TIEMPO DE CUARESMA – SEMANA III – CICLO A

TIEMPO DE CUARESMA

DOMINGO III – CICLO A

 

LUNES III

 

MARTES III

 

MIÉRCOLES III

 

JUEVES III

19 de marzo

Solemnidad de San José – Esposo de Santa María Virgen

 

VIERNES III

 

SÁBADO III

 

 

TIEMPO DE CUARESMA

DOMINGO III – CICLO A

 

Dame agua viva para que no tenga más sed

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Éxodo    17, 1-7

 

El pueblo, torturado por la sed, protestó contra Moisés diciendo: « ¿Para qué nos hiciste salir de Egipto? ¿Sólo para hacernos morir de sed, junto con nuestros hijos y nuestro ganado?»

Moisés pidió auxilio al Señor, diciendo: « ¿Cómo tengo que comportarme con este pueblo, si falta poco para que me maten a pedradas?»

El Señor respondió a Moisés: «Pasa delante del pueblo, acompañado de algunos ancianos de Israel, y lleva en tu mano el bastón con que golpeaste las aguas del Nilo. Ve, porque yo estaré delante de ti, allá sobre la roca, en Horeb. Tú golpearás la roca, y de ella brotará agua para que beba el pueblo.»

Así lo hizo Moisés, a la vista de los ancianos de Israel.

Aquel lugar recibió el nombre de Masá -que significa «Provocación»- y de Meribá -que significa «Querella»- a causa de la acusación de los israelitas, y porque ellos provocaron al Señor, diciendo: « ¿El Señor está realmente entre nosotros, o no?»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 94, 1-2. 6-7d-9 (R.: 7d-8a)

 

R.    Ojalá hoy escuchen la voz del Señor: «No endurezcan su corazón.»

 

¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor,

aclamemos a la Roca que nos salva!

¡Lleguemos hasta él dándole gracias,

aclamemos con música al Señor! R.

 

¡Entren, inclinémonos para adorarlo!

¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó!

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros, el pueblo que él apacienta,

las ovejas conducidas por su mano. R.

 

Ojalá hoy escuchen la voz del Señor:

«No endurezcan su corazón como en Meribá,

como en el día de Masá, en el desierto,

cuando sus padres me tentaron y provocaron,

aunque habían visto mis obras.» R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Roma    5, 1-2. 5-8

 

Hermanos:

Justificados, entonces, por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Por él hemos alcanzado, mediante la fe, la gracia en la que estamos afianzados, y por él nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.

Y la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado.

En efecto, cuando todavía éramos débiles, Cristo, en el tiempo señalado, murió por los pecadores.

Difícilmente se encuentra alguien que dé su vida por un hombre justo; tal vez alguno sea capaz de morir por un bienhechor.

Pero la prueba de que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    4, 5-42

 

Jesús llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía.

Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber.»

Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos.

La samaritana le respondió: « ¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos.

Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva.»

«Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva? ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?»

Jesús le respondió: «El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna.»

«Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla.»

Jesús le respondió: «Ve, llama a tu marido y vuelve aquí.»

La mujer respondió: «No tengo marido.»

Jesús continuó: «Tienes razón al decir que no tienes marido, porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad.»

La mujer le dijo: «Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar.»

Jesús le respondió: «Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.»

La mujer le dijo: «Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo.»

Jesús le respondió: «Soy yo, el que habla contigo.»

En ese momento llegaron sus discípulos y quedaron sorprendidos al verlo hablar con una mujer. Sin embargo, ninguno le preguntó: « ¿Qué quieres de ella?» o « ¿Por qué hablas con ella?»

La mujer, dejando allí su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: «Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. ¿No será el Mesías?»

Salieron entonces de la ciudad y fueron a su encuentro.

Mientras tanto, los discípulos le insistían a Jesús, diciendo: «Come, Maestro.» Pero él les dijo: «Yo tengo para comer un alimento que ustedes no conocen.»

Los discípulos se preguntaban entre sí: « ¿Alguien le habrá traído de comer?»

Jesús les respondió:

«Mi comida es hacer la voluntad de aquel que me envió y llevar a cabo su obra. Ustedes dicen que aún faltan cuatro meses para la cosecha. Pero yo les digo: Levanten los ojos y miren los campos: ya están madurando para la siega. Ya el segador recibe su salario y recoge el grano para la Vida eterna; así el que siembra y el que cosecha comparten una misma alegría. Porque en esto se cumple el proverbio: “Uno siembra y otro cosecha.” Yo los envié a cosechar adonde ustedes no han trabajado; otros han trabajado, y ustedes recogen el fruto de sus esfuerzos.»

Muchos samaritanos de esa ciudad habían creído en él por la palabra de la mujer, que atestiguaba: «Me ha dicho todo lo que hice.»

Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y él permaneció allí dos días. Muchos más creyeron en él, a causa de su palabra. Y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo.»

 

Palabra del Señor.

 

    O bien más breve:

 

Lectura del santo Evangelio según san Juan 4, 5-15. 19b-26. 39a. 40-42

 

Jesús llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía.

Una mujer de Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber.»

Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos.

La samaritana le respondió: « ¡Cómo! ¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos.

Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva.»

«Señor, le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva? ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?»

Jesús le respondió: «El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna.»

«Señor, le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed y no necesite venir hasta aquí a sacarla.» «Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en esta montaña, y ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar.»

Jesús le respondió: «Créeme, mujer, llega la hora en que ni en esta montaña ni en Jerusalén se adorará al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad.»

La mujer le dijo: «Yo sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando él venga, nos anunciará todo.»

Jesús le respondió: «Soy yo, el que habla contigo.»

Muchos samaritanos de esta ciudad habían creído en él. Por eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se quedara con ellos, y él permaneció allí dos días. Muchos más creyeron en él, a causa de su palabra. Y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • El pueblo que atraviesa el desierto se encuentra cansado y sediento. La promesa de una tierra que mana leche y miel los sacó de la esclavitud de Egipto, pero de camino en la libertad del desierto les faltó el agua y, con ella, la esperanza. Quedan lejos los proyectos optimistas y sólo ven peligros, dificultades. Comenzaron así a sospechar de la promesa y de quién la había hecho, comenzaron a murmurar y dudar de Moisés y de quién lo había enviado: El Señor para demostrar que cumple lo que promete hizo saltar el agua de la roca para que bebiera su pueblo y no le faltara ni el agua, ni la esperanza.
  • San Pablo, hoy, define nuestra condición de cristianos: salvados por haber creído en Cristo, reconciliados con Dios, llenos de sus dones. El mayor de los dones es el Espíritu Santo que nos ha sido dado, don inmerecido e inesperado, como el agua de las fuentes de agua que brotaron del Horeb para saciar la sed del pueblo.
  • El evangelio nos ofrece una de las escenas y diálogos mejor construidos de San Juan. Los samaritanos proceden de la unión de tribus asirias y de judíos del reino del Norte antes de su destrucción. Después se llegó a un verdadero cisma entre judíos y samaritanos. Los samaritanos se opusieron a la construcción del nuevo Templo de los judíos y construyeron otro santuario para ellos en el monte Garizim que fue destruido en el año 129 a C. Los samaritanos se consideran descendientes de los Patriarcas, y estaban orgullosos del pozo que decían les había dejado su padre Jacob por medio de José. Un judío religioso debía evitar todo contacto con los samaritanos que eran considerados no solamente impuros, sino herejes, por lo tanto, lo que menos se podía pensar era en pedirle a ellos de comer o beber.
  • En el encuentro de Jesús con la samaritana todo es normal: mediodía, la hora de la sed; después de un largo viaje Jesús está cansado y pide agua. La mujer, igual que cada día, iba a buscar agua al pozo del padre Jacob.
  • Entre Jesús y aquella mujer samaritana había una tremenda barrera religiosa, y además la barrera que significaba que él era hombre y ella, mujer. Jesús prescinde de estos condicionamientos. Él es, y se presenta ante todo como un ser humano necesitado.
  • Pero Jesús, pidiendo un favor le ofrece a cambio otro favor, le ofrece otra agua, otro manantial. Habla del agua viva que hace que el que beba de ella no vuelva a tener sed. Jesús no quita valor al agua del pozo de Jacob, sino que se limita a poner de relieve su insuficiencia. Cristo no condena las aguas de la tierra, sino que ofrece el agua que salta hasta la vida eterna. Promete Jesús la satisfacción plena, habla de agua que da vida, porque es don.
  • Jesús antes de dar el agua del evangelio exige sinceridad y conversión. La sed de la samaritana es búsqueda e insatisfacción. Esta mujer, tiene sed de felicidad. El Agua Viva, el Espíritu, el don gratuito de Dios, desborda la de los aljibes de Jerusalén y Garizim.
  • El nuevo nombre de Dios es “Padre”, y el culto verdadero será la práctica del amor, expresión del Espíritu que se derrama en el corazón de los hombres.

***

  • Jesús con una respetuosa pedagogía va conduciendo la conversación desde el agua material hasta la espiritual.
  • La sed de la samaritana puede entenderse como la sed de la humanidad, que no encuentra satisfacción ni seguridad en sus ídolos y camina a ciegas de un dios a otro, de un templo a otro. Es la sed de la humanidad doliente que no encuentra al Dios que la salve verdaderamente, la libere y la llene de luz.
  • Jesús pide de beber a la samaritana, para que ella le pida de beber. El maestro tiene sed de ver al Espíritu derramado en el corazón de los hombres, para que puedan tener sed de Dios y amarlo con deseo ferviente. El amor tiene sed de amar.
  • Jesús recogía la sed de todos los hombres, siendo Él quien únicamente puede saciar esa sed. Es Jesús quien ofrece a la samaritana y a todos los hombres el agua viva que sacia plenamente.
  • También nosotros tenemos sed. Sed de verdad, de seguridad, de amor, de sentido de la vida. Sin formularlo explícitamente, tenemos sed de salvación. Sentir sed, y saberlo, es una de las condiciones para recorrer con esperanza y sentido el camino hacia la vida plena, el camino hacia la Pascua. La vida verdadera, la que sacia el corazón humano, no está fuera del hombre: brota de sí mismo. Jesús no nos proporciona el agua viva desde el exterior: nos descubre a cada uno el misterio que se realiza cuando permitimos que el Espíritu obre en nosotros.
  • Igual que para la Samaritana, el primer paso para acceder al agua viva es la sinceridad con nosotros mismos. Superar la sutil y enorme barrera que nos impide ver más allá de lo que queremos ver mintiéndonos a nosotros mismos.
  • El que beba de esta agua nunca más tendrá sed. Jesús promete la satisfacción plena: cumplir nuestros anhelos más hondos, calmar nuestros dolores más profundos, liberar nuestras pasiones más esclavizantes, satisfacer nuestras hambres, llenar nuestras ausencias y avivar nuestras esperanzas.
  • El «Yo soy» de Jesús sigue siendo la respuesta más entrañable a nuestra sed, a nuestra fatiga, a nuestra desesperanza sea cual sea nuestro estado personal humano y cristiano. Siguiendo su camino, buscando lo mismo que Él, nuestra vida será como un torrente de agua en medio del desierto, como una fuente viva que todo lo llena, que todo lo fecunda.
  • Jesús quiere conducir nuestra vida de fe hacia una nueva calidad de vida que se realiza en el amor, y por él hacernos pasar del agua de la ley al agua del Espíritu, del agua del temor al agua del amor, del agua de las obras al agua de la gracia, del agua de la esclavitud al agua de la filiación, del agua de la debilidad al agua de la fortaleza.
  • Y el origen de tanta dicha está en su Espíritu, derramando sobre nosotros un manantial de paz, de gozo, de luz, de fuerza, de amor. El Espíritu que hace que Dios tenga su casa y su altar en el corazón del hombre y los hace fuente de vida.
  • Desde esta novedad, el verdadero culto consiste en testimoniar que Dios es Padre con una vida de verdaderos hijos suyos y hermanos de todos los hombres.
  • Si nuestra vida de fe no se arraiga en un amor al estilo de Jesús, el agua viva, el culto que celebramos, por muy sagrado que sea, no vale para nada, aunque se celebre en Jerusalén, en Roma o en la más olvidada de las capillas.
  • Lo que Jesús realizó con la samaritana, continúa haciéndolo con nosotros. Quien ha recibido esa agua viva, se ha convertido él mismo en manantial de vida, ha encontrado la posibilidad de dar culto a Dios más allá de cualquier espacio. Su vida en espíritu y en verdad es el lugar de encuentro con Dios. El agua recibida como don de Jesús no sólo sacia la sed, sino que da vida.
  • La samaritana que fue a sacar agua del pozo, abandona el cántaro vacío y, transformada por este encuentro, realiza una experiencia misionera con los de su pueblo. Es el encuentro con el que nos regala el “agua viva” hace emerger nuestra sed más honda y nos dinamiza en un amor hecho torrente de vida. Se convierte en un nuevo comienzo y en una manera diferente de comprender las cosas. Cada día nos irá exigiendo más y más. Nos convierte en esos hijos “buscados por el Padre” y “buscadores del Padre” que lo adoran “en espíritu y en verdad” gastando la vida en el servicio del Reino de Dios al servicio a los hermanos.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Cuál es la sed más profunda de mi vida?
  • ¿En qué pozos busco saciarme?
  • ¿Qué me ofrece Jesús?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

 

Mi alma tiene sed de ti, Señor

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…La encarnación y la pasión son la locura de amor de Dios para que el pecador pueda acogerlo. Desde esta locura se comprende cómo el mayor pecado es no creer en el amor de Dios por nosotros. No podemos olvidarnos de Dios: Él no nos olvida; no podemos alejarnos de Dios, Él no se aleja.

Dios nos espera en todos los caminos de nuestro destierro, en cualquier brocal de no sé que pozo al pie de cualquier higuera [...].

Nos espera no para reprocharnos, ni siquiera para decirnos: “Mira que te lo había dicho”, sino para cubrirnos con su amor, que nos salva incluso del mirar atrás con demasiada pena. Dostoievski pone en labios de la mujer culpable: “Dios te ama a causa de tus pecados”. No es exacto: Dios nos ama como somos para hacernos como Él quiere que seamos.

¡Gracias, Señor! Si me hubiese contentado con el deseo de ti, que me llevaba a buscarte sin saber dónde te podría encontrar, todavía estaría errando por los caminos, con la angustia de mi deseo insatisfecho o con la ilusión de haber encontrado algo. Te he encontrado de verdad porque has salido a mi encuentro en mis caminos de pecado: hombre entre Ios hombres, cuerpo bendito que yo mismo ayudé a despojar, a flagelar; rostro bendito besado por mis labios, como Judas; corazón que atravesé…

Ninguna sed creó jamás las fuentes, ni hizo brotar agua en las arenas. Tu sed, sin embargo, ha apagado mi sed porque si no hubieses seguido mis huellas, si no te hubieses dejado crucificar por mí quizás te hubiera buscado, pero nunca te habría encontrado. Señor, gracias por haberte dejado clavar en la cruz, por dejarte encontrar por el que te crucificó. Amén…

 

R Mazzolari, La más bella aventura, Brescia 1974, 218.223.

 

PARA REZAR

 

Espérame, Señor,

junto al pozo de mi vida,

a la hora que me toque.

Inicia Tú el diálogo,

mendigo rico del agua viva.

Aléjame de amores efímeros

que todavía me ocupan.

Disipa los prejuicios,

las dudas y los temores.

Ahonda en mí el vacío

para que se llene del verdadero deseo.

Ensancha mi corazón,

cólmalo de esperanza.

Muéstrame el nombre a esta sed

que me quema el corazón.

Haz que llegue, hasta el centro más profundo

y secreto de mí mismo donde sólo llegas Tú.

Llámame a tu fuente,

para que también yo,

junto con todos los que tienen sed de ti,

pueda beber el agua viva que mana de ti.

Que pueda llenarme en tu agua fresca

sin cansarme nunca de ti.

Dame Cristo Señor,

de tu agua para que se transforme

en mí en surtidor de agua viva para la vida eterna.

A través de la dureza del orgullo de mi corazón,

entre las piedras de mis falsedades,

por la arena de mis infidelidades,

abre Tú mismo un acceso a tu Espíritu.

 

LUNES III

 

Jesús pasando en medio de ellos siguió su camino

 

Lectura del segundo libro de los Reyes    5, 1-15

 

Naamán, general del ejército del rey de Arám, era un hombre prestigioso y altamente estimado por su señor, porque gracias a él, el Señor había dado la victoria a Arám. Pero este hombre, guerrero valeroso, padecía de una enfermedad en la piel.

En una de sus incursiones, los arameos se habían llevado cautiva del país de Israel a una niña, que fue puesta al servicio de la mujer de Naamán. Ella dijo entonces a su patrona: « ¡Ojalá mi señor se presentara ante el profeta que está en Samaría! Seguramente, él lo libraría de su enfermedad.»

Naamán fue y le contó a su señor: «La niña del país de Israel ha dicho esto y esto.»

El rey de Arám respondió: «Está bien, ve, y yo enviaré una carta al rey de Israel.»

Naamán partió llevando consigo diez talentos de plata, seis mil siclos de oro y diez trajes de gala, y presentó al rey de Israel la carta que decía: «Al mismo tiempo que te llega esta carta, te envío a Naamán, mi servidor, para que lo libres de su enfermedad.»

Apenas el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestiduras y dijo: « ¿Acaso yo soy Dios, capaz de hacer morir y vivir, para que este me mande librar a un hombre de su enfermedad? Fíjense bien y verán que él está buscando un pretexto contra mí.»

Cuando Eliseo, el hombre de Dios, oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestiduras, mandó a decir al rey: « ¿Por qué has rasgado tus vestiduras? Que él venga a mí y sabrá que hay un profeta en Israel.»

Naamán llegó entonces con sus caballos y su carruaje, y se detuvo a la puerta de la casa de Eliseo. Eliseo mandó un mensajero para que le dijera: «Ve a bañarte siete veces en el Jordán; tu carne se restablecerá y quedarás limpio.»

Pero Naamán, muy irritado, se fue diciendo: «Yo me había imaginado que saldría él personalmente, se pondría de pie e invocaría el nombre del Señor, su Dios; luego pasaría su mano sobre la parte afectada y curaría al enfermo de la piel. ¿Acaso los ríos de Damasco, el Abaná y el Parpar, no valen más que todas las aguas de Israel? ¿No podía yo bañarme en ellos y quedar limpio?» Y dando media vuelta, se fue muy enojado.

Pero sus servidores se acercaron para decirle: «Padre, si el profeta te hubiera mandado una cosa extraordinaria ¿no lo habrías hecho? ¡Cuánto más si él te dice simplemente: Báñate y quedarás limpio!»

Entonces bajó y se sumergió siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del hombre de Dios; así su carne se volvió como la de un muchacho joven y quedó limpio.

Luego volvió con toda su comitiva adonde estaba el hombre de Dios. Al llegar, se presentó delante de él y le dijo: «Ahora reconozco que no hay Dios en toda la tierra, a no ser en Israel. Acepta, te lo ruego, un presente de tu servidor.»

   

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 41, 2. 3; 42, 3. 4 (R.: cf. 41,3)

 

R.    Mi alma tiene sed del Dios viviente: ¿Cuándo contemplaré el rostro de Dios?

 

Como la cierva sedienta

busca las corrientes de agua,

así mi alma suspira

por ti, mi Dios. R.

 

Mi alma tiene sed de Dios,

del Dios viviente:

¿Cuándo iré a contemplar

el rostro de Dios? R.

 

Envíame tu luz y tu verdad:

que ellas me encaminen

y me guíen a tu santa Montaña,

hasta el lugar donde habitas. R.

 

Y llegaré al altar de Dios,

el Dios que es la alegría de mi vida;

y te daré gracias con la cítara,

Señor, Dios mío. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    4, 24-30

 

Cuando Jesús llegó a Nazaret, dijo a la multitud en la sinagoga:

«Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra. Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país. Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón.

También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio.»

Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo. Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Los sirios tenían fama de poseer secretos mágicos para curar las enfermedades. Damasco era esplendorosa y opulenta, eran bien conocidos sus perfumes y sus aguas refrescantes a pesar de estar al borde del desierto. Naamán, el Sirio, favorito del gobierno del rey es oriundo de esta ciudad y va a Israel buscando la curación de su lepra.
  • El profeta Eliseo le manda decir que tiene que lavarse siete veces en el Jordán y su carne quedará limpia. Naamán a pesar de su enojo, porque esperaba gestos más espectaculares, es capaz de humillarse y someterse a la palabra del profeta. Se baña en el Jordán y experimenta que lo menos importante es el río y el número de veces que tenía que bañarse. Lo importante era hacer lo que Dios quería y como Dios quiere.
  • El pagano Naamán sale sano del baño del Jordán purificado de la lepra del cuerpo y sobre todo de la de su corazón incrédulo. Sale creyendo ya en el Dios verdadero.

***

  • El Evangelio que escuchamos hoy está a continuación de la proclamación que Jesús hace del Año de Gracia para todo el pueblo manifestado en la libertad para los oprimidos, luz para los ciegos y la buena nueva para los pobres. Después de este anuncio los hombres de Nazaret tientan a Dios y quieren utilizar a Jesús pidiéndole que realice los milagros que ha hecho en Cafarnaún.
  • Jesús no se deja intimidar, y aprovecha para anunciar la salvación universal a través del recuerdo de la viuda y el general que siendo paganos fueron bendecidos por los milagros de Elías y de Eliseo y supieron reconocer la actuación de Dios. Jesús se sitúa en la línea de los profetas que critican que la salvación sea vista como algo exclusivo de los judíos.
  • Las palabras que Jesús dirige a su pueblo, a pesar de haber sido recibidas en un comienzo con admiración y aplausos, acaban casi en tragedia. Les molesta tanto que Jesús les muestre que no han sabido captar los signos de los tiempos, que lo empujan fuera del pueblo con la intención de despeñarlo. Ya se vislumbra el final del camino: la muerte en la cruz.
  • Nuestra sociedad no se encuentra lejos de la problemática de los Nazarenos. Seguimos manejando la fantasía del proyecto de una nueva humanidad realizada a base de milagros, sin el esfuerzo que da el convencimiento, sin la conversión y el sacrificio de los propios intereses y como propiedad exclusiva de unos pocos.
  • Hacer milagros para implantar la justicia, la bondad y el amor solidario en el mundo, no es el camino que Dios ha elegido. La nueva realidad debe nacer, ciertamente con la ayuda de Dios, pero con el asentimiento y el compromiso de todo el hombre y de todos los hombres.
  • Dios se deja encontrar solamente por los sencillos, aquellos que aún no se han formado juicio alguno sobre Él, aquellos que aún no han convertido a Dios a su imagen y semejanza. Dios no es algo; Él es Alguien siempre original, siempre nuevo, que inesperadamente entra en nuestra vida y rompe esquemas, destruye tranquilidades y nos coloca siempre ante el gran desafío de la fe.
  • Por eso, acoger a Cristo no es privilegio de una raza o una nación sino de todos los que sepan reconocer los signos, las llamadas de Dios que suelen ser siempre en la vida cotidiana y común de los hombres: una pobre viuda que espera socorro para el hambre y un leproso desahuciado. Y para poder reconocerlo, necesitamos estar sedientos del Dios que da la vida. Estar sedientos de Él es el único modo para encontrar siempre, y en todo momento, a través de las circunstancias, de las personas, de los ambientes, de las dudas, de las caídas, de nuestras debilidades, la salvación de Dios.
  • Cuaresma es el tiempo favorable para que desde la contemplación de nuestra vida, con sus luces y sombras, pidamos que se agigante nuestro deseo de Dios.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Dónde busco a Dios?
  • ¿Qué valor le doy a lo cotidiano como expresión de la voluntad de Dios?
  • ¿Puedo descubrir que Dios me habla a través de acontecimientos y personas?
  • ¿Cuáles? ¿Quiénes?

     

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

 

Envíanos, Señor, tu luz y tu verdad

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…Existe una obediencia a Dios, con frecuencia muy exigente, que consiste sencillamente en obedecer a las situaciones. Cuando se ha visto que, a pesar de todo el esfuerzo y las oraciones, se dan, en nuestra vida, situaciones difíciles, incluso a veces absurdas y, a nuestro parecer, espiritualmente contraproducentes, que no cambian, hay que dejar “de dar coces contra el aguijón” y empezar a ver en tales situaciones la silenciosa pero no menos cierta voluntad de Dios con nosotros. Es preciso, además, dejar todo, para hacer la voluntad de Dios: trabajo, proyectos, relaciones (…]

La conclusión más hermosa de vida de obediencia sería “morir por obediencia”, es decir, morir porque Dios dice a su siervo: “¡Ven!”, y él viene.

La obediencia a Dios en su forma concreta no es asunto exclusivo de los religiosos en la Iglesia, sino que está abierta a todos los bautizados. Los laicos no tienen, en la Iglesia, un superior al que obedecer —por lo menos no en el sentido en que lo tienen los religiosos y clérigos-, pero, en compensación, tienen un “Señor” al que obedecer. Tienen su Palabra. Desde sus más remotas raíces hebreas, la palabra “obedecer” indica la escucha y se refiere a la Palabra de Dios. El camino de la obediencia se abre al que ha decidido vivir “para el Señor”; es una exigencia que se desprende de la verdadera conversión…

 

R. Cantalamessa, La obediencia, Milán 1986, 59-63, passim.

 

PARA REZAR

 

Señor, que podamos sentir la luz de tu presencia

en el corazón de la vida,

queremos hallarte en lo profundo

de lo cotidiano.

Estás tan cerca que es un error

salir en tu búsqueda, lejos.

Estas presente entre nosotros,

en cada uno, te revelas en todo lo

que nos pasa día a día.

Señor, ya has venido, ya estas viniendo.
Ahora solo nos falta ver.

Sabemos que te estas revelando siempre,

en cada sonrisa, en cada problema.

Ábrenos, Señor, el oído,

como una antena abierta,

para escuchar tu latido,

repetido en cada ser humano,

sobre todos en los más pobres

y oprimidos y sepamos encontrarte.

 

MARTES III

 

Te digo hasta setenta veces siete

 

Lectura de la profecía de Daniel    3, 25-26. 34-43

 

Azarías, de pie en medio del fuego, tomó la palabra y oró así:

No nos abandones para siempre a causa de tu Nombre, no anules tu Alianza, no apartes tu misericordia de nosotros, por amor a Abraham, tu amigo, a Isaac, tu servidor, y a Israel, tu santo, a quienes prometiste una descendencia numerosa como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar.

Señor, hemos llegado a ser más pequeños que todas las naciones, y hoy somos humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. Ya no hay más en este tiempo, ni jefe, ni profeta, ni príncipe, ni holocausto, ni sacrificio, ni oblación, ni incienso, ni lugar donde ofrecer las primicias, y así, alcanzar tu favor.

Pero que nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humillado nos hagan aceptables como los holocaustos de carneros y de toros, y los millares de corderos cebados; que así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, y que nosotros te sigamos plenamente, porque no quedan confundidos los que confían en ti.

Y ahora te seguimos de todo corazón, te tememos y buscamos tu rostro. No nos cubras de vergüenza, sino trátanos según tu benignidad y la abundancia de tu misericordia. Líbranos conforme a tus obras maravillosas, y da gloria a tu Nombre, Señor.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 24, 4-5a. 6-7bc. 8-9 (R.: 6a)

 

R.    Acuérdate, Señor, de tu compasión.

 

Muéstrame, Señor, tus caminos,

enséñame tus senderos.

Guíame por el camino de tu fidelidad;

enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador. R

 

Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor,

porque son eternos.

Por tu bondad, Señor,

acuérdate de mí según tu fidelidad. R.

 

El Señor es bondadoso y recto:

por eso muestra el camino a los extraviados;

él guía a los humildes para que obren rectamente

y enseña su camino a los pobres. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    18, 21-35

 

Se adelantó Pedro y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?»

Jesús le respondió: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos. Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.

El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: “Señor, dame un plazo y te pagaré todo.”

El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.

Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: “Págame lo que me debes.”

El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: “Dame un plazo y te pagaré la deuda.”

Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor. Este lo mandó llamar y le dijo: “¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda. ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?”

E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.

Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • La época de Daniel es un período de prueba, de mucha humillación. Los judíos han sido deportados a Babilonia. Y, en esa situación, la peor tentación es la impresión turbadora de “estar abandonado de Dios”.
  • Con el sentimiento de haber sido humillados en el mundo entero a causa de sus pecados, es cuando Daniel eleva a Dios su plegaria apoyada por entero en la «misericordia» de Dios. Para el pueblo de la alianza, la oración eficaz, es la que se pueda hacer en medio de sacrificios litúrgicos o por intermedio de un profeta. Pero en medio de la persecución no existe ninguna estructura ni institución: «ni jefe, ni profeta, ni príncipe, ni holocausto, ni sacrificio de ofrenda, ni incienso, ni siquiera un lugar para rezar. . .» En lugar de abatirse, el autor de la oración descubre el alcance de sacrificio que tiene la penitencia y la contrición. La oración del perseguido vale por todos los sacrificios de ovejas y corderos.
  • Dios ha ido educando progresivamente a su pueblo para que pase de los sacrificios de sangre del comienzo, que no comprometen verdaderamente a los que participan en él, sino a la víctima, a los sacrificios de oblación espiritual en los que el sentimiento personal constituye la esencia del sacrificio.
  • Son la obediencia, el arrepentimiento y la búsqueda de la justicia lo que constituye la materia del sacrificio.

***

  • Una vez más el evangelio da un paso adelante: si la primera lectura nos invitaba a pedir perdón a Dios, ahora Jesús nos presenta otra consigna, que sepamos perdonar nosotros a los demás.
  • La pregunta de Pedro es razonable, según nuestras medidas humanas. Le parece que ya es mucho perdonar siete veces. La cifra siete, que pone Pedro, era simbólica. Para un judío de entonces, era una cifra sagrada, que simboliza la perfección. A pesar de esto, recibe de Jesús una respuesta que no se esperaba: hay que perdonar setenta veces siete, o sea, siempre.
  • El método que Jesús usa para enseñar aquí, es el mismo de sus grandes enseñanzas: desde la parábola pone el acento en el estilo de Dios a la hora de otorgar el perdón. El rey después de llamar al orden a su deudor moroso y de haberle hecho ver la gravedad de la situación, se dejó enternecer repentinamente por su petición dolida y humilde. Dios perdona sin límites al arrepentido y convertido. El final negativo y triste de la parábola, muestra lo ilógico de quien no quiere perdonar habiendo sido perdonado de una deuda incontablemente mayor.
  • Ciertamente esto va más allá de lo “razonable”. Lo que es inverosímil para el hombre, resulta ser estrictamente verdadero, y desconcertante, en el caso de Dios. Para Jesús, la inmensidad del perdón de Dios, su amor sin medida, su misericordia sin tregua y sin límite es lo que debe suscitar nuestra misericordia respecto a nuestros hermanos.
  • El punto central de la enseñanza de la parábola es la misericordia, que aparece como la característica fundamental del actuar de Dios; que puede ser experimentada en la vida de cada hombre, y que para ser conservada exige que se convierta en actitud permanente que vitalice las relaciones fraternas. Sólo cuando somos capaces de compartir el perdón de Dios, perdonando a los hermanos, nuestro corazón está abierto a la fuente del perdón, al Padre del Cielo.
  • Jesús no se cansa de reiterarnos que la llegada del Reino tiene categorías distintas al proceder habitual humano. Perdonar y ser compasivos con los hermanos, es una necesidad y un deber en agradecimiento a Dios que nos ha perdonado y sigue siendo compasivo con nosotros.
  • El Reino se realiza allí donde existe el amor gratuito, el perdón; a pesar de que cuando se perdona se corren riesgos. Cuaresma, tiempo de perdón, de reconciliación en todas las direcciones, con Dios y con el prójimo; de realización sencillamente y visible de la misericordia. Perdonando el pasado doloroso se construye un futuro esperanzador.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Me abro al perdón de Dios con confianza de hijo?
  • ¿Pongo límites al perdón de Dios? ¿Hasta dónde dejo que rehaga mi vida?
  • ¿Creo que es posible inventar una nueva historia?
  • ¿Pongo límites al perdón hacia los demás?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón


 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…Ser plenamente sinceros significa hacer todo preocupándose únicamente de lo que Dios piensa de nuestras acciones. Significa, por consiguiente, no adoptar actitudes diversas según el ambiente, no pensar de un modo cuando estamos solos y de otro cuando se está con alguien, sino hablar y actuar bajo la mirada de Dios, que lee los corazones. La sinceridad consiste en esforzarse para que nuestro porte externo coincida cada vez más con nuestro interior. Y, naturalmente, sin provocación, sino sencillamente siendo lo que somos, sin falsear la verdad por temor a desagradar a los demás. Esta sinceridad exige pureza de intención, es decir, preocuparnos en nuestro actuar del juicio de Dios, no de los juicios humanos; actuar preocupándonos más de lo que agrada o desagrada a Dios que de lo que agrada o desagrada a los hombres. Este es uno de los puntos esenciales de la vida espiritual.

Habitualmente -no nos hagamos ilusiones- nos domina la preocupación de agradar o desagradar a los hombres, interesándonos de mejorar la imagen que los otros pueden tener de nosotros. Y, sin embargo, nos preocupamos poco de lo que somos a los ojos de Dios; y por esta razón nos saltamos con frecuencia lo que sólo Dios ve: la oración oculta, las obras de caridad secretas. Y ponemos mayor empeño en lo que, aunque lo hagamos por Dios, lo ven también los hombres y va implicada nuestra reputación. Llegar a una total sinceridad -esto es, a obrar
bien lo mismo si no nos ven que si nos ven- significa llegar a una perfección altísima…

 

 

J. Daniélou, Ensayo sobre el misterio de la historia, Brescia 1963, 334s

 

PARA REZAR

 

Que inmenso es tu amor,

Padre bueno y lleno de ternura.

Nos sentimos tan mezquinos

ante la grandeza de tu amor y tu perdón.

Nos llamaste gratuitamente a la vida

y no dejas de manifestarte

generoso ante nuestras faltas y pecados.

Ayudanos a no olvidar tu amor

que no dudó en darnos lo que tenía

como más precioso: Jesús.

El es la Palabra que salva,

la mano que tendés a los pecadores,

el consuelo que nos trae la paz

la caricia que sana nuestra heridas.

Abrí nuestro corazón para que descubramos

la grandeza de tu misericordia

y que la gracia de tu perdón

se haga fecunda en nuestra vida

y en la vida de nuestros hermanos,

la misma gracia que nos das

cuando tu amor toca nuestra pobreza.

 

MIÉRCOLES III

 

He venido a dar cumplimiento a la ley

 

Lectura del libro del Deuteronomio    4, 1. 5-9

 

Moisés habló al pueblo, diciendo:

«Y ahora, Israel, escucha los preceptos y las leyes que yo les enseño para que las pongan en práctica. Así ustedes vivirán y entrarán a tomar posesión de la tierra que les da el Señor, el Dios de sus padres.

Tengan bien presente que ha sido el Señor, mi Dios, el que me ordenó enseñarles los preceptos y las leyes que ustedes deberán cumplir en la tierra de la que van a tomar posesión. Obsérvenlos y pónganlos en práctica, porque así serán sabios y prudentes a los ojos de los pueblos, que al oír todas estas leyes, dirán: “¡Realmente es un pueblo sabio y prudente esta gran nación!”

¿Existe acaso una nación tan grande que tenga sus dioses cerca de ella, como el Señor, nuestro Dios, está cerca de nosotros siempre que lo invocamos? ¿Y qué gran nación tiene preceptos y costumbres tan justas como esta Ley que hoy promulgo en presencia de ustedes?

Pero presta atención y ten cuidado, para no olvidar las cosas que has visto con tus propios ojos, ni dejar que se aparten de tu corazón un solo instante. Enséñalas a tus hijos y a tus nietos.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 147, 12-13. 15-16. 19-20 (R.: 12a)

 

R.    ¡Glorifica al Señor, Jerusalén!

 

¡Glorifica al Señor, Jerusalén,

alaba a tu Dios, Sión!

El reforzó los cerrojos de tus puertas

y bendijo a tus hijos dentro de ti. R.

 

Envía su mensaje a la tierra,

su palabra corre velozmente;

reparte la nieve como lana

y esparce la escarcha como ceniza. R.

 

Revela su palabra a Jacob,

sus preceptos y mandatos a Israel:

a ningún otro pueblo trató así

ni le dio a conocer sus mandamientos. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    5, 17-19

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.

El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Moisés exhorta a su pueblo, en vísperas de entrar en la tierra prometida, a que viva según la voluntad de Dios, que cumpla la parte que le toca en la Alianza que han firmado con Dios: tienen que vivir según sus mandamientos. La Alianza se concreta en normas de vida.
  • Dios se dirige a los hombres como a una persona amada, llamándolos por su nombre. Era, además, una fórmula ritual: «Escucha, Israel…». El cumplimiento de los mandamientos de Dios es señal de que el pueblo permanece fiel a la Alianza. El Deuteronomio, ya apunta el peligro de que el pueblo se olvide de los hechos salvíficos de Dios y caiga en el legalismo. Cumplir los mandamientos no otorga ningún derecho ante Dios.

***

  • En esta vuelta a la “escuela del seguimiento y la fe” que representa la Cuaresma, hoy Jesús nos asoma al sentido que tienen los mandamientos de Dios. El mismo libro del Deuteronomio los califica de sabios, prudentes y justos. No se trata de cargas pesadas para hacer la vida humana insufrible sino, más bien, de caminos que conducen a la vida: “Así vivirán, entrarán y tomarán posesión de la tierra que el Señor, Dios de sus padres, les va a dar”.
  • La aparición de Jesús en la vida y la historia del pueblo de Israel, no debe entenderse como una ruptura brusca y desconectada con todo el proceso de la salvación que Dios va conduciendo con su mano. Al contrario, lo que ocurre con Jesús es la plenitud de esa historia. La ley mosaica cumplió a su modo, la función de pedagogo que preparaba la fe en Jesús.
  • La Ley es un medio para llegar a Dios, que es el fin. No puede el medio convertirse en fin porque se trastocan todos los valores. Eso había ocurrido en el pueblo de Israel y Jesús lo replantea. Es parte de su misión profética, recuperar la verdadera imagen de Dios para los que la han desfigurado y proponerla para los que no la conocen.
  • Jesús, valora la ley como camino de vida, si bien es consciente de que los mandamientos se han interpretado mal, que se han pervertido, no quiere anularlos, quiere enseñar a cumplirlos. Confirma con su vida lo que anuncia solemnemente: ha venido al mundo a hacer realidad la Ley y lo anunciado por los profetas. No echa por tierra la historia y toda la vida del pueblo fiel, reconoce el trabajo de las generaciones anteriores y le da validez. El no parte de cero, como si nada valioso se hubiera hecho hasta el presente.
  • Todo lo contenido en la Escritura, se tendrá que realizar hasta en sus mínimos detalles porque no se trata de observar simplemente una ley, sino de realizar una promesa, de vivir el proyecto de Dios. Jesús es la Ley y el programa propuesto por Él, es el único eficaz para llevar a cabo el designio de Dios anunciado en el Antiguo Testamento.
  • La misión de Jesús es positiva, no negativa; viene precisamente a dar cumplimiento a las promesas del reinado de Dios contenidas en la antigua alianza. En la Ley hay elementos de Reino y en la medida en que se cumplan esos elementos, se participa en el Reino que Jesús propone.
  • La plenitud de todo mandamiento es el amor. Sin él, los preceptos pueden convertirse en barreras e incluso en armas que ponen en peligro la vida del hombre y de la comunidad. Desde el amor, son cauces que nos ayudan a realizar lo esencial de la vida humana: amar a Dios y al prójimo y hacer de este mundo expresión de vida y no de muerte, caminos de libertad y no de esclavitud.
  • La ley de Dios es plena, cuando no nos alcanza con un cumplimiento a medida; hasta acá sí, o hasta acá no; sino cuando rompemos las barreras y los límites que encapsulan, las grandes posibilidades que Dios puso en nuestro corazón, que está creado a su medida.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Qué valor le doy al cumplimiento de la ley en mi vida?
  • ¿Descubro en ella un camino de verdad y plenitud?
  • ¿Descubro que la ley de Dios no es una regla sino el seguimiento de una persona, Jesucristo?
  • ¿Hago la ley a mi medida o me mido desde la ley?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

 

Inclino mi corazón a tu ley de amor

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…Cuando aquellos a quienes amamos nos piden algo, les damos las gracias por pedírnoslo. Si tú deseases, Señor, pedirnos una única cosa en toda nuestra vida, nos dejarías asombrados, y el haber cumplido una sola vez tu voluntad sería el gran acontecimiento de nuestro destino. Pero como cada día, cada hora, cada minuto, pones en nuestras manos tal honor, lo encontramos tan natural que estamos hastiados, que estamos cansados…

Y, sin embargo, si entendiésemos qué inescrutable es tu misterio, nos quedaríamos estupefactos al poder conocer esas chispas de tu voluntad que son nuestros minúsculos deberes. Nos deslumbraría conocer, en esta inmensa tiniebla que nos cubre, las innumerables, precisas y personales luces de tus deseos. El día que lo entendiésemos, iríamos por la vida como una especie de profetas, como videntes de tus pequeñas providencias, como agentes de tus intervenciones. Nada sería mediocre, pues todo sería deseado por ti. Nada sería demasiado agobiante, pues todo tendría su raíz en ti. Nada sería triste, pues todo sería querido por ti. Nada sería tedioso, pues todo sería amor por ti.

Todos estamos predestinados al éxtasis, todos estamos llamados a salir de nuestras pobres maquinaciones para resurgir hora tras hora en tu plan. Nunca somos pobres rechazados, sino bienaventurados llamados; llamados a saber lo que te gusta hacer, llamados a saber lo que esperas en cada instante de nosotros: personas que necesitas un poco, personas cuyos gestos echarías de menos si nos negásemos a
hacerlos. El ovillo
de algodón para zurcir, la carta que hay que escribir, el niño que es preciso levantar, el marido que hay que alegrar, la puerta que hay que abrir, el teléfono que hay que descolgar, el dolor de cabeza que hay que soportar…: otros tantos trampolines para el éxtasis, otros tantos puentes para pasar desde nuestra pobre y mala voluntad a la serena rivera de tu deseo…

 

M. Delbrél, La alegría de creer, Santander 1997, 135s.

 

PARA REZAR

 

Señor tu palabra es la verdad,

y tu ley es camino de libertad.

Gracias por tu único mandamiento,

que todo lo plenifica porque es amor.

Sabemos que aunque

ardamos de amor hasta morir,

aún no habremos amado lo suficiente,

nunca amamos bastante,

y nuestro amor necesita ser purificado.

Danos un corazón puro y sencillo,

para que, con tu hijo Jesús

vivamos de tu palabra y alcancemos

el gozo de crear un mundo más feliz.

 

JUEVES III

 

19 de marzo

Solemnidad de San José – Esposo de Santa María Virgen

 

Misterio de amor

 

Lectura del segundo libro de Samuel    7, 4-5a. 12-14a. 16

 

Pero aquella misma noche, la palabra del Señor llegó a Natán en estos términos:

«Ve a decirle a mi servidor David: Así habla el Señor: Cuando hayas llegado al término de tus días y vayas a descansar con tus padres, yo elevaré después de ti a uno de tus descendientes, a uno que saldrá de tus entrañas, y afianzaré su realeza. El edificará una casa para mi Nombre, y yo afianzaré para siempre su trono real. Seré un padre para él, y él será para mí un hijo. Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí, y tu trono será estable para siempre.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 88, 2-3. 4-5. 27 y 29 (R.: 37)

 

R.     Su descendencia permanecerá para siempre.

 

Cantaré eternamente el amor del Señor,

proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones.

Porque tú has dicho: «Mi amor se mantendrá eternamente,

mi fidelidad está afianzada en el cielo. R.

 

Yo sellé una alianza con mi elegido,

hice este juramento a David, mi servidor:

“Estableceré tu descendencia para siempre,

mantendré tu trono por todas las generaciones.”» R.

 

El me dirá: «Tú eres mi padre,

mi Dios, mi Roca salvadora.»

Le aseguraré mi amor eternamente,

y mi alianza será estable para él. R.

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Roma    4, 13. 16-18. 22

 

Hermanos:

En efecto, la promesa de recibir el mundo en herencia, hecha a Abraham y a su posteridad, no le fue concedida en virtud de la Ley, sino por la justicia que procede de la fe.

Por eso, la herencia se obtiene por medio de la fe, a fin de que esa herencia sea gratuita y la promesa quede asegurada para todos los descendientes de Abraham, no sólo los que lo son por la Ley, sino también los que lo son por la fe. Porque él es nuestro padre común como dice la Escritura: Te he constituido padre de muchas naciones. Abraham es nuestro padre a los ojos de aquel en quien creyó: el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen.

Esperando contra toda esperanza, Abraham creyó y llegó a ser padre de muchas naciones, como se le había anunciado: Así será tu descendencia. Por eso, la fe le fue tenida en cuenta para su justificación.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    1, 16. 18-21. 24a

 

Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo.

Este fue el origen de Jesucristo:

María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.

Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados.»

Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado.

 

Palabra del Señor.

 

O bien:

 

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    2, 41-51a

 

Sus padres iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua.

Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre, y acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta. Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos. Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él.

Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Y todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas.

Al verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: «Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados.»

Jesús les respondió: « ¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?» Ellos no entendieron lo que les decía.

El regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Las lecturas de hoy quieren destacar que la realización del plan divino de salvación discurre por el cauce de la historia humana a través, a veces, de figuras señeras como Abraham, Moisés, David, Isaías, Pablo; o de hombres sencillos como el humilde carpintero de Nazaret. Lo que importa ante Dios es la fe y el amor con que cada cual teje el tapiz de su vida, en la urdimbre de sus ocupaciones normales y corrientes. Dios no nos preguntará si hicimos grandes obras, sino si hicimos bien y con amor la tarea que debíamos hacer. El evangelio apenas si nos dice nada de san José.
  • Poquísimo nos dice de su vida, y nada de su muerte, que debió de ocurrir en Nazaret poco antes de la vida pública de Jesús. Sólo Mateo escribe de José una lacónica frase que resume su santidad: era un hombre justo. Acostumbrados a tanto superlativo, esta palabra tan corta nos dice muy poco a nosotros, tan barrocos. Pero a un israelita decía mucho. La palabra “justo” ciñe como una aureola el nombre de José como los nombres de Abel (He 11,4), de Noé (Gn 6,9), de Tobías (Tb 7,6), de Zacarías e Isabel (Lc 1,6), de Juan Bautista (Mc 6,20), y del mismo Jesús (Lc 23,47). “Justo”, en lenguaje bíblico, designa al hombre bueno en quien Dios se complace. El Salmo 91,13 dice que “el justo florece como la palmera”. La esbelta y elegante palmera, tan común en Oriente, es una bella imagen de la misión de san José. Así como la palmera ofrece al beduino su sombra protectora y sus dátiles, así se alza san José en la santa casa de Nazaret, ofreciendo amparo y sustento a sus dos amores: Jesús y María.

***

  • Hay vidas que marcan la historia y la vida de los hombres por sus palabras, por sus acciones y esto se da tanto en el aspecto positivo como en el contrario. Hay vidas que sin embrago marcan también la historia por sus silencios. Hay silencios perjudiciales de omisión, que son simplemente ausencia de palabras.
  • Pero están los otros, los silencios fecundos, aquellos que dan paso y permiten una palabra verdadera, silencios que son capacidad de ahuecar el corazón, de estar a la escucha, escucha de la voz de los hombres para descubrir sus necesidades y poner el gesto oportuno, silencios que dejan que resuene en lo profundo del corazón humano, ese latido interior, que cuando podemos escucharlo nos va llamando constantemente a la vida plena, auténtica, a la vida con sentido, a situarnos y realizar ese lugar único irrepetible e irremplazable.
  • Ese espacio, que por ser espacio hablado por Dios, es sagrado.
  • San José a quien hoy celebramos fue uno de esos hombres con capacidad de dejarse hablar, que es más que escuchar, capacidad de dejarse decir por Dios, dejarse nombrar.
  • Aunque ese incomprensible llamado, a los ojos de los hombres, sólo lleva desventajas, a los ojos de la fe, le revela a la Iglesia y al hombre, una cálida y cercana santidad que se va haciendo de pequeñas cosas, cotidianas, pero que tiene la marca de fuego de un hombre que cree; y porque cree, es capaz de la grandeza de dejar de lado su proyecto para hacer carne el proyecto de Dios, de abandonar la humana realización, para vivir la plenitud, la plenitud del encuentro con Dios.
  • Dios no lo llamó a algo extraordinario, sencillamente a ser “papá”, entrañable papá de su hijo en la vida pueblerina de Nazaret.
  • Pequeñez y grandeza que se va conjugando. Dios y hombre entremezclados.
  • Ese papá fue grabando en los ojos y el corazón de Jesús, las imágenes desde las cuales podrá hablarles a los hombres del abrazo fuerte y seguro del padre misericordioso. De la mano de José papá, Jesús aprendió a descubrir el milagro de la semilla que cae en la buena tierra, y de los jornaleros que esperan la paga, en ese papá, pudo ver el padre que se levanta a medianoche y que busca el pan para sus hijos.
  • En su “ser padre” cada día, José, vivió la promesa cumplida del encuentro con Dios.
  • Hoy en este día y en nuestra casa puesta bajo su protección, dejemos que San José nos inicie en el misterio del silencio, que se hace espacio sagrado de oración, donde el mismo Dios vaya pronunciando sus palabras. Que El nos revele la grandeza y la hermosura, de hacer con sencillez y amor las pequeñas cosas de cada día.
  • Qué El nos enseñe la fecundidad de la simpleza de lo cotidiano, con el corazón y la mirada puesta en Dios, que pasa por la historia y la hace historia de salvación.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Valoro el trabajo cotidiano hecho con responsabilidad y amor?
  • ¿Estoy atento a la voz de Dios que me habla en la vida cotidiana?
  • ¿Soy capaz de sacrificios?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Las manos en el trabajo, y el corazón en Dios

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

Un gran misterio de amor

 

…Hoy contemplamos a José, esposo de la Virgen, protector del Verbo encarnado, hombre de trabajo diario, depositario del gran misterio de la salvación.

Precisamente este último aspecto ponen de relieve las lecturas bíblicas que acabamos de escuchar y que nos permiten comprender cómo fue introducido san José por Dios en el designio salvífico de la Encarnación. «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3, 16). Este es el don inconmensurable de la salvación; esta es la obra de la redención.

Como María, también José creyó en la palabra del Señor y fue partícipe de ella. Como María, creyó que este proyecto divino se realizaría gracias a su disponibilidad. Y así sucedió: el Hijo eterno de Dios se hizo hombre en el seno de la Virgen Madre.

Sobre Jesús recién nacido, luego niño, adolescente, joven y hombre maduro, el Padre eterno pronuncia las palabras del anuncio profético que hemos escuchado en la primera lectura: «Yo seré para él padre y él será para mí hijo» (2 S 7, 14). A los ojos de los habitantes de Belén, Nazaret y Jerusalén, el padre de Jesús es José. Y el carpintero de Nazaret sabe que, de algún modo, es exactamente así. Lo sabe, porque
cree en la paternidad de Dios y es consciente de haber sido llamado a compartirla en cierta medida (cf. Ef 3, 14-15). Y hoy la Iglesia, al venerar a san José, elogia su fe y su total docilidad a la voluntad divina…

 

De la Homilía San Juan Pablo II en la solemnidad de San José – 19 de marzo de 1998

 

PARA REZAR

 

José, santo del silencio.

No del silencio de apocamiento, de complejo, de timidez

o del silencio despectivo o resentido.

Tu silencio José es el silencio respetuoso

que escucha a los demás,

que mide prudentemente sus palabras.

Es el silencio necesario para encauzar la vida hacia dentro,

para meditar y conocer la voluntad de Dios.

José, sos el santo que trabaja y ora.

Trabajás bajo la mirada de Dios que no estorba la tarea,

sino que ayuda a hacerla con mayor perfección.

Mientras manejabas la maza y la sierra, tu corazón estaba unido a Dios,

que tan cerca tenías en tu mismo taller.

Enseñanos la sabiduría de la entrega generosa y en silencio,

cuidá nuestra familias y suscitá en muchos

el deseo de seguir los pasos de tu Hijo

en la entrega total al servicio del Reino.

 

VIERNES III

 

El Señor nuestro Dios es el único Señor

 

Lectura de la profecía de Oseas    14, 2-10

 

Así habla el Señor:

Vuelve, Israel, al Señor tu Dios, porque tu falta te ha hecho caer. Preparen lo que van a decir y vuelvan al Señor. Díganle: «Borra todas las faltas, acepta lo que hay de bueno, y te ofreceremos el fruto de nuestros labios. Asiria no nos salvará, ya no montaremos a caballo, ni diremos más “¡Dios nuestro!” a la obra de nuestras manos, porque sólo en ti el huérfano encuentra compasión.»

Yo los curaré de su apostasía, los amaré generosamente, porque mi ira se ha apartado de ellos. Seré como rocío para Israel: él florecerá como el lirio, hundirá sus raíces como el bosque del Líbano; sus retoños se extenderán, su esplendor será como el del olivo y su fragancia como la del Líbano.

Volverán a sentarse a mi sombra, harán revivir el trigo, florecerán como la viña, y su renombre será como el del vino del Líbano. Efraín, ¿qué tengo aún que ver con los ídolos? Yo le respondo y velo por él. Soy como un ciprés siempre verde, y de mí procede tu fruto.

¡Que el sabio comprenda estas cosas! ¡Que el hombre inteligente las entienda! Los caminos del Señor son rectos: por ellos caminarán los justos, pero los rebeldes tropezarán en ellos.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 80, 6c-8a. 8bc-9. 10-11ab. 14 y 17 (R.: cf. 11 y 9a)

 

R.    Yo, el Señor, soy tu Dios; escucha mi voz.

 

Oigo una voz desconocida que dice:

Yo quité el peso de tus espaldas

y tus manos quedaron libres de la carga.

Clamaste en la aflicción, y te salvé. R.

 

Te respondí oculto entre los truenos,

aunque me provocaste junto a las aguas de Meribá.

Oye, pueblo mío, yo atestiguo contra ti,

¡ojalá me escucharas, Israel! R.

 

No tendrás ningún Dios extraño,

no adorarás a ningún dios extranjero:

yo, el Señor, soy tu Dios,

que te hice subir de la tierra de Egipto. R.

 

¡Ojalá mi pueblo me escuchara,

e Israel siguiera mis caminos!

Yo alimentaría a mi pueblo con lo mejor del trigo

y lo saciaría con miel silvestre». R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    12, 28b-34

 

Un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: « ¿Cuál es el primero de los mandamientos?».

Jesús respondió: «El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a tí mismo. No hay otro mandamiento más grande que éstos.»

El escriba le dijo: «Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios.»

Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: «Tú no estás lejos del Reino de Dios.»

Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • El texto de hoy son las palabras finales del mensaje profético de Oseas que termina su libro con este canto a la conversión al Dios del amor. Es esta la expiación que Él quiere: la del corazón contrito y obediente que se deja conducir y moldear por Dios, y que reconoce que sólo en Él se encuentra la Vida y la felicidad.
  • Todos los profetas han hecho gestos, que eran signos a través de los cuales trataban luego de explicar al pueblo sencillo, el mensaje del Señor. Oseas se ofrece a sí mismo como símbolo y materia de enseñanza. El profeta se ha casado con una mujer a la que ama. Pero ésta le es infiel y lo engaña yéndose con otro. Oseas la sigue amando y, tras someterla a prueba, la vuelve a tomar como esposa.
  • Este episodio doloroso de la vida del profeta, se convierte en el símbolo del amor que Dios tiene a su pueblo. Israel, con quien Dios se ha desposado, se ha conducido como una mujer infiel, como una prostituta. Oseas expresa por primera vez las relaciones de Dios con Israel mediante la imagen y terminología del matrimonio.
  • El profeta arremete con furia mal contenida, contra todo cuanto en la historia de Israel ha sido desprecio para el Señor. Habla desde su propia rabia convertida ahora en símbolo: la Palabra de Dios adquiere ahora en su lengua todo el fuego pasional de un marido engañado.

***

  • La pregunta del letrado tiene sentido y, a la vez, lleva toda una carga de profundidad. De los 613 preceptos, de los cuales 248 eran prescripciones positivas y 365 prohibiciones que constituían la Torá, resultaba fundamental saber qué mandamiento era el principal.
  • La respuesta es clara y sintética: “amarás al Señor tu Dios… amarás a tu prójimo como a ti mismo: no hay mandamiento mayor que estos”. Jesús le resume todos los mandamientos en una antigua ley del Deuteronomio, que recalca el amor a Dios con todo nuestro ser antes que ninguna otra cosa. Y luego toma otro mandato antiguo, que aparece en el Levítico, y ratifica el amor que se debe dar al prójimo.
  • La gran originalidad de Jesús está en que une los dos mandamientos, indicando que uno no se puede cumplir sin el otro. Sólo se puede amar a Dios amando al prójimo. Los dos mandamientos no se pueden separar. Toda la ley se condensa en una actitud muy positiva: amar. Amar a Dios y amar a los demás. Esta vez la medida del amor al prójimo es muy cercana y difícil: “como a ti mismo”. Así como nosotros nos queremos y nos toleramos, así quiere Jesús que amemos a los demás.
  • A partir de la respuesta de Jesús, podemos descubrir que el amor a Dios no está puesto fuera de la esfera humana. Amar a Dios sólo es posible amando al prójimo; y el amor que se practique con Dios debe ser igual al practicado con los demás. Con esta forma de unir a Dios y al ser humano, Jesús sale de la práctica deshumanizada de la ley, para llegar a lo importante: el crecimiento y la plenitud de todo el hombre. Aquí está la gloria de Dios y su máximo mandamiento. Lo importante será el hombre.
  • El letrado va más allá al añadir que, cumplir estos dos mandamientos valen más que todos los holocaustos y sacrificios. Entiende que el verdadero culto se da en la vida de cada día y que, por tanto, los holocaustos y sacrificios del templo con los que los judíos expían los pecados, no tienen sentido alguno sin la práctica del amor.
  • Jesús reconoce en aquel fariseo que su pensamiento no está lejos del reino de Dios. Pero para entrar en el reino no basta con pensar así, hay que actuar de acuerdo con lo que se piensa. No se trata de conocer la teoría, sino de vivir en la práctica de cada día el amor a Dios amando al prójimo.
  • Jesús, con esto, desarma la pretensión de muchas piedades religiosas, entre ellas la farisea, que pretenden honrar a Dios, olvidándose del hombre. Este Evangelio, no es sólo una autorevelación de cómo Dios mismo en su Hijo, quiere ser amado; sino que Jesús lleva a término la plenitud de la Ley, crea la nueva Humanidad de los hijos de Dios, hermanos que se aman con el amor del Hijo.
  • Siempre existe la tentación de poner nuestra confianza en medios humanos, otros valores que absolutizamos, sin escarmentar por los fracasos que vamos teniendo, ni por las veces que quedamos defraudados por haber recurrido a ellos. Cada uno sabrá, en el examen más exigente de la Cuaresma, cuáles son los ídolos en los que está poniendo su vida y corazón.
  • La llamada de Jesús a la comunión y a la misión pide una participación en su misma naturaleza, es una intimidad en la que hay que introducirse. Esta unificación de conocimiento y de amor tejida por el Espíritu Santo, permite que Dios ame en nosotros y utilice todas nuestras capacidades, y a nosotros nos concede poder amar como Cristo, con su mismo amor filial y fraterno. Lo que Dios ha unido en el amor, el hombre no lo puede separar. Ésta es la grandeza de quien se somete al Reino de Dios: el amor a uno mismo ya no es obstáculo, sino camino para amar al único Dios y a una multitud de hermanos.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Amo efectivamente? ¿A quién amo? ¿A quién dejo de amar?
  • ¿Cómo se traduce este amor? ¿Quién es mi prójimo?
  • ¿Cuáles son mis aspiraciones profundas?
  • ¿A qué cosas estoy más aferrado? ¿Qué es lo que más me falta?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

 

Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…El flujo y reflujo de la caridad entre Dios y los hombres, este amor que el cristiano, solidario con toda la humanidad, recibe de Dios por todos y a todos remite a Dios, este amor y sólo esto es lo que constituye la victoria de Jesucristo, la misión y el esfuerzo de su Iglesia. Los dos polos de este amor son el amor filial a Dios y el amor fraterno con el prójimo.

El amor filial que ansía en cada momento lo que la esperanza espera; que cree tener todo el amor de Dios para amarlo. El amor filial que desea de Dios incesantemente lo que incesantemente recibe de Él, que lo desea tanto como el respirar.

El amor fraterno que ama a cada uno en particular. No a cualquiera de cualquier modo, sino a cada uno como el Señor lo ha creado y redimido, a cada uno como Cristo lo ama. El amor fraterno que ama a cada uno como prójimo dado por Dios, prescindiendo de nuestros vínculos de parentesco, de pueblo, raza o simple simpatía. Que reconoce a cada uno su derecho por encima de nosotros mismos.

Sabemos que hay que amar al Señor “con toda el alma” y “con todas las fuerzas”. Pero olvidamos fácilmente que debemos amar al Señor con todo el corazón. Al no recordarlo, nuestro corazón se queda vacío. Como consecuencia, amamos a los demás con un amor más bien tibio. La bondad tiende a ser para nosotros algo externo al corazón. Vemos lo que puede ser útil al prójimo, tratamos de actuar en consecuencia, pero no llega mucho al corazón…

 

M. Delbrél, Las comunidades según el Evangelio, Madrid 1998, 88s.

 

PARA REZAR

 

Señor enciérrame dentro de ti.

Abrázame en lo más profundo de tu corazón

y cuando esté allí, refíname, purifícame,

avívame, enciéndeme y elévame a lo alto,

hasta que me convierta del todo

en aquello que tú quisiste que fuera.

Por la muerte purificadora de mi yo,

en el nombre de Jesús, el Cristo de Dios. Amén

 

Teilhard de Chardin

 

SÁBADO III

 

Quiero amor y no sacrificios

 

Lectura de la profecía de Oseas    6, 1-6

 

«Vengan, volvamos al Señor: él nos ha desgarrado, pero nos sanará; ha golpeado, pero vendará nuestras heridas. Después de dos días nos hará revivir, al tercer día nos levantará, y viviremos en su presencia. Esforcémonos por conocer al Señor: su aparición es cierta como la aurora. Vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia de primavera que riega la tierra.»

¿Qué haré contigo, Efraín? ¿Qué haré contigo, Judá? Porque el amor de ustedes es como nube matinal, como el rocío que pronto se disipa. Por eso los hice pedazos por medio de los profetas, los hice morir con las palabras de mi boca, y mi juicio surgirá como la luz. Porque yo quiero amor y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 50, 3-4. 18-19. 20-21ab (R.: Os 6,6)

 

R.    Quiero amor y no sacrificios.

 

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,

por tu gran compasión, borra mis faltas!

¡Lávame totalmente de mi culpa

y purifícame de mi pecado! R.

 

Los sacrificios no te satisfacen;

si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:

mi sacrificio es un espíritu contrito,

tú no desprecias el corazón contrito y humillado. R.

 

Trata bien a Sión, Señor, por tu bondad;

reconstruye los muros de Jerusalén.

Entonces aceptarás los sacrificios rituales

-las oblaciones y los holocaustos-. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    18, 9-14

 

Refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, dijo también esta parábola:

«Dos hombres subieron al Templo para orar; uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, de pie, oraba así: “Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas.”

En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: “¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!”

Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • El profeta Oseas, desde su experiencia personal de padecimiento por la infidelidad de su mujer, se hace capaz de describir la infidelidad del pueblo de Israel para con Dios, el esposo siempre fiel. Ahora pone en labios de los israelitas unas palabras muy hermosas de conversión: “volvamos al Señor, Él nos curará, Él nos resucitará y viviremos delante de Él.”
  • La conversión no puede ser superficial, por interés o para evitar el castigo. Muchas veces ya se habían convertido los israelitas, escarmentados por lo que les pasaba. Pero luego volvían a olvidarse del Señor. El profeta quiere que esta vez vaya en serio. La conversión consistirá no en ritos exteriores, sino en actitudes interiores: “misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos”. Entonces sí que Dios los ayudará: «su amanecer es como la aurora y su sentencia surge como la luz».
  • Lo que Dios espera es que lo amen. «Es amor lo que quiero». Un amor que transforme todos los actos de nuestras vidas, incluidos los ritos y las ceremonias, pero sobre todo nuestros actos cotidianos.

***

  • En el evangelio, dos hombres subieron al templo a orar. Es en la oración donde el corazón queda al desnudo. Al orar, el fariseo se hace el centro, y Dios sólo está para reconocer su rectitud. El fariseo es un religioso riguroso, un practicante fiel, íntegro, afiliado a una especie de escuela de oración y moral de estricta observancia.
  • Le han enseñado a evitar el pecado, a multiplicar los sacrificios y las buenas obras, a practicar la ley, y lo hace tan bien que se enorgullece de hacerlo; está a mano con Dios, y Dios tan sólo tiene que hacerle justicia. Dios no necesita ser ya ternura y perdón. Basta con que sea justo. Todas las cualidades, que posiblemente tenga el fariseo, están como envenenadas por su orgullo. El amor propio desmesurado es capaz de estropear las más bellas realizaciones.
  • El publicano, al contrario, puesto lejos, no se anima a levantar su mirada al cielo, sino que se daba golpes de pecho. Es el ladrón público. Su oficio mismo era maldito: robaba por profesión, y en provecho del sistema que oprimía al pueblo, para “beneficio del ocupante opresor y pagano que además contaminaba con sus ídolos y prácticas inmorales”. Para los judíos del tiempo de Jesús, éste era un caso sin salida.
  • Jesús se enfrenta a la opinión de su tiempo, porque Dios es también el Dios de los desesperados. Dios da a todos su oportunidad, incluso a los más grandes pecadores. El publicano se da cuenta de su indignidad y mira a Dios, que puede salvarlo.
  • Jesús quiere ante todo decirnos que “el pecador que reconoce su estado” es amado por Dios y tiene todas sus ventajas. Por el contrario, el orgulloso que se cree justo, se equivoca. Esta doctrina, es la que desarrolla san Pablo en la carta a los Romanos, cuando nos dice que el hombre no se justifica a sí mismo; su justicia, su rectitud, las recibe de otro, por gracia.
  • Es preciso que nuestras manos tendidas hacia Él sean unas manos vacías.
  • Podemos caer en la tentación de ofrecer a Dios actos externos de Cuaresma: el ayuno, la oración, la limosna. Y no darnos cuenta de que lo principal que se nos pide es la humildad, la misericordia, el amor a los demás. Sabernos amados y perdonados sin mérito alguno nos lleva a sentir la necesidad del amor de Dios. No sentirnos justos abre nuestro corazón hacia la gracia del amor del Padre.
  • Con Dios no valen los “cumpli-mientos”. Sólo cuenta la sinceridad.
  • Nuestra oración no puede limitarse a informarle a Dios de lo bueno que hicimos. La oración que Jesús nos invita a vivir es un encuentro cariñoso y confiado con Dios en el que nos ponemos en sus manos, dejando al descubierto las propias llagas, infidelidades y necesidades para tener la experiencia de que somos acogidos, perdonados, animados por el Espíritu y comprometidos a vivir con todos ese mismo amor.
  • La oración hecha con humildad nos permite reconocer la verdad sobre nosotros mismos. Ni hincharnos de orgullo, ni menospreciarnos. La humildad nos hace reconocer los dones recibidos y reconocer también los dones del otro. La humildad nos hace ser testigos, no de lo que hemos hecho, sino de la misericordia que el Señor ha hecho con cada uno de nosotros.
  • Nuestra oración no debe ser una técnica, un método, una fórmula sino un gran amor. En la oración, en la misericordia, en la caridad, en la preocupación por los demás, propias del corazón humilde, está el camino de nuestra justificación y salvación.

     

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Qué oración brota en estos momentos de nuestro corazón para decírsela al Señor?
  • ¿Dónde está mi fariseísmo, el mío? ¿Qué es lo que envenena incluso el bien que hago?
  • ¿Cuáles son las motivaciones profundas de mis actos?
  • ¿Somos de esos que «teniéndose por justos se sienten seguros de sí mismos y desprecian a los demás»?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DIA

 

Conoces hasta el fondo de mi alma

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…”De la ascesis de pobreza surge cada día un hombre nuevo, todo paz, benevolencia y dulzura. Queda para siempre marcado por el arrepentimiento, pero un arrepentimiento lleno de alegría y de amor que aflora por todas partes y siempre, y permanece en segundo plano de su búsqueda de Dios. Este hombre ha alcanzado ya una paz profunda, pues fue quebrantado y reedificado en todo su ser por pura gracia. Apenas se reconoce. Es diferente. En el mismo instante en que tocó el abismo profundo del pecado, fue precipitado al abismo de la misericordia. Ha aprendido a entregar las armas ante Dios, a no defenderse ante Él. Está despojado y sin defensa. Ha renunciado a la justicia personal y no tiene proyectos de santidad. Sus manos están vacías o sólo conservan su miseria, que se atreve a exponer ante la misericordia. Dios se ha hecho verdaderamente Dios para él, y nada más que Dios. Eso es lo que quiere decir Salvador, salvador del pecado. Incluso está casi reconciliado con su pecado, como Dios se ha reconciliado con él.

Para sus hermanos y prójimos se ha convertido en un amigo benevolente y dulce que comprende sus debilidades. No tiene ya confianza en sí mismo, sino sólo en Dios. Es el primer pecador –así lo piensa–, pero pecador perdonado. Por eso debe abrirse, como a un igual y a un hermano, a todos los pecadores del mundo. Se siente cercano a ellos porque no se cree mejor que los demás. Su oración preferida es la del publicano, que se parece a su respiración y al latir del corazón del mundo, su deseo más profundo de salvación y curación: “Señor Jesús, ten piedad de mí, pobre
pecador”…

 

Louf, A merced de su gracia, Madrid 1991, 125.

 

PARA REZAR

 

Dios y Padre nuestro,

en tu amor vivimos

nos movemos y somos.

Que pueda aceptarme como soy,

ya que Tú me amas

y me aceptas tal cual soy.

Que no me quede en falsas apariencias

que entorpecen mi camino hacia vos.

Que el personaje que soy a veces

no ahogue la persona que hay en mí.

Que mi orgullo no se interponga

y deje lejos tu amor,

que hace misericordia, perdona y salva.

Que no me pierda en la noche,

que no me pierda en el ruido.