TIEMPO DTE EL AÑO – SEMANA XXVII – CICLO C

Domingo XXVII

Ciclo C

 

Lunes XXVII

 

Martes XXVII

 

Miércoles XXVII

 

Jueves XXVII

 

Viernes XXVII

 

Sábado XXVII

 

Domingo XXVII

Ciclo C

 

Si tuvieras fe

 

PRIMERA LECTURA

Lectura de la profecía de Habacuc 1, 2-3; 2, 2-4

 

¿Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio sin que tú escuches, clamaré hacia ti: «¡Violencia!», sin que tú salves? ¿Por qué me haces ver la iniquidad y te quedas mirando la opresión? No veo más que saqueo y violencia, hay contiendas y aumenta la discordia.

El Señor me respondió y dijo: Escribe la visión, grábala sobre unas tablas para que se la pueda leer de corrido. Porque la visión aguarda el momento fijado, ansía llegar a término y no fallará; si parece que se demora, espérala, porque vendrá seguramente, y no tardará. El que no tiene el alma recta, sucumbirá, pero el justo vivirá por su fidelidad.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 94, 1-2. 6-7. 8-9 (R.: 8)

 

R.    Ojalá hoy escuchéis la voz del Señor:

«No endurezcáis vuestro corazón.»

 

¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor,

aclamemos a la Roca que nos salva!

¡Lleguemos hasta él dándole gracias,

aclamemos con música al Señor! R.

 

¡Entren, inclinémonos para adorarlo!

¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó!

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros, el pueblo que él apacienta,

las ovejas conducidas por su mano. R.

 

Ojalá hoy escuchen la voz del Señor:

«No endurezcan su corazón como en Meribá,

como en el día de Masá, en el desierto,

cuando sus padres me tentaron y provocaron,

aunque habían visto mis obras.» R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo

a Timoteo    1, 6-8. 13-14

 

Querido hermano:

Te recomiendo que reavives el don de Dios que has recibido por la imposición de mis manos. Porque el Espíritu que Dios nos ha dado no es un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de sobriedad.

No te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni tampoco de mí, que soy su prisionero. Al contrario, comparte conmigo los sufrimientos que es necesario padecer por el Evangelio, animado con la fortaleza de Dios.

Toma como norma las saludables lecciones de fe y de amor a Cristo Jesús que has escuchado de mí. Conserva lo que se te ha confiado, con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    17, 3b-10

 

Los apóstoles le dijeron al Señor: «Auméntanos la fe.» El respondió: «Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: “Arráncate de raíz y plántate en el mar,” ella les obedecería.

Supongamos que uno de ustedes tiene un servidor para arar o cuidar el ganado. Cuando este regresa del campo, ¿acaso le dirá: “Ven pronto y siéntate a la mesa”? ¿No le dirá más bien: “Prepárame la cena y recógete la túnica para servirme hasta que yo haya comido y bebido, y tú comerás y beberás después”? ¿Deberá mostrarse agradecido con el servidor porque hizo lo que se le mandó?

Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: “Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber”»

 

Palabra del Señor.

 

Para reflexionar

 

  • Habacuc presenta la fe como sostenimiento en medio de una situación dramática, cuando parece que todo se hunde: quien se sostiene en Dios, podrá vivir en medio de los conflictos, aunque todo se vaya al traste: al final, queda Dios. El creyente camina por el difícil camino personal y colectivo de la humanidad, convencido de que Dios le sostiene y que sostiene el camino de todos.

***

  • Pablo llama “tesoro” a la gracia y a le fe recibidas. A cada creyente le ha sido confiado este tesoro: el tesoro de la fe, el tesoro del Evangelio, el tesoro de la vida nueva en Jesucristo. Un tesoro para ser amado, para ser conservado, para ser vivido, para ser transmitido en todas las circunstancia de la vida, con la fuerza del Espíritu Santo.

***

  • La súplica de fe de los Apóstoles tiene como contexto la exigencia del perdón total. Es tan difícil este perdón que los apóstoles piden la capacidad de aceptar las debilidades de los hermanos, así como ellos tienen que aceptar las suyas.
  • Los apóstoles han comprendido que tienen fe, pero comprenden que no es suficiente y que esta fe es un don. Pero no se trata de aumentar la cantidad, sino de saber recibir con disponibilidad el don que debe dar fruto.
  • A la petición de los apóstoles de que se les aumente la fe, Jesús responde hablando del poder y sentido de la fe. Basta un mínimo de fe para mover el mundo. La frase de Jesús no tiene una perspectiva milagrera de tal modo que los problemas se pueden resolver casi por arte de magia con sólo abrir los labios y poner a Dios a nuestro servicio. Jesús no responde exactamente a la petición de sus discípulos. Aprovecha la ocasión para expresar la eficacia de la verdadera fe, capaz de obtenerlo todo de Dios.
  • La petición de los apóstoles los sitúa y nos sitúa en el centro de toda la oración cristiana. Pedirle a Jesús que nos aumente la fe es:
  • aceptar con nuestra vida el misterio del Dios que se revela en Jesús
  • valorar lo que él valora y como él lo valora, traduciéndolo en vida.
  • La fe toca el fondo de Dios y el centro del corazón de los hombres. La fe nos hace participar de la vida del Dios que todo lo puede, del Dios que no tiene límites en su amor.
  • La fe es reconocimiento de debilidad. Quien no se siente débil, nunca tendrá el gozo de poder sentir la fortaleza de Dios.
  • La fe es el convencimiento de que en la lucha por la transformación del mundo el mal puede ser arrancado de raíz. Es el poder que vence al mundo.
  • La fe es un modo nuevo de vivir en el mundo y por el mundo.
  • La fe es una fuerza interior que nos empuja y nos hace capaces de afrontar las dificultades de la vida sabiendo que, al fin y al cabo, todo lo que existe tiene un sentido y todo está bajo la mirada de Dios.
  • La fe no es sólo creer que Dios existe: es fiarse, esperar, caminar por donde Jesús caminó guiados por su palabra sabiendo desde lo más profundo de nosotros mismos que, si creemos, no es porque nosotros lo hayamos logrado con nuestro trabajo, sino porque el Padre nos ha llamado y nos ha dado su mano, nos ha hecho descubrir que todo esto vale la pena.
  • La fe tiene que estar unida a la vida, contrastada por la vida. No es un puro asentimiento intelectual que se conforma con recitar el Credo. La ortodoxia de la fe exige la ortopraxis. Las obras son la marca de la verdadera fe.
  • La fe es calidad de vida, actitud existencial que hace posible lo imposible. Pero esta actitud puede tener el riesgo de la vanidad. Para contrarrestar este posible riesgo Lucas propone la parábola del criado que, obedeciendo al amo, no hacía más que cumplir con su deber. El criado es criado y tiene que hacer lo que se le mande.
  • de hombre que viva en la libertad y en el amor ya es suficiente premio. Tener fe es aprender a vivir con intensidad y gozo la experiencia humilde de sentirse llamado a vivir de un modo nuevo y hacer nuevas todas las cosas. Y esto no debe ser motivo de envanecimiento porque se está haciendo lo que debe aquí y ahora.
  • Cuando respondemos a esta llamada lo único que hacemos es corresponder a un amor que nos lo ha dado todo y ser agradecidos.
  • Dios no está obligado a nada, sin embargo sabemos que se preocupa de nosotros y que podemos confiar en su ayuda. Nos quiere mucho más de lo que nosotros podamos imaginar y por eso estamos seguros en sus manos. No sabemos lo que nos dará, pero tenemos la confianza en que siempre es mucho más de lo que hubiéramos soñado.
  • Si la recompensa es esperada, debe ser recibida como un don de la bondad del Padre.

 

Para discernir

 

  • ¿Pedimos al Señor que nos aumente la fe?
  • ¿Nos pensamos con derechos ante Dios?
  • ¿Valoramos la fe como un premio?

 

Repitamos a lo largo de este día

 

Señor, auméntanos la fe

 

Para la lectura espiritual

 

Somos unos pobres siervos

 

Éste es un modo de servir que hace humilde al que sirve. No adopta una posición de superioridad ante el otro, por miserable que sea momentáneamente su situación. Cristo ocupó el último puesto en el mundo —la cruz—, y precisamente con esta humildad radical nos ha redimido y nos ayuda constantemente. Quien es capaz de ayudar reconoce que, precisamente de este modo, también él es ayudado; el poder ayudar no es mérito suyo ni motivo de orgullo. Esto es gracia.

Cuanto más se esfuerza uno por los demás, mejor comprenderá y hará suya la palabra de Cristo: « Somos unos pobres siervos » (Lc 17,10). En efecto, reconoce que no actúa fundándose en una superioridad o mayor capacidad personal, sino porque el Señor le concede este don. A veces, el exceso de necesidades y lo limitado de sus propias actuaciones le harán sentir la tentación del desaliento. Pero, precisamente entonces, le aliviará saber que, en definitiva, él no es más que un instrumento en manos del Señor; se liberará así de la presunción de tener que mejorar el mundo —algo siempre necesario— en primera persona y por sí solo. Hará con humildad lo que le es posible y, con humildad, confiará el resto al Señor.

 

Papa Benedicto XVI – Encíclica «Deus caritas est», § 35


Para rezar

 

Dame fe como un grano de mostaza, Señor

 

Para que, orando, me olvide de todo lo que me rodea

y, viviendo, sepas que Tú habitas en mí.

Para que, creyendo en Ti, anime a otros a fiarse de Ti

a moverse por Ti

a no pensar sino desde Ti

¿Me ayudarás, Señor?

¿Será mi fe como el grano de mostaza?

 

Dame la capacidad de esperar y soñar siempre en Ti

Dame el don de crecer

y de robustecer mi confianza en Tí

 

Dame la alegría de saber que, Tú, vives en mí

Dame la fortaleza que necesito para luchar por TI

 

Dame fe como un grano de mostaza.

sencilla, pero obediente y nítida,

radical, pero humilde y acogedora,

soñadora, pero con los pies en la tierra.

Con la mente en el cielo, pero con los ojos despiertos.

Con los pies en el camino, pero con el alma hacia Ti.

¿Me ayudarás, Señor?

Dame fe, como un grano de mostaza

¿Será suficiente, Señor?

 

Javier Leoz

 

DOMINGO 6 DE OCTUBRE 2019

En la Arquidiócesis de Buenos Aires se celebra la misa propia de Nuestra Señora de Luján

 

Madre, ayudanos a unirnos como pueblo

Guión para la misa: click aquí. Más información enwww.peregrinaciónluján.org.ar

Lecturas: Hch 1, 12-14; 2, 1-4.  S.R. Lc 1, 46-55. Jn 19, 25-27.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan 19, 25-27


 

Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo.» Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre.» Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.

 

Palabra del Señor

 

Para reflexionar

 

María Peregrina

  • En este tiempo, en este día: queremos y debemos mirar de una manera especial a nuestra Madre: María es la estrella que refleja los rayos del Sol de Justicia que viene de los alto y nos muestra el camino de nuestro peregrinar. María nos educa «consiguiéndonos abundantes dones del Espíritu Santo y proponiéndonos, al mismo tiempo, el ejemplo de aquella “peregrinación de la fe”, de la cual es maestra incomparable» (Juan Pablo II).
  • Su vida se consume en el seguimiento radical de ese Camino que es su propio Hijo, y recorriendo con ella sus pasos, vamos caminando hacia la santidad. Ella es la “Madre del peregrino”, que nos acompaña siempre, y especialmente en los momentos de cansancio o dificultad. María es peregrina por excelencia. Además del Señor Jesús, ella es quién ha comprendido mejor que nadie, que este mundo no es un lugar para instalarse, sino para realizar el Plan de Dios.
  • Su vida estuvo marcada por las peregrinaciones. La primera es aquella por la que sale de sí para abrirse al plan de Dios, luego vendrá la que emprende para atender a su prima Isabel, quien, como Ella, está embarazada. Ambos embarazos son fruto del amor de Dios por su pueblo. Se pone en camino después que el ángel le anuncia que será la Madre del Redentor; luego de su peregrino “Hágase” lleno de confianza y amor, María inicia una peregrinación para vivir el servicio humilde y necesario. La que lleva la Palabra en su vientre “se levanta” y se pone en marcha, a la ciudad de Ain Carim, para ofrecer su servicio de compasión y amor. Todo su ser expresa esa unión íntima, con el Hijo a quien lleva en sus entrañas.
  • María, responde a la alabanza de Isabel redireccionando su saludo y volviéndolo una alabanza al buen Dios. Poco tiempo después María, peregrina hacia José, hacia la oscuridad que se hace luz y juntos inician su peregrinar, ahora como familia, a Belén, la ciudad de David. La Madre de Jesús experimenta las dificultades del camino, la indiferencia de los posaderos, las incomodidades y necesidades de un pesebre. Pero nada podrá empañar la inmensa alegría del nacimiento del Señor, acompañada por la solidaridad de los pobres pastores y por el homenaje de los reyes que manifiestan la esperanza de todos los pueblos por el Mesías.
  • Peregrinarán luego para cumplir con las prescripciones de la Ley de Moisés, y recibe la profecía del dolor y la contradicción por parte del anciano Simeón. Peregrina a Jerusalén para la fiesta de la Pascua cuando Jesús tuvo doce años. Año tras año María peregrinó a Jerusalén, la Ciudad Santa, año tras año, llevó a su Hijo educándolo en el sentido de la peregrinación y dejándose educar por Él, que debía estar en las cosas del Padre.

     

Peregrina al pie de la cruz

 

  • Todas estas peregrinaciones, la preparan para la peregrinación hasta los pies de la Cruz de su Hijo Jesús, donde hace su propio Vía Crucis. María acompaña a su hijo viviendo la “compasión”, sufriendo en su interior los dolores de su Hijo por la misteriosa, amorosa y profunda unión que vivían. Ella participa activamente en el camino de la Cruz. Ofrece a Dios todo su dolor y  se configura con Jesús en este momento de sufrimiento.
  • Ella no desfallece en el seguimiento de Cristo cuando éste se hace cada vez más doloroso y exigente. No pierde el paso, no se aleja. Está siempre al lado de su Hijo y en lo alto del monte Calvario está de pie en medio de su dolor inimaginable.
  • Y está de pie porque en lo más íntimo de su ser, por debajo de esta peregrinación de dolor, corre, como un río profundo, una alegría inmensa que brillará en todo su esplendor en la Resurrección. Ella sabe, con la certeza de la fe, que en la Cruz su Hijo está venciendo el pecado y la muerte, sabe que allí está reconciliando a los hombres con el Padre.
  • Desde lo alto de la Cruz, en el culmen de esa peregrinación de dolor y alegría, Jesús nos entrega a su Madre, como compañía en el camino de nuestro cotidiano peregrinar. El Señor le confía la misión de ser Madre nuestra y Ella cumple con fiel amor este encargo, acompañando este andar de la Iglesia primitiva, de la Iglesia de todos los tiempos.
  • La palabra del Crucificado al discípulo y, por medio de él, a todos los discípulos de Jesús se hace de nuevo verdadera en cada generación. María se ha convertido efectivamente en Madre de todos los creyentes. La esperanza de María al pie de la cruz encierra una luz más fuerte que la oscuridad que reina en muchos corazones: ante el sacrificio redentor, nace en María la esperanza de la Iglesia y de la humanidad.
  • En el momento de la máxima entrega, María está a la altura del Amor de su Hijo y se entrega plenamente, otra vez, a la bondadosa voluntad de Dios sobre los hombres, y por eso se le encarga la maternidad de todos los hombres: Esta nueva maternidad de María, engendrada por la fe, es fruto del nuevo amor que maduró en ella definitivamente al pie de la cruz, por medio de su participación en el amor redentor de su Hijo.
  • Este es el gran legado que Cristo concede desde la Cruz a la humanidad. Es como una segunda Anunciación para María. Hace treinta y tres años un ángel la invitó a entrar en los planes salvadores de Dios. Ahora, no ya un ángel, sino su propio Hijo, le anuncia una tarea nueva: recibir como hijos de su alma a los causantes de la muerte de su primogénito. María” Madre de Dios”, “Madre de Cristo”, “Madre de los hombres”.
  • Sólo Jesús sabe lo que hay en el corazón de su madre, por eso la llama mujer, no María o mamá. En la cruz no le puede pedir que renuncie a ser madre. Jesús sabe que comienza una nueva época para la humanidad. Su nueva maternidad le agranda el corazón hasta límites insospechados. Jesús entrega a su Madre como Madre de todos los vivientes, especialmente de los que serán hijos de Dios por la gracia.
  • A su bondad materna, se dirigen los hombres de todos los tiempos y de todas partes del mundo, en sus necesidades y esperanzas, en sus alegrías y contratiempos, en su soledad y en su convivencia». En Pentecostés, atrae con su oración el Espíritu Santo sobre los Apóstoles, que la llena de fuerza para la tarea evangelizadora y el servicio generoso.
  • María es Madre del Pueblo de Dios y desde su Asunción a los cielos nos guía y acompaña en nuestro peregrinar hacia la Patria definitiva. «La Madre de Jesús, es la imagen y principio de la Iglesia que ha de ser consumada en el futuro siglo; así en esta tierra, hasta que llegue el día del Señor, antecede con su luz al Pueblo de Dios peregrinante como signo de esperanza y de consuelo».
  • Y desde su cielo se hizo, también, peregrina hasta nuestra patria para quedarse de un modo particular y amoroso en las orillas del río Luján como signo de su maternal entrega por estos hijos suyos.

 

Los jóvenes hacen historia

 

  • El pueblo argentino lo ha reconocido y camina hacia ella. El pueblo joven desde hace más de tres décadas sintió fuertemente, en medio de la oscuridad y el dolor fraticida, la necesidad de poner la situación del país y de cada argentino en sus manos de Madre. Sólo ella nos alcanza de Dios lo que los hombres no podemos alcanzar solos. Se ha entendido y se ha vivido así. Los lemas que hemos rezado en estos más de treinta años, son un vivo reflejo de esta realidad.
  • Miles y millones de pisadas han sido testigos y protagonistas de este deseo atravesando el camino que nos lleva a Luján y atravesando las distintas épocas de la historia del país, pisando egoísmos y alentando esperanzas. Basta con hacer memoria de algunos de los lemas que cada año animaban nuestro caminar para descubrir las situaciones que fuimos viviendo: La juventud peregrina a Luján por la patria (1975), Los hermanos sean unidos (1976), Con María construyamos una patria de hermanos (1985), María ayúdanos a trabajar por la justicia (1990), Madre, hacenos más hermanos (1994), Madre, gracias por estar con nosotros, queremos cuidarnos como hermanos (2003), Virgen ayúdanos, queremos ser un solo pueblo, (2004), Madre, enséñanos a cuidar la vida (2005), Madre, necesitamos vivir como hermanos (2006)…

     

“Madre, ayudanos a unirnos como pueblo”

 

Ahí está tu hijo”, ¡aquí están tus hijos Madre! Cada año, como promesa de fidelidad desde hace muchísimos años, desde hace siglos, vienen a la casa de la Madre. Así como en el corazón de cada hijo está siempre presente el amor de la Madre, en el corazón del pueblo creyente están grabadas a fuego las palabras pronunciadas en el momento de la generosidad extrema de nuestro Señor. En ellas nos confía su madre como nuestra madre. La madre es nido, casa, refugio, por eso en Luján, que es la casa de nuestra Madre, cada peregrino que se acerca después de caminar largas horas vive de manera personal e íntima la experiencia del apóstol Juan. En la casa de Luján Jesús nos confirma la maternidad de la Virgen y nuestra filiación.

Igual que hoy, a lo largo del año en diversas oportunidades hombres y mujeres de diferentes lugares y realidades sociales viene para estar cerca de la Madre. En medio de tanta angustia, agitación y dolor ella es refugio y es descanso. En silencio o balbuceando alguna palabra o simplemente con un avemaría le presentan la vida. Y también en silencio su mirada consuela el corazón, alivia la carga de cada día, se hace remanso para el futuro.

Es la pausa que necesitamos para seguir andando el camino de la vida.

La casa de la Virgen es punto de encuentro de hermanos que sufren y se alegran y que necesitan seguir confiando que vale la pena seguir viviendo con sentido y apostando a la vida.

La Virgen nos pertenece, porque Jesús nos la ha dado; y a la Virgen le pertenecemos. La Virgen a pesar de ver a su hijo muriendo en la cruz no puede renunciar a su vocación de Madre. Desde Lujan a este pueblo Argentino ella le ofrece incesantemente su protección y su delicadeza maternal. Este pueblo peregrino cuando es reconocido como hijo recupera su dignidad tantas veces pisoteada. Esa dignidad de hombres, de hijos de Dios, de argentinos. Al calor de la Virgen los grandes de la Patria, y también muchos que permanecen en el anonimato, se han animado a construir la historia de nuestra nación. Cada ofrenda de oración, cada ofrenda material es signo de una vida que ha querido no sólo recibir sino dar para que todos crezcan.

Es necesario pasar la herencia de gracia a las nuevas generaciones. Es necesario que nuestro pueblo vuelva una y otra vez a ponerse bajo el manto y el cuidado de la Virgen “La primera fundadora de esta Villa”, y la cofundadora de nuestra patria, sabiendo que no será defraudado.

A ella le pedimos, como hijos de este suelo, Madre, ayudanos a unirnos como pueblo.

 

Lunes XXVII

Ntra. Sra. del Rosario

 

¿Quién es mi prójimo?

 

Principio de la profecía de Jonás    1, 1-2, 1. 11

 

La palabra del Señor se dirigió a Jonás, hijo de Amitai, en estos términos: «Parte ahora mismo para Nínive, la gran ciudad, y clama contra ella, porque su maldad ha llegado hasta mí.»

Pero Jonás partió para huir a Tarsis, lejos de la presencia del Señor. Bajó a Jope y encontró allí un barco que zarpaba hacia Tarsis; pagó su pasaje y se embarcó para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia del Señor.

Pero el Señor envió un fuerte viento sobre el mar, y se desencadenó una tempestad tan grande que el barco estaba a punto de partirse. Los marineros, aterrados, invocaron cada uno a su dios, y arrojaron el cargamento al mar para aligerar la nave. Mientras tanto, Jonás había descendido al fondo del barco, se había acostado y dormía profundamente. El jefe de la tripulación se acercó a él y le preguntó: « ¿Qué haces aquí dormido? Levántate e invoca a tu dios. Tal vez ese dios se acuerde de nosotros, para que no perezcamos.» Luego se dijeron unos a otros: «Echemos suertes para saber por culpa de quién nos viene esta desgracia.» Así lo hicieron, y la suerte recayó sobre Jonás.

Entonces le dijeron: «Explícanos por qué nos sobrevino esta desgracia. ¿Cuál es tu oficio? ¿De dónde vienes? ¿Cuál es tu país? ¿A qué pueblo perteneces?»

El les respondió: «Yo soy hebreo y venero al Señor, el Dios del cielo, el que hizo el mar y la tierra.» Aquellos hombres sintieron un gran temor, y le dijeron: « ¡Qué has hecho!», ya que comprendieron, por lo que él les había contado, que huía de la presencia del Señor. Y como el mar se agitaba cada vez más, le preguntaron: « ¿Qué haremos contigo para que el mar se nos calme?»

Jonás les respondió: «Levántenme y arrójenme al mar, y el mar se les calmará. Yo sé muy bien que por mi culpa les ha sobrevenido esta gran tempestad.»

Los hombres se pusieron a remar con fuerza, para alcanzar tierra firme; pero no lo consiguieron, porque el mar se agitaba cada vez más contra ellos. Entonces invocaron al Señor, diciendo: « ¡Señor, que no perezcamos a causa de la vida de este hombre! No nos hagas responsables de una sangre inocente, ya que tú, Señor, has obrado conforme a tu voluntad.» Luego, levantaron a Jonás, lo arrojaron al mar, y en seguida se aplacó la furia del mar. Los hombres, llenos de un gran temor al Señor, le ofrecieron un sacrificio e hicieron votos.

El Señor hizo que un gran pez se tragara a Jonás, y este permaneció en el vientre del pez tres días y tres noches.

Entonces el Señor dio una orden al pez, y este arrojó a Jonás sobre la tierra firme.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Jon 2, 3. 4. 5. 8 (R.: 7c)

 

R.    Tú me hiciste salir vivo de la fosa, Señor.

 

Desde mi angustia invoqué al Señor,

y él me respondió;

desde el seno del Abismo, pedí auxilio,

y tú escuchaste mi voz. R.

 

Tú me arrojaste a lo más profundo,

al medio del mar:

la corriente me envolvía,

¡todos tus torrentes y tus olas

pasaron sobre mí! R.

 

Entonces dije: He sido arrojado

lejos de tus ojos,

pero yo seguiré mirando

hacia tu santo Templo. R.

 

Cuando mi alma desfallecía,

me acordé del Señor,

y mi oración llegó hasta ti,

hasta tu santo Templo. R

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    10, 25-37

 

Un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?»

Jesús le preguntó a su vez: « ¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?»

El le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo.»

«Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida.»

Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: « ¿Y quién es mi prójimo?»

Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto. Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo. También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino. Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: “Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver.”

¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?»

«El que tuvo compasión de él», le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: «Ve, y procede tú de la misma manera.»

 

Palabra del Señor.

 

Si de la memoria: