TIEMPO PASCUAL – SEMANA II – CICLO C

II DOMINGO DE PASCUA

Domingo de la Misericordia

CICLO C

 

LUNES DE LA II SEMANA

 

MARTES DE LA II SEMANA

 

MIÉRCOLES DE LA II SEMANA

 

1 de mayo – San José Obrero

 

JUEVES DE LA II SEMANA

 

VIERNES DE LA II SEMANA

3 de mayo- Santos Felipe y Santiago, apóstoles (F)

 

SÁBADO DE LA II SEMANA

II DOMINGO DE PASCUA

Domingo de la Misericordia

CICLO C

 

Felices los que creen sin haber visto


 

Lectura de los Hechos de los Apóstoles      5, 12-16


 

Los Apóstoles hacían muchos signos y prodigios en el pueblo. Todos solían congregarse unidos en un mismo espíritu, bajo el pórtico de Salomón, pero ningún otro se atrevía a unirse al grupo de los Apóstoles, aunque el pueblo hablaba muy bien de ellos.

Aumentaba cada vez más el número de los que creían en el Señor, tanto hombres como mujeres. Y hasta sacaban a los enfermos a las calles, poniéndolos en catres y camillas, para que cuando Pedro pasara, por lo menos su sombra cubriera a alguno de ellos. La multitud acudía también de las ciudades vecinas a Jerusalén, trayendo enfermos o poseídos por espíritus impuros, y todos quedaban curados.


 

Palabra de Dios.


 


 

SALMO     Sal 117, 2-4. 22-24. 25-27a (R.: 1)


 

R.           ¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor!


 

Que lo diga el pueblo de Israel:

¡es eterno su amor!

Que lo diga la familia de Aarón:

¡es eterno su amor!

Que lo digan los que temen al Señor:

¡es eterno su amor!  R.


 

La piedra que desecharon los constructores

es ahora la piedra angular.

Esto ha sido hecho por el Señor

y es admirable a nuestros ojos.

Este es el día que hizo el Señor:

alegrémonos y regocijémonos en él.  R.


 

Sálvanos, Señor, asegúranos la prosperidad.

¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

Nosotros los bendecimos desde la Casa del Señor:

el Señor es Dios, y él nos ilumina.  R.


 

Lectura del libro del Apocalipsis 1, 9-11a. 12-13. 17-19

 

Yo, Juan, hermano de ustedes, con quienes comparto las tribulaciones, el Reino y la espera perseverante en Jesús, estaba exiliado en la isla de Patmos, a causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús. El Día del Señor fui arrebatado por el Espíritu y oí detrás de mí una voz fuerte como una trompeta, que decía: «Escribe en un libro lo que ahora vas a ver, y mándalo a las siete iglesias: a Efeso, a Esmirna, a Pérgamo, a Tiatira, a Sardes, a Filadelfia y a Laodicea.»

Me di vuelta para ver de quién era esa voz que me hablaba, y vi siete candelabros de oro, y en medio de ellos, a alguien semejante a un Hijo de hombre, revestido de una larga túnica que estaba ceñida a su pecho con una faja de oro. Su cabeza y sus cabellos tenían la blancura de la lana y de la nieve; sus ojos parecían llamas de fuego; sus pies, bronce fundido en el crisol; y su voz era como el estruendo de grandes cataratas. En su mano derecha tenía siete estrellas; de su boca salía una espada de doble filo; y su rostro era como el sol cuando brilla con toda su fuerza.

Al ver esto, caí a sus pies, como muerto, pero él, tocándome con su mano derecha, me dijo: «No temas: yo soy el Primero y el Ultimo, el Viviente. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre y tengo la llave de la Muerte y del Abismo. Escribe lo que has visto, lo que sucede ahora y lo que sucederá en el futuro.»

 

Palabra de Dios.   

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan   20, 19-31


 

Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: « ¡La paz esté con ustedes!»

Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.

Jesús les dijo de nuevo: « ¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes.» Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: «Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan.»

Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: « ¡Hemos visto al Señor!»

El les respondió: «Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré.»

Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: « ¡La paz esté con ustedes!»

Luego dijo a Tomás: «Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe.»

Tomás respondió: « ¡Señor mío y Dios mío!»

Jesús le dijo: «Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!»

Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.


 

Palabra del Señor.


 

Para reflexionar


 

  • La primera lectura extractada del libro de los Hechos presenta a los apóstoles dando testimonio con gran alegría de la resurrección del Señor. Todo el pueblo interpretaban la presencia del Señor como el vínculo que los unía. Esta presencia era su riqueza principal de tal modo que, gozosos, se desprendían de sus bienes y tierras para distribuirlos entre los más necesitados.
  • La pobreza material no era un obstáculo para la alegría de la fe, muy por el contrario, esa misma fe los llevaba a volverse pobres por sus hermanos porque nadie consideraba sus bienes como propios.
  • Cristo era el bien común de todos, y por ese bien común descubrieron que también todos sus demás bienes debían ser comunes.

***

  • En el evangelio, san Juan nos presenta el encuentro del Señor resucitado con Tomás que se ha negado creer que sus compañeros han tenido la experiencia del resucitado.
  • Los discípulos de Jesús están asustados y su miedo no es gratuito: todo su mundo parece haberse derrumbado definitivamente  y los dirigentes judíos pueden alcanzarlos y llevarlos también a ellos a la muerte. Y lo harán cuando se les presente la ocasión. Jesús, en quien ellos habían puesto tantas esperanzas, ha sido derrotado y, en su derrota, puede arrastrarlos también a ellos. Ese miedo los tiene esclavizados y ellos mismos han puesto cerrojos a las puertas.
  • Aunque se sienten seguidores de Jesús la experiencia de la muerte ha caído sobre ellos como una losa que sepultó todas sus esperanzas. Ahora forman un grupo que se ha encerrado y aislado de los hombres. Es una comunidad cerrada: comunidad de muerte. Están unidos, pero por la muerte. La comunidad pasó a ser la tumba de todo aquello en lo que habían esperado.
  • Sin embargo el evangelio usa la expresión: el primer día de la semana para señalar que acaba de nacer un mundo nuevo, una nueva humanidad. Hace su entrada Jesús y viene a llenar el vacío de la muerte y entra a puertas cerradas. Viene precisamente a abrir las puertas y ventanas cerradas de “su casa”.
  • Los saluda con el antiguo saludo semita que aún se conserva en Palestina, Shalom, que ahora tiene un nuevo sentido. Les da la paz de la vida que suplanta a la paz de la muerte. La paz de la muerte es quietud, desconsuelo, miedo, ansiedad. «Descansa en paz», es el saludo final que damos a nuestros difuntos. Pero el saludo de Jesús es todo un proyecto de vida. La paz evangélica lleva al combate más que al reposo. No es un punto de partida sino de llegada.
  • Es una paz que excluye el miedo, brota de la lógica del ir más adelante, de la capacidad de andar contra corriente. Se trata de una paz que quema, que deja la señal en la carne. Es una paz crucificada. Jesús nuestra paz, es aquel que ha sido condenado a muerte y crucificado. La paz que la fe anuncia, proclama y vive, es por el hecho de que Dios ha resucitado al crucificado. Por eso está presente y operante en medio de nosotros. Aceptar la paz de Cristo significa acoger su persona.
  • Tomás no ha dado crédito al testimonio de la comunidad de discípulos que han visto al Resucitado, tampoco percibe los signos de la nueva vida que se manifiesta en esa comunidad. Pone como condición una demostración particular, una “prueba” destinada sólo a él. Una semana después Jesús Resucitado se la concede, pero en el seno de la comunidad de discípulos. En la medida que Tomás vive la experiencia del amor en la comunidad de los discípulos, en esa misma medida comienza a ver, esto es, tiene la experiencia de Jesús Resucitado.
  • Así de novedosa es la experiencia de fe: el que no cree no ve, su ceguera espiritual le impide ver y experimentar la presencia y acción del Resucitado. Sólo en la medida que creemos, empezamos a ver. Empezamos a ver la acción de Dios en las personas, en la Iglesia y en el mundo. Empezamos a ver la transformación de las personas por obra del Espíritu. Empezamos a ver toda la realidad como realmente es; es decir, comenzamos a ver con los ojos de la fe, comenzamos a ver todo como lo ve Jesús Resucitado.
  • Las “pruebas” y demostraciones no dan la fe, sino que es en la aceptación del mensaje y en la experiencia e una fraternidad nueva en la Iglesia donde se resuelve el problema de la fe y la incredulidad. La experiencia de Tomás no es modelo. A Jesús no se le encuentra ya sino en la nueva realidad de amor que existe en la comunidad. La experiencia de ese amor es la que lleva a la fe en Jesús vivo.
  • Creer no es saber menos o con menos fuerza; creer es saber más y más profundamente. Querer verificar como Tomás, es quedarse sin saber nada; eso es lo que significa “creer sin ver”.  Creer, nos dice Juan, es “estar con los demás”. Esto es más fuerte que el mismo milagro. El fundamento de la fe pascual está en la comunidad creyente: de los que “han visto al Señor”, y quedarse allí. No es normal que el Señor resucitado se aparezca aquí o allí, eso siempre será una excepción y un misterio. El Señor vive y actúa en comunidad creyente, y sólo hace falta que la comunidad sepa transparentar y hacer perceptible en sí misma la presencia del Señor.
  • La gran falta de Tomás no fue, en primer lugar, su incredulidad, sino que se alejó de la comunidad y no creyó en el testimonio que le daban. La fe en el Resucitado surge para Tomás y para nosotros del encuentro con los hermanos, la comunidad de creyentes es un lugar privilegiado donde el Resucitado se manifiesta e irradia su fuerza transformante. Creer en Cristo Resucitado ya siempre será así: sentirse atraído por una comunidad y allí experimentar que Cristo vive en uno mismo.
  • Lamentablemente, muchas de nuestras comunidades cristianas laicas y religiosas parecen seguir la misma postura de la comunidad prepascual. Viven sin alegría y sin esperanza; temen a la gente y se apartan de ella como de un peligro. Una comunidad encerrada no puede sino vegetar. Al poco tiempo muere en sus miembros el sentimiento, el afecto, las iniciativas, las expectativas, el deseo de cambiar y progresar. Las comunidades cristianas de hoy nos parecemos a veces a los discípulos al anochecer de aquel día que siguió a la muerte del Maestro. Estamos reunidos en la casa, con las puertas cerradas, dominados por miedo; a esta “cultura de la increencia”, al “huracán secularizador”, a una “moral neopagana”, o a esos “medios de comunicación que se presentan tan hostiles”.
  • Creer, es renunciar a ver con los ojos de la carne, a tocar con las manos, a meter el dedo en las heridas del crucificado para identificar al resucitado donde no cesa de predicarnos el Evangelio y de partir para nosotros el pan. Nuestras comunidades tienen que ser muestra clara y palpable del amor de Dios Padre a los hombres. La comunidad se constituye exclusivamente por la vida de Cristo.
  • La comunidad es la prolongación de la doble misión de Jesús: mostrar el amor del Padre y ser alternativa para la humanidad en la que pueda experimentar el amor de Dios de un modo vital y palpable. La Iglesia está llamada a ser lugar de encuentro con Dios.
  • Creer es buscar y encontrar al Señor, nuestro Dios, en la comunidad de los que creen que Jesús es el Mesías, de los que encuentran en los sacramentos la vida que ha brotado de la cruz. La felicidad que nos salva ahora es la presencia vivificante del Señor que nos reúne por el Espíritu en la Iglesia. Que podamos asumir desde una espiritualidad Pascual lo que tantas veces oramos en la Misa: “Que tu Iglesia, señor, sea un recinto de libertad y de amor; de justicia y de paz donde los hombres puedan seguir esperando para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando”.

 

 Para discernir

 

  • ¿Mi fe es individualista?
  • ¿Descubro la necesidad de la comunidad para creer?
  • ¿Qué lugar ocupó y ocupa la comunidad en mi camino de fe?
  • ¿Qué aporto a la comunidad y a la Iglesia para que otros puedan creer?


 

Repitamos a lo largo de este día


 

“Señor mío y Dios mío” Yo te creo, te espero, te adoro y te amo

 

Para la lectura espiritual


 

«Exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo»

 

Señor Jesucristo, haz que nosotros no formemos más «que un solo corazón y una sola alma» (Hch 4,32), porque sólo así habrá «una gran calma» (Mc 4,39). Queridos oyentes, os exhorto a la amistad y a la benevolencia entre vosotros, y la paz entre todos; porque si tenemos caridad entre nosotros, tendremos la paz y el Espíritu Santo. Es necesario ser devoto y orar a Dios…, porque los apóstoles eran perseverantes en la oración… Si hacemos fervientes oraciones, el Espíritu Santo vendrá a nosotros y nos dirá: « ¡La paz sea con vosotros! Soy Yo, no temáis» (cf Mc 6,50)… ¿Qué es lo que debemos pedir a Dios, hermanos míos? Todo lo que es para su honor y para la salvación de nuestras almas, es decir, que nos asita el Espíritu Santo: «Envía tu Espíritu y renueve la faz de la tierra» (sl 103,30) –la paz y la tranquilidad…

Hemos de pedir esta paz a fin de que el Espíritu de paz venga sobre nosotros. Y también debemos dar gracias a Dios por todos su beneficios si es que queremos que nos dé las victorias que son principio de paz; y para obtener el Espíritu Santo hay que agradecer a Dios Padre primeramente lo que Él ha enviado sobre nuestro jefe Jesucristo, nuestro Señor, su Hijo… -porque «de su plenitud todos hemos recibido» (cf Jn 1,16)- y lo que ha enviado sobre los apóstoles para que por sus manos nos fuera comunicado a nosotros. Hemos de agradecer al Hijo: en tanto que es Dios, envía su Espíritu sobre los que se disponen a recibirlo. Pero sobre todo hay que agradecerle lo que, en tanto que hombre, nos haya merecido la gracia de recibir el divino Espíritu… ¿Cómo Jesucristo ha merecido la venida del Santo Espíritu? Cuando «inclinando la cabeza entregó el espíritu» (Jn 19,30); porque entregando su último aliento y su espíritu al Padre, mereció que el Padre enviara su Espíritu sobre el cuerpo místico.

 

San Francisco de Sales

Para rezar


 

Las manos de Jesús


 

Jesús se puso en medio

Y en esto entró Jesús, se puso en medio,

soy yo, dijo a los suyos, vean mis manos;

serán siempre señal para creer,

la verdad del Señor resucitado.


 

Las manos de la pascua lucirán

las joyas de la sangre y de los esclavos,

alianza de amistad inigualable,

quilates de un amor que se ha entregado.


 

Esas manos pascuales lucharán

para dar libertad a los esclavos,

proteger a los débiles, caídos,

construir la ciudad de los hermanos.


 

Manos libres, humildes, serviciales,

gastadas en la lucha y el trabajo;

son las más disponibles, los primeras

en prestar el esfuerzo necesario.


 

Manos resucitados han de ser

las manos de la gracia y del regalo,

no aprenderán jamás lo de cerrarse,

siempre abiertas al pobre, siempre dando.


 

Las manos amistosas, siempre unidas,

y que nunca serán puños armados,

no amenazan altivos y violentos,

amigas de la paz y del diálogo.


 

Manos agradecidas, suplicantes,

que bendicen a todos como a hermanos,

que protegen a débiles, a niños,

que se alzan fervorosas suplicando.


 

¡Oh Señor de los manos traspasados,

oh Señor del dolor resucitado,

pon tus manos heridas en los mías,

que te cure del dolor en otras manos!


 

LUNES DE LA II SEMANA

 

Nacer de nuevo para entrar en el Reino de Dios

 

Lectura de los Hechos de los apóstoles 4,23-31


 

En aquellos días, tan pronto como Pedro y Juan quedaron en libertad, volvieron a donde estaban sus compañeros y les contaron lo que les habían dicho los sumos sacerdotes y los ancianos. Al oír esto, todos juntos clamaron a Dios, diciendo: “Señor, tú has creado el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contiene; por medio del Espíritu Santo y por boca de tu siervo David, nuestro padre, dijiste; ¿Por qué se amotinan las naciones y los pueblos hacen planes torpes? Se sublevaron los reyes de la tierra y los príncipes se aliaron contra el Señor y contra su Mesías. Esto fue lo que sucedió, cuando en esta ciudad se aliaron Herodes y Poncio Pilato con los paganos y el pueblo de Israel, contra tu santo siervo Jesús, tu ungido, para que así se cumpliera lo que tu poder y tu providencia habían determinado que sucediera. Y ahora, Señor, mira sus amenazas y concede a tus siervos anunciar tu palabra con toda valentía. Extiende tu mano para realizar curaciones, señales y prodigios en el nombre de tu santo siervo, Jesús”. Al terminar la oración tembló el lugar donde estaban reunidos, los llenó a todos el Espíritu Santo y comenzaron a anunciar la palabra de Dios con valentía.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO
Sal  2,1-9


 

R.       Dichosos los que esperan en el Señor. Aleluya.


 

¿Por qué se amotinan las naciones

y los pueblos hacen planes torpes?

Se sublevan los reyes de la tierra

y los príncipes se alían contra el Señor

y contra su Mesías, diciendo:

Rompamos sus cadenas, sacudamos sus ataduras. R.


 

El que vive en el cielo sonríe;

desde lo alto, el Señor se ríe de ellos.

Después les habla con ira

y los espanta con su cólera:

Yo mismo lo he constituido

como rey en Sión, mi monte santo. R.


 

Anunciaré el decreto del Señor.

He aquí lo que me dijo:

Hijo mío eres tú,

yo te he engendrado hoy. R.

 

Te daré en herencia las naciones

y como propiedad toda la tierra.

Podrás gobernarlas con cetro de hierro,

y despedazarlas como jarros. R

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan  3,1-8

 

 Había un fariseo llamado Nicodemo, hombre principal entre los judíos, que fue de noche a ver a Jesús y le dijo: “Maestro, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer las señales milagrosas que tú haces, si Dios no está con él”. Jesús le contestó: “Yo te aseguro que quien no renace de lo alto, no puede ver el Reino de Dios”.

Nicodemo le preguntó: “¿Cómo puede nacer un hombre siendo ya viejo? ¿Acaso puede, por segunda vez, entrar en el vientre de su madre y volver a nacer?” Le respondió Jesús: “Yo te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne, es carne; lo que nace del Espíritu, es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: ‘Tienen que renacer de lo alto’. El viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así pasa con quien ha nacido del Espíritu”.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El libro de los Hechos nos presenta aquí el testimonio quizás más antiguo sobre una reunión litúrgica de la comunidad cristiana. El texto refleja una comunidad perseguida a causa de la Palabra y que está decidida, a pesar de la persecución, a seguir predicando la Palabra con toda valentía. Puestos en libertad por el sanedrín, los apóstoles se dirigen a casa de “los suyos y el primer reflejo de esa «comunidad de hermanos» es orar.
  • No es un grupo humano ordinario, es un grupo que se sitúa delante de Dios. Inmediatamente, quieren dilucidar el arresto de dos de los suyos por medio de la Palabra de Dios. Es una oración que parte de los acontecimientos; es el fruto de una reflexión sobre los “hechos de vida” y se formula a partir del momento en que se ha descubierto en ellos claramente la presencia de Dios.
  • Lo hacen sirviéndose del salmo 2. Este salmo se refería a otra etapa de la historia, en que unos reyes y príncipes conspiraban contra «el ungido», o sea, el rey de Israel. Aquí la comunidad de Jerusalén lo reza aplicándolo a su propia historia
  • Para comprender desde la fe su situación de comunidad perseguida, la Iglesia de Jerusalén se apoya tan solo en Cristo y su misterio pascual. Los “hechos de vida” y las “maravillas” de la historia de la salvación encuentran conjuntamente su luz y sentido en la persona de Cristo.
  • No piden a Dios que los libere de la persecución, piden «valentía para anunciar la Palabra», sea lo que sea lo que les pase, piden que la Palabra nunca se vea maniatada. El temblor del lugar de la reunión se interpreta en la Escritura como asentimiento de Dios: Dios escuchó la oración de aquella comunidad. Los llenó de su Espíritu, como en un renovado Pentecostés. Y así pudieron seguir predicando la Palabra, a pesar de los malos augurios de la persecución.

    ***

    • Durante cuatro días leeremos en el evangelio de Juan el diálogo entre Jesús y Nicodemo.
    • Este hombre es un fariseo, doctor de la ley que va a visitar a Jesús, aunque lo hace de noche. Está bien dispuesto: reconoce a Jesús como maestro venido de Dios, porque lo acompañan los signos milagrosos de Dios.
    • Jesús recibe a Nicodemo y dialoga serenamente con él. A Nicodemo no deja sorprenderlo la manera como Jesús anuncia y enseña acerca de lo que es el Reino. Nicodemo comienza su conversación tanteando al Maestro, hablando en primera persona del plural y alabándolo. Pero cuando lo oye decir que hay que “nacer de nuevo”, no puede comprenderlo.
    • Jesús le advierte que si no se tiene el deseo de querer ser una persona nueva ese Reino estará distante. Sin embargo continúa conversando con Jesús,  a pesar que su noche se vuelve más oscura aún, acabará entendiendo. Aquella fue para Nicodemo su noche pascual: pasó de la oscuridad a la luz.
    • Jesús no habla de volver a nacer biológicamente, como no hablaba del agua del pozo con la samaritana, ni del pan material cuando anunciaba la Eucaristía. Jesús no se impacienta. Razona, propone, conduce y presenta el misterio del Reino.
    • La fe en Jesús es el tema central de todo el diálogo. Creer en Jesús supone «nacer de nuevo», «renacer» de agua y de Espíritu. La fe en comporta consecuencias profundas en la vida. No se trata de adquirir unos conocimientos o de cambiar algunos ritos o hábitos: nacer de nuevo indica la radicalidad del cambio que supone la «resurrección de Jesús» para la vida de la humanidad.
    • Nacer de nuevo es recibir la vida de Dios y nos afecta por completo. Creer en Cristo y vivir su vida, desde el Bautismo, es estar en continua actitud de renacimiento: para que esa vida de Dios que hay en nosotros, animada por su Espíritu, vaya creciendo y no se apague por el cansancio o por las tentaciones de la vida.
    • Agua y Espíritu son los dos símbolos empleados por Jesús. Ambos expresan la acción del Espíritu Santo que purifica y da vida, limpia y anima, aplaca la sed y respira, suaviza y habla. Agua y Espíritu hacen una sola cosa.
    • Para el hombre antiguo el soplo del viento era algo totalmente misterioso; al viento no se lo puede aferrar, no se lo puede meter en un puño, no se lo puede comprender; ni siquiera se puede establecer su dirección. Eso es exactamente lo que ocurre con el que ha nacido del espíritu.
    • La vida del “nacido del espíritu”, no se puede comprender con medidas, normas y categorías humanas, porque toda su persona se funda en Dios y en su Espíritu divino. Es una existencia que participa del soplo del espíritu y, por tanto, de Dios. Quien ha nacido del Espíritu se deja guiar por Él, pues ya no se pertenece a sí mismo sino a Dios. Su manera de pensar, de actuar de dirigir su vida, está ahora marcada por la presencia del poder de Dios, el cual se manifiesta en el amor.
    • Existe una vieja manera de vivir, basada en el poder, el interés, la comodidad que aparece cada vez que la vida nos coloca ante una decisión. Es como la respuesta automática. Si no introducimos una decisión nueva, nuestra manera espontánea de funcionar siempre se ajusta a los criterios de la carne.
    • Hay una manera “nueva” de vivir, que es la manera según el Espíritu cuando dejamos de ser el centro, cuando el amor y la verdad sellan nuestras decisiones, cuando andamos los caminos de la justicia y la solidaridad.
    • Al ser bautizados, esta nueva vida se hace realidad en nosotros, pero es necesario que como toda vida: crezca, se desarrolle y dé fruto. El evangelio, con sus afirmaciones sobre el “renacer”, nos interpela a nosotros igual que a Nicodemo: la Pascua que estamos celebrando tiene que producir en nosotros efectos profundos de renacimiento.

 

Para discernir

 

  • ¿Creo en la posibilidad de una vida nueva para mí?
  • ¿Me abandono confiado al poder de Dios o creo sólo en mis propios esfuerzos?
  • ¿En qué descubro que Dios me llama a nacer de nuevo?
  • ¿Valoro la gracia del nuevo nacimiento que Dios me regaló en el Bautismo?

 

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Venga tu Reino, Señor

 

Para la lectura espiritual

 

La Iglesia ha sido llamada a anunciar la Buena Nueva de Jesús a todos los pueblos y a todas las naciones. Además de las muchas obras de misericordia con las que la Iglesia debe hacer visible el amor de Jesús, debe anunciar también con alegría el gran misterio de la salvación de Dios, a través de su vida, del sufrimiento, de la muerte, de la resurrección de Jesús.

La historia de Jesús ha de ser proclamada y celebrada. Algunos la escucharán y se alegrarán, otros permanecerán indiferentes, y otros aún se mostrarán hostiles. La historia de Jesús no siempre será aceptada, pero hemos de contarla. Nosotros, los que conocemos esa historia e intentamos vivirla, tenemos la gloriosa tarea de contarla a los otros. Cuando nuestras palabras nacen de un corazón lleno de amor y de gratitud, dan fruto, tanto si lo vemos como si no.

 

H. J. M. Nouwen, Pan para el viaje.


 

Para rezar

 

Tú conoces la dureza en mi sentir
y la terquedad que hay en mi corazón.
Son las cosas que me alejaron de Ti, Señor,
dame vida nueva con tu amor.

Déjame nacer de nuevo,

déjame nacer de nuevo,

déjame nacer de nuevo, oh Señor.

No importa la edad que tenga

Tú no la tienes en cuenta,
déjame nacer de nuevo, oh Señor


Tú conoces el pecado que hay en mí
y el dolor que este dejó en mi corazón.
Por la muerte que he causado vuelvo a Ti, Señor,
dame nueva vida con tu amor.

MARTES DE LA II SEMANA

 

El viento sopla donde quiere

 

Lectura de los Hechos de los Apóstoles    4, 32-37

 

La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo era común entre ellos.

Los Apóstoles daban testimonio con mucho poder de la resurrección del Señor Jesús y gozaban de gran estima.

Ninguno padecía necesidad, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían y ponían el dinero a disposición de los Apóstoles, para que se distribuyera a cada uno según sus necesidades.

Y as¡ José, llamado por los Apóstoles Bernabé -que quiere decir hijo del consuelo- un levita nacido en Chipre que poseía un campo, lo vendió, y puso el dinero a disposición de los Apóstoles.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 92, 1ab. 1c-2. 5 (R.: 1a)

 

R.    ¡Reina el Señor, revestido de majestad!

 

¡Reina el Señor, revestido de majestad!

El Señor se ha revestido, se ha ceñido de poder. R.

 

El mundo está firmemente establecido:

¡no se moverá jamás!

Tu trono está firme desde siempre,

tú existes desde la eternidad. R.

 

Tus testimonios, Señor, son dignos de fe,

la santidad embellece tu Casa

a lo largo de los tiempos. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    3, 7b-15

 

Jesús dijo a Nicodemo: «Ustedes tienen que renacer de lo alto.»

«El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu.»

« ¿Cómo es posible todo esto?», le volvió a preguntar Nicodemo.

Jesús le respondió: « ¿Tú, que eres maestro en Israel, no sabes estas cosas? Te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio.

Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán cuando les hable de las cosas del cielo?

Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo.

De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • En estos versículos del Libro de los Hechos nos encontramos con una enunciación del ideal de la Iglesia según Lucas. Todos los miembros escuchan con atención la enseñanza apostólica; hay comunidad de vida, se participa de una comida comunitaria, terminando con la Eucaristía o Cena, tal como Jesús había ordenado; se participa de la oración en la sinagoga porque ya no había sacrificios, pues el Templo había sido destruido, así como de la oración específicamente cristiana, pidiendo sobre todo la venida del Reino; se hacen prodigios y señales que maravillan o impresionan a todos.
  • Sin embargo la descripción de la primera comunidad queda resumida en la afirmación: “lo ponían todo en común”, que pasa a ser el ideal de los cristianos y una fuerza evangelizadora importante para la Iglesia naciente. No son sólo los bienes materiales los que se ponen en común; es también la oración, la fe en la presencia del resucitado, la alegría de estar juntos, las preocupaciones y las esperanzas.

***

  • En el evangelio continúa el diálogo entre Jesús y Nicodemo. A esta altura de la conversación Jesús pone de relieve el carácter misterioso de la realización del nuevo nacimiento “por el agua y el Espíritu Santo”. Su obra va más allá de lo que el hombre puede entender. Por eso la imagen del viento como figura del Espíritu, ayuda a hacer presente lo imposible de expresar en categorías humanas.
  • La libertad, docilidad y apertura hacia el futuro, es la gran característica del hombre que nace del Espíritu. Al comienzo del diálogo, Nicodemo había reconocido a Jesús como Maestro venido de Dios. Ahora Jesús exige ser reconocido verdaderamente en su autoridad y que se acepte su testimonio.
  • Jesús trata de trasmitir en palabras la experiencia que únicamente Él ha podido traer “del cielo”. Esta experiencia es ahora patrimonio de aquellos que aceptan su testimonio y lo comparten.
  • Se trata de una experiencia muy distinta a la que viven Nicodemo y su gente, que manejan la Ley y la Escritura a la perfección; pero se quedan en el campo del cumplimiento legalista, sin dar lugar a una verdadera experiencia del espíritu de la Ley y de la Escritura. Por eso aquellos que representa Nicodemo, no pueden dar el testimonio que brindan los discípulos de Jesús que experimentan desde adentro, la vida completamente nueva que los llama a trascender y a compartirla.
  • Este nuevo comienzo exige de nuestra parte la fe en el Hijo de Dios, enviado por el Padre, como signo de su amor. El simbolismo final de la serpiente de Moisés, no afirma que la humanidad podrá comprender el acontecimiento de la salvación, por medio de la cruz y curar de su mal, como los judíos curaron en el desierto de las picaduras de las serpientes mirando la serpiente de bronce; los discípulos podrán hacerlo, obedeciendo a Dios y dirigiendo la mirada al crucificado portador de la vida eterna. El nuevo nacimiento de Dios y la fe en el Hijo de Dios nos conducen a la verdadera vida.

 

Para discernir

 

  • ¿Experimento que la vida puede ser distinta desde la Pascua?
  • ¿Miro las cosas desde lo alto?
  • ¿Pido la fuerza del Espíritu para vivir como resucitado?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Reina, el Señor, glorioso en medio de nosotros

Para la lectura espiritual

 

…El fin de una comunidad no puede ser sólo ofrecer a sus componentes un sentimiento de bienestar. Su objetivo y su significado son más bien hacer que todos los miembros puedan incitarse unos a otros, día a día, a recorrer juntos el camino de la confianza, con madurez, con lealtad y en medio de la afectividad; que puedan aclarar los malentendidos que se producen; que puedan resolver los conflictos y, sobre todo, que puedan arraigarse en Dios. Y es que, en una comunidad, sólo podremos vivir bien a la larga si dirigimos de continuo nuestra mirada a Dios como nuestra verdadera meta y causa última de nuestra vida…

 

Grün, Así en el cielo como en la tierra, Brescia 1999, p. 151.

 

Para rezar

 

Señor resucitado


 

Tú vives, has resucitado de entre los muertos.

Tú vives, ha sido un milagro patente.

Tú vives, la muerte ha sido vencida.

Tú vives, la vida es más grande que la muerte.

Tú vives, primicia de todos los vivos.

Tú vives, y eres la vida.

Tú vives, tu carne no ha conocido la corrupción.

Tú vives, no has sido abandonado a la muerte.

Tú vives, y nos enseñas el camino de la vida.

Señor Resucitado, sé nuestra fuerza, nuestra vida.

Señor Resucitado, danos la alegría de vivir.

Señor Resucitado, ábrenos a la inteligencia de las Escrituras.

Señor Resucitado, enséñanos a caminar como hermanos a tu encuentro.

Señor Resucitado, haz de nosotros una comunidad en marcha,

una comunidad viva y de vida.

Señor Resucitado, pon calor en nuestros corazones.

Señor Resucitado, pon claridad en nuestros ojos de creyentes.

Señor Resucitado, pon humildad en nuestra vida entera

para reconocerte como vivo.

Señor Resucitado, pon espíritu en nuestra alma

para confesarte delante de todos con valentía.

 

 

MIÉRCOLES DE LA II SEMANA

 

Tanto amó Dios al mundo

 

Lectura de los Hechos de los Apóstoles    5, 17-26

 

Intervino entonces el Sumo Sacerdote con todos sus partidarios, los de la secta de los saduceos. Llenos de envidia, hicieron arrestar a los Apóstoles y los enviaron a la prisión pública.

Pero durante la noche, el Ángel del Señor abrió las puertas de la prisión y los hizo salir. Luego les dijo: «Vayan al Templo y anuncien al pueblo todo lo que se refiere a esta nueva Vida.» Los Apóstoles, obedeciendo la orden, entraron en el Templo en las primeras horas del día, y se pusieron a enseñar.

Entre tanto, llegaron el Sumo Sacerdote y sus partidarios, convocaron al Sanedrín y a todo el Senado del pueblo de Israel, y mandaron a buscarlos a la cárcel. Cuando llegaron los guardias a la prisión, no los encontraron.

Entonces volvieron y dijeron: «Encontramos la prisión cuidadosamente cerrada y a los centinelas de guardia junto a las puertas, pero cuando las abrimos, no había nadie adentro.»

Al oír esto, el jefe del Templo y los sumos sacerdotes quedaron perplejos y no podían explicarse qué había sucedido. En ese momento llegó uno, diciendo: «Los hombres que ustedes arrestaron, están en el Templo y enseñan al pueblo.»

El jefe de la guardia salió con sus hombres y trajeron a los Apóstoles, pero sin violencia, por temor de ser apedreados por el pueblo.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 33, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9 (R.: 7a)

 

R.    El pobre invocó al Señor, y él lo escuchó.

 

Bendeciré al Señor en todo tiempo,

su alabanza estará siempre en mis labios.

Mi alma se gloría en el Señor:

que lo oigan los humildes y se alegren. R.

 

Glorifiquen conmigo al Señor,

alabemos su Nombre todos juntos.

Busqué al Señor: él me respondió

y me libró de todos mis temores. R.

 

Miren hacia él y quedarán resplandecientes,

y sus rostros no se avergonzarán.

Este pobre hombre invocó al Señor:

él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R.

 

El Ángel del Señor acampa

en torno de sus fieles, y los libra.

¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!

¡Felices los que en él se refugian! R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    3, 16-21

 

Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.

Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas.

Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • La Palabra de Dios no se deja encadenar. La obra iniciada con el lisiado, continúa con otros marginados que viven en la periferia de Jerusalén. Todos, son liberados de la terrible carga que significaba la exclusión por causa de las enfermedades físicas y mentales.
  • Los apóstoles han sido detenidos ya una vez por su predicación pero reinciden. Cada detención de los apóstoles, va seguida inmediatamente de una liberación providencial.
  • Hoy, es el signo de las puertas de la prisión, las que no puedan resistir la fuerza del Espíritu. El ángel del Señor los libera y les anima a seguir dando testimonio. El misterio de la liberación pascual, no se les presenta ya a los apóstoles tan sólo como un acontecimiento de la vida de Cristo: se convierte en una experiencia religiosa personal y concreta. Los apóstoles, obedientes, se pusieron a enseñar en el templo ya de mañana. La obra de Dios sigue adelante: no tiene barreras. Las autoridades tienen que volver a mandar que los detengan, aunque con miedo al pueblo. La fe en Cristo Jesús, que predican los apóstoles, la llama el ángel: «ese modo de vida» porque no se trata sólo de un conocimiento, sino de un estilo que revoluciona la vida entera de los hombres que lo aceptan.

***

  • Las palabras de Jesús en el evangelio de san Juan, son parte de la conversación con Nicodemo que había ido a hablar con Jesús durante la noche, evitando ser visto por sus colegas del Sanedrín y del partido de los fariseos. Jesús con delicadeza le hace ver su cobardía: ha preferido, como tantas veces preferimos los seres humanos, las tinieblas a la luz.
  • En este diálogo, Jesús llega a una mayor profundidad en la revelación de su propio misterio: claramente, dice que todo es iniciativa de Dios, que ha demostrado históricamente su amor que quiere la vida eterna para todos. Por eso ha enviado a su Hijo único como mediador y salvador.
  • Lo propio de Dios no es condenar, sino salvar. Jesús lo mostró continuamente durante su vida: recibió a los pecadores, perdonó a la adúltera, buscó la oveja descarriada con toda la ternura del Buen Pastor; tanto al hijo que se fue como al que se quedó, el Padre les ofrece gratuitamente su amor.
  • Dios quiere que el hombre continúe su proyecto, su plan de salvación. A cada uno de nosotros y a todos como su pueblo, nos ofrece y nos encomienda su realización. La salvación consiste en entrar en ese plan. Los hombres frente a la propuesta de salvación, debemos tomar posición a través de nuestras opciones libres. Quien cree en la persona de Jesús no es condenado, pero quien lo rechaza y no cree en el nombre del Hijo de Dios hecho hombre, ya está condenado. La causa de la condena es una sola: la incredulidad, mantener el corazón cerrado y sordo a la Palabra de Jesús. Juan utiliza la imagen luz y la oscuridad.
  • La realidad de la luz y las tinieblas no se juega en el terreno de los conocimientos, sino en el de las obras. Obrar en la verdad es la mejor manera de vivir en la luz. Y obrar en la verdad es vivir en el amor.
  • Al discípulo no le queda otra cosa que hacer suya la invitación a la conversión y al cambio radical de vida. Quien acepta a la persona de Jesús y deja sitio a un amor que lo trasciende, encuentra lo que nadie puede conseguir por sí mismo: poseer la verdadera vida. La Pascua que estamos celebrando nos recuerda que tanto me ha amado Dios, que ha entregado a su Hijo para que creyendo en Él, y siguiéndolo, alcancemos la salvación.
  • Quien se deja llevar por esa corriente de Vida, tendrá vida en abundancia.

 

Para discernir

 

  • ¿Me doy cuenta de la “no medida” del amor de Dios?
  • ¿En qué me cambia?
  • ¿En qué se manifiesta?

     

Repitamos a lo largo de este día

 

El pobre invocó al Señor y Él lo escuchó

 

Para la lectura espiritual

 

…”La Buena Noticia se convierte en mala noticia cuando es anunciada sin paz ni alegría. Todo el que proclama el amor de Jesús, que perdona y cura, con un corazón amargado es un falso testigo.

Jesús es el salvador del mundo. Nosotros, no. Nosotros estamos llamados a dar testimonio, siempre con nuestra vida y, en ocasiones, con nuestras palabras, de las grandes cosas que Dios ha hecho en favor de nosotros. Ahora bien, ese testimonio debe proceder de un corazón dispuesto a dar sin recibir nada a cambio. Cuanto más confiemos en el amor incondicionado de Dios por nosotros, más capaces seremos de anunciar el amor de Jesús sin condiciones internas ni externas”…

 

H. J. M. Nouwen, Pan para el viaje, PPC, Madrid 1999.

 

Para rezar

 

Oración de amor a Dios

 

Te amo, Oh mi Dios.
Mi único deseo es amarte
Hasta el último suspiro de mi vida.
Te amo, Oh infinitamente amoroso Dios,
Y prefiero morir amándote que vivir un instante sin Ti.
Te amo, oh mi Dios, y mi único temor es ir al infierno
Porque ahí nunca tendría la dulce consolación de tu amor,
Oh mi Dios, si mi lengua no puede decir
cada instante que te amo, por lo menos quiero
que mi corazón lo repita cada vez que respiro.
Ah, dame la gracia de sufrir mientras que te amo,
Y de amarte mientras que sufro, y el día que me muera
No solo amarte pero sentir que te amo.
Te suplico que mientras más cerca estés de mi hora
final aumentes y perfecciones mi amor por Ti.

Amén.

San Juan María Vianney

 

1 de mayo – San José Obrero

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Colosas    3, 14-15. 17. 23-24

 

Hermanos:

Sobre todo, revístanse del amor, que es el vínculo de la perfección.

Que la paz de Cristo reine en sus corazones: esa paz a la que han sido llamados, porque formamos un solo Cuerpo. Y vivan en la acción de gracias.

Todo lo que puedan decir o realizar, háganlo siempre en nombre del Señor Jesús, dando gracias por él a Dios Padre.

Cualquiera sea el trabajo de ustedes, háganlo de todo corazón, teniendo en cuenta que es para el Señor y no para los hombres. Sepan que el Señor los recompensará, haciéndolos sus herederos. Ustedes sirven a Cristo, el Señor.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 89, 2. 3-4. 12-13. 14 y 16 (R.: 17c)

 

R.    El Señor haga prosperar la obra de nuestras manos.

 

Antes que fueran engendradas las montañas,

antes que nacieran la tierra y el mundo,

desde siempre y para siempre, tú eres Dios. R.

 

Tú haces que los hombres vuelvan al polvo,

con sólo decirles: «Vuelvan, seres humanos.»

Porque mil años son ante tus ojos

como el día de ayer, que ya pasó,

como una vigilia de la noche. R.

 

Enséñanos a calcular nuestros años,

para que nuestro corazón alcance la sabiduría.

¡Vuélvete, Señor! ¿Hasta cuándo?

Ten compasión de tus servidores. R.

 

Sácianos en seguida con tu amor,

y cantaremos felices toda nuestra vida.

Que tu obra se manifieste a tus servidores,

y que tu esplendor esté sobre tus hijos. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    13, 54, 58

 

En aquel tiempo:

Al llegar a su pueblo, se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal manera que todos estaban maravillados.

« ¿De dónde le vienen, decían, esta sabiduría y ese poder de hacer milagros? ¿No es este el hijo del carpintero? ¿Su madre no es la que llaman María? ¿Y no son hermanos suyos Santiago, José, Simón y Judas? ¿Y acaso no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde le vendrá todo esto?»

Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo.

Entonces les dijo: «Un profeta es despreciado solamente en su pueblo y en su familia.»

Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la falta de fe de esa gente.

 

Palabra del Señor.

 

A finales del siglo XIX y principio de XX, el 1 de mayo se convirtió en una fecha reivindicativa y revolucionaria a favor de la clase obrera. El Papa Pío XII, en 1955, quiso darle una dimensión cristiana, e instituyó la fiesta de San José Obrero, que no sólo fue trabajador artesano humilde, sino el modelo de todo trabajador cristiano desde su dedicación a la familia de Nazaret. De esta manera el Papa proyectaba una luz nueva sobre la dignidad del trabajo, que ofrece el medio de perfeccionar la creación, sirviendo a Dios y a los hombres, imitando a Dios Creador y al Hijo de Dios también artesano como su padre José, y uniendo los sufrimientos y contrariedades del propio trabajo a la cruz de Cristo.

 

Para reflexionar

 

  • Los evangelios nos dicen muy poco de San José, sin embargo lo presentan con cinco títulos, importantes y significativos que lo definen y definen su lugar en la historia de la salvación: se lo llama “hijo de David” (Mt 1,20), “esposo de María” (Mt 1,16), “padre de Jesús” (Lc 2,48), “hombre justo” (Mt 1,19), y “el carpintero” (Mt 13,55) que enseñó su mismo oficio a Jesús (Mc 6,3).
  • Hoy celebramos al sencillo carpintero de Nazaret que tiene que trabajar cada día, para sostener a su familia con el esforzado y humilde trabajo en una vida oculta y laboriosa.
  • El título de “carpintero” en San José define no sólo un trabajo sino una actitud frente a la vida. El trabajo es el modo concreto y cotidiano con que expresa su amor a la familia de Nazaret. Jesús participa en el trabajo y en el estilo de vida de José y llega a ser conocido como el “hijo del carpintero”. Jesús ha redimido el trabajo que sólo era una carga, para que sea una colaboración generosa en la transformación del mundo. En el artesano de Nazaret Dios nos quiere revelar la dignidad del trabajo por más simple que sea. La laboriosidad es una virtud por la cual el ser humano puede participar en la obra de Dios, Creador y Redentor, puede hacerse en cierto sentido más humano, y puede profundizar en la amistad con Cristo. San José nos enseña a santificar la vida diaria, elevando a Cristo las obras comunes, humildes y sencillas. (Redemptoris Custos, Juan Pablo II)
  • El evangelio no recoge ni una sola palabra suya, por eso la tradición nos muestra a José como un hombre de profundo silencio y fe madura capaz de percibir la acción de Dios. San José, más que con sus palabras, habla con sus actitudes y gestos. Con su silencio, su obediencia, su trabajo. Fue un obrero auténtico.
  • La vivencia del trabajo de San José es modélica para todos los trabajadores; de ahí que sea considerado su patrono. Al hablar de la realidad del trabajo, la Iglesia nos dice que “los fieles laicos deben desempeñar su trabajo con competencia profesional, con honestidad humana, con espíritu cristiano y especialmente como forma de su propia santificación… Es más, sabemos que mediante el trabajo ofrecido a Dios, las personas se asocian con la obra redentora de Jesucristo, cuyo trabajo con sus manos en Nazaret ennobleció grandemente la dignidad del trabajo” (GS. 67). En este mensaje fuerte y sencillo el cristiano inmerso en el mundo está invitado a encontrar su propia espiritualidad.
  • El 5 de enero de 1964, desde Nazareth, exhortaba el San Pablo VI a aprender la lección del trabajo, la conciencia de su dignidad. Y nos señalaba a todos “al gran modelo, al hermano divino, al defensor de todas las causas justas, es decir: a Cristo, Nuestro Señor”, el hijo del carpintero, como era conocido Jesús. Y con el hijo, el padre, San José, obrero. “La Obra Bien Hecha”. El realizaría tareas sencillas, pero pondría toda su alma en hacer las cosas bien. No haría cosas extraordinarias, pero lo ordinario lo haría extraordinariamente. Que él sea nuestro ejemplo a seguir en las tareas que hagamos cada día de nuestra vida y pidamos a él su intercesión para que nuestro trabajo sea siempre agradable a los ojos de Dios.

 

Para discernir

 

  • ¿Desde qué perspectiva valoro el trabajo?
  • ¿Descubro en el trabajo un modo de santificación personal y de construcción del Reino?
  • ¿Me siento colaborador en la obra creadora de Dios?

 

Para rezar

 

¡San José, guardián de Jesús y casto esposo de María,

Tú empleaste toda tu vida en el perfecto cumplimiento de tu deber.

Tú mantuviste a la Sagrada Familia de Nazaret con el trabajo de tus manos. Protege bondadosamente a los que se vuelven confiadamente a ti.

Tú conoces sus aspiraciones y sus esperanzas.

Ellos se dirigen a ti porque saben que tú los comprendes y proteges.

Tú también supiste de pruebas, cansancio y trabajo.

Pero, aun dentro de las preocupaciones materiales de la vida,

tu alma estaba llena de profunda paz y cantó llena de verdadera alegría

debido al íntimo trato que gozaste con el Hijo de Dios

que te fue confiado a ti a la vez a María, su tierna Madre. Amén

 

San Juan XXIII

 

JUEVES DE LA II SEMANA

 

Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres

 

Lectura de los Hechos de los Apóstoles    5, 27-33

 

Los guardias hicieron comparecer a los Apóstoles ante el Sanedrín, y el Sumo Sacerdote les dijo: «Nosotros les habíamos prohibido expresamente predicar en ese Nombre, y ustedes han llenado Jerusalén con su doctrina. ¡Así quieren hacer recaer sobre nosotros la sangre de ese hombre!»

Pedro, junto con los Apóstoles, respondió: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús, al que ustedes hicieron morir suspendiéndolo del patíbulo. A él, Dios lo exaltó con su poder, haciéndolo Jefe y Salvador, a fin de conceder a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Nosotros somos testigos de estas cosas, nosotros y el Espíritu Santo que Dios ha enviado a los que le obedecen.»

Al oír estas palabras, ellos se enfurecieron y querían matarlos.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 33, 2 y 9. 17-18. 19-20 (R.: 7a)

 

R.    El pobre invocó al Señor, y él lo escuchó.

 

Bendeciré al Señor en todo tiempo,

su alabanza estará siempre en mis labios.

¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!

¡Felices los que en él se refugian! R.

 

El Señor rechaza a los que hacen el mal

para borrar su recuerdo de la tierra.

Cuando ellos claman, el Señor los escucha

y los libra de todas sus angustias. R.

 

El Señor está cerca del que sufre

y salva a los que están abatidos.

El justo padece muchos males,

pero el Señor lo libra de ellos. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    3, 31-36

 

El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra pertenece a la tierra y habla de la tierra. El que vino del cielo da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie recibe su testimonio. El que recibe su testimonio certifica que Dios es veraz.

El que Dios envió dice las palabras de Dios, porque Dios le da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en sus manos. El que cree en el Hijo tiene Vida eterna. El que se niega a creer en el Hijo no verá la Vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Los guardias se llevaron a los Apóstoles y los presentaron ante el Gran Consejo del Sanedrín, el mismo ante el cual compareció Jesús, y que decidió hacerlo desaparecer.
  • En esta ocasión les quieren prohibir enseñar en ese nombre. Los jefes de Jerusalén tienen miedo. Les remuerde la conciencia el recuerdo de la sangre derramada hace poco, hasta tal punto, que no se atreven siquiera a pronunciar su nombre. El caso Jesús continúa siendo un problema, está siempre allí, lo ven prolongarse en sus apóstoles. Creyeron haberlo suprimido, pero ahora, en vez de uno son once. A pocos días de distancia, están ante el mismo tribunal.
  • Pero la Palabra no se detiene ante los obstáculos: los apóstoles no pueden dejar de predicar la Buena Noticia, tienen y quieren obedecer a Dios antes que a los hombres. Jesús les había anunciado que los llevarían ante los tribunales, pero que el Espíritu les inspiraría qué decir y cómo defenderse. En esta ocasión, de un modo muy valiente, y movido por el Espíritu, Pedro aprovecha de nuevo la ocasión para proclamar a sus perseguidores la resurrección de Jesucristo y su exaltación como Señor y Salvador. Se presentan como testigos autorizados, junto con el Espíritu Santo que actúa en ellos.

***

  • Las palabras, con las que concluye el diálogo de Jesús con Nicodemo, son el resumen de todo el evangelio de Juan: Jesús es el enviado de Dios, nos trae sus palabras, que son la verdadera sabiduría y las que dan sentido a la vida: son la mejor prueba del amor que Dios tiene a su Hijo y a nosotros. El que recibe a Jesús y su palabra es el que tendrá la vida eterna que Dios le está ofreciendo a través de su Hijo; el que no lo quiera aceptar, él mismo se excluye de la vida.
  • El Evangelio nos invita a dejar de ser “terrenales”, para hablar y movernos como «el que viene de arriba», que es Jesús. Es necesario que en todo momento y circunstancia nos esforcemos por tener el pensamiento de Dios, ambicionemos tener los mismos sentimientos de Cristo, y aspiremos a mirar a los hombres y las circunstancias con la misma mirada del Dios hecho hombre. De esta manera, nos haremos capaces de contemplar la presencia salvadora de Dios, en las cosas que pasan continuamente a nuestro alrededor. El amor de Dios es acción continua a favor del hombre.
  • Si venimos de lo alto amaremos a todo el mundo al modo de Jesús, siendo nuestra vida transparencia de su amor. Este amor que tiene el sello de la gratuidad; de servir sin esperar nada a cambio, crea un ambiente profundamente humano y de respeto que se contagia, que lleva a los otros a sentirse libremente movidos a responder y actuar de la misma manera.
  • Como Iglesia necesitamos poder identificar las dos posibilidades por las cuales cada ser humano puede optar: la terrenal, amasada con egoísmo y sellada por la soledad, o la que viene de lo alto, forjada en el amor y expresada en una vida comunitaria y solidaria. El cielo y el infierno lo fraguará cada persona, haciendo uso de la libertad que el mismo Dios le ha dado, decidiendo si quiere que la voluntad del Padre obre sobre ella y el mundo.
  • La “vida eterna” que trae Jesús, no es solamente una vida más allá de la muerte, es una vida ya desde aquí y ahora, en plenitud, fundada en el amor paternal de Dios por todos nosotros y en la fraternidad cristiana, vivida en comunidad, capaz de transformar y embellecer el mundo.

 

Para discernir

 

  • ¿Experimento la fuerza transformadora del amor?
  • ¿Reconozco la validez del testimonio basado en el amor?
  • ¿Tengo gestos desde los cuales queda expresa la veracidad de mi fe?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Feliz el hombre que se refugia en el Señor

 

Para la lectura espiritual

 

…”¿De qué modo trabajamos para la reconciliación? En primer lugar y sobre todo, reivindicando para nosotros mismos el hecho de que Dios nos ha reconciliado consigo en Cristo. Pero no basta con creer esto con nuestra cabeza. Debemos dejar que la verdad de esta reconciliación penetre en todos los rincones de nuestro ser. Hasta que no estemos plena y absolutamente convencidos de que hemos sido reconciliados con Dios, de que estamos perdonados, de que hemos recibido un corazón nuevo, un espíritu nuevo, unos ojos nuevos para ver y unos nuevos oídos para oír, continuaremos creando divisiones entre la gente, porque esperaremos de ella un poder de curación que no posee.

Sólo cuando confiemos plenamente en el hecho de que pertenecemos a Dios y podemos encontrar en nuestra relación con Dios todo lo que necesitamos para nuestra mente, nuestro corazón, nuestra alma, podremos ser libres de verdad en este mundo y ser ministros de la reconciliación. Esto es algo que no resulta fácil; muy pronto volvemos a caer en la duda y en el rechazo de nosotros mismos. Necesitamos que se nos recuerde constantemente a través de la Palabra de Dios, de los sacramentos, del amor al prójimo que estamos reconciliados de verdad”…

 

H. J. M. Nouwen. Pan para el viaje, PPC, Madrid 1999.

 

Para rezar

 

Oración de amor


Señor:
Qué hermoso es tener un corazón
con capacidad para amar y perdonar,
para ayudar y comprender, para creer y confiar.

Pero que difícil me resulta practicarlo,
hacerlo vida en mis actos de cada día.
Mis fuerzas son muy limitadas y son más
las horas bajas que las buenas.

Tú siempre estás ahí, esperándome,
creyendo en mí, confiando en mí.
Que una caída de hoy sea un peldaño
que me acerque más a ti y a mis hermanos;
que cada día tenga el coraje de volver
a empezar en el camino del amor.

Dame la valentía de saber unir mi mano
a otros hombres, mis hermanos, para hacer
crecer entre todos el arco iris del amor
y de la amistad.

Que al cerrar cada noche pueda refugiarme en
tu regazo de Padre comprensivo y amoroso.

Amén.

 

VIERNES DE LA II SEMANA

3 de mayo- Santos Felipe y Santiago, apóstoles (F)

 

El que me ha visto ha visto al Padre

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto    15, 1-8

 

Hermanos, les recuerdo la Buena Noticia que yo les he predicado, que ustedes han recibido y a la cual permanecen fieles. Por ella son salvados, si la conservan tal como yo se la anuncié; de lo contrario, habrán creído en vano.

Les he trasmitido en primer lugar, lo que yo mismo recibí: Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura. Se apareció a Pedro y después a los Doce. Luego se apareció a más de quinientos hermanos al mismo tiempo, la mayor parte de los cuales vive aún, y algunos han muerto.

Además, se apareció a Santiago y de nuevo a todos los Apóstoles. Por último, se me apareció también a mí, que soy como el fruto de un aborto.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 18, 2-3. 4-5b (R.: 5a)

 

R.    Resuena su eco por toda la tierra.

 

El cielo proclama la gloria de Dios

y el firmamento anuncia la obra de sus manos;

un día transmite al otro este mensaje

y las noches se van dando la noticia. R.

 

Sin hablar, sin pronunciar palabras,

sin que se escuche su voz,

resuena su eco por toda la tierra

y su lenguaje, hasta los confines del mundo. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    14, 6-14

 

Jesús dijo a Tomás:

«Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto.»

Felipe le dijo: «Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta.»

Jesús le respondió: «Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo dices: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí?

Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras.

Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras.

Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre. Y yo haré todo lo que ustedes pidan en mi Nombre, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si ustedes me piden algo en mi Nombre, yo lo haré.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Jesús habla a sus discípulos, a los que han creído en Él, sólo así cobran sentido sus palabras. Su vida y su muerte muestran para el hombre de fe, el camino que lo lleva a la plenitud de la vida. En Jesucristo la verdad de Dios se manifestó toda entera, el que cree en Él no permanece en las tinieblas. Jesús es también la vida porque la posee en plenitud y puede comunicarla.
  • El apóstol Felipe hace a Jesús una petición audaz e inusitada pero que sin embargo está escondida en el corazón y el deseo de cada hombre: “muéstranos al Padre y eso nos basta”. Todos queremos ver a Dios; como si a Dios se lo pudiera mostrar aquí o allá, como se muestra a una persona o a una cosa cualquiera, como si Dios pudiera ser contemplado sencillamente con nuestros ojos.
  • Sin embargo la audacia de Felipe ha hecho que Jesús revele el verdadero rostro de Dios: “quien me ha visto a mí ha visto al Padre”. Jesús es el rostro de Dios volcado hacia el hombre. Conocer a Jesús, escuchar sus palabras, vivir sus mandamientos, equivale a conocer plenamente a Dios. La encarnación ha hecho lo imposible: poder contemplar el rostro amoroso de Dios reflejado en la bondad de Jesucristo, en su misericordia y amor hacia los pobres y sencillos.
  • Los Apóstoles no acababan de entender la unidad entre el Padre y Jesús, no alcanzaban a ver al Dios y Hombre en la persona de Jesús. Él no se limita a demostrar su igualdad con el Padre, sino que también les recuerda que ellos serán los que continuarán su obra salvadora: les otorga el poder de hacer milagros, les promete que estará siempre con ellos, y cualquier cosa que pidan en su nombre, se la concederá. Creer en Dios irá inseparablemente unido al creer en aquel que Él ha enviado, “su Hijo amado, en quien ha puesto toda su complacencia”.
  • «Camino, verdad y vida» se pueden resumir en amor sin medida, amor hasta la muerte. Por eso quien conoce a Jesús conoce a Dios, porque Dios es amor. El Padre y Jesús se identifican, porque ambos son la máxima expresión del amor.
  • Cuando el discípulo entra en la esfera del amor, como Jesús y como Dios, podrá hacer lo mismo que Jesús, e incluso más, pues la tarea emprendida por Jesús ha de continuar adelante guiada por los suyos.

 

Para discernir

 

  • ¿Descubro en Jesús el amor del Padre?
  • ¿Experimento en el amor de Jesús al mismo Padre que me está amando?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

El que me ha visto ha visto al Padre

 

Para la lectura espiritual

La predicación apostólica

 

Cristo Jesús, nuestro Señor, durante su vida terrena, iba enseñando por sí mismo quién era él, qué había sido desde siempre, cuál era el designio del Padre que él realizaba en el mundo, cuál ha de ser la conducta del hombre para que sea conforme a este mismo designio; y lo enseñaba unas veces abiertamente ante el pueblo, otras aparte a sus discípulos, principalmente a los doce que había elegido para que estuvieran junto a él, y a los que había destinado como maestros de las naciones.

Y así, después de la defección de uno de ellos, cuando estaba para volver al Padre, después de su resurrección, mandó a los otros once que fueran por el mundo a adoctrinar a los hombres y bautizarlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Los apóstoles -palabra que significa «enviados»-, después de haber elegido a Matías, echándolo a suertes, para sustituir a Judas y completar así el número de doctores (apoyados para esto en la autoridad de una profecía contenida en un salmo de David), y después de haber obtenido la fuerza del Espíritu Santo para hablar y realizar milagros, como lo había prometido el Señor, dieron primero en Judea testimonio de la fe en Jesucristo e instituyeron allí Iglesias, después fueron por el mundo para proclamar a las naciones la misma doctrina y la misma fe.

De modo semejante, continuaron fundando Iglesias en cada población, de manera que las demás Iglesias fundadas posteriormente, para ser verdaderas Iglesias, tomaron y siguen tomando de aquellas primeras Iglesias el retoño de su fe y la semilla de su doctrina. Por esto también aquellas Iglesias son consideradas apostólicas, en cuanto que son descendientes de las Iglesias apostólicas.

Es norma general que toda cosa debe ser referida a su origen. Y, por esto, toda la multitud de Iglesias son una con aquella primera Iglesia fundada por los apóstoles, de la que proceden todas las otras. En este sentido son todas primeras y todas apostólicas, en cuanto que todas juntas forman una sola. De esta unidad son prueba la comunión y la paz que reinan entre ellas, así como su mutua fraternidad y hospitalidad, Todo lo cual no tiene otra razón de ser que su unidad en una misma tradición apostólica.

El único medio seguro de saber qué es lo que predicaron los apóstoles, es decir, qué es lo que Cristo les reveló, es el recurso a las Iglesias fundadas por los mismos apóstoles, las que ellos adoctrinaron de viva voz y, más tarde, por carta.

El Señor había dicho en cierta ocasión: Tendría aún muchas cosas que deciros, pero no estáis ahora en disposición de entenderlas; pero añadió a continuación: Cuando venga el Espíritu de verdad, os conducirá a la verdad completa; con estas palabras demostraba que nada habían de ignorar, ya que les prometía que el Espíritu de verdad les daría el conocimiento de la verdad completa. Y esta promesa la cumplió, ya que sabemos por los Hechos de los apóstoles que el Espíritu Santo bajó efectivamente sobre ellos.

 

Del Tratado de Tertuliano, presbítero, Sobre la prescripción de los herejes – (Cap. 20, 1-9; 21. 3; 22, 8-10: CCL 1, 201-204)

 

Para rezar

 

Mentes cansadas

 
 

Mentes cansadas,

manos encallecidas,

labriegos al fin de la jornada,

jornaleros de tu viña,

venimos, Padre,

atardecidos de cansancio,

agradecidos por la lucha,

a recibir tu denario.


 

Llenos de polvo,

El alma hecha girones,

Romeros al filo de la tarde,

Peregrinos de tus montes,

Venimos, Padre,

Heridos por los desengaños,

Contentos por servir a tu mesa,

A recibir tu denario.


 

Hartos de todo,

Llenos de nada,

Sedientos al broquel de tus pozos

Y hambrientos de tu casa,

venimos, Padre,

el corazón entre tus brazos,

la frente humilde de delitos,

a recibir tu denario.


 

Amén.

Liturgia de las horas

 

 

SÁBADO DE LA II SEMANA

 

¡Soy yo, no teman!

 

Lectura de los Hechos de los Apóstoles    6, 1-7

 

En aquellos días:

Como el número de discípulos aumentaba, los helenistas comenzaron a murmurar contra los hebreos porque se desatendía a sus viudas en la distribución diaria de los alimentos.

Entonces los Doce convocaron a todos los discípulos y les dijeron: «No es justo que descuidemos el ministerio de la Palabra de Dios para ocuparnos de servir las mesas. Es preferible, hermanos, que busquen entre ustedes a siete hombres de buena fama, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, y nosotros les encargaremos esta tarea. De esa manera, podremos dedicarnos a la oración y al ministerio de la Palabra.»

La asamblea aprobó esta propuesta y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe y a Prócoro, a Nicanor y a Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito de Antioquía. Los presentaron a los Apóstoles, y estos, después de orar, les impusieron las manos.

Así la Palabra de Dios se extendía cada vez más, el número de discípulos aumentaba considerablemente en Jerusalén y muchos sacerdotes abrazaban la fe.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 32, 1-2. 4-5. 18-19 (R.: 22)

 

R.    Señor, que tu amor descienda sobre nosotros, conforme a la esperanza que tenemos en ti.

 

Aclamen, justos, al Señor:

es propio de los buenos alabarlo.

Alaben al Señor con la cítara,

toquen en su honor el arpa de diez cuerdas. R.

 

Porque la palabra del Señor es recta

y él obra siempre con lealtad;

él ama la justicia y el derecho,

y la tierra está llena de su amor. R.

 

Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,

sobre los que esperan en su misericordia,

para librar sus vidas de la muerte

y sustentarlos en el tiempo de indigencia. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    6, 16-21

 

Al atardecer, sus discípulos bajaron a la orilla del mar y se embarcaron, para dirigirse a Cafarnaún, que está en la otra orilla. Ya era de noche y Jesús aún no se había reunido con ellos. El mar estaba agitado, porque soplaba un fuerte viento.

Cuando habían remado unos cinco kilómetros, vieron a Jesús acercarse a la barca caminando sobre el agua, y tuvieron miedo. El les dijo: «Soy yo, no teman.»

Ellos quisieron subirlo a la barca, pero esta tocó tierra en seguida en el lugar adonde iban.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • La primera comunidad de Jerusalén, al crecer, también conoció dificultades internas, además de las externas. Los “helenistas” eran judíos de habla griega que vivían fuera de Palestina, o extranjeros convertidos al cristianismo. Como grupo estaban más abiertos a las influencias del mundo griego, y no seguían estrictamente las leyes judías. Su diferencia no tardó en producir tensiones con el grupo de los hebreos.
  • No era una comunidad ideal. La lengua era reflejo de una cultura y de una formación. La fe en Cristo une a todos los grupos, pero las diferentes sensibilidades dan lugar a tensiones.
  • El texto de hoy lo pone de manifiesto: unos tenían la impresión de ser desatendidos por los otros, los recién llegados con una cultura nueva se sentían cristianos de segunda clase respecto a los judíos «de origen». Éste será uno de los problemas de la Iglesia: los que entraron hace tiempo tendrán tendencia a pedir privilegios en lugar de tener una actitud misionera; abiertos y acogedores con los recién llegados.
  • También parece que la distribución de los bienes comunes no atendía a las necesidades de los más pobres entre los pobres: las viudas extranjeras, lo que lleva a la institución del diaconado como colaboradores del ministerio de los presbíteros y los obispos en la administración y organización de los bienes de la comunidad.

***

  • Inmediatamente después de la multiplicación de los panes, el Evangelio de Juan nos presenta a Jesús en la montaña, solitario, evadiendo la pretensión de sus seguidores de hacerlo rey. Mientras tanto el grupo de discípulos se enfrenta solo al mar en la oscuridad de la noche. Soplaba viento fuerte, y el lago se iba encrespando. Habían remado unos cinco o seis kilómetros cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca caminando sobre el lago, y se asustaron.
  • En este relato cargado de simbolismo, la comunidad simbolizada por la barca, avanza con temor y decepción en medio del mar agitado. Jesús se aproxima, los reconforta y los discípulos vuelven al lugar de donde habían huido. Con la presencia de Jesús desaparecen el temor, la amenaza, la oscuridad y la agitación del mar. En el momento de alcanzarlos, cuando ellos, asustados, quieren hacerlo subir a bordo, la barca toca tierra.
  • La palabra de Jesús para calmar a sus discípulos es muy significativa: “Yo soy, no tengan miedo”. El “Yo soy” nos remite al nombre mismo de Dios tal y como lo reveló a Moisés al pie de la zarza.
  • Es normal que el miedo esté presente en nuestra humanidad dolida. Pero, no hay peor camino que mirar y construir desde el miedo. El que sufre miedo queda paralizado, no sólo en el cuerpo, sino también su inteligencia queda embotada viendo sólo las cosas que lo amenazan.
  • Si el Señor camina sobre las aguas de las dificultades, éstas se pueden convertir en lugar de encuentro salvador. Basta escuchar más allá del miedo, y reconocerlo a El. Por eso, no hay que tener miedo a nada, salvo a nuestro propio miedo. Solo así se produce el milagro. El miedo se desvanece, perdiendo su nefasto poder sobre nosotros.
  • Jesús es el Dios que se hace cercanía del hombre siempre; y muy especialmente en los momentos más difíciles de la vida. Es absurdo pensar que el Señor se nos acerca para castigarnos por nuestros pecados; aun cuando la muerte es la consecuencia del pecado. El Señor sólo ha venido a buscar todo lo que se había perdido para salvarlo. Jesucristo nos ha dado a conocer el Rostro amoroso y misericordioso de Dios. Él va con nosotros para hacer nuestra carga más es suave y ligera.
  • Nosotros somos llamados a ser la cercanía amorosa de Dios para nuestros hermanos siendo ocasión de paz, de alegría, de una esperanza que se recupera, de un amor que devuelva la felicidad.
  • Todos somos responsables de nuestra comunidad, de nuestra Iglesia: estamos en ella como los navegantes en la barca, recibimos en ella a Jesucristo que nos dice en las dificultades y problemas: “Yo soy, no tengan miedo”. Sólo escuchando esta Palabra y toda la Palabra de Jesús podremos enfrentar con plena confianza las tempestades de la vida y llegar a la otra orilla.

 

Para discernir

 

  • ¿Qué nuevas tempestades se abaten sobre la barca de la Iglesia en estos nuevos tiempos?
  • ¿Qué nos puede del miedo y del desaliento?
  • ¿Cuáles son mis temores, desalientos e inseguridades?
  • ¿Qué hago para descubrir con más claridad la presencia vivificadora de Jesús en mi vida?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

¡No temamos, es Jesús!

 

Para la lectura espiritual

 

…En la pared de una celda de la Torre de Londres se conserva aún un texto escrito por un prisionero, encerrado hace más de 300 años, que dice así: “No mata la adversidad, sino la impaciencia con la que la soportamos”. Hoy releemos el episodio de Jesús caminando sobre las aguas. Jesús no vive en la gloria que imaginamos. No se encuentra nunca donde le esperamos. La adversidad y el sufrimiento que genera suelen ser el megáfono que Él emplea para despertar a un mundo de sordos. Dios suele aprovechar los golpes de cincel que la vida da sobre
cada persona, que tanto le hacen sufrir, para modelar su mejor imagen. En situaciones de miedo es recomendable leer el texto bíblico de hoy y escuchar al Señor que nos repite -¡siempre y, sin fallar ni una sola vez!-: “No tengas miedo. Soy yo”.

No se trata de pedir a Dios una vida sin dificultades. Cousteau presentaba en alguna de sus películas peces fosforescentes; en ellas aparecían las profundidades oscuras del mar como si tuviesen luz; pero eran ellos, los peces, los que la irradiaban. Cuando llega el ocaso se encienden las estrellas. La dificultad no es un lugar vacío y deshabitado. ¡Pidamos sagacidad para saber convertir las dificultades en lugar de encuentro con Jesús, el Señor que camina sobre las aguas de esas dificultades! Basta escuchar en silencio, más allá del ruidoso murmullo del miedo, y reconocerle a Él. Y esas contrariedades serán espléndida ocasión para el ejercicio contemplativo. Por eso, ¡no hay que tener miedo! Nunca. A nada. Salvo a nuestro propio miedo. Solo así se produce el milagro. El miedo se desvanece, perdiendo su macabro poder sobre nosotros. Y haremos que sea verdad aquel proverbio: “El miedo llamó a mi puerta; la fe fue a abrir y ya no había nadie”.

 

Juan Carlos Martos

 

Para rezar

 

“Soy yo, no temáis”

 

Señor, ¡cuán altas son las olas,
y qué oscura la noche!
¿No querrás iluminarla
para mí que velo solitaria?

Mantén firme el timón,
ten confianza y quédate tranquila.
Tu barca es preciosa a mis ojos,
quiero conducirla a buen puerto.

Aguanta sin desfallecer
los ojos fijos en la brújula.
Ella ayuda a llegar al final
a través de noches y tempestades.

La aguja de la brújula de a bordo
se estremece pero se mantiene.
Ella te mostrará el cabo
a donde que quiero verte llegar.

Ten confianza  y quédate tranquila:
a través de noches y tempestades
la voluntad de Dios, fiel,
te guía si tu corazón está en vela.

 

Santa Teresa-Benedicta de la Cruz [Edith Stein] (1891-1942, carmelita descalza, mártir, co-patrona de Europa – Poesía “La tempestad”, 1940