TIEMPO DTE EL AÑO – SEMANA XXXIV – CICLO B

DOMINGO XXXIV

CICLO B

SOLEMNIDAD DE CRISTO REY

 

 

Lunes XXXIV

 

 

Martes XXXIV

 

 

Miércoles XXXIV

 

 

Jueves XXXIV

 

 

Viernes XXXIV

San Andrés, Apóstol (F)

 

 

Sábado XXXIV

 

 

DOMINGO XXXIV

CICLO B

SOLEMNIDAD DE CRISTO REY

 

He venido para dar testimonio de la verdad

 

PRIMERA LECTURA

Lectura de la profecía de Daniel    7, 13-14

 

Yo estaba mirando, en las visiones nocturnas, y vi que venía sobre las nubes del cielo como un Hijo de hombre; él avanzó hacia el Anciano y lo hicieron acercar hasta él.

Y le fue dado el dominio, la gloria y el reino, y lo sirvieron todos los pueblos, naciones y lenguas. Su dominio es un dominio eterno que no pasará, y su reino no será destruido.

 

Palabra de Dios.

 

 

SALMO    Sal 92, 1ab. 1c-2. 5 (R.: 1a)

 

R.    ¡Reina el Señor, revestido de majestad!

 

¡Reina el Señor, revestido de majestad!

El Señor se ha revestido,

se ha ceñido de poder.

 

El mundo está firmemente establecido:

¡no se moverá jamás!

Tu trono está firme desde siempre,

tú existes desde la eternidad.

 

Tus testimonios, Señor, son dignos de fe,

la santidad embellece tu Casa

a lo largo de los tiempos.

 

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura del libro del Apocalipsis    1, 5-8

 

Jesucristo es el Testigo fiel, el Primero que resucitó de entre los muertos, el Rey de los reyes de la tierra. El nos amó y nos purificó de nuestros pecados, por medio de su sangre, e hizo de nosotros un Reino sacerdotal para Dios, su Padre. ¡A él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos! Amén.

El vendrá entre las nubes y todos lo verán, aún aquellos que lo habían traspasado. Por él se golpearán el pecho todas las razas de la tierra. Sí, así será. Amén.

Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, el que es, el que era y el que vendrá, el Todopoderoso.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    18, 33b-37

 

Pilato llamó a Jesús y le preguntó: « ¿Eres tú el rey de los judíos?»

Jesús le respondió: « ¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?»

Pilato replicó: « ¿Acaso yo soy judío? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en mis manos. ¿Qué es lo que has hecho?»

Jesús respondió: «Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí.»

Pilato le dijo: « ¿Entonces tú eres rey?»

Jesús respondió: «Tú lo dices: yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz.»

 

Palabra del Señor

 

Para reflexionar

 

  • El texto de Daniel nos describe en su visión cómo un “hijo del hombre” aparece entre nubes y cómo recibe de Dios el señorío universal. Más que su identidad, el término “hijo del hombre” designa una función. La función mesiánica de perfeccionar la creación de Dios conduciendo a la humanidad a la plenitud de la vocación que Dios le ha asignado: reconciliar a todos los seres, los del cielo y los de la tierra. La condición del hijo del Hombre no es la del triunfador sino que se identifica con el que padece hambre, sed, necesidad: Siervo de Yahvéh.

***

  • En la lectura del Apocalipsis el “hijo del hombre” de Daniel toma carne, se hace radicalmente hombre con todas las consecuencias. Asume la naturaleza frágil y perfectible de los miles de hombres que han pasado por esta tierra. Por eso precisamente ha podido liberarnos de la fragilidad, del absurdo, del dolor, del sin sentido de la muerte, de la raíz de nuestros males que es el pecado. Su cuerpo y su rostro aparecen magullados, como los de tantos hombres. El amor nunca pierde. Por su sangre, su obediencia y libertad ha conquistado para los hombres la esperanza.

***

  • En este evangelio Juan contrapone claramente el poder humano, personificado en Pilato que juzga injustamente; pretende ocupar el mismo puesto de Dios; se prostituye; huye de la verdad para defender sus intereses y su puesto; se excusa ante los demás vilmente y el poder divino, personificado en Cristo que no se manifiesta en armas o en tronos; no lleva ejércitos consigo; no pretende subyugar u oprimir a los pueblos; su reino es otro que el que aparece a los ojos humanos; ama la verdad, defiende la verdad, y es testigo de la verdad con sus palabras y con su vida.
  • La realeza de Jesús no le viene de una elección popular, ni de una sucesión dinástica, sino de su condición de Hijo de Dios, hecho hombre y salvador de los hombres. Y por eso es “Evangelio”, buena noticia dada a los hombres, verdad revelada a los hombres sobre Dios, Padre que ama, y sobre los mismos hombres, llamados a ser, en el Espíritu, hijos en el Hijo.
  • Cristo es el Señor y esto lo que únicamente nos asegura la verdadera libertad, la convivencia, la construcción de un mundo de verdad, de justicia, de amor y de paz.
  • La fiesta de Cristo Rey nos sitúa ante este dilema: o Cristo es el Señor y entonces hacemos un mundo humano, o el poder es el Señor y este poder entonces nos destruirá. La respuesta al dilema, no es algo puramente intelectual sino exigencia de conversión y de cambio. Es esfuerzo por relativizar la obra del hombre y aceptar esa constante tensión que nos llama a optar entre el poder de los hombres y el poder de Dios. Si se ama la verdad, no se tiene más que escuchar a Cristo y seguirlo.
  • Los hombres no podremos nunca inventar un poder tan revolucionario y transformador como el de Cristo, porque su poder no es exaltación ni aplastamiento, sino nacimiento a la vida y libertad.
  • Cristo es el Señor y el centro del Universo. Su Resurrección le ha convertido en el primogénito de entre los muertos. El es el punto Omega al que converge toda la creación y en el que toda la historia humana encontrará un final digno y glorioso. En él está nuestra garantía y él es de donde arranca la fuerza de nuestra esperanza.
  • Pero nuestra esperanza es dinámica y operante. Todavía no ha llegado a su plenitud el Reino de Cristo. La verdad, la justicia, el amor y la paz no son las características de este mundo. Por eso la obra de Cristo está inacabada. Todavía hoy se pasa hambre y sed a causa de un mal poder. Se vive explotado, aniquilado, esclavo.
  • El reinado de Dios, proclamado y realizado por Jesús, se basa en las bienaventuranzas, al defender y proteger con justicia a débiles, marginados, oprimidos. No es un reinado puramente interior, sino social. Produce gozo e irritación, aceptación y rechazos, crucifixión y al final, la humanidad redimida.
  • Cristo no reinó desde los sitios privilegiados ni desde los puestos de influencia. Cristo reinó en el servicio, la entrega y la humildad, en el compromiso con los necesitados y con los desgraciados, con los pecadores y las mujeres de la vida, con los que estaban marginados en la sociedad de entonces: ciegos, leprosos, viudas…
  • Creer que Cristo es el Señor es apostar a la liberación que brota del perdón, de la confianza, de la verdad, de la justicia. Ejercitar la esperanza será asumir la tarea de derribar los ídolos, los falsos dioses.
  • Esto no se hace sin riesgo y sin cruz. Pero, el cristiano asume su tarea con espíritu profético, con identidad de apóstol. La seguridad de Cristo lo lleva a vivir pacientemente las tribulaciones que le acarrea el testimonio de la verdad porque sabe que él no es mayor que su Maestro y que identificarse con El significa caminar radicalmente por el camino de la cruz.
  • El reino de Jesús lo vivimos en este mundo, pero no es de este mundo, se sale, lo desborda, llega hasta la vida eterna. Es el Reino de la vida definitiva en la Casa de Dios. Para el discípulo de Jesús reinar es “morir” en servicio de los hermanos los hombres como semilla fecunda de un Reino que se espera, pero que no es posible hacer sin asumir el misterio de servicio y cruz.
  • Nuestra tarea es responder al reinado al que Jesucristo nos llama desde su cruz construyendo un mundo que no se olvide de los que sufren y lloran. Un mundo que no excluya a nadie de los beneficios del desarrollo y que el progreso sea crecimiento no acumulación. Un mundo en el que a los niños no les roben la alegría. Un mundo reconciliado en el que todos podamos mirarnos y tratarnos como hermanos. Porque Jesucristo es el Rey del universo no perdemos la esperanza. Su vida y su mensaje son la medida que alimenta nuestras aspiraciones y nuestras luchas por un mundo distinto y mejor.

 

Para discernir

 

  • ¿Me apasiona la posibilidad de transformar el mundo?
  • ¿Creo en la fuerza oculta del reino?
  • ¿Apuesto con mi vida a un reino que no es de este mundo?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

En cada gesto de amor tu reino llega

 

Para la lectura espiritual

 

La fiesta de Cristo Rey es reciente, pero su contenido es tan viejo como la misma fe cristiana. Pues la palabra «Cristo» no es otra cosa que la traducción griega de la palabra mesías: el ungido, el rey. Jesús de Nazaret, el hijo crucificado de un carpintero, es hasta tal punto rey, que el título de «rey» se ha convertido en su nombre. Al denominarnos nosotros cristianos, nosotros mismos nos denominamos como la «gente del rey», como hombres que reconocemos en él al rey.

Pero lo que significa el reino de Jesucristo sólo puede entenderse adecuadamente si se tiene en cuenta su origen en el antiguo testamento. Ahí se observa en primer lugar algo muy curioso. Un reino no estaba previsto, a todas luces, por parte de Dios para Israel.

Surgió precisamente de una rebelión de Israel contra Dios y contra sus profetas, de un rechazo de la voluntad originaria de Dios. Después de la toma de posesión de la tierra prometida, este pueblo, que estaba constituido por muchas razas, se unió en una especie de confederación que no tenía ninguno que le mandara, sino sólo jueces. Y el juez ni siquiera tenía que hacer la ley como un jefe, sino que se tenía que contentar con aplicar la ley existente, la ley dada. Así, pues, el mando sobre Israel se hallaba sólo en la ley, en el derecho divino que se le había suministrado. La ley debía ser el rey de Israel y a través de la ley, inmediatamente, el mismo Dios. Todos eran iguales, todos libres, porque sólo había un Señor el cual en la ley imponía sus manos sobre Israel.

Pero Israel sintió envidia de los pueblos que le rodeaban, los cuales tenían poderosos reyes. Y quiere ser como ellos. Inútilmente advierte Samuel al pueblo: si tienen un rey, llegarán a ser sus esclavos. Pero ellos no quieren la libertad, la igualdad, el derecho a la elección, el reino de Dios. Quieren ser como los demás; y se asocian así al gesto de Esaú: no cuenta la elección, sino la codicia y la vanidad. El rey es, en Israel, casi la expresión de una rebelión contra el mandato de Dios, una repulsa de la elección, para situarse al nivel de los demás pueblos. Pero ahora ocurre lo curioso. Dios se amolda al capricho de Israel y establece así una nueva posibilidad de su aplicarse o darse a ellos. El hijo de David, del rey, se llama Jesús: en él aflora Dios a la humanidad y se casa con ella. El que mira con profundidad descubre que ésta es la forma fundamental de actuar de Dios. Dios no posee un rígido esquema, que hace que se imponga, sino que sabe encontrar siempre de nuevo al hombre y convertir incluso sus descarríos en caminos: esto se manifiesta ya en Adán, cuya culpa se convierte en una feliz culpa, y eso se manifiesta asimismo en todas las vicisitudes de la historia.

Así, pues, esto es el reino de Dios: un amor que no tiene que desarmarse, cuya fantasía encuentra al hombre por caminos siempre nuevos y de formas siempre nuevas. Por eso el reino de Dios significa para nosotros una confianza inconmovible. Pues esto vale siempre y vale en cada una de las vidas. Nadie tiene motivos para la angustia o el miedo o para la capitulación. Dios siempre hace que se le encuentre. De ahí debiéramos tomar ejemplo en nuestra vida: no anular a nadie, intentar siempre de nuevo dejando que actúe la fantasía de un corazón abierto. No es el imponerse lo más grande, sino la disponibilidad para ponerse en camino hacia Dios y hacia los demás. Así Cristo rey no es la fiesta de aquellos que se hallan bajo un yugo, sino la de aquellos que se sienten agradecidos en manos de aquél que sabe escribir derecho con renglones torcidos.

 

Joseph Ratzinger

 

Para rezar

 

Construir el Reino es,

hacer la Verdad;

porque la más auténtica Verdad

de nuestro mundo es que está llamado

a ser algo muy distinto

de lo que en realidad es;

la más auténtica realidad

de nuestro mundo es que está llamado

a estar construido sobre la solidaridad,

sobre el afecto, la mutua confianza,

la búsqueda del bien común;

la ausencia de todo egoísmo,

de todo tipo de lucha,

de toda forma de injusticia o insolidaridad;

la más auténtica realidad de nuestro mundo

es que está llamado a pervivir,

a transformarse entrando en una vida nueva

y sin término, a reconocer plenamente

que Dios está ahí y que es el Padre común

de todos los hombres

y el autor de toda la creación.

 

 

Lunes XXXIV

 

Ella dio todo lo que tenía para vivir

 

 

Lectura del Libro del Apocalipsis 14,1-3.4-5.

 

Después vi al Cordero que estaba de pie sobre el monte Sión, acompañado de ciento cuarenta y cuatro mil elegidos, que tenían escrito en la frente el nombre del Cordero y de su Padre.

Oí entonces una voz que venía del cielo, semejante al estrépito de un torrente y al ruido de un fuerte trueno, y esa voz era como un concierto de arpas: los elegidos cantaban un canto nuevo delante del trono de Dios, y delante de los cuatro Seres Vivientes y de los Ancianos. Y nadie podía aprender este himno, sino los ciento cuarenta y cuatro mil que habían sido rescatados de la tierra.

Estos son los que no se han contaminado con mujeres y son vírgenes. Ellos siguen al Cordero donde quiera que vaya. Han sido los primeros hombres rescatados para Dios y para el Cordero. En su boca nunca hubo mentira y son inmaculados.

 

Palabra de Dios

 

SALMO Sal 24(23), 1-2.3-4.5-6.

 

R: Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor.

 

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,

el orbe y todos sus habitantes:

él la fundó sobre los mares,

él la afianzó sobre los ríos. R.

 

¿Quién puede subir al monte del Señor?

¿Quién puede estar en el recinto sacro?

El hombre de manos inocentes

y puro corazón,

que no confía en los ídolos. R.

 

Ése recibirá la bendición del Señor,

le hará justicia el Dios de salvación.

Éste es el grupo que busca al Señor,

que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    21, 1-4

 

    Levantado los ojos, Jesús vio a unos ricos que ponían sus ofrendas en el tesoro del Templo. Vio también a una viuda de condición muy humilde, que ponía dos pequeñas monedas de cobre, y dijo: «Les aseguro que esta pobre viuda ha dado más que nadie. Porque todos los demás dieron como ofrenda algo de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que tenía para vivir.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Vuelve a aparecer la “liturgia del cielo”, que vimos la semana pasada. Hoy aparece “el Cordero, de pie, sobre el monte Sión” junto con “ciento cuarenta y cuatro mil que llevan grabado en la frente el nombre del Cordero y el del Padre librando la gran batalla contra el mal”. El cordero llevado al matadero, ahora es el cordero pascual, cabeza de una multitud.
  • El número es simbólico: doce por doce por mil. Significa la plenitud aplicada a las doce tribus de Israel. La visión es esperanzada, el Cordero que conduce a los suyos a la victoria porque han permanecido fieles y forman el cortejo triunfal de Cristo. Ellos son las primicias de la humanidad salvada porque no se han dejado manchar por la idolatría.
  • Su actitud martirial es discipular: siguen al Cordero como los Doce iban siguiendo a Jesús; aman la verdad y no han querido profesar la falsa doctrina de Satanás y unirse a la bestia; y no se han prostituido en la adoración de las imágenes idolátricas, ni han sido colaboracionistas del Imperio.
  • La segunda visión hace referencia a la conducta de los idólatras, a quienes se dirige el juicio de Dios pregonado por tres ángeIes. El primero anuncia el evangelio eterno. El segundo ángel esparce la noticia de la caída de Babilonia. El tercer enviado predice el castigo terrible de los adoradores de la bestia con las imágenes del fuego, del azufre y de la copa que contiene el vino de la ira de Dios.
  • La bienaventuranza final anuncia que los que al morir sellan su testimonio, participan de la alegría y del reposo eternos. Han sufrido como sufrió el Cordero. Desde ahora, pues, son glorificados con Él en el reino del Padre.

***

  • Para la fiesta de Pascua acudían a Jerusalén unos 300 a 400 mil peregrinos. El Templo era para los judíos un motivo de orgullo y su grandeza dependía en gran medida de las donaciones que ellos depositaban en el arca del Tesoro.
  • Pero el Templo no era sólo un lugar de culto, en él se concentraba todo el poder económico, político, militar y religioso. Si bien el espacio preponderante era el dedicado al culto, allí también estaba el sanedrín, el arca del tesoro y la guardia.
  • En tiempo de la dominación romana, el templo era símbolo de la identidad del pueblo de la alianza y de la resistencia a la infiltración cultural y religiosa por parte de los romanos. Por eso, los que donaban grandes sumas de dinero al Templo, eran valorados por razones religiosas y también por razones políticas. En esta situación los pobres, los huérfanos, las viudas y los extranjeros era una multitud no tenida en cuenta y frecuentemente despreciada.
  • El episodio que narra este pasaje concluye la serie de discusiones que Jesús mantiene con las sectas judías. Está directamente unido a la maldición de los escribas que roban a las viudas.
  • La exaltación de los pobres que aparece frecuentemente en los discursos de Jesús, le sirve para anunciar la inminencia del Reino y la transformación que acarreará la nueva vida según Dios, en las estructuras humanas.
  • Jesús observa que mientras los más ricos, echaban grandes donaciones en el arca del templo una viuda pobre echó lo poco que tenía. Ella sólo posee lo que ha dado. Lo que dio era todo lo que tenía.
  • La viuda era por su condición de mujer, pobre y marginada, sin embargo al depositar su ofrenda con un inmenso esfuerzo, daba todo lo que le era necesario para vivir. Se entregaba totalmente a Dios con modestia y humildad. Los ricos y poderosos ofrecían lo que tenían de sobra fruto de sus negocios; ofrenda que venía muchas veces manchada por el hambre y la indigencia de peones y esclavos, sometidos para poder alcanzar esa riqueza.
  • Jesús pensando en la nueva comunidad, aprovecha la actitud de la viuda para una enseñar que a Dios no le podemos ofrecer lo que nos sobra, aquello de lo que podemos prescindir. La ofrenda es verdadera, cuando damos desde nuestra pobreza, lo que somos y tenemos. Dios no recibe cosas; cuando le entregamos algo material, le estamos entregando ante todo nuestra vida. Y se la entregamos generosamente porque sabemos que Él hará con ella lo mejor para nosotros y para nuestra comunidad.
  • Jesús no se aferró a su dignidad de Hijo Único de Dios; despojándose de todo se humilló y bajó hasta nuestra miseria para enriquecernos; elevándonos así, a la dignidad de hijos en el Hijo de Dios. No nos dio de lo que le sobraba, sino que lo dio todo amándonos hasta el extremo, viviendo Él mismo, las palabras que había pronunciado: Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
  • El Señor nos pide que por el bien de nuestros hermanos lo demos todo, porque toda nuestra vida, por la entrega generosa en la comunión, en el servicio y en el amor con Cristo, se ha de convertir en causa de salvación para todos.

 

Para discernir

 

  • ¿Qué damos nosotros: lo que nos sobra o lo que necesitamos?
  • ¿Damos con sencillez o con ostentación, gratuitamente o pasando factura?
  • ¿Ponemos nuestras cualidades y talentos a disposición de la comunidad, de la familia, de la sociedad, o los guardamos mezquinamente?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Quiero ser generoso Señor

 

Para la lectura espiritual

 

«Ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir»

 

…” Acordémonos de esta viuda que, preocupada por los pobres, se olvida de ella misma hasta el punto de dar todo lo que le quedaba para vivir, pensando sólo en la vida futura, tal como lo atestigua el mismo Señor. Los demás habían dado de lo que les sobraba, pero ella, quizás más pobre que muchos pobres –puesto que toda su fortuna quedaba reducida a dos monedas- en su corazón era más rica que todos los ricos. Sólo dirigía su mirada hacia las riquezas de la recompensa eterna; deseosa de los tesoros celestiales, renunció a todo lo que poseía como a bienes que proceden de la tierra y a la tierra regresan (Gn 3,19). Dio lo que tenía para alcanzar lo que no veía. Dio bienes perecederos para adquirir bienes inmortales. Esta pobre mujer no se olvidó de los bienes previstos y dispuestos por el Señor para obtener la recompensa futura. Por eso el Señor, tampoco se olvidó de ella, y el juez de este mundo pronunció por adelantado su sentencia: elogia a aquella que coronará en el día del juicio”…

 

San Paulino de Nola (355-431), obispo – Carta 34, 2-4: PL 61, 345-346

 

Para rezar

 

UNA ORACION DE GENEROSIDAD

 

Querido Señor, enseñame a ser generoso,

enseñame a servirte como Tú mereces

a dar y no contar el costo,

a luchar y no prestar atención a la herida,

a trabajar duro y no buscar el descanso,

a trabajar y no buscar la recompensa,

excepto el saber que hago tu voluntad.

 

San Ignacio de Loyola

 

 

Martes XXXIV

 

No quedará piedra sobre piedra

 

 

Lectura del Libro del Apocalipsis 14,14-19.

 

Y vi una nube blanca, sobre la cual estaba sentado alguien que parecía Hijo de hombre, con una corona de oro en la cabeza y una hoz afilada en la mano.

En seguida salió del Templo otro Angel y gritó con voz potente al que estaba sentado sobre la nube: “Empuña tu hoz y siega, porque ha llegado el tiempo de la cosecha y los sembrados de la tierra están maduros”.

Y el que estaba sentado sobre la nube pasó su hoz sobre la tierra, y esta quedó segada.

Entonces otro Angel salió del Templo que está en el cielo, llevando también una hoz afilada.

Y salió del altar otro Angel -el que tiene poder sobre el fuego- y gritó con voz potente al que tenía la hoz afilada: “Empuña tu hoz y cosecha los racimos de la viña de la tierra, porque han llegado a su madurez”.

El Angel pasó la hoz afilada sobre la tierra, cosechó la viña y arrojó los racimos en la inmensa cuba de la ira de Dios.

 

Palabra de Dios

 

SALMO Sal 96,10.11-12.13.

 

R: El Señor llega a regir la tierra.

 

Decid a los pueblos: “El Señor es rey,

él afianzó el orbe, y no se moverá;

él gobierna a los pueblos rectamente.” R.

 

Alégrese el cielo, goce la tierra,

retumbe el mar y cuanto lo llena;

vitoreen los campos y cuanto hay en ellos,

aclamen los árboles del bosque. R.

 

Delante del Señor, que ya llega,

ya llega a regir la tierra:

regirá el orbe con justicia

y los pueblos con fidelidad. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    21, 5-9

 

Como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo: «De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido.»

Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va a suceder?»

Jesús respondió: «Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: “Soy yo”, y también: “El tiempo está cerca.” No los sigan. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin.»

   

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El juicio anunciado por los tres ángeles se expresa simbólicamente de manera anticipada. Hoy aparece la imagen grandiosa de la siega cósmica, para castigo de los adoradores de la Bestia, los idólatras, el castigo “en el gran lagar de la ira de Dios”. Ha llegado el momento del juicio de Dios, la hora de la verdad.
  • El Apocalipsis llama a Cristo con el mismo nombre que Daniel en su profecía: “uno con aspecto de hombre”, “el Hijo del Hombre”, como se lo llama repetidamente en el evangelio. Juan ve una nube blanca y a uno sentado con aspecto de hombre con la corona ceñida sobre la cabeza, llevando en la mano una hoz afilada para segar la tierra. Y ve un ángel del templo celeste llevando también una hoz afilada para vendimiar la viña de la tierra y echar las uvas en el gran lagar de la ira de Dios. Ahora se verá quién vence y quién es derrotado.
  • Un cántico de alabanza celebra también anticipadamente de los que no han querido someterse a la bestia, la victoria divina, manifestada en las últimas siete plagas y la destrucción de Roma.

    ***

    • Comenzamos hoy la lectura del último discurso de Jesús, que ahora es de carácter escatológico. Lucas concluye la predicación de Jesús en el Templo de Jerusalén, donde ha realizado gestos y enseñanzas ante todo el pueblo.
    • Este largo discurso apocalíptico en el círculo de sus discípulos está presente también en Marcos, Mateo y Lucas. Esto hace creíble que Jesús realmente lo realizó, aunque las diferencias sean notables.
    • En tiempos de Jesús, el Templo era recién edificado; incluso no terminado del todo. Se comenzó su construcción diecinueve años antes de Jesucristo: era considerado una de las siete maravillas del mundo antiguo. Algunos discípulos de Jesús comentaban la belleza del Templo por la calidad de las piedras y de las donaciones de los fieles.
    • Tenemos que superar las imágenes, para captar el sentido universal de sus palabras, válidas para todos los tiempos. Jesús comienza aludiendo a la destrucción del templo que, en la tradición profética, se presenta siempre como consecuencia de la ruptura de la alianza por parte del pueblo. Las palabras que pronuncia Jesús apuntan a mostrar la fragilidad y la caducidad de las más grandes y hermosas obras humanas. Este Templo será destruido unos años más tarde, en el 70 d. C., por Tito. Lucas no se refiere al final del mundo sino a la destrucción del templo de Jerusalén.
    • Luego viene un mensaje de alerta sobre los signos que acompañarán el final. La aparición de falsos “Mesías”. La fecha precisa del tiempo final son claramente signos engañosos frente a los que Jesús es claro: el fin no vendrá inmediatamente. De esta forma el evangelista pretendía corregir la fiebre mesiánica que dominaba en algunos sectores de las iglesias de su tiempo.
    • Jesús amplía el horizonte mezquino y cerrado de los discípulos, anunciándoles que, desgraciadamente, guerras, terremotos, hambre y señales asombrosas las habrá siempre. El final es un acontecimiento de gracia, un triunfo del Dios de la Vida sobre todas las fuerzas de muerte.
    • Hoy vivimos una agitación parecida. Estamos inundados de visiones catastróficas que nos anuncian un futuro oscuro y terrible para todos los seres vivientes. Pero lo importante no es la fecha en que el mundo sucumbirá; lo importante es preguntarnos ¿cuál es la finalidad del mundo y de la humanidad?, ¿cuál es nuestra esperanza?, ¿qué futuro podemos y debemos construir?, ¿qué quiere Dios de nosotros aquí y ahora?
    • Las visiones apocalípticas se pueden convertir en la pesadilla suicida, o en una renovada oportunidad de suscitar el Reino en medio de la humanidad; ocasión especial para plantear una visión del futuro desde una verdadera valoración del ser humano y de la vida en todas sus dimensiones.
    • Los verdaderos signos son aquellos que nos ayudan a despertarnos, a tomar conciencia de la gracia del Señor que ya está entre nosotros y nos disponen a recibirla con alegría y confianza.
    • Para Jesús el tiempo presente y el futuro se abren como esperanza: es el tiempo definitivo de la salvación. Por eso es necesario tomarse en serio el momento presente e interpretarlo como una señal de Dios que nos llama a hacer de este mundo de muerte, un mundo de vida. Para Jesús, el cambio es posible aquí y ahora.
    • La invitación a mantenernos vigilantes es verdadera sabiduría. Cada día es volver a empezar la historia. Cada día es tiempo de salvación, si estamos atentos a la cercanía y a la venida de Dios a nuestras vidas.

 

Para discernir