TIEMPO DTE EL AÑO – SEMANA XXVI – CICLO C

Domingo XXVI

Ciclo C

 

Lunes XXVI

 

Martes XXVI

Santa Teresa del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia

 

Miércoles XXVI

2 de octubre

Santos Ángeles Custodios

 

Jueves XXVI

 

Viernes XXVI

San Francisco de Asís

 

Sábado XXVI

Domingo XXVI

Ciclo C

 

Ay de los que se sienten seguros

 

PRIMERA LECTURA

Lectura de la profecía de Amós    6, 1a. 4-7

 

¡Ay de los que se sienten seguros en Sión! Acostados en lechos de marfil y apoltronados en sus divanes, comen los corderos del rebaño y los terneros sacados del establo. Improvisan al son del arpa, y como David, inventan instrumentos musicales; beben el vino en grandes copas y se ungen con los mejores aceites, pero no se afligen por la ruina de José.

Por eso, ahora irán al cautiverio al frente de los deportados, y se terminará la orgía de los libertinos.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 145, 7. 8-9a. 9b y 8d y 10 (R.: 1b)

 

R.    ¡Alaba al Señor, alma mía!

 

El Señor hace justicia a los oprimidos

y da pan a los hambrientos.

El Señor libera a los cautivos.

 

El Señor abre los ojos de los ciegos

y endereza a los que están encorvados.

El Señor ama a los justos

y protege a los extranjeros.

 

Sustenta al huérfano y a la viuda

y entorpece el camino de los malvados.

El Señor reina eternamente,

reina tu Dios, Sión,

a lo largo de las generaciones.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo

a Timoteo    6, 11-16

 

Hombre Dios, practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la constancia, la bondad. Pelea el buen combate de la fe, conquista la Vida eterna, a la que has sido llamado y en vista de la cual hiciste una magnífica profesión de fe, en presencia de numerosos testigos.

Yo te ordeno delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y delante de Cristo Jesús, que dio buen testimonio ante Poncio Pilato: observa lo que está prescrito, manteniéndote sin mancha e irreprensible hasta la Manifestación de nuestro Señor Jesucristo, Manifestación que hará aparecer a su debido tiempo el bienaventurado y único Soberano, el Rey de los reyes y Señor de los señores, el único que posee la inmortalidad y habita en una luz inaccesible, a quien ningún hombre vio ni puede ver. ¡A él sea el honor y el poder para siempre! Amén.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    16, 19-31

 

Jesús dijo a los fariseos:

«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino finísimo y cada día hacía espléndidos banquetes. A su puerta, cubierto de llagas, yacía un pobre llamado Lázaro, que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamer sus llagas.

El pobre murió y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. El rico también murió y fue sepultado.

En la morada de los muertos, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro junto a él. Entonces exclamó: “Padre Abraham, ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en el agua y refresque mi lengua, porque estas llamas me atormentan.”

“Hijo mío, respondió Abraham, recuerda que has recibido tus bienes en vida y Lázaro, en cambio, recibió males; ahora él encuentra aquí su consuelo, y tú, el tormento. Además, entre ustedes y nosotros se abre un gran abismo. De manera que los que quieren pasar de aquí hasta allí no pueden hacerlo, y tampoco se puede pasar de allí hasta aquí.”

El rico contestó: “Te ruego entonces, padre, que envíes a Lázaro a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos: que él los prevenga, no sea que ellos también caigan en este lugar de tormento.”

Abraham respondió: “Tienen a Moisés y a los Profetas; que los escuchen.”

“No, padre Abraham, insistió el rico. Pero si alguno de los muertos va a verlos, se arrepentirán.”

Pero Abraham respondió: “Si no escuchan a Moisés y a los Profetas, aunque resucite alguno de entre los muertos, tampoco se convencerán.”»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • El profeta Amós se alza vigoroso contra la vida de su tiempo. Formula una dura crítica de los ricos y, en general, de la sociedad de su época, una sociedad que se entrega a todos los lujos y a todos los excesos con una increíble sensación de seguridad. El profeta considera desastrosa la situación real de Israel; porque los ricos viven a costa de la sociedad y de los pobres sobre todo. Allí ya no se ven la fe de Israel ni su Ley. El profeta no pretende condenar el aumento de bienestar, sino los abusos y la distancia demasiado grande entre diferentes condiciones de vida, viviendo unos del trabajo de los otros y de su indigencia. La protesta de Amós apunta sobre todo a los que viven en medio del abuso aún profesando externamente la religión de Israel.

***

  • El texto de la carta a Timoteo es una llamada a la lucha por la fe. El hombre piadoso, religioso, sabe que en este mundo, mantener la fe, no es fácil, porque las cosas de Dios y del evangelio no se imponen por sí mismas. Otros dioses, otros poderes, roban el corazón de los hombres y es necesario mantener la perseverancia en una dinámica que nos abre al proyecto futuro de Dios. Este mundo tiene que ir realizándose en la justicia, en la solidaridad, en el amor…hasta que llegue la manifestación de la plenitud de Dios, que nos ha revelado Jesucristo.

***

  • El capítulo social que el domingo pasado planteaba la actitud de los cristianos ante el dinero o las riquezas cierra con la famosa parábola del pobre Lázaro y el rico Epulón. Lucas aprovecha para poner de manifiesto lo que les espera a los que no son capaces de compartir sus riquezas con los pobres.
  • Dos hombres distanciados por un abismo de egoísmo e insolidaridad que, según Jesús, puede hacerse definitivo, por toda la eternidad. En las casas acomodadas, era costumbre el uso de migajas en la comida para limpiarse las manos que luego se tiraban debajo de la mesa. El pobre Lázaro, que significa “Dios ayuda”, suspiraba por ellas, pero nadie se las daba. Los perros le lamían las llagas, pero los invitados del rico, también ricos, lo ignoraban.
  • El rico despreocupado “banquetea espléndidamente”, ajeno al sufrimiento de un pobre mendigo a quien “nadie daba nada”. El pecado del rico no es su riqueza sino disfrutar despreocupadamente de ella sin acercarse a la necesidad del pobre Lázaro.
  • Jesucristo ama a todos sin excepciones, no habla “contra” los ricos, pero con dureza quiere advertirlos acerca del peligro que significa, dejarse aprisionar por el dinero. La convicción profunda de Jesús es que la riqueza en cuanto “apropiación desordenada de bienes”, no hace crecer al hombre, sino que lo esclaviza, lo destruye y deshumaniza cuando lo hace indiferente, apático e insolidario ante la necesidad ajena.
  • El rico no se condena por el hecho de ser rico, sino porque prescinde de Dios y porque se resiste a compartir lo suyo con el pobre que muere de hambre a su propia puerta. Tampoco el pobre se salva por el hecho de serlo, sino cuando está abierto a Dios y espera la salvación de “quien hace justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientos, como canta el salmo de este domingo. La acumulación de riquezas es injusta; pero es más injusta todavía cuando al lado hay personas que ni siquiera tienen las migajas necesarias para comer.
  • Dios no quiere la miseria, ni le gustan los sacrificios que la pobreza impone. Al contrario, quiere que todos sus hijos vivan dignamente y sean felices. La pobreza existe paralelamente a la riqueza. No existen ciudades bonitas si dentro de ellas hay hombres mendigando o muriendo de frío en las calles, no hay familias ideales si algún miembro de ellas está solo y abandonado, no nos sentiremos satisfechos de nosotros mismos si tenemos que pasar de largo para no ver la injusticia del que sufre.
  • El infierno no es otra cosa que la “consagración” de este estado de separación, de lejanía. Separación de Dios y de sus amigos, porque aquí abajo se ha vivido lejos de los otros, separado de los valores verdaderos, aferrado únicamente al tener, apegado al placer egoísta, separado de su vocación más auténtica. Condenación significa “privación” .
  • El abismo entre los ricos y los pobres que Lucas quiere poner de manifiesto, puede y debe cambiarse en el presente. El futuro se hace en el presente y quien sabe cambiar su presente, cambia también el futuro.
  • Para que el Reino comience en la tierra, Jesús pone como primera condición, la ruptura con la ambición para abrazar voluntariamente el camino de la solidaridad, saber usar los bienes de este mundo de modo que “a nadie le falte lo que a otros le sobra”. Compartir con los demás lo que tenemos, que no es sólamente responsabilidad de los ricos, sino también los pobres. Todos tenemos algo que compartir. Siempre tenemos al lado personas que tienen menos que nosotros.
  • La salvación de la humanidad no está en la abundancia de bienes, de tecnología o  de aquellas cosas que no son necesarias para la vida del ser humano. La salvación de la  humanidad está en comprender que la dinámica de la acumulación desmedida e  inmisericorde de riquezas crea enormes abismos que conducen a toda la humanidad a su  propia autodestrucción. El abismo no se puede minimizar por medio de  limosnas, asistencialismo y ayudas ocasionales tranquilizadoras de conciencia.
  • La solidaridad cristiana consiste en un amor fraternal y compasivo que brota de la experiencia del amor del Padre que tanto amó al mundo que dio a su Hijo único para que en Él tengamos vida en abundancia.
  • La solidaridad cristiana es solidaridad con el Señor Jesús, solidaridad que implica la firme adhesión con todo el ser a su misión. De esta fundamental solidaridad con Él, se desprenden las exigencias del compromiso solidario con todos los hombres. Todo esfuerzo solidario nos remite a Jesús, porque lo que hacemos a cualquiera de nuestros hermanos, a Él se lo hacemos.
  • La solidaridad entendida simplemente como ayuda caritativa, pero que no cuestiona el sistema injusto, es una solidaridad a medias porque permite que todo siga igual. La solidaridad con los que sufren, no es una táctica pastoral, sino un “deber” que le exige trabajar cada día para transformar positivamente la realidad del prójimo. La solidaridad que anuncia el evangelio ha de incluir la justicia, pero la desborda, para abarcar la dimensión más profunda que es el Amor. Porque, aún cuando los hombres tengan una seguridad social y beneficios, que cubran todas sus necesidades, seguirán necesitando siempre ser tratados con amor.
  • El discípulo no puede negarle el evangelio a los hombres de este tiempo reduciéndolo a algo puramente espiritualista; y un modo privilegiado de anunciarlo es encarnando en nuestra propia vida los gestos y el modo de solidaridad fraternal que nos enseñó el Señor.

 

Para discernir

 

  • ¿Qué actitud tengo ante los necesitados?
  • ¿Hasta dónde llega mi compromiso solidario?
  • ¿Mi fe: llega a tocar mi bolsillo?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Que no cierre mi corazón

 

Para la lectura espiritual

 

En qué ponemos nuestra confianza última


 

Los ricos quedan descalificados, no porque necesariamente hayan sido injustos, ni  porque hayan robado, ni por el mero hecho de ser ricos. Sino porque están tan llenos de  sus riquezas, o sea, de sí mismos, que no piensan en Dios ni en los demás.

Se les llama necios porque no han sabido poner su confianza en algo sólido, sino en lo  más efímero de la vida que, a la hora de la verdad, no les servirá de nada. El rico lo parecía  tener todo, pero llega a la presencia de Dios, a la hora de su muerte, con las manos vacías.  Pobre de solemnidad en lo que más contaba.

No hace falta que llevemos una vida disoluta ni banqueteemos a diario, despilfarrando  nuestros bienes, para sentirnos interpelados por la palabra de Amós o de Cristo. Podemos  tener, cada uno en su nivel, los mismos defectos: ¿estamos apegados a las cosas  materiales, embotados por lo secundario, y descuidando lo principal? ¿nos extraña que  Jesús dijera que es tan difícil que se salve un rico lleno de sus cosas como que un camello  pase por el ojo de una aguja?

 

Nuestros pecados de omisión

Se les achaca, además, a estos ricos su falta de solidaridad. No se han querido dar  cuenta de que otros, a su lado, están padeciendo necesidad, y hacen uso totalmente  egoísta de sus bienes. Esto no sólo pasa en las relaciones entre naciones ricas y pobres,  con sus insoportables y crecientes diferencias. También sucede entre familias, entre  comunidades eclesiales y entre personas concretas, que pueden tener una lastimosa  ignorancia de la finalidad de los bienes de este mundo y de la necesidad que otros padecen  muy cerca de nosotros.

Es una llamada a saber usar los bienes de este mundo. A compartir con los demás lo que  tenemos. Lo cual deben hacer no sólo los ricos, sino también los pobres. Todos tenemos  algo que compartir. Siempre tenemos al lado personas que tienen menos que nosotros.  También cuentan, a la hora de la evaluación de nuestra vida, los “pecados de omisión”.  Seremos juzgados por lo que hemos hecho: “tuve hambre y me disteis de comer”, y también  por lo que hemos dejado de hacer: “estuve enfermo y no me visitasteis”.

 

J. Aldazábal

 

Para rezar

 

Señor Jesús yo sé que tu vida se complicó demasiado.
Yo sé que luchaste por la paz y la justicia y la libertad.
Yo sé que lo diste todo por amor y la verdad.
Yo sé que perdonaste y devolviste la dignidad humana a muchos hombres.
Yo sé que viviste entre marginados y asumiste su vida.
Yo sé que proclamaste que Dios era Padre para ellos.
Yo sé que llamaste a vivir en tu Reino a los hombres de corazón roto.
Yo sé que te acorralaron los poderosos y te condenaron.
Yo sé que te metieron en la cárcel y te sentaron en el banquillo.
Yo sé que te clavaron en el madero como a un maldito.
Yo sé que te mataron para que las cosas siguieran igual.
Yo sé que tu muerte fue un fracaso. ¡Un fracaso!
Pero yo sé que Tú diste la vida por amor.
Yo sé que tu estilo de vida no podía quedar en el sepulcro.
Yo sé que tu Padre, Señor de la Historia, te levantó, te puso en pie.
Todos nosotros sabemos que resucitaste. Lo sabemos y creemos
En Ti, Señor Resucitado.
Señor Jesús, Señor Resucitado, Solidario con los hombres.
Creemos en el Hombre Nuevo, en la Nueva Humanidad que nos dejaste.
Creemos, Señor Jesús, que sigues siendo solidario de los hombres.
¡Creemos en el hombre como un ser salvado! ¡Salvado desde la Cruz!
¡Señor, auméntanos la fe!
Amén.

 

Cáritas Sevilla

 

Lunes XXVI

 

El más pequeño de ustedes, ése es el más grande

 

Lectura de la profecía de Zacarías    8, 1-8

 

La palabra del Señor llegó en estos términos: Así habla el Señor de los ejércitos: Siento un gran celo por Sión y ardo de pasión por ella.

Así habla el Señor: Yo he vuelto a Sión, y habitaré en medio de Jerusalén. Jerusalén será llamada «Ciudad de la Fidelidad», y la montaña del Señor de los ejércitos, «Montaña Santa.»

Así habla el Señor de los ejércitos: Los ancianos y las ancianas se sentarán de nuevo en las plazas de Jerusalén, cada uno con su bastón en la mano, a causa de sus muchos años. Las plazas de la ciudad se llenarán de niños y niñas, que jugarán en ellas.

Si esto parece imposible a los ojos del resto de este pueblo, ¿será también imposible para mí? -oráculo del Señor de los ejércitos- .

Así habla el Señor de los ejércitos: Yo salvo a mi pueblo de los países del oriente, y de los países donde se pone el sol. Los haré volver y habitarán en medio de Jerusalén. Ellos serán mi Pueblo, y yo seré su Dios, en la fidelidad y en la justicia.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 101, 16-18. 19-21. 29 y 22-23 (R.: 17)

 

R.    El Señor reedificará a Sión y aparecerá glorioso en medio de ella.

 

Las naciones temerán tu Nombre, Señor,

y los reyes de la tierra se rendirán ante tu gloria:

cuando el Señor reedifique a Sión

y aparezca glorioso en medio de ella;

cuando acepte la oración del desvalido

y no desprecie su plegaria. R.

 

Quede esto escrito para el tiempo futuro

y un pueblo renovado alabe al Señor:

porque él se inclinó desde su alto Santuario

y miró a la tierra desde el cielo,

para escuchar el lamento de los cautivos

y librar a los condenados a muerte. R.

 

Los hijos de tus servidores tendrán una morada

y su descendencia estará segura ante ti,

para proclamar en Sión el nombre del Señor

y su alabanza en Jerusalén,

cuando se reúnan los pueblos y los reinos,

y sirvan todos juntos al Señor. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    9, 46-50

 

A los discípulos de Jesús se les ocurrió preguntarse quién sería el más grande.

Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, tomó a un niño y acercándolo, les dijo: «El que recibe a este niño en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe a mí, recibe a aquel que me envió; porque el más pequeño de ustedes, ese es el más grande.»

Juan, dirigiéndose a Jesús, le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre y tratamos de impedírselo, porque no es de los nuestros.»

Pero Jesús le dijo: «No se lo impidan, porque el que no está contra ustedes, está con ustedes.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Con Zacarías seguimos la serie de profetas que hablaron en los tiempos de la vuelta del destierro de Babilonia. Hoy escuchamos cinco breves oráculos esperanzadores que empiezan con las palabras “así dice el Señor”. Todos parten de la convicción de que Dios ama a Sión apasionadamente, hasta celosamente.
  • Cuando Dios se revela, se atreve a mostrarse apasionado y entusiasta: es un Dios tierno y ardiente; es un Dios lleno de humanidad y de celo por cumplir las promesas mesiánicas comenzando por la glorificación de Jerusalén y de su templo. Jerusalén gozará de paz, de manera que sus plazas se llenarán de ancianos y de niños. Aunque eso parezca imposible a los repatriados que padecen las dificultades del momento presente, no lo es para Dios.
  • El retorno incluye a todos los judíos de la diáspora, no solamente a los de Babilonia. De nuevo se formará el pueblo de Yahvé, con quien estará unido por la alianza.
  • El profeta Zacarías ve en Jerusalén el futuro de una comunidad que vuelve a apreciar los valores en los que siempre había creído. Siempre es posible, con la ayuda de Dios, la reconstrucción de la vida según la Alianza.
  • Se los llama a proseguir la restauración del templo y de la nación. Están viviendo el comienzo de una nueva época de prosperidad, que contrasta con la de miseria y de inseguridad social que habían vivido antes de la reconstrucción del templo.
  • Ahora Yahvé cambiará la maldición por bendición. La maldición es consecuencia del pecado de Israel; la bendición, en cambio, del amor gratuito de Dios. Para recibir la bendición de Dios hay una condición: que sean su pueblo viviendo en la justicia, la verdad, la caridad, que son el origen de la paz.

***

  • Termina hoy el relato que nos ha hecho Lucas sobre el ministerio de Jesús en Galilea. A partir de mañana se inicia su viaje a Jerusalén. El sábado, cuando Jesús anunció a los suyos la muerte que le esperaba, “ellos no entendían este lenguaje”. En este marco Lucas ubica dos aspectos del discipulado: la cuestión de quién es el mayor y de quiénes pueden o no ser considerados discípulos.
  • Siguiendo la lógica de este mundo parece evidente que lo más importante dentro de la comunidad son aquéllos que destacan por sus cualidades o por la responsabilidad de las funciones que están desarrollando. Por eso, los apóstoles discutían sobre el puesto y nombre del mayor como lo hacen tantos todavía. Desde el ejemplo del niño, la respuesta de Jesús sigue siendo tan cortante ahora como entonces: el mayor y más valioso es simplemente el más necesitado, el indefenso. El niño es mayor no por sus valores, su inocencia, su simplicidad o su ternura. Su importancia radica en su pobreza, en su necesidad de los otros y su incapacidad para resolver la vida por sí mismo. En este aspecto, son valiosos con el niño todos los que están más alejados, perdidos, indefensos, pobres. Ellos son el centro de atención de Cristo. Ellos seguirán siendo el centro de los cuidados de la Iglesia. Por eso son los más valiosos e importantes.
  • La Iglesia no es una sociedad que está formada sobre el valor de las personas que la integran, sino sobre las necesidades y miserias de aquéllos que precisan recibir su ayuda. Su misión no es la de conservar estáticamente lo que ha recibido, sino vivirlo como fuerza por la que sale de sí misma y lo ofrece a los que están necesitados.
  • Discípulo es el que escucha la palabra sobre el Reino, haciéndose niño y recibiendo la ayuda que le ofrece Cristo. Y a su vez, vive preocupado por los otros, por los pequeños y simplemente los sirve.
  • La grandeza para Jesús no es reinar, sino servir y su destino personal ha estado en contradicción total con lo que los hombres sueñan habitualmente.
  • El espíritu del poder es difícil de vencer. Jesús tiene que luchar también con la tentación de tener la exclusividad del poder sobre el mal. Los discípulos tienen envidia del éxito ajeno. Consideran su vocación, su elección, como un privilegio. Jesús muestra que lo importante es que se haga el bien, que la evangelización se realice. Hacerse pequeño implica también rechazar la tentación de excluir a alguien por el hecho de no “ser de los nuestros”. Jesús enseña que todo el que obra el bien lo hace en definitiva movido por las semillas que Dios mismo ha esparcido en el mundo. También los que “no son de los nuestros”, sea cual sea su lugar y realidad pueden ser dignos de nuestro crédito.
  • Jesús nos llama una vez más a que en lugar de preocuparnos por los primeros lugares, que provocan celos y envidias de los demás, nos esforcemos por tratar de ver cómo cooperamos más y mejor en la construcción y propagación del reino, de un reino en el que seguramente todos tenemos cabida, pues es Reino del Padre Dios.
  • Todos los cuerpos juntos, y todos los espíritus juntos y todas sus producciones, no valen lo que el menor gesto de caridad…” (Pascal).

 

Para discernir

 

  • ¿Nos creemos los únicos, los que tienen la exclusiva y el monopolio del bien?
  • ¿Tenemos un corazón que se hace pequeño para recibir y grande para dar?
  • ¿Sabemos alegrarnos o más bien reaccionamos con envidia cuando vemos que otros tienen algún éxito?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Señor fiel y salvador, te sigo

 

Para la lectura espiritual

 

…El pequeño monje era hijo de su tiempo, es decir, de nuestro tiempo. Los esfuerzos de sus contemporáneos para promover todas las grandezas del hombre le entusiasmaban; por amor a la humanidad, por su honor y su gloria, también él intentaba ser grande. Así, desde el comienzo de su profesión, se sintió un tanto desorientado por ciertas máximas evangélicas. Intuía de una manera confusa que su rica personalidad podría incurrir en riesgos. Por eso redactó estas notas:

«Si quieres hacerte pequeño, no desprecies la grandeza de los otros (excitado por una admiración no dirigida a él).

Si descubres que eres pequeño, no concluyas que eres una perla (después de ciertas fulgurantes iluminaciones sobre su pequeñez).

Quien se considera “extremadamente pequeño”, raramente lo es; los verdaderos pequeños saben que están en los comienzos de la pequeñez (un día que se había mostrado humilde en todo y para todo).

Si no puedes admirar tu virtud, no admires tu arrepentimiento (el día que se apartó de todo para encerrarse en el remordimiento).

Tu gran hombre lo llevas en ti; san Pablo lo llama el hombre viejo (una noche que había concluido brillantemente cierto asunto).

La importancia de los grandes hombres no cambia nada de lo que tú eres: precisamente porque Dios es grande eres tú pequeño (el día que el corazón del pequeño monje latía de admiración).

No llegar el último con el aspecto de alguien que ha ganado el Tour de Francia (un día en que se encontraba maravillosamente pequeño).

Sé pequeño, pero sin creer que un gramo tuyo vale lo que un kilo de tu hermano (como arriba)»

 

M. Delbrêl, El pequeño rey. Diario espiritual, Turin1990, pp. 53-55.

 

Para rezar

 

Señor Dios

ayúdanos a trabajar en comunidad.

Que cada uno aprenda a poner en común,

esa parte de verdad y de bien

que todos poseemos.

Que no haya egoísmos.

Danos valor y comprensión.

Que nunca callemos

cuando debamos hablar

y que nunca digamos

ni un sola palabra de más

cuando tenemos que callar.

Te pedimos constancia y entusiasmo,
ganas de participar y fuerzas para hacerlo.
Que nos queme el fuego del servicio,
los deseos de salir de adentro nuestro
para correr hacia Vos que estás en los otros,
en el hermano que pasa a nuestro lado.

Que sepamos servir con alegría
porque ser alegres nos llena de vida
y sabemos que a tu lado, es posible.

Amén.

 

Martes XXVI

Santa Teresa del Niño Jesús, virgen y doctora de la Iglesia

 

Se encaminó decididamente hacia Jerusalén

 

Lectura de la profecía de Zacarías    8, 20-23

 

Así habla el Señor de los ejércitos:

Vendrán asimismo pueblos y habitantes de muchas ciudades. Los habitantes de una ciudad irán a otra, diciendo: «Vamos a apaciguar el rostro del Señor y a buscar al Señor de los ejércitos; yo también quiero ir.»

Pueblos numerosos y naciones poderosas vendrán a Jerusalén a buscar al Señor de los ejércitos y a apaciguar el rostro del Señor.

Así habla el Señor de los ejércitos:

En aquellos días, diez hombres de todas las lenguas que hablan las naciones, tomarán a un judío por el borde de sus vestiduras y le dirán: «Queremos ir con ustedes, porque hemos oído que Dios está con ustedes.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 86, 1-3. 4-5. 6-7 (R.: Zac 8, 23)

 

R.    Dios está con nosotros.

 

¡Esta es la Ciudad que fundó el Señor

sobre las santas Montañas!

El ama las puertas de Sión

más que a todas las moradas de Jacob.

Cosas admirables se dicen de ti, Ciudad de Dios. R.

 

«Contaré a Egipto y a Babilonia

entre aquellos que me conocen;

filisteos, tirios y etíopes han nacido en ella.»

Así se hablará de Sión:

«Este, y también aquél,

han nacido en ella,

y el Altísimo en persona la ha fundado.» R.

 

Al registrar a los pueblos, el Señor escribirá:

«Este ha nacido en ella.»

Y todos cantarán, mientras danzan:

«Todas mis fuentes de vida están en ti.» R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    9, 51-56

 

Cuando estaba por cumplirse el tiempo de su elevación al cielo, Jesús se encaminó decididamente hacia Jerusalén y envió mensajeros delante de él. Ellos partieron y entraron en un pueblo de Samaría para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén.

Cuando sus discípulos Santiago y Juan vieron esto, le dijeron: «Señor, ¿quieres que mandemos caer fuego del cielo para consumirlos?» Pero él se dio vuelta y los reprendió. Y se fueron a otro pueblo.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Inmersos entre paganos, durante su largo destierro, los judíos más fervorosos adquirieron conciencia de que su fe iba destinada a todos los hombres. Y expresaban esta convicción anunciando que todos los pueblos irían un día, en peregrinación, a Jerusalén.
  • El universalismo forma parte del alma de Israel: “Pueblos numerosos y naciones poderosas vendrán a Jerusalén a implorar al Señor del universo y a buscar su rostro”.
  • No se trata pues de una unidad política, ni de la capital de un imperio terrestre; esa reunión de la humanidad está suscitada por la fe, es únicamente religiosa.
  • El profeta Zacarías, con dos oráculos, no sólo anuncia el bienestar del pueblo en su vuelta a Sión, sino que afirma el carácter universal de la salvación que Dios tiene programada.
  • En torno al Dios de los judíos y su Mesías se reunirán todas las naciones como un sólo pueblo que alabe su Nombre. Todos se enterarán de que la Palabra salvadora, la Verdad plena, está en Jerusalén, y correrán a “consultar” al Dios verdadero.

***

  • Jesús quiere ir hasta el fin. Sabe cuál es su camino y se dispone con generosidad a seguirlo a pesar de que lo lleva a la cruz. Esta marcha hacia Jerusalén, ciudad de su Pascua, es una partida sin retorno.
  • Envía mensajeros delante suyo que entraron en Samaría para prepararle alojamiento; pero allí se negaron a recibirlo porque se dirigía a Jerusalén. Los judíos fieles siempre consideraron cismáticos a los Samaritanos cuando éstos construyeron un templo rival al de Jerusalén, en la cumbre del monte Garetzim. Despreciados por los judíos, se tomaban su revancha, ocasionando toda clase de molestias a los peregrinos que atravesaban su país para subir a Jerusalén.
  • Jesús no evita pasar por esa tierra en la que un racismo y un desprecio recíproco hacía estragos. Era necesario, por tanto, que los mensajeros preparasen convenientemente el ambiente en Samaria, a fin de que éstos recibieran bien dispuestos a Jesús.
  • Los mensajeros fueron proclamando con aires triunfalistas que Jesús se dirigía a Jerusalén para coronarse rey de los judíos. Esto irritó a los samaritanos, que no podían soportar la idea que el Mesías de Dios fuese, el rey del pueblo judío y que dominara desde Israel a los demás pueblos.
  • Ante el rechazo de los samaritanos, los discípulos Santiago y Juan le propusieron el castigo que Elías en el libro de los Reyes infligió a sus adversarios. El espíritu de poder está siempre ahí, en el corazón de los hombres. Esos pobres discípulos creían ser los intérpretes de Dios, y disponer del fuego divino para juzgar a esos Samaritanos.
  • Jesús fiel a su misma palabra no quiere arrancar la cizaña porque se haya mezclado con el trigo. El juicio vendrá más tarde. Increpa a los discípulos como si estuviesen endemoniados, y de hecho, están “poseídos” por una ideología que les impide actuar como personas sensatas: están repletos de odio, de intolerancia religiosa y de exaltación nacionalista.
  • Con energía Jesús les pide que se comporten de acuerdo al proyecto que Él mismo les ha enseñado. Las rivalidades históricas de sus pueblos no se remedian generando más odio y muerte. Jesús no vino a destruir sino a redimir. Se marcharán a otra aldea sin impaciencias, sin ánimo justiciero, sin dejarse hundir por un fracaso. El desafío es seguir evangelizando, y no condenando: “porque el Hijo del Hombre ha venido a salvar”.
  • La actitud de Santiago y Juan sigue estando presente en muchas religiones, ideologías y políticas. Por todos los medios los seres humanos a lo largo de la historia hemos buscado la forma de acabar con los que piensan, actúan o viven de forma diferente.
  • La reacción de Jesús con sus discípulos es un llamado para que los cristianos depongamos el odio, el resentimiento y la venganza, y construyamos espacios de diálogo y concertación que permitan construir la paz entre los pueblos.
  • Si somos llamados a proclamar la Buena Nueva a todas las naciones, y llevar la Luz y la salvación que Dios ofrece a todos los hombres, no podemos excluir a nadie. Ni aun cuando seamos rechazados, difamados, perseguidos o se ponga en riesgo nuestra vida. El llamado es a orar por los que nos persiguen y maldicen, no a que hagamos bajar fuego contra ellos para hacerlos desaparecer.
  • Somos mensajeros de la Vida y del Amor que proceden de Dios, y no de la muerte ni del egoísmo que oscurecen la mente de los hombres, quitan la paz y destruyen la posibilidad del amor fraterno.

 

Para discernir

 

  • ¿Somos conscientes de dónde venimos y a dónde vamos, en nuestra vida?

  • ¿Qué actitud tomo ante mis propios pecados, mis propios fracasos, ante los rechazos de los demás, ante las lentitudes o los retrasos de la Iglesia?

  • ¿Qué hacemos cuando algo nos sale mal, cuando experimentamos el rechazo por parte de alguien?

  • ¿Cómo reaccionamos cuando alguien no nos hace caso o nos lleva la contra?

 

Para la lectura espiritual

 

La Iglesia de Dios en América Latina y El Caribe es sacramento de comunión de sus pueblos. Es morada de sus pueblos; es casa de los pobres de Dios. Convoca y congrega a todas sus diversísimas gentes en su misterio de comunión, sin discriminaciones ni exclusiones por motivos de sexo, raza, condición social y pertenencia nacional. Cuanto más la |Iglesia refleja, vive y comunica ese don de inaudita unidad, que encuentra en la comunión trinitaria su fuente, modelo y destino, resulta más significativo e incisivo su operar como sujeto de reconciliación y comunión en la vida de nuestros pueblos. Maria Santísima es la presencia materna indispensable y decisiva en la gestación de un pueblo de hijos y hermanos, de discípulos y misioneros de su Hijo.

Aparecida 524

 

Para rezar

 

Por el ecumenismo

 

Padre de toda la humanidad, queremos rezar
por todas las personas de buena voluntad.

Que los diferentes credos
se unan en el trabajo por la justicia y la paz.

Que al contemplar el estilo de vida
que nos mostró Jesús,
fortalezcamos nuestro deseo
por realizar el bien.

Que la Vida Religiosa Misionera
contribuya con la tarea de la unidad.

Que todas las comunidades
puedan descubrir el amor
que Dios Padre derrama
constantemente sobre sus hijos.

Amén.

 

Miércoles XXVI

2 de octubre

Santos Ángeles Custodios

 

Él te encomendó a sus ángeles para que te cuiden en tus caminos

 

Lectura del Libro del Éxodo 23,20-23a

 

Yo voy a enviar un ángel delante de ti, para que te proteja en el camino y te conduzca hasta el lugar que te he preparado.

Respétalo y escucha su voz. No te rebeles contra él, porque no les perdonará las transgresiones, ya que mi Nombre está en él.

Si tú escuchas realmente su voz y haces todo lo que te diga, seré enemigo de tus enemigos y adversario de tus adversarios.

Entonces mi ángel irá delante de ti y te introducirá en el país de los amorreos, los hititas, los perizitas, los cananeos, los jivitas y los jebuseos, y los exterminará.

 

Palabra de Dios

 

SALMO Sal 91(90) ,1-2.3-4.5-6.10-11.

 

Tú que vives al amparo del Altísimo

y resides a la sombra del Todopoderoso,

di al Señor: “Mi refugio y mi baluarte,

mi Dios, en quien confío”. R:

 

El te librará de la red del cazador

y de la peste perniciosa;

te cubrirá con sus plumas,

y hallarás un refugio bajo sus alas. R:

 

No temerás los terrores de la noche,

ni la flecha que vuela de día,

ni la peste que acecha en las tinieblas,

ni la plaga que devasta a pleno sol. R:

 

No te alcanzará ningún mal,

ninguna plaga se acercará a tu carpa,

porque él te encomendó a sus ángeles

para que te cuiden en todos tus caminos.

 

O de la feria:

Nehemías 2, 1-8

S.R. 136, 1-6

El Evangelio es propio de esta memoria

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    18, 1-5.

 

En aquel momento los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle: “¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?”.

Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: “Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos.

Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el Reino de los Cielos.

El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí mismo.

Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Los fariseos y saduceos mantenían una disputa sobre si los ángeles existen o no. Los saduceos decían que éstos no eran otra cosa que invenciones, fantasías de ignorantes.
  • Jesús, quiso dejar bien clara la doctrina, y lo hace de manera desconcertante. «Llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: cuídense de menospreciar a uno de estos pequeños; porque sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos».
  • Los niños no contaban en aquella sociedad y estaban desposeídos de toda clase de derechos; eran con frecuencia despreciados por la gente y no tenidos en cuenta para la toma de decisiones dentro de la casa. La palabra griega con la que se dice niño, denomina con frecuencia a un niño en cuánto que ejerce de sirviente y ayuda en las tareas familiares. A esta clase de niños, se refiere el evangelio de hoy, cuando Jesús propone a uno de ellos como modelo a imitar. El mayor en el Reino de Dios es el niño y el que se hace como niño, porque representa en forma única el despojo de todo poder.
  • Los ángeles custodios nos revelan la presencia trascendente de Dios en cada persona, especialmente en los más pobres. Cuando Jesús invita a sus discípulos a cambiar, lo hace poniendo como modelos a “estos niños”, los servidores.
  • Dios, como Padre Providente, siempre vela por nosotros y se ha hecho cercano a nosotros por medio de Jesús, su Hijo hecho Hombre. Él siempre manifestó su amor para con los pobres y los enfermos, para con los pequeños y los pecadores; Él nunca permaneció indiferente ante el sufrimiento humano. Su amor preferencial para aquellos que son considerados como los niños, desprotegidos de todo y necesitados de todo, nos recuerda cuál debe ser también el camino preferencial en el amor de la Iglesia.
  • Hay muchos que necesitan quien vele por ellos y por sus intereses. Dios nos ha enviado a ellos para que les manifestemos de un modo real, efectivo, el amor misericordioso del Señor que nos ha concedido y que quiere que llegue a todos por medio de su Iglesia. Esta presencia de Dios en los más pobres, que son los más grandes en el Reino, es lo que da a los pobres esa trascendencia que hace que sus ángeles en los cielos vean continuamente el rostro de Dios.
  • Los niños son delante de Dios, los más importantes de los hombres; lo que a ellos ocurre tiene inmediata resonancia ante el Padre del cielo.
  • Como discípulos que viven unidos a Cristo, debemos preocuparnos de cuidar de nuestros hermanos necesitados, como Dios ha velado por nosotros. No debemos solamente buscar seguridad, sino brindarla; no podemos esperar siempre recibir, sino dar; podremos tender la mano como pobres cuando esta es consecuencia de un seguimiento radical, serio, verdadero del Señor, y de una constante proclamación de su Evangelio, que establece una nueva jerarquía. Quien sirve más, ese es el más grande. La grandeza consiste en servir.

 

Para discernir

 

  • ¿Somos conscientes de lo que nos define como discípulos?
  • ¿Valoro a los más pequeños y desposeídos?
  • ¿Experimento la fe como una vocación de servicio?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Dame un corazón de niño

 

Para la lectura espiritual

 

«Voy a enviarte un ángel por delante para que te cuide en el camino y te lleve al lugar que he preparado»

 

…”A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en todos tus caminos» (Sl 90,11) ¡Qué respeto debe suscitar en ti esta palabra, qué fervor debe hacer nacer en ti, y qué confianza te debe inspirar! El respeto a causa de su presencia, el fervor a causa de su benevolencia, la confianza a causa de su vigilancia… Ellos están aquí, a tu lado, y no solamente contigo sino para ti. Están presentes para protegerte, para socorrerte. ¿Cómo pagarás al Señor todo el bien que te ha hecho? (Sl 115, 3) Es a él solo a quien se debe rendir honor por esta ayuda; es él quien ha dado estas órdenes. «Todo don perfecto» (St 1,17) no puede venir más que de él. Pero no podemos dejar de agradecer, respecto a los ángeles, su gran caridad con la que obedecen y la gran necesidad que tenemos de su ayuda.

Seamos, pues, respetuosos y agradecidos por la vigilancia que nos ofrecen; amémoslos agradecidos y honrémoslos tanto como podamos, pues tanto les debemos… En Dios amemos a sus ángeles, sabiendo que un día ellos serán coherederos con nosotros y que ya desde ahora el Padre dispone y ordena que nos hagan de guías y educadores. Porque ya «desde ahora somos hijos de Dios» aunque esto no aparezca ahora con claridad (1Jn 3,2), puesto que somos hijos todavía sometidos a intendentes y educadores, y de momento, en nada diferimos de los siervos.

Sin embargo, por pequeños que seamos y por largo y peligroso que sea el camino que nos falta recorrer, ¿qué podemos temer con tan buena guardia?… Los ángeles son fieles, son prudentes, son poderosos; ¿qué podemos temer? Tan sólo sigámosles, estemos unidos a ellos, y permaneceremos bajo la protección del Dios del cielo”…

 

San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia – 12avo sermón sobre el salmo 90

Para rezar

 

Himno de Laudes al Santo Ángel de la Guarda

 

Ángel santo de la guarda,

compañero de mi vida,

tú que nunca me abandonas,

ni de noche ni de día.

 

Aunque espíritu invisible,

sé que te hallas a mi lado,

escuchas mis oraciones

y cuenta todos mis pasos.

 

En las sombras de la noche,

me defiendes del demonio,

tendiendo sobre mi pecho

tus alas de nácar y oro.

 

Ángel de Dios,

que yo escuche tu mensaje y que lo siga,

que vaya siempre contigo hacia Dios,

que me lo envía.

 

Testigo de lo invisible,

presencia del cielo amiga,

gracias por tu fiel custodia,

gracias por tu compañía.

 

En presencia de los Ángeles,

suba al cielo nuestro canto:

gloria al Padre, gloria al Hijo,

gloria al Espíritu Santo. Amén.

 

Jueves XXVI

 

¡Vayan! Yo los envío

 

Lectura del libro de Nehemías    8, 1-4a. 5-6. 7b-12

 

Todo el pueblo se reunió como un solo hombre en la plaza que está ante la puerta del Agua. Entonces dijeron a Esdras, el escriba, que trajera el libro de la Ley de Moisés, que el Señor había dado a Israel. El sacerdote Esdras trajo la Ley ante la Asamblea, compuesta por los hombres, las mujeres y por todos los que podían entender lo que se leía. Era el primer día del séptimo mes. Luego, desde el alba hasta promediar el día, leyó el libro en la plaza que está ante la puerta del Agua, en presencia de los hombres, de las mujeres y de todos los que podían entender. Y todo el pueblo seguía con atención la lectura del libro de la Ley.

Esdras, el escriba, estaba de pie sobre una tarima de madera que habían hecho para esa ocasión. Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo -porque estaba más alto que todos- y cuando lo abrió, todo el pueblo se puso de pie. Esdras bendijo al Señor, el Dios grande, y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: « ¡Amén! ¡Amén!» Luego se inclinaron y se postraron delante del Señor con el rostro en tierra.

Los levitas exponían la Ley al pueblo, que se mantenía en sus puestos. Ellos leían el libro de la Ley de Dios, con claridad, e interpretando el sentido, de manera que se comprendió la lectura.

Entonces Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote escriba, y los levitas que instruían al pueblo, dijeron a todo el pueblo: «Este es un día consagrado al Señor, su Dios: no estén tristes ni lloren.» Porque todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la Ley.

Después añadió: «Ya pueden retirarse; coman bien, beban un buen vino y manden una porción al que no tiene nada preparado, porque este es un día consagrado a nuestro Señor. No estén tristes, porque la alegría en el Señor es la fortaleza de ustedes.»

Y los levitas serenaban al pueblo, diciendo: « ¡Tranquilícense! Este día es santo: no estén tristes.»

Todo el pueblo se fue a comer y a beber, a repartir porciones y a hacer grandes festejos, porque habían comprendido las palabras que les habían enseñado.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 18, 8. 9. 10. 11 (R.: 9a)

 

R.    Los preceptos del Señor son rectos, alegran el corazón.

 

La ley del Señor es perfecta,

reconforta el alma;

el testimonio del Señor es verdadero,

da sabiduría al simple. R.

 

Los preceptos del Señor son rectos,

alegran el corazón;

los mandamientos del Señor son claros,

iluminan los ojos. R.

 

La palabra del Señor es pura,

permanece para siempre;

los juicios del Señor son la verdad,

enteramente justos. R.

 

Son más atrayentes que el oro,

que el oro más fino;

más dulces que la miel,

más que el jugo del panal. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    10, 1-12

 

El Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir.

Y les dijo: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.

Al entrar en una casa, digan primero: “¡Que descienda la paz sobre esta casa!” Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes. Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario.

No vayan de casa en casa. En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; curen a sus enfermos y digan a la gente: “El Reino de Dios está cerca de ustedes.” Pero en todas las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan: “¡Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes! Sepan, sin embargo, que el Reino de Dios está cerca.”

Les aseguro que en aquel Día, Sodoma será tratada menos rigurosamente que esa ciudad.»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Con la tenaz colaboración de Nehemías, de Esdras y de los levitas, se llegó a una reconstrucción humana y religiosa de aquella generación que había vuelto del destierro herida en su identidad social y religiosa.
  • El Israel que ha vuelto del exilio, tiene conciencia de que están ante un nuevo principio dentro de la historia de salvación. Después de la gran prueba el pueblo ha vuelto a nacer.
  • El recuerdo de la liberación de Egipto y la siguiente la alianza del Sinaí permanece vivo entre los restauradores. La liberación de Egipto se compara con la de la cautividad de Babilonia, pero se hace necesario renovar la alianza. Esto lleva consigo, como en la alianza del Sinaí, la proclamación de la ley y un sacrificio de comunión, una comida sagrada. Palabra y sacrificio de comunión, dos realidades litúrgicas íntimamente unidas.
  • Esdras se dispone a hacerlo con toda solemnidad y convoca, en honor de Dios, una reunión festiva de todo el pueblo. Israel como asamblea del pueblo congregada para el culto actualiza la antigua alianza.
  • Esdras, vuelto hacia la plaza, proclama solemnemente las palabras que contienen la Ley de Dios, y ante la explicación que hacen los levitas, el Pueblo reconoce que ha sido infiel al Señor, se entristece y llora. La Palabra de Dios interpela, revela los pecados. Escuchar a Dios es oír unas exigencias infinitas que hacen sentir tanto más nuestras pobrezas.
  • Pero el Señor ha sido misericordioso con su Pueblo; lo ha reinstalado en la tierra prometida y hay que celebrar. Cuando Dios habla, hay que responder. Todo el pueblo, alzando las manos, respondió: “¡Amén! ¡Amén!” Luego se inclinaron y se postraron ante el Señor, rostro en tierra. No basta con alegrarse con el Señor, es necesario volver la mirada hacia los que nada tienen y compartir con ellos lo que se tiene.

***

  • Jesús envía un grupo de 72 discípulos a anunciar el evangelio en tierra samaritana. No teniendo en cuenta las divisiones étnicas y los conflictos entre el pueblo samaritano y el pueblo judío, decide comunicar la Buena Nueva a todos los hombres. Para lograrlo se apoya en esta comunidad de discípulos que sale con su mandato, del mismo modo que antes habían salido el grupo de los doce.
  • Junto al envío Jesús da claras indicaciones: pide a sus enviados renuncia a toda seguridad humana y abandono. Que la experiencia de inseguridad los lleve a poner la confianza sólo en Dios para que todo lo que hagan, lo hagan en nombre de ese Padre misericordioso y providente, “que quiere que todos los hombres y mujeres se salven y hace salir el sol sobre justos e injustos”.
  • La buena noticia será el anuncio de que «Ya ha llegado el reino de Dios». Empieza un orden nuevo, que se ha de notar por los frutos abundantes que produce. Jesús los envía de dos en dos, formando una pequeña comunidad, para que muestren con hechos lo que anuncian de palabra. Han de compartir techo y mesa con aquellos que los reciben, curando a los enfermos que haya, liberando a la gente de todo aquello que los atormente.
  • El mensaje del Reino es llamada a la realización gozosa de la comunión entre los hombres. Anuncio que exige signos visibles. Partir y compartir el alimento y la vida de los hombres. Compasión y solidaridad como expresión del triunfo sobre el dolor producido por el egoísmo e indiferencia de los hombres.
  • Junto al gozo del anuncio que se brinda, se debe estar dispuesto a aceptar la incomprensión y el rechazo que llega por parte de aquellos que viven y construyen un mundo al margen y en oposición a los valores del Reino de Dios. Por eso la Palabra de anuncio, será también palabra de denuncia dolorida ante los obstáculos a la realización de una convivencia más humana de acuerdo al querer de Dios.
  • El Reino apremia y necesita ser proclamado por todas partes y a toda persona, y de forma urgente por eso no hay tiempo que perder. Este Reino iniciado con la llegada de Jesús, debe extenderse para que la Creación llegue a su plenitud.
  • Nosotros hoy, como Iglesia, debemos ser plenamente conscientes de nuestra misión. La evangelización no es obra exclusiva de algunos. La misión es la vocación y tarea de toda la comunidad cristiana. Nosotros también tenemos el compromiso de que el Reino acontezca aquí y ahora en palabras y gestos.

 

Para discernir

 

  • ¿Siento apremio por anunciar el reino?
  • ¿Estoy dispuesto a soportar el rechazo?
  • ¿Acepto que el anuncio es mi vocación más profunda como cristiano?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

El Reino de Dios está cerca

 

Para la lectura espiritual

 

“Rogad al dueño de la mies”

 

Recordando la recomendación de Jesús: “La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies” (Mt 9, 37-38), percibimos claramente la necesidad de orar por las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. No ha de sorprender que donde se reza con fervor florezcan las vocaciones. La santidad de la Iglesia depende esencialmente de la unión con Cristo y de la apertura al misterio de la gracia que actúa en el corazón de los creyentes. Por ello quisiera invitar a todos los fieles a cultivar una relación íntima con Cristo, Maestro y Pastor de su pueblo, imitando a María, que guardaba en su corazón los divinos misterios y los meditaba asiduamente (cf. Lc 2, 19). Unidos a Ella, que ocupa un lugar central en el misterio de la Iglesia, podemos rezar:

 

Padre,

haz que surjan entre los cristianos

numerosas y santas vocaciones al sacerdocio,

que mantengan viva la fe

y conserven la grata memoria de tu Hijo Jesús

mediante la predicación de su palabra

y la administración de los Sacramentos

con los que renuevas continuamente a tus fieles.

 

Danos santos ministros del altar,

que sean solícitos y fervorosos custodios de la Eucaristía,

sacramento del don supremo de Cristo

para la redención del mundo.

 

Llama a ministros de tu misericordia

que, mediante el sacramento de la Reconciliación,

derramen el gozo de tu perdón.

 

Padre,

haz que la Iglesia acoja con alegría

las numerosas inspiraciones del Espíritu de tu Hijo

y, dócil a sus enseñanzas,

fomente vocaciones al ministerio sacerdotal

y a la vida consagrada.

 

Fortalece a los obispos, sacerdotes, diáconos,

a los consagrados y a todos los bautizados en Cristo

para que cumplan fielmente su misión

al servicio del Evangelio.

 

Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amén.

 

María Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros.

 

Benedicto XVI – Mensaje para la Jornada Mundial de oración por las vocaciones, 07/05/2006

(trad. © copyright Libreria Editrice Vaticana)

 

Para rezar

 

Te comparto mi esperanza

 

Te comparto mi esperanza de esperar cada momento
con la misma fuerza y ganas de la primera mañana.

Ofrecer siempre las manos abiertas y no cerradas,
saber entregar amor a través de la mirada.

Aprender a dar la vida, compartir la espera larga,
al lado de los que sufren, hacer la fe solidaria.

Soñar con las utopías, vivir para realizarlas,
luchando por los ideales, y la justicia sumarla.

Saber caminar con otros en lucha comunitaria, para que
todos los hombres vivan una vida más humana.

Vivir para los demás, como nos mostró Jesús,
hasta entregarnos su vida en lo alto de una cruz.

Vivir mirando las cosas con la mirada de Dios,
para hacer un mundo nuevo de Justicia, Paz y Amor.

No creas que será fácil caminar este camino pero
las crisis ayudan a ir descubriendo el sentido.

La verdad que hay en las cosas es un tesoro escondido,
quien equivoca la senda, tal vez su vida ha perdido.

El Evangelio te muestra como no errar el camino,
de veras, vale la pena a Jesucristo seguirlo.

Te comparto mi esperanza de empezar cada momento
con la misma fuerza y ganas de la primera mañana.

Marcelo A. Murúa

Viernes XXVI

San Francisco de Asís

 

El que me rechaza, rechaza a aquel que me envió

 

Lectura del libro del profeta Baruc    1, 15-22

 

Al Señor, nuestro Dios, pertenece la justicia; a nosotros, en cambio, la vergüenza reflejada en el rostro, como sucede en el día de hoy: vergüenza para los hombres de Judá y los habitantes de Jerusalén, para nuestros reyes y nuestros jefes, para nuestros sacerdotes, nuestros profetas y nuestros padres. Porque hemos pecado contra el Señor, le hemos sido infieles y no hemos escuchado la voz del Señor, nuestro Dios, que nos mandaba seguir los preceptos que él puso delante de nosotros.

Desde el día en que el Señor hizo salir a nuestros padres del país de Egipto, hasta el día de hoy, hemos sido infieles al Señor, nuestro Dios, y no nos hemos preocupado por escuchar su voz. Por eso han caído sobre nosotros tantas calamidades, así como también la maldición que el Señor profirió por medio de Moisés, su servidor, el día en que hizo salir a nuestros padres del país de Egipto, para darnos una tierra que mana leche y miel. Esto es lo que nos sucede en el día de hoy.

Nosotros no hemos escuchado la voz del Señor, nuestro Dios, conforme a todas las palabras de los profetas que él nos envió. Cada uno se dejó llevar por los caprichos de su corazón perverso, sirviendo a otros dioses y haciendo el mal a los ojos del Señor, nuestro Dios.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 78, 1-2. 3-5. 8. 9 (R.: 9b)

 

R.    Líbranos, Señor, a causa de tu Nombre.

 

Señor, los paganos invadieron tu herencia,

profanaron tu santo Templo,

hicieron de Jerusalén un montón de ruinas;

dieron los cadáveres de tus servidores

como pasto a las aves del cielo,

y la carne de tus amigos, a las fieras de la tierra. R.

 

Derramaron su sangre como agua

alrededor de Jerusalén,

y nadie les daba sepultura.

Fuimos el escarnio de nuestros vecinos,

la irrisión y la burla de los que nos rodean.

¿Hasta cuándo, Señor? ¿Estarás enojado para siempre?

¿Arderán tus celos como un fuego? R.

 

No recuerdes para nuestro mal

las culpas de otros tiempos;

compadécete pronto de nosotros,

porque estamos totalmente abatidos. R.

 

Ayúdanos, Dios salvador nuestro,

por el honor de tu Nombre;

líbranos y perdona nuestros pecados,

a causa de tu Nombre. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    10, 13-16

 

¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados entre ustedes, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y sentándose sobre ceniza. Por eso Tiro y Sidón, en el día del Juicio, serán tratadas menos rigurosamente que ustedes.

Y tú, Cafarnaún, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno.

El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza, rechaza a aquel que me envió.

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Este Baruc es probablemente el secretario y hombre de confianza del profeta Jeremías. Lo encontramos en Babilonia, a la muerte de Jeremías, hacia el 580 antes de Cristo.
  • En esta época muchos judíos se encontraban en la Dispersión, reunidos en pequeñas comunidades en ciudades paganas.
  • Esta situación ha hecho que el pueblo reflexione sobre su «historia nacional» de pecado y clame a Yahvé.
  • Los textos que leemos hoy contienen una larga oración litúrgica. Es una oración emocionada, humilde, en la que reconocen que son culpables de lo que les está pasando, porque todos han sido infieles a Dios, empezando por los políticos y sacerdotes.
  • El pensamiento judío, como también el pensamiento popular de muchos pueblos, piensa que hay una relación entre el pecado y la desgracia, por eso la plegaria empieza con una confesión sincera y lúcida de los pecados de toda la comunidad de ahora y de antes, sigue con el reconocimiento del sentido del castigo divino y termina pidiendo misericordia. En un clima de serenidad aparece claramente la teología del pecado, de la conversión y del perdón,
  • El principal pecado, del que todos son responsables, reside en haber despreciado la palabra de Dios: «Desde el día en que el Señor sacó a nuestros padres de Egipto hasta hoy no hemos hecho caso al Señor, nuestro Dios. Se recuerda constantemente el beneficio del éxodo, que contrasta con la dureza de corazón del pueblo.
  • Dios es siempre fiel a su amor por nosotros. Jamás dejará de amarnos, por muchas ofensas y rebeldías que hayamos hecho en contra suya, pues en medio de nuestras infidelidades, Él permanece fiel, ya que no puede desdecirse a sí mismo.
  • Como respuesta a esta fidelidad y amor no sólo hemos de reconocer nuestras faltas, sino que necesitamos arrepentirnos y pedir perdón, lo que nos llevará a reiniciar un nuevo camino de lealtad en la presencia del Señor.

***

  • Jesús y los suyos tenían ya experiencia de fracaso en su trabajo evangelizador. Acababan de dejar Galilea, de donde conservaban algunos recuerdos amargos. En su paso por Samaria no los habían querido hospedar y en Jerusalén les esperaban cosas aún peores.
  • El Evangelio de hoy narra las tres lamentaciones de Jesús contra tres ciudades galileas: Betsaida, Corozaín y Cafarnaún. La decepción es mayor por Cafarnaún, ciudad que Jesús había hecho centro de su predicación. Ha constatado con dolor que en los lugares donde se podía esperar una buena aceptación de su mensaje es donde encuentra más obstinación y dureza de corazón. Por el contrario, en las ciudades de Tiro y de Sidón, donde no esperaba nada ha encontrado mejor disposición para aceptar el mensaje.
  • Jesús culmina su lamento poniendo de manifiesto la íntima relación entre él y su Padre que lo ha enviado y anuncia que, al final, habrá un juicio duro para los que no han sabido acoger al enviado de Dios.
  • También hoy encontraríamos esta lamentación ante muchas de nuestras actitudes. Frecuentemente, por haber recibido y aceptado el anuncio nos colocamos en una posición de superioridad, que nos hace creer que ya lo sabemos todo, que no hay nada nuevo que podamos aprender. Nos armamos de una falsa seguridad que nos aísla del llamado incesante que hay en la vida al cambio y al crecimiento. Nos cerramos en una fe estática que anula nuestra capacidad de cambio, de ajuste de nuestro modo de ver, sentir, pensar.
  • Otras veces aceptamos parcialmente el mensaje tratando de acomodarlo a nuestras conveniencias y negando aquello que nos resulta arduo o enfrentado a nuestros intereses. No se trata muchas veces de un rechazo explícito y verbal pero sí es el rechazo práctico de mutilar o hacer caso omiso de los aspectos más comprometedores y de mayor exigencia del evangelio.
  • Lo mismo sucede en el plano institucional. Nos apegamos a costumbres, tradiciones, mandatos y dogmatismos cerrándonos a la acción siempre novedosa del Espíritu; empobreciendo cada vez más las posibilidades de enriquecimiento del mensaje. Nos creemos poseedores de una verdad dada, fuera de la cual nadie tiene nada que decir, nada que aportar. Nos conformamos con repetir, sin llegar a la raíz de la vida para dejarnos transformar, y transformar desde ahí la realidad, con la novedad que Jesús trae.
  • Las palabras finales de este Evangelio son una llamada a la conversión y traen esperanza. Escuchemos la voz de Jesús para que el amor supere progresivamente el egoísmo arraigado en nuestra vida y en nuestras estructuras. La conversión es un trabajo siempre inacabado y es el camino por el cual Dios nos recreará y recreará su Iglesia.

 

Para discernir

 

  • ¿Qué frutos de conversión da en mí el anuncio del evangelio?

  • ¿Me acostumbré a la Palabra de Jesús?

  • ¿Vivo en espíritu de conversión constante?

 

Para la lectura espiritual

 

«El que os escucha a vosotros a mí me escucha; el que os rechaza a vosotros a mí me rechaza »

 

Nuestro tiempo es dramático y al mismo tiempo fascinador. Mientras por un lado los hombres dan la impresión de ir detrás de la prosperidad material y de sumergirse cada vez más en el materialismo consumista, por otro, manifiestan la angustiosa búsqueda de sentido, la necesidad de interioridad, el deseo de aprender nuevas formas y modos de concentración y de oración. No sólo en las culturas impregnadas de religiosidad, sino también en las sociedades secularizadas, se busca la dimensión espiritual de la vida como antídoto a la deshumanización… La Iglesia tiene un inmenso patrimonio espiritual para ofrecer a la humanidad: en Cristo, que se proclama «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14,6).

La Iglesia debe de ser fiel a Cristo; ella es su cuerpo y recibe la misión de hacerle presente. Es necesario que “siga el mismo camino que Cristo, el camino de la pobreza, de la obediencia, del servicio y de la inmolación de sí hasta la muerte, de la cual salió victorioso por su resurrección” (Vaticano II, AG 59). Así pues, la Iglesia debe hacer todo lo posible para realizar su misión en el mundo y llegar a todos los pueblos; tiene también el derecho, concedido por Dios, de llevar a cabo la realización de su plan. La libertad religiosa, a veces todavía limitada o restringida, es la condición y la garantía de todas las libertades que fundamentan el bien común de las personas y de los pueblos. Es de desear que se conceda a todos y en todo lugar la verdadera libertad religiosa… Se trata de un derecho inalienable de toda persona humana.

Por otra parte, la Iglesia se dirige al hombre en el respeto total hacia su libertad; la misión no restringe la libertad sino que la favorece. La Iglesia propone; no impone jamás; respeta a las personas y a las culturas, y se detiene ante el altar de la conciencia. A los que, bajo diversos pretextos, se oponen a su actividad misionera, la Iglesia les repite: “¡Abrid las puertas a Cristo!”  

 

San Juan Pablo II (1920-2005), Papa
Encíclica “Redemptoris missio”, § 38-39 (trad. Libreria Editrice Vaticana)

 

Para rezar

 

Oración de amor y amistad

 

Señor:
Qué hermoso es tener un corazón
con capacidad para amar y perdonar,
para ayudar y comprender,
para creer y confiar.

Pero qué difícil me resulta practicarlo,
hacerlo vida en mis actos de cada día.
Mis fuerzas son muy limitadas
y son más las horas bajas que las buenas.

Tú siempre estás ahí, esperándome,
creyendo en mí, confiando en mí.

Que una caída de hoy sea un peldaño
que me acerque más a ti y a mis hermanos;
que cada día tenga el coraje
de volver a empezar en el camino del amor.

Que al cerrar cada noche,
pueda refugiarme en tu regazo
de Padre compresivo y amoroso.

Dame la valentía de saber unir
mi mano a otros hombres, mis hermanos,
para hacer crecer entre todos
el arco iris del amor y de la amistad.

 

Lidia María de Jesús

 

Sábado XXVI

 

Que sus nombres estén escritos en el cielo

 

Lectura del libro del profeta Baruc    4, 5-12. 27-29

 

¡Ánimo, pueblo mío, memorial viviente de Israel! Ustedes fueron vendidos a las naciones, pero no para ser aniquilados; es por haber excitado la ira de Dios, que fueron entregados a sus enemigos. Ustedes irritaron a su Creador, ofreciendo sacrificios a los demonios y no a Dios; olvidaron al Dios, eterno, el que los sustenta, y entristecieron a Jerusalén, la que los crió.

Porque ella, al ver que la ira del Señor se desencadenaba contra ustedes, exclamó: «Escuchen, ciudades vecinas de Sión: Dios me ha enviado un gran dolor. Yo he visto el cautiverio que el Eterno infligió a mis hijos y a mis hijas. Yo los había criado gozosamente y los dejé partir con lágrimas y dolor. Que nadie se alegre al verme viuda y abandonada por muchos. Estoy desolada por los pecados de mis hijos, porque se desviaron de la Ley de Dios.

¡Ánimo, hijos, clamen a Dios, porque Aquel que los castigó se acordará de ustedes! Ya que el único pensamiento de ustedes ha sido apartarse de Dios, una vez convertidos, búsquenlo con un empeño diez veces mayor. Porque el que atrajo sobre ustedes estos males les traerá, junto con su salvación, la eterna alegría.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 68, 33-35. 36-37 (R.: 34a)

 

R.    El Señor escucha a los pobres.

 

Que lo vean los humildes y se alegren,

que vivan los que buscan al Señor:

porque el Señor escucha a los pobres

y no desprecia a sus cautivos. R.

 

Que lo alaben el cielo, la tierra y el mar,

y todos los seres que se mueven en ellos. R.

 

El Señor salvará a Sión

y volverá a edificar las ciudades de Judá:

el linaje de sus servidores la tendrá como herencia,

y los que aman su nombre morarán en ella. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    10, 17-24

 

Los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos de gozo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre.»

El les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos. No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo.»

En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.»

Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: « ¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven! ¡Les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron!»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Sigue el profeta Baruc, esta vez animando al pueblo a volver decididamente a Dios.
  • El mismo profeta que hizo que las comunidades judías dispersas en el paganismo, fueran conscientes de su participación en el pecado del mundo; repite la idea de que las desgracias que los están abrumando las tienen bien merecidas, porque se entregaron a sus enemigos “olvidándose del Señor que los había criado”.
  • Ahora, también abre la esperanza de su pueblo, le da ánimo porque el Dios que los castigó se acordará de ellos, y les mandará “el gozo eterno de la salvación”. Pero es necesario convertirse a Él, volver a buscarlo con un redoblado empeño. El destierro ayudó al pueblo israelita a madurar en su fe.
  • Dios los llama afectuosamente «pueblo mío», haciéndole la promesa de un retorno definitivo.
  • Desde hermosas comparaciones nos habla de Dios: un padre a quien los hijos hacen sufrir, una madre abandonada por sus hijos. Un Dios que sufre más que nosotros por nuestros pecados.
  • Si muchas veces permite que quedemos atrapados en las redes del dolor, del sufrimiento, de la enfermedad como consecuencia de nuestras rebeldías en contra suya; sin embargo, Él siempre tiene puesta en nosotros su mirada amorosa; siempre está dispuesto a perdonarnos y a liberarnos de la mano de nuestros enemigos.
  • Él es nuestro Dios y Padre, y no enemigo a la puerta de nuestra casa. Un Dios compasivo, misericordioso y siempre fiel para con nosotros.

***

  • Los que habían sido enviados vuelven de la misión y se toman un tiempo para contarle al Maestro lo que han vivido. Este encuentro es el punto de partida para nuevas lecciones de Jesús para los misioneros. Los setenta y dos regresan alegres por el éxito de su trabajo: la victoria sobre el mal lograda por la invocación del nombre de Jesús. Experimentan la grandeza del ser discípulos de Jesús, que les ha dado poder sobre todo “poder enemigo”.
  • Pero Jesús no se queda en la acción, sino que los invita a levantar sus miradas hacia lo alto y alaba a Dios Padre, por la obra realizada por sus discípulos. Jesús se goza en la acción de gracias porque la revelación de Dios, ha llegado a los pequeños y han tenido acceso al corazón de un Padre que se desvela por sus hijos más pequeños y los ama a través de las acciones de su Hijo. Sin embargo la verdadera victoria, no es sólo la obra que han realizado por la salvación de otros sino la misma salvación de ellos.
  • Como Iglesia evangelizadora no podemos olvidar que evangelizamos y nos evangelizamos, que siempre somos discípulos, que lo que anunciamos debe ir en coherencia con lo que vivimos, que lo que proclamamos es lo que nos esforzamos en creer, que lo que damos es la expresión de lo que llevamos dentro.
  • La Iglesia es dichosa por la obra que se le encomienda pero sobre todo porque la Palabra de gracia sigue resonando en su interior y la invita a renovarse constantemente.
  • Hoy más que nunca, nuestro testimonio de vida es condición esencial para la eficacia de la misión. Debemos hacernos responsables del Evangelio que proclamamos.
  • Es necesario que nuestro esfuerzo evangelizador brote de una verdadera santidad de vida y que el anuncio, animado con la oración y el amor a la Eucaristía, vaya santificándonos. El mundo exige y espera de nosotros: sencillez de vida, espíritu de oración, caridad para con todos y especialmente con los pequeños y los pobres, humildad, generosidad y alegre renuncia. Sólo es creíble para el mundo de hoy un Evangelio encarnado.

 

Para discernir

 

  • ¿Experimento mi vida como misión?
  • ¿Me alegro de que la buena noticia llegue a los hombres?
  • ¿Dónde está mi felicidad como evangelizador?

 

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Te alabo Padre

 

Para la lectura espiritual

 

«En aquel momento, Jesús se llenó de alegría»

…”Por su misma esencia, el gozo cristiano es la participación espiritual en el gozo insondable, conjuntamente divino y humano, que está en el corazón de Jesucristo glorificado…Contemplémosle a lo largo de su vida terrestre; en su humanidad hizo experiencia de nuestros gozos. Jesús, manifiestamente ha conocido, apreciado, celebrado toda una gama de gozos humanos, de estos gozos simples y cotidianos, al alcance de todos. La profundidad de su vida interior no ha debilitado lo concreto de su mirada, ni su sensibilidad. Admira los pájaros y los lirios del campo. De buenas a primeras une en su mirar, la mirada de Dios sobre la creación al amanecer de la historia. Gustosamente exalta el gozo del sembrador y del segador, el del hombre que encuentra un tesoro escondido, el del pastor que recupera su oveja o el de la mujer que encuentra la moneda perdida, el gozo de los invitados a la fiesta, el gozo de las bodas. El del padre que acoge a su hijo el regresar de una vida de pródigo y el de la mujer que acaba de dar a luz a un hijo.

Estos gozos humanos tienen para Jesús tanta consistencia que para él son signos de los gozos espirituales del Reino de Dios: gozo de los hombres que entran en este Reino, que vuelven a él o trabajan en él, gozo del Padre que los acoge. Por su parte, Jesús mismo manifiesta su satisfacción y su ternura cuando encuentra a unos niños que desean acercársele, a un hombre rico, fiel y preocupado de hacer todo de su parte, amigos que le abren la puerta de su casa como Marta, María, Lázaro. Su dicha se encuentra sobre todo al ver acogida la Palabra, liberados los posesos, convertirse a una mujer pecadora o un publicano como Zaqueo, una viuda que coge de su propia indigencia para dar. Exulta igualmente de gozo cuando constata que la revelación del Reino, que permanece escondida a los sabios y entendidos, se da a los más pequeños. Sí, puesto que Cristo vivió nuestra condición humana y fue «probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado» (Heb 4,15) acogió y experimentó los gozos afectivos y espirituales como un don de Dios. Y no cesó en su empeño hasta que no hubo «anunciado a los pobres la Buena Noticia, y a los afligidos el gozo» (cfr. Lc 4,10)”…

 

San Pablo VI, papa de 1963-1978 – Exhortación apostólica sobre el gozo cristiano «Gaudete in Domino»

 

 

Para rezar

 

Señor ayúdame a anunciar a todos tu evangelio.
Que no me cierre a nadie,

y mire especialmente a los que más te necesitan.
Quiero caminar con ojos abiertos, pie firme

y con el corazón en la mano,

mostrando mi fe, sin miedo ni vergüenza,
simplemente, viviéndola.
Llevando la Buena Noticia a la humanidad,

construyendo una Iglesia unida, justa y fraternal.
Que pueda vivir cada día, aún a costa mía,

la radicalidad del Evangelio,

para no desfigurar el mensaje de salvación

que los hombres merecen encontrar.