TIEMPO DTE EL AÑO – SEMANA XXX – CICLO C

Domingo XXX

Ciclo C

 

Lunes XXX

Santos Simón y Judas, apóstoles (F)

 

Martes XXX

 

Miércoles XXX

 

Jueves XXX

 

Viernes XXX

Todos los Santos (S)

 

Sábado XXX

Conmemoración de todos los fieles difuntos

 

Domingo XXX

Ciclo C

 

La súplica del humilde atraviesa las nubes

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Eclesiástico    35, 12-14. 16-18

 

El Señor es juez y no hace distinción de personas: no se muestra parcial contra el pobre y escucha la súplica del oprimido; no desoye la plegaria del huérfano, ni a la viuda, cuando expone su queja.

El que rinde el culto que agrada al Señor, es aceptado, y su plegaria llega hasta las nubes. La súplica del humilde atraviesa las nubes y mientras no llega a su destino, él no se consuela: no desiste hasta que el Altísimo interviene, para juzgar a los justos y hacerles justicia.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 33, 2-3. 17-18. 19 y 23 (R.: 7ab)

 

R.    El pobre invocó al Señor, y él lo escuchó.

 

Bendeciré al Señor en todo tiempo,

su alabanza estará siempre en mis labios.

Mi alma se gloría en el señor:

que lo oigan los humildes y se alegren.

 

El Señor rechaza a los que hacen el mal

para borrar su recuerdo de la tierra.

Cuando ellos claman, el Señor los escucha

y los libra de todas sus angustias.

 

El Señor está cerca del que sufre

y salva a los que están abatidos.

El Señor rescata a sus servidores,

y los que se refugian en él no serán castigados.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo

a Timoteo    4, 6-8. 16-18

 

Querido hermano:

Yo ya estoy a punto de ser derramado como una libación, y el momento de mi partida se aproxima: he peleado hasta el fin el buen combate, concluí mi carrera, conservé la fe. Y ya está preparada para mí la corona de justicia, que el Señor, como justo Juez, me dará en ese Día, y no solamente a mí, sino a todos los que hayan aguardado con amor su Manifestación.

Cuando hice mi primera defensa, nadie me acompañó, sino que todos me abandonaron. ¡Ojalá que no les sea tenido en cuenta!

Pero el Señor estuvo a mi lado, dándome fuerzas, para que el mensaje fuera proclamado por mi intermedio y llegara a oídos de todos los paganos. Así fui librado de la boca del león.

El Señor me librará de todo mal y me preservará hasta que entre en su Reino celestial. ¡A él sea la gloria por los siglos de los siglos! Amén.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    18, 9-14

 

Refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, dijo también esta parábola:

«Dos hombres subieron al Templo para orar; uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, de pie, oraba así: “Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas.”

En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: “¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!”

Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • La primera lectura confirma como el grito del pobre alcanza las nubes. El pobre en este caso no es el que no tiene dinero, sino el que sabe que es pobre porque no corresponde a lo que Dios quiere de él. Este vacío, muchas veces doloroso se hace necesario: el pobre que sirve a Dios «consigue el favor del Señor». Dios es Juez, justo e imparcial pero tiene una debilidad que no puede disimular: siente una ternura especial, maternal, por el pobre, por el pecador, por el indigente. Dios no hace acepción de personas, pero sus predilectos son los necesitados.

***

  • La segunda lectura muestra a Pablo en prisión y ante los tribunales. Su muerte es inminente, sintiéndose abandonado de casi todos, no está solo: el Señor le acompaña. Sabe que «ha combatido bien su combate», no sólo cuando era libre, sino también ahora, en su pobreza actual. Pero su autodefensa ante el tribunal se convierte precisamente en su último y decisivo «anuncio», el mensaje que oirán «todos los gentiles».

***

  • A las tres de la tarde que era el tiempo de la oración, y en el grandioso marco del templo se encuentran un súper practicante religioso y un alejado. El fariseo hace la oración según la costumbre de su tiempo: de pie y con las manos alzadas y extendidas. El esquema de su oración es el conocido y oficialmente habitual. Su boca dice palabras de acción de gracias, pero, en el fondo, se siente justo ante Dios y desprecia a los no cumplidores.
  • El publicano también emplea una oración conocida: el salmo 51. Pero se siente indigno y sin derechos ante Dios. Es lo más profundo de su ser quien habla. Se ve necesitado de una gracia que no cree merecer.
  • Con la parábola del fariseo y del publicano nos encontramos ante un “test” de vida cristiana actual y de todos los tiempos. Los fariseos eran, en general, personas respetadas por su honradez. En política, eran patriotas nacionalistas no violentos. Religiosamente eran muy piadosos y fieles cumplidores de la ley, entendida ésta según su minuciosa y pormenorizada interpretación.
  • El fariseo tiene como base doctrinal para su vida de fe, que en la medida en que cumpla la ley de Dios, en esa medida Dios lo premiará y lo salvará. La salvación para él no depende tanto de Dios cuanto de sí mismo, de su propia fidelidad, de su propia vida. Esto hace que para el fariseo la ley sea fuente de derechos ante Dios. Para él las obras buenas hacen al hombre bueno y merecedor, por derecho propio, de la propia salvación.
  • Los publicanos eran los encargados de recoger el impuesto que exigían los ocupantes romanos, al cual añadían una comisión, a menudo muy abultada, con la que se enriquecían: se trataba por tanto de un grupo de gente que sumaban el colaboracionismo a la extorsión y que en materia religiosa eran impíos. Irreligiosidad, robo y colaboracionismo son sus líneas de vida. En esta parábola el publicano es el hombre “desnudo” ante Dios. No esconde la realidad de su vida pecadora como recaudador de impuestos al servicio del imperio romano, no se excusa defendiendo su puesto de trabajo. Se ve tan pobre y tan poca cosa ante Dios que ni se atreve a levantar los ojos. Sinceramente pide perdón de su pecado, de su mala vida.
  • Y Dios, lo mira con ojos de bondad, lo ama y lo salva. A Dios no lo asusta la verdad del hombre, la realidad sincera de nuestra vida pecadora. Más aún: la desea, como base de su obra salvadora. Solamente el hombre desnudo de toda suficiencia y orgullo puede ser salvado.
  • Cristo no condena al fariseo por ser un ser religioso, por llevar una vida moral digna, por practicar fielmente el ayuno y el diezmo. Lo que critica es que no entiende la gratuidad de la salvación y cree en la necesidad de comprarla con el cumplimiento de la ley. Su obsesión no es el amor, es lo mandado. Su espíritu de juicio, lo lleva a pensar que no existe otra forma de vida religiosa, que pueda merecer la gracia de Dios. Únicamente porque juzga a los otros, volverá a casa sin la seguridad de haber alcanzado la misericordia de Dios.
  • Cristo no alaba la ausencia de moralidad y la escasa religiosidad del publicano; Cristo subraya su humildad, su arrepentimiento que lo lleva a descubrir en su presencia que debe cambiar su mala vida. Sólo tiene para presentar a Dios, sus robos a pobres, huérfanos y viudas, su avaricia, su estafa, su falta de respeto a la ley y su poco amor a la patria. Su oración reconociéndose pecador y culpable y la abstención de juzgar en su corazón; será lo que lo justifique, lo que le haga volver a casa con el sentimiento profundo del perdón de Dios.
  • Todo el Evangelio es una palabra de esperanza para los pecadores. Nuestras obras no nos otorgan derechos ante Dios, ni justifican su abrazo gratuito. La seguridad no puede residir, nunca en nosotros mismos, sino en la misericordia de Dios. Cuánto más seguros de nosotros mismos, más nos alejamos de entender y recibir la verdadera salvación.
  • El Dios de Jesús, el Dios de la oración que Jesús aprueba, es un Dios de los pobres, de los que se sienten insuficientes, insatisfechos, pobres, pecadores, impotentes para acabar con el mal dentro y fuera de ellos mismos. Nuestra oración, nuestra relación con Dios, no debe ser la del que vive satisfecho de lo que es y de lo que hace; y que se presenta delante de Dios para que mire sus libros de cuentas bien ordenados y se los apruebe, sino la del que se sabe que le queda todavía mucho por andar, que le faltan muchas cosas, que no puede sentirse tranquilo con su vida, que siempre debe esperar más.
  • Jesús nos invita a romper con toda aparente seguridad construida sobre la dureza, la intransigencia, la descalificación de personas y grupos que llevan a ver todo mal fuera de lo nuestro y a sospechar de los que se acercan a otras fronteras, de los que son diferentes, pecadores, abatidos o que nos ponen en cuestión.
  • El discípulo es aquel que camina al encuentro del Dios que salva, teniendo muy presente su pobreza, su limitación, su pecado. Desde el abismo de nuestra nada podremos llamar a Dios y Él nos escuchará, nos salvará, seremos justificados y experimentaremos ser amados de Dios.
  • La Iglesia de discípulos – misioneros está llamada a ser la comunidad de los que sienten la necesidad del amor, de la misericordia y del perdón de Dios. La Iglesia se desfigura a sí misma cuando se piensa a sí misma y actúa como un grupo de intachables que levantan constantemente su dedo acusador ante los demás. En cambio, la Iglesia muestra su verdadero rostro y corazón cuando vive como una comunidad de pecadores arrepentidos, reconciliados y justificados por Dios; comunidad que no se envanece por sus méritos sino que humildemente se abre y da gracias por la misericordia y se hace transparencia de esa misma misericordia ante el mundo; sabiendo que nada somos y que estamos completamente en sus manos.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Dónde se apoya mi fe?
  • ¿Busco al Dios que me salva o al que me premia?
  • ¿Busco en los errores de los demás justificación para míos?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

El Señor rescata a sus servidores

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

“Dios mío, ten compasión de mí que soy un pecador.”

 

“Inclina tu oído, Señor, escúchame, que soy humilde y pobre.” (Sal 85,1) El Señor no inclina su oído al rico sino al pobre y miserable, al que es humilde y confiesa sus faltas, al que implora la misericordia. No se inclina al satisfecho que se jacta y se envanece como si nada le faltara y que dijo: “Dios mío, te doy gracias porque no soy como el resto de los hombres,… ni como ese publicano.” (Lc 18,11) El rico fariseo exhibía sus méritos, el pobre publicano confesaba sus pecados.

Todos los que rechazan el orgullo son pobres delante de Dios y sabemos que Dios tiende su oído hacia los pobres y los indigentes. Reconocen que su esperanza no puede apoyarse ni en oro o plata ni en sus bienes que, por un tiempo, enriquecen su morada… Cuando un hombre menosprecia en sí todo aquello que infla el orgullo es pobre ante Dios. Dios inclina hacia él su oído porque conoce los sufrimientos de su corazón.

Aprended, pues, a ser pobres e indigentes, teniendo o no teniendo bienes de este mundo. Uno puede encontrar a un mendigo orgulloso y a un rico convencido de su miseria. Dios se niega a los orgullosos, tanto si van vestidos de seda o cubiertos de harapos. Otorga su gracia a los humildes, sean o no notables de este mundo. Dios mira lo interior: aquí examina y juzga. Tú no ves la balanza de Dios. Tus sentimientos, tus proyectos, los mete en el platillo… ¿Hay a tu alrededor o dentro de ti algún objeto que estás tentado a retener para ti?

¡Recházalo! Que sólo Dios sea tu seguridad. ¡Estad hambrientos de Dios para que él os sacie!

   

San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia

Discurso sobre los salmos, Salmo 85, 2-3

 

PARA REZAR

 

Los fariseos quieren que los demás sean perfectos,
lo exigen.
No saben hablar de otra cosa.
Pero Yo soy menos exigente, dice Dios.
Porque Yo sé bien lo que es la perfección 
y no exijo tanto a los hombres.
Precisamente porque Yo soy perfecto 
y no hay en Mí más que perfección, 
no soy tan difícil como los fariseos.
Soy menos exigente. 
Soy el Santo de los santos 
y sé lo que es ser santo, lo que cuesta, lo que vale.
Son los fariseos los que quieren la perfección;
pero para los demás.
Encuentran siempre indignos a los demás, 
encuentran indigno a todo el mundo.
Pero Yo, dice Dios, soy menos difícil,
y encuentro que un buen cristiano, 
un buen pecador de la común especie, 
es digno de ser mi hijo,
y de reclinar su cabeza sobre mi hombro.

Ch. Péguy

 


 

Lunes XXX

Santos Simón y Judas, apóstoles (F)

 

Eligió a doce de ellos y los nombró apóstoles

 

Lectura de la carta

a los cristianos de Éfeso 2, 19-22

 

Hermanos: Ya no son extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos del pueblo de Dios y miembros de la familia de Dios. Están edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor.

Por él también ustedes se van integrando en la construcción, hasta llegar a ser morada de Dios, por el Espíritu.

 

Palabra de Dios

 

Salmo Sal 18,2-5

 

R: El mensaje del Señor llega a toda la tierra

 

Los cielos proclaman la gloria de Dios

y el firmamento anuncia la obra de sus manos.

Un día comunica su mensaje al otro día

y una noche se lo trasmite a la otra noche. R.

 

Sin que pronuncien una palabra,

sin que resuene su voz, a toda la tierra

llega su sonido y su mensaje hasta el fin del mundo. R.

 

Evangelio

Lectura del santo evangelio según San Lucas 6, 12-19

 

Por aquellos días, Jesús se retiró a la montaña a orar y se pasó la noche en oración con Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, eligió a doce de entre ellos y les dio el nombre de apóstoles. Eran Simón, a quien llamó Pedro, y su hermano Andrés; Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el hijo de Alfeo, Simón, llamado el Fanático; Judas, el hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor.

Al bajar con ellos se detuvo en una llanura. Estaban allí muchos de sus discípulos y una gran muchedumbre que había llegado de toda la Judea, de Jerusalén y de la región costera de tiro y Sidón, para escucharlo y hacerse curar de sus enfermedades. Los que estaban atormentados por espíritus impuros quedaban curados; y toda la gente quería tocarlo, porque salía de el una fuerza que sanaba a todos.

 

Palabra del Señor

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • “Judas” es una palabra hebrea que significa “alabanzas sean dadas a Dios”. “Tadeo” quiere decir “valiente para proclamar su fe”. El Apóstol Judas Tadeo, “el hermano de Santiago”, era probablemente el hermano de Santiago el Menor; se lo menciona así por la notoriedad de Santiago en la Iglesia primitiva: “¿No es éste -se preguntan maravillados los habitantes de Nazaret, ante la fama que acompaña a Jesús- el carpintero, el hermano de Santiago y de Judas?”.
  • Se atribuye a San Judas una de las epístolas canónicas, que tiene muchos rasgos comunes con la segunda epístola de San Pedro. No está dirigida a ninguna persona ni iglesia particular y exhorta a los cristianos a “luchar valientemente por la fe” que ha sido dada a los santos y amonesta contra los falsos maestros invitando a conservar la pureza de la fe.
  • Entre los apóstoles, parece que Simón y Judas tenían un sobrenombre para distinguirlos de otros apóstoles del mismo nombre. Simón era “Celotes”, para distinguirlo de Simón Pedro. Judas era “Tadeo”, para distinguirlo de Judas Iscariote.
  • Según la tradición occidental, San Judas Tadeo se reunió en Mesopotamia con San Simón y ambos predicaron varios años en Persia y ahí fueron martirizados. Existe un presunto relato del martirio de los dos Apóstoles; pero el texto latino no es ciertamente anterior a la segunda mitad del siglo VI. Dicho documento se ha atribuido a un tal Abdías, de quien se dice que fue discípulo de Simón y Judas y consagrado por ellos primer obispo de Babilonia.
  • Según dice la antigua tradición, a San Simón lo mataron cortándolo por el medio, y a San Judas Tadeo le cortaron la cabeza con un hacha y por eso lo pintan con un hacha en la mano. La Iglesia de occidente los celebra juntos, en tanto que la Iglesia de oriente separa sus respectivas fiestas.
  • El evangelio de hoy, con ocasión de la festividad de los apóstoles Simón y Judas, nos narra la elección de los doce. Jesús escoge a la mayoría de quienes serán roca de nuestra fe cristiana, de entre gente común. El ser llamados o escogidos al servicio de Dios, no es para envanecerse, ni gloriarse, mucho menos para ejercer el poder como lo hacen los poderosos de la tierra. Los llama al servicio y en la comunidad para que el Reino de Dios, se haga presente en medio de de los hombres desde la vida de los mismos hombres.
  • Este llamado aparece en el evangelio en el marco de un día entero en la vida de Jesús. La convivencia humana con el maestro y entre ellos será el lugar de formación de estos hombres. No realizan un curso ni siguen un manual; la experiencia del discipulado se hace viviendo. Para aprender lo que significa “amar” era necesario que experimentaran el amor llevado hasta el extremo; no era cuestión de aprender a dar una definición sobre el perdón sino realizar el ejercicio de perdonar, y hacerlo de corazón. El modelo era Jesús, pero cada uno tiene que hacerlo carne en su propia vida.
  • Jesús no los eligió en calidad de doce líderes de la nueva comunidad, sino para que proclamen con su comportamiento la alternativa de vida nueva y sociedad renovada que quiere proponer a Israel, primero, y, por extensión, a toda la humanidad.
  • Jesús se ha quedado entre nosotros y el camino del discipulado continúa abierto. Jesús sigue buscando y llamando hombres y mujeres que quieran ser testimonio del amor de Dios, desde una vida que sabe amar y lo demuestra; que aprende a perdonar y es signo de la humanidad reconciliada; y que no se avergüenza de contar a todos lo que Dios ha obrado y sigue obrando en la historia.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Me siento llamado a ser apóstol de Jesús?

  • ¿Mi camino en la fe, es un discipulado junto al Señor?

  • ¿Vivo con gozo la experiencia de anunciar a Jesús con mi vida?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Gracias por tu llamado Señor

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

«Llamó a sus discípulos, escogió a doce de entre ellos y les dio el nombre de apóstoles»

 

…”La Tradición apostólica no es una colección de cosas, palabras, como una caja de cosas muertas; la Tradición es el río de la vida nueva que viene desde los orígenes, de Cristo hasta nosotros, y nos implica en la historia de Dios con la humanidad. Este tema de la Tradición… es de gran importancia para la vida de la Iglesia. El Concilio Vaticano II ha subrayado, a este respecto, que la Tradición es apostólica primero en sus orígenes: «Dispuso Dios benignamente que todo lo que había revelado para la salvación de los hombres permaneciera íntegro para siempre y se fuera transmitiendo a todas las generaciones. Por ello Cristo Señor, en quien se consuma la revelación total del Dios sumo (2C 1,20; 3,16-4,6), mandó a los Apóstoles que predicaran a todos los hombres el Evangelio, comunicándoles los dones divinos. Este Evangelio, prometido antes por los Profetas, lo completó El y lo promulgó con su propia boca, como fuente de toda la verdad salvadora y de la ordenación de las costumbres» (Dei Verbum 7). El Concilio prosigue subrayando que este compromiso ha sido fielmente llevado a cabo «por los apóstoles que por la predicación oral, en los ejemplos e instituciones, transmitieron todo lo que habían aprendido de la misma boca de Cristo, viviendo con él y viéndole actuar; y también que ellos mismos gozaban de sugerencias dadas por el Espíritu Santo». Con los apóstoles, añade el Concilio, colaboraron también «unos hombres de su mismo entorno, los cuales, bajo la inspiración del mismo Espíritu Santo, consignaron por escrito el mensaje de salvación».

Cabezas del Israel escatológico, en número de doce tal como lo eran las tribus del pueblo elegido, los apóstoles continuaron la «cosecha» comenzada por el Señor y lo hicieron, ante todo, transmitiendo el don recibido, la Buena Nueva del Reino llegado a los hombres en Jesucristo. El número de doce expresa no sólo la continuidad con la raíz santa, el Israel de las doce tribus, sino también el destino universal de su ministerio, portador de salvación hasta los extremos de la tierra. Se puede captar eso a partir del valor simbólico de los números en el mundo semítico: doce es el resultado de la multiplicación de tres, número perfecto, por cuatro, número que nos remite a los cuatro puntos cardinales, es decir, al mundo entero”…

 

Papa Benedicto XVI – Audiencia general del 3-5-2006

 

PARA REZAR

 

Oración a San Judas Tadeo

 

Dios nuestro que nos has dado a conocer

a tu Hijo por la predicación de los Apóstoles,

por intercesión de tu santo apóstol Judas Tadeo,

bendice y protege nuestra familia

y líbranos de todo mal, para que cada día conozcamos

y amemos más a Cristo y a nuestros semejantes.

Concédenos Señor, también por su intermedio,

la gracia de dedicar nuestra vida,

nuestras cualidades y nuestros esfuerzos

a hacerte conocer y amar y,

al final de nuestras vidas, lograr, como él,

un puesto junto a Ti en el cielo
Por Cristo nuestro Señor.

 

Martes XXX

 

El grano creció y se convirtió en un arbusto

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Roma    8, 18-25

 

Hermanos:

Yo considero que los sufrimientos del tiempo presente no pueden compararse con la gloria futura que se revelará en nosotros. En efecto, toda la creación espera ansiosamente esta revelación de los hijos de Dios. Ella quedó sujeta a la vanidad, no voluntariamente, sino por causa de quien la sometió, pero conservando una esperanza. Porque también la creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

Sabemos que la creación entera, hasta el presente, gime y sufre dolores de parto. Y no sólo ella: también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente anhelando que se realice la redención de nuestro cuerpo. Porque solamente en esperanza estamos salvados.

Ahora bien, cuando se ve lo que se espera, ya no se espera más: ¿acaso se puede esperar lo que se ve? En cambio, si esperamos lo que no vemos, lo esperamos con constancia.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 125, 1-2b. 2c-3. 4-5. 6 (R.: 3a)

 

R.    ¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros!

 

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,

nos parecía que soñábamos:

nuestra boca se llenó de risas

y nuestros labios, de canciones. R.

 

Hasta los mismos paganos decían:

« ¡El Señor hizo por ellos grandes cosas!»

¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros

y estamos rebosantes de alegría! R.

 

¡Cambia, Señor, nuestra suerte

como los torrentes del Négueb!

Los que siembran entre lágrimas

cosecharán entre canciones. R.

 

El sembrador va llorando

cuando esparce la semilla,

pero vuelve cantando

cuando trae las gavillas. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    13, 18-21

 

Jesús dijo:

«¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Con qué podré compararlo? Se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su huerta; creció, se convirtió en un arbusto y los pájaros del cielo se cobijaron en sus ramas.»

Dijo también: «¿Con qué podré comparar el Reino de Dios? Se parece a un poco de levadura que una mujer mezcló con gran cantidad de harina, hasta que fermentó toda la masa.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Pablo nos presenta hoy nuestra filiación destinada a una plenitud mucho mayor de la que podríamos imaginar.
  • Esto incluye también al mundo, a la naturaleza creada, llamada a verse un día “liberada de la esclavitud de la corrupción”. Pablo nos presenta una unidad de destino entre la humanidad y el cosmos: no es mera yuxtaposición lo que nos une a este mundo, sino que estamos enraizados profundamente en él.
  • Pero esta «filiación» divina, la grandiosa “adopción de amor” de la que somos objeto no suprime todo sufrimiento en este mundo. Ahora gemimos, “como con dolores de parto”, “aguardando la hora de ser hijos de Dios”, “la redención de nuestro cuerpo”.
  • Hemos recibido las primicias del Espíritu Santo, pero esperamos nuestra adopción y la liberación de nuestro cuerpo. Fuimos salvados en esperanza: Dios nos va a dar una vida más gloriosa. Resulta que sólo tenemos “las primicias del Espíritu” y todavía no somos hijos en plenitud, ni estamos totalmente liberados de la esclavitud. Caminamos hacia esa “libertad gloriosa de los hijos de Dios”.
  • La Iglesia, la humanidad y toda la naturaleza cósmica preñadas, con dolores de parto, están en espera de alumbrar un mundo nuevo.

***

  • A Jesús en este momento de su vida, cada vez más próximo a Jerusalén, le interesa que el reino que Él anuncia, sea comprendido por aquellos que quieran entrar en él.
  • Estas dos parábolas nos enseñan que el aparente fracaso forma parte del crecimiento del Reino de Dios. En una sociedad que no concede el mínimo de importancia a lo pequeño, a lo ínfimo, Jesús desconcierta; diciendo que es desde esta dimensión desde donde tiene que comenzar a germinar la realidad del reino de Dios. En su andar evangelizador Jesús revela que el reino está abierto y se construye con los que no cuentan, con los marginados, con los que la sociedad y su sistema político, económico y religioso descarta.
  • En línea con esta parábola donde no importa lo grande, Jesús propone que lo menos importante es la velocidad, el apuro. Así como la levadura en cantidades pequeñas puede fermentar con su tiempo toda la masa, así tienen que vivir quienes están comprometidos con la causa de Jesús; como la levadura deben ir fermentando lentamente, transformando poco a poco, toda la masa de la sociedad.
  • Jesús garantiza su palabra con su propia vida; el pequeño grano fue puesto en el huerto, fue sembrado, la levadura fue introducida en las tres medidas de harina. El cuerpo de Jesús insignificante para los hombres: será puesto en el sepulcro, pero al cabo de tres días resucitará. En la dinámica del Reino, de la muerte brota la vida.
  • El proyecto de Dios se realiza bajo los signos de la semilla y la levadura. El verdadero crecimiento es invisible a los ojos de los hombres. La abundancia del Reino es un don totalmente gratuito de Dios; pero no se puede recibir sin hacer nada. Exige una tarea que hay que cumplir y se realiza en un proceso de crecimiento. Decir que participamos de la abundancia, es afirmar que todo se cumplió en Jesucristo Resucitado, pero al mismo tiempo es afirmar que todo está por cumplirse. El Reino escatológico es una obra por hacer, un edificio por construir, un proyecto de catolicidad que se ha de realizar progresivamente.
  • Si se mira externamente el crecimiento de la Iglesia, podemos llegar a la conclusión de que es un fracaso. Aún hoy, existe la intolerancia, la persecución, el martirio. Se acrecienta en muchos ambientes la increencia que deshumaniza. La violencia y la pobreza siguen cobrándose víctimas. Pero el verdadero fracaso sería que la Iglesia estuviera a la altura o en pie de igualdad con las potencias de este mundo y que la eficacia que esperan los cristianos tomara los recursos y modelos de este mundo.
  • No es la capacidad de influencia, ni la presencia masiva en los medios de comunicación; ni las notas externas que causan admiración lo que da fecundidad a la Iglesia. En la presencia silenciosa y cotidiana transformará e impregnará de sentido la vida de los hombres. Con paciencia y constancia podrá empapar de la fuerza del Espíritu las estructuras humanas. Con amor generoso y sacrificado transformará toda la comunidad, para que alcance los niveles de servicio y de compromiso que reclama la realidad de los más necesitados. Lo más importante de la enseñanza de Jesús queda formulado con los rasgos más sencillos y menos estridentes; como todo lo importante según la escala de valores del Reino.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Creo en la fuerza de lo pequeño?
  • ¿Anhelo para la Iglesia el prestigio y el poder de este mundo?
  • ¿Sé actuar en lo secreto, en lo silencioso y en lo oculto?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Que venga tu Reino Señor

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

«Se parece a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto»

 

… A propósito de eso que dice el Evangelio: «Un hombre toma y siembra en su huerto», ¿quién os parece que es este hombre que sembró el grano que había recibido, un grano de mostaza, en su pequeño huerto? Yo pienso que se trata del hombre de quien dice el Evangelio: «Había un hombre llamado José, miembro del Consejo, natural de Arimatea… Se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús y, después de descolgarle, le envolvió en una sábana y le puso en un sepulcro excavado en la roca en el que nadie había sido puesto todavía» (Lc. 23,50-53). Esta es la razón por la que la Escritura dice: «Un hombre la tomó y la escondió en su huerto». En el huerto de José se mezclaban los perfumes de diversas flores, pero nadie había sembrado en él semejante grano. El huerto espiritual de su alma estaba perfumado con el perfume de sus virtudes, pero Cristo embalsamado aún no había sido depositado en él. Enterrando en el monumento de su huerto al Salvador, le acogió más profundamente en el hueco de su corazón…

 

San Máximo de Turín (?- hacia 420), obispo- Sermón 26

 

PARA REZAR

 

Dios, fuente de todo amor,

y de toda bendición

te damos gracias

por tu Iglesia, tu esposa bella y santa,

por tu alianza con ella

en Jesús, su Salvador y redentor.

 

Él se dio todo y se lo dio todo:

su corazón abierto en la cruz,

su sangre y su amor,

el pan, fermento del Reino,

y el vino nuevo alegría de las bodas.

 

Creemos que nos llamas a crecer en el amor,

necesitamos en nosotros el Espíritu de tu Amado Hijo

para ser su Cuerpo en este mundo;

derrama sobre nosotros tu misericordia

para que seamos la esposa de Cristo

resplandeciente, sin mancha ni arruga.

 

Dios y Padre nuestro,

bendícenos, para que te bendigamos eternamente.

 

Miércoles XXX

 

Traten de entrar por la puerta estrecha

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Roma    8, 26-30

   

Hermanos:

El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad porque no sabemos orar como es debido; pero el Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que sondea los corazones conoce el deseo del Espíritu y sabe que su intercesión en favor de los santos está de acuerdo con la voluntad divina.

Sabemos, además, que Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman, de aquellos que él llamó según su designio.

En efecto, a los que Dios conoció de antemano, los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que él fuera el Primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, también los llamó; y a los que llamó, también los justificó; y a los que justificó, también los glorificó.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 12, 4-5. 6 (R.: 6a)

 

R.    Señor, yo confío en tu misericordia.

 

¡Mírame, respóndeme, Señor, Dios mío!

Ilumina mis ojos,

para que no caiga en el sueño de la muerte,

para que mi enemigo no pueda decir: «Lo he vencido»,

ni mi adversario se alegre de mi fracaso. R.

 

Yo confío en tu misericordia:

que mi corazón se alegre porque me salvaste.

¡Cantaré al Señor porque me ha favorecido! R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    13, 22-30

 

Jesús iba enseñando por las ciudades y pueblos, mientras se dirigía a Jerusalén. Una persona le preguntó: «Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?»

El respondió: «Traten de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán. En cuanto el dueño de casa se levante y cierre la puerta, ustedes, desde afuera, se pondrán a golpear la puerta, diciendo: “Señor, ábrenos.” Y él les responderá: “No sé de dónde son ustedes.”

Entonces comenzarán a decir: “Hemos comido y bebido contigo, y tú enseñaste en nuestras plazas.” Pero él les dirá: “No sé de dónde son ustedes; ¡apártense de mí todos los que hacen el mal!”

Allí habrá llantos y rechinar de dientes, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes sean arrojados afuera. Y vendrán muchos de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur, a ocupar su lugar en el banquete del Reino de Dios.

Hay algunos que son los últimos y serán los primeros, y hay otros que son los primeros y serán los últimos.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Sigue Pablo insistiendo en la convicción de que todos somos hijos en la familia de Dios.
  • El destino que nos espera es optimista: “Dios nos predestinó a ser imagen de su Hijo, para que Él fuera el primogénito de muchos hermanos”. El protagonista importante en esta relación es el Espíritu quien nos enseña a rezar a Dios, e intercede por nosotros, porque nos conoce a nosotros y conoce en profundidad a Dios. Por eso puede establecer ese puente entre Dios y nosotros que se llama oración. Y como todos somos débiles, es el Espíritu el que ora dentro de nosotros y viene en ayuda de nuestra flaqueza.
  • Al gemido de la creación que aspira ser liberada de la nada, clama el «grito inefable» del Espíritu Santo. A través de todo lo que gime en el mundo, Dios mismo clama por la transformación. Dios no está ausente de nuestras luchas, de nuestros esfuerzos, clamores y plegarias.
  • Es el Espíritu Santo quien clama en nosotros cuando pedimos la vida, el amor, la alegría. Él suscita en nuestro corazón la súplica para ser liberados de nuestras limitaciones, de nuestras flaquezas, y de cualquier carga que pese sobre nosotros.

***

  • Alguien se acerca y le hace una pregunta que tiene su origen en una curiosidad que siempre ha existido: “¿Cuántos serán los que se salven?”. Jesús sabe que en la mentalidad del que pregunta, anidaba la idea de que sólo se salvarán, los que pertenecen al pueblo judío. Jesús, como de costumbre, no contesta esta pregunta, y aprovecha para dar su lección: “Esfuércense en entrar por la puerta estrecha”. El Reino es exigente, no se gana cómodamente.
  • Hay personas que podrían parecer últimas y serán primeras, y otras que se consideraban primeras en el pueblo de Israel, serán últimas. El Reino es exigente y, a la vez, abierto a todos. No se decidirá por la raza o la asociación a la que uno pertenezca, sino por la respuesta de fe que hayamos dado en nuestra vida.
  • Para Jesús no hay israelitas privilegiados, ni siquiera el resto de Israel, que se ha constituido como núcleo del pueblo salvado por Dios. La ‘puerta estrecha’ es la entrada en la comunidad que vive las bienaventuranzas. No entrará en ella ninguno de los que «no practican la justicia», por mucho que hayan convivido con Él, y hayan escuchado su enseñanza. Ya no hay prerrogativas nacionales, incluso las del pueblo de Dios. Solamente entrarán los que hayan seguido su enseñanza, pertenezcan a Israel o no.
  • El pertenecer a una u otra raza no determina la entrada al banquete escatológico: judíos y paganos se sentarán a la misma mesa. Abraham, Isaac, Jacob, los Profetas, y los paganos venidos de todos los diversos países. Una sola condición es necesaria: haber reconocido a Jesús y haber tomado la decisión de seguirlo por la fe.
  • El evangelio de Lucas nos previene contra la tentación de creer que “ya estamos aprobados” y que, por lo tanto, da igual vivir de cualquier manera. Ya estamos salvados. Esta es la buena noticia. Precisamente por eso nos esforzamos en ofrecer signos de salvación, nos sentimos urgidos a vivir una vida nueva.
  • No basta con pertenecer a su Iglesia o haber celebrado la Eucaristía y escuchado su Palabra: podríamos correr el riesgo de que “se cierre la puerta y nos quedemos fuera del banquete”. Depende de si hemos sabido corresponder a esos dones.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Vivo la pertenencia a la Iglesia como un privilegio?
  • ¿Experimento el trabajo por la justicia como condición para la entrada en el Reino?
  • ¿Me conformo con cumplir?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Ayudame Señor a elegir la puerta estrecha

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…”Nuestra misión es una misión de amor. Es una misión de bondad, sobre todo hoy, en que hay tanta hambre de Dios. Noto que, con el tiempo, cada uno de nosotros se transformará en mensajero del amor de Dios. Para obtener esto, debemos ahondar en nuestra vida de amor, de oración, de sacrificio. Es muy difícil dar a Jesús a los otros si no lo tenemos en nuestros corazones. Si esto no nos interesa, estamos perdiendo el tiempo, porque limitarse a trabajar no es un motivo suficiente: sí lo es, en cambio, llevar la paz, el amor y la bondad al mundo de hoy, y para eso no tenemos necesidad ni de ametralladoras, ni de bombas. Necesitamos un amor profundo y una profunda unión con Cristo para ser capaces de dar a Cristo a los otros. Ahora bien, antes de poder vivir esta vida con el exterior, debemos vivirla en nuestras familias. El amor empieza en casa, y debemos ser capaces de mirar a nuestro alrededor y decir: «Sí, el amor empieza en la familia». Por eso nuestro primer esfuerzo debe ir encaminado a hacer de nuestras familias otros tantos Nazarets donde reinen el amor y la paz. Esto sólo se consigue cuando la familia se mantiene unida y reza unida.

A todos vosotros os ofrece una magnífica oportunidad la gran misión de vivir esta vida de amor, de paz, de unidad. Y, haciendo esto, proclamaréis a los cuatro vientos que Cristo está vivo”…

 

Madre Teresa de Calcuta, La alegría de darse a los otros.

 

PARA REZAR

 

Jesús, querido maestro,
quiero ayudarte a construir el Reino.
Dame fuerzas para vivir
siempre de acuerdo a tus enseñanzas.
Que ayude siempre a los demás,
que respete a todos,
y los trate de buenas maneras.
Que aprenda a perdonar
y no guarde rencor.
Que sepa compartir
y dar de corazón.
Enseñame a rezar con ganas
para que venga tu Reino.
Para que vivamos en una sociedad más justa,
donde no haya gente que sufra,
o le falte lo necesario para vivir.

 

Marcelo Murúa

 

Jueves XXX

 

No puede ser que un profeta muera fuera de Jerusalén

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Roma
8,31b-39

 

¿Qué diremos después de todo esto?

Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿no nos concederá con él toda clase de favores? ¿Quién podrá acusar a los elegidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién se atreverá a condenarlos? ¿Será acaso Jesucristo, el que murió, más aún, el que resucitó, y está a la derecha de Dios e intercede por nosotros? ¿Quién podrá entonces separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada?

Como dice la Escritura: Por tu causa somos entregados continuamente a la muerte; se nos considera como a ovejas destinadas al matadero. Pero en todo esto obtenemos una amplia victoria, gracias a aquel que nos amó.

Porque tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrá separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 109(108), 21-22.26-27.30-31.

 

R. Sálvame, señor, por tu bondad.

 

Tú, Señor, trátame bien, por tu nombre,

líbrame con la ternura de tu bondad;

que yo soy un pobre desvalido,

y llevo dentro el corazón traspasado. R.

 

Socórreme, Señor, Dios mío,

sálvame por tu bondad.

Reconozcan que aquí está tu mano,

que eres tú, Señor, quien lo ha hecho. R.

 

Yo daré gracias al Señor con voz potente,

lo alabaré en medio de la multitud:

porque se puso a la derecha del pobre,

para salvar su vida de los jueces. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    13, 31-35


En ese momento se acercaron algunos fariseos que le dijeron: “Aléjate de aquí, porque Herodes quiere matarte”.

El les respondió: “Vayan a decir a ese zorro: hoy y mañana expulso a los demonios y realizo curaciones, y al tercer día habré terminado.

Pero debo seguir mi camino hoy, mañana y pasado, porque no puede ser que un profeta muera fuera de Jerusalén.

¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como la gallina reúne bajo sus alas a los pollitos, y tú no quisiste!

Por eso, a ustedes la casa les quedará vacía. Les aseguro que ya no me verán más, hasta que llegue el día en que digan: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!”.

 

Palabra del Señor

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Hoy, Pablo entona un himno triunfal, con el que pone fin a la primera parte de su carta, un himno al amor que Dios nos tiene.
  • Con un lenguaje lleno de respuestas vivas, canta la seguridad que nos da el sabernos amados por Dios: “si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?”. No puede condenarnos ni el mismo Jesús, que se entregó por nosotros, ni ninguna de las cosas que nos puedan pasar, por malas que parezcan: ni la persecución, ni los peligros, ni la muerte, ni los ángeles, ni criatura alguna “podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús”.
  • Esta confianza fue para Pablo el punto de apoyo en sus momentos difíciles, el motor de su vida, la motivación de su entrega absoluta a la tarea misionera de la evangelización.
  • Se sintió amado por Dios y elegido personalmente por Cristo para una misión.

***

  • Este pasaje está situado en la última subida de Cristo hacia Jerusalén. Algunos fariseos se acercaron a Jesús para decirle que se marche, porque Herodes quiere matarlo. Herodes, había encarcelado y dado muerte al Bautista y ahora quiere deshacerse de Jesús. Mucho antes su padre Herodes, el Grande, había mandado matar a los inocentes de Belén cuando nació Jesús.
  • Jesús responde con palabras duras, llamando “zorro” al virrey, y mostrando que camina libremente hacia Jerusalén a cumplir allí su misión. A pesar de saber que va allí, para morir de la manera más horrible, sigue su camino decidido; y declara que debe seguir adelante hoy, mañana y pasado porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén.
  • Jesús no es un condenado a muerte como otros. Es consciente de ir hacia un cumplimiento. Jesús conoce perfectamente a lo que va. No morirá el día que Herodes decida, sino el día previsto por Dios.
  • En la cita que tiene con la muerte, es en la que dará gloria a su Padre y mostrará su amor por la humanidad. Ante el proyecto de Dios, no le teme al poder político de Herodes que lo amenaza de muerte, ni a los fariseos que lo invitan a irse de sus dominios.
  • Jesús, caminando hacia Jerusalén, caminando hacia su muerte, pone en manos de Dios el cuidado de prolongar su misión.
  • El lamento de Jesús -”Jerusalén, Jerusalén”- es dolor, al ver la obstinación del pueblo judío que no ha querido aceptar, al menos en su mayoría, la fe en el Mesías Jesús. La tierra y la humanidad entera están simbolizadas en esa ciudad. La oferta de la salvación, de la protección, de la ternura de Dios han sido rechazadas y alcanzarán aquí su punto culminante. Compara su preocupación por todos, justos y pecadores con el amor que siente una gallina cuando cobija bajo sus alas a sus crías.
  • El maestro tiene clara conciencia que su entrega no es absurda, será la inauguración de un nuevo Pueblo de Dios, abierto y universal. Proclama que el antiguo templo, “la casa” quedará vacía, pues el nuevo Israel trascenderá los estrechos límites de Israel y abarcará a todo el universo.
  • Jesús deja bien claro que la voluntad de Dios, es lo único que cuenta en esta vida, la libertad y decisión de Jesús son un signo de que el proyecto de Dios está por encima de cualquier proyecto humano; nada lo detiene; mucho menos las insidias y trampas de los hombres. Muchos cristianos a lo largo de la historia han sabido renunciar a muchas cosas, incluso a su vida misma, por cumplir fielmente la voluntad de Dios y han sido fermento de vida nueva.
  • No podemos quedarnos tranquilos desentendiéndonos de nuestra responsabilidad en la realización del reino y descansando en los que tienen alguna autoridad para realizarlo, así como no podemos descansar y despreocuparnos del cada día de nuestra vida, esperando que la autoridad de turno haga todo y bien.
  • En el pueblo de Dios todos tenemos una común dignidad, y todos y cada uno tenemos nuestra responsabilidad, y todos daremos cuenta a Dios de nuestro cumplimiento de la misma. El poder no es garantía de eficacia y de verdad; mucho menos nos garantiza el triunfo. El único y verdadero triunfo se realizan en la fidelidad al amor y a la verdad.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Estamos dispuestos a una entrega tan decidida como la de Jesús, incluso si aquellos por los que nos entregamos se vuelven contra nosotros?
  • ¿Tenemos un corazón lleno de misericordia y de amor, para seguir trabajando y dándonos día a día, por el bien de los demás?
  • ¿Nos influyen “los Herodes” de turno para cambiar nuestro camino, por miedo o por cansancio?

     

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Dame Señor valentía y decisión en el seguimiento

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

« ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus pollitos bajo las alas, pero no habéis querido!»

 

…”Jerusalén era una ciudad de paz, y fue también una ciudad de tormento, porque en ella Jesús sufrió inmensamente y en ella murió dolorosamente. Es en esta ciudad que hemos de ser sus testigos, y no con palabras sino en verdad, con nuestra vida, imitándolo tanto como podamos. Muchos hombres habría que, gustosamente, serían testigos de Dios en la paz con tal que todo les fuera según su criterio. Gustosamente serían santos, con la condición de no encontrar nada amargo en los ejercicios y trabajos para llegar a serlo. Querrían gustar, desear y conocer las dulzuras divinas sin tener que pasar por ninguna clase de amargura, pena o desolación. En cuanto les sobrevienen fuertes tentaciones y tinieblas, en cuanto les deja el sentimiento y la conciencia de estar en Dios, en cuanto se sienten abandonados interior y exteriormente, entonces todo lo abandonan y así dejan de ser verdaderos testigos.

Todos los hombres buscan la paz. Por todas partes, en sus obras y de todas maneras buscan la paz. ¡Ah! que podamos nosotros liberarnos de esta búsqueda y podamos buscar la paz en el tormento. Es tan sólo ahí que nace la verdadera paz, la que permanece, la que perdura…Busquemos la paz en el dolor, el gozo en la tristeza, la simplicidad en la multiplicidad, la consolación en la amargura; es así que llegaremos a ser en verdad los testigos de Dios”…


Juan Taulero (hacia 1300-1361), dominico en Estrasburgo – Sermón 21, 4º para la Ascensión

 

PARA REZAR

 

Confesamos, Señor,
que nos hemos preocupado,
por las muchas demandas que
esta vida tiene.
Que nos hemos afanado
por buscar la comodidad
que la sociedad ofrece,
que nos enredamos en
competencias desleales,
anulando la vida de otros y otras
sin importarnos su dolor.
Que el activismo nos ha aturdido
de tal manera que
hemos perdido la bendición de tu presencia.

Ayúdanos a ver que
“sólo una cosa es necesaria”
y esa es tu Presencia,
que nos consuela, inspira y
compromete a trabajar por tu reino.
fortalece nuestra decisión
de caminar contigo,
y la seguridad de que nada ni nadie
nos apartará de tu lado. AMEN

Elizabeth Hernández Carrillo

 

Viernes XXX

Todos los Santos (S)

 

Tendrán una gran recompensa en el cielo

 

Lectura del libro del Apocalipsis    7, 2-4. 9-14

 

Yo, Juan, vi a otro Ángel que subía del Oriente, llevando el sello del Dios vivo. Y comenzó a gritar con voz potente a los cuatro Ángeles que habían recibido el poder de dañar a la tierra y al mar:

«No dañen a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello la frente de los servidores de nuestro Dios.»

Oí entonces el número de los que habían sido marcados: eran 144. 000 pertenecientes a todas las tribus de Israel.

Después de esto, vi una enorme muchedumbre, imposible de contar, formada por gente de todas las naciones, familias, pueblos y lenguas. Estaban de pie ante el trono y delante del Cordero, vestidos con túnicas blancas; llevaban palmas en la mano y exclamaban con voz potente: « ¡La salvación viene de nuestro Dios que está sentado en el trono, y del Cordero!»

Y todos los Ángeles que estaban alrededor del trono, de los Ancianos y de los cuatro Seres Vivientes, se postraron con el rostro en tierra delante del trono, y adoraron a Dios, diciendo: «¡Amén! ¡Alabanza, gloria y sabiduría, acción de gracias, honor, poder y fuerza a nuestro Dios para siempre! ¡Amén!»

Y uno de los Ancianos me preguntó: « ¿Quiénes son y de dónde vienen los que están revestidos de túnicas blancas?»

Yo le respondí: «Tú lo sabes, señor.»

Y él me dijo: «Estos son los que vienen de la gran tribulación; ellos han lavado sus vestiduras y las han blanqueado en la sangre del Cordero.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 23, 1-2. 3-4b. 5-6 (R.: cf. 6)

 

R.    Así son los que buscan tu rostro, Señor.

 

Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella,

el mundo y todos sus habitantes,

porque él la fundó sobre los mares,

él la afirmó sobre las corrientes del océano. R.

 

¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor

y permanecer en su recinto sagrado?

El que tiene las manos limpias

y puro el corazón;

el que no rinde culto a los ídolos. R.

 

El recibirá la bendición del Señor,

la recompensa de Dios, su Salvador.

Así son los que buscan al Señor,

los que buscan tu rostro, Dios de Jacob. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan    3, 1-3

 

Queridos hermanos:

¡Miren cómo nos amó el Padre! Quiso que nos llamáramos hijos de Dios, y nosotros lo somos realmente. Si el mundo no nos reconoce, es porque no lo ha reconocido a él.

Queridos míos, desde ahora somos hijos de Dios, y lo que seremos no se ha manifestado todavía. Sabemos que cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    4,25 – 5, 12

 

Al ver a la multitud, Jesús subió a la montaña, se sentó, y sus discípulos se acercaron a él. Entonces tomó la palabra y comenzó a enseñarles, diciendo:

«Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.

Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.

Felices los afligidos, porque serán consolados.

Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.

Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.

Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.

Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.

Felices los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.

Felices ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.

Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Hoy la Iglesia en todo el mundo celebra la festividad de todos los santos. En este día no recordamos sólo aquellos que alcanzaron la meta sino que también hacemos memoria de la “Vocación a la Santidad a la que fuimos llamados”. La celebración de todos los Santos es expresión de la esperanza que nos habita: lo que Dios ha realizado en los santos lo esperamos nosotros, confiados en su amor, y lo vivimos ya ahora: “Ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos… seremos semejantes a El, porque le veremos tal cual es”.
  • El Apocalipsis nos muestra una visión del autor en medio de los «ciento cuarenta y cuatro mil» elegidos, y otro gran número de santos. Los que pasaron la prueba de la tribulación y la persecución y han lavado sus túnicas en la sangre del cordero. El camino de los hijos -que es el que desemboca en la gloria de la Jerusalén celestial- no es otro que el camino del Hijo: Él ha pasado por la gran tribulación, el mundo no lo ha conocido, ha sido perseguido y calumniado. Quienes han caminado con Jesús y ahora gozan con su dicha; nos ofrecen el ejemplo de su vida, la ayuda de su intercesión.
  • San Juan en la primera carta, llama la atención de sus destinatarios para que no dejen de asombrarse y admirar el inmenso amor de Dios que nos ha hecho a todos hijos suyos. Somos hijos por puro regalo de su amor, gracias a la pasión, muerte y resurrección de su Hijo Jesús.
  • El pasaje del evangelio que nos presenta hoy la liturgia, corresponde a la versión de San Mateo de las bienaventuranzas. Jesús es presentado subiendo al monte. Con Jesús como nuevo Moisés, va a tener lugar el acto fundacional del nuevo pueblo de Dios. Los signos de pertenencia a este nuevo pueblo no son principios abstractos, sino que Jesús recoge en su proclamación situaciones que vivían de hecho sus miembros.
  • Algunas son padecidas por ellos: la pobreza, el llanto, el hambre y la sed, los malos tratos y la persecución. Son situaciones de sufrimiento que se ven obligados a padecer, a causa de su dedicación a la construcción de este nuevo modelo de sociedad, llamado Reino de Dios.
  • Otras son generadas por ellos y Jesús declara bienaventurados a los que viven con radicalidad y realismo en la vida las exigencias del reino.
  • La santidad, no es un logro que se alcanza en un más allá y que la Iglesia reconoce; sino un estilo de vida en este más acá, traducido en obras de amor, de misericordia, de justicia y de paz. La presentación de las bienaventuranzas en la festividad de todos los Santos es porque ellas son en verdad un camino de santidad. En ellas encontramos una brújula en nuestro trabajo por alcanzar la santidad, entendida ésta, como la lucha constante por abrirnos cada vez más, al paso de Dios y dejar que en el cada día nos dé, la plenitud de la vida.
  • Para muchos la palabra “santo” evoca a gente vestida con ropa propia de otras épocas, con una vida bastante distinta, algunas veces con muchas rarezas, a la de sus contemporáneos y que casi siempre eran obispos, frailes o monjas. Nos cuesta imaginarnos un santo con jean o haciendo tareas domésticas y con una vida tan normal como la nuestra. Hemos identificado ser santo con algo estático, con ser raro, aburrido o absurdamente sacrificado. En otras ocasiones identificamos al santo con el ser cuasi perfecto y como modelo que se hace inalcanzable.
  • Sin embargo el Concilio Vaticano II, en varias ocasiones, recuerda que “los fieles de cualquier condición y estado son llamados por Dios, cada uno por su camino, a la perfección de la santidad por la cual el mismo Padre es perfecto”. Con este llamamiento a la santidad no se nos invita a ninguna forma absurda de vida o a caminar hacia una meta imposible. Aspirar a la santidad es aspirar a la felicidad total que todo hombre desea.
  • El Dios de la paz, de la felicidad nos llama a la plenitud. Los hombres somos seres incompletos, inacabados; a los cuales Dios les ha concedido un don. Cada uno de nosotros es consciente de lo que Dios puso en sus manos y de lo que en cada momento debe ser el fruto de ese don. Ser santos no es hacer necesariamente milagros, ni dejar obras sorprendentes para la historia.
  • Los santos nos demuestran que seguir a Cristo es posible, y que vale la pena. Estos hombres y mujeres tuvieron defectos, cometieron pecados, no eran perfectos. Fueron “normales”. Pero creyeron en el Evangelio, y que la gracia supera abundantemente nuestras limitaciones. Los santos han tenido a Dios como anhelo y fundamento determinante de sus vidas y por eso sus vidas fueron transformadas. Algunos han dejado huella profunda. Otros han pasado desapercibidos. Hombres y mujeres así, no sólo existieron en el pasado, sino también hoy andan por nuestras calles, trabajan en nuestras fábricas, caminan a nuestro lado o sufren en nuestros hospitales.
  • Porque la santidad es tener confianza, esperanza, alegría, porque Jesús está con nosotros, haciendo posible una nueva vida; que invierte los valores de este mundo y acepta los del evangelio sin medias tintas. Santo es quien ha decidido construir ese nuevo mundo bienaventurado donde los hombres se aman, se quieren, son solidarios y se ayudan, donde no se rechazan unos a otros por su condición social, dinero, poder. Santo es el que no abandona la lucha aunque sea lenta y fatigosa. Santidad es cuando, a pesar de todo y de todos, se mantiene la esperanza de que la lucha realizada por y con Jesús, tendrá un buen final y la fraternidad entre los hombres irá haciéndose realidad hasta que todos seamos auténticamente hermanos. Así es el hombre santo y bienaventurado que ha descubierto la mejor parte, la que nunca le será quitada.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Siento el llamado a la santidad?
  • ¿Qué lugar ocupan las bienaventuranzas en mi vida cristiana?
  • ¿Estoy convencido que ser santo en el mundo de hoy vale la pena?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Sean santos como su Padre Celestial

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…”Tu verdadera identidad es ser hijo de Dios. Ésa es la identidad que debes aceptar. Una vez que la hayas reivindicado y te hayas instalado en ella, puedes vivir en un mundo que te proporciona mucha alegría y, también, mucho dolor. Puedes recibir tanto la alabanza como el vituperio que te lleguen como ocasiones para fortalecer tu identidad fundamental, porque la identidad que te hace libre está anclada más allá de toda alabanza y de todo vituperio humano. Tú perteneces a Dios y, como hijo de Dios, has sido enviado al mundo.

Dado que ese lugar profundo que hay dentro de ti y donde se arraiga tu identidad de hijo de Dios lo has desconocido durante mucho tiempo, los que eran capaces de afectarte han tenido sobre ti un poder repentino y a menudo aplastante. Pero no podían llevar a cabo aquel papel divino, y por eso te dejaron, y te sentiste abandonado. Pero es precisamente esta experiencia de abandono la que te ha atraído a tu verdadera identidad de hijo de Dios.

Sólo Dios puede habitar plenamente en lo más hondo de ti. Puede ser que haga falta mucho tiempo y mucha disciplina para volver a unir tu yo profundo, escondido, con tu yo público, que es conocido, amado y aceptado, aunque también criticado por el mundo; sin embargo, de manera gradual, podrás empezar a sentirte más conectado a él y llegar a ser lo que verdaderamente eres: hijo de Dios”…

 

H. J. M. Nouwen, La voz del amor, Brescia 21997, pp. 98ss, passim.

 

PARA REZAR

 

Ser santo es seguir siendo

una persona normal y corriente,

que siente la insatisfacción

que produce una visión del mundo,

donde los hombres aceptan

como necesidad el tener mucho dinero.

Ser santo es sentir la preocupación

del desempleo, del paro, y solidarizarse

con quienes lo sufren para paliar su necesidad;

y trabajar para que los responsables

tengan una mentalidad menos lucrativa y más social.

Ser santo es ofrecer nuestra amistad

a quien se encuentra solo,

ser capaz de temblar cuando descubrimos

la incomunicación que nuestro mundo

masificado nos transmite,

y contagia a través de sus aparatos.

Ser santo es no aceptar la violencia

a la que nos lleva la competencia,

el odio que despierta en nosotros

la separación de los hombres con

barreras económicas, sociales,

religiosas, raciales, nacionales.

Ser santo es buscar la superación

de todas las situaciones negativas

que producen sufrimiento en los hombres.

Ser santo es saberse hijo de Dios,

llamar con la vida, no con la lengua,

a Dios como Padre, lo que significa

querer estrechar con los hombres

unos lazos mayores de hermandad para,

todos juntos, poder invocarlo como Padre.

Ser santo es vivir con la limpieza

de corazón suficiente, como para caminar

por la vida sin segundas intenciones,

ofreciendo sinceridad y confianza.

 

Sábado XXX

Conmemoración de todos los fieles difuntos

 

Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Apocalipsis 21, 1-5a. 6b-7

 

Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe más.

Vi la Ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios, embellecida como una novia preparada para recibir a su esposo.

Y oí una voz potente que decía desde el trono: «Esta es la morada de Dios entre los hombres: él habitará con ellos, ellos serán su pueblo, y el mismo Dios estará con ellos. El secará todas sus lágrimas, y no habrá más muerte, ni pena, ni queja, ni dolor, porque todo lo de antes pasó.»

Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Yo hago nuevas todas las cosas. Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. Al que tiene sed, yo le daré de beber gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El vencedor heredará estas cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo.»

 

Palabra de Dios.

 


SALMO Sal. 26, 1. 4. 7 y 8b y 9a. 13-14

 

R. El Señor es mi luz y mi salvación.

 

El Señor es mi luz y mi salvación,

¿a quién temeré?

El Señor es el baluarte de mi vida,

¿ante quién temblaré? R.

 

Una sola cosa he pedido al Señor,

y esto es lo que quiero:

vivir en la Casa del Señor

todos los días de mi vida,

para gozar de la dulzura del Señor

y contemplar su Templo. R.

 

¡Escucha, Señor, yo te invoco en alta voz,

apiádate de mí y respóndeme!

Yo busco tu rostro, Señor,

no lo apartes de mí. R.

 

Yo creo que contemplaré la bondad del Señor

en la tierra de los vivientes.

Espera en el Señor y sé fuerte;

ten valor y espera en el Señor. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto 15, 20-23

 

Hermanos:

Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos. Porque la muerte vino al mundo por medio de un hombre, y también por medio de un hombre viene la resurrección.

En efecto, así como todos mueren en Adán, así también todos revivirán en Cristo, cada uno según el orden que le corresponde: Cristo, el primero de todos, luego, aquellos que estén unidos a él en el momento de su Venida.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 24, 1-8

 

El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado. Ellas encontraron removida la piedra del sepulcro y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.

Mientras estaban desconcertadas a causa de esto, se les aparecieron dos hombres con vestiduras deslumbrantes. Como las mujeres, llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo, ellos les preguntaron: “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que él les decía cuando aún estaba en Galilea: “Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores, que sea crucificado y que resucite al tercer día”". Y las mujeres recordaron sus palabras.

 

Palabra de Dios.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • La liturgia nos propone hacer memoria de los fieles difuntos. El sentido de la conmemoración es ante todo la fiesta, la memoria agradecida con Dios y con esos hermanos que nos han tomado la delantera en el encuentro definitivo con nuestro Padre.
  • Celebramos al Dios de la vida, al Dios que salva, al Dios de la resurrección. Nuestro Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos, por eso desde el corazón de la muerte celebramos y proclamamos la resurrección.
  • El pasaje del Evangelio que leemos hoy está inserto en el «discurso de despedida y es motivo de consuelo para los discípulos que quedarán sin el Maestro, y también garantía de que sus vidas unidas a la de Jesús, tienen un sentido de eternidad. La confianza en Dios pasa necesariamente por Jesús.
  • Jesús ha revelado al Padre fundamentalmente en sus obras, y la obra de Jesús, que es exactamente la del Padre, es la de dar vida, así que verdad y vida, se convierten para el discípulo en la mejor herencia de su Maestro.
  • Si como discípulos lo sabemos discernir, hay garantía de una vida que se prolonga más allá de la muerte. Si el proyecto de Jesús, su Evangelio como Camino, lo recorremos como Él mismo lo recorrió; si la Verdad de Jesús la proclamamos, como Él la proclamó; si la Vida que es Jesús, la vivimos como Él vivió; se puede decir que la vida traspasa las murallas de la muerte.
  • “Frente a la muerte, el enigma de la condición humana alcanza su cumbre”(Gs, 18).  Aparecen así las dos posiciones alternativas. Por un lado, el que la muerte es el punto de arranque y el argumento clave de todas las religiones y, por el lado opuesto, el que la muerte cierra el paso a todo y aquí se acaba todo: el hombre es un ser para la muerte, una pasión inútil, carne de un ciego destino.
  • Ya que el misterio total del hombre sólo  alcanza a vislumbrarse desde el misterio de Cristo, el enigma tremendo de nuestra muerte sólo podrá ser iluminado desde la suya, asumida libre y amorosamente por nosotros y por nuestra salvación; superada luego por el poder de Dios con su resurrección gloriosa; anticipo y prenda a su vez de nuestra propia resurrección. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde tu aguijón?, se preguntará san Pablo (1 Cor. 15, 55).
  • Entre los cristianos suelen haber ciertas dudas sobre el más allá. Hay muchos de los que  creen en Dios y en Jesucristo que declaran no creer en la supervivencia, en la resurrección, en el cielo o en el infierno.
  • ¿Entonces, para qué creer? La respuesta válida sigue siendo la de San Pablo: “Si Cristo no ha resucitado vana es nuestra fe”.
  • Es posible que muchos se conformen con sentir en su vida la protección de Dios y que piensen que, a pesar de todo, es  provechoso para el hombre vivir en el amor y en el temor de Dios; también es posible que a otros les baste con que Jesús de Nazaret sea para ellos un buen ejemplo humano y sólo de ese modo lo vean como modelo para los mortales.
  • Esa experiencia de la salvación es pobre, incompleta e insuficiente. La plena y definitiva, la que Dios nos ofrece, es eterna y alcanza su plenitud al final de nuestro recorrido; porque “la vida no termina, se transforma”, por nuestra participación en la resurrección de Jesucristo.
  • Dios es un Dios de vida y de vivos, no un Dios de muerte. Hoy es un día para la esperanza. Si la muerte ha sido vencida, ¿Qué nos puede hacer temblar? Nada. Si vencer la muerte es posible -ha sido realidad ya en Jesucristo- ningún horizonte está cerrado. Para quien sepa ponerse confiadamente en manos de Dios, habrá desaparecido toda esclavitud, toda opresión, toda muerte. Y todo esto nos llevará a vivir en verdadera y continua esperanza que nos lleva a trabajar con toda confianza por ese mundo nuevo, distinto, en paz, en armonía y fraternidad que todos queremos, pero que pocos ponen los medios eficaces para alumbrarlo entre nosotros.
  • Hoy es también la fiesta de los fieles difuntos. Es continuación y complemento de la de ayer. Junto a todos los santos ya gloriosos, queremos celebrar la memoria de nuestros difuntos. Muchos de ellos formarán parte, sin duda, de esa “inmensa multitud” que celebrábamos ayer. Pero hoy no queremos evocar su memoria en cuanto “santos” sino en cuanto difuntos.
  • Es un día para presentar ante el Señor la memoria de todos nuestros familiares y amigos o conocidos difuntos, que quizá durante la vida diaria no podemos estar recordando. Las palabras de Agustín se hacen parte de nuestra oración: “Aquellos que nos han dejado no están ausentes, sino invisibles. Tienen sus ojos llenos de gloria, fijos en los nuestros, llenos de lágrimas”.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Qué sentimientos suscita en mí el pensamiento acerca de la muerte?
  • ¿Cómo ilumina la fe el dolor frente a la muerte?
  • ¿Experimento la muerte como un paso necesario o cómo una tragedia irremediable?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Creo Señor en la Vida Eterna

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

Como el grano de trigo

 

El tronco de la vid, una vez plantado en tierra, da fruto al llegar el tiempo. Igualmente ocurre con el grano de trigo que después de caer en tierra y haber muerto en ella (Jn 12,24), resurge multiplicado por el Espíritu Santo que sostiene todas las cosas. Seguidamente, gracias al tino del viñador, viene el uso que de él hacen los hombres; después, recibiendo la Palabra de Dios, se convierte en eucaristía, es decir, en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

De la misma manera nuestros cuerpos, alimentados por la eucaristía, después de haber sido depositados en tierra y haberse disuelto en ella, a su tiempo resucitarán, cuando el Verbo de Dios les concederá la gracia de la resurrección «para gloria de Dios Padre» (Flp 2,11). Porque el Padre procurará la inmortalidad a lo que es mortal y la incorruptibilidad a lo que es perecedero (1Co 15,53), porque la fuerza de Dios se manifiesta en la debilidad (2Co 12,9).

En estas condiciones nos guardaremos muy mucho de enorgullecernos, de levantarnos contra Dios aceptando pensamientos ingratos, como si fuera por nuestras propias fuerzas que tenemos vida. Por el contrario, sabiendo por experiencia que es gracias a su grandeza… que tenemos el poder de vivir para siempre, no nos alejaremos del pensamiento correcto sobre Dios y sobre nosotros mismos. Sabremos qué poder posee Dios y los beneficios que recibimos de él. No nos equivocaremos sobre la concepción que hemos de tener de Dios y del hombre. Por otra parte…, si odios permite nuestra disolución en la tierra, ¿no será precisamente para que, instruidos sobre todas estas cosas, de ahora en adelante estemos más atentos a todo, no desconociendo ni a Dios ni a nosotros mismos?… Si la copa y el pan, por la Palabra de Dios, pasan a ser eucaristía, ¿cómo pretender que la carne es incapaz de recibir la Vida eterna?…

 

San Ireneo de Lión (hacia 130-hacia 208), obispo, teólogo y mártir

Contra las herejías, V, 2,3

 

PARA REZAR

 

Oración por los Difuntos

 

Dios, Nuestro Creador y Redentor,

con tu poder Cristo conquistó la muerte

y volvió a Ti glorioso.
Que todos tus hijos que nos han precedido

en la fe (especialmente N…) participen

de su victoria.

En esta vida Tú les demostraste tu gran amor;
y ahora que ya están libres de toda preocupación,
concédeles la felicidad y la paz eterna.
Su vida terrena ha terminado ya;
recíbelos ahora en el paraíso,
en donde ya no habrá dolores, ni lágrimas ni penas,
sino únicamente paz y alegría con Jesús, tu Hijo,
y con el Espíritu Santo para siempre.

Dales, Señor, el descanso eterno.
Brille para ellos la luz perpetua.
Descansen en paz.
Amén.

María, Madre de Dios, y Madre de misericordia,

ruega por nosotros y por todos los que han muerto

en el regazo del Señor.
Amén.