 

7 de enero

 

 

8 de enero

 

 

9 de enero

 

 

10 de enero

 

 

11 de enero

 

 

12 de enero

 

TIEMPO DE NAVIDAD – CICLO C

Epifanía del Señor (S)

 

Sobre ti brillará el Señor

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del profeta Isaías    60, 1-6

 

¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz y la gloria del Señor brilla sobre ti! Porque las tinieblas cubren la tierra y una densa oscuridad, a las naciones, pero sobre ti brillará el Señor y su gloria aparecerá sobre ti.

Las naciones caminarán a tu luz y los reyes, al esplendor de tu aurora.

Mira a tu alrededor y observa: todos se han reunido y vienen hacia ti; tus hijos llegan desde lejos y tus hijas son llevadas en brazos.

Al ver esto, estarás radiante, palpitará y se ensanchará tu corazón, porque se volcarán sobre ti los tesoros del mar y las riquezas de las naciones

llegarán hasta ti. Te cubrirá una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá. Todos ellos vendrán desde Sabá, trayendo oro e incienso, y pregonarán las alabanzas del Señor.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 71, 1-2. 7-8. 10-11. 12-13 (R.: cf.11)

 

R.    Que se postren ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.

 

Concede, Señor, tu justicia al rey

y tu rectitud al descendiente de reyes,

para que gobierne a tu pueblo con justicia

y a tus pobres con rectitud. R.

 

Que en sus días florezca la justicia

y abunde la paz, mientras dure la luna;

que domine de un mar hasta el otro,

y desde el Río hasta los confines de la tierra. R.

 

Que los reyes de Tarsis y de las costas lejanas

le paguen tributo.

Que los reyes de Arabia y de Sebá

le traigan regalos;

que todos los reyes le rindan homenaje

y lo sirvan todas las naciones. R.

 

Porque él librará al pobre que suplica

y al humilde que está desamparado.

Tendrá compasión del débil y del pobre,

y salvará la vida de los indigentes. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Efeso    3, 2-6

 

Hermanos:

Seguramente habrán oído hablar de la gracia de Dios, que me ha sido dispensada en beneficio de ustedes.

Fue por medio de una revelación como se me dio a conocer este misterio, tal como acabo de exponérselo en pocas palabras. Al leerlas, se darán cuenta de la comprensión que tengo del misterio de Cristo, que no fue manifestado a las generaciones pasadas, pero que ahora ha sido revelado por medio del Espíritu a sus santos apóstoles y profetas.

Este misterio consiste en que también los paganos participan de una misma herencia, son miembros de un mismo Cuerpo y beneficiarios de la misma promesa en Cristo Jesús, por medio del Evangelio.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    2, 1-12

 

Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron: « ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo.»

Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén. Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías. «En Belén de Judea, le respondieron, porque así está escrito por el Profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de ti surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel.»

Herodes mandó llamar secretamente a los magos y después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella, los envió a Belén, diciéndoles: «Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje.»

Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño. Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría, y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra. Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Israel vuelve del exilio babilónico. En ese momento difícil Isaías quiere dar confianza a su pueblo. “La luz del Señor, su gloria se cierne sobre ti”. Pero a la ciudad de salvación son llamados, no sólo los judíos, sino también los pueblos paganos: vendrán en grandes caravanas las tribus de regiones lejanas. El profeta describe así, poéticamente, la universalidad de la salvación.
  • Ni el pueblo judío, ni ningún otro tienen el monopolio de la salvación. Con esta perspectiva de redención universal, Pablo se presenta como “distribuidor de la gracia de Dios”, sobre todo entre aquellos que no pertenecen al pueblo de la Alianza. Pone en práctica el misterio que le fue revelado por el Espíritu: “que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio”.
  • Jesús se manifiesta como Salvador del mundo pagano, encarnado en esos magos del Oriente, y en ellos a todos los pueblos. La apertura y docilidad de estos hombres, a las inspiraciones y manifestación del Mesías, se contraponen a la dureza y la oposición de los representantes del mundo judío.
  • Jesús no es el Salvador de un solo pueblo. Su misión redentora es universal. El es la luz que vio el profeta Isaías que “ilumina a todos los pueblos”. Los gentiles representados en los “magos de Oriente”, tras preguntar, caminar, superar la contradicción, en una perseverancia ejemplar, encuentran al “niño, con María su Madre”. Y gozosamente lo aceptan, lo adoran, y ofrecen sus dones de oro, incienso y mirra.

***

  • La fe de estos hombres que nos presenta el evangelio sigue un itinerario: descubrir la estrella, dejarse iluminar, ser obedientes a la llamada sin desfallecer, informarse, buscar, preguntar, encontrar, caer de rodillas y adorar. Es el símbolo del itinerario de fe de todo hombre que se abre a ella.
  • Lo que ocurre en el evangelio de hoy, también ocurre en el itinerario de la fe de los creyentes de nuestros días: el amigo o familiar creyente, el sacerdote, la lectura del evangelio, la devoción a María, alguna actividad de la Iglesia; se hacen estrella que nos iluminan en un momento determinado y nos conducen al encuentro con Jesús. Después estará nuestra decisión personal ante la gracia que Dios nos ofrece.
  • Cuando esta decisión se asume desde la libertad y el amor, nos libera, nos compromete a una tarea de transformación en el mundo.
  • La fe es la luz por la que reconocemos a Dios. Es una estrella que nos lleva a Cristo. Es un don de Dios, no una propiedad nuestra; es una iluminación, no es esclavitud, ni carga sino fuente de libertad y de vida plena.
  • La luz de la fe es algo que puede y debe ser compartido. Así como necesitamos el testimonio de otros, que se hacen estrella en el itinerario de nuestro caminar; también nosotros estamos llamados a “dar testimonio de la luz”. El testimonio de una vida buena, de una fe viva, se hace mucho más eficaz que todo un torrente de palabras. Ese es el mensaje de la estrella de epifanía.
  • Porque la fe es una luz que guía para andar, no para quedarnos parados. Guía para  aventurarnos con plena confianza, aunque no siempre con plena claridad, día tras día, año tras año por este largo y a menudo  difícil camino que es nuestra vida. Un  camino que es de continua búsqueda por conocer mejor a Dios y por amar más al hermano.
  • Los hombres vivimos como deslumbrados ante el mundo y las estrellas fugaces que va apareciendo y cegándonos en el esfuerzo de tener una mirada que trascienda lo que aparece. Bajo las estrellas que brillan en el mundo tecnificado y glamoroso, hay que buscar un signo más profundo y más humanizador. Si investigamos, si buscamos, si no desfallecemos, encontraremos al final la llamada de Dios, la llamada de la fe que nos conduce al Dios hecho hombre, al Mesías Salvador de todos los hombres.
  • La Iglesia tiene hoy la misión de ser “epifanía” de Cristo en este mundo. Como comunidad y cada uno de nosotros podremos ser epifanía si por nuestras palabras y obras somos signos de comunión, de paz, de justicia y liberación.
  • Somos luz y epifanía cuando individual y grupalmente, orientamos, abrimos y marcamos caminos nuevos, en la realización de un mundo según el querer de Dios, que tiene en cuenta a todos. Somos epifanía cuando conducidos por el espíritu, tenemos el valor y el coraje inusitado de animarnos a lo bueno y a lo justo, en medio de un mundo que vive claudicando. Somos epifanía y profetas de luz que guían los pasos del pueblo, cuando somos capaces de poner nuestra vida al servicio de la humanidad.
  • Somos epifanía cuando defendemos el derecho de los más débiles aunque no estemos contados entre ellos. Somos epifanía en la vida cuando infundimos confianza y esperanza, y podemos decir que hemos iluminado cuando prestamos atención, nos fijamos en los otros y los aceptamos como son; cuando escuchamos con hondura y verdad, no para responder ni dar soluciones prefabricadas; cuando amamos y nos identificamos con los otros; cuando tratamos a los demás como personas y no como instrumentos a utilizar. Somos epifanía de Dios cuando lo reconocemos por la adoración sencilla, fiel y contagiosa.
  • Somos epifanía cuando soportamos y no bajamos los brazos ante las pruebas, las purificaciones, las oscuridades, las dificultades; y hasta los pecados. Hay testimonio de luz cuando en el encuentro con el Señor, nos dejamos iluminar y transfigurar.
  • Esta es nuestra misión, aunque sabemos que no se vive siempre en plenitud. Esto no nos debe hacer caer en el derrotismo, que nos hace pensar que no sirve nada de lo que se ha hecho o se hace. La perfección se alcanzará sólo en el último día. Pero esa meta debe alentar nuestro esfuerzo sin interrupción. El camino de transformación y compromiso de la Iglesia tiene la vertiente personal por la cual, cada uno como cristiano y miembro consciente de la Iglesia, se esfuerza para ser “señal” más íntegra y transparente de Cristo.

 

Para discernir

 

  • ¿Nuestra actividad eclesial nos hace luz en el mundo de hoy?
  • ¿Manifestamos a Cristo o lo ocultamos?
  • ¿Somos libres por la fe y liberadores de las distintas realidades?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Jesús, Luz para alumbrar a las naciones

 

Para la lectura espiritual

 

«Cristo es nuestra paz…de los dos pueblos (Israel y gentiles) hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad (Ef. 2,14)

 

…”En los hombres reunidos en torno al pesebre tenemos una imagen de la Iglesia y de su desarrollo. Los representantes de la antigua dinastía real, a la cual le había sido prometido el Salvador del mundo, y los representantes del pueblo creyente constituyen el lazo de unión entre la Antigua y la Nueva Alianza. Los Reyes del lejano Oriente representan a los gentiles, a los que desde Judea les llegó la salvación. Así tenemos aquí «la Iglesia de los judíos y de los gentiles.» Los magos son ante el pesebre los representantes de todos los que buscan. La gracia los había conducido, si bien no pertenecían aún a la Iglesia visible.

En ellos vivía un deseo puro de alcanzar la verdad que no se deja contener en las fronteras de las doctrinas y tradiciones particulares. Puesto que Dios es la verdad y quiere dejarse encontrar por todos aquellos que le buscan de todo corazón, tarde o temprano tenía que iluminar la estrella a esos sabios para indicarles el camino de la verdad. Y así se presentan ante la verdad encarnada, se postran ante ella en profunda adoración y depositan sus coronas a sus pies, pues todos los tesoros del mundo no son más que polvo en comparación con ella”….

 

Santa Teresa Benedicta (Edith Stein) l891-l942, carmelita descalza, doctora de la Iglesia y co-patrona de Europa – Vida escondida y Epifanía; trad. Monte Carmelo 1998, Burgos

 

Para rezar

 

Te bendecimos, Dios nuestro Padre,

por la estrella que has revelado a los Magos,

y por la luz de la fe que has reavivado en nuestro corazón.

Te bendecimos Señor, eternamente,

por la alegría con que nos has colmado

de encontrar al Niño con María su Madre,

y por la alegría que nos das

de encontrarte en medio de nuestros hermanos.

Te bendecimos, Dios nuestro Padre,

por las ofrendas que tu bondad ha aceptado

de los reyes de oriente,

y por la ofrenda de nuestro amor que aceptas,

a pesar de ser pobre y muchas veces inútil.

Te bendecimos, Dios nuestro Padre,

por la herencia que has preparado a tu pueblo Israel,

y por la gracia de hacernos participar de ella.

Te bendecimos, Dios nuestro Padre

porque en nuestras almas,

has encendido la estrella de la fe.

Guarda en nosotros su luz hasta el día en que,

en nuestro corazón, se levantará la Estrella de la mañana,

Cristo Jesús, tu Hijo, nuestro Salvador y hermano.

 

Santos Benetti

 

7 de enero

 

Jesús proclamaba la Buena Noticia del Reino

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan    3, 22-4, 6

 

Queridos hermanos:

Dios nos concederá todo cuanto le pidamos, porque cumplimos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.

Su mandamiento es este: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos los unos a los otros como él nos ordenó. El que cumple sus mandamientos permanece en Dios, y Dios permanece en él; y sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado.

Queridos míos, no crean a cualquiera que se considere inspirado: pongan a prueba su inspiración, para ver si procede de Dios, porque han aparecido en el mundo muchos falsos profetas.

En esto reconocerán al que está inspirado por Dios: todo el que confiesa a Jesucristo manifestado en la carne, procede de Dios. Y todo el que niega a Jesús, no procede de Dios, sino que está inspirado por el Anticristo, por el que ustedes oyeron decir que vendría y ya está en el mundo.

Hijos míos, ustedes son de Dios y han vencido a esos falsos profetas, porque aquel que está en ustedes es más grande que el que está en el mundo.

Ellos son del mundo, por eso hablan el lenguaje del mundo y el mundo los escucha.

Nosotros, en cambio, somos de Dios. El que conoce a Dios nos escucha, pero el que no es de Dios no nos escucha. Y en esto distinguiremos la verdadera de la falsa inspiración.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 2, 7-8. 10-12a (R.: 8a)

 

R.    Te daré mi reino como herencia.

 

Voy a proclamar el decreto del Señor:

El me ha dicho: «Tú eres mi hijo,

yo te he engendrado hoy.

Pídeme, y te daré las naciones como herencia,

y como propiedad, los confines de la tierra.» R.

 

Por eso, reyes, sean prudentes;

aprendan, gobernantes de la tierra.

Sirvan al Señor con temor;

temblando, ríndanle homenaje. R.

   

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    4, 12-17. 23-25

 

Cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaúm, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías:

¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones! El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz.

A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: «Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca.»

Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente. Su fama se extendió por toda la Siria, y le llevaban a todos los enfermos, afligidos por diversas enfermedades y sufrimientos: endemoniados, epilépticos y paralíticos, y él los curaba. Lo seguían grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • La verdadera comunión con Dios está reservada para la eternidad pero ya está actuando en la vida presente, aunque de manera misteriosa. La seguridad de esa comunión, de que Dios mora en nosotros se reconoce por la manera en que guardamos los mandamientos.
  • Por esta observancia de los mandamientos estaremos seguros ante Dios hasta el punto de poder pedirle con la seguridad de ser escuchados. El mandamiento que nos dará la seguridad delante de Dios y nos garantiza su presencia entre nosotros es doble: creer en el nombre de Jesucristo y amarnos los unos a los otros.
  • Juan presenta estos dos preceptos de tal manera que parecen constituir uno. Para Juan no hay dos virtudes distintas: la fe por una parte y la caridad por otra. Esas dos virtudes no son más que dos dimensiones de una sola actitud: somos hijos de Dios por nuestra fe y de esa filiación deriva la caridad entre los hermanos.
  • Creer en Jesucristo, es creer que el Padre ama a todos los hombres a través de su propio Hijo y querer vivir ese mismo amor.

***

  • Esta es la semana de los “signos que manifiestan” a Cristo. Habiendo oído que Juan estaba preso, Jesús se retiró a Galilea. Jesús deja el pueblo donde había vivido hasta ahora y va a una ciudad más importante no sin una razón. Es un signo. Este gesto tiene una significación misionera. Galilea tenía fama de región gentil, contaminada de paganos, desinteresada de la Ley y de la oficialidad del templo, foco de revolucionarios.
  • Durante toda su vida oculta, Jesús ha vivido en un pueblo bien protegido; ahora va al lugar donde piensa que podrá evangelizar a muchos de aquellos que viven aún “en las tinieblas” y que esperan la luz.
  • Anuncia que el Reino de los cielos ha llegado, Dios está con nosotros, si queremos acogerlo. No es una predicación moralizante que dice lo que hay que hacer. Es ante todo una nueva actitud que lo cambia todo, hasta nuestros comportamientos morales.
  • Los pobres se sentían acogidos por Jesús y los ricos se sentían desplazados, pero a todos les pedía conversión. Para Jesús, el problema del Reino era un problema de transformación del corazón, pero una transformación real, de las que se demuestran con obras.
  • El signo de que Dios está obrando es que le traían a todos los que sufrían, curaba toda enfermedad y toda dolencia. La misión de Jesús incluye también la sanación, la curación de los enfermos. Su misión es decir y hacer, proclamación y transformación. El Niño de Belén ahora se manifiesta como el Mesías enviado por Dios enseñando, proclamando el Reino, curando a los enfermos, liberando a los posesos. Y, la multitud cree en Él y lo sigue.
  • La fe en Jesucristo como Hijo de Dios hecho hombre, como Palabra encarnada de Dios, es esencial al cristianismo; y debe demostrarse primeramente en el amor compasivo y solidario que irradiará sobre el mundo necesitado de este testimonio.
  • Nosotros, como discípulos de Jesús, hemos de continuar su tarea, con el gozo, el entusiasmo y la plena dedicación con que Él vivió. Hoy también hay muchas enfermedades y dolencias que necesitan ser curadas; y no sólo físicas: el egoísmo, anidado en muchos corazones que busca lograr los propios objetivos a costa de pisotear los derechos de los otros. El poder, que para conservarse sacrifica inocentes. La ambición desmedida y enfermiza de poseer, que no mide en medios ni en consecuencias. Otros que sin encontrar el sentido de la propia vida, pretenden olvidarse de sus propias pobrezas o tristezas, enviciándose o envileciéndose. No podemos quedarnos contemplando dolencias de la gente de nuestro tiempo.
  • Nos urge anunciar el reino poniéndonos en camino, para tratar de remediar todos esos males, no por nuestras propias fuerzas, sino por la fuerza de Dios que habita en nosotros y nos impulsa para que seamos un signo de Cristo que salva para nuestros hermanos.
  • Ser discípulo de Jesús no puede ser sino reproducir en nosotros una respuesta ante la vida, idéntica a la de Jesús: «vivir y luchar por la misma causa», el Reinado de Dios. Nuestra vida tiene que anunciar el «Evangelio del Reino», la buena noticia que está llegando, y hacerlo ayudando, curando heridas, liberando de angustias y miedos; «haciendo el bien», como se dijo de Cristo Jesús.

 

Para discernir

 

  • ¿Me siento identificado con la causa de Jesús?
  • ¿Cuál es mi compromiso para “hacer el bien”?
  • ¿Vivo con entusiasmo mi vocación de discípulo misionero o me domina la pereza, la comodidad, mis pobrezas y miserias?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

El Reino de los Cielos está cerca

 

Para la lectura espiritual

 

..”Reino de Dios significa que Dios reina. Y ¿cómo reina Dios? Preguntémonos: En el fondo, ¿qué es lo que impera rea/mente sobre nosotros? En primer lugar, los hombres. También las cosas señorean sobre mí. Las cosas que ambiciono, las cosas que me estorban, las cosas que encuentro en mi camino (…). ¿Qué ocurriría si Dios reinase verdaderamente en mí? Mi corazón, mi voluntad lo experimentarían como Aquel que da a todo evento humano significado pleno (…). Yo percibiría con temor sagrado que mi persona humana es nada excepto por el modo en que Dios me llamó y en el que debo responder a su llamada. De aquí me vendría el don supremo: la santa comunidad de amor entre Dios y mi sola persona. Pero el nuestro es un reino del hombre, reino de cosas, reino de intereses terrenos que ocultan a Dios y sólo al margen le hacen sitio. ¿Cómo es posible que el árbol a cuyo encuentro voy me sea más real que El? ¿Cómo es posible que Dios sea para mí sólo una mera palabra y no me invada, omnipotente, el corazón y la conciencia? y ahora Jesús proclama que después del reino de los hombres y de las cosas ha de venir el reino de Dios. El Poder de Dios irrumpe y quiere asumir el dominio; quiere perdonar, santificar, iluminar, no por la violencia física, sino por la fe. Los hombres deberían apartar su atención de las cosas y dirigirla hacia Dios, así como tener confianza en lo que Jesús les dice con su palabra y actitud: entonces llegaría el reino de Dios”…

 

Romano Guardini, El Señor, Madrid 1965.

 

 

Para rezar

 

Tu Reino Señor

 

Tu Reino, Señor Jesús, habita dentro de mí

tu Reino es como un tesoro escondido dentro de un campo;

llevo en el fondo de mi ser la libertad y el amor,

la justicia y la verdad, la luz y la belleza.

Llevo dentro de mí el amor de tu Padre que me llama:

la gracia de tu amor que me salva y libera,

la amistad y la comunión de tu Espíritu que me hace fuerte.

¡Tu Reino, Señor, habita dentro de mí, gracias!

Tu Reino, Señor, habita en medio del mundo.

Tu Reino está presente oculto en medio de los hombres.

Donde el amor es más fuerte que el odio, allí está tu Reino.

Donde el perdón es más fuerte que la venganza,

allí está tu Reino.

Donde la verdad es más fuerte que la mentira,

allí está tu Reino.

Donde la justicia es más fuerte que la opresión,

allí está tu Reino.

Donde la libertad es más fuerte que la esclavitud,

allí está tu Reino.

Donde la ternura es más fuerte que el desamor,

allí está tu Reino.

¡Tu Reino, Señor, habita en el corazón de los hombres

que te aman, se aman y te siguen!

 

 

8 de enero

 

El Señor me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan    4, 7-10

 

Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios, y el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.

El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.

Así Dios nos manifestó su amor: envió a su Hijo único al mundo, para que tuviéramos Vida por medio de él. Y este amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero, y envió a su Hijo como víctima propiciatoria por nuestros pecados.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 71, 1-2. 3-4ab. 7-8 (R.: cf. 11)

 

R.    Que se postren ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.

 

Concede, Señor, tu justicia al rey

y tu rectitud al descendiente de reyes,

para que gobierne a tu pueblo con justicia

y a tus pobres con rectitud. R.

 

Que las montañas traigan al pueblo la paz,

y las colinas, la justicia;

que él defienda a los humildes del pueblo,

socorra a los hijos de los pobres. R.

 

Que en sus días florezca la justicia

y abunde la paz, mientras dure la luna;

que domine de un mar hasta el otro,

y desde el Río hasta los confines de la tierra. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    6, 34-44

 

Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.

Como se había hecho tarde, sus discípulos se acercaron y le dijeron: «Este es un lugar desierto, y ya es muy tarde. Despide a la gente, para que vaya a las poblaciones cercanas a comprar algo para comer.»

El respondió: «Denles de comer ustedes mismos.»

Ellos le dijeron: «Habría que comprar pan por valor de doscientos denarios para dar de comer a todos.»

Jesús preguntó: « ¿Cuántos panes tienen ustedes? Vayan a ver.»

Después de averiguarlo, dijeron: «Cinco panes y dos pescados.»

El les ordenó que hicieran sentar a todos en grupos, sobre la hierba verde, y la gente se sentó en grupos de cien y de cincuenta.

Entonces él tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los fue entregando a sus discípulos para que los distribuyeran. También repartió los dos pescados entre la gente.

Todos comieron hasta saciarse, y se recogieron doce canastas llenas de sobras de pan y de restos de pescado. Los que comieron eran cinco mil hombres.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios, y, a su vez, el que no ama no ha conocido a Dios, de ahí que el amor se constituye en el camino que nos acerca y nos introduce en el mundo de Dios.
  • «Conocer» a Dios en la mentalidad bíblica, semita, no es un acto intelectual; no es algo que pertenezca exclusivamente al mundo de la razón. Juan lo dice claramente: conoce a Dios quien lo ama. Sólo se conoce verdaderamente a Dios desde el amor.
  • Si Dios es amor, todo amor tiene algo de Dios. «El amor es de Dios», dice Juan en el texto concreto de hoy, tomado de su carta primera. Y «todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios». Este conocimiento no es abstracto porque Dios no se ha quedado en hermosas declaraciones. Dios ha manifestado, concretado y probado su amor. Dios ha «encarnado» su amor. Jesús es el amor de Dios por el mundo. Es el Hijo único, entregado.
  • Otra prueba de la veracidad y desmesura del amor de Dios, es que existe no porque lo amáramos nosotros, sino porque El nos amó a nosotros. Dios no nos ha esperado. Tomó la iniciativa de amarnos, antes incluso de conocer cómo responderíamos a ese amor. Hasta el pecador puede tener la certeza que es esperado y amado, en los momentos en que el hombre no piensa en Dios ni ama a Dios; Dios no deja de pensar en él y de amarlo.
  • La gratuidad total es la característica fundamental del amor divino. No está condicionado a nuestra respuesta positiva.
  • El amor de Dios, fue un amor «hasta el derramamiento de sangre» de Cristo que se sacrificó por nosotros. Jesús ha sido la víctima de «mis» pecados. Jesús se sacrificó, nos ama hasta el extremo de ser capaz de renunciar a su propia vida «para que vivamos».

***

  • Marcos inaugura una nueva sección de su Evangelio. Ya no son los primeros pasos apostólicos de Jesús, ni sus victorias sobre la enfermedad y los demonios, sino una sección en torno al tema del pan: dos multiplicaciones de panes, discusiones sobre el sentido de las abluciones antes de comer el pan, la falsa levadura, una pagana que solicita las migajas de pan, etc.
  • Toda la sección de los panes está concebida de tal forma que Cristo aparece como ese nuevo Moisés que ofrece el verdadero maná.
  • Jesús obra el milagro de la multiplicación de los panes porque siente compasión de la multitud, pero también lo hace con el fin de formar a sus apóstoles. Los compromete con los preparativos del banquete y los llevará a reflexionar sobre el alcance de este milagro.
  • La mirada se centra en Jesús. Los discípulos están ante el pueblo con las manos vacías, se reconocen incapaces de remediar la necesidad. No pueden hacer nada si no interviene el Señor. Jesús toma la iniciativa: va a utilizar la totalidad del alimento de que dispone el grupo. Dios quiere seguir alimentando a los demás por medio de las pobres provisiones de los hombres.
  • Pronuncia la bendición, “Bendito sea Dios que nos da este pan”. Era el rito judío de la santificación de la comida en la mesa: como buen judío, Jesús santifica cada uno de sus gestos con una bendición, una plegaria.
  • Luego, encarga a los discípulos que sirvan el pan y los peces; han de estar en la comunidad como servidores. El Espíritu que Jesús infunde, lleva a darse a los demás para comunicar vida. Los discípulos, que poseían el pan y los peces con su servicio, transmiten la generosidad y el amor de Dios creador y dador de vida.
  • Este milagro es un signo, un símbolo de la Iglesia que continúa hoy lo que hizo Jesús: compadecerse de los que andan como ovejas sin pastor, estar cerca de los que sufren, de los que buscan, no estar alejado del pueblo, sino en medio de él, dar lo que se tiene, no dejarse vencer por la impotencia y el egoísmo. La Iglesia tiene que ser colaboradora de Cristo en la distribución de la gracia para todos los hombres. Al igual que el Señor, la Iglesia ha de pasar haciendo el bien.
  • Dios se hace presente, como en este relato, cuando igual que los discípulos nos comprometemos con el pueblo hambriento y aportamos de lo propio dejando que Jesús haga el resto. Los problemas y las distintas “hambres” no sólo se solucionan con dinero; el amor es una fuerza milagrosa que hay que despertar.
  • El amor es entrega: Dios que entrega a su Hijo, Cristo Jesús que se entrega a sí mismo en la cruz y repite el memorial de pasión en cada Eucaristía. El pan multiplicado que nos ofrece cada día Cristo Jesús es su Cuerpo y su Sangre. Conoce lo arduo del camino y que el cansancio, el hambre y la sed acosan a lo largo de nuestra vida. Por eso quiso ser Él mismo nuestro alimento.
  • El pan sólo se multiplicará cuando se multiplique el amor. La Eucaristía es llamado y fuerza para hacer crecer la solidaridad, haciendo comunión, sin distinción, con los hermanos que estén a mi lado. Por eso la Eucaristía será siempre expresión del amor compasivo que Dios siente por el pueblo en una multiplicación de los panes.
  • En la medida en que la mesa de Cristo constituya para nosotros la experiencia del amor, en esa misma medida conoceremos a Dios revelado en su Hijo.

 

Para discernir

 

  • ¿Cómo es nuestro amor a los hermanos?
  • ¿Somos capaces de entregarnos por los demás?
  • ¿Termina nuestro amor apenas decrece el interés o empieza el sacrificio?

 

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Dios es amor

 

Para la lectura espiritual

 

..”Dios mío, bienaventurada Trinidad, deseo amaros y haceros amar, trabajar por la glorificación de la santa Iglesia, salvando las almas que viven sobre la tierra y librando a las que sufren en el purgatorio.

Deseo cumplir perfectamente vuestra voluntad y llegar al grado de gloria que me habéis preparado en vuestro Reino; en una palabra: deseo ser santa, pero siento mi impotencia y os pido, Dios mío, que seáis vos mismo mi santidad.

Puesto que me habéis amado hasta darme vuestro único Hijo para que fuese mi Salvador y mi Esposo, los tesoros infinitos de sus méritos son míos: yo os los ofrezco con alegría, suplicándoos que no me miréis sino a través de la Faz de Jesús y en su corazón abrasado de amor. Siento en mi corazón inmensos deseos y os pido con confianza que vengáis a tomar posesión de mi alma. No quiero amontonar méritos para el cielo, sino trabajar sólo por vuestro amor, con el único fin de agradaros, de consolar vuestro corazón sagrado y de salvar almas que os amen eternamente.

En la tarde de esta vida compareceré ante vos con las manos vacías. No os pido, Señor, que contéis mis obras. Todas nuestras justicias son imperfectas a vuestros ojos. Quiero, por ello, revestirme de vuestra propia justicia y recibir de vuestro amor la posesión eterna de Vos mismo. No quiero otra cosa que Vos, mi Amado”…

 

Santa Teresita del Niño Jesús.

 

Para rezar

 

Señor quisiera

 

Señor, quisiera ser de aquellos

que arriesgan su vida, que dan su vida.

Señor, Tú que naciste al azar de un viaje,

y moriste como un malhechor,

tras haber recorrido sin dinero,

todas las rutas del destierro,

del peregrinaje y las predicaciones caminantes,

arráncame de mi egoísmo y de mi confort.

He de empeñar mi vida, Jesús, por tu palabra.

He de empeñar mi vida, Jesús, por tu amor.

Ya pueden los demás ser cuerdos,

Tú me has hecho para que crea en el amor.

Otros creen que hay que conservar,

Tú me has dicho que más vale dar.

Otros se instalan,

Tú me has exhortado a marchar,

dispuesto a la alegría y al dolor,

al fracaso y al éxito,

a vivir la vida cristiana

sin preocuparme de sus consecuencias.

A no poner mi confianza en mí, sino en ti,

y finalmente, a arriesgar mi vida

contando sólo con tu amor.

 

9 de enero

 

Tranquilícense, soy Yo

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan    4, 11-18

 

Queridos míos, si Dios nos amó tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros. Nadie ha visto nunca a Dios: si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y el amor de Dios ha llegado a su plenitud en nosotros.

La señal de que permanecemos en él y él permanece en nosotros, es que nos ha comunicado su Espíritu. Y nosotros hemos visto y atestiguamos que el Padre envió al Hijo como Salvador del mundo.

El que confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, permanece en Dios, y Dios permanece en él.

Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él.

Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios permanece en él.

La señal de que el amor ha llegado a su plenitud en nosotros, está en que tenemos plena confianza ante el día del Juicio, porque ya en este mundo somos semejantes a él.

En el amor no hay lugar para el temor: al contrario, el amor perfecto elimina el temor, porque el temor supone un castigo, y el que teme no ha llegado a la plenitud del amor.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 71, 1-2. 10-11. 12-13 (R.: cf. 11)

 

R.    Que se postren ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.

 

Concede, Señor, tu justicia al rey

y tu rectitud al descendiente de reyes,

para que gobierne a tu pueblo con justicia

y a tus pobres con rectitud. R.

 

Que los reyes de Tarsis y de las costas lejanas

le paguen tributo.

Que los reyes de Arabia y de Sebá

le traigan regalos;

que todos los reyes le rindan homenaje

y lo sirvan todas las naciones. R.

 

Porque él librará al pobre que suplica

y al humilde que está desamparado.

Tendrá compasión del débil y del pobre,

y salvará la vida de los indigentes. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    6, 45-52

 

Después que los cinco mil hombres se saciaron, en seguida, Jesús obligó a sus discípulos a que subieran a la barca y lo precedieran en la otra orilla, hacia Betsaida, mientras él despedía a la multitud. Una vez que los despidió, se retiró a la montaña para orar.

Al caer la tarde, la barca estaba en medio del mar y él permanecía solo en tierra. Al ver que remaban muy penosamente, porque tenían viento en contra, cerca de la madrugada fue hacia ellos caminando sobre el mar, e hizo como si pasara de largo.

Ellos, al verlo caminar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y se pusieron a gritar, porque todos lo habían visto y estaban sobresaltados. Pero él les habló enseguida y les dijo: «Tranquilícense, soy yo; no teman.» Luego subió a la barca con ellos y el viento se calmó.

Así llegaron al colmo de su estupor, porque no habían comprendido el milagro de los panes y su mente estaba enceguecida.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Juan insiste de manera especial en este pasaje sobre los signos de la comunión que podemos tener. La fe y el amor son los criterios de nuestra comunión con Dios. Para Juan toda decisión de fe, implica el amor, puesto que obliga a una conversión, que no puede ser más que don de sí. La vida cristiana tiene como dos dimensiones.
  • La primera nos hace tomar conciencia que Dios es amor, que nos ha amado hasta el punto de enviarnos a su Hijo, y que quiere vivir en nosotros. Esto forma parte de nuestra profesión esencial de fe. Esta fe, es la que nos impulsa a amar a nuestros hermanos como nosotros somos amados por Dios.
  • El amor puede ser ofrecido en plenitud al cristiano ya desde esta vida, porque puede vivir por él, en la comunión con el Padre y con el Hijo, y no ya bajo el temor del castigo. La seguridad del cristiano no descansa sobre su impecabilidad, que sería ilusorio; sino sobre el mismo Dios, que todo lo conoce y muy especialmente nuestra debilidad.
  • Hemos conocido el amor de Dios en que «nos envió a su Hijo como Salvador del mundo» y además en que «nos ha dado de su Espíritu».
  • Este amor, hace que en nuestra vida, ya no exista el temor o la desconfianza. Si vivimos en el amor que nos comunica Dios, ya no tendremos miedo al día del juicio, porque es nuestro Padre, hemos nacido de Él, y somos hijos, que no se mueven por miedo sino por amor.
  • La caridad, destierra el temor no sólo en los perfectos y los santos; incluso los débiles pueden llegar hasta esa caridad, puesto que ella misma, extrae de Dios su poder de eliminar el temor y no de lo que una conciencia puede reprocharse a sí misma.

***

  • Enseguida, después de la multiplicación de los panes, Jesús mandó a sus discípulos subir a la barca y que se adelanten pasando al otro lado, mientras Él, despedía a la muchedumbre. Jesús sabe que sus apóstoles no están maduros para asumir el aparente triunfo del milagro de los panes, y que podrían dejarse arrastrar por la pendiente natural y exitista de la muchedumbre, y los obliga a partir. La barca es figura de la misión, y Jesús los envía a Betsaida, fuera de los límites de Israel, en la orilla norte del lago.
  • Deben abandonar la seguridad e ir por segunda vez a tierra pagana.
  • Llegada la noche en el mar de Galilea, están remando con mucho esfuerzo, porque el viento viene en contra. Jesús ve la situación en que se encuentran, pero deja que experimenten su propia dificultad para cumplir la orden que les ha dado. Avanzada la noche se dirige a ellos andando sobre el agua, y hace el ademán de seguir de largo. Caminar sobre el mar se consideraba propio y exclusivo de Dios. Los discípulos reconocen a Jesús, pero no pueden concebir que un hombre tenga la condición divina, por eso, al verlo andar sobre el mar, pensaron que era una aparición y empezaron a gritar asustados.
  • Pero Jesús les dijo: “¡Animo! Soy Yo”. Jesús sube a la barca y al estar con ellos, el viento cesó. Ya no pueden sostener que era una aparición: están ante un Jesús que se ha manifestado como Hombre-Dios.
  • En nuestra vida también pasamos a veces por el miedo que experimentaron aquella noche los discípulos. La pequeña barca de nuestra vida, y también la barca de la Iglesia, sufre muchas veces vientos fuertes en contra, y tenemos miedo de hundirnos. Como los discípulos, hacemos humanamente lo que podemos, pero no nos basta.
  • Nos esforzamos, en la noche de esta vida, con la práctica de ayunos y obras buenas, en conseguir nuestra conversión moral. A base de enormes trabajos tratamos de hacer llegar nuestra barca a la playa de la paz de la unión con Cristo. Pero nos chocamos con la tempestad del mundo exterior, y también con el viento de nuestros egoísmos que nos llevan mar adentro. Ponemos en práctica todo lo que aprendimos; nos aferramos al timón de la voluntad o a los remos del trabajo apostólico, pero no conseguimos avanzar y Jesús parece alejarse de nosotros. Necesitamos reconocer que El puede infinitamente más que nosotros y que todos nuestros esfuerzos. Necesitamos arriesgarnos y entregarnos a Él por completo.
  • Dios siempre está con nosotros, y “viendo nuestros esfuerzos”, se pone en camino para rescatarnos y llevarnos a puerto seguro. Igual que a los discípulos, Dios nos pide simplemente cooperar a su gracia, que no es otra cosa que hacer lo que está en nuestras manos, con la confianza puesta en que Él mismo, completará la obra y nos sacará de la crisis. Como para aquellos apóstoles, la paz y la serenidad nos vendrán de que admitamos a Jesús junto a nosotros, en la barca.
  • Por tanto, hoy Cristo nos invita a permanecer en su amor y a ser fuertes ante las dificultades, con la seguridad que Dios está con nosotros, y sólo con Él, seremos capaces de vencer los vientos más fuertes que golpeen contra nuestra pobre barca.
  • El amor elimina el temor, Dios siempre viene a nuestro encuentro en los momentos de dificultad. Viene como un Padre que quiere ayudarnos: nunca nos abandonará y ya lo ha demostrado por la entrega de su Hijo.

 

Para discernir

 

  • ¿Cómo reacciono ante las dificultades?
  • ¿Soy capaz de confiar ciegamente en el Señor?
  • ¿Experimento la presencia constante de Jesús a mi lado?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

No temo Señor, Tú vienes conmigo

 

Para la lectura espiritual

 

«Viendo el trabajo con que remaban…, a eso de la cuarta vela de la noche, va hacia ellos»

 

…” Los apóstoles atraviesan el lago. Jesús, está solo en tierra, mientras que ellos se agotan remando sin lograr avanzar, porque el viento le es contrario. Jesús ora y en su oración les ve esforzarse por adelantar. Va, pues, a su encuentro. Está claro que este texto está lleno de simbolismos eclesiológicos: los apóstoles en el mar y contra el viento, y el Señor junto al Padre. Pero lo que es determinante es que en su oración, cuando está «junto al Padre», no está ausente, sino que, muy al contrario, es orando que les ve. Cuando Jesús está junto al Padre, está presente a su Iglesia. El problema de la venida final de Cristo aquí se profundiza y transforma de manera trinitaria: Jesús ve a la Iglesia en el Padre y, por el poder del Padre y por la fuerza de su diálogo con él, está presente, junto a ella. Es, precisamente, este diálogo con el Padre cuando «está en la montaña» lo que le hace presente, y a la inversa. La Iglesia, por así decir, es objeto de la conversación entre el Padre y el Hijo, pues ella misma esta anclada en la vida trinitaria”…

 

Joseph Ratzinger- Papa Benedicto XVI – El Dios de Jesucristo

 

Para rezar

 

Padre, me pongo en tus manos.

Haz de mí lo que quieras.

Sea lo que sea, te doy gracias.

Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo, con tal que tu voluntad

se cumpla en mí y en todas tus criaturas.

No deseo más, Padre.

Te confío mi alma, te la doy con todo el amor de que soy capaz.

Porque te amo y necesito darme a Ti, ponerme en tus manos,

sin limitación, sin medida, con una confianza infinita, porque

Tú eres mi Padre.

 

Carlos de Foucauld

 

10 de enero

 

Hemos pasado de la muerte a la vida

       

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan    4, 19-5, 4

 

Hijos míos:

Nosotros amamos porque Dios nos amó primero. El que dice: «Amo a Dios», y no ama a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve? Este es el mandamiento que hemos recibido de él: el que ama a Dios debe amar también a su hermano.

El que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y el que ama al Padre ama también al que ha nacido de él. La señal de que amamos a los hijos de Dios es que amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos.

El amor a Dios consiste en cumplir sus mandamientos, y sus mandamientos no son una carga, porque el que ha nacido de Dios, vence al mundo. Y la victoria que triunfa sobre el mundo es nuestra fe.

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO    Sal 71, 1-2. 14 y 15acd. 17 (R.: cf. 11)

 

R.    Que se postren ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.

 

Concede, Señor, tu justicia al rey

y tu rectitud al descendiente de reyes,

para que gobierne a tu pueblo con justicia

y a tus pobres con rectitud. R.

 

Los rescatará de la opresión y la violencia,

y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos.

Por eso, que viva largamente

que oren por él sin cesar

y lo bendigan todo el día. R.

 

Que perdure su nombre para siempre

y su linaje permanezca como el sol;

que él sea la bendición de todos los pueblos

y todas las naciones lo proclamen feliz. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    4, 14-22a

 

Jesús volvió a Galilea con el poder del Espíritu y su fama se extendió en toda la región. Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan.

Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura. Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor.

Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. Entonces comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír.»

Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Juan repite con matices nuevos los temas que ha ido desarrollando a lo largo de su carta, sobre el amor que Dios nos tiene y el amor que nosotros debemos tener a Dios y al hermano.
  • El Señor ha triunfado sobre el autor del pecado y de la muerte. Es la victoria decisiva de Cristo sobre el mundo, por eso el cristiano ha vencido al mundo. Quien cree en Jesucristo y lo acepta en su vida, participa ya desde ahora de esa victoria. “Todo el que ha nacido de Dios vence al mundo”. Nacer de Dios es empezar a tener la vida de Dios. Y con la vida que Él nos da, están también la fuerza y la gracia para realizar su proyecto.
  • El que ha nacido de Dios, debe cumplir sus mandamientos; pero el mandamiento principal de Dios es el amor al hermano. Cumplir estos mandamientos, y por tanto amar al hermano, no es una carga imposible de llevar, porque ya participamos en la victoria de Cristo contra el mal del mundo.
  • El amor cristiano es fundamentalmente amor a los hermanos; no es una difusa simpatía por el bien de la humanidad, ni una simple filantropía o un programa político de construcción de una sociedad mejor.
  • El amor cristiano es aquel que nace ante la obra del amor. Nuestra posibilidad de amar no se fundamenta sobre nuestros propios méritos o capacidades. Todo descansa en el hecho de que «Dios nos amó primero», antes de cualquier mérito nuestro. Nos ama tal como somos, es decir, «pecadores».
  • Si queremos permanecer como hijos de Dios, debemos amarnos los unos a los otros sabiendo que todos tenemos a Dios por Padre. No podemos amar a Dios y desentendernos de nuestro prójimo; a pesar de sus fallas y pecados, pues Cristo nos amó y se entregó por nosotros para que nuestros pecados fueran purificados. Así, quien ama a Dios debe amar a su prójimo estando dispuesto a dar la vida por él.

***

  • Es una escena programática y llena de significado la que escuchamos hoy en el evangelio; otra epifanía: Cristo se manifiesta en Nazaret, el pueblo de su infancia y juventud y se revela muy diferente ha como lo habían visto hasta ese momento sus vecinos.
  • El “sabbat” se celebraba en cada casa con ritos y plegarias familiares. Pero los hombres estaban también invitados a celebrarlo en la sinagoga, con la lectura pública de la Ley o de los Profetas seguida de una homilía. Todo judío que ya había cumplido los treinta años, podía tomar allí la palabra, pero se acostumbraba confiar esa tarea a los estudiosos de las escrituras; y se trataba, no de la Ley, sino de los profetas.
  • Jesús llegó a Nazaret, y según su costumbre de buen judío, entró el día sábado en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura; al terminar de leer, enrolló el libro y se lo devolvió al ayudante; y a continuación dijo la homilía. La fama de Jesús había crecido y esperaban su palabra con impaciencia.
  • Cristo detiene su lectura en el momento en que la profecía de Isaías anunciaba “un año de gracia”. Estas palabras de gracia provocan el asombro de la asamblea y son el origen de todos los incidentes. Cristo define su misión como una proclamación del amor gratuito de Dios a todo hombre, y no de condenación.
  • El futuro Mesías estará lleno del Espíritu de Dios y es enviado a cumplir su misión para con los pobres, a dar libertad a los oprimidos y anunciar el año de gracia del Señor. Lo más importante es que con Jesús se cumple la Escritura que acaban de oír. Se presenta, a los de su pueblo, como el Mesías esperado. En un principio consigue la admiración y el aplauso de sus oyentes, que luego se convertirá en repudio.
  • Todos esperaban que Jesús se pronunciara a favor de la causa nacionalista, y que se pusiera del lado de los fanáticos del pueblo, en contra del poder opresor. Pero Jesús, centró el anuncio de su programa mesiánico, en la gracia, de allí el rechazo de los jefes de la sinagoga. Era inadmisible que un laico que no pertenecía al ambiente sacerdotal se atreviera a proclamar el año de gracia y perdón de Dios. Jesús define su tiempo como el tiempo permanente de justicia, libertad, perdón, restitución y humanidad.
  • Este, es el programa que Él cumplió a lo largo de su vida, y el que se nos propone a sus discípulos. Llegar a hacer esto, supone cambiar la realidad insolidaria, elitista, excluyente, en un modo de vida que se sustente en la solidaridad, la igualdad, la justicia y la fraternidad. El trabajo del Reino que toca realidades sociales, es un trabajo espiritual porque exige la conversión interior de personas y estructuras.
  • Decir que la palabra de Dios se cumple, quiere decir que los hombres hoy, han incorporado a Dios en Jesucristo, en su particular estilo de vida.
  • El reino de Dios, fue en el tiempo de Jesús y sigue siendo hoy, la posibilidad concreta de experimentar al Dios y Padre que liberó a su pueblo del dominio de Egipto, y que, a través de los profetas, los fue instruyendo con su palabra y con su testimonio; y que con Jesús, se entregó totalmente, para que cada hombre alcance en su propia vida la Vida.

 

Para discernir

 

  • ¿Experimentamos la presencia de Jesús como buena Noticia?
  • ¿Reconocemos que su acción va destinada a los más desvalidos de este mundo?
  • ¿Hacemos nuestro el anuncio de Jesús y su compromiso?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

El que no ama a su hermano al que ve, no puede amar a Dios a quien no ve

 

Para la lectura espiritual

 

…”Tú me has mandado a los hombres. Has cargado sobre mis espaldas el grave peso de tus poderes y la fuerza de tu gracia, y me has ordenado avanzar. Dura y casi ruda tu palabra que me envía lejos de ti, a tus criaturas que quieres salvar, a los hombres. He tratado con ellos desde siempre, antes incluso de que tu palabra me consagrase para esta misión. He procurado amar y ser amado, he tratado de ser buen amigo y de tener buenos amigos. Es hermoso estar así con los hombres, y fácil también. Porque se va sólo a los que uno elige y se queda entre ellos mientras se está a gusto. Pero ahora no: los hombres a los que soy enviado los has escogido tú, no yo, y no debo ser su amigo, sino su servidor. Y el hecho de que me fastidien no es ya la señal para irme, como antes, sino tu orden de quedarme.

¡Qué criaturas estas, Dios mío, a las que me has mandado, lejos de ti! Los más no reciben en modo alguno a tu enviado, no aprecian en absoluto tus dones, tu gracia, tu verdad, con que me envías a ellos. Y yo debo, sin embargo, volver una y otra vez, a sus puertas, importuno como un vendedor ambulante con su quincalla. Si, al menos, supiese con certeza que es a ti a quien rechazan cuando

no me reciben, me consolaría. Pues quizás también yo cerraría la puerta de mi vida si uno como yo viniese a llamar diciéndose enviado por ti.

Y ¿qué decir de los que me admiten en su vida? oh Señor, éstos desean muy otra cosa que lo que yo les llevo de tu parte (…).

¿Qué quieren de mí? Si no es dinero lo que buscan, o una ayuda material, o el pequeño alivio de la compasión, me miran como a una especie de agente de seguros con el que van a concertar una póliza para la vida del más allá (…).

Señor, enséñame a orar y a amarte. Entonces olvidaré en ti mi miseria, porque tendré conmigo lo que me hará olvidarla: el amor paciente, que presta tu riqueza a la pobreza de mis hermanos. Y sólo entonces seré un hermano para los hombres, alguien que les ayuda a encontrar al único que necesitan, a ti, Dios de mis hermanos”…

 

K. Rahner, Palabras al silencio. Oraciones cristianas, Estella 101998.

 

Para rezar

 

Oración por el cambio y la transformación

 

Señor, tú amas la justicia y estableces la paz en la tierra.
Traemos ante ti la desunión del mundo de hoy;
la violencia absurda, el militarismo, la explotación, y
la opresión que amenazan la vida en el planeta.
La codicia humana y la injusticia,
que alimentan el odio y las contiendas.
Por el cambio en nuestro mundo, oremos.
Señor, en tu gracia, transforma el mundo.
Señor, envía tu espíritu y renueva la faz de la tierra;
enséñanos a ser compasivos con toda la familia humana;
conduce a todas las naciones hacia el camino de la paz.
Por la paz que solo Tú puedes darnos, oremos.
Señor, en tu gracia, transforma el mundo.
Enséñanos cómo comerciar con justicia y amor.
Recuérdanos que evitemos la codicia y
permítenos a todos ensalzar a quienes viven en la pobreza.
Recuérdanos que todos nosotros y toda la creación
te pertenecemos y que sólo somos administradores.
Perdónanos por no obrar conforme a tu voluntad en tu Reino sobre la tierra.
Danos la fuerza y el coraje de trabajar por la justicia y la paz.

 

Consejo Mundial de Iglesias.

 

11 de enero

 

Al instante la lepra desapareció

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan    5, 5-13

 

Hijos míos:

¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?

Jesucristo vino por el agua y por la sangre; no solamente con el agua, sino con el agua y con la sangre. Y el Espíritu da testimonio porque el Espíritu es la verdad. Son tres los que dan testimonio: el Espíritu, el agua y la sangre; y los tres están de acuerdo.

Si damos fe al testimonio de los hombres, con mayor razón tenemos que aceptar el testimonio de Dios. Y Dios ha dado testimonio de su Hijo.

El que cree en el Hijo de Dios tiene en su corazón el testimonio de Dios. El que no cree a Dios lo hace pasar por mentiroso, porque no cree en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo.

Y el testimonio es este: Dios nos dio la Vida eterna, y esa Vida está en su Hijo. El que está unido al Hijo, tiene la Vida; el que no lo está, no tiene la Vida.

Les he escrito estas cosas, a ustedes que creen en el nombre del Hijo de Dios, para que sepan que tienen la Vida eterna.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 147, 12-13. 14-15. 19-20 (R.: 12a)

 

R.    ¡Glorifica al Señor, Jerusalén!

   

¡Glorifica al Señor, Jerusalén,

alaba a tu Dios, Sión!

El reforzó los cerrojos de tus puertas

y bendijo a tus hijos dentro de ti. R.

 

El asegura la paz en tus fronteras

y te sacia con lo mejor del trigo.

Envía su mensaje a la tierra,

su palabra corre velozmente. R.

 

Revela su palabra a Jacob,

sus preceptos y mandatos a Israel:

a ningún otro pueblo trató así

ni le dio a conocer sus mandamientos. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    5, 12-16

 

Mientras Jesús estaba en una ciudad, se presentó un hombre cubierto de lepra. Al ver a Jesús, se postró ante él y le rogó: «Señor, si quieres, puedes purificarme.»

Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda purificado.» Y al instante la lepra desapareció.

El le ordenó que no se lo dijera a nadie, pero añadió: «Ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio.»

Su fama se extendía cada vez más y acudían grandes multitudes para escucharlo y hacerse curar de sus enfermedades. Pero él se retiraba a lugares desiertos para orar.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • En el vocabulario de san Juan el término “mundo” significa: «el hombre encerrado en sí mismo y tentado de salvarse por sus propias fuerzas». El verdadero cristiano es el que ha vencido esa tentación y que vive abierto a Dios y su testimonio en Cristo Jesús.
  • La fe nos «abre a Dios» que hace que nuestra salvación y el éxito de nuestra vida los pongamos en la persona de Jesús, el Hijo de Dios.
  • Jesús ha venido a este mundo ampliamente apoyado por los testimonios de Dios. El que cree en el Hijo, cree a Dios y tiene el testimonio de Dios.
  • Jesucristo, el que vino por el agua y por la sangre. Este Jesús en quien creemos, es el que fue bautizado por el Bautista en el agua del Jordán, con el Espíritu sobre Él, y el que al final de su vida derramó su sangre en la cruz, y luego fue resucitado por ese mismo Espíritu. Agua y sangre que son certificadas siempre por el Espíritu, el maestro y el garante de toda fe verdadera.
  • Por otro lado en Juan “el agua y la sangre” simbolizan la obediencia filial de Jesús hasta la muerte, por amor a todos los hombres. Juan vio esto al pie de la cruz y lo afirma. Jesús, por su corazón abierto, del que mana “el agua y la sangre lo ha dado todo”. Por eso tenemos que creer el testimonio de Dios sobre Jesús de Nazaret. El autotestimonio que Dios da es su mismo Hijo Jesucristo, que nos ha dado la vida. Quien tiene al Hijo tiene la vida. Quien no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. El que cree en Jesús, vence al mundo y tiene la vida eterna. La carta va a terminar con las mismas ideas con las que comenzó.
  • Pero lo principal es lo que sucede a los que creen en el Enviado de Dios: vencen al mundo y tienen la vida eterna. El que vence al mundo es el que cree que Jesús es el Hijo de Dios. Dios nos ha dado vida eterna y esta vida, está en su Hijo. “Quien tiene al Hijo tiene la vida; quien no tiene al Hijo, no tiene la vida”.

***

  • El evangelio hoy nos presenta otra de las manifestaciones iniciales de Jesús: la curación del leproso. Su fama crecía y su actuación misionera de predicación y curación de los que sufrían, entusiasmaba a los pobres por todas partes.
    • Cristo desea la curación de los enfermos que encuentra a su paso y porque se siente movido a compasión por el sufrimiento que lo rodea brota su carisma de taumaturgo.
    • Los contemporáneos de Cristo atribuían al alma y al cuerpo una unión muy estrecha, a tal punto que la enfermedad era considerada como el reflejo y la consecuencia de un mal moral. Al curar el cuerpo, Cristo inaugura los tiempos escatológicos de la victoria sobre el mal y el momento de la consolación.
    • Las curaciones realizadas por Cristo no son más que un momento de reparación de la creación entera mediante su vida y su persona.
    • En el caso de la lepra, bajo este nombre se incluían en tiempos de Jesús diversas enfermedades de la piel de carácter más o menos grave. Todas ellas convertían en impuro al hombre que la padecía. El leproso se hallaba excluido del pueblo de Israel: era un manchado y no podía tomar parte en la liturgia de la oración, en la alegría de las fiestas. Se convertía en un hombre social y religiosamente marginado: sólo, sin derechos, lejos de los pueblos.
    • El pedido del enfermo es una oración de súplica: «Señor, si quieres puedes limpiarme». La respuesta compasiva de Jesús es efectiva: «Quiero, queda limpio».
    • El maestro extendió la mano hacia aquel a quien nadie podía tocar. Abandonado de todos y maldito, se encuentra ahora, de golpe con una mano tendida hacia él que lo integra a la sociedad, a la vida de los hombres.
    • Jesús al decretar “queda limpio”, penetra hasta la misma entraña de aquel hombre maldito y lo proclama transformado y puro; todo el perdón de Dios se hace presente en esa frase. Sin embargo, Jesús teme que no se comprenda esta curación y el carisma que posee como signo del reino, por eso obliga al que ha sido objeto de milagro a guardar el secreto y le ordena someterse a los exámenes legales.
    • Lo envía al sacerdote. Sus palabras tienen eficiencia externa; el leproso queda sano pero ahora al presentarse al sacerdote para que dé testimonio de su nueva situación; podrá formar parte del antiguo pueblo de la alianza y de sus promesas.
    • Finalmente, rehuye la admiración de la muchedumbre que podrían interpretar mal sus milagros.
    • Ese perdón de Dios que Jesús ha ofrecido a los marginados de la tierra tiene que constituir ahora el fundamento de la vida y preocupación de la Iglesia. El discípulo es signo de encuentro con la salvación que Jesús ofrece.
    • La experiencia de ser curados, de ser redimidos es nuestro anuncio más gozoso y la fuerza para evitar todo tipo de exclusión y marginación.
    • Jesús termina la escena curando a los enfermos que le traen y, a la vez, orando a Dios en soledad. La unión de la oración personal y servicio a los necesitados constituye un elemento primordial de toda auténtica existencia de discípulos.

 

Para discernir

 

  • ¿Tenemos la misma actitud de cercanía y apoyo de Jesús para con los que sufren?
  • ¿Somos conscientes que lo que desfigura al hombre es, ante todo el “no-amor?
  • ¿Somos conscientes que ser solidarios y extender la mano hacia el que sufre es ya un medio para curarlo?

 

Para rezar

 

La fe vence al mundo.

La fe en el Hijo tiene la fuerza en si misma

para vencer el temor a la muerte;

tiene luz para iluminar la oscuridad

de la vida y de la muerte;

tiene coraje para superar el miedo que nos paraliza;

curar las heridas de los fracasos

en la lucha por cambiar este mundo

y convertirlo en reino de Dios.

Nuestra fe vence al mundo.

No nos deja encerrarnos en lo finito e inmediato.

Nos mantiene despiertos, con capacidad de lucha

y de superación hacia el futuro.

La fe es confianza en el Dios

que hace posible lo que parece imposible;

que cumple sus promesas,

a veces por caminos desconocidos para nosotros.
Nuestra victoria es la fe:

seguir creyendo en Jesús,

seguir apostando por su Causa,

sin acobardarnos y dejando la vida en el empeño,

si fuera preciso, como Jesús…

 

12 de enero

 

Es necesario que Él crezca y que yo disminuya

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan    5, 14-21

 

Hijos míos:

Tenemos plena confianza de que Dios nos escucha si le pedimos algo conforme a su voluntad. Y sabiendo que él nos escucha en todo lo que le pedimos, sabemos que ya poseemos lo que le hemos pedido.

El que ve a su hermano cometer un pecado que no lleva a la muerte, que ore y le dará la Vida. Me refiero a los que cometen pecados que no conducen a la muerte, porque hay un pecado que lleva a la muerte; por este no les pido que oren. Aunque toda maldad es pecado, no todo pecado lleva a la muerte.

Sabemos que el que ha nacido de Dios no peca, sino que el Hijo de Dios lo protege, y el Maligno no le puede hacer nada. Sabemos que somos de Dios, y que el mundo entero está bajo el poder del Maligno. Y sabemos también que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado inteligencia para que conozcamos al que es Verdadero; y nosotros permanecemos en el que es Verdadero, en su Hijo Jesucristo. El es el Dios verdadero y la Vida eterna.

Hijitos míos, cuídense de los ídolos…

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO    Sal 149, 1-2. 3-4. 5-6a y 9b (R.: 4a)

 

R.    El Señor tiene predilección por su pueblo.

 

Canten al Señor un canto nuevo,

resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;

que Israel se alegre por su Creador

y los hijos de Sión se regocijen por su Rey. R.

 

Celebren su Nombre con danzas,

cántenle con el tambor y la cítara,

porque el Señor tiene predilección por su pueblo

y corona con el triunfo a los humildes. R.

 

Que los fieles se alegren por su gloria

y canten jubilosos en sus fiestas.

Glorifiquen a Dios con sus gargantas

ésta es la victoria de todos sus fieles. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    3, 22-30

 

Jesús fue con sus discípulos a Judea. Permaneció allí con ellos y bautizaba. Juan seguía bautizando en Enón, cerca de Salim, porque había mucha agua en ese lugar y la gente acudía para hacerse bautizar. Juan no había sido encarcelado todavía.

Se originó entonces una discusión entre los discípulos de Juan y un judío, acerca de la purificación. Fueron a buscar a Juan y le dijeron: «Maestro, el que estaba contigo al otro lado del Jordán y del que tú has dado testimonio, también bautiza y todos acuden a él.»

Juan respondió: «Nadie puede atribuirse nada que no haya recibido del cielo. Ustedes mismos son testigos de que he dicho: “Yo no soy el Mesías, pero he sido enviado delante de él.”

En las bodas, el que se casa es el esposo; pero el amigo del esposo, que está allí y lo escucha, se llena de alegría al oír su voz. Por eso mi gozo es ahora perfecto. Es necesario que él crezca y que yo disminuya.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Leemos hoy la conclusión de la primera Epístola de san Juan. La «oración» es un signo de nuestra «comunión» con Dios. Es el testimonio de que estamos en «unidad» con El, de que “vivimos de acuerdo con su voluntad”. Si pedimos al Hijo de Dios algo según su voluntad, nos escucha y esa comunión de vida con Cristo Jesús nos llena de confianza ahora y ante el momento del juicio.
  • Esta confianza se extiende también al caso del pecado. Todos somos pecadores, pero «el engendrado de Dios», o sea, Cristo Jesús, «nos guarda» y nos da fuerza en nuestra lucha contra el mal.
  • San Juan utiliza aquí una distinción entre el «pecado que lleva a la muerte» y que se contrapone al «pecado que no lleva a la muerte». No se trata del pecado mortal y el pecado venial. Del conjunto de su carta se puede deducir que, como la meta del cristiano es la comunión de vida con Dios, todo aquello que impida esta meta es pecado que lleva a la muerte.
  • Por tanto, el pecado que consista en no estar en comunión con Dios, o en no creer en Jesús, que es el que nos da la vida, es un pecado de muerte. La apostasía, por ejemplo, que es el caso que seguramente preocupaba a Juan a fines del siglo I. Pero ya antes había dicho que el pecado que verdaderamente lleva a la muerte es el pecado del homicida, del que ciertamente aborrece a su hermano y por eso es un asesino.
  • El odio nos hace “permanecer en la muerte” y no «pasar de la muerte a la vida». porque equivale a la apostasía, al no guardar el mandamiento fundamental del cristiano. La carta termina con la advertencia de guardarnos de los “ídolos”. La idolatría es adorar, no a Cristo Jesús, sino a otros dioses creados por nosotros y por el mundo que se opondrán en nuestro camino de comunión con Dios y con los hermanos. El, egoísmo es la idolatría más común, más generalizada y el camino más seguro hacia la muerte.
  • A pesar de todo, se nos invita a no perder la confianza porque la experiencia nos muestra que muchos de nuestros pecados, paradójicamente, pueden conducirnos a Dios en la medida que seamos honestos y lúcidos para reconocer nuestros límites y nuestra incapacidad de realizar, nuestra vida con nuestras solas fuerzas.
  • Nuestra certeza se arraiga profundamente en la fe que nos da el conocimiento verdadero del misterio que se nos revela en Jesús.

***

  • El último día ferial de la Navidad nos presenta una vez más el testimonio del Bautista. Los discípulos del Bautista sienten celos porque Jesús también está bautizando. Pero Juan muestra la coherencia con su lugar de precursor volviendo a recordarles que no es el “Mesías”.
  • El Bautista emplea la hermosa y antigua imagen del esposo que recibe a la novia. El esposo es Jesús. La gente que acude a Él es el nuevo Israel, la amada esposa anunciada por los profetas. Son los tiempos de las bodas del Mesías con su pueblo, y Juan se alegra al escuchar el eco de su voz, como el amigo del novio, que lo asiste y es testigo de su alianza de amor. Como amigo se goza con que el novio ocupe el lugar principal, crezca entre los suyos y realice plenamente su misión. Él sabe que no es la Palabra, sino la voz que le hace eco. No se busca a sí mismo. Es testigo de Otro, le prepara el camino y dirige hacia Él a sus discípulos y lo dice claramente: «Él tiene que crecer y yo tengo que menguar».
  • Este es el Juan Bautista que nos presenta el cuarto evangelio: el hombre que conoce perfectamente la verdad de Jesús y conoce también a la perfección la propia verdad. De ahí que puede experimentar la verdadera alegría que brota de la conciencia de la propia verdad y de la propia misión; del conocimiento y la celebración de quien es la Verdad.
  • Quien aspira por encima de sus posibilidades fracasa. Del mismo modo que quien aspira por debajo de sus posibilidades enferma. Por eso es tan importante conocer nuestra propia verdad.
  • Juan Bautista vio su verdad en relación con la verdad de Jesús y la vivió en función de ésta. Ni se encogió ni se agrandó. La verdad del propio conocimiento no pasa por centrarse en uno mismo, sino en seguir a Jesús y bajo su luz descubrirnos y reconocernos.
  • La fe y actitud de Juan Bautista es modelo para el discípulo de Cristo; un ejemplo a seguir para todo aquel que quiera ser testigo fiel de Cristo en el mundo.
  • Ser testigo del Mesías, conducir siempre a Jesús, que sea recibido por todos, que crezcan en el amor y en la fe como suyos, que ocupe el primer lugar en las vidas de todos aquellos a quienes se proclama el evangelio, de quienes forman las comunidades cristianas. Juan no ha dudado ni un momento en disminuir, en ocultarse hasta desaparecer, con tal de que Él, Jesús el Mesías, crezca, resplandezca con toda su luz y sea aceptado y creído por los otros.

 

Para discernir

 

  • ¿Nos predicamos a nosotros mismos, en nuestro testimonio cristiano?
  • ¿Queremos triunfar nosotros, o que triunfe el Reino, el amor de Dios?
  • ¿Sabemos ocupar nuestro lugar o deseamos los de los otros?

 

Para rezar

 

Oración del testigo

 

Es hora de ser tus testigos, Señor del alba.
Es hora de construir juntos la Civilización del amor.
Es hora de salir a las plazas y ciudades como hermanos.
Es hora de hacer del mundo un arco iris de unidad y de color.

Es hora de anunciar la vida desde la vida hecha fiesta.
Es hora de gritar al mundo de los hombres tu salvación.
Es hora de gritar como voceros del alba a hombres y mujeres,
que el Crucificado ha resucitado, y el mundo sabe a redención.

Es hora de vivir en la luz y abrir caminos sin fronteras.
Es hora de darse la mano y hacer un coro grande al sol.
Es hora de decir a los miedosos; no teman, tengan ánimo,
que el mundo, el corazón del mundo, vive en Resurrección.

Es hora de juntarnos como amigos en un solo pueblo.
Es hora de marchar unidos sembrando la paz y el amor.
Es hora de llamar al hombre hermano, hermano mío.
Es hora de vivir en armonía, en lazos de hermandad y comunión.

Que así sea.