TIEMPO DTE EL AÑO – SEMANA VIII – CICLO B

TIEMPO DTE EL AÑO – CICLO B

SEMANA VIII

 

Lunes después de Pentecostés

María Madre de la Iglesia

 

Martes de la semana VIII

 

Miércoles de la semana VIII

 

Jueves de la semana VIII

 

Viernes de la semana VIII

 

Sábado de la semana VIII

 

TIEMPO DTE EL AÑO – CICLO B

SEMANA VIII

 

Lunes después de Pentecostés

María Madre de la Iglesia

 

Aquí tienes a tu hijo. Aquí tienes a tu madre.

 

Lectura de los Hechos de los apóstoles    1, 12-14

 

Después que Jesús subió al cielo, los Apóstoles regresaron entonces del monte de los Olivos a Jerusalén: la distancia entre ambos sitios es la que está permitida recorrer en día sábado. Cuando llegaron a la ciudad, subieron a la sala donde solían reunirse. Eran Pedro, Juan, Santiago, Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé, Mateo, Santiago, hijo de Alfeo, Simón el Zelote y Judas, hijo de Santiago. Todos ellos, íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Jdt 13, 18bcde. 19 (R.: 15, 9d)

 

R.    ¡Tú eres el insigne honor de nuestra raza!

 

Que el Dios Altísimo te bendiga, hija mía,

más que a todas las mujeres de la tierra;

y bendito sea el Señor Dios,

creador del cielo y de la tierra. R.

 

Nunca olvidarán los hombres

la confianza que has demostrado

y siempre recordarán el poder de Dios. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan    19, 25-27

 

Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena.

Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: «Mujer, aquí tienes a tu hijo.»

Luego dijo al discípulo: «Aquí tienes a tu madre.»

Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • María es, el primer y principal miembro de la Iglesia, nuestra hermana en la fe, y al mismo tiempo, nuestra Madre. Siendo Madre de Cristo, es Madre de su cuerpo que es la Iglesia. Siendo madre del que es la cabeza, lo es también de sus miembros los cuales estamos incorporados a Él por la gracia: «Como la maternidad divina es el fundamento de la especial relación de María con Cristo y de su presencia en el plan de salvación obrado por Jesucristo, así también constituye el fundamento principal de las relaciones de María con la Iglesia, por ser la Madre de Aquél que estuvo desde el primer instante de la encarnación en su seno virginal y unió así como Cabeza a su Cuerpo místico, que es la Iglesia. María, pues, por ser la Madre de Cristo, es también Madre de todos los fieles y los pastores, es decir, la Iglesia». (Pablo VI, CVII)
  • El Concilio Vaticano II, nos dice que María es Madre no sólo de la Cabeza, sino también de los miembros del Cuerpo místico de Cristo: «Porque cooperó con su caridad a que los fieles naciesen en su Iglesia» (LG 53). Cooperó en la encarnación y cooperó también en la cruz, en el momento en el que del Corazón traspasado de Cristo nacía la familia de los redimidos: «no sin designio divino, estuvo de pie, se condolió vehementemente con su Unigénito y se asoció maternalmente a su sacrificio, consintiendo amorosamente a la inmolación de la víctima que Ella había engendrado» (LG 58).
  • Sin negar su sufrimiento, la actitud de la Virgen María no fue la de una madre que se duele ante la muerte de su hijo; fue la actitud de una madre, que aún en medio del dolor, se asocia, se une positivamente al sacrificio, no sólo porque la víctima inmolada era su propio Hijo, sino porque el amor la lleva a volver a dar su sí como lo dio el día de la Encarnación.
  • María es nuestra Madre porque ha cooperado decisivamente para nuestro nacimiento a la gracia, pero sobre todo, porque en la medida en que el Espíritu Santo nos inserta en Cristo, hermanándonos con Él, María nos ama como miembros que somos de su Cuerpo. Ella no puede dejar de amar con amor maternal a los que están hermanados con su Hijo por la gracia.
  • Esta realidad nos permite tener los mismos sentimientos que Cristo tenía hacia su Padre del cielo y hacia su Madre terrena. La maternidad de María no viene a oscurecer en nada la paternidad de Dios, sino que, más bien, llega a confirmarla, en la medida en que suscita en nosotros una confianza filial, clave para ser engendrados por Dios. Ella, con su delicadeza y su providencia maternal, prepara el camino de la mejor manera posible. La maternidad de María es así para nosotros un puro regalo de Dios.
  • La vida de María aquí en la tierra fue una vida empapada de Dios, haciéndose: canto de glorificación en el magníficat, petición confiada en las bodas de Caná y espera perseverante con la Iglesia en el cenáculo. Desde entonces hasta nuestros días es en todo tiempo intercesora para todos los miembros del Cuerpo místico de Cristo: «No dejó en el cielo su oficio salvador, sino que continúa alcanzándonos, por su continua intercesión, los dones de salvación. María hace que la Iglesia se sienta familia (Documento de Puebla 285,287) y hace que el Evangelio se haga más carne entre nosotros (Documento de Puebla 303). Por su amor maternal cuida de los hermanos de su Hijo que peregrinan y se debaten entre peligros y angustias y luchan contra el pecado hasta que sean llevados a la patria feliz. Por eso la bienaventurada Virgen en la Iglesia es invocada con los títulos de abogada, auxiliadora, socorro, mediadora» (LG 62).
  • María en el cielo sigue siendo nuestra madre e intercede maternalmente por nosotros. La intercesión de María es una intervención maternal llena de delicadeza, de finura, de paciencia, de solicitud, de tacto de Madre, que con su intervención múltiple va implorando las gracias indispensables. Como Madre de Dios, su intercesión es poderosa; como Madre nuestra, su intercesión es segura. María, Madre de la Iglesia, ruega por nosotros.

***

  • La Iglesia es semejante en todo a María. Dio a luz a la cabeza de la Iglesia, y ésta  engendra constantemente hijos que forman el cuerpo místico de la cabeza. Engendra y da a luz sus hijos por medio de la predicación de la palabra y la administración de los sacramentos. La fuente bautismal es el fecundo seno materno del que constantemente brotan nuevos hijos. María concibe y da a luz en el Espíritu Santo; también la Iglesia concibe y da a luz en el  Espíritu Santo. María da a luz para una nueva creación, y la Iglesia da a luz a los nuevos  hombres.
  • Pero la relación entre María y la Iglesia va más allá del mero paralelo. Es una relación de  origen, pues los alumbramientos de la Iglesia están condicionados por el parto de María. Lo nacido de María vino al mundo como cabeza de una nueva humanidad. Su parto está  ordenado a los alumbramientos de la Iglesia, como la cabeza al cuerpo.
  • A la inversa, los partos de la Iglesia se reflejan en el de María, consuman en cierto sentido lo que comenzó por aquél. De esa manera, el parto de María y los de la Iglesia forman un todo único. María tiene en esto importancia fundamental.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Mi relación con la Virgen María se limita a simple piedad?
  • ¿Experimento su materna protección?
  • ¿Me confío a su intercesión?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Aquí tienes a tu hijo

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…”El título de «Madre de la Iglesia», aunque se ha atribuido tarde a María, expresa la relación materna de la Virgen con la Iglesia, tal como la ilustran ya algunos textos del Nuevo Testamento.

María, ya desde la Anunciación, está llamada a dar su consentimiento a la venida del reino mesiánico, que se cumplirá con la formación de la Iglesia.

María en Caná, al solicitar a su Hijo el ejercicio del poder mesiánico, da una contribución fundamental al arraigo de la fe en la primera comunidad de los discípulos y coopera a la instauración del reino de Dios, que tiene su «germen» e «inicio» en la Iglesia (cf. Lumen gentium, 5).

En el Calvario María, uniéndose al sacrificio de su Hijo, ofrece a la obra de la salvación su contribución materna, que asume la forma de un parto doloroso, el parto de la nueva humanidad.

Al dirigirse a María con las palabras «Mujer, ahí tienes a tu hijo», el Crucificado proclama su maternidad no sólo con respecto al apóstol Juan, sino también con respecto a todo discípulo. El mismo Evangelista, afirmando que Jesús debía morir «para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos» (Jn 11, 52), indica en el nacimiento de la Iglesia el fruto del sacrificio redentor, al que María está maternalmente asociada”…

 

De la Catequesis de San Juan Pablo II en la audiencia general de los miércoles

17 de septiembre de 1997

 

PARA REZAR

 

Oración a María Madre de la Iglesia

 

María, tus hijos llenos de gozo,

Te proclamamos por siempre bienaventurada

Tú aceptaste gozosa la invitación del Padre

para ser la Madre de su Hijo.

Con ello nos invitas a descubrir

la alegría del amor y la obediencia a Dios.

Tú que acompañaste hasta la cruz a tu Hijo,

danos fortaleza ante el dolor

y grandeza de corazón

para amar a quienes nos ofenden.

Tú al unirte a la oración de los discípulos,

esperando el Espíritu Santo,

te convertiste en modelo

de la Iglesia orante y misionera.

Desde tu asunción a los Cielos,

proteges los pasos de quienes peregrinan.

guíanos en la búsqueda

de la justicia, la paz y la fraternidad.

María gracias por tenerte como Madre.

Amén.

 

El 21 de noviembre de 1964, al terminar la tercera sesión del Concilio Vaticano II, el Papa Pablo VI declaró a María Santísima “Madre de la Iglesia, esto es, de todo el pueblo cristiano, que la llama Madre amorosa”.

A partir de entonces, muchas iglesias particulares y familias religiosas empezaron a venerar a la Santísima Virgen con este título.

 

Martes de la semana VIII

 

Muchos de los últimos serán los primeros

 

Lectura del libro del Eclesiástico 35, 1-12

 

Observar la Ley es como presentar muchas ofrendas

y ser fiel a los mandamientos

es ofrecer un sacrificio de comunión;

devolver un favor es hacer una oblación de harina

y hacer limosna es ofrecer un sacrifico de alabanza.

La manera de agradar al Señor es apartarse del mal,

y apartarse de la injusticia es un sacrificio de expiación.

No te presentes ante el Señor con las manos vacías,

porque todo esto lo prescriben los mandamientos.

Cuando la ofrenda del justo engrasa el altar,

su fragancia llega a la presencia del Altísimo.

El sacrificio del justo es aceptado

y su memorial no caerá en el olvido.

Glorifica al Señor con generosidad

y no mezquines las primicias de tus manos.

Da siempre con el rostro radiante y consagra el diezmo con alegría.

Da al Altísimo según lo que él te dio,

y con generosidad, conforme a tus recursos,

porque el Señor sabe retribuir

y te dará siete veces más.

No pretendas sobornarlo con un don, porque no lo aceptaría,

y no te apoyes en un sacrificio injusto.

Porque el Señor es juez

y no hace distinción de personas.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 49, 5-8. 14. 23

 

R. ¡El Señor es el único Juez!

 

Al que va por el buen camino,

Le haré gustar la salvación de Dios.

El Dios de los dioses, el Señor,

habla para convocar la Tierra

desde la salida del sol hasta el ocaso. R

 

«Reúnanme a mis amigos,

a los que sellaron mi alianza con un sacrificio.»

¡Que el cielo proclame su justicia,

porque el Señor es el único Juez! R.

 

«Escucha, pueblo mío, yo te hablo;

Israel, voy a alegar contra ti: yo soy el Señor, tu Dios.

No te acuso por tus sacrificios:

¡tus holocaustos están siempre en mi presencia!» R.

 

«Ofrece al Señor un sacrificio de alabanza

y cumple tus votos al Altísimo.

El que ofrece sacrificios de alabanza, me honra de verdad;

y al que va por el buen camino,

le haré gustar la salvación de Dios.» R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    10, 28-31

 

Pedro le dijo a Jesús: «Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»

Jesús respondió: «Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna.

Muchos de los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Jesús ha pedido al rico que quería heredar el reino que lo venda todo y lo siga. Sin animarse a dar ese paso se aleja triste. Pedro aprovecha la ocasión para recordar que ellos lo han dejado todo y lo han seguido. Pedro y los discípulos todavía tienen una idea política del mesianismo de Jesús. No han descubierto todavía lo que les ofrece Jesús y buscan puestos de honor, recompensas humanas, soluciones cuasi mágicas.
  • Jesús y su Espíritu los irán ayudando a madurar en su fe, hasta que después de la Pascua puedan entregarse gratuita y generosamente al servicio de Cristo Jesús y de la comunidad, hasta la entrega de sus propias vidas.
  • La respuesta de Jesús es misteriosa y alentadora: «Recibirá en este tiempo cien veces más y en el futuro, la vida eterna».
  • No se trata de matemática. La respuesta habla de una situación de absoluta novedad. Jesús armará en torno a sí una nueva comunidad unida por lazos más fuertes que los de la sangre. Dejamos un hermano para buscar cien.
  • Al céntuplo que se recibirá de todo Jesús agrega: “con persecuciones”. En ningún momento Jesús asegura el éxito, felicidad humana y aplausos de los hombres. La promesa de la vida eterna viene después. A la Pascua salvadora se llega por el vía crucis del Viernes Santo. El amor muchas veces supone sacrificio. Requiere esfuerzo y lucha; pero vale la pena. Habrá felicidad, pero será la de aquel que descubre que hay “más alegría en dar que en recibir”. La felicidad será del que se sacrifica por los demás.
  • La pobreza por el Evangelio no se queda en una simple renuncia a los bienes materiales, ni mucho menos en un asistencialismo consistente en darle a los bienes, un fin social. El modo viejo de vivir marcado por el egoísmo y la seguridad que da la acumulación de bienes, tiene que dar paso a la donación, que lleva compartir los bienes de la tierra en solidaridad y comunión.
  • Jesús termina remarcando que no se puede pertenecer a la nueva comunidad del Reino con criterios de protagonismo o superioridad basados en el poder y el prestigio que dan las riquezas.
  • En el reino todos tendrán que adoptar la actitud de Jesús, la de hacerse “último de todos y servidor de todos”. En el Reino no valen las posiciones que crean diferencias. Lo que caracteriza al reino es la gratuidad en la cual no hay precio, pero sí hay valor. ¿Acaso, pregunta una madre cuánto le van a pagar por su trabajo? ¿Pone un amigo precio a la sinceridad? ¿Pasó factura Jesús por su entrega en la cruz? Lo que verdaderamente tiene valor es lo que se gesta desde el amor hecho de justicia, compasión misericordia y servicio.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Qué sentido doy a mis renuncias?
  • ¿Tengo yo una actitud meramente negativa?
  • ¿Hago opciones o elecciones que sobrepasan todo precio humano?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Recibiremos cien veces más

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

Ya en este tiempo, cien veces más

 

«Sembrad en justicia, dice el Señor, y recogeréis la esperanza de la vida». No habla del último día cuando todo se nos dará realmente y ya no en esperanza; habla del presente. Cierto, nuestro gozo será grande, nuestra alegría infinita, cuando comenzará la verdadera vida. Pero ya la esperanza de un gozo tan grande no se puede dar sin gran gozo. «Que la esperanza os tenga alegres» dice el apóstol Pablo (Rm 12,12). Y David no dice que estará gozoso, sino que ya lo ha estado el día en que ha esperado poder entrar en la casa del Señor (Sl 121,1).
Todavía no poseía la vida, pero ya había cosechado la esperanza de la vida. Y al mismo tiempo experimentaba  la verdad de la Escritura que dice que no sólo la recompensa sino «la esperanza de los justos está llena de gozo» (Pr 10,28). Este gozo se produce en el alma de aquel que ha sembrado para la justicia, por la convicción que tiene de que sus pecados le son perdonados…

…Cualquiera de entre vosotros, después de los principios amargos de la conversión, tiene la felicidad de verse aliviado por la esperanza de los bienes que espera… ya desde ahora ha recogido el fruto de sus lágrimas. Ha visto a Dios y ha escuchado de él: «Dadle el fruto de sus obras» (Pr 31,31). ¿Cómo es posible que el que ha «gustado y visto cuán bueno es el Señor» (Sl 33,9) no haya visto a Dios? El Señor Jesús aparece dulce a aquel que recibe de él no sólo la remisión de sus faltas, sino también el don de la santidad y, más aún, la promesa de la vida eterna. Dichoso el que ha hecho ya tan buena cosecha… El profeta dice en verdad: «Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares» (Sl 125,5)… Ningún provecho ni honor terrestre no nos parecerá estar por encima de nuestra esperanza y de este gozo de esperar, desde ahora enraizado profundamente en nuestros corazones: «La esperanza no engaña, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Rm 5,5)…

 

San Bernardo. Sermón 37 sobre el Cántico de los Cánticos

PARA REZAR

 

Jesús:

La certeza de tu identidad te ha liberado

para servir a Dios de maneras que no puedo imaginar.

Me siento muy limitado por mis temores y mis ansiedades,

y sin embargo me atrae la libertad que veo en Ti,

la libertad para servir a Dios.

Jesús, ayúdame a descubrir

dónde es que Dios quiere que yo sirva.

Veo muchas cosas negativas e injustas

en el mundo, en mi país, en mi ciudad,

y hasta en mi familia. Pero tengo miedo.

¿Cómo puedo cambiar ciertas cosas?

¿Cómo puedo aprender a confrontar?

Y más importante aún, ¿qué es lo que Dios quiere que yo haga?

Mi querido amigo Jesús, cuando Te veo,

quedo enamorado de Tu fuerza y de

la libertad con que sirves a Dios.

Eso me atrae fuertemente.

Quiero aprender a servir a Dios sin la carga de mis temores.

Pareces estar muy consciente de Tu identidad

y de cómo Dios Te ha llamado a servir.

Quiero tener el valor suficiente para confrontar

las estructuras y las autoridades que veo actuando mal.

Pero, Jesús, tengo miedo.

La confrontación me trae recuerdos de viejos temores

que necesitan ser sanados, y necesito sentir Tu amor

y Tu libertad para servir con todo el corazón.

Nunca he sido una persona luchadora, sino alguien que rehuye a los conflictos.

Pero cuando estoy contigo esta semana,

veo que las constantes confrontaciones

con las autoridades parecen darte una paz más profunda

y mayor firmeza.

Siento que estás cada vez más consciente

de Quien eres y de la misión que Dios Te ha encomendado.

Jesús, eso es lo que quiero. Quiero poder levantar la cabeza

y, como Tú, poder mirar la gente a los ojos cuando las desafío.

Quiero tener el valor de hablar por quienes necesitan ayuda.

Quiero tener el valor de estar contigo a todo momento,

trabajar como Tú, por la justicia y para llevar la buena nueva a los pobres.

Gracias por compartir Tu vida conmigo.

Siento que se van estrechando los lazos que me unen a Ti

a medida que Te voy conociendo cada día más.

Gracias por invitarme a acompañarte en esta travesía.

Dame el valor que necesito para caminar como Tú.

Miércoles de la semana VIII

 

Subimos a Jerusalén. Allí el Hijo del Hombre será entregado

 

Lectura del libro del Eclesiástico 36, 1. 4. 5. 10-17

 

Ten piedad de nosotros,

Dueño soberano, Dios de todas las cosas, y mira.

Infunde tu temor a todas las naciones.

Que ellas te reconozcan, como hemos reconocido nosotros

que no hay otro Dios fuera de ti, Señor.

Renueva los signos y repite las maravillas,

glorifica tu mano y tu brazo derecho.

Congrega a todas las tribus de Jacob,

y entrégales su herencia, como al comienzo.

Ten piedad, Señor, del pueblo que es llamado con tu Nombre,

de Israel, a quien trataste como a un primogénito.

Ten compasión de tu Ciudad santa,

de Jerusalén, el lugar de tu reposo.

Llena a Sión de alabanzas por tu triunfo,

y a tu pueblo, cólmalo de tu gloria.

Da testimonio a favor de los que tú creaste en el principio,

y cumple las profecías anunciadas en tu Nombre.

Dales la recompensa a los que te aguardan,

y que se compruebe la veracidad de tus profetas.

Escucha, Señor, la oración de los que te suplican,

conforme a la bendición de Aarón sobre tu pueblo,

para que todos los que viven en la tierra

reconozcan que tú eres el Señor, el Dios eterno.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 78, 8. 9. 11 y 13

 

R. ¡Apiádate de tu pueblo, Señor!

 

No recuerdes para nuestro mal

las culpas de otros tiempos;

compadécete pronto de nosotros,

porque estamos totalmente abatidos. R.

 

Ayúdanos, Dios salvador nuestro,

por el honor de tu Nombre;

líbranos y perdona nuestros pecados,

a causa de tu Nombre. R.

Llegue hasta tu presencia

el lamento de los cautivos,

preserva con tu brazo poderoso

a los que están condenados a muerte. R.

 

Y nosotros, que somos tu pueblo y las ovejas de tu rebaño,

te daremos gracias para siempre,

y cantaremos tus alabanzas

por todas las generaciones. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    10, 32-45

 

Mientras iban de camino para subir a Jerusalén, Jesús se adelantaba a sus discípulos; ellos estaban asombrados y los que lo seguían tenían miedo. Entonces reunió nuevamente a los Doce y comenzó a decirles lo que le iba a suceder:

«Ahora subimos a Jerusalén; allí el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas. Lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos: ellos se burlarán de él, lo escupirán, lo azotarán y lo matarán. Y tres días después, resucitará.»

Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: «Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir.»

El les respondió: «¿Qué quieren que haga por ustedes?»

Ellos le dijeron: «Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria.»

Jesús le dijo: «No saben lo que piden. ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé y recibir el bautismo que yo recibiré?»

«Podemos», le respondieron.

Entonces Jesús agregó: «Ustedes beberán el cáliz que yo beberé y recibirán el mismo bautismo que yo. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes han sido destinados.»

Los otros diez, que habían oído a Santiago y a Juan, se indignaron contra ellos. Jesús los llamó y les dijo: «Ustedes saben que aquellos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos. Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud.»

   

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • El texto de hoy incluye una hermosa oración por el pueblo y por toda la humanidad.
  • Reza por Israel, por el pueblo elegido, para que Dios le conceda la reunificación y lleguen a su cumplimiento las promesas de salvación mesiánica.
  • En esta oración se respira un aire misionero: que todos los pueblos de la tierra reconozcan al Dios verdadero, «para que sepan, como nosotros lo sabemos, que no hay Dios fuera de ti… reconozcan los confines del orbe que tú eres Dios eterno».
  • Esta oración a nosotros se nos presenta desde el acontecimiento ya cumplido de Cristo. En la oración universal de la misa hacemos nuestra esta oración, para que Dios cumpla en plenitud sus promesas y para que todos los pueblos de la tierra conozcan a Cristo.
  • Ejercemos nuestro sacerdocio bautismal, mediadores entre Dios y la humanidad entera, confiados en el corazón del Padre Dios y en la mediación de Cristo, le pedimos que conceda a este nuestro mundo la paz, la unidad, la libertad, la sabiduría para discernir entre los valores verdaderos y los falsos; y todos encuentren sentido a su vida.

***

  • Camino de Jerusalén, ya cerca de la ciudad, Jesús «va delante» consciente de su destino. Su muerte no es un accidente fortuito en su vida. El sube voluntariamente a Jerusalén, el lugar del cumplimiento de las promesas mesiánicas. En Jerusalén se manifestará plenamente el poder de Dios en la
    absoluta debilidad. El final es la resurrección y en ese camino anuncia por tercera vez su pasión. Al anuncio de la pasión sucederá la incomprensión, para dar paso a la enseñanza.
  • Con este trasfondo, la petición de “Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo” pretende tergiversar el contenido del mensaje del Reino. Quieren sentarse a la derecha y a la izquierda, buscan lugares de poder. Jesús plantea la entrega de la propia vida, y ellos pretenden el poder de los primeros puestos. La petición viene muy bien presentada bajo forma de fidelidad, de adhesión y amistad, sentimientos que seguramente tendrían estos dos apóstoles, pero mezclados con su ambición personal, sus deseos de honores y poder. Esta es la postura de la mayoría de los apóstoles que comparten todavía los sueños mesiánicos de su pueblo y por eso buscan los primeros sitios, ascender. Jesús es el triunfador victorioso que arreglará todas las cosas por su poder, con un “soplo de sus labios”.
  • Jesús tratará de hacerles comprender que el camino para alcanzar la gloria es el suyo. Para estos usará los símbolos el cáliz como imagen de la renuncia y el sacrificio y el bautismo como imagen de la purificación por la muerte y el comienzo a una nueva existencia.
  • Los “hijos del trueno” pidieron un trono de poder y Jesús les ofrece llevar adelante la causa del reino hasta la entrega de la propia vida.
  • Los otros diez se llenan de indignación, no porque creyeran que la petición hubiera sido inconveniente, sino porque esos dos se les habían adelantado. Jesús aprovecha para anunciarles la verdad evangélica de la autoridad y el servicio. Jesús con su respuesta pone una vez más la entrega de la propia vida como base de todo seguimiento Se pone a sí mismo como el modelo porque «El Hijo del Hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por todos».
  • Para Jesús, el camino de la cruz no es ante todo “sufrir” sino “servir”. Y es la regla de la nueva comunidad de los discípulos. El mismo Jesús con su vida, y en el acto supremo de entregarla libremente a la muerte, introduce esta novedad de la autoridad como servicio. Servicio que es expresión de la libertad que da el auténtico amor. Es libre quien sirve a Dios y a los hermanos, como Cristo, por amor.
  • Los cristianos no podemos entender la autoridad como la de “los jefes de los pueblos”, porque esos, según la dura descripción de Jesús «los tiranizan y los oprimen».
  • Si examinamos el ejercicio del poder, descubrimos que tendemos a dominar y no a servir, que en el pequeño o gran espacio en el que ejercemos nuestra autoridad nos comportamos como los que tiranizan y oprimen.
  • Los discípulos tenemos que entender toda autoridad como servicio y entrega por los demás: «el que quiera ser primero, sea esclavo de todos», exige muchas veces renuncia, esfuerzo, sacrificio. Como tiene que sacrificarse, el deportista para ganar, el labrador para cosechar, el estudiante para aprobar, los padres para sacar la familia adelante.
  • Si bien el mundo de hoy nos invita a huir del dolor y el sufrimiento, los que queremos seguir al Señor necesitamos aceptar su evangelio con la cruz y la «subida» a Jerusalén, y no sólo en sus aspectos más accesibles.
  • La propuesta de la cruz no se basa en la cruz misma asumida con una actitud masoquista, sino en la construcción de un mundo nuevo, que inevitablemente supone la cruz del trabajo, de la lucha, de la incomprensión y de la persecución. Buscar los últimos lugares para ser servidor de todos, sólo tiene sentido desde la perspectiva y el ejemplo de Jesús que dando su vida, abrió paso a una nueva realidad de vida entre los hombres.

     

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Aceptamos el evangelio de Jesús con todo incluido?
  • ¿Seguimos el ejemplo de Jesús que dio su vida?
  • ¿Cómo entendemos la autoridad?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

El Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…”El hombre fue creado para servir a su Creador. ¿Hay algo más justo, en efecto, que servir al que os ha puesto en el mundo, sin quien no podéis existir? ¿Y hay algo más dichoso que servirle, puesto que servirle es reinar? Pero el hombre dijo a su Creador: «Yo no te serviré» (Jr 2,20). «Pues yo, dice el Creador al hombre, sí te serviré. Siéntate, te serviré, te lavaré los pies»…

     Sí, oh Cristo «servidor bueno y fiel» (Mt 25,21), verdaderamente tú has servido, has servido con toda la fe y con toda la verdad, con toda la paciencia y toda la constancia. Sin tibieza, te has lanzado como un gigante a correr por el camino de la obediencia (Sl 18,6); sin fingir, nos has dado además, después de tantas fatigas, tu propia vida; sin murmurar, flagelado e inocente, no has abierto la boca (Is 53,9). Está escrito y es verdad: «El servidor que conoce la voluntad de su amo y no la cumple recibirá cantidad de azotes» (Lc 12,47). Pero este servidor nuestro, os pregunto ¿cuáles son los actos que no ha llevado a cabo? ¿Qué es lo que ha omitido de lo que debía hacer? «Todo lo ha hecho bien» gritaban los que observaban su conducta; «ha hecho oír a los sordos y hablar a los mudos» (Mc 7,37). Ha llevado a cabo toda clase de acciones dignas de recompensa, entonces ¿por qué ha sufrido tanta indignidad? Presentó su espalda a los latigazos, recibió una sorprendente cantidad de atroces golpes, su sangre chorreó por todas partes. Fue interrogado en medio de oprobios y tormentos, como si fuera un esclavo o un malhechor a quien se interroga para hacerle decir la verdad sobre un crimen. ¡Oh detestable orgullo del hombre que desdeña servir, y que no podía ser humillado por ningún otro ejemplo que el de un tal servidor de su Dios!…

     Sí, mi Señor, has pasado muchas penas para servirme; sería justo y equitativo que de ahora en adelante  puedas descansar, y que tu servidor, a su vez, se ponga a servirte; su momento ha llegado… Has vencido, Señor, a este tu servidor rebelde; extiendo mis manos para recibir tus ataduras, inclino mi cabeza para recibir tu yugo. Permíteme servirte. Aunque soy un servidor inútil si tu gracia no me acompaña y no trabaja siempre a mi lado (Sab 9,10), recíbeme como tu servidor para siempre”…

 

Beato Guerrico de Igny (1080-1157), abad cisterciense – Primer sermón para el domingo de Ramos

 

PARA REZAR

 

Ven a nuestras comunidades,
Espíritu de Jesús!
Enséñanos a vivir unidos,
ayúdanos a zanjar diferencias,
revélanos el mejor camino
para ser fieles al Padre.
Descubre nuestros errores,
nuestras falencias,
nuestros orgullos y pecados,
conviértenos.
Haz que vivamos para servir,
sin ansías de poder,
sin “transas” con el poder.
Enséñanos a andar junto al pueblo,
arrimando nuestra levadura,
que es tu vida,
tus opciones, tus preferencias.
Enséñanos a aprender de otros
que dan su vida
para que las cosas cambien
y haya más justicia en este mundo.

Espíritu de Jesús,
Espíritu Santo de Dios,
fuerza de vida nueva,
aliéntanos,
danos esperanza,
construye
un corazón nuevo en cada uno
para que hagamos juntos
la gran fraternidad
soñada, vivida, ofrecida
por la entrega de Jesús
y confirmada por el Padre
en la Resurrección.

Ven a nosotros,
para que aprendamos
a ser comunidad,
para que cambiemos de vida,
para que sigamos a Jesús,
¡Ven, Espíritu, Ven!

Amén

 

Jueves de la semana VIII

 

Ahora hemos obtenido misericordia

 

 

Lectura del libro del Eclesiástico 42, 15-25

 

Ahora voy a recordar las obras del Señor,

lo que yo he visto, lo voy a relatar:

por las palabras del Señor existen sus obras.

El sol resplandeciente contempla todas las cosas,

y la obra del Señor está llena de su gloria.

No ha sido posible a los santos del Señor

relatar todas sus maravillas,

las que el Señor todopoderoso estableció sólidamente

para que el universo quedara afirmado en su gloria.

Él sondea el abismo y el corazón,

y penetra en sus secretos designios,

porque el Altísimo posee todo el conocimiento

y observa los signos de los tiempos.

Él anuncia el pasado y el futuro,

y revela las huellas de las cosas ocultas:

ningún pensamiento se le escapa,

ninguna palabra se le oculta.

El dispuso ordenadamente las grandes obras de su sabiduría,

porque existe desde siempre y para siempre;

nada ha sido añadido, nada ha sido quitado,

y él no tuvo necesidad de ningún consejero.

¡Qué deseables son todas sus obras!

Y lo que vemos es apenas una chispa!

Todo tiene vida y permanece para siempre,

y todo obedece a un fin determinado.

Todas las cosas van en pareja, una frente a otra,

y él no ha hecho nada incompleto:

una cosa asegura el bien de la otra.

¿Quién se saciará de ver su gloria?

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 32, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9 (R.: 6a)

 

R. La palabra del Señor hizo el cielo.

 

Alaben al Señor con la cítara,

toquen en su honor el arpa de diez cuerdas;

entonen para él un canto nuevo,

toquen con arte, profiriendo aclamaciones. R.

 

Porque la palabra del Señor es recta

y él obra siempre con lealtad;

él ama la justicia y el derecho,

y la tierra está llena de su amor. R.

 

La palabra del Señor hizo el cielo,

y el aliento de su boca, los ejércitos celestiales;

él encierra en un cántaro las aguas del mar

y pone en un depósito las olas del océano. R.

 

Que toda la tierra tema al Señor,

y tiemblen ante él los habitantes del mundo;

porque él lo dijo, y el mundo existió,

él dio una orden, y todo subsiste. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    10, 46-52

 

Cuando Jesús salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, el hijo de Timeo Bartimeo, un mendigo ciego- estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que pasaba Jesús, el Nazareno, se puso a gritar: « ¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!» Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: « ¡Hijo de David, ten piedad de mí!»

Jesús se detuvo y dijo: «Llámenlo.» Entonces llamaron al ciego y le dijeron: « ¡Animo, levántate! El te llama.» Y el ciego, arrojando su manto, se puso de pie de un salto y fue hacia él.

Jesús le preguntó: « ¿Qué quieres que haga por ti?»

El le respondió: «Maestro, que yo pueda ver.»

Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado.» En seguida comenzó a ver y lo siguió por el camino.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Esta página es como un eco a los primeros capítulos del Génesis. Todo lo ha hecho Dios y lo ha hecho bien. Una excede a otra en belleza: ¿quién se saciará de contemplar su hermosura?
  • Pero otro aspecto despierta la admiración del sabio, el que se refiere al hombre: «Dios sondea el corazón, penetra todas sus tramas… no se le oculta ningún pensamiento». Dios es el verdadero Sabio.
  • El cántico de las criaturas que nos enseñó san Francisco de Asís podría ayudarnos a ordenar nuestros sentimientos ante Dios y su obra creadora: «Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas…».
  • Dios conoce hasta lo más profundo de nuestro corazón. A la vez que estamos como envueltos en la sabiduría creadora de Dios en la naturaleza, también por dentro lo sentimos presente.
  • Somos invitados a convertirnos en personas con más esperanza, porque nos sabemos conocidos y guiados por Dios, envueltos en su amor.

***

  • Ayer estábamos “en el camino” de Jerusalén. Hoy estamos a algunos kilómetros cerca: en Jericó. Desde allí hay todavía 20 kms. de marcha cuesta arriba. El camino de Jericó a Jerusalén es una larga “subida” por un camino muy brusco. Jericó está situada a 200 metros bajo el nivel del mar y Jerusalén está a 800 metros sobre el nivel del mar.
  • Un mendigo ciego, hijo de Timeo estaba sentado junto al camino sin más porvenir que seguir prisionero para siempre de sus tinieblas. Es un pobre, no puede trabajar, inmóvil, dependiente de los que le rodeaban. Pasa los días sentado al borde del camino, tendiendo la mano a los que pasan.
  • Ese día oyendo que pasaba Jesús de Nazaret, una esperanza desconocida lo levanta de su miseria: se pone a gritar sencillamente y sin pretensión. Usa el título más popular para hablar del Mesías: “Hijo de David”. El Mesías era esperado por el pueblo como el que debía restablecer la realeza en Israel”. Como Jesús “sube a Jerusalén”, los que están a su alrededor piensan que va allí para comenzar a reinar con poder. Es lo que la muchedumbre dirá el día de Ramos: “¡Hosana! bendito sea el reino que llega, el reino de nuestro padre, David”.
  • La gente primero reacciona perdiendo la paciencia con el pobre que grita. Bartimeo sólo pide un poco de compasión, pide poder ver, en contraste con los discípulos que en el pasaje anterior se disputan el primer lugar. Los que acompañan a Jesús lo quieren callar creyendo que Jesús se debe ocupar sólo de las cosas de Dios, olvidando que es precisamente en los pobres como Bartimeo donde se manifiesta el amor de Dios.
  • Jesús lo atiende y manda que se lo traigan. La multitud “levanta” al enfermo y lo conduce a la presencia de Aquel, en quien se cumple el oráculo de Isaías. El ciego suelta su manto, que era, sin duda, todo lo que poseía; rompe con su pasado y da un salto hacia la luz.
  • El ciego es imagen del verdadero discípulo que se despoja del manto que hasta entonces lo cegaba; deja hacer a Jesús y, desde ese momento, puede seguirlo ya por el camino que conduce a Jerusalén. La ceguera de este hombre es en el evangelio de Marcos el símbolo de una ceguera espiritual e intelectual más grave. Este episodio se sitúa en medio de escenas en que aparece la incredulidad de los judíos y la torpeza de los apóstoles.
  • La curación se convierte en signo para que los discípulos comprendan que es necesario tener una nueva mirada a fin de comprender lo que significa entregar la propia vida por los demás.
  • Todo el Evangelio nos hace saber que este camino de los ciegos y los cojos es el camino que lleva a Jerusalén: es la subida con el Hijo de Dios, es el paso por la cruz y entregada en manos del Padre. Y para cada uno de nosotros este camino toma una dirección más propia y precisa.
  • La historia de Bartimeo es nuestra propia historia, pues también nosotros estamos ciegos para muchas cosas, y Jesús está pasando junto a nuestra vida. Todos somos ciegos de nacimiento, pero no todos somos tinieblas. Cuando queremos ver y reconocemos la ceguera ya comenzamos a ver algo.
  • A menudo tenemos deformaciones de nuestro modo de ver las cosas y los demás. Tenemos una imagen falseada, y superficial. Y esta deformación nos lleva a ser injustos, duros, cerrados, a juzgar por las apariencias, a confundir nuestro punto de vista con la verdad, nuestros intereses con el Bien y nuestro mundo con el mundo. La verdadera imagen del hombre y del mundo se nos han revelado a través de Jesús de Nazaret, la luz que ha venido a este mundo. Su luz nos da esta mirada nueva que nos muestran al hombre, al mundo y a Dios en su verdad más plena.
  • El paso de Jesús por nuestra vida se hace luz que nos cura de la ceguera, nos libera de todas las visiones deformadas. Es la Luz verdadera que ilumina a todo hombre que sea capaz de aceptarla. La luz de Jesús es empezar un camino y un estilo de vida nuevos. Vivir en la luz significa: vivir y luchar por la bondad, por la justicia, por la verdad, que son los frutos de la luz. Vivir en nuestras vidas todos estos valores nuevos que nuestros ojos alcanzan y sacarnos de encima las obras estériles de las tinieblas. Esa es la tarea de fe, de conversión, y de renovación que estamos llamados a vivir.
  • Si de verdad nos dejamos iluminar por la luz de Jesús, si caminamos en su luz, seremos sus discípulos. Esta es nuestra grandeza y nuestra responsabilidad. Estamos llamados -siguiendo el ejemplo de Jesús a reflejar en el mundo su luz. Jesús quiere que vivamos sin miedo, siendo testigos de la luz frente a toda la oscuridad que hay en nosotros mismos y a nuestro alrededor.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Desde qué luz percibimos la realidad?
  • ¿Nos dejamos iluminar por la luz de Jesús?
  • ¿Aceptamos la luz de Jesús para empezar un camino y un estilo de vida distintos?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Sigamos haciendo el bien

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…”Como nuestra vida «natural», también nuestro nacimiento a la Vida de Dios yace en una profundidad oscura; en el misterio del bautismo, de la gracia. En el seno de Dios. Y sentimos que este vivir adquiere relieve en la conciencia sólo de vez en cuando. Anotamos su llamada, su aviso y sus leyes. Tenemos el presentimiento de sus posibilidades eternas. Y debemos creer que este existir es real, más real aún que lo natural, lo terreno.

En nuestra persona debemos ver también la Vida de Dios y, como educadores, tener una viva solicitud por ella. La primera cuestión en la que el educador ayuda, en efecto, al educando es en la de adquirir la firme convicción de tener un destino y una posibilidad de afirmación. Así ocurre también respecto a la existencia divina en nosotros. Esa existencia está engendrada por Dios dentro de nuestra vida, y nosotros creemos que este Dios la ayudará y la conducirá a la plena libertad. Creemos que Dios nos hará encontrar las cosas que ayudan a la vida divina en nosotros; creemos que Dios alejará aquello que la perjudica y nos protegerá de la tentación. A todo ello está ligada también la firme convicción, procedente de la fe, de que el mundo no es para nada un autómata rígidamente programado, sino que está en las manos de Dios; de que el misterio de la acción del Dios vivo penetra el mundo en todo instante.

Es justo que todo esto haya sido colocado como último sello en nuestra común reflexión. Toda educación natural posee un sentido positivo. Ahora bien, lo que es único y original es el hecho de que tenga lugar en nosotros un nacimiento, un nacimiento engendrado por Dios: hay en nosotros una realidad a la que debemos prestar atención, en la que creemos y por la que debemos orar a Dios para que la guíe hasta su realización cabal. El Padrenuestro es la magna oración con la que mendigamos la Vida de Dios”…

 

R. Guardini, Persona y Iibertad.

 

PARA REZAR

 

El ciego Bartimeo
sabía que ahí estabas…

¡Pero no podía verte!
y te imploraba, y gritaba…

… hasta que Tú, al fin, lo sanaste,
y vio la luz y el amor,
y la vida… y el color…

… y te alababa… y te amaba… y saltaba… y cantaba…

Yo, Señor, también sé que estás aquí,
muy cerquita de mí
en la viña de mi vida…

… ¡pero mis ojos no te palpan!
Y este vivir estando muerto,
ni las perlas de mis lágrimas arranca.

¡Abre mis ojos, Señor!
Yo quiero verte,
yo quiero ser tu fuente sonriente…

¡Toca, Jesús, mi vida!
Yo quiero sentirte,
ser cogollo de tu dicha…
Yo quiero servirte…

¡Poda en mi viña las parras!
Que sólo den ramas dulces,
¡No más uvas amargas!

Yo quiero alabarte,
yo quiero amarte.

 

 

Viernes de la semana VIII

 

Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones

 

Lectura del libro del Eclesiástico 44, 1. 9-13

 

Elogiemos a los hombres ilustres,

a los antepasados de nuestra raza.

Pero hay otros que cayeron en el olvido

y desaparecieron como si no hubieran existido;

pasaron como si no hubieran nacido,

igual que sus hijos después de ellos.

No sucede así con aquellos, los hombres de bien,

cuyas obras de justicia no han sido olvidadas.

Con su descendencia se perpetúa

la rica herencia que procede de ellos.

Su descendencia fue fiel a las alianzas

y también sus nietos, gracias a ellos.

Su descendencia permanecerá para siempre,

y su gloria no se extinguirá.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 149, 1-2. 3-4. 5-6a y 9b (R.: 4a)

 

R. ¡El Señor ama a su pueblo!.

 

Canten al Señor un canto nuevo,

resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;

que Israel se alegre por su Creador

y los hijos de Sión se regocijen por su Rey. R.

 

Celebran su Nombre con danzas,

cántenle con el tambor y la cítara,

porque el Señor tiene predilección por su pueblo

y corona con el triunfo a los humildes. R.

 

Que los fieles se alegren por su gloria

y canten jubilosos en sus fiestas.

Glorifiquen a Dios con sus gargantas

esta es la victoria de todos sus fieles. R.

 

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    11,11-25

 

Jesús llegó a Jerusalén y fue al Templo; y después de observarlo todo, como ya era tarde, salió con los Doce hacia Betania.

Al día siguiente, cuando salieron de Betania, Jesús sintió hambre.

Al divisar de lejos una higuera cubierta de hojas, se acercó para ver si encontraba algún fruto, pero no había más que hojas; porque no era la época de los higos. Dirigiéndose a la higuera, le dijo: “Que nadie más coma de tus frutos”. Y sus discípulos lo oyeron.

Cuando llegaron a Jerusalén, Jesús entró en el Templo y comenzó a echar a los que vendían y compraban en él. Derribó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas, y prohibió que transportaran cargas por el Templo. Y les enseñaba: “¿Acaso no está escrito: Mi Casa será llamada Casa de oración para todas las naciones? Pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones”.

Cuando se enteraron los sumos sacerdotes y los escribas, buscaban la forma de matarlo, porque le tenían miedo, ya que todo el pueblo estaba maravillado de su enseñanza. Al caer la tarde, Jesús y sus discípulos salieron de la ciudad.

A la mañana siguiente, al pasar otra vez, vieron que la higuera se había secado de raíz. Pedro, acordándose, dijo a Jesús: “Maestro, la higuera que has maldecido se ha secado”.

Jesús le respondió: “Tengan fe en Dios.

Porque yo les aseguro que si alguien dice a esta montaña: ‘Retírate de ahí y arrójate al mar’, sin vacilar en su interior, sino creyendo que sucederá lo que dice, lo conseguirá. Por eso les digo: Cuando pidan algo en la oración, crean que ya lo tienen y lo conseguirán. Y cuando ustedes se pongan de pie para orar, si tienen algo en contra de alguien, perdónenlo, y el Padre que está en el cielo les perdonará también sus faltas”.

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Jesús ya llega a Jerusalén. Saltándonos la escena de la entrada solemne -que leemos el Domingo de Ramos- escuchamos hoy la acción simbólica en torno a la higuera estéril y la otra acción, no menos simbólica y valiente, de Jesús arrojando a los mercaderes del Templo.
  • La higuera no tenía frutos. No era tiempo de higos. Jesús se queja de esa esterilidad. Su lamento nos recuerda el poema de la viña estéril de Isaías 5. Jesús pronuncia unas palabras duras contra la higuera: «nunca jamás coma nadie de ti». En efecto, al día siguiente, la higuera se había secado. Si Jesús hizo este gesto es porque apuntaba a otra clase de esterilidad: es el pueblo de Israel, sobre todo sus dirigentes, el árbol que no da los frutos que Dios pedía. Israel es la higuera seca.
  • En medio del episodio de la higuera, entre su inicio y su conclusión al día siguiente, Marcos coloca la escena del Templo y el gesto de Jesús. También aquí no había motivo evidente para la ira de Jesús: los mercaderes que vendían animales para el sacrificio o cambiaban monedas, estaban en el atrio, contaban con todos los permisos de los responsables y no parecían estorbar el culto.
  • Lo que hace Jesús es, un gesto simbólico, no tanto contra los mercaderes, sino contra los responsables del Templo: lo que denuncia es la hipocresía del culto, hecho de cosas exteriores pero sin obras coherentes en la vida. El culto tiene que ir acompañado de la fidelidad a la Alianza.
  • Jesús quiere que el Templo sea «casa de oración para todos los pueblos», lugar de oración auténtica.
  • El evangelio de hoy termina, no sólo invitando a la oración llena de fe, sino también a la caridad fraterna, sobre todo el perdón de las ofensas.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿A qué me invitan las palabras que la liturgia me regala este día?
  • ¿Qué actitudes me siento llamado a convertir como discípulo?
  • ¿Integro el sufrimiento y la persecución al seguimiento del Señor?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Cuando se pongan a orar, perdonen lo que tengan contra otros

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

«La Escritura dice: Mi casa se llama casa de oración para todos los pueblos. Vosotros, en cambio, la habéis convertido en cueva de bandidos»

   
 

El Señor entró en el Templo y se puso a echar fuera a todos los que compraban y vendían, diciendo: «Mi casa se llama casa de oración. Vosotros, en cambio, la habéis convertido en cueva de bandidos». ¿Cuál es ese templo convertido en cueva de bandidos? Es el alma y el cuerpo del hombre, que son más realmente el templo de Dios que todos los templos edificados (1C 3,1;
6,19).

Cuando Nuestro Señor quiere llegarse a este último templo, lo encuentra cambiado en un escondite de bandidos y en un bazar de comerciantes. ¿Qué es un comerciante? Son los que dan lo que tienen – a su libre arbitrio- a cambio de lo que no tienen –las cosas de este mundo. ¡El mundo entero está lleno de esa clase de comerciantes! Los encontramos entre los presbíteros y los laicos, entre los religiosos, los monjes y las monjas… Tanta gente llena de su propia voluntad…; tanta gente que buscan en todo su propio interés. Si, por el contrario, tan sólo quisieran comerciar con Dios dándole su propia voluntad, ¡qué comercio tan dichoso no harían!

El hombre debe querer, debe perseguir, debe buscar a Dios en todo lo que hace; y cuando ha hecho todo eso –beber, dormir, comer, hablar, escuchar- que deje completamente las imágenes de las cosas y obre de manera que su templo quede totalmente vacío. Una vez el templo esté vacío, una vez que habrás echado fuera toda la tropa de vendedores, las imaginaciones que le estorban, entonces podrás ser una casa de Dios (Ef 2,19). Y así encontrarás la paz y el gozo de tu corazón, y ya nada te atormentará, nada de lo que ahora te inquieta, de deprime y te hace sufrir.

 

Juan Tablero (hacia 1300-1361), dominico – Sermón 46

 

PARA REZAR

 

Vivir como semilla

 

Ser como un grano de trigo,

pequeña semilla,

que guarda en su interior

la posibilidad de ser pan,

para ofrecerse, sencillo, cotidiano,

a todo el que lo necesite.

Tú nos llamas a ser semilla, Señor.

Y la semilla,

que está llena de vitalidad y potencial,

debe morir a ser semilla

para convertirse en planta y crecer.

Tu vida nos muestra

que es posible morir para vivir.

Entregar todo para ser para los demás…

Pura ofrenda y donación.

 

Marcelo Murúa

 

Sábado de la semana VIII

 

¿Con qué autoridad haces esto?

 

Lectura del libro del Eclesiástico 51, 12-20a

 

¡Señor, te daré gracias y te alabaré!

Bendeciré el nombre del Señor.

En mi juventud, antes de andar por el mundo,

busqué abiertamente la sabiduría en la oración;

a la entrada del Templo, pedí obtenerla

y la seguiré buscando hasta el fin.

Cuando floreció como un racimo que madura,

mi corazón puso en ella su alegría;

mi pie avanzó por el camino recto

y desde mi juventud seguí sus huellas.

Apenas le presté un poco de atención, la recibí

y adquirí una gran enseñanza.

Yo he progresado gracias a ella:

al que me dio la sabiduría, le daré la gloria.

Porque resolví ponerla en práctica,

tuve celo por el bien y no me avergonzaré de ello.

Mi alma luchó para alcanzarla,

fui minucioso en la práctica de la Ley,

extendí mis manos hacia el cielo

y deploré lo que ignoraba de ella.

Hacia ella dirigí mi alma

y, conservándome puro, la encontré.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO Sal 18, 8. 9. 10. 11 (R.: 9a)

 

R. ¡Tus preceptos alegran el corazón, Señor!

 

La ley del Señor es perfecta,

reconforta el alma;

el testimonio del Señor es verdadero,

da sabiduría al simple. R.

 

Los preceptos del Señor son rectos,

alegran el corazón;

los mandamientos del Señor son claros,

iluminan los ojos. R.

 

La palabra del Señor es pura,

permanece para siempre;

los juicios del Señor son la verdad,

enteramente justos. R.

 

Son más atrayentes que el oro,

que el oro más fino;

más dulces que la miel,

más que el jugo del panal. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos     11,27-33.

 

Y llegaron de nuevo a Jerusalén. Mientras Jesús caminaba por el Templo, los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos se acercaron a él y le dijeron: “¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿O quién te dio autoridad para hacerlo?”.

Jesús les respondió: “Yo también quiero hacerles una sola pregunta. Si me responden, les diré con qué autoridad hago estas cosas. Díganme: el bautismo de Juan, ¿venía del cielo o de los hombres?”.

Ellos se hacían este razonamiento: “Si contestamos: ‘Del cielo’, él nos dirá: ‘¿Por qué no creyeron en él?’. ¿Diremos entonces: “De los hombres’?”. Pero como temían al pueblo, porque todos consideraban que Juan había sido realmente un profeta, respondieron a Jesús: “No sabemos”. Y él les respondió: “Yo tampoco les diré con qué autoridad hago estas cosas”.

 

Palabra del Señor

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Termina nuestra lectura del Sirácida con un cántico de alabanza a la sabiduría. «Deseé la sabiduría con toda mi alma, la busqué desde mi juventud… mi corazón gozaba con ella… presté oído para recibirla… mi alma saboreó sus frutos».
  • El autor muestra una fundada satisfacción ya que desde joven la ha seguido y ha gozado de sus frutos.
  • La Palabra de Dios es palabra viva dicha para nosotros hoy y aquí. Una palabra y una sabiduría que tiene fuerza para iluminar y transformar todos los posibles senderos de nuestra vida.
  • Seguimos a Cristo, Camino, Verdad y Vida. Tenemos motivos para alegrarnos de tener la sabiduría de Dios muy cerca. En nuestro estilo de conducta y en las decisiones que vamos tomando, Jesús, el Maestro, nos va enseñando sus caminos.

***

  • La escena de hoy es continuación de la de ayer: ante el gesto profético de Jesús expulsando a los mercaderes y cambistas del Templo, las autoridades, envían una delegación a pedirle cuentas.
  • Jesús les propone una pregunta. Cuando Él ve que no hay fe, o que hay doblez en la pregunta, considera inútil dar argumentos. A veces se calla, a veces contesta planteando a su vez preguntas. Jesús también sabe ser astuto y desenmascarar las intenciones capciosas.
  • La pregunta de los jefes no era sincera. Es inútil razonar con estas personas. Jesús no les va a dar el gusto de afirmar una cosa que no van a aceptar.
  • Desde ahora se van a precipitar las cosas, con fuertes controversias que desembocarán en el proceso y la ejecución de Jesús.
  • Hay que saber discernir personal y comunitariamente, si los movimientos o las voces nuevas vienen o no del Espíritu. No deberían ser los intereses personales, el orgullo o la pereza lo que motive nuestra decisión.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Practicamos el discernimiento personal y comunitario?
  • ¿A qué actitudes nuevas me invita la liturgia de hoy?
  • ¿Qué implica esta palabra en el discipulado?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Tu gracia vale más que la vida

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

¿Con qué autoridad haces esto?

 

Es del Padre este Hijo que se le parece. Viene de él, este Hijo que se le puede comparar, porque le es semejante. Es su igual este Hijo que hace las mismas obras que él (Jn 5,36)… Sí, el Hijo hace las mismas obras del Padre; por eso nos pide creer que él es el Hijo de Dios. No se otorga un título que no le es debido; no es sobre sus propias obras que apoya su reivindicación. ¡No! Él da testimonio que no es sobre sus propias obras, sino sobre las de su Padre. Con ello da testimonio de que el esplendor de sus acciones le viene de su nacimiento divino. Pues ¿cómo los hombres hubieran podido reconocer en él al Hijo de Dios, en el misterio de este cuerpo que había asumido, en este hombre nacido de María? Es, precisamente, para que penetrara en su corazón la fe en él, que el Señor hacía todas sus obras: «Si hago las obras de mi Padre, aunque no me creáis a mi, creed a las obras» (Jn 10,38).

Si la condición humilde de su cuerpo parece ser un obstáculo para creer en su palabra, nos pide de creer, al menos, por sus obras. En efecto ¿por qué el misterio de su nacimiento humano nos iba a ser un obstáculo para percibir su nacimiento divino?… «Aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí y yo en el Padre»…

Esta es la naturaleza que posee por su nacimiento; este es el misterio de una fe que nos asegura la salvación: no dividir a los que son una unidad, no privar al Hijo de su naturaleza, y proclamar la verdad del Dios Viviente nacido del Dios Viviente… «Igual que el Padre que me ha enviado, vive, igualmente yo vivo por el Padre» (Jn 6,57). «Igual que el Padre tiene la vida en él, igualmente ha dado al Hijo el poder de tener la vida en sí mismo» (Jn 5,26).

 

San Hilario (hacia 315-367), obispo de Poitiers y doctor de la Iglesia – Sobre la Trinidad, VII, 26-27

PARA REZAR

 

Tu palabra nos da vida

 

Tu Palabra nos da vida, Señor,

nos ayuda a seguir adelante

nos sirve para meditar y aprender,

nos reconforta en la aflicción,

nos orienta en el discernimiento

y en la toma de decisiones.

 

Tu Palabra es un espejo

que nos revela tu rostro.

Nos permite conocerte,

descubrirte, amarte con profundidad,

anhelar el encuentro contigo.

 

Tu Palabra es una ventana

por donde miramos al mundo que nos rodea,

es una lupa poderosa

que nos revela los secretos

de la historia que vivimos,

dándonos pistas, claves, guías,

para vivir con más fidelidad

a tus propuestas de vida.

 

Tu Palabra es el pozo límpido donde ir a beber,

para apagar la sed de justicia y de paz

que nos brota desde adentro,

al contemplar las cosas que vivimos,

la sociedad que hemos hecho,

o tolerado, por no escuchar tus enseñanzas.

 

Marcelo Murúa