TIEMPO DE NAVIDAD – CICLO C

30 DE DICIEMBRE – CICLO C

SAGRADA FAMILIA (F)


31 de diciembre

Día VII de la Octava de Navidad

 

1 de enero

Solemnidad de Santa María Madre de Dios

 

2 de enero

 

3 de enero

 

4 de enero

 

5 de enero

 

30 DE DICIEMBRE – CICLO C

SAGRADA FAMILIA (F)

 

El niño iba creciendo y se llenaba de sabiduría

 

PRIMERA LECTURA   

Lectura del primer libro de Samuel 1, 20-22.24-28

 

«Ana concibió y dio a luz un hijo, al que puso por nombre Samuel, pues dijo: ¡Al Señor se lo pedí! Cuando su marido Elcaná subió con toda su familia para ofrecer al Señor el sacrificio anual y cumplir sus promesas, Ana no quiso subir, sino que dijo a su marido: Cuando el niño haya sido destetado, yo lo llevaré para presentárselo al Señor y que se quede allí para siempre. Después subió con el niño al templo del Señor en Siló, llevando un novillo de tres años, una medida de harina y un odre de vino.

Cuando inmolaron el novillo y presentaron el niño a Elí, Ana le dijo: Señor mío, te ruego que me escuches; yo soy la mujer que estuvo aquí, junto a ti, rezando al Señor. Este niño es lo que yo pedía, y el Señor me ha concedido lo que le pedí. Ahora yo se lo cedo al Señor; por todos los días de su vida queda cedido para el Señor. Y se postraron allí ante el Señor».

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 95, 1-2. 11-12. 13-14 (R.: 11a)

 

R.    Alégrese el cielo y goce la tierra.

 

Canten al Señor un canto nuevo,

cante al Señor toda la tierra;

canten al Señor, bendigan su Nombre,

día tras día, proclamen su victoria. R.

 

Alégrese el cielo y exulte la tierra,

resuene el mar y todo lo que hay en él;

regocíjense el campo con todos sus frutos,

griten de gozo los árboles del bosque. R.

 

Griten de gozo delante del Señor,

porque él viene a gobernar la tierra:

él gobernará al mundo con justicia,

y a los pueblos con su verdad. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta de San Juan 3,1-2.21-24

 

Consideren el amor tan grande que nos ha demostrado el Padre, hasta el punto de llamarnos hijos de Dios; y en verdad lo somos. El mundo no nos conoce, porque no lo ha conocido a él. Queridos, ahora somos ya hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

Queridos míos, si nuestra conciencia no nos condena, podemos acercarnos a Dios con confianza, y lo que le pidamos lo recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo y que nos amemos los unos a los otros según el mandamiento que él nos dio. El que guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él. Por eso sabemos que él permanece en nosotros: por el Espíritu que nos ha dado.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 2, 41 -52

 

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua.

Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre, y cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.

Estos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca.

A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas: todos los que le oían, quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.

Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:

-Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.

Él les contestó:

-¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debía estar en la casa de mi Padre?

Pero ellos no comprendieron lo que quería decir.

El bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad.

Su madre conservaba todo esto en su corazón.

Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

 

  • Sobre el amor en familia decía el Papa Francisco: “Si el amor es una relación, se construye como una casa. No querrán construirla sobre la arena de los sentimientos que van y vienen, sino sobre la roca del amor verdadero, el amor que viene de Dios. La familia nace de este proyecto de amor que quiere crecer como se construye una casa: que sea lugar de afecto, de ayuda, de esperanza”

(Palabras a los novios que se reunieron en la Plaza San Pedro en San Valentín).

  • La familia de Nazaret era cumplidora de la Ley de Dios que mandaba peregrinar a Jerusalén al menos para la fiesta mayor de la Pascua. Era todo un acontecimiento para la gente del interior, iban en caravana rezando y cantando.
    • Se señala que Jesús había cumplido los doce años. Posiblemente era la edad de la madurez y podía entonces participar de la peregrinación y de la fiesta de Pascua en Jerusalén. La fiesta en Jerusalén transcurrió sin inconvenientes, pero cuando el grupo emprende el regreso, incluidos María y José, Jesús se queda en la ciudad santa sin avisar a sus padres. Al cabo de tres días de angustiosa búsqueda lo encuentran: “lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas” (2,46).
    • La gran cuestión es por qué Jesús hizo esto, es decir quedarse sin avisar a sus padres. La misma Virgen María lo expresa en su pregunta, con tono de comprensible disgusto: “Cuando le vieron quedaron sorprendidos y su madre le dijo: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando.” (2,48).
    • La respuesta de Jesús a esta interpelación de su Madre es algo enigmática por cuanto sugiere que sus padres no deberían haberlo buscado sabiendo que debía ocuparse de las cosas de su Padre (Dios). En efecto, la respuesta de Jesús resulta desconcertante para María y José, pero a través de ella el evangelista pone en claro que el único Padre de “Él debe estar con el Padre, y así resulta claro que lo que puede parecer desobediencia, una libertad desconsiderada respecto a los padres, es en realidad precisamente una expresión de su obediencia filial. Él no está en el templo por rebelión a sus padres, sino justamente como quien obedece, con la misma obediencia que lo llevará a la cruz y a la resurrección”. (J. Ratzinger). Por tanto, en las primeras palabras de Jesús que nos reporta el evangelio de Lucas, este se dirige a Dios llamándolo “mi Padre” y revelando que esta relación Padre-Hijo tiene un carácter trascendente y único que supera la simple comprensión humana, incluida la de María, su madre.
    • Según la interpretación de muchos Padres de la Iglesia, Jesús quiso de este modo conducirlos al verdadero Padre. Lo cierto es que María y José, como todos los padres, debieron “aprender” a “entregar” a su Hijo a Dios, a reconocer Su soberanía sobre todo ser humano.
    • Superado este “incidente”, todo vuelve a la “normalidad” pues Jesús regresa a casa con María y José y permanece obediente a ellos. Y allí, en la vida oculta y familiar de Nazaret “iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia, delante de Dios y de los hombres” (2,52).
  • No se trató, por tanto, de un acto de rebeldía y menosprecio de su familia. Fue un momento de “revelación” de la identidad profunda de Jesús que supera la percepción natural y que requiere su aceptación por la fe.

     

Para discernir

 

  • ¿Vivo mi experiencia familiar como lugar de encuentro, de respeto mutuo, de crecimiento?
  • ¿Qué aporto para el desarrollo de todos sus miembros?¿Qué riquezas recibo para mi madurez?
  • ¿La experimento como lugar de realización del plan de Dios?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Mis ojos han visto a tu Salvador

 

Para la lectura espiritual

 

Cuando Jesús, sobre los doce años, se queda entre los doctores en el templo, le pierden sus padres. Podemos imaginarnos el desconcierto de María, después de haberle buscado y encontrado: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo te hemos buscado angustiados» (Lc 2,48). En este nuevo pasaje de la vida de María nos parece encontrar en su estado de ánimo una analogía con un fenómeno típico por el que pasan, llegadas a cierta edad espiritual, las almas que aman a Dios. Estas, en efecto, tras haber conocido y optado por el nuevo ideal de vida y haber correspondido a las muchas gracias recibidas del Señor, advierten en un momento determinado, con aguda insistencia, un nuevo florecimiento de las tentaciones que desde hacía tiempo ya no advertían y que parecían superadas definitivamente. En general, se trata de tentaciones contra la paciencia, contra la caridad, contra la castidad. Y, a veces, son tan fuertes que ofuscan la fascinación de la luz que las había iluminado primero.

Se desvanece el entusiasmo y se frena el impulso. Esto nos hace sufrir y nos dirigimos al Señor casi lamentándonos, como hizo María: «Por qué te has alejado de mí? Te habías hecho tan presente en mi alma que me habías hecho creer que contigo habría podido vencer al mundo. Ahora estoy en la oscuridad de tu ausencia». Y el Señor parece respondernos, un poco como hizo con María, diciéndonos: ¿No sabías que todo lo que te he dado es mío y sólo por gracia lo habías recibido? Esa aridez y esas tentaciones te han sobrevenido para que puedas comprender bien esto. De este modo podré hacer en ti lo que quiere mi Padre».

El fenómeno del que hablo es ese que los místicos llaman la «noche de los sentidos». La pérdida del jovencito Jesús constituyó también, en cierto modo, para María, una noche de los sentidos. Ya no veía a Jesús, no oía su voz, su presencia se había sustraído a su amor sensible de madre. En el caso de María, después de la prueba, hubo un largo período en el que pudo convivir con Jesús, y nadie en el mundo podrá saber nunca cuán bello e íntimo fue. De modo paralelo, los que -con humildad- aceptan estas pruebas, a veces largas, y, con la gracia de Dios, las superan, pueden avanzar después en las diferentes experiencias de la unión con Dios en una nueva y profunda intimidad con él, algo que antes no habían experimentado nunca.

 

C. Lubich, Edición española:Cristo a través de los siglos, Editorial Ciudad Nueva, Madrid 1995

 

Para rezar

 

Más, en Jerusalén, una amarga tristeza
te envuelve y, como un mar, tu corazón inunda.
Por tres días Jesús se esconde a tu ternura 
y, entonces sí, sobre tu vida 
cae un oscuro, implacable, riguroso, destierro.

 

Por fin logras hallarle y, al tenerle,
rompe tu corazón en transporte amoroso.
Y le dices al Niño, encanto de doctores: 
«Hijo mío, ¿por qué has obrado así?
Tu padre y yo, con lágrimas, te estábamos buscando».

 

Y el Niño Dios responde, ¡Oh profundo misterio!, 
a la Madre querida que hacia él tiende los brazos: 
«¿A qué buscarme, Madre? ¿No sabías, acaso, 
que en las cosas que son del Padre mío
he de ocuparme ya?».

 

Me enseña el Evangelio que sumiso
a María y José permanece Jesús
mientras crece en sabiduría.
¡Y el corazón me dice
con qué inmensa ternura a sus padres queridos 
él obedece siempre!

 

Ahora es cuando comprendo el misterio del templo, 
las palabras ocultas del amable Rey mío:
tu dulce Niño, Madre,
quiere que seas Tú el ejemplo vivo
del alma que le busca
a oscuras, en la noche de la fe.

 

Teresa de Lisieux, Porque te amo, María, estrofas 13-15.

 

31 de diciembre

Día VII de la Octava de Navidad

 

La Palabra se hizo carne

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan    2, 18-21

 

Hijos míos, ha llegado la última hora.

Ustedes oyeron decir que vendría el Anticristo; en realidad, ya han aparecido muchos anticristos, y por eso sabemos que ha llegado la última hora. Ellos salieron de entre nosotros, sin embargo, no eran de los nuestros. Si lo hubieran sido, habrían permanecido con nosotros. Pero debía ponerse de manifiesto que no todos son de los nuestros.

Ustedes recibieron la unción del que es Santo, y todos tienen el verdadero conocimiento.

Les he escrito, no porque ustedes ignoren la verdad, sino porque la conocen, y porque ninguna mentira procede de la verdad.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 95, 1-2. 11-12. 13-14 (R.: 11a)

 

R.    Alégrese el cielo y goce la tierra.

 

Canten al Señor un canto nuevo,

cante al Señor toda la tierra;

canten al Señor, bendigan su Nombre,

día tras día, proclamen su victoria. R.

 

Alégrese el cielo y exulte la tierra,

resuene el mar y todo lo que hay en él;

regocíjese el campo con todos sus frutos,

griten de gozo los árboles del bosque. R.

 

Griten de gozo delante del Señor,

porque él viene a gobernar la tierra:

él gobernará al mundo con justicia,

y a los pueblos con su verdad. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    1, 1-18

 

Al principio existía la Palabra,

y la Palabra estaba junto a Dios,

y la Palabra era Dios.

Al principio estaba junto a Dios.

Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra

y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.

En ella estaba la vida,

y la vida era la luz de los hombres.

La luz brilla en las tinieblas,

y las tinieblas no la percibieron.

La Palabra era la luz verdadera

que, al venir a este mundo,

ilumina a todo hombre.

Ella estaba en el mundo,

y el mundo fue hecho por medio de ella,

y el mundo no la conoció.

Vino a los suyos,

y los suyos no la recibieron.

Pero a todos los que la recibieron,

a los que creen en su Nombre,

les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.

Ellos no nacieron de la sangre,

ni por obra de la carne,

ni de la voluntad del hombre,

sino que fueron engendrados por Dios.

Y la Palabra se hizo carne

y habitó entre nosotros.

Y nosotros hemos visto su gloria,

la gloria que recibe del Padre como Hijo único,

lleno de gracia y de verdad.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Esta carta se dirige, evidentemente a unas comunidades que atraviesan una grave crisis. En este pasaje, san Juan pone en guardia a los cristianos contra los «falsos doctores».
  • El autor sigue haciendo su llamamiento a la serenidad. No sabe cuándo será la última hora de la historia, pero está convencido de que esa hora decisiva llegará precedida de anticristos, todos los que niegan a Cristo, todos los que no lo aceptan como Señor, que se esforzarán por seducir a los fieles.
  • Dentro de la comunidad de los creyentes existe la terrible posibilidad de que sólo se pertenezca a ella de una manera puramente externa sin vivir del Espíritu de Cristo.
  • Los «falsos doctores» han dejado la comunidad. Se los detecta por el hecho que: bautizados o sacerdotes, se separan de la Iglesia. Hay motivos para vacilar, sin duda; pero los que se mantengan fieles pueden seguir sintiéndose seguros, deben seguir siendo «ungidos», fieles al Ungido por excelencia, Jesús. Ellos son los que han recibido la Buena Noticia y los que han sido marcados con la unción. Por eso también han de ser ellos los que perseveren.
  • En la antítesis entre la verdad y la mentira, Cristo es la Verdad, la Palabra que Dios nos ha dirigido. Todo lo que no sea Cristo es mentira, embuste y anticristo.

***

  • Terminamos el año escuchando el prólogo de san Juan, el magnífico resumen de todo el misterio de Cristo y de nuestra fe. Este himno cristológico es muy antiguo. Juan afirma el origen de Jesucristo en Dios mismo.
  • Con palabras solemnes se nos dice que la Palabra de Dios, su Verbo, su “logos”, ha acampado en medio de nuestro mundo, para iluminarlo con su luz potente. La Palabra divina se ha hecho carne humana en Jesucristo, poniendo en nuestra historia un principio de esperanza. “El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado” (G.S).
  • Dios, por la encarnación de su Hijo, se ha introducido en la historia del hombre para redimirnos y comunicarnos su propia vida. Jesús nos revela al hombre en su integridad total y absoluta.
  • Por eso, los creyentes sabemos que ni la muerte ni la vejez, ni el dolor ni la enfermedad, ni la guerra ni el hambre, ningún mal que podamos padecer podrá apartarnos del amor de Dios.
  • Nuestra suerte está asegurada si recibimos a Cristo en nuestra vida, en nuestro hogar, en nuestro corazón. La fe es algo más que unos criterios. Acoger a Jesús quiere decir dejarse cuestionar por Él. Dejar que sus criterios den luz tanto a nuestros pensamientos más íntimos, como a nuestra actuación social y laboral.
  • Y esto no es sólo esfuerzo, es sobre todo, don y gracia. Es nuestra vida injertada en la Vida de Dios. Vida recibida en el seno de la Iglesia.
  • A todos los que lo recibieron y creyeron en su nombre, Jesús les dio poder de hacerse hijos de Dios y no dudó de entregarse a la muerte por ellos.
  • Él nos comunica su Vida y su Espíritu y habita en nuestros corazones como en un templo. Desde esta presencia salvadora de Dios en nosotros, también nosotros somos llamados a poner nuestra morada en medio de los hombres para caminar en sus penas y alegrías, en sus gozos y esperanzas, en su dolor y en su pobreza.
  • Como Iglesia de Cristo no podemos quedarnos como espectadores en medio de todo aquello que sufre la humanidad. Cristo nos quiere como signos claros de su amor, de su alegría, de su bondad, de su paz, de su misericordia en medio de nuestros hermanos.
  • Navidad es luz y gracia, pero también examen sobre nuestra vida en la luz. En fechas como el fin de año necesitamos sabiduría para que nuestra historia personal y comunitaria no se desvíe de ese Cristo que, además de Niño nacido en Belén, se nos presenta como la Palabra, la Verdad y la Vida.
  • Los que hemos visto su gloria y lo hemos acogido en nuestra vida, nos sentimos llamados a que nuestro seguimiento sea más generoso y más fuerte.
  • Es bueno aprovechar para pensar si verdaderamente nos hemos dejado poseer y transformar por la buena noticia del amor de Dios, si nos hemos dejado iluminar por la luz que es Cristo, si permanecimos fieles a su palabra de verdad, si nuestro camino ha sido el justo o tenemos necesidad de rectificarlo.

 

Para discernir

 

  • La novedad de Dios hecho hombre ¿En qué modifica mi manera de ver la vida?
  • ¿Qué significa para mí vivir en la luz?
  • ¿Qué caminos necesito rectificar para vivir desde la propuesta de Cristo?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Hemos visto su Gloria

 

Para la lectura espiritual

 

… “Al ver más claro que tu vocación es la de ser testigo del amor de Dios al mundo, y al crecer tu determinación de vivir esta vocación, aumentarán los asaltos del enemigo. Oirás voces que te dirán: «No eres digno, no tienes nada que ofrecer, no tienes atractivo, no suscitas ni deseo ni amor». Cuanto más sientas la llamada de Dios, más descubrirás en tu propia alma la batalla cósmica entre Dios y Satán. No tengas miedo. Continúa profundizando en la convicción de que el amor de Dios te basta, que estás en manos seguras, y que eres guiado en cada paso de tu camino. No te dejes sorprender por los asaltos del demonio. Aumentarán pero, si los enfrentas sin miedo, descubrirás que son impotentes.

Lo que importa es aferrarse al verdadero, constante e inequívoco amor de Jesús. Cada vez que dudes de este amor, vuelve a tu morada interior y escucha allí la voz del amor. Solamente cuando sabes en tu ser más profundo que eres íntimamente amado, puedes afrontar las oscuras voces del enemigo sin ser seducido por ellas.

El amor de Jesús te dará una visión cada vez más clara de tu vocación, así como de las muchas tentativas de arrancarte de aquella llamada. Cuanto más sientas la llamada a hablar del amor de Dios, más necesidad tendrás de profundizar en el conocimiento de este amor en tu mismo corazón. Cuanto más lejos te lleve el camino exterior, más profundo debe ser tu camino interior. Sólo cuando tus raíces sean profundas, tus frutos podrán ser abundantes, pero tú puedes afrontar sin miedo al enemigo cuando te sabes seguro del amor de Jesús”…

 

H. J. M. Nouwen, La voz interior del amor, Madrid 19981.

 

Para rezar

 

Yo había pedido…

 

Yo había pedido a Dios la fuerza para

alcanzar el éxito, pero Él me hizo débil a

fin de que aprenda humildemente a obedecer.

 

Yo había pedido la salud para hacer

grandes cosas, pero Él me dio la enfermedad

para que pueda hacer cosas mejores.

 

Yo había pedido el poder para ser apreciado

por los hombres, pero me dio la debilidad

para que experimente la necesidad de Dios.

 

Yo había pedido la riqueza para

ser feliz, pero me ha dado la pobreza

para que pueda ser prudente.

 

Yo había pedido un compañero para no

vivir solo, pero me dio un corazón para

que pueda amar a todos mis hermanos.

 

Yo había pedido cosas que pudieran

alegrar mi vida, pero he recibido la vida

para que pueda gozar de todas las cosas.

 

Yo no he obtenido nada de lo que

había pedido, pero he recibido

todo cuanto había esperado.

 

Casi a pesar de mí mismo, mis plegarias

informuladas han sido escuchadas. Yo soy,

entre los hombres, el más ricamente colmado.         

 

 

1 de enero

Solemnidad de Santa María Madre de Dios

 

Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer

 

Lectura del libro de los Números    6, 22-27

 

El Señor dijo a Moisés: «Habla en estos términos a Aarón y a sus hijos: Así bendecirán a los israelitas. Ustedes les dirán: “Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz.” Que ellos invoquen mi Nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 66, 2-3. 5. 6 y 8 (R.: 2a)

 

R.    El Señor tenga piedad y nos bendiga.

 

El Señor tenga piedad y nos bendiga,

haga brillar su rostro sobre nosotros,

para que en la tierra se reconozca su dominio,

y su victoria entre las naciones. R.

 

Que canten de alegría las naciones,

porque gobiernas a los pueblos con justicia

y guías a las naciones de la tierra. R.

 

¡Que los pueblos te den gracias, Señor,

que todos los pueblos te den gracias!

Que Dios nos bendiga,

y lo teman todos los confines de la tierra. R.

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Galacia    4, 4-7

 

Hermanos:

Cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la Ley, para redimir a los que estaban sometidos a la Ley y hacernos hijos adoptivos.

Y la prueba de que ustedes son hijos, es que Dios infundió en nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo: ¡Abba!, es decir, ¡Padre! Así, ya no eres más esclavo, sino hijo, y por lo tanto, heredero por la gracia de Dios.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    2, 16-21

 

Los pastores fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores.

Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón. Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido.

Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el Ángel antes de su concepción.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • La fórmula de bendición sacerdotal que aparece en la primera lectura, se cumplió plenamente en María. El Señor estuvo con ella, desde el principio, le dio su paz, fue la llena de gracia. Así lo sintió la primera Iglesia post-apostólica cuando la invocó: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros”. Y así lo siente la Iglesia de nuestros días llamándola: “Madre de la Paz”.

***

  • San Pablo nos muestra que el Hijo hecho hombre ha puesto su voluntad debajo de nuestras necesidades, De esta manera, Jesucristo, el Hijo de Dios, nos ha dado la posibilidad de ser también nosotros hijos de Dios por adopción.

***

  • María cobra un particular relieve en este texto de Lucas. En el contexto anterior de la presentación en el templo, ella aparece como Madre carnal de Jesús. Aquí se presenta otra relación entre Jesús y María: la de la fe. “Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”. Actitud de fe adulta y reflexiva. María guardaba las cosas en su corazón, no como quien pone siete llaves y mantiene oculto. María guarda las cosas en su corazón como aquella que atesora, aquella que valora, aquella que es capaz de descubrir en cada cosa un sentido y eso le da razón a su caminar.
  • María tiene esa memoria sabia que no cae en olvidos injustos, ni en recuerdos superficiales, tiene memoria del corazón.
  • Siempre estaba vivo en ella el gozo de la anunciación, por la promesa de Dios, el amor dado en la visitación, la confianza del buen José, todo lo que se decía del niño. Y en cada uno de estos momentos experimentaba el paso de Dios por su vida, la ternura de un Dios que la bendecía. Esta experiencia fue la que animó su esperanza y no quebrantó su fe ante en el momento del dolor.
  • La memoria del corazón le permitió experimentar, una y otra vez, que el mismo Dios que la había llamado no abandonaría la obra de sus manos aunque espesos nubarrones aparecieran en el horizonte.
  • Ella nos invita a acrecentar nuestra memoria del corazón, a mirar con ojos nuevos el paso de Dios por nuestra vida. Creemos que nuestro Dios es fiel y no cambia; lo que prometió lo cumplirá, lo que nos dio no lo quitará, de lo que dijo no se desdecirá, su proyecto no cambiará.
  • Necesitamos que la memoria de su fidelidad nos arranque de nuestros egoísmos, conveniencias, tibiezas e inseguridades, para hacer memoria agradecida del pasado que nos permita mirar el futuro con esperanza y pasión por el bien, la justicia y la paz. Para ese compromiso hace falta la memoria buena de un Dios que ha sido generoso con nuestra vida sabiendo rescatar todo lo bueno que hemos vivido, porque de la memoria del corazón brotará nuestra fidelidad.
  • María, Madre de Dios, al inicio de un nuevo año aparece como lugar de encuentro del hombre con Dios y de Dios con el hombre. Un mundo sin Dios, sería pronto un mundo sin hombres. Estaría la humanidad a merced del más fuerte, de la ley de la selva, de la violencia y la destrucción. En María, los hombres deben encontrar a Dios y sentirse hermanos los unos de los otros en Cristo Jesús.
  • María es el signo de la presencia de Dios en medio de los hombres, con el que se debe contar para construir el mundo en la verdad, la justicia y la paz.

 

Para discernir

 

  • ¿Cómo me comprometo con la paz?
  • ¿Creo que el valor de la paz verdadera anida en un corazón reconciliado?
  • ¿Soy constructor de paz en mis ambientes y realidades?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Su nombre es Jesús

 

Para la lectura espiritual

 

«Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer» (Gal 4,4)

 

…”Cuando se mira a la Inmaculada se experimenta en el corazón la necesidad de acercarse a ella… Los que la aman y los que escriben sobre ella, se paran para mirar quien es ella, incluso si no la conocen profundamente. ¿Quién es ella en relación a Dios Padre? Es su creador, ciertamente; ella misma lo declara: «Soy la esclava del Señor» (Lc 1,38). Pero ¿qué es ella además? Es la preferida del Padre eterno. No podemos llegar a concebir esta verdad; las palabras humanas no lo pueden expresar.

El Padre celestial ha querido que la segunda persona de la Trinidad, su Hijo, tenga por madre, en el tiempo, a la Inmaculada. Ella es verdaderamente la Madre del Hijo de Dios; ¡cosa muy difícil de entender! Es preciso que estemos muy unidos a la Madre de Dios para comprender este misterio más profundamente. La Virgen María no puede compararse a los demás santos por el hecho de que ella es la Madre del Hijo de Dios, verdaderamente Madre de Dios… Ser creada por Dios, ser hija de Dios por adopción, esto todavía se puede comprender. Pero ser verdaderamente la Madre de Dios sobrepasa nuestra inteligencia… Es una verdad de fe que la Inmaculada es realmente la Madre de Dios y no solamente la madre de la humanidad de Jesús.

En relación al Espíritu Santo, ella es su Esposa. ¡Tampoco es posible entender esto! El Espíritu Santo se ha unido de tal manera a la Inmaculada que forma con ella un solo ser… Nuestra inteligencia no es suficiente para comprender esto, porque la Trinidad es infinita. Y aunque tuviéramos una comprensión perfecta, hay una distancia infinita entre lo que sabemos de la Santa Trinidad y lo que es en realidad. Más tarde, en el cielo, descubriremos este misterio. Incluso después de millares y millares de años, este conocimiento quedará siempre limitado, de tal manera que hará falta toda una eternidad para su perfecto conocimiento”…

 

San Maximiliano Kolbe (1894-1941), franciscano, mártir – Conferencia del 26/11/1938

 

Para rezar

 

Dios de luz,
bendito seas por cada mañana
y por cada año nuevo,
promesa de vida y de renovación.

Dios de ternura,
bendito seas por el corazón de cada hombre
y por las manos que se abren
en señal de paz.

Dios y Padre de Jesucristo,
bendito seas, más aún,
por la mirada de tu Hijo,
reflejo insondable de tu amor.

¡Bendito, glorificado y santificado seas
por Aquel que abrazó nuestra carne
y nos transfigura en tu luz!

Que con tu Iglesia
te canten los ángeles en los cielos,
pues tú eres el Dios de lo infinito
y el Dios de toda ternura,
y es a Ti a quien aclamamos.

Señor Jesucristo,
tu nacimiento fue la aurora de una paz nueva
para los hombres que tú amas.
Mira una vez más el amor
que tú mismo has depositado
en el corazón de tu Iglesia, 
y, para que en este nuevo año
pueda ella cantar tu gloria, 
dígnate unir nuestras manos
en la unidad y en la alegría.

Quédate con nosotros, Emmanuel,
y danos una paz que dure por los siglos y siglos sin fin.

 

 

2 de enero

 

…En medio de ustedes hay alguien al que no conocen…

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan     2, 22-28

 

Queridos hermanos:

¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el Anticristo: el que niega al Padre y al Hijo. El que niega al Hijo no está unido al Padre; el que reconoce al Hijo también está unido al Padre.

En cuanto a ustedes, permanezcan fieles a lo que oyeron desde el principio: de esa manera, permanecerán también en el Hijo y en el Padre.

La promesa que él nos hizo es esta: la Vida eterna.

Esto es lo que quería escribirles acerca de los que intentan engañarlos.

Pero la unción que recibieron de él permanece en ustedes, y no necesitan que nadie les enseñe. Y ya que esa unción los instruye en todo y ella es verdadera y no miente, permanezcan en él, como ella les ha enseñado.

Sí, permanezcan en él, hijos míos, para que cuando él se manifieste, tengamos plena confianza, y no sintamos vergüenza ante él en el Día de su Venida.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO     Sal 97, 1. 2-3ab. 3cd-4 (R.: 3cd)

 

R.    Los confines de la tierra han contemplado el triunfo de nuestro Dios.

 

Canten al Señor un canto nuevo,

porque el hizo maravillas:

su mano derecha y su santo brazo

le obtuvieron la victoria. R.

 

El Señor manifestó su victoria,

reveló su justicia a los ojos de las naciones:

se acordó de su amor y su fidelidad

en favor del pueblo de Israel. R.

 

Los confines de la tierra han contemplado

el triunfo de nuestro Dios.

Aclame al Señor toda la tierra,

prorrumpan en cantos jubilosos. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    1, 19-28

 

Este es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: « ¿Quién eres tú?» El confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: «Yo no soy el Mesías.»

« ¿Quién eres, entonces?», le preguntaron: « ¿Eres Elías?»

Juan dijo: «No.» « ¿Eres el Profeta?» «Tampoco», respondió.

Ellos insistieron: « ¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?»

Y él les dijo: «Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.»

Algunos de los enviados eran fariseos, y volvieron a preguntarle: « ¿Por qué bautizas, entonces, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?»

Juan respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen: él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia.»

Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán donde Juan bautizaba.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Algunos decían en aquel entonces que Jesús no era Dios sino sólo un hombre especial del cual se sirvió Dios para anunciar su mensaje al mundo.
  • El testimonio sobre Jesús nos lo dará hoy San Juan, hombre que vivió con Él y lo observó y escuchó en múltiples ocasiones durante mucho tiempo.
  • En esta primera lectura nos orienta para no hacer de Jesús un ídolo, sino para que nos abramos a su palabra. Para estar unidos al Padre por Jesús es necesario aceptar su persona. Jesús es el lazo de unión entre la humanidad caída y el Padre.
  • Juan afirma: «Jesús es Dios», Hijo del Padre, igual al Padre. Como discípulos somos oyentes de la palabra de salvación, seguidores del Hijo y escuchándolo nos realizamos como hijos del Padre.
  • La única y verdadera revelación de Dios es Jesús. Para contemplar a Dios necesitamos contemplar a Jesús.
  • Todo el que niega al Hijo, tampoco posee al Padre y quien confiesa al Hijo, posee también al Padre.
  • Negar la divinidad de Jesús, es, para Juan, condenarse a no conocer nada de Dios.

***

  • Sacerdotes y levitas vinieron de Jerusalén para preguntar a Juan quién era. Estos encargados del culto en el Templo de Jerusalén, estaban, como todo el mundo, a la espera de la venida del Mesías prometido por las Escrituras. Habiendo oído hablar de lo que Juan Bautista hacía, se toman el trabajo de desplazarse hasta el Jordán.
  • Quieren investigar sobre lo que expone este hombre, porque temen que un profeta les haga alguna propuesta alternativa a la que han vivido hasta ese momento y tengan que cambiar lo que se ha hecho siempre. Un profeta como Juan no está bajo su control y será siempre un peligro para los que prefieren la tranquilidad y el “orden establecido”.
  • Especialistas del culto parecen preocupados por el exacto cumplimiento de las reglas rituales y les intriga saber por qué bautiza, si no es el Mesías, ni Elías, ni el Profeta.
  • Juan en vez de meterse en estas cuestiones rituales, dirige la atención de sus interlocutores hacia la personalidad de Jesús. Su bautismo es el que cuenta. Juan se sabe sólo “voz que grita en el desierto”, y su papel es exhortar a todos a prepararse para recibir una novedad, para la que es preciso transparencia en el corazón.
  • Estamos celebrando la Encarnación de Dios en nuestra historia y eso nos da motivos para llenarnos de alegría y empezar el año en la confianza. El Dios-con-nosotros sigue siendo la base de nuestra fe y nos invita a aceptarlo en nuestra historia, en nuestra existencia personal y comunitaria. Este es el misterio de Navidad: darnos cuenta de que la salvación ya está en medio de nosotros y tenemos que reconocerla.
  • Si la experiencia de su presencia celebrada en estos días continúa dentro de nosotros, seguramente no sucederán milagros a cada momento, pero cambiará el color desde el cual podremos mirar la vida y reconocer al Señor que sale a nuestro encuentro cada día, en lo ordinario, en los días felices y en los grises, para darnos ánimo y sentido de vivir.
  • Cuando Juan define su misión también anuncia la presencia del Cristo en medio de ellos. Nuestra misión como discípulos misioneros, es decir a este mundo: «en medio de ustedes está…». Y ayudarlos a que lo conozcan.

 

Para discernir

 

  • ¿A qué me invita esta Palabra hoy?
  • ¿Dónde he reconocido al Dios de la vida, dónde al Dios hecho carne, en qué situaciones concretas?
  • ¿Qué paso tendríamos que dar para testimoniar y que otros descubran a Jesús?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Dame un corazón dócil a tu palabra Señor

 

Para la lectura espiritual

 

«Yo soy la voz que grita en el desierto»

 

…”Juan era la voz, pero «en el principio ya existía la Palabra» (Jn 1,1). Juan, una voz por un tiempo; Cristo, la Palabra desde el principio, la Palabra eterna. Quita la palabra, ¿qué es la voz? Allí donde no hay nada para comprender, hay un ruido vacío. La voz sin la palabra percute el oído, y no edifica el corazón. Sin embargo, descubramos cómo las cosas se van encadenando en nuestro corazón que es lo que se trata de edificar: Si pienso en lo que debo decir, la palabra está ya en mi corazón; pero cuando te quiero hablar busco la manera de hacer pasar a tu corazón lo que ya tengo en el mío. Si busco, pues, cómo la palabra que ya está en mi corazón podrá unirse al tuyo y establecerse en tu corazón, me sirvo de la voz, y es con esta voz con la que te hablo: el sonido de la voz hace que llegue a ti la idea que está contenida en mi palabra. Entonces, es verdad, el sonido se pierde; pero la palabra que el sonido ha hecho llegar hasta ti está desde entonces en tu corazón sin haber abandonado el mío.

Cuando la palabra ha llegado hasta ti ¿no es verdad que el sonido parece decir, como Juan Bautista: «Él tiene que crecer y yo que menguar»? (Jn 3,30). El sonido de la voz ha resonado para hacer su servicio y después ha
desaparecido como queriendo decir: «Esta alegría mía está colmada» (v.29). Retengamos, pues, la Palabra; no dejemos que se marche la Palabra concebida en lo más profundo del nuestro corazón”…

 

San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte) y doctor de la Iglesia – Sermón 293, 7º para la Natividad de Juan Bautista

 

Para rezar

 

Jesús

 

Jesús, te doy gracias

porque has sido como uno de nosotros.

Gracias por darte a conocer de esta manera.

Siempre me pareció verte distinto, un poco lejano…

pero ahora me doy cuenta que fuiste un hombre real,

de carne y hueso. Un hombre de nuestra raza.

Conociste la alegría humana, la amistad,

el gozo de compartir y reír.

Supiste muy bien lo que era la pena, el dolor,

el sufrimiento.

Recorriste pueblos, ciudades, caminos y montañas.

Te dio hambre, sueño, sed, cansancio…

Muchos se acercaron y te aclamaron, otros te rechazaron,

te persiguieron y te torturaron….

Subiste a la cruz sin escándalo,

y fuiste capaz de morir perdonando.

Señor, la fuerza de tu amor me impresiona.

Tu entrega no tuvo límites, amaste todo lo humano,

los pobres, los desvalidos, los enfermos, los marginados,

los niños, los pecadores, los buenos…

Ahora ya sé que estás presente en todos ellos.

Te agradezco lo que hoy me has entregado,

y, sobretodo, Señor, te agradezco,

que tú seas mi Dios.

 

3 de enero

 

El que permanece en Él no peca

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan     2, 29-3, 6

 

Queridos hermanos:

Si ustedes saben que él es justo, sepan también que todo el que practica la justicia ha nacido de él.

¡Miren cómo nos amó el Padre! Quiso que nos llamáramos hijos de Dios, y nosotros lo somos realmente. Si el mundo no nos reconoce, es porque no lo ha reconocido a él.

Queridos míos, desde ahora somos hijos de Dios, y lo que seremos no se ha manifestado todavía. Sabemos que cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

El que tiene esta esperanza en él, se purifica, así como él es puro. El que comete el pecado comete también la iniquidad, porque el pecado es la iniquidad.

Pero ustedes saben que él se manifestó para quitar el pecado, y que él no tiene pecado. El que permanece en él, no peca, y el que peca no lo ha visto ni lo ha conocido.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 97, 1. 3cd-4. 5-6 (R.: 3cd)

 

R.     Los confines de la tierra han contemplado el triunfo de nuestro Dios.

 

Canten al Señor un canto nuevo,

porque él hizo maravillas:

su mano derecha y su santo brazo

le obtuvieron la victoria. R.

 

Los confines de la tierra han contemplado

el triunfo de nuestro Dios.

Aclame al Señor toda la tierra,

prorrumpan en cantos jubilosos. R.

 

Canten al Señor con el arpa

y al son de instrumentos musicales;

con clarines y sonidos de trompeta

aclamen al Señor, que es Rey. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    1, 29-34

 

Al día siguiente, Juan vio acercarse a Jesús y dijo: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. A él me refería, cuando dije: Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel.»

Y Juan dio este testimonio: «He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo”

Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El fragmento de hoy se puede dividir en dos partes: el cristiano es hijo de Dios y como tal no puede pecar.
  • Hasta ahora Juan ha hablado sobre todo de la comunión y del conocimiento de Dios, ahora retoma el mismo tema, pero desde el punto de vista de la filiación. Engendrados por el don que Dios nos hace de su vida, los cristianos podemos ser llamados con todo derecho hijos de Dios.
  • No es una metáfora. Es el mejor resumen de la Navidad. El Hijo de Dios se ha hecho hermano nuestro, y por tanto todos hemos quedado constituidos hijos en el Hijo.
  • Pero esta filiación no está aun totalmente manifestada: tendrá su plena realización en el mundo futuro y sólo en ese momento se realizará, por gracia, la antigua ambición de ser semejantes a Dios. Juan enseña que el camino que conduce a la divinización pasa por la purificación, porque sólo los corazones puros verán a Dios.
  • A diferencia que en la antigua ley, la pureza no se adquiere ahora, por medio de abluciones o de inmolaciones, sino por el rendimiento filial de Cristo, a la voluntad de amor de su Padre, manifestada en el sacrificio. Podremos aspirar a la purificación que nos conduce a ver a Dios, en la medida en que compartimos con Cristo, una vida hecha de amor y de obediencia filial.
  • Nuestra filiación es un don y una tarea: «Todo el que permanece en Él, no comete pecado». La expresión «cometer pecado» nos hace pensar en que el hijo no puede convertirse en esclavo sin pasar por el rechazo libre y consciente de Jesús, el Hijo. En el fondo, el pecado significa pasarse al dominio del diablo, príncipe de este mundo, y hacerse su esclavo. Nadie puede servir a dos señores, dirá Jesús para expresar la misma realidad. El «nacer de Dios» es algo serio, no se puede ir de un lado a otro. No se puede vivir la fe a medias.

***

  • Jesús camina hacia la multitud y es señalado por Juan desde la imagen del “siervo” que evocará Isaías. Con ella presenta al recién llegado como el que “quita el pecado del mundo”. Juan no conocía a Cristo, después de la revelación del Espíritu lo conoce, y a partir de allí, lo da a conocer.
  • Los símbolos del siervo y la paloma eran parte de la tradición y patentizarán la veracidad de la promesa de la que el mismo Juan da testimonio.
  • El Evangelio de hoy nos presenta dos tipos de bautismo: el de Juan con agua, es la preparación para recibir el nuevo bautismo de Jesús proveniente del Espíritu Santo. El bautismo instituido por Jesucristo, hace referencia a una novedad, por la cual a la persona bautizada se le abren las puertas a una nueva vida en el seno de la Iglesia.
  • El Espíritu Santo da testimonio de que Jesús es Dios-con-nosotros, y de que Él tiene el poder de bautizarnos con el Espíritu Santo y de realizar lo anunciado por Juan: Jesús es el que quita el pecado del mundo.
  • El pecado del mundo es la opción por una vida de tinieblas que frustra el proyecto creador, es decir, que impide a los hombres la vida, la búsqueda de la plenitud. Jesús al quitar el pecado del mundo, va a liberar al hombre de la sumisión a todo tipo de esclavitud.
  • Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Él ha venido como nuestra reconciliación. Él cargó sobre sí los pecados del mundo, para que seamos santos como Dios es Santo. Quienes nos sumergimos en Él, participamos del mismo Espíritu de Dios. Somos hijos suyos, llamados con nuestro testimonio de amor y de servicio, a hacer creíble la historia de la Navidad, en la que Dios envió a su Hijo en carne humana para devolvernos a todos la alegría, la paz y la vida.

 

Para discernir

 

  • ¿De veras nos sentimos hijos, oramos como hijos, actuamos como hijos?
  • ¿Qué prevalece en nuestra espiritualidad, el miedo, el interés o el amor?
  • ¿Nos dejamos inspirar por ese Espíritu de Dios que desde dentro nos hace decir: «Abbá, Padre»?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Yo lo he visto y doy testimonio

 

Para la lectura espiritual

 

«Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo»

 

… “«Este es el Cordero de Dios» dice Juan Bautista. El mismo Jesús no dice nada; es Juan quien lo dice todo. El esposo acostumbra a actuar así; no dice nada a la esposa, sino que se presenta y se mantiene en silencio. Son otros los que le anuncian y lo presentan a la esposa. Cuando ella aparece, no es el mismo esposo quien la toma sino que la recibe de manos de otro. Pero después que la ha recibido de otro, se une tan estrechamente a ella que hace que ésta ya no se acuerde más de aquellos que ha dejado para seguirle.

Es lo que pasó respecto a Jesucristo. Vino para desposarse con la humanidad; no dio nada de sí mismo, no hizo más que presentarse. Es Juan, el amigo del Esposo, que ha puesto en sus manos la mano de la Esposa, es decir, el corazón de los hombres que persuadió con su predicación. Entonces Jesucristo los recibió y les colmó de tal cantidad de bienes que ya no regresaron al que les había conducido hasta él… Levantó a su Esposa de su condición tan humilde para conducirla a la casa de su Padre…

Es Juan, el amigo del Esposo, el único que estuvo presente en estas bodas; es él quien entonces lo hizo todo; dándose cuenta de que Jesús llegaba, dijo: «Este es el Cordero de Dios». Con ello demostró que no es solamente a través de su voz, sino también por los ojos, que daba testimonio de la presencia del Esposo. Admiraba al Hijo de Dios y, contemplándolo, su corazón saltaba de gozo y de alegría. Antes de anunciarlo, le admira presente, y da a conocer el don que Jesús vino a traer: «Este es el Cordero de Dios». Es él, dice, que quita el pecado del mundo, y lo quita siempre, no tan sólo en el momento de la Pasión al sufrir por nosotros. Si bien no es más que una vez que ofrece su sacrificio por los pecados del mundo, este único sacrificio purifica para siempre los pecados de todos los hombres hasta el fin del mundo”…

 

San Juan Crisóstomo (hacia 345-407) – Homilía sobre el evangelio de san Juan

 

Para rezar

 

Gastar la vida

 

Jesucristo ha dicho: “Quien quiera guardar su vida la perderá;

y quien la gaste por mí la recuperará en la vida eterna”.

Pero a nosotros nos da miedo gastar la vida, entregarla sin reservas.

Un terrible instinto de conservación nos lleva hacia el egoísmo,

y nos amenaza cuando queremos jugarnos la vida.

Señor Jesucristo: nos da miedo gastar la vida.

Pero la vida Vos nos la diste para gastarla;

no se la puede guardar en estéril egoísmo.

Gastar la vida es trabajar por los demás,

aunque no paguen;

hacer un favor al que no va a devolver;

gastar la vida es lanzarse aún al fracaso, si hace falta,

es dar lo propio por el bien del prójimo.

Somos antorchas, sólo tenemos sentido cuando nos quemamos;

solamente entonces seremos luz.

La vida se da sencillamente, sin publicidad,

como el agua de la vertiente, como la madre da el pecho a su hijito,

como el sudor humilde del sembrador.

Enséñanos, Señor, a lanzarnos a lo imposible,

porque detrás de lo imposible está tu gracia y tu presencia;

no podemos caer al vacío.

 

4 de enero

 

¿Dónde vives?

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan    3, 7-10

 

Hijos míos, que nadie los engañe: el que practica la justicia es justo, como él mismo es justo. Pero el que peca procede del demonio, porque el demonio es pecador desde el principio. Y el Hijo de Dios se manifestó para destruir las obras del demonio.

El que ha nacido de Dios no peca, porque el germen de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque ha nacido de Dios. Los hijos de Dios y los hijos del demonio se manifiestan en esto: el que no practica la justicia no es de Dios, ni tampoco el que no ama a su hermano.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 97, 1. 7-8. 9 (R.: 3cd)

 

R.    Los confines de la tierra han contemplado el triunfo de nuestro Dios.

 

Canten al Señor un canto nuevo,

porque él hizo maravillas:

su mano derecha y su santo brazo

le obtuvieron la victoria. R.

 

Resuene el mar y todo lo que hay en él,

el mundo y todos sus habitantes;

aplaudan las corrientes del océano,

griten de gozo las montañas al unísono. R.

 

Griten de gozo delante del Señor,

porque él viene a gobernar la tierra:

él gobernará al mundo con justicia,

y a los pueblos con rectitud. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    1, 35-42

 

Estaba Juan con dos de sus discípulos y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: «Este es el Cordero de Dios.»

Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús. El se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: « ¿Qué quieren?»

Ellos le respondieron: «Rabbí -que traducido significa Maestro- ¿dónde vives?»

«Vengan y lo verán», les dijo.

Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde.

Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro.

Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías», que traducido significa Cristo. Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas», que traducido significa Pedro.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Juan se preocupa mucho de preservar a sus lectores de posibles desviaciones. El mal y el error siempre pueden infiltrarse. Juan describe a los hijos de Dios y los contrapone a los “hijos del diablo”. Del mismo modo que se puede vivir «en comunión con Dios», se puede también «vivir con el diablo».
  • La frontera que separa a los hijos de Dios de los hijos del diablo, pasa por el propio corazón. Lo que distingue a los hijos de Dios de los hijos del diablo es la práctica de la justicia y del amor. El que no ama a su hermano no es de Dios.

***

  • El deseo de Juan el Bautista de disminuir para que Jesús “crezca” no queda estéril; fructifica en el seguimiento de los primeros discípulos. Ante la indicación de Juan, los discípulos siguen a Jesús comenzando el camino del discipulado. En este momento el diálogo con Jesús será muy significativo.
  • La pregunta que Jesús les hace exige una respuesta que ha de abarcar la vida misma: ¿Qué buscan?
  • No es una pregunta para iniciar la conversación; es una pregunta que va a lo profundo de la existencia, a las esperanzas, a los anhelos.
    • Ellos no pueden responder aún a un interrogante tan grande y contestan con una nueva pregunta. Estos hombres buscaban al Mesías esperado. Buscaban ser salvados. Por eso le preguntan: ¿dónde vives?, que es preguntarle ¿dónde encontrarte? ¿dónde encontrarte para poder encontrarnos y ser salvados? Jesús no los invita a un lugar sino a un seguimiento mayor, a compartir su vida. El “ver” en Juan, está asociado al creer, se ve a Jesús cuando se cree en Él.
    • Juan precisando la hora recuerda que estos discípulos se quedaron todo el día. Esto es normal, porque era su primera conversación con Jesús. El compartir un día con el Señor los llevó a reconocer su identidad y misión. Esto bastó para que Andrés salga a buscar a su hermano Pedro con el anuncio de haber encontrado al Mesías.
    • Fue la experiencia de un encuentro, de un diálogo y de dejarse interpelar. El descubrir a Jesús no es el resultado de una tarea intelectual, sino de un encuentro. Jesús reside en el lugar donde Él ha acampado y es allí donde brilla el amor fiel de Dios; está en la zona de la vida, donde están los hombres amando y dando vida. Este lugar sólo puede conocerse por experiencia personal. El lugar donde vive Jesús es la antítesis del lugar de las tinieblas y la muerte.
    • Comienza aquí la nueva comunidad, la del Mesías, compuesta por los que van a recibir la vida, el Espíritu, y van a hacerse hijos de Dios. Es la comunidad de aquellos que están donde está Jesús y participan de su vida.
    • Comienza para estos hombres la aventura divina. Juan y Andrés eran amigos, pertenecían al mismo equipo de pesca sobre el lago. Además estaban unidos por el mismo ideal, en torno a Juan Bautista al que habían seguido primero.
    • Una vocación no nace en las nubes sino en todo un contexto humano. La buena nueva del evangelio no llega a individuos aislados, sino a personas, en relación con otras y de ese modo se propaga el encuentro con Jesús.
    • Juan el Bautista nos vuelve a señalar a Jesús para que vayamos a ver dónde vive y quedándonos con Él, podamos hacer una profunda experiencia de discipulado, sentarnos a sus pies y beber de sus palabras, abrirnos a su enseñanza, dejándonos iluminar por su luz hasta el punto de quedar transformados en verdaderos discípulos suyos.
    • Lo esencial en la vida cristiana es dejarse mirar por Jesús, ir y ver dónde se aloja, estar con Él y compartir. Y, después, anunciarlo. Es el camino y el proceso que han seguido los discípulos y los santos. Es nuestro camino.

 

Para discernir

 

  • ¿Cuál es mi deseo, mi anhelo, “qué busco”?
  • ¿Renuevo cada día mi experiencia de encuentro, de diálogo con Jesús, me acerco a ver dónde vive?
  • ¿Contagio a otros este encuentro con el Señor?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Te sigo Jesús

 

Para la lectura espiritual

 

«Una luz se levanta sobre los que habitan en el país de las tinieblas y en sombras de muerte»

 

Jesús se retiró a Galilea. Y dejando Nazaret, vino a residir en Cafarnaúm junto al mar, en el término de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que el Señor había dicho por boca de Isaías: «… El pueblo que habitaba en las tinieblas ha visto levantarse una gran luz»… Seguramente que al hablar de la visión o mejor de levantarse una gran luz, Mateo quiere hacernos comprender la luminosa predicación del Salvador, el esplendor de la Buena Noticia del Reino de Dios; antes que otras han sido las tierras de Zabulón y de Neftalí las que la oyeron de la misma boca del Señor…

En verdad es en esta tierra que el Señor empezó a predicar, es en ellas que inauguró su predicación… Y los apóstoles, que fueron los primeros en ver esta luz verdadera en los territorios de Zabulón y de Neptalí, llegaron a ser ellos mismos «luz del mundo»… «Acrecentaste la alegría, continua el texto de Isaías, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín». Esta alegría será, efectivamente, la alegría de los apóstoles, «una alegría multiplicada», cuando «vendrán como segadores trayendo sus gavillas» «como se alegran al repartirse el botín», es decir, el diablo vencido…

En efecto, eres tú Señor y Salvador, que has quitado de sus hombros «el yugo que pesaba sobre ellos», ese yugo del diablo que, en otro tiempo, cuando en el mundo reinaba sobre todas las naciones haciendo doblegar las nucas bajo el yugo de una muy pesada esclavitud… Eres tú quien, sin ejército, sin efusión de sangre, en lo secreto de tu poder, has liberado a los hombres para ponerlos a tu servicio… Sí, el diablo será «quemado, devorado por el fuego eterno» porque «nos ha nacido un niño» el humilde Hijo de Dios «que lleva sobre sus hombros la insignia de su poder» puesto que, siendo Dios, puede, por sus propias fuerzas, poseer la primacía… Y «su poder se extenderá» porque reinará no sólo sobre los judíos como David, sino que su imperio se extenderá sobre todas las naciones «desde ahora y por siempre».

 

(Referencias bíblicas: Is 9,1-6; Mt 5,14; Sl 125,6)

Ruperto de Deutz (hacia 1075-1130), monje benedictino – Sobre la Trinidad y sobre sus obras, I. 42: sobre Isaías, 2

 

Para rezar

 

Señor, tu poder cautivador,

está en acción a través de la mirada,

las palabras y las acciones de Jesús,

exigiéndolo todo, y todo de inmediato.

Jesús, con tu llegada,

una luz nueva alcanzó

el centro del corazón,

una fascinación se apoderó de mí.

Tu mirada traspasó mi vida,

y quiero seguirte.

Tengo la certeza que me arrastrarás

cada vez más lejos.

Quiero vivir, que mis días no se esfumen,

agotados ya por el peso de la muerte.

Me has cautivado, fascinado.

Tu amor ardiente me arrastra,

y cada mañana me despierta

para emprender un camino sin término,

en busca del tesoro

por el que quiero dejarlo todo.

En aquellas; mis cuatro de la tarde;

una palabra, una sola, la palabra que llevabas

en tu corazón de Hijo leí en tu mirada:

que Dios es Amor, Dios lo es todo y te ama.

 

5 de enero

 

Hemos pasado de la muerte a la vida

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan    3, 11-20

 

Queridos hermanos:

La noticia que oyeron desde el principio es esta: que nos amemos los unos a los otros. No hagamos como Caín, que era del Maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué lo mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano, en cambio, eran justas.

No se extrañen, hermanos, si el mundo los aborrece. Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la Vida, porque amamos a nuestros hermanos. El que no ama permanece en la muerte. El que odia a su hermano es un homicida, y ustedes saben que ningún homicida posee la Vida eterna.

En esto hemos conocido el amor: en que él entregó su vida por nosotros. Por eso, también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos.

Si alguien vive en la abundancia, y viendo a su hermano en la necesidad, le cierra su corazón, ¿cómo permanecerá en él el amor de Dios?

Hijitos míos, no amemos solamente con la lengua y de palabra, sino con obras y de verdad.

En esto conoceremos que somos de la verdad, y estaremos tranquilos delante de Dios aunque nuestra conciencia nos reproche algo, porque Dios es más grande que nuestra conciencia y conoce todas las cosas.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 99, 1-2. 3. 4. 5 (R.: 1)

 

R.    Aclame al Señor toda la tierra.

 

Aclame al Señor toda la tierra,

sirvan al Señor con alegría,

lleguen hasta él con cantos jubilosos. R.

 

Reconozcan que el Señor es Dios:

él nos hizo y a él pertenecemos;

somos su pueblo y ovejas de su rebaño. R.

 

Entren por sus puertas dando gracias,

entren en sus atrios con himnos de alabanza,

alaben al Señor y bendigan su Nombre. R.

 

¡Qué bueno es el Señor!

Su misericordia permanece para siempre,

y su fidelidad por todas las generaciones. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    1, 43-51

 

Jesús resolvió partir hacia Galilea. Encontró a Felipe y le dijo: «Sígueme.» Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro.

Felipe encontró a Natanael y le dijo: «Hemos hallado a aquel de quien se habla en la Ley de Moisés y en los Profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret.»

Natanael le preguntó: « ¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?» «Ven y verás», le dijo Felipe.

Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: «Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez.»

« ¿De dónde me conoces?», le preguntó Natanael.

Jesús le respondió: «Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera.»

Natanael le respondió: «Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.»

Jesús continuó: «Porque te dije: “Te vi debajo de la higuera”, crees. Verás cosas más grandes todavía.»

Y agregó: «Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Juan ha subrayado que la filiación lleva consigo la separación de un mundo que niega la novedad de Dios. El amor mutuo es el criterio de los cristianos, es el mandamiento que conocen desde el comienzo de su conversión.
  • Contrapuesto a la caridad se encuentra el odio. Esta oposición, marca el ritmo de la vida del mundo desde los orígenes del hombre. El odio termina en la muerte del cristiano. Quien recibe la palabra de Jesús ha pasado de la muerte a la vida; y esa palabra no es otra que el mandamiento del amor. Para saber si poseemos la vida, no tenemos más que preguntarnos si vivimos en el amor. Entonces, aunque se nos arrebate la vida física, no se nos podrá quitar la vida eterna.
  • “Pasar de la muerte a la vida” porque amamos a los hermanos es más que una bonita frase. El amor verdadero no nos ahorra la muerte, sino que pasa por la muerte: pasa por la desaparición de uno mismo, pasa por el olvido y muchas veces por el aparente fracaso de la propia y humana realización. Ahí, es cuando surge la vida, cuando surge el fruto duradero y abundante. En el proceso ha habido dolor, ha habido muerte. Ese amor se ha actualizado en Jesucristo que ha ofrecido su vida por los hombres. El sacrificio de la cruz ha sido la victoria del amor sobre el odio.
  • El amor no es una teoría, sino un estilo de vida a seguir. No hay conocimiento abstracto de Cristo, como tampoco existe el amor al prójimo sólo de palabras. Si el discípulo debe reproducir el amor de Cristo que da su vida por los demás, debemos imitarlo cuando se trata de dar nuestros bienes a los pobres. El amor de Dios no ha sido una donación ideal y romántica. La nuestra tampoco puede serlo.

***

  • El relato de la vocación de los primeros discípulos, continúa hoy con el llamado de Felipe y el de Natanael.
  • Natanael es un hombre recto, es un modelo en su género, probablemente era un escriba. Quizá por esa razón estuviera sentado debajo de una higuera, costumbre peculiar de los sabios de la época y compartiera como ellos el desprecio por todo lo que pudiera proceder de Nazaret.
  • A este hombre arraigado en una visión rabínica de las cosas, Felipe le propone: ir y ver. Este es un llamamiento a la conversión, porque ver para Juan no significa tan solo una mirada material sobre la persona de Cristo, sino una contemplación de su gloria y de su divinidad.
  • Cristo llama a Natanael para realizar esa “conversión de la vista” y actúa con habilidad comenzando por elogiarlo: es “verdaderamente hijo de Israel”.
  • Lo mismo que Jacob tuvo la clara visión de Yahvé en Betel, Natanael verá así a Dios en la persona de Cristo. Pero la conversión de Natanael es gradual. Primero verá a Jesús hijo de José, luego profesará la mesianidad de ese Jesús y, finalmente reconocerá a la vez su divinidad y su humillación.
  • Juan propone al presentar la conversión progresiva de Natanael un itinerario catecumenal.
  • La mirada humana basta para ver la humanidad de Cristo, pero se necesita fe para leer la mesianidad de Cristo, en los signos que irán apareciendo a lo largo de la vida de Cristo. Sólo la verdadera fe puede leer el signo por excelencia, la humillación y la glorificación del Hijo del hombre en su misterio pascual.
  • A Natanael le costó mucho descubrir al Hijo de Dios en los signos pobres de Jesús de Nazaret. Pero dio el paso definitivo tomando una opción fundamental por Cristo.
  • Desde la encarnación del Hijo de Dios, los discípulos sabemos que el camino para el descubrimiento y conocimiento del Salvador se da en signos pobres, nada elocuentes por sí mismos. Necesitamos pedir la fe.
  • El evangelio de hoy también nos muestra que para hacer este proceso es necesario estar abiertos, en una búsqueda constante de la verdad, con honestidad y rectitud de corazón.

 

Para discernir

 

  • ¿Qué conversión necesita hoy mi manera de “ver”?
  • ¿Qué muerte tengo que vivir en este tiempo para alcanzar la vida abundante?
  • ¿Cómo discípulo/a me dejo sorprender y me abro a los signos sencillos descubriendo en ellos a Dios?

 

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Es Jesús de Nazaret

 

Para la lectura espiritual

 

“Es que de Nazaret puede salir algo bueno»

 

…”Nazaret no ha interesado a los pintores…Ese nombre evoca la manera demasiado sentimental con la cual se ha transformado la vida de Jesús transcurrida en una idílica pequeña burguesía, engañosa porque atenúa el misterio. Es preciso buscar en otra parte el origen de la veneración hacia la Sagrada Familia. … Es a partir de Nazaret que se descubre que la casa y la familia son una iglesia y que se tiene en cuenta la responsabilidad sacerdotal del cabeza de familia. En la «Galilea de los paganos» (Mt 4,15) Jesús recibe una educación judía; sin ir a la escuela, aprende en casa a conocer la Escritura… Las breves y escasas alusiones de Lucas son suficientes para darnos una idea del espíritu de responsabilidad y de apertura, de fervor y rectitud, que caracterizaba a esta comunidad y que hicieron de ella una realización del verdadero Israel. Pero es, sobre todo, en el actuar de Jesús, que conoce las Escrituras y las tradiciones rabínicas con la misma seguridad que un maestro, donde reconocemos en qué manera la vida común que se llevó en Nazaret ha sido fructífera para aprender todo ello. Y todo esto ¿no nos concierne en absoluto, a nosotros que vivimos en una época en la que la mayor parte de cristianos se ven forzados a vivir en una «Galilea de paganos»?

La Grande Iglesia no puede ni crecer ni prosperar si se la deja ignorar que sus raíces están escondidas en la atmósfera de Nazaret… Nazaret tiene un mensaje permanente para la Iglesia. La Nueva Alianza no tiene su comienzo en el Templo, ni sobre el Monte Santo sino en la pequeña habitación de la Virgen, en la casa del trabajador, en uno de los lugares olvidados de la «Galilea de los paganos» de la que nadie esperaba nada bueno.

No es sino a partir de ahí que la Iglesia podrá comenzar de nuevo y sanar. Jamás podrá dar una respuesta satisfactoria a la revuelta de nuestro siglo contra el poder de la riqueza, si en su mismo seno Nazaret no es una realidad vivida.

 

Cardenal Joseph Ratzinger (Papa Benedicto XVI) – El Dios de Jesucristo

 

 

Para rezar

 

Tu voz

 

Desde todos los rincones,

me está llamando tu voz.

Siento tu mirada en muchos ojos que me miran.

Oigo tu palabra en muchas voces que me gritan.

Y en aquellos que me necesitan,

veo tu mano extendida.

Eres Tú quien me pregunta

cuando veo a ese niño hambriento,

o a esa madre extenuada con su hijo a la espalda.

Sé de muchos hombres que no oyen tu Evangelio,

y de otros que viven en chozas mal olientes

y de muchos más que roban para poder seguir viviendo.

Y todos ellos me gritan en silencio,

que no viva tranquilo.

¿Qué puedo hacer yo?

Esos niños que juegan en el barro

porque no hay sitio para ellos en las escuelas,

y ese hombre sin ganas de vivir

porque no encuentra el sentido de su vida,

y tantos que sufren en las cárceles,

y los que, libres, no tienen libertad,

porque otros les niegan la palabra…

Pero también en todos ellos

y desde todos los rincones de la tierra

me está llamando tu voz.