TIEMPO DTE EL AÑO – SEMANA VI – CICLO B

DOMINGO VI DTE EL AÑO

CICLO B

 

LUNES VI

 

MARTES VI

DOMINGO VI DTE EL AÑO

CICLO B

 

Un amor que incluye y salva

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del Libro del Levítico 13,1-2. 45-46

 

El Señor dijo a Moisés y a Aarón:

“Cuando alguno tenga una inflamación, una erupción o una mancha en la piel, y se le produzca la lepra, será llevado ante Aarón, el sacerdote, o cualquiera de sus hijos sacerdotes. Se trata de un hombre con lepra: es impuro. El sacerdote lo declarará impuro de lepra en la cabeza. El que haya sido declarado enfermo de lepra andará harapiento y despeinado, con la barba tapada y gritando: “¡Impuro, impuro!” Mientras le dure la afección, seguirá impuro; vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento.”

 

Palabra de Dios.

 

SALMO     Sal 31

 

R: Tú eres mi refugio, me rodeas de cantos de liberación.

 

Dichoso el que está absuelto de su culpa,

a quien le han sepultado su pecado;

dichoso el hombre a quien el Señor

no le apunta el delito. R.

 

Había pecado, lo reconocí,

no te encubrí mi delito;

propuse: “Confesaré al Señor mi culpa”

y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R.

 

Alegraos, justos, y gozad con el Señor;

aclamadlo, los de corazón sincero. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo

a los cristianos de Corinto 1 Cor 10,31-11,1

 

Hermanos: Cuando comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios. No deis motivo de escándalo a los judíos, ni a los griegos, ni a la Iglesia de Dios, como yo, por mi parte, procuro contentar en todo a todos, no buscando mi propio bien, sino el de la mayoría, para que se salven. Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 1,40-45

 

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: “Si quieres, puedes limpiarme.” Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Quiero: queda limpio.” La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: “No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.” Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Los capítulos 13 y 14 del Levítico, nos transmiten las leyes sobre las enfermedades de la piel y la lepra, con las medidas preventivas para evitar lo que se creía que era contagioso. Y el complicado ritual que había que realizar, en caso de curación, para reintegrar a la vida normal al que se curaba
  • La lepra era el signo del pecado, de la impureza ante Dios. Por eso era el sacerdote el que debía diagnosticarla y separar de la comunidad al enfermo, y verificar la curación para reintegrarlo a ella. Porque la lepra era considerada como una enfermedad contagiosa.

***

  • Es sabido que los judíos, no comían de una carne sacrificada a los ídolos por considerarla impura. Pensaban que el que comía de esa carne participaba de alguna manera en el culto pagano y se incapacitaba para el culto legítimo de Israel. Pablo concluye su controversia acerca de la licitud o no para los cristianos de comer o no carne sacrificada a los ídolos.
  • Pablo defiende la opinión de los llamados “fuertes”, que comían sin miramiento alguno de toda carne que se vendía en los mercados públicos; pero les advierte que por consideración a los “débiles”, no coman carne cuando éstos les digan que ha sido sacrificada a los ídolos. Ya comamos o bebamos o hagamos cualquier cosa, la suprema norma de conducta cristiana es dar gloria a Dios y nadie puede dar gloria a Dios si desprecia la conciencia de los demás. Por eso es preciso no escandalizar a nadie, ni a los judíos, ni a los gentiles, ni a los de fuera ni a los hermanos en la fe.

***

  • Con frecuencia la Biblia nos habla de la lepra. Es como un símbolo que nos habla del pecado, del mal. El leproso aparece para la mentalidad del pueblo de Jesús como una representación del pecador.
  • Al leproso se lo mantenía alejado de la comunidad, no sólo por motivos higiénicos, sino también, en términos religiosos. La lepra era considerada como consecuencia de un castigo divino especial, por ciertos pecados cometidos y, dado su carácter contagioso y repugnante, transformaba al leproso en un verdadero excluido de la sociedad. Vivía alejado de los lugares poblados, con las ropas rotas, los cabellos sueltos, y en caso de que se encontrara con alguien, debía gritar: «Impuro, impuro», lo que significaba que el leproso estaba incapacitado para participar en la asamblea religiosa y tratar con las demás personas, consideradas puras. Para Jesús, como para los judíos de su tiempo, la ley estaba muy clara. El hombre con lepra era un hombre impuro. Acercarse a él, tocarlo, significaba contraer impureza, como con el contacto de un cadáver.
  • A Jesús se le acerca uno de estos “muertos en vida”, y violando la ley que no le permitía relacionarse con los demás, ni siquiera para buscar su salud, se tira de rodillas, y en vez de gritar “¡impuro, impuro!”, le suplica: “Si quieres, puedes limpiarme”. Con este gesto, con estas palabras, da muestras de una plena confianza en El, de una verdadera fe: “Si quieres, puedes limpiarme”. En sus palabras, está implícita su confesión en el poder divino de Jesús, al pedirle algo que sólo Dios puede hacer.
  • Jesús, permitiéndole acercarse a Él y tocándolo, también viola la ley, según la cual, en ese mismo instante, Jesús quedaría contaminado de impureza. Pero sucede exactamente lo contrario de lo que decía la ley: el leproso queda limpio, queda puro, queda curado de su enfermedad. El amor de Jesús libró al leproso de la enfermedad y de la marginación. La vida nueva del Reino venció a la ley y Jesús le quitó a la enfermedad su sentido de castigo divino.
  • Para Jesús más importante que la lepra, que la impureza legal y que la misma ley de Moisés, es la persona necesitada. La persona está por encima de la ley. Por eso permite que se le acerque el leproso, extiende hacia él la mano y lo toca. No tiene en cuenta ni el peligro de contagio, ni el posible escándalo, ni el enfrentamiento con los defensores de la ley. Por encima de todo está el hombre arrodillado y necesitado de ayuda.
  • Quedar limpio para aquel pobre hombre, no era sólo quedar curado de su enfermedad, sino tener la posibilidad de reinsertarse en la vida de la comunidad. Para aquel hombre, quedar limpio era verdaderamente volver a la vida.
  • Jesús, como anunciador de la Buena Noticia, no sólo predica y cura enfermos sino que, libera a los marginados devolviéndolos a la comunidad. Aunque el hacerlo le cause marginación y ya no pueda entrar abiertamente en ningún pueblo.
  • De aquí en adelante ya no es la lepra lo que se contagia, sino el amor y la salvación, ya no son el mal y la desesperación los que tienen la última palabra.
  • Todos los tiempos tienen su lepra y sus enfermedades. En el nuestro están ahí y de forma clara por todas las esquinas de nuestras ciudades: deficientes mentales, delincuentes comunes, drogadictos, alcohólicos, prostitutas, ancianos, minusválidos. El problema está en carne viva. Los progresos científicos, y concretamente los médicos, no han conseguido mejorar la condición humana, y aparecen nuevas enfermedades y marginaciones que inspiran horror o repugnancia a nuestra sociedad, por lo que tendemos a apartarlos, marginarlos de nuestra sociedad.
  • También hoy la mayoría de marginados son considerados de algún modo impuros en todos los sentidos. Hoy hay una gran diferencia con los leprosos del evangelio. Israel no producía la lepra, en cambio es nuestra sociedad la que produce la marginación. Este es el punto oscuro de nuestro sistema de vida, tan lleno de contradicciones.
  • Lo importante es que frente a estas nuevas situaciones de marginación, surjan nuevos Jesús, que rompan las barreras de la marginación y lleven el alivio de la liberación.
  • El desafío está presente para la Iglesia y los discípulos de Jesús. Su mensaje es bien claro, y también su ejemplo y el camino a seguir. Frente a un mundo que cierra cómodamente los ojos para no ver al que sufre, o ante aquellos que pueden crearnos problemas; no ve más solución que meterlos en bolsas de basura y dejarlos que se vayan pudriendo en las afueras de nuestras ciudades; Jesús enseña a los que quieran seguirlo, un camino diferente: acoger, integrar, salvar.
  • Se trata de una lógica totalmente distinta. Ir por el mundo con los brazos abiertos acogiendo, comprendiendo, compartiendo, integrando; a pesar del miedo de que algo sucio se nos pueda pegar. Ir por el mundo dando la vida, amando.
  • El compromiso de Jesús con los pobres y excluidos del mundo es y debe ser el compromiso de su Iglesia y de sus discípulos. El principal mandamiento del cristiano es el amor al prójimo, y el más prójimo para la fe, aquellos en los que se hace presente Jesús, son precisamente los pobres y marginados de la sociedad.
  • Al acercarse Jesús al leproso, rompe todas las normas vigentes en Israel, y es que para Él, sólo existe una ley importante: la del amor. La veracidad evangélica de nuestras comunidades está, en su capacidad de acoger a los marginados. Si bien no tenemos el poder de limpiar la “lepra”, tenemos el poder de hacer que un marginado deje de serlo: basta con “extender la mano” y acogerlo. Esta es la auténtica y verdadera ley cristiana.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Percibo, veo, me conmueven las realidades de pobreza, de marginación, de exclusión en mi ambiente?
  • ¿Qué actitud de Jesús me siento llamado a imitar, a vivir desde esta Palabra que me regala hoy?
  • ¿Qué obstáculos, qué miedos me impiden acercarme, acoger, integrar a mis hermanos sufrientes?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Límpiame de mis cegueras y mis miedos Señor

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

«Quiero: queda limpio»

 

…” El Señor cura cada día el alma de todo aquel que se lo pide, le adora piadosamente y proclama con fe estas palabras: «Señor, si quieres, puedes limpiarme», y esto sea cual sea el número de sus faltas. Porque «todo el que invoca el nombre del Señor se salvará» (Rm 10,10). Es preciso, pues, que dirijamos a Dios nuestras peticiones con toda confianza, sin dudar en absoluto, de su poder… Esta es la razón por la que el Señor, al leproso que se lo pide, le responde inmediatamente: «Quiero». Porque, apenas el pecador comienza a rogarle con fe, que ya la mano del Señor se pone a curarle la lepra de su alma…

Este leproso nos da un consejo muy bueno sobre la manera de orar. De ninguna manera duda de la voluntad del Señor como si rechazara creer en su bondad. Sino que, consciente de la gravedad de sus faltas, no quiere presumir de esta voluntad. Diciendo al Señor que si quiere puede curarle, afirma que este poder pertenece al Señor y, al mismo tiempo, afirma su fe… Si la fe es débil, debe primero fortalecerse. Es tan sólo entonces que revelará todo su poder para alcanzar la curación del alma y del cuerpo.

Sin duda que el apóstol Pedro habla de esta fe cuando dice: «Ha purificado sus corazones con la fe» (Hch 15,9)… La fe pura, vivida en amor, sostenida por la perseverancia, paciente en la espera, humilde en su afirmación, firme en su confianza, llena de respeto en su plegaria y de sabiduría en lo que pide, está cierta de poder oír en toda circunstancia esta palabra del Señor: «Quiero»”…

 

San Pascasio Radbert (?-hacia 849) monje benedictino – Comentario al evangelio de Mateo, 5,8; CCM 56 A, 475-476

 

PARA REZAR

 

Yo te sigo

 

He querido poner la mano en el arado

y emprender el camino que tú seguiste.

Haz de mí un hombre recto.

Haz de mí un hombre decidido

a no dejar rincones de mi vida

sin abrirlos al juicio de tu Palabra.   

 

He decidido no volver la mirada atrás.

Porque es la tentación de quien cree

que ya hizo bastante.

Porque es el pecado del que puedo hacer y no hizo.

Ayúdame, Señor, a ser fiel a mi opción por Ti.

 

José Santana

LUNES VI

 

¿Por qué esta generación pide un signo?

 

Lectura del libro del Génesis    3,23a ; 4, 1-15. 25

 

El hombre se unió a Eva, su mujer, y ella concibió y dio a luz a Caín. Entonces dijo: «He procreado un varón, con la ayuda del Señor.» Más tarde dio a luz a Abel, el hermano de Caín. Abel fue pastor de ovejas y Caín agricultor.

Al cabo de un tiempo, Caín presentó como ofrenda al Señor algunos frutos del suelo, mientras que Abel le ofreció las primicias y lo mejor de su rebaño. El Señor miró con agrado a Abel y su ofrenda, pero no miró a Caín ni su ofrenda. Caín se mostró muy resentido y agachó la cabeza.

El Señor le dijo: « ¿Por qué estás resentido y tienes la cabeza baja? Si obras bien podrás mantenerla erguida; si obras mal, el pecado está agazapado a la puerta y te acecha, pero tú debes dominarlo.»

Caín dijo a su hermano Abel: «Vamos afuera.» Y cuando estuvieron en el campo, se abalanzó sobre su hermano y lo mató. Entonces el Señor preguntó a Caín: « ¿Dónde está tu hermano Abel?»

«No lo sé», respondió Caín. « ¿Acaso yo soy el guardián de mi hermano?»

Pero el Señor le replicó: « ¿Qué has hecho? ¡Escucha! La sangre de tu hermano grita hacia mí desde el suelo. Por eso maldito seas lejos del suelo que abrió sus fauces para recibir la sangre de tu hermano derramada por ti. Cuando lo cultives, no te dará más su fruto, y andarás por la tierra errante y vagabundo.»   

Caín respondió al Señor: «Mi castigo es demasiado grande para poder sobrellevarlo. Hoy me arrojas lejos del suelo fértil; yo tendré que ocultarme de tu presencia y andar por la tierra errante y vagabundo, y el primero que me salga al paso me matará.»

«Si es así, le dijo el Señor, el que mate a Caín deberá pagarlo siete veces.» Y el Señor puso una marca a Caín, para que al encontrarse con él, nadie se atreviera a matarlo.

Adán se unió a su mujer, y ella tuvo un hijo, al que puso el nombre de Set, diciendo: «Dios me dio otro descendiente en lugar de Abel, porque Caín lo mató.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 49, 1y 8. 16b-17. 20-21 (R.:14a)

 

R.    Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza.

 

El Dios de los dioses, el Señor,

habla para convocar a la tierra

desde la salida del sol hasta el ocaso.

No te acuso por tus sacrificios:

¡tus holocaustos están siempre en mi presencia!» R.

 

« ¿Cómo te atreves a pregonar mis mandamientos

y a mencionar mi alianza con tu boca,

tú, que aborreces toda enseñanza

y te despreocupas de mis palabras? R.

 

Te sientas a conversar contra tu hermano,

deshonras al hijo de tu propia madre.

Haces esto, ¿y yo me voy a callar?

¿Piensas acaso que soy como tú?

Te acusaré y te argüiré cara a cara.» R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Marcos     8, 11-13

 

En aquel tiempo:

Llegaron los fariseos, que comenzaron a discutir con él; y, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Jesús, suspirando profundamente, dijo: «¿Por qué esta generación pide un signo? Les aseguro que no se le dará ningún signo.»

Y dejándolos, volvió a embarcarse hacia la otra orilla.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Partiendo de un relato primitivo que hablaba del origen de los quenitas, el autor del Génesis nos habla de la violenta conducta humana en los comienzos de la historia. Las consecuencias del pecado de Adán y Eva no se hizo esperar: se rompe la armonía de relaciones con Dios y entre los mismos seres humanos. El deterioro de la humanidad se pone de manifiesto.
  • La vida agrícola y pastoril representada por Caín y Abel, simbolizan dos tipos diversos de vida humana. Unidos como hermanos pero diferentes en su profesión, en sus manifestaciones cúlticas, en sus actitudes. Caín no acepta que las ofrendas de su hermano al Señor sean más gratas que las suyas y se enfurece contra él.
  • El pecado acecha agazapado y se puede apoderar del hombre en cualquier momento. Caín puede dominarlo, pero, al no aceptar al hermano, será el pecado el que se apodere de él; así se comete el primer fratricidio de la historia. El odio, nacido de la envidia, ha ocasionado la ruptura de la hermandad humana. El intento de querer ser como dioses hace que no podamos soportar al que está al lado, aunque éste sea nuestro hermano de sangre.
  • Dios pide cuentas, le interesa la justicia entre los hombres. La sangre inocente grita y el Señor no puede dejar de escuchar. Por eso Caín es maldecido y se le impone el destierro; la misma tierra, el suelo que él cultivó, también sufre las consecuencias de la sangre derramada: se lo maldice, se le niega su fuerza maternal. El mundo se convierte así en el espacio de su infructífero y vano vagar. Y, a pesar del fratricidio, Caín sigue con vida; Dios nunca destruye al hombre sino que siempre cuida de él a tal punto que prohíbe terminantemente la venganza.

***

  • Los milagros de Jesús no son realizados para asombrar a la pobre gente, sino para mostrarles que la gran noticia es realmente su liberación total. Por eso los milagros se refieren siempre a la liberación del hombre: de la enfermedad, de la muerte, de la opresión.
  • Por el contrario, los fariseos insisten mucho sobre los aspectos triunfalistas del futuro Mesías. Desde aquí se comprende la pretensión de los fariseos al reclamar un signo del cielo. Exigen que Dios dé directamente una prueba de la mesianidad de Jesús. Como representantes de la religión, deben pronunciarse, y quieren apoyar su opinión en hechos irrefutables.
  • Jesús se encuentra entre la indignación y el estupor. No habrá más signo que su propia vida. Este es el gesto que manifiesta que Dios actúa: la vida del Nazareno. No se dará otro signo que la obediencia del Hijo, una vida vivida absolutamente bajo la inspiración del Espíritu. Su vida habla por sí misma y es la más válida demostración. Estos son los signos de los tiempos: un hombre que ama hasta el extremo, que habla de perdón y lo realiza en gestos hasta el punto de dar su vida; un hombre que de cara al creador en su oración lo llama “Abba- papito”.
  • El signo de salvación que Dios da es la vida entregada de su Hijo Predilecto, que llega hasta las últimas consecuencias del amor. Signo para nosotros debe ser la comunidad reunida, la palabra proclamada, el pan y el vino de la Eucaristía, la gracia del perdón, la entrega de muchos por los más pobres y necesitados. Signo para el pueblo será hoy nuestra vida de hombres serenos y esperanzados ante las dificultades, nuestra constancia en buscar el bien a costa muchas veces de renuncias, nuestra fidelidad a la llamada recibida desde la vida vivida en clave misionera, nuestra apertura y capacidad de comprensión ante los errores y pecados de los otros.
  • Siempre ha existido y existirá la tentación “farisaica” de buscar y ofrecer señales asombrosas, que hagan callar a los adversarios. Esta tentación llega casi siempre en momentos críticos de decadencia de la fe: no teniendo que ofrecer a los otros testimonios vivos y reales, se intenta seguir presentes a través de fenómenos sobrenaturales, muy lejos del espíritu de los milagros de Jesús, y muy cerca de los resultados que buscan los medios de comunicación y la propaganda.
  • Jesús, el Hijo de Dios, se manifiesta de manera discreta en medio de nuestra vida y ha elegido precisamente lo débil para confundir a los poderosos. La fe en Jesús, en Dios, no se compra, no se condiciona, no se somete a juicios humanos de convalidación. Es don, y los dones se piden y reciben sencillamente como gracia.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Ando buscando signos para hacer crecer mi fe?
  • ¿Qué signos pido?
  • ¿Qué signos doy?

     

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Quiero descubrirte y manifestarte Señor

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

¿Por qué esta generación reclama un signo?

 

… “Padre Santo, Dios todopoderoso…, cuando yo elevo la débil luz de mis ojos, ¿puedo dudar de que eso es tu cielo? Cuando contemplo el curso de las estrellas, su retorno en el ciclo anual, cuando veo las Pléyades, la Osa menor y la Estrella de la mañana y considero que cada una brilla en el lugar que tú le has asignado, comprendo, oh Dios, que tú estás allí, en estos astros que yo no comprendo. Cuando veo «las soberbias olas del mar» (sl 92,4), no comprendo el origen de esta agua, ni tampoco comprendo quien es que pone en movimiento su flujo y reflujo regular y, sin embargo, creo que hay una causa –ciertamente para mí impenetrable- en estas realidades que yo ignoro, y también allí percibo tu presencia.

Si vuelvo mi espíritu hacia la tierra que, por el dinamismo de unas fuerzas escondidas, descompone todas las semillas que antes ha acogido en su seno, las hace germinar lentamente y las multiplica, después las hace crecer, no encuentro allí nada que pueda comprender con mi inteligencia; pero esta misma ignorancia me ayuda a discernirte, a ti, puesto que, si soy incapaz de comprender la naturaleza que ha sido puesta a mi servicio, sin embargo te encuentro a través de este mismo hecho de que ella está allí, para mi uso.

Si me vuelvo hacia ti, la experiencia me dice que yo no me conozco a mi mismo, y te admiro tanto más por el hecho de ser yo un desconocido para mí mismo. En efecto, aunque yo no los puedo comprender, sí tengo experiencia de los movimientos de mi espíritu que juzga sus operaciones, su vida, y esta experiencia te la debo sólo a ti, a ti que me has hecho participar de esta naturaleza sensible que me da un gran gozo, aunque su origen se encuentra más allá de lo que alcanza mi inteligencia. No me conozco a mi mismo, pero te encuentro en mí y, encontrándote, te adoro”…

 

San Hilario (hacia 315-367), obispo de Poitiers y doctor de la Iglesia – La Trinidad, libro 12, 52-53

 

PARA REZAR

 

Tu eres el Hijo de Dios que te hiciste hermano y amigo nuestro.
Gracias, Jesús porque me quieres.
Tu viniste a enseñarnos el camino del cielo
Tu viniste a salvarnos del pecado y de la muerte.
Tú viniste a decirnos que Dios es un Padre que nos ama.
Tú viniste a enseñarnos a construir un mundo mas digno del hombre.
Tu viniste a animarnos y hadarnos fuerza para ser mejores.’
Tú viniste a consolarnos en nuestras tristezas y a traer alegría a
nuestra vida.
Tú viniste a enseñarnos como amarnos y perdonarnos unos a otros.
Padre Dios, Tu nos amaste tanto que nos enviaste a Jesús, tu propio
Hijo, para salvarnos; ayúdanos a escuchar y cumplir siempre lo que El
nos dice.
Te lo pedimos por el mismo Cristo Jesús.

Amén.

 

MARTES VI

 

Cuídense de la mala levadura

 

Lectura del libro del Génesis    6, 5-8; 7, 1-5. 10

 

Cuando el Señor vio qué grande era la maldad del hombre en la tierra y cómo todos los designios que forjaba su mente tendían constantemente al mal, se arrepintió de haber hecho al hombre sobre la tierra, y sintió pesar en su corazón. Por eso el Señor dijo: «Voy a eliminar de la superficie del suelo a los hombres que he creado -y junto con ellos a las bestias, los reptiles y los pájaros del cielo- porque me arrepiento de haberlos hecho.» Pero Noé fue agradable a los ojos del Señor.

Entonces el Señor dijo a Noé: «Entra en el arca, junto con toda tu familia, porque he visto que eres el único verdaderamente justo en medio de esta generación. Lleva siete parejas de todas las especies de animales puros y una pareja de los impuros, los machos con sus hembras -también siete parejas de todas las clases de pájaros- para perpetuar sus especies sobre la tierra. Porque dentro de siete días haré llover durante cuarenta días y cuarenta noches, y eliminaré de la superficie de la tierra a todos los seres que hice.» Y Noé cumplió la orden que Dios le dio.

A los siete días, las aguas del Diluvio cayeron sobre la tierra.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO     Sal 28, 1a y 2. 3ac-4. 3b y 9c-10 (R.:11b)

 

R.    El Señor bendice a su pueblo con la paz.

 

¡Aclamen al Señor, hijos de Dios!

¡Aclamen la gloria del nombre del Señor,

adórenlo al manifestarse su santidad! R.

 

¡La voz del Señor sobre las aguas!

El Señor está sobre las aguas torrenciales.

¡La voz del Señor es potente,

la voz del Señor es majestuosa! R.

 

El Dios de la gloria hace oír su trueno.

En su Templo, todos dicen: «¡Gloria!»

El Señor tiene su trono sobre las aguas celestiales,

el Señor se sienta en su trono de Rey eterno. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    8, 13-21

 

Los discípulos se habían olvidado de llevar pan y no tenían más que un pan en la barca. Jesús les hacía esta recomendación: «Estén atentos, cuídense de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes.» Ellos discutían entre sí, porque no habían traído pan.

Jesús se dio cuenta y les dijo: «¿A qué viene esa discusión porque no tienen pan? ¿Todavía no comprenden ni entienden? Ustedes tienen la mente enceguecida. Tienen ojos y no ven, oídos y no oyen. ¿No recuerdan cuántas canastas llenas de sobras recogieron, cuando repartí cinco panes entre cinco mil personas?»

Ellos le respondieron: «Doce.»

«Y cuando repartí siete panes entre cuatro mil personas, ¿cuántas canastas llenas de trozos recogieron?»

Ellos le respondieron: «Siete.»

Entonces Jesús les dijo: «¿Todavía no comprenden?»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • En todos los pueblos de la tierra, desde las culturas más primitivas a las más altas, se conocen relatos del diluvio. El relato del Génesis pertenece a una leyenda popular muy extendida en el Oriente Medio, originada tal vez por alguna gran inundación en Mesopotamia, entre los ríos Tigris y Éufrates.
  • El escritor bíblico dibuja con trazos claros y decididos la situación de la humanidad: “… la maldad del hombre crecía sobre la tierra, y que todo su modo de pensar era siempre perverso…”. La realidad del pecado se va haciendo cada vez más ancha y funesta; la negativa con que los hombres se enfrentaban a Dios era cada vez más profunda e insistente. Este pecado que primeramente se había manifestado sólo en la persona de Caín, devora ya a toda la humanidad.
  • La figura de Dios aparece con rasgos humanos inauditos. Dios no es el que lo sabe todo, y se ha visto sorprendido por el modo de obrar de los hombres, hasta el punto de sentir la desilusión y el desaliento ante su creación. Este arrepentimiento de Dios quiere dar a entender su gran interés por los hombres.
  • El diluvio pone de relieve la contingencia de todo lo creado y la fuerza devastadora de los pecados de los hombres. El diluvio, es un juicio contra el pecado y la maldad, que progresivamente había llevado a la humanidad a un deterioro extremo. Dios se reserva la familia de Noé, para empezar de nuevo la aventura de la historia. Una vez más aparece la gratuidad sorprendente de Dios que va eligiendo a los que Él quiere. Dios purifica y castiga, pero también anuncia la salvación.

***

  • Jesús va sacando enseñanzas de las cosas de la vida, aunque sus oyentes esta vez, como tantas otras, no acaban de entenderle. Al subir en la barca, los discípulos se habían olvidado de llevarse pan; por casualidad les quedaba un pequeño pedazo. Jesús los invita a “cuidarse de la levadura de los fariseos y de Herodes”. Los discípulos no entienden; a lo sumo creen que se trata de un reto por no haber llevado el alimento necesario. Sin embargo, el significado de aquellas palabras era más profundo.
  • La palabra “levadura” posee un significado particular. La fiesta de la pascua implicaba, entre otras cosas, el rito de comer panes no fermentados. La levadura era considerada como signo y causa de corrupción. La pascua era la fiesta de la novedad, de la renuncia a lo viejo, de la búsqueda de un Dios que se revela en lo nuevo. Pero en la literatura de ese momento, la metáfora de la levadura, se aplicaba frecuentemente no a cualquier “corrupción” moral, sino muy concretamente al orgullo, a la soberbia, a la hipocresía.
  • Jesús quiere poner a los discípulos en guardia contra el orgullo y la soberbia de los fariseos, que pensaban en un Mesías triunfal, en un jefe, que con prodigios grandiosos someta al mundo. Para Jesús no se trata de alcanzar el poder, sino de servir a la humanidad necesitada.
  • Jesús, evoca el recuerdo de los dos relatos de multiplicación de los panes, para que los discípulos puedan entender que lo opuesto a la levadura de los fariseos y los herodianos, es el repartir o compartir el pan con los necesitados. Este es el único milagro que se debe realizar en este mundo, mientras se va proclamando la gran noticia del reino de Dios. El hecho de compartir el pan no empobrece, sino que, todo lo contrario, enriquece; sólo así se recoge la riqueza del Reino de Dios.
  • Tenemos que pedir la gracia de poder discernir entre las levaduras que encontramos en nuestro mundo. Si la levadura no es buena, el pan resultante ya no será fuente de vida, sino fuente de enfermedad y muerte.
  • Existen muchas cosas buenas en nuestro mundo, pero también hay muchas cosas que, fruto del pecado del hombre, son causa de injusticia, de opresión, de odios, de muerte. En nosotros, con la ayuda del Espíritu, está el elegir todo aquello que nos ayude a crecer, a vivir, a ser solidarios, a amar y a rechazar todo aquello que, aún con hermosas y prometedoras apariencias es portador de muerte, de injusticia e infelicidad.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Cuáles son nuestras expectativas frente al Reino de Dios?
  • ¿Qué levaduras hacen crecer nuestra vida?
  • ¿Experimento la riqueza del compartir?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Quiero ser buena levadura Señor

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

..”«El buen Dios, que nos ama tanto, ya tiene bastante pena con estar obligado a dejarnos cumplir nuestro tiempo de prueba en la tierra, sin que vengamos constantemente a decirle que estamos mal en ella; no tenemos que adoptar el aspecto de que nos damos cuenta de ello» (CSG, 58).

Este pasaje de santa Teresa, cuando lo comparamos con la idea generalmente difundida, tiene un carácter singular. Se ha empleado tanto el vocabulario del sufrimiento en la teología occidental que parece que Dios, sin complacerse propiamente en el sufrimiento del hombre, lo desea en sí mismo. Recordemos, por ejemplo, a Pascal diciendo que la enfermedad es el estado natural del cristiano, que debe asombrarse de estar sano: ¡qué horrible proposición!

Ahora bien, el pasaje de santa Teresa que acabamos de citar implica una sensibilidad nueva en relación con el sufrimiento. No se trata de que santa Teresa quiera una vida sembrada de facilidades: es sabido que siempre tomó en la religión su dimensión de austeridad y de esfuerzo, que siempre tuvo una devoción particular al rostro crucificado del Señor, hasta el punto de llevar su nombre. En efecto, se llama Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz. Se puede decir que su corta vida fue una sucesión de pruebas, la más dolorosa de las cuales fue la parálisis de su padre, antes de que llegara su consunción. Pero no atribuye a este sufrimiento un valor de salvación en cuanto es sufrimiento, como a menudo hacen los cristianos, y, sobre todo, como los adversarios del cristianismo les reprochan.

El sufrimiento, para Teresa, es un medio en vistas a un fin. Eso supone unirse a la idea profunda de la epístola a los Filipenses y de la epístola a los Hebreos: el sufrimiento de Cristo es una consecuencia de su obediencia al Padre. No le fue impuesto a causa de ningún valor del sufrimiento en sí mismo. Ahora bien, tras la caída, el sufrimiento (por el que podemos brindar a Dios una adhesión desinteresada y redimir el mal uso de la libertad), el sufrimiento, decía, es un medio corto de acercarnos a nuestro fin. Dios, que lo ve y lo quiere, lo ve y lo quiere a la manera de un remedio o de una operación de cirugía. Y este medio violento es tan pasajero, y sobre todo es tan ínfimo, cuando lo comparamos con lo que obtiene, que es de otro orden: eterno, dichoso, inmutable. Por eso, se comprende que la hermana de Teresa haya condensado su pensamiento sobre el mal en esta imagen atrevida y virgiliana: Dios sufre por nuestro sufrimiento, El nos lo envía volviendo la cabeza.

Desde esta perspectiva, el Dios de los cristianos no es un Dios «vengador», sino un Amor eterno, educador, prudente y sabio, que, lejos de multiplicar las penas, se las ingenia para abreviarlas, suspenderlas y reducirlas, en la medida en que ello es divinamente posible, para satisfacer su justicia, que, por lo demás, es idéntica a la gloria que desea para las almas.

Estamos lejos de la idea del valle de lágrimas. Tampoco se trata de la lluvia de rosas que el lector superficial de santa Teresa se imagina que la santa quería que cayera continuamente sobre sus amigos. Estamos más allá de ambas imágenes, comprendemos el sufrimiento en su finalidad profunda: lo trasladamos a su medida divina.

Volvemos a encontrar aquí, bajo una forma muy sencilla, la enseñanza de san Pedro y san Pablo cuando decían, sin haberse puesto de acuerdo y partiendo de puntos de vista bastante diferentes, que los sufrimientos de este tiempo no tienen ninguna comparación con el peso eterno de la gloria, o que estamos tristes durante un breve lapso de tiempo por diversas pruebas, puesto que es necesario.

Y podríamos decir que ése es también, en san Lucas, el pensamiento de Jesús resucitado, cuando conversa con los discípulos por el camino de Emaús: Jesús no hace alusión a la rapidez de la cruz, pero los tres compañeros sabían que la cosa había sido rápida, puesto que el jueves precedente ya no se hablaba de ella. Y Jesús recuerda la ley de toda carne y de todo espíritu: « ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?» (Lc 24,26).

Cuando se piensa en la objeción del racionalismo, del humanismo y del comunismo contra la doctrina cristiana como enemiga de la felicidad, se puede calibrar qué oportuna es esta dirección de la mística teresiana.

El sufrimiento no es obra de Dios, del Dios bueno, del Padre de quien viene todo bien; es obra del pecado, fruto de la desgracia original: pero la adorable misericordia divina transforma ese fruto amargo en un remedio «ennoblecedor». Goza ya de nosotros. « ¡Oh, cuánto bien hace este pensamiento a mi alma -escribe Teresa-, comprendo entonces por qué El nos deja sufrir!»”…

 

J. Guitton, El genio de Teresa de Lisieux, Edicep, Valencia 1996, pp. 33-35.

 

PARA REZAR

 

Oración de Abandono

 

Cuán difícil es alabarte en medio de la prueba Señor,
pero hoy lo quiero hacer.
Cuán difícil es abandonarme a tu Santa Voluntad,
pero hoy lo quiero hacer.
Cuán difícil es confiar me medio las malas noticias,
pero hoy lo quiero hacer.

Por eso en medio de toda la prueba,
gracias Señor por las cosas que permites.
Hoy me abandono por completo en tus manos
al enfrentarme a cosas tan grandes para mí,
pero tan pequeñas para tí.
Y hoy, hoy confío en que tengo un Padre Celestial
para quien las malas noticias que yo recibo
son la forma de mostrar su poder y su amor.

Por eso aunque no pueda entender, te alabo.
Aunque me sea difícil, me abandono.
Y aunque las malas noticias caigan de todas partes,
hoy confío en ti, Señor.

De esta forma seré testigo de tu poder,
tu amor, tu grandeza y de cómo enseñas estas cosas
a los mansos y humildes,
para confundir a los poderosos y fuertes de este mundo.

 

Amén.

 

 

Piera Ferrari