TIEMPO DE CUARESMA – SEMANA V – CICLO A

TIEMPO DE CUARESMA

DOMINGO V – CICLO A

 

Lunes V

 

Martes V

 

Miércoles V

 

Jueves V

 

Viernes V

 

Sábado V

TIEMPO DE CUARESMA

DOMINGO V – CICLO A

 

Yo soy la Resurrección y la Vida

 

PRIMERA LECTURA

Lectura de la profecía de Ezequiel    37, 12-14

 

Así habla el Señor:

Yo voy a abrir las tumbas de ustedes, los haré salir de ellas, y los haré volver, pueblo mío, a la tierra de Israel. Y cuando abra sus tumbas y los haga salir de ellas, ustedes, mi pueblo, sabrán que yo soy el Señor.

Yo pondré mi espíritu en ustedes, y vivirán; los estableceré de nuevo en su propio suelo, y así sabrán que yo, el Señor, lo he dicho y lo haré -oráculo del Señor-.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 129, 1-2. 3-4. 5-6a y c y 7a. 7b-8 (R.: 7)

 

R.    En el Señor se encuentra la misericordia y la redención en abundancia.

 

Desde lo más profundo te invoco, Señor.

¡Señor, oye mi voz!

Estén tus oídos atentos

al clamor de mi plegaria. R.

 

Si tienes en cuenta las culpas, Señor,

¿quién podrá subsistir?

Pero en ti se encuentra el perdón,

para que seas temido. R.

 

Mi alma espera en el Señor,

y yo confío en su palabra.

Mi alma espera al Señor,

Como el centinela espera la aurora,

espere Israel al Señor. R.

 

Porque en él se encuentra la misericordia

y la redención en abundancia:

él redimirá a Israel

de todos sus pecados. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Roma    8, 8-11

 

Hermanos:

Los que viven de acuerdo con la carne no pueden agradar a Dios. Pero ustedes no están animados por la carne sino por el espíritu, dado que el Espíritu de Dios habita en ustedes.

El que no tiene el Espíritu de Cristo no puede ser de Cristo. Pero si Cristo vive en ustedes, aunque el cuerpo esté sometido a la muerte a causa del pecado, el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que resucitó a Jesús habita en ustedes, el que resucitó a Cristo Jesús también dará vida a sus cuerpos mortales, por medio del mismo Espíritu que habita en ustedes.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    11, 1- 45

 

Había un hombre enfermo, Lázaro de Betania, del pueblo de María y de su hermana Marta. María era la misma que derramó perfume sobre el Señor y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el que estaba enfermo. Las hermanas enviaron a decir a Jesús: «Señor, el que tú amas, está enfermo.»

Al oír esto, Jesús dijo: «Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.»

Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo, cuando oyó que este se encontraba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. Después dijo a sus discípulos: «Volvamos a Judea.»

Los discípulos le dijeron: «Maestro, hace poco los judíos querían apedrearte, ¿y quieres volver allá?»

Jesús les respondió: « ¿Acaso no son doce la horas del día? El que camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; en cambio, el que camina de noche tropieza, porque la luz no está en él.»

Después agregó: «Nuestro amigo Lázaro duerme, pero yo voy a despertarlo.»

Sus discípulos le dijeron: «Señor, si duerme, se curará.» Ellos pensaban que hablaba del sueño, pero Jesús se refería a la muerte.

Entonces les dijo abiertamente: «Lázaro ha muerto, y me alegro por ustedes de no haber estado allí, a fin de que crean. Vayamos a verlo.»

Tomás, llamado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: «Vayamos también nosotros a morir con él.»

Cuando Jesús llegó, se encontró con que Lázaro estaba sepultado desde hacía cuatro días.

Betania distaba de Jerusalén sólo unos tres kilómetros. Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano. Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa. Marta dio a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas.»

Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará.»

Marta le respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día.»

Jesús le dijo: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?»

Ella le respondió: «Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo.»

Después fue a llamar a María, su hermana, y le dijo en voz baja: «El Maestro está aquí y te llama.» Al oír esto, ella se levantó rápidamente y fue a su encuentro. Jesús no había llegado todavía al pueblo, sino que estaba en el mismo sitio donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban en la casa consolando a María, al ver que esta se levantaba de repente y salía, la siguieron, pensando que iba al sepulcro para llorar allí. María llegó adonde estaba Jesús y, al verlo, se postró a sus pies y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.»

Jesús, al verla llorar a ella, y también a los judíos que la acompañaban, conmovido y turbado, preguntó: « ¿Dónde lo pusieron?»

Le respondieron: «Ven, Señor, y lo verás.»

Y Jesús lloró.

Los judíos dijeron: « ¡Cómo lo amaba!»

Pero algunos decían: «Este que abrió los ojos del ciego de nacimiento, ¿no podría impedir que Lázaro muriera?»

Jesús, conmoviéndose nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva con una piedra encima, y dijo: «Quiten la piedra.»

Marta, la hermana del difunto, le respondió: «Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto.»

Jesús le dijo: « ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?»

Entonces quitaron la piedra, y Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: «Padre, te doy gracias porque me oíste. Yo sé que siempre me oyes, pero le he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.»

Después de decir esto, gritó con voz fuerte: « ¡Lázaro, ven afuera!»

El muerto salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario.

Jesús les dijo: «Desátenlo para que pueda caminar.»

Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él.

 

Palabra del Señor.

 

O bien más breve:

 

Lectura del santo Evangelio según san Juan 11, 3-7. 20-27. 33b-45

 

Las hermanas de Lázaro enviaron a decir a Jesús: «Señor, el que tú amas, está enfermo.»

Al oír esto, Jesús dijo: «Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.»

Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo, cuando oyó que éste se encontraba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. Después dijo a sus discípulos: «Volvamos a Judea.»

Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa. Marta dijo a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas.»

Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará.»

Marta le respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día.»

Jesús le dijo: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?»

Ella le respondió: «Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo.»

Jesús, conmovido y turbado, preguntó: « ¿Dónde lo pusieron?»

Le respondieron: «Ven, Señor, y lo verás.»

Y Jesús lloró.

Los judíos dijeron: « ¡Cómo lo amaba!»

Pero algunos decían: «Este que abrió los ojos del ciego de nacimiento, ¿no podía impedir que Lázaro muriera?»

Jesús, conmoviéndose nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva con una piedra encima, y dijo: «Quiten la piedra.»

Marta, la hermana del difunto, le respondió: «Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto.»

Jesús le dijo: « ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?»

Entonces quitaron la piedra, y Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: «Padre, te doy gracias porque me oíste.

Yo sé que siempre me oyes, pero lo he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.»

Después de decir esto, gritó con voz fuerte: « ¡Lázaro, ven afuera!»

El muerto salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario.

Jesús les dijo: «Desátenlo para que pueda caminar.»

Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Los ejércitos de Babilonia han ocupado Israel, y han deportado a sus habitantes muy lejos de su patria. Y allá, en los suburbios de la capital del imperio invasor, viven añorando poder volver a su tierra. Y allá les habla el profeta. Su situación de exiliados es como estar en un sepulcro, es como haber muerto. Pero Dios, dice el profeta, no quiere que continúen en esa situación y los hará volver a la tierra. Esto será como salir del sepulcro, como recobrar la vida.
  • Una vez más, el apóstol Pablo, es el que nos dice: «Si el Espíritu del que resucita a Jesús habita en vosotros, ese mismo Espíritu dará vida a vuestros cuerpos mortales por el mismo Espíritu que habita en vosotros.» Pablo no piensa ahora en el futuro, cuando seamos llevados al cementerio. Nos urge a vivir ya como seres vivientes. Si Adán, el hombre terrestre, vivió con el espíritu que Dios le infundiera en su cuerpo, ahora los cristianos debemos vivir con el Espíritu de Cristo.
  • Betania se encontraba a “unos tres kilómetros” de Jerusalén. Etimológicamente significa “casa del dolor” y “casa de ruego”, entre otros. Jesús debió pasar por Betania y comunicar sus planes a los tres hermanos. Por eso pueden avisarle en seguida y con toda seguridad. La noticia incluye una súplica discreta de ayuda. Apelando al afecto que los une, le dan a entender que lo esperan llenas de confianza para que venga a curarlo.
  • Jesús asegura que la enfermedad de su amigo Lázaro no acabará en la muerte, por eso no parte para Betania hasta el tercer día. Su retraso es deliberado; deja que el hecho de la muerte se consume. No ha venido a alterar el ciclo normal de la vida física liberando al hombre de la muerte biológica, sino a dar a ésta un nuevo sentido.
  • La resurrección de Lázaro es el último signo de Jesús antes de su pasión. Sus signos comenzaron con cosas materiales con la transformación del agua en vino en las bodas de Caná, luego se ha ocupado de la enfermedad, del hambre; camina sobre el mar como símbolo de su poder sobre el mal y finalmente derrota a la muerte en su mismo terreno. El que va al encuentro de la muerte, quiere ponerse delante la muerte cara a cara.
  • Cuando llegaron a Betania Marta sale a su encuentro con pena, con un aire de reproche. Jesús le asegura que su hermano resucitará. Marta interpreta la resurrección de Jesús como una alusión a la resurrección de los muertos que sucederá al fin de los tiempos en la que creían los judíos, con excepción de los saduceos.
  • Jesús le responde con las palabras cumbres de este relato: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre”. Por eso deja expresamente morir a Lázaro, a pesar de los ruegos de Marta y María.
  • Jesús se conmueve y llora por la muerte de su amigo. Sin embargo lo resucita para manifestar la gloria de Dios. Si Marta cree, verá esta gloria de Dios. Su poder sobre la muerte es parte de su misión, pero no será un «pleno poder» hasta que, exhalando el Espíritu Santo hacia Dios y hacia la Iglesia, muera en la cruz.

***

  • El concepto de “vida” es una de las ideas claves del evangelio de Juan. El término “vida” y la expresión “vida eterna” no la refiere Jesús a la resurrección del último día. Jesús se identifica con “la resurrección y la vida”. No es necesario esperar hasta el “último día” para poseer la vida eterna, como pensaba Marta.
  • Jesús no viene a prolongar la vida física, viene a comunicar la vida que él mismo posee. Una vida que anula la muerte definitiva en el hombre que la recibe. Una vida que es Él mismo y que comunica a los que lo siguen, y que sólo se consigue en plenitud en el futuro. Una vida que requiere el nuevo nacimiento del agua y del Espíritu, y que no depende de la vida biológica. Sin Jesús la muerte es la destrucción del hombre, el fin de su existencia; para los que creen en Él, sólo un paso.
  • Creer en Jesús significa aceptar su forma de vida como único criterio de la propia vida. El que lo va forjando, se va transformando desde dentro en un hombre nuevo. Es la salvación que Jesús nos trae y que solamente podemos ir alcanzando imitando su vida. En esta redención es toda la vida del hombre la que debe estar comprometida. El paso de la muerte a la vida definitiva se va realizando a través de toda la vida, “escuchando” a Jesús y realizando lo escuchado.
  • Después de la muerte física el discípulo recibirá, como don del Padre, toda esa vida que ha ido atesorando día a día. La resurrección de Jesús comenzó en Belén viviendo como uno de tantos; continuó en Nazaret en su vida de profeta itinerante entregado por el bien de los hermanos. Su resurrección fue don del Padre, y es consecuencia de todo lo que había ido avivando desde su nacimiento. La “resurrección” y la “vida eterna, Jesús las otorga a los que creen en Él ya desde ahora.
  • La muerte física para el discípulo, por la que pasará irremediablemente, no será ya una interrupción de la vida, sino únicamente una necesidad biológica. La resurrección de Lázaro será un anticipo del don de vida destinado a todo el que cree.
  • La fe en la resurrección no es la creencia de una vida como ésta prolongada indefinidamente. Tampoco es sólo una fe en la “otra vida”, en otra vida que no tuviera que ver en absoluto con la existencia actual en este mundo.
  • Creer que Jesús es “la resurrección y la vida” es estar convencidos de que Él puede resucitar en nosotros todo lo que está dormido o muerto: la ilusión en el trabajo por la justicia y la libertad, por la fe y el amor, por la fraternidad universal. Por eso es una fe activa y en lucha contra lo que se opone a la vida y a la abundancia de la vida para todos. Por eso es una fe y una esperanza empeñada en la transformación profunda de esta tierra para que en ella habite la justicia y se manifieste la gloria de Dios.
  • Nuestra fe en Jesús está en relación con la fuerza que empuja nuestra vida. Jesús es para nosotros aquel que puede llenarnos de vida verdadera, aquel que puede despertar dentro de nosotros todo lo que está muerto y convertirlo para siempre en salvación, en esperanza, en renovación.
  • Los discípulos resucitados por Cristo, tenemos que continuar su misión vivificadora. La vida y la muerte están permanentemente en lucha. Nosotros estamos en este combate como defensores de la vida a todos los niveles.
  • Defender la vida exige no sólo combatir todo lo que lleva a la muerte, sino ser creadores de la vida, profetas de la vida, testigos de otra vida mejor. En la medida en que vivimos en el amor, optamos definitivamente por la verdad, la libertad y la justicia, nos dejamos conducir por el Espíritu, y encarnamos las Bienaventuranzas, estamos proclamando que hay otra vida, distinta de la que se vive, que hay más vida.
  • Las resurrecciones de Lázaro y de Jesús son como el signo anticipado de eso a lo que todos debemos aspirar: vivir aquí y ahora con la nueva vida del Espíritu.
  • Por la presencia de Jesús y por nuestro contacto con El ¡podemos volver a la vida! Lo que le ha pasado a Lázaro es el cumplimiento de la promesa de Ezequiel, se ha infundido el Espíritu, se ha vuelto a la tierra.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Cuáles son los sepulcros donde se encuentra oculta la vida que hay en mí?
  • ¿Qué tiene que resucitar Cristo en mi vida?
  • ¿Qué cosas me dan muerte aún en vida?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

 

Tu Palabra me da vida

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…La fe, siempre la fe. El Maestro la pide, la busca, ordena las circunstancias para que nazca y se desarrolle en las almas. Si permite la muerte del amigo, no es porque no se apiade de la tristeza y el dolor de Marta y María –le veremos pronto llorar-, sino porque es necesario un milagro, un gran milagro, para consolidar la fe de los apóstoles antes de la pasión, ya cercana, que el odio que surge en los judíos por la resonancia de la resurrección de Lázaro va a precipitar. Esta muerte es para la fe.

Tened confianza, hermanos, cuando vuestras oraciones parece que no son escuchadas. No penséis que no han tocado el corazón de Jesús. Si aparentemente han caído en el vacío, no es que él no vea nuestras lágrimas. Con una mirada certera y sin distracciones, él va siguiendo todos los avances del mal. Si no viene en el momento esperado, quiere decir que todavía no ha llegado su hora. Reserva su acción para una conversión que engrandezca y manifieste más la gloria de Dios, que haga nuestra fe más firme y perseverante. ¡Confianza!

El sabe elegir su momento y, cuando llega este momento, dice: “Ahora vamos a su casa” (in 11,7). Avisada de la llegada del Mesías, Marta sale a su encuentro y dice: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano” (v. 21). El le responde con una promesa que supera toda esperanza y parece desconcertar su fe: “Tu hermano resucitará” (v. 23). Jesús, queriendo que surja y resplandezca la fe y la confianza deseada, descorre el velo que oculta el íntimo secreto de su alma: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre” (w. 25s). La fe de Marta se sublima; sobrepasa lo creado, llega a lo invisible y acoge la llama del amor del Salvador allí donde nace, para dispersarse por el mundo: “Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo” (v. 27)…

 

Cardenal Saliége, Escritos espirituales, París 1960, 135s.

 

PARA REFLEXIONAR

 

Yo abriré sus sepulcros, pueblo mío,
que no puedo soportar sus tristezas;
yo bajaré a los infiernos de la angustia
y lloraré con ustedes sus penas,
y sembraré de alegría sus vidas
que serán para siempre pura fiesta.

Y no puedo tolerar, amigos míos,
que arrastren por más tiempo las cadenas
que los convierten en esclavos miserables.
Los libraré, los llevaré a la tierra
prometida, la tierra de la paz,
la tierra de la felicidad entera.

Yo mismo abriré, pueblo mío, los sepulcros
del miedo, el desencanto y las tinieblas;
clavaré mi bandera victoriosa
en la oscuridad de la conciencia,
y les regalaré hasta un lucero vivo
que los alegre y cure la ceguera.

Yo abriré los sepulcros de los odios
que miserablemente los pudren y los entierran;
les daré un corazón nuevo, como el mío,
en el que el amor y la amistad florezcan.
Abriré, pueblo mío, todos los sepulcros,
porque soy Resurrección y Vida plena;
lucharé cuerpo a cuerpo con la muerte,
aunque tenga que morir en la pelea;
pero les juro que ustedes vivirán
y llenaré de mi Espíritu la tierra.

 

Lunes V

 

El que esté libre de pecado…

 

Lectura de la profecía de Daniel    13, 1-9. 15-17. 19-30. 33-62

 

Había en Babilonia un hombre llamado Joaquín. El se había casado con una mujer llamada Susana, hija de Jilquías, que era muy hermosa y temía a Dios, porque sus padres eran justos y habían instruido a su hija según la Ley de Moisés. Joaquín era muy rico y tenía un jardín contiguo a su casa. Muchos judíos iban a visitarlo, porque era el más estimado de todos.

Aquel año, se había elegido como jueces a dos ancianos del pueblo. A ellos se refiere la palabra del Señor: «La iniquidad salió en Babilonia de los ancianos y de los jueces que se tenían por guías del pueblo.» Esos ancianos frecuentaban la casa de Joaquín y todos los que tenían algún pleito acudían a ellos.

Hacia el mediodía, cuanto todos ya se habían retirado, Susana iba a pasearse por el jardín de su esposo. Los dos ancianos, que la veían todos los días entrar para dar un paseo, comenzaron a desearla. Ellos perdieron la cabeza y apartaron sus ojos para no mirar al Cielo y no acordarse de sus justos juicios.

Una vez, mientras ellos aguardaban una ocasión favorable, Susana entró como en los días anteriores, acompañada solamente por dos jóvenes servidoras, y como hacía calor, quiso bañarse en el jardín. Allí no había nadie, fuera de los dos ancianos, escondidos y al acecho.

Ella dijo a las servidoras: «Tráiganme la crema y los perfumes, y cierren la puerta del jardín para que pueda bañarme.» En cuanto las servidoras salieron, ellos se levantaron y arrojándose sobre ella le dijeron: «La puerta del jardín está cerrada y nadie nos ve. Nosotros ardemos de pasión por ti; consiente y acuéstate con nosotros. Si te niegas, daremos testimonio contra ti, diciendo que un joven estaba contigo y que por eso habías hecho salir a tus servidoras.»

Susana gimió profundamente y dijo: «No tengo salida: si consiento me espera la muerte, si me resisto no escaparé de las manos de ustedes. Pero prefiero caer entre sus manos sin haber hecho nada, que pecar delante del Señor.»

Susana gritó con todas sus fuerzas; los dos ancianos también se pusieron a gritar contra ella, y uno de ellos corrió a abrir la puerta del jardín. Al oír esos gritos en el jardín, la gente de la casa se precipitó por la puerta lateral para ver lo que ocurría, y cuando los ancianos contaron su historia, los servidores quedaron desconcertados, porque jamás se había dicho nada semejante de Susana.

Al día siguiente, cuando el pueblo se reunió en casa de Joaquín, su marido, también llegaron los ancianos con la intención criminal de hacer morir a Susana. Ellos dijeron en presencia del pueblo: «Manden a buscar a Susana, hija de Jilquías, la mujer de Joaquín.»

Fueron a buscarla, y ella se presentó acompañada de sus padres, sus hijos y todos sus parientes. Todos sus familiares lloraban, lo mismo que todos los que la veían.

Los dos ancianos se levantaron en medio de la asamblea y le pusieron las manos sobre la cabeza.

Ella, bañada en lágrimas, levantó sus ojos al cielo, porque su corazón estaba lleno de confianza en el Señor. Los ancianos dijeron: «Mientras nos paseábamos solos por el jardín, esta mujer entró allí con dos servidoras; cerró la puerta y después hizo salir a las servidoras. Entonces llegó un joven que estaba escondido y se acostó con ella. Nosotros, que estábamos en un rincón del jardín, al ver la infamia, nos precipitamos hacia ellos.

Los vimos abrazados, pero no pudimos atrapar al joven, porque él era más fuerte que nosotros, y abriendo la puerta, se escapó. En cuanto a ella, la apresamos y le preguntamos quién era ese joven, pero ella no quiso decirlo. De todo esto somos testigos.»

La asamblea les creyó porque eran ancianos y jueces del pueblo, y Susana fue condenada a muerte.

Pero ella clamó en alta voz: «Dios eterno, tú que conoces los secretos, tú que conoces todas las cosas antes que sucedan, tú sabes que ellos han levantado contra mí un falso testimonio. Yo voy a morir sin haber hecho nada de todo lo que su malicia ha tramado contra mí.»

El Señor escuchó su voz: cuando la llevaban a la muerte, suscitó el santo espíritu de un joven llamado Daniel, que se puso a gritar: « ¡Yo soy inocente de la sangre de esta mujer!»

Todos se volvieron hacia él y le preguntaron: « ¿Qué has querido decir con esto?»

De pie, en medio de la asamblea, él respondió: « ¿Son ustedes tan necios, israelitas? ¡Sin averiguar y sin tener evidencia ustedes han condenado a una hija de Israel! Vuelvan al lugar del juicio, porque estos hombres han levantado un falso testimonio contra ella.»

Todo el pueblo se apresuró a volver, y los ancianos dijeron a Daniel: «Ven a sentarte en medio de nosotros y dinos qué piensas, ya que Dios te ha dado la madurez de un anciano.»

Daniel les dijo: «Sepárenlos bien a uno del otro y yo los interrogaré.»

Cuando estuvieron separados, Daniel llamó a uno de ellos y le dijo: « ¡Hombre envejecido en el mal! Ahora han llegado al colmo los pecados que cometías anteriormente cuando dictabas sentencias injustas, condenabas a los inocentes y absolvías a los culpables, a pesar de que el Señor ha dicho: “No harás morir al inocente y al justo.” Si es verdad que tú la viste, dinos bajo qué árbol los has visto juntos.»

El respondió: «Bajo una acacia.»

Daniel le dijo entonces: «Has mentido a costa de tu cabeza: el Ángel de Dios ya ha recibido de él tu sentencia y viene a partirte por el medio.»

Después que lo hizo salir, mandó venir al otro y le dijo: « ¡Raza de Canaán y no de Judá, la belleza te ha descarriado, el deseo ha pervertido tu corazón! Así obraban ustedes con las hijas de Israel, y el miedo hacía que ellas se les entregaran. ¡Pero una hija de Judá no ha podido soportar la iniquidad de ustedes! Dime ahora, ¿bajo qué árbol los sorprendiste juntos?»

El respondió: «Bajo un ciprés.»

Daniel le dijo entonces: «Tú también has mentido a costa de tu cabeza: el Ángel de Dios te espera con la espada en la mano, para partirte por el medio. Así acabará con ustedes.»

Entonces toda la asamblea clamó en alta voz, bendiciendo a Dios que salva a los que esperan en él. Luego, todos se levantaron contra los dos ancianos, a los que Daniel por su propia boca había convencido de falso testimonio, y se les aplicó la misma pena que ellos habían querido infligir a su prójimo: Para cumplir la Ley de Moisés, se los condenó a muerte, y ese día se salvó la vida de una inocente.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO     Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6 (R.: 4ab)

 

R.    Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo.

 

El Señor es mi pastor,

nada me puede faltar.

El me hace descansar en verdes praderas,

me conduce a las aguas tranquilas

y repara mis fuerzas. R.

 

Me guía por el recto sendero,

por amor de su Nombre.

Aunque cruce por oscuras quebradas,

no temeré ningún mal,

porque tú estás conmigo:

tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.

 

Tú preparas ante mí una mesa,

frente a mis enemigos;

unges con óleo mi cabeza

y mi copa rebosa. R.

 

Tu bondad y tu gracia me acompañan

a lo largo de mi vida;

y habitaré en la Casa del Señor,

por muy largo tiempo. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    8, 1-11

 

Jesús fue al monte de los Olivos. Al amanecer volvió al Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y comenzó a enseñarles.

Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos, dijeron a Jesús: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?»

Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo.

Como insistían, se enderezó y les dijo: «El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra.»

E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo.

Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos.

Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí, e incorporándose, le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?»

Ella le respondió: «Nadie, Señor.»

«Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • La historia del libro de Daniel nos presenta a una mujer inocente, que es acusada de adúltera por dos hombres viejos y perversos y no ha podido defenderse. Está condenada a muerte según la ley de Moisés.
  • Susana clamó a Dios con voz fuerte: Dios eterno, Tú penetras los secretos, mira que voy a morir inocente.
  • El Señor escuchó su oración y suscitó la inspiración del joven Daniel cuyo nombre significa «el Señor, mi juez» para impedir que se lleve a cabo la injusta sentencia.
  • El único que juzga recto, porque juzga según el corazón y no según las apariencias, es Dios. «Y aquel día se salvó una vida inocente».

***

  • En la primera lectura, es el joven Daniel quien desenmascara a los falsos acusadores; en el evangelio es Jesús, el nuevo Daniel, que no sólo defiende al que es justo, sino va más allá: es el instrumento de la misericordia de Dios incluso para los pecadores.
  • Porque va camino a la muerte, para asumir sobre sí mismo el juicio y la condena que la humanidad merecía, dejándose juzgar y condenar en un juicio totalmente injusto, para salvar a la humanidad; por eso puede perdonar ya anticipadamente a la mujer pecadora.
  • Jesús está sentado en el patio del Templo, rodeado de mucha gente allí reunida. Todo el episodio está encuadrado en el creciente antagonismo de los judíos contra Jesús: le traen a la mujer «para comprometerlo y poder acusarlo». Si la condena, pierde popularidad. Si la absuelve, va contra la ley.
  • Jesús escribe en el suelo, y resuelve con magistral elegancia la situación. “El que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra”. Jesús no condena a esta mujer; no porque entienda que el adulterio es cosa de poca importancia, porque le dice con claridad que no vuelva a pecar, sino porque Jesús no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva.

    Jesús, está dispuesto a cargar con el pecado de todos, el pecado del

    mundo, el pecado que todos quieren sacarse de encima.

  • Jesús desenmascara, con habilidad y sencillez, la capacidad que tenemos los hombres de torcer las cosas para creernos justos cuando no lo somos, de creernos limpios, cuando a lo mejor, ni siquiera hemos tocado un poco el misterio de nuestra auténtica conversión interior.
  • Esta manera de actuar de Cristo, dejando a un lado toda la justicia de la Ley, nos invita a todos al reconocimiento del propio pecado y a superar el ámbito de la simple justicia humana, para encontrar la salvación en la misericordia de Dios.
  • Él no ha venido a juzgar, sino a salvar, y Él espera de nosotros que aceptemos ese nuevo camino que nos ofrece: el camino de la comprensión de las faltas del prójimo, el camino de la sinceridad que descubre en nosotros los mismos defectos que criticamos en los demás, y el camino que nos lleva al encuentro del perdón que generosamente Dios ofrece a todos.
  • Necesitamos permitirle a Jesús bajar hasta el fondo de nuestro corazón, para que desde ahí, Él empiece a sanarnos, a transformarnos, a cambiarnos.

     

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Condeno con facilidad?
  • ¿Cuáles son las formas más frecuentes con las que petrifico la vida de los demás y los cierro a la esperanza?
  • ¿Qué medida uso con los demás y que medida conmigo?
  • ¿Descubro y valoro la recreación que hace de mi vida el perdón de Dios?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

 

En tu luz veremos la luz

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…Jesús, luz del mundo, no sólo eres la luz que brilla en las tinieblas nocturnas; también eres la luz de la mañana, la luz de cada nuevo día, de sus esperanzas, de sus actividades. El sol que sube poco a poco. También tú, oh luz del mundo, en el alba de cada día deseas penetrar a través de la ignorancia y las debilidades humanas, a través de la buena voluntad y a través de las pasiones pecaminosas. Cada mañana quieres crear un mundo nuevo.

Hazme piadoso contigo, luz del día que surge, para que no malgaste este día que comienza y acoja lo que me ofreces por mediación suya. Luz del mundo, tú eres sobre todo el sol resplandeciente en mediodía.

Un día de verano, en Jerusalén, traté de fijarme a mediodía, en el sol de oriente. Levanté los ojos hacia él y, durante uno o dos segundos, pude entrever un albor deslumbrante, incandescente y ardiente, más blanco que la nieve. Pensé entonces en ti, Cristo, luz del mundo, pensé que ese punto relampagueante y radiante era la representación visual más pura y eficaz que podemos tener de tu ser. Para poder continuar mirando ese sol de mediodía, interpuse entre éste y mis ojos las hojas de un arbusto. Comprendí entonces otra cosa. Comprendí cómo tu luminosidad cegadora, oh Cristo-luz, nos aparece tamizada, filtrada a través de tus criaturas iluminadas y caldeadas por esa luz.

Luz del mundo, que te pueda ver en el esplendor de mediodía…

 

Un monje de la Iglesia de Oriente, El rostro de luz. Reflexiones del Evangelio, Milán 1994, 70.

 

PARA REZAR

 

Crea en mí Dios bueno un corazón puro,

y renueva la fuerza de mi alma

para que no me acostumbre al pecado

y no me habitúe al perdón.

Dame la gracia de amistad

y que el amor que derramaste en mi corazón,

me haga testigo de un amor que perdona

y hace nueva la vida de los demás.

Quiero experimentar cada día tu llamada

y cada noche tu misericordia y tu perdón.

 

Martes V

 

Levantar la mirada al crucificado

 

Lectura del libro de los Números    21, 4-9

 

Los israelitas partieron del monte Hor por el camino del Mar Rojo, para bordear el territorio de Edóm. Pero en el camino, el pueblo perdió la paciencia y comenzó a hablar contra Dios y contra Moisés: « ¿Por qué nos hicieron salir de Egipto para hacernos morir en el desierto? ¡Aquí no hay pan ni agua, y ya estamos hartos de esta comida miserable!»

Entonces el Señor envió contra el pueblo unas serpientes abrasadoras, que mordieron a la gente, y así murieron muchos israelitas.

El pueblo acudió a Moisés y le dijo: «Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti. Intercede delante del Señor, para que aleje de nosotros esas serpientes.»

Moisés intercedió por el pueblo, y el Señor le dijo: «Fabrica una serpiente abrasadora y colócala sobre un asta. Y todo el que haya sido mordido, al mirarla, quedará curado.»

Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un asta. Y cuando alguien era mordido por una serpiente, miraba hacia la serpiente de bronce y quedaba curado.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 101, 2-3. 16-18. 19-21 (R.: 2)

 

R.    Señor, escucha mi oración, y llegue a ti mi clamor.

 

Señor, escucha mi oración

y llegue a ti mi clamor;

no me ocultes tu rostro

en el momento del peligro;

inclina hacia mí tu oído,

respóndeme pronto, cuando te invoco. R.

 

Las naciones temerán tu Nombre, Señor,

y los reyes de la tierra se rendirán ante tu gloria:

cuando el Señor reedifique a Sión

y aparezca glorioso en medio de ella;

cuando acepte la oración del desvalido

y no desprecie su plegaria. R.

 

Quede esto escrito para el tiempo futuro

y un pueblo renovado alabe al Señor:

porque él se inclinó desde su alto Santuario

y miró a la tierra desde el cielo,

para escuchar el lamento de los cautivos

y librar a los condenados a muerte. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    8, 21-30

 

Jesús dijo a los fariseos:

«Yo me voy, y ustedes me buscarán y morirán en su pecado. Adonde yo voy, ustedes no pueden ir.»

Los judíos se preguntaban: « ¿Pensará matarse para decir: “Adonde yo voy, ustedes no pueden ir”?»

Jesús continuó: «Ustedes son de aquí abajo, yo soy de lo alto. Ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo. Por eso les he dicho: “Ustedes morirán en sus pecados.” Porque si no creen que Yo Soy, morirán en sus pecados.»

Los judíos le preguntaron: « ¿Quién eres tú?»

Jesús les respondió: «Esto es precisamente lo que les estoy diciendo desde el comienzo. De ustedes, tengo mucho que decir, mucho que juzgar. Pero aquel que me envió es veraz, y lo que aprendí de él es lo que digo al mundo.»

Ellos no comprendieron que Jesús se refería al Padre.

Después les dijo: «Cuando ustedes hayan levantado en alto al Hijo del hombre, entonces sabrán que Yo Soy y que no hago nada por mí mismo, sino que digo lo que el Padre me enseñó. El que me envió está conmigo y no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada.»

Mientras hablaba así, muchos creyeron en él.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • La primera lectura nos presenta cómo, en el desierto, el pueblo de Israel realiza la experiencia de la dificultad de vivir la fe, de confiar en la promesa de Dios. Su rebelión le muestra cómo fuera de Dios no hay salvación.
  • En diversas culturas, con frecuencia, la serpiente era divinizada y tenida como símbolo de la fecundidad. El judaísmo posiblemente la tomó como símbolo de curación y fecundidad de algunas tradiciones populares idolátricas extrabíblicas: la serpiente era fuente mágica de salud y vida.
  • Desde la experiencia del desierto, el judaísmo se familiarizó tanto con esa tradición, que mantuvo la serpiente de bronce en su estandarte, en el templo, hasta la reforma hecha por el rey Ezequías. Significaba la protección de Yahvé.
  • En el desierto abundaban las serpientes, que constituían un peligro para el pueblo peregrino. Una plaga especialmente mortal fue interpretada como castigo de Dios por los pecados del pueblo, y así mirar a esa serpiente mandada levantar por Moisés se podía entender como un volver a Dios, reconocer el propio pecado e invocar su ayuda.
  • El libro de la Sabiduría valora la serpiente de este texto no en sí misma, sino como recordatorio de la bondad de Dios: «el que a ella se vuelve, se salva, no por lo que contempla, sino por Dios, Salvador de todos». La serpiente de bronce no salva mágicamente, sino por la fe.

***

  • El Evangelio de hoy continúa los discursos de Jesús que comenzaron en el capítulo séptimo con motivo de la fiesta de las tiendas. Esta semana se va haciendo más compleja para Jesús. Los enemigos pretenden acorralarlo, y Jesús va clarificando para sus oyentes lo que Él es de cara al proyecto del Padre: un enviado, pero algo más que un enviado. Jesús sigue revelando su condición divina; ya se había revelado como fuente de agua viva y como luz del mundo. Ahora, empiezan a plantearse las consecuencias de su actuar y de su decir.
  • Ante la confusión y ante el deseo de sacarlo de en medio, sus enemigos seguirán preguntando por su identidad. Jesús reafirmará que es el enviado del Padre, que será levantado y que habrá un juicio para quienes lo escuchan. Quien rechace la luz y la vida, morirá en su pecado. Al lugar de la vida, donde Jesús irá a través del paso por la cruz, sus adversarios que optaron por la muerte, nunca podrán llegar.
  • Jesús, una y otra vez manifestará que su deber es hacer lo que agrada a Dios, y que está dispuesto a llegar hasta la muerte, como consecuencia de la opción que ha tomado en su vida.
  • A esta altura de la cuaresma, también se nos impone redescubrir lo que significa Jesús para nosotros, y el sentido de su entrega hasta la muerte. El texto de este día, con el anuncio del levantamiento en la cruz, revela plenamente el misterio de Cristo Salvador. La cruz es muerte pero es también fuente de salud.
  • La multiplicación de serpientes venenosas que matan, son símbolo de la multiplicación de los pecados que matan la vida de hijos de Dios. Las infidelidades, son como mordeduras de serpientes; de las que hay que curarse.
  • El evangelio, con el trasfondo de la imagen de la serpiente elevada, presenta a Cristo en la Cruz como Aquel que nos cura y nos salva, cuando volvemos la mirada hacia Él.
  • Elevar la mirada al crucificado para curarse es signo del corazón que se eleva arrepentido hacia Dios, por el camino de la fe, del dolor, de la reconciliación, del perdón, del cambio de vida. Por ese camino se llega a nueva vida de amor.
  • Cristo, muriendo en la Cruz, se constituye para los creyentes en fuente de gracia y salvación. Jesús levantado y crucificado no es sólo muerte, injusticia, dolor, infamia: sino comienzo de la Pascua de salvación en la que todos nos sentimos y llegamos a ser hombres nuevos, hijos de la cruz salvadora.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Qué significa para mi fe que Jesús sea elevado en la cruz?
  • ¿Qué cambia en mi relación con Jesús saberlo fuente de salvación?
  • ¿Qué rasgos de Jesús cuestionan mi fe?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

 

Nuestros ojos están fijos en el Señor

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…Una de las verdades del cristianismo, hoy olvidada por todos es que lo que salva es la mirada. La serpiente de bronce ha sido elevada a fin de que los hombres que yacen mutilados en el fondo de la degradación la miren y se salven.

Es en los momentos en que uno se encuentra-como suele decirse-mal dispuesto o incapaz de la elevación espiritual que conviene a las cosas sagradas, cuando la mirada dirigida a la pureza perfecta es más eficaz. Pues es entonces cuando el mal, o más bien la mediocridad, aflora a la superficie del alma en las mejores condiciones para ser quemada al contacto con el fuego.

El esfuerzo por el que el alma se salva se asemeja al esfuerzo por el que se mira, por el que se escucha, por el que una novia dice sí. Es un acto de atención y de consentimiento. Por el contrario, lo que suele llamarse voluntad es algo análogo al esfuerzo muscular.

La voluntad corresponde al nivel de la parte natural del alma. El correcto ejercicio de la voluntad es una condición necesaria de salvación, sin duda, pero lejana, inferior, muy subordinada, puramente negativa. El esfuerzo muscular realizado por el campesino sirve para arrancar las malas hierbas, pero sólo el sol y el agua hacen crecer el trigo. La voluntad no opera en el alma ningún bien.

Los esfuerzos de la voluntad sólo ocupan un lugar en el cumplimiento de las obligaciones estrictas. Allí donde no hay obligación estricta hay que seguir la inclinación natural o la vocación, es decir, el mandato de Dios. Y en los actos de obediencia a Dios se es pasivo; cualesquiera que sean las fatigas que los acompañen, cualquiera que sea el despliegue aparente de actividad, no se produce en el alma nada análogo al esfuerzo muscular; hay solamente espera, atención, silencio, inmovilidad a través del sufrimiento y la alegría. La crucifixión de Cristo es el modelo de todos los actos de obediencia…

 

S. Weil, A la espera de Dios, Madrid 1993, 159.

 

PARA REZAR

 

En todo igual a nosotros

para comprendernos desde dentro.

En todo igual al Padre para sanarnos desde la raíz.

En todo igual a nosotros

para que entendiéramos la ternura de Dios.

En todo igual al Padre para reconocer

que nos ama como nadie.

En todo igual a nosotros

para que no nos avergoncemos de nuestra debilidad.

En todo igual al Padre para revestirnos de fortaleza.

En todo igual a nosotros

para poder amar al Padre.

En todo igual al Padre para poder amarnos sin medida.

 

Miércoles V

 

La verdad los hará libres

 

Lectura de la profecía de Daniel    3, 14-20. 24-25. 28

 

Nabucodonosor tomó la palabra y dijo: « ¿Es verdad, Sadrac, Mesac y Abed Negó, que ustedes no sirven a mis dioses y no adoran la estatua de oro que yo erigí? ¿Están dispuestos ahora, apenas oigan el sonido de la trompeta, el pífano, la cítara, la sambuca, el laúd, la cornamusa y de toda clase de instrumentos, a postrarse y adorar la estatua que yo hice? Porque si ustedes no la adoran, serán arrojados inmediatamente dentro de un horno de fuego ardiente. ¿Y qué Dios podrá salvarlos de mi mano?»

Sadrac, Mesac y Abed Negó respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: «No tenemos necesidad de darte una respuesta acerca de este asunto. Nuestro Dios, a quien servimos, puede salvarnos del horno de fuego ardiente y nos librará de tus manos. Y aunque no lo haga, ten por sabido, rey, que nosotros no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua de oro que tú has erigido.»

Nabucodonosor se llenó de furor y la expresión de su rostro se alteró frente a Sadrac, Mesac y Abed Negó. El rey tomó la palabra y ordenó activar el horno siete veces más de lo habitual. Luego ordenó a los hombres más fuertes de su ejército que ataran a Sadrac, Mesac y Abed Negó, para arrojarlos en el horno de fuego ardiente.

El rey Nabucodonosor quedó estupefacto y se levantó rápidamente. Y tomando la palabra, dijo a sus cortesanos: « ¿No eran tres los hombres que fueron atados y arrojados dentro del fuego?»

Ellos le respondieron, diciendo: «Así es, rey.»

El replicó: «Sin embargo, yo veo cuatro hombres que caminan libremente por el fuego sin sufrir ningún daño, y el aspecto del cuarto se asemeja a un hijo de los dioses.»

Nabucodonosor tomó la palabra y dijo: «Bendito sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed Negó, porque ha enviado a su Ángel y ha salvado a sus servidores, que confiaron en él y, quebrantando la orden del rey, entregaron su cuerpo antes que servir y adorar a cualquier otro dios que no fuera su Dios.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Dn 3, 52a y cd. 53. 54-55. 56

 

R. ¡A ti, gloria y honor eternamente!

 

Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres.

Bendito sea tu santo y glorioso Nombre.

Alabado y exaltado eternamente. R.

 

Bendito seas en el Templo de tu santa gloria.

Aclamado y glorificado eternamente

por encima de todo. R.

 

Bendito seas en el trono de tu reino.

Aclamado por encima de todo

y exaltado eternamente. R.

 

Bendito seas tú, que sondeas los abismos

y te sientas sobre los querubines.

Alabado y exaltado eternamente por encima de todo. R.

 

Bendito seas en el firmamento del cielo.

Aclamado y glorificado eternamente

por encima de todo. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    8, 31-42

 

Jesús dijo a aquellos judíos que habían creído en él:

«Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos: conocerán la verdad y la verdad los hará libres.»

Ellos le respondieron: «Somos descendientes de Abraham y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo puedes decir entonces: “Ustedes serán libres”?»

Jesús les respondió: «Les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado. El esclavo no permanece para siempre en la casa; el hijo, en cambio, permanece para siempre. Por eso, si el Hijo los libera, ustedes serán realmente libres. Yo sé que ustedes son descendientes de Abraham, pero tratan de matarme porque mi palabra no penetra en ustedes.

Yo digo lo que he visto junto a mi Padre, y ustedes hacen lo que han aprendido de su padre.»

Ellos le replicaron: «Nuestro padre es Abraham.»

Y Jesús les dijo: «Si ustedes fueran hijos de Abraham obrarían como él. Pero ahora quieren matarme a mí, al hombre que les dice la verdad que ha oído de Dios. Abraham no hizo eso. Pero ustedes obran como su padre.»

Ellos le dijeron: «Nosotros no hemos nacido de la prostitución; tenemos un solo Padre, que es Dios.»

Jesús prosiguió: «Si Dios fuera su Padre, ustedes me amarían, porque yo he salido de Dios y vengo de él. No he venido por mí mismo, sino que él me envió.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • En la primera lectura, el profeta nos narra cómo el Señor envía un ángel a salvar a sus siervos. Los justos son aquellos que en medio del fuego de las pruebas y persecuciones mantienen la fidelidad y la confianza en Dios, que los hace libres. Los tres jóvenes son imagen del pueblo fiel que persevera en la alabanza, a pesar de las dificultades.
  • El rey de Babilonia ha levantado un gran ídolo en medio de la llanura y ha convocado a la muchedumbre; todos alineados, tendrán que rendirle culto. Se impone la religión del Estado. Está prohibido pensar de modo distinto que el rey y el que se niega a hacerlo es enviado al gran horno. Los «tres jóvenes» de Daniel han elegido no someterse a nadie, sino sólo a Dios.
  • Aquí se manifiesta la fe y la esperanza invencibles de los que creen en Dios, ni el tormento del fuego es capaz de hacerlos renegar. El Dios de Sidraj, Misaj y Abed-Nego es el Dios de Israel; por tanto, los israelitas han de proceder de semejante manera. El fuego destinado a devorar a los creyentes quema a los impíos que lo encienden, y los fieles son capaces de caminar por las llamas bendiciendo a Dios.

***

  • Los judíos estaban orgullosos de ser hijos de Abraham y se creían por eso, interiormente libres y superiores, aunque externamente estuvieran sometidos al poder de Roma. Jesús les dice que la verdadera esclavitud del hombre no consiste en una servidumbre externa, sino en la esclavitud del pecado.
  • Para San Juan, pecar es convertirse en esclavo, tener por padre al “padre de la mentira”; los judíos son pecadores porque no aceptan a Cristo, “la Verdad” y, por tanto, esclavos; de ahí que no pueden ser hijos de Abrahán, hijos de la libertad. Sólo Jesús es el verdadero Hijo de Dios, conocedor del Padre. Y por eso sólo El puede dar la verdadera libertad.
  • No son libres los judíos meramente por ser herederos de Abrahán, a pesar de estar orgullosos de ello. Si no pueden liberarse del pecado, son esclavos. Si no buscan alcanzar la verdad, son esclavos. Si no creen en el Enviado de Dios, siguen en la oscuridad y la esclavitud. Y al contrario: si se mantienen en la palabra de Jesús “conocerán la verdad y la verdad los hará libres”.
  • Jesús les muestra a los judíos que no basta con la descendencia carnal, genética. La verdadera descendencia es la del corazón. Sólo es verdadero hijo de Abrahán el que hace la voluntad de Dios, escucha su Palabra y obedece, como hizo el patriarca hace tantos siglos, como hizo el mismo Jesús; y como lo debe vivir cada discípulo.
  • Así como para Israel la Pascua fue la liberación de Egipto, estamos caminando a la celebración de la Pascua, que es dejarse comunicar la libertad del Resucitado.
  • El cristiano es un hombre libre porque ha sido liberado por Cristo, llamado a ser dueño de todas las cosas y a no estar sometido a nadie. El cristiano es un servidor lleno de obediencia, que por amor se somete libremente a todos. Lo paradójico, del evangelio es que la esclavitud del amor compasivo y servicial a los demás, es el signo de haber alcanzado la liberación de toda otra esclavitud.
  • Jesús es perfectamente libre, porque es perfectamente Hijo. Ama a su Padre y en nombre de ese amor da su vida. Es libre porque ama: no está apegado a sí mismo. Nada lo detiene. Ningún egoísmo. Ningún obstáculo al amor.
  • Sólo el amor libera. Amar sólo al Dios verdadero. Someterse sólo al Dios verdadero. Es el único medio para no estar sometido a nadie y liberarse de cualquier ídolo.
  • La Pascua de Jesús quiere ser para nosotros un crecimiento en libertad interior. En medio de un mundo que nos ofrece muchos valores, pero también nos tienta con contravalores que nos llevan irremediablemente a la esclavitud, se nos invita a ser libres.
  • Nos toca vivir en una sociedad pluralista y compleja, en la que Jesús nos pide que permanezcamos firmes y motivados por la fe en su Palabra.
  • En medio de una maraña de corrientes y conductas, tendremos que crecer en la libertad que nos da la verdad de Cristo. Y esto no es algo que alcanzamos con el simple esfuerzo; se da cuando le dejamos campo abierto a Dios para que obre en nuestra vida y su gracia nos anime a dar pasos de seguimiento a Jesús: el hombre libre y liberador.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Cuál es el fruto que da en mi vida la opción por Cristo?
  • ¿Cuál es la obra que me está diciendo a mí si opto por Cristo o no?
  • ¿Experimentamos que la verdad nos hace libres?
  • ¿Nos sentimos libres, o tenemos que reconocer que hay cadenas que nos atan? ¿Nos hemos parado a pensar alguna vez de qué somos esclavos?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

 

Para que seamos libres nos ha liberado Cristo..

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL


La libertad consiste precisamente en el poder de darse. La existencia humana, en su originalidad, es una oferta, un don, y la libertad se lleva a cabo en el encuentro con el Otro. La grandeza del hombre está dentro de nosotros [...] porque sólo el hombre puede tomar la iniciativa del don al que está llamado. Dios no puede violar la libertad porque es él mismo quien la suscita y la hace inviolable. Jesús, Dios, de rodillas ante sus apóstoles, es la tentativa suprema para avivar la fuente que debe brotar para la vida eterna.

En su muerte atroz, Jesús revela el precio de nuestra libertad: la cruz. Lo cual quiere decir que nuestra libertad
a los ojos del Señor Jesús tiene un valor infinito. Muere para que la libertad nazca en el diálogo de amor que la llevará a plenitud. Nadie como Jesús ha tenido pasión por el hombre, nadie como él ha puesto al hombre tan alto, nadie como Jesús ha pagado el precio de la dignidad humana. Cristo introduce una nueva escala de valores. Esta transformación de valores se inaugura con el lavatorio de los pies, ¡y el mundo cristiano todavía no se ha dado cuenta! Jesús nos da una lección de grandeza, porque la grandeza ha cambiado de aspecto: no consiste en dominar, sino en servir…

M. Zundel, Estupor y pobreza, Padua 1990, 19s.

 

PARA REZAR

 

Jesús hombre libre

 

Nosotros tenemos tu secreto.

Podremos ser como tú.

Felices seremos si recibimos tu mensaje.

Es un mensaje en clave,

por eso el mundo no lo entiende.

Tampoco nosotros seremos comprendidos

si acertamos a cumplirlo en nuestras vidas.

Podremos llegar a entenderlo?

Tú nos aseguras que seremos libres

si las riquezas no nos atan,

si sabemos compartir con los demás,

si aguantamos las ofensas sin vengarnos,

si sentimos en nosotros las desgracias ajenas,

si buscamos la justicia

por encima de nuestros intereses,

si tratamos de comprender y perdonar,

si nuestra mirada y nuestro corazón son limpios,

si ponemos paz en nuestro interior y en derredor nuestro,

si nos desprecian y persiguen por obrar rectamente,

si interpretan mal el bien que hemos hecho.

Jesús, es sencillo, pero nada fácil.

Por eso pedimos tu ayuda.

Lo que nosotros no podemos,

que tu Espíritu lo realice en nosotros,

para que cada día nos sintamos más libres

y nos vayamos pareciendo a Tí.

 

Jueves V

 

El que es fiel a mi palabra no morirá

 

Lectura del libro del Génesis    17, 1-9

 

Abraham cayó con el rostro en tierra, mientras Dios le seguía diciendo:

«Esta será mi alianza contigo: tú serás el padre de una multitud de naciones. Y ya no te llamarás más Abraham: en adelante tu nombre será Abraham, para indicar que yo te he constituido padre de una multitud de naciones. Te haré extraordinariamente fecundo: de ti suscitaré naciones, y de ti nacerán reyes.

Estableceré mi alianza contigo y con tu descendencia a través de las generaciones. Mi alianza será una alianza eterna, y así yo seré tu Dios y el de tus descendientes. Yo te daré en posesión perpetua, a ti y a tus descendientes, toda la tierra de Canaán, esa tierra donde ahora resides como extranjero, y yo seré su Dios.»

Después, Dios dijo a Abraham: «Tú, por tu parte, serás fiel a mi alianza; tú, y también tus descendientes, a lo largo de las generaciones.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 104, 4-5. 6-7. 8-9 (R.: 8a)

 

R.    El Señor se acuerda eternamente de su alianza.

 

¡Recurran al Señor y a su poder,

busquen constantemente su rostro;

recuerden las maravillas que él obró,

sus portentos y los juicios de su boca! R.

 

Descendientes de Abraham, su servidor,

hijos de Jacob, su elegido:

el Señor es nuestro Dios,

en toda la tierra rigen sus decretos. R.

 

El se acuerda eternamente de su alianza,

de la palabra que dio por mil generaciones,

del pacto que selló con Abraham,

del juramento que hizo a Isaac. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    8, 51-59

 

Jesús dijo a los judíos:

«Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás.»

Los judíos le dijeron: «Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado. Abraham murió, los profetas también, y tú dices: “El que es fiel a mi palabra, no morirá jamás.” ¿Acaso eres más grande que nuestro padre Abraham, el cual murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser tú?»

Jesús respondió: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. Es mi Padre el que me glorifica, el mismo al que ustedes llaman “nuestro Dios”, y al que, sin embargo, no conocen. Yo lo conozco y si dijera: “No lo conozco”, sería, como ustedes, un mentiroso. Pero yo lo conozco y soy fiel a su palabra.

Abraham, el padre de ustedes, se estremeció de gozo, esperando ver mi Día: lo vio y se llenó de alegría.»

Los judíos le dijeron: «Todavía no tienes cincuenta años ¿y has visto a Abraham?»

Jesús respondió: «Les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy.»

Entonces tomaron piedras para apedrearlo, pero Jesús se escondió y salió del Templo.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • El Libro de Génesis nos presenta la alianza que Dios establece con Abraham. Una alianza perpetua. Los verdaderos descendientes de Abraham son aquellos que por la fe confían en las promesas de Dios. El cambio de nombre de Abraham, indica un cambio de misión: será el padre de una muchedumbre de pueblos, y su fe será referencia constante para sus hijos.
  • A ese hombre que estaba deseando un hijo, desde tanto tiempo, Dios le anuncia una fecundidad sobrehumana. La verdadera «fecundidad» de Abraham no es su descendencia biológica, que le vino por el nacimiento de Isaac, sino su fecundidad espiritual; porque puso su fe en Dios y se lanzó a la aventura espiritual más grande, abandonar su país, sus seguridades humanas renunciando a apoyarse en sus propias fuerzas, para apoyarse únicamente en Dios. Renunció a sus aparentes certezas naturales, para confiarse a la Palabra y a la Promesa de Otro, a esperarlo todo de Otro.

***

  • En el evangelio de hoy, Jesús se vincula a la gran historia que comienza en Abraham que exultó y se alegró esperando ver su día. Uno de los títulos más preciados del Israel del tiempo de Jesús, era el de ser “hijos de Abraham”, el padre de la fe, el patriarca trasmisor de la vida y del derecho a la tierra. Toda la fe del pueblo se apoyaba en la fe de este hombre que creyó contra toda esperanza.
  • Jesús, al tema de su identidad,  hoy añade el de la vida y la muerte en relación a la aceptación de la Palabra: en verdad el que guarda su palabra no probará la muerte jamás. Jesús ofrece la vida eterna a quienes escuchan y ponen en práctica su Palabra.
  • Los judíos, entienden las palabras de Jesús en forma literal y lo tildan de loco porque pretende ser más que Abraham y los profetas. Un hombre que asegura poder dar vida eterna con su palabra, no puede ser una persona “normal”, porque esa facultad le compete sólo a Dios. A la pregunta sobre su pretensión, Jesús vuelve a responder presentándose en relación al Padre, a quien Él conoce y por quien es enviado a anunciar la palabra. Para San Juan, mantenerse fiel a la Palabra de Jesús, da la Vida, tal como Jesús recibe la plenitud de la vida gloriosa del Padre, porque se mantiene obediente y guarda su Palabra.
  • No es Jesús el que da valor a su pretensión de dar la vida eterna, sino Dios mismo que glorificará a Jesús porque es fiel a su misión de revelador.
  • En el camino hacia la Pascua también nosotros sentimos la llamada a la vida. La Pascua es una invitación a entrar en sintonía sacramental y profunda con el Cristo que atraviesa la muerte hacia la vida. Así entramos en la nueva alianza del verdadero Abraham y nos hacemos con Él herederos de la vida.
  • Ser hijo de Abraham no se puede entender de una manera biológica, carnal, cuantitativa, sino de un modo simbólico o espiritual. Significa tener las cualidades espirituales de Abraham y su ideal de un pueblo amante de la justicia y de la libertad. La vida del discípulo es la de aquel que tiene que guardar “la Palabra” y entrar en el peregrinaje de vivirla cada día, haciéndola realidad en el trato con los demás, en el proyecto de vida, realizando el mandato de Jesús de amar a los hermanos con un amor como el suyo, capaz de llegar hasta la muerte y trascender la muerte.
  • Tener la vida eterna es saber que nuestro destino se realiza plenamente en la vida junto a Dios. En Él llegan a la perfección nuestros anhelos, afectos, ilusiones, sueños y luchas más queridas. En Él se superan todos nuestros males y todos nuestros límites. Desde Abraham hasta nosotros, todos los seres humanos nos gozamos en el día de Cristo, porque es el día de nuestra salvación que celebramos y hacemos nuestra en cada Pascua.
  • Si nuestra fe en Cristo es profunda, sino sólo sabemos cosas de Él, sino sólo «creemos en Él», sino que «le creemos a Él» y lo aceptamos como razón de ser de nuestra vida; si somos fieles como Abraham, si somos capaces de salir de nosotros para estar  en comunión con Cristo, tendremos vida y vida eterna. Quien guarda la palabra de Jesús con fe y la convierte en algo determinante para su vida, no verá la muerte jamás.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿De veras he apostado todo a Dios?
  • ¿Confío realmente, en su Palabra?
  • ¿Nos fiamos de nosotros mismos o de la Palabra del Señor?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

 

Yo me alegraré con el Señor

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…Permanece con él no sólo con el corazón, sino también con los oídos y los ojos, que van donde les lleva el corazón. El amor desea conocer y ver. Nosotros no hemos escuchado ni visto al Señor Jesús, Verbo hecho carne. Pero sabemos que su carne se ha hecho Palabra para hacerse carne en nosotros, que le escuchamos y contemplamos. Y es que el hombre se convierte en la palabra que escucha y se transfigura en el que tiene delante. La palabra que nos cuenta la historia de Jesús es para nosotros su carne, norma de fe y criterio supremo de discernimiento espiritual. De lo contrario, nos inventamos un Dios a la medida de nuestras fantasías religiosas (cf. Ef. 4,20; 1 Jn 4,2) y creemos no en él, sino en las ideas que nos hacemos de él.

No tenemos ninguna imagen de Dios y no debemos hacernos ninguna. Lo conocemos a través de su revelación a Israel y en el acontecimiento de Jesús, en el que habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad (Col 2,9).

Por consiguiente, lee siempre la Escritura para conocer la Palabra de la cual eres siervo para tu salvación y en favor de los hermanos. Es tu profesión específica de apóstol (Lc 1,2; Hch 6,4). Léela siempre con admiración y acción de gracias. La Palabra será luz para tus ojos, miel en la boca y gozo para tu corazón (Sal 19,9.1 1; 119,103.11 1). Lee y admira; conviértete y goza; discierne y elige, luego actúa.

Debes saber que donde no te admiras, no comprendes; donde no te conviertes, no gozas; donde no gozas, no disciernes; donde no disciernes, no eliges; donde no eliges, actúas inevitablemente según el pensamiento humano y no según el de Dios (Mc 8,33). Que la Palabra sea el centro de tu vida. Es Jesús, el Hijo, al que amas y deseas conocer cada vez más para amarlo siempre mejor y en verdad…

 

S. Fausti, Carta a Sita. Cuál es el futuro del cristianismo, Casale Monf. 1991, 23s.

 

 

PARA REZAR

 

Jesucristo, el mismo ayer, hoy y siempre,

Señor de la historia,

viajero que acompaña nuestro caminar.

Danos la esperanza que no defrauda,

que en medio de las dificultades

y tristezas de la vida, no bajemos los brazos,

sino que los alcemos hacia Vos.

En tu palabra queremos echar las redes

y echar nuestra vida,

en tu nombre mantenernos firmes en el dolor

y seguros en la contrariedad.

Por tu amor,

amar hasta dar la vida,

Amar aunque duela.

 

Viernes V

 

Crean por las obras

 

Lectura del libro del profeta Jeremías    20, 10-13

 

Oía los rumores de la gente: « ¡Terror por todas partes! ¡Denúncienlo! ¡Sí lo denunciaremos!» Hasta mis amigos más íntimos acechaban mi caída: «Tal vez se lo pueda seducir; prevaleceremos sobre él y nos tomaremos nuestra venganza.»

Pero el Señor está conmigo como un guerrero temible: por eso mis perseguidores tropezarán y no podrán prevalecer; se avergonzarán de su fracaso, será una confusión eterna, inolvidable.

Señor de los ejércitos, que examinas al justo, que ves las entrañas y el corazón, ¡que yo vea tu venganza sobre ellos!, porque a ti he encomendado mi causa.

¡Canten al Señor, alaben al Señor, porque él libró la vida del indigente del poder de los malhechores!

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 17, 2-3a. 3bc-4. 5-6. 7

 

R.    En mi angustia invoqué al Señor y Él me escuchó.

 

Yo te amo, Señor, mi fuerza,

Señor, mi Roca, mi fortaleza y mi libertador. R.

 

Eres mi Dios, el peñasco en que me refugio,

mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte.

Invoqué al Señor, que es digno de alabanza

y quedé a salvo de mis enemigos. R.

 

Las olas de la Muerte me envolvieron,

me aterraron los torrentes devastadores,

me cercaron los lazos del Abismo,

las redes de la Muerte llegaron hasta mí. R.

 

Pero en mi angustia invoqué al Señor,

grité a mi Dios pidiendo auxilio,

y él escuchó mi voz desde su Templo,

mi grito llegó hasta sus oídos. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    10, 31-42

 

Los judíos tomaron piedras para apedrearlo.

Entonces Jesús dijo: «Les hice ver muchas obras buenas que vienen del Padre; ¿por cuál de ellas me quieren apedrear?»

Los judíos le respondieron: «No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino porque blasfemas, ya que, siendo hombre, te haces Dios.»

Jesús les respondió: « ¿No está escrito en la Ley: Yo dije: Ustedes son dioses? Si la Ley llama dioses a los que Dios dirigió su Palabra -y la Escritura no puede ser anulada- ¿Cómo dicen: “Tú blasfemas”, a quien el Padre santificó y envió al mundo, porque dijo: “Yo soy Hijo de Dios”?

Si no hago las obras de mi Padre, no me crean; pero si las hago, crean en las obras, aunque no me crean a mí. Así reconocerán y sabrán que el Padre está en mí y yo en el Padre.»

Ellos intentaron nuevamente detenerlo, pero él se les escapó de las manos. Jesús volvió a ir al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado, y se quedó allí. Muchos fueron a verlo, y la gente decía: «Juan no ha hecho ningún signo, pero todo lo que dijo de este hombre era verdad.» Y en ese lugar muchos creyeron en él.

 

Palabra del Señor.

 

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Jeremías cuando fue llamado por Dios a su vocación de profeta era un muchacho y le tocó anunciar desgracias y catástrofes, si los hombres no se convertían. El suyo fue un mensaje mal recibido por todos, por el pueblo, por sus familiares, por las autoridades. Tramaron su muerte, y él era muy consciente de ello. Pero a pesar del drama personal que vive, triunfa en él la oración confiada en Dios.
  • Jeremías es como una figura, un anticipo, un bosquejo de lo que será Jesús en los meses más duros de su vida: vigilado, perseguido, apedreado, caminando hacia la muerte salvífica.

***

  • Con ocasión de la fiesta de la dedicación del Templo, que conmemoraba la victoria de Judas Macabeo con la que el pueblo fue liberado y el templo nuevamente consagrado, Jesús se paseaba por el templo, bajo el pórtico de Salomón y los judíos lo rodearon increpándolo para que les dijera si era verdaderamente el Mesías.
  • Jesús les responde, invitándolos a que vean las obras que hace en nombre del Padre: ellas dan testimonio de su identidad. Jesús dice que su actuación y obra en el mundo se fundamentan en su unión con Dios.
  • La calidad del hombre se prueba por la de sus obras; Él demuestra ser enviado e Hijo de Dios con las obras que realiza. Los que lo persiguen no pueden representar a Dios. Presentan y se glorían de tener credenciales jurídicas, mientras que las únicas que atestiguan una misión divina no son siquiera las palabras, sino las obras. De ellas se debe deducir la unidad entre Jesús y el Padre; ambos tienen el mismo objetivo, dar vida al hombre.
  • Los judíos deberían dejarse convencer por las obras de Jesús. Pero sus cabezas están llenas de prejuicios y por eso rechazan a Dios en Jesús irritándose tanto que toman piedras para tirárselas. La lapidación era el castigo por gravísimos pecados, entre otros el de blasfemia.
  • Los que rechazan a Jesús y buscan matarlo, no lo hacen por sus buenas obras, sino a causa de su pretensión de hacerse a sí mismo Dios, cuando no es más que un simple hombre. Entienden esa afirmación de Jesús como una blasfemia.
  • Nuestra fe cristiana descansa, se apoya, en el testimonio de Cristo, Él es el revelador de Dios. La fe cristiana se transmite, no por evidencia, sino por testimonio. Cristo es testigo del Padre; los apóstoles son testigos de Cristo y muestra fe descansa en su testimonio.
  • Nuestras obras deben dar testimonio, de nuestra opción de vida cristiana, al igual que Jesús, nosotros realizamos las obras que Él mismo realizó a fin de llevar a cabo el proyecto del Padre para nuestro mundo. No se trata de hablar, sino de mostrar con nuestra propia vida que pertenecemos a Cristo, que su camino es nuestro camino, que sus proyectos son los nuestros, en fin que ya no somos nosotros lo que vivimos sino que es Cristo quien vive en nosotros.
  • Como el discípulo no es más que su Maestro, tenemos el difícil desafío de afrontar la adversidad y la persecución como oportunidad para dar testimonio fehaciente de fidelidad a Jesús.  La fe no es un blindaje que nos impide sentir la oposición, la burla, el dolor o la incomprensión. Tampoco es la anestesia que nos distrae mientras el mundo sigue rodando con violencia o crueldad.
  • La fe es una luz sobrenatural que nos permite reconocer la fuerza de un amor que se ha entregado entero por nosotros, y que nos mueve más allá de nosotros mismos, a continuar “haciendo las obras buenas que hablan de Dios que ama al hombre y quiere su felicidad”. En este camino el Señor está con nosotros. Este modo de vida nos hace partícipes de su Pasión y resurrección. En comunión con Él, estamos haciendo con nuestro andar por la vida, historia de Salvación.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Nuestras obras hablan de nuestra opción de fe?
  • ¿Nuestros proyectos son los de Cristo?
  • ¿Los defendemos y realizamos con todo el corazón?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

 

Yo te amo, Señor, mi fortaleza..

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…Soportar los ultrajes, ser objeto de burla a causa de la fe, es una señal de los creyentes, a lo largo del tiempo. Hace mal al cuerpo y al alma cuando no pasa un día sin que el nombre de Dios sea expuesto a la duda o la blasfemia.

¿Dónde está tu Dios? Yo lo confieso ante el mundo y ante todos sus enemigos cuando desde el abismo de mi miseria creo en su bondad, cuando desde la culpa creo en su perdón, desde la muerte en la vida, desde la derrota en su victoria, desde el abandono en su presencia llena de gracia. Quien ha encontrado a Dios en la cruz de Jesucristo sabe cómo Dios se esconde de modo sorprendente en este mundo, sabe cómo está presente al máximo precisamente donde pensábamos que estaba sumamente lejano. Quien ha encontrado a Dios en la cruz perdona también a todos sus enemigos, porque Dios le ha perdonado.

Oh Dios, no me abandones cuando tenga que padecer ultrajes; perdona a todos los ateos, porque me has perdonado a mí, y lleva a todos a ti, por la cruz de tu hijo amado. ¡Abandona cualquier preocupación y espera! Dios sabe el momento de ayudarte y llegará sin duda, pues es Dios verdadero. El será la salvación de tu rostro, pues te conoce y te ha amado aún antes de crearte. No dejará que caigas. Estás en sus manos. Sólo podrás dar gracias por todo lo sucedido, porque habrás aprendido que Dios omnipotente es tu Dios. Tu salvación se llama Jesucristo.

Trinidad de Dios, te doy gracias por haberme elegido y amado. Te doy gracias por los caminos por los que me guías. Te doy gracias porque tú eres mi Dios. Amén…

 

D. Bonhoeffer, Memoria y fidelidad, Magnano 1995, 40s.

 

 

PARA REZAR

 

Para estar en el camino del Señor

 

¿Quién será recibido en la casa de Dios?

¿Quién vivirá con él?

El que trata de practicar la justicia

y es auténtico en la búsqueda de la verdad,

el que no habla mal de los otros,

no hace mal a sus hermanos

ni trata de sacar ventaja de nadie,

ni insulta al prójimo.

A sus ojos

el mal intencionado no merece la admiración,

pero él respeta a los que aman a Dios.

Si ha jurado

no retrocede aunque salga perjudicado,

ni tampoco acepta la injusticia

para no perjudicar a los inocentes.

El que así proceda encuentra al Señor.

 

Sábado V

 

Si lo dejamos seguir así, todos creerán en Él

 

Lectura de la profecía de Ezequiel    37, 21-28

 

Así habla el Señor:

Yo voy a tomar a los israelitas de entre las naciones adonde habían ido; los reuniré de todas partes y los llevaré a su propio suelo. Haré de ellos una sola nación en la tierra, en las montañas de Israel, y todos tendrán un solo rey: ya no formarán dos naciones ni estarán más divididos en dos reinos.

Ya no volverán a contaminarse con sus ídolos, con sus abominaciones y con todas sus rebeldías. Los salvaré de sus pecados de apostasía y los purificaré: ellos serán mi Pueblo y yo seré su Dios.

Mi servidor David reinará sobre ellos y todos ellos tendrán un solo pastor. Observarán mis leyes, cumplirán mis preceptos y los pondrán en práctica. Habitarán en la tierra que di a mi servidor Jacob, donde habitaron sus padres. Allí habitarán para siempre, ellos, sus hijos y sus nietos; y mi servidor David será su príncipe eternamente.

Estableceré para ellos una alianza de paz, que será para ellos una alianza eterna. Los instalaré, los multiplicaré y pondré mi Santuario en medio de ellos para siempre. Mi morada estará junto a ellos: yo seré su Dios y ellos serán mi Pueblo. Y cuando mi Santuario esté en medio de ellos para siempre, las naciones sabrán que yo soy el Señor, el que santifico a Israel.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Jer 31, 10. 11-12ab. 13 (R.: cf. 10d)

 

R.    El Señor nos cuidará como un pastor a su rebaño.

 

¡Escuchen, naciones, la palabra del Señor,

anúncienla en las costas más lejanas!

Digan: «El que dispersó a Israel lo reunirá,

y lo cuidará como un pastor a su rebaño.» R.

 

Porque el Señor ha rescatado a Jacob,

lo redimió de una mano más fuerte que él.

Llegarán gritando de alegría a la altura de Sión,

afluirán hacia los bienes del Señor. R.

 

Entonces la joven danzará alegremente,

los jóvenes y los viejos se regocijarán;

yo cambiaré su duelo en alegría,

los alegraré y los consolaré de su aflicción. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    11, 45-57

 

Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él. Pero otros fueron a ver a los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho.

Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron un Consejo y dijeron: « ¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchos signos. Si lo dejamos seguir así, todos creerán en él, y los romanos vendrán y destruirán nuestro Lugar santo y nuestra nación.»

Uno de ellos, llamado Caifás, que era Sumo Sacerdote ese año, les dijo: «Ustedes no comprenden nada. ¿No les parece preferible que un solo hombre muera por el pueblo y no que perezca la nación entera?»

No dijo eso por sí mismo, sino que profetizó como Sumo Sacerdote que Jesús iba a morir por la nación, y no solamente por la nación, sino también para congregar en la unidad a los hijos de Dios que estaban dispersos.

A partir de ese día, resolvieron que debían matar a Jesús. Por eso él no se mostraba más en público entre los judíos, sino que fue a una región próxima al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y allí permaneció con sus discípulos.

Como se acercaba la Pascua de los judíos, mucha gente de la región había subido a Jerusalén para purificarse. Buscaban a Jesús y se decían unos a otros en el Templo: « ¿Qué les parece, vendrá a la fiesta o no?» Los sumos sacerdotes y los fariseos habían dado orden de que si alguno conocía el lugar donde él se encontraba, lo hiciera saber para detenerlo.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • La división del pueblo elegido en los reinos de Israel y Judá a la muerte de Salomón, acarrea secuelas de enemistades y de odios entre los dos pueblos hermanos. La restauración no se podrá conseguir sin la reunificación del país.
  • La simbología de lectura nos lleva a las promesas mesiánicas. Ezequiel toma dos varas, una que lleva el nombre de Judá y la otra, el de José.
  • En la mano de Ezequiel están las dos unidas, de forma que parecen una sola vara: se significa así la unidad de los dos reinos.
  • Pero los dos reinos están ahora en el exilio, por eso, como primer paso, es preciso que todos los desterrados vuelvan a la patria común, gobernada por un solo rey davídico, dado que la unidad de las doce tribus en un solo pueblo fue obra de David.
  • Reunidos ambos reinos comenzará la alianza nueva, “Yahvé será su Dios y ellos serán su pueblo”. La alianza definitiva y eterna que se hará realidad en la persona de Cristo. Esta es la meta del camino de la renovación y de la restauración.

***

  • Las autoridades judías creen que es conveniente poner un freno a Jesús, para evitar que la gente lo siga y se desestabilice el poder, llegando el sumo sacerdote, a afirmar que Jesús tiene que morir por todos.
  • El proyecto de Dios no se detiene. Dios actúa utilizando los instrumentos a veces imperfectos, débiles y poco atractivos.
  • Lejos de toda soberbia y vanagloria, así queda demostrado que la luz y la gracia proceden de Dios y no tanto de las capacidades de los hombres.
  • La sabiduría de Dios es desconcertante y tiene mil caminos para manifestarse. El bien que Dios quiere hacer trasciende las intenciones de los instrumentos que utiliza.
  • En lo ruin de unas decisiones interesadas, en la bajeza de una traición, en el dolor afrentoso de una cruz, manifestó la salvación. Porque donde abundó el pecado abundó la gracia.

     

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Ato el proyecto de Dios a las manos de los hombres?
  • ¿Limito a Dios a mis palabras y a mis acciones?
  • ¿Puedo mirar más allá de los límites humanos y descubrir el proyecto de Dios?
  • ¿Acepto que Dios puede usar de mi imperfección para realizar su obra en el mundo?

     

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

 

Él ha hecho de dos pueblos uno solo

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…Morimos solos. Mientras la vida, desde el seno materno, siempre es comunión, tanto que un yo humano aislado no puede ni nacer, ni subsistir, ni siquiera ser imaginado, la muerte deja en suspenso la ley de la comunión. Los hombres pueden acompañar hasta el extremo del umbral al moribundo, que puede sentirse acompañado, sobre todo, por la comunidad de los creyentes que le acompañan en la fe en Cristo; sin embargo, franqueará la estrecha puerta solo y aislado. La soledad explica lo que es actualmente la muerte: consecuencia del pecado (Rom. 5,12); es inútil tratar de buscar otra razón.

Cristo ha asumido por los pecadores la muerte en su radicalidad extrema, con intensidad dramática. Y tanto es así que no sólo fue manifiestamente abandonado por los hombres, no sólo fue rechazado por pocos partidarios suyos, sino que puso explícitamente en manos del Padre el vínculo de unión que le unía’ a él, el Espíritu Santo, para experimentar hasta sus últimas consecuencias el total abandono incluso por parte del Padre. Toda la riqueza del amor debe resumirse y simplificarse en este punto de unión, para que, manando de ahí, se pueda tener una fuente y una reserva eterna.

Por eso, no existe en la tierra una comunión en la fe que no se derive de la extrema soledad de la muerte en la cruz. El bautismo, que sumerge al cristiano en el agua, lo separa, en la fuente imagen de la amenaza de muerte de toda comunicación, para llevarlo a la verdadera fuente, origen de dicha comunicación. La misma fe, en su origen, está necesariamente de cara al abandono que el mundo y Dios han hecho al crucificado […J. El mismo amor cristiano al prójimo es el resultado del sacrificio del hombre, así como Dios Padre se sirve para la redención de la humanidad del sacrificio del Hijo abandonado…

 

H. U. von Balthasar, Cordura owerosia II caso serio, Brescia 1974, ce., passim.

 

 

PARA REZAR

 

Salmo de alegría y esperanza

 

Con un corazón limpio y

sincero queremos darte gracias

Tu Palabra es sincera y llena el corazón de alegría;

tus obras son grandiosas

y están iluminadas de verdad;

tú amas, Dios nuestro, la justicia toda la tierra está rociada

con la lluvia de tu bondad.

 

Dios, nos sentimos pequeños,

como granitos de arena, ante ti;

Tú tienes palabras de vida que no pasan;

palabras que se hacen acción;

solamente tú, Señor, tienes poder

para hacer lo que dices.

TIEMPO DE CUARESMA – SEMANA IV – CICLO A

TIEMPO DE CUARESMA

DOMINGO IV – CICLO A

 

 

Lunes IV

 

 

Martes IV

 

 

Miércoles IV

25 de Marzo

LA ANUNCIACION DEL SEÑOR (S)

 

 

Jueves IV

 

 

Viernes IV

 

 

Sábado IV

 

TIEMPO DE CUARESMA

DOMINGO IV – CICLO A

 

He venido a este mundo para que vean los que no ven

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del primer libro de Samuel    16, 1b. 6-7. 10-13a

 

El Señor dijo a Samuel: « ¡Llena tu frasco de aceite y parte! Yo te envío a Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos al que quiero como rey.»

Cuando ellos se presentaron, Samuel vio a Eliab y pensó: «Seguro que el Señor tiene ante él a su ungido.»

Pero el Señor dijo a Samuel: «No te fijes en su aspecto ni en lo elevado de su estatura, porque yo lo he descartado. Dios no mira como mira el hombre; porque el hombre ve las apariencias, pero Dios ve el corazón.»

Así Jesé hizo pasar ante Samuel a siete de sus hijos, pero Samuel dijo a Jesé: «El Señor no ha elegido a ninguno de estos.»

Entonces Samuel preguntó a Jesé: « ¿Están aquí todos los muchachos?»

El respondió: «Queda todavía el más joven, que ahora está apacentando el rebaño.»

Samuel dijo a Jesé: «Manda a buscarlos, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que llegue aquí.»

Jesé lo hizo venir: era de tez clara, de hermosos ojos y buena presencia. Entonces el Señor dijo a Samuel: «Levántate y úngelo, porque es este.»

Samuel tomó el frasco de óleo y lo ungió en presencia de sus hermanos. Y desde aquel día, el espíritu del Señor descendió sobre David.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6 (R.: 1)

 

R.    El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.

 

El Señor es mi pastor,

nada me puede faltar.

El me hace descansar en verdes praderas,

me conduce a las aguas tranquilas

y repara mis fuerzas. R.

 

Me guía por el recto sendero,

por amor de su Nombre.

Aunque cruce por oscuras quebradas,

no temeré ningún mal,

porque tú estás conmigo:

tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.

 

Tú preparas ante mí una mesa,

frente a mis enemigos;

unges con óleo mi cabeza

y mi copa rebosa. R.

 

Tu bondad y tu gracia me acompañan

a lo largo de mi vida;

y habitaré en la Casa del Señor,

por muy largo tiempo. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Efeso     5, 8-14

 

Hermanos:

Antes, ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor. Vivan como hijos de la luz. Ahora bien, el fruto de la luz es la bondad, la justicia y la verdad. Sepan discernir lo que agrada al Señor, y no participen de las obras estériles de las tinieblas; al contrario, pónganlas en evidencia. Es verdad que resulta vergonzoso aun mencionar las cosas que esa gente hace ocultamente. Pero cuando se las pone de manifiesto, aparecen iluminadas por la luz, porque todo lo que se pone de manifiesto es luz.

Por eso se dice: Despiértate, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo te iluminará.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    9, 1-41

 

Jesús, al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién ha pecado, él o sus padres, para que haya nacido ciego?»

«Ni él ni sus padres han pecado, respondió Jesús; nació así para que se manifiesten en él las obras de Dios. Debemos trabajar en las obras de aquel que me envió, mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.»

Después que dijo esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé», que significa «Enviado.»

El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía. Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: « ¿No es este el que se sentaba a pedir limosna?»

Unos opinaban: «Es el mismo.» «No, respondían otros, es uno que se le parece.»

El decía: «Soy realmente yo.»

Ellos le dijeron: « ¿Cómo se te han abierto los ojos?»

El respondió: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, lo puso sobre mis ojos y me dijo: “Ve a lavarte a Siloé”. Yo fui, me lavé y vi.»

Ellos le preguntaron: « ¿Dónde está?»

El respondió: «No lo sé.»

El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos. Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver.

El les respondió: «Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo.»

Algunos fariseos decían: «Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado.»

Otros replicaban: « ¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?»     Y se produjo una división entre ellos. Entonces dijeron nuevamente al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?» El hombre respondió: «Es un profeta.»

Sin embargo, los judíos no querían creer que ese hombre había sido ciego y que había llegado a ver, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: « ¿Es este el hijo de ustedes, el que dicen que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?»

Sus padres respondieron: «Sabemos que es nuestro hijo y que nació ciego, pero cómo es que ahora ve y quién le abrió los ojos, no lo sabemos. Pregúntenle a él: tiene edad para responder por su cuenta.»

Sus padres dijeron esto por temor a los judíos, que ya se habían puesto de acuerdo para excluir de la sinagoga al que reconociera a Jesús como Mesías. Por esta razón dijeron: «Tiene bastante edad, pregúntenle a él.»

Los judíos llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: «Glorifica a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.»

«Yo no sé si es un pecador, respondió; lo que sé es que antes yo era ciego y ahora veo.»

Ellos le preguntaron: « ¿Qué te ha hecho? ¿Cómo te abrió los ojos?»

El les respondió: «Ya se lo dije y ustedes no me han escuchado. ¿Por qué quieren oírlo de nuevo? ¿También ustedes quieren hacerse discípulos suyos?»

Ellos lo injuriaron y le dijeron: « ¡Tú serás discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés! Sabemos que Dios habló a Moisés, pero no sabemos de donde es este.»

El hombre les respondió: «Esto es lo asombroso: que ustedes no sepan de dónde es, a pesar de que me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero sí al que lo honra y cumple su voluntad. Nunca se oyó decir que alguien haya abierto los ojos a un ciego de nacimiento. Si este hombre no viniera de Dios, no podría hacer nada.»

Ellos le respondieron: «Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?» Y lo echaron.

Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: « ¿Crees en el Hijo del hombre?»

El respondió: « ¿Quién es, Señor, para que crea en él?»

Jesús le dijo: «Tú lo has visto: es el que te está hablando.»

Entonces él exclamó: «Creo, Señor», y se postró ante él.

Después Jesús agregó: «He venido a este mundo para un juicio: Para que vean los que no ven y queden ciegos los que ven.»

Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: « ¿Acaso también nosotros somos ciegos?»    

Jesús les respondió: «Si ustedes fueran ciegos, no tendrían pecado, pero como dicen: “Vemos”, su pecado permanece.»

 

Palabra del Señor

 

    O bien más breve:

 

Lectura del santo Evangelio según san Juan    9, 1. 6-9. 13-17. 34-38

 

Jesús, al pasar, vio a un hombre ciego de nacimiento. Escupió en la tierra, hizo barro con la saliva y lo puso sobre los ojos del ciego, diciéndole: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé», que significa «Enviado.»

El ciego fue, se lavó y, al regresar, ya veía. Los vecinos y los que antes lo habían visto mendigar, se preguntaban: « ¿No es este el que se sentaba a pedir limosna?»

Unos opinaban: «Es el mismo.» «No, respondían otros, es uno que se le parece.»

El decía: «Soy realmente yo.»

El que había sido ciego fue llevado ante los fariseos. Era sábado cuando Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos, a su vez, le preguntaron cómo había llegado a ver.

El les respondió: «Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo.»

Algunos fariseos decían: «Ese hombre no viene de Dios, porque no observa el sábado.»

Otros replicaban: « ¿Cómo un pecador puede hacer semejantes signos?»     Y se produjo una división entre ellos. Entonces dijeron nuevamente al ciego: «Y tú, ¿qué dices del que te abrió los ojos?» El hombre respondió: «Es un profeta.»

Ellos le respondieron: «Tú naciste lleno de pecado, y ¿quieres darnos lecciones?» Y lo echaron.

Jesús se enteró de que lo habían echado y, al encontrarlo, le preguntó: « ¿Crees en el Hijo del hombre?»

El respondió: « ¿Quién es, Señor, para que crea en él?»

Jesús le dijo: «Tú lo has visto: es el que te está hablando.»

Entonces él exclamó: «Creo, Señor», y se postró ante él.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • La elección de David es como una confirmación de que el más pequeño, aquel en el que nadie ha pensado, se convierte inesperadamente en el elegido de Dios que supera a todos sus hermanos mayores. La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, porque el hombre mira las apariencias, pero el Señor mira al corazón.
  • La segunda lectura nos llama a comportarnos como «hijos de la luz». Todos nosotros en otro tiempo éramos tinieblas, y ahora somos luz en el Señor; es decir: hemos sido introducidos por Él, que es la luz del mundo, en su luz. La luz de Jesús no sólo ilumina, sino que transforma todo lo que ilumina, en luz que brilla y actúa junto con la suya.
  • En el evangelio de Juan, los milagros son siempre hechos luminosos que tienen un significado. Los milagros de Jesús son como palabras visibles. En este caso, Juan desarrolla dramáticamente, a lo largo de todo el capítulo noveno de su evangelio, lo que ya ha proclamado en su prólogo con precisión: que la luz vino al mundo y las tinieblas no la recibieron. Jesús aparece aquí como Luz del mundo, todos los que no quieren ver la luz del mundo son tinieblas. Entre la luz y las tinieblas no hay reconciliación posible.
  • El texto de Juan se mueve en una paradoja: un hombre ciego de nacimiento llega a ver la realidad tal cual es, y los que están seguros de tener buena vista en realidad están ciegos.
  • Según las concepciones de la época, una enfermedad o un mal crónico sólo podían ser resultado directo del pecado. No sólo del pecado de los orígenes sino también del pecado personal. El ciego era también mendigo; no podía vivir por sus propios medios; su dependencia de los demás era total.
  • Jesús pasa junto a un ciego de nacimiento y se detiene ante él, le unta los ojos con barro. La iniciativa de la salvación parte de Jesús. No es el ciego el que pide la luz. Es la luz la que se ofrece al ciego. La luz que se acerca a las tinieblas.
  • Jesús hace una promesa y lo envía a lavarse en la piscina de Siloé que significa Enviado”. Jesús, el Enviado del Padre, lo envía a sí mismo. Es Jesús el modelo de hombre que debe imitar y que irá descubriendo progresivamente. El ciego, a quien todos consideraban incapaz de hacer algo por sí mismo, siguió las instrucciones de Jesús “y volvió con vista”. Ha creído que era posible lo que parecía imposible. Ha logrado la capacidad de comenzar a ver verdaderamente.
  • Todo es nuevo para él; el encuentro de Jesús lo ha transformado en un hombre distinto, como si hubiera vuelto a nacer. Pero lo que sabe el ciego de Jesús es todavía muy poco. Cuando le pregunten los paisanos cómo es que ahora ve, responderá: “Ese hombre que se llama Jesús”. Después ante los fariseos dirá que Jesús es un “profeta”. Y al comparecer de nuevo ante el tribunal de los judíos: se convierte en confesor de la verdad, en testigo de la “luz”. En el encuentro cara a cara con Jesús afirmará: “Creo, Señor”. Su vista se fue clarificando en la lucha.

***

  • Jesús, Luz del mundo, es la salvación que Dios ofrece al hombre. Es como una nueva mirada, la posibilidad de tener sobre las cosas, la visión que tiene el mismo Dios que escruta la profundidad de todas las cosas, las conoce tal cual son, por eso puede descubrirnos el sentido que tienen. La visión fundamental que Dios nos ofrece, somos nosotros mismos desde su mirada. Por eso nos ayuda a entrar en lo más hondo de nuestro ser y a descubrir toda la riqueza y sentido de la vida.
  • La mirada de Dios ha aparecido en el mundo en Jesús de Nazaret, que es como una palabra que sorprendentemente describe al hombre, al mundo y a Dios mismo. Esa mirada es luz, que nos cura de la ceguera; nos libera de todas las visiones deformadas.
  • Es una luz que va directamente a nuestra retina para bañar con su resplandor purificador las intensas tinieblas que nos oscurecen.
  • El hombre que quiera liberarse de la ceguera interior tiene que dejarse inundar por el resplandor de la Luz que nos sale al encuentro gratuitamente. El hombre, para llegar a la curación, ha de aceptar que la visión que vamos a recuperar es más honda que la mera visión física; es un mirar interior capaz de iluminar todo nuestro ser.
  • Además de aceptar la prueba a esta contradicción de empezar a ver cegando, es necesario recorrer todo un camino de purificación, de ir despejando las tinieblas interiores, de “lavar” lo oscuro por el contacto con la Palabra de Jesús.
  • Como a aquel ciego de nacimiento a quien Jesús se le acercó y le cambió la vida, somos discípulos porque hemos encontrado a Jesús; y nuestro encuentro con Él nos ha abierto los ojos y experimentamos que Él, y su estilo de vida nos llenan y nos atraen.
  • No es un milagro aislado de Jesús, sino una lección que da a sus seguidores para enseñarles en qué consiste su actividad y la que habrán de continuar sus discípulos: «Mientras es de día, nosotros debemos trabajar realizando las obras del que nos mandó».

    Esa tarea consiste en ofrecer al hombre, la posibilidad de tomar conciencia de cuál es su auténtica condición y, por tanto, de saber cuáles son sus verdaderas posibilidades. Toda la narración es simbólica, y así hay que interpretar los gestos que en ella se describen.

  • Jesús nos invita a reencontrar la realidad con unos ojos limpios, con una mirada intensa. Ser cristiano es entrar en una iluminación progresiva, en una amistad cada vez más profunda con Jesús.
  • El ha venido al mundo para que contemplemos la vida y las personas en hondura, para que nos miremos a nosotros mismos en la intimidad, para que encontremos el rostro de Cristo con facilidad, y nos postremos ante Él, para que descubramos a Dios en todas las cosas. Si de verdad nos dejamos iluminar por la luz de Jesús, si caminamos en la luz, seremos luz. Esta es nuestra grandeza y nuestra responsabilidad. Estamos llamados -siguiendo el ejemplo de Jesús- a reflejar en el mundo su luz.
  • Esta luz tiene que manifestarse en el brillo de nuestra vida, de nuestras obras, de nuestras palabras. Y el resplandor más brillante y admirado es el del amor. Los que aman están en la luz.
  • Este tiempo de Cuaresma es para nosotros un tiempo para reafirmar nuestra adhesión a Jesucristo, nuestra unión con Él. Él nos ha abierto los ojos y nosotros nos hemos hecho seguidores suyos. Pero eso tenemos que vivirlo día a día, debemos reafirmarlo cada día. Tenemos que hacer que cada día la presencia de Jesús sea más fuerte en nuestra vida en el gesto sencillo y la palabra eficaz.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Cuáles son mis cegueras?
  • ¿Qué realidades ponen mi vida en tinieblas?
  • ¿Dónde busco la luz?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

 

En ti está la fuente viva, y tu luz nos hace ver la luz

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

ü Para la lectura

Ciegos y sordos, debemos comenzar por escuchar lo que se nos dice, por una escucha paciente; llegar a creer, a ver la luz del día, a esperar. Esperar todo de ti significa vivir de gracia. Estoy convencido de que la Biblia es un libro de esperanza. En cuestión de esperanza, cada mañana Tú eres nuestra esperanza. Aquí estamos juntos, nosotros, que esperamos conocerte un día, verte cara a cara. Y seremos iluminados con tu mirada: con-vivientes.

Tú eres nuestra esperanza: en nuestro corazón se abre un camino, una calzada de felicidad. En este tema, en cuanto puedo entenderlo, descubro una cosa: lo que entrevemos de ti entre todos, elegido, mirado, amado, soy yo. Sí, quiero [...]. Sí, esperar es como reconocer ante ti lo sorprendente que soy. Cuando decía: “Que las tinieblas me encubran” la noche se hizo luz en torno a mí (cf. Sal 138). La humanidad está llamada a convertirse en rostro: “Verán tu rostro… no habrá más noche… porque el Señor Dios Ios alumbrará, y reinarán” (Ap. 22). Cada uno oirá decir: “Álzate, revístete de luz, porque llega tu luz, y la gloria del Señor brilla sobre ti” (Is 60). Sí, nos espera un Futuro de luz, y ya nos es concedido vivirlo: ya somos hijos de la luz (cf. Col 1,23). Yo… y los otros? La esperanza es la puerta que se abre a la novedad y me da un mandamiento nuevo, el mandamiento de la novedad de la que quieres hacernos cómplices, enamorados. Esperar es corrosivo [...]. Sí, este siervo humilde despreciado, desfigurado, verá la luz y será colmado…

 

Fröre Ch. Lebreton, en Más fuerte que el odio. Los escritos del monje trapense de Algeria. Casale Monf. 1997, 137-143.

 

PARA REZAR

 

Aquí estamos, Señor Jesús,

luz de la gloria del Padre,

a tus pies, como ciegos

desorientados en su enfermedad.

Te pedimos que nos mires,

como miraste a tus discípulos,

en la luz del Tabor.

Señor Jesús; ilumínanos

y quedaremos radiantes.

Cúranos, Señor Jesús,

con la Palabra que abre los ojos

y corazones a la luz.

Envíanos, Señor Jesús,

a la piscina de la vida nueva.

Danos Señor Jesús, agua viva de la fuente

de tu corazón traspasado.

Guárdanos, en la prueba de la fe

por la que todos pasamos,

como la pasaste tú, Señor.

Manifiéstate, Señor Jesús,

poniendo sobre nuestros labios

el grito del ciego curado: “¡Creo, Señor!”.

 

Lunes IV

 

Tu hijo vive

 

Lectura del libro del profeta Isaías    65, 17-21

 

Así habla el Señor:

Sí, yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva.

No quedará el recuerdo del pasado ni se lo traerá a la memoria, sino que se regocijarán y se alegrarán para siempre por lo que yo voy a crear: porque voy a crear a Jerusalén para la alegría y a su pueblo para el gozo. Jerusalén será mi alegría, yo estaré gozoso a causa de mi pueblo, y nunca más se escucharán en ella ni llantos ni alaridos.

Ya no habrá allí niños que vivan pocos días ni ancianos que no completen sus años, porque el más joven morirá a los cien años y al que no llegue a esa edad se lo tendrá por maldito. Edificarán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán sus frutos.

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 29, 2 y 4. 5-6. 11-12a y 13b (R.: 2a)

 

R.    Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste.

 

Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste

y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí.

Tú, Señor, me levantaste del Abismo

y me hiciste revivir,

cuando estaba entre los que bajan al sepulcro. R.

 

Canten al Señor, sus fieles;

den gracias a su santo Nombre,

porque su enojo dura un instante,

y su bondad, toda la vida:

si por la noche se derraman lágrimas,

por la mañana renace la alegría. R.

 

«Escucha, Señor, ten piedad de mí;

ven a ayudarme, Señor.»

Tú convertiste mi lamento en júbilo,

¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente! R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    4, 43-54

 

Jesús partió hacia Galilea. El mismo había declarado que un profeta no goza de prestigio en su propio pueblo. Pero cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la Pascua; ellos también, en efecto, habían ido a la fiesta.

Y fue otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía su hijo enfermo en Cafarnaún. Cuando supo que Jesús había llegado de Judea y se encontraba en Galilea, fue a verlo y le suplicó que bajara a curar a su hijo moribundo.

Jesús le dijo: «Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen.»

El funcionario le respondió: «Señor, baja antes que mi hijo se muera.»

«Vuelve a tu casa, tu hijo vive», le dijo Jesús.

El hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. Mientras descendía, le salieron al encuentro sus servidores y le anunciaron que su hijo vivía. El les preguntó a qué hora se había sentido mejor. «Ayer, a la una de la tarde, se le fue la fiebre», le respondieron.

El padre recordó que era la misma hora en que Jesús le había dicho: «Tu hijo vive.» Y entonces creyó él y toda su familia.

Este fue el segundo signo que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • El profeta anuncia como una vuelta al paraíso inicial: Dios está proyectando un cielo nuevo y una tierra nueva. La acción de Dios, a través del Mesías prometido, construirá una sociedad nueva, porque el Espíritu palpitará en todos los hombres y mujeres que escuchen la Palabra de Dios y vivan en armonía con su mensaje.
  • Dios quiere que el hombre y la sociedad vuelvan al estado primero de felicidad, equilibrio y armonía. Esta promesa de Dios sostuvo la esperanza del pueblo, que ha vivido con frecuencia la experiencia del sufrimiento y del dolor. Esto les hacía suspirar por “la tierra prometida”.

***

  • En el evangelio de hoy, Jesús cura a un niño que estaba a punto de morir. Signo mesiánico. Beneficio anunciado por Dios para «el final de los tiempos». Victoria de Dios sobre el mal.
  • Los galileos habían recibido noticia de la actividad de Jesús en Jerusalén y reciben bien a Jesús, porque habían visto personalmente lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta. Pero Jesús es consciente de que «un profeta no es bien recibido en su propia patria».
  • Jesús, había comenzado su vida pública y sus signos visibles en Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Ahora, en el mismo lugar, un oficial real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún, al oír que Jesús venía de Judea a Galilea, salió a su encuentro y le suplicó que fuera a curar a su hijo moribundo. Aunque el primer signo fue espectacular, éste es sin duda más valioso, porque no soluciona con el milagro algo material, sino que se trata de la vida de una persona.
  • La respuesta de Cristo es dura: ” Si no ven signos y prodigios son incapaces de creer”. Pero, ante la insistencia del hombre y a pesar de este reproche inicial por buscar signos y milagros, Jesús, sin bajar a la casa del funcionario le dice que su hijo vive; y él va confiado en su palabra. La enfermedad era el preludio de la muerte, la palabra de Jesús vence la muerte, por eso su hijo no se “salva” sino que “vive”. Más que una curación, este signo es un llamado a ver que Jesús es portador de la vida, una vida que es vida eterna.
  • Los “signos” son medios que alimentan la fe, cuando sabemos descubrir detrás de lo extraordinario, la presencia de Dios. La fe llega al funcionario cuando sabe descubrir en el milagro, un signo que le habla del Reino de Dios.
  • El funcionario pasó de fe menos “comprometida” a una fe más fuerte. Pasa de creer en Jesús a creerle a Jesús. Creerle a Jesús implica aceptar su palabra por ilógica que pudiera parecer. El padre de este muchacho le “creyó a Jesús” y se encontró con su hijo sano. Ante este hecho también creyó toda su casa.
  • La marcha de Jesús hacia la muerte y la resurrección está sembrada de hechos en que comunica a otros la salud, la vida, la alegría.
  • Ser cristiano implica creer en Jesús pero también creerle a Jesús y hacer lo que Él nos pide en el evangelio; tenerlo como verdadero Maestro y Señor de nuestras vidas.
  • Estamos llamados a demostrar con la vida signos de “vida”, que lleven a todos a la fe. Ser como Iglesia una comunidad signo, en el que, los que nos ven, descubran lo que los conduce a creer con toda su familia. Debemos ser signos de Jesús, para conducir a la fe, y para que todos “creyendo, tengan vida”.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Le creo a Jesús?
  • ¿Experimento la vida nueva que me invita a vivir?
  • ¿Qué signos de vida aporto al mundo?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

 

Dios mío, ven en mi auxilio; Señor, date prisa en socorrerme

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…Que vuestra fe sea sencilla, confiada, incansablemente perseverante, animada en la oscuridad y anclada en Jesús. En él, a quien debe llegar nuestra fe por el Evangelio, en la realidad de su presencia junto a vosotros. Practicad vuestra fe en las palabras de Cristo…

Releed el Evangelio proponiéndoos comprender lo que Jesús os dice. Ha hablado casi únicamente de esto, y si ha insistido tanto es porque sabía que no le escucharíamos; sabía que era lo esencial, que nos desanimaríamos, que nos faltaría perseverancia. Nada puede sustituir la fuerza de las palabras de Jesús: leedlas, releedlas y, sobre todo, vividlas: “¿Por qué me decís: Señor, Señor, y no hacéis lo que os digo?” (Lc 6,46). No os perdáis en fantasías, en búsquedas retorcidas. Jesús está a vuestro alcance, si tenéis fe. Nada hay más concreto y cierto que la fe, porque es una realidad presente; es sólida, fuerte e indestructible. Jesús está aquí, y vosotros también, a condición de que os hagáis presentes cuando pasa. Vuestros gozos y tristezas, vuestro cansancio del trabajo y de los hombres, vuestro sufrimiento, vuestras rebeliones y vuestros disgustos no son sino oleaje de superficie, y no impide que Jesús esté allí, que os ame y os quiera a través de estas cosas por las que sufrís, más cercano en ofrenda al Padre y en sacrificio por vuestros hermanos. Esta es la realidad, la pura realidad; lo demás, si lo comparamos, es sólo apariencia.

Lo sé: es más fácil decirlo que hacerlo. Pero el Espíritu de luz, el Espíritu de amor, actúa en vosotros. Es necesario, sin cansarse, abrirle el camino mediante la práctica de vuestra fe en Jesús…

 

R. Voillaume, Como ellos, Roma 1979, 212.

 

PARA REZAR

 

No pido milagros y visiones, Señor, pido la fuerza para la vida
diaria. Enséñame el arte de los pequeños pasos.

Hazme hábil e inventivo para notar a tiempo, en la multiplicidad y
variedad de lo cotidiano, los conocimientos y experiencias que me
atañen.

Hazme seguro en la correcta distribución del tiempo. Obséquiame el
tacto para distinguir lo primario de lo secundario.

Hazme comprender que los sueños poco ayudan al pasado y al futuro.
Ayúdame a hacer lo siguiente, lo mejor que me es posible, y a
reconocer que esta hora es la más importante.

Guárdame de la ingenua creencia de que en la vida todo debe salir
bien. Obséquiame el sensato reconocimiento de que las dificultades,
las derrotas, los fracasos, los contratiempos son una añadidura
natural a la vida, que nos empujan a crecer y madurar.

Recuérdame que el corazón muchas veces hace huelga contra la razón.
Envíame en el momento justo a alguien que tenga el valor de decirme
la verdad con amor.

Tú sabes cuán necesitados estamos de la amistad. Concédeme el estar
preparado a éste el más hermoso, más difícil, más arriesgado y más
delicado regalo que nos ofrece la vida.

Provéeme de la fantasía necesaria para entregar en el momento
preciso, en el lugar adecuado un paquetito de bondad, con o sin
palabras.

Haz de mí un ser humano cual nave con el calado necesario para poder
alcanzar también a los que están abajo.

Presérvame del temor del que podría perderme de vivir. No me des lo
que yo pido, sino lo que necesito.

Enséñame el arte de los pequeños pasos!

 

Antoine de Saint Exupery

 

Martes IV

 

Levántate, toma tu camilla y camina

 

Lectura de la profecía de Ezequiel    47, 1-9. 12

 

El hombre me hizo volver a la entrada de la Casa, y vi que salía agua por debajo del umbral de la Casa, en dirección al oriente, porque la fachada de la Casa miraba hacia el oriente. El agua descendía por debajo del costado derecho de la Casa, al sur del altar. Luego me sacó por el camino de la puerta septentrional, y me hizo dar la vuelta por un camino exterior, hasta la puerta exterior que miraba hacia el oriente. Allí vi que el agua fluía por el costado derecho.

Cuando el hombre salió hacia el este, tenía una cuerda en la mano. Midió quinientos metros y me hizo caminar a través del agua, que me llegó a los tobillos. Midió otros quinientos metros y me hizo caminar a través del agua, que me llegó a las rodillas. Midió otros quinientos metros y me hizo caminar a través del agua, que me llegó a la cintura. Luego midió otros quinientos metros, y ya era un torrente que no pude atravesar, porque el agua había crecido: era un agua donde había que nadar, un torrente intransitable.

El hombre me dijo: « ¿Has visto, hijo de hombre?», y me hizo volver a la orilla del torrente. Al volver, vi que a la orilla del torrente, de uno y otro lado, había una inmensa arboleda.

Entonces me dijo: «Estas aguas fluyen hacia el sector oriental, bajan hasta la estepa y van a desembocar en el Mar. Se las hace salir hasta el Mar, para que sus aguas sean saneadas. Hasta donde llegue el torrente, tendrán vida todos los seres vivientes que se mueven por el suelo y habrá peces en abundancia. Porque cuando esta agua llegue hasta el Mar, sus aguas quedarán saneadas, y habrá vida en todas partes adonde llegue el torrente.

Al borde del torrente, sobre sus dos orillas, crecerán árboles frutales de todas las especies. No se marchitarán sus hojas ni se agotarán sus frutos, y todos los meses producirán nuevos frutos, porque el agua sale del Santuario. Sus frutos servirán de alimento y sus hojas de remedio.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 45, 2-3. 5-6. 8-9 (R.: 8)

 

R.    El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro baluarte es el Dios de Jacob.

 

El Señor es nuestro refugio y fortaleza,

una ayuda siempre pronta en los peligros.

Por eso no tememos, aunque la tierra se conmueva

y las montañas se desplomen hasta el fondo del mar. R.

 

Los canales del Río alegran la Ciudad de Dios,

la más santa Morada del Altísimo.

El Señor está en medio de ella: nunca vacilará;

él la socorrerá al despuntar la aurora. R.

 

El Señor de los ejércitos está con nosotros,

nuestro baluarte es el Dios de Jacob.

Vengan a contemplar las obras del Señor,

él hace cosas admirables en la tierra. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    5, 1-3a. 5-18

 

Se celebraba una fiesta de los judíos y Jesús subió a Jerusalén.

Junto a la puerta de las Ovejas, en Jerusalén, hay una piscina llamada en hebreo Betsata, que tiene cinco pórticos. Bajo estos pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, paralíticos y lisiados, que esperaban la agitación del agua.

Había allí un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años. Al verlo tendido, y sabiendo que hacía tanto tiempo que estaba así, Jesús le preguntó: « ¿Quieres curarte?»

El respondió: «Señor, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua comienza a agitarse; mientras yo voy, otro desciende antes.»

Jesús le dijo: «Levántate, toma tu camilla y camina.»

En seguida el hombre se curó, tomó su camilla y empezó a caminar.

Era un sábado, y los judíos dijeron entonces al que acababa de ser curado: «Es sábado. No te está permitido llevar tu camilla.»

El les respondió: «El que me curó me dijo: “Toma tu camilla y camina.”» Ellos le preguntaron: « ¿Quién es ese hombre que te dijo: “Toma tu camilla y camina?”»

Pero el enfermo lo ignoraba, porque Jesús había desaparecido entre la multitud que estaba allí.

Después, Jesús lo encontró en el Templo y le dijo: «Has sido curado; no vuelvas a pecar, de lo contrario te ocurrirán peores cosas todavía.»

El hombre fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado. Ellos atacaban a Jesús, porque hacía esas cosas en sábado.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • El agua, como principio de vida, es una imagen que se encuentra con frecuencia en la Biblia. Los torrentes en el Antiguo Testamento son símbolo de la vida que Dios da, especialmente en los tiempos mesiánicos.
  • Ezequiel utiliza la imagen del torrente de agua milagrosa, que mana del lado derecho del templo, que es el lugar de la presencia de Dios. El agua que brota del templo, o sea, que viene de Dios va hacia el oriente que es la zona más árida, purifica y cura todo a su paso haciendo que los campos produzcan fértiles frutos y que el mar muerto se llene de vida.

    ***

  • En el evangelio de hoy, San Juan nos presenta a Jesús realizando un “signo”, un milagro, en sábado. Era una fiesta de los judíos, pero la multitud, tirada en los pórticos, está, por tanto, excluida de la fiesta, de la alegría de la vida, de la felicidad.
  • En Jerusalén, se encuentra la piscina de Betsata, que significa casa de la misericordia y que tiene cinco pórticos. Los pórticos del templo eran el lugar de la enseñanza oficial de la Ley de Moisés. Para muchos, los pórticos son un símbolo de los cinco libros de la Ley, que mal interpretados sólo sirven para provocar la opresión y la muerte del pueblo.
  • Se arrastraban hacia allí gran cantidad de lisiados y multitud de mendigos, que colocándose al borde de la piscina, esperaban poder algún día recobrar la salud. Imagen de una humanidad que vive esperando inútilmente la salvación de quien no puede darla. El agua de Betsata era estéril, no podía producir un nacimiento nuevo.
  • Jesús se acerca a ellos, concretamente a uno que lleva treinta y ocho años, toda una vida ahí, esperando por Dios, esperando que otros le den la posibilidad de Dios. Ahora Dios se acerca a él. Este hombre es signo de la muchedumbre agobiada por el peso de la ley. Por eso la curación que va a efectuar Jesús, es el signo de la liberación de aquello que los somete. Jesús no se preocupa de cumplir el precepto del descanso; para Él cuenta sólo el bien del hombre, sin importarle el momento. A los dirigentes judíos, no les alegrará que el hombre recobre la salud; por el contrario, los alarmará el atrevimiento de dispensar de las obligaciones religiosas, que ellos imponen. Por este motivo, inmediatamente, piensan en matarlo.
  • Jesús, al verlo y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: “¿Quieres quedar sano?” A este hombre y a todo ese pueblo que él representa, Jesús quiere darle la salud. Al hombre sin fuerzas, víctima de su enfermedad, incapaz de movimiento, de acción, de iniciativa, Jesús implícitamente le ofrece una esperanza de salvación.
  • El enfermo desea la curación, pero está fuera de su alcance porque no tiene a nadie que lo lleve a la piscina cuando el agua se agita. Jesús le dice: “levántate y anda”. El hombre que estaba paralítico desde hacía treinta y ocho años, encadenado a su pasado de desdicha, se pone de pie. Le da la salud y con ella la capacidad de actuar por sí mismo. Aquí hay un “agua viva” que tiene como un poder de resurrección: suscita seres vivos. Es un agua que da vida.
  • “Levántate, toma tu camilla y anda”. Comienzo de una vida nueva. Cuando Dios da el agua viva, el viejo mundo desaparece. El hombre ahora puede caminar a donde quiera. La camilla que cargaba con el hombre inválido; ahora, curado, es cargada por él.
  • Es la vida nueva de los bautizados. Dios quiere un “hombre de pie”, un hombre que avanza.  La salvación no viene de la “magia” del agua o del cumplimiento estricto de la ley, sino de la persona de Jesús, del Hijo de Dios, que es el único que tiene el agua de la vida y la generosidad para darla en abundancia.
  • Nuestra vida se renueva y reverdece cuando el Espíritu nos inunda. Bautizados en la muerte y resurrección de Jesús, pertenecemos a una tierra liberada. El Señor vino a sanarnos de nuestros males, vino a perdonarnos nuestros pecados, vino a darnos la capacidad de caminar. El que quiera ser su discípulo, debe ir tras las mismas huellas que Él nos ha dejado, huellas de amor y de servicio a los demás.
  • Renovados en el bautismo, somos curados de la parálisis de nuestros pecados; y podemos salir al encuentro de todos los hombres, para anunciar las maravillas que Dios hace siempre a favor de los humildes, los pequeños, los enfermos y los pobres.

     

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Cuáles son mis ataduras más viejas?

  • ¿Cuáles son las parálisis del corazón que no me dejan andar en libertad?

  • ¿Dejo que su gracia se instale en mi vida desde la constancia?

  • ¿Hago memoria de lo que Dios ha hecho en mí para que pueda seguir haciéndolo?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

 

Devuélveme la alegría de tu salvación

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…Volviendo a un hombre totalmente sano, Jesús le confiere la vida en plenitud; se exhorta ciertamente al hombre a no pecar más, pero él no hace más que una cosa: “andar”. A diferencia del ciego de nacimiento, después de su curación, no se pone a proclamar que Jesús es un profeta, ni se pone a confesar su fe, sino que es simplemente un signo vivo de la vida transmitida por el Hijo, y en este sentido expresa al Padre. No hay ninguna consigna de que no “reniegue”, sino el deber de existir, de “caminar” simplemente. El creyente es un hombre que camina, si permanece en relación con el Hijo y, por Él, con el Padre [...].

¿Cómo transmite Jesús la verdad que habitaba en Él? Él sabe que la Palabra es creadora de vida y sabe también que la Palabra traducida en palabras corre el peligro de verse confundida con el parloteo del lenguaje humano. Por eso empieza dando la salud a un hombre que llevaba muchos años enfermo; y sólo a continuación ilumina su acción [...]. Al realizar esta acción en día de sábado, suscita una cuestión sobre la autoridad de su misma persona, y luego explica su sentido.

De esta manera, todo discípulo puede aprender también la forma de comunicar su experiencia de fe. Frente a los que no la comparten, me siento tentado a combatir con palabras que expresen la verdad. Pero de esta manera me olvidaría de que las palabras no son solamente un medio de comunicación, sino también un obstáculo para el encuentro con otro. Por el contrario, si pongo al otro en presencia de un acto que invite a reflexionar sobre ese ser extraño que soy yo (cf. Jn 3,8), entonces se entabla un diálogo, no con palabras que se cruzan, sino entre unos seres vivos, discípulos, para comunicarse a través de unos gestos que ofrecen sentido…

 

X. León-Dufour, Lectura del evangelio de Juan, Salamanca 1992, II, 67-68.

 

PARA REZAR

 

Señor, danos tu mano

y renová tu invitación.

Sumerginos en el agua viva de tu amor,

que no me paralice la vieja desconfianza,

que no me ate el pecado sin esperanza,

que no me hunda en el hombre viejo que no cambia.

Sé que me das tu gracia,

sé que ella me levanta,

sé que sin ella no camino.

Dame la constancia y la perseverancia

de recordar como tu pascua

han hecho nueva mi historia.

 

Miércoles IV

25 de Marzo

LA ANUNCIACION DEL SEÑOR (S)

 

Hágase en mí según tu Palabra

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de Isaías
7,10-14

En aquellos días, el Señor habló a Acaz: «Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo». Respondió Acaz: «No la pido, no quiero tentar al Señor». Entonces dijo Dios: «Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa “Dios – con – nosotros”.

 

Palabra de Dios

 

SALMO Sal. 39, 7-11

 

R. Aquí estoy para hacer tu voluntad

 

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: «Aquí estoy».

 

«–Como está escrito en mi libro–
para hacer tu voluntad».
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas.

 

He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes.

 

No me he guardado en el pecho tu defensa,
he contado tu fidelidad y tu salvación,
no he negado tu misericordia y tu lealtad
ante la gran asamblea.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta a los Hebreos Hb 10,4-10

 

Hermanos:

Es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados. Por eso, cuando Cristo entró en el mundo dijo: «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: “Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad”». Primero dice: «No quieres ni aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni víctimas expiatorias», que se ofrecen según la Ley. Después añade: «Aquí estoy yo para hacer tu voluntad». Niega lo primero, para afirmar lo segundo.

Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.

 

Palabra de Dios


EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Lucas Lc 1,26-38

 

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.

El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».

Y María dijo al ángel: « ¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?». El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible». María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».

Y el ángel se alejó.

 

Palabra del Señor

 

Para reflexionar

 

  • Esta fiesta es de origen oriental; luego, pasó a Roma en el siglo VII con el título de “Anunciación del Señor”. Desde un principio se puso esta solemnidad en el número de las fiestas del Señor: más que la Virgen María, el protagonista es el Hijo de Dios, cuya concepción anuncia el Ángel. Esta fecha está condicionada por la escogida para celebrar la Navidad.
  • Si Cristo es el protagonista principal de esta solemnidad, la Virgen María no puede quedarse en el olvido. Ella es la que está en la Anunciación, la que pregunta y la que da la respuesta generosa de aceptación. Es por eso que la Iglesia honra también a María, medita sobre el “Si” pronunciado por ella en la anunciación, y profundiza sobre el “Sí” del Hijo de Dios: “¡He aquí que vengo a hacer, oh Dios, tu voluntad!” (Hb 10, 7).

***

  • En la liturgia de este día, la profecía de Isaías al rey Acaz, mantuvo viva la ardiente esperanza en el nacimiento de un hijo de David por quien el Señor estaría finalmente y para siempre en medio de su pueblo. Ninguno de los herederos del trono, algunos de los cuales faltaron a su misión, era realmente «Dios con nosotros». Por eso la esperanza fue apuntando siempre a otro descendiente de David, que sería alguien fuera de lo común.
  • La Carta a los Hebreos deja en claro que la salvación únicamente nos viene por medio del Misterio Pascual de Cristo: su Muerte y su Resurrección. El Sacrificio de Cristo, ofrecido de una vez y para siempre, para borrar nuestros pecados y para darnos nueva vida, suprime todos los antiguos sacrificios, que no podían perdonar nuestros pecados. Quien acepta a Jesucristo, el Enviado del Padre, vive esa salvación, y debe manifestarlo con sus buenas obras. Si aceptamos la Redención, no podemos ya vivir para nosotros, sino para Aquel que por nosotros murió y resucitó.
  • Lucas nos relata como el Hijo de Dios se hace carne en el seno de María Virgen, por obra del Espíritu Santo. Dios viene, no sólo a visitar a su Pueblo; viene a redimirlo de su pecado y a elevarlo a la misma dignidad del Hijo de Dios. La obra de salvación en nosotros es la obra de Dios y no la obra del hombre.

***

  • En la Biblia se dan muchas anunciaciones y todas consisten fundamentalmente en la presencia gratuita de Dios en medio de su pueblo, desbaratando todas las objeciones que presenta el hombre para la realización de su proyecto de salvación. Toda anunciación, por consiguiente, debe ser colocada en un género literario lleno de simbolismos que hay que saber leer. La anunciación a María entra dentro de este “género literario”.
  • Como toda mujer de pueblo, María tiene sueños, anhelos, proyectos que se encuentran cara a cara con los sueños, anhelos y proyectos de Dios. Dios se hace presente de una manera gratuita y amorosa rompiendo con las imposibilidades humanas que impiden su encarnación. Por otro lado aparece lo grande de María, su fe en la Palabra que la llevó a no tener en cuenta sus limitaciones culturales como mujer campesina, de una región marginada del poder judío.
  • María tiene miedo pero, no desconfianza; y las dificultades que le presenta al ángel quedan resueltas. La encarnación de Dios en la historia es lo más divino que pudo suceder, porque la iniciativa la toma el mismo Dios, y es también lo más humano porque apeló a la libertad del hombre.
  • Dios se decide a intervenir en un pueblo infiel a través de una mujer de pueblo que se presenta como modelo de fidelidad. La vocación de María es para entregar al mundo a su Hijo, que es “Señor” y “Salvador”.
  • Este anuncio prepara la llegada del Señor. La virginidad de María es un signo de que el hoy anunciado, será “Hijo de Dios”, hijo que instaura un reino que no tendrá fin.
  • Las palabras de María en la Anunciación: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra», ponen de manifiesto una actitud característica de la religiosidad hebrea. La expresión «siervo» de Dios se aplica en el Antiguo Testamento a todos los que son llamados a ejercer una misión en favor del pueblo elegido. María, la «llena de gracia», al proclamarse «esclava del Señor», desea comprometerse a realizar personalmente de modo perfecto el servicio que Dios espera de todo su pueblo. Las palabras: «He aquí la esclava del Señor» anuncian a Aquel que dirá de sí mismo: «El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».
  • Por la anunciación de la encarnación de su hijo, Dios interviene para alumbrar la noche de la injusticia, para que los pobres dejen de ser los excluidos de la fiesta de la vida. Jesús es el centro de esta fiesta, y su madre, una mujer de pueblo, es el instrumento fiel que Dios elige para que nos enseñe el camino. El camino, para asumir los proyectos de Dios renunciando a cualquier tipo de ambición o poder personal, para que se “haga en nosotros su palabra”, para que reine así la justicia, la verdad y la paz tan esperadas.
  • A nosotros nos corresponde hoy continuar la obra del reino en la fidelidad a la voluntad del Padre, que es fidelidad a la Palabra de Dios. Para anunciar al mundo esa buena noticia necesitamos que esa Palabra tome cuerpo en nosotros.
  • Dios sigue derramando su gracia en su pueblo, para que siendo fieles al proyecto del reino, “no temamos” ante el desafío, porque el Espíritu de Dios nos acompaña.

 

Para discernir

 

  • ¿Trato de buscar la voluntad de Dios?
  • ¿Dónde la busco?
  • ¿Estoy abierto al proyecto de Dios?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Aquí estoy para hacer tu voluntad

 

Para la lectura espiritual

 

…Las palabras de María -”He aquí la esclava del Señor”- son, entonces, nuestra respuesta de amor al amor de Dios. Estas nos mantienen siempre con la mirada puesta en Él, a la escucha, en obediencia, con el único deseo de realizar lo que Él quiere para ser como Él nos quiere.

A veces, sin embargo, lo que él nos pide puede parecernos absurdo. Nos parecería mejor hacer de otra manera, querríamos tomar nosotros en manos nuestra vida. Hasta tendríamos ganas de darle consejos a Dios, de decirle nosotros cómo hacer o no hacer. Pero si creo que Dios es amor y pongo mi confianza en Él, sé que todo lo que predispone en mi vida y en la vida de todos los que me rodean es por mi bien, por su bien. Entonces me entrego a Él, me abandono con plena confianza en su voluntad y la quiero con todo mi ser, hasta ser una misma cosa con ella, sabiendo que acoger a su voluntad es recibirlo a Él, abrazarlo a Él, alimentarse de Él.

Hay que creerlo, nada sucede por casualidad. Ningún acontecimiento gozoso, indiferente o doloroso, ningún encuentro, ninguna situación de familia, de trabajo, de escuela, ninguna condición de salud física o moral es sin sentido. En cambio todo -acontecimientos, situaciones, personas- trae un mensaje de parte de Dios, todo contribuye a la realización del plan de Dios, que descubriremos poco a poco, día a día, haciendo, como María, la voluntad de Dios.

“He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”.

Entonces, ¿cómo vivir esta Palabra? Nuestro sí a la Palabra de Dios significa concretamente hacer bien, por completo, en cada momento, la acción que la voluntad de Dios nos pide. Ponerse con todo en esa obra, eliminando cualquier otra cosa, dejando de lado pensamientos, deseos, recuerdos, acciones que no tengan que ver con ello.

Ante cada voluntad de Dios dolorosa, alegre, indiferente, podemos repetir: “hágase en mí según tu palabra”, o bien, como nos ha enseñado Jesús en el Padre Nuestro: “hágase tu voluntad”. Digámoslo antes de cada acción: “venga”, “hágase”. Entonces realizaremos momento a momento, piedrita a piedrita, el maravilloso, único e irrepetible mosaico de nuestra vida que el Señor ha pensado desde siempre para cada uno de nosotros…

 

Chiara Lubich

 

 

Para rezar

 

¡Dios te salve, María!
Te saludamos con el Ángel: Llena de gracia.
El Señor está contigo.
Te saludamos con Isabel: ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¡Feliz porque has creído a las promesas divinas!
Te saludamos con las palabras del Evangelio:
Feliz porque has escuchado la Palabra de Dios y la has cumplido.

¡Tú eres la llena de gracia!
Te alabamos, Hija predilecta del Padre.
Te bendecimos, Madre del Verbo divino.
Te veneramos, Sagrario del Espíritu Santo.
Te invocamos; Madre y Modelo de toda la Iglesia.
Te contemplamos, imagen realizada de las esperanzas de toda la humanidad.

¡El Señor está contigo!
Tú eres la Virgen de la Anunciación, el Sí de la humanidad entera al misterio de la salvación.
Tú eres la Hija de Sión y el Arca de la nueva Alianza en el misterio de la visitación.
Tú eres la Madre de Jesús, nacido en Belén, la que lo mostraste a los sencillos pastores y a los sabios de Oriente.
Tú eres la Madre que ofrece a su Hijo en el templo, lo acompaña hasta Egipto, lo conduce a Nazaret.
Virgen de los caminos de Jesús, de la vida oculta y del milagro de Caná.
Madre Dolorosa del Calvario y Virgen gozosa de la Resurrección.
Tú eres la Madre de los discípulos de Jesús en la espera y en el gozo de Pentecostés.

Bendita…
porque creíste en la Palabra del Señor,
porque esperaste en sus promesas,
porque fuiste perfecta en el amor.
Bendita por tu caridad premurosa con Isabel,
por tu bondad materna en Belén,
por tu fortaleza en la persecución,
por tu perseverancia en la búsqueda de Jesús en el templo,
por tu vida sencilla en Nazaret,
por tu intercesión en Cana,
por tu presencia maternal junto a la cruz,
por tu fidelidad en la espera de la resurrección,
por tu oración asidua en Pentecostés.
Bendita eres por la gloria de tu Asunción a los cielos,
por tu maternal protección sobre la Iglesia,
por tu constante intercesión por toda la humanidad.

San Juan Pablo II

 

Jueves IV

 

Hay otro que da testimonio de mí

 

Lectura del libro del Éxodo    32, 7-14

 

El Señor dijo a Moisés: «Baja en seguida, porque tu pueblo, ese que hiciste salir de Egipto, se ha pervertido. Ellos se han apartado rápidamente del camino que yo les había señalado, y se han fabricado un ternero de metal fundido.

Después se postraron delante de él, le ofrecieron sacrificios y exclamaron: “Este es tu Dios, Israel, el que te hizo salir de Egipto.”»

Luego le siguió diciendo: «Ya veo que este es un pueblo obstinado. Por eso, déjame obrar: mi ira arderá contra ellos y los exterminaré. De ti, en cambio, suscitaré una gran nación.»

Pero Moisés trató de aplacar al Señor con estas palabras: « ¿Por qué, Señor, arderá tu ira contra tu pueblo, ese pueblo que tú mismo hiciste salir de Egipto con gran firmeza y mano poderosa? ¿Por qué tendrán que decir los egipcios: “El los sacó con la perversa intención de hacerlos morir en las montañas y exterminarlos de la superficie de la tierra?” Deja de lado tu indignación y arrepiéntete del mal que quieres infligir a tu pueblo.

Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Jacob, tus servidores, a quienes juraste por ti mismo diciendo: “Yo multiplicaré su descendencia como las estrellas del cielo, y les daré toda esta tierra de la que hablé, para que la tengan siempre como herencia.”»

Y el Señor se arrepintió del mal con que había amenazado a su pueblo.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 105, 19-20. 21-22. 23 (R.: 4a)

 

R.    Acuérdate de mí, Señor, por el amor que tienes a tu pueblo.

 

En Horeb se fabricaron un ternero,

adoraron una estatua de metal fundido:

así cambiaron su Gloria

por la imagen de un toro que come pasto. R.

 

Olvidaron a Dios, que los había salvado

y había hecho prodigios en Egipto,

maravillas en la tierra de Cam

y portentos junto al Mar Rojo. R.

 

El Señor amenazó con destruirlos,

pero Moisés, su elegido,

se mantuvo firme en la brecha

para aplacar su enojo destructor. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    5, 31-47

 

Jesús dijo a los judíos:

«Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no valdría. Pero hay otro que da testimonio de mí, y yo sé que ese testimonio es verdadero.

Ustedes mismos mandaron preguntar a Juan, y él ha dado testimonio de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para la salvación de ustedes. Juan era la lámpara que arde y resplandece, y ustedes han querido gozar un instante de su luz. Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: son las obras que el Padre me encargó llevar a cabo. Estas obras que yo realizo atestiguan que mi Padre me ha enviado. Y el Padre que me envió ha dado testimonio de mí. Ustedes nunca han escuchado su voz ni han visto su rostro, y su palabra no permanece en ustedes, porque no creen al que él envió.

Ustedes examinan las Escrituras, porque en ellas piensan encontrar Vida eterna: ellas dan testimonio de mí, y sin embargo, ustedes no quieren venir a mí para tener Vida.

Mi gloria no viene de los hombres. Además, yo los conozco: el amor de Dios no está en ustedes. He venido en nombre de mi Padre y ustedes no me reciben, pero si otro viene en su propio nombre, a ese sí lo van a recibir. ¿Cómo es posible que crean, ustedes que se glorifican unos a otros y no se preocupan por la gloria que sólo viene de Dios?

No piensen que soy yo el que los acusaré ante el Padre; el que los acusará será Moisés, en el que ustedes han puesto su esperanza. Si creyeran en Moisés, también creerían en mí, porque él ha escrito acerca de mí. Pero si no creen lo que él ha escrito, ¿cómo creerán lo que yo les digo?»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • En el Evangelio de hoy, Jesús reprocha a sus contemporáneos no haber escuchado realmente a Moisés: «si creyerais en Moisés, creeríais también en mí».
  • La primera lectura nos da «precisamente» la actitud de Moisés. Al bajar de la Montaña del Sinaí, donde había estado hablando con Dios, Moisés encuentra al pueblo en adoración ante una estatua de un becerro metal.
  • La «ira» de Dios es una imagen para significar que Dios no puede pactar con el mal. Dios toma la defensa del hombre, contra sí mismo, si es preciso de forma violenta. El diálogo entre Yahvé y Moisés es entrañable. Después del pecado del pueblo, Moisés le da vuelta a Dios su acusación y toma la defensa de su pueblo, recordándole que es el pueblo, que Él sacó de Egipto. No es el pueblo de Moisés, sino el de Dios. Ése va a ser el primer argumento para aplacar a Yahvé. Moisés en una actitud admirable no se desolidariza de sus hermanos pecadores. Ruega por ellos. Ruega por ese pueblo idólatra.
  • El autor del Éxodo parece como si atribuyera a Moisés un corazón más bondadoso y perdonador que a Yahvé. Y concluye: «y el Señor se arrepintió de la amenaza que había pronunciado contra su pueblo».

    ***

  • Sigue el comentario de Jesús después del milagro de la piscina y de la reacción de sus enemigos. Jesús pretende que sus obras den testimonio de Él, y precisamente lo rechazan por ellas. Les echa en cara que no quieren ver lo evidente. Jesús no va a apoyarse en su propio testimonio. Tiene a su favor otros testigos y “el testigo irrebatible”, que demostrarán la veracidad de sus palabras. Son testimonios muy válidos a su favor: el Bautista, que le presentó como el que había de venir, las obras que hace el mismo Jesús y que no pueden tener otra explicación sino que es el enviado de Dios; y también las Escrituras, y en concreto Moisés, que había anunciado la venida de un Profeta de Dios.
  • Pero ya se ve en todo el episodio, que los judíos no están dispuestos a aceptar este testimonio. Jesús les reprocha que nunca han escuchado el mensaje de amor que Dios les proponía y se ponen de manifiesto dos concepciones de Dios: el que muestra Jesús, que el Padre ama al hombre y quiere darle vida y libertad, y el Dios de los dirigentes, que imponen y mantienen un orden jurídico, prescindiendo del bien real del hombre. Por eso Jesús afirma que no conocen en absoluto al Padre; y que, incluso el mensaje de la Alianza, expresado cuando Dios los hizo un pueblo al sacarlos de la esclavitud de Egipto, tampoco lo han conservado. Ellos han olvidado esta imagen dada por el mismo Dios, para fabricarse la suya.
  • Por eso les recrimina que estudian, pensando que van a encontrar en ellas lo que no contiene: la vida definitiva. Han dado un valor absoluto a la Escritura y la han convertido en un todo completo y cerrado, en lugar de ver en ellas, una promesa y una esperanza.
  • Sin embargo, el verdadero papel de la Escritura es como el de Juan Bautista: dar testimonio preparatorio a la llegada del Mesías.
  • Ellos no hacen caso de este testimonio, porque su clave de lectura es falsa. Considerarlas como fuente de vida en sí mismas, suprimiendo su relación esencial al futuro, impide comprender su verdadero sentido.
  • Les asegura que les falta ese “amor a Dios y amor de Dios”, que les impide la apertura fundamental a Dios, imprescindible en el amor. Por eso les falta también la capacidad de acercarse a Jesús y reconocerlo como enviado de Dios.
  • Su testimonio es mayor que el de Juan porque las obras que el Padre le ha concedido realizar “dan testimonio de que el Padre lo ha enviado”. Todo el que reconozca que Dios es Padre, tiene que reconocer que las obras de Jesús, como las del Padre, comunican vida al hombre, son de Dios. Jesús está apelando implícitamente a un rasgo claramente expresado en el Antiguo Testamento que descubre la preocupación de Dios por su pueblo, especialmente por los débiles.
  • Uno de los esfuerzos privilegiados de la Cuaresma es “hacer que la Palabra de Dios habite más en nosotros”: vivir con una familiaridad que nos lleve a amarla, para que se vaya apoderando de nuestro corazón. No existe un procedimiento automático para esto. Pero tampoco esto se hará solo.
  • La meditación asidua, es ciertamente, un medio de “hacer habitar la Palabra” en nosotros, pero sobre todo la oración, realizará esa encarnación de la palabra en nuestra vida y en la vida del mundo. Se trata de aceptar a Cristo, para tener parte con Él en la vida.
  • En el camino de esta Cuaresma, reavivamos esta fe y queremos profundizar en su seguimiento, imitándolo en su entrega total por el pueblo. Por eso debemos sentir todos, la urgencia de la evangelización de nuestros hermanos, de todo el mundo para que se cumpla lo que el evangelio de Juan, resume al final como su propósito: «estas señales han sido escritas para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida en su Nombre».

     

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Intercedo por los pecados de mi pueblo?
  • ¿Ruego por aquellos cuyas actitudes o pecados me causan sufrimiento?
  • ¿Trato de dejarme hablar por la escritura o la acomodo a mis necesidades?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

 

El que cree tiene la vida eterna

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…La tradición cristiana sostiene que el libro que vale la pena leer es nuestro Señor Jesucristo. La palabra Biblia significa “libro”, todas las páginas de este libro hablan de Él y quieren llevar a Él (…) Es necesario que se dé un encuentro entre Cristo y la persona humana, entre ese Libro que es Cristo y el corazón humano, en el que está escrito Cristo no con tinta, sino con el Espíritu Santo.

¿Por qué leer? Porque Jesús mismo ha leído. Fue libro y lector, y continúa siendo ambas cosas en nosotros. ¿Cómo leer? Como leyó Jesús. Sabemos que Jesús leyó y explicó a Isaías en la sinagoga de Nazaret. Sabemos también cómo comprendió las Escrituras y cómo a través de ellas se comprendió a sí mismo y su misión. Como lector del libro y Él mismo como Libro, después de su glorificación concedió este carisma de lectura a sus discípulos, a la Iglesia y también a nosotros. Desde entonces, gracias al Espíritu, que actúa en la Iglesia, toda lectura del Libro sagrado es participación de este don de Cristo. Somos movidos a leer la Escritura porque Él mismo lo hizo y porque en ella le encontramos a Él. Leemos la Escritura en Él y con su gracia.

Y debemos concluir que la lectura cristiana de las Escrituras no es principalmente un ejercicio intelectual, sino que, esencialmente, es una experiencia de Cristo, en el Espíritu, en presencia del Padre, como el mismo Cristo está unido a Él, cara a cara, orientado a Él, penetrando en Él y penetrado por Él. La experiencia de Cristo fue esencialmente la conciencia de ser amado por el Padre y de responder a este amor con el suyo. Es un intercambio de amor. A través de nuestra experiencia personal, seremos capaces de leer a Cristo-Libro y, en Él, a Dios Padre…

 

J. Leclercq, Huesos humillados, Seregno 1993, 65-85

 

PARA REZAR

 

El Dios en quien yo creo 
es quien me da motivos para dar cada paso.
El Dios que me susurra, que aún no he terminado
que me falta un poema, una canción acaso,
que me falta quizás una sonrisa firme,
una mano dispuesta y una palabra amable. 

Que me falta aún perdonar una ofensa
recorrer otra milla y compartir mi manta.
Que aún me falta crear, inventar otros mundos,
más sencillos tal vez, más nobles y sinceros. 

El Dios en quien yo creo me crea y nos recrea
y también nos inventa de nuevo cada día
y siente y se estremece con el dolor del pueblo
y canta y gime y grita en mil voces hermanas,
acaso desterradas al borde del camino. 

Viernes IV

 

Sean misericordiosos como el Padre

 

Lectura del libro de la Sabiduría    2, 1a. 12-22

 

Los impíos se dicen entre sí, razonando equivocadamente:

«Tendamos trampas al justo, porque nos molesta y se opone a nuestra manera de obrar; nos echa en cara las transgresiones a la Ley y nos reprocha las faltas contra la enseñanza recibida. El se gloría de poseer el conocimiento de Dios y se llama a sí mismo hijo del Señor.

Es un vivo reproche contra nuestra manera de pensar y su sola presencia nos resulta insoportable, porque lleva una vida distinta de los demás y va por caminos muy diferentes. Nos considera como algo viciado y se aparta de nuestros caminos como de las inmundicias. El proclama dichosa la suerte final de los justos y se jacta de tener por padre a Dios.

Veamos si sus palabras son verdaderas y comprobemos lo que le pasará al final. Porque si el justo es hijo de Dios, él lo protegerá y lo librará de las manos de sus enemigos.

Pongámoslo a prueba con ultrajes y tormentos, para conocer su temple y probar su paciencia. Condenémoslo a una muerte infame, ya que él asegura que Dios lo visitará.»

Así razonan ellos, pero se equivocan, porque su malicia los ha enceguecido. No conocen los secretos de Dios, no esperan retribución por la santidad, ni valoran la recompensa de las almas puras.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 33, 17-18. 19-20. 21 y 23 (R.: 19a)

 

R.    El Señor está cerca del que sufre.

 

El Señor rechaza a los que hacen el mal

para borrar su recuerdo de la tierra.

Cuando ellos claman, el Señor los escucha

y los libra de todas sus angustias. R.

 

El Señor está cerca del que sufre

y salva a los que están abatidos.

El justo padece muchos males,

pero el Señor lo libra de ellos. R.

 

El cuida todos sus huesos,

no se quebrará ni uno solo.

Pero el Señor rescata a sus servidores,

y los que se refugian en él no serán castigados. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    7, 1-2. 10. 25-30

 

Jesús recorría la Galilea; no quería transitar por Judea porque los judíos intentaban matarlo.

Se acercaba la fiesta judía de las Chozas. Cuando sus hermanos subieron para la fiesta, también él subió, pero en secreto, sin hacerse ver.

Algunos de Jerusalén decían: « ¿No es este aquel a quien querían matar? ¡Y miren como habla abiertamente y nadie le dice nada! ¿Habrán reconocido las autoridades que es verdaderamente el Mesías? Pero nosotros sabemos de dónde es este; en cambio, cuando venga el Mesías, nadie sabrá de dónde es.»

Entonces Jesús, que enseñaba en el Templo, exclamó:

« ¿Así que ustedes me conocen y saben de dónde soy? Sin embargo, yo no vine por mi propia cuenta; pero el que me envió dice la verdad, y ustedes no lo conocen. Yo sí lo conozco, porque vengo de él y es él el que me envió.»

Entonces quisieron detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él, porque todavía no había llegado su hora.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • En la primera lectura, el profeta nos presenta cómo las fuerzas del mal, encarnadas en los impíos, quieren ahogar la fuerza de Dios que se manifiesta en la vida de los justos. Es el conflicto de siempre, que pasa por el mismo corazón del hombre. Este fragmento se dirige directamente a los judíos fieles de Alejandría, que son perseguidos y despreciados por los judíos renegados y por los paganos. Pero es Dios el que vence y es su protección lo que cuenta.
  • Este pasaje del Antiguo Testamento parece un análisis, por adelantado, de lo que pasará durante la Pasión. La persecución del justo por parte de los impíos, anticipa la persecución de Jesús por parte de las “autoridades” de Israel. Los mismos que en los Evangelios de los días anteriores, manipulaban la Escritura y la religión de acuerdo a sus intereses, son los mismos que hoy desconfían de su origen y mañana intentarán prenderlo.

    ***

  • Siguen considerando a Jesús un peligro para su sociedad y se proponen matarlo, idea que había aparecido a raíz de la curación del inválido. La situación en torno a Jesús es de crisis, escepticismo y persecución. Jesús con sus palabras, se ha vuelto un problema para su seguridad e intereses. Una voz anunciando la Buena Nueva de la liberación para los oprimidos es incómoda porque les echa en cara su pecado.
  • Jesús subió a la fiesta de los Tabernáculos. La fiesta judía de mayor concurrencia, que celebraba el final de la cosecha y preparaba la próxima sementera. Las solemnidades en el templo, se prolongaban durante ocho días. Jesús no puede subir abiertamente a Jerusalén, sino que lo hace inicialmente de incógnito; y se presenta en la ciudad santa cuando ya la multitud de peregrinos, le sirve de escudo protector. Al identificarlo, la gente se pregunta si no será que al fin, han reconocido que Él es el Mesías, dado que lo ven hablar abiertamente sabiendo que las autoridades querían matarlo.
  • En la época, se había difundido la creencia de que el Mesías tenía que tener un origen desconocido, y que al manifestarse vendría de las nubes. Jesús reacciona enérgicamente gritando su identidad como aquel que no ha venido por propia decisión, sino ha sido realmente enviado, y conoce al que lo ha enviado. En su grito, Jesús llama la atención a los que creen conocerlo porque saben de su origen galileo, pero desconocen que su origen es también de Dios. Su mesianismo debe ser reconocido no por su lugar de nacimiento, sino por ser enviado del Padre.
  • Juan presenta a Jesús como la Sabiduría que enseña. El verdadero Mesías no ha de ser reconocido por su lugar de procedencia, como ellos piensan; su autenticidad depende solamente de que sea enviado por Dios, como lo ha demostrado Jesús con sus obras. Si ellos no lo reconocen es por haber subordinado el plan y la acción de Dios a sus propios prejuicios. Ellos no conocen a Dios, se lo impide la ideología religiosa; Jesús lo conoce, y ése es el fundamento de su misión y actividad.
  • Jesús, ha echado por tierra el modo tradicional de concebir al Mesías, y acusa a los que lo profesan de no conocer a Dios. Parte de sus oyentes no toleran ser puestos en tela de juicio, por eso intentaron prenderlo, pero nadie le puso la mano encima, porque todavía no había llegado su hora.
  • También en el mundo de hoy, junto a muchas personas que creen y aceptan a Cristo, hay otras muchas que han optado por ignorarlo, o incluso por perseguir toda idea suya. Sus seguidores corren igual suerte. Una sociedad que va perdiendo valores fundamentales, acusa el impacto del testimonio de los creyentes. Los verdaderos profetas son con frecuencia perseguidos. Los falsos, los que no se preocupan de transmitir lo que Dios dice, sino lo que gusta a la gente, ésos sí que prosperan.
  • Lo de perseguir al profeta nos puede pasar a cada uno de nosotros, si con nuestra vida damos un testimonio de valores diferentes, porque vivimos en sentido inverso de lo que es moda, o de lo que dicen las estadísticas sociológicas. O sea, si damos testimonio del evangelio de Jesús, que no coincide con el del mundo.
  • Tal vez no llegaremos a ser perseguidos y amenazados de muerte, pero sí desacreditados o ridiculizados, o simplemente ignorados. No deberíamos asustarnos demasiado. Todos estamos comprometidos en la batalla entre el bien y el mal. Jesús fue signo de contradicción, como les anunció el anciano Simeón a María y a José. Los cristianos, si somos luz y sal, podemos también resultar molestos en el ambiente en que nos movemos. Lo triste seria que no diéramos ninguna clase de testimonio, que fuéramos insípidos, incapaces de iluminar o interpelar a nadie.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Me siento condicionado por lo que sé de los demás, lo que creo de ellos?
  • ¿Estoy abierto a la novedad de la vida y de los otros o ya la tengo y los tengo prearmados?
  • ¿Tengo prejuicios sobre mí mismo, me creo más de lo que puedo o me creo menos?
  • ¿Hasta dónde condiciono a Dios con lo que espero de Él?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

 

Aunque el justo sufra muchos males, de todos lo libra el Señor

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…En la vida de Jesús, en su vivir mediante el Padre, se hace presente el sentido intrínseco del mundo, que se nos brinda como amor -de un amor que ama individualmente a cada uno de nosotros- y, por el don incomprensible de este amor, sin caducidad, sin ofuscamiento egoísta, hace la vida digna de vivirse. La fe es, pues, encontrar un tú que me sostiene y que en la imposibilidad de realizar un movimiento humano da la promesa de un amor indestructible que no sólo aspira a la eternidad, sino que la otorga. La fe cristiana obtiene su linfa vital del hecho de que no sólo existe objetivamente un sentido de la realidad, sino que este sentido está personalizado en Uno que me conoce y me ama, de suerte que puedo confiar en Él con la seguridad de un niño que ve resueltos todos sus problemas en el “tú” de su madre.

Todo esto no elimina la reflexión. El creyente vivirá siempre en esa oscuridad, rodeado de la contradicción de la incredulidad, encadenado como en una prisión de la que no es posible huir. Y la indiferencia del mundo, que continúa impertérrito como si nada hubiese sucedido, parece ser sólo una burla de sus esperanzas. ¿Lo eres realmente? A hacernos esta pregunta nos obligan la honradez del pensamiento y la responsabilidad de la razón, y también la ley interna del amor, que quisiera conocer más y más a quien ha dado su “sí”, para amarle más y más.

¿Lo eres realmente? Yo creo en ti, Jesús de Nazaret, como sentido del mundo y de mi vida…

 

J. Ratzinger, Introducción al cristianismo, Salamanca 1969, 57-58.

 

PARA REZAR

 

Señor, Jesús,

Pongo este día en tus manos,

es una nueva oportunidad que me das

para demostrar que mi vida vale

y que la esperanza

que pusiste en mí no va a ser defraudada.

Que pueda aprovechar todo

lo que la vida me vaya ofreciendo,

que pueda estar abierto

sin condicionar nada

sino admirándome de todo

y pueda crecer a medida que construyo

un mundo más humano. Amén

 

Sábado IV

 

Como un manso cordero era llevado al matadero

 

Lectura del libro del profeta Jeremías    11, 18-20

 

El Señor de los ejércitos me lo ha hecho saber y yo lo sé. Entonces tú me has hecho ver sus acciones.

Y yo era como un manso cordero, llevado al matadero, sin saber que ellos urdían contra mí sus maquinaciones: « ¡Destruyamos el árbol mientras tiene savia, arranquémoslo de la tierra de los vivientes, y que nadie se acuerde más de su nombre!»

Señor de los ejércitos, que juzgas con justicia, que sondeas las entrañas y los corazones, ¡que yo vea tu venganza contra ellos, porque a ti he confiado mi causa!

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 7, 2-3. 9bc-10. 11-12 (R.: 2a)

 

R.    Señor, Dios mío, en ti me refugio.

 

Señor, Dios mío, en ti me refugio:

sálvame de todos los que me persiguen;

líbrame, para que nadie pueda atraparme

como un león, que destroza sin remedio. R.

 

Júzgame, Señor, conforme a mi justicia

y de acuerdo con mi integridad.

¡Que se acabe la maldad de los impíos!

Tú que sondeas las mentes y los corazones,

tú que eres un Dios justo, apoya al inocente. R.

 

Mi escudo es el Dios Altísimo,

que salva a los rectos de corazón.

Dios es un Juez justo

y puede irritarse en cualquier momento. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    7, 40-53

 

Algunos de la multitud que lo habían oído, opinaban: «Este es verdaderamente el Profeta.» Otros decían: «Este es el Mesías.» Pero otros preguntaban: « ¿Acaso el Mesías vendrá de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David y de Belén, el pueblo de donde era David?» Y por causa de él, se produjo una división entre la gente. Algunos querían detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él.

Los guardias fueron a ver a los sumos sacerdotes y a los fariseos, y estos les preguntaron: « ¿Por qué no lo trajeron?»

Ellos respondieron: «Nadie habló jamás como este hombre.»

Los fariseos respondieron: « ¿También ustedes se dejaron engañar? ¿Acaso alguno de los jefes o de los fariseos ha creído en él? En cambio, esa gente que no conoce la Ley está maldita.»

Nicodemo, uno de ellos, que había ido antes a ver a Jesús, les dijo: « ¿Acaso nuestra Ley permite juzgar a un hombre sin escucharlo antes para saber lo que hizo?»

Le respondieron: « ¿Tú también eres galileo? Examina las Escrituras y verás que de Galilea no surge ningún profeta.»

Y cada uno regresó a su casa.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • En esta lectura primeramente, el profeta hace una confesión a causa de una persecución de sus compatriotas y familiares; en segundo lugar Jeremías plantea una cuestión sobre la felicidad de sus perseguidores y la aparente desventura de los buenos, finalmente, aparece una lamentación del mismo Yahvé porque lo han forzado a abandonar a su pueblo.
  • El profeta experimenta profundamente la persecución que, a causa de su predicación, están tramando contra él incluso sus familiares y sus amigos. Consciente de su propia debilidad, pide ayuda a Yahvé. Esta persecución, y tal vez la experiencia de otros casos de justos que sufren y de impíos que viven felices, lo mueve a preguntar a Yahvé por qué los malos viven llenos de bendiciones.
  • La respuesta de Yahvé lo desconcierta: verá cosas todavía peores y, a pesar de ello, tendrá que resistir firmemente y cumplir su deber entre inseguridades. El mismo Yahvé se debate entre su deseo de salvar y demostrar positivamente su amor, y su sentido de la justicia, que le obliga a castigar y corregir a su pueblo.
  • Está claro que leer esta confesión en momentos en que nos preparamos a revivir la Pascua del Señor obedece a la idea de que en Pascua se juega algo fundamental: el sincero sufrimiento de Dios a causa de sus hijos, y del Hijo a causa de sus hermanos. La salvación siempre pasará por el desconcierto, por la cruz, por la oscuridad de la fe. Pero el cristiano que se dispone a rememorar y revivir la Pascua, ve a través de la incertidumbre, la claridad y la luz de la nueva vida que el Señor instaura venciendo a la muerte.

***

  • En el evangelio vemos cómo la persona de Jesús, concretamente su origen, provoca discusiones y posturas diversas. Se ignora lo más profundo de su personalidad: su origen divino. La vida de los hombres se decide según la actitud vivencial que se tome con respecto a Jesús.
  • La escena evangélica de hoy se desarrolla en torno a las fiestas de las chozas o de los tabernáculos, una de las tres ocasiones que los israelitas visitaban Jerusalén. Era una fiesta cargada de mesianismo y de expectativas. Para muchos, esta fiesta se asociaba al triunfo definitivo de la experiencia del Reino de Dios y nadie quería perderse tal espectáculo; menos todo lo que iba a ocurrir en la ciudad santa de Jerusalén.
  • Este es el motivo por el que había allí tanta gente, y las preguntas que se hacen acerca de Jesús; asociando su misteriosa, popular, y profética personalidad. En ella, muchos habían depositado expectativas mesiánicas, en medio de la dominación romana, que mantenía en la ciudad una rigurosa guardia de soldados, para mantener el control público.
  • El tema que se discute es la posibilidad de que Jesús sea o no el Mesías, se barajan los criterios de lugar, clase social, autoridad en la enseñanza, continuidad con las instituciones, etc. Según los fariseos, la opinión oficial es normativa para todos; los individuos no tienen derecho a formarse un juicio; desprecian al pueblo porque no conoce la Ley y no puede practicarla; sólo quienes estudian pueden estar bien con Dios; la suya es una religión de privilegiados. Los fariseos confunden el conocimiento de la Ley con el conocimiento de Dios.
  • Jesús aparece nuevamente como signo de contradicción porque los guardias, encargados de prenderlo, quedan maravillados de cómo habla. En cambio los dirigentes del pueblo discuten entre ellos y no lo quieren reconocer, a pesar de que los motivos que presentan son débiles al lado de los grandes signos que hace Jesús.
  • Las palabras y actitudes de Jesús siguen creando desconcierto y confusión en muchas personas. Mientras el pueblo esperaba un gran profeta o a Elías mismo en persona; aparece Jesús cuestionador de la estructura, y el poder religioso del Templo. No es posible que un campesino, venido de Galilea, se atreva a criticar el poder central. El pueblo entra aún en mayor confusión, cuando los dirigentes judíos encuentran en Jesús más motivos de condenación que de aprobación.
  • No seguir a los maestros de la ley era un gran problema. Pero seguir a un carpintero pueblerino, que ofrece vida eterna como enviado del Padre, ponía en riesgo de ser acusados de blasfemia.
  • Por eso la autoridad establecida, empieza a cuestionar la procedencia de Jesús y plantea abiertamente la posibilidad de una condena. Nicodemo, fariseo, apoyándose en la Ley, exige un juicio justo; son las obras, no los prejuicios, las que han de decidir. Los fariseos han hecho de la Ley un instrumento de injusticia. Ellos no responden a lo que ha planteado Nicodemo, no atienden a razones; lo tachan de ignorante y lo atacan invitándolo a estudiar y ver que de Galilea no salen profetas. Están cegados por su aversión a Jesús. Ni consideran la posibilidad de que sea el Mesías.
  • Jesús sigue siendo signo de contradicción en el mundo: divide a los hombres y a sus opiniones con su sola presencia. Obliga a definirse, a tomar posición, así como lo hizo en su época palestinense, lo hace también ahora. El galileo perseguido, es Señor de su destino y del destino de todos. Los cristianos proclamamos que es Jesús de Nazaret. Es el Señor; Él nos lo ha dicho con palabras y obras y espera que le creamos:

“Yo soy el Enviado por el Padre, el Camino, la Verdad y la Vida”.

  • Necesitamos optar, porque Dios no se impone; se ofrece, se entrega. Y queda para nosotros la decisión a favor de Él o contra Él. Es una cuestión personal que cada uno con la ayuda del Espíritu Santo tiene que resolver. Los milagros sirven de poco, si no tenemos las disposiciones de humildad y de sencillez para reconocer en Jesús la presencia del Reino. Ante los mismos hechos, vemos a los judíos divididos, y a los hombres de hoy también. Y es que, en cuestiones de fe y amor no se puede dar una respuesta tibia, a medias: la vocación cristiana comporta una respuesta radical, tan radical como fue el testimonio de entrega y obediencia de Cristo en la Cruz.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Mi fe es intelectual o dejo que se exprese a través de la realidad más profunda de mi necesidad?
  • ¿Someto a Dios a la prueba de mi inteligencia y de mi sabiduría?
  • ¿Valoro la fe del pueblo sencillo o la desprecio?
  • ¿Valoro su expresión sensible como manifestación de cariño o la desvalorizo creyendo que es magia o fetichismo?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

 

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único.

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…La condición del cristiano, en la medida en que ser cristiano es resignarse a estar a merced de alguien, es algo singularmente inconfortable. Y usted lo sabe muy bien. En el fondo, lo que teme es, como dice muy bien, que una vez metido el dedo en el engranaje no se sabe dónde podrá ir a parar. Ciertamente, no se nos oculta que lo que impide tener fe a los que no la tienen es eso. Como es también lo que impide tener más fe a los que ya la tienen.

Siempre es grave introducir a otro en la propia vida, incluso desde el punto de vista humano; se sabe que ya no será posible disponer enteramente de uno. Dejar a Jesús entrar en la vida propia encierra un riesgo terrible. No se sabe hasta dónde nos llevará. Y la fe es precisamente eso. Jamás se me hará creer que es confortable.

Tomar en serio a Jesucristo es aceptar en la propia vida la irrupción de lo Absoluto del Amor, aceptar el ser arrastrado hacia no se sabe dónde. Y ese riesgo es al mismo tiempo la liberación, porque, en definitiva, después de todo, sabemos bien que sólo deseamos una cosa: ese Amor absoluto; y que, en última instancia, se nos despoja de nosotros mismos. Esto quiere decir, y me parece lo esencial, que la fe no aparece como una manera de acabar con las aventuras de la inteligencia, como una tranquilidad que uno se concedería cuando queda aún mucho por buscar. La fe no es una meta, sino un punto de partida. Introduce nuestra inteligencia en la más maravillosa de las aventuras, que es contemplar un día a la Trinidad…

 

J. Daniélou, Escándalo de la verdad, Madrid 1962, 136-137.

PARA REZAR

 

¡Feliz de ti!

 

Si tienes un corazón limpio,

libre de maldades y malicias,   

libre de dobleces y falsedades,

libre de orgullo y autosuficiencia,

libre de odios y rencores.

 

Feliz de ti

si tienes un corazón limpio,

libre de cegueras y caprichos,

de egoísmos y resentimientos,

abierto a la verdad y el amor,

para buscarlos apasionadamente

a lo largo del camino de la vida.

 

Feliz de ti

si tienes un corazón limpio,

que te permita ver a Dios

en el rostro de tus hermanos.

 

 

 

 


 

TIEMPO DE CUARESMA – SEMANA III – CICLO A

TIEMPO DE CUARESMA

DOMINGO III – CICLO A

 

LUNES III

 

MARTES III

 

MIÉRCOLES III

 

JUEVES III

19 de marzo

Solemnidad de San José – Esposo de Santa María Virgen

 

VIERNES III

 

SÁBADO III

 

 

TIEMPO DE CUARESMA

DOMINGO III – CICLO A

 

Dame agua viva para que no tenga más sed

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Éxodo    17, 1-7

 

El pueblo, torturado por la sed, protestó contra Moisés diciendo: « ¿Para qué nos hiciste salir de Egipto? ¿Sólo para hacernos morir de sed, junto con nuestros hijos y nuestro ganado?»

Moisés pidió auxilio al Señor, diciendo: « ¿Cómo tengo que comportarme con este pueblo, si falta poco para que me maten a pedradas?»

El Señor respondió a Moisés: «Pasa delante del pueblo, acompañado de algunos ancianos de Israel, y lleva en tu mano el bastón con que golpeaste las aguas del Nilo. Ve, porque yo estaré delante de ti, allá sobre la roca, en Horeb. Tú golpearás la roca, y de ella brotará agua para que beba el pueblo.»

Así lo hizo Moisés, a la vista de los ancianos de Israel.

Aquel lugar recibió el nombre de Masá -que significa «Provocación»- y de Meribá -que significa «Querella»- a causa de la acusación de los israelitas, y porque ellos provocaron al Señor, diciendo: « ¿El Señor está realmente entre nosotros, o no?»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 94, 1-2. 6-7d-9 (R.: 7d-8a)

 

R.    Ojalá hoy escuchen la voz del Señor: «No endurezcan su corazón.»

 

¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor,

aclamemos a la Roca que nos salva!

¡Lleguemos hasta él dándole gracias,

aclamemos con música al Señor! R.

 

¡Entren, inclinémonos para adorarlo!

¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó!

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros, el pueblo que él apacienta,

las ovejas conducidas por su mano. R.

 

Ojalá hoy escuchen la voz del Señor:

«No endurezcan su corazón como en Meribá,

como en el día de Masá, en el desierto,

cuando sus padres me tentaron y provocaron,

aunque habían visto mis obras.» R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Roma    5, 1-2. 5-8

 

Hermanos:

Justificados, entonces, por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Por él hemos alcanzado, mediante la fe, la gracia en la que estamos afianzados, y por él nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.

Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado.

En efecto, cuando todavía éramos débiles, Cristo, en el tiempo señalado, murió por los pecadores.

Difícilmente se encuentra alguien que dé su vida por un hombre justo; tal vez alguno sea capaz de morir por un bienhechor.

Pero la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    4, 5-42

 

Jesús llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía.

Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber.»

Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos.

La samaritana le respondió: « ¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos.

Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva.»

«Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva? ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?»

Jesús le respondió: «El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna.»

«Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla.»

Jesús le respondió: «Ve, llama a tu marido y vuelve aquí.»

La mujer respondió: «No tengo marido.»

Jesús continuó: «Tienes razón al decir que no tienes marido, porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad.»

La mujer le dijo: «Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar.»

Jesús le respondió: «Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.»

La mujer le dijo: «Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo.»

Jesús le respondió: «Soy yo, el que habla contigo.»

En ese momento llegaron sus discípulos y quedaron sorprendidos al verlo hablar con una mujer. Sin embargo, ninguno le preguntó: « ¿Qué quieres de ella?» o « ¿Por qué hablas con ella?»

La mujer, dejando allí su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: «Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. ¿No será el Mesías?»

Salieron entonces de la ciudad y fueron a su encuentro.

Mientras tanto, los discípulos le insistían a Jesús, diciendo: «Come, Maestro.» Pero él les dijo: «Yo tengo para comer un alimento que ustedes no conocen.»

Los discípulos se preguntaban entre sí: « ¿Alguien le habrá traído de comer?»

Jesús les respondió:

«Mi comida es hacer la voluntad de aquel que me envió y llevar a cabo su obra. Ustedes dicen que aún faltan cuatro meses para la cosecha. Pero yo les digo: Levanten los ojos y miren los campos: ya están madurando para la siega. Ya el segador recibe su salario y recoge el grano para la Vida eterna; así el que siembra y el que cosecha comparten una misma alegría. Porque en esto se cumple el proverbio: “Uno siembra y otro cosecha.” Yo los envié a cosechar adonde ustedes no han trabajado; otros han trabajado, y ustedes recogen el fruto de sus esfuerzos.»

Muchos samaritanos de esa ciudad habían creído en él por la palabra de la mujer, que atestiguaba: «Me ha dicho todo lo que hice.»

Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y él permaneció allí dos días. Muchos más creyeron en él, a causa de su palabra. Y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo.»

 

Palabra del Señor.

 

    O bien más breve:

 

Lectura del santo Evangelio según san Juan 4, 5-15. 19b-26. 39a. 40-42

 

Jesús llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía.

Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber.»

Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos.

La samaritana le respondió: « ¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos.

Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva.»

«Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva? ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?»

Jesús le respondió: «El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna.»

«Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla.» «Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar.»

Jesús le respondió: «Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.»

La mujer le dijo: «Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo.»

Jesús le respondió: «Soy yo, el que habla contigo.»

Muchos samaritanos de esta ciudad habían creído en él. Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y él permaneció allí dos días. Muchos más creyeron en él, a causa de su palabra. Y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • El pueblo que atraviesa el desierto se encuentra cansado y sediento. La promesa de una tierra que mana leche y miel los sacó de la esclavitud de Egipto, pero de camino en la libertad del desierto les faltó el agua y, con ella, la esperanza. Quedan lejos los proyectos optimistas y sólo ven peligros, dificultades. Comenzaron así a sospechar de la promesa y de quién la había hecho, comenzaron a murmurar y dudar de Moisés y de quién lo había enviado: El Señor para demostrar que cumple lo que promete hizo saltar el agua de la roca para que bebiera su pueblo y no le faltara ni el agua, ni la esperanza.
  • San Pablo, hoy, define nuestra condición de cristianos: salvados por haber creído en Cristo, reconciliados con Dios, llenos de sus dones. El mayor de los dones es el Espíritu Santo que nos ha sido dado, don inmerecido e inesperado, como el agua de las fuentes de agua que brotaron del Horeb para saciar la sed del pueblo.
  • El evangelio nos ofrece una de las escenas y diálogos mejor construidos de San Juan. Los samaritanos proceden de la unión de tribus asirias y de judíos del reino del Norte antes de su destrucción. Después se llegó a un verdadero cisma entre judíos y samaritanos. Los samaritanos se opusieron a la construcción del nuevo Templo de los judíos y construyeron otro santuario para ellos en el monte Garizim que fue destruido en el año 129 a C. Los samaritanos se consideran descendientes de los Patriarcas, y estaban orgullosos del pozo que decían les había dejado su padre Jacob por medio de José. Un judío religioso debía evitar todo contacto con los samaritanos que eran considerados no solamente impuros, sino herejes, por lo tanto, lo que menos se podía pensar era en pedirle a ellos de comer o beber.
  • En el encuentro de Jesús con la samaritana todo es normal: mediodía, la hora de la sed; después de un largo viaje Jesús está cansado y pide agua. La mujer, igual que cada día, iba a buscar agua al pozo del padre Jacob.
  • Entre Jesús y aquella mujer samaritana había una tremenda barrera religiosa, y además la barrera que significaba que él era hombre y ella, mujer. Jesús prescinde de estos condicionamientos. Él es, y se presenta ante todo como un ser humano necesitado.
  • Pero Jesús, pidiendo un favor le ofrece a cambio otro favor, le ofrece otra agua, otro manantial. Habla del agua viva que hace que el que beba de ella no vuelva a tener sed. Jesús no quita valor al agua del pozo de Jacob, sino que se limita a poner de relieve su insuficiencia. Cristo no condena las aguas de la tierra, sino que ofrece el agua que salta hasta la vida eterna. Promete Jesús la satisfacción plena, habla de agua que da vida, porque es don.
  • Jesús antes de dar el agua del evangelio exige sinceridad y conversión. La sed de la samaritana es búsqueda e insatisfacción. Esta mujer, tiene sed de felicidad. El Agua Viva, el Espíritu, el don gratuito de Dios, desborda la de los aljibes de Jerusalén y Garizim.
  • El nuevo nombre de Dios es “Padre”, y el culto verdadero será la práctica del amor, expresión del Espíritu que se derrama en el corazón de los hombres.

***

  • Jesús con una respetuosa pedagogía va conduciendo la conversación desde el agua material hasta la espiritual.
  • La sed de la samaritana puede entenderse como la sed de la humanidad, que no encuentra satisfacción ni seguridad en sus ídolos y camina a ciegas de un dios a otro, de un templo a otro. Es la sed de la humanidad doliente que no encuentra al Dios que la salve verdaderamente, la libere y la llene de luz.
  • Jesús pide de beber a la samaritana, para que ella le pida de beber. El maestro tiene sed de ver al Espíritu derramado en el corazón de los hombres, para que puedan tener sed de Dios y amarlo con deseo ferviente. El amor tiene sed de amar.
  • Jesús recogía la sed de todos los hombres, siendo Él quien únicamente puede saciar esa sed. Es Jesús quien ofrece a la samaritana y a todos los hombres el agua viva que sacia plenamente.
  • También nosotros tenemos sed. Sed de verdad, de seguridad, de amor, de sentido de la vida. Sin formularlo explícitamente, tenemos sed de salvación. Sentir sed, y saberlo, es una de las condiciones para recorrer con esperanza y sentido el camino hacia la vida plena, el camino hacia la Pascua. La vida verdadera, la que sacia el corazón humano, no está fuera del hombre: brota de sí mismo. Jesús no nos proporciona el agua viva desde el exterior: nos descubre a cada uno el misterio que se realiza cuando permitimos que el Espíritu obre en nosotros.
  • Igual que para la Samaritana, el primer paso para acceder al agua viva es la sinceridad con nosotros mismos. Superar la sutil y enorme barrera que nos impide ver más allá de lo que queremos ver mintiéndonos a nosotros mismos.
  • El que beba de esta agua nunca más tendrá sed. Jesús promete la satisfacción plena: cumplir nuestros anhelos más hondos, calmar nuestros dolores más profundos, liberar nuestras pasiones más esclavizantes, satisfacer nuestras hambres, llenar nuestras ausencias y avivar nuestras esperanzas.
  • El «Yo soy» de Jesús sigue siendo la respuesta más entrañable a nuestra sed, a nuestra fatiga, a nuestra desesperanza sea cual sea nuestro estado personal humano y cristiano. Siguiendo su camino, buscando lo mismo que Él, nuestra vida será como un torrente de agua en medio del desierto, como una fuente viva que todo lo llena, que todo lo fecunda.
  • Jesús quiere conducir nuestra vida de fe hacia una nueva calidad de vida que se realiza en el amor, y por él hacernos pasar del agua de la ley al agua del Espíritu, del agua del temor al agua del amor, del agua de las obras al agua de la gracia, del agua de la esclavitud al agua de la filiación, del agua de la debilidad al agua de la fortaleza.
  • Y el origen de tanta dicha está en su Espíritu, derramando sobre nosotros un manantial de paz, de gozo, de luz, de fuerza, de amor. El Espíritu que hace que Dios tenga su casa y su altar en el corazón del hombre y los hace fuente de vida.
  • Desde esta novedad, el verdadero culto consiste en testimoniar que Dios es Padre con una vida de verdaderos hijos suyos y hermanos de todos los hombres.
  • Si nuestra vida de fe no se arraiga en un amor al estilo de Jesús, el agua viva, el culto que celebramos, por muy sagrado que sea, no vale para nada, aunque se celebre en Jerusalén, en Roma o en la más olvidada de las capillas.
  • Lo que Jesús realizó con la samaritana, continúa haciéndolo con nosotros. Quien ha recibido esa agua viva, se ha convertido él mismo en manantial de vida, ha encontrado la posibilidad de dar culto a Dios más allá de cualquier espacio. Su vida en espíritu y en verdad es el lugar de encuentro con Dios. El agua recibida como don de Jesús no sólo sacia la sed, sino que da vida.
  • La samaritana que fue a sacar agua del pozo, abandona el cántaro vacío y, transformada por este encuentro, realiza una experiencia misionera con los de su pueblo. Es el encuentro con el que nos regala el “agua viva” hace emerger nuestra sed más honda y nos dinamiza en un amor hecho torrente de vida. Se convierte en un nuevo comienzo y en una manera diferente de comprender las cosas. Cada día nos irá exigiendo más y más. Nos convierte en esos hijos “buscados por el Padre” y “buscadores del Padre” que lo adoran “en espíritu y en verdad” gastando la vida en el servicio del Reino de Dios al servicio a los hermanos.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Cuál es la sed más profunda de mi vida?
  • ¿En qué pozos busco saciarme?
  • ¿Qué me ofrece Jesús?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

 

Mi alma tiene sed de ti, Señor

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…La encarnación y la pasión son la locura de amor de Dios para que el pecador pueda acogerlo. Desde esta locura se comprende cómo el mayor pecado es no creer en el amor de Dios por nosotros. No podemos olvidarnos de Dios: Él no nos olvida; no podemos alejarnos de Dios, Él no se aleja.

Dios nos espera en todos los caminos de nuestro destierro, en cualquier brocal de no sé que pozo al pie de cualquier higuera [...].

Nos espera no para reprocharnos, ni siquiera para decirnos: “Mira que te lo había dicho”, sino para cubrirnos con su amor, que nos salva incluso del mirar atrás con demasiada pena. Dostoievski pone en labios de la mujer culpable: “Dios te ama a causa de tus pecados”. No es exacto: Dios nos ama como somos para hacernos como Él quiere que seamos.

¡Gracias, Señor! Si me hubiese contentado con el deseo de ti, que me llevaba a buscarte sin saber dónde te podría encontrar, todavía estaría errando por los caminos, con la angustia de mi deseo insatisfecho o con la ilusión de haber encontrado algo. Te he encontrado de verdad porque has salido a mi encuentro en mis caminos de pecado: hombre entre Ios hombres, cuerpo bendito que yo mismo ayudé a despojar, a flagelar; rostro bendito besado por mis labios, como Judas; corazón que atravesé…

Ninguna sed creó jamás las fuentes, ni hizo brotar agua en las arenas. Tu sed, sin embargo, ha apagado mi sed porque si no hubieses seguido mis huellas, si no te hubieses dejado crucificar por mí quizás te hubiera buscado, pero nunca te habría encontrado. Señor, gracias por haberte dejado clavar en la cruz, por dejarte encontrar por el que te crucificó. Amén…

 

R Mazzolari, La más bella aventura, Brescia 1974, 218.223.

 

PARA REZAR

 

Espérame, Señor,

junto al pozo de mi vida,

a la hora que me toque.

Inicia Tú el diálogo,

mendigo rico del agua viva.

Aléjame de amores efímeros

que todavía me ocupan.

Disipa los prejuicios,

las dudas y los temores.

Ahonda en mí el vacío

para que se llene del verdadero deseo.

Ensancha mi corazón,

cólmalo de esperanza.

Muéstrame el nombre a esta sed

que me quema el corazón.

Haz que llegue, hasta el centro más profundo

y secreto de mí mismo donde sólo llegas Tú.

Llámame a tu fuente,

para que también yo,

junto con todos los que tienen sed de ti,

pueda beber el agua viva que mana de ti.

Que pueda llenarme en tu agua fresca

sin cansarme nunca de ti.

Dame Cristo Señor,

de tu agua para que se transforme

en mí en surtidor de agua viva para la vida eterna.

A través de la dureza del orgullo de mi corazón,

entre las piedras de mis falsedades,

por la arena de mis infidelidades,

abre Tú mismo un acceso a tu Espíritu.

 

LUNES III

 

Jesús pasando en medio de ellos siguió su camino

 

Lectura del segundo libro de los Reyes    5, 1-15

 

Naamán, general del ejército del rey de Arám, era un hombre prestigioso y altamente estimado por su señor, porque gracias a él, el Señor había dado la victoria a Arám. Pero este hombre, guerrero valeroso, padecía de una enfermedad en la piel.

En una de sus incursiones, los arameos se habían llevado cautiva del país de Israel a una niña, que fue puesta al servicio de la mujer de Naamán. Ella dijo entonces a su patrona: « ¡Ojalá mi señor se presentara ante el profeta que está en Samaría! Seguramente, él lo libraría de su enfermedad.»

Naamán fue y le contó a su señor: «La niña del país de Israel ha dicho esto y esto.»

El rey de Arám respondió: «Está bien, ve, y yo enviaré una carta al rey de Israel.»

Naamán partió llevando consigo diez talentos de plata, seis mil siclos de oro y diez trajes de gala, y presentó al rey de Israel la carta que decía: «Al mismo tiempo que te llega esta carta, te envío a Naamán, mi servidor, para que lo libres de su enfermedad.»

Apenas el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestiduras y dijo: « ¿Acaso yo soy Dios, capaz de hacer morir y vivir, para que este me mande librar a un hombre de su enfermedad? Fíjense bien y verán que él está buscando un pretexto contra mí.»

Cuando Eliseo, el hombre de Dios, oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestiduras, mandó a decir al rey: « ¿Por qué has rasgado tus vestiduras? Que él venga a mí y sabrá que hay un profeta en Israel.»

Naamán llegó entonces con sus caballos y su carruaje, y se detuvo a la puerta de la casa de Eliseo. Eliseo mandó un mensajero para que le dijera: «Ve a bañarte siete veces en el Jordán; tu carne se restablecerá y quedarás limpio.»

Pero Naamán, muy irritado, se fue diciendo: «Yo me había imaginado que saldría él personalmente, se pondría de pie e invocaría el nombre del Señor, su Dios; luego pasaría su mano sobre la parte afectada y curaría al enfermo de la piel. ¿Acaso los ríos de Damasco, el Abaná y el Parpar, no valen más que todas las aguas de Israel? ¿No podía yo bañarme en ellos y quedar limpio?» Y dando media vuelta, se fue muy enojado.

Pero sus servidores se acercaron para decirle: «Padre, si el profeta te hubiera mandado una cosa extraordinaria ¿no lo habrías hecho? ¡Cuánto más si él te dice simplemente: Báñate y quedarás limpio!»

Entonces bajó y se sumergió siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del hombre de Dios; así su carne se volvió como la de un muchacho joven y quedó limpio.

Luego volvió con toda su comitiva adonde estaba el hombre de Dios. Al llegar, se presentó delante de él y le dijo: «Ahora reconozco que no hay Dios en toda la tierra, a no ser en Israel. Acepta, te lo ruego, un presente de tu servidor.»

   

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 41, 2. 3; 42, 3. 4 (R.: cf. 41,3)

 

R.    Mi alma tiene sed del Dios viviente: ¿Cuándo contemplaré el rostro de Dios?

 

Como la cierva sedienta

busca las corrientes de agua,

así mi alma suspira

por ti, mi Dios. R.

 

Mi alma tiene sed de Dios,

del Dios viviente:

¿Cuándo iré a contemplar

el rostro de Dios? R.

 

Envíame tu luz y tu verdad:

que ellas me encaminen

y me guíen a tu santa Montaña,

hasta el lugar donde habitas. R.

 

Y llegaré al altar de Dios,

el Dios que es la alegría de mi vida;

y te daré gracias con la cítara,

Señor, Dios mío. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    4, 24-30

 

Cuando Jesús llegó a Nazaret, dijo a la multitud en la sinagoga:

«Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra. Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país. Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón.

También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio.»

Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo. Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Los sirios tenían fama de poseer secretos mágicos para curar las enfermedades. Damasco era esplendorosa y opulenta, eran bien conocidos sus perfumes y sus aguas refrescantes a pesar de estar al borde del desierto. Naamán, el Sirio, favorito del gobierno del rey es oriundo de esta ciudad y va a Israel buscando la curación de su lepra.
  • El profeta Eliseo le manda decir que tiene que lavarse siete veces en el Jordán y su carne quedará limpia. Naamán a pesar de su enojo, porque esperaba gestos más espectaculares, es capaz de humillarse y someterse a la palabra del profeta. Se baña en el Jordán y experimenta que lo menos importante es el río y el número de veces que tenía que bañarse. Lo importante era hacer lo que Dios quería y como Dios quiere.
  • El pagano Naamán sale sano del baño del Jordán purificado de la lepra del cuerpo y sobre todo de la de su corazón incrédulo. Sale creyendo ya en el Dios verdadero.

***

  • El Evangelio que escuchamos hoy está a continuación de la proclamación que Jesús hace del Año de Gracia para todo el pueblo manifestado en la libertad para los oprimidos, luz para los ciegos y la buena nueva para los pobres. Después de este anuncio los hombres de Nazaret tientan a Dios y quieren utilizar a Jesús pidiéndole que realice los milagros que ha hecho en Cafarnaún.
  • Jesús no se deja intimidar, y aprovecha para anunciar la salvación universal a través del recuerdo de la viuda y el general que siendo paganos fueron bendecidos por los milagros de Elías y de Eliseo y supieron reconocer la actuación de Dios. Jesús se sitúa en la línea de los profetas que critican que la salvación sea vista como algo exclusivo de los judíos.
  • Las palabras que Jesús dirige a su pueblo, a pesar de haber sido recibidas en un comienzo con admiración y aplausos, acaban casi en tragedia. Les molesta tanto que Jesús les muestre que no han sabido captar los signos de los tiempos, que lo empujan fuera del pueblo con la intención de despeñarlo. Ya se vislumbra el final del camino: la muerte en la cruz.
  • Nuestra sociedad no se encuentra lejos de la problemática de los Nazarenos. Seguimos manejando la fantasía del proyecto de una nueva humanidad realizada a base de milagros, sin el esfuerzo que da el convencimiento, sin la conversión y el sacrificio de los propios intereses y como propiedad exclusiva de unos pocos.
  • Hacer milagros para implantar la justicia, la bondad y el amor solidario en el mundo, no es el camino que Dios ha elegido. La nueva realidad debe nacer, ciertamente con la ayuda de Dios, pero con el asentimiento y el compromiso de todo el hombre y de todos los hombres.
  • Dios se deja encontrar solamente por los sencillos, aquellos que aún no se han formado juicio alguno sobre Él, aquellos que aún no han convertido a Dios a su imagen y semejanza. Dios no es algo; Él es Alguien siempre original, siempre nuevo, que inesperadamente entra en nuestra vida y rompe esquemas, destruye tranquilidades y nos coloca siempre ante el gran desafío de la fe.
  • Por eso, acoger a Cristo no es privilegio de una raza o una nación sino de todos los que sepan reconocer los signos, las llamadas de Dios que suelen ser siempre en la vida cotidiana y común de los hombres: una pobre viuda que espera socorro para el hambre y un leproso desahuciado. Y para poder reconocerlo, necesitamos estar sedientos del Dios que da la vida. Estar sedientos de Él es el único modo para encontrar siempre, y en todo momento, a través de las circunstancias, de las personas, de los ambientes, de las dudas, de las caídas, de nuestras debilidades, la salvación de Dios.
  • Cuaresma es el tiempo favorable para que desde la contemplación de nuestra vida, con sus luces y sombras, pidamos que se agigante nuestro deseo de Dios.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Dónde busco a Dios?
  • ¿Qué valor le doy a lo cotidiano como expresión de la voluntad de Dios?
  • ¿Puedo descubrir que Dios me habla a través de acontecimientos y personas?
  • ¿Cuáles? ¿Quiénes?

     

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

 

Envíanos, Señor, tu luz y tu verdad

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…Existe una obediencia a Dios, con frecuencia muy exigente, que consiste sencillamente en obedecer a las situaciones. Cuando se ha visto que, a pesar de todo el esfuerzo y las oraciones, se dan, en nuestra vida, situaciones difíciles, incluso a veces absurdas y, a nuestro parecer, espiritualmente contraproducentes, que no cambian, hay que dejar “de dar coces contra el aguijón” y empezar a ver en tales situaciones la silenciosa pero no menos cierta voluntad de Dios con nosotros. Es preciso, además, dejar todo, para hacer la voluntad de Dios: trabajo, proyectos, relaciones (…]

La conclusión más hermosa de vida de obediencia sería “morir por obediencia”, es decir, morir porque Dios dice a su siervo: “¡Ven!”, y él viene.

La obediencia a Dios en su forma concreta no es asunto exclusivo de los religiosos en la Iglesia, sino que está abierta a todos los bautizados. Los laicos no tienen, en la Iglesia, un superior al que obedecer —por lo menos no en el sentido en que lo tienen los religiosos y clérigos-, pero, en compensación, tienen un “Señor” al que obedecer. Tienen su Palabra. Desde sus más remotas raíces hebreas, la palabra “obedecer” indica la escucha y se refiere a la Palabra de Dios. El camino de la obediencia se abre al que ha decidido vivir “para el Señor”; es una exigencia que se desprende de la verdadera conversión…

 

R. Cantalamessa, La obediencia, Milán 1986, 59-63, passim.

 

PARA REZAR

 

Señor, que podamos sentir la luz de tu presencia

en el corazón de la vida,

queremos hallarte en lo profundo

de lo cotidiano.

Estás tan cerca que es un error

salir en tu búsqueda, lejos.

Estas presente entre nosotros,

en cada uno, te revelas en todo lo

que nos pasa día a día.

Señor, ya has venido, ya estas viniendo.
Ahora solo nos falta ver.

Sabemos que te estas revelando siempre,

en cada sonrisa, en cada problema.

Ábrenos, Señor, el oído,

como una antena abierta,

para escuchar tu latido,

repetido en cada ser humano,

sobre todos en los más pobres

y oprimidos y sepamos encontrarte.

 

MARTES III

 

Te digo hasta setenta veces siete

 

Lectura de la profecía de Daniel    3, 25-26. 34-43

 

Azarías, de pie en medio del fuego, tomó la palabra y oró así:

No nos abandones para siempre a causa de tu Nombre, no anules tu Alianza, no apartes tu misericordia de nosotros, por amor a Abraham, tu amigo, a Isaac, tu servidor, y a Israel, tu santo, a quienes prometiste una descendencia numerosa como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar.

Señor, hemos llegado a ser más pequeños que todas las naciones, y hoy somos humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. Ya no hay más en este tiempo, ni jefe, ni profeta, ni príncipe, ni holocausto, ni sacrificio, ni oblación, ni incienso, ni lugar donde ofrecer las primicias, y así, alcanzar tu favor.

Pero que nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humillado nos hagan aceptables como los holocaustos de carneros y de toros, y los millares de corderos cebados; que así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, y que nosotros te sigamos plenamente, porque no quedan confundidos los que confían en ti.

Y ahora te seguimos de todo corazón, te tememos y buscamos tu rostro. No nos cubras de vergüenza, sino trátanos según tu benignidad y la abundancia de tu misericordia. Líbranos conforme a tus obras maravillosas, y da gloria a tu Nombre, Señor.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 24, 4-5a. 6-7bc. 8-9 (R.: 6a)

 

R.    Acuérdate, Señor, de tu compasión.

 

Muéstrame, Señor, tus caminos,

enséñame tus senderos.

Guíame por el camino de tu fidelidad;

enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador. R

 

Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor,

porque son eternos.

Por tu bondad, Señor,

acuérdate de mí según tu fidelidad. R.

 

El Señor es bondadoso y recto:

por eso muestra el camino a los extraviados;

él guía a los humildes para que obren rectamente

y enseña su camino a los pobres. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    18, 21-35

 

Se adelantó Pedro y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?»

Jesús le respondió: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos. Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.

El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: “Señor, dame un plazo y te pagaré todo.”

El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.

Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: “Págame lo que me debes.”

El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: “Dame un plazo y te pagaré la deuda.”

Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor. Este lo mandó llamar y le dijo: “¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda. ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?”

E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.

Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • La época de Daniel es un período de prueba, de mucha humillación. Los judíos han sido deportados a Babilonia. Y, en esa situación, la peor tentación es la impresión turbadora de “estar abandonado de Dios”.
  • Con el sentimiento de haber sido humillados en el mundo entero a causa de sus pecados, es cuando Daniel eleva a Dios su plegaria apoyada por entero en la «misericordia» de Dios. Para el pueblo de la alianza, la oración eficaz, es la que se pueda hacer en medio de sacrificios litúrgicos o por intermedio de un profeta. Pero en medio de la persecución no existe ninguna estructura ni institución: «ni jefe, ni profeta, ni príncipe, ni holocausto, ni sacrificio de ofrenda, ni incienso, ni siquiera un lugar para rezar. . .» En lugar de abatirse, el autor de la oración descubre el alcance de sacrificio que tiene la penitencia y la contrición. La oración del perseguido vale por todos los sacrificios de ovejas y corderos.
  • Dios ha ido educando progresivamente a su pueblo para que pase de los sacrificios de sangre del comienzo, que no comprometen verdaderamente a los que participan en él, sino a la víctima, a los sacrificios de oblación espiritual en los que el sentimiento personal constituye la esencia del sacrificio.
  • Son la obediencia, el arrepentimiento y la búsqueda de la justicia lo que constituye la materia del sacrificio.

***

  • Una vez más el evangelio da un paso adelante: si la primera lectura nos invitaba a pedir perdón a Dios, ahora Jesús nos presenta otra consigna, que sepamos perdonar nosotros a los demás.
  • La pregunta de Pedro es razonable, según nuestras medidas humanas. Le parece que ya es mucho perdonar siete veces. La cifra siete, que pone Pedro, era simbólica. Para un judío de entonces, era una cifra sagrada, que simboliza la perfección. A pesar de esto, recibe de Jesús una respuesta que no se esperaba: hay que perdonar setenta veces siete, o sea, siempre.
  • El método que Jesús usa para enseñar aquí, es el mismo de sus grandes enseñanzas: desde la parábola pone el acento en el estilo de Dios a la hora de otorgar el perdón. El rey después de llamar al orden a su deudor moroso y de haberle hecho ver la gravedad de la situación, se dejó enternecer repentinamente por su petición dolida y humilde. Dios perdona sin límites al arrepentido y convertido. El final negativo y triste de la parábola, muestra lo ilógico de quien no quiere perdonar habiendo sido perdonado de una deuda incontablemente mayor.
  • Ciertamente esto va más allá de lo “razonable”. Lo que es inverosímil para el hombre, resulta ser estrictamente verdadero, y desconcertante, en el caso de Dios. Para Jesús, la inmensidad del perdón de Dios, su amor sin medida, su misericordia sin tregua y sin límite es lo que debe suscitar nuestra misericordia respecto a nuestros hermanos.
  • El punto central de la enseñanza de la parábola es la misericordia, que aparece como la característica fundamental del actuar de Dios; que puede ser experimentada en la vida de cada hombre, y que para ser conservada exige que se convierta en actitud permanente que vitalice las relaciones fraternas. Sólo cuando somos capaces de compartir el perdón de Dios, perdonando a los hermanos, nuestro corazón está abierto a la fuente del perdón, al Padre del Cielo.
  • Jesús no se cansa de reiterarnos que la llegada del Reino tiene categorías distintas al proceder habitual humano. Perdonar y ser compasivos con los hermanos, es una necesidad y un deber en agradecimiento a Dios que nos ha perdonado y sigue siendo compasivo con nosotros.
  • El Reino se realiza allí donde existe el amor gratuito, el perdón; a pesar de que cuando se perdona se corren riesgos. Cuaresma, tiempo de perdón, de reconciliación en todas las direcciones, con Dios y con el prójimo; de realización sencillamente y visible de la misericordia. Perdonando el pasado doloroso se construye un futuro esperanzador.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Me abro al perdón de Dios con confianza de hijo?
  • ¿Pongo límites al perdón de Dios? ¿Hasta dónde dejo que rehaga mi vida?
  • ¿Creo que es posible inventar una nueva historia?
  • ¿Pongo límites al perdón hacia los demás?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón


 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…Ser plenamente sinceros significa hacer todo preocupándose únicamente de lo que Dios piensa de nuestras acciones. Significa, por consiguiente, no adoptar actitudes diversas según el ambiente, no pensar de un modo cuando estamos solos y de otro cuando se está con alguien, sino hablar y actuar bajo la mirada de Dios, que lee los corazones. La sinceridad consiste en esforzarse para que nuestro porte externo coincida cada vez más con nuestro interior. Y, naturalmente, sin provocación, sino sencillamente siendo lo que somos, sin falsear la verdad por temor a desagradar a los demás. Esta sinceridad exige pureza de intención, es decir, preocuparnos en nuestro actuar del juicio de Dios, no de los juicios humanos; actuar preocupándonos más de lo que agrada o desagrada a Dios que de lo que agrada o desagrada a los hombres. Este es uno de los puntos esenciales de la vida espiritual.

Habitualmente -no nos hagamos ilusiones- nos domina la preocupación de agradar o desagradar a los hombres, interesándonos de mejorar la imagen que los otros pueden tener de nosotros. Y, sin embargo, nos preocupamos poco de lo que somos a los ojos de Dios; y por esta razón nos saltamos con frecuencia lo que sólo Dios ve: la oración oculta, las obras de caridad secretas. Y ponemos mayor empeño en lo que, aunque lo hagamos por Dios, lo ven también los hombres y va implicada nuestra reputación. Llegar a una total sinceridad -esto es, a obrar
bien lo mismo si no nos ven que si nos ven- significa llegar a una perfección altísima…

 

 

J. Daniélou, Ensayo sobre el misterio de la historia, Brescia 1963, 334s

 

PARA REZAR

 

Que inmenso es tu amor,

Padre bueno y lleno de ternura.

Nos sentimos tan mezquinos

ante la grandeza de tu amor y tu perdón.

Nos llamaste gratuitamente a la vida

y no dejas de manifestarte

generoso ante nuestras faltas y pecados.

Ayudanos a no olvidar tu amor

que no dudó en darnos lo que tenía

como más precioso: Jesús.

El es la Palabra que salva,

la mano que tendés a los pecadores,

el consuelo que nos trae la paz

la caricia que sana nuestra heridas.

Abrí nuestro corazón para que descubramos

la grandeza de tu misericordia

y que la gracia de tu perdón

se haga fecunda en nuestra vida

y en la vida de nuestros hermanos,

la misma gracia que nos das

cuando tu amor toca nuestra pobreza.

 

MIÉRCOLES III

 

He venido a dar cumplimiento a la ley

 

Lectura del libro del Deuteronomio    4, 1. 5-9

 

Moisés habló al pueblo, diciendo:

«Y ahora, Israel, escucha los preceptos y las leyes que yo les enseño para que las pongan en práctica. Así ustedes vivirán y entrarán a tomar posesión de la tierra que les da el Señor, el Dios de sus padres.

Tengan bien presente que ha sido el Señor, mi Dios, el que me ordenó enseñarles los preceptos y las leyes que ustedes deberán cumplir en la tierra de la que van a tomar posesión. Obsérvenlos y pónganlos en práctica, porque así serán sabios y prudentes a los ojos de los pueblos, que al oír todas estas leyes, dirán: “¡Realmente es un pueblo sabio y prudente esta gran nación!”

¿Existe acaso una nación tan grande que tenga sus dioses cerca de ella, como el Señor, nuestro Dios, está cerca de nosotros siempre que lo invocamos? ¿Y qué gran nación tiene preceptos y costumbres tan justas como esta Ley que hoy promulgo en presencia de ustedes?

Pero presta atención y ten cuidado, para no olvidar las cosas que has visto con tus propios ojos, ni dejar que se aparten de tu corazón un solo instante. Enséñalas a tus hijos y a tus nietos.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 147, 12-13. 15-16. 19-20 (R.: 12a)

 

R.    ¡Glorifica al Señor, Jerusalén!

 

¡Glorifica al Señor, Jerusalén,

alaba a tu Dios, Sión!

El reforzó los cerrojos de tus puertas

y bendijo a tus hijos dentro de ti. R.

 

Envía su mensaje a la tierra,

su palabra corre velozmente;

reparte la nieve como lana

y esparce la escarcha como ceniza. R.

 

Revela su palabra a Jacob,

sus preceptos y mandatos a Israel:

a ningún otro pueblo trató así

ni le dio a conocer sus mandamientos. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    5, 17-19

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.

El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Moisés exhorta a su pueblo, en vísperas de entrar en la tierra prometida, a que viva según la voluntad de Dios, que cumpla la parte que le toca en la Alianza que han firmado con Dios: tienen que vivir según sus mandamientos. La Alianza se concreta en normas de vida.
  • Dios se dirige a los hombres como a una persona amada, llamándolos por su nombre. Era, además, una fórmula ritual: «Escucha, Israel…». El cumplimiento de los mandamientos de Dios es señal de que el pueblo permanece fiel a la Alianza. El Deuteronomio, ya apunta el peligro de que el pueblo se olvide de los hechos salvíficos de Dios y caiga en el legalismo. Cumplir los mandamientos no otorga ningún derecho ante Dios.

***

  • En esta vuelta a la “escuela del seguimiento y la fe” que representa la Cuaresma, hoy Jesús nos asoma al sentido que tienen los mandamientos de Dios. El mismo libro del Deuteronomio los califica de sabios, prudentes y justos. No se trata de cargas pesadas para hacer la vida humana insufrible sino, más bien, de caminos que conducen a la vida: “Así vivirán, entrarán y tomarán posesión de la tierra que el Señor, Dios de sus padres, les va a dar”.
  • La aparición de Jesús en la vida y la historia del pueblo de Israel, no debe entenderse como una ruptura brusca y desconectada con todo el proceso de la salvación que Dios va conduciendo con su mano. Al contrario, lo que ocurre con Jesús es la plenitud de esa historia. La ley mosaica cumplió a su modo, la función de pedagogo que preparaba la fe en Jesús.
  • La Ley es un medio para llegar a Dios, que es el fin. No puede el medio convertirse en fin porque se trastocan todos los valores. Eso había ocurrido en el pueblo de Israel y Jesús lo replantea. Es parte de su misión profética, recuperar la verdadera imagen de Dios para los que la han desfigurado y proponerla para los que no la conocen.
  • Jesús, valora la ley como camino de vida, si bien es consciente de que los mandamientos se han interpretado mal, que se han pervertido, no quiere anularlos, quiere enseñar a cumplirlos. Confirma con su vida lo que anuncia solemnemente: ha venido al mundo a hacer realidad la Ley y lo anunciado por los profetas. No echa por tierra la historia y toda la vida del pueblo fiel, reconoce el trabajo de las generaciones anteriores y le da validez. El no parte de cero, como si nada valioso se hubiera hecho hasta el presente.
  • Todo lo contenido en la Escritura, se tendrá que realizar hasta en sus mínimos detalles porque no se trata de observar simplemente una ley, sino de realizar una promesa, de vivir el proyecto de Dios. Jesús es la Ley y el programa propuesto por Él, es el único eficaz para llevar a cabo el designio de Dios anunciado en el Antiguo Testamento.
  • La misión de Jesús es positiva, no negativa; viene precisamente a dar cumplimiento a las promesas del reinado de Dios contenidas en la antigua alianza. En la Ley hay elementos de Reino y en la medida en que se cumplan esos elementos, se participa en el Reino que Jesús propone.
  • La plenitud de todo mandamiento es el amor. Sin él, los preceptos pueden convertirse en barreras e incluso en armas que ponen en peligro la vida del hombre y de la comunidad. Desde el amor, son cauces que nos ayudan a realizar lo esencial de la vida humana: amar a Dios y al prójimo y hacer de este mundo expresión de vida y no de muerte, caminos de libertad y no de esclavitud.
  • La ley de Dios es plena, cuando no nos alcanza con un cumplimiento a medida; hasta acá sí, o hasta acá no; sino cuando rompemos las barreras y los límites que encapsulan, las grandes posibilidades que Dios puso en nuestro corazón, que está creado a su medida.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Qué valor le doy al cumplimiento de la ley en mi vida?
  • ¿Descubro en ella un camino de verdad y plenitud?
  • ¿Descubro que la ley de Dios no es una regla sino el seguimiento de una persona, Jesucristo?
  • ¿Hago la ley a mi medida o me mido desde la ley?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

 

Inclino mi corazón a tu ley de amor

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…Cuando aquellos a quienes amamos nos piden algo, les damos las gracias por pedírnoslo. Si tú deseases, Señor, pedirnos una única cosa en toda nuestra vida, nos dejarías asombrados, y el haber cumplido una sola vez tu voluntad sería el gran acontecimiento de nuestro destino. Pero como cada día, cada hora, cada minuto, pones en nuestras manos tal honor, lo encontramos tan natural que estamos hastiados, que estamos cansados…

Y, sin embargo, si entendiésemos qué inescrutable es tu misterio, nos quedaríamos estupefactos al poder conocer esas chispas de tu voluntad que son nuestros minúsculos deberes. Nos deslumbraría conocer, en esta inmensa tiniebla que nos cubre, las innumerables, precisas y personales luces de tus deseos. El día que lo entendiésemos, iríamos por la vida como una especie de profetas, como videntes de tus pequeñas providencias, como agentes de tus intervenciones. Nada sería mediocre, pues todo sería deseado por ti. Nada sería demasiado agobiante, pues todo tendría su raíz en ti. Nada sería triste, pues todo sería querido por ti. Nada sería tedioso, pues todo sería amor por ti.

Todos estamos predestinados al éxtasis, todos estamos llamados a salir de nuestras pobres maquinaciones para resurgir hora tras hora en tu plan. Nunca somos pobres rechazados, sino bienaventurados llamados; llamados a saber lo que te gusta hacer, llamados a saber lo que esperas en cada instante de nosotros: personas que necesitas un poco, personas cuyos gestos echarías de menos si nos negásemos a
hacerlos. El ovillo
de algodón para zurcir, la carta que hay que escribir, el niño que es preciso levantar, el marido que hay que alegrar, la puerta que hay que abrir, el teléfono que hay que descolgar, el dolor de cabeza que hay que soportar…: otros tantos trampolines para el éxtasis, otros tantos puentes para pasar desde nuestra pobre y mala voluntad a la serena rivera de tu deseo…

 

M. Delbrél, La alegría de creer, Santander 1997, 135s.

 

PARA REZAR

 

Señor tu palabra es la verdad,

y tu ley es camino de libertad.

Gracias por tu único mandamiento,

que todo lo plenifica porque es amor.

Sabemos que aunque

ardamos de amor hasta morir,

aún no habremos amado lo suficiente,

nunca amamos bastante,

y nuestro amor necesita ser purificado.

Danos un corazón puro y sencillo,

para que, con tu hijo Jesús

vivamos de tu palabra y alcancemos

el gozo de crear un mundo más feliz.

 

JUEVES III

 

19 de marzo

Solemnidad de San José – Esposo de Santa María Virgen

 

Misterio de amor

 

Lectura del segundo libro de Samuel    7, 4-5a. 12-14a. 16

 

Pero aquella misma noche, la palabra del Señor llegó a Natán en estos términos:

«Ve a decirle a mi servidor David: Así habla el Señor: Cuando hayas llegado al término de tus días y vayas a descansar con tus padres, yo elevaré después de ti a uno de tus descendientes, a uno que saldrá de tus entrañas, y afianzaré su realeza. El edificará una casa para mi Nombre, y yo afianzaré para siempre su trono real. Seré un padre para él, y él será para mí un hijo. Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí, y tu trono será estable para siempre.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 88, 2-3. 4-5. 27 y 29 (R.: 37)

 

R.     Su descendencia permanecerá para siempre.

 

Cantaré eternamente el amor del Señor,

proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones.

Porque tú has dicho: «Mi amor se mantendrá eternamente,

mi fidelidad está afianzada en el cielo. R.

 

Yo sellé una alianza con mi elegido,

hice este juramento a David, mi servidor:

“Estableceré tu descendencia para siempre,

mantendré tu trono por todas las generaciones.”» R.

 

El me dirá: «Tú eres mi padre,

mi Dios, mi Roca salvadora.»

Le aseguraré mi amor eternamente,

y mi alianza será estable para él. R.

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Roma    4, 13. 16-18. 22

 

Hermanos:

En efecto, la promesa de recibir el mundo en herencia, hecha a Abraham y a su posteridad, no le fue concedida en virtud de la Ley, sino por la justicia que procede de la fe.

Por eso, la herencia se obtiene por medio de la fe, a fin de que esa herencia sea gratuita y la promesa quede asegurada para todos los descendientes de Abraham, no sólo los que lo son por la Ley, sino también los que lo son por la fe. Porque él es nuestro padre común como dice la Escritura: Te he constituido padre de muchas naciones. Abraham es nuestro padre a los ojos de aquel en quien creyó: el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen.

Esperando contra toda esperanza, Abraham creyó y llegó a ser padre de muchas naciones, como se le había anunciado: Así será tu descendencia. Por eso, la fe le fue tenida en cuenta para su justificación.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    1, 16. 18-21. 24a

 

Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo.

Este fue el origen de Jesucristo:

María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.

Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados.»

Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado.

 

Palabra del Señor.

 

O bien:

 

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    2, 41-51a

 

Sus padres iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua.

Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre, y acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta. Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos. Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él.

Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Y todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas.

Al verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: «Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados.»

Jesús les respondió: « ¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?» Ellos no entendieron lo que les decía.

El regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Las lecturas de hoy quieren destacar que la realización del plan divino de salvación discurre por el cauce de la historia humana a través, a veces, de figuras señeras como Abraham, Moisés, David, Isaías, Pablo; o de hombres sencillos como el humilde carpintero de Nazaret. Lo que importa ante Dios es la fe y el amor con que cada cual teje el tapiz de su vida, en la urdimbre de sus ocupaciones normales y corrientes. Dios no nos preguntará si hicimos grandes obras, sino si hicimos bien y con amor la tarea que debíamos hacer. El evangelio apenas si nos dice nada de san José.
  • Poquísimo nos dice de su vida, y nada de su muerte, que debió de ocurrir en Nazaret poco antes de la vida pública de Jesús. Sólo Mateo escribe de José una lacónica frase que resume su santidad: era un hombre justo. Acostumbrados a tanto superlativo, esta palabra tan corta nos dice muy poco a nosotros, tan barrocos. Pero a un israelita decía mucho. La palabra “justo” ciñe como una aureola el nombre de José como los nombres de Abel (He 11,4), de Noé (Gn 6,9), de Tobías (Tb 7,6), de Zacarías e Isabel (Lc 1,6), de Juan Bautista (Mc 6,20), y del mismo Jesús (Lc 23,47). “Justo”, en lenguaje bíblico, designa al hombre bueno en quien Dios se complace. El Salmo 91,13 dice que “el justo florece como la palmera”. La esbelta y elegante palmera, tan común en Oriente, es una bella imagen de la misión de san José. Así como la palmera ofrece al beduino su sombra protectora y sus dátiles, así se alza san José en la santa casa de Nazaret, ofreciendo amparo y sustento a sus dos amores: Jesús y María.

***

  • Hay vidas que marcan la historia y la vida de los hombres por sus palabras, por sus acciones y esto se da tanto en el aspecto positivo como en el contrario. Hay vidas que sin embrago marcan también la historia por sus silencios. Hay silencios perjudiciales de omisión, que son simplemente ausencia de palabras.
  • Pero están los otros, los silencios fecundos, aquellos que dan paso y permiten una palabra verdadera, silencios que son capacidad de ahuecar el corazón, de estar a la escucha, escucha de la voz de los hombres para descubrir sus necesidades y poner el gesto oportuno, silencios que dejan que resuene en lo profundo del corazón humano, ese latido interior, que cuando podemos escucharlo nos va llamando constantemente a la vida plena, auténtica, a la vida con sentido, a situarnos y realizar ese lugar único irrepetible e irremplazable.
  • Ese espacio, que por ser espacio hablado por Dios, es sagrado.
  • San José a quien hoy celebramos fue uno de esos hombres con capacidad de dejarse hablar, que es más que escuchar, capacidad de dejarse decir por Dios, dejarse nombrar.
  • Aunque ese incomprensible llamado, a los ojos de los hombres, sólo lleva desventajas, a los ojos de la fe, le revela a la Iglesia y al hombre, una cálida y cercana santidad que se va haciendo de pequeñas cosas, cotidianas, pero que tiene la marca de fuego de un hombre que cree; y porque cree, es capaz de la grandeza de dejar de lado su proyecto para hacer carne el proyecto de Dios, de abandonar la humana realización, para vivir la plenitud, la plenitud del encuentro con Dios.
  • Dios no lo llamó a algo extraordinario, sencillamente a ser “papá”, entrañable papá de su hijo en la vida pueblerina de Nazaret.
  • Pequeñez y grandeza que se va conjugando. Dios y hombre entremezclados.
  • Ese papá fue grabando en los ojos y el corazón de Jesús, las imágenes desde las cuales podrá hablarles a los hombres del abrazo fuerte y seguro del padre misericordioso. De la mano de José papá, Jesús aprendió a descubrir el milagro de la semilla que cae en la buena tierra, y de los jornaleros que esperan la paga, en ese papá, pudo ver el padre que se levanta a medianoche y que busca el pan para sus hijos.
  • En su “ser padre” cada día, José, vivió la promesa cumplida del encuentro con Dios.
  • Hoy en este día y en nuestra casa puesta bajo su protección, dejemos que San José nos inicie en el misterio del silencio, que se hace espacio sagrado de oración, donde el mismo Dios vaya pronunciando sus palabras. Que El nos revele la grandeza y la hermosura, de hacer con sencillez y amor las pequeñas cosas de cada día.
  • Qué El nos enseñe la fecundidad de la simpleza de lo cotidiano, con el corazón y la mirada puesta en Dios, que pasa por la historia y la hace historia de salvación.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Valoro el trabajo cotidiano hecho con responsabilidad y amor?
  • ¿Estoy atento a la voz de Dios que me habla en la vida cotidiana?
  • ¿Soy capaz de sacrificios?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Las manos en el trabajo, y el corazón en Dios

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

Un gran misterio de amor

 

…Hoy contemplamos a José, esposo de la Virgen, protector del Verbo encarnado, hombre de trabajo diario, depositario del gran misterio de la salvación.

Precisamente este último aspecto ponen de relieve las lecturas bíblicas que acabamos de escuchar y que nos permiten comprender cómo fue introducido san José por Dios en el designio salvífico de la Encarnación. «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3, 16). Este es el don inconmensurable de la salvación; esta es la obra de la redención.

Como María, también José creyó en la palabra del Señor y fue partícipe de ella. Como María, creyó que este proyecto divino se realizaría gracias a su disponibilidad. Y así sucedió: el Hijo eterno de Dios se hizo hombre en el seno de la Virgen Madre.

Sobre Jesús recién nacido, luego niño, adolescente, joven y hombre maduro, el Padre eterno pronuncia las palabras del anuncio profético que hemos escuchado en la primera lectura: «Yo seré para él padre y él será para mí hijo» (2 S 7, 14). A los ojos de los habitantes de Belén, Nazaret y Jerusalén, el padre de Jesús es José. Y el carpintero de Nazaret sabe que, de algún modo, es exactamente así. Lo sabe, porque
cree en la paternidad de Dios y es consciente de haber sido llamado a compartirla en cierta medida (cf. Ef 3, 14-15). Y hoy la Iglesia, al venerar a san José, elogia su fe y su total docilidad a la voluntad divina…

 

De la Homilía San Juan Pablo II en la solemnidad de San José – 19 de marzo de 1998

 

PARA REZAR

 

José, santo del silencio.

No del silencio de apocamiento, de complejo, de timidez

o del silencio despectivo o resentido.

Tu silencio José es el silencio respetuoso

que escucha a los demás,

que mide prudentemente sus palabras.

Es el silencio necesario para encauzar la vida hacia dentro,

para meditar y conocer la voluntad de Dios.

José, sos el santo que trabaja y ora.

Trabajás bajo la mirada de Dios que no estorba la tarea,

sino que ayuda a hacerla con mayor perfección.

Mientras manejabas la maza y la sierra, tu corazón estaba unido a Dios,

que tan cerca tenías en tu mismo taller.

Enseñanos la sabiduría de la entrega generosa y en silencio,

cuidá nuestra familias y suscitá en muchos

el deseo de seguir los pasos de tu Hijo

en la entrega total al servicio del Reino.

 

VIERNES III

 

El Señor nuestro Dios es el único Señor

 

Lectura de la profecía de Oseas    14, 2-10

 

Así habla el Señor:

Vuelve, Israel, al Señor tu Dios, porque tu falta te ha hecho caer. Preparen lo que van a decir y vuelvan al Señor. Díganle: «Borra todas las faltas, acepta lo que hay de bueno, y te ofreceremos el fruto de nuestros labios. Asiria no nos salvará, ya no montaremos a caballo, ni diremos más “¡Dios nuestro!” a la obra de nuestras manos, porque sólo en ti el huérfano encuentra compasión.»

Yo los curaré de su apostasía, los amaré generosamente, porque mi ira se ha apartado de ellos. Seré como rocío para Israel: él florecerá como el lirio, hundirá sus raíces como el bosque del Líbano; sus retoños se extenderán, su esplendor será como el del olivo y su fragancia como la del Líbano.

Volverán a sentarse a mi sombra, harán revivir el trigo, florecerán como la viña, y su renombre será como el del vino del Líbano. Efraín, ¿qué tengo aún que ver con los ídolos? Yo le respondo y velo por él. Soy como un ciprés siempre verde, y de mí procede tu fruto.

¡Que el sabio comprenda estas cosas! ¡Que el hombre inteligente las entienda! Los caminos del Señor son rectos: por ellos caminarán los justos, pero los rebeldes tropezarán en ellos.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 80, 6c-8a. 8bc-9. 10-11ab. 14 y 17 (R.: cf. 11 y 9a)

 

R.    Yo, el Señor, soy tu Dios; escucha mi voz.

 

Oigo una voz desconocida que dice:

Yo quité el peso de tus espaldas

y tus manos quedaron libres de la carga.

Clamaste en la aflicción, y te salvé. R.

 

Te respondí oculto entre los truenos,

aunque me provocaste junto a las aguas de Meribá.

Oye, pueblo mío, yo atestiguo contra ti,

¡ojalá me escucharas, Israel! R.

 

No tendrás ningún Dios extraño,

no adorarás a ningún dios extranjero:

yo, el Señor, soy tu Dios,

que te hice subir de la tierra de Egipto. R.

 

¡Ojalá mi pueblo me escuchara,

e Israel siguiera mis caminos!

Yo alimentaría a mi pueblo con lo mejor del trigo

y lo saciaría con miel silvestre». R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    12, 28b-34

 

Un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: « ¿Cuál es el primero de los mandamientos?».

Jesús respondió: «El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a tí mismo. No hay otro mandamiento más grande que éstos.»

El escriba le dijo: «Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios.»

Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: «Tú no estás lejos del Reino de Dios.»

Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • El texto de hoy son las palabras finales del mensaje profético de Oseas que termina su libro con este canto a la conversión al Dios del amor. Es esta la expiación que Él quiere: la del corazón contrito y obediente que se deja conducir y moldear por Dios, y que reconoce que sólo en Él se encuentra la Vida y la felicidad.
  • Todos los profetas han hecho gestos, que eran signos a través de los cuales trataban luego de explicar al pueblo sencillo, el mensaje del Señor. Oseas se ofrece a sí mismo como símbolo y materia de enseñanza. El profeta se ha casado con una mujer a la que ama. Pero ésta le es infiel y lo engaña yéndose con otro. Oseas la sigue amando y, tras someterla a prueba, la vuelve a tomar como esposa.
  • Este episodio doloroso de la vida del profeta, se convierte en el símbolo del amor que Dios tiene a su pueblo. Israel, con quien Dios se ha desposado, se ha conducido como una mujer infiel, como una prostituta. Oseas expresa por primera vez las relaciones de Dios con Israel mediante la imagen y terminología del matrimonio.
  • El profeta arremete con furia mal contenida, contra todo cuanto en la historia de Israel ha sido desprecio para el Señor. Habla desde su propia rabia convertida ahora en símbolo: la Palabra de Dios adquiere ahora en su lengua todo el fuego pasional de un marido engañado.

***

  • La pregunta del letrado tiene sentido y, a la vez, lleva toda una carga de profundidad. De los 613 preceptos, de los cuales 248 eran prescripciones positivas y 365 prohibiciones que constituían la Torá, resultaba fundamental saber qué mandamiento era el principal.
  • La respuesta es clara y sintética: “amarás al Señor tu Dios… amarás a tu prójimo como a ti mismo: no hay mandamiento mayor que estos”. Jesús le resume todos los mandamientos en una antigua ley del Deuteronomio, que recalca el amor a Dios con todo nuestro ser antes que ninguna otra cosa. Y luego toma otro mandato antiguo, que aparece en el Levítico, y ratifica el amor que se debe dar al prójimo.
  • La gran originalidad de Jesús está en que une los dos mandamientos, indicando que uno no se puede cumplir sin el otro. Sólo se puede amar a Dios amando al prójimo. Los dos mandamientos no se pueden separar. Toda la ley se condensa en una actitud muy positiva: amar. Amar a Dios y amar a los demás. Esta vez la medida del amor al prójimo es muy cercana y difícil: “como a ti mismo”. Así como nosotros nos queremos y nos toleramos, así quiere Jesús que amemos a los demás.
  • A partir de la respuesta de Jesús, podemos descubrir que el amor a Dios no está puesto fuera de la esfera humana. Amar a Dios sólo es posible amando al prójimo; y el amor que se practique con Dios debe ser igual al practicado con los demás. Con esta forma de unir a Dios y al ser humano, Jesús sale de la práctica deshumanizada de la ley, para llegar a lo importante: el crecimiento y la plenitud de todo el hombre. Aquí está la gloria de Dios y su máximo mandamiento. Lo importante será el hombre.
  • El letrado va más allá al añadir que, cumplir estos dos mandamientos valen más que todos los holocaustos y sacrificios. Entiende que el verdadero culto se da en la vida de cada día y que, por tanto, los holocaustos y sacrificios del templo con los que los judíos expían los pecados, no tienen sentido alguno sin la práctica del amor.
  • Jesús reconoce en aquel fariseo que su pensamiento no está lejos del reino de Dios. Pero para entrar en el reino no basta con pensar así, hay que actuar de acuerdo con lo que se piensa. No se trata de conocer la teoría, sino de vivir en la práctica de cada día el amor a Dios amando al prójimo.
  • Jesús, con esto, desarma la pretensión de muchas piedades religiosas, entre ellas la farisea, que pretenden honrar a Dios, olvidándose del hombre. Este Evangelio, no es sólo una autorevelación de cómo Dios mismo en su Hijo, quiere ser amado; sino que Jesús lleva a término la plenitud de la Ley, crea la nueva Humanidad de los hijos de Dios, hermanos que se aman con el amor del Hijo.
  • Siempre existe la tentación de poner nuestra confianza en medios humanos, otros valores que absolutizamos, sin escarmentar por los fracasos que vamos teniendo, ni por las veces que quedamos defraudados por haber recurrido a ellos. Cada uno sabrá, en el examen más exigente de la Cuaresma, cuáles son los ídolos en los que está poniendo su vida y corazón.
  • La llamada de Jesús a la comunión y a la misión pide una participación en su misma naturaleza, es una intimidad en la que hay que introducirse. Esta unificación de conocimiento y de amor tejida por el Espíritu Santo, permite que Dios ame en nosotros y utilice todas nuestras capacidades, y a nosotros nos concede poder amar como Cristo, con su mismo amor filial y fraterno. Lo que Dios ha unido en el amor, el hombre no lo puede separar. Ésta es la grandeza de quien se somete al Reino de Dios: el amor a uno mismo ya no es obstáculo, sino camino para amar al único Dios y a una multitud de hermanos.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Amo efectivamente? ¿A quién amo? ¿A quién dejo de amar?
  • ¿Cómo se traduce este amor? ¿Quién es mi prójimo?
  • ¿Cuáles son mis aspiraciones profundas?
  • ¿A qué cosas estoy más aferrado? ¿Qué es lo que más me falta?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

 

Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…El flujo y reflujo de la caridad entre Dios y los hombres, este amor que el cristiano, solidario con toda la humanidad, recibe de Dios por todos y a todos remite a Dios, este amor y sólo esto es lo que constituye la victoria de Jesucristo, la misión y el esfuerzo de su Iglesia. Los dos polos de este amor son el amor filial a Dios y el amor fraterno con el prójimo.

El amor filial que ansía en cada momento lo que la esperanza espera; que cree tener todo el amor de Dios para amarlo. El amor filial que desea de Dios incesantemente lo que incesantemente recibe de Él, que lo desea tanto como el respirar.

El amor fraterno que ama a cada uno en particular. No a cualquiera de cualquier modo, sino a cada uno como el Señor lo ha creado y redimido, a cada uno como Cristo lo ama. El amor fraterno que ama a cada uno como prójimo dado por Dios, prescindiendo de nuestros vínculos de parentesco, de pueblo, raza o simple simpatía. Que reconoce a cada uno su derecho por encima de nosotros mismos.

Sabemos que hay que amar al Señor “con toda el alma” y “con todas las fuerzas”. Pero olvidamos fácilmente que debemos amar al Señor con todo el corazón. Al no recordarlo, nuestro corazón se queda vacío. Como consecuencia, amamos a los demás con un amor más bien tibio. La bondad tiende a ser para nosotros algo externo al corazón. Vemos lo que puede ser útil al prójimo, tratamos de actuar en consecuencia, pero no llega mucho al corazón…

 

M. Delbrél, Las comunidades según el Evangelio, Madrid 1998, 88s.

 

PARA REZAR

 

Señor enciérrame dentro de ti.

Abrázame en lo más profundo de tu corazón

y cuando esté allí, refíname, purifícame,

avívame, enciéndeme y elévame a lo alto,

hasta que me convierta del todo

en aquello que tú quisiste que fuera.

Por la muerte purificadora de mi yo,

en el nombre de Jesús, el Cristo de Dios. Amén

 

Teilhard de Chardin

 

SÁBADO III

 

Quiero amor y no sacrificios

 

Lectura de la profecía de Oseas    6, 1-6

 

«Vengan, volvamos al Señor: él nos ha desgarrado, pero nos sanará; ha golpeado, pero vendará nuestras heridas. Después de dos días nos hará revivir, al tercer día nos levantará, y viviremos en su presencia. Esforcémonos por conocer al Señor: su aparición es cierta como la aurora. Vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia de primavera que riega la tierra.»

¿Qué haré contigo, Efraín? ¿Qué haré contigo, Judá? Porque el amor de ustedes es como nube matinal, como el rocío que pronto se disipa. Por eso los hice pedazos por medio de los profetas, los hice morir con las palabras de mi boca, y mi juicio surgirá como la luz. Porque yo quiero amor y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 50, 3-4. 18-19. 20-21ab (R.: Os 6,6)

 

R.    Quiero amor y no sacrificios.

 

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,

por tu gran compasión, borra mis faltas!

¡Lávame totalmente de mi culpa

y purifícame de mi pecado! R.

 

Los sacrificios no te satisfacen;

si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:

mi sacrificio es un espíritu contrito,

tú no desprecias el corazón contrito y humillado. R.

 

Trata bien a Sión, Señor, por tu bondad;

reconstruye los muros de Jerusalén.

Entonces aceptarás los sacrificios rituales

-las oblaciones y los holocaustos-. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    18, 9-14

 

Refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, dijo también esta parábola:

«Dos hombres subieron al Templo para orar; uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, de pie, oraba así: “Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas.”

En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: “¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!”

Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • El profeta Oseas, desde su experiencia personal de padecimiento por la infidelidad de su mujer, se hace capaz de describir la infidelidad del pueblo de Israel para con Dios, el esposo siempre fiel. Ahora pone en labios de los israelitas unas palabras muy hermosas de conversión: “volvamos al Señor, Él nos curará, Él nos resucitará y viviremos delante de Él.”
  • La conversión no puede ser superficial, por interés o para evitar el castigo. Muchas veces ya se habían convertido los israelitas, escarmentados por lo que les pasaba. Pero luego volvían a olvidarse del Señor. El profeta quiere que esta vez vaya en serio. La conversión consistirá no en ritos exteriores, sino en actitudes interiores: “misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos”. Entonces sí que Dios los ayudará: «su amanecer es como la aurora y su sentencia surge como la luz».
  • Lo que Dios espera es que lo amen. «Es amor lo que quiero». Un amor que transforme todos los actos de nuestras vidas, incluidos los ritos y las ceremonias, pero sobre todo nuestros actos cotidianos.

***

  • En el evangelio, dos hombres subieron al templo a orar. Es en la oración donde el corazón queda al desnudo. Al orar, el fariseo se hace el centro, y Dios sólo está para reconocer su rectitud. El fariseo es un religioso riguroso, un practicante fiel, íntegro, afiliado a una especie de escuela de oración y moral de estricta observancia.
  • Le han enseñado a evitar el pecado, a multiplicar los sacrificios y las buenas obras, a practicar la ley, y lo hace tan bien que se enorgullece de hacerlo; está a mano con Dios, y Dios tan sólo tiene que hacerle justicia. Dios no necesita ser ya ternura y perdón. Basta con que sea justo. Todas las cualidades, que posiblemente tenga el fariseo, están como envenenadas por su orgullo. El amor propio desmesurado es capaz de estropear las más bellas realizaciones.
  • El publicano, al contrario, puesto lejos, no se anima a levantar su mirada al cielo, sino que se daba golpes de pecho. Es el ladrón público. Su oficio mismo era maldito: robaba por profesión, y en provecho del sistema que oprimía al pueblo, para “beneficio del ocupante opresor y pagano que además contaminaba con sus ídolos y prácticas inmorales”. Para los judíos del tiempo de Jesús, éste era un caso sin salida.
  • Jesús se enfrenta a la opinión de su tiempo, porque Dios es también el Dios de los desesperados. Dios da a todos su oportunidad, incluso a los más grandes pecadores. El publicano se da cuenta de su indignidad y mira a Dios, que puede salvarlo.
  • Jesús quiere ante todo decirnos que “el pecador que reconoce su estado” es amado por Dios y tiene todas sus ventajas. Por el contrario, el orgulloso que se cree justo, se equivoca. Esta doctrina, es la que desarrolla san Pablo en la carta a los Romanos, cuando nos dice que el hombre no se justifica a sí mismo; su justicia, su rectitud, las recibe de otro, por gracia.
  • Es preciso que nuestras manos tendidas hacia Él sean unas manos vacías.
  • Podemos caer en la tentación de ofrecer a Dios actos externos de Cuaresma: el ayuno, la oración, la limosna. Y no darnos cuenta de que lo principal que se nos pide es la humildad, la misericordia, el amor a los demás. Sabernos amados y perdonados sin mérito alguno nos lleva a sentir la necesidad del amor de Dios. No sentirnos justos abre nuestro corazón hacia la gracia del amor del Padre.
  • Con Dios no valen los “cumpli-mientos”. Sólo cuenta la sinceridad.
  • Nuestra oración no puede limitarse a informarle a Dios de lo bueno que hicimos. La oración que Jesús nos invita a vivir es un encuentro cariñoso y confiado con Dios en el que nos ponemos en sus manos, dejando al descubierto las propias llagas, infidelidades y necesidades para tener la experiencia de que somos acogidos, perdonados, animados por el Espíritu y comprometidos a vivir con todos ese mismo amor.
  • La oración hecha con humildad nos permite reconocer la verdad sobre nosotros mismos. Ni hincharnos de orgullo, ni menospreciarnos. La humildad nos hace reconocer los dones recibidos y reconocer también los dones del otro. La humildad nos hace ser testigos, no de lo que hemos hecho, sino de la misericordia que el Señor ha hecho con cada uno de nosotros.
  • Nuestra oración no debe ser una técnica, un método, una fórmula sino un gran amor. En la oración, en la misericordia, en la caridad, en la preocupación por los demás, propias del corazón humilde, está el camino de nuestra justificación y salvación.

     

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Qué oración brota en estos momentos de nuestro corazón para decírsela al Señor?
  • ¿Dónde está mi fariseísmo, el mío? ¿Qué es lo que envenena incluso el bien que hago?
  • ¿Cuáles son las motivaciones profundas de mis actos?
  • ¿Somos de esos que «teniéndose por justos se sienten seguros de sí mismos y desprecian a los demás»?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

 

Conoces hasta el fondo de mi alma

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…”De la ascesis de pobreza surge cada día un hombre nuevo, todo paz, benevolencia y dulzura. Queda para siempre marcado por el arrepentimiento, pero un arrepentimiento lleno de alegría y de amor que aflora por todas partes y siempre, y permanece en segundo plano de su búsqueda de Dios. Este hombre ha alcanzado ya una paz profunda, pues fue quebrantado y reedificado en todo su ser por pura gracia. Apenas se reconoce. Es diferente. En el mismo instante en que tocó el abismo profundo del pecado, fue precipitado al abismo de la misericordia. Ha aprendido a entregar las armas ante Dios, a no defenderse ante Él. Está despojado y sin defensa. Ha renunciado a la justicia personal y no tiene proyectos de santidad. Sus manos están vacías o sólo conservan su miseria, que se atreve a exponer ante la misericordia. Dios se ha hecho verdaderamente Dios para él, y nada más que Dios. Eso es lo que quiere decir Salvador, salvador del pecado. Incluso está casi reconciliado con su pecado, como Dios se ha reconciliado con él.

Para sus hermanos y prójimos se ha convertido en un amigo benevolente y dulce que comprende sus debilidades. No tiene ya confianza en sí mismo, sino sólo en Dios. Es el primer pecador –así lo piensa–, pero pecador perdonado. Por eso debe abrirse, como a un igual y a un hermano, a todos los pecadores del mundo. Se siente cercano a ellos porque no se cree mejor que los demás. Su oración preferida es la del publicano, que se parece a su respiración y al latir del corazón del mundo, su deseo más profundo de salvación y curación: “Señor Jesús, ten piedad de mí, pobre
pecador”…

 

Louf, A merced de su gracia, Madrid 1991, 125.

 

PARA REZAR

 

Dios y Padre nuestro,

en tu amor vivimos

nos movemos y somos.

Que pueda aceptarme como soy,

ya que Tú me amas

y me aceptas tal cual soy.

Que no me quede en falsas apariencias

que entorpecen mi camino hacia vos.

Que el personaje que soy a veces

no ahogue la persona que hay en mí.

Que mi orgullo no se interponga

y deje lejos tu amor,

que hace misericordia, perdona y salva.

Que no me pierda en la noche,

que no me pierda en el ruido.

 


 

TIEMPO DE CUARESMA – SEMANA II – CICLO A

TIEMPO DE CUARESMA

DOMINGO II – CICLO A

 

 

Lunes II

 

 

Martes II

 

 

Miércoles II

 

 

Jueves II

 

 

Viernes II

 

 

Sábado II

 

 

TIEMPO DE CUARESMA

DOMINGO II – CICLO A

 

¡Escúchenlo!

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Génesis    12, 1-4a

 

El Señor dijo a Abraham:

«Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que yo te mostraré. Yo haré de ti una gran nación y te bendeciré; engrandeceré tu nombre y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré al que te maldiga, y por ti se bendecirán todos los pueblos de la tierra.»

Abraham partió, como el Señor se lo había ordenado.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 32, 4-5. 18-19. 20 y 22 (R.: 22)

 

R.    Señor, que tu amor descienda sobre nosotros, conforme a la esperanza que tenemos en ti.

 

La palabra del Señor es recta

y él obra siempre con lealtad;

él ama la justicia y el derecho,

y la tierra está llena de su amor. R.

 

Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,

sobre los que esperan en su misericordia,

para librar sus vidas de la muerte

y sustentarlos en el tiempo de indigencia. R.

 

Nuestra alma espera en el Señor:

él es nuestra ayuda y nuestro escudo.

Señor, que tu amor descienda sobre nosotros,

conforme a la esperanza que tenemos en ti. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo

a Timoteo    1, 8b-10

 

Querido hermano:

Comparte conmigo los sufrimientos que es necesario padecer por el Evangelio, animado con la fortaleza de Dios. El nos salvó y nos eligió con su santo llamado, no por nuestras obras, sino por su propia iniciativa y por la gracia: esa gracia que nos concedió en Cristo Jesús, desde toda la eternidad, y que ahora se ha revelado en la Manifestación de nuestro Salvador Jesucristo.

Porque él destruyó la muerte e hizo brillar la vida incorruptible, mediante la Buena Noticia.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    17, 1-9

 

Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús.

Pedro dijo a Jesús: «Señor, ¡Qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»

Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo.»

Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: «Levántense, no tengan miedo.»

Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo. Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: «No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • En la primera lectura Dios llama a Abrahán a emprender un camino incierto que tendrá que ir descubriendo, pero un camino que será de “bendición”, es decir, de vida. Para Abrahán, hace 40 siglos, era una tierra nueva y un gran pueblo,.
  • San Pablo nos habla de que “una vida santa” es posible porque Dios, por Jesucristo, “destruyó la muerte y sacó a luz la vida inmortal”. La carta a Timoteo nos describe la meta humana como la adecuación de nuestra vida con el plan de Dios, el  cumplimiento de la vocación irrenunciable que Él ha señalado a todo hombre.
  • El domingo pasado se centraba nuestra atención en nuestra situación y condición de pecadores. Este domingo, en cambio, se nos presenta con fuerza la meta: la Resurrección.
  • La tentación viene a colocarse al comienzo del camino que conduce a la realización del proyecto del reino, y acecha a todo lo largo de él. La tentación pretende esencialmente acortar el camino, alcanzar una transfiguración prematura apoyándose en las propias fuerzas; quiere pasar por encima etapas, quiere rehuir de todo tipo de esfuerzo y sufrimiento.
  • San Mateo nos cuenta el acontecimiento de la Transfiguración como un anticipo de la gloria del Señor Jesús que es un anticipo de la condición a que está llamado el discípulo, que, hijo en el Hijo, alcanzará la novedad de la vida del mismo Dios. Un pasaje esperanzador que, paradójicamente, tiene lugar en el camino hacia Jerusalén, camino de Pasión que el Hijo del Hombre tenía que padecer.

***

  • También nosotros, como Pedro, quisiéramos “eternizar” los momentos de gozo y permanecer ausentes de la lucha que se libra cada día. Sin embargo, es necesario bajar al lugar de nuestro vivir cotidiano, al asfalto, con su  aburrimiento, fatiga y contradicción.
  • No se puede llegar a la Resurrección sin pasar por la muerte. No se puede llegar a la gloria sin pasar por la Cruz. No se puede disfrutar la gloria sin la experiencia del sepulcro. No se puede llegar a la conversión sin el esfuerzo y la lucha personal.
  • La muerte, y todo lo que ella significa sigue presente en nuestro camino, pero Dios este domingo nos asegura que la muerte ha sido destruida, que tiene y tendrá más fuerza la vida, el amor; todo lo que afirmaremos y celebraremos en la gran fiesta de Pascua.
  • Estamos destinados a ser transformados según la imagen de Cristo. Nuestra transformación plena no llegará hasta el momento de la resurrección. Mientras tanto queda un largo caminar, un gran esfuerzo que realizar.
  • Levantarse y bajar del monte fueron dos exigencias de Jesús que deben seguir sonando en nuestros oídos para vencer la tentación de apartarnos de un mundo despreciable y solamente limitarnos a quejarnos o rezar por él. Bajar de la montaña a la vida tiene riesgos que exigen valentía y decisión, que comportan dejar la comodidad de nuestra tienda, el buen ambiente en el que nos movemos, el status que hemos alcanzado, la seguridad con la que caminamos. Bajar de la montaña nos compromete a despertarnos y a no justificar con el Evangelio en la mano, lo no justificable y dejar “para la vida eterna” lo que estamos obligados a conseguir en el presente.
  • Cristo mismo bajó de la montaña, y no ignoró ningún problema de su tiempo, no pasó de largo por ninguna petición de los hombres, no demoró respuestas.
  • Para que el hombre pueda transfigurarse y resplandecer tiene que escuchar al Hijo amado de Dios. Toda la Cuaresma es una escucha intensa de la Palabra que salva. El discípulo tiene que reconocer en el “desfigurado al “transfigurado”, al Hijo de  Dios que pide que confiemos de Él, que no dudemos recorrer su camino, afrontando  también los “pasos” más dolorosos.
  • El discípulo no es el hombre de las visiones y de los éxtasis, sino de la escucha. Escuchar para encarnar el Evangelio, dejarse poner en discusión por sus palabras. Escuchar no para saber más o para satisfacer la curiosidad, sino para realizar el proyecto de Dios sobre  nosotros y sobre el mundo. Se escucha, no para ensanchar nuestros conocimientos teóricos sino para  ensanchar nuestro compromiso.
  • El discípulo es alguien que de alguna manera, ha estado en el monte Tabor y ha experimentado a Jesús como mensaje inagotable y viviente de Dios. Alguien que ha recibido la fe. Y creer es siempre hacer camino, lanzarse a la  aventura apoyándose en la Palabra y la Fuerza de Dios. La fe no santifica nuestro conformismo, nuestra pasividad.
  • La fe  nos mueve a buscar y a construir un mundo más justo, más fraterno, dejando atrás el mundo viejo lleno de injusticia, de sufrimientos, de desigualdades y de mentira.
  • Creer en Él supone hacer su mismo camino. La Iglesia es un pueblo de caminantes. La esperanza nos anima ante todos los fracasos y relativiza todos los éxitos; convierte en punto de arranque los logros y hace caminar la historia, no viviendo de triunfos pasados sino mirando hacia adelante.
  • La transfiguración nos da la seguridad de que en la entrega por, y con los demás, en el trabajo por el reino en favor de la humanidad se alcanza la plena realización humana. La transfiguración nos anuncia que la muerte de Cristo en la cruz no fue el final. Nos ayuda a unir la muerte y la resurrección de Jesús a nuestras muertes cotidianas esperadas e imprevistas que esperan ser resucitadas. Muerte y resurrección forman un único acontecimiento salvador.
  • En la experiencia de una vida evangelizada y evangelizadora descubrimos la promesa que se hace realidad y que apunta a una nueva promesa mucho más grande. Así caminamos hacia la Pascua, haciendo Pascua; transfigurando la vida.
  • Una Iglesia que se anima a desinstalarse y a dar el paso de dejarse conducir por los caminos nuevos del espíritu es la Iglesia que hace eco en su corazón la invitación del Padre a escuchar a su Hijo.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Cómo buscamos a Cristo?
  • ¿Cuánto somos capaces de abrir los ojos para ver a Cristo?
  • ¿Hasta qué punto nos atrevemos a ir descubriéndolo en todo lo que nos pasa?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

 

Envíame tu luz y tu verdad; y que ellas me guíen hasta tu morada

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…Por un instante, el día de la transfiguración [Pedro, Santiago y Juan] contemplan la maravilla de una carne divinizada, de un rostro que transparenta el esplendor de la vida eterna: el rostro de Cristo resplandece con toda la luz de Dios.

El cuerpo humano puede ser transfigurado y tiene también un mensaje de luz que comunicar [...]. Nuestro cuerpo tiene una vocación espiritual, una vocación divina. Nuestro cuerpo es el primer Evangelio porque el testimonio de la presencia divina en nosotros debe pasar a través de la expresión de nuestro rostro, a través de nuestra apertura, nuestra benevolencia, nuestra sonrisa. Aquel don interior que es la gloria de Jesucristo está en nosotros. Lo más sublime del hombre es que puede aún más; está llamado a revelar a Dios. Hay en nosotros una belleza secreta, maravillosa, inagotable. Cristo no ha venido sólo a salvar nuestras almas; Cristo ha venido a revelar a Dios al hombre, a revelar el hombre al hombre; ha venido para que el hombre se realice en toda su grandeza, su dignidad, su belleza. Estamos llamados a la grandeza, al gozo, a la juventud, a la dignidad, a la belleza, a irradiar a Dios, a la transfiguración de todo nuestro ser comunicado con la luz divina.

Llevamos en nosotros el tesoro de la vida eterna, la realidad de la presencia infinita que es el Dios viviente. Hoy y en todos los instantes de nuestra vida estamos llamados a manifestar a Dios. Olvidemos toda nuestra negatividad, nuestra pesadez, nuestras fatigas, nuestras limitaciones y las de los demás. ¿Qué importa todo eso desde el momento en que Dios está en nosotros, en que Dios vive, en que nos ha regalado su canto, su gracia y su belleza; desde el momento en que hoy debemos penetrar en la nube de la transfiguración para salir revestidos de Dios, llevando en nuestro rostro el gozo de su amor y la sonrisa de su eterna bondad?

 

M. Zundel, La palabra como una fuente, Sillery 1998, 228s.

 

PARA REZAR

 

El monte Tabor. La transfiguración. 
La nube envolvente de la dicha. 
La palabra de Dios afirmativa: 
Sí, hijo mío. 
La muerte y la pasión ya no importan. 
Si hay Tabor ¿qué importa todo? 
Un segundo de Tabor es suficiente 
para llenar la vida, 
para explicar la vida, 
para explicar la muerte. 
Una ráfaga de su blanca luz 
ilumina todas las noches, 
aun las más tristes. 
Un poco de Tabor es lo que pido, 
sólo un pequeño chispazo 
sobre la tristeza 
y el cansancio de mi corazón, 
un poco más de Tabor 
sobre la noche del mundo.

 

Lunes II

 

Sean misericordiosos como el Padre

 

Lectura de la profecía de Daniel    9, 4b-10

 

¡Ah, Señor, Dios, el Grande, el Temible, el que mantiene la alianza y la fidelidad con aquellos que lo aman y observan sus mandamientos!

Nosotros hemos pecado, hemos faltado, hemos hecho el mal, nos hemos rebelado y nos hemos apartado de tus mandamientos y tus preceptos. No hemos escuchado a tus servidores los profetas, que hablaron en tu Nombre a nuestros reyes, a nuestros jefes, a nuestros padres y a todo el pueblo del país.

¡A ti, Señor, la justicia! A nosotros, en cambio, la vergüenza reflejada en el rostro, como les sucede en este día a los hombres de Judá, a los habitantes de Jerusalén y a todo Israel, a los que están cerca y a los que están lejos, en todos los países adonde tú los expulsaste, a causa de la infidelidad que cometieron contra ti.

¡A nosotros, Señor, la vergüenza reflejada en el rostro, y también a nuestros reyes, a nuestros jefes y a nuestros padres, porque hemos pecado contra ti! ¡Al Señor, nuestro Dios, la misericordia y el perdón, porque nos hemos rebelado contra él! Nosotros no hemos escuchado la voz del Señor, nuestro Dios, para seguir sus leyes, que él puso delante de nosotros por medio de sus servidores los profetas.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 78, 8. 9. 11 y 13 (R.: 102, 10a)

 

  1. Señor, no nos trates según nuestros pecados.

 

No recuerdes para nuestro mal

las culpas de otros tiempos;

compadécete pronto de nosotros,

porque estamos totalmente abatidos. R.

 

Ayúdanos, Dios salvador nuestro,

por el honor de tu Nombre;

líbranos y perdona nuestros pecados,

a causa de tu Nombre. R.

 

Llegue hasta tu presencia el lamento de los cautivos,

preserva con tu brazo poderoso

a los que están condenados a muerte. R.

 

Y nosotros, que somos tu pueblo

y las ovejas de tu rebaño,

te daremos gracias para siempre,

y cantaremos tus alabanzas

por todas las generaciones. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    6, 36-38

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados.

Den, y se les dará. Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Porque la medida con que ustedes midan también se usará para ustedes.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Empezamos esta semana de Cuaresma con una oración penitencial puesta en labios de Daniel. Él reconoce la culpa del pueblo elegido, tanto del Sur como del Norte, tanto del pueblo como de sus dirigentes. No han hecho ningún caso de los profetas que Dios les envía: «hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos sido malos, nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus normas, hemos pecado contra ti».
  • Sin embargo por parte de Dios todo ha sido fidelidad. Daniel hace una emocionada confesión de la bondad de Dios: «Dios grande, que guardas la alianza y el amor a los que te aman… Al Señor Dios nuestro la piedad y el perdón».
  • Todo lo malo pasará; en cambio la fe de los fieles perdurará para siempre. La plegaria de Daniel se apoya, por entero, sobre esa misericordia de Dios. Esto permite no «descorazonarnos» cuando pensamos en nuestros pecados.

***

  • En la misma línea, la invitación que Jesús hace hoy, rompe el esquema y el comportamiento tradicional vivido hasta ese momento. En primera instancia, Jesús invita a todos a un amor generoso y universal, a fin de llegar a asemejarse del todo al Padre del cielo. De no ser así, sí actuamos como lo hacen los paganos y descreídos.
  • Jesús excluye de su programa todo tipo de venganza proponiendo tener una actitud contraria, nueva, diferente: el amor a los enemigos. Jesús sabe que el amor verdadero, el amor que humaniza, no puede ni debe depender del amor que se recibe del otro. El amor: sólo debe querer el bien del otro, la humanización, la felicidad y realización del otro, independientemente de lo que haga por mí.
  • Esta propuesta surge de la experiencia que Él tiene de Dios como Padre, lleno de ternura y de amor sin límites. Un Dios que acoge a todas las personas y que ama a todos pero de una forma especial a los empobrecidos y marginados de la sociedad. Un Dios que derrama su amor sin esperar nada a cambio, eso es la misericordia, eso es la fidelidad de Dios y su compromiso con todos sus hijos; a eso nos llama: a dar sin esperar respuesta, e incluso dispuestos a recibir a cambio desprecio, incomprensión y violencia.
  • Para poder alcanzar esta vivencia de Jesús, se hace necesario un proceso de conversión profunda, donde cada uno, por la fuerza del Espíritu, sea capaz de renunciar libremente a los falsos valores con los que el mundo manipula las conciencias, para dejarse moldear por el programa de Jesús. Y esto no consiste más que en permitir que nos abrace el amor del Padre para que la mente y el corazón se transformen, volviéndose compasivos y generosos como el Dios de la creación. Compasión que lejos de ser lástima o pena, es capacidad de estar con el otro y experimentar sus mismas necesidades para dar la respuesta oportuna. De esta forma cada hombre construye la medida con la que será recompensado por Dios. Medida de Dios, que es vivir nuestra fe como un amor sin medida, recibiendo un amor que nos desborda, que no lo podemos sujetar ni controlar sino solamente recibir, agradecer y entregar.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Tenemos un corazón compasivo?
  • ¿Aprovechamos las ocasiones que tenemos para mostrarnos tolerantes, para no juzgar, ni condenar?
  • ¿Sentimos el llamado a no guardar rencor; a ser generosos, como Dios lo ha sido con nosotros?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

 

Respóndeme, Señor Dios mío

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…Cuando gustamos desde dentro la misericordia de Dios, cuando experimentamos interiormente la suavidad del amor de Dios, algo pasa dentro de nosotros. Se disuelven hasta las peñas. Nos convertimos en criaturas que penetran de tal modo los misterios del Señor, de una comunión fraterna tal que se puede comprobar cuan verdadera es la bienaventuranza del Señor, que nos dice: “Dichosos los misericordiosos”. Cuando la misericordia es solamente fruto del cansancio, no digo que no tenga valor, pero manifiesta que todavía no me identifico con la misericordia que practico. Se reduce a un instrumento operativo, a un método de comportamiento. Pero cuando la misericordia recobra esa dimensión con la que me identifico, entonces soy dichoso. Entonces vivo el gozo de practicar la misericordia.

Y ésta es la razón por la que Dios es dichoso en su misericordia: no cansa ser misericordioso, depende de la perfección de su amor, de la plenitud de su amor. Estoy llamado a configurarme con mi Señor de tal modo que mi vida sea
un testimonio de la misericordia divina en la vida de los hermanos. Quizás hemos encontrado en nuestra vida personas que son de verdad signo de la misericordia de Dios. Hay personas que defienden siempre a todos, a todos juzgan buenos. He conocido varias en mi vida, y las recuerdo con gran gozo. Por ejemplo, un hermano. Aunque le pincharas para hacerle decir algo carente de misericordia, perdías el tiempo. Cuando una persona se identifica con la misericordia del Señor, todo es posible, y se es capaz de verdadera comunión con los otros. A primera vista parece que tiene que ser uno al que todo le resbala: no acusa a nadie, ni agravia a nadie, se deja coger todas las cosas por cualquiera. Pero los demás no pueden negarle nada. Tiene tal fascinación, que uno se convierte en una presencia incisiva en su vida. La serenidad interior de estas criaturas es admirable. Y la confianza en la bondad del Señor es absoluta en su vida espiritual.

También nosotros estamos llamados a identificarnos con el misterio de la misericordia del Señor, a vivirla con total serenidad, a ser en el mundo su continuación y sacramento…

 

Ballestrero, La santidad, Leumann 1986, 132-134, passim.

 

PARA REZAR

 

Salmo de alegría y esperanza

 

Con un corazón agradecido y

sincero quiero darte gracias

Tu Palabra es sincera y llena el corazón de alegría;

Tu amor es grandioso

y está iluminado de verdad;

Tú amas, Dios nuestro, la justicia toda la tierra está rociada

con la lluvia de tu bondad.

 

Dios, nos sentimos pequeños,

como granitos de arena, ante ti;

Tú tienes palabras de vida que no pasan;

palabras que se hacen acción;

solamente Tú, Señor, tienes poder

para hacer lo que dices.

 

Tus ojos llenos de amor y ternura

cuidan de la obra de tus manos,

todos los que esperamos en el triunfo de tu amor,

tendremos respuesta; porque Tú, oh Dios,

has liberado nuestra alma de la muerte

entregando en la cruz al hijo amado, al Enviado:

Él nos ha dado vida nueva y en Él te decimos: Abba, Padre.

 

Emilio Mazariegos

 

Martes II

 

Que el más grande se haga servidor

 

Lectura del libro del profeta Isaías    1, 10. 16-20

 

¡Escuchen la palabra del Señor, jefes de Sodoma! ¡Presten atención a la instrucción de nuestro Dios, pueblo de Gomorra!

¡Lávense, purifíquense, aparten de mi vista la maldad de sus acciones! ¡Cesen de hacer el mal, aprendan a hacer el bien! ¡Busquen el derecho, socorran al oprimido, hagan justicia al huérfano, defiendan a la viuda!

Vengan, y discutamos -dice el Señor-. Aunque sus pecados sean como la escarlata, se volverán blancos como la nieve; aunque sean rojos como la púrpura, serán como la lana.

Si están dispuestos a escuchar, comerán los bienes del país; pero si rehúsan hacerlo y se rebelan, serán devorados por la espada, porque ha hablado la boca del Señor.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 49, 8-9. 16bc-17. 21 y 23 (R.: 23b)

 

R.    Al que va por el buen camino, le haré gustar la salvación de Dios.

 

No te acuso por tus sacrificios:

¡Tus holocaustos están siempre en mi presencia!

Pero yo no necesito los novillos de tu casa

ni los cabritos de tus corrales. R.

 

« ¿Cómo te atreves a pregonar mis mandamientos

y a mencionar mi alianza con tu boca,

tú, que aborreces toda enseñanza

y te despreocupas de mis palabras? R.

 

Haces esto, ¿y yo me voy a callar?

¿Piensas acaso que soy como tú?

Te acusaré y te argüiré cara a cara.

El que ofrece sacrificios de alabanza,

me honra de verdad;

y al que va por el buen camino,

le haré gustar la salvación de Dios.» R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    23, 1-12

 

Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos:

«Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen. Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo.

Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludados en las plazas y oírse llamar “mi maestro” por la gente.

En cuanto a ustedes, no se hagan llamar “maestro”, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen “padre”, porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco “doctores”, porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías.

Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros, porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Isaías nos hace conocer al Dios Santo que todo lo renueva; que puede hacer que del corazón reseco del pecador, nazca un amor entregado y liberador. Este oráculo se remonta a los primeros años del ministerio del profeta Isaías, en los que embiste la hipocresía religiosa del pueblo.
  • Se puede suponer que fue pronunciado en una celebración litúrgica en el momento en que se elevaba el humo de los sacrificios, mientras la multitud adoptaba la actitud de los orantes. El pueblo elegido piensa que proporciona un placer a Yahvé al pisar en gran número los patios de su templo y llevando ofrendas tan opulentas. Pero la impureza moral de quienes ofrecen esos sacrificios resulta tan repugnante que Yahvé no puede realmente tolerar esa religión sin fe.
  • Pero hay una posibilidad de que Dios acepte ese culto: que el pueblo se convierta dando acogida a los pobres y haciéndolos participar de la opulencia de los sacrificios de los que Yahvé prescindiría con gusto. Obrar el bien y buscar la justicia, haciendo propia la causa de los pobres, será lo que manifestará si el hombre desea verdaderamente volver al Señor, arrepentido de sus pecados.

***

  • En el evangelio, Jesús en persona ofrece las claves y las pautas de vida para sus discípulos: la sinceridad y la coherencia en el modo de vivir.
  • Jesús se dirige a la gente que lo escucha, a los sencillos del pueblo y no a los letrados y fariseos que conformaban la clase aristocrática. Jesús les descubre la falsedad y la manipulación que hacen de la ley y los combate con fuerza. Cuida a la gente sencilla para que no sea como aquellos que han cambiado el sentido de la Ley en Israel.
  • Jesús no quiere que los pobres de su pueblo repitan los modelos de injusticia en los cuales los letrados y fariseos vivían inmersos. Las clases dirigentes torcieron las leyes y el pueblo sencillo quedó sometido bajo su peso.
  • Después da a sus seguidores la lección del servicio que busca que todo hombre se sienta dignificado. El servicio que Jesús plantea es la atención especial a los más pobres, a los marginados, a los que no tenían ningún privilegio, de los que no se puede sacar ningún provecho.
  • Jesús quiere que entre los suyos el primero sea el servidor de todos. Como Él mismo, que no vino a ser servido sino a servir y dar la vida por los demás.
  • Vivir con integridad es una de las grandes ilusiones de los hombres, no hay nadie en el mundo que quiera vivir conscientemente con incongruencia o fractura interior. Sin embargo cuando empezamos a reconocer lo que sentimos por dentro, muchas veces nos desilusionados de nosotros mismos. Entonces, el camino de Cuaresma se convierte en un camino de recomposición, de integración de nuestra vida, de modo que todo lo que nosotros hagamos y vivamos esté en armonía con lo que Jesucristo nos va enseñando, aun cuando pueda parecernos contradictorio u opuesto a nuestros intereses personales.
  • La palabra de Dios nos va iluminando a lo largo de Cuaresma para que no nos quedemos en unos retoques superficiales, sino para que lleguemos hasta la raíz en nuestro camino de Pascua.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Nos conformamos con la apariencia exterior?
  • ¿Somos exigentes con los demás y tolerantes con nosotros mismos?
  • ¿Buscamos la alabanza de los demás y los primeros puestos?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

 

Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…Ser plenamente sinceros significa hacer todo preocupándose únicamente de lo que Dios piensa de nuestras acciones. Significa, por consiguiente, no adoptar actitudes diversas según el ambiente, no pensar de un modo cuando estamos solos y de otro cuando se está con alguien, sino hablar y actuar bajo la mirada de Dios, que lee los corazones. La sinceridad consiste en esforzarse para que nuestro porte externo coincida cada vez más con nuestro interior. Y, naturalmente, sin provocación, sino sencillamente siendo lo que somos, sin falsear la verdad por temor a desagradar a los demás. Esta sinceridad exige pureza de intención, es decir, preocuparnos en nuestro actuar del juicio de Dios, no de los juicios humanos; actuar preocupándonos más de lo que agrada o desagrada a Dios que de lo que agrada o desagrada a los hombres. Este es uno de los puntos esenciales de la vida espiritual.

Habitualmente -no nos hagamos ilusiones- nos domina la preocupación de agradar o desagradar a los hombres, interesándonos de mejorar la imagen que los otros pueden tener de nosotros. Y, sin embargo, nos preocupamos poco de lo que somos a los ojos de Dios; y por esta razón nos saltamos con frecuencia lo que sólo Dios ve: la oración oculta, las obras de caridad secretas. Y ponemos mayor empeño en lo que, aunque lo hagamos por Dios, lo ven también los hombres y va implicada nuestra reputación. Llegar a una total sinceridad -esto es, a obrar bien lo mismo si no nos ven que si nos ven- significa llegar a una perfección altísima…

 

J. Daniélou, Sabiduría del misterio, Brescia 1963, 334s.

 

PARA REZAR

 

Dios y Padre nuestro, nuestro único Señor,

Líbranos de creernos mejores que los demás,

porque todos somos hermanos

y necesitados de tu bondad y de tu amor.

Líbranos de mantener una imagen a costa de la verdad.

Líbranos de ahogar nuestros verdaderos dones

en el mar de la vanidad y de la apariencia.

Líbranos de no reconocer nuestras miserias

por miedo a no ser aceptados y queridos.

Líbranos de juzgar y disminuir a los demás

para mantener una falsa estatura.

Ayúdanos a sentir como tu ternura

no mira lo que aparentamos

sino lo que nos duele para poder sanarlo.

Ayúdanos a aceptarnos como somos,

para poder aceptar y amar a los demás

como Tú nos aceptas y amas a nosotros.

 

Miércoles II

 

El que quiera ser primero que se haga servidor

 

Lectura del libro del profeta Jeremías    18, 18-20

 

Ellos dijeron: «¡Vengan, tramemos un plan contra Jeremías, porque no le faltará la instrucción al sacerdote, ni el consejo al sabio, ni la palabra al profeta! Vengan, inventemos algún cargo contra él, y no prestemos atención a sus palabras.»

¡Préstame atención, Señor, y oye la voz de los que me acusan! ¿Acaso se devuelve mal por bien para que me hayan cavado una fosa? Recuerda que yo me presenté delante de ti para hablar en favor de ellos, para apartar de ellos tu furor.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 30, 5-6. 14. 15- 16 (R.: 17b)

 

R.    Sálvame, Señor, por tu misericordia.

 

Sácame de la red que me han tendido,

porque tú eres mi refugio.

Yo pongo mi vida en tus manos:

tú me rescatarás, Señor, Dios fiel. R.

 

Oigo los rumores de la gente

y amenazas por todas partes,

mientras se confabulan contra mí

y traman quitarme la vida. R.

 

Pero yo confío en ti, Señor,

y te digo: «Tú eres mi Dios,

mi destino está en tus manos.»

Líbrame del poder de mis enemigos

y de aquellos que me persiguen. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    20, 17-28

 

Cuando Jesús se dispuso a subir a Jerusalén, llevó consigo sólo a los Doce, y en el camino les dijo: «Ahora subimos a Jerusalén, donde el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas. Ellos lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos para que sea maltratado, azotado y crucificado, pero al tercer día resucitará.»

Entonces la madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús, junto con sus hijos, y se postró ante él para pedirle algo.

« ¿Qué quieres?», le preguntó Jesús.

Ella le dijo: «Manda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.»

«No saben lo que piden», respondió Jesús. « ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé?»

«Podemos», le respondieron.

«Está bien, les dijo Jesús, ustedes beberán mi cáliz. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes se los ha destinado mi Padre.»

Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: «Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo: como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR


 

  • Jeremías había denunciado los pecados del pueblo y, en especial, los pecados de los jefes del pueblo, de los representantes oficiales de la ley religiosa; era su deber como profeta, y lo hacía en nombre de Dios para suscitar la conversión.
  • La lectura nos describe el complot contra Jeremías, por parte de sus hermanos de raza y de fe, por los cuales ha intercedido el profeta. Lo acusan de “perturbador del orden” y lo espían para sorprenderlo en algo de qué acusarlo, y de ese modo acabar con él y desentenderse de su palabra porque no pueden dejar de reconocerlo como profeta. La súplica que dirige a Dios en esta circunstancia, es el clamor del justo que se ve perseguido a causa de la misión que Dios le ha confiado.
  • El profeta se lamenta ante Dios de que los mismos a quienes él sirve con la palabra y por quienes intercede, ahora lo persiguen.

***

  • Jesús y sus discípulos suben a Jerusalén que era el centro del poder judío. En este camino, Jesús les advierte a sus discípulos que le espera la muerte, al igual que todo aquel que asumiendo su causa con radicalidad anuncia el Reino de Dios. Este es el tercero de los anuncios que hace de su pasión a sus asustados seguidores, que no entienden o no quieren entender que el Hijo del Hombre ha venido a dar su vida por muchos.
  • Los discípulos de Jesús estaban convencidos de que el mesianismo de Jesús era la inauguración de un tiempo de fortalecimiento político y militar. Los criterios de aquellos apóstoles eran exactamente los criterios de este mundo: el poder, el prestigio, el éxito humano; y no habían entendido que el mesianismo de Jesús iba por el servicio y la entrega al hermano, dando incluso la vida si fuera necesario.
  • La madre de los Zebedeo, le pide a Jesús que otorgue puestos importantes a sus hijos en el “reino” que Jesús iba a iniciar. Ella estaba imaginando el Reino al estilo del reino de David.
  • Jesús se ve precisado a enseñar que es necesario, cambiar los esquemas que tienen hasta ahora, para dar paso a la novedad del Evangelio y a la fuerza del Espíritu, para que sea posible una nueva sociedad en la que todos sean hermanos entre sí, hijos de un Padre común. Esa nueva realidad será posible con un «nuevo espíritu» que haga que los hombres busquen ser los primeros en ser servir. Todo esto Jesús lo predica con su palabra, con su vida y sus hechos. La indignación de los otros diez es porque ellos esperaban lo mismo para sí. Ante el triunfalismo de sus seguidores, Jesús les promete que enfrentarán su misma prueba. Por otro lado, el “lugar” pedido, sólo depende del juicio del Padre, y se realizará sobre la base de la asimilación del proyecto del reino de Jesús, realizada por cada uno.
  • En nuestro camino de preparación de la Pascua se nos propone hoy el modelo de Cristo Jesús, que camina decididamente en el cumplimiento de su misión. Va camino de la cruz y de la muerte, el camino de la solidaridad y de la salvación de todos. «No ha venido a ser servido, sino a dar la vida por los demás». Se trata de otro tipo de preeminencia, la del servicio, que impulsa a la búsqueda del último lugar.
  • En este mundo, en el que se busca contemporizar y seguir las consignas de búsqueda del bienestar personal, independientemente de lo que vive el resto; el camino de la Pascua es camino de vida nueva, de renuncia al mal, de imitación de un Cristo que se entrega totalmente, que nos enseña no a buscar los primeros puestos, sino a ser los servidores de los demás. Estas son las leyes del nuevo Reino presentes y vivas en la conciencia y en la práctica de Jesús.
  • En este Evangelio encontramos una serie de características que tiene que tener nuestra vida de discípulos: estar dispuestos a servir a los demás, estar dispuestos a beber el cáliz del Señor, y estar dispuestos a ir con Cristo, como corredentores, por el bien de los todos los hombres.
  • Nuestro camino hacia la Gloria tendrá que pasar, necesariamente, por la cruz de cada día. Aún los actos más pequeños y aparentemente insignificantes, deben contribuir para que el anuncio del Evangelio llegue a todos. Si queremos ser importantes, tal vez no ante los hombres pero sí ante Dios, convirtámonos en servidores fieles del Evangelio que se nos ha confiado.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿A qué lugares aspiro en la vida?
  • ¿Cómo busco conseguirlos?
  • ¿Qué espacio le doy al amor y al servicio?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

En tus manos encomiendo mi espíritu

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…La ley de Cristo sólo puede vivirse por corazones mansos y humildes. Cualquiera que sean sus dones personales y su puesto en la sociedad, sus funciones o sus bienes, su clase o su raza, los cristianos permanecen como personas humildes: pequeños.

Pequeños ante Dios, porque son creados por Él y de Él dependen. Cualquiera que sea el camino de la vida o de sus bienes, Dios está en el origen y fin de toda cosa. Mansos como niños y débiles y amantes, cercanos al Padre fuerte y amante. Pequeños porque están ante Dios, porque saben pocas cosas, porque son limitados en conocimiento y amor, porque son capaces de muy poco. No discuten la voluntad de Dios en los acontecimientos que suceden ni lo que Cristo ha mandado hacer: en tales acontecimientos, sólo cumplen la voluntad de Dios.

Pequeños ante los hombres. Pequeños, no importantes, no superhombres: sin privilegios, sin derechos, sin posesiones, sin superioridad. Mansos, porque son tiernamente respetuosos con lo creado por Dios y está maltratado o lesionado por la violencia. Mansos, porque ellos mismos son víctimas del mal y están contaminados por el mal. Todos tienen la vocación de perdonados, no de inocentes. El cristiano es lanzado a la lucha. No tiene privilegios. No tiene derechos. Tiene el deber de luchar contra la desdicha, consecuencia del mal. Por esta razón, sólo dispone de un arma: su fe. Fe que debe proclamar, fe que transforma el mal en bien, si sabe acoger el sufrimiento como energía de salvación para el mundo; si morir para él es dar la vida; si hace suyo el dolor de los demás.

En el tiempo, por su palabra y sus acciones, a través de su sufrimiento y su muerte, trabaja como Cristo, con Cristo, por Cristo…

 

M. Delbrél, La alegría de creer, Santander 1997.

 

PARA REZAR

 

Hijo, habla así en cualquier cosa:

Señor, si te agrada, hágase esto así.

Señor, si es honra tuya, hágase esto en tu nombre.

Señor, si ves que lo que me conviene

y hallas que me es provechoso,

concédemelo, para que use de ello a honra tuya.

Más si conoces que puede hacerme daño

y nada provechoso a la salvación de mi alma,

desvía de mí tal deseo.

Porque no todo deseo procede del Espíritu Santo,

aunque parezca justo y bueno al hombre.

Dame lo que quieras, y cuanto quieras y cuando quieras.

Haz conmigo como lo que sabes, y como más desees,

y sea para mayor honra tuya.

 

Adap.de la Imitación de Cristo, III, 15,1-2.

 

Jueves II

 

Bendito el que confía en el Señor

 

Lectura del libro del profeta Jeremías    17, 5-10

 

Así habla el Señor: ¡Maldito el hombre que confía en el hombre y busca su apoyo en la carne, mientras su corazón se aparta del Señor! El es como un matorral en la estepa que no ve llegar la felicidad; habita en la aridez del desierto, en una tierra salobre e inhóspita.

¡Bendito el hombre que confía en el Señor y en él tiene puesta su confianza! El es como un árbol plantado al borde de las aguas, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme cuando llega el calor y su follaje se mantiene frondoso; no se inquieta en un año de sequía y nunca deja de dar fruto.

Nada más tortuoso que el corazón humano y no tiene arreglo: ¿quién puede penetrarlo? Yo, el Señor, sondeo el corazón y examino las entrañas, para dar a cada uno según su conducta, según el fruto de sus acciones.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6 (R.: 39, 5a)

 

R.    ¡Feliz el que pone en el Señor toda su confianza!

 

¡Feliz el hombre

que no sigue el consejo de los malvados,

ni se detiene en el camino de los pecadores,

ni se sienta en la reunión de los impíos,

sino que se complace en la ley del Señor

y la medita de día y de noche! R.

 

El es como un árbol

plantado al borde de las aguas,

que produce fruto a su debido tiempo,

y cuyas hojas nunca se marchitan:

todo lo que haga le saldrá bien. R.

 

No sucede así con los malvados:

ellos son como paja que se lleva el viento.

Porque el Señor cuida el camino de los justos,

pero el camino de los malvados termina mal. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    16, 19-31

 

Jesús dijo a los fariseos:

«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino finísimo y cada día hacía espléndidos banquetes. A su puerta, cubierto de llagas, yacía un pobre llamado Lázaro, que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamer sus llagas.

El pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. El rico también murió y fue sepultado.

En la morada de los muertos, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro junto a él. Entonces exclamó: “Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en el agua y refresque mi lengua, porque estas llamas me atormentan.”

“Hijo mío, respondió Abraham, recuerda que has recibido tus bienes en vida y Lázaro, en cambio, recibió males; ahora él encuentra aquí su consuelo, y tú, el tormento. Además, entre ustedes y nosotros se abre un gran abismo. De manera que los que quieren pasar de aquí hasta allí no pueden hacerlo, y tampoco se puede pasar de allí hasta aquí.”

El rico contestó: “Te ruego entonces, padre, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos: que él los prevenga, no sea que ellos también caigan en este lugar de tormento.”

Abraham respondió: “Tienen a Moisés y a los Profetas; que los escuchen.”

“No, padre Abraham, insistió el rico. Pero si alguno de los muertos va a verlos, se arrepentirán.”

Abraham respondió: “Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán.”»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR


 

  • El desierto es el símbolo de la desgracia, es el lugar maldito donde no es posible desarrollarse, la tierra árida que engendra muerte. El hombre sin Dios es como un desierto, vacío dice el profeta, desde esta meditación sapiencial.
  • Como contrapartida proclama bendito aquel que pone su esperanza en el Señor, pues no será defraudado. Es maldito quien pone su confianza en el hombre, en las propias fuerzas.
  • Dios quiere la vida, quiere la felicidad, quiere bendición para todos.
  • Las orillas del agua, echar sus raíces hacia la corriente, no temer el calor; el follaje verde, el fruto continuo son símbolos de alegría, de fecundidad, de solidez, de vida: El justo es comparado a un árbol frutal corpulento lleno de frutos sabrosos.

***

  • Esta historia en forma de parábola tiene sus raíces en la vida misma del pueblo. Ya en ese tiempo se daban muchas desigualdades, injusticias, gente demasiado rica y gente demasiado pobre. Jesús ha visto hombres ricos vestidos de púrpura y lino finísimo, teniendo cada día espléndidos banquetes. Este rico puso toda su confianza en lo humano. Lo apostó todo a la riqueza, al placer, a disfrutar a consumir y sacar provecho.
  • También Jesús ha visto estos mendigos tirados en las puertas de la ciudad cubiertos de llagas, deseando saciarse con las migajas que caían de la mesa de los ricos y a los perros lamiéndoles las llagas.
  • Murió el mendigo y se lo llevaron los ángeles; al pobre se le promete la felicidad. Murió también el rico y estaba en los tormentos. Esta suerte injusta no durará siempre: Jesús anuncia un día, un porvenir en el que los egoísmos y las injusticias ya no existirán.
  • La misma situación existe siempre. Hay siempre grandes fortunas, gente que gasta de un modo escandaloso… y a la vez pobres que no tienen lo necesario para vivir humanamente.
  • Jesús nos pide que no nos habituemos a esta situación. No dice que la riqueza sea un mal en sí, pero lleva en sí misma el riesgo de “cerrar el corazón a Dios”, que nos contentemos con la felicidad de esta vida y olvidemos lo que es esencial. La riqueza comporta el riesgo de “cerrar el corazón a los demás” y no ver al pobre tendido delante de nuestra puerta.
  • El egoísmo de muchos “ricos”, su seguridad, su cerrazón del corazón, acaban por hacerlos “incapaces de leer los signos de Dios”. La muerte no les dice nada; ni la resurrección de un muerto llegará a convencerlos. Han perdido el hábito de ver los “signos” que Dios les hace en su vida ordinaria. Reclamar “signos” es un pretexto para no escuchar y vivir la “palabra de Dios”, que no cesa de hablar desde la realidad.
  • Las palabras de Jesús pretenden enseñar a la comunidad cómo es necesario ir construyendo el Reino poniendo aquí sus señales. Porque el Reino empieza a acontecer cuando se rompe la barrera de las apariencias, conveniencias, legalismo, divisiones que no producen vida; y se logra vivir la misericordia y la solidaridad con todos. Las cosas hay que hacerlas en este mundo, después ya no tiene sentido.
  • Este relato evangélico, pretende formar la conciencia de la comunidad para una superación de las divisiones, y para que testimonie que es posible un mundo donde todos vivamos como hermanos, con la misma dignidad, y donde todos compartamos los mismos bienes de la creación.
  • No hemos sido creados para este mundo pasajero y limitado, sino para la vida eterna. No tenemos que esperar el juicio escatológico de Dios, para empezar a cimentar nuestra sociedad, con principios de igualdad y justicia que brotan de nuestro ser hijos de Dios.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Dónde está centrada mi mirada?
  • ¿Puedo mirar más allá de mis aparentes necesidades?
  • ¿Puedo descubrir que hay una realidad más amplia que el mundo de mis gratificaciones?
  • ¿Descubro los Lázaros que me gritan en busca de una respuesta?
  • ¿Mi caridad con los otros es simplemente institucional, puntual o la siento como un compromiso del corazón?

 

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

 

Dichosos los invitados a la mesa del Señor

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…Quien sabe olvidarse y perderse en la ofrenda de sí mismo, quien puede sacrificar “gratuitamente” su corazón, es un hombre perfecto. En el lenguaje bíblico, poderse dar, poder entregarse, poder llegar a ser “pobre”, significa estar cerca de Dios, encontrar la propia vida escondida en Dios; en una palabra, esto es el cielo. Girar sólo alrededor de uno mismo, atrincherarse y hacerse fuerte significa, por el contrario, condenación, infierno. El hombre puede encontrarse a sí mismo y llegar a ser verdaderamente hombre solamente atravesando el dintel de la pobreza de un corazón sacrificado. Este sacrificio no es un vago misticismo que hace perder consistencia al mundo y al hombre, sino, al contrario, es una toma de consideración del hombre y del mundo. Dios mismo se ha acercado a nosotros como hermano, como prójimo; en resumen, como otro hombre cualquiera [...].

El amor al prójimo no es algo distinto del amor a Dios, sino, por así decir, su dimensión que nos toca, su aspecto terreno: ambas realidades son esencialmente una sola. Así queda garantizado nuestro espíritu de pobreza, nuestra disposición a la donación y al sacrificio desinteresado, por el que actualizamos nuestro ser humanos, siempre y necesariamente en relación con el hermano, con el prójimo. Dichoso el hombre que se ha puesto al servicio del hermano, que hace suyas las necesidades de los demás. Y desdichado el hombre que con su rechazo egoísta del hermano se ha cavado un abismo tenebroso que lo separa de la luz, del amor y de la comunión; el hombre que solamente ha deseado ser “rico” y “fuerte”, de suerte que los demás sólo constituyan para él una tentación, el enemigo, condición y componente de su infierno. En el sacrificio que se olvida totalmente de sí, en la donación total al otro es donde se abre y se revela la profundidad del misterio infinito; en el otro, el hombre llega contemporáneamente y realmente a Dios…

 

J. B. Metz, Pobreza en el espíritu., Brescia 1968, 42-45.

 

PARA REZAR

 

¡Feliz de ti!

¡Feliz de ti si tienes hambre y sed de justicia!

Feliz de ti si creces y luchas

buscando los valores de la justicia,

en medio del mezclado torbellino,

de bien y de mal, que te rodea desde afuera

y que te perturba desde adentro.

 

Feliz de ti si no terminas siendo víctima y cómplice

de las injusticias que te cercan;

si no te dejas alienar en superficialidad

del confort y del consumo,

de la propaganda y de la moda…,

mientras otros luchan y sufren

por el pan de cada día.

 

Feliz de ti si creces sensible a las necesidades

de tus hermanos;

si creces solidario con los otros;

si sientes y aceptas el desafío

de sentirte responsable de los otros…

 

Feliz de ti si la justicia se constituye

en un ideal para tu vida

de manera que no sólo te rebeles

cuando te alcanza y te hiere a ti,

sino también cuando golpea a tus hermanos.

 

 

Viernes II

 

Arrendará la viña a quienes le entreguen fruto

 

Lectura del libro del Génesis    37, 3-4. 12-13a. 17b-28

 

Israel amaba a José más que a ningún otro de sus hijos, porque era el hijo de su vejez, y le mandó hacer una túnica de mangas largas. Pero sus hermanos, al ver que lo amaba más que a ellos, le tomaron tal odio que ni siquiera podían dirigirle el saludo.

Un día, sus hermanos habían ido hasta Siquém para apacentar el rebaño de su padre. Entonces Israel dijo a José: «Tus hermanos están con el rebaño en Siquém. Quiero que vayas a verlos.»

José fue entonces en busca de sus hermanos, y los encontró en Dotán.

Ellos lo divisaron desde lejos, y antes que se acercara, ya se habían confabulado para darle muerte. «Ahí viene ese soñador», se dijeron unos a otros. « ¿Por qué no lo matamos y lo arrojamos en una de esas cisternas? Después diremos que lo devoró una fiera. ¡Veremos entonces en qué terminan sus sueños!»

Pero Rubén, al oír esto, trató de salvarlo diciendo: «No atentemos contra su vida.» Y agregó: «No derramen sangre. Arrójenlo en esa cisterna que está allá afuera, en el desierto, pero no pongan sus manos sobre él.» En realidad, su intención era librarlo de sus manos y devolverlo a su padre sano y salvo.

Apenas José llegó al lugar donde estaban sus hermanos, estos lo despojaron de su túnica -la túnica de mangas largas que llevaba puesta- , lo tomaron y lo arrojaron a la cisterna, que estaba completamente vacía. Luego se sentaron a comer.

De pronto, alzaron la vista y divisaron una caravana de ismaelitas que venían de Galaad, transportando en sus camellos una carga de goma tragacanto, bálsamo y mirra, que llevaban a Egipto.

Entonces Judá dijo a sus hermanos: « ¿Qué ganamos asesinando a nuestro hermano y ocultando su sangre? En lugar de atentar contra su vida, vendámoslo a los ismaelitas, porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne.» Y sus hermanos estuvieron de acuerdo.

Pero mientras tanto, unos negociantes madianitas pasaron por allí y retiraron a José de la cisterna. Luego lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas de plata, y José fue llevado a Egipto.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 104, 16-17. 18-19. 20-21 (R.: 5a)

 

R.    Recuerden las maravillas que obró el Señor.

 

El provocó una gran sequía en el país

y agotó todas las provisiones.

Pero antes envió a un hombre,

a José, que fue vendido como esclavo. R.

 

Le ataron los pies con grillos

y el hierro oprimió su garganta,

hasta que se cumplió lo que él predijo,

y la palabra del Señor lo acreditó. R.

 

El rey ordenó que lo soltaran,

el soberano de pueblos lo puso en libertad;

lo nombró señor de su palacio

y administrador de todos sus bienes. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    21, 33-46

 

Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

«Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero.

Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos. Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon. El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera.

Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: “Respetarán a mi hijo.” Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: “Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia.” Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron.

Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?»

Le respondieron: «Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo.»

Jesús agregó: « ¿No han leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos?

Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos.»

Los sumos sacerdotes y los fariseos, al oír estas parábolas, comprendieron que se refería a ellos. Entonces buscaron el modo de detenerlo, pero temían a la multitud, que lo consideraba un profeta.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • La narración del Génesis quiere explicar de modo simbólico la historia de la tribu de José y el lugar especial que ocupaban sobre las demás tribus. En los planes de Dios, José estaba destinado a ser la salvación de su pueblo, pero antes tiene que pasar por la prueba y la mortificación. La envidia y el odio de sus hermanos, traza el camino que Dios utilizará para salvar a toda su familia.
  • No es que Dios necesite ese odio para realizar esa salvación, pero una vez que el mal se instala, existe y actúa; en eso y a pesar de eso, Dios actúa y se sirve de acontecimientos aparentemente contrarios a su proyecto, para llevarlo adelante.
  • José, traicionado por sus hermanos, será quien los salvará, cuando venga el hambre, y vayan a Egipto donde encontrarán al hermano que vendieron convertido en el hombre fuerte del país.

***

  • La parábola que presenta el evangelio va en la misma dirección y con muchos puntos en común: los labradores homicidas se comportan como los hermanos de José.
  • Jesús habla de un «hijo» enviado para cosechar los frutos de una viña, y que los viñadores matan, para quitárselo de encima. Es el anuncio de su propia muerte.
  • Los viñadores son las autoridades del pueblo que no han dado los frutos oportunos, el amo arrendará la viña a “otros labradores”. Sin embargo la perseverancia de Dios va hasta el final. Sacrifica lo que es más precioso para Él: “De tal manera ha amado Dios al mundo que le ha enviado su propio hijo”. Todo el texto es una alegoría que subraya que la buena noticia de Jesús, dirigida en primer término al pueblo de Israel, será dada a todos los pueblos. En apariencia es un fracaso absoluto de Dios, pero de hecho, su victoria más grande.
  • En el camino de la Cuaresma, los dos relatos bíblicos nos “hablan” de Jesús. También Él, igual que José es un soñador. Amado por el Padre, sueña con hacer ver a todos los seres humanos su condición de hijos de Dios. Sueña con un mundo en el que el reinado de Dios acabe con la violencia, la injusticia, la inhumanidad. Pero no se limita a soñar. Entrega su vida, como gesto real y concreto que permita descubrir el Dios que de la muerte hace surgir la vida. En la parábola de la viña, Jesús concreta su propia historia de amor y marca la pauta para la historia de cuántos quieran seguir sus pasos.
  • Nuestro camino de Pascua supone también aceptar la cruz de Cristo. Convencidos de que, como Dios escribe derecho en renglones torcidos; también nuestro dolor o nuestra renuncia, como los de Cristo, conducen a la vida. Ser cristiano no es esencialmente la aceptación de una doctrina, sino de una Persona, Jesucristo en la totalidad de su mensaje y de su vida, con sus criterios y su modo de ser en lo cotidiano, que se hace portador de salvación.
  • Por experiencia sabemos que seguir a Jesús con radicalidad no es fácil. La ambigüedad de nuestro propio corazón, el miedo a la oposición y a la incomprensión; la tentación del cansancio y del desaliento están agazapadas para llevarnos a desistir del evangelio cuando no vemos resultados inmediatos de nuestro trabajo y nuestra entrega.
  • Sin embargo, el Señor nos confirma desde la vida de tantos hombres y mujeres que han trabajado y trabajan para que este mundo no sucumba a merced del pecado, la injusticia y el desamor, que “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular”.
  • La convicción de esta verdad, el triunfo del amor al estilo de Jesús, es lo que guía y anima a los discípulos de Jesús a ser constructores activos de un mundo que viva desde la novedad del reino. Ese es el “milagro patente” que Dios puede hacer con nosotros, si nos abandonamos a la fuerza de su Palabra y respondemos con generosidad a su invitación.
  • Lo “sumos sacerdotes y los fariseos” no aprovecharon esta oportunidad, y nosotros no estamos exentos de repetir la historia. El llamado es a construir una nueva historia, más humana, más fraterna, más evangélica. Los frutos nos irán diciendo si estamos sembrando un Evangelio parcial, a medida, de temor y acostumbramiento mediocre, o el Evangelio del Reino de la vida, del amor, “el derecho, la verdad, la solidaridad y la justicia”.
  • Este tiempo de cuaresma es un tiempo de gracia para mirar como administro los bienes y los dones que Dios me ha dado.

     

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Cuál es el fruto que Dios espera de mí?
  • ¿Cuál es el fruto que mi vida necesita para que sea fecunda?
  • ¿Acepto la poda o prefiero muchas veces destruir la viña?
  • ¿Qué sacrificio quiero que Dios por su gracia transfigure?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

 

Me ha revestido con un traje de salvación

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…”La única realidad inquebrantable en la historia de José, que no se ha perdido, aunque se haya olvidado, incomprendida, no asumida conscientemente, es el amor de Jacob. El amor de Jacob que vive en los hijos y no puede ser pisoteado, muerto, olvidado, porque resucitará en los mismos hijos como amor fraterno. Existe un valor, al que podemos llamar “el valor”, que está en el fondo de todos los deseos, de todos los esfuerzos, de toda la actividad humana, y es el amor del Padre, el amor con que crea a todo hombre. El hombre puede vivir desvinculado de este amor, incluso negando este amor, pero nunca podrá destruirlo, porque es un valor que resucita siempre; es la realidad que actúa en la pascua. A veces hablamos acaloradamente sobre los valores, pero la historia de José nos dice que cada
valor es valor si crece a
partir de este único valor fundante que es el amor del Padre vivido en los hijos, resucitado en los hermanos. Un valor es valor si ayuda a las personar a adherirse libremente al organismo de la fraternidad de todos los hombres.

Lo que no ayuda a la libre adhesión, a la fraternidad, a la comunicación cada vez más universal, a descubrir la unidad del amor que crea a todos y que se ejercita al reconocerse uno al otro, no es valor; es ilusión, engaño, una especie de idolatría cultural. Al final de la historia de José, en una carestía, en una tragedia fratricida a la que lleva una falsa cultura, emerge una cultura del amor o, mejor, una cultura entendida como un tejido en el que la actividad humana, su creatividad, respira y recibe vida del único valor indestructible, que es el amor del Padre y mueve el universo hacia una filiación y fraternidad consciente”…

 

M. I. Rupnik, “Busco a mis hermanos”. Lectio divina de José en Egipto, Roma 1998, 106s.

 

PARA REZAR

 

Oración de San Francisco

 

Señor; haz de mi un instrumento de tu paz.

Donde haya odio pueda yo amar,

donde haya ofensa ponga yo perdón,

donde haya discordia ponga yo unión,

donde haya duda ponga yo seguridad.

Donde haya desesperación, ponga yo esperanza.

Donde haya tinieblas ponga yo luz.

Donde haya tristeza ponga yo alegría.

Oh Maestro

que no busque tanto ser consolado como consolar

ser comprendido como comprender

ser amado como amar.

Porque es dando que se recibe

es olvidando que se encuentra

es perdonando que se perdona

es muriendo que se nace a la vida eterna.

 

 

Sábado II

 

Arrojarás en lo más profundo del mar nuestros pecados

 

Lectura de la profecía de Miqueas    7, 14-15. 18-20

 

Apacienta con tu cayado a tu pueblo, al rebaño de tu herencia, al que vive solitario en un bosque, en medio de un vergel. ¡Que sean apacentados en Basán y en Galaad, como en los tiempos antiguos! Como en los días en que salías de Egipto, muéstranos tus maravillas.

¿Qué dios es como tú, que perdonas la falta y pasas por alto la rebeldía del resto de tu herencia? El no mantiene su ira para siempre, porque ama la fidelidad.

El volverá a compadecerse de nosotros y pisoteará nuestras faltas. Tú arrojarás en lo más profundo del mar todos nuestros pecados. Manifestarás tu lealtad a Jacob y tu fidelidad a Abraham, como lo juraste a nuestros padres desde los tiempos remotos.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 102, 1-2. 3-4. 9-10. 11-12 (R.: 8a)

 

R.    El Señor es bondadoso y compasivo.

 

Bendice al Señor, alma mía,

que todo mi ser bendiga a su santo Nombre;

bendice al Señor, alma mía,

y nunca olvides sus beneficios. R.

 

El perdona todas tus culpas

y cura todas tus dolencias;

rescata tu vida del sepulcro,

te corona de amor y de ternura. R.

 

No acusa de manera inapelable

ni guarda rencor eternamente;

no nos trata según nuestros pecados

ni nos paga conforme a nuestras culpas. R.

 

Cuanto se alza el cielo sobre la tierra,

así de inmenso es su amor por los que lo temen;

cuanto dista el oriente del occidente,

así aparta de nosotros nuestros pecados. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    15, 1-3. 11b-32

 

Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos.» Jesús les dijo entonces esta parábola:

«Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte de herencia que me corresponde.” Y el padre les repartió sus bienes.

Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa.

Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones. Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos. El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.

Entonces recapacitó y dijo: “¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!” Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: “Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros.”

Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó.

El joven le dijo: “Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo.”

Pero el padre dijo a sus servidores: “Traigan enseguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos, porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado.” Y comenzó la fiesta.

El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza. Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó qué significaba eso.

El le respondió: “Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo.”

El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara, pero él le respondió: “Hace tantos años que te sirvo, sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos. ¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!”

Pero el padre le dijo: “Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado.”»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Con el texto de hoy termina el libro de Miqueas. El profeta habla para alentar al pueblo y estimularlo a mantener firme su fe en Yahvé. Suplica a Dios que no abandone a su pueblo, sino que realice en él las promesas, de manera que Israel, ahora triste y abatido, pueda rehacer su vida. En la segunda parte de la lectura, el profeta se llena de gozo pensando en el futuro perdón de Dios, como garantía de las promesas que se van obrando entre los altibajos de la historia humana.
  • Desde una imagen rural y poética de las ovejas perdidas en el monte bajo, que esperan que vaya el pastor a liberarlas y conducirlas a los verdes pastizales, nos va revelando el sentir de Dios.
  • El pasado es garante del presente. Lo que Dios hizo antaño es garantía de lo que continuará haciendo.

***

  • En el evangelio, con la narración de la parábola del «padre que recibe al hijo que vuelve» se marca una continuidad de los sentimientos de Dios que aparecen en el Antiguo Testamento.
  • La parábola presenta toda la riqueza del amor y de la misericordia de Dios: el Padre está siempre dispuesto a acoger sin reservas, a todos los hombres que quieran ponerse en sus manos. Creer por nuestra autosuficiencia que somos capaces de salvarnos nosotros solos, es la única barrera que impide la realización de este amor de Dios.
  • El Padre no desespera jamás de sus hijos; constituye el centro de la parábola, y es lo que Jesús nos invita a contemplar.
  • Un padre respetuoso de la libertad y de la autonomía de sus dos hijos, con dolor deja partir al menor que le ha pedido parte de su herencia; aún así, mantiene la esperanza de que algún día comprenderá su amor.
  • Un hijo quiere vivir su vida, se niega a estar sometido, cree que será más libre si está totalmente independizado. La rebelión típica de nuestro tiempo y de todos los tiempos: “el rechazo del padre” que lleva al rechazo de Dios. Característica del mundo moderno. El fenómeno global del ateísmo.
  • Al pasar hambre se arrepiente, se levanta y parte hacia su padre que estando aún lejos, lo vio y corrió a él para abrazarlo. Tanta es la alegría, que manda traer la túnica más bella, un anillo, unas sandalias… hace preparar una fiesta. Es así como el padre acoge al hijo “que vuelve”.
  • El otro hijo, el que había permanecido en casa fiel a la obediencia, no puede entender esa actitud de perdón y rabioso contra su hermano y resentido contra su mismo padre decide automarginarse.
  • Jesús le habla a los dirigentes judíos, que lo critican a raíz de que recibe en nombre del Padre, tanto a los pecadores, como a prostitutas, recaudadores de impuestos, etc. Jesús estaba ofreciendo perdón y dando acogida a los que estaban fuera de la ley. Con esto, todos los cumplidores de la Ley, creían que se les quitaba el derecho de precedencia a ellos y a todos los que guardaban celosamente todas las prescripciones legales.
  • Jesús no cesa de mostrar a los jefes judíos que impedían la participación en el Reino de los declarados pecadores e impuros, que el amor de Dios Padre no discrimina ni excluye a nadie.
  • Para Jesús la entrada al Reino no tiene límites; porque el Amor del Padre es gratuito y lo da a quien Él quiere y a quien está dispuesto a recibirlo. El perdón y la misericordia es lo que abre las puertas al Reino.
  • Cuaresma es un tiempo favorable para mirarnos en la actitud de Jesús y en el corazón del Padre. Ellos son el fundamento de nuestro retorno y de nuestra conversión. La enseñanza de Jesús contrasta con muchas de nuestras actitudes. En diversas oportunidades nos volvemos obstáculo para que el perdón y el amor de Dios se realice entre los hombres con los juicios implacables, las condiciones que ponemos para el perdón, despreciando todo lo que se aleja de esa medida.
  • Tiempo de Cuaresma, oportunidad para vivir la experiencia gozosa de la paternidad de Dios, porque nos sentimos perdonados por Aquel que “es compasivo y misericordioso”. Dios nos recibe siempre y desea que hagamos lo mismo con los demás. Dios nunca se pone contra nosotros, incluso cuando pecamos. Se pone más a nuestro lado, y en contra de todos lo que huele a pecado, a desamor, a injusticia.
  • El único agradecimiento que quiere es aceptar su amor siendo comprensivos, perdonadores y misericordiosos con nuestros hermanos. Así participaremos y compartiremos con Dios y con los demás la fiesta gozosa del perdón.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Percibo a ese Dios Padre Abbá como el hijo menor antes de irse de casa?
  • ¿Lo percibo como el hijo mayor lo percibía, sin esperanza ni alegría?
  • ¿Somos intransigentes e intolerantes como él?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

 

Cambiaste mi luto en danzas

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL


El Dios cristiano es el Dios de la esperanza no sólo en el sentido de que es el Dios de la promesa y por ello fundamento y garantía de la esperanza humana, sino también en el sentido de un Dios que sabe festejar este retorno [...].

La humildad y la esperanza de Dios no dejan de esperar a sus hijos con un amor más fuerte que todo el no-amor con el que puede ser correspondido. Dios ama como sólo una madre sabe amar, con un amor que irradia ternura. El misterio de la maternidad divina es icono de la capacidad de un amor radiante y gratuito, más fiel que cualquier infidelidad humana. Dios espera siempre, humilde y ansioso, el consentimiento de su criatura como —según subraya san Bernardo— hizo con el “sí” de María.

La parábola nos pone ante un padre que no teme perder la propia dignidad, incluso parece ponerla en peligro. La autoridad de un padre no está en las distancias que más o menos mantiene, sino en el amor radiante que
manifiesta [...]. Este es el intrépido amor de Dios: la intrepidez de romper falsas seguridades aparentes, para vivir la única seguridad que es la del amor más fuerte que la del no-amor; la intrepidez de ir al encuentro del otro superando las distancias protectoras que nuestra incapacidad de amor con frecuencia pretende levantar en torno nuestro…

 

B. Forte, En memoria del Salvador, Cisinello B. 1992, 68s.

 

PARA REZAR

 

Te busco Señor

Mi corazón te busca a ti, Dios mío,

tiene sed y tiene hambre,

y tiene ganas de ti,

como el niño hambriento que busca el pan.

En mi camino muchas veces no te he buscado y me he perdido.

Mi pecado, mi desorden, mi egoísmo

y mi orgullo cegaron la búsqueda.

Mis limitaciones se convirtieron en lágrimas

que mojaron mi pan; y al comerlo

me preguntaba de nuevo: Dónde está Dios?

Manda tu gracia, rompe la dureza de mi corazón;

haz día de mi noche y noche de mi día;

abre mi corazón en plegaria silenciosa

y que llegue a tí con el amor.

Dios de mi vida: quiero tu vida,

necesito tu vida, llena mi vida.

Envíame tu luz y tu verdad, que ellas me guíen;

envíame tu Espíritu que me conduzca

a la verdad plena.

Quiero llegar hasta tu casa y cantarte,

Dios de mi alegría. Te encontraré, te miraré a los ojos,

te alabaré como un niño feliz,

y mi vida se sentirá segura y llena con tu presencia.

 

 

 

 

 


 

TIEMPO DE CUARESMA – SEMANA I- CICLO A

TIEMPO DE CUARESMA

DOMINGO I – CICLO A

Lunes I

Martes I

Miércoles I

Jueves I

Viernes I

Sábado I

 

TIEMPO DE CUARESMA

DOMINGO I – CICLO A

 

No tentarás al Señor tu Dios

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Génesis    2, 7-9; 3, 1-7

 

El Señor Dios modeló al hombre con arcilla del suelo y sopló en su nariz un aliento de vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente.

El Señor Dios plantó un jardín en Edén, al oriente, y puso allí al hombre que había formado. Y el Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles, que eran atrayentes para la vista y apetitosos para comer; hizo brotar el árbol de la vida en medio del jardín y el árbol del conocimiento del bien y del mal.

La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que el Señor Dios había hecho, y dijo a la mujer: « ¿Así que Dios les ordenó que no comieran de ningún árbol del jardín?»

La mujer le respondió: «Podemos comer los frutos de todos los árboles del jardín. Pero respecto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: “No coman de él ni lo toquen, porque de lo contrario quedarán sujetos a la muerte.”»

La serpiente dijo a la mujer: «No, no morirán. Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal.»

Cuando la mujer vio que el árbol era apetitoso para comer, agradable a la vista y deseable para adquirir discernimiento, tomó de su fruto y comió; luego se lo dio a su marido, que estaba con ella, y él también comió. Entonces se abrieron los ojos de los dos y descubrieron que estaban desnudos. Por eso se hicieron unos taparrabos, entretejiendo hojas de higuera.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 50, 3-4. 5-6a. 12-13. 14 y 17 (R.: cf. 3a)

 

R.    Ten piedad, Señor, porque hemos pecado.

 

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,

por tu gran compasión, borra mis faltas!

¡Lávame totalmente de mi culpa

y purifícame de mi pecado! R.

 

Porque yo reconozco mis faltas

y mi pecado está siempre ante mí.

Contra ti, contra ti solo pequé

e hice lo que es malo a tus ojos. R.

 

Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,

y renueva la firmeza de mi espíritu.

No me arrojes lejos de tu presencia

ni retires de mí tu santo espíritu. R.

 

Devuélveme la alegría de tu salvación,

que tu espíritu generoso me sostenga.

Abre mis labios, Señor,

y mi boca proclamará tu alabanza. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Roma 5, 12-19

 

Por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron.

En efecto, el pecado ya estaba en el mundo, antes de la Ley, pero cuando no hay Ley, el pecado no se tiene en cuenta. Sin embargo, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso en aquellos que no habían pecado, cometiendo una trasgresión semejante a la de Adán, que es figura del que debía venir.

Pero no hay proporción entre el don y la falta. Porque si la falta de uno solo provocó la muerte de todos, la gracia de Dios y el don conferido por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, fueron derramados mucho más abundantemente sobre todos. Tampoco se puede comparar ese don con las consecuencias del pecado cometido por un solo hombre, ya que el juicio de condenación vino por una sola falta, mientras que el don de la gracia lleva a la justificación después de muchas faltas.

En efecto, si por la falta de uno solo reinó la muerte, con mucha más razón, vivirán y reinarán por medio de un solo hombre, Jesucristo, aquellos que han recibido abundantemente la gracia y el don de la justicia.

Por consiguiente, así como la falta de uno solo causó la condenación de todos, también el acto de justicia de uno solo producirá para todos los hombres la justificación que conduce a la Vida. Y de la misma manera que por la desobediencia de un solo hombre, todos se convirtieron en pecadores, también por la obediencia de uno solo, todos se convertirán en justos.

 

Palabra de Dios.

 

    O bien más breve:

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Roma     5, 12. 17-19

 

Hermanos:

Por un solo hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron.

En efecto, si por la falta de uno solo reinó la muerte, con mucha más razón, vivirán y reinarán por medio de un solo hombre, Jesucristo, aquellos que han recibido abundantemente la gracia y el don de la justicia.

Por consiguiente, así como la falta de uno solo causó la condenación de todos, también el acto de justicia de uno solo producirá para todos los hombres la justificación que conduce a la Vida. Y de la misma manera que por la desobediencia de un solo hombre, todos se convirtieron en pecadores, también por la obediencia de uno solo, todos se convertirán en justos.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    4, 1-11

 

Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio. Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre. Y el tentador, acercándose, le dijo: «Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes.»

Jesús le respondió: «Está escrito: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.»

Luego el demonio llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo puso en la parte más alta del Templo, diciéndole: «Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra.»

Jesús le respondió: «También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios.»

El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta; desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor, y le dijo: «Te daré todo esto, si te postras para adorarme.»

Jesús le respondió: «Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto.»

Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • La primera lectura resalta el intento de robar a Dios para vivir sus prerrogativas. Cada una de las situaciones planteadas en este poema de la creación del ser humano está pensada y recogida con un afán de cimentar la fe en el poder y la misericordia de Dios. Su ternura superará todas las ambiciones humanas.
  • En la segunda lectura, san Pablo constata la triste experiencia y la desgraciada herencia que los primeros padres nos dejaron. Desde que existimos tenemos la tendencia a rebelarnos, a independizarnos, a alejarnos de Dios y sus caminos. La obediencia de Uno, que no es un hombre cualquiera, sino el que representa ante Dios a la totalidad de la humanidad: su resistencia a la tentación, su perfecta obediencia tiene tal fuerza que gracias a ella «todos serán constituidos justos».
  • En el Evangelio, es Jesús quien desenmascara invitaciones a practicar el mal que nos apartan de Dios y de los hermanos y que permiten que el mal se instale en la vida y en la humanidad.

***

  • Jesús es llevado al desierto por el Espíritu de Dios para ser puesto a prueba. Es Hijo de Dios aquel que se muestra dispuesto a vivir como tal; aunque tenga como consecuencia el enfrentamiento con el mal y con todo lo que trate de impedirlo.
  • El desierto en la tradición bíblica es un término «ambivalente». Es el lugar de encuentro con Dios, de la intimidad con Él, del diálogo contemplativo. En el desierto Yahvé llama a su pueblo para hacerlo escuchar su palabra y para establecer con Él una alianza. Pero el desierto es también una tierra inhóspita, árida, dura, donde todo habla de muerte. Dominio de los demonios. Lugar en donde es necesario afrontar el combate con el adversario.
  • El demonio invita a Jesús a manejar a Dios en beneficio propio, a no reconocer y adorar a Dios. Las tentaciones de Jesús son las tentaciones de cualquier hombre normal.
  • La respuesta de Jesús es clara:
  • No podemos contentarnos con alimentarnos sólo de las cosas de la tierra. Si así lo hacemos corremos es riego de tener siempre hambre insaciable.
  • No estamos hechos para poner a Dios a prueba. Lo que importa es vivir en comunión con Dios. Como un hijo en confianza absoluta. Cuando nos medimos con Dios lo único que hacemos es tomar distancia.
  • No estamos hechos para adorar a nadie que no sea Dios. Los ídolos y los demás hombres son solamente eso: hombres e ídolos. Cuando no reconocemos lo absoluto de Dios ponemos en juego nuestra identidad.
  • Como discípulos victoriosos tenemos la fuerza definitiva de la Palabra de Dios sobre las intenciones y los proyectos humanos. La realización de la justicia del Reino exige una vida en consonancia con los valores evangélicos. La propuesta del Tentador para Jesús y para toda vida cristiana es un camino alternativo.
  • En la búsqueda del triunfo Jesús ha optado por la victoria del servidor humilde y misericordioso. No hará nunca un milagro en favor suyo, para defenderse o para ganar gloria o adquirir nuevos discípulos. Ha decidido salvarnos, no desde el poder y la gloria, sino desde el servicio y el amor, desde la cruz.
  • Jesús dedicó su vida entera a anunciar la Buena Noticia de Dios y a ofrecer el amor de Dios a todos, y sobre todo a los pobres. Pero para hacerlo renunció a la vida tranquila de carpintero en su pueblito. No buscó el éxito fácil y el aplauso de la gente. Tampoco quiso imponer por la fuerza su mensaje. Jesús eligió este camino, y no el que Satanás le proponía. Como hombre nuevo no vive de los viejos instintos del orgullo, el consumo, el placer y la violencia. Esos instintos tenían que ser desarraigados y crucificados. El presenta un nuevo modelo de triunfo, la del hombre libre, servicial y entregado, el hombre de fe, el hombre para los demás.
  • Su vida fue vivir anunciando el amor a Dios y el amor a los demás, y mantener este amor como único objetivo realmente importante que determina el modo vivir y de obrar. Este amor implica luchar contra todo aquello que esté en contra del proyecto de un mundo transformado en reino de Dios.
  • La Iglesia también en la realización de su misión, sufre grandes tentaciones que no provienen siempre de sus «enemigos»; sino de su propio interior. Se deja atrapar por la tentación, cuando abandona el desierto de la soledad contemplativa, del sacrificio y de la aceptación de la persecución y se instala cómodamente en la fértil llanura de la comodidad, al amparo del poder, traduciendo el Reino de Dios en soluciones inmediatas, utilitarias, tangibles. El Reino trasciende todos los esquemas terrenos. Debemos reconocer la presencia y el poder de Dios en la continuidad del dolor, de la pobreza, del fracaso: de la cruz.
  • No se puede buscar credibilidad en la Iglesia, o sostener la fe del pueblo de Dios a fuerza de milagrismos; o racionalizando el Evangelio presentándolo al gusto del mundo.
  • La Cuaresma es una invitación a vivir de la misma manera que Jesús vivía. Invitación a tener como objetivos de nuestra vida el amor a Dios y el amor a los demás; y una invitación a combatir todo aquello que, en nosotros mismos y en nuestro mundo, impide este amor. Son las mismas circunstancias de la vida las que ponen a prueba a todos los hombres. Las tentaciones no hay que ir a buscarlas, vienen solas. El triunfo sobre las tentaciones está siempre por alcanzar.
  • Todos nos encontramos con la tentación del materialismo, del egoísmo, de la soberbia, de la superficialidad, del afán de poder. En definitiva, la gran tentación del diablo es siempre aquella que
  • puso al primer hombre en el paraíso: “serás como Dios”. Y no hay manera de ser como Dios que no pase por imitar lo que ha hecho Jesús de Nazaret, conquistar la vida por un camino de lucha y de fidelidad a la Palabra, arrodillarse delante de los hermanos para lavar los pies de los discípulos. Esa es la única manera de llegar a ser como Dios. La conversión cuaresmal implica comprender y aceptar esto.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Reconozco las tentaciones que me acechan?
  • ¿Cuáles son las tentaciones más grandes a las que me siento sometido?
  • ¿Dónde busco soluciones para los momentos de dificultad o prueba?

 

REPITAMOS Y VIVAMOS HOY LA PALABRA

 

Danos fuerza por tu Palabra

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…La tentación más grave es la de la desesperación; es la que nos hace dudar de poder ser todavía perdonados y amados por el Padre. Ahí nos quiere llevar la astucia del diablo: a la desesperación.

Si desconfiamos de Dios, nosotros mismos nos separamos de él. Es tremenda esta tentación. La tentación de la desconfianza está en el origen de la trágica caída de los primeros padres y aparece a lo largo de todas las etapas de la historia de salvación. La encontramos desde el primer libro de la Biblia (Gn 3), donde la serpiente tentadora induce a Adán y Eva a desconfiar de Dios, hasta el Apocalipsis (cc. 3 y 12), donde el dragón se encona contra la Iglesia, dispuesto a devorar a los santos, los hijos engendrados en la gracia. La envidia empuja continuamente al maligno, aunque ya vencido por Cristo, a la tentativa desesperada de hacer caer a los hijos de Dios. Por eso el cristiano
debe estar siempre alerta, dispuesto al combate que tiene que mantener con la armadura que Dios le procura (cf. Ef. 6,12-18).

La Iglesia está sometida a la tentación lo mismo que todo cristiano; pero si perseveramos en la fe y en la oración, el Señor nos promete el auxilio para que no sucumbamos a la tentación (cf. Ap 3,10-12). La tentación es necesaria porque, después de la primera caída, todos deben someterse a la prueba. Nuestro corazón adolece de inconstancia y necesita robustecerse mediante una terapia intensiva y estimulante: la tentación libera nuevas y prodigiosas energías espirituales. El amor, en la prueba, se purifica y fortalece.

El Señor nos promete su ayuda: no seremos tentados por encima de nuestras Fuerzas; el apóstol nos dice: “Dios es fiel, no permitirá que seáis tentados por encima de vuestras fuerzas; al contrario, junto con la prueba os proporcionará fuerzas suficientes para superarla” (1 Cor 10,13). El ancla de salvación es la cruz, ala que debemos estar fuertemente abrazados. Cristo padeció por nosotros la tentación y ha vencido.

 

A. M. Cánopi, Meditación sobre el Padrenuestro, Milán 1999, 114-116, passim.

 

PARA REZAR

 

Señor
No nos dejes caer en la tentación,

no nos permitas entrar en ella.

No nos dejes tomar el camino errado.

No nos dejes caer en la tentación,

porque nuestra vida está luchando

entre bien y el mal, la gracia y el pecado.

No nos dejes caer en la tentación,

te pedimos Dios sabiduría y fuerza para resistirla.

No nos dejes caer en la tentación,

te pedimos sabiduría, para tener un juicio cierto

y distinguir entre la “prueba buena”,

necesaria para crecer,

y la “tentación mala”,

que conduce al error y al pecado.

No nos dejes caer en la tentación,

te pedimos sabiduría para desenmascarar

la mentira de la tentación mala

que se presenta con apariencia de bien,

deseable, buena para dar vida,

mientras que su fruto es la muerte.

No nos dejes caer en la tentación,

te pedimos fuerza porque el pecado

implica una decisión del corazón

y nadie puede servir a dos señores.  

No nos dejes caer en la tentación,

te pedimos Padre fuerza para dejarnos

conducir por el Espíritu Santo.

No nos dejes caer en la tentación,

te pedimos Padre que no permitas

que seamos tentados por encima de nuestras fuerzas.

 

Lunes I

 

Lo que hacen con el más pequeño conmigo lo hacen

 

Lectura del libro del Levítico    19, 1-2. 11-18

 

El Señor dijo a Moisés:

Habla en estos términos a toda la comunidad de Israel:

Ustedes serán santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo. Ustedes no robarán, no mentirán ni se engañarán unos a otros. No jurarán en falso por mi Nombre, porque profanarían el nombre de su Dios. Yo soy el Señor.

No oprimirás a tu prójimo ni lo despojarás; y no retendrás hasta la mañana siguiente el salario del jornalero. No insultarás a un sordo ni pondrás un obstáculo delante de un ciego, sino que temerás a tu Dios. Yo soy el Señor.

No cometerás ninguna injusticia en los juicios. No favorecerás arbitrariamente al pobre ni te mostrarás complaciente con el rico: juzgarás a tu prójimo con justicia. No difamarás a tus compatriotas, ni pondrás en peligro la vida de tu prójimo. Yo soy el Señor.

No odiarás a tu hermano en tu corazón: deberás reprenderlo convenientemente, para no cargar con un pecado a causa de él.

No serás vengativo con tus compatriotas ni les guardarás rencor. Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Yo soy el Señor.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 18, 8. 9. 10. 15 (R.: cf. Jn 6, 63c)

 

R.    Tus palabras, Señor, son Espíritu y Vida.

 

La ley del Señor es perfecta,

reconforta el alma;

el testimonio del Señor es verdadero,

da sabiduría al simple. R.

 

Los preceptos del Señor son rectos,

alegran el corazón;

los mandamientos del Señor son claros,

iluminan los ojos. R.

 

La palabra del Señor es pura,

permanece para siempre;

los juicios del Señor son la verdad,

enteramente justos. R.

 

¡Ojalá sean de tu agrado

las palabras de mi boca,

y lleguen hasta ti mis pensamientos,

Señor, mi Roca y mi redentor! R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    25, 31-46

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda.

Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: “Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver.”

Los justos le responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?”

Y el Rey les responderá: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo.”

Luego dirá a los de su izquierda: “Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron.”

Estos, a su vez, le preguntarán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?”

Y él les responderá: “Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo.”

Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • El Señor Santo de la Alianza exige la santificación del pueblo que ha elegido. La fórmula «Yo, el Señor vuestro Dios, soy Santo», se repite constantemente en el contexto de los capítulos 17 al 26 del Levítico que constituyen la llamada “Ley de santidad”.
  • Esto no se obtiene con la construcción de un santuario y con la sola práctica del culto, sino con el cumplimiento de los preceptos que hacen a la relación entre los hombres. La santidad implica separación, pero no de un lugar o de un espacio sino por la calidad de nuestras obras.
  • El camino a la santidad pasa por el hombre, el hermano, el prójimo. En este pequeño código, eco del decálogo mosaico, el prójimo es el pariente, conciudadano, hermano. Es el hombre de la comunidad humana, en la que todos tienen derechos y deberes. El cumplimiento de los deberes hace que el prójimo obtenga sus derechos.
  • Una de las cosas más importantes de este código de preceptos fundamentales de relación humana es su exigencia no sólo de obras, sino hasta de actitudes y sentimientos hacia el otro; de ellos son hijas las obras que llegan a su máxima expresión en la consigna final: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». El hombre no está nunca tan cerca de la santidad de Dios como cuando ama a su prójimo.

***

  • Jesús reafirma este programa, este criterio de vida, y lo propone a todos. La santidad a la que nos invita Jesucristo es fruto del amor a Dios, que se traduce y manifiesta en el amor sincero al prójimo. Es en esta respuesta de amor, en donde hacemos verdad y santidad lo que hemos conocido y aceptado por la fe.
  • Si la lectura del Levítico nos ponía la medida de amar a los demás como nos amamos a nosotros mismos, el Evangelio nos lleva a dar un paso más grande: lo que hacemos o dejamos de hacer con los que nos rodean es lo que hacemos o dejamos de hacer con el mismo Jesús que se identifica con las personas que encontramos en nuestro camino.
  • Si la primera lectura urgía a no cometer injusticias o a no hacer mal al prójimo, el Evangelio va más allá: no se trata de no dañar, sino de hacer el bien. El examen no será sólo sobre si hemos robado, sino sobre si hemos visitado y atendido al enfermo. Se trata de un nivel de exigencia mayor. Si antes se nos decía: no odies, ahora se nos dice: ayuda al que pasa hambre. Una vez más,
  • La parábola plantea no tanto la vida del «más allá», sino el camino que en el «más acá» debemos seguir para llevar a plenitud nuestra vida. La presencia del Reino mismo es la que juzga: la paz juzgará a la guerra, la justicia a la injusticia, la verdad a la mentira, la vida a la muerte. Nuestra actitud frente a los pobres, es nuestra misma actitud frente a Dios por la que seremos juzgados.
  • El camino para acceder a la santidad pasa necesariamente por la participación en el proyecto de humanización que Dios nos propone y que consiste en la entrega de la propia vida en favor de los hermanos, especialmente de los que más lo necesitan. El camino se inicia en el hoy entrando en comunión con Cristo en el empobrecido, hambriento, sediento, enfermo, encarcelado, inmigrante atendiéndolo cada vez que sea necesario y evitando toda injusticia.
  • La Cuaresma que simplemente se nos puede presentar como camino de penitencia, como un camino de dolor, como un camino negativo, realmente es todo lo contrario. Es un camino positivo de crecimiento. Un camino que no se limita a una actitud que sólo trata de evitar el mal, sino muy por contrario una actitud que se compromete desde el amor en la construcción de una historia vida desde el amor que se ha derramado en nuestro corazones y nos une en comunión de vida y misión con el único Santo.
  • Nuevamente, la Iglesia nos invita a mirar hacia el final, pero no para olvidar el presente. Mirar el futuro, pero con los pies en la tierra, y con el corazón en los hermanos.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Cómo buscamos a Cristo?
  • ¿Cuánto somos capaces de abrir los ojos para ver a Cristo?
  • ¿Hasta qué punto nos atrevemos a ir descubriéndolo en todo lo que nos pasa?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Si no amamos a los hermanos que vemos, no podemos amar a Dios a quien no vemos


PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…Los que se acercan al pobre lo hacen movidos por un deseo de generosidad, para ayudarle y socorrerle; se consideran salvadores con frecuencia se ponen sobre un pedestal. Pero tocando al pobre, llegándose a él, estableciendo una relación de amor y confianza con él, es como se revela el misterio. Ellos descubren el sacramento del pobre y logran llegar al misterio de la compasión. El pobre parece romper la barrera del poder, de la riqueza, de la capacidad y del orgullo; quitan la cáscara con que se rodea el corazón humano para protegerse. El pobre revela a Jesucristo. Hace que el que ha venido para “ayudarle” descubra su propia pobreza y vulnerabilidad; le hace descubrir también su capacidad de amar, la potencia de amor de su corazón. El pobre tiene un poder misterioso; en su debilidad, es capaz de tocar los corazones endurecidos y de sacar a la luz las fuentes de agua viva ocultas en su interior. Es la manita del niño de la que no se tiene miedo pero que se desliza entre los barrotes de nuestra prisión de egoísmo. Y logra abrir la cerradura. El pobre libera. Y Dios se oculta en el niño. Los pobres evangelizan. Por eso son los tesoros de la Iglesia.

 

J. Vanier, Comunidad, lugar de perdón y de fiesta, Madrid 31981, 1 15s.

 

PARA REZAR

 

Los que sufren

 

La noche es siempre

más opaca para los que sufren.

Todos los hombres son hermanos nuestros,

y no podemos olvidarlos tanto que

hasta ni siquiera padezcamos por ellos.

 

Te pedimos, Señor, por los hombres frustrados,

que viven en cárceles y asilos.

 

Danos comprensión hacia ellos;

su estado no indica que sean peores que nosotros.

También ellos poseen este regalo

de ser personas y poder amar.

 

También te pedimos por los pobres,

a los que tú llamaste felices.

Dales la verdadera fortaleza y esperanza

a los que, como Tú, no tienen casa, no tienen pan.

Que trabajemos para cambiar este mundo injusto,

que no refleja tu bondad.

 

Te pedimos por los que han equivocado el camino,

y buscan la felicidad en el placer

y en el absurdo;

llámalos con la voz del desengaño,

pero líbralos de la desesperación.

 

También te pedimos por los náufragos

de la vida.

Por las muchachas que han hecho

de la venta de su cuerpo una profesión.

Recupera, Señor, estas tus imágenes dolientes,

y redímelas con un amor verdadero.

 

Y a nosotros, Señor, haznos agradecidos por lo que nos has dado, para que lo convirtamos en amor.

 

Martes I

 

Pedir para ser escuchados

 

Lectura del libro del profeta Isaías    55, 10-11

 

Así habla el Señor:

Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come, así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 33, 4-5. 6-7. 16-17. 18-19 (R.: 18b)

 

R.    El Señor libra a los justos de todas sus angustias.

 

Glorifiquen conmigo al Señor,

alabemos su Nombre todos juntos.

Busqué al Señor: él me respondió

y me libró de todos mis temores. R.

 

Miren hacia él y quedarán resplandecientes,

y sus rostros no se avergonzarán.

Este pobre hombre invocó al Señor:

él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R.

 

Los ojos del Señor miran al justo

y sus oídos escuchan su clamor;

pero el Señor rechaza a los que hacen el mal

para borrar su recuerdo de la tierra. R.

 

Cuando ellos claman, el Señor los escucha

y los libra de todas sus angustias.

El Señor está cerca del que sufre

y salva a los que están abatidos. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    6, 7-15

 

Jesús dijo a sus discípulos:

Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados. No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.

Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido. No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal.

Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Isaías, profeta del consuelo tiene la profunda  seguridad de que el Señor está presente en los sufrimientos de su pueblo y que un día les ha de devolver su alegría y su patria. Esta convicción arranca de la palabra del Señor, dada y mantenida de generación en generación.
  • El profeta conoce bien la eficacia callada y profunda del agua y de la nieve: empapar, fecundar, hacer germinar, dar semilla y pan. La palabra de Dios, del mismo modo que la lluvia y la nieve hace su obra “empapándonos”, es decir: colmándonos interiormente, penetrándonos, llegando hasta lo más profundo de nuestro ser, llenando nuestros vacíos e iluminando nuestras oscuridades.
  • Cuando abrimos nuestro corazón a la Palabra que Dios ha pronunciado sobre nosotros, ella nos fecunda y hace dar fruto.

***

  • Jesús nos recuerda hoy una dimensión esencial de toda vida que quiere vivir en profundidad: la oración.
  • El Evangelio nos habla de nuestra plegaria, de su verdadero contenido, de cómo debemos comportarnos y de la interioridad auténtica. Se trata de la actitud que el hombre ha de adoptar en sus relaciones con Dios.
  • En el Evangelio nos muestra que el hombre puede convertirse en terreno fértil para la palabra de Dios cuando sumerge su vida en la oración y desde ella en el misterio de Dios.
  • Jesús, además de recomendarnos la oración nos enseña una manera de realizarla: el «Padrenuestro». La oración es ponerse ante Dios en relación de hijos. Nos enseña a usar la palabra “Abba” que es la palabra más familiar de la lengua hebrea. Esta palabra es la que los niños usan al echarse en brazos de su padre: algo así como “¡papito querido!”
  • El Padrenuestro se contrapone a las largas plegarias de los paganos, que basaban su eficacia en las palabras que pronunciaba el hombre. La oración cristiana, en cambio, recibe su eficacia del Padre, ya que es una respuesta amorosa que acepta la voluntad salvadora de Dios sobre uno mismo y sobre la historia.
  • El Padrenuestro nos educa a una visión auténtica de nuestra vida porque se fija ante todo en Dios y su reino: Padre… santificado sea tu nombre… hágase tu voluntad… venga tu Reino. Luego pide para nosotros: el pan de cada día… el perdón de las ofensas… que no caigamos en la tentación… que nos libre de mal.
  • La verdadera oración es modelar el corazón para la realización de la voluntad de Dios, y trabajar con todas nuestras fuerzas para que esa voluntad se realice en los hermanos. Y esa voluntad consiste en que Él sea Padre y que nosotros vivamos entre como verdaderos hermanos.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿A dónde apunta mi oración?
  • ¿Quiero descubrir en mi oración la voluntad de Dios o quiero que Dios haga mi voluntad?
  • ¿Mi corazón clama a Dios en todo tiempo o sólo en el momento de la necesidad?
  • ¿Mi oración busca el encuentro o es solamente interesada?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

¡Abba, Padre! Que se haga como quieres Tú

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…”Líbranos del mal…” El mundo yace en el mal, y mal no es sólo el caos, ausencia de ser: manifiesta una inteligencia perversa que, a fuerza de honores sistemáticamente absurdos, quiere hacernos dudar de Dios y su bondad. En realidad, se trata no de la simple “privación del bien”, sino del Maligno, del Malvado; no la materia, ni el cuerpo, sino la más sublime inteligencia encerrada en su propia luz… Es necesario afirmar que Dios no ha creado el mal, y menos aún lo permite. “El rostro de Dios gotea sangre en la sombra”, decía León Bloy. Dios siente el mal en su propio rostro, como Jesús recibió las bofetadas teniendo los ojos vendados. El grito de Job no deja de clamar, y Raquel sigue llorando sus hijos. Pero la respuesta a Job está ahí: es la cruz. Es Dios crucificado sobre todo el mal del mundo, pero capaz de hacer estallar en las tinieblas una inmensa fuerza de resurrección. Pascua es la transfiguración en el abismo.

Y “líbranos del mal” a nosotros, que nos avergonzamos de ser cristianos o, por el contrario, hacemos del cristianismo, de nuestra confesión, un estandarte de superioridad y de desprecio. Y “líbranos del mal” a nosotros, que hablamos de la deificación y con frecuencia somos poco humanos. Y “líbranos del mal” a nosotros, que nos apresuramos a hablar de amor y ni siquiera sabemos respetarnos mutuamente. Y “líbrame del mal” a mí, hombre de angustia y tormento, tan a menudo dividido, tan poco seguro de existir, hombre que se atreve a hablar –junto a la Iglesia: es mi única excusa del Reino y de su gozo.

 

O. Clément, El Padre Nuestro, Rezar el Padre Nuestro, Magnano 1988, 116-119, passim.

 

PARA REZAR

 

Padre

 

Padre, me pongo en tus manos

hacé de mí lo que quieras,

sea lo que sea, te doy las gracias.

estoy dispuesto a todo

lo acepto todo

con tal que tu voluntad

se cumpla en mí

y en todas tus criaturas.

no deseo nada más

te confío mi alma

te la doy con todo el amor

de que soy capaz.

Porque te amo y necesito darme

ponerme en tus manos con una infinita confianza

porque sos mi Padre.

 

Miércoles I

 

Volvamos al Señor de todo corazón

 

Lectura de la profecía de Jonás     3, 1-10

 

La palabra del Señor fue dirigida por segunda vez a Jonás, en estos términos: «Parte ahora mismo para Nínive, la gran ciudad, y anúnciale el mensaje que yo te indicaré.»

Jonás partió para Nínive, conforme a la palabra del Señor. Nínive era una ciudad enormemente grande: se necesitaban tres días para recorrerla. Jonás comenzó a internarse en la ciudad y caminó durante todo un día, proclamando: «Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida.»

Los ninivitas creyeron en Dios, decretaron un ayuno y se vistieron con ropa de penitencia, desde el más grande hasta el más pequeño. Cuando la noticia llegó al rey de Nínive, este se levantó de su trono, se quitó su vestidura real, se vistió con ropa de penitencia y se sentó sobre ceniza. Además, mandó proclamar en Nínive el siguiente anuncio:

«Por decreto del rey y de sus funcionarios, ningún hombre ni animal, ni el ganado mayor ni el menor, deberán probar bocado: no pasten ni beban agua;

vístanse con ropa de penitencia hombres y animales; clamen a Dios con todas sus fuerzas y conviértase cada uno de su mala conducta y de la violencia que hay en sus manos. Tal vez Dios se vuelva atrás y se arrepienta, y aplaque el ardor de su ira, de manera que no perezcamos.»

Al ver todo lo que los ninivitas hacían para convertirse de su mala conducta, Dios se arrepintió de las amenazas que les había hecho y no las cumplió.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 50, 3-4. 12-13. 18-19 (R.: 19b)

 

R.    Tú, Señor, no desprecias el corazón contrito y humillado.

 

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,

por tu gran compasión, borra mis faltas!

¡Lávame totalmente de mi culpa

y purifícame de mi pecado! R.

 

Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,

y renueva la firmeza de mi espíritu.

No me arrojes lejos de tu presencia

ni retires de mí tu santo espíritu. R.

 

Los sacrificios no te satisfacen;

si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:

mi sacrificio es un espíritu contrito,

tú no desprecias el corazón contrito y humillado. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    11, 29-32

 

Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: «Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás. Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación.

El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay alguien que es más que Salomón.

El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay alguien que es más que Jonás.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Nínive era una ciudad pagana considerada corrupta, impía y pecadora. Jonás teme el fracaso en su misión. Dios elige a Jonás como mediador para invitar a la conversión a los ninivitas. Jonás no es precisamente un modelo de creyente ni de profeta. Va a predicar a Nínive porque se ve obligado, porque había querido escaparse de su misión.
  • Dios le envía una tempestad pavorosa que hace peligrar su vida y la de todos los tripulantes de la barca en la que viaja. El capitán y los marineros paganos creen ver un castigo de Dios en la tormenta. Para calmar a Dios lo arrojan al mar. Recogido en el vientre de un mítico pez, Jonás ora y misteriosamente es arrojado en tierra. Allí vuelve a recibir la misión de ir a Nínive a predicar y convertirlos; y ahora obedece.
  • En Nínive, con su palabra, logra el arrepentimiento de toda la población y Dios perdona al pueblo pecador.

***

  • El pueblo de Israel del tiempo de Jesús, mantenía la idea de que el Dios de la Alianza haría una intervención espectacular y contundente en su historia y que esta manifestación les traería la libertad soñada. Por eso necesitan milagros para tener fe y convertirse. Cristo penetra en el corazón del problema cuando proclama que la fe se apoya sobre la confianza puesta en la persona del enviado.
  • Jesús, el Mesías verdadero, el enviado del Padre, es la única señal que debe comprender todo hombre que desee descubrir el misterio del Amor del Padre.
  • La vida sencilla de Jesús que obra en medio de los sufrientes, y su muerte a mano de los poderosos, son la señal que debe ser asimilada por los cristianos. En la persona de Jesús se hace presente el Dios que fracasa para el mundo. Jesús invierte los valores mesiánicos de ese momento.
  • Jesús que comparte la suerte de los empobrecidos de la historia y vive la impotencia que viven los sencillos, es el que se hace signo de un Dios que se compadece y siente misericordia por su pueblo.
  • Desde su palabra eficaz, desde sus gestos sencillos y cercanos, hasta en los milagros del reino se hace patente en Jesús, el corazón misericordioso del Padre que quiere que todos los hombres se salven. Esta es la señal y no otra. Nada que deslumbre, enceguezca y obligue.
  • Jesús quiere enseñarle al pueblo a tener una mirada de fe y descubrir el gran milagro de la misericordia de Dios. Por eso la única señal que recibirá será la de Jonás. Así como este profeta fue un signo para los ninivitas de la misericordia que Dios tiene a todos sin distinción; el mensaje y la misma vida de Jesús, son la única señal que Dios Padre brinda a la humanidad. En Jesús, la misericordia de Dios se ha volcado hacia los hombres y busca ser abrazada por todos.
  • La salvación no se realizará a través de una intervención portentosa de Dios, sino en lo ordinario en la vida. Dios no salva violentando la historia, sino asumiendo la historia y las realidades humanas, por más bajas y limitadas que sean.
  • El Señor nuevamente en esta Cuaresma dirige su Palabra, invitándonos a una sincera conversión que nos permita experimentar su salvación. El Señor, rico en misericordia para con nosotros, quiere que seamos signo de su misericordia con todos los hombres.
  • Como Iglesia discípula de su Señor, podremos ser un signo de la presencia del Reino, en la medida que aceptemos vivir con la sabiduría misericordiosa de Dios, que sale a nuestro encuentro para darnos vida, y vida en abundancia.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Qué vida me quiere dar Jesús?
  • ¿Cuál es la penitencia que reclama mi corazón?
  • ¿Qué ayuno necesita mi vida para que crezca en libertad?

 

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

El Reino de Dios está cerca. Convirtámonos y vivamos el Evangelio

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…Creer en Jesús es escuchar su Palabra, que nos revela su amor infinito por nosotros pecadores. Ser creyentes significa estar seguros de que el amor existe y que tiene el rostro de la misericordia. Creer en Jesús quiere decir adherirse a su amor absolutamente gratuito con los pobres como nosotros. Seguir a Jesús es entregarse totalmente a su misericordia y confiar únicamente en su misericordia. Amar a Jesús es sencillo. Para lograrlo debemos ante todo creer que Él nos ama de verdad, tal como somos, hoy. En este acto de fe es posible que rebose la alabanza de nuestro corazón y descansar en este amor infinito. La alabanza, la acción de gracias y la adoración abren nuestro corazón al don que Dios nos concede de su amor misericordioso.

El amor divino no se queda inactivo si encuentra en nosotros su espacio y su libertad. Pero para acoger la misericordia de Dios debemos tener misericordia con nuestros hermanos. Por la dulzura de su corazón compasivo, Jesús nos da un corazón misericordioso. Nada más concreto, nada más práctico que el verdadero amor. Vivir del amor de Jesús es ponernos al servicio de nuestros hermanos más cercanos y nos hace mansos y humildes. Nada hay tan exigente como seguir a Jesús por este camino del amor, pues es el camino de la cruz. Pero no se trata de una carga demasiado pesada; basta con que no nos empeñemos en llevarla solos y con dejar que Jesús la lleve con nosotros. Para descubrir por lo menos un poco la misericordia infinita, único secreto del corazón de Jesús, hay un lugar preferido donde morar: delante de la cruz de Jesús, a sus pies.

 

J.-P. van Schoote, El sacramento de la penitencia, en J.-P. van Schoote y J.-C. Sagne, Miseria e misericordia, Magnano 1992, 46s.

 

PARA REZAR

 

Es hermoso ayunar para ti, Dios, vida nuestra

y dejar que el hambre profundice en nosotros

el deseo de un mayor amor.

Queremos seguir a Jesús en el desierto

y de nuestro despojo de cada día

renacerá un hombre nuevo,

fruto de la gracia y de la pobreza.

Bendito seas por la mesa del pan partido,

por el pan de los reconciliados

que se entregan sin miedo,

confiados en tus manos.

Bendito este día en que nos llamas

a descubrir la ternura de tu amor

a pesar de los senderos de cruz

por los que vamos caminando.

 

 

Jueves I

 

Pidan y se les dará

 

Lectura del libro de Ester    4, 12. 14-16. 23-25

 

La reina Ester, presa de una angustia mortal, también buscó refugio en el Señor. Luego oró al Señor, Dios de Israel, diciendo:

¡Señor mío, nuestro Rey, tú eres el Único! Ven a socorrerme, porque estoy sola, no tengo otra ayuda fuera de ti y estoy expuesta al peligro. Yo aprendí desde mi infancia, en mi familia paterna, que tú, Señor, elegiste a Israel entre todos los pueblos, y a nuestros padres entre todos sus antepasados, para que fueran tu herencia eternamente. ¡Y tú has hecho por ellos lo que habías prometido!

¡Acuérdate, Señor, y manifiéstate en el momento de nuestra aflicción! Y a mí, dame valor, Rey de los dioses y Señor de todos los que tienen autoridad. Coloca en mis labios palabras armoniosas cuando me encuentre delante del león, y cámbiale el corazón para que deteste al que nos combate y acabe con él y con sus partidarios.

¡Líbranos de ellos con tu mano y ven a socorrerme, porque estoy sola, y no tengo a nadie fuera de ti, Señor! Tú, que lo conoces todo.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 137, 1-2a. 2bc-3. 7c-8 (R.: 3a)

 

R.    Me respondiste cada vez que te invoqué, Señor.

 

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,

te cantaré en presencia de los ángeles.

Me postraré ante tu santo Templo. R.

 

Daré gracias a tu Nombre

por tu amor y tu fidelidad,

porque tu promesa ha superado tu renombre.

Me respondiste cada vez que te invoqué

y aumentaste la fuerza de mi alma. R.

 

Tu derecha me salva.

El Señor lo hará todo por mí.

Tu amor es eterno, Señor,

¡no abandones la obra de tus manos! R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    7, 7-12

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá.

¿Quién de ustedes, cuando su hijo le pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide un pez, le da una serpiente? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará cosas buenas a aquellos que se las pidan!

Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • La primera lectura nos presenta la dramática situación que vive el pueblo judío. Están dispersos, son una minoría en medio de pueblos paganos que los despreciaban y perseguían. En esa situación Ester va a hacer su plegaria. Su oración parte de su vida. Antes de presentarse ante el rey asirio para interceder por su pueblo, entra en su corazón y muy sencillamente expone su caso a Dios.
  • Comienza confesando la soberanía absoluta y única del Dios de Israel. Para Ester, Dios es el único que los puede salvar. Todo lo que ella consiga o decida el rey, está subordinado a la voluntad del Señor.
  • Recurre al Señor recordándole su misericordia: Él fue quien eligió a Israel como heredad. La fidelidad del Señor a su palabra queda bien demostrada en el pasado.
  • Ester, termina pidiendo que la libre del pecado que la amenaza, y ponga en sus labios las palabras precisas para cambiar la decisión del rey y librar a su pueblo de la muerte. La plegaria pronunciada por Ester es una preciosa oración de confianza y humildad nacida en una circunstancia conflictiva. Y su oración fue escuchada.

***

  • El evangelio de hoy sigue repitiendo que Dios es profundamente bueno, que desea “dar” cosas buenas a sus hijos. La plegaria del hombre a su Padre del cielo se apoya en la bondad y la voluntad amorosa de Dios. Podemos estar seguros de ser escuchados, siempre que aquello que pidamos esté en la línea del plan salvador de Dios.
  • La oración es una necesidad para el hombre creyente. Jesús dice: pidan, busquen, llamen. Para ser escuchada la oración debe hacerse desde la situación de honda necesidad. Quien pide y no siente necesidad de lo que pide, no puede ser escuchado. Quien busca, y no siente la urgencia de encontrar aquello que busca, nunca encontrará nada. Es preciso que la oración brote de un corazón sinceramente necesitado.
  • Para creer que Dios es Padre y nos ama como a hijos, que Jesucristo murió por nosotros para salvarnos por pura generosidad; y para empezar a vivir de acuerdo con esto, se necesita la oración.
  • Cuando uno ora por esto, esta plegaria está ya atendida. Jesús nos asegura que si le pedimos al Padre un corazón nuevo, nos lo dará. No hay que temer pedirle al Padre que nos dé el don de la misericordia, o la capacidad de perdonar y amar a quien en algún momento parezca ser nuestro enemigo. Pedirle esto a Dios Padre es pedirle la capacidad de hacer posible la justicia que su Hijo vino a anunciarnos.
  • Frente a la imposibilidad de llegar a amar sin esperar compensación, o entregar la vida sin pedir nada a cambio, o perdonar setenta veces siete, tenemos un Padre que se define por la misericordia y que la da al hijo que se la pida.
  • Orar es pedir, buscar, llamar a la puerta sin cansarse nunca y hasta tal punto que la oración se convierte en un estado y no sólo en una práctica ocasional. Orar es un modo de ser delante de Dios.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Mi oración es la del interesado o la del enamorado?
  • ¿Tengo plena confianza que Dios quiere mi bien a pesar que no pueda ver sus caminos con claridad?
  • ¿Soy constante o me desanimo con facilidad?
  • ¿Mi oración es un modo de ser ante Dios o solamente un requerimiento a su poder?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Si afligidos invocamos al Señor, Él nos escucha

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…Antes de saber cómo hay que orar, importa mucho más saber cómo “no cansarse nunca”, no desanimarse nunca, ni deponer las armas ante el silencio aparente de Dios: “Les decía una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer” (Lc 18,1).

Que la intrepidez se adueñe de ti como de la viuda ante el juez. Vete a encontrar a Dios en plena noche, llama a la puerta, grita, suplica e intercede. Y si la puerta parece cerrada, vuelve a la carga, pide, pide hasta romperle los oídos. Será sensible a tu llamada desmesurada, pues ésta grita tu confianza total en Él.

Déjate llevar por la fuerza de tu angustia y el asalto de tu impetuosidad. En algunos momentos, el Espíritu Santo formulará Él mismo las peticiones en lo más
íntimo de tu corazón con gemidos inefables. ¿Has oído gemir a un enfermo presa de un intenso sufrimiento? Nadie puede permanecer insensible a esta queja, a menos que tenga un corazón de piedra. En la oración, Dios espera que pongas esta nota de violencia, de vehemencia y de súplica para volcarse sobre ti, y escuchará tu petición. En el fondo, no haces más que dar alcance al amor infinito comprimido en su corazón, que espera tu oración para desencadenarse en respuesta de ternura y misericordia. Si supieses lo atento que está Dios al menor de tus clamores, no dejarías de suplicarle por tus hermanos y por ti. El se levantaría entonces y colmaría tu espera mucho más allá de tu oración. Se puede esperar todo de una persona que ora sin cansarse y que ama a sus hermanos con la ternura misma de Dios…

 

J. Lafrance, Ora a tu Padre, Madrid 1981, 173-174.

 

PARA REZAR

 

La alegría de esperar

 

¡Feliz de ti

si tienes un corazón paciente!

 

¡Feliz de ti si sabes campear el temporal

de este tiempo difícil,

con la esperanza puesta en el futuro,

cuyos cimientos construyes cada día.

 

Feliz de ti si no te desalientas,

impaciente como un niño,

queriéndolo todo ya y sin esfuerzo.

 

Feliz de ti si sabes caminar esperanzado

este tramo del camino de tu juventud

que te lleva por el camino de una vida madura.

 

Feliz de ti

sino te dejas engañar por el deslumbre

de las falsas promesas de éxitos fáciles,

y si caminas paciente en el esfuerzo

para conquistar las metas que te propones,

 

Feliz de ti si no te desalientas ante tus inconstancias

y asumes la difícil tarea de educar tu voluntad,

para hacerte dueño de tí mismo

y responsable de tu propia historia.

 

Feliz de ti si, leyendo el Evangelio,

alcanzas la alegría de vivir de acuerdo a su mensaje,

descubriendo en Jesús que la VERDAD

no es una frase o una moda,

sino la respuesta seria y profunda sobre el sentido de la vida.

 

Viernes I

 

Dios quiere que el pecador se convierta y viva

 

Lectura de la profecía de Ezequiel    18, 21-28

 

Así habla el Señor Dios:

Si el malvado se convierte de todos los pecados que ha cometido, observa todos mis preceptos y practica el derecho y la justicia, seguramente vivirá, y no morirá. Ninguna de las ofensas que haya cometido le será recordada: a causa de la justicia que ha practicado, vivirá. ¿Acaso deseo yo la muerte del pecador -oráculo del Señor- y no que se convierta de su mala conducta y viva?

Pero si el justo se aparta de su justicia y comete el mal, imitando todas las abominaciones que comete el malvado, ¿acaso vivirá? Ninguna de las obras justas que haya hecho será recordada: a causa de la infidelidad y del pecado que ha cometido, morirá.

Ustedes dirán: «El proceder del Señor no es correcto.» Escucha, casa de Israel: ¿Acaso no es el proceder de ustedes, y no el mío, el que no es correcto?

Cuando el justo se aparta de su justicia, comete el mal y muere, muere por el mal que ha cometido. Y cuando el malvado se aparta del mal que ha cometido, para practicar el derecho y la justicia, él mismo preserva su vida. El ha abierto los ojos y se ha convertido de todas las ofensas que había cometido: por eso, seguramente vivirá, y no morirá.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 129, 1-2. 3-4. 5-6ab. 6c-8 (R.: 3)

 

R.    Si tienes en cuenta las culpas, Señor, ¿quién podrá subsistir?

 

Desde lo más profundo te invoco, Señor.

Señor, oye mi voz!

Estén tus oídos atentos

al clamor de mi plegaria. R.

 

Si tienes en cuenta las culpas, Señor,

¿quién podrá subsistir?

Pero en ti se encuentra el perdón,

para que seas temido. R.

 

Mi alma espera en el Señor,

y yo confío en su palabra.

Mi alma espera al Señor,

más que el centinela la aurora. R.

 

Como el centinela espera la aurora,

espere Israel al Señor,

porque en él se encuentra la misericordia

y la redención en abundancia:

él redimirá a Israel

de todos sus pecados. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    5, 20-26

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.

Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal. Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego.

Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • En los años del destierro que siguieron a la caída de Jerusalén, la Alianza se había roto, el templo estaba destruido, la ciudad santa fue arrasada, no había culto que les permitiera celebrar la reconciliación. Víctimas del pasado y sin esperanzas de futuro, el amargo presente era la consecuencia forzosa de muchos siglos de historia de infidelidades y pecados.
  • Aparece la tentación de vivir como vivían los de su alrededor. Así, poco a poco, iba desapareciendo la fe en el Dios Salvador, ahogado por el materialismo de una nación poderosa y rica en comodidades, cultos y festejos.
  • Entonces surge el profeta Ezequiel que exhorta con claridad y contundencia a que cada uno se sitúe responsablemente ante Dios. Ni las generaciones anteriores, ni el pasado personal cuenta en la relación del hombre con Dios. El profeta quiere también arrancar la convicción de que por pertenecer a un pueblo oficialmente “elegido” ya están salvados. Lo que importa es la conducta personal y actual, junto con la conversión incesante.

***

  • Jesús, no ha venido a modificar la antigua ley, sino a darle un sentido más profundo, más pleno. Los escribas y fariseos, como todo el judaísmo de su época, acentuaban mucho el imperativo “sean santos como Dios es
    santo”. Ellos concebían la santidad como “separación” de un modo casi literal.
  • Cuanto más separados de todo pecado y pecador, más santo se era. Para los fariseos el cumplimiento escrupulosísimo de los detalles ínfimos de la Ley bastaba para alcanzar esa santidad. Mateo pone el acento en la “perfección” que habla de una “justicia mayor”. La perfección de la nueva alianza consiste en ir más allá del cumplimiento y superarlo.
  • Jesús quiere que las antiguas leyes de los israelitas tales como no matar, no robar, no mentir, entre otras sean suplidas por otras más exigentes que las incluyan y superen en su contenido. Las leyes promulgadas por Moisés eran principios mínimos de convivencia que había que seguir perfeccionando. Jesús quiere llegar hasta el amor perfecto, que trata de vivir el principio de la paternidad universal de Dios, por el que todos somos hermanos sin distinción ningún tipo. Jesús lleva la Ley al interior del hombre. No es ya una ley de lo observable, y por tanto de las apariencias, sino de la sinceridad, de la intención, de la verdad del corazón.
  • Para Jesús el mandamiento de “no matar” sólo queda superado en el momento en que se piensa en un amor tal, que lleve a amar y a perdonar sin medida. Lo que está mandado no es «no matar», sino «amar». No haciendo nada malo se puede cumplir con el mandamiento de no matar, pero no se cumple con el de amar. Pecado no es sólo lo malo que hacemos sino lo mucho de bueno que dejamos de hacer. Hay pecados que se cometen precisamente «no haciendo». Jesús entiende la fidelidad de modo intensivo y extensivo, en calidad y totalidad.
  • Hay que recomponer la unidad rota por alguna ofensa, y eso tiene prioridad sobre todo acto de culto. Es inútil acercarse a Dios si existe división. Todos, aun los adversarios o enemigos, deben ver en la vida de la comunidad de los discípulos un testimonio de pueblo que busca vivir la voluntad de Dios en plenitud, hasta en sus mínimos detalles y máximas consecuencias.

 

PARA DISCERNIR

 

  • En este tiempo de cuaresma ¿Cómo veo mis relaciones cotidianas?
  • ¿Me dejo llevar por mi temperamento?
  • ¿Soy despreciativo? ¿Soy duro en mis palabras?

 

REPITAMOS Y VIVAMOS HOY LA PALABRA

 

Vayamos a reconciliarnos con nuestros hermanos

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…El perdón no debe ser ocasional, algo excepcional, sino que debe integrarse sólidamente en la existencia y ser la expresión habitual de las disposiciones de unos hacia otros. Deberás empezar por dominar la reacción de tu corazón ante la ofensa recibida -tu rencor, tu obstinación en tener razón- y deberás sentirte verdaderamente libre. Pero el perdón da el paso decisivo al renunciar al castigo del otro. Con ello abandona el principio de equivalencia, en el cual se contrapone el dolor al dolor, el perjuicio al perjuicio, la expiación a la falta, para entrar en el de la libertad interior. Aquí también se restablece un orden, no con pasos y medidas rígidas, sino con una victoria creadora. El corazón se ensancha [...].

Jesucristo relaciona el perdón de los hombres con el de Dios. Este es el primero en perdonar, y el hombre no es más que su creador. Por tanto, el perdón humano surge del perdón divino del Padre. El que perdona se asemeja al Padre. Actuando así, persuades al otro para que comprenda su error; creando con él la armonía del perdón, “habrás ganado a tu hermano”. Entonces vuelve a florecer la fraternidad. El que así piensa aprecia al prójimo. Le duele saber que su hermano está en falta, como a Dios le duele el pecado, porque aleja de Él al hombre. Y de la misma manera que Dios desea redimir al hombre caído, así el hombre instruido por Jesucristo sólo anhela que la persona que le ha ofendido reconozca su falta y vuelva así a la comunidad de la vida santa.

Jesucristo es el modelo de esta actitud. Él es el perdón viviente. El no sólo ha perdonado la culpa, sino que ha restaurado la verdadera “justicia”. Ha destruido cuanto de lo más terrible se había acumulado, cargado sobre sus espaldas la deuda que había de pesar sobre el pecador [...]. Vivimos de la obra redentora de Jesucristo, pero no podemos disfrutar de la redención sin contribuir a ella…

 

R. Guardini, El Señor 1, Madrid 31958, 531-540, passim.

 

PARA REZAR

 

La alegría de un corazón puro

 

¡Feliz de ti!

Si tienes un corazón limpio,

libre de maldades y malicias,

libre de dobleces y falsedades,

libre de orgullo y autosuficiencia,

libre de odios y rencores.

 

Feliz de ti

si tienes un corazón limpio,

libre de cegueras y caprichos,

de egoísmos y resentimientos,

abierto a la verdad y el amor,

para buscarlos apasionadamente

a lo largo del camino de la vida.

 

Feliz de ti

si tienes un corazón limpio,

que te permita ver a Dios

en el rostro de tus hermanos.

 

Sábado I

 

Sean perfectos como el Padre que está en el cielo

 

Lectura del libro del Deuteronomio    26, 16-19

 

Moisés habló al pueblo diciendo:

«Hoy el Señor, tu Dios, te ordena practicar estos preceptos y estas leyes. Obsérvalas y practícalas con todo tu corazón y con toda tu alma.

Hoy tú le has hecho declarar al Señor que él será tu Dios, y que tú, por tu parte, seguirás sus caminos, observarás sus preceptos, sus mandamientos y sus leyes, y escucharás su voz.

Y el Señor hoy te ha hecho declarar que tu serás el pueblo de su propiedad exclusiva, como él te lo ha prometido, y que tú observarás todos sus mandamientos; que te hará superior -en estima, en renombre y en gloria- a todas las naciones que hizo; y que serás un pueblo consagrado al Señor, como él te lo ha prometido.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 118, 1-2. 4-5. 7-8 (R.: cf. 1)

 

R.    Felices los que siguen la ley del Señor.

 

Felices los que van, por un camino intachable,

los que siguen la ley del Señor.

Felices los que cumplen sus prescripciones

y lo buscan de todo corazón. R.

 

Tú promulgaste tus mandamientos

para que se cumplieran íntegramente.

¡Ojalá yo me mantenga firme

en la observancia de tus preceptos! R.

 

Te alabaré con un corazón recto,

cuando aprenda tus justas decisiones.

Quiero cumplir fielmente tus preceptos:

no me abandones del todo. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    5, 43-48

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.

Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos?

Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • El Deuteronomio, en este pasaje recuerda el contenido de la alianza y subraya su carácter espiritual. La alianza es una realidad siempre actual. El Deuteronomio ha insistido fuertemente sobre este valor. El pasado no sirve más que para definir mejor el presente y las maravillas pasadas no cesan de renovarse en la actualidad.
  • A cada uno le corresponde, por tanto, optar entre el amor que viene de Dios y la tentación del olvido. La vida feliz y la gloria son la recompensa prometida por Dios a quienes lo obedecen y sirven.
  • Lo que vincula a Israel con Dios no es una decisión unilateral de Dios, sino una alianza, como un contrato bilateral. La ley no es el enunciado de preceptos impuestos al hombre, sino que pone de manifiesto más bien una actitud religiosa: “Yo seré tu Dios y tú serás mi pueblo”.
  • La gracia y la misericordia de Dios se realizan en la humanidad de forma histórica y concreta. Dios quiere manifestar su amor por los hombres, amando y siendo fiel a un pueblo.

***

  • Jesús en el Evangelio, continúa analizando la ley antigua y todos los mandamientos que hasta entonces han sido norma de vida para el pueblo evaluándolos desde el solo principio del amor fraterno y universal.
  • Jesús apunta al amor hacia nuestros enemigos. Es natural amar a las personas que nos aman, que se parecen a nosotros, con las que ya se está espontáneamente de acuerdo. Jesús pide un paso más; pide que ensanchemos nuestro corazón más allá del círculo de nuestros amigos, de nuestros parientes.
  • Un amor universal, sin fronteras como el amor mismo del Padre. El modelo a seguir es Dios mismo. Dios ama a todos los hombres porque es padre de todos. Ama a los que no lo aman. Derrama sus dones sobre todos. «Ser hijo de Dios» significa parecerse a Él en el modo de obrar.
  • Ser discípulo significa comprometerse con todo el ser con el proyecto de Dios, con los designios de Dios, con sus maneras de ver y de actuar.
  • Lo que define al discípulo de Jesús es el perdón y el amor a los enemigos. La caridad fraterna adquiere su verdadera fisonomía desde la misericordia, que consiste en la imitación de su amor misericordioso.
  • Ser perfectos no es lo mismo que ser perfeccionistas o impecables. Ser perfectos en el sentido que propone Jesús es ser capaces de llevar hasta el final, hasta las últimas consecuencias el amor que Dios ha depositado en nuestro corazón amando sin ninguna medida, sin ningún límite.
  • Somos amados y perdonados por Dios gratuitamente. Él nos envía para que hagamos nosotros lo mismo con los demás. Esta nueva actitud de vida, esta conversión del corazón no es obra del hombre, sino que es la obra de Dios, por eso Jesús invita a la oración de unos por otros para que se complete y perfeccione la obra salvadora en nosotros.

 

PARA DISCERNIR

 

  • Mi visión del mundo, ¿es también la visión de Dios?
  • Mi compromiso en el mundo ¿se corresponde con los designios de Dios?
  • ¿Soy de corazón ancho? ¿amo a todos, o hago selección según mi gusto o interés?
  • ¿Podemos decir que somos hijos de ese Padre que está en el cielo y que ama a todos?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Seamos misericordiosos, como nuestro Padre es misericordioso


PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…Seas bendito, oh eterno Dios. Que cesen toda venganza, la incitación al castigo o a la recompensa. Los delitos han superado toda medida, todo entendimiento. Ya hay demasiados mártires. No peses sus sufrimientos en la balanza de tu justicia, Señor, y no dejes que estos carniceros se ceben con nosotros. Que se venguen de otro modo. Da a los verdugos, a los delatores, a los traidores y a todos los hombres malvados el valor, la fuerza espiritual de los otros, su humildad, su dignidad, su continua lucha interior y su esperanza invencible, la sonrisa capaz de borrar las lágrimas, su amor, sus corazones destrozados pero firmes y confiados ante la muerte, sí, hasta el momento de la más extrema debilidad [...].

Que todo esto se deposite ante ti, Señor, para el perdón de los pecados como rescate para que triunfe la justicia; que se lleve cuenta del bien y no del mal. Que permanezcamos en el recuerdo de nuestros enemigos no como sus víctimas, ni como una pesadilla, ni como espectros que siguen sus pasos, sino como apoyo en su lucha por destruir el furor de sus pasiones criminales. No les pediremos nada más. Y cuando todo esto acabe, concédenos vivir como hombres entre los hombres y que la paz reine sobre nuestra pobre tierra. Paz para los hombres de buena voluntad y para todos los demás.

 

Oración anónima, escrita en yiddish, encontrada en Auschwitz-Birkenau, cit. en B. Ducruet, Con la paz en el corazón, Milán 1998, 42s.

 

PARA REZAR

 

Señor:

Sólo Tú puedes soportar ofensas, indiferencia,
ingratitud, abandono y permanecer inalterable.

Dame Señor un corazón como el tuyo disponible para todos
por igual, sin egoísmos para que pueda servir a los demás
y no fallarles, para que mi amor sea siempre sincero,
constante, grande y perfecto como el Tuyo.

Bendice a los que me aman y a los que Tú sabes que no.

Reconozco que soy quien levanto barreras de prevención
y miedo, indiferencias y rechazos, disgustos y reclamos.

Permíteme dar un testimonio vivo de amor que no sea sólo apariencia.
Te pido que pongas en mi corazón sentimientos más puros y sinceros.
Necesito generosidad, renuncia, comprensión y confianza.

Tú me amas Señor, no por lo que soy sino a pesar de lo que soy.

¡¡¡ ENSÉÑAME A AMAR!!!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

TIEMPO DE CUARESMA – SEMANA DE CENIZA – CICLO A

TIEMPO DE CUARESMA

Miércoles de Ceniza

 

Jueves de Ceniza

 

Viernes de Ceniza

 

Sábado de Ceniza

 

TIEMPO DE CUARESMA

Miércoles de Ceniza

 

Tu Padre que ve en lo secreto te recompensará

 

Lectura de la profecía de Joel    2, 12-18

 

Ahora dice el Señor: Vuelvan a mí de todo corazón, con ayuno, llantos y lamentos. Desgarren su corazón y no sus vestiduras, y vuelvan al Señor, su Dios, porque él es bondadoso y compasivo, lento para la ira y rico en fidelidad, y se arrepiente de sus amenazas. ¡Quién sabe si él no se volverá atrás y se arrepentirá, y dejará detrás de sí una bendición: la ofrenda y la libación para el Señor, su Dios!

¡Toquen la trompeta en Sión, prescriban un ayuno, convoquen a una reunión solemne, reúnan al pueblo, convoquen a la asamblea, congreguen a los ancianos, reúnan a los pequeños y a los niños de pecho! ¡Que el recién casado salga de su alcoba y la recién casada de su lecho nupcial!

Entre el vestíbulo y el altar lloren los sacerdotes, los ministros del Señor, y digan: « ¡Perdona, Señor, a tu pueblo, no entregues tu herencia al oprobio, y que las naciones no se burlen de ella! ¿Por qué se ha de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios?»

El Señor se llenó de celos por su tierra y se compadeció de su pueblo.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 50, 3-4. 5-6a. 12-13. 14 y 17 (R.: cf. 3a)

 

R.    Ten piedad, Señor, porque hemos pecado.

 

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,

por tu gran compasión, borra mis faltas!

¡Lávame totalmente de mi culpa

y purifícame de mi pecado! R.

 

Porque yo reconozco mis faltas

y mi pecado está siempre ante mí.

Contra ti, contra ti solo pequé

e hice lo que es malo a tus ojos. R.

 

Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,

y renueva la firmeza de mi espíritu.

No me arrojes lejos de tu presencia

ni retires de mí tu santo espíritu. R.

 

Devuélveme la alegría de tu salvación,

que tu espíritu generoso me sostenga:

Abre mis labios, Señor,

y mi boca proclamará tu alabanza. R.

 

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto    5, 20-6, 2

 

Hermanos:

Nosotros somos, entonces, embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro. Por eso, les suplicamos en nombre de Cristo: Déjense reconciliar con Dios. A aquel que no conoció el pecado, Dios lo identificó con el pecado en favor nuestro, a fin de que nosotros seamos justificados por él.

Y porque somos sus colaboradores, los exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios. Porque él nos dice en la Escritura: En el momento favorable te escuché, y en el día de la salvación te socorrí. Este es el tiempo favorable, este es el día de la salvación.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 6, 1-6. 16-18

 

Jesús dijo a sus discípulos:

Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.

Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.

Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • El profeta Joel llama al pueblo de Israel a una jornada de penitencia. Les urge a que se conviertan de su mal y se pongan con decisión en la línea del seguimiento de Dios. Esto sucedía unos cuatro siglos antes de Cristo. El ambiente se ve que estaba bastante apático y decadente. Además, estaban padeciendo en aquellos momentos los efectos de una catástrofe natural, una larga sequía y una plaga de langostas o saltamontes que había arrasado toda la cosecha. La conversión tiene que ser interior: volverse de corazón a Dios, buscar sinceramente su voluntad y cumplirla.
  • El Salmo 50, el «Miserere», da a este día inaugural de la Cuaresma un tono penitencial por excelencia. Es el salmo -atribuido a David- en el que un pecador muestra su arrepentimiento e implora humildemente de Dios que lo perdone y que lo ayude a renovar su vida: «borra mi culpa… crea en mí un corazón puro… devuélveme la alegría de tu salvación».
  • Pablo nos dice igual que hace dos mil años: «ahora es el tiempo de la gracia, ahora es el día de la salvación». Se muestra orgulloso de ser «embajador de Cristo», y la embajada que trae de parte de Él es ésta: «dejaos reconciliar con Dios». Reconciliación que ofrece Dios a todos por medio de la muerte salvadora de su Hijo Jesús.
  • En el evangelio Jesús describe tres aspectos de la vida de un creyente que se puede decir, abarcan las tres direcciones de cada persona: para con Dios a través de la oración, para con el prójimo desde la limosna y para consigo mismo con el ayuno. En las tres, el discípulo de Jesús tiene que profundizar, no quedarse en lo exterior, sino situarse delante de Dios Padre, que es el que nos conoce hasta lo más profundo del ser, sin buscar premios o aplausos aquí abajo.

***

  • Hoy, Dios nos invita a reconocer nuestra debilidad y la distancia que hay entre nosotros y el Evangelio, entre nosotros y la vida de fidelidad, entregada totalmente, de Jesús y al bien de los hermanos.
  • Hoy, Dios nos invita a ser sinceros; pero, al mismo tiempo a no quedarnos encerrados en nuestras fallas y en nuestra infidelidad al Evangelio, porque quedaríamos, con toda seguridad, destrozados.
  • Cuaresma es tiempo para que desde una mirada introspectiva reconozcamos nuestro pecado; y al mismo tiempo es invitación a fijar la mirada en Dios, nuestro Padre, y reafirmar nuestra confianza en su amor. La Cuaresma no es simplemente un ejercicio penitencial. Lo que le da sentido es el reconocimiento de que tenemos un Padre que nos atrae amorosamente hacia Él. “El Padre que está escondido… el Padre que ve en lo secreto, te recompensará”.
  • Jesús, nos asegura que el Padre está en lo secreto de nuestro corazón y conoce nuestras búsquedas, nuestras luchas y también nuestros esfuerzos. Si orientamos a Él nuestras pequeñas y grandes decisiones, buscando por encima de todo el cumplimiento de su voluntad, como hizo Jesús, no sólo tendremos la paz del corazón y nuestra vida tendrá sentido, sino que se nos darán todas las demás cosas por añadidura…
  • Lo que el Padre tiene preparado para nosotros supera inmensamente las pasajeras recompensas terrenas hechas a la medida de nuestro yo y de los intereses egoístas de un mundo interesadamente manipulado.
  • El camino del discípulo pasa por verificar constantemente con sinceridad la orientación de fondo del corazón y rectificar con mayor fuerza y profundidad la opción fundamental. Nuestro Señor y Maestro nos dará todo lo que necesitamos para ser felices, para ser verdaderamente hermanos e hijos del Reino.
  • Hoy, la imposición de la ceniza sobre nuestra cabeza será esta señal de reconocimiento. Será como decir: somos débiles, somos pecadores, no acabamos de salir de esta situación, de este estado.
  • Pero esto no agota la verdad de la celebración porque escucharemos una buena noticia: “Conviértete y cree en el Evangelio” que nos invita a vivir la  Cuaresma como un tiempo para hacer nuestros, los hechos y las palabras de Jesús. Hechos  y palabras de Jesús que siempre nos animan a ser más confiados, más esperanzados, más generosos, más felices; a darle sentido a nuestra vida.
  • La Cuaresma debe renovar la esperanza que nos hace  sentir con toda una historia por construir, la historia donde tenemos  que vivir nuestra fe y hacer presente a Dios que siempre nos acompaña. Es dentro de la historia  que vamos viviendo la invitación de Dios a que recibamos el reino de Jesús y que, al mismo  tiempo, movidos por su Espíritu, pongamos manos a la obra para construirlo en medio del  mundo.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Somos dueños de nuestros deseos y nuestros intereses?
  • ¿Tratamos habitualmente de imponer nuestro criterio y nuestra voluntad?
  • ¿Ejercitamos nuestra capacidad de renuncia de dinero, de tiempo, de tranquilidad para el servicio a los demás?
  • ¿Nos esforzamos por comprender a los que no son o piensan como nosotros? ¿De qué manera tenemos presente a Dios en nuestras vidas?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

 

Venid, volvamos al Señor (Os 6,1a).


 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

Arrepentimiento no equivale a autocompasión o remordimiento, sino a conversión, a volver a centrar nuestra vida en la Trinidad. No significa mirar atrás disgustado, sino hacia adelante esperanzado. Ni es mirar hacia abajo a nuestros fallos, sino a lo alto, al amor de Dios. Significa mirar no aquello que no hemos logrado ser, sino a lo que con la gracia divina podemos llegar a ser…

El arrepentimiento, o cambio de mentalidad, lleva a la vigilancia, que significa, entre otras cosas, estar presentes donde estamos, en este punto específico del espacio, en este particular momento de tiempo. Creciendo en vigilancia y en conocimiento de uno mismo, el hombre comienza a adquirir capacidad de juicio y discernimiento: aprende a ver la diferencia entre el bien y el mal, entre lo superfluo y lo esencial; aprende, por tanto, a guardar el propio corazón, cerrando la puerta a las tentaciones o provocaciones del enemigo. Un aspecto esencial de la guarda del corazón es la lucha contra las pasiones: deben purificarse, no matarse; educarse, no erradicarse. A nivel del alma, las pasiones se purifican con la oración, la práctica regular de los sacramentos, la lectura cotidiana de la Escritura; alimentando la mente, pensando en lo que es bueno y con actos concretos de servicio amoroso a los demás. A nivel corporal, las pasiones se purifican sobre todo con el ayuno y la abstinencia.

La purificación de las pasiones lleva a su fin, por gracia de Dios, a la “ausencia de pasiones”, un estado positivo de libertad espiritual en el que no cedemos a las tentaciones, en el que se pasa de una inmadurez de miedo y sospecha a una madurez de inocencia y confianza. Ausencia de pasiones significa que no somos dominados por el egoísmo o los deseos incontrolados y que así llegamos a ser capaces de un verdadero amor

 

K. Ware, El camino del cristiano Magnano 1998, 182-185 passim

 

PARA REZAR

 

Dios, en tus manos me abandono


 

Yo me abandono ¡oh Dios! en tus manos.
Toma este barro y trabájalo
como arcilla entre las manos del alfarero
dale una forma y después, rómpela, si quieres
como es despedazada la vida de tantos hermanos.

Pide, ordena ¿Qué quieres que haga?
¿Qué quieres que no haga?
Ensalzado o humillado, perseguido,
incomprendido,
calumniado, alegre o triste,
o inútil para todo, sólo diré,
a ejemplo de tu Madre:
“Hágase en mí según tu palabra”.

Dame el amor por excelencia,
el amor de la cruz.
Pero no de las cruces heroicas
que podrían nutrir mi vanidad,
sino de las cruces vulgares que,
sin embargo, llevo con repugnancia.

De esas que se encuentran cada día
en la contradicción,
en el olvido, en los juicios falsos,
en la frialdad del alma,
en los desaires y desprecios de los demás;
en el malestar y defectos del cuerpo,
en la oscuridad de la mente
y en el silencio y aridez del corazón.

Entonces sólo Tú sabrás que te amo,
aunque ni yo lo sepa, con eso me basta.

Amén

Jueves de Ceniza

 

Pongo delante tuyo la bendición y la maldición

 

Lectura del libro del Deuteronomio    30, 15-20

 

Moisés habló al pueblo diciendo:

Hoy pongo delante de ti la vida y la felicidad, la muerte y la desdicha. Si escuchas los mandamientos del Señor, tu Dios, que hoy te prescribo, si amas al Señor, tu Dios, y cumples sus mandamientos, sus leyes y sus preceptos, entonces vivirás, te multiplicarás, y el Señor, tu Dios, te bendecirá en la tierra donde ahora vas a entrar para tomar posesión de ella.

Pero si tu corazón se desvía y no escuchas, si te dejas arrastrar y vas a postrarte ante otros dioses para servirlos, yo les anuncio hoy que ustedes se perderán irremediablemente, y no vivirán mucho tiempo en la tierra que vas a poseer después de cruzar el Jordán.

Hoy tomo por testigos contra ustedes al cielo y a la tierra: yo he puesto delante de ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida, y vivirás, tú y tus descendientes, con tal que ames al Señor, tu Dios, escuches su voz y le seas fiel. Porque de ello depende tu vida y tu larga permanencia en la tierra que el Señor juró dar a tus padres, a Abraham, a Isaac y a Jacob.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 1, 1-2. 3. 4 y 6 (R.: 39, 5a)

 

R.    ¡Feliz el que pone en el Señor toda su confianza!

 

¡Feliz el hombre

que no sigue el consejo de los malvados,

ni se detiene en el camino de los pecadores,

ni se sienta en la reunión de los impíos,

sino que se complace en la ley del Señor

y la medita de día y de noche! R.

 

El es como un árbol

plantado al borde de las aguas,

que produce fruto a su debido tiempo,

y cuyas hojas nunca se marchitan:

todo lo que haga le saldrá bien. R.

 

No sucede así con los malvados:

ellos son como paja que se lleva el viento.

Porque el Señor cuida el camino de los justos,

pero el camino de los malvados termina mal. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    9, 22-25

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«El Hijo del hombre, les dijo, debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.»

Después dijo a todos: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá y el que pierda su vida por mí, la salvará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde y arruina su vida?»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Moisés se dirige al pueblo antes de la entrada en la tierra prometida. Han soportado la travesía a través del desierto, han comenzado el proceso de convertirse en el pueblo de Yahvé. Es el pueblo que pertenece a Dios, en el que pertenecerse unos a otros, y que pertenecen a la tierra prometida.
  • Han entrado en la alianza con Dios y están íntimamente unidos por la ley y el poder de Dios que se manifestó en Moisés y Josué.
  • A partir de sus elecciones, de su fidelidad o infidelidad, continuarán viviendo o correrán hacia la muerte y la destrucción. Sin el apoyo y la cercanía de Dios estarán desamparados frente a todo lo que deberán afrontar. No entrarán sólo en un nuevo país, sino en nuevo nivel de intimidad y de conocimiento de Dios. Es un tiempo para que elijan con un solo corazón, una sola mente y un solo objetivo.

***

  • Lucas en el evangelio reafirma esta necesidad de elección a los que se inclinan a seguir al Hijo de Dios, que va trazando un camino de entrega no exento de dolor, de rechazo y de cruz. Si queremos seguirlo debemos, como Èl, negarnos a nosotros mismos, tomando nuestra cruz y siguiendo sus pasos. Los primeros cristianos vivieron esta elección renunciando a los bienes y servicios personales para compartirlos con los demás miembros de la comunidad.
  • El segundo día de Cuaresma se nos dice que ésta debe ser nuestra disciplina diaria y una elección de por vida: optar por el bien común, que cuida la vida de los otros, que confía en Dios ante las dificultades y pruebas y por esa misma confianza se convierte en vida abundante para todos.
  • Es tiempo de elegir la vida y la bendición, la justicia y santidad. Al principio puede parecer abrumador, pero seguimos las huellas de Aquel que garantiza nuestros pasos y son muchos los que nos han precedido en la fe.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Qué elijo para mi vida?
  • ¿Qué es bendición para mi vida? ¿Qué maldición?
  • ¿Cuándo elijo una y cuando la otra?
  • ¿Qué fuerza tienen las elecciones en mi vida?
  • ¿Qué elijo diariamente como paso de bendición para mi vida?
  • ¿A qué tengo que renunciar para vivir la bendición?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

 

 “Si morimos con él, viviremos con él” (2 Tim 2,11).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

Por encima de la finitud, del espacio y del tiempo, el amor infinitamente infinito de Dios viene y nos toma. Llega justo a su hora. Tenemos la posibilidad de aceptarlo o rechazarlo. Si permanecemos sordos, volverá una y otra vez como un mendigo, pero también como un mendigo llegará el día en que ya no vuelva. Si aceptamos, Dios depositará en nosotros una semillita y se irá. A partir de ese momento, Dios no tiene que hacer nada más, ni tampoco nosotros, sino esperar. Pero sin lamentarnos del consentimiento dado, del “sí” nupcial. Esto no es tan fácil como parece, pues el crecimiento de la semilla en nosotros es doloroso. Además, por el hecho mismo de aceptarlo, no podemos dejar de destruir lo que le molesta; tenemos que arrancar las malas hierbas, cortar la grama. Y, desgraciadamente, esta grama forma parte de nuestra propia carne, de modo que esos cuidados de jardinero son una operación cruenta. Sin embargo, en cualquier caso la semilla crece sola. Llega un día en que el alma pertenece a Dios, en que no solamente da su consentimiento al amor, sino en que, de forma verdadera y afectiva, ama. Debe entonces, a su vez, atravesar el universo para llegar hasta Dios. El alma no ama como una criatura, con amor creado. El amor que hay en ella es divino, increado, pues es el amor de Dios hacia Dios que pasa por ella. Sólo Dios es capaz de amar a Dios. Lo único que nosotros podemos hacer es renunciar a nuestros propios sentimientos para dejar paso a ese amor en nuestra alma. Esto significa negarse a sí mismo. Sólo para este consentimiento hemos sido creados.

 

S. Weil, A la espera de Dios, Madrid 1993, 84

 

PARA REZAR

 

Señor, acercarme a Vos

es prepararme para la prueba.

Dame la capacidad de orientar bien mi corazón

y mantenerme firme para no confundirme

en el tiempo del dolor.

Quiero pegarme a Vos Señor y no alejarme,

aceptando lo que venga con paciencia

en los dolores y los fracasos.

Así como en el fuego se prueba el oro,

en el horno de la humildad el camino cierto.

 

Viernes de Ceniza

 

Este es el ayuno que yo amo

 

Lectura del libro del profeta Isaías    58, 1-9a

 

Así habla el Señor Dios:

¡Grita a voz en cuello, no te contengas, alza tu voz como una trompeta: denúnciale a mi pueblo su rebeldía y sus pecados a la casa de Jacob! Ellos me consultan día tras día y quieren conocer mis caminos, como lo haría una nación que practica la justicia y no abandona el derecho de su Dios; reclaman de mí sentencias justas, les gusta estar cerca de Dios:

« ¿Por qué ayunamos y tú no lo ves, nos afligimos y tú no lo reconoces?»

Porque ustedes, el mismo día en que ayunan, se ocupan de negocios y maltratan a su servidumbre. Ayunan para entregarse a pleitos y querellas y para golpear perversamente con el puño. No ayunen como en esos días, si quieren hacer oír su voz en las alturas.

¿Es este acaso el ayuno que yo amo, el día en que el hombre se aflige a sí mismo? Doblar la cabeza como un junco, tenderse sobre el cilicio y la ceniza: ¿a eso lo llamas ayuno y día aceptable al Señor?

Este es el ayuno que yo amo -oráculo del Señor-: soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo, dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos; compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no despreocuparte de tu propia carne.

Entonces despuntará tu luz como la aurora y tu llaga no tardará en cicatrizar; delante de ti avanzará tu justicia y detrás de ti irá la gloria del Señor. Entonces llamarás, y el Señor responderá; pedirás auxilio, y él dirá: « ¡Aquí estoy!»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 50, 3-4. 5-6a. 18-19 (R.: 19b)

 

R.    Tú, Señor, no desprecias el corazón contrito y humillado.

 

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,

por tu gran compasión, borra mis faltas!

¡Lávame totalmente de mi culpa

y purifícame de mi pecado! R.

 

Porque yo reconozco mis faltas

y mi pecado está siempre ante mí.

Contra ti, contra ti solo pequé

e hice lo que es malo a tus ojos. R.

 

Los sacrificios no te satisfacen;

si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:

mi sacrificio es un espíritu contrito,

tú no desprecias el corazón contrito y humillado. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    9, 14-15

 

Se acercaron a Jesús los discípulos de Juan y le dijeron: «¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?»

Jesús les respondió: «¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • A ejemplo de la mayoría de las religiones de su tiempo, Israel considera el ayuno como un acto esencial de su religión, sobre todo con motivo de la fiesta de expiación o del recuerdo de los días angustiosos del asedio de Jerusalén. El pueblo de Dios ha vuelto del destierro y se ha instalado en Judea, las obras de reconstrucción del templo y de las murallas son lentas y desalentadoras.
  • A pesar de que la ley sólo prescribía un ayuno al año, el gran día de la expiación, los días de ayuno se habían multiplicado con motivo de cualquier calamidad. La voz del profeta sustituye a la trompeta que hasta entonces convocaba al pueblo a las ceremonias del ayuno. Se trata, en efecto, de invitar al pueblo a un nuevo género de ayuno. Dios no quiere el ayuno ficticio de quien se viste de saco e inclina la cabeza, y todavía se extraña de que Dios no le escuche.
  • El ayuno, que originariamente debía servir para unir a los ricos y los pobres en la conciencia de que unos y otros proceden del mismo polvo, se convierte en una auténtica provocación: sólo pueden ayunar los ricos, que son los únicos que tienen el vientre lleno, los únicos que pueden privarse de algo, aunque sea de lo superfluo y de lo injustamente retenido.
  • El profeta denuncia la vaciedad del ayuno exterior, incapaz de transformar la conducta. Dios quiere que la penitencia lleve a la renovación del espíritu por la práctica de la justicia y del bien. El Señor sólo está al lado de aquellos que se esfuerzan en la práctica del amor.

    ***

    • Los discípulos de Juan Bautista están extrañados. Ellos, y los fariseos ayunaban, hacían sacrificios austeros, se privaban de varias cosas, por generosidad iban más allá de las observancias judías legales. La respuesta de Jesús pone de relieve que los discípulos de Juan Bautista no han descubierto aún en Jesús al “esposo” mesiánico. Porque, si lo hubieran descubierto, hubieran comprendido que de ahora en adelante el ayuno no tiene el mismo significado.
    • El ayuno está relacionado con el tiempo de la espera. Jesús mismo ha ayunado en el desierto, resumiendo la larga preparación de la humanidad en la instauración del Reino. Pero, cuando comienza el ministerio público, Jesús puede decir con toda razón que el Reino está ya allí; ha llegado el esposo, y no conviene que los “amigos del esposo” ayunen mientras el esposo está con ellos; el ayuno no tiene sentido en el tiempo del cumplimiento.
    • La imagen del esposo era bien conocida por los judíos. En la Biblia este símbolo es usado muchas veces. Dios ama a su pueblo. Dios es el esposo. Jesús se presenta como el esposo mesiánico. Para justificar la “alegría” y la ausencia de “ayuno” de sus discípulos, Jesús los presenta como “compañeros del esposo”.
    • La Iglesia es aquí abajo la que espera y posee ya lo que espera. Es la que avanza, día tras día, hacia el Reino, al mismo tiempo que es ya su manifestación. Dentro de este ritmo se sitúa el ayuno: está vinculado por la Iglesia a los días que dedica expresamente a la espera y a la preparación.
    • Tampoco nosotros tenemos que conformarnos con un ayuno o con unas prácticas cuaresmales, meramente externos. Sería muy superficial que quedáramos satisfechos por haber cumplido todo lo que está mandado en la Cuaresma y no profundizáramos en lo más importante, de lo que todos los ritos exteriores quieren ser: signo y recordatorio.
    • El ayuno debe conducir a una apertura mayor para con los demás. Ayunar para poder dar a los más pobres. Si la falta de caridad continúa, si la injusticia está presente en nuestro modo de actuar con los demás, poco puede agradar a Dios nuestro ayuno y nuestra Cuaresma.
    • El ayuno que Dios quiere, porque es misericordioso, es la liberación de los pobres y oprimidos. Es abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, partir el pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al desnudo y no cerrarse a la propia carne. Este es el ayuno que proclama y practica Jesús, y manda practicar a sus discípulos. Un ayuno cuaresmal de este estilo no es signo de tristeza. Un ayuno de preparación, de reorientación continuada de nuestra vida. Un ayuno que significa relativizar muchas cosas secundarias para no distraernos. Un ayuno serio, aunque no triste.
    • El ayuno nos hace más libres. Nos ofrece la ocasión de poder decir «no» a una sociedad que continuamente nos invita satisfacer necesidades que nos creamos nosotros mismos.
    • La presencia de Jesús es motivo de alegría. Donde está Jesús, sus amigos no pueden hacer otra cosa que alegrarse. Nadie puede sentirse deprimido o acongojado, cuando puede experimentar en su propia vida y en la vida del mundo, el ayuno de todo egoísmo, el amor generoso, el Reino que está, crece y promete cosecha abundante. Se ha decretado al mundo la alegría, contra todo escepticismo, contra toda situación negativa, contra toda desesperanza.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿La presencia de Jesús es motivo de alegría?
  • ¿De qué cosas necesito ayunar?
  • ¿Mi ayuno, es sólo un cumplimiento?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

 

“Señor, suelta mis cadenas de iniquidad” (Is 58,6).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…Un ayuno proporcionado a tus fuerzas favorecerá tu vigilancia espiritual. No se pueden meditar las cosas de Dios con el estómago lleno, dicen los maestros del espíritu. Cristo nos dio el ejemplo con su prolongado ayuno; cuando triunfó sobre el demonio, había ayunado cuarenta días.

Cuando el estómago está vacío, el corazón es humilde. El que ayuna ora con un corazón sobrio, mientras que el espíritu del intemperante se disipa en imaginaciones y pensamientos impuros. El ayuno es un modo de expresar nuestro amor y generosidad; se sacrifican los placeres terrenos para lograr los del cielo. Cuando ayunamos sentimos crecer en nosotros el reconocimiento de Dios, que ha dado al hombre el poder de ayunar. Todos los detalles de tu vida, todo lo que te sucede y lo que pasa a tu alrededor, se ilumina con nueva luz. El tiempo que discurre se utiliza de modo nuevo, rico y fecundo. A lo largo de las vigilias, la modorra y la confusión de pensamiento ceden su espacio a una gran lucidez de espíritu; en vez de irritarnos contra lo que nos fastidia, lo aceptamos tranquila-mente, con humildad y acción de gracias…

La oración, el ayuno y las vigilias son el modo de llamar a la puerta que deseamos que se nos abra. Los santos padres reflexionaron sobre el ayuno considerándolo como una medida de capacidad. Si se ayuna mucho es porque se ama mucho, y si se ama mucho es porque se ha perdonado mucho. El que mucho ayuna, mucho recibirá. Sin embargo, los santos Padres recomiendan ayunar con medida: no se debe imponer al cuerpo un cansancio excesivo, so pena de que el alma sufra detrimento. Eliminar algunos alimentos sería perjudicial: todo alimento es don de Dios.

 

T. Colliander, El camino del asceta. Iniciación a la vida espiritual, Brescia 1987, 75s)

 

PARA REZAR

 

Cuando las alegrías de otros tiempos hayan desaparecido
y tesoros una vez míos, no pueda ya exigir,
que esta verdad alimente mi debilitado corazón:
¡Señor, TU PERMANECES AQUI! ¡TÚ eres todavía el mismo!

Cuando los arroyos de agradable frescura se hayan secado:
Amistades bendecidas ya no estén;
cuando los cielos bañados por el sol cedan a las nubes,
¡Señor, TU PERMANECES AQUI!
Todavía mi corazón te tiene a TI.

Cuando las fuerzas hayan fallado,
y los pies, cansados y rendidos,
ya no puedan realizar felices diligencias,
¿por qué he de suspirar, y hacer los días tristes?
¡Señor, TU PERMANECES AQUI! ¿Acaso necesito algo más?

Así por los días de la vida, lo que pudiera fallarme,
amigos, amistades, goces, en grado mayor o menor;
el canto puede ser mío, ninguna pena ha de asaltarme,
¡Señor, TU PERMANECES AQUI! Todavía estás en mi corazón.

María José Silva

 

Sábado de Ceniza

 

Yo he venido a llamar a los pecadores

 

Lectura del libro del profeta Isaías    58, 9b-14

 

Así habla el Señor:

Si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna; si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria, tu luz se alzará en las tinieblas y tu oscuridad será como el mediodía.

El Señor te guiará incesantemente, te saciará en los ardores del desierto y llenará tus huesos de vigor; tú serás como un jardín bien regado, como una vertiente de agua, cuyas aguas nunca se agotan.

Reconstruirás las ruinas antiguas, restaurarás los cimientos seculares, y te llamarán «Reparador de brechas», «Restaurador de moradas en ruinas.»

Si dejas de pisotear el sábado, de hacer tus negocios en mi día santo; si llamas al sábado «Delicioso» y al día santo del Señor «Honorable»; si lo honras absteniéndote de traficar, de entregarte a tus negocios y de hablar ociosamente, entonces te deleitarás en el Señor; yo te haré cabalgar sobre las alturas del país y te alimentaré con la herencia de tu padre Jacob, porque ha hablado la boca del Señor.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 85, 1-2. 3-4. 5-6 (R.: 11a)

 

R.    Indícame tu camino, Señor, para que viva según tu verdad.

 

Inclina tu oído, Señor, respóndeme,

porque soy pobre y miserable;

protégeme, porque soy uno de tus fieles,

salva a tu servidor que en ti confía. R.

 

Tú eres mi Dios: ten piedad de mí, Señor,

porque te invoco todo el día;

reconforta el ánimo de tu servidor,

porque a ti, Señor, elevo mi alma. R.

 

Tú, Señor, eres bueno e indulgente,

rico en misericordia con aquellos que te invocan:

¡atiende, Señor, a mi plegaria,

escucha la voz de mi súplica! R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    5, 27-32

 

Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, que estaba sentado junto a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: «Sígueme.» El, dejándolo todo, se levantó y lo siguió.

Leví ofreció a Jesús un gran banquete en su casa. Había numerosos publicanos y otras personas que estaban a la mesa con ellos. Los fariseos y los escribas murmuraban y decían a los discípulos de Jesús: «¿Por qué ustedes comen y beben con publicanos y pecadores?»

Pero Jesús tomó la palabra y les dijo: «No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Seguimos escuchando lecturas del profeta Isaías que nos enseñan cuáles son los caminos de Dios. Si ayer se relativizaba el ayuno, para que fuera acompañado de obras de caridad, hoy es la observancia del sábado, otro de los puntos fuertes de los judíos, y que aquí aparece alabado, pero en un marco más amplio de vida de fe.
  • Se alaba lo que se hacía en este día del sábado: abstenerse de viajes, consagrar el día a la gloria de Dios, no tratar los propios negocios. Pero esto lo sitúa el profeta en un contexto de otras actitudes que vuelven a incidir en la caridad fraterna y en la justicia social: desterrar la opresión y la maledicencia, partir el pan con el hambriento.
  • A Dios se llega por la justicia hacia los hermanos, el compromiso por hacerlos más libres, la aceptación de todos y la comunicación de bienes. Sólo de esta manera se transforma la persona y se realiza el proyecto del Señor.

    ***

    • Jesús, saliendo de una casa, en Cafarnaúm, vio a un publicano, llamado Leví, sentado en la mesa de recaudación de impuestos. Leví sería un hombre rico: sus bolsillos se llenaban a expensas del pueblo humilde, antes de llenar las arcas del Estado.
    • Jesús quiere establecer la comunidad de sus seguidores. En esta comunidad no están ausentes los zelotes, casi terroristas que luchaban contra la dictadura del poder extranjero. Y ahora se atreve a llamar nada menos que a un publicano, al recaudador de impuestos, colocado allí por la potencia dominadora. Con estos personajes, tan antagónicos, Jesús construye la nueva comunidad signo de la presencia viva del reino.
    • Leví responde incondicionalmente, radicalmente, inmediatamente. Abandonando todo, deja su vida de pecado que lo ha tenido sentado e inmóvil. Ha sido conquistado por Cristo; en la mirada y el llamado lleno de amor del Maestro ha descubierto la nueva posibilidad de su vida.
    • Sintiéndose amado, perdonado, elegido por Cristo, Leví se ha encontrado a sí mismo, ha encontrado la casa donde, sin temor, recibir al Señor y lo recibe feliz porque antes se ha sentido recibido y aceptado por Él. La comida de Jesús con los pecadores es la realización del banquete del Reino, es el encuentro de los hombres con Dios, la fiesta de la misericordia de Dios que ofrece gratuitamente su perdón y su intimidad.
    • Los fariseos que no pueden comprender la gratuidad de un Dios de misericordia que viene a nuestro encuentro cuestionan el comportamiento de Jesús y sus discípulos. La respuesta de Jesús no se hace esperar. En ella está el sentido de su presencia en medio de los hombres. No ha venido para los sanos, sino para los enfermos, no ha venido a llamar justos, sino pecadores, para que se arrepientan.
    • El proyecto que Jesús de Nazaret pone de manifiesto es el proyecto de Dios. La práctica de ritos externos, ya no es la única mediación para cumplir la voluntad de Dios; ahora la mediación necesaria y directa es la “misericordia”, que brota del amor y la justicia. Seguir a Jesús y aceptar su proyecto, es aceptar la invitación que el Padre nos hace a través de su Hijo amado en la que muestra su amor misericordioso por todos los hombres y mujeres de la tierra.
    • La Iglesia tiene que continuar siendo un espacio de misericordia, de amor y de paz donde los hombres puedan seguir esperando. Ella está llamada a ser el lugar donde todos, sin excepción, puedan experimentar la ternura y la misericordia amorosa del Padre. El mundo podrá transformarse sólo desde la práctica de la misericordia que lleva a contemplar el Rostro de Dios que sale a buscar a los que viven como ovejas sin pastor, para ayudarlos a descubrir el camino de la salvación. Si la Iglesia pierde su ser de misericordia pierde también su misión en la historia.
    • Nadie puede quedar excluido de la acción evangelizadora y pastoral de la Iglesia. La Iglesia de Cristo no puede querer conservar su santidad alejándose de los pecadores. Una Iglesia que desprecie a los pecadores y se aleje de ellos como si fueran un trapo sucio, no puede llamarse realmente Iglesia de Cristo, porque el mismo Señor se acercó al pecado y al pecador para darles nueva vida. La Iglesia vino a salvar todo lo que se había perdido.
    • No busquemos tener una Iglesia tan pura que caiga en la soberbia de condenar irremediablemente al que ha errado el camino. Nosotros creemos en la santidad de la Iglesia, porque Cristo, su Cabeza, es Santo, aun cuando nosotros, sus miembros, somos pecadores en un continuo proceso de conversión.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Cómo experimento mi relación con “los pecadores”?
  • ¿Siento que mi fe me pone en un lugar superior a los demás?
  • ¿Acepto los límites y pecados en la Iglesia?

 

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

“Sus llagas nos han curado” (Is 53,5c).

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

La ascesis de los padres del desierto imponía un tiempo de ayuno agotador y privaciones rigurosas: hoy la lucha ataca otro frente. El hombre no necesita un suplemento dolorosísimo; cilicios, cadenas y flagelaciones correrían el riesgo de destrozarlo inútilmente. La ascesis consistiría más bien en imponerse un reposo, la disciplina de la calma y el silencio, en la que el hombre encuentre su capacidad de concentrarse en la oración y contemplación, aún en medio de la barahúnda del mundo; y sobre todo, recobrar la capacidad de percibir la presencia de los demás, de saber acoger a los amigos siempre. La ascesis se convierte así en atención a la invitación del Evangelio, a las bienaventuranzas: búsqueda de la humildad y la pureza de corazón, para liberar al prójimo y devolverlo a Dios.

En un mundo cansado, asfixiado por las preocupaciones y ritmos de vida cada vez más agobiantes, el esfuerzo se dirigirá a encontrar y vivir “la infancia espiritual”, la frescura y la espiritualidad evangélica del “caminito” que nos lleva a sentarnos a la mesa con los pecadores y a compartir el pan juntos. La ascesis no tiene nada que ver con el moralismo. Estamos llamados a ser activos, viriles, heroicos, pero estas “virtudes” son dones de los que el Espíritu puede privarnos en cualquier momento; nada es nuestro.

En las alturas de la santidad está la humildad, que consiste en vivir en una actitud constante del alma en presencia de Dios. La humildad nos impide sentirnos “salvados”, pero suscita una alegría permanente y desinteresada, sencillamente porque Dios existe. El alma reconoce a Dios confesando su impotencia radical; renunciando a pertenecerse. La ofrenda, el don de sí, es la humildad en acción. El hombre desnudo sigue a Cristo desnudo; permanece vigilante en su espíritu y espera la venida del Señor. Pero su alma lleva el mundo de todos los hombres; al atardecer de su vida, el hombre será juzgado de su amor.

 

P. Evdokimov, La novedad del Espíritu, Milán 1980, 64-65.78s, passim.

 

PARA REZAR

 

Padre misericordioso,

Tú cuidas de todos los pequeños de la tierra

y quieres que cada uno sea signo e instrumento

de tu bondad con los demás.

Tú brindas tu amor a todo hijo herido por el pecado

y quieres unirnos a unos con otros con vínculos de fraternidad.

Perdóname, Señor, si he cerrado las manos

y el corazón al indigente que vive a mi lado,

pobre de bienes o privado del Bien.

Todavía no he comprendido que tu Hijo

ha venido a sentarse a la mesa de los pecadores;

me he creído mejor que los demás.

Por esta razón soy yo el pecador.

Haz que resuene tu voz en mi corazón,

llámame ahora y siempre, oh Dios.

Abandonando las falsas seguridades,

quiero levantarme para seguir a Cristo en una vida nueva.

Y será fiesta.

 

 

 

 


 

TIEMPO DTE EL AÑO – SEMANA VII – CICLO A

TIEMPO DTE EL AÑO – CICLO A

Domingo VII

 

Lunes VII

 

Martes VII

 

TIEMPO DTE EL AÑO – CICLO A

Domingo VII

 

Amen a sus enemigos

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Levítico 19, 1-2. 17-18

 

El Señor dijo a Moisés:

Habla en estos términos a toda la comunidad de Israel:

Ustedes serán santos, porque Yo, el Señor su Dios, soy santo.

No odiarás a tu hermano en tu corazón; deberás reprenderlo convenientemente, para no cargar con un pecado a causa de él.

No serás vengativo con tus compatriotas ni les guardarás rencor.

Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Yo soy el Señor.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 102, 1-2. 3-4. 8 y 10. 12-13 (R.: 8a)

 

R. El Señor es bondadoso y compasivo.

 

Bendice al Señor, alma mía,

que todo mi ser bendiga a su santo Nombre;

bendice al Señor, alma mía,

y nunca olvides sus beneficios. R.

 

Él perdona todas tus culpas

y cura todas tus dolencias;

rescata tu vida del sepulcro,

te corona de amor y de ternura. R.

 

El Señor es bondadoso y compasivo,

lento para enojarse y de gran misericordia;

no nos trata según nuestros pecados

ni nos paga conforme a nuestras culpas. R.

 

Cuanto dista el oriente del occidente,

así aparta de nosotros nuestros pecados.

Como un padre cariñoso con sus hijos,

así es cariñoso el Señor con sus fieles. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto 3, 16-23

 

Hermanos:

¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él. Porque el templo de Dios es sagrado, y ustedes son ese templo.

¡Que nadie se engañe! Si alguno de ustedes se tiene por sabio en este mundo, que se haga insensato para ser realmente sabio. Porque la sabiduría de este mundo es locura delante de Dios. En efecto, dice la Escritura: «Él sorprende a los sabios en su propia astucia», y además: «El Señor conoce los razonamientos de los sabios y sabe que son vanos».

En consecuencia, que nadie se gloríe en los hombres, porque todo les pertenece a ustedes: Pablo, Apolo o Cefas, el mundo, la vida, la muerte, el presente o el futuro. Todo es de ustedes, pero ustedes son de Cristo y Cristo es de Dios.

 

Palabra de Dios.

 


EVANGELIO

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 5, 38-48

 

Jesús, dijo a sus discípulos:

Ustedes han oído que se dijo: «Ojo por ojo y diente por diente». Pero Yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra. Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto; y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él.

Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado.

Ustedes han oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo» y odiarás a tu enemigo. Pero Yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque Él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.

Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos?

Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • La “ley de santidad” del Levítico trata de modelar el orden de la vida de los hombres a partir de la santidad de Dios. De ahí que sea una exigencia radical del mundo mismo para ser verdaderamente lo que es o está llamado a ser. La ley se dirige al pueblo de Dios en el mundo, para enseñarle el camino de acceso a la santidad de Dios o a la plena realización de sí mismo.

    ***

    • Llegando al final de la carta. Pablo presenta una de las grandes novedades del cristianismo: El verdadero templo de Dios es la propia comunidad cristiana construido por cada cristiano habitado por el Espíritu. El cristiano trabaja y vive ya en este Templo que es eterno, y debe dejar atrás lo que es secundario: el cristiano es de Cristo, y Cristo es de Dios. Esto exige que nuestra fe se sitúe por encima de toda sabiduría según el mundo, para vivir nuestra vida nueva en Cristo.

    ***

    • Seguimos escuchando la enseñanza de Jesús en su Sermón de la Montaña. El Maestro de Nazaret sigue profundizando en la ley promulgada en el Antiguo testamento, proponiéndonos las características del obrar cristiano.
    • La ley del talión no era una ley “bárbara”, sino una norma que ponía límite al afán desmesurado de venganza innato en el hombre. La reparación debe ser proporcional a la ofensa y no puede llevarse más allá: ojo por ojo, diente por diente.
    • En cambio, el discípulo de Jesús no puede contentarse con este rasero: “Yo, en cambio, les digo: No hagan frente al que los agravia; a quien te pide, dale…”. El discípulo de Jesús debe arrancar de su corazón el sentimiento de venganza y debe estar dispuesto a hacer más de lo que está estrictamente obligado en razón del mandamiento del amor que Jesús pondrá como síntesis de toda la ley y palabras de los profetas.
    • El mandamiento del amor al prójimo no era desconocido en el Antiguo Testamento. De hecho no era posible pensar que se podía amar a Dios sin interesarse por el prójimo (primera lectura). En el libro de los Proverbios se encuentra una afirmación que Jesús parece que repetir casi las mismas palabras: “Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer pan, y si tiene sed, dale agua para beber … y el Señor te recompensará “(Pr 25,21-22)
    • El mandamiento de Jesús es paradojal en su formulación, en su contenido y en su fuerte exigencia. El mandamiento de Jesús es nuevo y revolucionario por su universalismo, su extensión en sentido horizontal: no conoce restricciones de ningún tipo, de tal modo que no tiene en cuenta las excepciones de fronteras, de raza, de religión, pero se dirige al hombre en la unidad y la igualdad de su naturaleza.
    • Es nuevo por la magnitud, por la intensidad por su extensión vertical. La medida viene dada por el modelo que se nos presenta: “les doy un mandamiento nuevo: Ámense los unos a los otros como yo os he amado, así os améis unos a otros ” (Jn 13,34). La medida de nuestro amor al prójimo es el amor que Cristo tiene por nosotros, y de hecho el amor mismo que el Padre tiene por Cristo, porque “Como el Padre me ha amado, así os he amado” (Jn 15,9). Dios es amor (1 Jn 4:16) y esto se manifiesta en su amor: él nos amó primero y envió a su Hijo para expiar nuestros pecados (1 Jn 4:10)
    • Es nuevo el motivo que Jesús nos da: amar desde el amor de Dios, con amor puro y desinteresado, sin sombra de recompensa. Amarse los unos a los otros como hermanos, con un amor que busca el bien de la persona amada, no nuestro propio bien. Amar como Dios, que si no se ve el bien en la persona que ama lo crea en ella amándola.
    • Es nuevo porque Cristo lo eleva al nivel del mismo amor de Dios. Si la concepción judía que aparece en el levítico lleva a creer que el amor se pone en pie de igualdad con otros mandamientos la visión cristiana le da un lugar central, único. En el Nuevo Testamento, el amor al prójimo está indisociablemente vinculado con el precepto del amor de Dios.
    • El discípulo debe llegar, incluso, a amar a los enemigos. Jesús lleva la Ley a su perfección: el “prójimo” que debemos amar son todos los hombres, sin excepción. Jesús nos da ejemplo de lo que nos invita a vivir rezando por sus ejecutores.
    • Los enemigos no son sólo aquellos que nos odian y nos duele, aquellos con los que tenemos conflictos irreconciliables, sino también aquellos que son diferentes de mí, que no tienen mis gustos, mis ideas, no comparten mis puntos de vista, mis esquemas. Aquellos con quienes se da incompatibilidad de carácter, de mentalidad, de temperamento, a quienes no podemos “aguantar”. Los que están siempre en contra mía, con hostilidad, que critican de forma inexorable todas mis iniciativas, mis ideas, que no me dejan pasar una. Son las personas que tienen el poder de sacar lo peor de mi, que me hacen perder el tiempo con pavadas, que me cuentan minuciosamente cosas que sólo a ellos le importan, que no respetan mi tiempo, mis obligaciones, mi cansancio. Enemigos son los desleales, de doble cara por vocación, que se me muestran confiables y amigables, y después dan una puñalada por la espalda, que dicen una cosa, piensan otra y hacen otra diferente a las anteriores. Los que gozan poniéndome en ridículo.
    • El discípulo por un amor que trata de reproducir el de Dios es que crea para los “enemigos” la ocasión del encuentro y la apertura rompiendo el círculo y reinventando la hospitalidad, desafiando la indiferencia y la intolerancia. Son perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo. Jesús llama a sus seguidores a reproducir la manera de ser y existir propia de Dios, su manera de pensar y sentir, sobre todo, su amor. La perfección evangélica poco tiene que ver con aquella perfección humana a la que estamos acostumbrados. La perfección cristiana solamente puede entenderse bien desde el punto de vista del amor, que es la manera de ser de Dios. De lo contrario, resulta un ideal de virtud, que puede ser griego, estoico, budista, filantrópico pero no el de Jesús.
    • Sean perfectos quiere decir, sean misericordiosos como lo es el Padre de todos que está en el cielo. En labios de Jesús la palabra misericordia significa amor gratuito, desbordante, generoso. La perfección evangélica es plenitud en el amor.
    • Jesús apunta al amor a los enemigos, como el horizonte del amor cristiano, a semejanza del amor de Dios, que nos quiere siendo pecadores. El horizonte del amor de Dios a los pecadores, que es horizonte de salvación, debe ser el horizonte del amor cristiano, un amor que rescata, que salva. Por eso el amor al enemigo no puede entenderse como complicidad con él ni como aceptación del mal. Amar al enemigo es querer y buscar su bien, que deje de ser enemigo, y que vuelva al amor de los hermanos
    • Vivir el Reino implica cambiar el modo de convivencia y valorizar el encuentro. La amistad, el amor no sólo es dar, sino recibir con el mismo compromiso. No basta con amar a nuestro prójimo desde Dios, debe dejarnos amar si no queremos renunciar al la respuesta de Dios
    • Como Iglesia debemos dar testimonio eficaz y cálido de este amor. Cuantas veces en nombre de la religión y de Cristo, los cristianos vivimos divididos. El orgullo, la terquedad, el desprecio y la falta de caridad han caracterizado a las disputas teológicas, pastorales y litúrgicas. Los presuntos enemigos de Dios y de la Iglesia se han combatido con armas y odio. Si bien hoy la Iglesia comienza a superar muchas de estas limitaciones, es preciso seguir trabajándolas desde adentro. No se trata de mirar no tanto lo que divide, sino ante todo, lo que nos une. No podemos condenar a priori a todo aquel que no cree lo mismo que nosotros sin asomarnos a descubrir aquellos valores humanos y religiosos auténticos que nos permitan entrar en diálogo.
    • El verdadero testimonio de vida de fe se da en un amor que es capaz de superar cualquier división.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Qué nuevas notas redescubro de la “perfección cristiana” a la luz de la Palabra?
  • ¿Qué desafío recibo para mi vida hoy de este evangelio?
  • ¿Qué actitudes, qué gestos, qué palabras tendría que tener para un seguimiento más fiel de Jesús?

 

REPITAMOS Y VIVAMOS HOY LA PALABRA

 

Abba, Padre

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…”Si alguien nos dice: «No matar», la cosa no nos inquieta demasiado. ¿Cuántas veces tenemos ocasión de matar? Estamos acostumbrados a interpretar la falta de oportunidades (y nuestra falta de valor) como virtudes, e incluso nos hacemos ilusiones al respecto. Decimos, en efecto: «No he matado. Al menos en este punto nadie puede reprocharme».

Ahora bien, Jesús, casi radiografiando nuestros mecanismos de justificación y de defensa, prosigue: «Pero yo os digo que todo el que se enfade con su hermano será llevado a juicio y condenado a muerte». Ahora el asunto se pone peligroso. Y es que aquí estamos todos implicados. ¿Quién podría decir que no alimenta ningún rencor? Y de una manera lenta, pero inevitable, empieza a faltarnos el terreno bajo los pies. Si hasta ahora habíamos creído que podríamos colocarnos en la parte de los justos frente a Dios, puesto que no habíamos cometido ningún homicidio, ahora, en cambio, hemos sido desenmascarados como asesinos, porque Jesús no parece establecer ninguna diferencia entre un asesino y el que se enfada con su propio hermano. En todo caso, ambos merecen la condena a muerte [...].

Heme aquí cogido en una desnudez total. Ya no puedo esconderme detrás de ningún mandamiento. Estoy indefenso del todo, completamente impotente, y como tal me entrego a Dios, que es el único que puede salvarme de la muerte. Mi confianza no se basa ya en la observancia de los mandamientos. El único que puede salvarme es Dios; él es quien puede liberarme de la muerte. Una cosa es cierta: la antítesis de Jesús inserta a la persona en un movimiento que no es posible esperar de ley alguna…”

 

H. J. Venetz, EI discurso de la montaña.

 

PARA REZAR

 

¡Enséñanos a orar al Padre! (fragmento)

 

Señor de la Vida,

enséñanos a orar al Padre.

 

Enséñanos a llamarlo Papá,

como tú lo hacías.

Haznos sentir su cariño cercano,

muéstranos

su rostro misericordioso

y ayúdanos a escuchar su voz

que nos invita a vivir para dar vida

y construir el Reino en la tierra.


Que aprendamos a pedir perdón

por nuestras faltas,

y que aprendamos a aceptarlo

de los que pudieran ofendernos.

Arranca de raíz

nuestros prejuicios,

y la dureza del corazón

poco dispuesto a perdonar.

Empápanos de la humildad

del que se sabe en camino

y con posibilidad de equivocarse.

 

Que nuestra oración

no pierda la esperanza, Señor.

Que sea motor de nuestra utopía

y el lazo que nos una

a tus anhelos de Justicia,

Libertad, Paz y Vida.

 

Enséñanos a aprender

de la oración de los demás.

En especial

de los más pequeños y humildes.

Contagia el exceso de palabras

del silencio confiado del pobre,

tan lleno de tu sabiduría.

 

Muéstranos el rostro del Padre,

Jesús amigo, compañero,

amplifica su voz en nosotros,

y ayúdanos a hacer silencio

para escucharle.

 

Marcelo A. Murúa

 

Lunes VII

 

Creo Señor, pero aumenta mi fe

 

Lectura de la carta de Santiago 3,13-18

 

Hermanos:

El que se tenga por sabio y prudente, demuestre con su buena conducta que sus actos tienen la sencillez propia de la sabiduría. Pero si ustedes están dominados por la rivalidad y por el espíritu de discordia, no se vanaglorien ni falten a la verdad. Semejante sabiduría no desciende de lo alto sino que es terrena, sensual y demoníaca. Porque donde hay rivalidad y discordia, hay también desorden y toda clase de maldad. En cambio, la sabiduría que viene de lo alto es, ante todo, pura; y además, pacífica, benévola y conciliadora; está llena de misericordia y dispuesta a hacer el bien; es imparcial y sincera. Un fruto de justicia se siembra pacíficamente para los que trabajan por la paz.

 

Palabra de Dios


SALMO
Sal 19,8-10.15.

 

R. los preceptos del Señor alegran el corazón.


La ley del Señor es perfecta,

reconforta el alma;

el testimonio del Señor es verdadero,

da sabiduría al simple. R.


Los preceptos del Señor son rectos,

alegran el corazón;

los mandamientos del Señor son claros,

iluminan los ojos. R.


La palabra del Señor es pura,

permanece para siempre;

los juicios del Señor son la verdad,

enteramente justos. R.


¡Ojalá sean de tu agrado las palabras de mi boca,

y lleguen hasta ti mis pensamientos,

Señor, mi Roca y mi redentor! R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    9, 14-29

 

Cuando volvieron a donde estaban los otros discípulos, los encontraron en medio de una gran multitud, discutiendo con algunos escribas. En cuanto la multitud distinguió a Jesús, quedó asombrada y corrieron a saludarlo. El les preguntó: «¿Sobre qué estaban discutiendo?.»

Uno de ellos le dijo: «Maestro, te he traído a mi hijo, que está poseído de un espíritu mudo. Cuando se apodera de él, lo tira al suelo y le hace echar espuma por la boca; entonces le crujen sus dientes y se queda rígido. Le pedí a tus discípulos que lo expulsaran pero no pudieron.»

«Generación incrédula, respondió Jesús, ¿hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo.» Y ellos se lo trajeron. En cuanto vio a Jesús, el espíritu sacudió violentamente al niño, que cayó al suelo y se revolcaba, echando espuma por la boca.

Jesús le preguntó al padre: «¿Cuánto tiempo hace que está así?.» «Desde la infancia, le respondió, y a menudo lo hace caer en el fuego o en el agua para matarlo. Si puedes hacer algo, ten piedad de nosotros y ayúdanos.»

«¡Si puedes…!», respondió Jesús. «Todo es posible para el que cree.» Inmediatamente el padre del niño exclamó: «Creo, ayúdame porque tengo poca fe.»

Al ver que llegaba más gente, Jesús increpó al espíritu impuro, diciéndole: «Espíritu mudo y sordo, yo te lo ordeno, sal de él y no vuelvas más.» El demonio gritó, sacudió violentamente al niño y salió de él, dejándolo como muerto, tanto que muchos decían: «Está muerto.» Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó, y el niño se puso de pie.

Cuando entró a la casa y quedaron solos, los discípulos le preguntaron: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?.»

El les respondió: «Esta clase de demonios se expulsa sólo con la oración.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Parece que en las primeras comunidades cristianas había  muchos que se las daban de sabios y maestros. Santiago nos describe cuál es la verdadera sabiduría que viene de Dios y cuál hay que considerar como falsa. Las palabras de Santiago son una reacción contra los que interpretaban mal  las Epístolas de san Pablo.
  • Santiago es realista y da signos concretos y claros para poder reconocer la “verdadera sabiduría”. La fe no es el resultado de especulaciones intelectuales. El verdadero criterio de la fe se  encuentra «en la vida». Nuestra verdadera fe se verifica en la capacidad de amar a los hermanos.  La caridad es el principio de la verdadera sabiduría que viene de Dios. Lo contrario de esto es el dejarse llevar por la «envidia» y las «rivalidades» que en el  fondo son la falta de amor.
  • Para Santiago, el que se cree sabio lo tiene que demostrar con “la buena conducta”, teñida por amabilidad, paz, la comprensión dócil, y llena de misericordia y buenas obras, propias de la sabiduría. Pero si el que se dice sabio tiene actitudes de «corazón amargado por la  envidia y el egoísmo», la suya es una  sabiduría humana, terrena, del «diablo» que es «el que divide».
  • La característica fundamental del cristiano, debería ser la ausencia de  orgullo, de intriga, de fanatismo tratando de vivir en comunión con sus hermanos y con todos, incluso con sus adversarios, con los que piensan como él y con los que no piensan como  él.
  • El sabio no se manifiesta en los conocimientos adquiridos, sino sobre todo  en su comportamiento según el querer de Dios, que engendra otros sabios que difundan en medio de los hombres, el mismo espíritu de paz, perdón, docilidad, misericordia,  imparcialidad y verdad.

***

  • Luego de bajar del monte con sus tres acompañantes, Jesús es saludado por la gente.  Quiere saber sobre que discutían un grupo de sus discípulos y la gente.
  • Esta vez la escena es un caso de aparente epilepsia, que es atribuido por la mentalidad de aquella época a la acción del demonio.
  • Atribuían a los “espíritus impuros” todo lo que atacaba al hombre de un modo más  espectacular. Por otra parte, la continuación del relato nos mostrará que este muchacho  padecía un doble mal: una epilepsia y una presencia demoníaca. Jesús llevará a cabo esta  curación en dos tiempos: hay primero un exorcismo que le libra del “espíritu impuro” y deja  al muchacho como muerto; luego la curación definitiva, hecha más sencillamente a la  manera de otras curaciones: Jesús lo tomó de la mano y lo levantó.
  • Para el seguimiento de Jesús no basta con dejar de ser malo. Es necesario, por la misericordia de Dios, llenarse de la fuerza del amor y ponerse de pie, en capacidad de seguir a Jesús. Pero, sobre todo, es necesario tener fe.
  • La falta de la verdadera fe es la que impide experimentar la salvación que Jesús ofrece. Por eso el Señor se dirige primero a todos, y los llama “generación incrédula”; después con el padre del muchacho, a quien invita a creer. Y finalmente con sus discípulos, a quien les explica su impotencia para curar: por falta de oración.
  • El padre del muchacho intuye las puertas que abre la fe, y, a la invitación de Jesús, hace una admirable  “profesión de fe”… llena de humildad. “¡Sí, creo! Pero, Señor, ven a robustecer mi pobre fe, pues siento ¡que no creo todavía suficiente!
  • Jesús aparece de nuevo como más fuerte que el mal. Tiene la fuerza de Dios. Igual que  en la montaña los tres discípulos han sido testigos de su gloria divina, ahora todos  presencian asombrados otra manifestación mesiánica: ha venido a librar al mundo de sus  males, incluso de los demoníacos, de la enfermedad y de la muerte.
  • En la guerra continua entre el bien y el mal, Cristo se nos muestra como vencedor y nos  invita a que, apoyados en Él -con la oración y el ayuno, no con nuestras fuerzas-  colaboremos a que esa victoria se extienda a todos, también en nuestro tiempo.
  • En nuestra lucha contra el mal que hay dentro de nosotros y el de los demás, sólo  puede ser eficaz si se basa en la fuerza de Dios. Sólo puede suceder desde la fe y la  oración, en unión con Cristo, el que libera al mundo de todo mal. No se trata de hacer  gestos mágicos o de pronunciar palabras que tienen eficacia por sí solas. El que salva y el  que libera es Dios. Y nosotros, sólo si nos mantenemos unidos a Él por la oración. Esta es la lección que nos da hoy Jesús.
  • Nuestro camino de fe se realiza trabajando a favor del Reino de Dios, hasta que éste llegue a su plenitud, en el Reino eterno. Nuestro trabajo no puede realizarse sólo con nuestros medios, por muy importantes que estos parezcan de acuerdo a los criterios de los hombres. Por eso necesitamos encontrarnos personalmente con el Señor, orar y no tener miedo incluso a ayunar, no como masoquista, sino como la mejor disposición que tenemos de abrirnos; para encontrarnos amorosamente con el Señor, libres de todo aquello que nos impide tenerlo sólo a Él como centro de nuestra vida. De ese modo podremos pedirle su sabiduría y su fortaleza para poder, así, descubrir sus caminos y seguirlos con un gran amor hecho gesto y palabra servicial y salvadora.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Sé pedir con sencillez y humildad?
  • ¿Me apoyo en mis fuerzas o soy capaz de abandonarme en el poder de Dios?
  • ¿De qué manera la fe ha renovado mi vida?

 

REPITAMOS Y VIVAMOS HOY LA PALABRA

 

Todo es posible para el que cree

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

«Ven y ayuda mi poca fe»

 

Aleja la duda de tu alma, y nunca temas dirigir a Dios tu plegaria, diciéndote: «¿Cómo podría yo orar, cómo podría yo ser escuchado, después de haber ofendido tanto a Dios?» No razones de esta manera; sino vuélvete al Señor con todo tu corazón, y órale con plena confianza. Conocerás entonces toda la extensión de su misericordia; verás que, lejos de abandonarte, colmará los deseos de tu corazón. Porque Dios no es como los hombres que se acuerdan del mal; en él no hay ningún resentimiento, sino una tierna compasión hacia sus criaturas. Purifica, pues, tu corazón de todas las vanidades del mundo, del mal y del pecado…, y ora al Señor. Lo alcanzarás todo…, si haces tu oración con total confianza.

Pero si la duda se desliza en tu corazón, ninguna de tus peticiones verás atendida. Los que dudan de Dios son almas dobles; no consiguen nada de lo que piden… Cualquiera que dude, a no ser que se convierta, difícilmente será escuchado y salvado. Purifica, pues, tu alma de la duda, revístete de la fe, porque es poderosa, y cree firmemente que Dios escuchará tus peticiones. Y si ocurre que se retrasa un poco en escuchar tu petición, no caigas en la duda por el mero hecho de no haberlo obtenido todo inmediatamente; este retraso es para hacerte crecer más en la fe. No dejes, pues, de pedir lo que deseas… Aleja de ti la duda; es perniciosa e insensata, quita a muchos la raíz de la fe, incluso a los que estaban muy firmes en ella… La fe es fuerte y poderosa; lo promete todo y tiene éxito en todo; la duda, falta de confianza, fracasa en todo…

 

Pastor de Hermas (siglo II)

PARA REZAR

 

Creemos en Dios Padre, de infinita sabiduría

poder y amor, que expresa su misericordia

en todas sus obras y que quiere siempre el bien de sus hijos.

Creemos en Jesucristo, Hijo de Dios, nacido de mujer,

don de la inagotable gracia del Padre,

fundamento de nuestra esperanza y promesa

de nuestra liberación del pecado y de la muerte.


Creemos en el Espíritu Santo, la presencia divina

en nuestras vidas, por el cual conocemos la verdad de Cristo

y hallamos fortaleza y auxilio en tiempo de necesidad.

Creemos que esta fe debe manifestarse en servicio,

movida por el amor, siguiendo el ejemplo

de nuestro bendito Señor, de manera que el Reino de

Dios se haga realidad en la tierra.

 

Martes VII

 

Para ser el primero hacerse el último

 

Lectura de la carta del apóstol Santiago    4, 1-10

 

Hermanos:

¿De dónde provienen las luchas y las querellas que hay entre ustedes? ¿No es precisamente de las pasiones que combaten en sus mismos miembros? Ustedes ambicionan, y si no consiguen lo que desean, matan; envidian, y al no alcanzar lo que pretenden, combaten y se hacen la guerra. Ustedes no tienen, porque no piden. O bien, piden y no reciben, porque piden mal, con el único fin de satisfacer sus pasiones.

¡Corazones adúlteros! ¿No saben acaso que haciéndose amigos del mundo se hacen enemigos de Dios? Porque el que quiere ser amigo del mundo se hace enemigo de Dios. No piensen que la Escritura afirma en vano: El alma que Dios puso en nosotros está llena de deseos envidiosos.

Pero él nos da una gracia más grande todavía, según la palabra de la Escritura que dice: Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes.

Sométanse a Dios; resistan al demonio, y él se alejará de ustedes. Acérquense a Dios y él se acercará a ustedes. Que los pecadores purifiquen sus manos; que se santifiquen los que tienen el corazón dividido. Reconozcan su miseria con dolor y con lágrimas. Que la alegría de ustedes se transforme en llanto, y el gozo, en tristeza. Humíllense delante del Señor, y él los exaltará.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 54, 7-8. 9-10a. 10b-11a. 23 (R.: 23a)

 

R.    Confía tu suerte al Señor, y él te sostendrá.

 

¡Quién me diera alas de paloma

para volar y descansar!

Entonces huiría muy lejos,

habitaría en el desierto. R.

 

Me apuraría a encontrar un refugio

contra el viento arrasador y la borrasca.

Confunde sus lenguas, Señor, divídelas. R.

 

Porque no veo más que violencia

y discordia en la ciudad,

rondando día y noche por sus muros. R.

 

Confía tu suerte al Señor,

y él te sostendrá:

nunca permitirá que el justo perezca. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    9,30-37

 

Al salir de allí atravesaron la Galilea; Jesús no quería que nadie lo supiera, porque enseñaba y les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará.» Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas.

Llegaron a Cafarnaún y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: «¿De qué hablaban en el camino?.» Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande.

Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: «El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos.»

Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo: «El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Santiago está preocupado por los conflictos que surgen en las comunidades cristianas.
  • Si ayer hablaba de la verdadera sabiduría, hoy con palabras fuertes denuncia a los que en la comunidad crean división y no paz. Santiago habla de codicia, envidia, guerras, contiendas y homicidios. Y las causas son el orgullo, la ambición y la falta de una perspectiva más sobrenatural que impide una oración más verdadera. Los soberbios no saben hacer otra cosa que engendrar guerras, domésticas o mundiales.
  • Dios resiste a los orgullosos, pero da su gracia a los humildes. Humillarse ante Dios, es el camino que lleva al conocimiento realista de nuestra propia situación.
  • Sentir la propia miseria, vivir la tristeza de no ser lo que uno quisiera, no es ninguna vergüenza delante de Dios. Muy por el contrario, nos lleva a descubrir de un modo más profundo, la misericordia del único juez y a no colocarnos como jueces de los demás, e incluso de nosotros mismos.
  • Lo que nos da sabiduría, y por lo tanto la actitud justa con nosotros mismos y con los demás, es poner en Dios nuestra confianza, acercarnos a Él con una oración sincera; para que Él se acerque a nosotros; humillarnos para que Él nos levante.

***

  • Jesús para ir educando a los suyos en el camino del discipulado, les anuncia por segunda vez su pasión y su muerte. Pero todavía no están dispuestos a entender lo que les está queriendo decir. Lo que les preocupa, y de eso discuten en el camino, es «quién será el más importante». Ya se ven en el Reino del Maestro, ocupando los puestos de honor.
  • Aún se ve lo difícil que es para los discípulos comprender la pasión, muerte y resurrección de Jesús. A pesar de haber escuchado, directamente de sus labios, los requerimientos para la construcción del Reino siguen preocupados más por el poder, que por entregar incondicionalmente la vida por el hermano como les propone el Maestro.
  • Jesús, en la serenidad de casa, con extrema delicadeza les da una lección para que vayan corrigiendo sus expectativas. Les aclara que no se puede ser el primero en su Reino si no se abandona toda tentativa de poder, asumiendo comprometidamente el servicio y la entrega por los demás.
  • Después, pone a un niño en medio de ellos y dice que el que recibe a un niño lo recibe a Él. Precisamente a un niño, que en el ambiente social de entonces era más bien marginado de la sociedad y tenido en muy poco.
  • Jesús puede hablarles del poder y valor de la servicialidad porque es el primero que la vive con toda radicalidad. Toda su vida está en esa actitud de entrega por los demás porque no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida para la salvación de todos. Actitud que manifiesta en su cercanía a los más necesitados, que pondrá de manifiesto con ellos cuando arrodillado les lave los pies; pero sobre todo cuando en la cruz entregue su vida.
  • La dificultad para entender la lección que Jesús dio a los apóstoles también la padecemos hoy. Tendemos a ocupar los primeros lugares, a buscar nuestros propios intereses, a despreciar a aquellos de los que no podemos esperar mucho. Eso pasa en el mundo de la política, en nuestro mundo familiar o comunitario, en nuestra vida eclesial. Nuestra naturaleza se rebela cuando podemos «ser el último de todos».
  • La salvación del mundo vino a través de la cruz de Cristo. Seguimos a un Salvador humilde, aparentemente fracasado, el Siervo de todos, hasta la Cruz. El discípulo no puede ser más que el maestro. Colaborar con Él en la construcción del reino significará muchas veces sufrimiento, otras veces renuncia y esfuerzo, y siempre entrega gratuita.
  • Aquel que quiera ser discípulo de Jesús debe ser un servidor integral, especialmente de los que más lo necesitan, de los abandonados, de los postergados, de los que nadie atiende, aquellos de los que nadie se acuerda. Amar es servir. Un cristiano que no sirve, no sirve como cristiano. “Una Iglesia que no sirve, no sirve para nada”.
  • Como Iglesia también debemos asumir la radicalidad de la propuesta de servicio que Jesús asumió con todas las consecuencias que implique. Vivir en pobreza y al servicio de los hombres y de todo hombre, es la única obligación del cristiano.

 

PARA DISCERNIR

 

  • Acepto las consecuencias de renuncia y cruz en el seguimiento del Señor?
  • ¿Busco una salvación a mi medida?
  • ¿Reconozco en el servicio una fuente de Gracia?

 

REPITAMOS Y VIVAMOS HOY LA PALABRA

 

Seamos primeros sirviendo a todos

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

«Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos»

 

¡Jesús!… ¡Qué humildad la tuya, Rey de la gloria, al someterte a todos los sacerdotes, sin hacer distinción alguna entre los que te aman y los que, por desgracia, son tibios o fríos en tu servicio…! A su llamada, tú bajas del cielo; pueden adelantar o retrasar la hora del santo sacrificio, que tú estás siempre pronto a su voz… ¡Qué manso y humilde de corazón me pareces, Amor mío, bajo el velo de la blanca hostia! (Mt 11,29). Ya no puedes abajarte más para enseñarme la humildad; por eso, para responder a tu amor, yo también quiero desear que mis hermanas me pongan siempre en el último lugar y convencerme de que ése es precisamente mi sitio.

Yo sé bien, Dios mío, que al alma orgullosa tú la humillas y que a la que se humilla le concedes una eternidad gloriosa; por eso quiero ponerme en el último lugar y compartir tus humillaciones, para «tener parte contigo»(Jn 13,8) en el reino de los cielos.

Pero tú, Señor, conoces mi debilidad; cada mañana hago el propósito de practicar la humildad, y por la noche reconozco que he vuelto a cometer muchas faltas de orgullo. Al ver esto, me tienta el desaliento, pero sé que el desaliento es también una forma de orgullo. Por eso quiero, Dios mío, fundar mi esperanza sólo en ti; ya que tú lo puedes todo, haz nacer en mi alma la virtud que deseo. Para alcanzar esta gracia de tu infinita misericordia, te repetiré muchas veces: «¡Jesús, manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo»…

 

 Santa Teresa del Niño Jesús (1873-1897), carmelita descalza, Doctora de la Iglesia -Oración 20

 

PARA REZAR

 

Gracias, Señor, por haberme llamado

a servir gratuitamente,
a dar mi tiempo, mis energías

y mi amor a quienes sufren.
Aquí estoy, Señor, envíame.
Dispón mi mente y mi corazón

a escuchar sin prejuicios,
a servir hasta las últimas consecuencias.

Envíame, Señor, a pesar de que yo también soy débil
así comprenderé que eres tú nuestra fuerza,
y mis hermanos descubrirán tu rostro

en mi presencia discreta.
Envíame, Señor, y así comprenderé

que la mayor felicidad está en servirte.

 

Amén.

TIEMPO DTE EL AÑO – SEMANA VI – CICLO A

TIEMPO DTE EL AÑO

Domingo VI – Ciclo A

 

Lunes VI

 

Martes VI

 

 Miércoles VI

 

Jueves VI

 

Viernes VI


Sábado VI

22 de Febrero

La Cátedra de San Pedro Apóstol (F)

 

 

TIEMPO DTE EL AÑO

Domingo VI – Ciclo A

 

A nadie le ordenó ser impío

 

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Eclesiástico    15, 15-20

 

Si quieres, puedes observar los mandamientos y cumplir fielmente lo que le agrada.

El puso ante ti el fuego y el agua: hacia lo que quieras, extenderás tu mano.

Ante los hombres están la vida y la muerte: a cada uno se le dará lo que prefiera.

Porque grande es la sabiduría del Señor, él es fuerte y poderoso, y ve todas las cosas.

Sus ojos están fijos en aquellos que lo temen y él conoce todas las obras del hombre.

A nadie le ordenó ser impío ni dio a nadie autorización para pecar.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 118, 1-2. 4-5. 17-18. 33-34 (R.: 1b)

 

R.    Felices los que siguen la ley del Señor.

 

Felices los que van por un camino intachable,

los que siguen la ley del Señor.

Felices los que cumplen sus prescripciones

y lo buscan de todo corazón. R.

 

Tú promulgaste tus mandamientos

para que se cumplieran íntegramente.

¡Ojalá yo me mantenga firme

en la observancia de tus preceptos! R.

 

Sé bueno con tu servidor,

para que yo viva y pueda cumplir tu palabra.

Abre mis ojos,

para que contemple las maravillas de tu ley. R.

 

Muéstrame, Señor, el camino de tus preceptos,

y yo los cumpliré a la perfección.

Instrúyeme, para que observe tu ley

y la cumpla de todo corazón. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol San Pablo

a los cristianos de Corinto    2, 6-10

   

Hermanos:

Es verdad que anunciamos una sabiduría entre aquellos que son personas espiritualmente maduras, pero no la sabiduría de este mundo ni la que ostentan los dominadores de este mundo, condenados a la destrucción.

Lo que anunciamos es una sabiduría de Dios, misteriosa y secreta, que él preparó para nuestra gloria antes que existiera el mundo; aquella que ninguno de los dominadores de este mundo alcanzó a conocer, porque si la hubieran conocido no habrían crucificado al Señor de la gloria.

Nosotros anunciamos, como dice la Escritura, lo que nadie vio ni oyó y ni siquiera pudo pensar, aquello que Dios preparó para los que lo aman.

Dios nos reveló todo esto por medio del Espíritu, porque el Espíritu lo penetra todo, hasta lo más íntimo de Dios.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Mateo     5, 17-37

 

Jesús dijo a sus discípulos:

No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.

Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.

El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.

Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.

Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal. Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego.

Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda.    

Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.

Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pero yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.

Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena. Y si tu mano derecha es para ti una ocasión de pecado, córtala y arrójala lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.

También se dijo: El que se divorcia de su mujer, debe darle una declaración de divorcio. Pero yo les digo: El que se divorcia de su mujer, excepto en caso de unión ilegal, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una mujer abandonada por su marido, comete adulterio.

Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor. Pero yo les digo que no juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la Ciudad del gran Rey. No jures tampoco por tu cabeza, porque no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos.

Cuando ustedes digan «sí», que sea sí, y cuando digan «no», que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno.

 

Palabra del Señor.

 

O bien más breve:

 

Lectura del santo Evangelio según San Mateo

5, 20-22a. 27-28. 33-34a. 37

 

Jesús dijo a sus discípulos:

Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.

Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal. Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal.

Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pero yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.

Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor. Pero yo les digo que no juren de ningún modo.

Cuando ustedes digan «sí», que sea sí, y cuando digan «no», que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • En la disyuntiva entre fuego y agua, entre muerte y vida la primera lectura nos presenta con  claridad el criterio respecto a la moral: guardar los mandatos de Dios, cumplir su voluntad. Somos libres  y es esa libertad la que da también valor a nuestra aceptación de la voluntad de  Dios. Creemos que el éxito en la vida es haber sabido elegir el camino que Dios nos muestra. Él nos conoce y es más íntimo a nosotros que nosotros mismos.

    ***

  • Para san Pablo la actitud de los cristianos debe ser fruto de una “sabiduría”, “que no  es de este mundo ni de los príncipes de este mundo”. El mundo en el sentido bíblico, contrario al reino de Dios, no puede comprender el alcance de las  normas contenidas en el sermón de la montaña, porque todas esas normas suponen la  aceptación del designio del amor de Dios sobre los hombres, designio manifestado a través del mensaje y la vida de Jesús.

    ***

  • El fragmento del sermón de la montaña que acabamos de escuchar nos ha manifestado  las exigencias propias de la manera de ser cristiana, es decir, del modo de actuar de los  discípulos de Cristo, que tiene que ser superior y distinto al proceder legalista de “los letrados y  fariseos”.
  • Esta nueva manera de cumplir la Ley en su plenitud no se trata de una hermenéutica más perfecta de la letra de la Ley, sino de la interiorización de su espíritu.
  • Jesús no ha venido a abolir la ley, sino a llevarla a cabo, a darle ese “plus” que la hace superar como ley y mueve a la aceptación como elección interior.
  • La justicia de los escribas y fariseos se limitaba al cumplimiento de los artículos de la ley. La justicia que propone Jesús no depende de eso exclusivamente, sino del hecho de que la plenitud de los tiempos, la realización más plena del hombre se realizan en Cristo. Él es el intérprete definitivo de la ley nueva, al poner de relieve las exigencias profundas de la voluntad de Dios, que Él ha venido a cumplir y dar plenitud “hasta la última letra o tilde”. Sin quedarse en las minucias, nos enseña que para pertenecer al “reino” hay que vivir en fidelidad y coherencia total con la voluntad de Dios. Cristo establece un nuevo criterio de evaluación moral: la intención personal.
  • A través de contraposiciones Jesús expone claramente la diferencia que se da entre la Ley promulgada en el Antiguo Testamento y la  nueva Ley que Él ha venido a proclamar en nombre de Dios. La nueva Ley no supone  la abolición o supresión de la antigua, sino una superación en la línea de la profundidad.  Si la antigua Ley prohibía y castigaba sólo la acción externa, la Ley de Cristo  condena la actitud interior. Principio del formulario
  • El “plus” de la nueva ley pasa por el corazón que, movido por la fuerza del Espíritu, decide la actitud más verdadera y más radical. Esta es una exigencia superior a la de la ley, el “plus” con el que Cristo la completa y la lleva a la perfección. El verdadero cumplimiento de la Ley de Dios se da cuando está en juego la  responsabilidad y la libertad del hombre.
  • No basta no matar, es preciso no odiar. No basta no cometer adulterio, es preciso no desear la mujer de otro. No basta lavarse las manos antes de comer, hay que “purificar” el interior del hombre.
  • No basta levantar monumentos a los profetas, es necesario no hacerlos matar. No basta rezar sin cesar, se hace imprescindible tener fe en la bondad de Dios. No bastan los sacrificios, no sirven a nadie los actos de culto y la estricta observancia de los preceptos más insignificantes si no se pone en el primer lugar de la propia vida moral la justicia, la misericordia y la fe.
  • La ley viene impuesta al hombre desde el exterior. Jesús no se limitó a una espiritualización de la ley,  Él apunta a la voluntad, al corazón. Lo  “nuevo” que aporta Cristo es un más que no depende sólo del cumplimiento sino de la motivación del corazón del que brotan nuestras acciones. El “plus” está en Cristo que no sólo dice: “pero yo les digo” sino que lleva la delantera con su ejemplo amando a los enemigos, soportando el sufrimiento y la persecución, sirviendo como expresión concreta del amor. Se adelanta y se convierte en modelo de la fuerza de la ley, que posee la ley  suprema e interior del amor que nos viene como don del  Espíritu Santo.
  • Las palabras de Jesús invitan al cristiano a algo “más”, un “más” en la convivencia entre los hombres. No basta no matar el hermano, es imprescindible respetarlo, tomarlo en serio, no sentirse superior a él. Se puede matar con las palabras, con un juicio duro, con una actitud despectiva. Se puede matar al hermano relegándolo al aislamiento y a la marginación, apagando su entusiasmo y sus proyectos de bien, no permitiéndole expresarse libremente. No se puede cumplir con Dios si el hermano es deshonrado, porque Dios vive cada hermano que nos encontramos, especialmente en los más pobres, en los pequeños, en los humildes, en los despreciados.
  • Un “plus” en el amor y en la sinceridad. El amor del hombre y la mujer no son simplemente el deseo y búsqueda egoísta de su satisfacción. El amor es querer el bien del amado, es encuentro libre y liberador. Un amor verdadero se arraiga en la totalidad de la persona, se inscribe en la única corriente de amor que es Dios, un amor que dona al Hijo: un regalo total, porque Cristo ha dado su vida por nosotros; un amor que “ha prometido estar presente en aquellos que lo aman y en los corazones rectos y sinceros que conservan su palabra”.
  • Cristo da un “plus” a la ley judía que prohíbe la mentira dándole fuerza a la palabra y haciendo inútil el juramento. Las palabras están hechas para que nos permitan dar a conocer a los demás nuestros pensamientos, sentimientos, valores… nuestra interioridad. Engañar a los demás es no entender el signo de la palabra, convirtiéndola en un medio de la división y la confusión en vez de la claridad y la comunión.
  • Jesús nos pide una fe encarnada, una fe que se refleje en las actitudes individuales y colectivas, en las relaciones sociales, una fe que se refleje en el trabajo, en el sentido de la justicia, en el compromiso con los débiles, en el respeto al hombre, en la capacidad de diálogo y de comprensión, en la expulsión de la intolerancia, del insulto, de la agresividad, en la apertura a un amor centrado en Dios, capaz de resistir el desgaste del tiempo y de la desilusión.
  • Esta manera de creer es la sabiduría más alta, la sabiduría que no es de este mundo, como nos dice san Pablo. Como cristianos, estamos llamados a compartir y anunciar esta sabiduría del evangelio, en la que todos los hombres somos una sola familia en un solo mundo. Una fe arraigada en la vida que sea capaz de iluminar al mundo dándole sentido y llevándolo a experimentar que es posible que el hombre deje de ser enemigo del hombre para convertirse en hermano.

     

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Qué conversión me pide la palabra de este día?
  • ¿Escucho alguna invitación a crecer en libertad y verdad interior?
  • ¿Qué oración brota de mi corazón frente a la palabra recibida?

 

REPITAMOS Y VIVAMOS HOY LA PALABRA

 

Que venga tu Reino Señor

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

La Ley enraizada en nuestros corazones

 

En la Ley hay preceptos naturales que nos dan ya la santidad; incluso antes de dar Dios la Ley a Moisés, había hombres que observaban estos preceptos y quedaron justificados por su fe y fueron agradables a Dios. El Señor no abolió estos preceptos sino que los extendió y les dio plenitud. Eso es de lo que nos dan prueba sus palabras: «Se dijo a los antiguos: no cometerás adulterio. Pues yo os digo: el que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior.» Y también: «se dijo: no matarás. Pero yo os digo: todo el que esté peleado con su hermano sin motivo tendrá que comparecer ante el tribunal» (Mt 5,21s)… Y así todo lo que sigue. Todos estos preceptos no implican ni la contradicción ni la abolición de los precedentes, sino su cumplimiento y extensión. Tal como el mismo Señor dice: «Si no sois mejores que los letrados y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos (Mt, 5,20).

¿En qué consiste este ir más allá? Primeramente en creer no sólo en el Padre, sino también en el Hijo manifestado en lo sucesivo, porque él es quien conduce al hombre a la comunión y unión con Dios. Después, en no tan sólo decir, sino en hacer –porque «dicen pero no hacen» (Mt 23,3)- y guardarse, no sólo de cometer actos malos, sino también de desearlos. Con estas enseñanzas, él no contradecía a la Ley, sino que la llevaba a su cumplimiento, a su plenitud y ponía en nosotros la raíz de las prescripciones de la Ley… Prescribir, no sólo de abstenerse de los actos prohibidos por la Ley, sino incluso de su deseo, no es de alguien que contradice y adolece la Ley, sino el hecho de quien la cumple y extiende.

 

San Ireneo de Lión (hacia 130-hacia 208), obispo, teólogo y mártir – Contra las herejías IV, 13,3

 

PARA REZAR

 

Padre Nuestro Misionero

 

Padre nuestro que estás en el cielo

Creemos ¡oh Dios! que eres nuestro Padre porque nos lo ha revelado Jesús.

Pero hay una multitud de hombres que todavía ignoran el amor de tu corazón paternal y no saben rezarte la oración que tu mismo Hijo nos enseñó.

 

Santificado sea tu nombre

Padre, en tu nombre está encerrado el mensaje de tu amor y la historia de nuestra salvación. Anunciando a los pueblos tu paternidad, la Iglesia misionera te hace conocer a Ti y a tu enviado Jesucristo.

 

Venga a nosotros tu Reino

Porque sólo en tu Reino, llegamos a ser hijos tuyos y hermanos entre nosotros.

Tu Reino de paz, de fe y caridad implantan los misioneros en el corazón de la humanidad.

 

Hágase tu voluntad

Conocerte a Ti, reconocerte en Cristo y amarte en el Espíritu Santo es tu voluntad.

Sálvanos, Padre, para que podamos salvar a nuestros hermanos y se cumpla así el deseo de tu hijo: “que haya un sólo rebaño y un sólo pastor”.

 

Danos hoy nuestro pan de cada día

“No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” y este pan de tu palabra el mundo lo reclama. Envía predicadores de tu Evangelio para saciar a la multitud hambrienta y sedienta de justicia y amor.

 

Perdona nuestras ofensas

Porque hemos pensado poco en nuestro deber de llevar a los que no te conocen la fe que recibimos gratuitamente. Perdónanos, Señor, porque no comprendemos todavía, la grandeza de la misericordia hacia los más necesitados.

 

No nos dejes caer en la tentación

En la tentación de escandalizarnos, ni de desconfiar de tu providencia amorosa ante aquellos que o creen, después de dos mil años de la muerte en la cruz de tu Hijo por nosotros.

 

Líbranos del mal

Del mal de ser insensibles a las necesidades de los que aún no te conocen. De este mal de la indiferencia, líbranos, Señor.

 

Amén.

 

Lunes VI

 

¿Por qué esta generación pide un signo?

 

Principio de la carta del apóstol Santiago    1, 1-11

 

Santiago, servidor de Dios y del Señor Jesucristo, saluda a las doce tribus de la Dispersión.

Hermanos, alégrense profundamente cuando se vean sometidos a cualquier clase de pruebas, sabiendo que la fe, al ser probada, produce la paciencia. Y la paciencia debe ir acompañada de obras perfectas, a fin de que ustedes lleguen a la perfección y a la madurez, sin que les falte nada.

Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, que la pida a Dios, y la recibirá, porque él la da a todos generosamente, sin exigir nada en cambio. Pero que pida con fe, sin vacilar, porque el que vacila se parece a las olas del mar levantadas y agitadas por el viento. El que es así no espere recibir nada del Señor, ya que es un hombre interiormente dividido e inconstante en su manera de proceder.

Que el hermano de condición humilde se gloríe cuando es exaltado, y el rico se alegre cuando es humillado, porque pasará como una flor del campo: apenas sale el sol y calienta con fuerza, la hierba se seca, su flor se marchita y desaparece su hermosura. Lo mismo sucederá con el rico en sus empresas.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 118, 67-68. 71-72. 75-76 (R.: 77a)

 

R.    Que llegue hasta mí tu compasión, Señor, y viviré.

 

Antes de ser afligido, estaba descarriado;

pero ahora cumplo tu palabra.

Tú eres bueno y haces el bien:

enséñame tus mandamientos. R.

 

Me hizo bien sufrir la humillación,

porque así aprendí tus preceptos.

Para mí vale más la ley de tus labios

que todo el oro y la plata. R.

 

Yo sé que tus juicios son justos, Señor,

y que me has humillado con razón.

Que tu misericordia me consuele,

de acuerdo con la promesa que me hiciste. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Marcos    8, 11-13

 

En aquel tiempo:

Llegaron los fariseos, que comenzaron a discutir con él; y, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Jesús, suspirando profundamente, dijo: « ¿Por qué esta generación pide un signo? Les aseguro que no se le dará ningún signo.»

Y dejándolos, volvió a embarcarse hacia la otra orilla.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Empezamos hoy la lectura de la Carta de Santiago que nos acompañará durante dos semanas. Es la carta de un cristiano de origen judío, que, como los mejores fariseos, continúa siendo muy celoso de la Ley y de las obras. Se dirige a los cristianos convertidos del judaísmo y que ahora están esparcidos.
  • Es una exhortación sobre el estilo de vida que deben llevar los seguidores de Jesús. Saber aprovechar las pruebas de la vida porque nos van haciendo madurar en la fe y le dan temple a nuestro seguimiento de Cristo; dirigir con confianza y perseverancia nuestra oración a Dios; no estar orgullosos precisamente de las riquezas.
  • Son consignas concretas que sacuden el excesivo conformismo y son de evidente actualidad para nuestras comunidades. A diferencia de lo que este mundo insiste en decirnos, Santiago no titubea en afirmar que el de condición humilde tiene una «alta dignidad», mientras que la del rico es una «pobre condición».
  • Como predicador y no como hombre preocupado por cuestiones teóricas, anima a luchar contra la tentación. «La corona de la vida» se promete «al hombre que resiste la prueba» Santiago nos invita, en estos casos y cuando nos vienen las pruebas, a orar con fe, sin titubear.

***

  • Jesús hace milagros no para asombrar a la gente, sino para darles la gran noticia de su liberación total. Por eso los milagros siempre sacan al hombre: de la enfermedad, de la muerte, de la angustia.
  • Por otro lado la espiritualidad farisea insistía mucho sobre los aspectos triunfalistas del futuro Mesías. Por eso los fariseos le piden “que haga aparecer una señal en el cielo”, es decir, una demostración que obligue a los espectadores a obedecer al glorioso profeta que viene de parte de Dios. Exigen que Dios dé directamente una prueba de la mesianidad de Jesús. Todavía al pie de la cruz, le exigirán a Jesús que baje de ella para fundamentar con ese signo su misión.
  • Jesús se indigna porque esta generación reclama una señal. Es la misma tentación grave del desierto: “haz que estas piedras se conviertan en panes”… Jesús afirma que el poder salvífico de Dios no se manifestará a través de una exhibición esplendorosa. El signo es su misma vida, su entrega, su muerte y resurrección.
  • Muchos hoy piden “señales” a Dios para creer. Quieren un Cristo hecho a la medida de sus comodidades y placeres, un “súper Mesías” que sea capaz de cumplir con todos los caprichos y que les resuelva la vida a base de milagros y hechos prodigiosos. No existe ese Cristo. Pero Dios tiene sus caminos. No debemos olvidar nunca que nuestro Mesías, Jesús, el Hijo de Dios, se manifiesta de manera discreta en medio de nuestra vida y que ha escogido precisamente lo débil para confundir a los poderosos.
  • Jesús no acepta el reto de los fariseos, no les hace el juego, no se deja desafiar por sus exigencias. Jesús con sus actos siempre quiso demostrar cómo la entrega y el servicio, dentro de un marco de amor-misericordia, son los principales requisitos para llamarse seguidores suyos. La propuesta de Jesús exige vivir en continuo compromiso con la misericordia, lejos de todo orgullo, ambición de riquezas o de poder.
  • Mostró un Dios que acompaña y apoya a los débiles y necesitados. El signo verdadero será nuestra obediencia de hijos, en una vida vivida bajo la inspiración del Espíritu. Nuestra vida de hombres que aman, que hablan de perdón y perdonan; de hombres que llamamos “Papá” a Dios. Será signo, la vida entregada como la del Hijo Predilecto de Dios que llega hasta las últimas consecuencias del amor.
  • Debemos aprender a descubrir a Cristo presente en cosas tan sencillas y profundas como son la comunidad reunida y unida, la Palabra anunciada, el Pan y Vino de la Eucaristía, el signo del perdón, la comunidad eclesial pecadora pero que también es el Pueblo Santo de Dios, el prójimo débil, enfermo y hambriento. Esos son los signos para que lo reconozcamos presente en nuestra historia.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Pido signos?
  • ¿Cuál es mi actitud cuando los recibo?
  • ¿Si no los tengo, no creo?

 

REPITAMOS Y VIVAMOS HOY LA PALABRA

 

Quiero creer en tu Palabra

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…”Dios está en todas partes, está en todo, y sin él no podemos existir. Nunca he dudado de su existencia ni un solo instante, pero sé que algunos lo dudan. Aunque no creáis en Dios podéis ayudar a otros a través de actos inspirados por el amor, y el fruto de estas obras serán las gracias suplementarias que descenderán sobre vuestra alma. Entonces, empezaréis a abriros lentamente y aspiraréis al gozo de amar a Dios.

¡Hay tantas religiones! Cada una sigue a Dios a su manera. Yo, sigo el camino de Cristo: Jesús es mi Dios, Jesús es mi Esposo, Jesús es mi único amor, Jesús es mi Todo en todo, Jesús lo es todo para mí.

Es por esta razón que no tengo nunca miedo. Hago mi trabajo con Jesús, lo hago para él dedicándoselo; por eso los resultados son suyos, no míos. Si tenéis necesidad de un guía, no tenéis que hacer otra cosa que volver los ojos hacia Jesús. Debéis abandonaros a él y confiar enteramente en él. Cuando hacéis esto, se disipa la duda y os invade la certeza. Pero Jesús ha dicho: «Si no os hacéis como niños no podéis venir a mi» (Mt 18,3)…

 

Santa Teresa de Calcuta

 

PARA REZAR

 

Pidiendo fe

 

¡Oh Padre todo poderoso!

Tú que tienes en cuenta nuestra frágil condición humana

y lo muy dados que somos a olvidar aquello que nos obliga.

Señor misericordioso ya que somos poco diestros

para testimoniar el amor a Dios

y nada aventajados en la práctica de las virtudes,

te pedimos fe, porque sin fe la vida es insoportable Señor.

Si perdemos la dimensión espiritual y todo lo medimos y lo visualizamos ¿quién nos soportara en el momento de la prueba?

¿A quién levantaré los ojos en los momentos de dolor,

de soledad y de amargura? la fe es mi báculo,

apoyado en el no vacilare y así mis pies no tropezaran con las piedras.

Porque con fe Señor, me siento asido a Ti,

para abrazar con esperanza el dolor o la alegría,

el fracaso o el éxito.

Te lo pedimos por mediación de Nuestra Madre y Reina

tres Veces Admirable de Schoenstatt,

Madre de todas las gracias, mensajera del amor divino.

Padre nuestro, haz que tengamos una fe viva y constante

para creer en Aquel que Tú has enviado y poder ser obrero de tu mies,

por Jesucristo nuestro Señor que vive y reina

por los siglos de los siglos.

Amén.

 

Padre Kentenich

 

Martes VI

 

Cuídense de la mala levadura

 

Lectura de la carta del apóstol Santiago    1, 12-18

 

Queridos hermanos:

Feliz el hombre que soporta la prueba, porque después de haberla superado, recibirá la corona de Vida que el Señor prometió a los que lo aman.

Nadie, al ser tentado, diga que Dios lo tienta: Dios no puede ser tentado por el mal, ni tienta a nadie, sino que cada uno es tentado por su propia concupiscencia, que lo atrae y lo seduce. La concupiscencia es madre del pecado, y este, una vez cometido, engendra la muerte.

No se engañen, queridos hermanos. Todo lo que es bueno y perfecto es un don de lo alto y desciende del Padre de los astros luminosos, en quien no hay cambio ni sombra de declinación. El ha querido engendrarnos por su Palabra de verdad, para que seamos como las primicias de su creación.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 93, 12-13a. 14-15. 18-19 (R.: 12a)

 

R.    Feliz el que es educado por ti, Señor.

 

Feliz el que es educado por ti, Señor,

aquel a quien instruyes con tu ley,

para darle un descanso después de la adversidad. R.

 

Porque el Señor no abandona a su pueblo

ni deja desamparada a su herencia:

la justicia volverá a los tribunales

y los rectos de corazón la seguirán. R.

 

Cuando pienso que voy a resbalar,

tu misericordia, Señor, me sostiene;

cuando estoy cargado de preocupaciones,

tus consuelos me llenan de alegría. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    8, 13-21

 

Jesús, dejándolos, subió a la barca y se fue al otro lado del lago.   

Los discípulos se habían olvidado de llevar pan y no tenían más que un pan en la barca. Jesús les hacía esta recomendación: «Estén atentos, cuídense de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes.» Ellos discutían entre sí, porque no habían traído pan.

Jesús se dio cuenta y les dijo: « ¿A qué viene esa discusión porque no tienen pan? ¿Todavía no comprenden ni entienden? Ustedes tienen la mente enceguecida. Tienen ojos y no ven, oídos y no oyen. ¿No recuerdan cuántas canastas llenas de sobras recogieron, cuando repartí cinco panes entre cinco mil personas?»

Ellos le respondieron: «Doce.»

«Y cuando repartí siete panes entre cuatro mil personas, ¿cuántas canastas llenas de trozos recogieron?»

Ellos le respondieron: «Siete.»

Entonces Jesús les dijo: « ¿Todavía no comprenden?»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Dios quiere de nosotros los mejores frutos. De Dios sólo nos vienen dones y fuerza para que el Evangelio nos engendre a la vida nueva. Pero, así como el oro se acrisola en el fuego, así el discípulo se acrisola en la prueba y en la tentación.
  • Sin lugar a dudas somos frágiles e inclinados al mal; pero no podemos escudarnos en eso para justificar nuestras malas acciones. Dios nos ha dado su Espíritu para que en todo salgamos más que victoriosos.
  • Ante las tentaciones no podemos echar la culpa a Dios ni a ningún factor externo. Dios no tienta a nadie ni mueve a nadie al mal. Es parte de nuestra debilidad. Las tentaciones nos vienen de nosotros mismos: en la tentación nuestro propio deseo nos seduce. El deseo concibe y da a luz el pecado, y el pecado, cuando se comete, “engendra muerte”. Tenemos siempre delante la posibilidad de hacer el bien o el mal. Muchas veces tenemos las ideas claras pero pocas fuerzas y nos dejamos llevar por la tentación constante de hacer lo más fácil.
  • Pero podemos estar seguros que Dios nos sostiene y nos va educando a lo largo de toda nuestra vida, también a través de nuestras caídas. El que supera la prueba «recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que le aman».

***

  • Jesús va sacando enseñanzas de las cosas de la vida, aunque sus oyentes no acaben de entenderlo. Al subir en la barca, los discípulos se habían olvidado de llevar suficientes panes; por casualidad les quedaba un pequeño pedazo. Esta es la ocasión para que Jesús les dé una lección sobre la levadura que han de evitar.
  • La levadura es un elemento pequeño, sencillo, humilde, pero que puede hacer fermentar en bien o en mal a toda una masa de pan.
  • La fiesta de la pascua implicaba, entre otras cosas, el rito de comer panes no fermentados. Como la levadura tiene la función de fermentar, era considerada como signo y causa de corrupción.
  • Por eso, en la mentalidad judía, tiene una imagen negativa. Los rabinos veían en la levadura una fuerza maligna que predispone a las personas hacia al mal.
  • También tiene un sentido simbólico: una levadura buena o mala, dentro de una comunidad, la puede enriquecer o estropear. La metáfora de la levadura se aplicaba frecuentemente no a cualquier “corrupción” moral, sino muy concretamente al orgullo, a la soberbia, a la hipocresía.
  • En la misma línea están los herodianos, temerosos, que, con tal de obtener la supremacía de Israel, aceptan a un rey ilegítimo, no querido por Dios. Ambas ideologías corrompen el mensaje y llevan a la muerte. Los discípulos no entienden; a lo sumo creen que se trata de una llamada de atención por no haber llevado el alimento necesario. Sin embargo, el significado de aquellas palabras era más profundo.
  • Cuando Jesús pide a sus discípulos que “abran los ojos”, se opone a la actitud de los fariseos y herodianos, que han cerrado sus ojos ante Jesús de Nazaret y no descubren la verdadera señal revelada por Dios para que todos los hombres y pueblos tengan vida, y vida en abundancia. Sin embargo los dos grupos se habían puesto de acuerdo para intentar eliminar a Jesús. Los mismos discípulos tendrán que ser curados de su ceguera espiritual para reconocer quién es Jesús.
  • Para Jesús, su mesianismo no se trata de un modo para alcanzar el poder, sino de servir a la humanidad necesitada. Este es el único signo grandioso que se debe realizar en este mundo mientras se va proclamando la gran noticia del reino de Dios.
  • Necesitamos aprender a ver y a apreciar lo que en realidad es importante en todas nuestras situaciones de la vida y, sobre todo en el camino de la fe, no sea que estemos obstaculizando la búsqueda de otros. Necesitamos luz del Espíritu porque muchas veces vemos las cosas de una manera equivocada y no sabemos discernir entre las levaduras que encontramos en nuestro mundo y terminamos poniendo todas nuestras energías en cosas que son flor de un día.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Cuál es esa levadura mala que hay dentro de nosotros y que corrompe todo lo que miramos, decimos y hacemos?
  • ¿Sabemos discernir entre la buena y la mala levadura?
  • ¿Sabemos poner distancia de aquello que nos daña o daña la vida de nuestros hermanos?

 

REPITAMOS Y VIVAMOS HOY LA PALABRA

 

Señor, queremos ver y oír

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…”Si horadamos el velo, y si estamos vigilantes y atentos, Dios se nos revelará sin cesar, y gozaremos viendo su acción en todo lo que nos ocurre; a cada
nueva cosa diremos: «Dominus est, ¡es el Señor!» (Jn 21,7). Y nos encontraremos con que en todas las circunstancias recibimos un don de Dios.

Consideraremos a las criaturas como instrumentos muy débiles en las manos de un obrero todopoderoso; y reconoceremos fácilmente que nada nos falta, y que el continuo cuidado de Dios hacia nosotros le lleva a desistir,  a cada instante, de lo que nos conviene. Si tenemos fe acogeremos a gusto todas las criaturas; las acariciaremos, e interiormente les agradeceremos que, utilizadas por la mano de Dios, sirvan y favorezcan nuestra perfección. Si vivimos sin interrupción nuestra vida de fe, estaremos en continuo intercambio con Dios; le hablaremos boca a boca.

La fe es la intérprete de Dios: sin sus aclaraciones no se entiende nada del lenguaje de las criaturas. Es como una escritura hecha en cifras que no se ve más que confusión; es un montón de espinas de en medio de las cuales no sospechamos que Dios pueda hablar. Pero la fe nos hace ver, como a Moisés, el fuego de la caridad divina ardiendo en el corazón de estas espinas (Ex 3,2); la fe nos da la clave de estas cifras, y nos hace descubrir en la misma confusión las maravillas de la sabiduría que viene de lo alto. La fe da un rostro celeste a toda la tierra; es por ella que el corazón es transportado, radiante, para conversar en el cielo… La llave de estos tesoros, la llave del abismo, la llave de la ciencia de Dios”…

 

Jean-Pierre de Caussade

PARA REZAR

 

Ábrenos en este momento de oración

los ojos y los oídos del corazón,

para saber discernir

tus caminos en nuestras vidas,

y ser constructores de Vida Nueva. 
Danos la gracia de llegar a ser

aquello para lo que hemos nacido,

aquello para lo que nos has llamado.

Danos inteligencia para saber discernir tus llamadas.

Danos sabiduría para saber orientar nuestras respuestas.

Danos generosidad para saber ofrecernos con alegría.

 

Amén.

 

Miércoles VI

 

El ciego quedó curado, veía todo con claridad

 

Lectura de la carta del apóstol Santiago    1, 19-27

 

Tengan bien presente, hermanos muy queridos, que debemos estar dispuestos a escuchar y ser lentos para hablar y para enojarnos. La ira del hombre nunca realiza la justicia de Dios. Dejen de lado, entonces, toda impureza y todo resto de maldad, y reciban con docilidad la Palabra sembrada en ustedes, que es capaz de salvarlos.

Pongan en práctica la Palabra y no se contenten sólo con oírla, de manera que se engañen a ustedes mismos. El que oye la Palabra y no la practica, se parece a un hombre que se mira en el espejo, pero en seguida se va y se olvida de cómo es. En cambio, el que considera atentamente la Ley perfecta, que nos hace libres, y se aficiona a ella, no como un oyente distraído, sino como un verdadero cumplidor de la Ley, será feliz al practicarla.

Si alguien cree que es un hombre religioso, pero no domina su lengua, se engaña a sí mismo y su religiosidad es vacía. La religiosidad pura y sin mancha delante de Dios, nuestro Padre, consiste en ocuparse de los huérfanos y de las viudas cuando están necesitados, y en no contaminarse con el mundo.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO     Sal 14, 2-3b. 3c-4b. 5 (R.:1b)

 

R.    Señor, ¿quién habitará en tu santa Montaña?

 

El que procede rectamente

y practica la justicia;

el que dice la verdad de corazón

y no calumnia con su lengua. R.

 

El que no hace mal a su prójimo

ni agravia a su vecino,

el que no estima a quien Dios reprueba

y honra a los que temen al Señor. R.

 

El que no presta su dinero a usura

ni acepta soborno contra el inocente.

El que procede así, nunca vacilará. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    8, 22-26

 

Cuando llegaron a Betsaida, le trajeron a un ciego y le rogaban que lo tocara. El tomó al ciego de la mano y lo condujo a las afueras del pueblo. Después de ponerle saliva en los ojos e imponerle las manos, Jesús le preguntó: « ¿Ves algo?» El ciego, que comenzaba a ver, le respondió: «Veo hombres, como si fueran árboles que caminan.»

Jesús le puso nuevamente las manos sobre los ojos, y el hombre recuperó la vista. Así quedó curado y veía todo con claridad. Jesús lo mandó a su casa, diciéndole: «Ni siquiera entres en el pueblo.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • El fragmento de la carta que leemos hoy tiene su eje en «la palabra». La Palabra no es sólo una doctrina, una enseñanza, es una cierta Presencia de Dios para los que de veras la escuchan.
  • La palabra no es sólo la que se lee o escucha, sino que hunde sus raíces en el interior y en la vida del oyente, hasta el punto de mostrar desde dentro -como una semilla- su fuerza capaz de salvarlo.
  • Nos advierte además sobre el peligro de conformarnos con oírla, sin esforzarnos en practicarla, o contra la falsa idea de una religión que se contente con palabras, mientras que lo que agrada a Dios son las obras: ayudar al prójimo y no dejarse contaminar por las costumbres del mundo. La palabra enseña en qué radica «la justicia de Dios». De ahí también la exhortación a ser «lento para la ira», que incita al hombre a imponer su propia justicia olvidándose de la que proviene de Dios.
  • Es un programa para confrontar con lo que nos habituamos a hacer en nuestra vida.

    ***

  • Esta curación ha sido colocada a propósito en un contexto, en que se habla también de la ceguera de los fariseos y de los discípulos.
  • Jesús y sus discípulos llegaron a Betsaida. Le llevaron un ciego. Este será otro signo mesiánico de Jesús, los profetas ya habían anunciado que el Mesías haría ver a los ciegos.
  • La escena se presenta con la tonalidad de un ritual: lo saca de la aldea, llevándolo de la mano, le unta de saliva los ojos, el hombre empieza a ver, le impone las manos sobre los ojos por segunda vez, el ciego va recobrando poco a poco la vista, primero ve «hombres que parecen árboles» y luego puede ver con toda nitidez.
  • Según la tradición judía la saliva tenía poderes para expulsar demonios y curar enfermedades, sobre todo enfermedades de los ojos. Se pensaba que este poder curativo se debe a la relación de la saliva con la sangre, y a través de la boca, con la respiración, haciéndola por tanto, portadora de vida. Por eso colocar saliva sobre los ojos del ciego equivale simbólicamente a darles nueva vida. Luego viene la imposición de las manos que simboliza la fuerza curativa de Jesús. Con estos dos elementos se realiza el milagro.
  • A través de este milagro «por etapas», Marcos quiere apuntar simbólicamente al proceso gradual de conversión y visión que siguen los discípulos de Jesús. La fe no es una iluminación instantánea y para siempre, sino que, frecuentemente requiere un itinerario. Sólo lentamente, y con la ayuda de Jesús se puede ir madurando y viendo con ojos nuevos la realidad del reino en la historia de cada día.
  • Es un proceso que se inicia cuando nos encontramos con Jesús y va progresando en la medida que permanecemos en Él. La lejanía de Jesús nos hace ciegos: no somos capaces de ver la realidad desde la perspectiva salvadora de Dios; nos esclavizamos a las cosas del mundo y con mucha frecuencia tropezamos.
  • Nuestro camino también es gradual. No podemos exigir resultados instantáneos. Las intervenciones de Dios hoy son también pedagógicas, graduadas, pacientes, enriquecidas con una sabiduría que nosotros no conocemos ni comprendemos siempre.
  • El proyecto del Reino no fue, ni es, tan fácil de ser asumido. A pesar de tratar de llevar una vida cristiana, podemos ser ciegos espirituales que se han cerrado a los problemas del mundo; quedando insensibles ante los males y el sufrimiento de tantos hombres, que no ven el rostro de Cristo presente en la vida del mundo, ni los signos que Dios va dejando.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿A qué me invita esta palabra de hoy, de qué cegueras quiere liberarme?
  • ¿Dejo que el Señor intervenga en mi vida y la ilumine?
  • ¿Puedo hacer memoria agradecida de mi fe? ¿Cómo me dispongo para hacerla crecer?

 

REPITAMOS Y VIVAMOS HOY LA PALABRA

 

Quiero escuchar tu palabra Señor

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

“¿Acaso ves algo?”

 

Vi que Dios se regocija de ser nuestro padre, Dios se regocija de ser nuestra madre, Dios se regocija de ser nuestro verdadero esposo y de tener nuestra alma por su esposa muy amada. Cristo se regocija de ser nuestro hermano, Jesús se regocija de ser nuestro Salvador… Durante nuestra existencia, nosotros que vamos a ser salvados, conocemos una mezcla asombrosa del bien y el dolor. Tenemos en nosotros a nuestro Señor Jesucristo resucitado, y también la miseria y la malicia de la caída y de la muerte de Adán… Por la caída de Adán quedamos tan quebrantados que, por el pecado y por sufrimientos diversos, tenemos el sentimiento de estar en las tinieblas; ciegos, apenas podemos probar el menor consuelo.

Pero por nuestra voluntad, nuestro deseo, permanecemos en Dios y creemos con confianza en su misericordia y en su gracia; así es como actúa en nosotros. Por su bondad abre los ojos de nuestro entendimiento, que nos muestra a veces más, a veces menos, según la capacidad que nos concede. Unas veces nos eleva, y otras permite que caigamos. Esta mezcla es tan desconcertante que nos es difícil de saber, en cuanto a mí mismo o en cuanto a nuestros semejantes en Cristo, en qué camino estamos, tan cambiante es lo que sentimos.

Pero lo que cuenta es decirle un “sí” a Dios a pesar de lo que sentimos, queriendo estar verdaderamente con él, con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con todas nuestras fuerzas (Mc 12,30); entonces odiamos y despreciamos nuestro impulso al mal… Permanezcamos en esta disposición cada día de nuestra vida.

 

Juliana de Norwich – Dieciséis revelaciones del amor divino, cap. 52

 

PARA REZAR

 

Dios mío, creo firmemente

que tú puedes iluminar mi oscuridad,

que solamente tú puedes hacerlo.

Yo deseo, con todas mis fuerzas,

que se disipen mis tinieblas interiores.

Desconozco los caminos que has dispuesto para mí,

pero sé que tu poder y mi anhelo son razones suficientes

para pedirte lo que no puedes dejar de concederme.

Te prometo, desde ahora mismo, que,

ayudado por esta gracia que te estoy pidiendo,

abrazaré todo cuanto perciba como verdad cierta.

Y con tu auxilio, combatiré el peligro de engañarme

y dejarme llevar por lo que apetece a la naturaleza,

en contra de lo que la razón aprueba.


San John Henry Newman

 

Jueves VI

 

Tú eres el Mesías

 

Lectura de la carta del apóstol Santiago    2, 1-9

 

Hermanos, ustedes que creen en nuestro Señor Jesucristo glorificado, no hagan acepción de personas.

Supongamos que cuando están reunidos, entra un hombre con un anillo de oro y vestido elegantemente, y al mismo tiempo, entra otro pobremente vestido. Si ustedes se fijan en el que está muy bien vestido y le dicen: «Siéntate aquí, en el lugar de honor», y al pobre le dicen: «Quédate allí, de pie», o bien: «Siéntate a mis pies», ¿no están haciendo acaso distinciones entre ustedes y actuando como jueces malintencionados?

Escuchen, hermanos muy queridos: ¿Acaso Dios no ha elegido a los pobres de este mundo para enriquecerlos en la fe y hacerlos herederos del Reino que ha prometido a los que lo aman? Y sin embargo, ¡ustedes desprecian al pobre! ¿No son acaso los ricos los que los oprimen a ustedes y los hacen comparecer ante los tribunales? ¿No son ellos los que blasfeman contra el Nombre tan hermoso que ha sido pronunciado sobre ustedes?

Por lo tanto, si ustedes cumplen la Ley por excelencia que está en la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, proceden bien. Pero si hacen acepción de personas, cometen un pecado y son condenados por la Ley como transgresores.

 

Palabra de Dios

 

SALMO    Sal 33, 2-3. 4-5. 6-7 (R.: 7a)

 

R.    El pobre invocó al Señor, y él lo escuchó.

 

Bendeciré al Señor en todo tiempo,

su alabanza estará siempre en mis labios.

Mi alma se gloría en el Señor:

que lo oigan los humildes y se alegren. R.

 

Glorifiquen conmigo al Señor,

alabemos su Nombre todos juntos.

Busqué al Señor: él me respondió

y me libró de todos mis temores. R.

 

Miren hacia él y quedarán resplandecientes,

y sus rostros no se avergonzarán.

Este pobre hombre invocó al Señor:

él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    8, 27-33

 

Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: « ¿Quién dice la gente que soy yo?».

Ellos le respondieron: «Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas.»

«Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?»

Pedro respondió: «Tú eres el Mesías.» Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de él.

Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días; y les hablaba de esto con toda claridad.

Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo.    

Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo reprendió, diciendo: « ¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Santiago nos presenta otra página para que vayamos configurando nuestra conducta en un estilo cristiano. Esta vez, con un ejemplo tomado de la celebración litúrgica, toca el tema del diverso trato que se daba a un rico o a un pobre cuando venían a la reunión, poniendo sobre el tapete el tema de la acepción de personas.
  • Actuar con parcialidades va directamente en contra del mandamiento de “amar al prójimo como a uno mismo”. Santiago aprovecha la ocasión para mostrar su poca simpatía hacia los ricos.
  • No podemos hacer distinciones mientras Dios quiere a todos por igual haciendo salir el sol sobre buenos y malos. El Señor se ha hecho uno de nosotros, ha bajado hasta lo más profundo de nuestra miseria para liberarnos de ella. Se entregó por todos y sigue ofreciéndose a todos. Todos somos imagen de Dios.
  • Todos somos hermanos. Una persona, por rica o simpática que sea, no es más que otra. En todo caso, tanto la preferencia de Dios como la de Cristo iban a favor de los pobres y los que han tenido poca suerte en la vida. No precisamente de los ricos pagados de sí mismos.
  • Dios nos ha hecho ricos en la fe y herederos del Reino, por eso, la única «riqueza», la única «superioridad» verdadera es la fe.

***

  • De Betsaida, Jesús se dirige ahora con sus discípulos a Cesarea de Filipo, el territorio más septentrional de Palestina, distante aproximadamente unos 30 kilómetros. Los lleva a territorio pagano, donde los discípulos pueden estar más libres de la presión de su sociedad judía y en particular de los fariseos. La escena se sitúa “en el camino”.
  • El “camino” será una idea clave para Marcos. El camino hacia Jerusalén, que es camino de muerte y resurrección. El mismo camino que han de recorrer los discípulos y seguidores de Jesús. Jesús, que ha querido sacarlos de su ceguera, les exigirá tomar una postura clara frente a su persona.
  • En este camino se plantea un tema que viene perfilándose desde el comienzo del evangelio: la cuestión de la identidad de Jesús. Para esto, les plantea la pregunta: «¿Quién dice la gente que soy yo?». Ellos le contestaron: «Juan Bautista; otros, Elías; otros, en cambio, uno de los profetas».
  • La primera opinión recoge el sentir de mucha gente. La identificación con Juan el Bautista parecía ser algo común, pues ya Herodes había pensado lo mismo. La segunda recoge una antigua profecía de Malaquías y lo identifica con Elías el profeta precursor de la venida de Dios en los últimos tiempos que había sido arrebatado por Dios en un carro de fuego. La tercera toma la opinión de la gente que tiende a ver a Jesús como un profeta resucitado y misterioso.
  • Lo que verdaderamente le interesa a Jesús es la respuesta a la segunda pregunta: “Ustedes quien dicen que soy yo”. Es una pregunta intencional. Jesús quiere verificar si a partir de lo que han visto, escuchado y experimentado, pudieron descubrir su identidad.
  • Pedro, como de costumbre, reacciona con rapidez y responde con claridad: “Tú eres el Mesías”. La confesión de fe de Pedro es como una línea divisoria, que divide el evangelio de Marcos en dos grandes partes. En adelante, todo es un camino hacia la pasión, muerte y resurrección.
  • Para Pedro, Jesús no es un mesías secundario ni parcial, sino el auténtico Hijo de Dios aunque no termine de descubrir todo lo que esto significa. Jesús encarna un mesianismo particular que será la razón que tendrán las autoridades judías para sentenciarlo a muerte. Muchos esperaban un mesías sumo sacerdote o político triunfalista de la realeza de David, pero Jesús presenta un estilo de Mesías que despierta gran entusiasmo entre la muchedumbre, pero que no da respuesta a las expectativas nacionalistas y humanas de muchos.
  • Por este motivo, a pesar de la claridad de Pedro, para que no se queden en una espera mesiánica triunfalista Jesús comienza a enseñarles, que el Hijo del hombre tiene que padecer, ser rechazado, sufrir la muerte, y a los tres días resucitar.
  • Sin embargo, Pedro que había confesado a Jesús como mesías, no soporta la idea de la pasión. Porque siente un amor muy entrañable a Jesús, busca convencerlo para que no tome el camino de la cruz.
  • Si Pedro había sido alabado por su confesión mesiánica, ahora es reprendido por su incomprensión mesiánica. Lo llama Satanás porque está asumiendo un papel de “tentador” ya que el destino doloroso del Hijo del Hombre no puede ser comprendido como un designio de Dios ni la pasión y muerte como camino que conduce a la vida.
  • A pesar de esto, Jesús lo invita a seguirlo pidiéndole que se coloque detrás, porque su lugar es el de discípulo, la de seguidor del único maestro que es Él.

    Nosotros también creemos en Jesús como Hijo de Dios y Mestas. Seguramente nos consideramos entre los que han captado su identidad y lo seguimos. Pero sería bueno poder hacernos la misma pregunta que le hizo Jesús a Pedro para descubrir verdaderamente si en verdad aceptamos a Jesús en su totalidad, o seleccionamos aspectos según nuestro gusto o conveniencia.

  • Nosotros también sabemos y confesamos que es el Hijo de Dios, pero una cosa es saber y otra aceptar con coherencia su persona, su doctrina, sus exigencias y su estilo de vida que pasa por la cruz. La respuesta sólo la podremos dar desde la experiencia del silencio, de la oración y del amor al hermano. Es el camino de fe que recorre Pedro, y el que hemos de hacer también nosotros.
  • Muchas y diversas pueden ser nuestras cruces. Pero la que todos vivimos es la de la vida diaria, la de vivir nuestros deberes con amor aceptando lo que tengan de esfuerzo y sufrimiento; dándonos sin estar siempre esperando recibir algo a cambio.
  • Vamos madurando en la fe cuando lo aceptamos como Mesías, pero como «Mesías que va a entregar su vida». Aceptarlo es aceptarlo con su cruz, con su misterio pascual de muerte y resurrección. Es también reconocer ese camino para nuestra vida de seguidores suyos para que pueda obrar en nosotros la fuerza salvadora de la Pascua.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Qué le dice a mi vida que Jesús es el Mesías?
  • ¿En qué imagen de Jesús se apoya mi fe?
  • ¿Acepto que la salvación pasa por la cruz?

 

REPITAMOS Y VIVAMOS HOY LA PALABRA

 

Jesús, eres mi Mesías y mi Salvador

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…”Si es sólo un hombre y nada más, no es Jesucristo.

¿Quién es Cristo? Preguntémoselo al bienaventurado Pedro. Cuando se leyó ahora el evangelio, oísteis que, habiendo preguntado el mismo Señor Jesucristo quién decían los hombres que era él, el Hijo del hombre, los discípulos respondieron presentando las opiniones de la gente: Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas. Quienes esto decían o dicen no han visto en Jesucristo más que un hombre. Y si no han visto en Jesucristo más que un hombre, no hay duda de que no han conocido a Jesucristo. En efecto, si sólo es un hombre y nada más, no es Jesucristo.
Vosotros, pues, ¿quién decís que soy yo?, les preguntó. Respondió Pedro, uno por todos, porque en todos está la unidad: Tú eres Cristo, el Hijo de Dios vivo (Mt 16,13-16).

Aquí tienes la confesión verdadera y plena. Debes unir una y otra cosa: lo que Cristo dijo de sí y lo que Pedro dijo de Cristo. ¿Qué dijo Cristo de si? ¿Quién dicen los hombres que soy yo, el Hijo del hombre? Y ¿qué dice Pedro de Cristo? Tú eres Cristo, el Hijo de Dios vivo. Une las dos cosas y así viene Cristo en la carne. Cristo afirma de sí lo menor, y Pedro de Cristo lo mayor. La humildad habla de la verdad, y la verdad de la humildad; es decir, la humildad de la verdad de Dios, y la verdad de la humildad del hombre. ¿Quién -pregunta-dicen los hombres que soy yo, el Hijo del hombre? Yo os digo lo que me hice por vosotros; di tú, Pedro, quién es el que os hizo. Por tanto, quien confiesa que Cristo vino en la carne, automáticamente confiesa que el Hijo de Dios vino en la carne. Diga ahora el arriano si confiesa que Cristo vino en la carne. Si confiesa que el Hijo de Dios vino en la carne, entonces confiesa que Cristo vino en la carne. Si niega que Cristo es hijo de Dios, desconoce a Cristo; confunde a una persona con otra, no habla de la misma. ¿Qué es, pues, el Hijo de Dios? Como antes preguntábamos qué era Cristo y escuchamos que era el Hijo de Dios, preguntemos ahora qué es el Hijo de Dios. He aquí el Hijo de Dios: En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba en Dios y la Palabra era Dios (Jn 1,1)

 

San Agustín Sermón 183,3-4

 

PARA REZAR

 

Señor Jesús,

te buscamos a cada paso,

sabemos que eres el Mesías, el Hijo de Dios;

hemos puesto en ti la confianza,

por eso te pedimos que derrames en nosotros

la gracia de tu Espíritu Santo,

para superar cualquier miedo

que nos impida anunciar que

tú eres el Señor.

Señor,

te hemos reconocido como Señor

danos tu gracia y tu bendición

para vivir siendo tus discípulos

para anunciar con nuestros labios

la alegre noticia de tu Resurrección.   Que así sea.

 

Viernes VI

 

El que pierda su vida por mí la salvará

 

Lectura de la carta del apóstol Santiago    2, 14-24. 26

 

¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso esa fe puede salvarlo? ¿De qué sirve si uno de ustedes, al ver a un hermano o una hermana desnudos o sin el alimento necesario, les dice: «Vayan en paz, caliéntense y coman», y no les da lo que necesitan para su cuerpo? Lo mismo pasa con la fe: si no va acompañada de las obras, está completamente muerta.

Sin embargo, alguien puede objetar: «Uno tiene la fe y otro, las obras.» A ese habría que responderle: «Muéstrame, si puedes, tu fe sin las obras. Yo, en cambio, por medio de las obras, te demostraré mi fe.»

¿Tú crees que hay un solo Dios? Haces bien. Los demonios también creen, y sin embargo, tiemblan. ¿Quieres convencerte, hombre insensato, de que la fe sin obras es estéril?

¿Acaso nuestro padre Abraham no fue justificado por las obras, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿Ves como la fe no estaba separada de las obras, y por las obras alcanzó su perfección? Así se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó en Dios y esto le fue tenido en cuenta para su justificación, y fue llamado amigo de Dios.

Como ven, el hombre no es justificado sólo por la fe, sino también por las obras. De la misma manera que un cuerpo sin alma está muerto, así está muerta la fe sin las obras.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 111, 1-2. 3-4. 5-6 (R.: cf. 1)

 

R.    Feliz el hombre que se complace en los mandamientos del Señor.

 

Feliz el hombre que teme al Señor

y se complace en sus mandamientos.

Su descendencia será fuerte en la tierra:

la posteridad de los justos es bendecida. R.

 

En su casa habrá abundancia y riqueza,

su generosidad permanecerá para siempre.

Para los buenos brilla una luz en las tinieblas:

es el Bondadoso, el Compasivo y el Justo. R.

 

Dichoso el que se compadece y da prestado,

y administra sus negocios con rectitud.

El justo no vacilará jamás,

su recuerdo permanecerá para siempre. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    8, 34-9, 1

 

Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará.

¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde su vida?

¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?

Porque si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con sus santos ángeles.»

Y les decía: «Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de haber visto que el Reino de Dios ha llegado con poder.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Santiago hoy quiere que el discípulo tome conciencia de la incoherencia y falta de lógica de quien dice que tiene fe, pero no obra ni se comporta según lo que cree.
  • El autor del texto, que es un predicador y no un teólogo, no quiere que nos engañemos: Dios no se contenta con hermosos sentimientos. La “fe” que no se expresa nunca con obras es una fe muerta. El amor que no se expresa, siempre está a punto de morir, si es que no se ha muerto ya.
  • Santiago pasa de la fe a la caridad. La “práctica” de la fe, no consiste sólo en la piedad, consiste también y ante todo en “la verdadera caridad en nuestra vida cotidiana”.
  • Invita a una unidad en la existencia. Ni la piedad pasiva, ni la acción sin Dios son buenas. No son las obras las que salvan. El que salva es Dios. No conquistamos nuestra salvación, la recibimos por un don gratuito de Dios. Pero después de recibida, la fe no puede ser una adhesión teórica a unas verdades abstractas, debe expresarse por obras. Dios nos da la gracia, pero nosotros tenemos que cooperar y corresponderle.

***

  • El texto de hoy ocupa un lugar central dentro de todo el evangelio de Marcos, ya que aquí se define cómo debe realizarse el seguimiento a Jesús.
  • Para los primeros lectores de Marcos en Roma, un candidato al bautismo era a la vez candidato al martirio: ser cristiano implicaba un cierto peligro, y la decisión debía hacerse con pleno conocimiento de causa y con certeza que si Jesús invita a “sacrificar la vida”, es que también puede “salvarla”.
  • Jesús acaba de anunciar la “cruz para sí” e inmediatamente habla de la “cruz para los discípulos”. El único camino de la gloria es el de la cruz, tanto para sus discípulos como para él. Esto lo enseña no sólo a los doce, sino a la muchedumbre.
  • La identidad del cristiano está definida por el estilo de vida de Jesús: seguir e imitar… reproducir y estar en comunión: a ser otro Cristo…
  • Los hombres de todos los tiempos estamos continuamente tentados por la búsqueda de intereses que nos favorezcan, los seguidores de Jesús no son la excepción. Por eso, para que los discípulos tengan más claridad acerca de lo que significa el Reino, se hace necesario mostrar que el sacrificio de la cruz es inevitable.
  • El Evangelio es paradojal porque: quien “gana” pierde y quien “pierde” gana. No hay vida cristiana sin renuncia de sí mismo. La vida, siguiendo el evangelio, no es una vida acomodada. Seguir a Cristo comporta consecuencias. La renuncia y el sacrificio cristiano no son un fin en sí mismo. No es el dolor por el dolor o la renuncia por masoquismo: sino por amor, por coherencia, por solidaridad con Él y con la humanidad a la que queremos ayudar a salvar. Se renuncia para la vida y para dar vida.
  • Tomar la cruz e ir tras de Jesús es entender que el programa mesiánico lleva la entrega por el amor hasta el dolor y, por qué no, la muerte. Jesús habla con claridad, para que nadie se sienta engañado, el que quiera seguirlo tiene que estar dispuesto a negarse a sí mismo y tomar la cruz, a “perder su vida”.
  • Jesús no nos promete éxitos ni seguridades, ni prestigio social o riquezas, nos exige un estilo de vida con las renuncias y la cruz que implican hacernos, lo mismo que Él, solidarios con la humanidad para salvarla.
  • Creer en Jesús, ser su discípulo es más que saber cosas o responder a las preguntas del catecismo o de la teología: es una opción radical, es seguirlo existencialmente sin cálculos humanos. Lo que nos ofrece Jesús es un tesoro escondido, por el que vale la pena venderlo todo para poseerlo; un tesoro que no se mide con las medidas de este mundo. Nos negamos a toda búsqueda de intereses personales, a toda ambición de poder, dominio y gloria humana porque optamos por una entrega incondicional al trabajo por la vida y el bien de la humanidad.
  • Si nos tomamos el Evangelio de Jesús de verdad, se da un verdadero encuentro de fe y amor, que nos lleva a querer una vida semejante a la suya; y por lo tanto a comprometemos con la defensa de la justicia, de la verdad, de la paz, de la solidaridad, del amor, y tarde o temprano se nos complica la vida. Perder para ganar, morir para vivir no significa aniquilación de la vida; igual que el Hijo del hombre, este es el camino para alcanzar la plenitud de la vida.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿A qué realidades de mi vida identifico con la cruz?
  • ¿Rechazo la cruz, la soporto o la acepto?
  • ¿La experimento como un castigo o la puedo descubrir como camino salvador?

 

REPITAMOS Y VIVAMOS HOY LA PALABRA

 

Quiero aprender a llevar mi cruz

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…”El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. O lo que es lo mismo: El que quisiera ser discípulo mío que emprenda denodada-mente la misma carrera de sufrimientos que he seguido yo, recorra prácticamente el mismo camino y ámelo: ese tal hallará descanso en mi compañía y gozará de mi intimidad. Esto es efectivamente lo que él pedía para nosotros a Dios Padre, cuando decía: Este es mi deseo: que ellos estén conmigo, donde yo estoy.

Estamos también junto con Cristo de otra manera: cuando caminamos todavía sobre la tierra, pero vivimos no carnal, sino espiritualmente, estableciendo nuestra morada y nuestro descanso en lo que a él le agradare. En el libro de los Números tienes una imagen de esta realidad: Cuando se montó la tienda en el desierto, dice que la nube cubría el santuario; que Dios mandó a los hijos de Israel ponerse en marcha o acampar al ritmo de la nube, respetando diligentemente los tiempos establecidos para la partida. Con lo cual puso en guardia a los tentados de desidia sobre lo peligrosa que era la transgresión de estas normas.

Miremos de penetrar ahora el significado espiritual de esta figura. Tan pronto como se erigió y apareció sobre la tierra el realmente verdadero santuario, es decir, la Iglesia, quedó inundado por la gloria de Cristo, pues no otra cosa significa, a mi juicio, el dato según el cual aquel antiguo santuario fue cubierto por la nube.

Así pues, Cristo inundó la Iglesia con su gloria, con esta salvedad: para los que todavía viven en la ignorancia y el error, envueltos en las tinieblas y en la noche, esta gloria resplandece como fuego, irradiando una iluminación espiritual; en cambio, a los que ya han sido iluminados y en cuyos corazones ha amanecido el día espiritual les proporciona sombra y protección, y los inunda de rocío espiritual, esto es, de los sobrenaturales consuelos del Espíritu. Esto es lo que significa que de noche se aparece en forma de fuego y durante el día en forma de nube. Pues los que todavía eran niños necesitaban ser ilustrados e iluminados, a fin de llegar al conocimiento de Dios; otros, en cambio, situados en un estadio superior e iluminados ya por la fe, estaban faltos de protección y ayuda para soportar animosamente el calor de la presente vida y el peso de la jornada, pues: Todo el que se proponga vivir como buen cristiano será perseguido.

Por último, cuando se levantaba la nube, se ponía asimismo en marcha el santuario, y simultáneamente lo ha-cían los hijos de Israel: la Iglesia sigue a Cristo por doquier y la santa multitud de los creyentes jamás se aparta del que la llama a la salvación”…

 

San Cirilo de Alejandría,

Sobre la adoración en espíritu y en verdad (Lib. 5: PG 68, 391-395)

 

PARA REZAR

 

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.


 

Sábado VI

22 de Febrero

La Cátedra de San Pedro Apóstol (F)

 

Esto te lo ha revelado mi Padre que está en el cielo

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro    5, 1-4

 

Queridos hermanos:

Exhorto a los presbíteros que están entre ustedes, siendo yo presbítero como ellos y testigo de los sufrimientos de Cristo y copartícipe de la gloria que va a ser revelada. Apacienten el Rebaño de Dios, que les ha sido confiado; velen por él, no forzada, sino espontáneamente, como lo quiere Dios; no por un interés mezquino, sino con abnegación; no pretendiendo dominar a los que les han sido encomendados, sino siendo de corazón ejemplo para el Rebaño. Y cuando llegue el Jefe de los pastores, recibirán la corona imperecedera de gloria.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 22,1-6

 

R.    El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.

 

El Señor es mi pastor,

nada me puede faltar.

El me hace descansar en verdes praderas,

me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas:

me guía por el recto sendero, por amor de su nombre. R.

 

Aunque cruce por oscuras quebradas,

no temeré ningún mal,

porque Tú estás conmigo:

tu vara y tu bastón me infunden confianza. R.

 

Tú preparas ante mí una mesa,

frente a mis enemigos;

unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa. R.

 

Tu bondad y tu gracia me acompañan

a lo largo de mi vida;

y habitaré en la casa del Señor,

por muy largo tiempo. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    16, 13-19

 

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: « ¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?»

Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas.»

«Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?»

Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»

Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • La celebración de la Cátedra de San Pedro en este día, da a la liturgia la ocasión para colocarnos, en pleno camino cuaresmal, ante la Persona de Jesús y su Misterio. Hasta este momento, en el Evangelio han sido los otros quienes continuamente se han puesto interrogantes y proclamado lo que pensaban sobre la Persona de Jesús al ver sus signos y prodigios.
  • El paso a la parte pagana del lago tenía por objeto salir del territorio judío. Cesarea de Filipo era la capital del territorio gobernado por este tetrarca, hermano de Herodes Antipas. Para proponer a sus discípulos la cuestión de su identidad, Jesús los saca del territorio donde reina la concepción del Mesías davídico.
  • Ahora, Jesús mismo interroga a los discípulos para hacer brotar la respuesta de la fe. Después de contestar lo que la gente piensa, Pedro toma la palabra en nombre de todos. Pedro pertenece a la categoría de los sencillos, no a la de los sabios y entendidos, y ha recibido esa revelación que le permite reconocer al Nazareno como el Cristo, el Hijo de Dios, el Hijo amado del Padre, enviado al mundo para salvarnos. Pedro es admitido a participar en el secreto de Dios.
  • La revelación del Padre está ofrecida a todos, no es un privilegio de Pedro, pero sólo los “sencillos” están en disposición de recibirla. Los que reciben del Padre la revelación sobre Jesús son los que ven en Jesús la imagen del Padre, y los que reciben de Jesús la experiencia de Dios como Padre y pueden invocarlo como tal.
  • Simón Pedro, es el primero que profesa la fe en Jesús con una fórmula que describe perfectamente su ser y su misión por eso se constituye como el prototipo de todos los creyentes. Con éstos, Jesús construye la nueva sociedad humana, que tiene por fundamento inamovible esa fe. Apoyada en ese cimiento, la comunidad de Jesús podrá resistir todos los embates de las fuerzas enemigas, representadas por los perseguidores. Posibilita además el ofrecimiento de salvación, dando a los seres humanos la oportunidad que esperan y pueden, también, excluir a los que rechazan esa salvación.
  • En la fe de Pedro podemos entender las posibilidades que abre la fe a toda existencia creyente. Pedro a pesar de reconocer a Jesús como el Mesías esperado, no pudo sostener esta afirmación en todo momento de su vida, fue débil; sin embargo, a pesar de sus pecados, volvió al Señor y hoy podemos celebrar su Cátedra: su autoridad, concedida por Jesucristo y asentada en Roma como Pastor universal de la Iglesia.
  • En esta primera semana de Cuaresma, esta pregunta se dirige a nosotros para que podamos verificar hondamente la calidad de nuestra relación con Jesús, nuestra experiencia de su Misterio y nuestra respuesta. El Señor nos lleva a la región extranjera de nuestro corazón, a la de la pregunta y nos interroga amistosamente para hacer brotar de nuestro corazón una respuesta de fe más profunda y más comprometida.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Vivo mi fe enraizada en la fe de los apóstoles?
  • ¿Descubro la necesidad de compartir la fe que profeso?
  • ¿Experimento a la Iglesia como maestra en el camino de mi fe?

 

REPITAMOS Y VIVAMOS HOY LA PALABRA

 

El Señor es mi pastor

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

La Cátedra de San Pedro don de Cristo a su Iglesia

 

Queridos hermanos y hermanas:


La liturgia latina celebra hoy la fiesta de la Cátedra de San Pedro. Se trata de una tradición muy antigua, atestiguada en Roma desde el siglo IV, con la que se da gracias a Dios por la misión encomendada al apóstol san Pedro y a sus sucesores. La “cátedra”, literalmente, es la sede fija del obispo, puesta en la iglesia madre de una diócesis, que por eso se llama “catedral”, y es el símbolo de la autoridad del obispo, y en particular de su “magisterio”, es decir, de la enseñanza evangélica que, en cuanto sucesor de los Apóstoles, está llamado a conservar y transmitir a la comunidad cristiana. Cuando el obispo toma posesión de la Iglesia particular que le ha sido encomendada, llevando la mitra y el báculo pastoral, se sienta en la cátedra. Desde esa sede guiará, como maestro y pastor, el camino de los fieles en la fe, en la esperanza y en la caridad.

¿Cuál fue, por tanto, la “cátedra” de san Pedro? Elegido por Cristo como “roca” sobre la cual edificar la Iglesia (cf. Mt 16, 18), comenzó su ministerio en Jerusalén, después de la Ascensión del Señor y de Pentecostés. La primera “sede” de la Iglesia fue el Cenáculo, y es probable que en esa sala, donde también María, la Madre de Jesús, oró juntamente con los discípulos, a Simón Pedro le tuvieran reservado un puesto especial.

Sucesivamente, la sede de Pedro fue Antioquía, ciudad situada a orillas del río Oronte, en Siria (hoy en Turquía), en aquellos tiempos tercera metrópoli del imperio romano, después de Roma y Alejandría en Egipto. De esa ciudad, evangelizada por san Bernabé y san Pablo, donde “por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de cristianos” (Hch 11, 26), por tanto, donde nació el nombre de cristianos para nosotros, san Pedro fue el primer obispo, hasta el punto de que el Martirologio romano, antes de la reforma del calendario, preveía también una celebración específica de la Cátedra de San Pedro en Antioquía.

Desde allí la Providencia llevó a Pedro a Roma. Por tanto, tenemos el camino desde Jerusalén, Iglesia naciente, hasta Antioquía, primer centro de la Iglesia procedente de los paganos, y todavía unida con la Iglesia proveniente de los judíos. Luego Pedro se dirigió a Roma, centro del Imperio, símbolo del “Orbis” —la “Urbs” que expresa el “Orbis”, la tierra—, donde concluyó con el martirio su vida al servicio del Evangelio. Por eso, la sede de Roma, que había recibido el mayor honor, recogió también el oficio encomendado por Cristo a Pedro de estar al servicio de todas las Iglesias particulares para la edificación y la unidad de todo el pueblo de Dios.

Así, la sede de Roma, después de estas emigraciones de san Pedro, fue reconocida como la del sucesor de Pedro, y la “cátedra” de su obispo representó la del Apóstol encargado por Cristo de apacentar a todo su rebaño. Lo atestiguan los más antiguos Padres de la Iglesia, como por ejemplo san Ireneo, obispo de Lyon, pero que venía de Asia menor, el cual, en su tratado Contra las herejías, describe la Iglesia de Roma como “la más grande, más antigua y más conocida por todos, que la fundaron y establecieron los más gloriosos apóstoles Pedro y Pablo”; y añade:  “Con esta Iglesia, a causa de su origen más excelente, debe necesariamente estar de acuerdo toda la Iglesia, es decir, los fieles de todas partes” (III, 3, 2-3). A su vez, un poco más tarde, Tertuliano afirma: “¡Cuán feliz es esta Iglesia de Roma! Fueron los Apóstoles mismos quienes derramaron en ella, juntamente con su sangre, toda la doctrina” (La prescripción de los herejes, 36). Por tanto, la cátedra del Obispo de Roma representa no sólo su servicio a la comunidad romana, sino también su misión de guía de todo el pueblo de Dios.

Celebrar la “Cátedra” de san Pedro, como hacemos nosotros, significa, por consiguiente, atribuirle un fuerte significado espiritual y reconocer que es un signo privilegiado del amor de Dios, Pastor bueno y eterno, que quiere congregar a toda su Iglesia y guiarla por el camino de la salvación.

Entre los numerosos testimonios de los santos Padres, me complace recordar el de san Jerónimo, tomado de una de sus cartas, escrita al Obispo de Roma, particularmente interesante porque hace referencia explícita precisamente a la “cátedra” de Pedro, presentándola como fuente segura de verdad y de paz. Escribe así san Jerónimo: “He decidido consultar la cátedra de Pedro, donde se encuentra la fe que la boca de un Apóstol exaltó; vengo ahora a pedir un alimento para mi alma donde un tiempo fui revestido de Cristo. Yo no sigo un primado diferente del de Cristo; por eso, me pongo en comunión con tu beatitud, es decir, con la cátedra de Pedro. Sé que sobre esta piedra está edificada la iglesia” (Cartas I, 15,1-2.)

Queridos hermanos y hermanas, en el ábside de la basílica de San Pedro, como sabéis, se encuentra el monumento a la Cátedra del Apóstol, obra madura de Bernini, realizada en forma de gran trono de bronce, sostenido por las estatuas de cuatro doctores de la Iglesia, dos de Occidente, san Agustín y san Ambrosio, y dos de Oriente, san Juan Crisóstomo y san Atanasio. Os invito a deteneros ante esta obra tan sugestiva, que hoy se puede admirar decorada con muchas velas, para orar en particular por el ministerio que Dios me ha encomendado.

Elevando la mirada hacia la vidriera de alabastro que se encuentra exactamente sobre la Cátedra, invocad al Espíritu Santo para que sostenga siempre con su luz y su fuerza mi servicio diario a toda la Iglesia. Por esto, como por vuestra devota atención, os doy las gracias de corazón.

 

BENEDICTO XVI – AUDIENCIA GENERAL – Miércoles 22 de febrero de 2006

 

PARA REZAR


 

Creemos en Jesucristo, el hombre de Nazaret,

nuestro Señor crucificado y resucitado.
El vino a nosotros, compartió nuestra vida,

conquistó el pecado y la muerte y reconcilió
el mundo consigo mismo.

Derramó sobre nosotros su Santo Espíritu,

creando y renovando la Iglesia de Jesucristo,

uniendo en su alianza a los creyentes de todas las lenguas y razas.
Nos llamó a ser su Iglesia a aceptar

el costo y la alegría del discipulado,

a ser siervos en el servicio a los demás,

a proclamar el evangelio a todo el mundo

y resistir el poder del diablo,
a recibir el bautismo de Cristo y comer en su mesa,

a participar en su pasión y victoria.
El prometió a todos los que confían en él

el perdón de los pecados y la gracia plena,

coraje en la lucha por la justicia y la paz,

su presencia en la prueba y el gozo, y eterna vida en el
Reino que no tiene fin.

Bendición y honor, gloria y poder sean a Él.

Amén

Aportado por Equipo De Selah

 


 

TIEMPO DTE EL AÑO – SEMANA IV – CICLO A

TIEMPO DTE EL AÑO

Domingo IV

Ciclo A

 

 

Lunes IV

 

 

Martes IV

 

 

Miércoles IV

 

 

Jueves IV

 

 

Viernes IV

 

 

Sábado IV

 

TIEMPO DTE EL AÑO

Domingo IV

Ciclo A

 

La Presentación del Señor (F)

 

Mis ojos han visto la salvación

 

PRIMERA LECTURA

Lectura de la profecía de Malaquías    3, 1-4

 

Así habla el Señor Dios.

Yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino delante de mí. Y en seguida entrará en su Templo el Señor que ustedes buscan; y el Ángel de la alianza que ustedes desean ya viene, dice el Señor de los ejércitos.

¿Quién podrá soportar el Día de su venida? ¿Quién permanecerá de pie cuando aparezca? Porque él es como el fuego del fundidor y como la lejía de los lavanderos. El se sentará para fundir y purificar: purificará a los hijos de Leví y los depurará como al oro y la plata; y ellos serán para el Señor los que presentan la ofrenda conforme a la justicia.

La ofrenda de Judá y de Jerusalén será agradable al Señor, como en los tiempos pasados, como en los primeros años.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 23, 7. 8. 9. 10 (R.: 10b)

 

R.    El Rey de la gloria es el Señor de los ejércitos.

 

¡Puertas, levanten sus dinteles,

levántense, puertas eternas,

para que entre el Rey de la gloria! R.

 

¡Y quién es ese Rey de la gloria?

Es el Señor, el fuerte, el poderoso,

el Señor poderoso en los combates. R.

 

¡Puertas, levanten sus dinteles,

levántense, puertas eternas,

para que entre el Rey de la gloria! R.

 

¿Y quién es ese Rey de la gloria?

El Rey de la gloria es

el Señor de los ejércitos. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta a los Hebreos    2, 14-18

 

Ya que los hijos tienen una misma sangre y una misma carne, él también debía participar de esa condición, para reducir a la impotencia, mediante su muerte, a aquel que tenía el dominio de la muerte, es decir, al demonio, y liberar de este modo a todos los que vivían completamente esclavizados por el temor de la muerte.

Porque él no vino para socorrer a los ángeles, sino a los descendientes de Abraham. En consecuencia, debió hacerse semejante en todo a sus hermanos, para llegar a ser un Sumo Sacerdote misericordioso y fiel en el servicio de Dios, a fin de expiar los pecados del pueblo.

Y por haber experimentado personalmente la prueba y el sufrimiento, él puede ayudar a aquellos que están sometidos a la prueba.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    2, 22-40

 

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:

«Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel.»

Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos.»

Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.

 

Palabra del Señor.

 

O bien más breve:

 

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    2, 22-32

 

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:

«Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel.»

 

Palabra del Señor.

 

 

COMENTARIO SOBRE LA FIESTA

 

A esta fiesta se la llamaba antes del Concilio: la Candelaria o Fiesta de la Purificación de la Virgen. Venía considerada como una de las fiestas importantes de Nuestra Señora. Lo más llamativo era la procesión de las candelas. De ahí el nombre de <Candelaria>.

Esta fiesta había sido importada de Oriente. Su nombre original -hypapante-, de origen griego, así lo indica. Esa palabra, que significa <encuentro>, nos desvela el sentido original de esa fiesta: es la celebración del encuentro con el Señor, de su presentación en el templo y de la manifestación del día cuarenta. Los más antiguos libros litúrgicos romanos aún siguieron conservando durante algún tiempo el nombre original griego para denominar esta fiesta.

El nombre de fiesta de la Purificación de María, recordaba la prescripción de Moisés, que leemos en levítico 12, 1-8. Con la reforma del Concilio Vaticano II se le cambió de nombre, poniendo al centro del acontecimiento al Niño Dios, que es presentado al Templo, conforme a la prescripción que leemos en Ex 13, 1-12. Naturalmente, con el cambio del nombre no se quiso borrar la presencia de María, sino ponerla en segundo lugar, después del Señor. El Evangelio de San Lucas (2, 22-38) funde dos prescripciones legales distintas: la purificación de la Madre y la consagración del primogénito.

En esta celebración la Iglesia da mayor realce al ofrecimiento que María y José hacen de Jesús. Ellos reconocen que este niño es propiedad de Dios y salvación para todos los pueblos.

La bendición de las velas es un símbolo de la luz de Cristo que los asistentes se llevan consigo. Prender estas velas en algunos momentos particulares de la vida, no tiene que interpretarse como un fenómeno mágico, sino como un ponerse simbólicamente ante la luz de Cristo que disipa las tinieblas del pecado y de la muerte.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Jesús se hace solidario de nuestras debilidades, dolores y angustias; él es de nuestra “carne y sangre”, hermano nuestro, y por eso su muerte y sus dolores nos salvan y liberan.
  • El proyecto salvador de Dios se encarna en una historia concreta. Toda madre, al tener un hijo, quedaba legalmente “impura”, y tenía que ser declarada “pura” en el templo por un sacerdote María, como hacían todas las mujeres israelitas, va a cumplir los ritos de la purificación, obligatorios para las que acababan de dar a luz.
  • Además, todo primogénito pertenecía a Dios. Los primeros nacidos de los animales eran sacrificados; el primer hijo de cada familia era rescatado por medio de una ofrenda. La ofrenda que presentan los padres de Jesús para rescatarlo es la de los pobres: “un par de tórtolas o dos pichones”. Los ricos presentaban animales más grandes y más caros.
  • Para María, la presentación y ofrenda de su hijo fue un acto de ofrecimiento verdadero y consciente. Significaba que ella ofrecía a su hijo para la obra de la redención con la que Él estaba comprometido desde un principio. Ella renunciaba a sus derechos maternales y a toda pretensión sobre Él; y lo ofrecía a la voluntad del Padre.
  • También, al poner María a su hijo en los brazos de Simeón queda simbolizado que ella no lo ofrece exclusivamente al Padre, sino también al mundo, representado por aquel anciano.
  • Simeón es un profeta; el Espíritu Santo actúa y abre los ojos de este anciano, que descubre en el hijo de María “el consuelo de Israel”. Iluminado por el mismo Espíritu intuye, a través de los signos de pobreza, la gran realidad presente en Jesús: la salvación y liberación de Israel. También está allí la anciana Ana: mujer llena de verdadera religiosidad que esperaba que todo cambiara un día. Ella alaba a Dios y habla a todos de aquel Niño, que es la liberación de Israel y de todas las naciones.
  • El cántico que se coloca en boca de Simeón habla de Jesús como el “Salvador” para “todos los pueblos”, “luz” de “las naciones” y “gloria de Israel”. El pequeño hijo de María llegará a ser el salvador del mundo, el mensajero de la buena noticia para todos, el hacedor de la paz mesiánica que procede de Dios. Solamente que el camino no será fácil; las palabras de Simeón dirigidas a María anticipan el rechazo que sufrirá Jesús por parte de las autoridades de su pueblo, la contradicción de su mensaje con los poderes de la ambición, el orgullo y la guerra. La espada que atravesará el alma de María simboliza su participación en el destino de su Hijo. Destino de salvación para los pueblos, pasando por el dolor y la muerte a la gloria de la resurrección.
  • El amor de Dios es, sobre todo, liberador: hace personas libres, por eso Jesús es la “luz” que no sólo ayuda a caminar, sino la luz que salva, que guía por un camino que conduce a la vida. Por eso se llama “Salvador”.
  • Es “gloria”. En lenguaje bíblico significa la manifestación del mismo Dios. Jesús es la “gloria de Israel”, porque es la máxima manifestación del amor de Dios por su pueblo. El Niño provocará la caída de unos y la elevación de otros; unos avanzarán con El hacia la plena liberación, otros se hundirán en egoísmos y conformismos estériles. La vida de Jesús dará fe de ello. Y la historia, hasta hoy, también.
  • Dios ha dicho su última palabra en Jesús; y el Hijo de Dios dará su respuesta en la cruz. La victoria del Mesías nacerá de su derrota. La vida llega por la muerte y en ese camino quedan al descubierto los pensamientos y los intereses de muchos corazones. La decisión que se tome ante la señal que es Jesús, descubre las profundidades ocultas de los sentimientos humanos, lo que hay dentro de cada corazón.
  • Ser creyente es ser peregrino, caminar en la incertidumbre y en la inseguridad, caminar de sorpresa en sorpresa. El amor de Dios es exigente, siempre está empujando para que los hombres crezcamos y maduremos. Pero también es luz, se hace claridad en el andar.
  • Los cristianos, que celebramos la fiesta de la presentación de Jesús en el Templo, tenemos una llamada a asumir nuestro compromiso de fe: recibir a Jesús en nuestras vidas con la alegría y la esperanza con que lo recibieron Simeón y Ana, aunque esto signifique dejar de lado el orgullo, vencer el egoísmo para poder abrirnos al amor y a la misericordia que Jesús nos trae. Y habiendo sido iluminados por Jesús, presentarlo a los demás, como María y José, sabiendo que Él es salvación, luz y paz para todos.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Anhelo el encuentro con Jesús y su salvación?

  • ¿Busco momentos para salir a su encuentro?

  • ¿Soy luz delante de mis hermanos?

 

REPITAMOS Y VIVAMOS HOY LA PALABRA

 

El Señor es el Rey de la Gloria

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

«Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios»

 

«Tened en las manos las lámparas encendidas» (Lc 12,35). A través de este signo visible, demos muestras del gozo que compartimos con Simeón llevando en sus manos la luz del mundo… Seamos ardorosos por nuestra devoción y resplandecientes por nuestras obras, y junto con Simeón llevaremos a Cristo en nuestras manos… La Iglesia tiene hoy la costumbre tan bella de hacernos llevar cirios… ¿Quién es que hoy, teniendo en su mano la antorcha encendida no se acuerda del bienaventurado anciano? En este día tomó a Jesús en sus brazos, el Verbo presente en la carne, como lo es la luz en el cirio, dando testimonio de que era «la luz destinada para iluminar a las naciones». Ciertamente que el mismo Simeón era «una lámpara ardiente y luminosa» dando testimonio de la luz (Jn 5,35; 1,7). Es para eso que, conducido por el Espíritu Santo del que estaba lleno, fue al Templo «para recibir, oh Dios, tu misericordia en medio de tu Templo» (Sl 47,10) y proclamar que ella era la misericordia y la luz de tu pueblo.

Oh anciano irradiando paz, no sólo llevabas la luz en tus manos sino que estabas penetrado de ella. Estabas tan iluminado por Cristo que veías por adelantado cómo él iluminaría a las naciones…, cómo estallaría hoy el resplandor de nuestra fe. Alégrate ahora, santo anciano; hoy ves lo que tú habías previsto: las tinieblas del mundo se han disipado; «las naciones caminan a su luz»; «toda la tierra está llena de tu gloria» (Is 60,3; 6,3).

 

Comentario del Evangelio por Beato Guerrico de Igny (hacia 1080-1157), abad cisterciense – 1er sermón para la Purificación

 

PARA REZAR

 

Oración a Nuestra Señora de la Candelaria

 

Nuestra Señora de la Candelaria,

Madre de la Luz, un día en el Templo

nos mostraste a Jesús, nuestro Salvador.

Hoy venimos a Vos,

nosotros que muchas veces caminamos en tinieblas

porque sabemos que seguís mostrándolo

a todo hombre que abre su corazón.

Danos la luz de la Fe que nos ayude

a seguir los pasos de tu Hijo.

Danos la luz de la Esperanza para vivir

el Evangelio a pesar de las dificultades.

Danos la luz del Amor para reconocer y servir

a Cristo que vive en los hermanos.

Danos la luz de la Verdad para descubrir

el mal que nos esclaviza y rechazarlo.

Danos la luz de la Alegría para ser testigos

de la Vida Nueva que Dios nos ofrece.

Madre buena de la Luz, tomanos de la mano,

iluminá nuestro camino, mostranos a Jesús.

Así sea.

 

 

Lunes IV

 

Espíritu inmundo sal de este hombre

 

Lectura de la segunda carta de Samuel
2 Sam 15,13-14.30; 16,5-13a

 

En aquellos días, uno llevó esta noticia a David: “Los israelitas se han puesto de parte de Absalón.” Entonces David dijo a los cortesanos que estaban con él en Jerusalén: “¡Ea, huyamos! Que, si se presenta Absalón, no nos dejará escapar. Salgamos a toda prisa, no sea que él se adelante, nos alcance y precipite la ruina sobre nosotros, y pase a cuchillo la población.” David subió la Cuesta de los Olivos; la subió llorando, la cabeza cubierta y los pies descalzos. Y todos sus compañeros llevaban cubierta la cabeza y subían llorando. Al llegar el rey David a Bajurín, salió de allí uno de la familia de Saúl, llamado Semeí, hijo de Guerá, insultándolo según venía. Y empezó a tirar piedras a David y a sus cortesanos -toda la gente y los militares iban a derecha e izquierda del rey-, y le maldecía: “¡Vete, vete, asesino, canalla! El Señor te paga la matanza de la familia de Saúl, cuyo trono has usurpado. El Señor ha entregado el reino a tu hijo Absalón, mientras tú has caído en desgracia, porque eres un asesino.”

Abisay, hijo de Seruyá, dijo al rey: “Ese perro muerto, ¿se pone a maldecir a mi señor? ¡Déjame ir allá, y le corto la cabeza!” Pero el rey dijo: “¡No os metáis en mis asuntos, hijos de Seruyá! Déjale que maldiga, que, si el Señor le ha mandado que maldiga a David, ¿quién va a pedirle cuentas?” Luego dijo David a Abisay y a todos sus cortesanos: “Ya veis. Un hijo mío, salido de mis entrañas, intenta matarme, ¡y os extraña ese benjaminita! Dejadlo que me maldiga, porque se lo ha mandado el Señor. Quizás el Señor se fije en mi humillación y me pague con bendiciones estas maldiciones de hoy.” David y los suyos siguieron su camino.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 3, 2-3. 4-5. 6-8a

 

R: Levántate, Señor, sálvame.

 

Señor, cuántos son mis enemigos,

cuántos se levantan contra mí;

cuántos dicen de mí:

“Ya no lo protege Dios.” R.

 

Pero tú, Señor, eres mi escudo y mi gloria,

tú mantienes alta mi cabeza.

Si grito, invocando al Señor,

él me escucha desde su monte santo. R.

 

Puedo acostarme y dormir y despertar:

El Señor me sostiene.

No temeré al pueblo innumerable

que acampa a mi alrededor. R.

    

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Marcos    5, 1-20

 

Jesús y sus discípulos llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos. Apenas Jesús desembarcó, le salió al encuentro desde el cementerio un hombre poseído por un espíritu impuro. El habitaba en los sepulcros, y nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas. Muchas veces lo habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarlo. Día y noche, vagaba entre los sepulcros y por la montaña, dando alaridos e hiriéndose con piedras.

Al ver de lejos a Jesús, vino corriendo a postrarse ante él, gritando con fuerza: « ¿Qué quieres de mí, Jesús, Hijo de Dios, el Altísimo? ¡Te conjuro por Dios, no me atormentes!» Porque Jesús le había dicho: « ¡Sal de este hombre, espíritu impuro!» Después le preguntó: « ¿Cuál es tu nombre?» El respondió: «Mi nombre es Legión, porque somos muchos.» Y le rogaba con insistencia que no lo expulsara de aquella región.

Había allí una gran piara de cerdos que estaba paciendo en la montaña. Los espíritus impuros suplicaron a Jesús: «Envíanos a los cerdos, para que entremos en ellos.» El se lo permitió. Entonces los espíritus impuros salieron de aquel hombre, entraron en los cerdos, y desde lo alto del acantilado, toda la piara -unos dos mil animales- se precipitó al mar y se ahogó.

Los cuidadores huyeron y difundieron la noticia en la ciudad y en los poblados. La gente fue a ver qué había sucedido. Cuando llegaron adonde estaba Jesús, vieron sentado, vestido y en su sano juicio, al que había estado poseído por aquella Legión, y se llenaron de temor. Los testigos del hecho les contaron lo que había sucedido con el endemoniado y con los cerdos. Entonces empezaron a pedir a Jesús que se alejara de su territorio.

En el momento de embarcarse, el hombre que había estado endemoniado le pidió que lo dejara quedarse con él. Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: «Vete a tu casa con tu familia, y anúnciales todo lo que el Señor hizo contigo al compadecerse de ti.» El hombre se fue y comenzó a proclamar por la región de la Decápolis lo que Jesús había hecho por él, y todos quedaban admirados.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • La historia de David se ensombrece. En el reino del Norte lo siguen considerando un «usurpador» en contra de la familia de Saúl. Su propio hijo Absalón -quizá por haberse visto postergado por Salomón, el hijo de Betsabé-, se rebela contra su padre y se hace coronar rey, siguiéndolo gran parte del pueblo.
  • La escena es dramática. David descalzo, la cabeza cubierta, subiendo entre lágrimas por la cuesta de los Olivos, huyendo de su hijo para evitar más derramamiento de sangre. Soportando humildemente las maldiciones de Semeí, uno de los seguidores de la dinastía de Saúl, que aprovecha la ocasión para desahogarse y soltar en cara a David todos los agravios que lleva archivados contra él: “Dejadle que me maldiga, si el Señor se lo ha mandado… Acaso el Señor mire mi aflicción y me devuelva el bien por esta maldición”.
  • Estos libros históricos interpretan siempre las desgracias y fracasos como consecuencia del pecado. David se siente rodeado de enemigos -como expresa el salmo- pero él a su vez había sido protagonista activo de intrigas y violencias anteriores. El libro no ahorra el relato de sus debilidades.
  • La figura de David, nos recuerda precisamente en el Huerto de los Olivos, la de Jesús; en los momentos dramáticos de su crisis ante la muerte. También él con lágrimas, abatimiento y sudor de sangre, tuvo que soportar el abandono, la traición, la negación de los suyos. Esta vez con absoluta injusticia, porque en Él sí que no había habido engaño ni malicia.

    ***

    • Jesús llega a la región de los gerasenos, o sea, a un territorio pagano, por lo tanto, impuro. Lejos del poblado, entre los sepulcros, vive un hombre poseído por el espíritu maligno. La sociedad lo ha marginado: la forma más rápida de resolver el problema es encerrar al enfermo para que no moleste.
    • Jesús se acerca a los que la sociedad ha apartado. Es un pobre hombre desquiciado, privado de sus facultades mentales, que no es dueño de sí mismo y se ha convertido en su propio enemigo. Cristo ha venido a combatir el mal que divide al hombre en lo más profundo de sí mismo y lo empuja contra sí mismo.
    • El encuentro con Jesús, la llegada del Reino, no es únicamente una curación, sino una verdadera liberación, un encontrarse a sí mismo, una reconquista de la propia vida. De un ser dividido e insociable, Jesús ha hecho un hombre dueño de sí mismo, lo ha convertido en un hermano.
    • Los gerasenos a pesar de admirarse de la curación cuando se enteran de que los cerdos se han precipitado en el lago invitan a Jesús alejarse de su territorio. Es demasiado el precio que han tenido que pagar por la liberación de un hombre. La vida de este hombre vale menos que una piara de puercos. Para Jesús, conducir a un hombre a su liberación, tiene un valor mucho más alto que cualquier otra cosa.
    • Luego, el hombre que había tenido el espíritu malo le pidió que lo dejara ir con Él, pero Jesús no se lo permitió. En cambio, lo enviará a su casa con la misión de manifestar a sus compatriotas la misericordia divina que él acaba de experimentar. Era la primera vez que se anunciaba la Buena Noticia en tierra de gentiles.
    • Las fuerzas del mal atacan al hombre, lo desvían de su ruta normal, le impiden realizar su camino humano y cristiano: realizarse como hombre y como hijo de Dios. El pecado siempre es antihumano aun cuando tome la apariencia de ser su placer o su bien.
    • Desde la muerte y resurrección de Jesús el demonio ya no tiene poder sobre el hombre. Solamente el poder que el hombre mismo le concede. Aquí está la buena nueva: las miles de pasiones que lo deformaban, la legión de demonios que lo habitaban, han sido vencidos. Jesús es más fuerte que las fuerzas maléficas del hombre.
    • Todos necesitamos ser liberados de la legión de malas tendencias que experimentamos: orgullo, sensualidad, ambición, envidia, egoísmo, violencia, intolerancia, avaricia, miedo. Una vez liberados, el Señor nos enseña que seguirlo. También es saber quedarse allí donde estamos, dando testimonio de las maravillas que puede obrar el Señor si le damos paso en nuestra vida.
    • El endemoniado geraseno, es como un prototipo de tantos hermanos nuestros, excluidos de la vida social, comunitaria, por algún estigma llamado: enfermedad, pobreza, ignorancia, absoluta miseria, otra raza, otra lengua, por ejercer algún oficio que consideramos sucio, por tener que ganarse la vida indignamente, en la mendicidad, o revolviendo la basura de nuestras calles. Pero Jesús los ama y quiere liberarlos. Todas las imágenes que nos presenta este texto nos dejan adivinar la importancia del gesto misionero que hace Jesús: liberar al hombre cualquiera sea su degradación.
    • La Iglesia ha recibido la misión de continuar este poder liberador, la lucha y la victoria contra todo mal. El hombre no evangelizado es un hombre “encadenado”, no libre. Para liberar la Iglesia tiene que anunciar la Buena Nueva y comunicar la vida de Cristo. El evangelio nos muestra el modo: salir a la periferia, acercarnos a toda realidad, no anteponer ningún valor material al valor de la vida, escuchar el clamor del sufriente y desde un vínculo basado en el amor, auténticamente evangélico, ayudarlo a recuperar la unidad perdida y la dignidad.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Hay en mí algunos sectores que hay que liberar?
  • ¿De veras queremos ser salvados?
  • ¿Vamos hacia todos aquellos que esperan aún su liberación aunque no estén en el medio cristiano?

 

REPITAMOS Y VIVAMOS HOY LA PALABRA

 

Llevo tu Buena Nueva Señor

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

«Espíritu inmundo, sal de este hombre»

 

El hecho del poder del mal en el corazón humano y en la humanidad es innegable. La pregunta permanece: ¿cómo explicar este mal? La fe nos dice que existen dos misterios de luz y un misterio de noche, el cual, sin embargo, se encuentra envuelto por los misterios de luz. El primer misterio de luz es éste: la fe nos dice que no hay dos principios, uno bueno y el otro malo, sino un único principio: Dios creador, y este principio es bueno, es sólo bueno, sin sombra alguna de mal. Por eso el ser no puede ser una mezcla de bien y de mal: el ser, como tal, es bueno, y por ello pues, es bueno ser, es bueno vivir. Este es el gozoso anuncio de la fe: no hay más que una sola fuente, buena, el Creador…

Viene después un misterio de oscuridad, de noche. El mal no proviene de la fuente misma del ser, no es igualmente original. El mal proviene de una libertad creada, de una libertad mal utilizada. ¿Cómo ha sido posible esto? ¿Cómo se produjo? Las cosas permanecen oscuras. El mal no es lógico. Tan sólo Dios y el bien son lógicos, son luz. El mal permanece siendo misterioso… Lo podemos atisbar, pero no explicar; no se puede narrar como un hecho al que le sigue otro hecho porque se trata de una realidad más profunda. Sigue siendo un misterio de oscuridad, de noche.

Pero inmediatamente se le añade un misterio de luz. El mal viene de una fuente subordinada. Dios, con su luz, es más fuerte. Por eso el mal puede ser sobrepasado. Es decir, que la criatura, el hombre, puede curar… De tal manera que, al fin, en última instancia vemos que no sólo puede ser curado, sino que, efectivamente, es curado. Es Dios quien ha introducido la curación. Él mismo en persona entró en la historia. A la fuente permanente de mal opuso la fuente del bien puro. Cristo crucificado y resucitado, nuevo Adán, opone al río contaminado del mal un río de luz. Y este río sigue estando presente en la historia: miremos a los santos, los grandes santos pero también los santos más sencillos, los simples fieles y vemos que el río de luz que viene de Cristo es poderoso y está presente en ellos.

 

Comentario del Evangelio por Papa Benedicto XVI – Audiencia general del 03/12/08

 

PARA REZAR

 

ORACIÓN DE SANACIÓN INTERIOR

 

Señor Jesús, Tú has venido a curar
los corazones heridos y atribulados,
te ruego que cures los traumas que provocan
turbaciones en mi corazón;
te ruego, en especial que cures
aquellos que son causa de pecado.

Te pido que entres en mi vida,
que me cures de los traumas psíquicos
que me han afectado en tierna edad
y de aquellas heridas que me los han provocado
a lo largo de toda la vida.

Señor Jesús, Tú conoces mis problemas,
los pongo todos en Tu corazón de Buen Pastor.
Te ruego, en virtud de aquella gran llaga
abierta en Tu Corazón,
que cures las pequeñas heridas que hay en el mío.

Cura las heridas de mis recuerdos,
a fin de que nada de cuanto me ha acaecido
me haga permanecer en el dolor, en la angustia,
en la preocupación.

Cura, Señor,
Todas esas heridas que, en mi vida,
han sido causa de raíces de pecado.
Quiero perdonar
a todas las personas que me han ofendido,
mira esas heridas interiores
que me hacen incapaz de perdonar.
Tú que has venido a curar los corazones afligidos,
cura mi corazón.

Cura, Señor Jesús, mis heridas íntimas
que son causa de enfermedades físicas.
Yo te ofrezco mi corazón,
acéptalo, Señor, purifícalo y dame
los sentimientos de Tu Corazón Divino.
Ayúdame a ser humilde y benigno.
Concédeme, Señor,
la curación del dolor que me oprime
por la muerte de las personas queridas.
Haz que pueda recuperar la paz y la alegría
por la certeza de que Tú eres la Resurrección y la Vida.

Hazme testigo autentico
de Tu Resurrección,
de Tu Victoria sobre el pecado y la muerte,
de Tu Presencia de Viviente entre nosotros.
Amén.

 

Martes IV

 

Tu fe te ha salvado

 

Lectura del segundo libro de Samuel    18, 9-10. 14ab. 24-26. 31-19, 1

 

Absalón se encontró frente a los servidores de David. Iba montado en un mulo, y este se metió bajo el tupido ramaje de una gran encina, de manera que la cabeza de Absalón quedó enganchada en la encina. Así él quedó colgado entre el cielo y la tierra, mientras el mulo seguía de largo por debajo de él.

Al verlo, un hombre avisó a Joab: « ¡Acabo de ver a Absalón colgado de una encina!»

Entonces Joab replicó: «No voy a perder más tiempo contigo.» Y tomando en su mano tres dardos, los clavó en el corazón de Absalón.

David estaba sentado entre las dos puertas. El centinela, que había subido a la azotea de la Puerta, encima de la muralla, alzó los ojos y vio a un hombre que corría solo. El centinela lanzó un grito y avisó al rey. El rey dijo: «Si está solo, trae una buena noticia.»

Mientras el hombre se iba acercando, el centinela divisó a otro que venía corriendo y gritó al portero: « ¡Otro hombre viene corriendo solo!» El rey comentó: «Ese también trae una buena noticia.»

En seguida llegó el cusita y dijo: « ¡Que mi señor, el rey, se entere de la buena noticia! El Señor hoy te ha hecho justicia, librándote de todos los que se sublevaron contra ti.»

El rey preguntó al cusita: « ¿Está bien el joven Absalón?» El cusita respondió: « ¡Que tengan la suerte de ese joven los enemigos de mi señor, el rey, y todos los rebeldes que buscan tu desgracia!»

El rey se estremeció, subió a la habitación que estaba arriba de la Puerta y se puso a llorar. Y mientras iba subiendo, decía: « ¡Hijo mío, Absalón, hijo mío! ¡Hijo mío, Absalón! ¡Ah, si hubiera muerto yo en lugar de ti, Absalón, hijo mío!»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 85, 1-2. 3-4. 5-6 (R.: 1a)

 

R.    Inclina tu oído, Señor, respóndeme.

 

Inclina tu oído, Señor, respóndeme,

porque soy pobre y miserable;

protégeme, porque soy uno de tus fieles,

salva a tu servidor que en ti confía. R.

 

Tú eres mi Dios: ten piedad de mí, Señor,

porque te invoco todo el día;

reconforta el ánimo de tu servidor,

porque a ti, Señor, elevo mi alma. R.

 

Tú, Señor, eres bueno e indulgente,

rico en misericordia con aquellos que te invocan:

¡atiende, Señor, a mi plegaria,

escucha la voz de mi súplica! R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Marcos    5, 21-43

 

Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar. Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva.» Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.

Se encontraba allí una mujer que desde hacia doce años padecía de hemorragias. Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, porque pensaba: «Con sólo tocar su manto quedaré curada.» Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal.

Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: « ¿Quién tocó mi manto?»

Sus discípulos le dijeron: « ¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?» Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido.

Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad.

Jesús le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad.»

Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: «Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?» Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: «No temas, basta que creas.» Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, fue a casa del jefe de la sinagoga.

Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. Al entrar, les dijo: « ¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme.» Y se burlaban de él.

Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: «Talitá kum», que significa: « ¡Niña, yo te lo ordeno, levántate.» En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • La insurrección de Absalón condujo a la victoria de David. El rey David es acosado por su hijo y por sus enemigos. Con astucia y con habilidad militar, el ejército del rey logra derrotar al rebelde Absalón y éste muere trágicamente entre los árboles del bosque. Yahvé no ha retirado su amor a David pese a su grave pecado; David no retira su amor a Absalón pese al asesinato del primogénito Amnón y la posterior rebeldía.
  • El rey había dado órdenes de respetar la vida de su hijo: pero el capitán Joab aprovechó para saldar viejas cuentas y mató al rebelde. David podrá entrar en su capital, Jerusalén. Los allegados a David van a anunciarle como una buena noticia que se ha destruido al oponente.
  • Más que el resultado de la batalla, lo que le interesa es saber si ha salido de ella con vida Absalón. No pudo alegrarse con el triunfo porque su hijo Absalón había muerto. Lo que podría haber sido una victoria y el final de una rebelión incómoda, llena de dolor a David, que muestra una vez más un gran corazón.
  • El rey se estremece, se retira solo a su cuarto y rompe a llorar. Sollozando decía: « ¡Hijo mío, Absalón; hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Quién me diera haber muerto en tu lugar, Absalón, hijo mío, hijo mío!»
  • La victoria, se transformó en duelo aquel día para todo el ejército y el pueblo. Poco a poco, el pueblo de Dios llegará a entender que no necesita de técnicas militares para acabar con sus enemigos: el verdadero combate se da «contra las fuerzas del mal que alienan a la humanidad». «Perdonar» es una victoria mayor que «vencer».
  • Mientras David llora por su hijo muerto, el ejército vencedor no se atreve a celebrar el triunfo y entra en la ciudad a escondidas. Tristemente vencedor, David ve volver a él, pidiéndole perdón, a cuantos le habían traicionado, atacado o insultado. A todos perdona, los restablece en sus cargos y bienes.
  • El gran corazón de David recuerda la inmensidad del amor de Dios. Como David no quería la muerte del hijo, por rebelde que fuera, así Dios nos dice: «yo no quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva».

***

  • Después del milagro de la “tempestad calmada” y del “endemoniado liberado” nos encontramos hoy otros dos milagros estrechamente ligados uno a otro. Estos gestos van realizando una progresión en la fe de los discípulos. San Marcos nos va llevando paulatinamente a creer en el poder de la resurrección de Jesús.
  • Los dos milagros están muy ligados: son dos mujeres las destinatarias de la acción salvadora de Jesús. La edad de la niña, es igual a la cantidad de años de enfermedad de la mujer. Ambas, por ser mujeres y por sus enfermedades son consideradas impuras y están excluidas de la sociedad.
  • El relato comienza con la llegada de Jairo, un jefe de sinagoga que viene al encuentro de Jesús a pedirle que salve a su hija. Este gesto pone de manifiesto que la sinagoga se declara impotente para dar vida; sus líderes no pueden luchar contra la muerte. La ley por encima del ser humano los ha encerrado en un círculo de muerte.
  • Una vez que Jesús accede a este pedido, entre la multitud que acompaña a Jesús hacia la casa de Jairo, surge una mujer, que durante muchos años ha cargado con una enfermedad triplemente grave, por el sufrimiento físico, el empobrecimiento económico, y su exclusión religiosa. La mujer enferma no se atreve a pedir: se acerca disimuladamente y lo toca. Al instante sintió la curación, y Jesús, también al instante, sintió que una fuerza salía de Él. La mujer ha tocado la fuente de la vida.
  • De Jesús no brota otra cosa que la vida en plenitud. Jesús busca quien lo ha tocado. La mujer se acerca con temor  porque sabe que con su actitud ha hecho impuro al Maestro. El Señor mismo provoca la confesión. Deliberadamente quiere que esta mujer que se escondía, saliera del anonimato. La obliga a darse a conocer para que entre en relación personal con Él. La hace pasar de la creencia mágica, a una fe verdadera. La fe es una relación personal con Jesús. Ahora si, Jesús “vuelve a darle”, la curación que había “robado”.
  • La fe es condición fundamental para que se obren los milagros. No es el contacto con su ropa lo que la salvó, sino el encuentro personal con Jesús a través de la fe.
  • Llegan entonces unos mensajeros para avisar que la niña ha muerto.
  • Jesús habla con el padre de la niña para pedirle que siga teniendo fe. Para Jairo es la prueba mayor. Cuando llegan, a pesar de que la liturgia de la muerte ya había comenzado, la fuerza del Reino de la vida ocupa su lugar. Jesús, toma a la niña de la mano y le ordena que se levante.
  •  “Tu fe te ha salvado”  y “No temas, solamente ten fe” son la clave de esta Buena Noticia. Jesús no nos pide otra cosa: tener fe. Y esto a veces sucede en situaciones de muerte y desesperantes. En esos momentos necesitamos escuchar que Él nos grita con fuerza: levántate, no te quedes ahí, no te dejes vencer por la muerte, Yo soy tu salvador, te estoy llamando, me estoy ocupando de tu vida, quiero que vivas, que andes en pie, que seas fuente de alegría y esperanza para todos.
  • Ante la enfermedad, como experiencia de debilidad y la muerte, como el gran interrogante, la Iglesia debe anunciar la respuesta positiva de Cristo. Ambas tienen en Cristo, no una solución del enigma, pero sí un sentido profundo. Dios nos tiene destinados a la salud y a la vida. Eso se nos ha revelado en Cristo Jesús y su promesa sigue en pie: “El que cree en mi, aunque muera, vivirá; el que me come tiene vida eterna”.
  • Alrededor de Jesús surge la vida, la muerte es vencida y los desesperanzados renacen. Por la fe, celebramos la vida nueva que surge de la muerte de Jesús, esperamos contra toda esperanza, que la vida es más fuerte que la muerte aunque esta aparezca siempre como más poderosa con el rostro de la violencia, el caos, el dolor. El misterio de la vida está siempre cercano a la muerte; y la vida está ligada esencialmente al amor, y el amar consiste en dar la vida, dando vida libremente hasta la muerte.
  • El odio, el egoísmo, la insolidaridad, la injusticia, la pasividad engendran muerte. Quién lucha contra las formas de muerte, crea y comunica vida. Quién arriesga su vida y corre la carrera que le toca, sin retirarse, cansarse, desanimarse; quien da su vida por amor, hace posible la esperanza y la vida de los otros. Sólo el amor crea vida y la devuelve a quien la ha perdido.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Me acerco a Jesús buscando el encuentro o sólo interesadamente?
  • ¿Creo en su poder salvador?
  • ¿Acepto sus caminos y sus tiempos?

 

REPITAMOS Y VIVAMOS HOY LA PALABRA

 

Fijamos nuestros ojos en Vos, Jesús

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…”Vivir como cristianos significa creer que Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre y crucificado por nuestros pecados. Aunque conoció la muerte, no fue retenido por sus lazos, sino que se levantó de entre los muertos y resucitó, y vive ahora para siempre de la vida del Dios vivo. Al ofrecer su vida al Padre por nosotros, recibió el poder de recuperarla. La cruz de Jesús se ha convertido así, por la omnipotencia del amor divino, en la cruz gloriosa, victoriosa y vivificante. Ella es ahora para nosotros la fuente de todo bien, de toda alegría y de toda curación. Es el camino de la libertad, así como el único secreto de la verdadera esperanza. Es para nosotros la fuente de la vida.

Sólo si dirigimos una mirada apaciguada y renovada a Jesús en la cruz empezaremos a aprender el amor de nuestro Dios. Sí, la cruz de Jesús nos revela la misericordia infinita de Dios: Jesús, dando su vida por nosotros, nos muestra que Dios es amor (cf. 1 Jn 4,8b).

Mantener fija la mirada sobre Jesús en la cruz, con la sencillez de una oración contemplativa, significa estar en relación viva con el Hombre-Dios entregado por nosotros, por amor a nosotros. No se trata de un problema para debatir: es el fuego del amor divino que quiere purificar, iluminar, incendiar nuestro corazón de creyentes. A este respecto, nada nos prueba la realidad de este amor ofrecido como la sangre derramada de Jesús. Al derramar toda su sangre por nosotros, nos muestra Jesús que su muerte es verdaderamente la muerte de un hombre, una muerte que tuvo lugar al término de los sufrimientos que le infligió la violencia de los hombres y que fueron aceptados por él. Meditar sobre la sangre de Jesús significa descifrar la prueba de su amor, de su amor que se entregó libremente y sin resistencia alguna en manos de los pecadores”…


 

J.-P. van Schoote – J.-C. Sagne, Miseria y  misericordia, Magnano 1992, pp. 46-48, passim.

PARA REZAR

 

Oración del enfermo para aceptar la enfermedad

 

Señor, me coloco delante de Ti en actitud de oración.

Sé que Tú me oyes, penetras y ves.

Sé que estoy en Ti y que tu fuerza está en mí.

Mira este cuerpo mío marcado por la enfermedad.

Tú sabes, Señor, cuánto me cuesta sufrir.

Sé que Tú no te alegras con el sufrimiento de tus hijos.

Dame, Señor, fuerza y coraje para vencer

los momentos de desesperación y de cansancio.

Conviérteme en paciente y comprensivo, simple y modesto.

En este momento, Te ofrezco todas mis preocupaciones,

angustias y sufrimientos, para que yo sea más digno de Ti.

Acepta Señor que yo una mis sufrimientos a los de tu Hijo Jesús que,

por amor a los hombres, dio la vida en lo alto de la cruz.

Y ahora yo te pido, Señor: ayuda a los médicos

y enfermeras a tener la misma dedicación

y amor a los enfermos. Amén.


 

 Miércoles IV

 

Un profeta es despreciado sólo en su pueblo

 

Lectura del segundo libro de Samuel
2 Sam 24,2.9-17

 

En aquellos días, el rey David ordenó a Joab y a los jefes del ejército que estaban con él: “Vayan por todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Berseba, a hacer el censo de la población, para que yo sepa cuánta gente tengo.” Joab entregó al rey los resultados del censo: en Israel había ochocientos mil hombres aptos para el servicio militar, y en Judá quinientos mil. Pero, después de haber hecho el censo del pueblo, a David le remordió la conciencia y dijo al Señor: “He cometido un grave error. Ahora, Señor, perdona la culpa de tu siervo, porque ha hecho una locura.”

Antes que David se levantase por la mañana, el profeta Gad, vidente de David, recibió la palabra del Señor: “Vete a decir a David: “Así dice el Señor: Te propongo tres castigos; elige uno, y yo lo ejecutaré.”" Gad se presentó a David y le notificó: “¿Qué castigo escoges? Tres años de hambre en tu territorio, tres meses huyendo perseguido por tu enemigo, o tres días de peste en tu territorio. ¿Qué le respondo al Señor, que me ha enviado?” David contestó: “¡Estoy en un gran apuro! Mejor es caer en manos de Dios, que es compasivo, que caer en manos de hombres.”

Y David escogió la peste. Eran los días de la recolección del trigo. El Señor mandó entonces la peste a Israel, desde la mañana hasta el tiempo señalado. Y desde Dan hasta Berseba, murieron setenta mil hombres del pueblo. El ángel extendió su mano hacia Jerusalén para asolarla. Entonces David, al ver al ángel que estaba hiriendo a la población, dijo al Señor: “¡Soy yo el que ha pecado! ¡Soy yo el culpable! ¿Qué han hecho estas ovejas? Carga la mano sobre mí y sobre mi familia.” El Señor se arrepintió del castigo, y dijo al ángel, que estaba asolando a la población: “¡Basta! ¡Detén tu mano!”

 

Palabra de Dios.

 

SALMO         Sal (32) 31, 1-7

 

R: Perdona, Señor, mi culpa y mi pecado.

 

Dichoso el que está absuelto de su culpa,

a quien le han sepultado su pecado;

dichoso el hombre a quien el Señor

no le apunta el delito. R.

 

Había pecado, lo reconocí,

no te encubrí mi delito;

propuse: “Confesaré al Señor mi culpa”,

y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R.

 

Por eso, que todo fiel te suplique

en el momento de la desgracia:

la crecida de las aguas caudalosas

no lo alcanzará. R.

 

Tú eres mi refugio, me libras del peligro,

me rodeas de cantos de liberación. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Marcos   6,1-6


 

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: “¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?” Y esto les resultaba escandaloso.

Jesús les decía: “No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.” No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.


 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Hacia el final de su reinado, el rey David se enorgullece ante la obra de unificación que acaba de realizar. El había partido de cero, y está en la cumbre de su gloria; quiere saber el número de sus súbditos, se considera como un rey ordinario y cree poder contar con sus fuerzas humanas.
  • Al terminar el censo, tiene que reconocer: «He cometido un grave error». La medida se podía interpretar como un signo de orgullo, de independencia con respecto a Dios, que es el verdadero Rey, o como excesiva confianza en los medios humanos.
  • David se da cuenta y pide perdón a Dios, como expresa muy bien el salmo. Además, asume toda la culpa y pide a Dios que lo castigue a él, y no al pueblo.
  • No son las fuerzas humanas las que dan eficacia a nuestro trabajo, sino Dios.

***

  • En el Evangelio Jesús está de nuevo en Nazaret;  volvió a “su patria”,  y lo siguieron los discípulos. Llegó el sábado y se puso a enseñar en la sinagoga. La costumbre era invitar a un hombre a leer y comentar la Escritura. El jefe de la sinagoga confía este papel a Jesús, el antiguo carpintero del pueblo. Los oyentes se maravillaron porque  el hijo de María y el hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón hablaba con  sabiduría y realizaba milagros.
  • Jesús vuelve a encontrarse pues, en su medio ambiente y en su familia, y es mal visto por ellos. Por eso en su patria, no pudo hacer ningún milagro, salvo imponer las manos a algunos enfermos y curarlos. Se cumple una vez más lo de que «vino a los suyos y los suyos no lo recibieron», o como lo expresa Jesús: «nadie es profeta en su tierra». El anciano Simeón lo había dicho a sus padres; Jesús iba a ser piedra de escándalo y señal de contradicción.
  • El pueblo en general esperaba el reinado de David y su descendiente como dominador político y restaurador del Imperio de su padre, Jesús no era descendiente de sabios ni de sacerdotes y les proponía un Reino de Dios que no se afianza en estructuras políticas ni en el poder de dominio, sino en la misericordia y en la construcción de la igualdad social, de la solidaridad y de la fraternidad. El Señor no responde a estas expectativas, y eso se transforma en un obstáculo que les impide acercarse a la fe.
  • Por otro lado, si lo reconocen como el enviado de Dios, tendrán que aceptar también que el Reino está lleno de novedad y compromiso.  La imposibilidad de hacer milagros se relaciona con esta falta de fe. El milagro supone la fe. Pero no se trata de una condición, como si la confianza del enfermo condicionara el éxito de su curación. La fe es necesaria para comprenderlo, para recibirlo. La fe no se adquiere por consanguinidad o por herencia.
  • La familiaridad excesiva y la rutina, son muchas veces enemigas de la valoración y del amor. Nos impiden reconocer la voz de Dios en los mil pequeños signos cotidianos de su presencia: en los acontecimientos, en las personas que viven con nosotros, a veces muy sencillas e insignificantes según el mundo, pero con una gran riqueza para nuestra vida.
  • No hay razones para quien se cierra a la evidencia. Éste pecado hace casi imposible la acción liberadora de Jesús. Con Jesús y con su Evangelio nos puede pasar exactamente lo mismo que a los compatriotas de Jesús. Escuchamos la Palabra, la damos por conocida y por eso deja de ser importante. Le ponemos la etiqueta de nuestra interpretación, la encasillamos y así perdemos la capacidad de asombro y la Palabra ya no puede hacer milagros.
  • Este Evangelio es una advertencia para que estemos siempre atentos a reconocer a Jesús, la novedad de su palabra, en sus sacramentos, en la vida de los hermanos que trabajan por servir a los demás, realizando nuevamente los milagros de la misericordia y de la acogida que realizaba Jesús.
  • Cristo sale a nuestro encuentro de una y mil formas. Quiere encontrarnos, hablarnos, tocar nuestra vida. Necesitamos, deshacernos de prejuicios para abrirnos a la gracia y poder reconocerlo y recibirlo, dejarlo entrar hasta el fondo. Vino a los suyos, – los suyos somos nosotros – y los suyos necesitamos reconocerlo para que el mundo lo conozca.


     

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Acepto la verdad de los demás sin prejuicios?
  • ¿Soy permeable a lo que Dios me puede mostrar en lo cotidiano?
  • ¿Reconozco la presencia nueva de Jesús cada día, en su PALABRA, en la vida de la comunidad, en los más cercanos?

 

REPITAMOS Y VIVAMOS HOY LA PALABRA

 

Quiero descubrir tu presencia cada día y darte a conocer

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

« ¿No es éste el carpintero, el hijo de María?»

 

El Verbo, la Palabra eterna de Dios, «se hizo cargo de la descendencia de Abrahán», como afirma el Apóstol, «y por eso hubo de asemejarse en todo a sus hermanos» (He 2,16-17) y asumir un cuerpo semejante al nuestro. Por esto existe verdaderamente María, para que de ella tome el cuerpo y, como propio, lo ofrezca por nosotros… El ángel Gabriel le anunciaba con cautela y prudencia, diciéndole no simplemente que nacerá «en ti»; sino «de ti»…

Todas las cosas sucedieron de esta forma para que la Palabra, tomando nuestra condición y ofreciéndola en sacrificio, la asumiese completamente, y revistiéndonos después a nosotros de su condición, diese ocasión al Apóstol para afirmar: «Es preciso que lo corruptible se revista de incorrupción y que este ser mortal se revista de inmortalidad» (1Co 15,53). Estas cosas no son una ficción, como algunos juzgaron; ¡tal postura era inadmisible! Nuestro Salvador fue verdaderamente hombre y de él ha conseguido la salvación a toda la humanidad. Y de ninguna forma es ficticia nuestra salvación; y no sólo la del cuerpo, sino que la salvación de todo el hombre, es decir, alma y cuerpo, se ha realizado en aquel que es la Palabra.

Así pues, era por naturaleza humano lo que nació de María y, según las divinas Escrituras, era verdaderamente el cuerpo del Señor: fue verdadero porque era igual al nuestro. Pues María es nuestra hermana, ya que todos hemos nacido de Adán.

 

San Atanasio, (295-373), obispo de Alejandría, doctor de la Iglesia – Carta a Epicteto, 5-9

 

PARA REZAR

 

Creo en Dios, fuente inagotable de vida;
comunidad que vive y nos llama a vivir en comunión infinita de amor.
Creo en Dios que, con amor de Padre y Madre, engendra y da a luz a este
mundo, lo amamanta, lo protege, lo educa y lo renueva constantemente.
Creo en Jesús de Nazaret, el primero de los últimos,
el último de los primeros; expresión plena de la humanidad de Dios.
Creo en el Espíritu Santo, matriz ecuménica; presente donde quiera que la
vida está fluyendo.
Creo en el ser humano como proyecto inacabado de Dios,
pero predestinado a convertirse en su verdadera imagen y semejanza.
Creo que la historia es el registro de la relación dialógica entre Dios y los
seres humanos; un diálogo plenamente libre y totalmente abierto al futuro.
Creo en el reino de Dios como realidad plenificante aunque todavía no plena y
como utopía que alimenta nuestra esperanza y moviliza y orienta nuestra
práctica de fe.
Creo en la iglesia como pregón de ese reino. Creo en ella como avanzada del
Pueblo de Dios; llamada, como “sal de la tierra” y “luz del mundo”, a darle
sabor y sentido a la existencia de éste.
Creo en la vida después de la muerte como el reencuentro gozoso de todas las
criaturas con el Creador en la fiesta final y eterna del Universo.
En eso creo. Amén.

Ary Fernández Albán

 

Jueves IV

 

Los envió

 

Lectura del primer libro de los Reyes 1 Re 2,1-4.10-12

 

Estando ya próximo a morir, David hizo estas recomendaciones a su hijo Salomón: “Yo emprendo el viaje de todos. ¡Ánimo, sé un hombre! Guarda las consignas del Señor, tu Dios, caminando por sus sendas, guardando sus preceptos, mandatos, decretos y normas, como están escritos en la ley de Moisés, para que tengas éxito en todas tus empresas, dondequiera que vayas; para que el Señor cumpla la promesa que me hizo: “Si tus hijos saben comportase, caminando sinceramente en mi presencia, con todo el corazón y con toda el alma, no te faltará un descendiente en el trono de Israel.”"

David fue a reunirse con sus antepasados y lo enterraron en la Ciudad de David. Reinó en Israel cuarenta años: siete en Hebrón y treinta y tres en Jerusalén. Salomón le sucedió en el trono, y su reino se consolidó.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO         1 Crón 29, 10. 11ab. 11d-12a. 12bcd

 

R: Tú eres Señor de universo

 

Bendito eres, Señor,

Dios de nuestro padre Israel,

por los siglos de los siglos. R.

 

Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder,

la gloria, el esplendor, la majestad,

porque tuyo es cuanto hay en cielo y tierra. R.

 

Tú eres rey y soberano de todo.

De ti viene la riqueza y la gloria. R.

 

Tú eres Señor del universo,

en tu mano está el poder y la fuerza,

tú engrandeces y confortas a todos. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Marcos        6, 7-13


 

Jesús llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros.

Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero; que fueran calzados con sandalias y que no tuvieran dos túnicas.

Les dijo: «Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir. Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos.»

Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.


 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Se acaba el reinado de David, tan importante en la historia de Israel. Hoy leemos los consejos que dio a su hijo Salomón antes de emprender «el viaje de todos», como dice él mismo. Una maravillosa fórmula para hablar de la muerte. El “camino de todos”; fórmula de humildad y de solidaridad con el conjunto de la humanidad.
  • David, no es un hombre perfecto, pero vivió “delante de Dios”. Las últimas recomendaciones de David son todo un programa de actuación para un rey que debe ser eficaz políticamente, pero a la vez humilde servidor de Dios.
  • «Ten valor y sé hombre», consejo de valentía, no dejarse abatir, permanecer de pie frente a la adversidad. Guarda las observaciones del Señor, tu Dios, yendo por su camino; el segundo consejo, después de la valentía, es la fidelidad a Dios, estar atento a Dios, seguir sus caminos, estar en comunión con su voluntad.
  • Comenzamos la lectura del primer libro de los Reyes, empieza así el reinado de Salomón, en el que la monarquía llegará a su mayor esplendor, que durará muy poco, porque inmediatamente después, con la división del Norte y el Sur, empezará la decadencia.

***

  • Hoy, Jesús “envía a sus discípulos” y será la primera vez que realizarán algo sin su compañía física.
  • Los envía a que prediquen la Buena Nueva, con autoridad para expulsar demonios y con la advertencia de que puede ser que en algunos lugares los reciban y en otros no. Los hace partícipes de su misión mesiánica. El envío es a realizar y a vivir exactamente lo mismo que hemos visto hacer y vivir a Jesús en estos cinco capítulos. Busca quien colabore en la tarea de la evangelización.
  • Ser enviado tiene una serie de exigencias necesarias para la credibilidad de la acción evangelizadora. La predicación no debe ser sólo de palabra sino que debe ser ratificada con la vida. Por eso irán en comunidad, de dos en dos, apoyados los unos en los otros. No pretenderán imponer el mensaje por la fuerza, ni con las armas que dan el dinero o el poder. Han de realizar los mismos gestos de Jesús: sanar a los enfermos, llamar y acoger a los pecadores, consolar a los afligidos, denunciar las injusticias, bendecir a los niños, liberar a los oprimidos.
  • El bastón y las sandalias eran imprescindibles para los viajes largos; por eso deben llevarlos. Por el contrario, llevar puestas dos túnicas era señal de riqueza, por eso llevarán sólo una. El vestido refleja la clase social a la que se pertenece; ellos deben estar al nivel de la gente modesta o pobre. No llevarán alforja porque no aceptarán nada para ser guardado. Al depender de la buena voluntad de los demás desaparece toda pretensión de superioridad. Igualdad, solidaridad humana, confianza mutua, dignidad, carencia total de ambición, sencillez, apertura a la salvación es el mensaje que han de transmitir con sus propias vidas.
  • Ser llamado a ser discípulo de Jesús desencadena una dinámica de transformación de la vida entera. Esta transformación, puesta de manifiesto en un estilo de vida y valores distintos a los que vive el mundo, serán su carta  de presentación en sociedad.
  • A todos los cristianos Jesús nos hace la invitación a ser discípulos y misioneros del Reino, que también es  invitación a no apegarnos a nada que se interponga en la vivencia del proyecto del Reino de Dios en nuestras vidas, y en la vida de la comunidad. Siempre existe el riesgo de que el proyecto de Jesús y de la primitiva comunidad, pase a un segundo plano por cuidar nuestros intereses  y los de nuestras instituciones.
  • La Iglesia no puede estar al servicio de ella misma ni de sus estructuras. La Iglesia tiene la función, en esta historia humana, de estar siempre al servicio del Reino de Dios.
  • Desde la experiencia de radicalidad evangélica enseñada por Jesús, podremos ser una Iglesia con capacidad de sanar a los individuos y a la sociedad del egoísmo que mata, expulsando los demonios que generan la corrupción, el empobrecimiento y la muerte, en definitiva, el pecado.
  • Pobres, sin falsas se