TIEMPO PASCUAL – OCTAVA DE PASCUA – CICLO C

DOMINGO DE PASCUA – CICLO C

 

Lunes de la octava de Pascua

 

Martes de la octava de Pascua

 

Miércoles de la octava de Pascua

 

Jueves de la octava de Pascua

 

Viernes de la octava de Pascua

 

Sábado de la octava de Pascua

 

DOMINGO DE PASCUA – CICLO C

 

Nos amó y nos salvó

 

Lectura de los Hechos de los apóstoles    10, 34a. 37-43

 

Pedro, tomando la palabra, dijo: «Ustedes ya saben qué ha ocurrido en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicaba Juan: cómo Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo, llenándolo de poder. El pasó haciendo el bien y curando a todos los que habían caído en poder del demonio, porque Dios estaba con él.

Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en el país de los judíos y en Jerusalén. Y ellos lo mataron, suspendiéndolo de un patíbulo. Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió que se manifestara, no a todo el pueblo, sino a testigos elegidos de antemano por Dios: a nosotros, que comimos y bebimos con él, después de su resurrección.

Y nos envió a predicar al pueblo, y a atestiguar que él fue constituido por Dios Juez de vivos y muertos. Todos los profetas dan testimonio de él, declarando que los que creen en él reciben el perdón de los pecados, en virtud de su Nombre.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 117, 1-2. 16ab-17. 22-23 (R.: 24)

 

R.    Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él.

 

íDen gracias al Señor, porque es bueno,

porque es eterno su amor!

Que lo diga el pueblo de Israel:

íes eterno su amor! R.

 

La mano del Señor es sublime,

la mano del Señor hace proezas.

No, no moriré:

viviré para publicar lo que hizo el Señor. R.

 

La piedra que desecharon los constructores

es ahora la piedra angular.

Esto ha sido hecho por el Señor

y es admirable a nuestros ojos. R.

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Colosas        3, 1-4

 

Hermanos:

Ya que ustedes han resucitado con Cristo, busquen los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. Tengan el pensamiento puesto en las cosas celestiales y no en las de la tierra. Porque ustedes están muertos, y su vida está desde ahora oculta con Cristo en Dios. Cuando se manifieste Cristo, que es nuestra vida, entonces ustedes también aparecerán con él, llenos de gloria.

 

Palabra de Dios.

 

    O bien:

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto        5, 6b-8

 

Hermanos:

¿No saben que «un poco de levadura hace fermentar toda la masa»? Despójense de la vieja levadura, para ser una nueva masa, ya que ustedes mismos son como el pan sin levadura. Porque Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.

Celebremos, entonces, nuestra Pascua, no con la vieja levadura de la malicia y la perversidad, sino con los panes sin levadura de la pureza y la verdad.

 

Palabra de Dios.

 

Secuencia de Pascua

 

(Debe decirse hoy; en los días de la octava, es optativa)

 

Cristianos,

ofrezcamos al Cordero pascual

nuestro sacrificio de alabanza.

El Cordero ha redimido a las ovejas:

Cristo, el inocente,

reconcilió a los pecadores con el Padre.

 

La muerte y la vida se enfrentaron

en un duelo admirable:

el Rey de la vida estuvo muerto,

y ahora vive.

 

Dinos, María Magdalena,

¿qué viste en el camino?

He visto el sepulcro del Cristo viviente

y la gloria del Señor resucitado.

 

He visto a los ángeles,

testigos del milagro,

he visto el sudario y las vestiduras.

Ha resucitado a Cristo, mi esperanza,

y precederá a los discípulos en Galilea.

 

Sabemos que Cristo resucitó realmente;

tú, Rey victorioso,

ten piedad de nosotros.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    20, 1-9

 

El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»

Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.

 

Palabra del Señor.

 

(Donde se celebre Misa vespertina, también puede leerse el Evangelio)

 

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    24, 13-35

 

Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.

Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. El les dijo: «¿Qué comentaban por el camino?»

Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: «íTú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!»

«¿Qué cosa?», les preguntó.

Ellos respondieron: «Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron.»

Jesús les dijo: «íHombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?» Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él.

Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba.»

El entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista.    

Y se decían: «¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?»

En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: «Es verdad, íel Señor ha resucitado y se apareció a Simón!»

Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • En este Domingo de Pascua podemos gritar desde lo más profundo de nuestro corazón:

“¡Nos amó y nos salvó! ¡Creo que Cristo ha resucitado de entre los muertos y nos da a todos la Vida!”.

  • La Buena Nueva de la Resurrección de Jesús es palabra poderosa que impulsa nuestra vida de discípulos.
  • Somos cristianos porque creemos que Jesús ha resucitado de la muerte, está vivo, está en medio de nosotros, está presente en nuestro caminar histórico, es causa de vida nueva y anticipo de nuestra vida definitiva.
  • Jesús ha resucitado de la muerte; es posible una nueva mirada sobre el mundo. La resurrección de Jesús tiene un significado y una fuerza que vale para toda la humanidad, para toda la creación, para toda realidad y de un modo especial para los dolores y sufrimientos que afligen a los hombres.
  • La Buena Noticia de que Cristo ha resucitado: se va tejiendo con nuestro pecado, con nuestras dudas, con nuestro egoísmo, con nuestra tristeza, levantando nuestra mirada hacia el gran horizonte de Dios, desde donde podemos comprender el sentido y el valor de todas las cosas.
  • Cristo Resucitado se clava en nuestro corazón, nos despierta y desencadena una lucha entre la vida y la muerte, entre la esperanza y la desesperación, entre la resignación y la consolación.
  • La experiencia pascual nos empuja a una vida marcada por búsquedas y encuentros, por conversión y respuesta de fe, por ideales y realizaciones concretas.

***

  • La primera lectura nos presenta un extracto del discurso de Pedro en la casa del pagano Cornelio. A diferencia de sus discursos, en Jerusalén ante los judíos, Pedro no hace citas bíblicas ni invoca “al Dios de los Padres”; sino que se apoya en la vida de Jesús de Nazaret, un hombre que “pasó haciendo el bien” porque “Dios estaba con Él”. Los apóstoles, son testigos de eso y que Dios lo resucitó de entre los muertos, constituyéndolo en el que Vive por excelencia, juez del fin de los tiempos. Por Él, Dios realizó la reconciliación definitiva con los hombres dándoles su perdón.

***

  • El mensaje del Evangelio es claro: sólo el amor puede hacernos ver a Jesús en su nueva dimensión; sólo quien primero acepta su camino de renuncia y de entrega, puede compartir su vida nueva.
  • Inútil es, como Pedro, hurgar entre las vendas, buscar explicaciones. La fe en la Pascua, es una experiencia sólo accesible a quienes escuchan el Evangelio del amor y lo llevan a la práctica.
  • La Resurrección, no es una verdad puramente teórica, que pueda ser aceptada intelectualmente, sino que es una verdad vital, existencial que involucra íntima y vitalmente a la totalidad de la persona, que sólo puede ser acogida en la fe y en la conversión.
  • Creer en la resurrección de Jesús, no es sólo tener certeza de la resurrección, sino resucitar, como nos dice san Pablo. Creer en la resurrección, nos propone una calidad de vida, que nada tiene que ver con la búsqueda que se hace con propuestas de tipo social y económico. Se trata de una experiencia de vida tal, que nos lleva más allá de toda miseria y de toda muerte absurda. Dios nos ha destinado a vivir con El de una manera absolutamente distinta y renovada.
  • Creer es realizar en la vida, la misma experiencia de la vida de Jesús. Es ponernos en su camino y en el camino de nuestra glorificación resueltamente y sin hacer marcha atrás. Jesús vivió su glorificación subiendo a la cruz como servicio y entrega por todos.
  • El que ama entregando su vida, va teniendo la vida y confirma ante el mundo la fuerza de la resurrección. Sólo esta experiencia de la nueva vida inaugurada por el Resucitado puede quitar a la muerte y a la violencia su dominio. Sin esa experiencia, nada de lo que digamos sobre la resurrección podrá convencer a los otros. Tenemos que ser testigos de la resurrección, resucitando y ayudando a alumbrar la nueva vida.
  • Somos testigos de la resurrección trabajando por la vida, por la convivencia en paz, estando junto a los pobres y marginados, a los desprotegidos, a los excluidos. Somos testigos de la resurrección cuando no nos doblegamos ante los partidarios de la muerte, los asesinos, los violentos, los explotadores, los racistas y extremistas de toda clase. Sólo trabajando por y para la vida es creíble la fe en una vida eterna y feliz.
  • Como nos ha dicho Pablo, los cristianos, hemos de celebrar nuestra Pascua no con levadura vieja, levadura de corrupción y de maldad, sino con los panes nuevos de la sinceridad y de la verdad.

 

Para discernir

 

  • ¿Creo verdaderamente en la Resurrección?
  • ¿Creo en su fuerza salvadora hoy y aquí?
  • ¿Vivo como resucitado?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Nos amó y nos salvó

 

Para la lectura espiritual


 

EL SEÑOR HA RESUCITADO VERDADERAMENTE

Meditación para el día de pascua

 

…”¡Qué conmoción sacudiría al mundo si leyéramos un día en la prensa: «se ha descubierto una hierba medicinal contra la muerte»! Desde que la humanidad existe, se ha estado buscando tal hierba. Ella espera una medicina contra la muerte, pero, al mismo tiempo, teme a esa hierba. Sólo el hecho de que en una parte del mundo la esperanza de vida se haya elevado de 30 a 70 años ha creado ya problemas casi insolubles.

La iglesia nos anuncia hoy con triunfal alegría: esa hierba medicinal contra la muerte se ha encontrado ya. Existe una medicina contra la muerte y ha producido hoy su efecto: Jesús ha resucitado y no volverá ya a morir. Lo que es posible una vez, es fundamentalmente posible y así esta medicina vale para todos nosotros. Todos nosotros podemos hacernos cristianos con Cristo e inmortales. ¿Pero cómo? Esto debería ser nuestra pregunta más viva. Para encontrar la respuesta, debemos sobre todo preguntar: ¿cómo es que resucitó? Pero, sobre eso, se nos da una simple información que se nos confía a todos: él resucitó porque era no sólo un hombre, sino también hijo de Dios. Pero era también un hombre real y lo fue por nosotros. Y así sigue, por su propio peso, la próxima pregunta: ¿cómo aparece este «ser-hombre» que une con Dios y que debe ser el camino para todos nosotros? Y parece claro que Jesús vive toda su vida en contacto con Dios. La Biblia nos informa de sus noches pasadas en oración. Siempre queda claro esto: él se dirige al Padre. Las palabras del Crucificado no se nos refieren en los cuatro evangelios de un modo unitario, pero todos coinciden en afirmar que él murió orando. Todo su destino se halla establecido en Dios y se traduce así en la vida humana. Y siendo así las cosas, él respira la atmósfera de Dios: el amor. Y por ello es inmortal y se halla por encima de la muerte. Y ya tenemos las primeras aplicaciones a nosotros: nuestro pensar, sentir, hablar, el unir nuestra acción con la idea de Dios, el buscar la realidad de su amor, éste es el camino para entrar en el espacio de la inmortalidad.

Pero queda todavía otra pregunta. Jesús no era inmortal en el sentido en el que los hombres deseaban serlo desde tiempos inmemoriales, cuando buscaban la hierba contra la muerte. Él murió. Su inmortalidad tiene la forma de la resurrección de la muerte, que tuvo lugar primero. ¿Qué es lo que debe significar esto? El amor es siempre un hecho de muerte: en el matrimonio, en la familia, en la vida común de cada día. A partir de ahí, se explica el poder del egoísmo: él es una huida comprensible del misterio de la muerte, que se halla en el amor. Pero, al mismo tiempo, advertimos que sólo esa muerte que está en el amor hace fructificar; el egoísmo, que trata de evitar esa muerte, ese es el que precisamente empobrece y vacía a los hombres. Solamente el grano de trigo que muere fructifica.

El egoísmo destruye el mundo; él es la verdadera puerta de entrada de la muerte, su poderoso estímulo. En cambio, el Crucificado es la puerta de la vida. Él es el más fuerte que ata al fuerte. La muerte, el poder más fuerte del mundo, es, sin embargo, el penúltimo poder, porque en el Hijo de Dios el amor se ha mostrado como más fuerte. La victoria radica en el Hijo y cuanto más vivamos como él, tanto más penetrará en este mundo la imagen de aquel poder que cura y salva y que, a través de la muerte, desemboca en la victoria final: el amor crucificado de Jesucristo”…

 

JOSEPH RATZINGER -EL ROSTRO DE DIOS- SÍGUEME. SALAMANCA-1983.Págs. 84 s.

 

Para rezar

 

“Mi fe

en la Resurrección

ha transfigurado mi vida;

he recibido

la fuerza que da

el Amor de Jesucristo;

mi corazón se ha abierto

al conocimiento

y a la caridad;

mis conversiones me hacen crecer

en sabiduría

y santidad”

 

Franck Widro

 

Lunes de la octava de Pascua

 

Alégrense

 

Lectura de los Hechos de los apóstoles    2, 14. 22-32

 

El día de Pentecostés, Pedro poniéndose de pie con los Once, levantó la voz y dijo:

«Hombres de Judea y todos los que habitan en Jerusalén, presten atención, porque voy a explicarles lo que ha sucedido.

A Jesús de Nazaret, el hombre que Dios acreditó ante ustedes realizando por su intermedio los milagros, prodigios y signos que todos conocen, a ese hombre que había sido entregado conforme al plan y a la previsión de Dios, ustedes lo hicieron morir, clavándolo en la cruz por medio de los infieles. Pero Dios lo resucitó, librándolo de las angustias de la muerte, porque no era posible que ella tuviera dominio sobre él.

En efecto, refiriéndose a él, dijo David: “Veía sin cesar al Señor delante de mí, porque él está a mi derecha para que yo no vacile. Por eso se alegra mi corazón y mi lengua canta llena de gozo. También mi cuerpo descansará en la esperanza, porque tú no entregarás mi alma al Abismo, ni dejarás que tu servidor sufra la corrupción. Tú me has hecho conocer los caminos de la vida y me llenarás de gozo en tu presencia.”

Hermanos, permítanme decirles con toda franqueza que el patriarca David murió y fue sepultado, y su tumba se conserva entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como él era profeta, sabía que Dios le había jurado que un descendiente suyo se sentaría en su trono. Por eso previó y anunció la resurrección del Mesías, cuando dijo que no fue entregado al Abismo ni su cuerpo sufrió la corrupción. A este Jesús, Dios lo resucitó, y todos nosotros somos testigos.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 15, 1-2a y 5. 7-8. 9-10. 11 (R.: 1)

 

R.    Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti.

 

Protégeme, Dios mío,

porque me refugio en ti.

Yo digo al Señor:

«Señor, tú eres mi bien.»

El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz,

¡Tú decides mi suerte! R.

 

Bendeciré al Señor que me aconseja,

¡Hasta de noche me instruye mi conciencia!

Tengo siempre presente al Señor:

Él está a mi lado, nunca vacilaré. R.

 

Por eso mi corazón se alegra,

se regocijan mis entrañas

y todo mi ser descansa seguro:

porque no me entregarás a la Muerte

ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro. R.

 

Me harás conocer el camino de la vida,

saciándome de gozo en tu presencia,

de felicidad eterna a tu derecha. R.

 

Secuencia optativa

   

Cristianos,

ofrezcamos al Cordero pascual

nuestro sacrificio de alabanza.

El Cordero ha redimido a las ovejas:

Cristo, el inocente,

reconcilió a los pecadores con el Padre.

 

La muerte y la vida se enfrentaron

en un duelo admirable:

el Rey de la vida estuvo muerto,

y ahora vive.

 

Dinos, María Magdalena,

¿qué viste en el camino?

He visto el sepulcro del Cristo viviente

y la gloria del Señor resucitado.

 

He visto a los ángeles,

testigos del milagro,

he visto el sudario y las vestiduras.

Ha resucitado a Cristo, mi esperanza,

y precederá a los discípulos en Galilea.

 

Sabemos que Cristo resucitó realmente;

tú, Rey victorioso,

ten piedad de nosotros.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    28, 8-15

 

Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos.

De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: «Alégrense.» Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él. Y Jesús les dijo: «No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán.»

Mientras ellas se alejaban, algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que había sucedido. Estos se reunieron con los ancianos y, de común acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero, con esta consigna: «Digan así: “Sus discípulos vinieron durante la noche y robaron su cuerpo, mientras dormíamos.” Si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a ustedes cualquier contratiempo.»

Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna. Esta versión se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Los discípulos se encontraban reunidos en una casa por temor a las autoridades judías. El Espíritu de Jesús irrumpe y los obliga a salir de la casa, a enfrentar la realidad. Pedro, que hacía pocos días había negado a Jesús, asustado ante los guardias y las criadas del palacio de Pilato, jurando desconocerlo, ahora comienza, ante el pueblo y ante las autoridades de Israel a dar un testimonio valiente. Se pone de pie, toma la palabra para aclarar lo que ha ocurrido. El viento fuerte que sacudió el poblado provocó una aglomeración.
  • Este “ponerse de pie” expresa la transformación: han pasado de un estado de postración y de temor, a un salto decisivo hacia adelante. Pedro centra con decisión su anuncio en la muerte y resurrección de Jesús y afirma que ya estaba anunciada proféticamente. Luego acaba diciéndoles que lo han vuelto a ver más vivo que antes.
  • La potencia extraordinaria de la primitiva Iglesia, viene por entero de la convicción que Jesús ha resucitado, está vivo y camina junto a su pueblo. Sosteniendo el dinamismo de la acción de los apóstoles, hay un único “actor”, el Señor Jesús viviente, glorificado, resucitado, que actúa en su Iglesia por la potencia del Espíritu.

***

  • El evangelio nos coloca frente a un hecho cierto que nadie se atreve a negar; el sepulcro vacío. Dos grupos de personas han visto el sepulcro vacío y corren a anunciarlo, aunque de forma muy distinta: las mujeres y los guardias. Del sepulcro vacío, no se deduce con evidencia la resurrección de quien había sido puesto en él. El relato de Mateo recoge dos posibilidades: que Jesús ha resucitado; o que el cadáver de Jesús había sido robado.
  • Las mujeres buscan en el sepulcro a Jesús el crucificado. Pero al verlo vacío, y al oír las palabras del ángel que les asegura que ha resucitado, vuelven rápidamente, con temor y gran gozo.
  • El estado de angustia y sufrimiento por la muerte del Maestro es reemplazado por la decisión y el entusiasmo. Salen dispuestas a anunciar la “Buena Noticia”. En el camino mismo Jesús les sale al paso. Ellas venían en busca de un muerto y ahora lo encuentran vivo invitándolas a la alegría y a la confianza: Alégrense, no tengan miedo.
  • Luego les confirma la certeza de su misión, las envía a dar las noticias a toda la comunidad cristiana, y a congregar a los discípulos en Galilea, en el sitio de partida. La resurrección es el nuevo comienzo, el primer día de la nueva creación. Las mujeres, las primeras protagonistas de este acontecimiento.
  • Por otro lado, después de la noticia que dan los soldados, está el propósito de los sacerdotes judíos de contrarrestar la noticia de la resurrección de Jesús. Saben que este hecho les debilitará todo lo que han querido hacer aparecer contra la vida y la obra del Nazareno. La Buena Noticia que encierra la resurrección, será su preocupación y para desvirtuarla pondrán todas sus energías y recursos. Pero sus intentos siempre terminarán en fracaso ya que la resurrección de Jesús no es un hecho controlable, sino un hecho sobrenatural admisible únicamente desde la fe.
  • Corren así desde el mismo día dos versiones, una cierta y otra engañosa, una verdadera y otra mentirosa, que quieren ser dueñas del corazón de los hombres. La versión de los apóstoles se alimenta del testimonio inmediato de aquellos que vieron la tumba vacía y se encontraron con el Resucitado; la versión de los sumos sacerdotes se alimenta del engaño armado por el temor y el odio. La versión genuina cuenta con el poder del Espíritu Santo; la falsa, con el poder del dinero y las trampas humanas. La primera trae la noticia novedosa del perdón; la segunda, la noticia vieja del poder malsano y la envidia.
  • El mundo de muchas maneras ha tratado y seguirá tratando de detener el anuncio del Reino, de negar de una o de otra forma, que Jesús ha resucitado y que la Vida en Abundancia es posible; que hemos sido perdonados de nuestros pecados, que el Espíritu vive en nosotros y somos una nueva criatura en Cristo. Sin embargo Jesús continua saliéndonos al camino, para decirnos: “No tengan miedo y alégrense”.
  • La Resurrección de Jesús no es sólo una noticia, una verdad a creer o un acontecimiento a recordar: es una fuerza de vida que el “que Vive” nos quiere comunicar a cada uno.
  • El encuentro con el Resucitado es una llamada; volver a la vida cotidiana con el deseo renovado de querer continuar realizando el proyecto que el Reino que Jesús inició, precisamente en Galilea. El Resucitado nos invita a salir, a convocar a otros, a vivir siendo Buena Noticia para los demás, a compartir con otros lo que para nosotros es la Vida. Vivir la alegría de sentirnos discípulos enviados a la Misión, es el criterio para saber si de verdad nos hemos encontrado con el Resucitado.

 

Para discernir

 

  • ¿Abro mi corazón a la experiencia de un Dios que me salva?
  • ¿Trato de encuadrar a Dios en mis esquemas y límites?
  • ¿La experiencia de la Pascua me renueva en la esperanza?
  • ¿Creo que Dios tiene la última palabra y me abandono a ella?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Toda mi vida descansa segura

 

Para la lectura espiritual

 

«Ve a mis hermanos y diles: ‘Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro’» (Jn 20,17)

 

…”En la atmósfera del gozo pascual la liturgia nos conduce de nuevo al sepulcro dónde, según el relato de san Mateo, María de Magdala y la otra María, guiadas por su amor a Jesús, fueron a visitar el sepulcro. El evangelista narra que él les salió al encuentro y les dijo: «no tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán». Realmente fue un gozo indecible el que ellas experimentaron al ver de nuevo al Señor y, llenas de entusiasmo, corrieron a comunicar la nueva a los discípulos.

El Resucitado es el que nos repite también a nosotros, al igual que lo hizo con estas mujeres que permanecieron al lado de Jesús durante la Pasión, que no tengamos miedo al recibir el mensaje del anuncio de su resurrección. El que se encuentra con Jesús resucitado y dócilmente se pone a seguirle, no tiene nada que temer. Este es el mensaje que los cristianos son llamados a difundir hasta los extremos de la tierra. La fe cristiana, como sabemos, no nace por acoger una doctrina sino del encuentro con una persona: Cristo muerto y resucitado. En nuestra existencia cotidiana hay numerosas ocasiones para comunicar a los otros nuestra fe de una manera simple y convencida, de tal manera que es posible que su fe nazca del encuentro con nosotros”…

 

Papa Benedicto XVI – Homilía

 

Para rezar

 

PASCUA

 

Creemos y esperamos en Jesús de Nazaret.

Sólo en él están la fuerza y la victoria.

Dios los resucitó d entre los muertos

llevándonos a todos del cuarto oscuro de todas la tinieblas

al patio luminoso y alegre del amor.

El nos muestra al Dios a quien no vemos.

Pensando en él, por él y para él

imaginó Dios e hizo todas las cosas

El es también el líder, la cabeza,

lazo de unión, noticia alegre,

la fiesta, bandera y esperanza

de todo nuestro pueblo.

El primero de todos, el más audaz,

el más comprometido,

el amigo mejor, el que no falla,

el hermano más fiel y generoso,

el hijo más cercano del Padre.

Creemos en Tí Jesús.

Nos dijiste las más lucidas y verdaderas palabras

de vida y esperanza,

palabras que dan sentido a la vida.

Nos dejaste tu propia muerte

como un

chorro de vida,

tu vida como un grito de gozo

y de combate. Amén

 

Martes de la octava de Pascua

 

Reconocer su voz

 

Lectura de los Hechos de los apóstoles    2, 36-41

 

El día de Pentecostés, Pedro dijo a los judíos:

«Todo el pueblo de Israel debe reconocer que a ese Jesús que ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías.»

Al oír estas cosas, todos se conmovieron profundamente, y dijeron a Pedro y a los otros Apóstoles: «Hermanos, ¿qué debemos hacer?»

Pedro les respondió: «Conviértanse y háganse bautizar en el nombre de Jesucristo para que les sean perdonados los pecados, y así recibirán el don del Espíritu Santo. Porque la promesa ha sido hecha a ustedes y a sus hijos, y a todos aquellos que están lejos: a cuantos el Señor, nuestro Dios, quiera llamar.»

Y con muchos otros argumentos les daba testimonio y los exhortaba a que se pusieran a salvo de esta generación perversa.

Los que recibieron su palabra se hicieron bautizar; y ese día se unieron a ellos alrededor de tres mil.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 32, 4-5. 18-19. 20 y 22 (R.: 5b)

 

R.    La tierra está llena del amor del Señor.

 

La palabra del Señor es recta

y él obra siempre con lealtad;

él ama la justicia y el derecho,

y la tierra está llena de su amor. R.

 

Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,

sobre los que esperan en su misericordia,

para librar sus vidas de la muerte

y sustentarlos en el tiempo de indigencia. R.

 

Nuestra alma espera en el Señor;

él es nuestra ayuda y nuestro escudo.

Señor, que tu amor descienda sobre nosotros,

conforme a la esperanza que tenemos en ti. R.

 

Secuencia optativa

 

Cristianos,

ofrezcamos al Cordero pascual

nuestro sacrificio de alabanza.

El Cordero ha redimido a las ovejas:

Cristo, el inocente,

reconcilió a los pecadores con el Padre.

 

La muerte y la vida se enfrentaron

en un duelo admirable:

el Rey de la vida estuvo muerto,

y ahora vive.

 

Dinos, María Magdalena,

¿qué viste en el camino?

He visto el sepulcro del Cristo viviente

y la gloria del Señor resucitado.

 

He visto a los ángeles,

testigos del milagro,

he visto el sudario y las vestiduras.

Ha resucitado a Cristo, mi esperanza,

y precederá a los discípulos en Galilea.

 

Sabemos que Cristo resucitó realmente;

tú, Rey victorioso,

ten piedad de nosotros.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    20, 11-18

 

María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?»

María respondió: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»

Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.

Jesús le preguntó: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?»

Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo.»

Jesús le dijo: « ¡María!»

Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: «¡Raboní!», es decir, « ¡Maestro!»     Jesús le dijo: «No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: “Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes.”»

María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Pedro con claridad y valentía termina su discurso de Pentecostés ante el pueblo reunido. El, que antes de la Pascua aparecía con frecuencia lento en entender los planes de Jesús, ahora está lúcido y conducido por el Espíritu. Ha madurado en la fe y proclama el acontecimiento de la Pascua desde la perspectiva mesiánica: al Jesús a quien sus enemigos han llevado a la muerte, Dios, lo ha resucitado y ha constituido Señor y Mesías.
  • No pasa de lado el invitarlos a ser conscientes de la responsabilidad que han tomado crucificando al Mesías. Repitiendo espontáneamente las palabras de Jesús, invita al arrepentimiento y a la conversión. Lucas nos está describiendo las diversas etapas del camino de la iniciación cristiana: la conversión, creer en Cristo Jesús, abandonar el camino anterior, equivocado, propio de una «generación perversa» y recibir el bautismo de agua en nombre de Jesús.
  • El Bautismo les dará el perdón de sus pecados y el don del Espíritu. Bautismo que es para todos, los que se sientan llamados por Dios a incorporarse a la comunidad eclesial, a la comunidad del Resucitado, que empieza a crecer abundantemente.

***

  • Hoy es Juan el que nos cuenta el encuentro de María Magdalena con el Resucitado, en la mañana del primer día de la semana. Ella está llorando junto al sepulcro por la ausencia total de Jesús. No sólo ha muerto, sino que tampoco está su cadáver. La soledad y la tristeza no la dejan ir más allá del momento de profundo dolor que está viviendo. Tanto las mujeres como los demás discípulos, no creían totalmente en la promesa de la resurrección, por eso la única interpretación que se le ocurre a la Magdalena, ante la tumba vacía, es que han robado el cuerpo de su Señor.
  • Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan el motivo de su llanto. Su misma presencia gloriosa es una muestra de que el llanto no tiene sentido; pero María, en su desesperanza y desorientación sigue preguntando por su Señor sin comprender la causa de la ausencia de Jesús: sigue pensando que se debe a la acción de los otros.
  • María cree que el lugar para encontrar a Jesús es el sepulcro, sin darse cuenta que hay que mirar más allá para poder verlo de pie, como corresponde a alguien que está vivo. Es el Señor quien inmediatamente aparece, pero ella no lo alcanza a reconocer. Buscaba a un Jesús muerto, no lo reconoce vivo y lo confunde con el jardinero. El Resucitado no es «reconocible» como antes: está en una existencia nueva, y él se manifiesta a quien quiere y cuando quiere.
  • Jesús la llama por su nombre, ella lo reconoce por la voz y no mira más al sepulcro, que es el pasado, se abre para ella su horizonte propio: la nueva creación que comienza.
  • Es la experiencia personal de la fe. Es que el Buen Pastor conoce a sus ovejas y sus ovejas reconocen su voz. La fe y la salvación tienen siempre una dimensión personal, tanto en la llamada como en la respuesta. La respuesta de María es decirle Raboní, Señor mío, que era el modo de llamar a los maestros, el vínculo del amor a Jesús se realiza en términos de discipulado, de seguimiento.
  • Cuando reconoce al Maestro, se aferra con fuerza. Jesús le pide que lo suelte. La presencia del Resucitado no puede comprobarse por caminos sólo humanos. Al resucitado no se lo puede retener en este mundo. El encuentro y contacto con Jesús Resucitado se realiza en el terreno de la fe, por la palabra, «en espíritu». Magdalena no puede «retener» para sí al que acaba de encontrar resucitado, recibe una misión: tiene que ir a anunciar la buena noticia a todos. Se convierte así en «apóstol de los apóstoles».
  • Para la comunidad creyente, la fe en el Jesús resucitado significa una transformación, no es un recuerdo de algo pasado, es un proyecto de futuro. La búsqueda no tiene fin en esta vida.
  • La prueba de que ha entrado en la vida de la Magdalena, es que lo regala, lo entrega con generosidad para que sea vida en la vida de los hermanos. María, representa a todos los hombres que en Jesús, encuentran el sentido definitivo de la existencia, la clave de todos los enigmas, el remedio para todos los males.
  • Los cristianos sabemos que el Señor Resucitado es todo eso y mucho más. Pero no de una manera mágica: Él es la salvación, el perdón, la vida en plenitud, en la medida en que nos comprometemos a compartirlo con los demás. Como la Magdalena, también nosotros hemos de convertirnos en pregoneros de la gran noticia. Dios nos ha visitado en Jesucristo, a quien resucitó de entre los muertos.
  • Como Iglesia, no podemos dejar de proclamar que “Jesús vino a revelar el rostro de Dios, y alcanzar, mediante la cruz y la resurrección, la salvación para todos los hombres”. Redemptoris Missio, n. 11.
  • Como a María, nos ha llamado por nuestro nombre para anunciar la alegría de su Resurrección a todos los hombres. Que la gracia de estos días sea tan fuerte, que no podamos contener esa necesidad imperiosa de proclamarla, de compartirla con los demás.

 

Para discernir

 

  • ¿Cuáles son las muertes en las que estoy anclado y no me dejan ver al Señor Resucitado?
  • ¿Dónde se me hace más fácil escuchar su voz?
  • ¿En qué momentos sentí que me llamaba personalmente?
  • ¿Cómo me di cuenta?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Cristo, el inocente, reconcilió a los pecadores con el Padre..

 

Para la lectura espiritual

 

…”La Pascua que hemos empezado a celebrar nos interpela y nos provoca: quiere llenarnos de energía y de alegría. Se tendrá que notar en nuestro estilo de vida que creemos de verdad en la Pascua del Señor: que él ha resucitado, que se nos han perdonado los pecados, que hemos recibido el don del Espíritu y pertenecemos a su comunidad, que es la Iglesia.

Ayudados por la fe, seguramente hemos «oído» que también a nosotros el Señor nos ha mirado y ha pronunciado nuestro nombre, llamándonos a la vida cristiana, o a la vida religiosa o sacerdotal. El popular canto de Gabarain, lleno de sentimiento, está inspirado por tantas escenas del evangelio, además del caso de la Magdalena: «me has mirado a los ojos, sonriendo has dicho mi nombre». Y nosotros nos hemos dejado convencer vitalmente por esa llamada. Como los oyentes de Pedro a los que les llega su predicación al alma y preguntan qué deben hacer.

Somos enviados a anunciar la buena noticia. Pero sólo será convincente nuestro anuncio si brota de la experiencia de nuestro encuentro con el Señor.

Como Pedro y la Magdalena y las demás mujeres han quedado transformados por la Pascua, nosotros, si la celebramos bien, seremos testigos que la contagiamos a nuestro alrededor. Y los demás nos verán en nuestra cara y en nuestra manera de vida esa «libertad verdadera» y esa «alegría del cielo que ya hemos empezado a gustar en la tierra», como ha pedido la oración del día.

Claro que nosotros no acabamos de «ver» ni reconocer al Señor en nuestra vida, mucho menos que los discípulos a quienes se apareció. Pero tenemos el mérito de creer en él sin haberle visto con los ojos de la carne: «dichosos los que crean sin haber visto», como dijo Jesús a Tomás.

En la Eucaristía, tenemos cada día un encuentro pascual con el Resucitado, que no sólo nos saluda, sino que se nos da como alimento y nos transmite su propia vida. Es la mejor «aparición», que no nos permite envidiar demasiado ni a los apóstoles ni a los discípulos de Emaús ni a la Magdalena”…

 

J. ALDAZABAL ENSÉÑAME TUS CAMINOS 3. El Tiempo Pascual día tras día. Barcelona 1997. Págs. 24-27

 

 

Para rezar

 

Ante Ti, Señor

 

Jesús,
Estar aquí, ante Tí, y ya está todo,
Cerrar los ojos de mi cuerpo
Cerrar los ojos de mi alma
y quedarme así, inmóvil, silencioso,
abrirme ante ti, que estás abierto a mí.
Estar presente ante ti, el infinito presente.

Yo acepto, Señor, este no sentir nada,
no ver nada,
no oír nada,
vacío de toda idea,
de toda imagen,
en la noche.
Heme aquí simplemente
para encontrarte sin obstáculo
en el silencio de la Fe,
ante Ti, Señor.

Amén.

Michel Quoist

 

Miércoles de la octava de Pascua

 

Quédate con nosotros Señor

 

Lectura de los Hechos de los Apóstoles    3, 1-10

 

Pedro y Juan subían al Templo para la oración de la tarde. Allí encontraron a un paralítico de nacimiento, que ponían diariamente junto a la puerta del Templo llamada «la Hermosa», para pedir limosna a los que entraban. Cuando él vio a Pedro y a Juan entrar en el Templo, les pidió una limosna.

Entonces Pedro, fijando la mirada en él, lo mismo que Juan, le dijo: «Míranos.»

El hombre los miró fijamente esperando que le dieran algo. Pedro le dijo: «No tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y camina.» Y tomándolo de la mano derecha, lo levantó; de inmediato, se le fortalecieron los pies y los tobillos.

Dando un salto, se puso de pie y comenzó a caminar; y entró con ellos en el Templo, caminando, saltando y glorificando a Dios. Reconocieron que era el mendigo que pedía limosna sentado a la puerta del Templo llamada «la Hermosa», y quedaron asombrados y llenos de admiración por lo que le había sucedido.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 104, 1-2. 3-4. 6-7. 8-9 (R.: 3b)

 

R.    Alégrense, los que buscan al Señor.

 

¡Den gracias al Señor, invoquen su Nombre,

hagan conocer entre los pueblos sus proezas;

canten al Señor con instrumentos musicales,

pregonen todas sus maravillas! R.

 

¡Gloríense en su santo Nombre,

alégrense los que buscan al Señor!

¡Recurran al Señor y a su poder,

busquen constantemente su rostro. R.

 

Descendientes de Abraham, su servidor,

hijos de Jacob, su elegido:

el Señor es nuestro Dios,

en toda la tierra rigen sus decretos. R.

 

El se acuerda eternamente de su alianza,

de la palabra que dio por mil generaciones,

del pacto que selló con Abraham,

del juramento que hizo a Isaac. R.

 

Secuencia optativa

 

Cristianos,

ofrezcamos al Cordero pascual

nuestro sacrificio de alabanza.

El Cordero ha redimido a las ovejas:

Cristo, el inocente,

reconcilió a los pecadores con el Padre.

 

La muerte y la vida se enfrentaron

en un duelo admirable:

el Rey de la vida estuvo muerto,

y ahora vive.

 

Dinos, María Magdalena,

¿qué viste en el camino?

He visto el sepulcro del Cristo viviente

y la gloria del Señor resucitado.

 

He visto a los ángeles,

testigos del milagro,

he visto el sudario y las vestiduras.

Ha resucitado a Cristo, mi esperanza,

y precederá a los discípulos en Galilea.

 

Sabemos que Cristo resucitó realmente;

tú, Rey victorioso,

ten piedad de nosotros.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    24, 13-35

 

Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.

Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. El les dijo: « ¿Qué comentaban por el camino?»

Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: « ¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!»

«¿Qué cosa?», les preguntó.

Ellos respondieron: «Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron.»

Jesús les dijo: « ¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?» Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él.

Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: «Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba.»

El entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista.    

Y se decían: « ¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?»

En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: «Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!»

Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Durante algún tiempo, los discípulos continuaron siendo fieles a la liturgia del Templo. Eran hombres del Templo. No comprendieron enseguida el alcance sacerdotal y sacrificial de la muerte de Jesús y del rito del pan y del vino.
  • Pedro y Juan suben al templo a la hora nona, la hora del sacrificio de la tarde. Un hombre tullido que todos los días llevan y ponen en la puerta del Templo como si fuera un objeto, se les atraviesa en el camino y les cambia el programa. El tullido representa también al pueblo de Israel, que está inmovilizado por la práctica de la ley y por el Templo. Este pobre mira a Pedro quien responde fijando también en él la mirada.
  • Pedro sólo puede darle la fuerza del Resucitado y su Espíritu. Con esta fuerza ordena al tullido que camine y le da la mano. En ese momento, cobran fuerza sus pies y tobillos, de un salto se pone de pie, y caminando, entra con ellos en el Templo andando, saltando y alabando. La liberación del tullido es una verdadera resurrección.
  • Los Apóstoles, como continuadores de Jesús, son los depositarios de su poder taumatúrgico. La acción de Jesús no terminó con su muerte: Dios continúa actuando a través de su presencia misteriosa en su Iglesia.
  • La fuerza salvadora que brotaba de Jesús curando a los enfermos y resucitando a los muertos, es ahora energía pascual que sigue activa: el Resucitado está presente, aunque invisible, y actúa a través de su comunidad que es enviada a «proclamar el Reino de Dios y a curar».

***

  • Lucas escoge dos personas de Emaús que habían escuchado a Jesús y lo habían visto actuar, para que sean los que se encuentran con el Señor resucitado. Aparentemente no formaban parte del grupo de los más allegados, pero serán los que anunciarán al grupo de discípulos de Jesús que ha resucitado y vive.
  • El viernes último, en la cruz, todo parece haber terminado. No reconocen al caminante que se les une. Sus ojos estaban ciegos. Se ha desmoronado su fe. No creen en la resurrección, a pesar de que algunas mujeres dijeron que han visto el sepulcro vacío.
  • Jesús deja que hablen, que se desahoguen, no se da a conocer enseguida. Después les explica las Escrituras, se hunde en las raíces de la vida del pueblo de Dios para demostrarles que esto ya estaba anunciado. Los quiere llevar a “reconocerlo” haciéndolos tomar contacto, profundamente, desde el corazón, con las Escrituras, con la Palabra de Dios que es siempre viva.
  • Jesús hace camino con ellos y recorre a su lado la senda interior que lleva de la oscuridad a la luz y de la desolación a la esperanza.
  • Con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. En ese momento, se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Aquí se produce el segundo reconocimiento. En la fracción del pan reconocen vivo a Jesús. Es el cambio que ha suscitado en ellos la fuerza del resucitado. Ahora son hombres nuevos, capaces de partir y compartir la vida, el alimento, la amistad y el trabajo por un mundo más justo y humano.
  • En ese momento se dieron cuenta que la muerte del maestro no había podido apagar el ardor inicial de sus corazones, sino que desde ese mismo instante no valió otra cosa, sino la experiencia del Jesús resucitado. Comulgaron con el “Cuerpo de Cristo” y en el mismo instante se levantaron, y volvieron a Jerusalén.
  • Nadie puede quedarse quieto en su sitio contemplando a Cristo resucitado: Hay que ponerse en camino y marchar hacia los hermanos. El viaje de vuelta es exactamente lo contrario. Pascua no es un recuerdo. Es curación, salvación y vida, hoy y aquí para nosotros, que el Señor Resucitado nos comunica a través de su Iglesia, cuando proclama la Palabra salvadora y celebra sus sacramentos, en especial la Eucaristía.
  • La Pascua no es para los perfectos: fue Pascua también para el paralítico del templo y para los discípulos desanimados de Emaús. También nosotros podemos experimentar alguna vez la parálisis del mendigo y la desesperanza de los dos discípulos, que la Pascua del Señor Resucitado quiere curar.
  • Cristo Resucitado sigue haciendo camino con su pueblo y con todos los pueblos, y siempre hace ademán de seguir adelante. Jesucristo vive la comunión con el Padre Dios y también la vive con la humanidad, compartiendo con nosotros nuestros gozos y esperanzas, nuestras tristezas y angustias. Se hace compañero del hombre para darle sentido a su caminar por la vida; ilumina los acontecimientos con su Palabra y comparte su Pan.
  • Como Iglesia de Cristo debemos reunirnos para escuchar al Maestro y para partir y compartir el Pan de Vida y ponernos en camino junto al hombre que sufre, para devolverle la paz y la esperanza, con palabras que hagan arder en amor su corazón y también partiendo el pan de la propia vida para que se mitigue, por lo menos un poco, el hambre de alimento, de amor, de comprensión, de alegría, de paz.
  • El camino de Emaús, es muchas veces el camino de ida de muchos hombres, que con nuestra ayuda, debe ser de vuelta desde la oscuridad hacia la fe.

 

Para discernir

 

  • ¿Las dificultades me impiden descubrir el rostro del resucitado?
  • ¿Experimento cómo la palabra ayuda a poner luz en mis experiencias de dolor?
  • ¿Es la eucaristía encuentro con el cuerpo de Jesús que me regala su vida de resucitado?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

No tengo plata ni oro, pero ¡en nombre de Jesús, echa a andar!

 

Para la lectura espiritual

 

…La segunda lección que les impartirá Jesús será con hechos. Pero antes ha sido preciso que ellos diesen señales de vida: «Quédate con nosotros, que está atardeciendo y el día va ya de caída» (24,29). Han acogido al hombre, sin saber que era Jesús. Este ha hecho ademán de seguir adelante (24,28), para que fuesen ellos quienes tomasen la iniciativa de darle acogida. Tienen que hacerse «prójimos», acercándose a las necesidades humanas y compartiendo lo que tienen. «Y sucedió que, estando recostado con ellos a la mesa, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo ofreció» (24,30). Jesús les da la misma señal que les había dado en la escena del compartir los panes (9,16) y que los llevó a reconocerlo como Mesías (9,18-20). Se dan cuenta de que es él en la acción de compartir el pan (24,35) para que comiera de él todo Israel. Lo sienten viviente, como cuando «estaban en ascuas mientras les hablaba por el camino» (24,32).

Palabra y gesto: si queremos comprender el plan de Dios, debemos habituarnos también nosotros a compartir, como Jesús se entregó a sí mismo en un acto supremo de donación (22,19) y lo significó mediante la «partición del pan». Mientras vayamos en busca de una iglesia triunfante, bien considerada y aplaudida por los poderosos, mientras confiemos en los grandes medios de comunicación como formas de evangelización, por el estilo de los carismáticos evangelistas que dominan las televisiones americanas, remaremos contra corriente y no descubriremos nunca a Jesús en la pequeña, pobre e insignificante historia de los hombres y mujeres que nos rodean o que se nos acercan…

 

Josep Rius-Camps, El Éxodo del Hombre libre. Catequesis sobre el Evangelio de Lucas, Ediciones El Almendro, Córdoba 1991

 

Para rezar

 

Emaús

 

Te damos gracias, Señor, Dios nuestro

se alegra nuestro corazón

porque nos libras de las ataduras de la muerte

y nos enseñas el camino de la vida.

 

Como aquellos discípulos de Emaús,

también nosotros vivíamos como ciegos, sin rumbo ni esperanza,

cansados de vivir y de hacer proyectos vanos inútiles,

desanimados porque los obstáculos destruían nuestros proyectos.

 

Pero hoy nos ha llegado la fuerza del Espíritu.

Hoy sentimos en nosotros el fuego de la presencia de Cristo,

hoy abrimos los ojos del Espíritu.

Descubrimos que Cristo está presente dentro de nosotros

en la comunidad, en los pobres, en cada hermano nuestro,

y también en este preciso momento que hacemos oración.

 

Que arda nuestro corazón al contacto de tu Palabra viva,

que sintamos la alegría de llamarnos y de ser cristianos,

que seamos los mensajeros de la esperanza,

que seamos testigos de una nueva primavera en el mundo,

esa que tanto necesitamos respirar.

 

Santos Benetti

 

Jueves de la octava de Pascua

 

Soy yo mismo, tóquenme y vean

 

Lectura de los Hechos de los apóstoles    3, 11-26

 

Como el paralítico que había sido curado no soltaba a Pedro y a Juan, todo el pueblo, lleno de asombro, corrió hacia ellos, que estaban en el pórtico de Salomón.

Al ver esto, Pedro dijo al pueblo: «Israelitas, ¿de qué se asombran? ¿Por qué nos miran así, como si fuera por nuestro poder o por nuestra santidad, que hemos hecho caminar a este hombre? El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, glorificó a su servidor Jesús, a quien ustedes entregaron, renegando de él delante de Pilato, cuando este había resuelto ponerlo en libertad. Ustedes renegaron del Santo y del Justo, y pidiendo como una gracia la liberación de un homicida, mataron al autor de la vida. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.

Por haber creído en su Nombre, ese mismo Nombre ha devuelto la fuerza al que ustedes ven y conocen. Esta fe que proviene de él, es la que lo ha curado completamente, como ustedes pueden comprobar. Ahora bien, hermanos, yo sé que ustedes obraron por ignorancia, lo mismo que sus jefes. Pero así, Dios cumplió lo que había anunciado por medio de todos los profetas: que su Mesías debía padecer.

Por lo tanto, hagan penitencia y conviértanse, para que sus pecados sean perdonados. Así el Señor les concederá el tiempo del consuelo y enviará a Jesús, el Mesías destinado para ustedes. El debe permanecer en el cielo hasta el momento de la restauración universal, que Dios anunció antiguamente por medio de sus santos profetas.

Moisés, en efecto, dijo: El Señor Dios suscitará para ustedes, de entre sus hermanos, un profeta semejante a mí, y ustedes obedecerán a todo lo que él les diga. El que no escuche a ese profeta será excluido del pueblo. Y todos los profetas que han hablado a partir de Samuel, anunciaron también estos días.

Ustedes son los herederos de los profetas y de la Alianza que Dios hizo con sus antepasados, cuando dijo a Abraham: En tu descendencia serán bendecidos todos los pueblos de la tierra. Ante todo para ustedes Dios resucitó a su Servidor, y lo envió para bendecirlos y para que cada uno se aparte de sus iniquidades.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 8, 2a y 5. 6-7. 8-9 (R.: 2ab)

 

R.    ¡Señor, nuestro Dios, qué admirable es tu Nombre en toda la tierra!

 

¡Señor, nuestro Dios!,

¿Qué es el hombre para que pienses en él,

el ser humano para que lo cuides? R.

 

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,

lo coronaste de gloria y esplendor;

le diste dominio sobre la obra de tus manos,

todo lo pusiste bajo sus pies. R.

 

Todos los rebaños y ganados,

y hasta los animales salvajes;

las aves del cielo, los peces del mar

y cuanto surca los senderos de las aguas. R.

 

Secuencia optativa

 

Cristianos,

ofrezcamos al Cordero pascual

nuestro sacrificio de alabanza.

El Cordero ha redimido a las ovejas:

Cristo, el inocente,

reconcilió a los pecadores con el Padre.

 

La muerte y la vida se enfrentaron

en un duelo admirable:

el Rey de la vida estuvo muerto,

y ahora vive.

 

Dinos, María Magdalena,

¿qué viste en el camino?

He visto el sepulcro del Cristo viviente

y la gloria del Señor resucitado.

 

He visto a los ángeles,

testigos del milagro,

he visto el sudario y las vestiduras.

Ha resucitado a Cristo, mi esperanza,

y precederá a los discípulos en Galilea.

 

Sabemos que Cristo resucitó realmente;

tú, Rey victorioso,

ten piedad de nosotros.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    24, 35-48

 

Los discípulos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.

Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: «La paz esté con ustedes.»

Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu, pero Jesús les preguntó: « ¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas? Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo.»

Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies. Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer. Pero Jesús les preguntó: « ¿Tienen aquí algo para comer?» Ellos le presentaron un trozo de pescado asado; él lo tomó y lo comió delante de todos.

Después les dijo: «Cuando todavía estaba con ustedes, yo les decía: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos.»

Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras, y añadió: «Así estaba escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Pedro, tomando la palabra en nombre de todos los discípulos se dirige al pueblo y explica que el milagro que acaba de hacer es en beneficio del que no podía andar. Reconoce que el «poder» no es suyo sino que procede de Cristo. Acepta ser un hombre pecador, ni más piadoso, ni más santo que cualquier otro.
  • En su discurso asoma espontáneamente un título poco habitual para hablar de Jesús: “Príncipe de la vida”. Por su resurrección Jesús es el «Príncipe de la Vida», el Victorioso, el Viviente por excelencia.
  • La resurrección es una potencia de vida, de alegría, de exaltación. El salto del hombre, que no había caminado en toda su vida y que se echa a andar, es el símbolo de la humanidad salvada.
  • Pedro, intenta ablandar el endurecido entendimiento de un pueblo demasiado seguro de sus instituciones y sus leyes. Muy pocos escuchan el mensaje. La mayoría continúa con sus prácticas rituales y con el legalismo exacerbado.
  • Sin embargo, Pedro señala la continuidad de la historia de salvación: el Dios de los patriarcas ha glorificado a Jesús, en quien culminan los anuncios proféticos de Israel.
  • Pedro y los apóstoles predican sin parar la resurrección. El arresto de los predicadores mientras anuncian la salvación en el templo de Jerusalén, centro de la vida religiosa de Israel, acentúa gráficamente la oposición entre los dirigentes del judaísmo y la naciente Iglesia cristiana; oposición y lucha que culminará con la dispersión de la comunidad y el anuncio del mensaje evangélico a los pueblos gentiles.

***

  • Los discípulos de Emaús cuentan a la comunidad lo que han experimentado en el encuentro con el Resucitado, al que han reconocido al partir el pan. En ese mismo momento se aparece Jesús, saludándolos con el deseo de la paz. El saludo “shalom” sintetiza lo más grande que nosotros podemos desear. El Resucitado no promete la prosperidad o el triunfo, sino la paz. Paz que significa la posibilidad de contemplar todo, incluyendo los dolores y sufrimientos, con los ojos compasivos de Dios y como camino de salvación.
  • Llenos de miedo, los discípulos creían ver un espíritu. Los “once” como todos los demás hasta aquí, fueron incrédulos. En todos los relatos se subraya la “duda”. Jesús, tiene que calmar a los discípulos, y los convence de su nueva realidad comiendo con ellos. Como a los discípulos de Emaús, ahora, Jesús a los discípulos, «les abre el entendimiento», explicándoles las Escrituras y hace ver a todo el grupo, la unidad del plan salvador de Dios y el cumplimiento de las promesas.
  • La muerte y resurrección del Mesías son el punto crucial de la historia de salvación. Los discípulos viven su fe con dudas y temores muchas veces, pero poco a poco van comprendiendo que el Maestro ya no está en la tumba, y que por lo tanto, ya no es posible vivir en la pasividad y el miedo, que son un antitestimonio de la resurrección.
  • El Resucitado es experiencia de unidad. Ante su presencia la experiencia individual, comienza a ser comunitaria, sin destruir la experiencia personal. Al resucitado se lo reconoce en comunidad.
  • El Resucitado es fuerza que interpela a la comunidad. A la comunidad, Jesús le promete la fuerza del Espíritu Santo, fuerza que les hará comprender toda la Escritura, y que les hará asumir con fe, la nueva experiencia de vida que se les ha regalado en la Resurrección de Jesucristo.
  • Al Resucitado se lo reconoce tocando sus heridas; cuando nos atrevemos a meter la mano en nuestras heridas o en las de nuestros semejantes. Ahí estamos palpando un anticipo de la muerte, pero también un rastro del Señor que ha vencido a la muerte. “Donde están nuestras heridas está nuestra salvación”.
  • La alegría que nos regala el Resucitado, es la de la victoria sobre la muerte. Porque Jesús nos invita a reconocerlo en sus heridas, la alegría pascual no es una huida, sino una cercanía mayor a los crucificados de nuestro tiempo.
  • Los seguidores del Nazareno, ahora, tenemos que testimoniar con nuestras vidas la justicia y misericordia declarada por Dios en la resurrección de su Hijo Jesucristo. Este testimonio será creíble, en la medida que sepamos encarnar un proyecto de vida que crea, y por eso construya y asuma el Reino de Dios, como la nueva experiencia de vida para todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

 

Para discernir

 

  • ¿Qué de nuevo le aporta a mi vida la experiencia de la resurrección de Jesús?
  • ¿Necesito poner a prueba la veracidad de Dios pretendiendo ver para creer?
  • ¿En qué cosas me doy cuenta que tengo que abandonarme a la fe porque los criterios del mundo me ofrecen otra cosa?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Nosotros somos testigos de estas cosas..

 

Para la lectura espiritual

 

…La evangelización del mundo está basada en el testimonio. Jesús les dice a los que lo vieron, a los que comieron con él: “Ustedes son testigos de estas cosas”. Ciertamente nosotros no somos testigos oculares de la resurrección de Jesús, nosotros aceptamos el testimonio de la Iglesia y de la Escritura y creemos en estos fieles testigos. Sin embargo, Jesús se sigue presentando en nuestras asambleas litúrgicas, en nuestra misma oración personal para, de una manera misteriosa, asegurarnos, por medio de la fe, que está vivo. Por ello, nosotros también estamos unidos a la obra de la evangelización. Nuestra evangelización será tan poderosa y convincente como nuestra experiencia de Jesús resucitado. Hemos vivido en estos últimos días una fuerte experiencia del amor de Dios, al celebrar una vez más los misterios de la resurrección de Cristo, ¿Podríamos decir que nuestra experiencia de Dios es más fuerte que el año anterior? Si alguien te preguntara sobre Jesús y tu relación con él, ¿tendrías una experiencia en tu propia vida que testificara tu fe en Jesús? La Pascua es esencialmente un tiempo maravilloso para tener un encuentro personal con Cristo que sea capaz de cambiar nuestra vida y convertirnos en sus testigos. Abre bien tus ojos y oídos…


Ernesto María Caro

 

Para rezar

 

Por la resurrección de Jesús de entre los muertos,

nos has hecho nacer de nuevo para una esperanza viva,

Queremos ser los testigos de esa resurrección y vida nueva,

pues aunque no hemos visto las llagas de Jesús

ni hemos metido las manos en su costado, como Tomás,

queremos sentir en el corazón el fuego de su presencia.

 

Y por esa misma fe en la presencia de Cristo resucitado,

queremos vivir como hermanos, constantes en la oración,

en la vida comunitaria, en la fracción del pan eucarístico

y en la escucha constante de tu Palabra.

 

Santos Benetti.

 

Viernes de la octava de Pascua

 

Es el Señor

 

Lectura de los Hechos de los apóstoles    4, 1-12

 

Mientras los Apóstoles hablaban al pueblo, se presentaron ante ellos los sacerdotes, el jefe de los guardias del Templo y los saduceos, irritados de que predicaran y anunciaran al pueblo la resurrección de los muertos cumplida en la persona de Jesús. Estos detuvieron a los Apóstoles y los encarcelaron hasta el día siguiente, porque ya era tarde.

Muchos de los que habían escuchado la Palabra abrazaron la fe, y así el número de creyentes, contando sólo los hombres, se elevó a unos cinco mil.

Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes de los judíos, los ancianos y los escribas, con Anás, el Sumo Sacerdote, Caifás, Juan, Alejandro y todos los miembros de las familias de los sumos sacerdotes. Hicieron comparecer a los Apóstoles y los interrogaron: « ¿Con qué poder o en nombre de quién ustedes hicieron eso?»

Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo: «Jefes del pueblo y ancianos, ya que hoy se nos pide cuenta del bien que hicimos a un enfermo y de cómo fue curado, sepan ustedes y todo el pueblo de Israel: este hombre está aquí sano delante de ustedes por el nombre de nuestro Señor Jesucristo de Nazaret, al que ustedes crucificaron y Dios resucitó de entre los muertos. El es la piedra que ustedes, los constructores, han rechazado, y ha llegado a ser la piedra angular. Porque no existe bajo el cielo otro Nombre dado a los hombres, por el cual podamos alcanzar la salvación.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 117, 1-2 y 4. 22-24. 25-27a (R.: 22)

 

R.    La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular.

 

¡Den gracias al Señor, porque es bueno,

porque es eterno su amor!

Que lo diga el pueblo de Israel:

¡es eterno su amor!

Que lo digan los que temen al Señor:

¡es eterno su amor! R.

 

La piedra que desecharon los constructores

es ahora la piedra angular.

Esto ha sido hecho por el Señor

y es admirable a nuestros ojos.

Este es el día que hizo el Señor:

alegrémonos y regocijémonos en él. R.

 

Sálvanos, Señor, asegúranos la prosperidad.

¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

Nosotros los bendecimos desde la Casa del Señor:

el Señor es Dios, y él nos ilumina. R.

 

Secuencia optativa

 

Cristianos,

ofrezcamos al Cordero pascual

nuestro sacrificio de alabanza.

El Cordero ha redimido a las ovejas:

Cristo, el inocente,

reconcilió a los pecadores con el Padre.

 

La muerte y la vida se enfrentaron

en un duelo admirable:

el Rey de la vida estuvo muerto,

y ahora vive.

 

Dinos, María Magdalena,

¿qué viste en el camino?

He visto el sepulcro del Cristo viviente

y la gloria del Señor resucitado.

 

He visto a los ángeles,

testigos del milagro,

he visto el sudario y las vestiduras.

Ha resucitado a Cristo, mi esperanza,

y precederá a los discípulos en Galilea.

 

Sabemos que Cristo resucitó realmente;

tú, Rey victorioso,

ten piedad de nosotros.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    21, 1-14

 

Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades.

Sucedió así: estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos.

Simón Pedro les dijo: «Voy a pescar.»

Ellos le respondieron: «Vamos también nosotros.» Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada.

Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él. Jesús les dijo: «Muchachos, ¿tienen algo para comer?»

Ellos respondieron: «No.»

El les dijo: «Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán.» Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla. El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: « ¡Es el Señor!»

Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua. Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla.

Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan. Jesús les dijo: «Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar.»

Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió. Jesús les dijo: «Vengan a comer.»

Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: « ¿Quién eres?», porque sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado.

Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Los sacerdotes, el jefe de la guardia del templo y los saduceos, estaban molestos porque los apóstoles enseñaban al pueblo y anunciaban la resurrección de los muertos.
  • Después del milagro del hombre paralítico, Pedro y Juan pasan «hasta la mañana siguiente» su primera noche en la cárcel. Son encarcelados por haber anunciado la resurrección. Esta no será la única vez. Los Hechos de los Apóstoles abundan en arrestos y encarcelamientos.
  • Pedro, como lo había sido en vida de Jesús, se hace portavoz de los demás apóstoles, y aprovecha la ocasión para dar testimonio del Mesías delante de las autoridades, como lo había hecho delante del pueblo.
  • Es su tercer discurso y repite que los judíos mataron a Jesús, pero Dios lo resucitó y así lo glorificó y reivindicó. Hay que creer en Él, porque es el único que salva.
  • El amor que Pedro había mostrado hacia Cristo en vida, pero con debilidad y malentendidos, ahora se ha convertido en una convicción madura y en un entusiasmo valiente, que lo llevará a soportar todas las contradicciones y al final, la muerte en Roma, para dar testimonio de Aquél a quien había negado delante de la criada.

***

  • Los discípulos vuelven a su antiguo oficio. La experiencia de Jesús resucitado la han vivido como una visita ocasional, otra acción excepcional, como aquellas a las que los tenía acostumbrados. La presencia de Cristo, no había transformado todavía sus vidas. Aunque sabían que estaba resucitado, vuelven a su vida anterior y a tirar las redes, vuelven pero se dan cuenta de la infructuosidad de su trabajo, que ya nada es igual.
  • Bajo la indicación del Señor, realizan una nueva pesca que ahora es grandiosa. La novedad de la resurrección queda demostrada con este hecho.
  • Pedro experimenta nuevamente lo que sucedió en aquella primera pesca con Jesús y sale a su encuentro. Con la certeza interior de que Jesús es ahora el único Salvador gritará: “Es el Señor” a sus amigos que permanecen en la barca.
  • Por su resurrección, Cristo está presente en nuestra vida; es el único Salvador.
  • Toda la vida de la Iglesia se apoya en esa certeza; y es la que anima nuestras vidas, nuestros proyectos personales, como aporte a la construcción del reino. Esta certeza, es la que se encuentra en la base de la acción sacramental y evangelizadora de la Iglesia. Esta certeza, es la que nos anima en los momentos de dificultad.
  • De esta certeza, nace una fuerza nueva que diluye el miedo y nos ayuda a vivir como hombres y mujeres interior y exteriormente libres de toda atadura, pero arraigados profundamente en un amor que supera todo lo que podemos pensar, incluso la misma muerte.
  • Una vez que Cristo tocó nuestra vida ya nada podrá seguir siendo igual, LA VIDA tendrá que estar a esa nueva altura.

 

Para discernir

 

  • ¿Cuáles son las redes a las que estoy tentado de volver ante la no visibilidad de Cristo?
  • ¿A cuáles he vuelto?
  • ¿Cómo vivo la certeza de su presencia?
  • ¿Es simplemente un dato o me modifica en algo?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Tú tienes palabras de vida eterna

 

Para la lectura espiritual

 

«Estaba ya amaneciendo cuando Jesús se presentó en la orilla»

 

“…Dios misericordioso y compasivo, amigo de los hombres (Sb 1,6)…, cuando tú hablas nada hay imposible. Incluso aquello que parece imposible a nuestro espíritu; eres tú quien das un fruto sabroso a cambio de las duras espinas de esta vida…

Señor Jesucristo, aliento vital de nuestras fosas nasales (Lm 4,20) y esplendor de nuestra belleza…, luz y dador de luz, no te alegras del mal, no quieres que nadie se pierda, ni deseas jamás la muerte de nadie (Ez 18,32). No te agitas en la turbación ni estás sujeto a la cólera; tu amor es inquebrantable y duradero y no dejas de compadecerte; no abandonas nunca tu bondad. No vuelves nunca la espalda a nadie ni le giras tu rostro, sino que eres totalmente luz y voluntad de salvación. Cuando quieres perdonar, lo puedes hacer; cuando quieres curar, eres poderoso; cuando quieres vivificar, eres capaz de hacerlo, cuando quieres conceder gracia, eres generoso; cuando quieres devolver la salud, lo sabes hacer… Cuando quieres renovar, eres creador; cuando quieres resucitar, eres Dios… Cuando, incluso antes de que lo pidamos, quieres extender tu mano, nada te falta… Si quieres fortalecerme a mí que soy quebradizo, tú eres roca; si quieres darme de beber, a mí que estoy sediento, tú eres la fuente; si quieres revelar lo que está escondido, tú eres luz…

Por mi salvación has luchado con fuerza… has tomado sobre tu cuerpo inocente todo el sufrimiento de los castigos que habíamos merecido para que, a la vez que eres ejemplo para nosotros, pones de manifiesto la compasión que nos tienes”….

 

Gregorio de Narek (hacia 944-hacia 1010), monje y poeta armenio

El libro de las plegarias, nº 66

 

Para rezar

 

¡Cristo resucitó! Abramos nuestros horizontes

¡Cristo ha resucitado!
¡Resucitemos con El!
Abramos nuestros horizontes,
levantemos nuestro espíritu
a todo lo que representa una vida superior,
a todo lo que sea luz,
belleza, bondad, verdad y santidad!
¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
¡Cristo ha resucitado! Acudamos a El:
Sólo Él tiene regeneradoras palabras de vida eterna,
y esa ley de amor y libertad,
esperanza de crecimiento y salvación
para todos los hombres, y todos los pueblos.

Hermanos, los pueblos están cansados, desalentados;
sienten que la vida sin Dios
es efímera y vacía.
¿Estamos a las puertas de un gran renacimiento cristiano?
Cristo tiene compasión de las muchedumbres:
¡Cristo quiere resucitar,
quiere volver a ocupar su lugar:
Cristo avanza: el porvenir es de Cristo!


 

Desde la Argentina, Don Orione escribe esta carta a sus religiosos y amigos con ocasión de la Pascua de 1935.

 

Sábado de la octava de Pascua

 

Vayan por todo el mundo

 

Lectura de los Hechos de los apóstoles    4, 13-21

 

Los miembros del Sanedrín estaban asombrados de la seguridad con que Pedro y Juan hablaban, a pesar de ser personas poco instruidas y sin cultura. Reconocieron que eran los que habían acompañado a Jesús, pero no podían replicarles nada, porque el hombre que había sido curado estaba de pie, al lado de ellos.

Entonces les ordenaron salir del Sanedrín y comenzaron a deliberar, diciendo: « ¿Qué haremos con estos hombres? Porque no podemos negar que han realizado un signo bien patente, que es notorio para todos los habitantes de Jerusalén. A fin de evitar que la cosa se divulgue más entre el pueblo, debemos amenazarlos, para que de ahora en adelante no hablen de ese Nombre.»

Los llamaron y les prohibieron terminantemente que dijeran una sola palabra o enseñaran en el nombre de Jesús. Pedro y Juan les respondieron: «Juzguen si está bien a los ojos del Señor que les obedezcamos a ustedes antes que a Dios. Nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído.»

Después de amenazarlos nuevamente, los dejaron en libertad, ya que no sabían cómo castigarlos, por temor al pueblo que alababa a Dios al ver lo que había sucedido.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 117, 1 y 14-15ab. 15c-16 y 18. 19-21 (R.: 21a)

 

R.    Yo te doy gracias, Señor, porque me escuchaste.

 

 

¡Den gracias al Señor, porque es bueno,

porque es eterno su amor!

El Señor es mi fuerza y mi protección;

él fue mi salvación.

Un grito de alegría y de victoria

resuena en las carpas de los justos. R

 

«La mano del Señor hace proezas,

la mano del Señor es sublime,

la mano del Señor hace proezas.»

El Señor me castigó duramente,

pero no me entregó a la muerte. R.

 

«Abran las puertas de la justicia

y entraré para dar gracias al Señor.»

«Esta es la puerta del Señor:

sólo los justos entran por ella.»

Yo te doy gracias porque me escuchaste

y fuiste mi salvación. R.

 

Secuencia optativa

 

Cristianos,

ofrezcamos al Cordero pascual

nuestro sacrificio de alabanza.

El Cordero ha redimido a las ovejas:

Cristo, el inocente,

reconcilió a los pecadores con el Padre.

 

La muerte y la vida se enfrentaron

en un duelo admirable:

el Rey de la vida estuvo muerto,

y ahora vive.

 

Dinos, María Magdalena,

¿qué viste en el camino?

He visto el sepulcro del Cristo viviente

y la gloria del Señor resucitado.

 

He visto a los ángeles,

testigos del milagro,

he visto el sudario y las vestiduras.

Ha resucitado a Cristo, mi esperanza,

y precederá a los discípulos en Galilea.

 

Sabemos que Cristo resucitó realmente;

tú, Rey victorioso,

ten piedad de nosotros.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos     16, 9-15

 

Jesús, que había resucitado a la mañana del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, aquella de quien había echado siete demonios. Ella fue a contarlo a los que siempre lo habían acompañado, que estaban afligidos y lloraban. Cuando la oyeron decir que Jesús estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron.

Después, se mostró con otro aspecto a dos de ellos, que iban caminando hacia un poblado. Y ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero tampoco les creyeron.

En seguida, se apareció a los Once, mientras estaban comiendo, y les reprochó su incredulidad y su obstinación porque no habían creído a quienes lo habían visto resucitado. Entonces les dijo: «Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Para las autoridades, el hecho de la curación del paralítico tenía un peligroso significado y graves consecuencias. Significaba la ruptura de las normas vigentes que impedían el acceso al templo de defectuosos físicos.
  • Pedro y Juan, a pesar de ser hombres del pueblo, ante las acusaciones de las autoridades se defienden con la propia experiencia y el testimonio del lisiado. Los miembros del Sanedrín, buscan la manera de callarlos imponiéndoles el silencio, y no acaban de entender la valentía y el aplomo de unas personas incultas, que dan testimonio de Jesús sin miedo de las amenazas.
  • Los que se creen sabios no han captado la voluntad de Dios, y los sencillos sí. La nueva prohibición se encuentra, otra vez, con la respuesta lúcida y decidida de Pedro que continuará con su testimonio sobre Jesús: «No podemos menos de contar lo que hemos visto y oído».
  • Los apóstoles, acusados, responden con una gran libertad interior acusando al tribunal por no querer entender los planes de Dios y el mesianismo de Jesús. Nadie los hará callar a partir de ahora. Éste es el fin del primer enfrentamiento con las autoridades de Israel. Luego vendrán otros, hasta que se consume la dispersión de los cristianos fuera de Jerusalén.

***

  • El relato del evangelio de Marcos menciona brevemente las apariciones de Jesús a la Magdalena, a los discípulos de Emaús y a los once. Pero la fuerza del relato, recae en la incredulidad de los discípulos, a quienes el Señor reprocha el no haber dado fe, a quienes lo habían visto. Es una clara advertencia a los creyentes que vendrían después, para que crean a los testigos de la resurrección, aunque personalmente no hayan visto al Señor.
  • Las ilusiones de aquellos hombres se enterraron con Cristo en el sepulcro. Pero todo cambia radicalmente. Solamente la presencia de Jesús Resucitado, pudo ser la causa de este milagro, de hacer vibrar de nuevo aquellos corazones, con más valentía que antes, y hacerlos capaces de dar un testimonio a favor de la realidad de un Jesús vivo, con el cual ellos han convivido después de su muerte.
  • Cristo reprocha a los apóstoles su incredulidad y la dureza de su corazón, pero sin embargo, es a ellos a quienes les confía la responsabilidad de la misión de proclamar el Evangelio a toda la creación.
  • Los que salen a proclamar el evangelio por todo el mundo son unos individuos capaces de abandonar al Maestro en la Pasión e incrédulos después de su resurrección.
  • Claramente se pone de manifiesto que, el que predica el evangelio lleva un mensaje que no le pertenece, que no es fruto de su propio trabajo, y además necesita estar siempre sostenido por la fuerza de Dios. Cuando el apóstol deja de apoyarse en esa fuerza, está a merced de su traición y su incredulidad, que es la cosecha del propio corazón. El enviado proclama el evangelio; no por ser el mejor o el más inteligente; sino por ser un pecador que ha obtenido el perdón; por ser un incrédulo que ha sido liberado de su incredulidad.
  • La orden del Señor es contundente: Vayan por el mundo entero. Este mandato inaugura en nosotros una apertura universal. La resurrección elimina todas las barreras étnicas, culturales, económicas, religiosas que los hombres hemos construido para acotar este mundo.
  • En este diálogo con la vida que se da por el anuncio, somos invitados a reconocer las huellas del Resucitado dondequiera que se encuentren, sobre todo, en las manos y los pies traspasados de los hombres y las mujeres que sufren. Allí contemplamos a Cristo que prolonga su pasión.
  • Anunciamos poniendo en medio de la vida, el evangelio de Jesús, porque no podemos menos de contar lo que hemos visto y oído.
  • Para este anuncio no hacen falta muchas palabras; son más eficaces los gestos que hablen de la bondad de Dios; gestos que remitan, que hagan mirar a la Fuente de la Vida. La presencia del Resucitado en la primera comunidad fue motivo de alegría, de esperanza para muchos, de querer salir a todo el mundo. Pidamos como gracia de la Pascua esa vitalidad misionera para nuestra Iglesia.

 

Para discernir

 

  • ¿Me siento comprometido a anunciar lo que el Señor me ha manifestado?
  • ¿Cómo lo anuncio en lo cotidiano de mi vida?
  • ¿Soy agradecido por lo que gratuitamente he recibido?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Anunciemos el evangelio a todo el mundo

 

Para la lectura espiritual

 

…Nosotros, hombres de hoy, aunque nos consideremos en comunión con la religión cristiana -una comunión que muy a menudo se calla, se minimiza o se
seculariza, poseemos rara vez o de forma incompleta el sentido de la novedad de nuestro estilo de vida. A menudo nos mostramos conformistas.

El miedo al «qué dirán» nos impide presentarnos por lo que somos, esto es, como cristianos, como personas que libremente han optado por un determinado estilo de vida, austero ciertamente, aunque superior y lógico. La Iglesia nos dice entonces: «Cristiano, sé consciente, coherente, fiel, fuerte. En una palabra: sé cristiano». «Renovad el espíritu de vuestra mente» (Ef. 4,23). La palabra espiritual se refiere a la gracia, esto es, al Espíritu Santo. Por eso diremos con san Ignacio de Antioquía: «Aprendamos a vivir según el cristianismo» (Ad Magnesios, 10). En esto consiste la renovación del Concilio. «Quien tenga oídos para oír, que oiga»…

 

San Pablo VI, Audiencia general del 8 de enero de 1975.

 

Para rezar

 

Eres luz y siembras claridades…

Eres luz y siembras claridades, 
eres amor y siembras armonía 
desde tu eternidad de eternidades.


Por tu roja frescura de alegría 
la tierra se estremece de rocío, 
Hijo eterno del Padre y de María.


En el cielo del hombre, oscuro y frío, 
eres la luz total, fuego del fuego, 
que aplaca las pasiones y el hastío.


Entro en tus esplendores, Cristo ciego; 
mientras corre la vida paso a paso, 
pongo mis horas grises en tu brazo, 
y a ti, Señor, mi corazón entrego.


 

Amén.

Liturgia de la Horas