TIEMPO DTE EL AÑO – SEMANA III – CICLO C

TIEMPO DTE EL AÑO – CICLO C

Domingo de la 3ra.semana

 

Lunes III

 

Martes III

 

Miércoles III

 

Jueves III

 

Viernes III

 

Sábado III

2 de febrero

La Presentación del Señor (F)

 

TIEMPO DTE EL AÑO – CICLO C

Domingo de la 3ra.semana

 

Esto se ha cumplido hoy

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Nehemías    8, 2-4a. 5-6. 8-10

 

El sacerdote Esdras trajo la Ley ante la Asamblea, compuesta por los hombres, las mujeres y por todos los que podían entender lo que se leía. Era el primer día del séptimo mes.

Luego, desde el alba hasta promediar el día, leyó el libro en la plaza que está ante la puerta del Agua, en presencia de los hombres, de las mujeres y de todos los que podían entender. Y todo el pueblo seguía con atención la lectura del libro de la Ley.

Esdras, el escriba, estaba de pie sobre una tarima de madera que habían hecho para esa ocasión. Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo -porque estaba más alto que todos- y cuando lo abrió, todo el pueblo se puso de pie.

Esdras bendijo al Señor, el Dios grande, y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: « ¡Amén! ¡Amén!» Luego se inclinaron y se postraron delante del Señor con el rostro en tierra.

Ellos leían el libro de la Ley de Dios, con claridad, e interpretando el sentido, de manera que se comprendió la lectura.

Entonces Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote escriba, y los levitas que instruían al pueblo, dijeron a todo el pueblo: «Este es un día consagrado al Señor, su Dios: no estén tristes ni lloren.» Porque todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la Ley.

Después añadió: «Ya pueden retirarse; coman bien, beban un buen vino y manden una porción al que no tiene nada preparado, porque este es un día consagrado a nuestro Señor. No estén tristes, porque la alegría en el Señor es la fortaleza de ustedes.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 18, 8. 9. 10. 15 (R.: cf. Jn 6, 63c)

 

R.    Tus palabras, Señor, son Espíritu y Vida.

 

La ley del Señor es perfecta,

reconforta el alma;

el testimonio del Señor es verdadero,

da sabiduría al simple. R.

 

Los preceptos del Señor son rectos,

alegran el corazón;

los mandamientos del Señor son claros,

iluminan los ojos. R.

 

La palabra del Señor es pura,

permanece para siempre;

los juicios del Señor son la verdad,

enteramente justos. R.

 

¡Ojalá sean de tu agrado

las palabras de mi boca,

y lleguen hasta ti mis pensamientos,

Señor, mi Roca y mi redentor! R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto    12, 12-30

 

Hermanos:

Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo. Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo -judíos y griegos, esclavos y hombres libres- y todos hemos bebido de un mismo Espíritu.

El cuerpo no se compone de un solo miembro sino de muchos. Si el pie dijera: «Como no soy mano, no formo parte del cuerpo», ¿acaso por eso no seguiría siendo parte de él? Y si el oído dijera: «Ya que no soy ojo, no formo parte del cuerpo», ¿acaso dejaría de ser parte de él? Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿dónde estaría el oído? Y si todo fuera oído, ¿dónde estaría el olfato?

Pero Dios ha dispuesto a cada uno de los miembros en el cuerpo, según un plan establecido. Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?

De hecho, hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo. El ojo no puede decir a la mano: «No te necesito», ni la cabeza, a los pies: «No tengo necesidad de ustedes.» Más aún, los miembros del cuerpo que consideramos más débiles también son necesarios, y los que consideramos menos decorosos son los que tratamos más decorosamente. Así nuestros miembros menos dignos son tratados con mayor respeto, ya que los otros no necesitan ser tratados de esa manera.

Pero Dios dispuso el cuerpo, dando mayor honor a los miembros que más lo necesitan, a fin de que no haya divisiones en el cuerpo, sino que todos los miembros sean mutuamente solidarios. ¿Un miembro sufre? Todos los demás sufren con él. ¿Un miembro es enaltecido? Todos los demás participan de su alegría.

Ustedes son el Cuerpo de Cristo, y cada uno en particular, miembros de ese Cuerpo.

En la Iglesia, hay algunos que han sido establecidos por Dios, en primer lugar, como apóstoles; en segundo lugar, como profetas; en tercer lugar, como doctores. Después vienen los que han recibido el don de hacer milagros, el don de curar, el don de socorrer a los necesitados, el don de gobernar y el don de lenguas. ¿Acaso todos son apóstoles? ¿Todos profetas? ¿Todos doctores? ¿Todos hacen milagros? ¿Todos tienen el don de curar? ¿Todos tienen el don de lenguas o el don de interpretarlas?

 

Palabra de Dios.

 

O bien más breve:

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto    12, 12-14. 27

 

Hermanos:

Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo. Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo -judíos y griegos, esclavos y hombres libres- y todos hemos bebido de un mismo Espíritu.

El cuerpo no se compone de un solo miembro sino de muchos.

Ustedes son el Cuerpo de Cristo, y cada uno en particular, miembros de ese Cuerpo.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    1, 1-4; 4, 14-21

 

Muchos han tratado de relatar ordenadamente los acontecimientos que se cumplieron entre nosotros, tal como nos fueron transmitidos por aquellos que han sido desde el comienzo testigos oculares y servidores de la Palabra. Por eso, después de informarme cuidadosamente de todo desde los orígenes, yo también he decidido escribir para ti, excelentísimo Teófilo, un relato ordenado, a fin de que conozcas bien la solidez de las enseñanzas que has recibido.

Jesús volvió a Galilea con el poder del Espíritu y su fama se extendió en toda la región. Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan.

Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura. Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:

El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor.

Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. Entonces comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • En la lectura de Nehemías, Esdras hace la lectura pública de la ley que sirve de anticipo a la renovación de la Alianza. La Ley es recuerdo del encuentro salvífico de Dios con su pueblo; su lectura les hace ver que el Señor ha sido, es y será siempre su protector, especialmente en los momentos difíciles. Esto provoca el llanto de un pueblo sin fe que se reconoce infiel a Dios pero que se compromete a dejarse proteger por el Señor; por eso es un día de gozo y no de llanto. En este banquete también debe participar el pobre. Esdras entiende que, en adelante, la comunidad se desarrollará en torno a la lectura, la meditación y la interpretación del libro sagrado: la Biblia será libro de todos y la norma de su fe. Este mensaje constituye una “buena noticia” proclamada por aquel que Dios ha escogido comunicándole su Espíritu e incluso otorgándole la unción regia.

***

  • San Pablo nos muestra cómo la nueva comunidad seguidora del resucitado también organiza su accionar en torno a los hermanos más débiles, en torno a los sencillos. La comunidad cristiana relaciona su ser pueblo con la realidad del cuerpo humano (I Cor 12, 12), y así elabora toda una reflexión en torno a la importancia de cada uno de los miembros en la vida y misión del mismo cuerpo. Nos enseña que todos los miembros se preocupan y cuidan al más débil de todos.

***

  • Jesús vuelve a Nazaret, al pueblo donde ha crecido, acompañado por una fama de maestro autorizado que se ha ganado a través de sus milagros en toda la Galilea. Entra en la sinagoga y participa en la liturgia del sábado y hace esta especie de declaración programática. Elige el pasaje de Isaías en que se afirma que el Espíritu del Señor le ha empujado a dar una Buena Noticia a los pobres, una palabra de esperanza a todos los hombres. Para demostrar que Él era el Mesías no quiso, en ese momento deslumbrar a los de su pueblo con el brillo de sus milagros, sino que se basó en la evangelización a los pobres, el anuncio de la libertad a los cautivos y a los ciegos la vista; y el anuncio de un año de gracia del Señor.
  • Jesús usa la palabra liberación; que no tiene que asustarnos y no puede estar ausente en la evangelización. La liberación cristiana es una liberación integral, de toda opresión injusta, tanto personal como estructural. La justicia de que hablan los profetas en el Antiguo Testamento es una justicia social. Y Jesús aquí habla de cautivos, de ciegos, de pobres y de oprimidos. No cabe duda que la liberación que trae Jesús es una liberación que partiendo, en primer lugar, del corazón del hombre donde anidan el mal y el pecado, llega hasta las estructuras injustas.
  • El Reino de Dios que predica Jesús es un Reino de santidad y de amor, pero también de libertad y de justicia. Esta liberación camina en la línea del ser antes que del hacer. Esta liberación nunca será total si se limita a una liberación espiritualista o a resolver el problema del pan y la justicia, sin dar al hombre amor y razones para su esperanza. Abarca al hombre en todas sus dimensiones.
  • San Lucas dice que esta salvación se realiza “hoy”. Está ya realizada en el “hoy” de Jesús, en el momento de su ida a Nazaret. Y sigue realizándose “hoy”, cada vez que hombres y mujeres se acercan a Jesús y su palabra es recibida con la misma profunda disponibilidad de que dieron prueba los contemporáneos de Esdras: personas muy alejadas de nosotros pero con un corazón que puede estar muy próximo. Esa palabra puede y debe cobrar actualidad.
  • Cada vez que un hombre trabaja para que los hombres descubran el Evangelio y se reconozcan hijos de Dios y hermanos de los otros, que se puede mirar más allá de la propia mirada; que es posible vivir con criterios diferentes a los corrientes se “está cumpliendo esta escritura”.
  • Cada vez que un hombre se esfuerza liberar a los cautivos, de todo tipo, por intentar un orden social más justo en el que el hombre no sea cosa ni objeto, un orden en el que se valoren las ideas por encima de cualquier interés particular, un orden en el que se dé cabida a la pluralidad, “se está cumpliendo esta escritura”.
  • Cada vez que se trata de vivir por encima de la miopía del dinero, del poder, de la comodidad, del placer, “se está cumpliendo esta escritura”.
  • Cada vez se puede anunciar “un año de gracia del Señor”, en el que acabemos de ver en el otro un enemigo; cada vez que un hombre se compromete por la paz y no al servicio de ideologías que justifican el dolor, la miseria; cada vez que un hombre proclama que es preciso olvidar odios, rencores y posturas irreconciliables; que es preciso compartir la mesa y el bolsillo, “se está cumpliendo esta escritura”.
  • La obra de Cristo, y por lo tanto la pastoral de la Iglesia, tienen como objetivo el cumplimiento del proyecto de Dios. El objetivo es vivir de una manera nueva, conforme a un evangelio o buena noticia que hoy debe ser para cada uno un acontecimiento liberador. También nosotros, a nuestra medida, debemos hacer nuestras las palabras que hoy hemos oído a Jesús: El Espíritu del Señor está sobre mí, y me envía.

 

Para discernir

 

  • ¿Se cumplen en mí las palabras del Señor?
  • ¿Me siento enviado a dar la buena noticia a los pobres?
  • ¿Es mi vida una buena noticia para los pobres?

Repitamos a lo largo de este día

 

Aquí estoy Señor envíame

 

Para la lectura espiritual

 

Hoy, en esta reunión, habla el Señor

 

Cuando lees: Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan, cuida de no juzgarlos dichosos únicamente a ellos, creyéndote privado de doctrina. Porque si es verdad lo que está escrito, el Señor no hablaba sólo entonces en las sinagogas de los judíos, sino que hoy, en esta reunión, habla el Señor. Y no sólo en ésta, sino también en cualquiera otra asamblea y en toda la tierra enseña Jesús, buscando los instrumentos adecuados para transmitir su enseñanza. ¡Orad para que también a mí me encuentre dispuesto y apto para ensalzarlo!

Después fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido». No fue mera casualidad, sino providencia de Dios, el que, desenrollando el libro, diera con el capítulo de Isaías que hablaba proféticamente de él. Pues si, como está escrito, ni un solo gorrión cae en el lazo sin que lo disponga vuestro Padre y si los cabellos de la cabeza de los apóstoles están todos contados, posiblemente tampoco el hecho de que diera precisamente con el libro del profeta Isaías y concretamente no con otro pasaje, sino con éste, que subraya el misterio de Cristo: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido —no olvidemos que es el mismo Cristo quien proclama este texto—, hay que pensar que no sucedió porque sí o fue producto del juego de la casualidad, sino que ocurrió de acuerdo con la economía y la providencia divina.

Terminada la lectura, Jesús, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. También ahora, en esta sinagoga, en esta asamblea, podéis —si así lo deseáis— fijar los ojos en el Salvador. Desde el momento mismo en que tú dirijas la más profunda mirada de tu corazón a la Sabiduría, a la Verdad y al Unigénito de Dios, para sumergirte en su contemplación, tus ojos están fijos en Jesús. ¡Dichosa la
asamblea, de la que la Escritura atestigua que los ojos de todos estaban fijos en él! ¡Qué no daría yo porque esta asamblea mereciera semejante testimonio, de modo que los ojos de todos: catecúmenos y fieles, hombres, mujeres y niños, tuvieran en Jesús fijos los ojos! Y no los ojos del cuerpo, sino los del alma. En efecto, cuando vuestros ojos estuvieren fijos en él, su luz y su mirada harán más luminosos vuestros rostros, y podréis decir: «La luz de tu rostro nos ha marcado, Señor». A él corresponde la gloria y el poder por los siglos de los siglos Amén.

 

Orígenes, Homilía 32 sobre el evangelio de san Lucas (2-6: SC 87, 386-392)

 

Para rezar

 

Oración por el cambio

 

Me atrevo a orar: Señor, haz que el mundo cambie,
pues anhelo ver el fin de la pobreza;
me atrevo a orar: Señor, haz que cambien las reglas,
pues anhelo ver un mundo que aporte justicia a los pobres;
me atrevo a orar: Señor, haz que mi vida cambie,
pues anhelo aportar esperanza allí donde se necesitan buenas nuevas.
Con el poder de tu Espíritu
e inspirado por tu compasión,
prometo obrar por el cambio,
y espero confiadamente el día
en que Tú todo lo renueves.
Amén.

Lunes III

 

Ha llegado el fin de Satanás

 

Lectura de la carta a los Hebreos      9,15.24-28

 

Hermanos:

Cristo es mediador de una Nueva Alianza entre Dios y los hombres, a fin de que, habiendo muerto para redención de los pecados cometidos en la primera Alianza, los que son llamados reciban la herencia eterna que ha sido prometida.

Cristo, en efecto, no entró en un Santuario erigido por manos humanas -simple figura del auténtico Santuario- sino en el cielo, para presentarse delante de Dios en favor nuestro. Y no entró para ofrecerse a sí mismo muchas veces, como lo hace el Sumo Sacerdote que penetra cada año en el Santuario con una sangre que no es la suya. Porque en ese caso, hubiera tenido que padecer muchas veces desde la creación del mundo. En cambio, ahora él se ha manifestado una sola vez, en la consumación de los tiempos, para abolir el pecado por medio de su Sacrificio.

Y así como el destino de los hombres es morir una sola vez, después de lo cual viene el Juicio, así también Cristo, después de haberse ofrecido una sola vez para quitar los pecados de la multitud, aparecerá por segunda vez, ya no en relación con el pecado, sino para salvar a los que lo esperan.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 97, 1. 2-3ab. 3cd-4. 5-6 (R.: 1a)

 

R. ¡Canten al Señor un canto nuevo!

 

Canten al Señor un canto nuevo,

porque él hizo maravillas;

su mano derecha y su santo brazo

le obtuvieron la victoria. R.

 

El Señor manifestó su victoria,

reveló su justicia a los ojos de las naciones:

se acordó de su amor y su fidelidad

en favor del pueblo de Israel. R.

 

Los confines de la tierra han contemplado

el triunfo de nuestro Dios.

Aclame al Señor toda la tierra,

prorrumpan en cantos jubilosos. R.

 

Canten al Señor con el arpa

y al son de instrumentos musicales;

con clarines y sonidos de trompeta

aclamen al Señor, que es Rey. R.

 

EVANGELIO

Lectura del Evangelio según san Marcos 3, 22-30

 

Los escribas que habían venido de Jerusalén decían: «Está poseído por Belzebul y expulsa a los demonios por el poder del Príncipe de los demonios.»

Jesús los llamó y por medio de comparaciones les explicó: «¿Cómo Satanás va a expulsar a Satanás? Un reino donde hay luchas internas no puede subsistir. Y una familia dividida tampoco puede subsistir. Por lo tanto, si Satanás se dividió, levantándose contra sí mismo, ya no puede subsistir, sino que ha llegado a su fin. Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa.

Les aseguro que todo será perdonado a los hombres: todos los pecados y cualquier blasfemia que profieran. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón jamás: es culpable de pecado para siempre.»

Jesús dijo esto porque ellos decían: «Está poseído por un espíritu impuro».

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • La carta argumenta ahora la entrada que el sumo sacerdote hacía una vez al año, en la fiesta de la Expiación, en el «santísimo» el espacio más sagrado del Templo de Jerusalén, para ofrecer sacrificios por sí y por el pueblo. No ofrecía más que sangre de animales, su ministerio no era eficaz de una vez por todas y lo tenía que repetir cada año.
  • Cristo Jesús entró en el santuario del cielo, no en un templo humano, y lo hizo de una vez por todas, porque se entregó a sí mismo.
  • Cristo, por absoluta solidaridad con nuestra condición humana, se sometió a la muerte «para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo».
  • Tenemos un Sacerdote en el cielo que ha entrado en la presencia de Dios para siempre. Tenemos un Mediador siempre dispuesto a interceder por nosotros.

 ***

  • Escuchamos hoy la acusación de los letrados que vienen desde Jerusalén: «tiene dentro a Belcebú y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios».
  • Jesús pone en ridículo este absurdo en un momento: ¿Cómo puede nadie luchar contra sí mismo? ¿cómo puede ser uno endemoniado y a la vez exorcista?
  • La victoria de Jesús, arrojando al demonio, debe ser interpretada como la señal de que ya ha llegado el que va a triunfar sobre el mal, el Mesías, el que es más fuerte que el malo.
  • Sus enemigos no están dispuestos a reconocerlo, y merecen el durísimo ataque de Jesús: lo que hacen es una blasfemia contra el Espíritu. Pecar contra el Espíritu significa negar lo que es evidente, negar la luz, taparse los ojos para no ver. No hay peor ciego que el que no quiere ver.
  • Mientras les dure esta actitud obstinada y esta ceguera voluntaria, ellos mismos se excluyen del perdón y del Reino.
  • Somos invitados a luchar contra el mal. A nosotros, sus seguidores, se nos invita a no quedarnos indiferentes y perezosos, sino a resistir y trabajar contra todo mal que hay en nosotros y en el mundo. Hay que ser dóciles al Espíritu Santo para reconocer el poder que actúa en Cristo.

 

Para discernir

 

  • ¿A qué me invita la Palabra que el Señor me anuncia en este día?
  • ¿Experimento en mi corazón actitudes parecidas a las de los de los letrados? ¿Cuándo? ¿Cuáles?
  • ¿Qué “bien” tengo que poner, construir, en mi familia, en mi comunidad, en mi tarea, para combatir el mal?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

El Señor se acordó de su misericordia y su fidelidad

 

Para la lectura espiritual

 

«Expulsa a los demonios»

 

Reconoce: «en ti ha surgido un nuevo rey, un rey de Egipto». Es él quien te requisa para sus trabajos, te obliga a fabricar ladrillos y mortero. Es él quien te impone capataces y vigilantes, el que te empuja a través del látigo y de la vara a trabajos de tierra, te fuerza a construirle ciudades. Es él el quien te incita a recorrer el mundo, a remover tierras y mares para satisfacer tus codicias…

Este rey de Egipto sabe que la guerra es inminente. Presiente la venida de «aquel que puede despojar sus principados y potestades, triunfar sobre ellas con audacia y clavarlas en el madero de la cruz»…; siente ya próxima la hora de la destrucción de su pueblo. Por eso declara: «¡El pueblo de Israel es más fuerte que nosotros!» ¡Que pueda decir lo mismo refiriéndose a nosotros y nos sintamos más poderosos que él! ¿Cómo lo sentirá? Si no acojo los malos pensamientos y los deseos perversos que él me inspira; si rechazo «sus flechas incendiarias con la armadura de la fe»; si cada vez que hace alguna insinuación a mi alma, acordándome de Cristo mi Señor, le digo: «Vete, Satanás, porque está escrito: ‘Al Señor, tu Dios, adorarás y a él sólo servirás’»…

Porque el Señor Jesús viene…, para someter a los «principados, dominaciones y potestades», para sustraer a los hijos de Israel a las violencias de sus enemigos…, para enseñarnos de nuevo a ver a Dios en espíritu, a abandonar los trabajos del Faraón, a salir de la tierra de Egipto, a renunciar a las bárbaras costumbres de los egipcios, «a abandonar al hombre viejo corrompido por deseo de placer y a revestirnos del hombre nuevo creado según Dios», «a renovar nuestro interior día a día» según la imagen del que nos ha creado, Jesucristo nuestro Señor, a quien sean dadas la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén

 

(Referencias bíblicas: Ex 1,8; Col 2,14-15; Ex 1,9; Ef 6,7; Mt 4,10; Dt 6,13; Col 1,16; Ef 4,22-24; Col 3,9-10; 2C 4,16)

 

Orígenes (hacia 185-253), presbítero y teólogo Homilías sobre el Éxodo, nº 1, 5

 

Para rezar

 

Lucero del alba,

aurora estremecida,

luz de mi alma,

Santa María.

 

Hija del Padre,

doncella en gracia concebida,

virgen y madre,

Santa María.

 

Flor del Espíritu,

ave, blancura, caricia,

madre del Hijo,

Santa María.

 

Llena de ternura,

bendita entre las benditas,

madre de todos los hombres,

Santa María. Amén.

Himno de Laudes

 

Martes III

 

Hermanos para hacer tu voluntad

 

Lectura de la carta a los Hebreos      10, 1-10

 

Hermanos:

La Ley, en efecto -al no tener más que la sombra de los bienes futuros y no la misma realidad de las cosas- con los sacrificios repetidos año tras año en forma ininterrumpida, es incapaz de perfeccionar a aquellos que se acercan a Dios. De lo contrario, no se hubieran ofrecido más esos sacrificios, porque los que participan de ellos, al quedar purificados una vez para siempre, ya no tendrían conciencia de ningún pecado. En cambio, estos sacrificios renuevan cada año el recuerdo del pecado, porque es imposible que la sangre de toros y chivos quite los pecados.

Por eso, Cristo, al entrar en el mundo, dijo: Tú no has querido sacrificio ni oblación; en cambio, me has dado un cuerpo. No has mirado con agrado los holocaustos ni los sacrificios expiatorios. Entonces dije: Aquí estoy, yo vengo -como está escrito de mí en el libro de la Ley- para hacer, Dios, tu voluntad.

El comienza diciendo: Tú no has querido ni has mirado con agrado los sacrificios, los holocaustos, ni los sacrificios expiatorios, a pesar de que están prescritos por la Ley. Y luego añade: Aquí estoy, yo vengo para hacer tu voluntad. Así declara abolido el primer régimen para establecer el segundo.

Y en virtud de esta voluntad quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha de una vez para siempre.


 

Palabra de Dios.


 


 

SALMO         Sal 39, 2 y 4ab. 7-8. 9-10. 11 (R.: cf. 8 y 9c)

 

R.      Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.


 

Esperé confiadamente en el Señor:

él se inclinó hacia mí

y escuchó mi clamor.

Puso en mi boca un canto nuevo,

un himno a nuestro Dios.  R.


 

Tú no quisiste víctima ni oblación;

pero me diste un oído atento;

no pediste holocaustos ni sacrificios,

entonces dije: «Aquí estoy.»  R.


 

«En el libro de la Ley está escrito

lo que tengo que hacer:

yo amo, Dios mío, tu voluntad,

y tu ley está en mi corazón.»  R.


 

Proclamé gozosamente tu justicia

en la gran asamblea;

no, no mantuve cerrados mis labios,

tú lo sabes, Señor.  R.


 

 No escondí tu justicia dentro de mí,

 proclamé tu fidelidad y tu salvación,

y no oculté a la gran asamblea

tu amor y tu fidelidad.  R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos        3, 31-35


 

Llegaron su madre y sus hermanos y, quedándose afuera, lo mandaron llamar. La multitud estaba sentada alrededor de Jesús, y le dijeron: «Tu madre y tus hermanos te buscan ahí afuera.»

El les respondió: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y dirigiendo su mirada sobre los que estaban sentados alrededor de él, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Porque el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.»


 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar


 

  • Todas las religiones antiguas han practicado, y algunas lo hacen todavía hoy, sacrificios de animales: el hombre quiere expresar por medio de un símbolo su sumisión a Dios… La sangre es portadora de “vida”… se ofrece sangre y ello significa la ofrenda de la propia vida.
  • En el pasaje de hoy la carta a los Hebreos afirma que las instituciones del Antiguo Testamento eran una sombra y una promesa, que en Cristo Jesús tienen su cumplimiento y su verdad total. Los profetas de Israel habían denunciado a menudo la inutilidad e ineficacia de los sacrificios de animales, cuando falta sinceridad interior. A Dios no le interesan los sacrificios por sí mismos, sino la actitud profunda del hombre que, en su vida acepta el camino de la verdad y la justicia. Los sacrificios de antes no eran eficaces, porque “es imposible que la sangre de los animales quite los pecados”. Por eso tenían que irse repitiendo año tras año y día tras día. Esto pasaba en Israel y también en todas las religiones. El sacrificio ritual es más fácil. Aunque cueste, es puntual;  mientras que el personal nos compromete en profundidad y en todos los instantes de nuestra vida.
  • Cristo Jesús, en cambio,  se ofreció en sacrificio a sí mismo. La entrega de Cristo, de una vez para siempre, hizo que “todos quedemos santificados». No es que Dios quisiera la muerte de su Hijo. Pero sí entraba en sus planes salvarnos por el camino de la solidaridad radical de su Hijo con la humanidad, y esta solidaridad lo condujo hasta la muerte.

***

  • El pasaje de hoy está en estrecha relación con los versículos  en los que se insinúa que Jesús se había enloquecido. Frente a las acusaciones de que actuaba por el poder del príncipe de los demonios, la madre y sus hermanos se sienten con la obligación de ir a buscarlo para llevarlo de nuevo a la casa. Los “hermanos” en el lenguaje hebreo son también los primos y tíos y demás familiares.
  • A los que le avisan de la presencia de sus familiares, Jesús les responde con palabras desconcertantes mirando a los que están a su alrededor escuchándolo: “Estos son mi madre y mis hermanos”.
  • Las palabras de Jesús suenan duras pero no desautorizan a su madre ni a sus parientes. Lo que hace es aprovechar la ocasión para decir cuál es su visión de la nueva comunidad que se está reuniendo en torno a él. La nueva familia no va a tener como valores determinantes ni los lazos de sangre ni los de la raza.
  • Para Jesús los lazos de la sangre, los lazos familiares, los lazos sociales, si bien, son indispensables y reales, no son lo primero y no es lícito encerrarse en ellos.  En el Reino, la fraternidad cristiana se funda en un espíritu común: hacer la voluntad del Padre. Llevarán el nombre de Jesús los que vivan en su corazón lo que fue para Jesús la razón de ser de su vida: “el amor de los unos a los otros hasta el extremo. No sólo se trata de ser partidarios de un hombre admirable, ni de hacer nuestra una norma de vida de gran elevación: se trata de ser de “los de Jesús”.
  • Esta familia es amplia y grande. Por esta razón  María es doblemente su madre.  La verdadera grandeza de su madre, no es haberle dado su sangre, sino el hecho de ser “la humilde esclava de Dios”. Incluso antes que su maternidad física, tuvo María de Nazaret este otro parentesco que aquí anuncia Cristo: el de la fe.
  • La familiaridad del Reino es unirse, como hermanos y compañeros, unidos por la gracia en una opción consciente por la Causa del reino de Jesús como sentido de la propia vida. Cuando el reino toma nuestro corazón, ilumina la vida y se hace trabajo diario y esperanzado podemos sentir ahora a todos los que caminan en la misma senda como “mi madre y mis hermanos”.
  • Esta novedad rompe muchos esquemas y nos abre a una mirada de la vida mucho más amplia y comprometida. En este camino María fue la mejor discípula y nos señala el camino de la vida cristiana: escuchar la Palabra, meditarla en el corazón y llevarla a la práctica aunque sea por caminos insospechados.

     

Para discernir

 

  • ¿Sobre qué se funda mi pertenencia a la Iglesia?
  • ¿Busco la experiencia de fraternidad universal?
  • ¿Me siento unido a los que hacen opciones válidas por el bien de los hombres?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Ayúdame a ser de tu familia

 

Para la lectura espiritual

 

La obediencia a Dios -objetará alguno- es fácil: a Dios no le vemos, no le oímos; podemos hacerle decir lo que queramos. Es verdad. Sin embargo, la Escritura nos ofrece el criterio para discernir entre la verdadera y la falsa obediencia a Dios. Hablando de Jesús, dice que «aprendió a obedecer a través del sufrimiento» (Heb 5,8). La medida y el criterio de la obediencia a Dios es el sufrimiento. Cuando dentro de ti todo grita: «Dios no puede querer esto de mí» y, sin embargo, te das cuenta de que quiere precisamente esto… y te encuentras ante su voluntad como ante una cruz en la que debes extenderte, entonces descubres lo seria, concreta y cotidiana que es esta obediencia. Para obedecer a Dios, haciendo nuestros sus pensamientos y sus voluntades, es preciso morir un poco cada vez. En efecto, nuestros pensamientos empiezan siendo diferentes a los de Dios no algunas veces, como por casualidad, sino siempre, por definición. La obediencia a Dios requiere, en cada ocasión, una auténtica conversión. Pongamos un pequeño ejemplo que vale tanto para la vida de comunidad como para la de familia. Alguien ha tomado para sí o ha cambiado o violado un objeto que te pertenecía: una pieza del vestuario o alguna otra cosa que pertenecía a tu uso particular. Estás firmemente decidido a señalar el asunto y a reclamar lo tuyo. Ningún superior interviene para prohibírtelo. Pero he aquí que, sin haberla buscado, te sale al encuentro con fuerza la Palabra de Jesús, o te la encuentras sin más delante, por casualidad, al abrir la Biblia: «Da a quien te pida, y a quien te quita lo tuyo no se lo reclames» (Lc 6,30). Comprendes con claridad que esa afirmación no valdrá siempre y para todos, pero que vale ciertamente para ti en esa precisa circunstancia; te encuentras frente a una obediencia bella y buena que realizar; si no lo haces, sientes que has dejado perder una ocasión de obedecer a Dios. La obediencia a Dios es una obediencia que siempre podemos realizar. Cuanto más obedecemos, más se multiplican las órdenes de Dios, porque él sabe que éste es el don más bello que puede hacernos, el que hizo a su amado Hijo Jesucristo.

 

R. Catalamessa, La obediencia.


 

 Para rezar

 

Comunidad de hermanos

 

Sin conocernos, nuestros corazones latían
por un mismo anhelo.
Un día nos encontramos
y ahora marchamos juntos.
Por eso te damos gracias, Señor,
en esta asamblea de hermanos.

Cuando tú sembraste en nuestras vidas
la semilla del Hombre Nuevo
nos sentimos como enfermos;
las preguntas sin respuesta
nos requemaban por dentro;
los caminos habituales
se nos volvieron ajenos;
nos sentíamos varados,
devorados por el deseo de liberarnos
y sin saber cómo hacerlo.
Nos gritaban: desadaptado, resentido, inútil.
Y nos planteamos: me olvidaré de todo,
quiero ser uno más.

Pero no supimos fingir.
No tuvo cura esta herida
de amor a tu pueblo.
Y seguimos nuestra marcha,
levantándonos, cayendo
solitarios, solidarios,
entre esperanzas y miedos.

Un día nos encontramos.
Sentimos mucho contento,
de repente comprendimos
que no somos excepciones,
que está naciendo algo nuevo;
una corriente escondida
nos reúne a los viajeros.
Es tu espíritu, Señor
que nos lanza al Mundo Nuevo.

Por eso en esta comunidad de hermanos
te cantamos. Padre Nuestro.
En nuestra debilidad
sentimos bullir tu fuerza:
en la noche de nuestras incertidumbres
se abre camino tu luz
y en medio de nuestros complejos,
que hacen difícil el entendimiento
y a nosotros dan dolor,
construye tu amor un puente
y una morada de paz.

Mira, Señor: los enemigos del pueblo
buscan nuestra división
y nosotros mismo crecimos
en un mundo de recelos.
Por eso, danos, Señor,
esa paciencia sin límites,
la misericordia y la comprensión:
que como tú nos amaste,
seamos nosotros capaces de amar.
Que esta pequeña comunidad de hermanos
sea el embrión de un pueblo fraternal.


 

 Miércoles III

 

¡El que tenga oídos, que oiga!

 

Lectura de la carta a los Hebreos      10, 11-18


 

Cada sacerdote se presenta diariamente para cumplir su ministerio y ofrecer muchas veces los mismos sacrificios, que son totalmente ineficaces para quitar el pecado. Cristo, en cambio, después de haber ofrecido por los pecados un único Sacrificio, se sentó para siempre a la derecha de Dios, donde espera que sus enemigos sean puestos debajo de sus pies. Y así, mediante una sola oblación, él ha perfeccionado para siempre a los que santifica.

El Espíritu Santo atestigua todo esto, porque después de haber anunciado: Esta es la Alianza que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Yo pondré mis leyes en su corazón y las grabaré en su conciencia, y no me acordaré más de sus pecados ni de sus iniquidades.

Y si los pecados están perdonados, ya no hay necesidad de ofrecer por ellos ninguna oblación.


 

Palabra de Dios.


 


 

SALMO         Sal 109, 1. 2. 3. 4 (R.: 4bc)


 

R.      Tú eres sacerdote para siempre, a la manera de Melquisedec.


 

Dijo el Señor a mi Señor:

«Siéntate a mi derecha,

mientras yo pongo a tus enemigos

como estrado de tus pies.»  R.


 

El Señor extenderá el poder de tu cetro:

«¡Domina desde Sión,

en medio de tus enemigos!»  R.


 

«Tú eres príncipe desde tu nacimiento,

con esplendor de santidad;

yo mismo te engendré como rocío,

desde el seno de la aurora.»  R.


 

El Señor lo ha jurado

y no se retractará:

«Tú eres sacerdote para siempre,

a la manera de Melquisedec.»  R.


 


 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos        4, 1-20


 

Jesús comenzó a enseñar de nuevo a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca dentro del mar, y sentarse en ella. Mientras tanto, la multitud estaba en la orilla. El les enseñaba muchas cosas por medio de parábolas, y esto era lo que les enseñaba:

«¡Escuchen! El sembrador salió a sembrar. Mientras sembraba, parte de la semilla cayó al borde del camino, y vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno rocoso, donde no tenía mucha tierra, y brotó en seguida porque la tierra era poco profunda; pero cuando salió el sol, se quemó y, por falta de raíz, se secó. Otra cayó entre las espinas; estas crecieron, la sofocaron, y no dio fruto. Otros granos cayeron en buena tierra y dieron fruto: fueron creciendo y desarrollándose, y rindieron ya el treinta, ya el sesenta, ya el ciento por uno.»

Y decía: «¡El que tenga oídos para oír, que oiga!»

Cuando se quedó solo, los que estaban alrededor de él junto con los Doce, le preguntaban por el sentido de las parábolas. Y Jesús les decía: «A ustedes se les ha confiado el misterio del Reino de Dios; en cambio, para los de afuera, todo es parábola, a fin de que miren y no vean, oigan y no entiendan, no sea que se conviertan y alcancen el perdón.»

Jesús les dijo: « ¿No entienden esta parábola? ¿Cómo comprenderán entonces todas las demás?

El sembrador siembra la Palabra. Los que están al borde del camino, son aquellos en quienes se siembra la Palabra; pero, apenas la escuchan, viene Satanás y se lleva la semilla sembrada en ellos.

Igualmente, los que reciben la semilla en terreno rocoso son los que, al escuchar la Palabra, la acogen en seguida con alegría; pero no tienen raíces, sino que son inconstantes y, en cuanto sobreviene la tribulación o la persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumben.

Hay otros que reciben la semilla entre espinas: son los que han escuchado la Palabra, pero las preocupaciones del mundo, la seducción de las riquezas y los demás deseos penetran en ellos y ahogan la Palabra, y esta resulta infructuosa.

Y los que reciben la semilla en tierra buena, son los que escuchan la Palabra, la aceptan y dan fruto al treinta, al sesenta y al ciento por uno.»


 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • En la antigua alianza los sacerdotes estaban “de pie” en el Templo… Jesucristo empero se “sentó″ para siempre a la diestra del Padre. Para mostrarnos toda la diferencia entre el antiguo sacerdocio judío y el sacerdocio de Jesús, el autor nos presenta al sumo sacerdote de pie muy atareado, en cambio a Jesús lo presenta tranquilo sentado junto al Padre, seguro de que su sacrificio es perfecto.
  • Los sacerdotes de pie día tras día celebraban la liturgia y ofrecían reiteradamente los mismos sacrificios que nunca podían borrar los pecados. Jesucristo, habiendo ofrecido por los pecados un solo sacrificio, se sentó a la diestra de Dios para siempre. La nueva Alianza que Jesús ha adquirido y ha dado, actúa en lo más íntimo de nuestro ser para transformarnos. Desde entonces espera que sus “enemigos sean puestos por escabel de sus pies”. Por su único sacrificio, Cristo condujo siempre a su perfección a aquellos que de Él reciben la santidad.

***

  • Jesús “Comenzó a enseñar en la orilla del lago”.  Obra como rabí, como maestro, porque se propone comunicar algo. Las parábolas forman parte de su magisterio vivo, de su pedagogía. La parábola nace de su preocupación de Maestro que busca el modo en que los hombres puedan realizar un itinerario de salvación.
  • Hoy aparece el tema de la siembra, el sembrador y la semilla. Sembrar significa confiar una vida a su camino vital, iniciar un proceso vital con confianza.
  • La parábola del sembrador, debe ser entendida en el contexto en que Marcos viene presentando el ministerio de Jesús. Un itinerario cargado de problemas y de dificultades: la prisión de Juan, la acusación de blasfemia, el complot de los herodianos para matarlo, la acusación de obrar en nombre del demonio y finalmente, la incomprensión de su familia. Jesús se encontraba amenazado por todos lados.
  • El Reino que Jesús anuncia exigía conversión: cambio interior de las personas y cambio exterior de las estructuras. A menudo la exigencia de cambio trae resistencia, crítica y persecución. Su propuesta del Reino cae en gente superficial, o interesada, o aferrada a las viejas estructuras, o atemorizada. Jesús experimenta que su propuesta de transformación es cuestionada y atacada y sobre su misma persona ya respiran las amenazas de muerte.
  • Jesús pretende afirmar que el Reino está ya presente, aunque a nivel de semilla y aunque aparentemente aplastado: el Reino está aquí, en medio de las oposiciones, en medio de los fracasos y no simplemente en aquellos que algún día se transformarán en éxitos. La parábola además de ser una afirmación de la presencia del Reino se convierte en un estímulo para quienes lo anuncian.
  • El trabajo del sembrador es un trabajo sin medida, sin miedo al derroche, aparentemente inútil, infructuoso; sin embargo lo cierto es que algún lugar da fruto abundante. En el Reino de Dios no hay trabajo inútil, no se desperdicia nada. La parábola invita a tomar conciencia de que: haya o no haya éxito, haya o no haya desperdicio, el trabajo de la siembra no debe ser calculado, medido, sobre todo no hay que elegir terrenos ni echar la semilla sólo en algunos.
  • Jesús asemeja su trabajo al del sembrador que derrocha semillas y energía sin distinciones y sin mezquinar. Así es como actúa Cristo en su amor a los hombres.  Siembra aquí y allá, con la esperanza de que la semilla arraigue, crezca y produzca fruto.
  • Así debe vivir su misión la Iglesia en el mundo. Nunca sabemos a la hora de sembrar cuáles serán los terrenos que darán fruto y cuáles se negarán. No podemos adelantarnos al juicio de Dios. Necesitamos comprender como Iglesia evangelizadora y misionera que no tenemos que desanimarnos en el trabajo del anuncio ni tienen que dejarnos llevar por cálculos humanos.
  • Jesús nos asegura que la semilla dará fruto. A pesar de que este mundo nos parece terreno estéril: la sociedad tan superficial e interesada, la falta de vocaciones, los jóvenes muchas veces ausentes de la realidad, los defectos que vive la misma Iglesia; Dios ha dado fuerza a su Palabra y germinará, contra toda apariencia  de inutilidad. Jesús nos invita a no perder la esperanza y la confianza en Dios. Es él quien, en definitiva, hace crecer el Reino. Nosotros somos invitados a colaborar con él. Pero el que da el da crecimiento y el único que salva.

 

Para discernir

 

  • ¿Busco la eficacia antes que  la fecundidad?
  • ¿Valoro el amor de Jesús que se da a todos por igual?
  • ¿Se aceptar los tiempos de Dios?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Quiero ser buena tierra

 

Para la lectura espiritual

 

Hermanos, nosotros queremos salvarnos durmiendo y por eso nos desanimamos, pero basta con poco trabajo: y entonces nos cansamos, a fin de recibir misericordia. Si uno tiene una facultad y la deja sin cultivar, cuanto más la descuide, tanto más se le llenará de espinas y de abrojos, ¿no es verdad? Y cuando vaya a limpiarla, cuanto más llena esté, más sangre deberán verter sus manos. Por eso, quien desea limpiar su propia facultad debe arrancar bien de raíz, en primer lugar, todos los hierbajos: si no arranca bien las raíces, sino que se limita a cortarlas por encima, aquéllas volverán a crecer; después deberá romper los terrones, arar; entonces podrá sembrar buena semilla. Si, efectivamente, vuelve a dejarla de nuevo en reposo, volverán los hierbajos, pues encuentran la tierra blanda y hermosa, echan raíces profundas y se multiplican en el campo todavía más.

Así ocurre también con el alma. Antes que nada, es preciso acabar con las malas costumbres no sólo luchando contra ellas, sino también contra sus causas, que son las raíces. A continuación, es preciso ejercitar bien nuestras propias costumbres; sólo entonces empezaremos a sembrar la buena semilla, que son las obras buenas. Quien quiera salvarse debe no sólo abstenerse de hacer el mal, sino también hacer el bien. Ahora bien, el que siembra, además de echar la semilla, debe sepultarla también en la tierra, para que no vengan las aves a llevársela y así se pierda; y después de haberla escondido espera la misericordia de Dios, hasta que mande la lluvia y crezca la semilla. Así sucede también con nosotros: si alguna vez hacemos algo bueno, debemos esconderlo con la humildad y confiar a Dios nuestra debilidad, pidiéndole que apruebe nuestro trabajo, pues de otro modo será vano. En ocasiones, después de que hayan germinado y crecido, y haya aparecido la espiga, llegan la langosta o el granizo y otras desgracias semejantes y destruyen la cosecha. Así sucede también con el alma, de modo que quien de verdad quiera salvarse no debe quedarse tranquilo hasta el último respiro. Es preciso, pues, esforzarnos, estar muy atentos y pedirle siempre a Dios que nos proteja y nos salve con su bondad, para gloria de su santo nombre. Amén

 

Doroteo de Gaza, Enseñanza espiritual.

 

Para rezar

 

Quiero creer

 

No creo
en el derecho del más fuerte
en el lenguaje de las armas
en el poder de los potentados.

Quiero creer
en el derecho del hombre,
en la mano abierta
en el poder de los no violentos.

No creo
en la raza o la riqueza,
en los privilegios
o en el orden establecido.

Quiero creer
que todos los hombres son hombres,
que el orden de la fuerza
y de la injusticia es un desorden.

No creo
que pueda quedar indiferente
a lo que pasa lejos de aquí.

Quiero creer
que el mundo entero es mi casa
y el campo donde siembro,
y que todos cosechan
lo que todos han sembrado.

No creo
que pueda combatir
la opresión de los demás,
si tolero la injusticia aquí.

Quiero creer
que hay un solo derecho,
tanto aquí como allá
y que yo no soy libre
mientras haya un solo hombre esclavo.

No creo
que la guerra y el hambre
sean inevitables
y la paz inalcanzable.

Quiero creer
en la acción sencilla,
en el amor de las manos limpias,
en la paz sobre la tierra.

No creo
que todo el sufrimiento sea en vano
no creo que el sueño del hombre quede sueño
que la muerte será el fin.

Quiero creer, al contrario,
siempre y a pesar de todo
en el hombre nuevo,
un cielo nuevo,
una tierra nueva
donde habitará la justicia.

 

Dorotea Sölle


 

Jueves III

 

Al que tiene se le dará

 

Lectura de la carta a los Hebreos 10, 19-25

 

Hermanos:

Tenemos plena seguridad de que podemos entrar en el Santuario por la sangre de Jesús, siguiendo el camino nuevo y viviente que él nos abrió a través del velo del Templo, que es su carne. También tenemos un Sumo Sacerdote insigne al frente de la casa de Dios. Acerquémonos, entonces, con un corazón sincero y llenos de fe, purificados interiormente de toda mala conciencia y con el cuerpo lavado por el agua pura.

Mantengamos firmemente la confesión de nuestra esperanza, porque aquel que ha hecho la promesa es fiel. Velemos los unos por los otros, para estimularnos en el amor y en las buenas obras. No desertemos de nuestras asambleas, como suelen hacerlo algunos; al contrario, animémonos mutuamente, tanto más cuanto que vemos acercarse el día.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 23, 1-2. 3-4ab. 5-6 (R.: cf. 6)

 

R. ¡Felices los que buscan al Señor!.

 

Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella,

el mundo y todos sus habitantes,

porque él la fundó sobre los mares,

él la afirmó sobre las corrientes del océano. R.

 

¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor

y permanecer en su recinto sagrado?

El que tiene las manos limpias

y puro el corazón;

el que no rinde culto a los ídolos. R.

 

El recibirá la bendición del Señor,

la recompensa de Dios, su salvador.

Así son los que buscan al Señor,

los que buscan tu rostro, Dios de Jacob. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    4, 21-25

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a la muchedumbre:

“¿Se trae el candil para meterlo debajo del celemín o debajo de la cama, o para ponerlo en el candelero? Si se esconde algo, es para que se descubra; si algo se hace a ocultas, es para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga.” Les dijo también: “Atención a lo que están oyendo: la medida que usen la usarán con ustedes, y con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.”

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El autor de la carta vuelve a urgir a sus lectores a la perseverancia, que se ve que era lo que más peligraba en ellos: “mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos”, “no desertéis de las asambleas, como algunos tienen por costumbre”.
  • Jesús, Mediador ha entrado en el santuario del cielo, no a través del «velo» o cortina como hacía el sumo sacerdote del Templo de Jerusalén, sino a través del velo de su carne, o sea, a través de la muerte, que ha abierto su humanidad a la nueva existencia.
  • Eso nos debe dar confianza. El que dijo «yo soy el camino» ha ido delante de nosotros a la presencia de Dios. El que dijo «yo soy la puerta» nos ha abierto la entrada en el Reino.
  • La Palabra nos anima hoy a ir creciendo en las tres virtudes principales: «con corazón sincero y llenos de fe», «firmes en la esperanza que profesamos», «para estimularnos a la caridad».

***

  • Otras dos parábolas o comparaciones de Jesús nos ayudan a entender cómo es el Reino que Él quiere instaurar. Cada realidad material evoca para Él lo invisible. Jesús habla hoy de ocultar y descubrir, de esconder y encontrar. Utiliza la imagen de una lámpara que no se mete debajo de la cama sino que se pone en un lugar donde pueda esparcir su luz.
  • Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre es la luz que el Padre Dios encendió para que iluminara nuestras tinieblas. Y esa Luz ha brillado entre nosotros mediante su Palabra y su persona convertida en Evangelio, que debe extenderse por todo el mundo. La Buena Noticia no está hecha para ser guardada “para sí”; no se la recibe verdaderamente si no se está decidido a comunicarla. Se trata de un gran secreto, pero de un secreto para ser desvelado a plena luz.
  • Jesús, seguramente también ha observado a los comerciantes de su tiempo cuando están midiendo el trigo, o la sal: se tasa más o menos, se llena hasta el borde o se procura dejar un pequeño margen a fin de cuidar la economía. Jesús aplica este símbolo al hecho de aceptar la Buena Noticia. Jesús desea que sus oyentes se llenen de la Palabra que se trasmite sin perder nada de ella.
  • Creer en Cristo es aceptar en nosotros su luz y a la vez comunicar esa misma luz a una humanidad que anda siempre a oscuras. Al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará aun lo que tiene.
  • Hay distintas formas de tener: si tenemos esperanza y solidaridad, capacidad de compartir, anhelo de justicia y de paz, capacidad de perdón y misericordia; a todo eso Dios lo hará crecer. Sin embargo al que está lleno de egoísmo y de codicia, de orgullo y de indiferencia cosechará en su vida de lo que ha acumulado y de sus consecuencias.
  • Dios nos quiere como luz; como luz brillante y fuerte que no se apague ante el viento en contra.
  • Dios nos llama para que vivamos fieles a la vocación que hemos recibido, trabajando para que se disipe todo lo que ha oscurecido el camino de los hombres en su camino hacia la vida plena. Si lo damos todo con tal de hacer llegar la vida, el amor, la paz y la misericordia de Dios a los demás, con esa misma medida, Dios irá colmando nuestra vida en este mundo; hasta que nos llame para que estemos con Él eternamente donde se nos dará Él mismo por completo y para siempre.
  • Como discípulos de Cristo, tenemos que ser un signo claro de su amor para todos los hombres. Desde nuestras palabras, desde nuestra propia vida, los hombres alcanzarán a leer que Dios camina entre nosotros con todo su amor salvador.

 

Para discernir

 

  • ¿Somos luz? ¿Qué iluminamos?
  • ¿Dejamos que la Buena Noticia nos llene la Vida?
  • ¿Qué abunda más en nosotros?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Quiero ser luz Señor…guíame

 

Para la lectura espiritual

 

«La medida que uséis la usarán con vosotros»

 

A Cristo, estando invisible, no le podemos mostrar nuestro amor; pero nuestros vecinos son siempre visibles y podemos hacer por ellos todo lo que, si Cristo estuviera visible, nos gustaría hacer por él.

Hoy, es el mismo Cristo el que está presente en aquellos que nadie necesita, en los que nadie emplea, que nadie cuida, que tienen hambre, que van desnudos, que no tienen hogar. Parece que son inútiles al Estado y a la sociedad; nadie tiene tiempo para emplear en ellos. Nos toca a nosotros, los cristianos, a vosotros y a mí, dignos del amor de Cristo si nuestro amor es verdadero, nos toca a nosotros ir a su encuentro, ayudarlos; están ahí para que les encontremos.

Trabajar por trabajar; este es el peligro que siempre nos amenaza. Es ahí que intervienen el respeto, el amor y la devoción a fin de que dirijamos nuestro trabajo a Dios, a Cristo. Y por eso intentamos hacerlo de la manera más bella posible.

 

Teresa de Calcuta (1910-1997), fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad – El gozo del don

 

Para rezar

 

Yo te sigo

 

He querido poner la mano en el arado

y emprender el camino que tú seguiste.

Haz de mí un hombre recto.

Haz de mí un hombre decidido

a no dejar rincones de mi vida

sin abrirlos al juicio de tu Palabra.

 

He decidido no volver la mirada atrás.

Porque es la tentación de quien cree

que ya hizo bastante.

Porque es el pecado del que puedo hacer y no hizo.

Ayúdame, Señor, a ser fiel a mi opción por Ti.

 

José Santana

 

Viernes III

 

¡No pierdan la confianza!

 

Lectura de los Hebreos    10, 32-39

 

Hermanos:

Recuerden los primeros tiempos: apenas habían sido iluminados y ya tuvieron que soportar un rudo y doloroso combate, unas veces expuestos públicamente a injurias y atropellos, y otras, solidarizándose con los que eran tratados de esa manera. Ustedes compartieron entonces los sufrimientos de los que estaban en la cárcel y aceptaron con alegría que los despojaran de sus bienes, sabiendo que tenían una riqueza mejor y permanente.

No pierdan entonces la confianza, a la que está reservada una gran recompensa. Ustedes necesitan constancia para cumplir la voluntad de Dios y entrar en posesión de la promesa. Porque todavía falta un poco, muy poco tiempo, y el que debe venir vendrá sin tardar. El justo vivirá por la fe, pero si se vuelve atrás, dejaré de amarlo.

Nosotros no somos de los que se vuelven atrás para su perdición, sino que vivimos en la fe para preservar nuestra alma.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 36, 3-4. 5-6. 23 y 24. 39-40 (R.: 39a)

 

R.    La salvación de los justos viene del Señor.

 

Confía en el Señor y practica el bien;

habita en la tierra y vive tranquilo:

que el Señor sea tu único deleite,

y él colmará los deseos de tu corazón. R.

 

Encomienda tu suerte al Señor,

confía en él, y él hará su obra;

hará brillar tu justicia como el sol

y tu derecho, como la luz del mediodía. R.

 

El Señor asegura los pasos del hombre

en cuyo camino se complace:

aunque caiga no quedará postrado,

porque el Señor lo lleva de la mano. R.

 

La salvación de los justos viene del Señor,

él es su refugio en el momento del peligro;

el Señor los ayuda y los libera,

los salva porque confiaron en él. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    4, 26-34

 

Jesús decía a la multitud:

«El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra: sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga. Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha.»

También decía: « ¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo? Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra.»

Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender. No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El autor de la carta a los Hebreos invita a los fieles, en peligro de flaquear ante las excesivas adversidades y afectados por la prueba del tiempo y de las contradicciones, a volver al punto inicial de su fe. Empezaron su vida cristiana con mucho fervor dando muestras de firmeza y de solidaridad fraterna, pero ahora les faltaba constancia.
  • Pedir el bautismo era entonces arriesgarse a la persecución, a la cárcel, a las burlas, verse expropiados de los propios bienes, perder dinero y lugar en la sociedad. La persecución los acobarda. La exhortación es a no perder el fervor de los primeros días. Si siguen con valentía verán la salvación. Si se acobardan, lo perderán todo.

***

  • Hoy escuchamos dos parábolas, de las cuatro que trae el evangelio de Marcos. Son dos parábolas acerca del Reino de Dios, con imágenes muy simples. La primera nos habla de una semilla que después de ser sembrada, crece sola, sin que el sembrador esté encima ni sepa cómo. El Reino de Dios, como la semilla, tiene dentro una fuerza misteriosa, que a pesar de los obstáculos que pueda encontrar, logra germinar y dar fruto.
  • Dios conduce nuestra historia, por ese motivo, Jesús subraya la fuerza intrínseca de la gracia y de su intervención. El protagonista de la parábola no es el labrador, ni el terreno bueno o malo, sino la semilla.
  • La otra parábola presenta la desproporción entre la pequeñez de la semilla y la grandeza del árbol maduro que brota de ella. Las grandes empresas tienen, con frecuencia, humildes orígenes. La lógica del Reino de Dios, choca con la mentalidad de este mundo que funciona de modo muy diferente: la santidad de vida, las grandes obras de misericordia y evangelizadoras, las iniciativas providenciales, no dependen de las grandes inversiones. El desarrollo del Reino de Dios comienza en la pequeñez, en lo aparentemente inútil, en lo humanamente estéril y, pobre para alcanzar luego una expansión increíble.
  • Las dos parábolas de hoy tienen en común el “símbolo” de la germinación, de la potencia de la “vida naciente”. Jesús ve así su obra; el Reino de Dios es como una semilla viva, sembrada en un corazón, sembrada en una vida, sembrada en el mundo, crece de un modo lento, imperceptible, pero continuo.
  • El Reino, fuerza de Dios que opera en la vida de los hombres y en la historia, está más allá de las capacidades del evangelizador como de la debilidad de los evangelizados. Es el mismo Dios quien se hace presente, superando la acción humana y la insignificancia de la semilla. El Reino, aunque se apoye en el hombre, no recibe su fuerza de él.
  • No podemos creer que el mundo se va a salvar por nuestras técnicas y esfuerzos. Dios muchas veces nos muestra que, de los medios más pequeños, brotan los frutos menos esperados; ni proporcionados a nuestra organización o a nuestros métodos, instrumentos o ciencia.
  • El Reino de Dios ya está aquí, en medio de nosotros y no viene con el estrépito de la propaganda, ni con derroche de medios y de fuerza. No es como las grandes empresas del mercado o los medios de comunicación que, planean para producir grandes ganancias, para unos pocos.
  • No debemos angustiarnos por miedo al fracaso buscando tener una respuesta inmediata o exigiendo frutos a corto plazo. Esto sería absolutizar nuestros méritos y sin verdadera fe en el Dueño de la mies.
  • A nosotros se nos pide recibir el Reino; como buena tierra colaborando con nuestra libertad y trabajo sin impaciencias: porque el protagonista es Dios. El Reino crece desde dentro, por la energía del Espíritu que, poco a poco, da abundantes cosechas de solidaridad y de servicio entre los pobres y que echa ramas en las que pueden cobijarse todos los desamparados de este mundo.

     

Para discernir

 

  • ¿Confío en la acción de Dios o trato de buscar otras seguridades?

  • ¿Reconozco la presencia del Reino en sus pequeñas manifestaciones?

  • ¿Me impaciento ante la falta de resultados visibles?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Que venga tu reino Señor

 

Para la lectura espiritual

 

Por lo general, pensamos que la paciencia es una especie de resignación fatalista frente a lo que se nos opone y, por consiguiente, una confesión de derrota. Sin embargo, de hecho, la paciencia cristiana no es resignación, sumisión. Para comprender la actitud espiritual que llamamos paciencia es preciso mirar a Jesús paciente. Basta con leer el evangelio para ver que el Señor Jesús experimentó la incomodidad física, el cansancio, la monotonía del trabajo, la opresión de la muchedumbre.

Le alcanzaron las contestaciones, el odio, la incredulidad. Experimentó el dolor físico más agudo y el sufrimiento del espíritu, la agonía, el abandono de los discípulos y hasta del Padre. Pero no fue un aplastado: se ofreció porque lo quiso. Llevó sobre sí todo con una paciencia que no es ni inercia ni pasividad, sino ofrenda de sí mismo a todo lo que quiere el Padre.

El amor al Padre y a los hombres le impulsa a entregarse hasta el extremo. «Si el grano de trigo no muere, no da fruto», dice en el evangelio. Así, con su sacrificio glorificó al Padre y llevó a cabo nuestra salvación. Esta es la victoria del amor, de la paciencia.

A partir del ejemplo vivo del Señor Jesús, comprendemos que la paciencia es la perfección de la caridad. Observa san Juan de la Cruz: «El amor ni cansa ni se cansa». Es la paciencia silenciosa, perseverante, que se vuelve don, como Cristo, pan partido por los hermanos. Ahora bien, esta disponibilidad de amor no puede ser sostenida más que por una fe viva y por una intensa esperanza. Muchas de nuestras impaciencias y muchos abatimientos proceden precisamente de una fe y de una esperanza, demasiado débiles, que no nos orientan plenamente al amor.

 

A. Ballestrero, Hablar de cosas verdaderas.

 

Para rezar

 

Hay un mundo que vive en la esperanza de un mañana más justo, más fraterno.

Hay un mundo que sufre los dolores de un nuevo amanecer.

Hay semillas de vida traspasando la tierra de la muerte.

Tú me enseñas a verlo, a descubrirlo, Jesús, me das la fe.

Hay un hombre que vive la miseria, sin poder, sin saber, sólo muriendo.

Hay un hombre que, pese a todo, espera justicia y libertad.

Hay dos mundos, tres mundos, divididos por el poder e indiferencia.

Tú me llamas, Jesús, al compromiso, a la solidaridad.

Yo sé que no puedo encontrarte a ti, Jesús, sin tu Reino.

Yo sé que no llega el Reino, si en el centro no estás tú.

Bendito el que marcha en tu nombre, bendito el que en el hermano

ve tu rostro, se detiene y comparte hoy su cruz.

 

E. Fernández

Sábado III

2 de febrero

La Presentación del Señor (F)

 

Mis ojos han visto a tu Salvador

 

 

Lectura del Libro de Malaquías 3, 1-4

 

Así dice el Señor: “Mirad, yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino ante mí. De pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis. Miradlo entrar -dice el Señor de los ejércitos-. ¿Quién podrá resistir el día de su venida?, ¿quién quedará en pie cuando aparezca? Será un fuego de fundidor, una lejía de lavandero: se sentará como un fundidor que refina la plata, como a plata y a oro refinará a los hijos de Leví, y presentarán al Señor la ofrenda como es debido. Entonces agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los días pasados, como en los años antiguos.”

 

Palabra de Dios

 

SALMO Sal 23, 7-10

 

R: El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria.

 

¡Portones!, alzad los dinteles,

que se alcen las antiguas compuertas:

va a entrar el Rey de la gloria. R.

 

¿Quién es ese Rey de la gloria?

El Señor, héroe valeroso;

el Señor, héroe de la guerra. R.

 

¡Portones!, alzad los dinteles,

que se alcen las antiguas compuertas:

va a entrar el Rey de la gloria. R.

 

¿Quién es ese Rey de la gloria?

El Señor, Dios de los ejércitos.

Él es el Rey de la gloria. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 22-40

 

 

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: “Todo primogénito varón será consagrado al Señor”, y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: “un par de tórtolas o dos pichones.”

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: “Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.” Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: “Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.”

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

 

Palabra del Señor

 

O bien más breve:

 

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    2, 22-32

 

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:

«Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Jesús se hace solidario de nuestras debilidades, dolores y angustias; Él es de nuestra “carne y sangre”, hermano nuestro, y por eso su muerte y sus dolores nos salvan y liberan.
  • El proyecto salvador de Dios se encarna en una historia concreta. María, como hacían todas las mujeres israelitas, va a cumplir los ritos de la purificación, obligatorios para las que acababan de dar a luz. Toda madre, al tener un hijo, quedaba legalmente “impura”, y tenía que ser declarada “pura” en el templo por un sacerdote.
  • Además, todo primogénito pertenecía a Dios. Los primeros nacidos de los animales eran sacrificados; el primer hijo de cada familia era rescatado por medio de una ofrenda. La ofrenda que presentan los padres de Jesús para rescatarlo es la de los pobres: “un par de tórtolas o dos pichones”. Los ricos presentaban animales más grandes y más caros.
  • Para María, la presentación y ofrenda de su hijo fue un acto de ofrecimiento verdadero y consciente. Significaba que ella ofrecía a su hijo para la obra de la redención con la que él estaba comprometido desde un principio. Ella renunciaba a sus derechos maternales y a toda pretensión sobre él; y lo ofrecía a la voluntad del Padre.
  • También, al poner María a su hijo en los brazos de Simeón queda simbolizado que ella no lo ofrece exclusivamente al Padre, sino también al mundo, representado por aquel anciano.
  • Simeón es un profeta; el Espíritu Santo actúa y abre los ojos de este anciano, que descubre en el hijo de María, “el consuelo de Israel”. Iluminado por el mismo Espíritu intuye, a través de los signos de pobreza, la gran realidad presente en Jesús: la salvación y liberación de Israel. También está allí la anciana Ana: mujer llena de verdadera religiosidad que esperaba que todo cambiara un día. Ella alaba a Dios y habla a todos de aquel Niño, que es la liberación de Israel y de todas las naciones.
  • El cántico que se coloca en boca de Simeón habla de Jesús como el “Salvador” para “todos los pueblos”, “luz” de “las naciones” y “gloria de Israel”. El pequeño hijo de María llegará a ser el salvador del mundo, el mensajero de la buena noticia para todos, el hacedor de la paz mesiánica que procede de Dios. Solamente que el camino no será fácil; las palabras de Simeón dirigidas a María anticipan el rechazo que sufrirá Jesús por parte de las autoridades de su pueblo, la contradicción de su mensaje con los poderes de la ambición, el orgullo y la guerra. La espada que atravesará el alma de María simboliza su participación en el destino de su Hijo. Destino de salvación para los pueblos, pasando por el dolor y la muerte a la gloria de la resurrección.
  • El amor de Dios es, sobre todo, liberador: hace personas libres, por eso Jesús es la “luz” que no sólo ayuda a caminar, sino la luz que salva, que guía por un camino que conduce a la vida. Por eso se llama “Salvador”.
  • Es “gloria”. En lenguaje bíblico significa la manifestación del mismo Dios. Jesús es la “gloria de Israel”, porque es la máxima manifestación del amor de Dios por su pueblo. El Niño provocará la caída de unos y la elevación de otros; unos avanzarán con El hacia la plena liberación, otros se hundirán en egoísmos y conformismos estériles. La vida de Jesús dará fe de ello. Y la historia, hasta hoy, también.
  • Dios ha dicho su última palabra en Jesús; y el Hijo de Dios dará su respuesta en la cruz. La victoria del Mesías nacerá de su derrota. La vida llega por la muerte, y en ese camino quedan al descubierto los pensamientos y los intereses de muchos corazones. La decisión que se tome ante la señal que es Jesús, descubre las profundidades ocultas de los sentimientos humanos, lo que hay dentro de cada corazón.
  • Ser creyente es ser peregrino, caminar en la incertidumbre y en la inseguridad, caminar de sorpresa en sorpresa. El amor de Dios es exigente, siempre está empujando para que los hombres crezcamos y maduremos. Pero también es luz, se hace claridad en el andar.
  • Los cristianos, que celebramos la fiesta de la presentación de Jesús en el Templo, tenemos una llamada a asumir nuestro compromiso de fe: recibir a Jesús en nuestras vidas con la alegría y la esperanza con que lo recibieron Simeón y Ana, aunque esto signifique dejar de lado el orgullo, vencer el egoísmo para poder abrirnos al amor y a la misericordia que Jesús nos trae. Y habiendo sido iluminados por Jesús presentarlo a los demás, como María y José, sabiendo que Él es salvación, luz y paz para todos.

 

Para discernir

 

  • ¿Anhelo el encuentro con Jesús y su salvación?
  • ¿Busco momentos para salir a su encuentro?
  • ¿Soy luz delante de mis hermanos?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Celebro el encuentro con Vos en mis hermanos

 

Para la lectura espiritual

 

«Mis ojos han visto a tu Salvador»

 

…”Ahí tenéis, hermanos míos, entre las manos de Simeón, un cirio encendido. También vosotros, encended en esta lámpara vuestros cirios, quiero decir estas lámparas que el Señor os ordena tener en vuestras manos (Lc 12,35). «Acercaos a él y quedaréis iluminados» (Sl 33,6) de manera que vosotros mismos seáis más que portadores de unas lámparas: unas luces que alumbren vuestro interior y también al exterior de vosotros mismos y a vuestros prójimos.

¡Qué tengáis una lámpara en vuestro corazón, en vuestra mano, en vuestra boca! Que la lámpara que tenéis en vuestro corazón brille para vosotros mismos, que la lámpara que tenéis en vuestra mano y en vuestra boca brille para vuestro prójimo. La lámpara de vuestro corazón es la devoción que inspira la fe; la lámpara de vuestra mano, el ejemplo de las buenas obras; la lámpara de vuestra boca, la palabra que edifica. Porque no debemos contentarnos con ser unas luces a los ojos de los hombres gracias a nuestros actos y a nuestras palabras, sino que nos es necesario brillar incluso delante de los ángeles por nuestra oración, y delante de Dios por nuestra intención. Nuestra lámpara delante de los ángeles es la pureza de nuestra devoción que nos impulsa a cantar recogidamente o a orar con fervor en su presencia. Nuestra lámpara delante de Dios, es la sincera resolución de dar gusto únicamente a aquel ante el cual hemos encontrado gracia…

A fin de que brillen todas estas lámparas, dejaos iluminar, hermanos míos, acercándoos al que es la fuente de la luz, quiero decir a Jesús que brilla en las manos de Simeón. Él quiere, ciertamente, iluminar vuestra fe, hacer que resplandezcan vuestras obras, inspiraros la palabra justa para decir a los hombres, llenar de fervor vuestra oración y purificar vuestra intención… Y cuando la lámpara de esta vida se apagará…, veréis la luz de la vida que no se apagará jamás elevarse y subir por la tarde como si fuera en pleno esplendor de mediodía”…

 

 

Beato Guerrico de Igny (hacia 1080-1157), abad cisterciense – 1er sermón para la Purificación de la Virgen María, 2.3.5; PL 185, 64-65

 

Para rezar

 

Oración a Nuestra Señora de la Candelaria

 

Nuestra Señora de la Candelaria,

Madre de la Luz, un día en el Templo

nos mostraste a Jesús, nuestro Salvador.

Hoy venimos a Vos,

nosotros que muchas veces caminamos en tinieblas

porque sabemos que seguís mostrándolo

a todo hombre que abre su corazón.

Danos la luz de la Fe que nos ayude

a seguir los pasos de tu Hijo.

Danos la luz de la Esperanza para vivir

el Evangelio a pesar de las dificultades.

Danos la luz del Amor para reconocer y servir

a Cristo que vive en los hermanos.

Danos la luz de la Verdad para descubrir

el mal que nos esclaviza y rechazarlo.

Danos la luz de la Alegría para ser testigos

de la Vida Nueva que Dios nos ofrece.

Madre buena de la Luz, tomanos de la mano,

iluminá nuestro camino, mostranos a Jesús. Así sea.