TIEMPO DTE EL AÑO – SEMANA XVI – CICLO A

DOMINGO XVI DTE EL AÑO

CICLO A

 

Lunes XVI

 

Martes XVI

 

Miércoles XVI

22 de julio – Santa María Magdalena

 

Jueves XVI

 

Viernes XVI

 

Sábado XVI

25 de julio – Santiago apóstol (F)

 

DOMINGO XVI DTE EL AÑO

CICLO A

 

Dejen que crezcan juntos

   

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de la Sabiduría    12, 13. 16-19

 

Fuera de ti, no hay otro Dios que cuide de todos, a quien tengas que probar que tus juicios no son injustos.

Porque tu fuerza es el principio de tu justicia, y tu dominio sobre todas las cosas te hace indulgente con todos. Tú muestras tu fuerza cuando alguien no cree en la plenitud de tu poder, y confundes la temeridad de aquellos que la conocen. Pero, como eres dueño absoluto de tu fuerza, juzgas con serenidad y nos gobiernas con gran indulgencia, porque con sólo quererlo puedes ejercer tu poder.

Al obrar así, tú enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser amigo de los hombres y colmaste a tus hijos de una feliz esperanza, porque, después del pecado, das lugar al arrepentimiento.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 85, 5-6. 9-10. 15-16a (R.: 5a)

 

R.    Tú, Señor, eres bueno e indulgente.

 

Tú, Señor, eres bueno e indulgente,

rico en misericordia con aquellos que te invocan:

¡atiende, Señor, a mi plegaria,

escucha la voz de mi súplica! R.

 

Todas las naciones que has creado

vendrán a postrarse delante de ti,

y glorificarán tu Nombre, Señor,

porque tú eres grande, Dios mío,

y eres el único que hace maravillas. R.

 

Tú, Señor, Dios compasivo y bondadoso,

lento para enojarte, rico en amor y fidelidad,

vuelve hacia mí tu rostro y ten piedad de mí. R.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Roma    8, 26-27

 

Hermanos:

El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad porque no sabemos orar como es debido; pero el Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que sondea los corazones conoce el deseo del Espíritu y sabe que su intercesión en favor de los santos está de acuerdo con la voluntad divina.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo     13, 24-43

 

Jesús propuso a la gente otra parábola:

«El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: “Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?

El les respondió: “Esto lo ha hecho algún enemigo

Los peones replicaron: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?

“No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero.”»

También les propuso otra parábola:

«El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. En realidad, esta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas.»

Después les dijo esta otra parábola:

«El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa.»

Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin parábolas, para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: Hablaré en parábolas anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo.

Entonces, dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo.»

El les respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno, y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles.

Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre.

¡El que tenga oídos, que oiga!»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • En la primera lectura el sabio medita la historia y le arranca enseñanza. En las sucesivas etapas del pasado ve que el poder de Dios es el principio de su justicia y de su misericordia. Este pasaje forma parte de la reflexión sapiencial sobre los castigos infligidos por Dios a los cananeos a causa de sus crímenes. La actitud severa que Dios ha adoptado ha estado acompañada de sentimientos de misericordia. Esto no es manifestación de debilidad sino de su señorío. La garantía de la justicia de Dios es precisamente su fuerza y su poder. Más aún, precisamente porque es todopoderoso es también misericordioso. Yahvé es el único Dios que juzga de todo y no tiene que dar cuentas a nadie de su proceder, pero quiere demostrarnos que sabe juzgar con justicia. Este poder no es un motivo para que obre como un tirano; por el contrario, es el fundamento de su serena justicia.

***

  • Todos los trabajos y esfuerzos de la humanidad van encaminados tras la vida, la felicidad, la libertad y son equiparables a un parto. Pablo es consciente de que esto encierra el anhelo universal por la redención del hombre y la liberación.
  • La humanidad vive en estado de parto, ilusionada con dar a luz el hombre nuevo. Pero también experimenta la debilidad, el egoísmo que la encierra en sí misma, imposibilitando toda colaboración en la tarea de la nueva creación. El Espíritu viene en nuestra ayuda abriéndonos la perspectiva del nuevo estado de felicidad y libertad, al que ya pertenecemos por nuestra condición de hijos. Esta acción del Espíritu es silenciosa. El que escudriña los corazones, Dios, reconoce en estos gemidos inefables de nuestro corazón la oración del Espíritu por nuestra redención. La esperanza nunca quedará defraudada.

***

  • La parábola quiere responder a una situación de la comunidad primitiva que padeció pronto la tentación de la rigidez que la llevaba a vivir como un escándalo los pecados ocurridos después del bautismo. También en tiempo de Jesús existía el movimiento fariseo, que pretendía ser el pueblo santo, separado de la multitud de los pecadores. Asimismo estaba el movimiento de Qumran, con su idea de oposición y separación, de rígida santidad, que exigía rechazar a cuantos no eran puros. Por otro lado la predicación del Bautista anunciaba al Mesías como el que tamizaría el grano y lo separaría de la cizaña. Tanto los zelotes, fariseos y Qumran afirmaban la santidad a costa de la separación. Llega Jesús y parece hacer lo contrario de todas estas tentativas: no separa a los pecadores, sino que hasta come con ellos.
  • La parábola del trigo y la cizaña va seguida de una explicación y enseña que en el campo hay buenos y malos. La presencia de la cizaña no constituye un fracaso. En el Reino de Dios tienen cabida todos, incluidos aquellos de los cuales tal vez menos se sospecha.
  • Existen siempre los que quieren anticipar el juicio de Dios; pero no debe anticiparse y no está reservado a los hombres. Dios es el que establece la hora; el bien y el mal deben llegar a su plenitud. El centro de la parábola no se encuentra simplemente en la presencia de la cizaña, ni tampoco que más tarde el trigo será separado de la cizaña. El centro lo constituye el hecho de que la cizaña no sea arrancada ahora. La fuerza novedosa, sorpresiva y escandalosa es la paciencia de Dios y la nueva dinámica del Reino de Dios. El Reino ha llegado aunque siga habiendo pecadores.
  • Para Jesús amar a los hombres es amarlos hasta en su pecado, hasta cuando rechazan los planes que Dios tiene sobre ellos. El pecado de los hombres es el que ha llevado a Cristo a la cruz. La mayor prueba de amor, es la de dar la vida por aquellos a quienes se ama. Hasta el mismo momento en que el pecado del hombre conduce a Jesús a la muerte, todavía persiste el amor, se hace todavía más grande y se afirma victorioso. La paciencia de Jesús se reveló en toda su plenitud durante su Pasión. En el momento supremo, en que los proyectos divinos llegan aparentemente al fracaso, el amor se hace completamente misericordioso. Jesús ha amado a los hombres hasta el fin.
  • El Reino crece, sea como sea. Nada lo puede frenar. Incluso crece en el mismo lugar donde el Maligno ha sembrado mala semilla; “los hijos del Reino” viven en los mismos lugares donde viven “los hijos del Maligno”. Claramente la parábola añade que Dios “da lugar al arrepentimiento”.
  • Trigo y cizaña cuando nacen tienen las mismas apariencias y no cualquiera podría distinguirlos, crecen tan juntos que no se podría arrancar uno sin arrancar la otra. Ello hace que sea necesario tolerar el crecimiento de la cizaña.
  • Lo mismo pasa en nuestra vida. No existe el hombre absolutamente bueno ni tampoco existe el hombre absolutamente malo; todos tenemos un fondo bueno. La bondad y la maldad no dividen a la humanidad en dos bloques, los buenos y los malos. La frontera entre el bien y el mal pasan por el corazón de cada uno. Todos tenemos trigo y cizaña; capacidad de bien y de mal. Por eso, nadie está en condiciones de rechazar enteramente a ningún hermano. Porque rechazaría su cizaña y ciertamente también su trigo. No se trata nunca de eliminar a un hombre porque tenga cizaña, sino de hacer crecer su trigo hasta que domine la cizaña.
  • El campo de la parábola es el mundo, en el que observamos la presencia simultánea del bien y mal, tan entrelazado, que resulta difícil distinguir uno y otro. Por eso en la vida de la comunidad vemos que se mezclan, continuamente, el evangelio y el pecado: injusticias, explotaciones, envidias con actos de generosidad, de amor, de justicia. En una realidad ambigua y mediocre crece el Reino. La misma Iglesia no es la comunidad de los salvados, de los elegidos, sino el lugar donde podemos salvarnos, y no podemos pensar que acaparamos todo el trigo y que fuera de nosotros no hay más que cizaña. Fuera de la Iglesia también hay trigo y dentro de ella también hay cizaña. La frontera entre el trigo y la cizaña también pasa por el corazón de cada uno de los cristianos. Necesitamos asumir que vivimos en una mezcla y que podemos avanzar y crecer, descubriendo los signos del Reino para potenciarlos. Es imposible crecer, y buscar el Reino en ningún otro lugar que en esta realidad.
  • Parece increíble, pero así somos. Con el mismo corazón con que creemos «amar a Dios sobre todas las cosas», envidiamos, somos avaros y odiamos. Somos capaces de pasar del «amar con todo el corazón» al «odiar con todo el corazón».
  • Todos estamos en camino, absolutamente todos. Sin dejar de ser exigentes, debemos poner los medios para avanzar juntos; soportando también juntos el peso de las imperfecciones ajenas.
  • El crecimiento del Reino no obedece nuestros criterios, ni su lógica es la nuestra. El dueño del campo corrige la impaciencia de los criados que querían arrancar la cizaña cuanto antes. Por naturaleza tendemos a ser precipitados, impacientes y exigentes. La velocidad y la manera de hacer de nuestro tiempo, seguramente aceleran el afán de resolver las cosas de golpe, y olvidando que somos también trigo y cizaña, quisiéramos más de una vez, imponer nuestros criterios en este campo que es el mundo y la Iglesia; olvidando que detrás de la cizaña hay trigo también. Como nunca, somos hoy llamados a la paciencia. Esta paciencia que no es una realidad pasiva o estática, sino algo activo y eficaz.
  • La paciencia es una espera amorosa, convencida de que, por don de Dios, cada persona es un ser de posibilidades. La fe en el Reino de Dios nos pide la tolerancia y paciencia. La paciencia tiene que empezar con nosotros mismos, aceptándonos con los límites que nos son propios y que nos definen. Pretender arrancar de nosotros el mal es absolutamente imposible; perderíamos también nuestra condición humana. Lo que sí podemos hacer es que en nuestro campo crezca el dominio el bien, sabiendo, incluso, sacar experiencia de nuestro propio pecado. Si Dios perdona, es porque hasta el mismo pecado puede ser un elemento positivo en nuestro crecimiento espiritual. La condición de seres que llevan simultáneamente trigo con cizaña, lejos de inmovilizarnos en una postura fatalista, debe impulsarnos a apoyarnos en lo bueno y sano, para ganarle terreno al mal. Partir con este esquema, nos lleva a tener elementos interesantes para transformar los vínculos y criterios en el ámbito familiar, escolar y pastoral.
  • Paciencia es amar a los de mi familia con su manera de ser y de obrar, aceptar las deficiencias de las personas con quienes trabajo o tengo que compartir la vida. Si la intolerancia por la cizaña nos polariza nosotros mismos somos cizaña.
  • Nos toca vivir una época en la que, por los medios de comunicación, tenemos inmediato conocimiento del mal en el mundo, que no pocas veces, nos oprime el corazón y nos desesperanza. Del mismo modo que en el ámbito personal, una mirada serena sobre la realidad nos llevará a ver que hay mucho más de bueno que de malo, sólo que lo malo se siente mucho más, es noticia, hace más ruido, nos hace daño. Lo que hay de bueno parece que es lo normal, se cuenta con ello y no hace falta hablar. .
  • Frente a la presencia del mal la tentación social y eclesial es la de dejarse aprisionar por el cinismo, la depresión y la desesperación. La palabra de hoy nos alienta: cuanto mayor sean las sombras de presencia de cizaña, tanto mayor debe ser la presencia de la buena semilla. El mundo entero está en espera de la plena manifestación de los hijos de Dios. La propuesta no es una lucha titánica de desgaste de nuestras energías en la erradicación del pecado y del mal, sino, el empeñoso esfuerzo de vencer al mal con el bien. Saber oponer al mal una acción concreta en favor del bien.
  • La misión del discípulo es ser sembrador de la semilla de la Palabra de Dios, que tiene potencia propia para convertirse en árbol frondoso. La gracia de Dios es una levadura capaz de fermentar toda la masa, no se quedará ausente en la construcción de este mundo, sino que hará cuanto esté en su mano para abrirse camino.

     

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Qué situaciones propias, comunitarias, del mundo que considero cizaña, indeseables, quiero arrancar?
  • ¿Qué realidades personales tengo que convertir mirándome con la paciencia y misericordia de Dios?
  • ¿A qué gestos, opciones nuevas me invita la Palabra de este día?

     

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

El Señor es paciente y misericordioso

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…”Jesús alude a esta esperanza del Antiguo Testamento y proclama su cumplimiento. El reino de Dios constituye el tema central de su predicación, como lo demuestran sobre todo las parábolas.

La parábola del sembrador (Mt 13, 3-8) proclama que el reino de Dios está ya actuando en la predicación de Jesús; al mismo tiempo invita a contemplar la abundancia de frutos que constituirán la riqueza sobreabundante del reino al final de los tiempos. La parábola de la semilla que crece por sí sola (Mc 4, 26-29) subraya que el reino no es obra humana, sino únicamente don del amor de Dios que actúa en el corazón de los creyentes y guía la historia humana hacia su realización definitiva en la comunión eterna con el Señor. La parábola de la cizaña en medio del trigo (Mt 13, 24-30) y la de la red para pescar (Mt 13, 47-52) se refieren, sobre todo, a la presencia, ya operante, de la salvación de Dios. Pero, junto a los “hijos del reino”, se hallan también los “hijos del maligno”, los que realizan la iniquidad: sólo al final de la historia serán destruidas las potencias del mal, y quien ha escogido el reino estará para siempre con el Señor. Finalmente, las parábolas del tesoro escondido y de la perla preciosa (Mt 13, 44-46), expresan el valor supremo y absoluto del reino de Dios: quien lo percibe, está dispuesto a afrontar cualquier sacrificio y renuncia para entrar en él”…


San Juan Pablo II – Tomado de la audiencia general del miércoles 18 de marzo de 1987

 

PARA REZAR

 

Tu Reino Señor

 

Tu Reino, Señor Jesús, habita dentro de mí

tu Reino es como un tesoro escondido dentro de un campo;

llevo en el fondo de mi ser la libertad y el amor,

la justicia y la verdad, la luz y la belleza.

Llevo dentro de mí el amor de tu Padre que me llama:

la gracia de tu amor que me salva y libera,

la amistad y la comunión de tu Espíritu que me hace fuerte.

¡Tu Reino, Señor, habita dentro de mí, gracias!

Tu Reino, Señor, habita en medio del mundo.

Tu Reino está presente oculto en medio de los hombres.

Donde el amor es más fuerte que el odio, allí está tu Reino.

Donde el perdón es más fuerte que la venganza,

allí está tu Reino.

Donde la verdad es más fuerte que la mentira,

allí está tu Reino.

Donde la justicia es más fuerte que la opresión,

allí está tu Reino.

Donde la libertad es más fuerte que la esclavitud,

allí está tu Reino.

Donde la ternura es más fuerte que el desamor,

allí está tu Reino.

¡Tu Reino, Señor, habita en el corazón de los hombres

que te aman, se aman y te siguen!

 

Lunes XVI

 

El Hijo del hombre estará en el seno de la tierra tres días y tres noches

 

Lectura de la profecía de Miqueas     6, 1-4. 6-8

 

Escuchen lo que dice el Señor:

«¡Levántate, convoca a juicio a las montañas y que las colinas escuchen tu voz! ¡Escuchen, montañas, el pleito del Señor, atiendan, fundamentos de la tierra! Porque el Señor tiene un pleito con su pueblo, entabla un proceso contra Israel:

“¿Qué te hice, pueblo mío, o en qué te molesté? Respóndeme. ¿Será porque te hice subir de Egipto, porque te rescaté de un lugar de esclavitud y envié delante de ti a Moisés, Aarón y Miriam?”»

¿Con qué me presentaré al Señor y me postraré ante el Dios de las alturas? ¿Me presentaré a él con holocaustos, con terneros de un año? ¿Aceptará el Señor miles de carneros, millares de torrentes de aceite? ¿Ofreceré a mi primogénito por mi rebeldía, al fruto de mis entrañas por mi propio pecado? Se te ha indicado, hombre, qué es lo bueno y qué exige de ti el Señor: nada más que practicar la justicia, amar la fidelidad y caminar humildemente con tu Dios.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 49, 5-6. 8-9. 16b-17. 21 y 23 (R.: 23b)

 

R.    Al que va por el buen camino, le haré gustar la salvación de Dios.

 

«Reúnanme a mis amigos,

a los que sellaron mi alianza con un sacrificio.»

¡Que el cielo proclame su justicia,

porque el Señor es el único Juez! R.

 

No te acuso por tus sacrificios:

¡tus holocaustos están siempre en mi presencia!

Pero yo no necesito los novillos de tu casa

ni los cabritos de tus corrales. R.

 

«¿Cómo te atreves a pregonar mis mandamientos

y a mencionar mi alianza con tu boca,

tú, que aborreces toda enseñanza

y te despreocupas de mis palabras? R.

 

Haces esto, ¿y yo me voy a callar?

¿Piensas acaso que soy como tú?

Te acusaré y te argüiré cara a cara.

El que ofrece sacrificios de alabanza,

me honra de verdad;

y al que va por el buen camino,

le haré gustar la salvación de Dios.» R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    12, 38-42

 

Algunos escribas y fariseos le dijeron a Jesús: «Maestro, queremos que nos hagas ver un signo.»

El les respondió: «Esta generación malvada y adúltera reclama un signo, pero no se le dará otro que el del profeta Jonás. Porque así como Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del pez, así estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra tres días y tres noches.

El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay alguien que es más que Jonás.

El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra esta generación y la condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay alguien que es más que Salomón.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • El sábado pasado comenzamos la lectura de Miqueas, con una denuncia a las clases dirigentes. Miqueas, el profeta, no puede quedar en silencio ante las injusticias que se cometen en su pueblo, y se presenta como el portavoz de Dios ante todo el país.
  • Dios tiene pleito judicial contra su pueblo, en el que no se presenta como juez, sino como parte querellante. Con frecuencia, las montañas han sido personificadas en la Biblia; en el texto de hoy, Dios las toma como testigo, para el juicio que quiere entablar contra su pueblo.
  • La protesta de Dios tiene fundamento, porque lo hizo subir de Egipto, lo rescató de la esclavitud sin abandonarlo nunca, le puso como guías a enviados suyos, y lo protegió hasta la posesión de la tierra prometida; ahora sólo recibe ingratitud.
  • El pueblo pretende calmar a Dios con holocaustos de animales, o sacrificando a sus propios primogénitos. El profeta les recuerda que lo que tienen que hacer, es cumplir la alianza pactada con Dios, respetando el derecho, amando la misericordia, siendo humildes con su Dios. Estas son las obras buenas que realmente pide Yahvé. Miqueas presenta, al final, a Yahvé que condena la impiedad, el fraude, la violencia, el engaño; la fuente de la desventura del pueblo, son las injusticias que comete.

    ***

  • Jesús había realizado signos suficientes para mostrar no solamente que venía de Dios, sino que era Dios. Pero, aun así, a algunos maestros de la ley y fariseos no les alcanzaba y le piden que demuestre su procedencia divina con una señal prodigiosa. Le piden que les dé muestras palpables de que es el Hijo de Dios. Sin embargo, por más milagros que hubiera hecho, no habrían creído.
  • El Señor, con tono profético, tomando una señal prodigiosa del Antiguo Testamento, anuncia su muerte, sepultura y resurrección. Jesús les recuerda el signo particular que Dios realizó en el profeta Jonás, cuando estuvo en el vientre de una ballena, durante tres días completos y luego lo arrojó.
  • Esta figura del misterio pascual, es la única señal que se les dará. Allí el poder de Dios se manifestará con todo su esplendor. Frente a ella deberán optar.
  • Ellos no aceptan el mensaje salvador que les ha anunciado Jesús. Han cerrado su mente y su corazón a la novedad del Reino. Se sienten seguros en sus tradiciones, instituciones y códigos. Su sabiduría y elocuencia los hace soberbios y autosuficientes.
  • Existe en nuestra vida una tendencia permanente a pedir señales, milagros, signos, pruebas indiscutibles, para poder creer. Lo que produce beneficios entra dentro de nuestra escala de valores. El utilitarismo nos condiciona y queremos experimentar ya los efectos de lo que pedimos.
  • Hemos perdido el sentido de la gratuidad y de los procesos. Esto hace que la fe sea demasiado débil y atada a resultados inmediatos.
  • La resurrección de Jesús es el único signo que se nos ha dado y se nos dará. También nosotros, hemos sido sepultados con Cristo, y vivimos por Él y en Él, ahora y por siempre, habiendo dado un verdadero “paso pascual”: paso de muerte a vida, del pecado a la gracia. Liberados de la esclavitud del pecado, llegamos a ser hijos de Dios. Es “el gran prodigio”, que ilumina nuestra fe y nos abre a la esperanza de vivir amando como Dios nos invita a hacerlo, para poseer su Amor en plenitud.
  • La resurrección es el triunfo de la vida sobre toda forma de muerte. Por eso la Pascua de Jesús como la nuestra, por el bautismo, son el signo de vida por excelencia; causa de tantos “milagros cotidianos de la gracia”.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Le pedimos a Jesús que nos dé un “signo”, una “prueba” de su presencia?
  • ¿Qué busco en este tipo de pedido?
  • ¿Cambia mi actitud de fe ante la ausencia de respuestas visibles?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Jesús, bendito signo
del Padre

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

..”Conozco dos tipos de creyentes. Los que necesitan milagros para creer y aquellos a quienes el milagro no añade ni una onza de fe; más aún, casi les supone una mortificación. No hace falta escarnecer a los primeros; están en buena compañía, puesto que el mismo san Agustín dice con ellos: «Sin los milagros no sería cristiano». A los segundos no les hace falta creer demasiado: si bajara a una plaza cualquiera, en una hora de tráfico o de mercado, gritando que a una milla de allí se había aparecido la Virgen, en un abrir y cerrar de ojos se quedaría desierta la plaza, estoy seguro de ello. Y los primeros en correr detrás de mí serían tal vez los materialistas, los llamados incrédulos, pero inmediatamente después, no menos jadeantes, vería a muchos de esos amigos que solían decirme: «El milagro es para mí algo superfluo, mi fe no necesita milagros».

La verdad para todos nosotros es sólo esta: que somos milagros, venimos del milagro y estamos hechos por milagros. Hasta el hombre que lo tiene todo invoca el milagro, porque el milagro, antes de ser un socorro benéfico, antes de ser un don útil y resolutivo contra la pena, es la exaltación de la infancia que vuelve a encantarnos, la revancha de aquella primera sabiduría inocente sobre la falaz sabiduría de después.

El Evangelio es el campo de los milagros. Sin embargo, hay una cosa que aparece clara de inmediato: que Cristo fue enemigo de los milagros. El milagro, para Él, es lo que debería brotar como consecuencia, algo para cuya obtención cedió a hacerse brujo y que, sin embargo, sólo en rara ocasión consiguió: la fe. «Más adelante vio a otros dos hermanos: Santiago, el de Zebedeo, y su hermano Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo
reparando las redes. Les llamó también, y ellos, dejando al punto la barca y a su padre, le siguieron». Nosotros nos hemos quedado reparando las redes, aunque él nos ha mirado en más de una ocasión; tranquilos en la barca con nuestro padre y los mozos, hemos hecho fracasar el milagro rarísimo, ése ante el cual la resurrección de Lázaro es un juego. El milagro que le sale una vez de cada mil y que nadie ha sido capaz de contar. Seguirle”…

 

L. Santucci, Una vida de Cristo

 

PARA REZAR

 

Oración de san Francisco

 

Alto y glorioso Dios:
ilumina las tinieblas de mi corazón,
dame una fe recta,
esperanza cierta,
caridad perfecta
y humildad profunda.

Dame, Señor,
comprensión y discernimiento
para cumplir
tu verdadera y santa voluntad.
Amén.

 

Martes XVI

 

Estos son mi madre y mis hermanos

 

Lectura de la profecía de Miqueas 7, 14-15.18-20

 

Apacienta con tu cayado a tu pueblo, al rebaño de tu herencia, al que vive solitario en un bosque, en medio de un vergel. ¡Que sean apacentados en Basán y en Galaad, como en los tiempos antiguos! Como en los días en que salías de Egipto, muéstranos tus maravillas.

¿Qué dios es como tú, que perdonas la falta y pasas por alto la rebeldía del resto de tu herencia? El no mantiene su ira para siempre, porque ama la fidelidad.

El volverá a compadecerse de nosotros y pisoteará nuestras faltas. Tú arrojarás en lo más profundo del mar todos nuestros pecados. Manifestarás tu lealtad a Jacob y tu fidelidad a Abraham, como lo juraste a nuestros padres desde los tiempos remotos.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 84, 2-4. 5-6. 7-8 (R.: 8a)

 

R. ¡Manifiéstanos, Señor, tu misericordia!

 

Fuiste propicio, Señor, con tu tierra,

cambiaste la suerte de Jacob;

perdonaste la culpa de tu pueblo,

lo absolviste de todos sus pecados;

reprimiste toda tu indignación

y aplacaste el ardor de tu enojo. R.

 

¡Restáuranos, Dios, salvador nuestro;

olvida tu aversión hacia nosotros!

¿Vas a estar enojado para siempre?

¿Mantendrás tu ira eternamente? R.

 

¿No volverás a darnos la vida,

para que tu pueblo se alegre en ti?

¡Manifiéstanos, Señor, tu misericordia

y danos tu salvación! R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    12, 46-50

 

Jesús estaba hablando a la multitud, cuando su madre y sus hermanos, que estaban afuera, trataban de hablar con él. Alguien le dijo: «Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren hablarte.»

Jesús le respondió: « ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y señalando con la mano a sus discípulos, agregó: «Estos son mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Esta última página de Miqueas es una mezcla de afirmaciones proféticas y de súplica ante Dios, ensalzando su misericordia. La confianza del profeta se basa en que Dios seguirá siendo fiel a las promesas que había hecho, ya desde Abraham, y que pastoreará al pueblo de su heredad. Pero, sobre todo, se basa en que Dios seguirá haciendo lo que sabe hacer mejor: perdonar.
  • Es un retrato entrañable: «¿qué Dios hay como tú, que perdonas el pecado?… se complace en la misericordia… arrojará a lo hondo del mar todos nuestros delitos».
  • La última palabra de la historia no es nuestro pecado, sino, como nos dice Miqueas, el amor perdonador de Dios. Necesitamos oír esta buena noticia, porque todos somos débiles y nos alegramos del perdón de Dios.
  • Dios deja siempre abierta la puerta a la misericordia.

***

  • El rechazo del Reino por parte de los fariseos hecho en presencia de la multitud, ha puesto de relieve la profundidad que el Reino de Dios, produce en todo hombre. Jesús se dirigirá ahora a todos para invitarlos al discipulado y al seguimiento.
  • En este pasaje todavía Jesús estaba hablando a la gente, cuando su madre y sus hermanos se presentaron a, tratando de hablar con Él.
  • Con el término “madre y hermanos” se designa una realidad amplia, que puede englobar la pertenencia a la misma familia, pero también el parentesco entre los miembros de un clan o de una tribu.
  • Jesús dijo: “¿Quién es mi madre?, ¿Quiénes son mis hermanos?”, sorprende la pregunta porque todos los que lo conocen, en efecto, saben que la que está allí fuera es su madre.
  • La pregunta no significa un desprecio de Jesús hacia los suyos: nadie ha amado a su madre mejor que El con un amor fuerte. Pero Jesús quiso poner de relieve la ruptura, que el Reino de los cielos introduce en las relaciones humanas en general, y en la familia de sangre en particular. Aquellos con quienes lo ligan lazos familiares no son los que se hallan “fuera”, sino los que se encuentran con El, a los que puede señalar con la mano, “los discípulos”.
  • Frente a la familia de sangre, se presenta la verdadera familia. De esta forma Jesús señala que el vínculo de sangre derivado de la pertenencia a un mismo hogar, clan o pueblo debe ceder ante otro tipo de vínculo: el que surge del discipulado y del seguimiento. El discípulo es “familiar de Jesús”. Jesús ofrece a los hombres la cálida intimidad de su familia. Entre Dios y los hombres ya no hay sólo relaciones de obediencia y sumisión como entre un amo y los subalternos. Con Jesús entramos en la familia de Dios, como sus hermanos y hermanas, como su madre.
  • Este nuevo vínculo se realiza en torno al Padre del cielo que es capaz de crear un nuevo tipo de unidad familiar. Esta nueva unidad surge de la participación en el mismo querer del Padre, en la asimilación de la propia vida al proyecto del Padre.
  • Se trata por tanto, de la constitución de una nueva familia universal de hermanos, hermanas, madre, que le ha sido dada a Jesús por el Padre del cielo.
  • Este es el lazo familiar que debe predominar en la vida del discípulo. La nueva familia de Jesús se realiza en todos aquellos que colocan por encima de todo el beneplácito del Padre, realizado en Jesús y en su mensaje. La característica esencial del discípulo de Jesús: es “hacer la voluntad de Dios”.
  • Reconocer en Jesús, al Maestro, Hermano, Servidor y Mesías que implanta el derecho para todos y responde a las esperanzas de todo hombre; y poder descubrir de esta forma el verdadero rostro de Dios escondido en la cotidianeidad de la vida de los hombres, posibilita formar parte de la comunidad que constituye la verdadera familia de Jesús. Entrar en comunión con Dios, haciendo su voluntad es, al mismo tiempo, entrar en comunión con incontables hermanos y hermanas que tratan también, de hacer esa misma voluntad.
  • La invitación se dirige a todo hombre a lo largo del tiempo. El Señor, el Dios de la historia, que es Dios con nosotros hasta el fin de los tiempos, sigue dirigiéndola a todo aquel que está dispuesto a compartir su suerte, entrando en comunión con el Padre y su Palabra hecha carne, y asumiendo gozosamente sus exigencias.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Tengo experiencia de Dios como salvador, la he compartido con otros?
  • ¿Qué rasgos de mi ser “discípulo” me invita a revisar y convertir esta palabra?
  • ¿Camino en comunión con otros hermanos, la construyo, discierno en comunidad la voluntad del Padre Dios?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Dame un corazón dócil a tu voluntad, Señor

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

«El que cumple la voluntad de mi Padre… ese es mi hermano y mi hermana y mi madre»

 

…La Bienaventurada Virgen, predestinada, junto con la Encarnación del Verbo, desde toda la eternidad, cual Madre de Dios, por designio de la Divina Providencia, fue en la tierra la esclarecida Madre del Divino Redentor, y en forma singular la generosa colaboradora entre todas las criaturas y la humilde esclava del Señor. Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo en el templo al Padre, padeciendo con su Hijo mientras El moría en la Cruz, cooperó en forma del todo singular, por la obediencia, la fe, la esperanza y la encendida caridad en la restauración de la vida sobrenatural de las almas.

Por tal motivo es nuestra Madre en el orden de la gracia.  Y esta maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia… Pues una vez recibida en los cielos, no dejó su oficio salvador, sino que continúa alcanzándonos por su múltiple intercesión los dones de la eterna salvación. Con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que peregrinan y se debaten entre peligros y angustias y luchan contra el pecado hasta que sean llevados a la patria feliz. Por eso, la Bienaventurada Virgen en la Iglesia es invocada con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora…

Ninguna criatura puede compararse jamás con el Verbo Encarnado nuestro Redentor; pero así como el sacerdocio de Cristo es participado de varias maneras tanto por los ministros como por el pueblo fiel, y así como la única bondad de Dios se difunde realmente en formas distintas en las criaturas, así también la única mediación del Redentor no excluye, sino que suscita en sus criaturas una múltiple cooperación que participa de la fuente única…

 

Concilio Vaticano II – Constitución dogmática sobre la Iglesia « Lumen Gentium » 61-62

 

PARA REZAR

 

Escuchar la Palabra

 

Señor de la Vida,
abre nuestro corazón a tu Palabra.
Queremos anunciar tu Reino
y construirlo con nuestras vidas.
Queremos ser testigos
de tu amor y tu proyecto
para todos.
Ayúdanos a escuchar tu Palabra,
a leer y rezar con la Biblia,
a contemplar la vida y la historia
para descubrir tu propuesta
y caminar hacia Tí.

Tu Señor, que aprendiste
de la mano de María,
la virgen fiel,
enséñanos a seguir su ejemplo.
Maestra de las cosas de Dios,
quien guardaba en su corazón
lo que vivía,
y meditaba en el silencio
lo que iba descubriendo.
María, mujer sencilla,
que no entendía todo
pero se animó a decir sí a todo.
Ella nos enseña
que para vivir la fe
hay que escuchar mucho,
hay que escuchar siempre… (…)

Marcelo A. Murúa

 

 

Miércoles XVI

22 de julio – Santa María Magdalena

 

¡He visto al Señor!

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del Cantar de los Cantares    3, 1-4a


 

Así habla la esposa:

En mi lecho, durante la noche, busqué al amado de mi alma. ¡Lo busqué y no lo encontré! Me levantaré y recorreré la ciudad; por las calles y las plazas, buscaré al amado de mi alma. ¡Lo busqué y no lo encontré!

Me encontraron los centinelas que hacen la ronda por la ciudad: «¿Han visto al amado de mi alma?» Apenas los había pasado, encontré al amado de mi alma.


 

Palabra de Dios.

 
 

O bien:

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto    5, 14-17


 

Hermanos:

El amor de Cristo nos apremia, al considerar que si uno solo murió por todos, entonces todos han muerto. Y él murió por todos, a fin de que los que viven no vivan más para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.

Por eso nosotros, de ahora en adelante, ya no conocemos a nadie con criterios puramente humanos; y si conocimos a Cristo de esa manera, ya no lo conocemos más así.

El que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente.


 

Palabra de Dios.

 
 

SALMO    Sal 62, 2. 3-4. 5-6. 8-9 (R.: 2b)


 

R.    Mi alma tiene sed de ti, Señor, Dios mío.


 

Señor, tú eres mi Dios,

yo te busco ardientemente;

mi alma tiene sed de ti,

por ti suspira mi carne

como tierra sedienta, reseca y sin agua. R.


 

Sí, yo te contemplé en el Santuario

para ver tu poder y tu gloria.

Porque tu amor vale más que la vida,

mis labios te alabarán. R.


 

Así te bendeciré mientras viva

y alzaré mis manos en tu Nombre.

Mi alma quedará saciada

como con un manjar delicioso,

y mi boca te alabará

con júbilo en los labios. R.


 

Veo que has sido mi ayuda

y soy feliz a la sombra de tus alas.

Mi alma está unida a ti,

tu mano me sostiene, R.


 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Juan    20, 1-3. 11-18


 

El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»

María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: «Mujer, ¿por qué lloras?»

María respondió: «Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»

Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.

Jesús le preguntó: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?»

Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo.»

Jesús le dijo: «¡María!»

Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: «¡Raboní!», es decir «¡Maestro!»

Jesús le dijo: «No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: “Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes”.»

María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.


 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • María de Magdala fue la primera testigo de la resurrección del Señor. Va al sepulcro muy temprano, siente dolor y tristeza y por eso llora. Corrió hacia el sepulcro para terminar los ritos de la sepultura; pero sobre todo quería reencontrarse con lo que estaba aparentemente perdido. Buscaba, aferrada al recuerdo que la mantiene, sentir la presencia de Aquel a quien había amado. La piedra había dicho la última Palabra sellando la puerta del sepulcro, y ahora la encuentra corrida. Se estremece al oír aquella voz familiar y tan querida, y su corazón, responde con palabras que la razón se niega todavía a pronunciar.
  • El Espíritu revela el único lugar donde Dios habita para siempre, y donde Dios ha elegido tener su morada: el corazón que ama. Ahí se busca a Dios y ahí se le encuentra.
  • María Magdalena nos enseña que el amor es el único camino de la fe. La inolvidable aparición de esa mañana nueva, no atiende más que a esta llamada, y la fe está toda ella en esta respuesta.
  • María se siente transformada por la presencia del Resucitado. Del dolor y del llanto pasa a la alegría. La resurrección debe ser una experiencia que nos transforme, nos haga sentir personas, nos convoque y nos envié a llevar esta buena noticia de vida a todas partes.
  • Confesar que Él es Señor y Dios, es entrar en comunión con Él, y dejar que la Vida, asuma nuestras muertes, nuestras pequeñas muertes de cada día y la muerte última y definitiva. Muertes que por Él, llevan en sí la semilla de una vida sin fin.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Cómo es mi experiencia de encuentro con el Resucitado?

  • ¿Experimento que me llama por mi nombre a una vida nueva?

  • ¿Siento el impulso de anunciar su presencia en medio nuestro?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Encontré al amor de mi alma

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

Ardía en deseos de Cristo, a quien pensaba que se lo habían llevado

 

…María Magdalena, cuando llegó al sepulcro y no encontró allí el cuerpo del Señor, creyó que alguien se lo había llevado, y así lo comunicó a los discípulos. Ellos fueron también al sepulcro, miraron dentro y creyeron que era tal como aquella mujer les había dicho. Y dice el evangelio acerca de ellos: Los discípulos se volvieron a su casa. Y añade a continuación: Fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando.

Lo que hay que considerar en estos hechos es la intensidad del amor que ardía en el corazón de aquella mujer, que no se apartaba del sepulcro, aunque los discípulos se habían marchado de allí. Buscaba al que no había hallado, lo buscaba llorando y, encendida en el fuego de su amor, ardía en deseos de aquel a quien pensaba que se lo habían llevado. Por esto, ella fue la única en verlo entonces, porque se había quedado buscándolo, pues lo que da fuerza a las buenas obras es la perseverancia en ellas, tal como afirma la voz de aquel que es la Verdad en persona: El que persevere hasta el final se salvará.

Primero lo buscó, sin encontrarlo; perseveró luego en la búsqueda, y así fue como lo encontró; con la dilación, iba aumentando su deseo, y este deseo aumentado le valió hallar lo que buscaba. Los santos deseos, en efecto, aumentan con la dilación. Si la dilación los enfría, es porque no son o no eran verdaderos deseos. Todo aquel que ha sido capaz de llegar a la verdad es porque ha sentido la fuerza de este amor. Por esto dice David: Mi alma tiene sed de Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios? Idénticos sentimientos expresa la Iglesia cuando dice, en el Cantar de los cantares: Estoy enferma de amor; y también: Mi alma se derrite.

Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas? Se le pregunta la causa de su dolor con la finalidad de aumentar su deseo, ya que, al recordarle a quién busca, se enciende con más fuerza el fuego de su amor.

Jesús le dice: « ¡María!» Después de haberla llamado con el nombre genérico de «mujer», sin haber sido reconocido, la llama ahora por su nombre propio. Es como si le dijera:

«Reconoce a aquel que te reconoce a ti. Yo te conozco, no de un modo genérico, como a los demás, sino en especial».

María, al sentirse llamada por su nombre, reconoce al que lo ha pronunciado, y, al momento, lo llama: «Rabboni», es decir: «Maestro», ya que el mismo a quien ella buscaba exteriormente era el que interiormente la instruía para que lo buscase.

 

San Gregorio Magno, Homilía 25 sobre los evangelios (1-2.4-5: PL 76, 1189-1193)

 

PARA REZAR

 

Liturgia de las horas

 

Estaba al alba María,

llamándole con sus lágrimas.

Vino la gloria del Padre

y amaneció el primer día.

 

Envuelto en la blanca túnica

de su propia luz divina,

la sábana de la muerte

dejada en tumba vacía,

 

Jesús, alzado, reinaba;

pero ella no lo veía.


 

Estaba al alba María,

la fiel esposa que aguarda.


 

Mueva el Espíritu al aura

en el jardín de la vida.

Las flores huelan la Pascua

de la carne sin mancilla,

y quede quieta la esposa

sin preguntas ni fatiga.

¡Ya está delante el esposo,

venido de la colina!


 

Estaba al alba María,

porque era la enamorada.


 

Amén.

 

Jueves XVI

 

A quien tiene, se le dará más todavía

 

Lectura del libro del profeta Jeremías    2, 1-3. 7-8. 12-13

 

La palabra del Señor llegó a mí en estos términos:

«Ve a gritar a los oídos de Jerusalén: Así habla el Señor: Recuerdo muy bien la fidelidad de tu juventud, el amor de tus desposorios, cuando me seguías por el desierto, por una tierra sin cultivar. Israel era algo sagrado para el Señor, las primicias de su cosecha: todos los que comían de él se hacían culpables, les sobrevenía una desgracia -oráculo del Señor-

Yo los hice entrar en un país de vergeles, para que comieran de sus frutos y sus bienes; pero ustedes entraron y contaminaron mi país e hicieron de mi herencia una abominación. Los sacerdotes no preguntaron: “¿Dónde está el Señor?”, los depositarios de la Ley no me conocieron, los pastores se rebelaron contra mí, los profetas profetizaron en nombre de Baal y fueron detrás de los que no sirven de nada.

¡Espántense de esto, cielos, horrorícense y queden paralizados! -oráculo del Señor- . Porque mi pueblo ha cometido dos maldades: me abandonaron a mí, la fuente de agua viva, para cavarse cisternas, cisternas agrietadas, que no retienen el agua.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 35, 6-7b. 8-9. 10-11 (R.: 10a)

 

R.    En ti, Señor, está la fuente de la vida.

 

Tu misericordia, Señor, llega hasta el cielo,

tu fidelidad hasta las nubes.

Tu justicia es como las altas montañas,

tus juicios, como un océano inmenso. R.

 

¡Qué inapreciable es tu misericordia, Señor!

Por eso los hombres se refugian

a la sombra de tus alas.

Se sacian con la abundancia de tu casa,

les das de beber del torrente de tus delicias. R.

 

En ti está la fuente de la vida,

y por tu luz vemos la luz.

Extiende tu gracia sobre los que te reconocen,

y tu justicia sobre los rectos del corazón. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    13, 10-17

 

En aquel tiempo, los discípulos se acercaron y le dijeron: « ¿Por qué les hablas por medio de parábolas?»

El les respondió: «A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden. Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice:

Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán. Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los cure.

Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen. Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Empiezan en este capítulo los primeros oráculos de Jeremías entre los años 627 y 622 a. C., cuando tuvo lugar la reforma deuteronómica de Josías.
  • Como habíamos leído en Miqueas, ahora en Jeremías aparece una querella judicial de Yahvé contra su pueblo.
  • Le fue dirigida la palabra del Señor a Jeremías para que vaya y grite a los oídos de Jerusalén que recuerde su cariño juvenil, el amor de su noviazgo; aquel seguimiento por el desierto. Era el tiempo del primer amor, el fervor de los comienzos de Israel.
  • Tan enorme es lo que va a decir, que Jeremías esta vez, pone como testigos a los cielos, para que oigan su queja.
  • Yahvé había liberado al pueblo, lo había conducido con cariño inmenso a la tierra prometida. Al principio, Israel en el desierto, respondió amando a Dios con amor de novia y siguiéndolo. Pero al entrar en Canaán, el pueblo, profanó la Alianza; prefirió vivir a su antojo, abandonando al Dios liberador y promotor de la fraternidad humana, para seguir a dioses vanos, que nada valen, cuyas exigencias son alienantes y apartan de la tarea humana.
  • Jeremías se atreve a atacar, a todas las categorías de responsables del pueblo. Los primeros acusados fueron los sacerdotes, los doctores de la ley, los pastores y los profetas, que tenían la misión de detectar las exigencias concretas de Yahvé en cada tiempo; pero no han exhortado al pueblo a obrar de acuerdo con el espíritu de la alianza. Cayeron en el peor desatino abandonando al Señor, “fuente de agua viva, y cavando aljibes agrietados, que no retienen el agua”.
  • El agradecimiento por las obras de Dios, los debía comprometer a obrar de acuerdo a la alianza, trabajando por su propia liberación y la de todos.

    ***

  • Los discípulos preguntan a Jesús porque a la gente le habla en parábolas y a ellos no. Jesús responde diciendo que ellos, son de los que han comprendido y asimilado la Palabra, y que los otros aún habiéndola escuchado, no se han dejado transformar por su novedad.
  • Esta aptitud para comprender la palabra no se trata de un privilegio ‘dado’ a algunos, y ‘negado’ a otros. El comprender o no, es fruto de una apertura de corazón a su palabra, de un camino de conversión, de acercamiento a Jesús, y requiere esfuerzo. No es un simple oír la Palabra y dejar que ésta pase exteriormente sin que toque y cuestione la vida.
  • Para quien ha hecho un camino serio de apertura y confrontación con la Palabra de Dios, todo lo que sucede es ocasión de crecimiento, por eso está en condiciones de recibir más. Pero para quien no ha recorrido este camino, lo poco que podría tener lo pierde.
  • La causa de tal cerrazón es el corazón endurecido que no deja penetrar la ‘buena nueva’ de Cristo.
  • Jesús termina dirigiendo una “alabanza” a quienes estaban junto a Él y declara dichosos sus ojos, porque lo ven, y sus oídos, porque lo oyen.
  • Con Él llega la plenitud de los tiempos, y esta alabanza también nos alcanza. Si bien no hemos visto a Jesús con nuestros ojos, sí lo hemos conocido y lo conocemos por la fe. No hemos escuchado su voz con nuestros oídos, pero sí hemos escuchado y escuchamos sus palabras. El conocimiento que la fe nos da, aunque no es sensible, es un auténtico conocimiento, nos pone en contacto con la verdad y, por eso, también nos hace felices
  • Que nuestro trato con Jesús sea tan cercano como el que tenían aquellos discípulos que estaban junto a Él, que lo vieron y oyeron. Estamos realmente en su tiempo, el tiempo de su gracia y salvación, un tiempo que no acaba. La oración y la Eucaristía nos aseguran esta cercanía y nos hacen realmente dichosos al mirarlo con ojos y oídos de fe.

     

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Qué realidades personales hemos dejado transformar por nuestra escucha de la Palabra de Dios?
  • ¿Me animo a vivir cada día como tiempo de gracia y salvación?
  • ¿Qué cerrazones y endurecimientos me impiden recibir “más”?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Que comprenda, tu Palabra.

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

«Muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros»

   
 

…”Al emperador Adriano, Augusto César, y a Verísimo, su hijo filósofo, y a Lucio, filósofo, y al Senado y a todo el pueblo romano: yo, Justino de Neápolis [Naplouse] en Siria de Palestina, uno de los muchos hombres de toda raza que son injustamente odiados y perseguidos, dirijo este discurso a favor de todos ellos…

Se nos pone la objeción de que aquel a quien llamamos Cristo no es sino un hombre, que los prodigios que le atribuimos son debidos a arte de magia y que logró hacerse pasar por Hijo de Dios. Nuestra demostración no se apoyará sobre lo que se dice sino sobre unas profecías hechas antes del acontecimiento, a las cuales, necesariamente, hemos de creer porque hemos visto y todavía vemos que se realiza lo que estaba predicho…

Entre los judíos hubo profetas de Dios a través de los cuales el Espíritu profético anunció por adelantado los acontecimientos futuros. Estas profecías fueron cuidadosamente conservadas por los sucesivos reyes de Judea, tal cual habían sido pronunciadas, en unos libros escritos en hebreo por la mano misma de los profetas….

Ahora bien, leemos en los libros de los profetas que Jesús, nuestro Cristo, ha de venir, que nacerá de una virgen, que llegará a la edad adulta, que curará toda clase de enfermedades y dolencias, que resucitará a los muertos, que será menospreciado y perseguido, será crucificado y morirá, que resucitará y subirá al cielo, que es y será reconocido Hijo de Dios, que enviará a algunos a anunciar estas cosas al mundo entero y que serán sobre todo los paganos los que creerán en él. Estas profecías fueron pronunciadas hace cinco mil, tres mil, dos mil, mil, ochocientos años antes de su venida porque los profetas se fueron sucediendo uno tras otro de generación en generación”…

 

San Justino (hacia 100-160), filósofo, mártir
Primera apología, 1.30-31

PARA REZAR

 

A pesar de todo

A pesar de todo…
Creo en la fuerza silenciosa y la oración
que viene de lo alto.

Creo en la serenidad, nobleza y comprensión.

Creo en la bondad espontánea,
en el gesto comunitario de quien sirve.

Creo en la luz radiante
reflejada en las manos que oran.

Creo en el sufrimiento
que habla de renuncia y donación.
Creo en la mirada comprensiva
de los que expresan paz interior
por su oración.

Creo en la flor de la gratitud
que florece en el fondo del alma.

Creo en el silencio y la oración
que todavía construyen islas de bienestar
en el barullo y la competencia.

A pesar de todo…y sobre todo,
creo en el Amor alimentado de oración,

silencio y reflexión
que puede trasformar la tierra colocándola
más cerca del cielo.
Dios es silencio,
palabra hecha oración.

 

Viernes XVI

 

El que escucha la Palabra y la comprende produce fruto.

 

Lectura del libro del profeta Jeremías    3, 14-17

 

« ¡Vuelvan, hijos apóstatas -oráculo del Señor- porque yo soy el dueño de ustedes! Yo los tomaré, a uno de una ciudad y a dos de una familia, y los conduciré a Sión. Después les daré pastores según mi corazón, que los apacentarán con ciencia y prudencia. Y cuando ustedes se hayan multiplicado y fructificado en el país, en aquellos días -oráculo del Señor- ya no se hablará más del Arca de la Alianza del Señor, ni se pensará más en ella; no se la recordará, ni se la echará de menos, ni se la volverá a fabricar.

En aquel tiempo, se llamará a Jerusalén “Trono del Señor”; todas las naciones se reunirán en ella, y ya no seguirán más los impulsos de su corazón obstinado y perverso.»

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Jer 31, 10. 11-12b. 13 (R.: cf. 10d)

 

R.    El Señor nos cuidará como un pastor a su rebaño.

 

¡Escuchen, naciones, la palabra del Señor,

anúncienla en las costas más lejanas!

Digan: «El que dispersó a Israel lo reunirá,

y lo cuidará como un pastor a su rebaño.» R.

 

Porque el Señor ha rescatado a Jacob,

lo redimió de una mano más fuerte que él.

Llegarán gritando de alegría a la altura de Sión,

afluirán hacia los bienes del Señor. R.

 

Entonces la joven danzará alegremente,

los jóvenes y los viejos se regocijarán;

yo cambiaré su duelo en alegría,

los alegraré y los consolaré de su aflicción. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    13, 18-23

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador. Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: este es el que recibió la semilla al borde del camino.

El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta en seguida con alegría, pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe.

El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto.

Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Hoy, Dios dice una palabra esperanzadora. En el contexto histórico del exilio, de la dispersión, Jeremías anuncia el retorno de los deportados.
  • El Arca de la Alianza era el objeto de culto más sagrado, era el símbolo más explícito de la Presencia de Dios en el Templo. En 587 junto con el Templo, fue quemada por los invasores caldeos.
  • Jeremías se atrevió a pedir que no se lamentara la ausencia del templo y del arca, y que no trataran de reconstruirla; porque la Presencia de Dios estaría en adelante, en el corazón de la comunidad.
  • En el futuro no se hablará del Arca de la Alianza, Jerusalén es la que pasa a ser el Arca, la Presencia de Dios se encuentra donde se viven relaciones de justicia, solidaridad y amor. Todas las naciones se incorporarán a Jerusalén, abandonando la terquedad de sus corazones. Todas las naciones son invitadas. Dios promete pastores según su corazón, que los conducirán con prudencia e inteligencia.

***

  • Contemplamos a Dios como un agricultor bueno y magnánimo, que siembra a manos llenas. No ha sido avaro en la redención del hombre, sino que lo ha gastado todo en su propio Hijo Jesucristo.
  • La parábola del sembrador es retomada para mostrar lo que sucede en el hombre desde la experiencia de la Palabra que germina en la vida. Dios nos ofrece el don de su palabra sin fijarse inicialmente qué tipo de terreno somos.
  • La palabra es comparada con una semilla porque es fuerza de vida, que genera Vida, en la vida de quien la recibe.
  • Están los que no tienen el espacio suficiente para que ella haga su efecto y entonces se pierde rápidamente. Hay otros oyentes distraídos que no se dan al menos un espacio de silencio y oración para asimilar la Palabra o más exactamente, para “comprenderla”.
  • Existen dos factores que impiden en la vida espiritual que el camino de asimilación y maduración sea siempre ascendente y provechoso: las preocupaciones del mundo y el apego a las cosas que distraen el corazón de lo esencial.
  • Por el contrario se encuentran en situación de comprender la palabra los que le permiten un espacio en su vida y se dejan confrontar por ella. Esto provoca una experiencia vital de la Palabra que, en como semilla, germina en nosotros y está en condiciones de dar lo frutos de vida nueva de la cual es portadora.
  • Nunca debemos olvidar que el éxito de la cosecha no radica en nuestras estrategias humanas, sino en la iniciativa salvadora de Dios “rico en misericordia” y en la eficacia del Espíritu Santo, que puede transformar nuestras vidas para que demos generosos frutos de caridad y de alegría contagiosa.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Qué nos muestra la parábola del sembrador?
  • ¿Con cuál de los cuatro tipos me identifico?
  • ¿Qué decisiones necesito para dar fecundidad evangélica a mi vida?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Que te escuche, Señor, y me convierta

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

¿Decir en veinte renglones quién es Jesucristo? Para los cristianos, Jesús es Dios. -Aunque no para todos: la divinidad de Cristo ha dividido desde siempre a la cristiandad. – Pocos dogmas como éste han sido defendidos o combatidos con tanta fogosidad. – La imagen de Cristo se refleja siempre en la conciencia de cada uno según sus propios conocimientos.

Para los judíos, durante los siglos de su exilio, el Crucificado ha sido también el Crucificador. En nombre de Cristo se han promulgado leyes antisemitas, en
nombre de Cristo ha sido discriminado, perseguido, expulsado, asesinado con excesiva frecuencia Israel a ruegos de muchas Inquisiciones. Jesús: un vínculo de unión entre Israel y los gentiles, que une y separa en igual medida. Justo, sabio, profeta: un «loco» entre los «locos» de Israel, en la medida en que toda verdadera profecía confina con la locura que condena nuestra sensatez. Un judío «central», decía Martín Buber. Un judío único, como todos y cada uno podemos constatar. Único por su esplendor y por la contradicción que ha introducido –como una levadura– en el corazón de las naciones. Un misterio –así prefieren definirlo los teólogos cristianos, a los que responden con el silencio los teólogos judíos–. Pero veinte líneas son incluso demasiadas para hablar de un misterio. O bien, en ese caso, es que el que lo intenta no sabe de lo que está hablando.

 

André Chouraqui. Para ti, quién es Jesucristo, Narcea, Madrid 1972

 

PARA REZAR

 

Alabanza sin fin


Quiero ensalzarte,
Rey mío y Dios mío,
y bendecir tu nombre para siempre,
Deseo bendecirte cada día
y cantarle a tu nombre para siempre,
Pues grande es el Señor,
digno de recibir toda alabanza,
y no puede medirse su grandeza.

Una generación le habla a otra
muy bien de tus hazañas,
le cuenta tus proezas,
Hablan de tu esplendor
y de la gloria de tu majestad,
nos refieren tus hechos milagrosos.
Nos cuentan el poder de tus prodigios,
nos narran tus grandezas.

Nos harán recordar tu gran bondad,
y anunciarán, alegres, tu justicia.

El Señor es clemente y compasivo,
lento para enojarse y lleno de bondad
Bueno es el Señor para con todos
y compasivo con todas sus obras
El hace lo que quieren aquellos que lo temen
escucha su llamado y los salva.

Que mi boca recite en alta voz
la alabanza del Señor,
que todos los mortales
bendigan su santo nombre
por los siglos de los siglos.

Amén

Georgio Di Capitani

 

Sábado XVI

25 de julio – Santiago apóstol (F)

 

El que quiera ser grande que se haga servidor

 

PRIMERA LECTURA

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto    4, 7-15

 

Hermanos:

Nosotros llevamos un tesoro en recipientes de barro, para que se vea bien que este poder extraordinario no procede de nosotros, sino de Dios.

Estamos atribulados por todas partes, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aniquilados.

Siempre y a todas partes, llevamos en nuestro cuerpo los sufrimientos de la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Y así aunque vivimos, estamos siempre enfrentando a la muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De esa manera, la muerte hace su obra en nosotros, y en ustedes, la vida.

Pero teniendo ese mismo espíritu de fe, del que dice la Escritura: Creí, y por eso hablé, también nosotros creemos, y por lo tanto, hablamos. Y nosotros sabemos que aquel que resucitó al Señor Jesús nos resucitará con él y nos reunirá a su lado junto con ustedes.

Todo esto es por ustedes: para que al abundar la gracia, abunde también el número de los que participan en la acción de gracias para gloria de Dios.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 125, 1-2b. 2c-3. 4-5. 6 (R.: 5)

 

R.    Los que siembran entre lágrimas, cosecharán entre canciones.

 

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,

nos parecía que soñábamos:

nuestra boca se llenó de risas

y nuestros labios, de canciones. R.

 

Hasta los mismos paganos decían:

« ¡El Señor hizo por ellos grandes cosas!»

¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros

y estamos rebosantes de alegría! R.

 

¡Cambia, Señor, nuestra suerte

como los torrentes del Négueb!

Los que siembran entre lágrimas

cosecharán entre canciones. R.

 

El sembrador va llorando

cuando esparce la semilla,

pero vuelve cantando

cuando trae las gavillas. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo    20, 20-28

 

La madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús, junto con sus hijos, y se postró ante él para pedirle algo.

«¿Qué quieres?», le preguntó Jesús.

Ella le dijo: «Manda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.»

«No saben lo que piden», respondió Jesús. «¿Pueden beber el cáliz que yo beberé?»

«Podemos», le respondieron.

«Está bien, les dijo Jesús, ustedes beberán mi cáliz. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes se los ha destinado mi Padre.»

Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: «Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo: como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Los apóstoles son, por antonomasia, los testigos de la  resurrección de Cristo, es decir, mensajeros y proclamadores del triunfo de Jesús sobre la  muerte y, por tanto, los primeros anunciadores de la salvación para todos los hombres. Son aquellos que nos dan el perfil auténtico del discípulo-misionero que reclama la Iglesia de hoy en América Latina: en contacto con el Señor, aprendiendo en la escuela de su vida y anunciando lo que han visto y oído.
  • Según el libro de los Hechos de los apóstoles, el contenido esencial de su mensaje era  éste: “El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándolo  de un madero. La diestra de Dios lo exaltó haciéndole jefe y salvador, para otorgar a Israel  la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu  Santo, que Dios da a los que le obedecen”.
  • La primera lectura nos habla de cómo unos años después de la resurrección, Santiago y los demás apóstoles, igual que el Maestro, pasaban haciendo el bien y dando testimonio de Jesús resucitado entre el  pueblo, con la convicción de estar cumpliendo la voluntad de Dios, hasta el punto de  poder decir: “Hay que obedecer a Dios antes que a los  hombres”.
  • Esta tarea la realizan  con fuerza y decisión, porque son dóciles al Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen. Una fuerza que los sostiene hasta el fin, hasta el martirio si es necesario.
  • La lectura a los Corintios nos presenta el tesoro de ser apóstol, en vasos de barro. El texto se inicia con una lista de calamidades, con las que se quiere ilustrar la metáfora del vaso de barro. Pero esas calamidades, no destruyen ese vaso de debilidad que es el apóstol, porque la predicación del evangelio es acción de Dios, sostenida con la fuerza del Espíritu Santo. Eso hace posible que el apóstol no viva angustiado, ni desesperado, ni abandonado.
  • En el evangelio, un día, la madre de los Zebedeos con sus hijos, se postró para pedir a Jesús, puestos de honor y gloria; uno a su derecha y el otro a su izquierda en el reino. Estos dos hermanos, hijos de Zebedeo, junto a Pedro, presenciaron la  resurrección de la hija de Jairo, la gloria del Tabor y la agonía de Getsemaní; y acreditaron su vehemencia, pidiendo a Jesús que lloviera fuego sobre los que lo rechazaban, ganándose así el apodo de “Boanerges” hijos del trueno. Creían también, que el mesianismo de Jesús, iba por el camino de los honores y de la autoridad. Pero a la vez hicieron valer su arrojo y valentía, dispuestos a beber el cáliz de su Señor.
  • Santiago y su hermano Juan tuvieron que recibir una lección muy clara y dura por parte  de Jesús. Ellos pedían honores, y Jesús les predijo el martirio. Ellos querían mandar, y Jesús  los exhortó al servicio humilde de los hermanos. Frente a la ambición de los hijos del trueno, que buscan  un primer puesto, el Señor baja los humos de los Apóstoles y les apunta que al Reino se llega por el camino de la cruz.
  • Esto no es un ideal  inasequible, sino un ideal que puede ser asumido en la vida del discípulo: Jesús vivió  según esta ley. Su misión fue servir a la humanidad abriéndole el camino de la vida, hasta  morir por ello. El amor que ha salido del Padre lo impulsa al  servicio, y el servicio lo empuja hasta la entrega de la vida. No recurre, en su lucha por la liberación de la humanidad, ni al dinero, ni a las armas, ni al prestigio, para lograr el éxito de la causa de Dios. Fue el amor su única arma. El discípulo debe marchar por el camino del Maestro, que “no ha venido para que lo  sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos”. Es esta una lección perpetuamente válida  en la Iglesia, no sólo para los que, continuando el ministerio apostólico, tienen cargos de  dirección en la comunidad cristiana, sino también para todos los miembros de la  comunidad, llamados igualmente al servicio común.
  • Jesús es consciente de que el ideal que Él propone, va contra las tendencias más innatas del espíritu humano, que impulsan a dominar a los demás.
  • El poder plantea grandes y graves problemas, tanto a nivel personal como institucional. Porque el que tiene el poder tiende a pensar que lo ha recibido de Dios y que siempre lo ejerce  en su nombre, y esto lo puede llevar muchas veces a creerse ocupando el lugar de Dios, o, a un paso de creerse Dios. El  poder en sí es arma peligrosa y con muchos filos. El peligro mayor siempre es el mismo: convertir la autoridad en poder y dominio, y no en servicio.
  • El camino de conversión de los doce, y en particular, el que fue haciendo Santiago, es un llamado y esperanza para todos nosotros; que también podemos hacer realidad una Iglesia en la que no haya poderosos y esclavos, unos arriba y otros abajo; sino carismas puestos en comunión. Se hace necesario perder muchos miedos. Hay que volver al Evangelio sin prejuicios, ni medias tintas.
  • Santiago aprendió la lección con su propia vida. Se hizo servidor, dio su vida para dar vida. Y así siguió el camino del Maestro. Todos aquellos que hoy celebramos su fiesta, debemos pedirle que aprendamos a seguir su camino de fe, de servicio, de darse. Y no el camino de creernos mejores, de pretender imponer en vez de anunciar. El reino se construye al modo de Jesús: dando y no exigiendo.
  • El discípulo está llamado a tener la misma actitud que el Maestro: “Igual que el Hijo del Hombre que no ha venido a que lo sirvan, sino a servir y dar su vida en rescate de todos”. Pidamos que cada uno, en nuestra tarea, sepamos ejercer nuestra responsabilidad, no buscando el aplauso ni el privilegio, sino el servicio. Pidámoslo en cada eucaristía haciendo memorial de la última cena de Aquel que siendo el Maestro y Señor lavó los pies de los  discípulos, para darnos ejemplo y para que también nosotros lo hagamos así.
  • Los discípulos, y Santiago entre ellos, lo comprendieron con la mirada puesta en su Maestro y lo confirmaron al precio de su propia sangre.
  • «Santiago vivió poco tiempo, pues ya en un principio le movía un gran ardor: despreció todas las cosas humanas y ascendió a una cima tan inefable que murió inmediatamente». San Juan Crisóstomo.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Cómo puedo llegar a ser “grande”?
  • ¿Cómo vivo la actitud de servicio que pide Jesús?
  • ¿En qué momentos específicos noto que me siento más inclinado a mandar o a servir?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Enviado a ser servidor

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

«Jesús los llevó a solas a una montaña alta y se transfiguró ante ellos.» – Mc 9,2

 

…”Todos los que ven a Cristo no son iluminados del mismo modo sino según la medida de su capacidad de recibir la luz. Nuestros ojos corporales no  siempre están iluminados del mismo modo por el sol. Cuanto más alto uno sube, más puede contemplar su salida y mejor percibe su resplandor y su calor. Del mismo modo, nuestro espíritu cuanto más alto se eleva y sube hasta Cristo, más descubrirá el esplendor de su claridad, más intensamente será iluminado por su luz. El Señor mismo lo declara por boca del profeta: «Acercaos a mí y yo me acercaré a vosotros.» (Zac 1,3)…

De manera que no todos nosotros nos llegamos a Cristo de la misma manera, sino que cada uno lo hace según «sus capacidades». (Mt 25,15) O bien, nos vamos con las multitudes hacia él para que nos sacie con el pan de sus parábolas para no desfallecer por el camino (Mc 8,3), o bien, nos quedamos a sus pies, sin preocuparnos de nada más que de escuchar su palabra, sin dejarnos distraer por las múltiples necesidades del servicio. (Lc 10,38ss)… Sin duda alguna que los que se acercan así al Señor recibirán mucha más luz.

Pero, igual que los apóstoles, sin alejarnos nunca de él, «permanecemos» constantemente con él en las tribulaciones (Lc 22,28) Cristo nos explicará en secreto lo que había dicho a las multitudes y con más claridad todavía nos iluminará. (M13, 11ss). En fin, si él encuentra a alguien capaz de subir a la montaña con él, como Pedro, Santiago y Juan, éste ya no sólo será iluminado por la luz de Cristo sino también por la voz del Padre”…

 

Orígenes (185-253) presbítero y teólogo
Homilías sobre el Génesis 1,7; SC 7 Pág. 72-73

 

PARA REZAR

 

Padre nuestro: necesitamos tu Espíritu:

  • para comprender las necesidades de todos los hombres
  • para participar con generosidad en tus planes
  • para iniciar en esta vida la salvación de la vida eterna
  • para responder al Evangelio con la promoción de la fe
  • para superar el materialismo que impregna nuestras vidas
  • para sumarnos al esfuerzo actual de solidaridad
  • para comprometernos en promover la paz y la justicia
  • para llenar nuestro corazón de tu presencia
  • para renovar nuestra forma de orar y meditar.

R.A.J.